Biografía Isabel de Castilla

Biografia de Alfonso XI de Castilla

Biografia de Alfonso XI de Castilla

ALFONSO XI, fue un monarca de glorioso reinar, el último de Castilla que llevó laguerra de la Cristiandad contra el Islam en grandes empresas de Reconquista antes del reinado de los Reyes Católicos, Por otra parte, ante la inminencia del desencadenamiento de las apetencias políticas de la nobleza, supo conservar su autoridad por procedimientos justos, rápidos y enérgicos.

Alfonso empezó a reinar el 7 de septiembre de 1312, a causa de la muerte de su padre Fernando IV en Jaén.

Alfonso XI de Castilla
Alfonso XI de Castilla, llamado «el Justiciero», fue rey de Castilla, ​ bisnieto de Alfonso X «el Sabio». Muerto su padre, Fernando IV, en 1312, se desarrollaron multitud de disputas entre varios aspirantes a ostentar la regencia, resueltas en 1313.
Fecha de nacimiento: 13 de agosto de 1311, Salamanca, España
Fallecimiento: 26 de marzo de 1350, Gibraltar
Reinado: 7 de septiembre de 1312-26 de marzo de 1350
Hijos: Pedro I de Castilla, Enrique II de Castilla, MÁS
Cónyuge: María de Portugal (m. 1328–1350), Constanza Manuel de Villena (m. 1325–1327), Leonor de Guzmán (m. ?–1350)

Contaba entonces, exactamente, un año y veintiséis días, pues había nacido en Salamanca el 13 de agosto de 1311. Muy pronto surgieron las primeras luchas para disputarse su regencia: de un lado, la madre, doña Constanza de Portugal, apoyada por el infante don Juan y todos los partidarios de la disminución del poder real; de otro, la abuela, la enérgica doña María de Molina, y el tío, el infante don Pedro, abnegado y esforzado caballero.

Ambos bandos proclamaron sus respectivas regencias, sumiendo a Castilla en un estado caótico.

El acuerdo de Palazuelos de 1314 resolvió provisionalmente la situación. Se concedió la regencia a los infantes don Pedro y don Juan y la custodia del niño a María de Molina.

Aunque no hubo coordinación de miras, las cosas andaron mejor. La muerte de los dos regentes en una empresa contra los granadinos (1319) reavivó las ambiciones de los grandes, ya sólo contenidos por María de Molina.

Cuando ésta a su vez falleció, el 30 de junio de 1321, ya no hubo freno ni coacción. Los príncipes, don Felipe, don Juan Manuel y don Juan el Tuerto, campaban por sus anchas, atrepellando las leves y cometiendo todo género de desafueros. Jamás se había conocido tal anarquía.

Esta fue la herencia que recogió Alfonso XI al ser proclamado mayor de edad el 13 de agosto de 1325, fecha en que cumplía catorce años. Pesada carga para un mayor; cuánta más para un mozuelo como el nuevo
soberano.

Sin embargo, Alfonso no vaciló en el cumplimiento de su deber. Apoyándose en la facción del infante don Felipe, logró el acatamiento de Juan Manuel. No pudo lograr la del artero Juan el Tuerto, a quien tuvo que eliminar, de modo aleve, e 1º de noviembre de 1326, en Toro.

No terminaron aquí las luchas, pues en 1327 rompió con su soberano el infan:c Juan Manuel, a quien se unió el favorito de Alfonso XI, Alvar Núñez de Osorio, caído en desgracia.

Este fue asesinado por orden del rey y aquél se sometió en 1328. Pero algo más tarde, en 1332, Juan Manuel, apoyado por Juan Núñez, representante de los intereses de las poderosas casas de Lara y Haro, renovó sus andanzas, esta vez con el auxilio de los reyes de Aragón y Portugal.

Hubo combates en las fronteras, intentos de pacificación y nuevas intrigas, hasta que en 1338 fue reconocida la autoridad de Alfonso XI por Juan Manuel y firmada la paz con Aragón. Fueron precisos trece años para alcanzar la pacificación efectiva del país.

Durante este lapso de tiempo, Alfonso XI no había olvidado la lucha contra el Islam, a la que se lanzó en 1327, a los dieciséis años de edad. Renovados sus ataques contra el granadino, éste se vio tan amenazado que requirió la ayuda de los benimerines.

Los marroquíes cruzaron el estrecho y expugnaron Gibraltar en 1333, en un momento en que Alfonso se hallaba retenido en el Norte por la tercera insurrección de Juan Manuel.

Continuando las operaciones, con la cooperación de la flota catalana, los castellanos no pudieron evitar el paso del grueso del ejército benimerí, el cual puso sitio a Tarifa (1340).

La fortaleza resistió valerosamente, mientras acudía en su auxilio Alfonso XI, a quien acompañaban la nobleza castellana y cruzados franceses y portugueses.

En la batalla del Salado (30 de octubre de 1340) los musulmanes sufrieron un enorme desastre. Ya no cruzaron más el estrecho de Gibraltar.

Alfonso XI resolvió definitivamente el problema del Estrecho conquistando Algeciras, plaza que se le rindió el 25 de marzo de 1344 después de un porfiado asedio de dos años. Cuando intentaba expugnar Gibraltar, murió de peste en el real ante esta plaza el 27 de marzo de 1350.

Su prematuro fin tuvo consecuencias lamentables para la monarquía, cuya posición política sin duda hubiera consolidado, como lo demostró en la gloriosa ejecutoria de las cortes castellanas durante su reinado y en la magnitud de las reformas sociales y políticas que éstas emprendieron bajo sus altos auspicios. Así su desaparición inaugura la tragedia de Pedro I el Cruel.

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Biografia de Enrique II de Castilla Casa Trastamara

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Encarnación del espíritu de rebeldía contra el gobierno de Pedro I el Cruel, su hermano, Enrique de Trastamara triunfó después de una agotadora guerra civil en que se tambalearon todos los valores de la monarquía castellana.

La contienda inaugurada en tiempos de Alfonso X el Sabio entre el poder real y las ambiciones políticas de la nobleza, remataba, en definitiva, a través de dos minoridades turbulentas, de la reacción monárquica de Alfonso XI y de la furia vesánica de don Pedro, en el éxito de las aspiraciones los nobles.

Enrique II De Castilla
Enrique II de Castilla, también conocido como Enrique de Trastámara, llamado «el Fratricida» fue rey de Castilla, el primero de la Casa de Trastámara.
Fecha de nacimiento: 13 de enero de 1334, Sevilla, España
Fallecimiento: 29 de mayo de 1379, Santo Domingo de la Calzada, España
Casa: Casa de Trastámara
Hijos: Juan I de Castilla, Leonor de Trastámara
Hermanos: Pedro I de Castilla

La Casa de Trastámara fue una rama de la dinastía de origen castellano que reinó en la Corona de Castilla de 1369 a 1555, la Corona de Aragón de 1412 a 1555, el Reino de Navarra de 1425 a 1479 y el Reino de Nápoles de 1458 a 1501 y de 1504 a 155

La ilegitimidad de su elevación a la corona manchaba indeleblemente los orígenes de la Casa de Trastamara, cuya historia fue una perpetuación de los conflictos que había engendrado su fundador.

Nacido entre 1333 y 1334, Enrique de Trastamara era el tercer fruto, junto con su gemelo Fadrique de los ilícitos amores de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán.

Adoptado por don Rodrigo Alvarez, señor de Noroña, su infancia transcurrió entre Asturias y la corte alfonsina, hasta que el advenimiento al trono de Pedro I le lanzó de lleno en la vida política.

El asesinato de su madre en 1351 gravó profundamente su espíritu. Después de un corto período de concordia con el monarca, en que fue nombrado adelantado de la frontera de Portugal, entró en la conjuración urdida por don Alfonso de Alburquerque (1354), y muerto éste, fue el caudillo más destacado de los rebeldes.

El triunfo de Pedro I en Toro (1356) motivó su huida a Francia y, luego, su colaboración con Pedro IV de Aragón, con quien combatió en la guerra contra el castellano. Distinguióse en varios hechos de armas por su gran valor y sangre fría. En 1360 se apoderó de Nájera, donde presidió una matanza de judíos, similar a la que había dirigido en Toledo en 1355.

En esta ocasión corrió grave riesgo de caer prisionero en poder de su hermano, pero la indecisión de éste le salvó la vida. En marzo de 1363, por el tratado de Monzón, Pedro IV reconoció sus aspiraciones a la corona castellana, a cambio de la cesión de gran parte de sus futuros Estados al aragonés.

Con el auxilio de las Compañías blancas, Enrique de Trastamara penetró en Castilla a comienzos de 1366, se adueñó de Calahorra y se hizo proclamar rey el 16 de marzo.

Coronado en el monasterio de las Huelgas, señor de Burgos, de Toledo y de Sevilla, se consideraba vencedor de su rival, cuando éste, con el auxilio del Príncipe Negro, descendió con un ejército por los Pirineos y le derrotó estrepitosamente en Nájera (3 de abril de 1367).

Enrique huyó a uña de caballo y se refugió en Aragón. La improcedencia de las medidas adoptadas por don Pedro, facilitaron el regreso de Enrique a Castilla. El 27 de septiembre de 1367 se apoderaba de nuevo de Calahorra e iniciaba la sistemática conquista del reino, apoyándose en Castilla la Vieja y León.

El asedio de Toledo, establecido el 30 de abril de 1368, duró todo el año. Para disputarse esta ciudad se libró la batalla de Montiel, cuyo resultado fue un gran triunfo para el pretendiente (14 de marzo de 1369). Nueve días después, Du Guesclin le proporcionaba la oportunidad para dar muerte a su hermano.

La desaparición de don Pedro no aseguró la corona a Enrique II. Parte del reino seguía adicto a la memoria del último Borgoña, mientras las potencias peninsulares ayudaban a los rebeldes de Trastamara con la esperanza de obtener ventajas territoriales.

Esta crítica situación se agravó en el exterior con la adhesión de Inglaterra a la causa de las hijas de Pedro el Cruel, Constanza e Isabel. Enrique II enfrentó este temporal recurriendo a todos los procedimientos: a la guerra, en la que demostró no escaso valor; a las mercedes, en las que se reveló muy pródigo, y a una fina actuación política interna, que puso de relieve en las prudentes ordenanzas que votaron las cortes durante su reinado.

Los focos principales de rebeldía, aparte la plaza de Carmona que fue tomada en 1371, eran Zamora, Ciudad Rodrigo y Galicia. Apoyaba a los rebeldes el rey de Portugal Fernando I, quien reclamaba la corona de Castilla por ser bisnieto de Sancho IV.

Con alternativas varias, aunque en general favorables para don Enrique (expedición a Lisboa de 1372), la guerra duró de 1369 a 1373, en que se firmó la paz gracias a la intervención de Guido de Bolonia, legado pontificio. Mientras tanto, se mantenía la lucha en las fronteras del reino lindantes con Granada, Navarra y Aragón, con tan sensibles pérdidas como la de Algeciras, caída en poder del granadino en 1369.

A mayor abundamiento^ las fuerzas castellanas, cumplimentando el tratado de alianza concertado el 8 de junio de 1369 con Francia, intervenían en la guerra de los Cien Años; dos escuadras de Castilla colaboraron eficazmente en 1371 y 1372 a la toma de la Rochela por los franceses.

Como reacción adecuada, en 1374 el duque de Lancáster, Juan de
Gante, pretendió invadir Castilla, haciendo valer los derechos de su esposa Constanza, hija de Pedro I.

La agresión no llegó a realizarse, y en cambio fue Enrique II quien atacó la plaza de Bayona (1375), aunque sin lograr conquistarla. En este mismo año firmóse en Almazán la paz entre Enrique II y Aragón. Nuevas luchas con Navarra, entre 1377 y 1379, relacionadas con la guerra de los Cien Años, acabaron favorablemente para el castellano.

Este obtuvo una paz ventajosa en Burgos, que a poco fue seguida por su muerte, acaecida el 29 de mayo de 1379 en Santo Domingo de la Calzada. Durante los diez años de su reinado había sabido consolidar su dinastía en el trono castellano, aunque a costa de onerosas claudicaciones frente a los nobles.

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Quemó en la llama de la generosidad y en la del amor hacia sus subditos, y este perfil peculiar e inédito en la historia de los Trastamara, junto a la tenacidad administrativa de su padre Enrique II, formaron luego las joyas con que se fornaron los mejores de la dinastía, tanto en Castilla como en Aragón.

La Casa de Trastámara fue una rama de la dinastía de origen castellano que reinó en la Corona de Castilla de 1369 a 1555

Aquellos rasgos explican la fecundidad del gobierno interior de Juan I, caracterizado por una íntima fusión y compromiso entre el rey y el país, y, asimismo, la tenacidad del afecto popular que rodeó al monarca y que le permitió superar las más adversas y dolorosas peripecias de su reinado.

Puede decirse que Juan I consolidó la obra de su padre e hincó fuertemente la dinastía Trastamara en Castilla más con el corazón que con la espada.

Siempre evitó la fortuna de las armas, y si, aprendió la vida con la bondad de su espíritu.

Juan I de Castilla
Juan I de Castilla fue rey de Castilla​ desde el 29 de mayo de 1379 hasta el 9 de octubre de 1390. Fue hijo de Enrique II de Castilla y de Juana Manuel de Villena, hija de Don Juan Manuel
Fecha de nacimiento: 24 de agosto de 1358, Épila, España
Fallecimiento: 9 de octubre de 1390, Alcalá de Henares, España
Lugar de sepelio: Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, Toledo, España
Hijos: Enrique III de Castilla, Fernando I de Aragón, Miguel de Castilla y León
Padres: Enrique II de Castilla, Juana Manuel de Villena
Cónyuge: Beatriz de Portugal (m. 1383), Leonor de Aragón (m. 1375–1382

La muerte de Enrique II en Santo Domingo de la Calzada el 29 de mayo de 1379 dio la corona de Castilla a su primogénito Juan, habido de doña Juana Manuel, nacido en Epila (Aragón) el 24 de agosto de 1358, y a la sazón de unos veinte años de edad.

El nuevo monarca, cuya adscripción al mecanismo de las cortes castellanas se puso muy pronto de relieve, siguió en su política exterior los precedentes establecidos por su padre, e incluso estrechó la alianza con Francia.

A tal fin en el problema del Cisma de Occidente, ante el cual su padre había practicado una política de neutralidad, se declaró Juan I partidario de la causa del antipapa de Aviñón, Clemente VII, al que reconoció en 1381.

Al mismo tiempo, continuó prestando auxilio a Carlos V en la guerra de los Cien Años, de modo que en 1380 una escuadra castellana realizó la proeza de remontar el Támesis hasta las inmediaciones de Londres.

Sin embargo, esta política antiinglesa resultó en definitiva perjudicial para la causa de Tuan I, pues buena parte de los conflictos con Portugal durante esta época fueron suscitados o avivados por la corte de Inglaterra.

Fernando I de Portugal, que ya en tiempos de Enrique II había reclamado la corona de Castilla, renovó sus pretensiones al subir al trono Juan I.

Contenido por las treguas de 1380, buscó luego la alianza con Inglaterra, y habiéndola obtenido, se lanzó a la lucha, a la que Juan I hizo frente desde 1381 con singular acierto.

En 1382 la flota real castellana atacó Lisboa, y el 9 de agosto del mismo año don Fernando se inclinó a firmar las paces con Castilla. Después de un nuevo convenio en marzo de 1383, Juan I casó con doña Beatriz, hija y heredera del monarca de Portugal, con determinadas estipulaciones para evitar que este reino fuera anexionado al castellano.

La muerte de don Fernando, el 22 de octubre de 1383, indujo a Juan I a proclamarse rey de Portugal. Pero los portugueses no se mostraron partidarios del rey castellano, sino que aclamaron a Juan de Avís, hijo bastardo de Pedro I.

El de Avís organizó la resistencia nacional contra Juan I de Castilla, a quien la reina gobernadora, doña Leonor, entregó el gobierno el 12 de enero de 1384 en Santarem.

Aquel mismo año los castellanos sufrían dos graves descalabros: una derrota campal en Atoleiros y el levantamiento del sitio de Lisboa a causa de la peste que diezmó las filas de las huestes de Juan I.

Este no cejó en sus propósitos, a pesar de que la voluntad de Portugal se afirmó con la coronación del bastardo de Avís el 6 de abril de 1385.

Con un lucido ejército penetró en tierras portuguesas por la frontera extremeña, pero sufrió un irreparable desastre en Aljubarrota el 15 de agosto de 1385.

Inglaterra aprovechó la oportunidad para desembarcar en las costas gallegas al duque de Lancáster, Juan de Gante, otro de los que reclamaban los derechos al trono de Castilla, esta vez para su esposa doña Constanza, hija de Pedro I el Cruel.

Juan de Gante se apoderó de Santiago y concertó una alianza con el de Avís (1386). Al año siguiente quiso pasar a la Meseta. Rechazado en Benavente, cobró Valderas, Villalpando y otros lugares.

Pero no hallando ambiente para su causa, concertó con Juan I el tratado de Troncoso (1387), que ponía fin a la cuestión dinástica con el enlace del heredero de Castilla con la infanta Catalina, hija del duque de Lancáster y depositaría de los derechos de Pedro el Cruel.

Poco después se firmaba una tregua de seis años con Portugal. Las cortes castellanas ratificaron estas decisiones.

Al finalizar las de Guadalajara, Juan I halló la muerte en Alcalá de Henares, a raíz de una caída de caballo, el 9 de octubre de 1390.

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Historia de Mujeres Famosas de Vida Dificil y Sufrida

MUJERES FAMOSAS POR SUS DURAS VIDAS

mujeres sacrificadas y famosas

1-Sharbat Gula es una mujer afgana de la etnia pashtún quien se vio obligada a huir de Afganistán rumbo a Pakistán hacia un campo de refugiados donde fue fotografiada por un fotógrafo de la National Geographic llamado Steve McCurry. La imagen se hizo famosa cuando fue publicada en la portada de la edición de junio de 1985 de la revista.Leer Mas…

2- Phan Thi Kim Phuc nació en 1963 en vietnam. un bombardeo con napalm de la aldea de Kim el cual fue llevado a cabo por sudvietnamitas.  Kim, de nueve años de edad, escapó de la pagoda en la que se había ocultado junto con su familia.  Kim fue fotografiada mientras corría por la carretera gritando a causa de las quemaduras en su piel. Nick Ut, el fotógrafo de la agencia Associated Press, que estaba allí cubriendo el ataque, tomó la fotografía de la joven Kim. Conmovido por su dolor, la llevó a toda prisa a un hospital.Leer Mas…

3- Se llama Qian Hogyan, tiene ocho años y su imagen en 2005 arrastrándose sobre un balón, su único medio de desplazamiento desde que un accidente de coche segara sus dos piernas, estremeció al mundo y le valió el sobrenombre de Basketball girl (La chica del balón de baloncesto, en español). Leer Mas…

4-Amina Lawal Kurami (nacida en 1973) es una mujer nigeriana. En marzo de 2002, un tribunal de la Sharia islámica en Funtua (estado de Katsina, norte de Nigeria) la sentenció a muerte por lapidación por adulterio, por concebir un hijo fuera del matrimonio. El padre del niño no fue procesado por falta de pruebas. Su condena fue anulada y volvió a casarse. Leer Mas…

5-La Chica de Qatif: fue en el año 2006 cuando se encontró con un ex novio de los  16 años para que le devolviera unas fotos, ya que acababa de contraer matrimonio y no quería tener problemas con su flamante pareja. Mientras estaba en el auto, fue atacada por unos desconocidos, que le robaron y la violaron en un descampado. ella fue condenada a 200 latigazos. Leer Mas…

MUJERES:
CORTAS Y DURAS HISTORIAS

1983, Lima: Támara vuela dos veces
Támara Arze, que desapareció al año y medio de edad, no fue a parar a manos militares. Está en un pueblo suburbano, en casa de la buena gente que la recogió cuando quedó tirada por ahí. A pedido de la madre, las Abuelas de Plaza de Mayo emprendieron la búsqueda. Contaban con unas pocas pistas. Al cabo de un largo y complicado rastreo, la han encontrado.

Cada mañana, Támara vende querosén en un carro tirado por un caballo, pero no se queja de su suerte; y al principio no quiere ni oír hablar de su madre verdadera. Muy de a poco las abuelas le van explicando que ella es hija de Rosa, una obrera boliviana que jamás la abandonó. Que una noche su madre fue capturada a la salida de la fábrica, en Buenos Aires…

Rosa fue torturada, bajo control de un médico que mandaba parar, y violada, y fusilada con balas de fogueo. Pasó ocho años presa, sin proceso ni explicaciones, hasta que el año pasado la expulsaron de la Argentina. Ahora, en el aeropuerto de Lima, espera. Por encima de los Andes, su hija Támara viene volando hacia ella.

Támara viaja acompañada por dos de las abuelas que la encontraron. Devora todo lo que le sirven en el avión, sin dejar una miga de pan ni un grano de azúcar.
En Lima, Rosa y Támara se descubren. Se miran al espejo, juntas, y son idénticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos lunares en los mismos lugares.

Cuando llega la noche, Rosa baña a su hija. Al acostarla, le siente un olor lechoso, dulzón; y vuelve a bañarla. Y otra vez. Y por más jabón que le mete, no hay manera de quitarle ese olor. Es un olor raro… Y de pronto, Rosa recuerda. Éste es el olor de los bebitos cuando acaban de mamar: Támara tiene diez años y esta noche huele a recién nacida.

1976, en una cárcel del Uruguay: Pájaros prohibidos
Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

—¿Son naranjas? ¿Qué frutas son? La niña lo hace callar:
—Ssshhhh.

Y en secreto le explica:
—Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

1978, La Paz: Cinco mujeres
El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro.

Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Cata-vi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste:

—Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura.
El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta.

Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto.
Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar.

1979, Granada: Las comandantes
A la espalda, un abismo. Por delante y a los costados, el pueblo armado acometiendo. El cuartel La Pólvora, en la ciudad de Granada, último reducto de la dictadura, está al caer.

Cuando el coronel se entera de la fuga de Somoza, manda callar las ametralladoras. Los sandinistas también dejan de disparar.
Al rato se abre el portón de hierro del cuartel y aparece el coronel agitando un trapo blanco.
—¡No disparen!
‘El coronel atraviesa la calle.
—Quiero hablar con el comandante. Cae el pañuelo que cubre la cara:
—La comandante soy yo —dice Mónica Baltodano, una de las mujeres sandinistas con mando de tropa.
—¿Que qué?
Por boca del coronel, macho altivo, habla la institución militar, vencida pero digna, hombría del pantalón, honor del uniforme.
—¡Yo no me mido ante una mujer! —ruge el coronel. Y se rinde.

1980, Uspantán: Rigoberta
Ella es una india maya-quiché, nacida en la aldea de Chimel, que recoge café y corta algodón en las plantaciones de la costa desde que aprendió a caminar. En los algodonales vio caer a dos de sus hermanos, Nicolás y Felipe, los más chiquitos, y a su mejor amiga, todavía a medio crecer, todos sucesivamente fulminados por los pesticidas.

El año pasado, en la aldea de Chajul, Rigoberta Menchú vio cómo el ejército quemaba vivo a su hermano Patrocinio. Poco después, en la embajada de España, también su padre fue quemado vivo junto con otros representantes de las comunidades indias. Ahora, en Uspantán, los soldados han liquidado a su madre muy de a poco, cortándola en pedacitos, después de haberla vestido con ropas de guerrillero.

De la comunidad de Chimel, donde Rigoberta nació, no queda nadie vivo.

A Rigoberta, que es cristiana, le habían enseñado que el verdadero cristiano perdona a sus perseguidores y reza por el alma de sus verdugos. Cuando le golpean una mejilla, le habían enseñado, el verdadero cristiano ofrece la otra.
—Yo y a no tengo mejilla que ofrecer —comprueba Rigoberta.

Fuente Consultada: Mujeres Eduardo Galeano

LA MUJER EN LA HISTORIA

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Muchos estudiosos coinciden en que la humanidad vivió una etapa inicial de matriarcado, donde se rendía culto a la Diosa Blanca, a la Madre Tierra y otras deidades que reflejaban la relación existente con la naturaleza. Ella traía el rayo, las inundaciones y los animales feroces; pero, si se sabía honrarla, compensaba generosamente con otros dones.

Y el más importante era la propia continuidad del ser humano… Todavía no se conocía el papel del hombre en la concepción, que solía atribuirse al viento o a los ríos; y la mujer era respetada como emblema de esa fertilidad misteriosa. Rosa Montero propone en Historias de Mujeres: «Tal vez no fuera una etapa de matriarcado, sino simplemente de igualdad social entre los sexos, con dominios específicos para unas y otros. La mujer paría, y esa asombrosa capacidad debió de hacerla muy poderosa.»

En cualquier caso, esa relación de fuerzas concluyó. Aunque no de forma tajante y uniforme, y no sin que muchísimas mujeres dieran batalla, desde el principio de su sojuzgamiento histórico hasta hoy. La cosmografía judeo-cristiana está llena de hembras molestas y respondonas que fueron convenientemente castigadas. Según las tradiciones judías, Adán tuvo una primera mujer llamada Lilith.

Ésta se mostraba desobediente con su amo y señor, y pretendía estar en pie de igualdad con él, lo cual hizo perder la paciencia a Jehová, que la transformó en una demonio devoradora de sus propios hijos. En La Biblia, Eva no se queda atrás: provoca la caída en desgracia de la incipiente humanidad por morder el fruto prohibido de la sabiduría; éste luego se asociaría con el sexo, y esta relación entre sabiduría y capacidad de disfrutar libremente del cuerpo no suena peregrina… Más tarde, las mujeres siguen dando problemas: vean por ejemplo a la esposa de Lot, que desobedece la orden de no mirar hacia atrás al abandonar Sodoma, próxima a ser destruida por los ángeles, y por ese acto es convertida en estatua de sal.

Si vamos a La Riada, vemos que la expedición de los aqueos contra las lejanas murallas de Troya no es motivada por la religión, ni por un afán expansionista, sino por el rapto de una mujer. Diez años de cruentas batallas en nombre de Helena. Otros rostros femeninos fuertes impulsan el relato, como Briseida, favorita de Aquiles; Hécuba, madre de los vencidos; la altiva Casandra, Andrómana despidiendo a su esposo Héctor en uno de los momentos más conmovedores del poema, Penélope tejiendo y destejiendo… Víctimas y excusas de la guerra, ellas toman una postura a veces desafiante, otras resignada, pero siempre digna frente a su destino. Las diosas también intervienen activamente: la decisión de Zeus a favor de los troyanos sucumbe ante la terca desobediencia de su esposa Hera y su hija Atenea, simpatizantes de sus adversarios, que no hacen ningún caso de las tronantes amenazas del dios.

Hasta nosotros han llegado los nombres de tantas que, a lo largo de la historia humana, han brillado y siguen brillando con luz propia. Muchas veces, en lo que conocemos de sus vidas, la leyenda se entremezcla con los hechos verdaderos y es imposible separar una de otros. Pero Jean Cocteau decía preferir el mito a la historia, porque la historia está hecha de verdades que terminan convirtiéndose en mentiras, mientras que el mito está hecho de ficciones que a la larga se revelan verdaderas.

Pasó la Antigüedad, con su contradictoria valoración de la mujer; la Edad Media, donde tantas fueron quemadas y otras convertidas en esclavas, en relación muy superior a los hombres; pasó la Revolución Francesa, con sus ideales igualitarios que aún siguen pendientes; la incorporación masiva al mundo del trabajo en la Revolución Industrial…

También el siglo XX pasó, con todo tipo de acontecimientos movidos, entre ellos, las grandes conquistas femeninas, y el «sexo débil» sigue ganando territorio, a tal punto que ya nadie lo llama así. ¿Qué mejor momento para volver la vista hacia algunas mujeres que escaparon al molde en todas las épocas, mientras las mujeres legendarias del mañana pelean hoy sus vidas? Damas que buscaron influir en su mundo y en su tiempo, y consiguieron más que eso: siguen siendo referencia obligada del presente.

Y el siglo XX termina con mujeres que trabajan cuando sus maridos están desocupados; con chicas de la calle que son explotadas y prostituidas a los once o doce años; con maestras todavía ayunando, junto a sus compañeros, en la carpa que se ha instalado como un monumento más de la Plaza frente al Congreso; con las abuelas de desaparecidos marcando el equilibrio siempre difícil entre la cólera por el hijo o la hija asesinados, que llama a la venganza, y el principio de que allí donde hubo violencia haya solamente justicia.

Las mujeres enfrentaron las prohibiciones y los límites. Aprendieron a moverse solas por las ciudades, lejos de la vigilancia o la protección de los hombres. Aprendieron a ejercer derechos y a conocer su propio cuerpo. Aprendieron el precio y la responsabilidad de la independencia. Las mujeres son malabaristas: mantienen un equilibrio complicado entre el espacio de la familia, que sostienen, y la vocación pública que eligen. Muchas veces padecen el conflicto de esos dos mundos, dudan ante los dilemas inevitables. Pero se mueven con el deseo de estar a ambos lados de la línea.
Casi todos aceptan hoy que esa línea, entre familia y vida pública, puede cruzarse libremente de ida y vuelta.

En cuanto a su propia intimidad, pretendieron nada más y nada menos que gobernarla ellas; en muchos casos obtuvieron lo que querían con creces, y en otros tuvieron que afrontar terribles consecuencias.

Historia del Sufragio Femenino