Boletines de Güemes

La Guerra Gaucha Los Gauchos de Martin de Guemes en Jujuy

La Guerra Gaucha
Los Gauchos de Martín de Guemes en Jujuy

LA GUERRA GAUCHA: Durante nueve años, entre 1812 y 181, la caballería gaucha, vence sucesivamente, en una desgastadora guerra, ocho invasiones llevadas a cabo por las tropas realistas, procedentes del Alto Perú y el Perú. Aquellos singulares jinetes, sin otras armas que tacuaras con un cuchillo en la punta a manera de lanzas, machetes, boleadoras, lazos y alguna que otra tercerola, montados en ágiles y pequeños caballos serranos, acostumbrados a moverse entre montes de vinales, quebradas pedregosas o sendas impracticables, se organizaron en partidas regulares aprovechando el exhaustivo conocimiento del terreno y atacaron, tanto de día como de noche, a las columnas enemigas.

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“He jurado defender la independencia de América y sellarla con mi sangre. Estamos dispuestos a morir primero que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable”

Con estas palabras, Martín Güemes pone de manifiesto su voluntad libertadora como continuador del espíritu revolucionario surgido el 25 de Mayo de 1810, cuando el pueblo salió a la calle a exigir un gobierno criollo contra el enemigo colonialista que nos azotó siempre, llevándose nuestras riquezas.

¿Qué fue la resistencia sino una colosal batalla con centro en Humahuaca, un ala en la Quebrada del Toro y la otra en la frontera del Chaco? Diez veces entraron los realistas a Salta y Jujuy; diez veces fueron expulsados. A cada nueva invasión, los partidarios de la resistencia crecían.

Güemes tuvo por aliado al pueblo, a la peonada, a todos los hombres, mujeres y niños que querían una patria libre y colaboraron dando todo lo que poseían, peleando codo a codo con piedras, hondas y armas robadas, alzados contra el invasor.

Un domingo llega la avanzada realista al pueblito de Chicoana, y después de la misa un gaucho dice:

-Tendríamos que alzarnos contra esta canallada! con qué armas? – le observan.

– Con las que les quitemos, pues!

Y estalla entonces la asonada; el vecino Luis Burda es su jefe; y así desarman y corren a la guardia realista. En otro lugar, por los Cerillos, el estanciero Pedro Zabala sale a pelear, seguido de sus peones que llevan chuzos de cuchillos atados con tientos en palos del monte.

Martin de guemesEn Sauce Redondo el Capitán Saravia con sólo 30 paisanos armados de garrotes y fusiles, ayudados del inerme paisanaje, atropellan por sobre un fuego vivo, asaltando y venciendo al enemigo que advierte que los hombres que los han atacado desean ser libres de corazón.

“A este pueblo no lo conquistaremos jamás exclamó el General Valdés del Ejército español, cuando al acercarse a un rancho pobre, ve que un changuito de tan solo cuatro años monta en pelo a un caballo y corre al monte para prevenir de la invasión a las montoneras del Comandante Martín Miguel de Güemes.

Sobresale el ejemplo de nuestra Juana Azurduy, que luego del desastre de Ayohuma, decide incorporarse definitivamente a las milicias de la liberación.

Participando en numerosas batallas junto a su marido Manuel Padilla, y otras como capitana de su propia columna de un puñado de gauchos, con los cuales logró defender Chuquisaca y constituirla en territorio liberado del imperio.

Petrona Arias, vestida de hombre, cabalgaba de chasqui por las quebradas. Loreto Sánchez, disfrazada de panadera, entraba a espiar a los cuarteles; y a Juana Moro los realistas la emparedaron en su casa por sospechosa de espionaje.

Y, esa valiente, “la regalada”, que salió de su rancho totalmente desnuda y fingiéndose loca, para distraer y atajar a una partida de invasores, mientras los patriotas preparaban la emboscada.

Hombres de Don Martín Miguel hoy desocupados. Mujeres que reciben de pago hambre y miseria de quienes jamás dieron nada, de los que nunca supieron del valor y del sacrificio. Niños… desnutridos y analfabetos. Triste laurel de vergüenza pata el triunfo de este pueblo que no sabe de cobardías ni entregas. Todavía hoy sigue impaga la deuda, todavía hoy dura la agonía hecha piedra de todo el pueblo norteño.

Por eso es que debemos rescatar al héroe gaucho de las manos de los que los mataron, debemos rescatarlo como bandera de un pueblo que en cualquier momento repite la historia. Porque la Guerra Gaucha sigue viva en las quebradas. Viva en los trabajadores que entre cerros y soledades repite hazañas y sacrificios, viva en las sombras que callan muertes en selvas y hondonadas. Viva en cada hombre, mujer y niño de esta tierra que no se resigna al hambre y la dominación; en cada humilde que trabaja y que sueña con una Argentina para todos.

El general español Andrés García Camba, entonces comandante del escuadrón de Dragones del Perú, los define con exactitud: «Los gauchos eran hombres de campo, bien montados, todos de machete y rifle, de los que se servían alternativamente, sobre sus caballos, con sorprendente habilidad, acercándose a las tropas
con tal confianza, soltura y sangre fría que admiraban los militares europeos que por primera vez observaban a esos hombres extraordinarios a caballo, cuyas excelentes disposiciones para la guerra de guerrillas y de sorpresa tuvieron repetidas ocasiones de comprobar».

La Muerte de Martín de Güemes:

La muerte ¿el Héroe Gaucho Don Martín Miguel fue planificada por el General Olañeta, jefe del Ejército Realista del Alto Perú y ejecutada por el Teniente coronel José Maria Valdéz, alias el Barbarucho. Pero no debemos olvidar las incidencias que tuvieron las sublevaciones, resistencias, desobediencias y traiciones ¿e los enemigos internos.

En aquella época la sociedad salto-jujeña estaba dividida entre los partidarios de Güemes (Patria Vieja) y sus opositores (Patria Nueva), planteándose una lucha de clases, Tal vez Güemes era odiado por señores como él, pero que se sentían españoles y otros muchos, con la independencia verían en riesgo sus intereses económicos. Además, el material de la guerra era el soldado, y el soldado salía del gaucho, y el gaucho salía del peón. Cada soldado que ganaba el Ejército de la Independencia era un peón que perdía el señor feudal y el gaucho prefería la condición social del soldado a la servidumbre rural a la que estaba sometido.

Algunas de las reformas sociales durante la Guerra Gaucha fueron: la creación ¿el Fuero Gaucho, que otorgaba los mismos privilegios, prerrogativas y derechos que tenía el fuero militar; la excepción del pago de deudas mientras estaban en servicio a la Patria, ya que no tenían sueldo ni recompensa alguna en el Ejercito Guerrillero (hasta peleaban desnudos); la liberación del pago de arriendo: la liberación de la servidumbre y ¿e la explotación del peón rural; la protección a los mulatos que ejercían los oficios de albañiles, pintores, zapateros talabarteros y otros, que hieren los que formaban el batallón de los llamados “Cívicos’. No obstante que la Asamblea del año 1813 había abolido la esclavitud aún existían esclavos en la región, a los que Güemes les otorgó la libertad.

Era tanto su calor humano, que llegaron a darte el nombre de Padre de los pobres. En una de sus arengas decíales: “Esos que veis de frac, son vuestros enemigos, por consiguiente mis enemigos Mientras os conservéis unidos, os asegure que vivirán garantidos vuestros derechos y nuestra libertad, a despecho de esos miserables oye nos odian: a mi, porque les tomo cuatro reales para defender su propia libertad, luchando y dando la vida por Libre Patria; y a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados ni esclavizados por ellos. Todos somos libres y todos tenemos iguales derechos, porque todos somos hijos de la misma patria que hemos arrancado de la servidumbre, quebrando con nuestros esfuerzos el yugo español. Ha llegado el momento en que seáis hombres libres y de que caigan para siempre vuestros opresores.

Esta exaltación y defensa de los gauchos y la imposición forzada de contribuciones, crearen el enemigo interno. Los poderosos se resentían y se sentían ofendidos porque tenían que desembolsar sus fortunas para e. sostenimiento ¿e la guerra. Por ello odiaban y combatían a Güemes, tildándolo de “tirano, feroz, abominable” otros epítetos. Pero Güemes no adoptó la violencia del azote, la tortura, el degüello la horca o el fusilamiento como lo hacía Artigas, Quiroga, López, Aldao, Ibarra, Lavalle, Lamadrid, Urquiza, Rosas y las dictaduras que bañaren de sangre el país. No, Güemes no hizo matar a ningún opositor. Se había limitado a aplicar penas pecuniarias, o cuando más la prisión, la expulsión o la deportación, predominando las multas que contribuían al sostenimiento de la India por la Independencia.

A solamente 13 días de la muerte del Prócer sus opositores designan como Gobernador a Don José Antonio Fernández Cornejo, y firman un armisticio con Olañeta para suspender las hostilidades Armisticio considerado indigno por San Martín en una carta a O’Higgins, en el que se acuerda la disolución del Ejército de Expedición al Perú con el que Güemes apoyaría a San Martín.

El impacto en los gauchos por la muerte de su adorado jefe, los mantuvo atónitos y neutrales de los acontecimientos políticos de esos días, pero la firma del armisticio y la designación de Cornejo fueren la chispa que encendió el levantamiento popular del 22 de Setiembre de 1821 para recuperar el poder. Como consecuencia se firma un pacto de paz con la designación José Ignacio Gorriti, en reemplazo de Cornejo.

Al cumplirse si mandato, a Gorriti se le ofreció ser reelegido, no aceptando con aquellas famosas palabras: “El mayor agravio que se le puede hacer a un pueblo libre, es perpetuar en el poder a sus gobernantes”. Para evitar nuevos enfrentamientos se aceptó por parte de los güemistas, la designación por la Junta ¿e Representantes del General Alvarez de Arenales, para sucederlo.

Felipe Varela Caudillo Federal Su Pensamiento Politico

Felipe Varela Caudillo Federal

En el pueblo de Guaycama del departamento de Valle Viejo, Catamarca, nace en 1819. Hacia 1840, junto a su madre, que muere en combate, se une a las fuerzas que enfrentan a Rosas. Derrotados los intentos unitarios, se exilia en Chile, donde se incorpora al ejército y llega a ser capitán de carabineros. Desde Copiapó regresa a la Argentina en 1855 y revista en el Séptimo de Caballería de Línea, en Río Cuarto. En 1857 es ayudante del comisionado de La Rioja Nicanor Molinas y mantiene correspondencia con Urquiza, al que ofrece sus servicios contra Mitre. Urquiza en 1860 lo respalda como comandante del Tercer Escuadrón y segundo jefe del Regimiento N° 7.

Chacho Peñaloza Caudillo Federal Pensamiento Politico

En 1861 Várela participa de las fuerzas confederadas en Pavón y en 1862 es comandante de armas interino y jefe de policía en La Rioja. A las órdenes de Ángel «Chacho» Peñaloza se suma a su sublevación; invade Catamarca y pelea en Las Playas y Lomas Blancas. Peñaloza es derrotado y muerto y Várela se exilia en Chile.

Federal convencido, se pronuncia por el americanismo. En 1864 se constituye la filial argentina de la Unión Americana. Al año siguiente el Brasil bombardea Paysandú (Uruguay) y se inicia la guerra contra el Paraguay. Varela es decidido opositor al enfrentamiento y al centralismo que encarna Mitre, y confía en Urquiza; cabalga desde Chile hasta Rosario para ponerse a sus órdenes.

En 1866, con sus fuerzas desbandadas, regresa a Copiapó y lanza una proclama desde los Andes. En Cuyo estalla la «revolución de los colorados» y Várela, apoyado por los caudillos Sáa de San Luis y Videla de Mendoza, entre otros, integra un ejército montonero que extiende su campaña por el Noroeste y la región andina.

Es gobernador de Catamarca y logra fuerte influencia en Salta y Jujuy pero en 1867, tras sucesivas derrotas, anuncia a las autoridades bolivianas su intención de asilarse allí. El 1° de enero de 1868, desde Potosí, da a conocer el final de su célebre «Manifiesto», un apasionado texto anticentralista y defensor de la unidad americana en el que pide ser juzgado por sus acciones seguro de sus ideales republicanos.

Mitre destina fuerzas del Paraguay a aplastar la sublevación montonera y el ejército nacional derrota completamente a Várela en la batalla de Salinas el 12 de enero de 1869. Enfermo de tuberculosis, el caudillo regresa al exilio chileno en Copiapó. Muere el 4 de junio de 1870 en Antoco, Chile.

Texto de una proclama de Felipe Varela, hecha pública en la época de sus luchas de oposición al centralismo porteño.

Las resistencias del interior: Ángel Peñaloza y Felipe Varela

Carta de A. y. Peñaloza al presidente Mitre. 16 de abril de 1863.
“¡Argentinos! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres más grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el general Mitre gobernador de Buenos Aires. […]

Compatriotas: desde que aquél usurpó el gobierno de la nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre. […]

¡Abajo los infractores de la ley! ¡Abajo los traidores de la patria! ¡Abajo los mercaderes de cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre argentina y oriental!

¡Atrás los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente!
¡Soldados federales! Nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la paz y amistad con el Paraguay, y la unión de las demás Repúblicas americanas.”

Felipe Varela. “Proclama”.
6 de diciembre de 1866.

Fuente Consultada: Los Hechos Que Cambiaron la Historia Argentina en el Siglo XIX Ricardo J. de Titto

El grito de Alcorta Causas Conflicto Rural Santa Fe Huelga Agraria

GRITO DE ALCORTA:
HUELGA AGRARIA EN EL SUR DE SANTA FE

EL GRITO DE ALCORTA:
Los conflictos rurales

Para muchos agricultores de la región pampeana 1911 fue un año muy duro. La pérdida de la cosecha maicera empujó a las familias del sur de Santa Fe a una situación económica desesperante. Para colmo, una serie de maniobras especulativas provocó una baja repentina en las cotizaciones del cereal.

Miles de campesinos vieron cernirse sobre sus hogares el fantasma de la miseria. Ante la imposibilidad de hacer efectivas sus deudas, los comerciantes se sintieron igualmente apremiados y decidieron retirar a los colonos la libreta de crédito si no pagaban por lo menos la mitad de lo que les debían.

Esto no tenía el sentido de una solución sino que era una forma más de presionar a los agricultores, pero no se consiguió prácticamente nada porque éstos no tenían un centavo. Por eso no resulta extraño que fuera un comerciante, Ángel Busjarrábal, quien sugiriera al agricultor Francisco Francisco Bulzani la realización de un movimiento de fuerza para reclamar una rebaja en el precio de los arrendamientos.

A mediados de 1912 se produjo una violenta revuelta de colonos y arrendatarios denominada «Grito de Alcorta». El mundo rural ya había presenciado importantes conflictos, como el alzamiento de los colonos santafesinos en apoyo de los levantamientos radicales de 1893.

En 1912, los malos precios de los granos provocaron importantes deudas que dejaron a los pequeños chacareros arrendatarios sin respuesta ante sus acreedores. Entre estos acreedores se encontraban empresas acopiadoras, como Dreyfus y Bunge y Born. A fines de junio de ese año estalló la rebelión de los chacareros armados. De este conflicto nació la Federación Agraria Argentina que, a diferencia de la Sociedad Rural Argentina, representaba a los pequeños productores.

Antecedentes: Las pésimas condiciones contractuales de arrendamiento de tierras, de los colonos, en su mayoría inmigrantes, con respecto a los grandes terratenientes provocó el estallido de una enorme protesta de los pequeños productores, en la provincia de Santa Fe, en la colonia de Alcorta, en 1912.

El conflicto, que evidenciaba las necesidades que pasaba el sector, se extendió rápidamente a las provincias de Buenos Aires y Córdoba. Con la unión de los chacareros disconformes por los aumentos de los arrendamientos, las condiciones desiguales de comercialización y la imposibilidad de convertirse en propietarios, surgió la Federación Agraria Argentina, aún existente, que, a diferencia de la Sociedad Rural creada en 1866, representaba a los pequeños y medianos productores agropecuarios. El conflicto, que duró tres meses, obtuvo algunos éxitos, ya que algunos propietarios disminuyeron el precio de los arrendamientos.

La cuestión agraria: El sistema de explotación de la tierra se basaba en incorporar paulatinamente a la producción nuevas tierras que se cultivaban mediante el sistema de arriendo. Pero hacia 1910, ya estaban en explotación la totalidad de las tierras disponibles y aptas para la producción agropecuaria de exportación.

Ante esta situación, los propietarios de las tierras —para mantener el nivel de beneficios que obtenían— se decidieron por sucesivos aumentos en los precios de los arrendamientos.

Primer Comité de la Federación Agraria Argentina
Primer Comité de la Federación Agraria Argentina

Los agricultores arrendatarios, por esos años, enfrentaban dificultades para lograr su subsistencia y cumplir con el contrato. El aumento de los precios de los arrendamientos profundizó su crisis y generó un gran descontento. La crisis de los agricultores comprometía también a los comerciantes de la campaña, proveedores de los insumos y bienes de consumo y también del dinero que le adelantaban al arrendatario para pagar los gastos de la cosecha.

La cuestión agraria se planteó en junio de 1912 cuando —después de intentar una conciliación que -los terratenientes rechazaron— los arrendatarios del pueblo de Alcorta, en el centro de la zona maicera de Santa Fe, decidieron utilizar el mismo instrumento que los asalariados urbanos: la huelga.

Los campesinos se negaron a arar los campos y reclamaron el establecimiento de un tipo uniforme de arrendamiento. En el transcurso de la lucha, ampliaron sus demandas: plazo mayor de contratación, rebaja de los arrendamientos en dinero y de los porcentajes de producción que debían entregar los aparceros y, también, exención de impuestos.

La primera reacción de los propietarios fue desconocer la validez del movimiento y los reclamos. Pero cuando la huelga y la movilización se extendieron hacia el sur de Santa Fe y el norte y el oeste de Buenos Aires, los miembros de la Sociedad Rural de Rosario y de Buenos Aires comenzaron a sentir amenazado su derecho de propiedad. Los terratenientes exigieron a los gobiernos provinciales y al gobierno nacional que reprimiera, a través de las fuerzas del orden, este movimiento que consideraron subversivo.

El gobierno nacional intervino a través del Ministerio de Agricultura y puso fin a la huelga. Estableció que los reclamos, en general, no estaban justificados pero promovió la formación de tribunales arbitrales para resolver las diferencias entre propietarios y arrendatarios. Finalmente, las gestiones conciliatorias terminaron en el fracaso de las reivindicaciones exigidas por los agricultores.

PARA SABER MAS…

Las huelgas agrarias ocurridas en 1912, conocidas generalmente como el movimiento del «Grito de Alcorta», habían traído como consecuencia ciertas mejoras en el sistema de arrendamiento, pero de ninguna manera ‘habían resuelto el problema en toda su significación social y económica.

El arrendamiento era en sí mismo una salida económica que había beneficiado en su conjunto a todo el país. Gracias a este sistema —aunque no exclusivamente a él— Argentina podía ser uno de los principales Productores y abastecedores de cereales y carne en el mundo.

Esa riqueza, sin embargo, estaba asentada sobre mecanismos sociales y económicos muy particulares. En primer lugar, la concentración de la propiedad, cuyas grandes extensiones en la mayoría de los casos se subdividían en predios relativamente pequeños para arrendar y en algunos casos también para subarrendar creando así pequeñas unidades productoras ‘l(‘ escasa rentabilidad. Además la duración de los contratos era limitada, Y aunque variaba según la situación particular de cada locador y locatario, por lo general no pasaba de los tres años.

En consecuencia, se creaba en la población agraria la necesidad de practicar una especie de nomadismo. Los campesinos, en su mayoría de origen migratorio, no encontraban la oportunidad de establecerse con la expectativa de permanecer un tiempo prolongado en la chacra, y no se despertaban en ellos, en consecuencia, necesidades de transformación en los métodos, de, mejoramiento y de diversificación de la producción. La prolongación de sus contratos era un hecho contingente con el que no podían contar de ninguna manera.

Pero éste no era el único aspecto irritante del sistema. Las cláusulas establecidas en los contratos de arriendo eran una carga pesada de llevar aun en situaciones normales (buenas cosechas, precios adecuados, situación económica general estable).

Desde el punto de vista social, las medidas legislativas del gobierno de Irigoyen frenaron en parte la movilidad ecológica de esa masa flotante constituida por el arrendatario y su familia, y la prolongación del período de arriendo facilitó mejoras generales en las zonas rurales desde el punto de vista sanitario, de vivienda y educación. Auspiciaron también la creación de un sistema cooperativo, que con el tiempo fue extendiéndose, y constituyó un punto esencial en la estabilidad económica del chacarero.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
EL GRITO DE ALCORTA Para muchos agricultores de la región pampeana 1911 fue un año muy duro. La pérdida de la cosecha maicera empujó a las familias del sur de Santa Fe a una situación económica desesperante. Para colmo, una serie de maniobras especulativas provocó una baja repentina en las cotizaciones del cereal. Miles de campesinos vieron cernirse sobre sus hogares el fantasma de la miseria.

Ante la imposibilidad de hacer efectivas sus deudas, los comerciantes se sintieron igualmente apremiados y decidieron retirar a los colonos la libreta de crédito si no pagaban por lo menos la mitad de lo que les debían. Esto no tenía el sentido de una solución sino que era una forma más de presionar a los agricultores, pero no se consiguió prácticamente nada porque éstos no tenían un centavo. Por eso no resulta extraño que fuera un comerciante, Ángel Busjarrábal, quien sugiriera al agricultor Francisco Francisco Bulzani la realización de un movimiento de fuerza para reclamar una rebaja en el precio de los arrendamientos.

El 10 de junio de 1912 una reunión de agricultores decidió integrar una comisión de huelga, y quince días después una asamblea que reunió a más de trescientos colonos decidió por unanimidad iniciar un cese de labores que no tardó en extenderse. Los colonos afrontaban una situación realmente insostenible: los contratos vigentes obligaban al agricultor a ceder al propietario entre el 40 y el 50 por ciento de lo que produjera la tierra.

El terrateniente estaba absolutamente libre de todo gasto porque debía percibir el producto en su chacra, en perfectas condiciones de sequedad y limpieza, trillado y embolsado. Por lo demás, el campesino estaba obligado a cumplir una serie de condiciones con respecto a la superficie sembrada, la forma de sembrar y demás; en caso de dificultades imprevistas, el arrendatario podía considerarse desalojado.

No puede sorprender, entonces, que, a pesar de las persecuciones policiales y las campañas desatadas por los propietarios, el movimiento se extendiera como reguero de pólvora. El 2 de julio de 1912 los obreros agrarios y los braceros de las máquinas desgranadoras afiliados a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) anunciaron que se plegaban al movimiento.

Algunos propietarios accedieron a firmar nuevos convenios, pero- la huelga se extendió a casi todos los pueblos y colonias de Santa Fe, y luego a Córdoba, Buenos Aires y Entre Ríos, Interesado en el problema por el doctor Francisco Netri —animador incansable de la huelga, que fue asesinado en 1916 por sus enemigos—, el tribuno socialista Juan B. Justo llevó el asunto al Congreso Nacional y el 20 de julio interpeló al ministro de Agricultura, Adolfo Mujica, que se limitó a atribuir el problema a «un núcleo de agitadores».

Con ese tipo de argumentos se trató de silenciar y doblegar el movimiento, pero todo fue inútil: la certeza de que la única forma de defender sus intereses era agremiarse se había hecho carne en los colonos.

Tres meses después del «grito de Alcorta» se constituyó en Rosario la Federación Agraria Argentina. Su nacimiento había costado centenares de chacareros presos, varios incidentes de violencia y largos días de angustia para muchas familias campesinas, pero el movimiento se encontraba en pleno desarrollo.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR DANIELA FLOGIA Historiadora
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

[…] A esta situación se le ha sumado el fracaso en la cosecha de maíz el año pasado, lo que no les ha permitido cumplir con todos los compromisos adquiridos ya sea con el propietario terrateniente, con el gran arrendatario, a los que subarriendan, o con el dueño del almacén de ramos generales con quien se encuentran endeudados por medio de la libreta que les ha abierto para proveerlos de los productos necesarios para la producción a cambio de prendar con anticipación la cosecha.

Ante el desastre del año pasado en Firmat, han comenzado a reunirse los pequeños productores arrendatarios. En marzo de este año escribieron un manifiesto donde alentaban a los colonos a unirse a la protesta. A esta reunión asistió Francisco Bulzani, principal gestor del movimiento en Alcorta, que al regresar trajo una gran cantidad de manifiestos que distribuyó en las colonias de Alcorta, Bigand y Bombal.

Alcorta es una de las zonas más ricas e importantes de la provincia. Es allí donde el 25 de junio se ha organizado una concentración que congregó a cientos de agricultores y de donde surgió el grito de la rebelión campesina. El abogado Francisco Netri, convertido en el asesor de los huelguistas, presentó el nuevo contrato de arrendamiento.

Esta movilización se ha trasformado en un grito desesperado dando lugar a la organización de los chacareros arrendatarios en reclamo de mejoras en las condiciones de los arriendos con el objetivo de acceder a una vida digna. Este movimiento no es un suceso menor; los diarios se han hecho eco de la huelga reproduciendo no sólo las reuniones de los pequeños arrendatarios sino también los atropellos de los que son víctimas. También ha adquirido repercusiones en las provincias de Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos y La Pampa.

El gobierno santafesino, al comprender la magnitud del problema, ha decidido enviar una comisión veedora para que se entrevistase con los huelguistas. Si bien la comisión se ha expresado claramente a favor de los colonos, el informe ha sido olvidado.

Recién en agosto se ha comenzado a vislumbrar una relajación de la huelga cuando algunos propietarios aceptaron las bases del arreglo que les proponían los agricultores. Además han logrado estructurar una organización gremial que defienda sus intereses: la Federación Agraria Argentina.

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz de Miretzky – Mur – Ribas – Royo

Desarrollo Industrial en el Virreinato Los Gremios Obreros

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

El desarrollo industrial Las primeras industrias se desarrollaron intensamente en el Plata durante el siglo XVII como consecuencia del aislamiento provincial. Con las medidas liberales de los Borbones, especialmente con el Reglamento de Comercio Libre, se inició la decadencia de las industrias nacionales que no podían competir con las extranjeras, y por otra parte pagaban fletes excesivos. Cuando se producían guerras las industrias revivían por falta de competencia.

Industrias de diversa índole surgieron en el virreinato del Río de la Plata; así en Tucumán y Mendoza se construyeron carretas, en Corrientes y en el Paraguay, que tenían abundancia de maderas, existían pequeños astilleros. La industria textil tomó incremento en las provincias del norte y del oeste, donde ya había florecido el arte textil incásico, que influyó en los dibujos y en el colorido.

También en las Misiones Jesuíticas prosperó esa industria, que era de carácter doméstico. El cultivo de la vid, planta introducida desde Chile a Santiago del Estero, desde donde pasó a la región de Cuyo, dió lugar a la industria vitivinícola, obstaculizada por el gobierno español para evitar la competencia con los productos españoles. Santa Fe carecía de industrias.

En Buenos Aires había saladeros, graserías, fábricas de velas y de jabón, industrias todas derivadas de su riqueza ganadera y además una fábrica de aceite de ballena. En casi todas las provincias, se fabricaban dulces y objetos de plata, como mates, bombillas, mangos de rebenques, hebillas, etc.

Los gremios — El desarrollo de la industria y el comercio provocó la aparición de una clase numerosa que para defenderse de la inhabilidad o mala voluntad de algunos que practicaban esas actividades, se agremiaron.

Los gremios, que se habían establecido en Europa durante la Edad Media y alcanzado su época de auge durante los siglos XV y XVI, tenían cada uno para su gobierno un grupo de cuatro hombres, que ejercían inspecci6n sobré los miembros del gremio respectivo en cuanto al cumplimiento de la confección del artículo, de las leyes gremiales que establecían salarios, del descanso dominical y de la celebración de reuniones en se trataban asuntos de interés general.

En el Río de la Plata existieron los gremios de hacendados, panaderos, plateros, etc. En las colonias hispano-americanas también se establecieron estas instituciones corporativas del trabajo, fomentadas por las mismas autoridades ya que aquéllas no sólo intentaban la defensa de sus respectivos intereses sino también intensificar el desarrollo de las industrias y las artes.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Los Golpes Militares en Argentina Caracteristicas y Causas Resumen

Resumen De Los Golpes Militares en Argentina Desde 1930
Características y Causas

Golpe de 1930-Uriburu derroca a Irigoyen

Golpe de 1943-El GOU derroca a Castillo

Golpe de 1955-Revolución Libertadora derroca a Juan Perón

Golpe de 1962-Destitución de Frondizi

Golpe de 1966-Destitución de Illia

Golpe de 1976-Derrocamiento de Estela Martínez de Perón

Desde 1930 —ha escrito el francés Alain Rouquié— la Argentina ha  conocido tres tipos de gobierno: los que se apoyan en las fuerzas armadas, los que gozan de algún tipo de legitimidad propia, que les permite neutralizar al Ejército (como el del general Justo), y los demás, cuyo destino es ser derrocados por los militares.

Efectivamente, desde 1930 las fuerzas armadas han sido las protagonistas centrales  de nuestro sistema político, en 1930 el general Uriburu tomó el poder y lo cedió dos años después, a otro general y caudillo militar, el general Justo. Respaldaron al régimen fraudulento y, cuando éste ya no dio más, retomaron el gobierno en 1943.

Tres años después, lo cedieron a otro caudillo militar, el general Perón, quien aunque cultivó otros apoyos nunca descuidó su respaldo militar. Cuando lo hizo, fue rápidamente derribado, abriéndose un nuevo turno militar de tres años.

En 1958 el poder volvió a los civiles, pero todos los malabarismos intentados por el presidente Frondizi no lograron impedir que cuatro años después los militares lo derribaran y volvieran al gobierno, tras la investidura del presidente Guido. A fines de 1963 se inició un nuevo turno civil, que no duró ni siquiera tres años, seguido de un nuevo y también novedoso turno militar.

Hasta entonces, las revoluciones habían presentado como soluciones transitorias, destinadas a restaurar —una vez corregidos ciertos vicios— el gobierno civil. En 1966 el gobierno de la llamada Revolución Argentina anunció una verdadera refundación de la República, en un proyecto de plazos larguísimos; las resistencias que suscitó hicieron que desde 1970 las fuerzas armadas comenzaron su retirada del poder, recién concretada en 1973, con la asunción legitima de Héctor Campora como presidente de la Nación.

Se depusieron gobiernos, se reprimió a los disidentes y, «pacificado» el país, se convocaron elecciones generales que devolvieron el poder a los civiles.

Esta tendencia se mantuvo hasta los años sesenta, en la que su cometido sufrió un nuevo giro. Entonces, influidos por la Doctrina de la Seguridad Nacional, impulsada por Estados Unidos, los militares fueron llamados a combatir al enemigo interno que, traducido significaba todo colectivo susceptible de no simpatizar con la política estadounidense

Mas tarde, en 1976, se inicia el llamado Proceso de Reorganización Nacional, que también se propuso la refundación de la República, con objetivos y sin plazos; también como en 1970 las resistencias que despertó, unidas a la desarticulación del propio frente militar, lo llevaron a buscar una salida democrática, que hasta hoy permanece inalterada, llevando un período de mas de 30 años de continuidad, único tan extenso en la histori argentina.

La dictadura de 1976-83, no obstante, tuvo una peculiaridad añadida: el intento de parte de algunos sectores castrenses de formar un partido político único con el fin de reconstruir la nación. No en vano este periodo negro de la historia argentina se autodenominó, como dijimos antes: «Proceso de Reorganización Nacional».

La crisis permanente: La posibilidad de imponer un férreo orden —una dictadura— es sin duda la clave para entender la reiterada presencia militar en el poder. Pero hay algo más: la justificación de ese orden, el desarrollo de un discurso que legitime esa presencia y que restaure el consenso que los sectores propietarios no pueden establecer.Siempre se alegaba que se ponía  fin a un gobierno anárquico, tiránico, corrupto, demagógico. Así se hizo en 1930, en 1955, en 1976. Pero la credibilidad en la alternativa militar para establecer gobiernos diferentes disminuyó considerablemente.

Desde la Segunda Guerra Mundial solía apelarse a otro argumento: la necesidad de acelerar el desarrollo nacional, lo que requiere un gobierno de personas eficaces, de técnicos especializados, de hombres preocupados por la grandeza nacional, o sea de militares. La doctrina del desarrollo tuvo y aún tiene mucho peso entre los militares.

Sin embargo, en las últimas dos décadas cedió paso frente a la teoría de la seguridad nacional, donde la presencia militar en el poder es entonces indispensable para evitar que el país caiga en las garras del comunismo —así se decía en la década del 60— o para extirpar a la subversión apatrida, como se repetía en la del 70.

FUERZAS ARMADAS ARGENTINAS: Ante todo es bueno aclarar que la misión del ejército argentino es disponer, en el marco específico y en el de la acción militar conjunta, de una capacidad de disuasión creíble, que posibilite desalentar amenazas que afecten intereses vitales. Subsidiariamente, puede participar en misiones de organizaciones militares de paz; prestar apoyo logístico en la lucha contra el narcoterrorismo; brindar apoyo a la comunidad y contribuir a la preservación del medio ambiente.

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REFLEXIONES SOBRE LAS DICTADURAS:

CARACTERISTICAS:La existencia de dictaduras es un hecho repetido en la historia política de los pueblos. Apenas existen países que hayan escapado a ellas en la época de su organización o en las de profundos cambios sociales.

Las dictaduras no responden únicamente al capricho o a la ambición de un hombre o de un grupo. Existen profundas causas sociales y económicas, también culturales, que posibilitan la aparición del dictador.

Con frecuencia un grupo o una élite, en otro tiempo conductora de una sociedad, no ha sido capaz de introducir las reformas necesarias que exige la evolución histórica. Conserva sus posiciones de privilegio social, económico, político y cultural. La mayoría del pueblo se siente defraudada y resentida. Se considera víctima de la injusticia.

Por un acontecimiento que puede ser de cualquier naturaleza aparece un hombre de brillantes dotes personales que levanta como bandera las reivindicaciones de los que se sienten oprimidos. Las masas han encontrado un líder, lo respaldan con lealtad y entusiasmo. El líder fácilmente se convierte en dictador.

También en las épocas de anarquía, cuando las tensiones sociales estallan o están a punto de estallar, los pueblos, que para poder sobrevivir necesitan orden, se muestran proclives a confiar el poder a un dictador que lo restablezca.

La dictadura parte de la idea de que la urgencia o gravedad de la situación no permite discusiones, ni el libre juego de las opiniones. Supone que la solución que ella aporta es la única que puede salvar la sociedad y considera a sus opositores como enemigos del pueblo.

Consecuentemente robustecen las tendencias y prácticas autoritarias. Multiplica la intervención, el control del poder estatal. Está dispuesta a implantar un orden por la fuerza. Se organiza para defenderse mediante la fuerza. Sólo puede ser cambiada, en último término, por la fuerza.

Las dictaduras tienen una serie de ventajas, sobre todo en su primera época. Pero el precio’pagado por ellas es muy caro a la sociedad. Traen consigo una serie de desventajas que aparecen claramente pasado un tiempo.

Entre las ventajas podemos señalar:

1. capacidad de decisión y acción que le permite enfrentar con éxito situaciones de urgencia;
2. mantiene con facilidad el orden público y logra la adhesión pasiva de la población;
3. puede mejorar a corto plazo la economía y racionalizar la administración;
4. tiene la capacidad de combatir y eliminar intereses inconfesables;
5. puede interpretar las aspiraciones populares y lograr un apoyo masivo.

Entre los males y desventajas propios de la dictadura señalamos:

1. anula el espíritu cívico, deprime la conciencia y la personalidad;
2. estimula el egoísmo y los negocios personales;
3. fomenta el espíritu de adulación, servidumbre y cobardía;
4. con frecuencia, en vez de servir al país, sirve a un grupo;
5. la voluntad dictatorial hace y deshace prestigios. Los hombres con conciencia de dignidad se niegan a colaborar.

Las dictaduras se convierten fácilmente en tiranías. Dictadura es el poder concentrado en unas solas manos y puede ser bien empleado. Tiranía es el poder usado despótica y arbitrariamente para provecho propio o de un grupo.

En la Argentina hemos tenido dos claras experiencias de tiranía. Una en la época de la organización nacional; otra, en la de los grandes cambios sociales. El fenómeno no es nuestro, sino universal.

Junta Militar del Golpe en 1976

Junta Militar del Golpe en 1976

La Constitución Nacional fue sancionada en 1853, y el primer gobierno constitucional comenzó en marzo de 1854. Desde entonces la vida democrática, en lo que hace a los mecanismos constitucionales, funcionó en forma regular hasta 1930. Se trataba de una democracia que mostraba debilidades, pero que funcionaba con todas sus instituciones y que, gracias a la educación, a la experiencia y a la participación de los ciudadanos, permitía una sociedad que vivía en libertad.

En el período que se extiende de 1854 a 1930 no faltaron hombres públicos que en ciertas oportunidades desconfiaran de la pureza de los actos comiciales por los cuales surgían determinados gobiernos, y creyeran que la única manera de lograr esa pureza consistía en impedir que los elegidos en esos comicios tomaran el poder, o que, ejerciéndolos, debían ser desalojados.

Estallaron así en ese período varias revoluciones con fines distintos cada una, siendo las de mayor magnitud, las de 1874, 1880, 1890, 1893, 1905. Ninguna de ellas, sin embargo, obtuvo sus propósitos de romper el orden constitucional, si bien es cierto que ejercieron influencia en los sucesos políticos posteriores a su estallido.

Pero la vigencia constitucional quedó en pie y los hombres públicos de esa época sentían orgullo de que la cordura hubiera impedido la ruptura del orden constitucional.

La democracia es un régimen político que exige hombres virtuosos, llenos de cualidades, y ello hace siempre difícil todo sistema democrático. La historia de nuestro país lo demuestra. Esos movimientos de violencia política no eran sino el aprendizaje necesario de un pueblo a través de los años de vigencia de instituciones difíciles de practicar. Cuando suceden esos acontecimientos múltiples causas concurren que no podemos analizar aquí; pero ellas no siempre son de naturaleza política.

Los estallidos revolucionarios, que no derrumbaron gobiernos ni rompieron la vigencia de la Constitución y que hemos mencionado, se proponían obtener, por medios equivocados, el mejoramiento o perfección del sistema democrático.

Pero aún con los inconvenientes, las debilidades, las contradicciones el país marchaba en busca del perfeccionamiento de su sistema político En 1912 se sanciona la ley electoral que instaura el voto secreto obligatorio y la utilización, en carácter de padrón electoral, del padrón militar. Esa ley establecía, además, que ingresaran las minorías en las cámaras, con lo que se dio un paso hacia la representación de todos los sectores en la vida pública. La ley denominada Ley Sáenz Peña fue instrumento de extraordinaria significación en la vida política del país. mejoró notablemente los procedimientos comiciales.

La primera vez que esa ley se aplicó en elecciones presidenciales fue en el año 1916. Ese comicio consagró como Presidente a Hipólito Yrigoyen, propiciado como candidato por la Unión Cívica Radical, una agrupación política surgida en 1891 y que se mantenía en la abstención por no querer convalidar con su presencia el sistema electoral vigente Producida la nueva ley Sáenz Peña, el radicalismo se presentó en las elecciones y obtuvo el triunfo del partido.

Yrigoyen fue un hombre público y un caudillo singular, que asumió la conducción del partido después de la muerte de Alem en 1896. Su método político, la ausencia de ambiciones personales, su alejamiento de las manifestaciones populares y públicas, le dieron un carácter casi mítico a su figura y un ascendiente muy grande; fue un verdadero caudillo popular. Multitudes enfervorizadas lo acompañaron tanto cuando asumió el poder en 1916 como cuando lo dejó en 1922.

De vida austera, el candidato radical se caracterizó por su probidad en el manejo de los fondos públicos y por su altiva política internacional que no aceptaba intromisiones ni tutelas de naciones extranjeras. La popularidad de su gobierno le permitió, al finalizar su mandato, que el radicalismo volviera a ganar en 1922 con su candidato, que lo era Marcelo T. de Alvear, quien gobernó al país con un estilo distinto del de Yrigoyen y aun con hombres que no se identificaban con el Radicalismo.

El período de Alvear finalizó en 1928 y nuevamente fue postulado para las elecciones Hipólito Yrigoyen. Este resultó triunfante otra vez en elecciones que le dieron un apoyo masivo de la población. Su período debía extenderse de 1928 a 1934.

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LOS GOLPES DE ESTADO MILITARES EN ARGENTINA

Golpe de 1930-Uriburu derroca a Irigoyen

Golpe de 1943-El GOU derroca a Castillo

Golpe de 1955-Revolución Libertadora derroca a Juan Perón

Golpe de 1962-Destitución de Frondizi

Golpe de 1966-Destitución de Illia

Golpe de 1976-Derrocamiento de Estela Martínez de Perón

 junta militar 1976

Primer Junta de Gobierno de 1976, cuando derrocaron a la presidente constitucional Isabel Martínez de Perón

QUE ES UN GOBIERNO DE FACTO?: El gobierno de hecho o de facto al contrario que el gobierno de derecho, proviene de un origen no corriente y por lo tanto no estipulado por las normas legales del estado, expresadas por la Constitución o por las leyes especiales al respecto.

En Argentina existe una gran experiencia en este tipo de gobiernos. Casi 24 años de gobierno de facto y seis golpes de estado militares en siglo XX, más una cantidad imprecisable de asonadas militares y golpes palaciegos que no prosperaron, marcan una realidad que, aparte de la preocupación por la situación política del país, determinó una gran experiencia jurídico-política y filosófico-política, con respecto a las características de los gobiernos de facto.

Existen dos formas conocidas que originan los gobiernos de facto: Una es cuando un gobernante de derecho prolonga su ejercicio del gobierno, más allá del tiempo previsto. La otra, es cuando el gobierno de facto se instala por la fuerza, derrocando a un gobierno legalmente constituido o de derecho, o a otro gobierno de facto.

La doctrina impone tres exigencias para que una persona sea reconocida como gobernanie de facto:

1) Que ocupe un cargo que tenga reconocimiento legal que exista dentro de la colectividad en la cual surge.

2) Que esté en efectiva posesión de las funciones.

3) Que merezca el reconocimiento implícito de su autoridad por parte del grupo social».Las fuerzas armadas surgen en el siglo XIX paralelamente a la creación del Estado argentino. Su cometido original consistía en la salvaguardia de la integridad territorial de Argentina y se mantendrá así hasta la década de los treinta y, en concreto, hasta el golpe de Estado del general José F. Uriburu.

GOLPES DE ESTADO EN ARGENTINA: El problema de los «golpes de Estado» es de fundamental importancia  para los argentinos. Obsérvese que en los 200 años de vida política independiente, sólo se registra una revolución en nuestra historia: la de los días de Mayo de 1810. En cambio, esa historia está jalonada por múltiples golpes de Estado al punto que el propio general José de San Martín, llegado al país el 9 de marzo de 1812, a los 7 meses, el 8 de octubre de ese mismo año, se encontró en la plaza de la Victoria con su flamante y no estrenado Cuerpo de Granaderos a Caballo produciendo la caída del Primer Triunvirato.

A partir de aquel acontecimiento la historia es larga y se considerarán los últimos 80 años, signados por una sucesión ininterrumpida de elecciones-golpe-elecciones-golpe cuya consecuencia ha sido, con la excepción de un solo caso, que ningún gobierno elegido por el pueblo haya podido cumplir integramente su mandato.

Seis presidentes constitucionales derrocados, 6 presidentes de facto destituidos, 72 complots y crisis militares constituyen un balance suficientemente demostrativo de nuestro torturado sistema institucional.

Un rápido repaso de los golpes de Estado triunfantes y de muchos de los complots frustrados nos muestra algunas de sus características esenciales: son de naturaleza militar, pero con anticipos declarativos civiles provenientes de sectores oligárquicos o vinculados con los grandes centros del poder económico (así ha ocurrido, por ejemplo, con las declaraciones del 22-8-1930 y 28 de enero de 1976); han mostrado un aparente apoyo civil en la etapa pre-golpe, que no se continuó en una participación real en la etapa posgolpe; las participaciones civiles, cuando las hubo, provinieron de agolpamientos vinculados al nacionalismo oligárquico (Liga Patriótica, Liga Republicana, Legión de Mayo, Legión Cívica en 1930; Club del Plata en 1943; Unión Federal y Azul y Blanco en 1955, Ateneo de la República y Azul y Blanco en 1966); acusan dos vertientes ideológicas de acción simultánea: una «liberal» —mucho más en lo económico que en lo político— y otra fascistizante, alternándose ambas en la preeminencia: la última es vanguardia en 1930 y 1966, coparticipa en 1943 y 1955, retaguardia en 1976.

Los golpesfde Estado no pueden confundirse con las revoluciones, aunque a menudo sus protagonistas los llamen así. Las revoluciones producen cambios profundos, sustanciales, definitivos, en la organización misma de la sociedad, como los produjeron la Revolución Francesa de 1789 o la soviética en 1917.

Luego de producido un golpe, en cambio, la sociedad sigue funcionando más o menos igual que antes. Sin embargo, los cambios existen, y merecen un análisis más detenido.

Casi siempre, los golpes los dan los militares, que interrumpen gobiernos civiles (a veces, hay golpes dentro de los mismos gobiernos militares). Pero muy frecuentemente lo hacen porque son llamados por civiles. Sería un error limitar el problema de los golpes militares a una supuesta apetencia congénita por el poder de los militares —aunque algo de eso haya— y olvidar que el golpe refleja un problema de la sociedad toda. Y sobre todo de su sistema político.

En nuestro país, hemos tenido golpes de Estado que, aproximadamente, han correspondido a uno y otro tipo. El del 6 de setiembre de 1930, que derribó a Yrigoyen, y el 26 de junio de 1966, que acabó con el gobierno de Illia corresponden a la primera variante. Se trataba de gobiernos que gozaban de un razonable apoyo popular; que tenían sus lógicos problemas de funcionamiento pero que, en lo esencial, eran eficientes (por más que la propaganda golpis-ta tuviera éxito en difundir imágenes de caos,parálisis y corrupción).

Pero eran gobiernos enfrentados con situaciones sociales y económicas nuevas, que exigían —para los sectores dominantes— la ejecución de medidas difícilmente aceptables y que sólo podían ser aplicadas eficazmente por gobiernos autoritarios. De ahí la apelación a las fuerzas armadas.

El golpe del 4 de junio de 1943 parece corresponder al segundo tipo: un régimen político fraudulento y carente de consenso, una pérdida de legitimidad total y un vacío de poder, que es llenado por el Ejército, sin que ningún sector muy representativo (salvo las infaltables corrientes nacionalistas) lo hubiese llamado.

dictaduras militares

La presencia militar en el gobierno generó una nueva relación con los grupos políticos.
Aquí el general Pedro Pablo Ramírez recibe a dirigentes.

Los golpes de 1955 y 1976 tuvieron un poco de ambos casos. Se trataba de gobiernos consensúales pero minados por la lucha facciosa. Sobre todo, gobiernos constitutivamente facciosos ellos mismos, incapaces de integrar a las fuerzas opositoras dentro de un sistema de convivencia y respeto mutuo, por lo que entre ambas fuerzas terminaba por producirse una suerte de empate. Por otra parte, se trataba de gobiernos lo suficientemente populares como para que preocuparan a los sectores socialmente dominantes, necesitados de aplicar políticas económicas restrictivas. Son ellos los que con más entusiasmo apelan a las fuerzas armadas.

En cualquier caso, si bien los golpes los dan los militares, quienes los llaman, incitan y aconsejan son civiles, tan civiles como los despojados. El problema no sólo está en la institución militar. Está, sobre todo, en la sociedad civil.

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LAS DICTADURAS MILITARES ARGENTINAS:

El golpe militar de septiembre de 1955 terminó con casi un decenio de gobierno peronista e inauguró una etapa signada por la inestabilidad política y el estancamiento económico. De los dieciséis presidentes que se sucedieron entre 1955 y 1983, siete eran civiles y nueve, militares. Los problemas económicos que se habían manifestado durante la segunda presidencia de Perón se agudizaron. En estos años hubo períodos de moderada expansión económica, que alternaron con lapsos de muy poco o nulo crecimiento. La alta inflación se convirtió en un dato permanente de la vida nacional.

La Revolución Libertadora -como se denominó el levantamiento que derrocó a Perón- se propuso erradicar de nuestro paila influencia del peronismo. Las Fuerzas Armadas en el poder se convirtieron en un factor político decisivo y se asignaron la misión de impedir el retorno de Perón y de sus seguidores al centro de la escena política argentina. Entre 1955 y 1958 ejercieron el poder en forma directa.

lonardi

Los militares encarnaron ideologías tomadas del espectro político argentino, desde el nacionalismo hasta el conservadurismo.
Aquí el general Lonardi; de clara tendencia nacionalista.

En 1958 lo entregaron al presidente electo Arturo Frondizi, quien, gracias a un pacto con Perón, pudo contar con una parte significativa del voto peronista.

Entre 1958 1966, la intervención de los militares ejercieron una tutela sobre los gobiernos civiles, hasta los derrocamientos de Frondizi, en 1962, de Illia, en 1966. En este último año, las Fuerzas Armadas asumieron directamente las responsabilidades de gobierno.

El nuevo presidente, el general Juan Carlos Onganía prometió terminar con la política -a la que identificaba con el desorden- y con la división de la sociedad, pues conducían -según la concepción de Onganía- al comunismo. La primera fase de la llamada Revolución Argentina desencadenó un proceso de movilización social, que comenzó con el movimiento conocido como el Cordobazo, y que terminó con la salida de Onganía del gobierno.

La década de 1960 mostró cambios importantes tanto en la economía como en la cultura. De la mano de fuertes inversiones extranjeras se desarrollaron industrias de bienes de consumo durables y el perfil industrial argentino se modernizó. La modernización también llegó a la vida cultural, tanto en el plano de la ciencia y la educación superior como en la expansión de las industrias culturales.

En el plano político, después de un intermedio de orientación más nacionalista -la presidencia de Roberto M. Levingston– el general Alejandro A. Lanusse asumió el gobierno con la misión de asegurar la transición a un gobierno constitucional, reservando la integridad de las Fuerzas Armadas. En 1973, el general Lanusse entregó el gobierno a Héctor J. Cámpora, el candidato justicialista, presidente electo en elecciones democráticas.

A los pocos meses, Cámpora renunció. En las elecciones de septiembre de 1973, triunfó la fórmula: Perón-Perón. Después de dieciocho años de exilio, Perón volvía al poder esta su muerte, en julio de 1974, Perón manejó las tensiones sociales y políticas que cruzaban la sociedad argentina y que se expresaban con particular transparencia y conflictividad dentro del propio peronismo. Bajo el gobierno de su esposa, Varía Estela Martínez, los conflictos internos del peronismo estallaron con ferocidad.

En medio de un clima político y social dominado por la violencia, el gobierno perdió legitimidad y el control de la situación política. En marzo de 1976, los militares tomaron nuevamente el poder.

El nuevo gobierno, que se denominó Proceso de Reorganización Nacional, se propuso acabar con los factores que, según la facción gobernante, originaban los problemas sociales y políticos del país. La solución adoptada combinó una represión indiscriminada -fuera de la ley-, la  prohibición de la actividad política y una economía de orientación neoliberal que, sin embargo, consintió una desmesurada expansión de la actividad productiva del Estado y que afectó negativamente a la  producción industrial nacional.

La censura se impuso sobre la libertad de opinión y la vida intelectual apenas sobrevivió. La Argentina se convirtió en un país dominado por el miedo y aislado de la opinión pública internacional, que condenaba las violaciones de los derechos humanos. La dictadura terminó trágicamente.

En 1982, los militares -que ya en 1978 habían llevado al país a un paso de la guerra con Chile, evitada por la mediación del Papa- decidieron recuperar por la fuerza las Islas Malvinas. La guerra con Gran Bretaña culminó con la derrota argentina y con más de 700 jóvenes soldados muertos o desaparecidos y cerca de 1.300 heridos. El  gobierno, atravesado por fuertes conflictos internos, no resistió esta derrota y se vio obligado a llamar a elecciones.

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La crisis de la sociedad: Dilucidar por qué las fuerzas armadas llegaron a ocupar ilegalmente el poder político dentro del estado argentino, es un tema polémico y para analizar, pues no hay para esa pregunta una respuesta clara, ni válida para todos los casos.

En ocasiones, como en 1930, la presencia militar parece ligada con la aguda crisis económica, para otras veces no fue así. No puede decirse que, como en otros países, se trata de una respuesta a una seria amenaza de revolución social, bastante distante en las posibilidades de la sociedad argentina. En la mayoría de los casos, el golpe militar pone fin a gobiernos tibiamente reformistas, y en algunos casos, como en 1943, a regímenes definidamente conservadores.

Algo serio ha pasado, sin embargo, en la sociedad argentina de los últimos ochenta años, que explica la recurrente presencia militar. El desenvolvimiento de su economía ha sido  insatisfactorio. En esa crisis de contracción se ha consolidado el poder de un segmento muy pequeño de los sectores propietarios, que ha concentrado el grueso de la riqueza, en desmedro no solo de los sectores populares o de las clases medias sino, inclusive, de vastos segmentos de los comerciantes, industriales o agricultores.

Hay, pues, una escisión entre un grupo reducido, que controla todas las actividades, y el resto de la sociedad, que se manifiesta desde 1930 y se acentúa en las dos últimas décadas, cuando la economía argentina entra definidamente en la órbita de las grandes empresas multinacionales.

Ese pequeño grupo, la oligarquía económica, se enriquece pero no puede asociar a su prosperidad a otros grupos, como ocurrió en la Argentina anterior a 1930. Y como la prosperidad no se difunde, tampoco puede suscitar adhesiones, ni generar el necesario consenso para que su dominio indiscutido se plasme en un sistema político estable.

He aquí una de las raíces de nuestra crisis política, que explica la recurrente apelación a los militares. Ellos son llamados a restablecer el orden, a zanjar algunas cuestiones, a confirmar la hegemonía de los pequeños grandes grupos y a conformar al resto. Porque a falta de otro tipo de argumentos, los regímenes militares suelen apelar a consignas tales como la «grandeza nacional», la «defensa de nuestros valores occidentales y cristianos», la «restitución del patrimonio nacional» y otras semejantes, los que en alguna medida suplen aquella falta de consenso.

Su intervención no se limita a eso: desde el poder realizan una política activa que facilita aún más el desenvolvimiento de aquellos grupos propietarios, desbrozando el camino y removiendo obstáculos. Tal el sentido último de las «refundaciones»de la República, o de las administraciones de Adalbert Krieger Vasena en 1967 y de José A. Martínez de Hoz en 1976.

La crisis de la política
A estas razones de fondo, que explican por qué la oligarquía necesita de los militares, se agregan otras que provienen de un funcionamiento cada vez más vicioso de nuestro sistema político. Por empezar, todo el sistema de instituciones democráticas y partidos políticos está desprestigiado. En los períodos breves en que funciona, nadie creía que las decisiones importantes se tomen realmente allí, y pesan más, por ejemplo, los pactos sociales entre empresarios y sindicalistas, o las negociaciones más disimuladas entre sindicalistas y militares, o las gestiones igualmente subterráneas de la Iglesia, que la discusión abierta de los problemas; en el Parlamento o en la calle. Los grupos de presión y los factores de poder han achicado el campo de las instituciones específicamente políticas.

Esto está agudizado por una exacerbación de las luchas políticas, donde la defensa de los intereses facciosos suele anteponerse a la salvaguarda común del sistema institucional. Alain Rouquié ha puntualizado que en esto nadie es inocente y que, quien más quien menos, todos han acariciado el sueño del «coronel propio», del apoyo militar que revierta una situación de derrota y les entregue el poder. Lo hicieron los conservadores varias veces, desde 1930, pero también los radicales en 1955, y los peronistas en 1966. Golpear las puertas de los cuarteles ha sido el deporte predilecto de desarrollistas, sindicalistas, liberales «gorilas», liberales progresistas y hasta comunistas. Así, los militares nunca se alzaron con el poder contra la voluntad general. Siempre fueron llamados, y este quizá sea el rasgo más perverso de nuestro sistema político.

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DOCUMENTOS: PROCLAMAS GOLPISTAS DE LOS MILITARES EN ARGENTINA AL TOMAR EL PODER

A continuación se publican fragmentos de los manifiestos dados a conocer por las fuerzas armadas en los derrocamientos del 30, 43, 55, 62, 66 y 76.

6 DE SETIEMBRE DE 1930:

Destitución de Hipólito Yrigoyen

«Camaradas: El ejército y la armada de la Patria, respondiendo al clamor unánime del pueblo de la Nación y a los propósitos perentorios que nos impone el deber de argentinos en esta hora solemne para los destinos del país, han resuelto levantar su bandera para intimar a los hombres que han traicionado en el gobierno la confianza del pueblo y de la República, el abandono inmediato de los cargos, que ya no ejercen para el bien común, sino para el logro de sus apetitos personales. (. . .) La misma Constitución obliga a los ciudadanos a armarse en su defensa. Ha llegado el momento ¡A las armas! para salvar la realidad de las instituciones y la dignidad de la Nación.»

4 DE JUNIO DE 1943:

Caída del Dr. Ramón S. Castillo

«Al pueblo de la República: las fuerzas armadas de la Nación, fieles y celosos guardianes del honor y tradiciones de la Patria, como asimismo del bienestar, los derechos y libertades del pueblo argentino, han venido observando silenciosa, pero muy atentamente, las actividades y el desempeño de las autoridades superiores de la Nación (. . .) Se ha defraudado a los argentinos adoptando como sistema la venalidad, el fraude, el peculado y la corrupción (. . ) Dicha fuerza, consciente de la responsabilidad que asume ante la historia y ante su pueblo, cuyo clamor ha llegado hasta los cuarteles, decide cumplir con el deber de esta hora, que impone actuar en defensa de los sagrados intereses de la patria.»

16 DE SETIEMBRE DE 1955:

La revolución contra el Gral. Juan D. Perón

«Al pueblo argentino y a los soldados de la patria: En mi carácter de jefe de la Revolución Libertadora, me dirijo al pueblo, y en especial a mis camaradas de todas las armas, para pedir su colaboración en nuestro movimiento. La Armada, la Aeronáutica y el Ejército de la patria abandonan otra vez sus bases y cuarteles para intervenir en la vida cívica de la Nación. Lo hacemos impulsados por el imperativo del amor a la libertad y al honor de un pueblo sojuzgado que quiere vivir de acuerdo con sus tradiciones y que no se resigna a seguir indefinidamente los caprichos de un dictador que abusa de la fuerza del gobierno para humillar a sus conciudadanos. (…) Ningún escrúpulo deben abrigar los miembros de las Fuerzas Armadas por la supuesta legitimidad del mandato que ostenta el dictador. (. . .) La revolución no se hace en provecho de partidos, clases o tendencias, sino para restablecer el imperio del derecho.»

28 DE MARZO DE 1962:

La destitución de Arturo Frondizi

(Esta destitución es una excepción a la regla golpista, ya que los comandantes de las tres armas —Raúl Poggi, Agustín R. Penas y Cayo Alsina— oficializaron el golpe a través de una acta que sustituyó la tradicional proclama revolucionaria.) «En Buenos Aires, a los 28 días del mes de marzo, en reunión celebrada en la Secretaría de Marina, reunidos los señores comandantes en jefe de las FF. AA., resuelven exigir el alejamiento de sus funciones del señor presidente de la Nación, a fin de agotar los medios para salvar la organización constitucional. Esta decisión se notificara en el día de la fecha por el conducto que cada autoridad militar considere conveniente dentro de su fuerza. Los comandantes en jefe de las tres Fuerzas Armadas dejan constancia expresa de que, en caso de que los acontecimientos lleven a situaciones extremas que hagan ineludible el cambio de gobierno, el nuevo gobierno será civil.»

28 DE JUNIO DE 1966:

El golpe de Estado contra el Dr. Arturo Illia

«Nos dirigimos al pueblo de la República en nombre del Ejército, la Armada Nacional y la Fuerza Aérea con el objeto de informar sobre las causas de la Revolución Argentina. El gobierno que acaba de ser sustituido contó con el anhelo de éxito más fervoroso y con un crédito de confianza ilimitado por parte de todos los sectores de la vida nacional. (. . .) La inflación monetaria que soportaba la Nación fue agravada por un estatismo insaciable e incorporada como sistema y con ello el más terrible flagelo que puede castigar a una sociedad, especialmente en los sectores de menores ingresos, haciendo del salario una estafa y del ahorro una ilusión. (. . .) Las FuerzasArmadas observaron con creciente preocupación este permanente y firme deterioro. No obstante, no sólo no entorpecieron la acción del gobierno, sino por el contrario buscaron todas las formas posibles de colaboración».

24 DE MARZO DE 1976:

Destitución de María Estela Martínez de Perón

Agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional, superada la posibilidad de, rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso por sus vías naturales llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su futuro.

Nuestro pueblo ha sufrido una nueva frustración. Frente a un tremendo vacío de poder, capaz de sumirnos en la disolución y en la anarquía; a la falta de capacidad de convocatoria que ha demostrado el gobierno nacional; a las reiteradas y sucesivas contradicciones evidenciadas en la adopción de medidas de toda índole; a la falta de una estrategia global que, conducida por el poder político, enfrentara la subversión; a la carencia de soluciones para problemas básicos de la Nación, cuya resultante ha sido el incremento permanente de todos los extremismos; a la ausencia total de los ejemplos éticos y morales que deben dar quienes ejercen la conducción del Estado; a la manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la economía, que ocasionara el agotamiento del aparato productivo; a la especulación y la corrupción generalizadas, todo lo cual se traduce en una irreparable pérdida del sentido de grandeza y de fe; las Fuerzas Armadas en cumplimiento de una obligación irrefutable, han asumido la conducción del Estado.

Una obligación que surge de serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podría tener sobre el destino de la Nación toda, una actitud distinta a la adoptada.

Esta decisión persigue el propósito de terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo, y sólo está dirigida contra quienes han delinquido o cometido abusos de poder.
Es una decisión por la Patria y no supone, por lo tanto, discriminaciones contra ninguna militancia cívica ni sector social alguno. Rechaza, por consiguiente, la acción disociadora de todos los extremismos y el efecto corruptor de cualquier demagogia.

Las Fuerzas Armadas desarrollarán durante la etapa que hoy se inicia una acción regida por pautas perfectamente determinadas, por medio del orden, del trabajo, de la observancia plena de los principios éticos y morales, de la justicia, de la organización integral del hombre, del respeto a sus derechos y dignidad; así la República llegará a la unidad de los argentinos y a la total recuperación del ser nacional, metas irrenunciables para cuya obtención se convoca en un esfuerzo común a los hombres y mujeres, sin exclusiones, que habitan este suelo.

Tras esas aspiraciones compartidas, todos los sectores representativos del país deben sentirse claramente identificados y, por ende, comprometidos en la empresa común que conduzca a la grandeza de la Patria.

No será un gobierno patrimonio de sectores ni para sector alguno. Estará imbuido de un profundo sentido nacional y sólo responderá a los más sagrados intereses de la Nación y sus habitantes.

Al contraer las Fuerzas Armadas tan trascendente compromiso, formulan una firme convocatoria a toda la comunidad nacional.

En esta nueva etapa hay un puesto de lucha para cada ciudadano. La tarea es ardua y urgente. No estará exenta de sacrificios, pero se la emprende con el absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo y con fe en el futuro argentino.

La conducción del proceso se ejercitará con absoluta firmeza y vocación de servicio.

A partir de este momento, la responsabilidad asumida impone el ejercicio severo de la autoridad para erradicar definitivamente los vicios que afectan al país.

Por ello, al par que se continuará combatiendo sin tregua a la delincuencia subversiva, abierta o encubierta, y se desterrará toda demagogia, no se tolerará la corrupción o la venalidad bajo ninguna forma o circunstancia, ni tampoco cualquier trasgre-sión a la ley u oposición al proceso de reparación que se inicia.

Las Fuerzas Armadas han asumido el control de la República. Quiera el país todo comprender el sentido profundo e inequívoco de esta actitud para que la responsabilidad y el esfuerzo colectivos acompañen esta empresa que, persiguiendo el bien común, alcanzará, con la ayuda de Dios, la plena recuperación nacional.

Formación Política Para La Democracia Tomo III – Los Golpes Militares – Editorial Sanchez Teruelo S.A.

Ampliación del Tema: Intervención en la Política Argentina

Obra de Gobierno de Rivadavia Ley de Enfiteusis Cracion Banco Nacional

Obra de Gobierno de Rivadavia Ley de Enfiteusis

BERNARDINO RIVADAVIA nadó en Buenos Aires el 20 de mayo de 1780. Estudió en el Coléalo de San Carlos, luchó con valor en la segunda invasión inglesa, se pronunció en favor de la Revolución de Mayo, fue secretario de guerra del Primer Triunvirato y, desde entonces, representó al centralismo porteño.

Fue diplomático en Europa representando a las Provincias Unidas en la búsqueda del reconocimiento a nuestra independencia; en 1821 fue llamado a cubrir el cargo de ministro en la gobernación de Martín Rodríguez, realizando una serie de reformas que marcaron notablemente al período histórico entre 1821-1824.

El 8 de febrero de 1826 fue nombrado presidente en momentos difíciles para la nación (Guerra con el Brasil); tuvo que renunciar al año siguiente y se alejó definitivamente de la vida política. Falleció un 2 de septiembre de 1845, en Cádiz, España.

Presidencia de Rivadavia:
gobierno de rivadaviaUna instancia polémica: Bernardino Rivadavia fue una figura polémica de nuestra historia, que generó simpatías y rechazos. Se lo ha visto como un pensador que ideó un plan acertado de renovación estatal, o como el representante de la burguesía comercial agente británico en el Río de la Plata». Más allá de estas interpretaciones, el grupo rivadaviano elaboró un plan concreto para organizar el país, que en su momento era prácticamente único.

El grupo rivadaviano estaba integrado por partidarios de las ideas liberales, la mayoría de formación universitaria europea, que contaban con el respaldo de comerciantes y hacendados de Buenos Aires. Los comerciantes apoyaban la política de librecambio: impuestos bajos para el comercio de importación y exportación.

Los hacendados vieron con buenos ojos la Ley de Enfiteusis que dictó Rivadavia, porque pudieron engrosar sus propiedades. Por otra parte, el presidente favorecía la exportación de cueros. Este apoyo, sin embargo, no sería eterno: terminaría cuando las medidas económicas fueran desfavorables para sus intereses.

• Ley de Capitalización de Buenos Aires
El presidente Rivadavia no hizo esperar el programa de medidas de su mandato. El mismo mes de febrero presentó un proyecto sobre capitalización de Buenos Aires, el cual se sancionó a principios del mes siguiente. La nueva capital estaba comprendida entre Puente Márquez (próximo a Merlo), Tigre y el río Santiago. Este territorio quedaba bajo la dirección de la Legislatura y del presidente nacional; todos sus establecimientos se nacionalizaban junto a las acciones, deberes y empréstitos contraídos por la provincia de Buenos Aires.

Días después se disuelve la Junta de Representantes y cesan las funciones del Poder Ejecutivo y Legislativo de la provincia bonaerense. La provincia de Buenos Aires había desaparecido.

• Ley de consolidación de la deuda pública
La economía de la provincia no era muy ventajosa. Por la situación presentada con el Brasil, el presupuesto estaba destinado en su totalidad a los gastos militares. Existía una importante deuda pública acumulada desde 1810 y el empréstito Baring debía pagarse.

El Congreso trató el proyecto de consolidación de la deuda pública y de la hipoteca de la tierra fiscal de todo el país. Las tierras públicas quedaban afectadas al pago de la deuda y no podían venderse. Las tierras provinciales pasaban de este modo a manos del Estado nacional. Esta ley condujo a la sanción de la Ley de Enfiteusis. La medida provocó descontento en las provincias, porque perdían el control de sus tierras.

La tierra: negocio redondo:

La vocación de Rivadavia sobre inmigración y colonización culminaría bajo.su mandato como presidente, cuando el Congreso Constituyente de las Provincias Unidas sancionó el 20 de mayo de 1826 la Ley de Enfiteusis, que disponía en su art. 1°. la prohibición de enajenar las tierras de propiedad pública, determinando que éstas se darían en enfiteusis durante un periodo no menor de 20 años, a contarse desde el 1° de enero de 1827. El art 2° fijaba dos tipos de canon; 8 por ciento para las tierras de pastoreo y el 4 por ciento, si las tierras eran de «pan llevar», con lo que se pretendía fomentar la agricultura… El objetivo era poder hacerse de recursos (el canon) sin desprenderse de la propiedad de la tierra (enfiteusis) que seguía siendo el resguardo del préstamo con Baring, y de los nuevos préstamos solicitados con motivo de la guerra. Lo que no se esperaba era que los grandes ganaderos se quedaran en forma directa o por testaferros con enormes cantidades de tierra que originaron grandes latifundios; tampoco estaba previsto que el estado de conflicto permanente del próximo cuarto de siglo haría que los colonos sólo llegaran a cuentagotas, por lo que la ley se convirtió en definitiva en una trampa muy costosa, ya que las mejores tierras quedaron inhabilitadas para cualquier colonización futura.(Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12)

• Ley de Enfiteusis
A mediados de 1826 se sanciona la Ley de Enfiteusis, que tuvo por objetivo estimular la colonización y obtener recursos para el tesoro nacional.

Esta ley establecía la concesión de la tierra pública en arrendamiento por veinte años. La tasación sería realizada por una comisión de vecinos que establecerían el monto de alquiler anual, según fuesen tierras para ganadería o agricultura.

Pero la ley no dará los frutos esperados, porque los arrendamientos no se pagaban con frecuencia y las tierras fueron adquiridas mayormente por capitalistas que las tenían como inversión y no para hacerlas trabajar. La idea de favorecer la formación de pequeñas propiedades para otorgar la tierra a los campesinos tampoco pudo cumplirse. Surgieron grandes propiedades o latifundios, en manos de quienes podían pagar más.

• La Constitución de 1826
El Congreso comenzó a tratar el tema constitucional. Como primer paso se acordó establecer una república representativa; la monarquía quedaba descartada. Un tema más espinoso fue decidir la organización estatal: ¿federal o unitaria?

A pesar de la oposición de los federales, el 24 de diciembre de 1826 se aprobó la Constitución que establecía «la forma representativa republicana bajo la unidad de régimen». Los gobiernos provinciales quedaban bajo la total dependencia del presidente de la Nación.

La Constitución fue rechazada en las provincias, al no ver satisfechas las aspiraciones federalistas.

Renuncia de Rivadavia
La situación del presidente Rivadavia se volvió muy delicada:
Las provincias habían rechazado la Constitución de 1826, por lo tanto, su autoridad nacional estaba cuestionada.
El ministro García había firmado un tratado deshonroso, por la cual reconocía a Brasil la posesión de la Banda Oriental, con el objetivo de finalizar la guerra.

Los terratenientes y comerciantes, su grupo de apoyo tradicional, le quitaron el respaldo por el aumento de impuestos y contribuciones destinados a cubrir gastos de la guerra con el Brasil.
Ante estas circunstancias, Rivadavia se vio obligado a renunciar. Se avecinaban tiempos de disgregación nacional.

PARA SABER MAS…
ESTADO Vs. IGLESIA

En el Argos de Bs.As. del sábado 19 de octubre 1822, se publicaba un comentario acerca de la discusión sobre la reforma eclesiástica propuesta por el gobierno , que había tenido lugar en la sala de Representantes:

(…) ha quedado decretada la abolición del fuero personal del clero (…) El público ha quedado prendado del celo y patriotismo con que estos señores eclesiásticos, que han atacado con calor, y con los más vivos coloridos los perjuicios que resultan a La sociedad de esta distinción que les había sido concedida; (…). La representación y el gobierno caminan con pasos de gigante, y Buenos Aires, de día en día va dando pruebas que dentro de breve presentará el modelo de una de las sociedades más bien organizadas, y a donde correrán habitantes de todas naciones a disfrutar en su seno el libre ejercicio de su industria, la abundancia y la seguridad.»

Como parte del plan orgánico concebido por el ministro Bernardino Rivadavia y su grupo, el gobierno se ocupó también de la Iglesia. La revolución de 1810 había alcanzado con su impacto a la jerarquía eclesiástica del Río de la Plata, la había separado de Roma y privado de muchas de  sus autoridades legítimas. Corno resultado de la conmoción social que la afectó, la Iglesia ofrecía un cuadro de desorden interno que acusaba problemas de todo tipo. Rivadavia se propuso poner coto al desquicio de esa situación, pero la reforma se impuso desde el gobierno  que asumió de esta manera, una potestad que subordinaba la Iglesia al poder civil.

Se inventariaron los bienes eclesiásticos, inclusive los de las órdenes religiosas; se suprimió toda autoridad eclesiástica sobre franciscanos y mercedarios, que quedaron sujetos a la del gobierno; se fijaron normas de conducta para los frailes, entre otras medidas que se arbitraron.

La iglesia dividió sus posiciones frente al avance reformista del gobierno y Francisco de Paula Castañeda, un fraile recoleto, se erigió en el más firme y vocinglero contradictor de la reforma y su alma mater. Agitó la opinión a través de una serie de periódicos de vida efímera y nombres estrafalarios que, pese a constituir una campaña de verdadero asedio, no pudieron contener la resolución del gobierno.

La ley de reforma eclesiástica se sancionó en noviembre de 1822 después de un prolongado y ardoroso debate. Por ella se dispuso la anulación del diezmo, la secularización de las órdenes monásticas; los bienes de los conventos disueltos se declararon como propiedad del Estado, a cambio de lo cual el gobierno se comprometía a proveer el presupuesto de la iglesia. Así nació, dicen algunos autores, el primer presupuesto de culto y en el predio de los monjes recoletos se estableció el cementerio del Norte o de «la Recoleta» , bajo la administración estatal.

Con el apoyo de algunos eclesiásticos comprometidos con la reforma, en Buenos Aires ésta pudo llevarse adelante. En el resto del país, una sociedad más ligada a las tradiciones hispánicas no podía comprenderla y se hizo inaplicable. El gobierno y, especialmente su ministro, se ganaron una acusación de anticlericalismo que excedió con creces las intenciones de Rivadavia. La reforma tuvo, además, un correlato político de carácter más violento, como fue la revolución encabezada por Gregorio Tagle en 1823, rápidamente sofocada.

EL GRUPO QUE ACOMPAÑABA A RIVADAVIA: Al calificar de grupo a este conjunto de hombres lo hago a sabiendas. Se trata de individuos que tienen, en un momento dado, similitud de ideas, adoptan una actitud pública común y se sienten entre ellos solidarios. Pero no mantienen una unidad permanente desde 1811 hasta 1827. A veces, la relación es puramente amistosa; otras se agregan al grupo algunos colaboradores inmediatos. En ocasiones, el grupo es relativamente numeroso.

Bernardino Rivadavia es quien la vertebra y las etapas en que se divide el plan económico analizado coinciden con las de su actuación pública. Julián Segundo de Agüero, sacerdote, legislador, ministro y político activo, es la otra figura central, tan Importante como Rivadavia en cuanto al manejo de las ideas. Salvador María del Carril es ministro de Hacienda durante la presidencia de Rivadavia y ha sido antes gobernador de San Juan.

Manuel José García merece párrafo aparte. Es colega de Rivadavia en el ministerio del gobernador Martín Rodríguez en la provincia de Buenos Aires y durante ese período (1820-1824) no cabe duda que ambos comparten muchas de las ideas e iniciativas económicas. Resulta difícil y quizá innecesario discriminar quién es el verdadero autor de algunas iniciativas que, muy probablemente, son patrimonio de varios grupos y de decenas de individuos durante el cuatrienio mencionado.

Algunos de los documentos reproducidos en esta obra correspondientes a ese período llevan la firma de García, como se observará. No participa éste, en cambio, de otras iniciativas y, ya en ese período, comienza a tener una actuación que es menester individualizar y que nada presenta en común con el grupo estudiado. Antes de iniciarse la presidencia de Rivadavia, las discrepancias entre García y Agüero y su enemistad son notorias en el medio porteño.

Sin embargo, el 8 de febrero de 1826, después de la ceremonia de toma de posesión del cargo de presidente, Rivadavia dicta un decreto nombrando su ministerio y allí le reserva a García la cartera de Relaciones Exteriores. El 10 de febrero-cuarenta y ocho horas después- otro decreto expresa que, habiendo renunciado García a su ministerio, se nombra a Francisco de la Cruz en su reemplazo. Rivadavia le envía más tarde como jefe de la misión diplomática a Río que en 1827 firma un tratado que aquél desconoce de inmediato.

Sin la menor duda hacía ya algún tiempo que ambos representaban posiciones ideológicas, económicas, políticas e internacionales irreconciliables, como se verá. El 28 de abril de 1834, García, como ministro del gobernador Viamonte, suscribe el decreto por el cual Rivadavia es expulsado de Buenos Aires.

Santiago Wilde, británico, contador de profesión y funcionario del gobierno de Buenos Aires durante varios años, es el autor de la Memoria sobre organización fiscal que se reproduce en el documento número 11. Trabajó durante algún tiempo en colaboración con Rivadavia y es probable que alguna de las iniciativas económicas de éste hayan contado con su asesoramiento. Es redactor de El Argos de Buenos Aires en los primeros números de este periódico.

Los otros miembros del grupo rivadaviano son redactores de cuatro periódicos que apoyan las iniciativas de Rivadavia y Agüero, o bien sostienen las ideas que pueden considerarse comunes al grupo. Esos periódicos sonEl Argos de Buenos Aires, fundado en 1821, del cual Ignacio Núñez es propietario y principal redactor; El Centinela, que aparece durante 1822s y 1823, redactado por Ignacio Núñez y Juan Cruz Várela; El Nacional, cuyos redactores son Valentín Alsina y dos profesores cuyos apellidos son  San Martín y Palacios, y que ocasionalmente recibe la contribución de  Agüero y García, y El Mensajero Argentino, que se inicia en 1825 y cesó en 1827, en cuyas columnas escribieron Juan Cruz Várela, Agustín Delgado, Francisco Pico y Valentín Alsina. (…)

Lo que todos tienen en común es un nivel cultural que puede considerarse elevado para la época y el lugar. Rivadavia y Núñez fueron hombres de recursos propios, obtenidos por herencia. La mayor parte de los bienes privados de Rivadavia estaba invertida en fincas urbanas, (…). Lo que no he hallado son referencias, directas o indirectas, que indiquen que alguno de los miembros de este grupo haya pertenecido a empresas de importancia aunque fuere mediana. No parece, pues, que ninguno de ellos haya tenido comprometidos bienes personales de consideración en las medidas que integran esto que denomino el plan económico del grupo rivadaviano.»

BAGU, SERGIO. El Plan
Económico del Grupo Rivadaviano
(1811-1827). Rosario, Instituto de
Investigaciones Históricas, 1966.

RESPECTO A LA LEY DE ENFITEUSIS: Los proyectos de Rivadavia, que en un primer momento fueron apoyados por la burguesía comercial porteña, pues su concepción unitaria buscaba centralizar al país para crear un extenso mercado nacional, el que se afianzaría con el desarrollo de la agricultura pues se incrementarían los consumidores, no estaba desprovista de, lógica en lo referente a sentar las bases para la formación de una nación capitalista moderna.

Si bien las medidas librecambistas, a las que adhería Rivadavia, en una primera etapa aniquilarían alas rústicas industrias del interior, posteriormente, en base a la propagación de la agricultura y al establecimiento de una multitud de propietarios, que ampliarían el mercado interno, se podría desarrollar una industria nacional competitiva. Sin embargo, en la realidad económica y social de Argentina, en la década de 1820, esto no era más que una teoría de dudosa concreción. Para empezar, no existía una población dispuesta a contraerse a las actividades agrícolas ya que se carecía, casi por completo, de la tradición y cultura necesaria.

Esta dificultad, que no era desconocida por Rivadavia y su grupo, se pretendió superar con planes inmigratorios, pero la escasez de recursos del Estado, la inestabilidad política, que determinaba la sucesión de permanentes guerras civiles, y la población indígena que amenazaba constantemente a las fronteras interiores, desalentaban a los inmigrantes a radicarse en las pampas argentinas.

Estas condiciones objetivas fueron percibidas con claridad por la misma clase comercial, que no sólo se dedicaba al comercio de importación, sino que también exportaba frutos del país, tales como cueros y sebo principalmente. Fueron precisamente la valorización del cuero y el auge del saladero debido a la creciente colocación del primero en Europa, y a la estable demanda del tasajo en Cuba y Brasil, los factores que determinaron el interés de los comerciantes porteños por la posesión de la tierra apta para la ganadería, ya sea con fines especulativos o para destinarla a la cría de vacunos para la exportación de sus subproductos. De esta forma la burguesía comercial, hasta hacía poco la clase más poderosa de Buenos Aires, comenzó a transformarse en burguesía terrateniente y a participar en los negocios ganaderos.

Este hecho implicaba una contradicción para los proyectos de Rivadavia. Es sabido que el fomento de la agricultura y el poblamiento de la campaña iban en contra del interés de los estancieros que buscaban poseer grandes extensiones de tierra para criar el ganado con pasturas naturales.

Las condiciones descriptas determinaron que, en el gobierno de Martín Rodríguez, después del decreto del 1a de julio de 1822 (al que nos referiremos luego), y entre 1826 y 1830, como consecuencia de la ley nacional de enfiteusis, tanto los estancieros como los grandes comerciantes, muchos de los cuales integraban la Junta de Representantes, el Congreso Nacional y otras funciones gubernamentales, canalizaran en su beneficio personal el régimen de enfiteusis y consiguieran que se desvirtuaran sus propósitos iniciales. De esta forma, un proyecto que había tenido por finalidad promover la agricultura y evitar la especulación con la propiedad de la tierra, produjo un resultado totalmente opuesto al buscado

Fuente Consultada:
Historia 2 Serie De la Modernidad a los Tiempos Contemporáneos Serie Horizonte Silvia A. Vázquez de Fernández
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Gobierno de Campora Hector Resumen Anmistia Politica Liberacion Presos

Gobierno de Cámpora Héctor Resumen
Anmistía Política y la Liberación Presos

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA DE CÁMPORA:

El gobierno militar, a cargo de Agustín Lanusse, avanzó en la transición por medio de dos gestos: en septiembre devolvió el cadáver de Evita, que permanecía oculto desde hacía muchos años, y en noviembre de 1972 permitió el regreso del líder justicialista. En realidad, se trató de una visita que duró unos días y en la que selló un acuerdo con Ricardo Balbín.

El Perón que había vuelto del exilio parecía un político dispuesto a negociar con todos con tal de rescatar al país de una inestabilidad de casi dos décadas. Además del apoyo sindical, representado por el secretario general de la CGT José Rucci, también contaba con la adhesión de muchos grupos armados.

El propio Perón reivindicó el uso de la violencia en el contexto de esa época e incorporó a Rodolfo Galimberti, uno de los jefes de Montoneros, al Consejo Superior del peronismo. En ese organismo convivía un extraño elenco que incluía a su esposa «Isabel», al ultraderechista teniente coronel Jorge Manuel Osinde y a Héctor J. Cámpora, que había reemplazado a Paladino como delegado personal de Perón gracias a su legendaria lealtad.

Ese mismo año se formó el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), una coalición integrada por el peronismo y otros partidos menores. Perón intentó conciliar las corrientes renovadoras e históricas que se disputaban la conducción del movimiento y designó en la fórmula presidencial a Cámpora y Vicente Solano Lima. El primero se hallaba cercano a la juventud radicalizada y el segundo era un peronista conservador.

Las acciones terroristas habían proseguido con bombas, sabotajes, asaltos y copamientos. El 10 de abril de 1972 el ERP secuestró y mató a un alto ejecutivo de la fábrica de automóviles Fiat; ese mismo día, el grupo Montoneros asesinó en Rosario a un general del Ejército. La respuesta del gobierno resultó ambivalente. Por un lado, se crearon tribunales especiales para juzgar a los guerrilleros; por el otro, las Fuerzas Armadas ejercieron la represión ilegal mediante el secuestro y la tortura de activistas, y en agosto asesinaron a unos guerrilleros detenidos en la base aeronaval de Trelew.

Sorpresivamente, Perón convocó a Héctor Jorge Cámpora y lo designó su delegado personal en reemplazo de Jorge Daniel Paladino. Cámpora, que había sido presidente de la Cámara de Diputados entre 1948 y 1952, se había mantenido en un segundo plano desde la fuga de la cárcel de Río Gallegos en 1957 junto a John William Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo.

Desde abril de 1971, el presidente Alejandro Lanusse había iniciado la búsqueda de una salida política para la Revolución Argentina, negociando con los partidos reunidosen La Hora del Pueblo, de la que Paladino era un importante animador. La designación de Cámpora indicaba que Perón quería controlar personalmente, y sin intermediarios independientes, la compleja negociación que iniciada. Por lo pronto, Perón acusó a Paladino de ser «agente del dictador Lanusse» y acentuó sus ataques al Gobierno. Además, estimulaba a los grupos juveniles y atacaba a las Fuerzas Armadas desde la revista Las Bases, quo dirigía la hija de su secretario López Rega.

Héctor Cámpora (frejuli)El 11 de marzo de 1973 se realizaron los comicios. El FREJULI obtuvo el 49,6 por ciento de lo votos, seguido muy atrás por Balbín, con el 21,3 por ciento. La UCR reconoció la virtual victoria de Cámpora y decidió no presentarse a la segunda vuelta en el orden nacional.

El acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo, fue acompañado por una gran movilización popular a Plaza de Mayo y manifestaciones en las ciudades más importantes del interior del país. Al finalizar el acto, grandes columnas encabezadas por las organizaciones juveniles se dirigieron a la cárcel de Villa Devoto y exigieron la libertad de los presos políticos.

Luego de varias horas, y para legalizar esa situación «de hecho», el gobierno decretó la libertad de todos los detenidos a través de una ley de amnistía. Esta medida provocó la crítica de diferentes sectores de la opinión pública.

Los acontecimientos de esa jornada marcaron el tono del breve gobierno de Cámpora, que duró menos de dos meses. Fue un gobierno signado por la movilización popular y la expectativa de cambios revolucionarios. Durante ese período dirigentes de la izquierda peronista ocuparon puestos relevantes en el gobierno. Es el caso de las gobernaciones de Buenos Aires, Córdoba , Mendoza, algunos ministerios y banca en la Cámara de Diputados , las universidades y otras instituciones gubernamentales.

De todas maneras siempre se intentó buscar un equilibrio de poder entre la izquierda y derecha peronista. Además Perón buscaba impulsar una estrategia política conciliadora con las restantes fuerza políticas.

Cámpora tenía mejor relación con los sectores de la izquierda peronista, sectores que serán absorbidos por Montoneros, eran los únicos que no cuestionaban su papel como representante del líder, viendo en esa aceptación la posibilidad de integrar espacios del poder. Los sectores tradicionales del sindicalismo y de la derecha peronista, en cambio, ya desde su nombramiento habían trabado su accionar.

La presencia de figuras como los presidentes de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, en el acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo de 1973, luego sería usada para acusar al Tío de «agente de la infiltración marxista», aunque las invitaciones habían contado con el aval de Perón.

En el gabinete ministerial no predominaban las figuras ligadas a la denominada «Tendencia Revolucionaria». Salvo la Cancillería, donde fue designado Juan Carlos Puig, hombre vinculado con la Iglesia, y el Ministerio del Interior, ocupado por Esteban Righi, los demás ministerios tuvieron al frente a los mismos funcionarios que luego acompañaron a Raúl Lastiri y a Perón en su tercera presidencia. Entre ellos, se destacaban el secretario privado del líder, José López Rega, en Bienestar Social; el ministro de Trabajo, el sindicalista Ricardo Otero, y el de Hacienda y Finanzas, José Gelbard, dirigente de la CGE.

El 20 de junio Perón regresó de forma definitiva al país y comenzaría una nueva etapa del gobierno peronista, ahora con el líder en su tierra. Ese día fue también uno de los momentos mas triste de la historia política argentina, pues se convirtió en escenario de una sangrienta batalla en la cual la mayoría de los concurrentes se encontró atrapada entre dos fuegos. Nunca se supo con exactitud la cantidad de muertos, porque no hubo interés en realizar una investigación seria del hecho. Algunos reportes hablan de una decena de víctimas fatales y de unos trescientos sesenta heridos. Otros informes sostienen que hubo más de un centenar de muertos. Para evitar el riesgo de un posible atentado, el avión de Perón aterrizó en el aeropuerto militar de Morón.

Como se expresa en el libro «El Libro de los presidentes argentinos»:

La «Masacre de Ezeiza» puso en tela de juicio la capacidad del Presidente para conjurar los enfrentamientos internos. Una intensa campaña contra sus más cercanos colaboradores -Righi y su sobrino Mario-, y el hecho evidente de que el poder no residía en la Casa Rosada sino en la mansión de la calle Gaspar Campos donde se instaló Perón, llevaron a Cámpora a ofrecerle al líder su renuncia.

El 4 de julio, una reunión reservada de la cúpula justicialista, realizada en Gaspar Campos, definió los pasos que seguirían, de los que la ciudadanía sólo tuvo noticias ciertas una semana después. El jueves 12 de julio, Cámpora anunció su dimisión para que, mediante nuevas elecciones, el general Perón pudiese acceder al gobierno. También renunció Solano Lima, y el vicepresidente primero del Senado, Alejandro Díaz Bialet, fue enviado especialmente a la reunión de Países no Alineados. De este modo, la Presidencia provisional de la Nación fue ocupada por Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega. En cuarenta y nueve días había concluido el gobierno constitucional más breve de toda la historia argentina.

El 13 de julio Cámpora renunció y Raúl Lastiri ocupó la presidencia provisional. Lastiri formaba parte del entorno que había convivido con Perón en Madrid hasta su regreso, al igual que Osinde y José López Rega, secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social.

El 23 de septiembre se convocaron a nuevas elecciones y la fórmula Perón-Perón salió vencedora con el 62% de los votos.

Incondicional de Perón
[Cámpora] era un típico peronista […] que había llegado a la política «sin saber por qué»; es decir sin etiquetas ni compromisos del pasado, en ese aluvión que Sanmartino quería relegar a lo zoológico porque no podía admitir un reacomodamiento de las placas sociales que convertía en ciudadanos a todos los que habían estado excluidos y relegados, efectivamente, a la zoología. Cámpora respondía a los agravios al modo de esas flamantes «muchachas peronistas», como Juanita Larrauri, que recogían el salivazo de los niños bien («Juanita, al Bajo, a seguir con tu trabajo») y lo convertían en desafío: «Con bombacha o sin calzón, todas somos de Perón». Si le decían «obsecuente» respondía que sí lo era, «de puro consecuente». A los que lo llamaban «sirviente de Eva» les contestaba orgulloso: «Me honra que me consideren su sirviente porque la sirvo lealmente». Pero el calificativo que más defendía era el de «incondicional», porque su lealtad a Perón no ponía condiciones y se confundía con su sentimiento religioso: el amor al General respondía a la sed oculta de mito, al hondón de las relaciones padre-hijo y debía expresarlo de manera fanática. Curiosa, por otra parte, en un hombre que tendía a evitar los extremos y las confrontaciones. Y así, sería él mismo, con su increíble falta de malicia y su debilidad por la hipérbole, el que alimentaría el estereotipo «contrera» del mucamo idiota.

Miguel Bonasso, El presidente que no fue.

AMNISTÍA POLÍTICAS ARGENTINAS
1973, 25 de Mayo: un indulto masivo impuesto desde la calle:

El principio de la violenta década de los ’70 tuvo entre sus hechos salientes el crecimiento de la violencia guerrillera, su represión legal e ilegal y la apertura electoral. Al finalizar el gobierno de Lanusse, las cárceles estaban pobladas por cientos de presos políticos y sociales cuya «inmensa mayoría, —escribe Bonasso- eran combatientes de las organizaciones guerrilleras».

La tentativa del saliente poder militar de condicionar al nuevo gobierno y evitar la liberación de esos presos vinculados con la subversión guerrillera iba contra la tendencia predominante, y fracasó. El 25 de Mayo, al asumir la presidencia Héctor). Cámpora, la situación de aquellos detenidos, con cuya lucha se identificaban cientos de miles de quienes manifestaban en calles y plazas, aparecía como un tema inmediato e ineludible. («¡El Tío Presidente/ libertad a los combatientes!»era uno de los slogans voceados en la jornada.) La mayoría de la gente parecía compartir esa postura, suponiendo que era uno de los pasos necesarios camino a la democratización.

El nuevo mandatario anunció un proyecto de amnistía en su mensaje al Congreso. Pero los hechos protagonizados por activistas y simpatizantes en torno de la cárcel Villa Devoto (parecía que llegarían al asalto de la prisión) obligaron a la firma apresurada, la misma noche, de un decreto de indulto en el que se disponía la libertad de cientos de detenidos, pues se «…impone el cumplimiento del mandato popular recibido el 11 de marzo último y dadas las características del momento por el cual atraviesa el país… «.

En la confusión, alguna mano aviesa logró incluir en la lista de presos a liberar a un famoso criminal internacional. (En el anecdotario de la época quedaron registradas «oportunas» manifestaciones de solidaridad de los delincuentes comunes encarcelados, con los presos políticos.)

Según Bonasso se trató del «…único preso común que logró evadirse» esa noche. El caso fue «utilizado en la campaña montada por la derecha…».

Fuente Consultada:
Compendio de Historia Argentina Mariana Vicat
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana
Fascículo de Grandes Debates Nacionales Pagina/12

Presidencia Julio Roca Segundo Gobierno Ley Ricchieri

Presidencia Julio Roca
Segundo Gobierno La Ley Ricchieri

LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA (1898-1904): Al finalizar la presidencia de Uriburu. el país vivía un estado peligroso a causa de una posible conflagración exterior. Fue éste uno de los argumentos que favorecieron la elección de Roca, quien, por otra parte, manejó hábilmente sus recursos políticos. Para muchos, parecía el hombre necesario para enfrentar una crisis exterior. El 12 de octubre de 1898 fue proclamado presidente de Argentina.

La segunda presidencia de Julio A. Roca (1898 – 1904) tiene caracteres diferentes a los de la primera, pues debe adecuarse a circunstancias muy distintas. El propio PAN (Partido Autonomista Nacional, ensayo de «partido único») va sufriendo crisis decisivas. Las condiciones del mundo y del país no eran las mismas y estos años finiseculares fueron grávidos de acontecimientos que preanunciaban una época plena de inquietudes.

Se había saludado al siglo XX con la euforia propia del siglo precedente, y Roca era hombre de su tiempo. El siglo XX dio en seguida la pauta de que el cambio no era meramente cronológico. Por lo demás se venía preanunciando el sentido de una crisis de estructuras que en Europa se hizo sentir en seguida y cuyos ecos llegarían poco después a nuestra tierra. (Fuente: Galleti Alfredo  La Política y los Partidos)

Julio Argentino Roca Presidente de Argentina

SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA (1898-1904)
El general Roca, senador por Tucumán, presidente del Senado, y durante algunos meses, de la República, por licencia otorgada al doctor Uriburu (octubre de 1895 a febrero de 1896), gozaba de una gran influencia política. Los grupos dominantes de las provincias (dueños de las denominadas «situaciones»), le respondían; tanto allí como en la capital, la oposición se abstenía de concurrir a los comicios. En ese ambiente de pasividad cívica surgió la candidatura de Roca para un segundo período presidencial.

El doctor Pellegrini la proclamó, en una asamblea de personalidades, reunida en el teatro Odeón de la capital. A los amigos disconformes con su actitud les replicó: «Roca debe ser presidente; sólo él evitará la guerra con Chile, y esa cuestión es más importante que cualquier otro interés del país». Las relaciones con el Estado vecino, en efecto, se habían tornado críticas una vez más.

Las elecciones dieron un fácil triunfo a la fórmula encabezada por Roca, a quien acompañaba como vicepresidente el doctor Norberto Quirno Costa. Tomaron posesión de sus altos cargos el 12 de octubre de 1898.

LA POLÍTICA INTERNACIONAL. Roca desarrolló una hábil política internacional; estrechó la amistad con el Brasil, mediante un cambio de visitas con el presidente de esa nación, Campos Salles. También visitó oficial mente el Uruguay. Con respecto a Chile, Roca y Errásuriz, presidentes de las dos naciones, se entrevistaron a bordo de barcos de las respectivas escuadras, en el estrecho de Magallanes (1899), gestión directa y personal que contribuyó al feliz desenlace del conflicto, pse mismo año fue resuelta la cuestión de la puna de Atacama.

Una junta mixta, integrada por el señor Buchanan, ministro de Estados Unidos de América en Buenos Aires, adoptó una línea convencional,que dividió la zona controvertida, adjudicando a Chile la porción noroeste y a la Argentina la sudeste.

Por los pactos de mayo, firmados en 1902, Chile y la Argentina acordaron la venta de los buques de guerra que habían contratado en Europa, la reducción de sus ejércitos y la resolución inmediata del pleito de límites sobre la base de un fallo arbitral del nuevo rey de Inglaterra, Eduardo VII Una comisión de peritos ingleses marcó una frontera intermedia entre las altas cumbres y la línea divisoria de aguas.

 Por iniciativa de una comisión de damas, en un punto divisorio de la cordillera fue erigida en 1904 una estatua de Cristo, hito simbólico de paz y fraternidad

En materia de derecho internacional, cupo al ministro de Relaciones Exteriores doctor Luis María Drago formular una doctrina en defensa de la soberanía americana. El gobierno venezolano había dejado pendientes ciertas deudas contraídas con banqueros de Alemania y Gran Bretaña. Los gobiernos de esos Estados exigieron su pago inmediato, y al no conseguirlo, enviaron buques de guerra que bombardearon algunos puertos de Venezuela. La «doctrina Drago» sostuvo entonces el principio de que ninguna nación acreedora debe emplear la fuerza para obligar a otra al pago de sus deudas. El conflicto fue arreglado con la intervención amistosa de Estados Unidos de América.

LA GESTIÓN ADMINISTRATIVA Y ECONÓMICA. En 1901, el ministro de Guerra, coronel Pablo Ricchieri, obtuvo la sanción de una ley que implantó el servicio militar obligatorio. El antiguo ejército profesional se transformó en otro de ciudadanos, elevó el nivel de la tropa, hizo de los cuarteles una escuela de democracia, y permitió preparar de una manera eficiente y uniforme las fuerzas armadas de la Nación.

La segunda presidencia de Julio A. Roca (1898 - 1904)Las finanzas sufrieron el efecto de los grandes gastos ocasionados por los preparativos militares y navales: cerca de 80 000 000 de pesos.

Para aliviar la pesada deuda que recaía sobre la economía pública, el gobierno presentó un proyecto de unificación. Un sindicato de banqueros pagaría las deudas existentes, a cambio de una nueva, por el total, al 4 por ciento de interés anual. Los títulos serían colocados al tipo de 75 por ciento.

Como una de las cláusulas acordaba en garantía los ingresos fiscales, incluso los de la aduana, la opinión estime lesionada la soberanía nacional. Se produjeron en la capital algunos desórdenes, Roca, por consejo de Mitre, retiró el proyecto, ya aprobado por el Senado.

En 1899 una nueva ley de Conversión fijó el valor de un peso papel en cuarenta y cuatro centavos oro.El comercio alcanzó un extraordinario desarrollo; de 301 000 000 de pesos oro en 1899, pasó a 451.000.000 en 1904; las exportaciones superaron siempre a las importaciones. Los ferrocarriles aumentaron sus líneas en 4.000 kilómetros. Fueron construido; puertos fluviales, como el de Rosario y Concepción del Uruguay, y en once capitales de provincia comenzaron los servicios de agua potable. Las obras de irrigación favorecieron especialmente a Mendoza, San Juan, San Luis y los valles de los ríos Colorado y Negro.

LA CUESTIÓN SOCIAL. La gran prosperidad económica, sin embargo, sólo beneficiaba a un reducido grupo de personas y de empresas, en su mayoría extranjeras. El nivel de vida de la masa proletaria y campesina era muy bajo, por los salarios escasos y la falta de amparo legal. En Buenos Aires, Rosario y otros puntos las familias obreras se hacinaban en sucios conventillos.

La inquietud tomó auge con la divulgación de las teorías socialistas y anarquistas y el desarrollo de las industrias. Aparecieron los primeros sindicatos, que se confederaron en entidades considerables. Comenzaron a estallar huelgas, y su violencia cada vez mayor impuso la declaración del estado de sitio y provocó choques entre los obreros y la policía.

En 1902 se sancionó, tras un breve debate, la ley de Residencia, que autorizaba al Poder Ejecutivo para expulsar del país a los extranjeros agitadores. El Ministro del Interior  Joaquín V. González presento al Congreso un proyecto de Código de Trabajo, en procura de soluciones amplias y racionales de justicia social.

LAS FUERZAS ARMADAS. El país no estaba preparado para utilizar los instrumentos de guerra adquiridos con premura por el presidente anterior. Faltaban jefes técnicamente capaces, personal especializado, tripulaciones instruidas, arsenales, armamentos, etc.

La creación del ministerio de Marina, a cargo de Martín Rivadavia, permitió el aprovechamiento de la escuadra adquirida con tantos sacrificios. Se iniciaron entonces las obras del Puerto Militar o Puerto Belgrano, que seria la mayor base en su género en América del Sur. y se habilitó el apostadero de Río Santiago. Con el objeto de modernizar el ejército, y con la colaboración del genera) Luis M. Campos, se creó la Escuela Superior de Guerra y la Escuela Normal de Tiro.

El coronel Pablo Ricchieri, segundo ministro de Guerra, inició una nueva era en la organización militar. Convirtió al ejército argentino en un organismo moderno y eficiente, superando el sistema de la Guardia Nacional. En diciembre de 1901 se promulgó una ley sobre la organización de) ejército y el servicio militar obligatorio: la llamada Ley Ricchieri.

ALGO MAS…
La política exterior
Para solucionar el enojoso conflicto limítrofe con el país trasandino, el presidente Roca concertó una entrevista con su colega chileno —señor Errázuriz—, conviniéndose que la reunión se realizara en el estrecho de Magallanes, frente a Punta Arenas.

Roca subió a bordo del acorazado O’Higgins para estrechar la mano de Errázuriz y más tarde el presidente chileno trasbordó al acorazado Belgrano para saludar al presidente argentino.

Ambos mandatarios se ocuparon del problema limítrofe austral, sujeto en esos momentos al  arbitraje de Gran Bretaña.

También trataron la cuestión de la Puna de Atacama, donde las dos naciones sustentaban puntos de vista distintos. Este pleito internacional fue resuelto ese mismo año, por mediación de Guillermo Buchanan, ministro de los Estaaos Unidos en Buenos Aires. Con los 42.000 km2 que correspondieron a nuestro país, se formó el territorio nacional  de los Andes.

El 28 de mayo de 1902, los gobiernos de Argentina y Chile firmaron en la ciudad de Santiago tres convenios —conocidos como Pacto de Mayo—, a fin de facilitar la solución del problema limítrofe en las regiones australes.

Las negociaciones establecieron:
a) la limitación de armamento, es decir, que ambos gobiernos suspendían la adquisición de nuevos barcos de guerra en Europa y disminuían sus unidades en uso, hasta una cierta equivalencia;
b) el arbitraje general o sea someter las diferencias al arbitraje de Gran Bretaña, país que debía designar una comisión técnica para demarcar la frontera.

Poco más tarde, el rey Eduardo VII —por intermedio de una comisión presidida por Mr. Holdich— fijó un límite intermedio y con esto quedó sellada la amistad argentino-chilena.

En cumplimiento de una hábil’ política internacional, el Presidente Roca intercambió visitas con Campos Salles, el primer mandatario brasileño; también estrechó vínculos con Perú y Bolivia.

En diciembre de 1902, las naciones americanas fueron conmovidas cuando naves británicas, alemanas e italianas atacaron y bloquearon la costa de Venezuela, debido a que este país había suspendido los pagos de la deuda exterior.

Ante el incidente, el Dr. Luis María Drago —ministro de Relaciones Exteriores argentino— defendió la soberanía americana y proclamó que ninguna nación acreedora debe emplear las armas sobre otra para saldar deudas. La pacífica intervención de Estados Unidos solucionó el conflicto venezolano.

La nota argentina produjo repercusión en el exterior y fue incorporada, con el nombre de Doctrina Drago, a las normas del Derecho público internacional.

Fuentes Consultadas:
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz
de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Argentina y El Mundo Astolfi José C.
Enciclopedia Historia Argentina Tomo 13
La Argentina Historia del País de y De Su Gente María Sáenz Quesada
HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

Homenaje a Martin de Guemes en Congreso Internacional del Folklore

HOMENAJE A GÜEMES EN CONGRESO INTERNACIONAL DE FOLKLORE

En la sede del Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA) y en el marco del XIVº Congreso Latinoamericano del Mercosur y XVIIIª Jornadas Nacionales de Folklore, el 27 de Noviembre la Prof. María Cristina Fernández expuso la Ponencia “El Gral. Martín Miguel de Güemes en el Cancionero Popular”.

Martín de Guemes

La presentación tuvo carácter de homenaje. Durante la misma fueron interpretadas en vivo las zambas “A Martín Güemes” (de Narciso Ledesma y Noelia Quintana”; “La Juana Moro” (de Giménez y Canqui Chazarreta) ambas por Noelia Quintana, Alberto Díaz y Daniel Villalba. El malambo “La yeguada de Los Sauces” (de León Benarós y Hernán F Reyes) fue bailado por Matías Torres, “El Changuito”. Cabe destacar que sólo la expositora es salteña, los artistas son bonaerenses.

Durante la Ponencia se analizaron educativamente los temas, destacando su contenido histórico, geográfico, tradicional, militar, ético, musical y literario. Dichos temas difunden parte de nuestra historia, manteniendo la vigencia de hechos heroicos, porque fueron escritos a partir de documentación de la época. Es decir que no son fruto de la improvisación sino del estudio, conocimiento y comprensión del servicio que Güemes prestó a la Patria y fueron escritos con admiración, respeto y afecto.

Estas expresiones poético musicales, dotadas de gran emotividad y belleza de imágenes, promueven el reconocimiento y valoración de la actuación del prócer y de los pueblos bajo su mando. Con ellos se demostró que a través del folklore se puede promover el aprendizaje integral de la historia de manera agradable.

La presentación tuvo el carácter de homenaje al heroico Gral. Martín Miguel de Güemes, Padre de nuestra Independencia, y generó elogiosos comentarios por parte del público.

 

Prof. María Cristina Fernández

Instituto Güemesiano

[email protected]

Tel: 011 4306 9720

El Fraude Electoral Caudillos Electorales La Elecciones Nacionales

El Fraude Electoral en las Elecciones Políticas

Origen de la OligarquíaLa Semana TrágicaGrito de AlcortaReforma Universitaria

ELECCIONES Y FRAUDES
LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL PODER

Entendemos por partido político aquella agrupación de personas constituida en torno a un plan o programa común destinado a aplicarse en la vida política, social y económica de un país a través del ejercicio del poder o desde la oposición. Hacia 1890 la vida de las agrupaciones políticas era mucho menos orgánica que en la época actual. Un partido era una simple reunión, no siempre coherente ni duradera, de gente simpatizante con una ideología, con un caudillo o con un, grupo de dirigentes.

LA VIDA POLÍTICA ARGENTINA DURANTE El, SIGLO XIX. De hecho, la vida política estaba regida por minorías que pugnaban por el poder o lo poseían. Como se señaló más de una vez en muchos casos el objetivo supremo de esa lucha fue el poder y. en su beneficio, los principios e ideas fueron dejados de lado.

Esta afirmación explica las frecuentes alianzas entre grupos al parecer irreconciliables, los acuerdos, las uniones electorales, etc. La mayoría de los partidos carecía de principios ideológicos claramente definidos. En general, eran tendencias que variaban con el tiempo, aunque coincidían en ciertos asuntos fundamentales.

ELECCIONES Y FRAUDE. Sólo grupos minoritarios tomaron parte real en la vida pública. En las elecciones legislativas celebradas en la ciudad de Buenos Aires en 1864 —que entonces contaba con 160.000 habitantes— hubo 3.074 votantes inscriptos; de ellos, concurrieron a las urnas 2.882.

La violencia y el fraude —generalmente ejercido con el concurso de la autoridad local— eran una constante de la vida política. Este vicio, arma favorita de los clubes políticos (luego llamados comités) se acentuó en las últimas décadas del siglo XIX, contribuyendo a crear los factores que llevaron al estallido de 1890.

El control de los cargos de gobierno
Uno de los recursos en los que se basó el funcionamiento del sistema de gobierno oligárquico fue el control del acceso a los cargos de gobierno y a  la administración. Eran los miembros de la clase gobernante quienes —a través del Partido Autonomista Nacional elegían a las personas destinadas a ocupar los cargos y a cumplir una especie de carrera: diputado nacional, senador nacional, ministro del poder ejecutivo nacional, gobernador, y presidente o vicepresidente.

El grupo de la clase gobernante que había ocupado todos o el mayor número de estos cargos controlaba la sucesión presidencial. En la práctica, la elección de cada nuevo presidente la realizaba el presidente saliente con el consejo de aquellos que ocupaban los cargos de gobierno más importantes.

Elección de Diputados Nacionales en Capital Federal
Elección de Diputados Nacionales en Capital Federal

Insulsas, desanimadas, soñolientas y aburridas resultaron las elecciones del domingo. Parecía como si la gente, preocupada por las triquiñuelas entre el doctor Yofre y el Intendente, no pensase en otra cosa. Los atrios no olían á pólvora, sino A fastidio. De ellos, como Bullrich cuando ahora se refiere al municipio, podía decirse: »No hay ni una rata».
El fenómeno es digno de tenerse en cuenta: los desocupados que suelen asistir á los remates campestres cuando se les ofrece un almuerzo a la criolla, no quisieron asistirá las elecciones de Flore» donde estaba preparado un respetable y suculento asado con cuero.

En Balvanera. la parroquia batalla dora y bochinchera en otros tiempos, no ocurrid cosa digna de recordarse; por no haber nada no hubo ni votantes siquiera. En San Cristóbal votaron 1617 ciudadanos, batiendo el record de las elecciones, en todos sentidos. Como en los teatros donde hay poca comparsería, entraban por un lado y salían por otro los votantes, siempre los misinos, formando algo así como una serpiente que se muerde la cola. Tal lo aseguran testigos respetables, á quienes hay que creer porque no eran ni volantes ni candidatos.

En San Bernardo, en San Carlos, en la Piedad, en San Juan Evangelista, en San Telmo, en el Socorro, en San Nicolás, en Monserrat, en toda partes ocurrió lo mismo.

Todas y cada una de las parroquias parecían remedo de las sesiones que celebra la comisión encargada del recibimiento de Campos Salles: todo el mundo , bostezaba; la soledad de dos ó más escrutadores en compañía era capaz de aburrir á un cartujo.

A pesar de ello, el fraude fue superior a de años anteriores. Es un progreso que debe tenerse en cuenta: 16618 votantes figuraron é hicieron triunfar á los candidatos del acuerdo. La gente  echaba de menos melancólicamente tos buenos tiempos en que se andaba á balazos, y el que más y el que menos sentíase con vocación de sangrador en los atrios. —Antes había partidos—decían algunos:—partidos políticos antes de las elecciones y partidos por el eje después de ellas. Hoy no queda nada de eso.

El fraude electoral:
El otro recurso en el que se basaba el funcionamiento de este sistema de gobierno fue el fraude electoral. A partir de 1880, la clase gobernante mantuvo las reglas de la democracia política: convocó a elecciones en el orden nacional, provincial y municipal; y, como desde 1863, las sucesivas leyes electorales nunca restringieron el derecho de sufragio de los ciudadanos sobre la base de una determinada capacidad económica o cultural.

Sin embargo, el gobierno controlaba los comicios interviniendo de diferentes formas en el momento de la emisión del voto por parte de los ciudadanos. Intervenía en las comisiones empadronadoras que conformaban el registro electoral y —con las ventajas que le daba el hecho de que el voto era voluntario y no era secreto— organizaba el voto colectivo, el voto doble, la repetición del voto y la compra de sufragios.

Por estos medios, aseguraba que los representantes elegidos para integrar las asambleas legislativas fueran personas que estaban, de acuerdo con el gobierno.

Los caudillos electorales actuaban en todos los distritos, en la campaña y en las ciudades. Eran instrumentos necesarios. Algunos testimonios evocan al caudillo como un arquetipo de lealtad hacia su protector; otros como un hombre de lealtades difusas y cambiantes que combinaba, según la circunstancia, el apoyo con la amenaza.

El caudillo electoral desplegaba su acción ofreciendo servicios, pactando acuerdos cambiantes, haciendo presente su disconformidad mediante la sustracción de sufragios de una lista cuando sobrevenían arreglos previos no del todo satisfactorios. Según testigos de la época, uno de estos caudillos —Cayetano Ganghi, un italiano y comerciante de libretas cívicas que sirvió a los grandes de Buenos Aires— le dijo a Roque Sáenz Peña: «Roca es un poroto a mi lado. Tengo 2.500 libretas.» Según estos testigos, él inventaba la nacionalización de ciertos extranjeros —entre quienes tenía un gran prestigio—, y recogía sus libretas y las catalogaba y acumulaba pacientemente.

Fragmento Tomado de Natalio Botana, historiador argentino contemporáneo, El orden conservador

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
EL FRAUDE ELECTORAL DOMINA LA ESCENA POLÍTICA DE LA DÉCADA

Las elecciones complementarias de diputados nacionales se han efectuado ayer en la provincia de Buenos Aires sin que el más fuerte partido opositor se hiciera presente. Comprobada en las del 6 la inutilidad del esfuerzo contra la coacción oficial, el radicalismo desistió de someterse a esta nueva prueba, y dejó que el partido gobernante se adjudicara sin dificultad votos que, de cualquier manera, no alterarán el resultado inevitable de comicios sin garantías.

Ante situaciones exactamente iguales, la oposición de otras provincias -como los mismos radicales en Santa Fe y los liberales en Corrientes- declararon que concurrirían a las elecciones de ayer con el único objeto de documentar el fraude y obligar al oficialismo a poner en juego sus recursos ilegítimos. Esta es la conducta que, en nuestro concepto, se debe seguir, por las razones permanentes que más de una vez hemos expuesto y en las que ha de confiarse para un futuro restablecimiento del orden institucional.

Tal discrepancia, entretanto, no podría significar, en el caso de Buenos Aires, ninguna atenuación del juicio severo que merecen las demasías gubernativas que han puesto a la oposición de esa provincia en la imposibilidad de aproximarse a las urnas. Los métodos de intimidación allí empleados de algunos años a esta parte fueron perfeccionados por la reforma de la ley electoral que suprimió prácticamente el voto secreto -establecido, en principio, por su artículo 1°- al eliminar la cláusula que prohibía a los electores presentarse en el local donde funciona una mesa receptora de votos, exhibiendo su boleta de sufragio.

En las elecciones nacionales no se les puede exigir que las exhiban; pero esa restricción legal no tiene ninguna importancia para lo hombres de acción a quienes se confía la tarea de impedir que la voluntad popular se manifieste libremente. Tanto en el orden local como en el nacional, las elecciones bonaerenses se efectúan bajo el mismo régimen de arbitrariedad implacable.

El grado de crudeza a que llegan esos procedimientos; la falta de disimulo con que, en las puertas mismas de la Capital Federal, se producen actos que hasta hace poco tiempo habrían parecido inauditos, son de una evidencia pública tan definitiva que resultaría ocioso detenerse una vez —as a caracterizarlos.

Se fueron agravando a medida que se comprobaba su impunidad, certificada por el sugerente silencio de las autoridades federales. Hoy ya constituyen un sistema riguroso, cuyos usufructuarios se sienten cada día más satisfechos de sus resultados y más dispuestos a extender su aplicación. Buenos Aires retorna, decididamente, hacia la edad de oro de las unanimidades legislativas y las elecciones canónicas. La oposición abandona los comicios y al Gobierno le falta poco para disponer de la totalidad de las bancas en la Legislatura.

Por mucho que se haya retrogradado durante los últimos seis años en materia de cultura política, parece llegado el momento de preguntar si es admisible que semejante anormalidad se prolongue, convirtiéndose en régimen ordinario lo que al comienzo se pretendió disculpar como transitorio expediente rusticado por las exigencias de una hora de transición. La responsabilidad de esta crisis, que afecta el decoro de nuestro pueblo y nos disminuye moralmente, en una hora tan difícil de la historia del mundo, no podría ser limitada a los ejecutores inmediatos de las irregularidades electorales. Sería imposible rehuirla, sobre todo cuando no se trata sólo de elecciones provinciales, sino de las correspondientes al Congreso de la Nación.

El gobierno federal no puede desentenderse de la forma en que ellas se efectúen, convirtiendo en sus árbitros inapelables a los gobernadores de provincia. Tanto menos cuanto que esa tolerancia sólo se extiende a los gobernadores bienquistos en la Casa Rosada, como bastaría a demostrarlo el ejemplo contrario de San Juan.

La tenaz esperanza popular en el restablecimiento más o menos próximo de la normalidad supuso que el cambio de gobierno determinaría un progreso hacia ese rumbo. Nadie creyó discreto esperar una rectificación brusca que restableciera de la noche a la mañana el imperio de la legalidad.

Pero se confiaba en una reacción moderadora, que empezara por corregir, cuando menos, los alardes de desprecio por las formas. Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y otras provincias acaban de probar que nada ha cambiado. Hay interés por saber si quienes pueden impedirlo admiten que tal sea la suerte definitiva de nuestras instituciones.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina e Historia Argentina y Contemporánea Alonso-Elizalde-Vázquez
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos

Festejos Centenario de la Independencia Argentina 1816-1916

Festejos Centenario de la Independencia Argentina 1816-1916

Centenario de la Independencia: La guerra europea, que entraba ya en su tercer año, y la agitada situación política del país, enfrentado con el problema de la renovación de los poderes nacionales, influyeron en el ánimo público para que la celebración del Centenario de la Independencia no alcanzara la magnitud que tuviera, en el año 10, la recordación a un siglo de Mayo.

El primero de estos factores determinó, asimismo, que no concurrieran las brillantes embajadas de seis años antes, si bien América se asoció al acontecimiento y saludó la mayoría de edad de la República nacida en San Miguel del Tucumán. De ahí que naves del Brasil y del Uruguay m hicieran presentes en la imponente revista realizada en la tarde del 8 de julio, en la rada del puerto de la Capital, donde se concentró el mayor poderío naval que bajo una sola bandera se había reunido hasta entonces en Sudamérica.

Las 20 unidades, que en conjunto sumaban 119.500 toneladas, con 346 cañones, tripuladas por 278 ríes y oficiales y 5.740 marineros, formó en dos filas encabezadas, respectivamente, por los acorazados Rivadavia » Moreno.

El crucero presidencial Buenos Aires, en el que embarcaron el primer mandatario, los embajadores y lo más granado de la sociedad de entonces, pasó entre las dos columnas. Al tiempo que se escuchaba una salva de 21 cañonazos, las tripulaciones coreaban un vigoroso «Viva la República».

Ese mismo día se inauguró una exposición de Artes Gráficas y hubo una recepción en la Casa de Gobierno. El 9, la ciudad despertó bajo un canto de campanas, pues los bronces e todas las iglesias fueron echados a vuelo con el amanecer. La Plaza de Mayo fue el punto de reunión del pueblo, que luego del solemne tedeum, oficiado a las 13, presenció la revista militar que duró exactamente una hora.

A las 15.30, cuando ya había pasado la última compañía de tropas de línea y lo hacían los «boy scouts«, millares de ciudadanos se sumaron a la columna juvenil. En esas circunstancias se destacó de la multitud un hombre joven, gatillando un revolver con el que apuntaba al balcón donde se hallaba el presidente, doctor Victorino de la Plaza. Falló el primer tiro, pero el segundo hizo que una bala se incrustara cerca del lugar que ocupaba el mandatario.

Tras la primera reacción de pánico, el público intentó linchar al autor, Juan Mandrini, de 25 años, impidiéndolo la policía, que lo arrestó de inmediato. Al ser apresado, el homicida gritó: «¡Viva la anarquía!».

El presidente no advirtió que había sido objeto de un atentado, hasta que fue informado, «Es necesario perdonarlo», exclamó, ordenando la libertad del detenido. Este episodio no empañó el brillo de la fiesta, aunque pudo imprimirle un sello trágico. Y tanto es así, que pronto fue olvidado. Mandrini, en libertad, siguió escribiendo versos en el humilde hogar de sus padres, inmigrantes, mientras la Nación, de un siglo de edad, continuaba su marcha de progreso.

festejos 1916

SE VA A SOLEMNIZAR LA IMPONENTE CELEBRACIÓN
El presidente Victorino de la Plaza y autoridades dirigiéndose a la Catedral

Fuente Consultada: LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – Año 1916

Federalizacion de Buenos Aires Ley de Compromiso Avellaneda Capital

Federalización de Buenos Aires – Ley de Compromiso


ANTECEDENTES:
Problema aún pendiente era cuál sería la capital de la República. Durante el período en que Buenos Aires y la Confederación se encontraban separadas, la capital se había instalado en Paraná. Cuando Mitre asumió provisionalmente el Poder Ejecutivo, luego del triunfo de Buenos Aires sobre la Confederación en Pavón en 1861, la capital fue trasladada Buenos Aires, desde donde se llevó a cabo su política de organización nacional.

En mayo de 1862 se reunió el Congreso Nacional de Buenos Aires para encontrar una solución al problema de la Capital Federal. El proyecto de la federalización de Buenos Aires  fue enviado a la Legislatura bonaerense en agosto de 1862, pero la provincia se negó entregar su ciudad capital.

Tras varios debates, no se llegó a un acuerdo, por lo cual se apeló a una solución temporaria. El gobierno nacional se Instaló en la ciudad de Buenos Aires en calidad de «huésped», coexistiendo en la misma ciudad con el gobierno provincial bonaerense. Como este acuerdo sólo duraba cinco años, tuvo que ser renovado periódicamente hasta 1880, cuando se llegó a una solución definitiva.

Federalización de Buenos Aires: Próxima a su fin la presidencia de Avellaneda, surgieron para reemplazarlo las candidaturas del general Roca y la del doctor Tejedor gobernador de Buenos Aires y paladín de su autonomía. La lucha electoral caldeó los ánimos ; los porteños comenzaron a organizarse militarmente y a efectuar desfiles, so pretexto de ejercicios de tiro; Avellaneda, por su parte, trajo a la capital algunas fuerzas de línea.

El problema de la capital había resurgido en 1867, al vencer el plazo estipulado por la »ley de compromiso» (1862), que autorizaba por cinco años la residencia de las autoridades nacionales en la ciudad de Buenos Aires, con jurisdicción sobre el municipio. El gobierno nacional era considerado un »huésped» en la provincia de Buenos Aires, sin soberanía en la ciudad, lo que revelaba su debilidad frente al poder provincial

La candidatura de Roca obtuvo un amplio triunfo en las elecciones primarias,[lo que enardeció aún más las pasiones políticas. El 1° de junio llegó al Riachuelo, un buque con materiales bélicos destinados al gobierno de la provincia.

Avellaneda dio orden de impedir el desembarco; pero el coronel Arias lo hizo efectivo con las tropas a sus órdenes. En la noche del día siguiente, el presidente abandonó la ciudad; el 3 expidió una proclama manifestando que el gobernador de Buenos Aires se había alzado abiertamente en armas y le había puesto en el caso de retirarse con las fuerzas nacionales, para evitar conflictos sangrientos.  El Poder Ejecutivo y una parte del Congreso se instalaron en Belgrano y la capital fue rodeada.

Del 20 al 23 de junio, sitiadores y sitiados empeñaron violentos combates en Barracas, los Corrales (hoy Parque Patricios) y Puente Alsina en general favorables a los primeros, hasta que por iniciativa del cuerpo diplomático extranjero, se pactó un armisticio. Ni la campaña bonaerense ni el resto del país, salvo Corrientes, prontamente dominada, habían respondido a la revolución; Tejedor renunció, y el vicegobernador, José María Moreno, reconoció a las autoridades nacionales.

El momento era propicio para la federalización de Buenos Aires: el Congreso la consagró por ley del 21 de septiembre de 1880. La legislatura de la provincia fue disuelta; la nueva, elegida bajo la presión de los acontecimientos, votó la cesión, a pesar de la elocuente protesta del diputado Leandro N. Alem.

El gobierno provincial fue autorizado para seguir residiendo en la ciudad, mientras estableciera su nueva capital; de dueño de casa pasaba a ser huésped.

El territorio cedido por la legislatura fue ampliado ,en 1877 con la incorporación de Flores y Belgrano, hasta entonces poblaciones separadas. Con esto la Capital Federal alcanzó sus límites actuales.

Algunas ideas para discutir…
Tradicionalmente se ha convertido casi en dogma de la opinión pública la dura crítica contra el «centralismo porteño» y a menudo se ha señalado, en ese marco, como un hecho indudablemente negativo la vigencia de Buenos Aires como capital de la República. Lo cierto es que durante casi toda nuestra historia Buenos Aires lo fue de un modo u otro por gravitación de su propia entidad, por su situación estratégica ya elegida en tiempos de su fundación.

Y no se ha demostrado convincentemente -pareciera- que otra variante hubiera mejorado las condiciones generales del país y de su pueblo. (Tampoco se ha demostrado, dicho sea de paso, que un sistema unitario -elegido y controlado democráticamente y administrado con equidad, se entiende- hubiera sido necesariamente menos beneficioso o hubiera hecho más desgraciados a sus habitantes.

La vigencia del federalismo -ratificado con ardoroso énfasis en discursos, proclamas, declaraciones y mensajes de todo tipo, aun por aquellos déspotas que impusieron dictaduras obviamente centralizadas- no ha impedido, por otra parte, el abuso de poder a nivel nacional o provincial ni garantizado la defensa de los justos intereses y el bienestar de todos los pueblos de la República). En relación con el tema central de estas páginas el plan de federalización de Buenos Aires de 1826 no era en sí mismo necesariamente opuesto a los intereses del interior: años más tarde y después de duras luchas sería retomado por los federales de las provincias y, nuevamente, resistido por intereses localistas de los bonaerenses.

A lo largo de la accidentada historia institucional del país surgieron muchas propuestas para reubicar la capital. Se propusieron como alternativas viables Córdoba, Fraile Muerto y Villa María (en la misma provincia), Villa Constitución (Santa Fe), Paraná, Rosario, San Fernando y San Nicolás (Buenos Aires), la isla de Martín García o, más recientemente, la ciudad de Viedma. ¿Hubieran garantizado, de concretarse, un mejor manejo de los intereses nacionales? No parece estar ahí -en la ubicación de la capital- el verdadero centro de la cuestión. La experiencia parecería indicar que es mejor dejar las cosas como están y resolver las cuestiones verdaderamente de fondo… Seguramente vale la pena considerarlo. (Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12)

Historia de la Buenos Aires Poblacion Geografia Origen de la Ciudad

Historia de Buenos Aires – Origen de la Ciudad

Buenos Aires (Argentina): La ciudad de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Capital Federal; es la capital de la República Argentina. Se encuentra localizada en la región centro- este de este país. Más precisamente sobre las orillas del Río de la Plata, en lo que se conoce como llanura pampeana (una de las regiones más productivas e importantes de Argentina).

Esta ciudad posee aproximadamente 3 millones de habitantes, pero además la misma integra un aglomerado urbano mucho mayor denominado Gran Buenos Aires. Este último tiene un total de 13 millones de personas, y es relevante ya que es un centro artístico e intelectual. Este gran aglomerado limita al sur, oeste y norte con la provincia de Buenos Aires.

La ciudad oficialmente esta dividida en 48 barrios, los cuales están íntimamente relacionadas con las antiguas parroquias establecidas en el siglo XIX.

Por su parte, esta Ciudad Autónoma es uno de los 24 distritos en los que se divide el país. A tal efecto posee sus propias poderes (ya sea legislativo, ejecutivo y judicial), y además su propia policía.

Historia: Esta ciudad, fue fundada por Pedro de Mendoza e 1536 y refundada por Juan de Garay en 1580. Esta fue emplazada aquí porque el área presentaba ciertas condiciones muy favorables, tales como la disponibilidad de agua potable y la combinación de un puerto natural con una barranca elevada, libre de inundaciones.

En 1776, con la creación del Virreinato de la Plata, la Ciudad de Buenos Aires fue convertida en capital. Esta elección tuvo dos motivos: el primero es responder al avance portugués hacia el Río de La Pata a través del sur de Brasil y de Uruguay; y por otro, la mayor importancia de la ruta del cabo de Hornos, por el crecimiento de los espacios americanos sobre el Pacífico.

A fines del Siglo XVIII, con la autorización por el Reglamento de Comercio Libre, se inaugura el puerto de Buenos Aires, convirtiéndose además de la capital política, ahora en el puerto principal de toda esta extensión territorial, la cual llegaba hasta el Alto Perú. Todo esto determinó un

rápido crecimiento de la población y la valoración de la ganadería para la exportación de cueros.

En 1880, la ciudad de Buenos Aires es federalizada (es decir, mediante una ley es declarada capital de la Nación, lo que lleva a abandonar su pertenencia a la provincia del mismo nombre). Esto la afianzó como centro económico, político y social del país. A partir de allí alcanzó un gran desarrollo, lo que lo llevó a sobrepasar sus límites políticos, prolongándose hacia los espacios adyacentes. Constitución que se conoce como el Gran Buenos Aires.

Actualmente, la Ciudad de Buenos Aires es un centro multifuncional, porque desarrolla funciones muy diversificadas y también muy complejas (como las financieras, comercial, educativa, cultural, administrativa, política, entre otras.

Geografía: Buenos Aires, es una ciudad costera, localizada al margen del Río de la Plata y el Riachuelo. Se encuentra en América del Sur, a 34º 36’ latitud sur y 58º 26’ longitud oeste.

Casi la totalidad de esta ciudad, se encuentra sobre la zona geológica pampeana. A excepción de sus áreas orientales, que son terrenos emergidos artificialmente y rellenados por las costas del río de La Plata.

Esta ciudad, se ubica en una zona a-sísmica dentro del territorio de Argentina. Sólo pueden percibirse ligeros movimientos en los edificios más altos de la ciudad, cuyo epicentro se desarrollaría en la zona oeste del país.

Además del río de La Plata y del Riachuelo, el suelo de la ciudad se encuentra naturalmente surcado por una serie de arroyos, lagunas y cañadas.

Clima: Esta ciudad presenta un clima muy benigno durante todo el año. Su temperatura media anual es de 18ºC.

Julio es el mes más frío del año, aunque no se presentan heladas. Es un frío moderado durante el día, pero por la noche baja la temperatura considerablemente.

En cambio, el verano es muy húmedo. Las mañanas y los mediodías son muy calurosos, pero por la noche la temperatura desciende levemente.

En cuanto a las precipitaciones, las más copiosos se desarrollan en otoño (de marzo a junio) y en primavera (de septiembre a diciembre). Por lo general, son en forma de lluvias y lloviznas, lo que no dificulta el accionar cotidiano de su población.

Población: Según el último censo realizado en el país (2001), esta ciudad contaba con casi 3 millones de habitantes. De los cuales el 54% corresponden al sexo femenino. La densidad de población aquí es de 13.679, 6 habitantes por kilómetro cuadrado.

A principios de este siglo, estamos ante la presencia de un proceso demográfico denominado “envejecimiento de la población”. Ello corresponde por la escasa fecundidad de la clase media, la emigración al extranjero, y por la sustitución demográfica (es decir, que el 40% de la población residente no es nativa porteña, ni del Gran Buenos Aires). Sino que la población proviene en su mayoría de las provincias del norte argentino o de otros países.

Economía: Esta ciudad es sede central de muchas empresas importantes del país. Su principal sector económico es el terciario, es decir los servicios. Uno de los sectores más dinámicos es el de la construcción y el financiero.

Y además, es considerada como principal centro educativo de Argentina. Algunas de las instituciones más importantes son Colegio Nacional de Buenos Aires y la Universidad de Buenos Aires, más conocida como UBA.

Fuente Consultada:
Geografía, La Argentina y el Mercosur. A.Z editora
http://es.wikipedia.org/wiki/Buenos_Aires
http://es.wikipedia.org/wiki/Geograf%C3%ADa_de_la_Ciudad_de_Buenos_Aires

La Evangelización en Argentina Historia de las Misiones jesuiticas

La Evangelización en Argentina – Misiones Jesuíticas

Población AborigenSociedad ColonialEl VirreinatoTabla de los Adelantados

A principio del siglo XVII los 300 habitantes del núcleo primitivo habían aumentado a 500 y para mediados de siglo los documentos permiten calcular una población de 4000 almas. Este crecimiento obedeció al hecho de que Buenos Aires se fue integrando en la región. De hecho -aunque no de derecho-, fue la puerta de entrada del comercio ilega! que burlaba la ruta monopólica impuesta por la Corona y conectaba a los comerciantes portugueses con los españoles, súbditos ambos de un mismo monarca, por razones circunstanciales de la política europea.

misiones jesuiticas

Estos condicionantes geográficos y económicos modelaron la población porteña dándole un carácter cosmopolita y abierto. Una sociedad con predominio de! grupo blanco criollo por su origen y un porcentaje importante de portugueses dentro del grupo extranjero la caracterizó hasta bien entrado e! siglo XVII.

Mercaderes y transportistas se afincaron en ella y buscaron lazos de pertenencia a través del matrimonio o adquiriendo la condición de vecinos, a la vez que negociaron, no siempre con éxito, el libre ejercicio de su profesión con autoridades más o menos venales en el desempeño de sus funciones administrativas. Desde temprano, para los porteños el prestigio social y el poder estuvieron unidos a la rápida obtención de ganancias por el ejercicio del comercio.

El desarrollo de Potosí como centro minero dinamizó la economía de la región austral y su influencia se irradió en estas playas. Buenos Aires resultó un atractivo puerto de salida para la plata potosina a cambio de mercaderías europeas adquiridas a precios mucho más bajos que las que proveía Lima con el arancelamiento que pautaba la Corona. Esta situación se vio favorecida más aún por la cercanía de los dominios portugueses que le permitió acceder al comercio esclavista sin que España pudiera impedirlo.

La tolerancia de este comercio ilegal era una forma de incorporar el nuevo puerto a la economía colonial y asegurar de este modo su supervivencia, a la vez que se evitaba dejarla abandonada a su suerte o presa de invasiones de otras potencias. Durante la primera década del siglo y por impulso del gobernador Hernandarias se instalaron en Buenos Aires los primeros hornos para la fabricación de ladrillos y tejas, aunque los cambios en las técnicas de edificación fueron muy lentos.

La Plaza Mayor ganó la manzana comprendida entre las actuales Balcarce, Rivadavia, Defensa e Yrigoyen, hasta entonces propiedad de los padres jesuitas, quienes habían construido su primera capilla y algunos ranchos. En razón de que los edificios obstruían el campo de tiro de la fortaleza, el gobernador resolvió demoler las construcciones. En estas circunstancias la orden fue recompensada con un solar en la actual Manzana de las Luces donde finalmente se estableció.

El Cabildo y la Cárcel pasaron al otro lado de la Plaza y comenzó a construirse la iglesia que se consagraría Catedral. La aduana ocupó un espacio cercano a la actual Vuelta de Rocha. Del barro y el adobe se pasó al ladrillo cocido ligado con barro y luego con argamasa.

Las maderas de urunday y pinotea fueron reemplazando a las primitivas estructuras de cañas. Los viajeros que visitaron Buenos Aires coincidieron en sus comentarios  acerca de la sencillez de la edificación. También destacaron la amplitud de las viviendas particulares en torno de amplios patios y a medida que se afirmaba el uso del ladrillo de numerosas habitaciones y dependencias de servicio.

La extensión del terreno daba además para tener huertos con árboles frutales y verduras. No era por cierto el aspecto externo lo que indicaba la posición social de la familia porteña; sí, en cambio, la cercanía al casco urbano, el mobiliario, la calidad de la vajilla y la cantidad de sirvientes. Además de la Plaza Mayor donde se concentraban las actividades comerciales, políticas, sociales y religiosas de los porteños, la zona del Riachuelo convertido en puerto natural generó a su alrededor uno de los primeros arrabales.

Este pequeño río desaguaba en el Río de la Plata más al norte, a la altura de las actuales Humberto I y Cochabamba. Las embarcaciones debían buscar el canal de entrada a la altura de plaza Retiro y bordear la ciudad hacia el sur para descargar las mercaderías y luego fondear en este tramo. Los barcos de gran calado no tenían acceso a este embarcadero natural y debían permanecer alejados hasta casi una legua de la costa.

Durante el siglo XVIII este curso se fue cegando mientras se abría la salida actual. La calle Defensa comunicaba la zona portuaria con la ciudad y su recorrido dio origen a los Altos de San Pedro, hoy San Telmo, donde la población creció al amparo de las actividades comerciales y de abasto que generaba el puerto.

En este arrabal también se habían concentrado varios hornos de ladrillo y tejas junto a modestas viviendas y galpones para almacenamiento de productos de importación y exportación. Desde 1653 se habilitó un servicio de balsas y canoas para el cruce del Riachuelo. Buenos Aires crecía al amparo de las posibilidades que generaba el puerto y definía su función en la cuenca del Plata.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Biografía de Hipolito Bouchard Marino Corsario

Biografía de Hipólito Bouchard

Guerrero de la Independencia. Este bravo marino nació el 15 de enero de 1780 en la localidad de Bormes, cercana a Saint Tropez (Francia) y desde muy joven anduvo embarcado en buques pesqueros y mercantes, iniciándose así en la dura vida del mar. Bouchard llegó a Buenos Aires en el año 1809, y al producirse la Revolución de Mayo, se inclinó decididamente por su causa.

El gobierno patrio debe encarar el problema que representa la falta de poder naval para hacer frente a la escuadra española que domina las aguas del Río de la Plata, y es así que a costa de grandes sacrificios logra conformar una pequeña escuadrilla, integrada por tres naves, que es puesta a las órdenes de Azopardo.

El cargo de segundo comandante de esa fuerza fue asignado a Hipólito Bouchard y el 2 de marzo de 1811 en San Nicolás de los Arroyos tienen su bautismo de fuego, al enfrentar la escuadrilla realista que manda el Capitán de Navio Jacinto de Romarate. A pesar del valor y coraje de los patriotas, estos sufren una derrota a manos de los españoles.

Era hijo de Andrés Bouchard. Prestó servicios en la marina mercante de su patria en sus años juveniles, y decíase que durante el primer Imperio francés había sido segundo capitán de un buque corsario, y se había señalado en muchos combates contra los cruceros ingleses». Se destacó como un ardiente luchador por la independencia argentina, actuó en las campañas libertadoras en el ejército del general José de San Martín.

En 1815, junto a Guillermo Brown, se lanzó a navegar por el océano Pacífico, atacando posesiones españolas; y en 1818 llegó a las costas norteamericanas, donde saqueó y quemó parte de las posesiones españolas establecidas en ese lugar. El gobierno patriota aceptó sus servicios navales, y con fecha 1° de febrero de 1811, lo nombró primer capitán del bergantín de guerra «25 de Mayo», con el cual concurrió al combate de San Nicolás, el 2 de marzo de 1811.

hipolito bouchard

Bouchard en 1815, junto a Guillermo Brown, se lanzó a navegar por el océano Pacífico, atacando posesiones españolas; y en 1818 llegó a las costas norteamericanas, donde saqueó y quemó parte de las posesiones españolas establecidas en ese lugar. En 1831, luego de poner sus barcos al servicio del general José de San Martín, uniéndose a su expedición al Perú, se retiró a una hacienda y fue asesinado.

Su comportamiento en esta emergencia ha merecido la crítica de muchos historiadores: la razón de su comportación en aquella jornada parece estar fundamentada en que Azopardo empecinado como era, había rechazado el plan de Bouchard, que quería a acar a los bergantines varados; los buques independientes quedaron en peligrosa situación en el canal formado por la isla San Pedro y la costa, perciendo la ventaja del ataque.

Las tripulaciones, tentadas por la proximidad de la costa, desertaron, abandonando al atlético Bouchard, que fue impotente para contenerlas. Azopardo tuvo que afrontar solo con su goleta «INVENCIBLE» el peso de la acción, pues también el balandro «AMERICA» que mandaba el francés Hubac, quedó sin tripulación.

El consejo de guerra que, presidido por Saavedra, juzgó el 20 de mayo de 1811 la actitud de ambos comandantes, le restituyó a Bouchard, conjuntamente con Hubac, su empleo «con la declaración de haber desempeñado su deber con valor, celo y actividad, no habiendo dejado sus buques sino en los últimos momentos, en que se vieron enteramente desamparados de su gente y por no caer prisioneros» . El original del proceso seguido a Azopardo y a Bouchard se halla depositado en la Biblioteca Nación.

El 15 de julio de 1811, comandando una lancha cañonera, Bouchard actuó con bizarría durante el bombardeo de Buenos Aires por la escuadra de Montevideo. Con fecha 8 de agosto de 1811, la Junta designaba a aquel, primer Capitán de la zumaca «SANTO DOMINGO». El 19 de este mismo mes volvió la escuadra de Michelena a bombardear esta ciudad, ocupando Bouchard con su buque y el «HIENA» y «NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN» su puesto para combatir, pero los realistas se mantuvieron fuera del alcance de sus cañones.

Pocos meses después llegaba a Buenos Aires el teniente Coronel José de San Martín, que inmediatamente se dedicaba afanosamente a la tarea de organizar el cuerpo de Granaderos a Caballo, que debía después cosechar laureles inmarcesibles en los campos de batalla de América. Bouchard fue aceptado en el mismo, con el empleo de Subteniente, el 24 de abril de 1812 designación que expresa en forma elocuente el concepto que gozaba este insigne marino en aquella época, ya que como es sabido, en el Regimiento de Granaderos a Caballo, no tenían entrada ni posible permanencia, los apocados de ánimo, los irresolutos, o aquellos que tuvieran antecedentes que no fueran sino muy honrosos.

El 4 de junio del mismo año, Bouchard era promovido a Teniente de la 1a. compañía del 1er. escuadrón del famoso cuerpo, y con este grado es que zahumó su uniforme de granadero con el fuego enemigo, en el glorioso combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, donde su actuación fue singularmente distinguida, mereciendo el honor de conquistar la bandera realista, matando a su abanderado.

Bouchard amaba el mar por instinto y así, una vez casado con doña Norberta Merlo, en 1812 fue designado para mandar la corbeta «HALCÓN» adquirida y armada por su pariente político, don Anastacio V. Echevarría, formando parte esta corbeta de la expedición que condujo al Pacífico el insigne comodoro Guillermo Brown.

Cuando este se dio a la vela de Montevideo, el 15 de octubre de 1815, con pocos días de intervalo le siguió Bouchard con la «HALCÓN» y el queche «URIBE», con el carácter de segundo jefe de la expedición. Brown por su parte, comandaba la fragata «HERCULFS» adquirida por donativo nacional. Bouchard, después de una travesía cruenta en la que perdió la «URIBE», se reunió a Brown en la isla de Mocha.

En este punto, el 31 de diciembre de 1815, Brown, que también llevaba bajo sus órdenes el bergantín «TRINIDAD», se destacó con la «HERCULES» a la isla Juan Fernández, con la misión de libertar a los patriotas chilenos encerrados en aquel presidio, continuando al mando de Bouchard el «TRINIDAD» y el «HALCÓN», yendo rumbo al Norte, decidido a atacar las fortalezas del Callao.

Brown después de reconocer la punta de Nazca, lanzado muy al Norte por un temporal que no le permitió llegar a su destino, el 12 de enero capturó la fragata «GOBERNADORA» en el peñón de Las Hormigas, saliendo cerca del Callao y reuniéndose el 14 a Bouchard. A la llegada a este puerto, la flotilla republicana apresó la fragata de la armada española la «CONSECUENCIA», conduciendo a su bordo al brigadier Mendiburu, gobernador de Guayaquil, que cayó en manos de aquellos audaces.

El bloqueo del Callao duró precisamente tres semanas, período de tiempo en el cual se hicieron algunas presas de importancia en los combates sostenidos contra los españoles. Del Callao, Brown y Bouchard se dirigieron a Guayaquil, que atacaron el 8 de febrero, tomando por asalto el fuerte «Punta Piedras», situado en la embocadura del río; y al siguiente día se apoderó Brown del mismo modo del Castillo, más cercano a la ciudad. Brown se había propuesto apoderarse de Guayaquil, para lo cual tenía que remontar la ría, aprovechando la pleamar, pero tuvieron un altercado con Bouchard, el cual no participó en la empresa arriesgadísima, que significó un contraste para el audaz Almirante en su propósito de apoderarse de Guayaquil. Bouchard, por su parte, se separó de su jefe, cediéndole el «HALCÓN» a cambio de la «CONSECUENCIA» y 10.000 pesos que recibió en efectivo.

Bouchard sentía una inquieta emulación hacia Brown, cuya fama era muy superior a la suya, que por supuesto era muy justo fuese así, dadas las condiciones excepcionales de aquel insigne Almirante, como hombre de guerra.

Bouchard era ambicioso y se conceptuaba suficieníemente capaz de afrontar cualquier empresa marítima por arriesgada que fuese, no queriendo compartir con otro ni el peligro, ni la victoria, ni el botín.

El historiador López dice que Bouchard era demasiado decente para ser un pirata, pero en verdad, tenía el espíritu de un corsario perfecto a la moda de su tiempo. «Armado en guerra y pudiendo levantar una bandera legítima, se permitía todos los excesos que la guerra comporta, con un carácter duro y despiadado hasta los límites harto vagos en verdad, que separan el corso del latrocinio. El no buscaba como Brown, el combate por las emociones del combate; ni servía la causa argentina como aquel, por amor a los argentinos, sino con aspiraciones egoístas a la opulencia más que a la gloria y midiendo el esfuerzo de la hazaña por el provecho pecuniario que podía producirle.»

Abandonando a Brown en su empresa frente a las costas ecuatorianas, con su nuevo buque, Bouchard marcha hacia el Cabo de Hornos, penetra en el Atlántico y el 18 de junio de 1816 llega a Buenos Aires, donde el 9 de septiembre del mismo año el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata discierne a Bouchard el grado de Sargento Mayor de marina.

El 18 de noviembre del mismo año se decreta el corso oficial y Bouchard cambia el nombre de su fragata «CONSECUENCIA» por el de la «ARGENTINA», que arma nuevamente su pariente político, el doctor Echevarría, transformando aquel buque en un formidable crucero de 38 cañones y 250 hombres de tripulación, y entre estos se encontraba el aspirante Tomás Espora (toda la artillería que monta la fragata es de ocho y doce, poderoso armamento para un buque de 700 toneladas de porte); y el 27 de junio del año siguiente enarbola en él la bandera de la Patria.

El 9 de julio de 1817 zarpa Bouchard de la ensenada de Barragán, al grito de «¡Viva la Patria!», llevando como segundo a Nataniel Sommers. Marcha con rumbo a Madagascar, en busca de los buques realistas que espera encontrar allí, prometiéndose cazar las naves españolas que seguían el camino para las Filipinas. El 4 de septiembre la «ARGENTINA» recala en Tamatava, puerto principal de Madagascar, a la entrada del Océano Indico, llegando a tiempo para impedir a 4 buques negreros realizar su infame comercio, glorificando así la bandera de la Patria que tremola en el palo mesana de su fragata.

Atraviesa el Océano Indico y llega a las costas occidentales de la India, dirigiéndose de allí al Archipiélago de la Sonda, tocando sucesivamente en java, Macassar, Célebes, Borneo y Mindanao.

En estos mares fue que el atrevido corsario empezó a sentir las primeras dificultades de su traviesa empresa. En Java el escorbuto diezmó su tripulación, fondeando en el mar más de 40 cadáveres; en el estrecho de Macassar se ve repentinamente atacado por Cinco buques piratas, quedando victorioso después de un rudo combate de hora y media, en el cual pierde 7 hombres, pero logra capturar un buque pirata con todos sus tripulantes, escapando los otros cuatro buques. De los capturados, toma los veinte más jóvenes, y los restantes los hunde a cañonazos.

El 31 de enero de 1818 Bouchard establecía vigoroso bloqueo en la isla de Luzón, la más grande del Archipiélago de las Filipinas, base y centro del poder de la metrópoli española, teniendo los realistas una escuadrilla en Manila capital del archipiélago. Hallándose los enemigos, dice el propio Bouchard, con fuerzas muy superiores, yo esperaba un ataque. Vivía con precauciones pero sin temor.  La resolución de los argentinos era decidida por el triunfo o la muerte, a pesar de la poca gente que me había quedado.

Durante los dos meses que duró el bloqueo, la «ARGENTINA» capturó 16 buques mercantes que echó a pique frente a las baterías de Manila. Aborda otros buques más poderosos que el suyo, y captura 400 tripulantes; entre estos, un bergantín español que apresó en el puerto de Santa Cruz (más al N. ) después de un ligero cañoneo, buque que armó más tarde con una pequeña dotación argentina y el resto de los prisioneros, y el cual se perdió poco después.

El 21 de mayo abandonó las costas filipinas para dirigirse a las de China, pero ante las penalidades que le presentó la navegación, desistió y se dirigió a Oceanía, llegando a Hawai, la maoyr de las islas de Sandwich.

Al llegar a este puerto (17 de agosto), Bouchard se enteró de que una corbeta que había en la playa era la «CHACABUCO», cuya tripulación habiéndose sublevado el almirante Brown y después de cometer toda clase de piraterías, se la habían vendido al rey de aquella isla, Kameha-Meha, en el precio de 600 quintales de sándalo y dos pipas de ron. Decidido Bouchard a rescatar la «CHACABUCO», se hizo conducir a presencia del rey y obtuvo de él, a fuerza de largos razonamientos, la entrega de la corbeta y de su tripulación, mediante una módica indemnización.

Firmó, además, con el soberano, un tratado de unión y comercio con las Provincias Unidas del Río de la Plata, cuya independencia reconoció solemnemente. «El capitán Bouchard, dice Mitre, «congratulando al Rey, le regaló una rica espada, sus propias charreteras de «comandante y su sombrero, presentándole a nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, un despacho de Teniente Coronel con uniforme completo de su clase.

Así, pues, el rey de Sandwich, fue la primera ponencia que reconoció la independencia del pueblo argentino. Este triunfo diplomático del corsario es una de las singularidades del memorable crucero de la «ARGENTINA» en que su comandante en el espacio de dos años desempeñó tan diversos roles, libertando esclavos, castigando piratas, estableciendo bloqueos, dirigiendo combates, negociando tratados, asaltando fortificaciones, dominando ciudades, forzando puertos para ir a terminar su odisea en una prisión.

Bouchard, después de armar convenientemente la «CHACABUCO», y hacer fusilar a dos sublevados, el 23 de octubre de 1817, hizo rumbo a las costas de California, fondeando en San Carlos de Monterrey, donde imprudentemente envía la «CHACABUCO», de menor calado, a bombardear el fuerte, cuyos fuegos bien dirigidos, acribillaron al buque argentino, viéndose su tripulación obligada a retirarse, sin que Bouchard, con la «ARGENTINA» (cuyo calado no le permitía aproximarse más a las baterías del fuerte) pudiese prestarle auxilo de ninguna especie.

Pero al día siguiente la marea crece y la «ARGENTINA» se lanza al combate, desembarcando Bouchard 200 hombres, con los cuales derrota las fuerzas de caballería e infantería que se oponen a su paso, y después de una porfiada y sangrienta lucha, toma por asalto la fortaleza y la ciudad, enarbolando en el más alto torreón, el pabellón azul y blanco. Se apodera de abundantes municiones y armamento, entre el que cuentan veinte y tantos cañones y una gran cantidad de barras de plata.

Pone en libertad a los prisioneros y se apodera de la «CHACABUCO», haciendo reparar inmediatamente sus averías; manda demoler todas las baterías e inutilizar los cañones que no puede llevar a bordo de sus buques. Incendia los almacenes del Rey, los presidios y las casas, con excepción de las pertenecientes a americanos, los templos, y después de permanecer allí por espacio de seis días, enarbola la bandera azul y blanca, en el lugar más elevado de los escombros del fuerte, corre vuela, sobre las costas de México en demanda de nuevas y más arriesgadas aventuras.

Pasa como una tromba sobre los puertos de San Blas, Acapulco, Santa Bárbara, San Juan, en cada uno de los cuales repite las proezas de San Carlos de Monterrey, llevando a bordo cuanto tenía valor, incendiando campos, echando abajo murallas y derrumbando fuertes.

El 2 de abril se hallaba a la vista de Realejo, en la costa de Nicaragua, aumentando su escuadrilla con un bergantín que ha logrado rendir, y tres días después hace sentir su presencia, rindiendo a cuatro buques españoles tras sangriento y desigual combate, dos de los cuales incendió a la vista de la población consternada, obteniendo además de la victoria en la que pierde muchos de sus bravos, un valiosísimo cargamento de oro y plata. Esta debía ser su última proeza, aunque no su último combate: habiéndose desprendido la «ARGENTINA» de su fondeadero, con el fin de dar caza a una embarcación enemiga, la «CHACABUCO» fue inopinadamente atacada por una goleta con bandera española que sostuvo un reñidísimo fuego, ocasionándole numerosas bajas.

La embarcación atacante íesultó ser un corsario chileno, pues en medio del combate enarboló el pabellón de este país, y después corrió a ocultar su cobardía en las procelosas aguas del Pacífico. No fue esta la única contrariedad que le estaba reservada al intrépido Bouchard: a los dos años justos de su partida de la ensenada de Barragán, llegaba al Puerto de Valparaíso, donde el Almirante Cochrane, movido por una emulación indigna de su lango y nombre, le arrebató arbritariamente la «ARGENTINA» y la «CHACABUCO» y su rico botín de guerra, poniendo en prisión al Jefe de la expedición y a su audaz tripulación. Bouchard, ante aquella inicua como inesperada arbitrariedad, no se resiste, como pudo haberlo hecho, después de las magníficas hazañas que acababa de acometer y prefiere esperar los resultados de ese atropello, los que no tardan en producirse.

Surgen violentas reclamaciones del Gobierno de las Provincias Unidas y el bravo Coronel Mariano Necochea, que se entera que la bandera de su patria ha sido arriada de la «ARGENTINA» y de la «CHACABUCO», manda un piquete de granaderos a bordo de estos buques con la orden terminante al oficial que lo comanda, de volverla a colocar en el tope de los mástiles, de buen grado o por la fuerza; orden que se cumple.

Se puso en libertad al intrépido Bouchard, el antiguo Teniente de aquellos Granaderos antes de cumplirse los 5 meses de prisión. Seguíasele, entre tanto, el proceso instaurado por las autoridades chilenas, el cual fue fallado el 1º de diciembre de 1819. De los cargos de que se le acusaba solo quedaba en pie: «la resistencia — dicen los jueces — que parece haber hecho al registro ordenado por el Vicealmirante Cohrane. Sobre dicha afrenta se espera «que el «Superior Gobierno de las Provincias Unidas se servirá disponer se dé debida satisfacción al pabellón de Chile».

A fines del mismo año llegaba a Buenos Aires, dueño de una considerable fortuna y con un nombre prestigiado por la gloria, habiéndolo elevado sus hazañas al nivel de los héroes. «Los célebres almirantes ingleses «Drake, Cavendish y Anson, —dice el General Mitre,— que haciendo el oficio de corsarios por cuenta de la Gran Bretaña, cruzaron esos mismos mares y hostilizaron esas mismas costas, no realizaron en ellas mucho más»grandes, ni consiguieron para su Patria, mayores ventajas, que la que realizó y produjo el obscuro crucero de la «ARGENTINA».

Desarmado este buque, en él se embarcó Bouchard para la expedición al Perú, el 20 de agosto de 1820, rebautizado con su antiguo nombre: «CONSECUENCIA». En esta fragata se embarcó el Regimiento de Granaderos a Caballo, compuesto de 3 jefes, 17 oficiales y 271 de tropa; y también el de Cazadores a Caballo, que sumaba 3 jefes, 19 oficiales y 261 de tropa. La «SANTA ROSA», una de las presas que había hecho en su campaña de corso, embarcó dos compañías del Batallón 89 de los Andes y el Batallón de Artillería; yendo en ella, el joven Tomás Espora.

En Noviembre del mismo año se hallaba en la rada de Ancón, a siete leguas de Lima, y Bouchard con su acostumbrado patriotismo habla de las operaciones en que toma parte en carta a su pariente Vicente Anastasio Echevarría: «Lo único que puedo decirle es que nunca la causa de la Amé-«rica ha presentado mejor aspecto que en el día»; y unas líneas más abajo, sin manifestar rencor alguno al almirante Cochrane, relata el audaz apresamiento de la famosa fragata «ESMERALDA», bajo los fuegos de las fortificaciones del Callao.

En diciembre de aquel año se presentó al general San Martín, manifestándole deseos de regresar a Chile, pero éste le exigió se mantuviera en aquellas aguas por 5 meses más. El 11 de julio de 1821 escribe Bouchard haber recibido orden del General en Jefe de trasladarse al Callao a ponerse bajo el mando de Cochrane «para pasar con todos los buques que nos hablamos armados y batir las fortalezas, escribe, en el mismo tiempo que «por tierra el señor General piensa tomar al asalto. Yo no diré cuál será «el resultado, mas lo que le puedo decir a Vd. es que por mi parte tengo «ganas de batirme y ver si se puede concluir estos trabajos, pues protesto «que me hallo cansado».

A mediados de 1822 Bouchard rompe sus relaciones con Echevarría, armador de la «ARGENTINA», el cual no le había entregado a aquél la parte que le correspondía en los apresamientos del «HALCÓN», 7 años antes, y le reprochaba de «haber dejado pasar hambre a su familia y no haber «hecho callar a los que lo deshonran».

Cuando Cochrane abandonó a San Martín, apoderándose violentamente de los caudales de Lima depositados en los buques de su escuadra, el Protector creó una nueva fuerza naval, cuya base principal fue la fragata española «PRUEBA», que se había entregado en el Callao al gobierno peruano. San Martín nombró a Bouchard comandante de aquel buque, que montaba 50 cañones.

Cuando el después famoso Almirante inglés renovó sus reclamos pecuniarios y sus pleitos, el Ministro general Tomás Guido, respaldado esta vez por la nueva escuadra peruana y sobre todo, la fragata «PRUEBA» mandada por Bouchard, contestó con firmeza negándose a discutir con Cochrane y refiriéndose al Gobierno de Chile; y en previsión ele algún golpe de mano, ordenó al buque de Bouchard de estar listo para hacerse a la veía en protección de los demás barcos. Finalmente, Lord Cochrane decidió retirarse ante la firmeza del gobierno peruano, y al pasar frente a la fragata «PRUEBA», las portas de ésta se abrieron a un tiempo, enseñando toda la batería en zafarrancho de combate, con la gente en su puesto.

En la toldilla de la «PRUEBA’ , dice el capitán de fragata don Teodoro Caillet-Bois describiendo este episodio en el ‘Boletín del Centro Naval», «la luz de) bombillo en el compás deja entrever una alta silueta junto «a la rueda del timón. Sonrisa burlona ilumina el rostro varonil, mientras el «negro velamen furtivo se diluje en las tinieblas».

En 1825 el general Alvarez Thomas intentó, aunque en vano, reconciliar a Echevarría con Bouchard, «pero el carácter caviloso y altanero» de éste impidió tal propósito. En 1828 se le ve al último actuar en la expedición del almirante Guise a Guayaquil, y a la muerte de éste, el 19 de enero de 1829, Bouchard se hizo cargo del mando en jefe de la escuadra del Perú. Dos meses después de la toma de la plaza, la fragata «PRESIDENTE» — ex «PRUEBA» — donde izaba el último su insignia, voló como consecuencia de un incendio en la santabárbara y por esta causa fue separado del servicio naval.

En 1831 recibió del gobierno peruano la hacienda de San Javier de Nazca, lindante con Palpa. Dedicó una parte de su fortuna a la fundación de un establecimiento para la elaboración de la caña de azúcar en el Perú. Allí pereció asesinado a manos de un mulato, en el año 1843, en la Hacienda de «La Buena Suerte».

Como se ha referido más arriba, Hipólito Bouchard contrajo enlace en Buenos Airea en 1812 con doña Norberta Merlo, autorizando el matrimonio el capellán del Regimiento de Granaderos a Caballo, don José Gabriel Pena, y apadrinándolo el 2° jefe del mismo, sargento mayor don Carlos de Alvear y su esposa, doña Carmen de la Quintanilla. El 16 de octubre de 1813 nació su hija Carmen, apadrinada por Alvear y su esposa; y el 17 de julio de 1817, ocho días después dé su partida al crucero alrededor del mundo, su hija Fermina, que apadrinó el Dr. Vicente Anastasio Echevarría. Doña Norberta Merlo de Bouchard falleció en Montevideo el 15 de marzo de 1869.

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Humor Político de Tato Bores Gobiernos Argentinos de Peron a Menem

Humor Político de Tato Bores – De Perón a Menem

Con un impecable gusto por el buen humor afilado y crítico de una realidad argentina transcurrida en varias décadas, un hombre supo ser al Biografia de Tato Bores Humorista Politico Argentino mismo tiempo capocómico e historiador. Es que al volver a ver los monólogos de Tato Bores no quedan dudas de que gran parte de la historia política de la Argentina ha sido narrada de una manera admirable por este mito de la pantalla chica nacional.

El humor reflexivo, irreverente y a la vez respetuoso de las instituciones. Un humor de Estado que era también un reflejo innegable de la condición argentina. Frase de cabecera por aquel entonces: «No culpe al espejo quien tiene la cara fea«, rezaba uno de los carteles en escena.

La historia de Tato es, también, la historia de la libertad de expresión en la Argentina, aunque por momentos pareciera ser una historia invertida. Los gobiernos constitucionales desde Frondizi a Cámpora fueron, según Tato, tiempos de completa libertad. Todo lo contrario de los gobiernos militares, desde Aramburu hasta Videla, donde había que cuidarse. Así, atendiendo las restricciones del censor de turno, Tato siguió en el aire y el show continuó.

De todos modos, Tato recordaría algunos episodios ocurridos durante gobiernos democráticos, donde su programa se vio expresamente excluido de la televisión estatal. En 1974, un Secretario de Prensa de Isabel Perón lo mandó a sacar del aire, aprovechando la excusa del duelo por la muerte del líder.

Una década después, en 1987, otro funcionario, pero radical, consideraría que los chistes de Tato no eran convenientes en tiempos de elecciones y no le renovaron el contrato hasta 1989.

Mucho antes, Tato había sido «el diputado que no cesó», época en que el presidente de facto Juan Carlos Onganía mandaba a todos los legisladores a la casa y el humor político era casi lo único político que quedaba. Su monólogo dominical batió todos los records de audiencia el domingo siguiente de la caída del radical Arturo Illia. Allí se le oyó decir: «Ustedes estarán esperando que yo hable de la que se armó. Pero de la que se armó no pienso hablar y de la que se va a armar mucho menos».

Decirlo todo, en una sola frase, que a su vez no diga nada. Tato habló cuando muchos otros callaban, un privilegio que solo gozan los que no hablan del todo en serio.

Blas Parera Creacion del Himno Nacional Argentino Asamblea 1813

BLAS PARERA: CREA EL HIMNO NACIONAL

Blas Parera Creacion del Himno Nacional ArgentinoBlas Parera (1776-1840), nació en Murcia de una familia de origen catalán y murió en Mataró cerca de Barcelona. Arribó muy joven a Buenos Aires en el año 1797 y se desempeñó como organista en la Catedral y en las templos de la Merced y San Ignacio. También fue director de orquesta del Coliseo Provisional, el único teatro de Buenas Aires en la  época, inaugurado en 1804.

Domingo de Azcuénaga en una mordaz letrilla en que caricaturiza a los personales de nota de la ciudad, escrita hacia 1816, dice refiriéndose a Parera: “Don Blas regañando! a toda la orquesta al paso que toca! del clave las teclas. . .“

Parera vivía en una casa de la calle Belgrano esquina Chacabuco, frente al Sur y daba lecciones de música y canto en casas de distinguidas familias de la sociedad porteña de la época. Se le conocía como el maestro Blas. En 1809 se casó con Facunda del Rey, niña que formaba parte del coro en la iglesia de San Nicolás de Bari.

Blas Parera como director de orquesta del Coliseo compuso la música de tonadillas, canciones y después de 1810 de varios himnos y marchas patrióticas con versos de fray Cayetano Rodríguez y otros autores. La Asamblea de 1813, con fecha 6 de marzo, encargó se escribiera una canción nacional capaz de llenar las aspiraciones del ideal de Mayo.

El 11 de mayo de ese año don Vicente López y Planes (1784-1856), presentó su composición poética que fue aprobada con entusiasmo por los diputados y la barra presentes en la sesión.

Parera compuso la música para estos versos y el 25 de mayo de 1813 en la Plaza de la Victoria, al pie de la Pirámide de Mayo, los alumnos de la escuela de don Rufino Sánchez entonaron por primera vez en público nuestro Himno Nacional, llamado entonces Canción Patriótica.  El 1 de julio la Asamblea ordenó pagar a Parera 200 pesos por la composición del Himno.

El título de nuestra máxima canción sufrió algunas alteraciones y cambios. En 1813 se lo llamó «Marcha Patriótica», luego «Canción Patriótica Nacional», y más tarde se lo conoció como «Canción Patriótica». Una copia de 1847 lo tituló como «Himno Nacional Argentino», denominación que recibe en la actualidad.

Pacho O’Donnell, en «El Aguilla Guerrera» nos cuenta: ….la letra era inflamadamente independentista, como correspondía al espíritu de la época. Tiempo más tarde la Asamblea del Año XIII pide un “arreglo” acorde con los nuevos vientos que soplan: Inglaterra se opone vigorosamente a todo arresto de autonomía en las colonias de España, su aliada en la guerra contra Napoleón.

La Asamblea de 1813, con fecha 6 de mayo, encargó se escribiera una canción nacional capaz de llenar las aspiraciones del ideal de Mayo. El 11 de mayo de ese año don Vicente López y Planes (1784-1856), presentó su composición poética, que fue aprobada con entusiasmo por los diputados y la barra presentes en la sesión.

Parera compuso la música para estos versos y el 25 de mayo de 1813 en la Plaza de la Victoria, al pie de la Pirámide de Mayo, los alumnos de la escuela de don Rufino Sánchez entonaron por primera vez en público nuestro Himno Nacional, llamado entonces. Canción Patriótica.

El embajador británico lord Strangford hace saber al gobierno de Buenos Aires “lo loco y peligroso de toda declaración de independencia prematura”.

Desaparecen entonces estrofas que anunciaban que “se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación”.

Se infiltran, en cambio, conceptos monárquicos tan en boga entonces, cuando nuestros prohombres parecían competir en candidaturas de príncipes europeos para gobernarnos. Portugués, francés, italiano…

No extraña entonces el “ved en trono a la noble igualdad”, afrancesamiento relacionado con el propósito de coronar al duque de Orleáns. O “sobre alas de gloria alza el pueblo, trono digno a su Gran Majestad”, estrofa desaparecida en la versión definitiva, O “ya su trono dignísimo abrieron, las Provincias Unidas del Sur”, texto del que nos ocuparemos más adelante.

El Himno sufrió en 1860 otra lamentable modificación encomendada a Juan Pablo Esnaola: la marcha vibrante y guerrera se transformó en una pieza pretenciosamente majestuosa, tan estirada que va en camino de convencernos de que nuestra canción patria consta solamente de su introducción, que es lo que habitualmente se ejecuta.

Para colmo de males, por razones diplomáticas, el texto fue mutilado devastadoramente durante la segunda presidencia de Roca, suprimiendo las estrofas denigrantes a España.

Se evaporaron así marciales referencias a “los bravos que unidos juraron su feliz libertad sostener, a esos tigres sedientos de sangre fuertes pechos sabrán oponer”. Tampoco cantaremos: “son letreros eternos que dicen: aquí el brazo argentino triunfó, aquí el fiero opresor de la Patria su cerviz orgullosa dobló”.

De allí en más los escasos retazos sobrevivientes nos harán repetir absurdamente hasta tres veces “y los libres del mundo responden…”

En 1817, Blas Parera fue padre de  José Manuel, y en 1818 regresó a España con su familia y en Cádiz, donde arribó en agosto de ese año, se ordenó “se vigile su conducta y estén a la mira de sus operaciones». Era un español sospechoso para el gobierno del rey.

Durante mucho tiempo se ignoró todo sobre sus últimos años hasta que en 1972 el doctor Javier Ciavell Borrás, investigó en los archivos de Mataró, una localidad vecina a Barcelona y pudo establecer que Parera se desempeñaba allí como “interventor del Correo”, un oscuro cargo provincial, que allí murió su hija Dolores Parera y del Rey y que finalmente él murió en ese ciudad el 7 de enero de 1840 a la edad de 64 años.

VICENTE LÓPEZ Y PLANES

Vicente López y PlanesSu vida tiene el valor de un documento, abarca medio siglo de historia argentina y escala la grandeza del símbolo, merced al Himno Nacional, cuyas inmortales estrofas compuso.

En la tormenta de la liberación, este solo hecho se proyecta como un brevísimo relámpago de talento, trazado en homenaje al temple de los argentinos, uno de cuyos preclaros exponentes fuera él mismo, como hombre-símbolo de su tiempo.

Desempeñó algunos cargos ilustres (secretario de la Asamblea del año 13 y del Directorio) y llegó a presidente de la República después de la renuncia de Rivadavia; fue luego ministro de Dorrego, más tarde consejero de Rosas y, derrotado éste, gobernador de Buenos Aires y signatario del Acuerdo de San Nicolás.

Su madre, doña Catalina Planes, porteña, se había casado con un buen asturiano, don Domingo, burgués emprendedor, comerciante honesto, hombre, en fin, respetado y querido. Vicente trajo de su madre un principio de asimilación espiritual a la tierra nativa y heredó de su padre la hidalguía y el señorío.

Su carrera pública le dejó una foja brillante: en 1806 y 1807, capitán de Patricios en la defensa de Buenos Aires; en 1810, secretario de la expedición libertadora al interior (junto con Castelli llegó al Desaguadero, límite del virreinato); en 1813, diputado por Buenos Aires a la Asamblea; en 1816, secretario de Balcarce, director interino del Estado; en 1817, secretario de Pueyrredón, que había sucedido a Balcarce por voto del Congreso de Tucumán; en 1827, sucesor de Rivadavia en la presidencia unitaria hasta que, en 1828, Dorrego, gobernador federal, lo nombró ministro.

Después de 1852, aceptó de los repatriados la gobernación de Buenos Aires y suscribió en San Nicolás el pacto de gobernadores que prohijó la Constitución. No caló demasiado hondo en el surco de la historia, pero sus actos y su vida toda lo presentan a la consideración de la posteridad, por la rectitud que puso en ella.

Vicente López y Planes nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1785 y murió en la misma ciudad el 10 de octubre de 1856.

UNA CURIOSIDAD HISTÓRICA SOBRE EL HIMNO NACIONAL
Fuente: Cuadernillo N°12 Vicente Fidel López –
El Hermano del Himno Nacional
Universidad Nacional del Litoral

Vicente López y Planes, hoy es el prócer que escribió el Himno Nacional Argentino. El bronce ha enfriado sus virtudes y disimulado sus defectos. Que haya participado en las invasiones inglesas, que haya estado presente en las jornadas de mayo de 1810, que haya sido diputado en la Asamblea del año XIII, presidente provisional, ministro o gobernador, son datos menores, datos que algunos ignoran y muchos no les otorgan ninguna importancia al lado de su condición de autor de las estrofas que nos reconocen como argentinos.

Vicente López Planes fue el autor del Himno Nacional, pero no ha faltado el historiador que señale que la letra es un plagio del «Canto guerrero», escrito unos años antes por Gaspar Melchor de Jovellanos, un liberal español, valiente, talentoso y patriota.

De todos modos, la noticia no es para ponerla en tapa de los diarios o armar un escándalo o iniciar un juicio por plagio. Es apenas un dato a tener en cuenta para saber cómo se resuelven a veces ciertas cuestiones que después quedan incorporadas para siempre a las efemérides patrias.

Es muy probable que a don Vicente le hayan dicho que hacía falta un himno y que no había mucho tiempo disponible para escribirlo. Es muy probable que haya tomado como referencia el texto de Jovellanos y lo haya adaptado a las circunstancias locales.

Estos procesos de adaptación o traducción son los que modelan lo que se conoce como una cultura nacional. Hoy a nadie le importa que Jovellanos haya sido la fuente inspiradora del Himno, del mismo modo que a ningún hincha de fútbol le interesa que el origen del deporte sea inglés.

A los nacionalistas con «zeta» se les ponen los pelos de punta cuando se enteran de que el símbolo más caro de nuestra identidad, el Himno Nacional, es una copia. Lo que no están dispuestos a admitir, en definitiva, es que todos los procesos culturales que configuran a una nación son producto de copias, mezclas, adaptaciones.

O sea que, sin proponérselo, don Vicente nos estaba dando una lección de cultura nacional, más allá de que su poema fuese aprobado a duras penas porque, ya que estamos en confidencias, existía un texto de Cayetano Rodríguez que tuvo muchas posibilidades de ser nuestro himno y que, por esas cosas de la política y, tal vez, de las influencias y los caprichos, quedó recluido en el anonimato.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo VIII CODEX