Breve Resumen Histórico de Roma

Campañas Militares y Guerras en las Montañas Cruce de

Campañas Militares Donde se Cruzaron Montañas

Muchas montañas han sido en el transcurso del tiempo escenario de grandes acontecimientos guerreros. La Antigüedad nos ha dejado ya muchos ejemplos. Recordemos la Retirada de los Diez Mil de Jenofonte o la expedición de Aníbal en los Alpes. En la Edad Media Carlomagno pasó los Alpes con su ejército, y más tarde los Pirineos. En Perú, los incas, y después sus conquistadores, los españoles, no retrocedieron ante la  montaña.

En el curso de los tiempos, numerosos macizos montañosos han desempeñado el papel de verdaderas barreras. Con frecuencia han impedido a los pueblos ponerse en contacto, tanto para fines pacíficos como para los militares. Si para cualquier persona es penoso afrontar un lugar de montañas salvajes, cuánto más lo será para los ejércitos, que deben necesariamente llevar consigo enormes cantidades de material, sin olvidar los problemas derivados del avituallamiento.

Sin embargo, las montañas han sido a través de la historia escenarios de importantes hechos de armas. En efecto, ciertos estrategos no han dudado en arriesgarse con sus tropas por tan difíciles terrenos. Hay que añadir que en todos los casos se hizo así por absoluta necesidad. Pensemos, por ejemplo, en una de las más importantes expediciones militares de la historia de la estrategia, concretamente la marcha que los Diez Mil Griegos emprendieron bajo el mando de Jenofonte.

Jenofonte

Jenofonte: fue un militar y polígrafo griego Jenofonte escribió hacia el 386 a.C. una de las obras de la antigüedad griega más leídas, la famosa Anábasis, en la cual narró la campaña emprendida quince años antes por el príncipe Ciro de Persia el Joven contra su hermano Artajerjes II, así como la consiguiente retirada de las tropas mercenarias griegas dirigida por el propio autor.
Después de la batalla de Cunaxa pasaron de Mesopotamia, más allá de las montañas de Armenia, en dirección al Asia Menor occidental. Esto aconteció entre el 401 y 399 antes de Jesucristo. En su famosa obra Anábasis, Jenofonte relata esta retirada forzosa de los griegos. No obstante, ésta no fue, ni mucho menos, la única de su género que se desarrolló en la Antigüedad.

Una de las más conocidas y sensacionales expediciones a través de las montañas fue la de Aníbal, que condujo, en el siglo III antes de Jesucristo, a todo su ejército desde España a Italia atravesando los Alpes. Con gran frecuencia se ha considerado esta expedición una empresa temeraria. Es posible, indudablemente, que debido a su ardor juvenil, Aníbal aceptase grandes riesgos.

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Aníbal Cruza los Alpes

El general cartaginés, que había impuesto ya su autoridad en España, esperaba un ataque de los romanos y quiso adelantarse pasando él mismo a la ofensiva. Por esto decidió sorprender a los romanos en su propio terreno; pero para pasar de España a Italia le era necesario atravesar los Alpes.

Descontaba, por otra parte, recibir apoyo de ciertas tribus del sur de las Galias. Es totalmente verosímil que el ejército que llevaba en su expedición contase con cuarenta mil o cincuenta mil hombres. Nada se sabe con absoluta certeza acerca de esta empresa, la cual impresionó de tal forma a los historiadores de la generación posterior que la llenaron de versiones completamente fantásticas.

Por la misma razón, las pérdidas sufridas por los cartagineses han sido enormemente exageradas. Sin duda, no deben subestimarse, teniendo en cuenta las dificultades del terreno y el hecho de que las tribus de la montaña no les dejaban pasar sin entablar combate. El frío debió de ser también un serio obstáculo para estos soldados, que en su mayor parte procedían del norte de África.

A pesar de todas estas pérdidas y dificultades, la empresa de Aníbal fue coronada por el éxito. Su caballería y su infantería se encontraban preparadas para la batalla cuando consiguieron llegar a Italia. Incluso vencieron a las temibles legiones romanas enviadas a su encuentro.

No se ha podido determinar con exactitud el lugar de los Alpes por donde Aníbal hizo pasar sus tropas. Según toda verosimilitud, la expedición siguió un itinerario inédito. Algunos historiadores se inclinan a creer que Aníbal tomó el paso de Suse, un valle excavado en la vertiente italiana de los Alpes, por la Dora Riparia.

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Julio César

Se ha probado que César siguió este valle más tarde, cuando condujo sus tropas a las Galias. Pero la expedición de Julio César se desarrolló en circunstancias bien distintas. En esta época las carreteras estaban trazadas y, además, las tropas atravesaban un país amigo donde podían contar con el apoyo de todos. Los cartagineses de Aníbal, por el contrario, se desplazaban en un país salvaje, inexplorado y habitado por tribus hostiles.

Es curioso constatar cómo en países montañosos varios generales han seguido los mismos itinerarios. El paso de Suse, que ha sido utilizado con toda seguridad por César y probablemente por Aníbal, fue también la ruta tomada por Carlomagno cuando en 733 marchó con sus tropas francas al encuentro de los lombardos, encuentro que se produciría en Pavía. Gracias a esta feliz marcha y a su victoria, este emperador cambió el curso de la historia.

Hasta esta época, Italia había impuesto su supremacía a la Europa situada al norte de los Alpes. Desde entonces, los papeles se invirtieron hasta el punto de que la península italiana fue como un anexo de la Europa occidental.

Carlomagno demostró en otras circunstancias que no dudaba en atravesar las montañas con su ejército. Recordemos, por ejemplo, su campaña de 778 al sur de los Pirineos, que dio por resultado el establecimiento de la Marca Hispánica, situada entre los Pirineos y el Ebro.

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Carlomagno

Conviene destacar, de todas formas, que en el conjunto de los acontecimientos de aquella época, esta última expedición de Carlomagno no fue muy conocida. Eginhard no hizo mención de ella en su Vita Caroli, su crónica de Carlomagno. La explicación de esta omisión se encuentra en el hecho de que la retaguardia del ejército mandada por el conde Roldán fue sorprendida y deshecha por los vascos en el desfiladero de Roncesvalles.

Sin embargo, en Normandía, en la región de Coutances, de donde era natural Roldán, se ha conservado el recuerdo de estos hechos. Más tarde, en la época del feudalismo, los trovadores popularizaron el relato de esta batalla.

Más o menos por la época en que los trovadores cantaban en Europa occidental las hazañas de Roldán, se constituía un potente imperio fuera de Europa, el cual, en muchos aspectos, iba a convertirse en uno de los más sorprendentes que jamás hayan existido: el imperio de los incas en Perú.

El establecimiento de un Estado tan enorme en las montañas, concretamente en la cordillera de los Andes, da testimonio de una gran maestría también en el terreno militar. Más tarde, la conquista de este imperio por los españoles, conducidos por Pizarra, debe ser considerada una expedición militar excepcional en un país de montañas.

No solamente en la Antigüedad, sino también recientemente, las regiones montañosas fueron escenario de batallas y guerrillas. Napoleón llevó a cabo peligrosas expediciones a través de los Alpes, y, en América del Sur, Bolívar contribuyó eficazmente a la conquista de la independencia con sus batallas en los Andes. Durante las dos guerras mundiales la montaña también fue escenario de batallas encarnizadas.

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Ver:
San Martín Cruza Los Andes
La Aventura Militar Mas Grande de la Historia

Guerra y guerrilla en la montaña
Si antiguamente los ejércitos beligerantes evitaban en la medida de lo posible llevar a la montaña el teatro de sus operaciones, en los tiempos recientes ya no parece ser igual.

La historia militar contemporánea comenzó con las campañas de la Revolución francesa y especialmente con las de Napoleón.

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Napoleón Bonaparte

Poco tiempo después de ser investido por el Directorio como jefe supremo de los ejércitos, decidió atravesar los Alpes con sus tropas (5 de abril de 1796).

Para ello, resolvió ir por una de las rutas más peligrosas, pero también más cortas, hacia su objetivo, que era concretamente la Corniche, marchando sobre los acantilados entre los Alpes y el Mediterráneo ; de esta forma, también se exponía a los ataques de los buques ingleses a lo largo de la costa. Pero Napoleón realizó perfectamente su plan y a través de este camino llegó a Italia en cuatro días.

Más tarde, Napoleón se adentró en los Alpes por los caminos más difíciles, después de que los austríacos hubieran sido, una vez más, batidos por los franceses fuera de Italia del Norte.

El paso de los franceses por la ruta del puerto de San Bernardo empezó el 16 de mayo; los austríacos no esperaban ver a Napoleón tomar este itinerario que atravesaba Suiza y que constituía un campo de operaciones difícil, y su ejército, por consiguiente, estaba menos reforzado.

La vanguardia francesa, dirigida por el general Lannes, desembocó de improviso en el valle del Po y atacó a los austríacos por la retaguardia. Napoleón no dudó ni un momento en llegar hasta Milán. El 14 de junio de 1800 batió en Marengo al ejército austríaco, que tenía superioridad en efectivos y armamento.

Estas dos brillantes hazañas demuestran claramente que Napoleón, hábil estratego, estaba en perfectas condiciones de hacer pasar su ejército a través de los Alpes, que, por otra parte, no era una excepción, pues en 1799, un año antes del paso de Napoleón por San Bernardo, el mariscal ruso Suvorov, mandando un ejército austro-ruso, había pasado los Alpes para extenderse con éxito en el valle del Po. En 1800 no fue Suvorov el que tuvo que replegarse ante Napoleón, sino Mélas.

Algunos años después de estos memorables acontecimientos militares, varias campañas se desarrollan en el Nuevo Mundo sobre las regiones montañosas; algunas de ellas fueron conducidas por Simón Bolívar, que, gracias a sus caminatas por los Andes, sorprendió a los españoles y sus partidarios y les infligió numerosas derrotas, contribuyendo activamente a la liberación de Hispanoamérica.

Durante la primera guerra mundial, la lucha en la montaña iba a ser un importante campo de operaciones militares. En los Cárpatos se libraron furiosas batallas entre rusos y austríacos, mientras que en los Alpes estos últimos estaban en disputa con los italianos.

También durante la segunda guerra mundial se ha combatido en las montañas, a menudo entre unidades especializadas. Recordemos la rudeza alemana a través del Cáucaso. El 9 de agosto de 1942 los alemanes ocuparon los yacimientos petrolíferos de Maikop y las refinerías de Krasnodar y avanzaron en seguida en dirección al este hasta adentrarse 100 kilómetros sobre los campos de petróleo de Grozny.

Una patrulla de cazadores alpinos escaló el Elbrús el 21 de agosto de aquel mismo año y plantó la cruz gamada sobre el pico más alto de Europa. Sin embargo, su ofensiva se desencadenó en el Cáucaso, principalmente en el valle del Terek.

Otra región donde se ha combatido encarnizadamente durante la segunda guerra mundial es en el sudeste asiático.

En Birmania, el avance del general norteamericano Stilwell, jefe de Estado Mayor de Chang-Kai-chek, desde Ledo hasta el campo de aviación de Myitkyna y a través del valle de Hukawang, fue una de las más impresionantes expediciones de montaña que jamás se han realizado (1943-1944).

Uno de los principales problemas para la guerra en esta parte de Asia era el del transporte; las fuerzas armadas tuvieron que ocuparse en más de una ocasión de construirse sus propias vías de comunicación; en muchos lugares, los soldados encargados de trazar las carreteras iban pisando los talones a las vanguardias.

La zona fronteriza entre Birmania y la India, donde en el transcurso de la primera mitad de la guerra los británicos tuvieron que batirse en retirada ante los japoneses, no poseía casi carreteras; se trata de un macizo montañoso, salvaje y espeso, constituido por un contrafuerte del Himalaya.

Durante los meses de enero a mayo de 1942, los británicos y los chinos fueron rechazados por los japoneses, ocupando la famosa Ruta de Birmania, una de las más importantes carreteras de montaña en el sudeste asiático. Este trabajo representaba un interés estratégico muy importante para el abastecimiento de las tropas chinas.

La conquista de esta carretera por los japoneses suscitó graves problemas; el aprovisionamiento de Chang-Kai-chek debió hacerse desde el exterior por vía aérea, o desde abajo a través de los contrafuertes al sudeste del Himalaya, y aun así, los aliados rechazaban el tener que restablecer una situación que de por sí era desesperada, particularmente por las audaces intervenciones del general Stilwell.

En algunas ocasiones se ha recurrido en las regiones montañosas a métodos de guerra clásicos, generalmente por movimientos de resistencia y guerrilleros. Precediendo a las líneas de formación regulares de sus ejércitos, estos grupos creaban numerosas dificultades al enemigo, al que a veces infligían cuantiosas pérdidas.

Los acontecimientos en Yugoslavia son un ejemplo reciente de esta táctica. En el macizo abrupto y poblado de árboles, la guerra de guerrillas contra los alemanes y a veces contra otros guerrilleros alcanzó su máximo desarrollo.

En principio, el jefe de la resistencia yugoslava era el general Mihailovich, partidario del rey Pedro, pero a partir de 1942 Tito tomó el mando del movimiento, al frente de más de doscientos mil hombres armados desde el aire por los ingleses o con armamento conseguido del enemigo, sobre todo después de la capitulación de Italia.

Los hombres de Tito llegaron a apoderarse de enormes cantidades de armas. Hubo ocasiones en que los partidarios de Mihailovich y los de Josip Broz —alias Tito— habían combatido juntos. En cierta ocasión Tito cercó una veintena de divisiones  enemigas,  ya  que dirigía la guerrilla de manera magistral.

Nunca Tito se dedicó a la defensa de un territorio determinado; si la presión del enemigo era muy fuerte, se retiraba a la montaña para reaparecer en seguida de improviso en otro lugar; tanto él como sus partidarios llevaban una vida difícil; mal alimentados, equipados y armados, debían combatir a un adversario mucho más fuerte, pero Tito logró resistir hasta la victoria final. Mihailovich, su adversario en el propio país, compareció ante los tribunales y fue fusilado.

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Todos los Emperadores de Roma Antigua Cronologia

Todos los Emperadores de Roma Antigua-Cronologia

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LISTA CRONOLÓGICA DE TODOS LOS EMPERADORES DE ROMA ANTIGUA

Cuando Augusto, el primer emperador de Roma, murió en 14 d. C, el Senado romano lo declaró dios. De ahí en más, el pueblo adoró a los emperadores y en todo el Imperio se construyeron templos en su honor. Estos edificios impresionantes ponían de manifiesto el poder absoluto de las autoridades supremas.

Los monumentos erigidos para celebrar las victorias bélicas también contribuían a proclamar la fuerza de los soberanos. Los emperadores emitían monedas con sus retratos y encargaban pinturas, mosaicos y esculturas que los representaban a ellos mismos y a sus familias.

Más que mostrarnos una verdadera semejanza, el estilo y el simbolismo de los retratos imperiales nos hablan muchas veces sobre la forma en que un emperador quería que sus súbditos lo vieran. La siguiente es una lista de algunos de los emperadores más importantes.

Augusto 27a. C. – 14d. C.

Tiberio 14-37

Calígula  37-41

Claudio I  41 – 54

Nerón 54-68

Galba 68-69

Oto 69

Vitelio 69

Vespasiano 69-79

Tito  79-81

Domiciano 81 -96

Nerva 96-98

Trajano 98- 117

Adriano 117- 138

Antonio Pío 138- 161

Marco Aurelio 161-180

Cómodo 180- 192

Pertinax 193

Didio Juliano 193

Septimio Severo 193 -211

Caracalla 211 – 217

Macrino 217-218

Elagábalo 218-222

Severo Alejandro 222 – 235

Maximino 235-238

Gordiano I 238

Gordiano II 238

Gordiano III 238 – 244

Felipe 244 – 249

Dedo 249 – 251

TrebonianoGalo 251 -253

Emiliano 253

Valeriano I 253 – 259

Galieno 259-268

Claudio II 268-270

Quintilo 270

Aureliano 270 – 275

Tácito 275 – 276

Floriano 276

Probo 276 – 282

Caro 282 – 283

Carino 283 – 285

Diocleciano 284-305

Maximiano 286-305

Constantino y Licino 307

Constantino I 324-337

Constantino II 337-340

Constancio 340 – 350

Constantius 340 – 361

Julián 361-363

Joviano 363 – 364

Valentiniano I 364-375

Valens 364-378

Graciano 378 – 383

Valentiniano II 375-392

Teodosio I 379 – 395

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DIVISIÓN DEL IMPERIO ROMANO 395 d. C. IMPERIO DE OCCIDENTE
Honorio 394 – 423

Valentiniano III 423-455

Máximo 455

Avito 455 – 456

Majorian 457 – 461

Severo 461 – 465

Antemio 467 – 472

Olibrio 472

Glicerio 473 – 474

Nepo 474 – 475

Rómulo Augústulo 475-476

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IMPERIO DE ORIENTE
Arcadio 395 – 408

Teodosio II 408 – 450

Marciano 450 – 457

Leo I 457 – 474

Zeno 474 – 491

Anastasio I 491 – 518

Justino I 518-527

Justiniano I 527 – 565

Emperador Tiberio

Emperador Claudio

Emperador Vespaciano

Emperador Trajano

Emperador Severo

Emperador Constantino II

Emperador Valentino I

Emperador Galieno

Emperador Gordiano III

Emperador Diocleciano

Dinastía Roma Antigua Familia Julio Claudio Emperadores

Dinastía Roma Antigua
Familia Julio Claudio

Sucesores de Augusto
Los cuatro primeros emperadores que sucedieron a Augusto pertenecieron a su familia y constituyeron la dinastía Julio-Claudia. Dos de ellos fueron pasablemente mediocres; en cambio los otros dos fueron vulgares degenerados. Si con ellos el Imperio no llegó al derrumbe, se debió en parte al estupendo impulso inicial que le dio su fundador.
Felizmente las dos dinastías siguientes, los Flavios y los Antoninos, fueron magníficas y con ellas el imperio romano vivió su época más gloriosa. De esta manera en el trono de Augusto, que se mantuvo durante más de 500 años, se sentaron los más virtuosos gobernantes y también execrables asesinos.

LOS JULIO-CLAUDIOS
Tiberio (año 14 a 37)
Antes de fallecer Augusto designó como sucesor a su hijastro Tiberio, aunque no tenía ningún derecho para hacerlo. El Senado respetó su voluntad y así el Imperio se convirtió en hereditario.

Tiberio fue un príncipe honesto y laborioso, pero de carácter sombrío y desconfiado. Fue un correcto administrador, siguiendo el ejemplo de Augusto, pero en sus últimos años, amargado por la desconfianza, se volvió cruel y tiránico: se retiró a Capri, frente a Nápoles, y desde su encierro gobernó con excesiva dureza. Por ello alrededor de su memoria se ha tejido una exagerada leyenda de crueldad y de sadismo. Durante su reinado tuvo lugar en Jerusalén la muerte y resurrección de Jesucristo.

Calígula (año 37 a 41)
Sobrino de Tiberio, fue aceptado por el Senado por sus buenas disposiciones. Pero al poco tiempo se volvió loco y cometió los mayores desatinos: se proclamó dios, hermano gemelo de Júpiter, y gastó todo el tesoro del Estado en extravagancias. Luego, para conseguir dinero, acusaba de traidores y condenaba a muerte a los hombres más ricos de Roma.
Los oficiales de su guardia, hartos de sus locuras, lo asesinaron.

Claudio (año 41 a 54)
Los mismos que mataron a Calígula proclamaron emperador a su tío Claudio. Así comenzó esta costumbre, que sería funesta para el I Imperio.I Claudio era de escasa inteligencia, excesivamente tímido y muy débil í de carácter. Pero tenía muy buena voluntad, de modo que continuó la iacertada administración de Tiberio e incluso realizó numerosas obras públicas, principalmente puentes y acueductos.

Con todo, más que Claudio gobernaban el Imperio las personas que lo rodeaban y sobre todo sus sucesivas esposas. La cuarta de ellas, Agripina, lo envenenó para asegurar el trono a su hijo Nerón.

Nerón (año 54 a 68)
Al morir Claudio el trono pertenecía a su hijo Británico, pero la Guardia Pretoriana, pagada por Agripina, proclamó a Nerón, joven de 17 años y adornado de bellas cualidades.

Durante los primeros años, y mientras tuvo a su lado a su maestro, el filósofo español Séneca, fue un discreto gobernante.
Luego, mal aconsejado, dio rienda suelta a sus perversos instintos y Roma presenció las escenas más crueles de su historia: hizo asesinar a su propia madre, a su esposa, a su maestro y a cuantos sospechaba que no le eran adictos, sobrepasando en mucho los crímenes del loco Calígula.

Como creía tener muy buena voz y era muy aficionado al teatro, abandonó el gobierno a sus amigos y durante dos años recorrió Grecia comprando aplausos y derrochando los tesoros del imperio en locuras y extravagancias. Vuelto a Roma, al poco tiempo un terrible incendio destruyó gran parte de la ciudad. El pueblo intuyó que Nerón había provocado el desastre para reedificar la capital y considerarse luego como su fundador: entonces e! emperador echó la culpa a los Cristianos y comenzó – contra ellos una terrible persecución.

Tantos escándalos provocaron el levantamiento de todas las legiones en las fronteras del ejército de España comenzó proclamando emperador al general Galba. El Senado aprobó la rebelión y destituyó al tirano, condenándolo a muerte. Nerón abandonado de todos sus antiguos amigos, se hizo matar por un esclavo. Con su desaparición concluyó el reinado de los parientes de Augusto: de inmediato comenzó un breve período de anarquía que hizo que Roma conociera cinco emperadores en un año.

Anarquía palaciega (año 69)
El nuevo soberano Galba, excesivamente económico, no fue del agrado de la Guardia, la que lo asesinó, proclamando luego a su jefe Otón. Pero desconformes las legiones de la Galia impusieron a su general Viteüo, quien gobernó contados días. Poco después los ejércitos de Oriente proclamaron a su jefe, el general Vespasiano, quien tras prolongadas luchas logró finalmente asegurarse el trono. Así concluyó la peligrosa’ anarquía militar: el imperio pasó a manos más capaces, que le darían’ casi dos siglos de gloria.

Fuente Consultada: Historia 1° Alfredo Drago

Dinastía Los Flavios y Sus Emperadores

Dinastía Los Flavios y Sus Emperadores

LOS FLAVIOS
Esta nueva dinastía produjo tres buenos emperadores que repararon las locuras de sus antecesores y prepararon la llegada del siglo de oro de! imperio romano.

Vespasiano (año 69 a 79)

Era de familia humilde pero estaba adornado con las más brillantes cualidades.

Prudente y justo, de costumbres sencillas y muy laborioso, cortó desde un principio los despilfarras inútiles: entre otras cosas suprimió los repartos gratuitos de comida al pueblo, y dedicó especial cuidado a la recaudación de los impuestos. Su excesiva economía le dio fama de tacaño; y se la merecía.

Con todo, realizó grandes obras públicas: a él se debe el maravilloso Anfiteatro Flavio, llamado «Coliseo», cuyas imponentes ruinas son universalmente famosas.

Emprendió varias campañas contra los germanos, y mandó a su hijo Tito a sofocar la rebelión de los judíos que concluyó con la destrucción de Jerusalén.

titoTito (año 79 a 81)
Por su bondad y rectitud fue llamado «Delicia del género humano»: durante su gobierno no debió dictar ni una sola sentencia de muerte.

Lamentablemente, en su reinado grandes catástrofes conmovieron el imperio: una terrible erupción del Vesubio sepultó en cenizas a Pompeya y otros pueblos de la Campania, y una implacable peste se declaró en toda Italia. Tito fue una de sus víctimas.

Domiciano (año 81 a 96)

Hermano de Tito, fue otro de los mejores administradores del Imperio. Amante de la justicia y de costumbres excesivamente austeras, se enemistó al poco tiempo con el Senado y con la aristocracia romana, disgustada por los impuestos.

Su exagerado rigor y la mala suerte que le acompañó en algunas expediciones militares, le ganaron la antipatía general, y también el injusto odio de los historiadores de su época. Terminó siendo asesinado por un oficial de su guardia.

Emperadores Romanos Dinastia Antoninos Resumen

Emperadores Romanos Dinastía Antoninos

LOS ANTONINOS
A la muerte de Domiciano pareció que el Senado, que nunca había visto con buenos ojos la sucesión hereditaria al trono, recuperaba su derecho, pues de inmediato proclamó emperador a uno de sus miembros más prestigiosos, Nerva.

El nuevo soberano introdujo entonces una costumbre que sus sucesores mantuvieron: declarar hijo adoptivo y heredero del trono al hombre más capacitado del Imperio, en vez de un miembro de la propia familia. Así se impedía la llegada al poder de algún príncipe indigno, como también el entremetimiento de la Guardia Pretoriana, e incluso, la guerra civil.

Con esta acertada medida, comenzó la «Edad de Oro» del Imperio Romano, la cual concluyó cuando el último soberano de esta dinastía interrumpió tan sabia tradición.

Trajano (98 a 117)
Emperadores Romanos Dinastia Antoninos Nerva había asociado al trono al más brillante de los generales romanos, jefe de los ejércitos del Rin, convertido luego en el más noble de todos los emperadores.

Trajano había nacido en España, cerca de Sevilla y estaba adornado de singulares cualidades. Fue un perfecto administrador, y al mismo tiempo un gran constructor que embelleció a Roma con magníficos edificios, principalmente con el incomparable Foro Romano, cuyas ruinas aún maravillan.

Fue igualmente un famoso conquistador: sometió a los Dados, al norte del Danubio, y se apoderó de su territorio, la actual Rumania, convirtiéndola en provincia romana. Pero sus mejores conquistas las realizó en Oriente; allí se apoderó de la Mesopotamiaa, fijando las fronteras del Imperio en el río Eufrates.

Luego proyectó relacionarse con la India y la China, pero no pudo hacerlo por la infranqueable muralla que era el reino Parto. Con estas grandiosas conquistas, el Imperio alcanzó su máxima extensión que ninguno de los sucesores de Trajano pudo sobrepasar.

Adriano (117 a 137)
Español también de origen, no fue tan afamado guerrero como Trajano, pero lo igualó como administrador y propulsor de la prosperidad general. Fue posiblemente el más culto de los emperadores romanos: enamorado de la cultura griega, protegió las artes y las ciencias y embelleció las grandes ciudades del Imperio.

En Roma, entre muchas otras obras aun se admiran la «Villa Adriana», reproducción de las maravillas que había visto en sus 12 años de viajes por todas las provincias, y su grandioso «Mausoleo», conocido hoy como Castillo Sant Ángelo. Preocupado por la administración de la justicia, realizó una de sus obras más meritorias: ordenó la recopilación de todas las leyes romanas dictadas hasta entonces, formando así el «Edicto Perpetuo», base, de la legislación del mundo occidental por más de 500 años.

Antonino Pío (138 a 161)
Nacido en las Galias, ha sido considerado como el más querido de todos los emperadores. Hombre de espíritu superior, fue justo sin ser severo, y bondadoso sin caer en la debilidad.

Su principal preocupación fue procurar la felicidad de todos sus vasallos y de que la justicia no sufriera mengua: protegió inclusive a los cristianos y prohibió que se los persiguiera.

Durante su reinado no hubo ni una sola guerra ni revuelta, reinando la paz más absoluta. El pueblo premió su bondad llamándolo «Pío» (el Piadoso).

Marco Aurelio (161 a 180)
Militar de origen español, sumamente culto y virtuoso, dedicó su vida al estudio y a la práctica de la filosofía estoica.

Aunque era de carácter bondadoso, debió sin embargo pasar todo su reinado guerreando con sus vecinos, envidiosos de la prosperidad romana y que, abusando de la pasividad de los últimos soberanos, asaltaban las fronteras: los partos en el Oriente y los germanos entre el Rin y el Danubio. Y fue aquí en Viena, en donde murió víctima de la peste.

Marco Aurelio fue el último de los «Magníficos Emperadores».

Cómodo (180 a 193)
El gran error de Marco Aurelio fue nombrar a su hijo como sucesor, en lugar de continuar la tradición de sus antecesores. Y con ello asestó un golpe mortal a la prosperidad del imperio.

Cómodo Emperador de Roma Emperadores Romanos Familia Julio ClaudiosEl nuevo soberano era un jovenzuelo de 19 años, lleno de brutales instintos, vanidoso y cruel, y para colmo, aficionado en extremo a los juegos del circo. Desde un comienzo abandonó las brillantes campañas emprendidas por su padre, y las fronteras empezaron entonces a ceder por todas partes.

Sus crímenes y locuras recordaban los de Nerón y Calígula: más que emperador, Cómodo fue. un envanecido gladiador, preocupado sólo en demostrar su fuerza bruta. Finalmente, harto de sus abusos y crímenes, fue estrangulado por otro gladiador contendiente suyo.

Con este estrafalario personaje, concluyó la época más brillante del Imperio. Jamás Roma volverá a vivir momentos más gloriosos n: podrá enorgullecerse de ser gobernada por mejores hombres: ante ella se abre su último capítulo, el de su decadencia y desaparición.