Caballeros Edad Media

Historia del Uso del Guante a Través del Tiempo Significado

Historia del Uso del Guante
Significado: «Arrojar el Guante»

Cuenta una leyenda griega que mientras Afrodita, diosa del amor y la belleza, perseguía en los bosques al hermoso mancebo Adonis, se lastimó las manos con unas espinas. Las Gracias, tres divinidades secundarias de quienes los antiguos esperaban toda clase de prosperidad, en cuanto oyeron sus lamentos acudieron presurosas y, para evitar que ese percance se repitiera, tuvieron la idea de unir unas tiras delgadas y livianas que adaptaron a las preciosas manos de la diosa.

Si diéramos fe a esta leyenda, podríamos suponer que las Gracias fueron las inventoras del guante. Sin embargo, se ha comprobado que, mucho antes que los griegos, los habitantes del Norte, expuestos a los grandes fríos, tuvieron necesidad de proteger sus manos contra los rigores de la nieve, el hielo y los vientos polares.

El célebre general e historiador ateniense Jenofonte afirmó que los persas, después de cubrirse durante el invierno la cabeza y los pies, optaron por usar mitones (un guante sin cerrar en los extremos de los dedos) . Estos accesorios estaban muy difundidos entre otros pueblos de Asia Menor, y tanto etruscos como egipcios conocían su uso desde antiguo. Pero entre los habitantes del Nilo, los guantes tenían un carácter especial: se los consideraba atributos del faraón, a quien se suponía de origen divino.

En los pugilatos, los romanos empleaban un tipo de guantes que pueden considerarse, con razón, como los predecesores de los actuales guantes de boxeo. Eran una especie de manoplas armadas con correas llamadas cestos, que tenían en su interior laminillas de plomo para que los golpes resultaran más enérgicos.

En el siglo IV, para los caballeros el guante era un objeto de lujo, un símbolo de elegancia y un distintivo de casta. Durante la Edad Media, la armadura de los hidalgos incluía manoplas de acero; pero con el refinamiento de las costumbres, las manoplas aceradas se transformaron en guantes de terciopelo muy fino, a veces adornados con perlas y piedras preciosas. Sin embargo, la tradición y la etiqueta no permitían el uso de guantes a las damas. Además, eran un símbolo de la investidura feudal, un testimonio de ennoblecimiento otorgado por un emperador o un rey.

historia del guante

Guante metálico de protección en los caballeros medievales

Entregar guantes a un hombre era lo mismo que confiarle una misión, conferirle un poder, ponerlo en posesión de un bien preciado. En el Ciclo de la Mesa Redonda y en algún texto del siglo XII, como La Canción de Rolando, el guante desempeñó un gran papel. Menciona este último documento que, para dispensarle confianza a una persona, le entregaban el guante y el bastón.

Hacia el siglo IX, cuando las mujeres empezaron a llevar guantes, los guanteros emplearon diversos materiales para confeccionarlos y les dieron curiosas formas. Se sabe que en su realización se usaron toda clase de pieles, badanas y telas, tales como gamuza, conejo, cordero, cabritilla, marta, nutria, perro, lobo, zorro, gato, liebre, ciervo y búfalo.

Hasta los engalanaron con encajes, botones y delicadas armas. En algunas cuentas de gastos se hace mención de los guantes. Se lee que los de mujer iban adornados con cintas o trencillas de colores y que algunos llevaban un rosetón en el dorso. Es interesante hacer notar que en la antigüedad los guantes femeninos estaban profusamente adornados con botones se ha tenido notivcia de unos guantes de piel de perro que llevaban veinticuatro botones de oro y se ajustaban a la muñeca con cuatro botones de perlas.

Durante largo tiempo, los guantes fueron prenda de caballeros, y hasta los de terciopelo adornados con piedras preciosas estaban prohibidos a las mujeres.Los nobles y los ricos llevaban guantes que alcanzaban precios fabulosos; a menudo estaban adornados con escudos de armas.

Un solo guante confeccionado con piel de búfalo o de ciervo y con botones de oro, reforzado alrededor de la muñeca con cuero más resistente, era la insignia de los halconeros que acompañaban a los señores durante las grandes cacerías. En los siglos XII y XIII, Italia, Francia y España rivalizaban en la industria del guante. Los guanteros no tardaron en llegar a ser perfumistas y los guantes perfumados estuvieron en boga durante mucho tiempo. En España se perfumaban con aceite de jazmín, ámbar, aceite de cedro, azahar y rosa.

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Arrojar el guante al rostro de un hombre era una grave injuria que sólo podía ser lavada con sangre.

Parece que el antecedente de la práctica de “arrojar el guante” como señal de desafío y la de “recoger el guante” como aceptación del reto, entre los hidalgos y caballeros de pasadas épocas, está basado en una leyenda que cuenta que, con el propósito de probar el amor de su pretendiente, una dama dejó caer en aparente descuido su guante en la jaula de los leones, ante la mirada de los caballeros y damas presentes. En osada acción, don Manuel de León recogió el guante y, al entregarlo a su dueña, le dio un bofetón en el rostro para que “otro día, por un guante desastrado, no pongáis en riesgo de honra a tanto buen fijodalgo”. La dama, vencida, le ofreció su mano por su valentía.

         Los guantes venecianos fueron célebres, pero Venecia también los importaba de Oriente y estaban adornados con gemas. Los guantes del Dux deslumhraban con sus zafiros, sus rubíes o sus esmeraldas, y lucían hermosos dibujos inspirados en los encajes venecianos y en la riqueza oriental que había heredado Venecia.

Catalina de Médicis, María Estuardo y la reina Isabel dieron mucha importancia al lujo de sus guantes. Entre los hombres, la idea del reto se asociaba siempre al acto de arrojar el guante, pero ese gesto podía significar también protesta contra una condena injusta. Conrado de Hohenstaufen, al subir al cadalso, arrojó su guante a la muchedumbre. Se cuenta que fue recogido por Juan de Procida, promotor de las Vísperas Sicilianas.

La costumbre de no tender nunca la mano enguantada deriva, tal vez, de que otrora se emplearon guantes como medio para desembarazarse de algún enemigo o rival. Se untaban externamente con un poderoso veneno que, al penetrar en los poros de la mano tendida, producía la muerte a la confiada víctima. Pero, entre auténticos amigos, los guantes no se retiraban nunca.

En la Edad Media no se permitía que una persona permaneciera enguantada en presencia de un superior. Se cuenta que un clérigo penetró en el templo con los guantes puestos y sólo pudo quitárselos después de muchos días de oración, pues parecían pegados a su dedos, como castigo.
En las miniaturas de los siglos XIV y XV se ven personajes con los guantes en la mano.

El uso del guante alcanzó su apogeo a fines de la Edad Media. Los llamados guantes litúrgicos constituían parte de los ornamentos que se entregaban al nuevo obispo en el momento de su consagración. Los guantes litúrgicos comenzaron a usarse antes del siglo XII, y llevaban en el dorso un bordado de oro que representaba una cruz, un cordero pascual, un monograma o cualquier otro símbolo relacionado con el culto.

En la actualidad, los guanteros fabrican algunos guantes extravagantes, pero sin mayor éxito, porque el público prefiere prendas sencillas y elegantes al mismo tiempo. Mas se da mucha importancia a la calidad de las pieles empleadas y al corte, y la fabricación está sometida a normas fijas que son las mismas en el mundo entero.

Las pieles sin curtir se apelambran sometiéndolas a un tratamiento especial con una mezcla de hidrato de calcio. Seguidamente se las deja descansar; luego se procede a seleccionarlas, apartando las más finas para la confección de guantes de mayor precio, tras lo cual las pieles pasan a la tintorería; allí comienza la verdadera elaboración, con sus tres operaciones: curtido, corte y recortado final.

Las pieles, que ya han sido cortadas según los moldes de las diferentes partes de la mano, son unidas y cosidas a máquina o a mano. Luego vienen el planchado y el lustrado. El primero se realiza por medio de un cilindro que se hace rodar sobre el guante o con planchas eléctricas especiales. El lustrado se obtiene con rollos de madera cubiertos de fieltro, que se hacen deslizar velozmente sobre el cuero.

En la actualidad, los guantes no se fabrican solamente con cuero. Las damas elegantes, en reuniones de gran gala, lucen maravillosas creaciones confeccionadas con la misma tela de sus vestidos; estos guantes de fiesta son generalmente largos, cubren el antebrazo y hasta parte del brazo, y lucen recamados con hilos dorados y piedras de fantasía.

En estas ocasiones también se usan guantes de encaje que constituyen, como los anteriores, un accesorio muy importante del atavío femenino. Pero estas prendas no tienen sólo la misión de realzar la elegancia de un traje de fiesta; en los días fríos, o para practicar deportes de invierno, se usan guantes de lana o de cuero forrados con piel.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Historia del Guante –

Historia del Cid Campeador Biografía de Rodrigo Díaz de Vivar

Historia del Cid Campeador
Biografía de Rodrigo Díaz de Vivar

Rodrigo Díaz de Vivar fue el guerrero castellano medieval que pasó a ser conocido por la historiografía, la literatura y la leyenda como El Cid, o también como El Cid Campeador. Gran caballero castellano. Símbolo de la hidalguía, de la valentía heroica y caballeresca. Dotado de un profundo sentimiento cristiano-español. Protagonista de la mejor poesía épica castellana con vigencia inclusive hasta fines del período romántico.

Inspirador de incontables poemas, obras dramáticas, historias, ensayos, crónicas…  Sirvió a los reyes cristianos Sancho II y Alfonso VI, pero también al rey taifa musulmán de Zaragoza. Impidió la expansión almorávide hacia Aragón y Cataluña conquistando y dominando Valencia. El Cantar de mío Cid, del que es su protagonista, escrito probablemente hacia 1207, es el paradigma de la épica castellana medieval.

Durante siglos se creyó que el Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, fue un personaje «inventado» por poetas juglares para protagonizar gestas admirables en la historia de Castilla. ¿Por qué tal creencia? Seguramente porque el primer testimonio que se tuvo del Cid fue el llamado Cantar o Poema de Mío Cid, escrito hacia el año 1140 y conservado en copia realizada —1307 — por un tal Per Abat, en códice encontrado y publicado — 1779— por don Tomás Antonio Sánchez. ¿Cómo pensar que el héroe casi fabuloso de un poema pudiera tener vivencias de la máxima realidad?. Pues indiscutiblemente las tuvo.

Vivió y fue un gran caballero y guerrero castellano, según fueron atestiguando importantes documentos : la Gesta Roderici Campidocti, conservada en la Real Academia de la Historia; las Crónicas del «Tudense» y del arzobispo don Rodrigo; los Anales Compostelanos, y, sobre todo, como paradoja sensacional, los testimonios de los cronistas árabes de la época, todos ellos ordenados por don José Antonio Conde en su Historia de los árabes en España.

Por supuesto, tanto Ben Bassam como Bel Alcama, igual Ben Alcardabús que Al Maccarí, si bien testimoniaron, indubitables, la existencia del Cid, no le atribuyeron las grandes virtudes del guerrero castellano, sino las crueldades y piraterías «de todos los perros cristianos». Admitida ya, irrefutablemente la existencia histórica de Rodrigo Díaz de Vivar, a quien precisamente los cronistas árabes dieron el nombre de sayyid o sidi, señor de las batallas, es necesario sólo, para referirse a su existencia real, separar de ésta lo que fue fabulario añadido por la tradición, por las obras poéticas, es decir, como quien quita de una fruta la cáscara incomible….

rodrigo díaz vivar

Estatua ecuestre del Cid, obra de Juan Cristóbal Burgos. —Estatua ecuestre de indiscutible rango artístico. El escultor ha conseguido una figuración del Cid en neta consonancia con los Cantares de Gesta, con las Crónicas, hasta con los relatos legendarios. Rodrigo  Díaz de Vivar fue guerrero atlante, indomable, audaz, cuyas hazañas se convirtieron en sonoros versos poéticos. Quizás intentando servir más al simbolismo épico que a la realidad cotidiana, al gran escultor contemporáneo y granadino Juan Cristóbal… «se le fue la mano» alargando las barbas y el bigotazo, ensombreciendo el ceño muy cejudo, descomunalizando el espadón.

ESTA ES LA HISTORIA… Movidos por el fanatismo religioso y la avidez del botín, no satisfechos con la conquista de Siria, Palestina, Egipto y el norte de África, los árabes invadieron España, en el año 711, destruyeron el reino de los visigodos y se establecieron en la península. Eran grandes cultores de las artes, la agricultura no tenía secretos para ellos, fueron tenaces colonizadores y supieron mantener unidas todas las poblaciones ibéricas, sobre todo las meridionales.

Cuando la dinastía de los Abasidas sucedió a la de los Ommíadas (u Omeyas), la capital de la metrópoli fue trasladada de Damasco a Bagdad, y los árabes de España, cuyo poder se debía al último Ommíada, fundaron el califato de Córdoba. Se consideraron emancipados del poder central y fundaron califatos   independientes.

Esa división y las discordias surgidas entre los califas fueron aprovechadas por la nobleza española, que inició la reconquista del territorio sometido al dominio de los árabes.

A fines del siglo XI, los reinos de Aragón, León, Castilla y Navarra, estaban en poder de los españoles. Sin embargo, la situación política no estaba muy definida. Del lado árabe, los califas socavaban sus propias conquistas con discordias internas. En cuanto a los españoles, la ambición de algunos señores, ávidos de poder y de riquezas, había alcanzado tal extremo que no titubeaban en aliarse con el enemigo común.

El pueblo ibérico, pese a su anhelo de libertad y al deseo de ser gobernado por soberanos españoles y católicos, no estaba preparado para reaccionar en todo momento contra el extranjero. La reconquista de la península se llevó a cabo mucho más tarde, a fines del siglo XV, por obra de Fernando e Isabel, reyes de Aragón y Castilla.

El triunfo definitivo fue preparado y consolidado por hombres que, en la confusa situación política de entonces, no desistieron de la idea de ganar aquellas tierras para la fe católica y sus soberanos, sin pensar en ventajas personales.

España pasaba por uno de los momentos más difíciles de la reconquista, cuando el Cid, ejemplar y valeroso hidalgo, acometió la empresa de consolidar la incierta situación, y fortalecer, en el soberano y en el pueblo, la voluntad de una patria libre y unida bajo la misma fe religiosa y el mismo cetro.

Es justo, pues, que sus hazañas fueran transmitidas a la posteridad y cantadas por los poetas, quienes hicieron del héroe el símbolo de la cruzada española contra los infieles.

Muchos siglos pasaron. A las escasas noticias históricas de su vida, consignadas en las crónicas latinas de sus contemporáneos, la leyenda ha añadido, con seguridad, buen número de episodios.

Rodrigo Díaz nació tal vez en Vivar, en el año 1043. Pertenecía a familia hidalga y estuvo, en su primera juventud, al servicio de Fernando I, rey de Castilla y Aragón (1033-1065). En esa época parece haber tenido lugar su duelo con el padre de Jimena Gormaz, con quien casó poco después. Tales son, al menos, los hechos que se relatan en la obra de un autor anónimo: Las mocedades del Cid.

En ese cantar se narra que el Cid había matado, en duelo, al conde Gómez Gormaz, que pertenecía al círculo del rey Fernando I; que luego, Jimena, la hija del conde, casó con el matador de su padre, pero que el Cid decidió no reunirse con su joven esposa hasta tanto no hubiera vencido en cinco empresas guerreras.

El episodio, real o imaginario, inspiró al dramaturgo español, Guillen de Castro (1567-1630), una magnífica obra de teatro, que llevó el mismo título del cantar. En ella se inspiró Corneille, uno de los más grandes escritores franceses, para su drama El Cid.

Rodrigo gozó siempre de la plena confianza del rey Fernando. Este dispuso, antes de morir, que su reino fuera dividido entre sus tres hijos y que el Cid estuviera al servicio del mayor, Sancho, rey de Castilla. El deber del vasallo era la fidelidad al soberano y la obediencia absoluta a sus órdenes. No podemos, pues, juzgar culpable la conducta de Rodrigo Díaz, que ayudó a su señor en la lucha contra los suyos. Don Sancho, olvidando la postrera voluntad de su padre, arrebató Galicia y León a sus hermanos y asedió la ciudad de Zamora, que correspondía a su hermana Urraca.

Exilado por Alfonso VI, a raíz de intrigas cortesanas, el Cid se preparó para combatir a los moros. Se despide de su esposa y de sus hijas en el Monasterio de Cárdena. En 1094 el Cid conquistó Valencia y se mostró generoso con los vencidos. Del rey moro le ofrece obediencia y sumisión.

Probablemente, estando en la corte de Sancho, Rodrigo recibió el apodo de Campeador (guerrero) por haber vencido en duelo a un caballero navarro.

En aquellos tiempos, el título de Campeador, prueba de valor guerrero, era más ambicionado que cualquier otra distinción motivada por la sabiduría o la ciencia. Mas llegó para Sancho el momento de la expiación y, al pie de las murallas de Zamora, recibió muerte de mano del traidor Bellido Dolfos.

El Campeador, cumpliendo con el deseo de Sancho,arrepentido en su último momento, se puso a las órdenes del segundo hijo  de Fernando I, Alfonso, quien, en el año 1072, reinó sobre León y Castilla con el nombre de Alfonso VI.

Según refiere la tradición, Rodrigo exigió, antes de prestar juramento de fidelidad a su nuevo señor, que éste declarara no haber tenido parte alguna en la muerte de Sancho. El episodio aparece relatado en las crónicas con acentos dramáticos. Después del solemne juramento de Alfonso en la Catedral de Burgos, Rodrigo exclamó: «Si juráis en falso, Dios permita que seáis asesinado por un traidor que sea uno de vuestros vasallos, así como Bellidos Dolfos era vasallo de don Sancho, mi señor.»

En la corte de Alfonso VI, Rodrigo Díaz no gozó del afecto y de la estima que merecía. El monarca prestaba con facilidad oídos a las calumnias de los envidiosos. En 1081 se lo acusó de haber guardado para sí parte de los tributos que el califa de Granada debía a su soberano. Condenado al destierro, salió de Castilla en compañía de algunos parientes y amigos fieles, y llevó una vida errante, más allá de las fronteras. Aquí comienza el período más heroico de la vida del Campeador que bien mereció el nombre de «héroe de la reconquista».

Sin rencor hacia su soberano, y reconociéndolo siempre como tal, el Cid, a la cabeza de sus modestas fuerzas, luchó sin cuartel contra los árabes, más conocidos con el nombre de «moros», que habían invadido el sur de la península ibérica.

Con fuerzas numerosas y aguerridas, mandados por miembros de la belicosa dinastía de los Almorávides, los musulmanes pusieron en serio peligro al reino de Alfonso VI quien, sin la ayuda del Campeador, difícilmente hubiera podido hacerles frente.

Rodrigo no abandona a su soberano, se transforma en el defensor del reino, derrota a los moros, y recibe la honda veneración de las poblaciones españolas liberadas y hasta el respeto de los propios enemigos.

La causa de Castilla se hermanaba y confundía con la del cristianismo ibérico. Amigos y adversarios empezaron a llamarlo Cid (del árabe sidi = señor), y su fama quedó consolidada cuando, en el año 1094, conquistó Valencia y todo el territorio adyacente. Esa resonante victoria le valió la benevolencia del rey Alfonso VI quien, al tomar posesión de la ciudad, le demostró su agradecimiento disponiendo que sus dos hijos, el infante Ramiro de Navarra y Raimundo, conde de Barcelona, se casaran con Cristina y María, hijas del Campeador, a quienes en el poema se dan los nombres de Doña Elvira y Doña Sol.

Más tarde, Rodrigo y sus guerreros notan que los infantes dan muestras de cobardía ante el enemigo. Los dos jóvenes, por su parte, sienten el desprecio de que son objeto y deciden un día regresar a sus tierras. Con la mezquina intención de ofender al Cid, abandonan en el bosque a sus esposas después de haberlas golpeado. El padre, ultrajado, pide justicia al rey, y los infantes deben comparecer ante las Cortes de Toledo para dar cuenta de su deleznable y cobarde actitud.

El héroe falleció en Valencia, en el año 1099. Según la tradición, sus restos descansan en el Monasterio de San Pedro, en Cárdena.

Las crónicas españolas e islámicas que narran los últimos años de la vida del Campeador, lo presentan como un guerrero leal y generoso, convencido de la nobleza de su empresa y siempre magnánimo con los vencidos.

Un poeta español, con lenguaje sencillo y tosco, nos ha dado el retrato más humano y auténtico del Cid Campeador. El cantar de mio Cid, de autor anónimo, es un poema de 3.735 versos. Sólo se conserva un manuscrito del siglo XIV, y lleva el nombre del copista, Per Abat. El poema se divide en tres partes: el exilio del Cid, la conquista de Valencia, y, finalmente, las bodas de las hijas del Campeador y la ofensa inferida por sus esposos.

En ese relato resalta, sencillo y claro, el carácter de Rodrigo Díaz de Bivar: valor, piedad religiosa, amor a la familia y fidelidad a su soberano. Esas cualidades morales, además de su aporte efectivo a la reconquista española, hacen del Cid Campeador un héroe digno de sobrevivir en el recuerdo de todos los hombres.

Para concluir, citaremos un hermoso pasaje de Las mocedades de mio Cid, de Guillen de Castro; el relato del desafío, que termina Rodrigo diciendo:

«Y mi espada mal regida
te dirá en mi brazo diestro
Que el corazón es maestro
De esta ciencia no aprendida. 

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Historia: El Cid Campeador –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Canuto I El Grande Rey de Inglaterra Biografía Resumida

BIOGRAFÍA DE CANUTO I EL GRANDE REY DE INGLATERRA

Canuto I el Grande o Canuto II nació en 994 y murió en 1035, sucedió a su padre en la corona como rey de Inglaterra (1016-1035), al morir su hermano mayor se convirtió en rey de  Dinamarca (1018-1035) y finalmente de Noruega (1028-1035). Era hijo de Sven I Barba de Horquilla, rey de los daneses, conquistó Inglaterra en 1013.

Un órgano que asesoraba a los reyes anglosajones, conocido como Witenagemot reinstauró en Inglaterra al rey Elteredo II, y Canuto se retiró. Regresó en 1015 y pronto sometió toda Inglaterra, excepto Londres. Después de la muerte de Etelredo en 1016, los londinenses nombraron rey a su hijo Edmundo II.

Canuto el Grande rey de Inglaterra

Canuto, hijo del rey danés Sven I, se convierte en rey de Inglaterra tras el fallecimiento casi consecutivo del monarca anglosajón Etelredo II y del hijo de éste, Edmundo II. Canuto reinará asimismo hasta el año de su muerte (1035) en Dinamarca y en Noruega.

ANTECEDENTES: En Inglaterra ocurrió un grave hecho en el siglo XI: la invasión de los daneses. Así fue como Canuto el Grande (1017-1035) se coronó rey de Inglaterra y Dinamarca.

Los sajones recuperaron luego el poder, pero su vinculación con Normandía derivó en la coronación de su duque, Guillermo I, como rey de Inglaterra. Es decir que, en forma simultánea, Guillermo terminó reinando sobre ingleses y normandos (1066).

Como el ducado de Normandía estaba en territorio francés, la coronación de Guillermo generó muchos conflictos entre ingleses y franceses. La situación se agravó con el casamiento de la hija de Enrique I con Godofredo de Plantagenet, conde de Anjou.

El hijo de ambos, Enrique II, terminó heredando la corona inglesa (1154), a la que además de Normandía se le sumó Anjou, también en territorio francés. En Francia, la dinastía de los Carolingios fue perdiendo poder, hasta que el último de ellos, Luis V, murió en un accidente de caza. Los señores feudales no eligieron a su hijo como nuevo rey, sino que designaron a uno de ellos, el duque de París: Hugo Capeto. En un principio, Hugo gobernaba sobre un pequeño territorio: París y Orleáns.

En el resto mandaban los señores. Pero con el tiempo, la monarquía fue extendiendo sus dominios. Con Luis VI, el gordo (1108-1137), Francia consiguió la poseción de todos los territorios del sudoeste del país. Y con Felipe Augusto (1180) logró apoderarse de Normandía y Anjou.

BIOGRAFIA: Al finalizar el siglo X, las invasiones danesas se renuevan bajo la forma de incursiones y piraterías, a las que el rey sajón Ethelredo intentó poner dique pagando pesados tributos a los invasores; pero este medio se reveló tan inútil como costoso, y, en 1013, el rey de Dinamarca, Sweyn, decidido a someter a todo el reino anglosajón, lanzó una ofensiva general; necesitó menos de un año para conseguir sus fines y obligar a Ethelredo a refugiarse en la corte del duque de Normandía.

Pero el rey danés  murió brutalmente,  y  su hijo Canuto, que lo había secundado en todas sus campañas, prefirió retirarse momentáneamente a Dinamarca, donde su hermano mayor acababa de ser  nombrado rey, con el objeto de reforzar su ejército.

En 1017, a la cabeza de tropas frescas, sólidamente armadas, volvió a hacerse a la mar y, tras una serie de victoriosas campañas, expulsó al hijo de Ethelredo del trono de Inglaterra y se hizo coronar rey; se casó casi inmediatamente con Emma, viuda entonces de Ethelredo, descartando así eventuales oposiciones a su usurpación.

La muerte de su hermano mayor lo puso a la cabeza del reino de Dinamarca, y una guerra victoriosa, dirigida diez años después contra el rey Haraldo de Noruega, le aseguró la corona de este país.

Así, Canuto el Grande reunió bajo su cetro un inmenso reino, promoviendo un notable incremento de los intercambios marítimos en el mar del Norte; pero este reino, demasiado disperso para ser sólidamente unificado y bien defendido, no debía sobrevivir a su creador.

En lo que se refiere a Inglaterra, Canuto fue un prudente administrador, conservando las costumbres y la organización que los anglosajones le habían legado, haciendo establecer los primeros códigos ingleses, consolidando el ejército y la marina, sosteniendo a los clérigos.

Solamente fue cambiado el personal dirigente, y los daneses ocuparon desde entonces todos los altos puestos, de los que se había separado a la nobleza anglosajona.

 

Enrique IV de Inglaterra Monarquia Lancaster Resumen

Monarquía de Enrique IV de Inglaterra – Lancaster – Resumen

Monarca típico de la gran crisis política inglesa conocida con el nombre de guerra de las Dos Rosas. Eduardo IV fue rey de un bando y no de una nación. Sin embargo, supo granjearse una popularidad notable entre los ciudadanos de Londres por sus modales amables (actitud política) y la protección que en todo momento prestó a los intereses mercantiles de la ciudad. Debido al carácter enconado de la guerra civil, fué severo, aunque no cruel. Como hombre del Renacimiento, implantó en Inglaterra el primer tipo de monarquía despótica que conoció aquel reino y que luego había:: de ampliar los Tudor.

Enrique IV de Inglaterra

Enrique IV (de Inglaterra) (1367-1413), rey de Inglaterra (1399-1413), de la Casa deLancaster.Enrique nació en el castillo de Bolingbroke en abril de 1367; hijo de Juan de Gante, duque de Lancaster. Desde 1387 hasta 1390 fue el jefe de la facción que se oponía a su primo el rey Ricardo

Antecedentes: Gobernaba entonces Inglaterra, Ricardo II, el sucesor de Eduardo III, que pretendía imponer su poder absoluto con eran despliegue. Se había rodeado de una guardia personal de diez mil galeses, y trataba de reducir la influencia del Parlamento. Su reinado acabó violentamente.

Enrique de Lancaster, nieto de Eduardo III, lo obligó a abdicar. El rey usurpador necesitó afirmarse en el trono; como la nobleza se le oponía, buscó apoyo en la clase burguesa, la cual exigió que la Cámara de los Comunes interviniera en forma más decisiva en el gobierno. Ya que Francia apoyaba a sus enemigos tuvo que reanudar la guerra.

ENRIQUE LANCASTER DE INGLATERRA: ENRIQUE IV

Enrique   de   Lancaster transcurrió su juventud en un ambiente de intrigas, aventuras y batallas. Hijo de Ricardo, duque de York, y de Cecilia Neville, nació en Ruán el 28 de abril de 1442, y se educó en la residencia de Ludlow, en Inglaterra, de la que tuvo que fugarse cuando, habiéndose iniciado la guerra de las Dos Rosas entre los partidarios del rey Enrique VI Lancáster y los de su padre, éste fue derrotado en Ludlow el 12 de octubre de 1459.

Compañero   de juegos de Ricardo, era en todo un hombre distinto. Político frío y cínico, será el adversario de todas las causas defendidas por su primo, como la paz de Francia y la disminución del poder parlamentario.

Ricardo, que regresó precipitadamente de Irlanda, se encontró terriblemente aislado. Previendo su pérdida, quiso negociar.

Con la promesa de indultar a los rebeldes y convocar el Parlamento, él creyó que recobraba la suerte; pero, una vez en Londres, fue encerrado en la Torre y retenido como prisionero.

Ante el Parlamento, Enrique esbozó un negro cuadro del mal gobierno del rey. Reivindicó para él la corona, siéndole reconocida por la asamblea en octubre de 1399.

Después de esto, apoyándose en una vieja tradición, pretendió ser el heredero legítimo de Enrique III Plantagenet, haciendo correr la especie de que su hijo mayor había sido apartado del trono porque era jorobado.

Por el mismo motivo, se adornó con el título de rey de Francia, al cual le daba derecho un parentesco lejano y dudoso.

Coronacion de Enrique Lancaster

Ricardo II vacila en reanudar la guerra contra Francia; además, se niega a lanzar una represión feroz contra los lollardos. Esta ausencia permanente de decisiones rebaja el prestigio de la dinastía, ha nobleza se rebela y permite al primo del rey, Enrique de Lancaster, usurpar el trono para derribar «la tiranta de Ricardo I». Este momento es el comienzo de largas querellas dinásticas que van a debilitar a Inglaterra durante varios decenios. Ricardo II entrega su corona y su reino al duque de LancasterMiniatura—París, Biblioteca Nacional.

Esperando poder reivindicar la corona francesa por las armas, necesitaba asentar su situación interior, y para eso eran necesarias grandes precauciones; las asambleas parlamentarías y los consejos de barones eran convocados sin cesar, por lo que el gobierno carecía de libertad de acción.

Para satisfacer al clero, introdujo en Inglaterra la persecución religiosa, dirigida contra los herederos de Wiclef. Sin embargo, hasta el fin de su reinado, Enrique IV tendrá que combatir la rebelión de sus subditos; el rey, privado del poder, contaba aún con numerosos partidarios, y su muerte, por inanición, no impediría la rebelión de la familia de los Percy, en el norte, y después la de Essex.

Más grave todavía fue, en el año 1400, la sublevación del país de Gales, que no se apagaría hasta nueve años después. Seguidamente, las fuerzas reales iban a agotarse luchando contra Escocia.

Después, cuando el rey, a partrr del año 1408, se siente debilitado por la enfermedad, su heredero, el futuro Enrique V, es quien se impone, aliándose con sus tíos en contra de su padre.

Sin embargo, cuando a la muerte de Enrique IV, sube al trono su hijo, se revela como un capitán notable y un hábil administrador, que, gracias a una Inglaterra pacificada, se propone cumplir los designios del primero de los soberanos Lancaster: la conquista de Francia.

De sus subditos ingleses, el rey espera el apoyo necesario para el cumplimiento de sus ambiciones territoriales. Una rebelión fomentada por los últimos partidarios de Ricardo fue sofocada con el advenimiento de Enrique.

Después de lo cual, habiendo sublevado a la opinión pública contra los franceses desleales, el rey obtiene amplios subsidios del Parlamento y consigue reunir ejército y flota.

La muerte de Enrique V, en 1422, después de haber llevado a cabo la mayor parte de su programa, iba a volver a hundir al país en los azares de una minoría de edad, comprometiendo para siempre los sueños de hegemonía francesa alimentados por los Plantagenet.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Ricardo II de Inglaterra Biografia Gobierno Resumen

Ricardo II de Inglaterra – Biografía y Gobierno – Resumen

El esfuerzo exigido de Inglaterra por Eduardo III para llevar a cabo sus proyectos en el continente, el resultado desgraciado de la primera fase de la guerra de los Cien Años, la perturbación social provocada por la invasión de la Peste Negra y, por último, la conmoción religiosa típica de la segunda mitad del siglo XIV en Inglaterra y el resto de Europa, abrieron un grave paréntesis en la historia inglesa, el cual finalizó con la instauración de la dinastía de los Lancásters.

Este período de crisis y convulsiones fue presidido por la figura del último Plantagenet: Ricardo II, nieto de Eduardo III e hijo del Príncipe Negro y de Juana de Kent (nacido el 6 de enero de 1367, en Burdeos).

Desprovisto de apoyo, violento, fantástico y orgulloso, Ricardo no era el hombre apropiado para hacer frente a los acontecimientos. No carecía de energía ni de visión política; pero estas cualidades eran anuladas por su temperamento arrebatado y pasional, ora encendido en el delirio de la ira, ora abatido en el

Después de la muerte de Eduardo III Inglaterra comenzó a experimentar la inestabilidad interna de las facciones aristocráticas, semejantes a las que estaban haciendo naufragar a otros países europeos.

Los primeros años del reinado del nieto de Eduardo, Ricardo II (1377-1399), comenzaron de manera poco propicia con la revuelta campesina que sólo terminó cuando el rey hizo concesiones.

Eduardo III de Inglaterra

Eduardo III (1312-1377), rey de Inglaterra (1327-1377), iniciador de la larga contienda con Francia denominada guerra de los Cien Años. Nació en Windsor el 13 de noviembre de 1312 y era el hijo mayor del rey Eduardo II, de la Casa de Plantagenet.

Ricardo II de Inglaterra

Creado príncipe de Gales el 20 de noviembre de 1376, heredó la corona de Inglaterra a la muerte de su abuelo Eduardo III, acaecida el 21 de junio de 1377. Tenía entonces diez años de edad. La regencia fué ejercida por un consejo nombrado por el Parlamento; pero, en realidad, quienes gobernaron — o desgobernaron — fueron los tíos del joven soberano, con el famoso Juan de Gante, duque de Lancaster, a su cabeza.

El reinado de Ricardo II se vio turbado por grupos de nobles que sólo perseguían sus propios intereses.

Una facción, encabezada por Enrique de Lancaster, derrotó a las fuerzas del rey y, luego, lo depuso y lo mató. Enrique de Lancaster se convirtió en el rey Enrique IV (1399-1413). En el siglo XV, este conflicto entre facciones condujo a una devastadora guerra civil, conocida como la Guerra de las Rosas.

RICARDO II DE  INGLATERRA: En 1386, el rey Ricardo II era un joven voluntarioso, pero no aparecía todavía en él una idea política muy clara.

Mientras que en Francia, en la misma época, los príncipes de sangre real disputaban al rey, demasiado débil, la supremacía del país, en Inglaterra los barones se levantaban frente a un soberano todavía indeciso.

La primera fase de la lucha marcará la victoria de los señores sobre Ricardo II, inhábil y mal secundado.

Ricardo II de Inglaterra

Ricardo II (1367-1400), rey de Inglaterra (1377-1399), cuyo reinado estuvo marcado por la desunión del país y la guerra civil. Era el hijo menor de Eduardo, príncipe de Gales (conocido como el Príncipe Negro) y de Juana, llamada la ‘Hermosa Dama de Kent’. Nació el 6 de enero de 1367 en Burdeos (Francia). Fue nombrado príncipe de Gales en el año 1376, a la muerte de su padre, y puesto bajo la custodia de su tío Juan de Gante, duque de Lancaster.

La nobleza, compuesta de prelados, del tío del rey, Tomás de Gloucester y de su primo Enrique de Lancaster, se enfrentará con algunos jóvenes aristócratas, compañeros de juegos del soberano.

El Parlamento, favorable al partido de la nobleza, impondrá al rey la tutela de un comité de señores; habiendo intentado Ricardo resistirse, Gloucester habló de deponerlo.

Un simulacro de guerra civil terminó con el exilio de todos los favoritos, quedando los puestos importantes en manos de los barones.

Ricardo decidió inclinar la cabeza bajo la tormenta, esperando que las discusiones interiores enfrentasen a los aliados.

Con ocasión de las negociaciones de la tregua de Leulinghen, el rey consiguió sacudirse el dominio de los varones; las ambiciones demasiado grandes de éstos amenazaban con hacer fracasar toda reconciliación, y Ricardo II quería la paz a cualquier precio.

Como su esposa, Ana de Bohemia, a la que amaba tiernamente, acababa de fallecer, el rey pedía la mano de la hija de Carlos VI, la pequeña princesa Isabel, que tenía apenas cinco años.

Ricardo dirigió una expedición militar a Irlanda con el fin de restaurar la soberanía inglesa sobre esa isla, en 1394. La reina Ana murió en ese mismo año. En 1396 se firmó la alianza matrimonial entre Ricardo e Isabel, princesa de Francia. Ricardo arrestó al Duque de Gloucester en 1397 y lo mantuvo prisionero en Calais, donde murió, probablemente asesinado.

En el año 1396, al ser prorrogadas las treguas por veintisiete años, tuvo lugar  la entrevista de Carlos y de Ricardo.

Espléndidas fiestas realzaron esta reconciliación, y el rey de Inglaterra se hizo, en toda Europa, el campeón de Francia. Desgraciadamente, en su país nadie aprobaba la política del soberano.

No obstante, la dote de Isabel había llenado los cofres reales y Ricardo podía vislumbrar un espléndido desquite sobre los que le habían humillado tanto algunos años antes.

En julio de 1397, los principales jefes de la nobleza hostil fueron detenidos, exiliados o muertos: entre ellos, Gloucester, que fue asesinado en Calais.

El rey exigió de todos sus subditos un juramento solemne e impuso pesadas multas a los condes que habían sostenido a sus rivales. Sin embargo, cometió el error de castigar duramente a su primo Enrique de Lancaster, exiliándole y apoderándose, al mismo tiempo, de su enorme herencia.

En 1399, partió para castigar a los amotinados irlandeses. Lancaster aprovechó esta ausencia para desembarcar con un puñado de partidarios, proclamando que deseaba únicamente entrar en posesión de su herencia. Todo el mundo se unió a su causa.

La de Ricardo II estaba perdida. Ricardo fue confinado, en secreto, en el castillo de Pontefract, lugar en que murió, en febrero de 1400 de inanición o asesinado.

Durante su gobierno los movimientos sociales perturban también a Inglaterra. La guerra se iba haciendo demasiado larga y costosa. Las clases económicamente débiles no encontraban apoyo en el Parlamento.

Sus miembros representaban a los privilegiados, y sólo sabían aumentar los impuestos.

Un violento estallido se produce al fin: cien mil campesinos avanzan sobre Londres entregados al saqueo. El ejército termina con esta rebelión. Todo fracasa.

movimiento campesino Tyler en Inglaterra

Inglaterra tampoco se libra de las luchas internas. El hijo del Príncipe Negro, Ricardo II, choca desde el comienzo de su reinado con una terrible revuelta, «la rebelión de los Braceros», dirigida en Londres por Wat Tyler. Varios miles de campesinos sublevados ponen sitio a Londres y consiguen, incluso, penetrar por sorpresa en la ciudad. El rey, que había podido huir por el Támesis, tuvo que aceptar verbalmente numerosas concesiones para disolver aquel ejército de rebeldes. La represión fue muy dura. Tyler murió a manos del alcalde de Londres, William Walwath.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Batalla de Agincourt en la Guerra de los Cien Años

Batalla de Agincourt en la Guerra de los Cien Años

La famosa Batalla de Agincourt o Batalla de Azincourt, fue un importante encuentro bélico-militar  durante la guerra de los Cien Años, el 25 de octubre 1415, entre un ejército inglés bajo el mando del rey Enrique V y otro francés bajo las órdenes de Carlos D’Albret, Condestable de Francia.

Batalla de Agincourt en la Guerra de Los 100 Años.En el momento del encuentro, el ejército de Enrique V, debilitado por la enfermedad y por el hambre, retrocedía hacia Calais, donde el rey planeaba embarcarse para Inglaterra. El ejército inglés, formado por unos 6.000 hombres, la mayor parte de los cuales eran arqueros ligeramente equipados, fue interceptado por D’Albret, cuyo ejército de unos 25.000 soldados constaba principalmente de caballería pesada y de infantería.

Durante la Guerra de los Cien Años, ,luego del Tratado de Brétigny, que casi no se cumplió en 1374 los franceses recuperaron sus territorios perdidos, aunque la propia Francia continuó siendo asolada por «compañías libres» de mercenarios quienes, al no ser ya pagados por los ingleses, sencillamente se dedicaron al pillaje y a pedir rescates.

Sin embargo, a medida que transcurría el tiempo, parecía que la guerra llegaba a su fin, sobre todo cuando, en 1396, se negoció una tregua de veinte años. Sin embargo, en 1415 el rey inglés Enrique V (1413-1422) reinició la guerra.

En la Batalla de Agincourt (1415), los franceses sufrieron una desastrosa derrota y 1500 nobles franceses murieron cuando los caballeros franceses con sus pesadas armaduras metálicas trataron de embestir a través de un terreno convertido en lodazal a causa de una tupida lluvia. Enrique reconquistó Normandía y forjó una alianza con el duque de Burgundia, que convertía a los ingleses en dueños del norte de Francia.

La aparente causa perdida francesa pasó a manos de Carlos el delfín (título dado al heredero del trono francés), que gobernaba las dos terceras partes sureñas de las tierras francesas desde Bourges. Carlos era débil y tímido, e incapaz de azuzar a los franceses contra los ingleses, los cuales, en 1428, se habían desplazado hacia el sur y estaban sitiando la ciudad de Orleáns, para ganar acceso al valle del Loira. El monarca francés fue salvado inexplicablemente por una campesina francesa, Juana de Arco.

ANTECEDENTES DE LA BATALLA: Inglaterra iba a lanzarse a la conquista del reino de Francia. Ricardo II, llamado Ricardo de Burdeos, hijo del Príncipe Negro, había sucedido a su abuelo Eduardo III. A pesar del valor y la inteligencia del muchacho, su edad le impediría reinar en persona durante largos años. Después, había de dejarse ganar por su propensión al despotismo; abandonado de todos, arrojado en prisión, el rey veía cómo le sucedía su primo, Enrique de Lancaster, coronado con el nombre de Enrique IV.

El segundo soberano de esta dinastía será Enrique V, quien, con el deseo de ocupar en una guerra los ánimos turbulentos de sus compatriotas, reanudará la lucha contra Francia. El contraste entre el desgraciado Carlos VI y Enrique de Inglaterra es grande; éste era no sólo hombre de cuerpo sano y robusto, sino de «voluntad altiva», de espíritu realista y alma de soldado avezado a los combates desde su más tierna edad. A la anarquía, a la arrogancia francesa, el rey respondió: «Si los franceses han dormido demasiado, yo iré a despertarlos de madrugada».

El 2 de agosto de 1415, embarcaba en el «Trinity». Como su bisabuelo Eduardo, Enrique desembarcó en Normandía. Se apoderó de Honfleur, el gran arsenal, a pesar de la resistencia heroica de la ciudad. Los Armañacs habían llegado a reunir cerca de Ruán un ejército más numeroso que el de los invasores, a pesar de la ausencia de los elementos adictos a los borgoñones. Los ingleses, deseando evitar el mal tiempo en suelo enemigo, se retiraron hacia el norte, y el ejército francés partió, alocada y alegremente, en su persecución.

Enrique lo esperó a pie firme; escogiendo el lugar de combate y la hora del ataque, forzó a los caballeros franceses, encerrados en un espacio demasiado estrecho, a echar pie a tierra. Esta masa de hombres, embutida en sus armaduras, deslumbrada por el sol, fue acribillada por los lanceros y los arqueros británicos. La caballería armañac perdió diez mil de los suyos.

Sólidamente protegidos por sus armaduras, los caballeros franceses ponían su pundonor en combatir a caballo, dejando generalmente a la «gente de a pie» el cuidado de desembarazar un poco el campo. Arrojado a tierra, el caballero estaba considerado como perdido; sin la ayuda de uno o varios escuderos, le era imposible, teniendo en cuenta el peso de su armadura, volverse a colocar en su montura. Un contemporáneo podía decir que un «caballero en tierra se parecía mucho a un cangrejo

Las tropas francesas estaban en desventaja a causa de sus pesadas armaduras, lo estrecho del campo de batalla, el terreno embarrado debido a una fuerte lluvia y las fallidas tácticas de sus oficiales, especialmente al usar formaciones cerradas contra un enemigo móvil. Esta batalla se contará entre las más sangrientas de la Edad Media.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

La Edad Media Costumbres,tradiciones,pecados y castigos

LA VIDA, COSTUMBRES Y TRADICIONES EN LA EDAD MEDIA
la vida en la edad media

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bullet edad media La Muerte
bullet edad media Acontecimientos en  la Edad Media

Los ejércitos bárbaros, al mando de Alarico el Godo, entraron a Roma durante la calurosa noche del 24 de agosto del año 410 d.C. Los guerreros
germánicos saquearon la capital imperial durante tres días, y así pusieron un final simbólico al esplendor romano. «El mundo entero pereció en una sola ciudad», escribió San Jerónimo.

En los turbulentos siglos que siguieron, las tribus germánicas paganas, como las de sajones y francos, devastaron lo que quedó del orgulloso
imperio y se asentaron, sólo para ser devastados, a su vez, por los vikingos escandinavos.

El cataclismo orilló a los celtas a emigrar al oeste, y su cultura sólo perduró en la costa atlántica de Europa: Cornualles, Gales, Bretaña e Irlanda. Algunos historiadores llaman Edad Oscura a este caótico periodo. Pero las tribus guerreras enriquecieron la cultura europea con su arte y su energía: un espíritu pionero, técnicas agrícolas vigorosas y mitos heroicos que celebraban los triunfos propios.

La caída del Imperio Romano fue acompañada en toda Europa por un enorme flujo de emigrantes; algunos ya convertidos al cristianismo. Hablaban idiomas distintos, sus indumentarias eran diferentes y no comían los mismos alimentos, pero todos dependían de la tierra, los ríos y el mar para su subsistencia. Se trabajaba duramente para arar la tierra, y la cantidad de cultivos aumentó con la tala de bosques. Hacia el año 1000 d.C., los escandinavos se asentaron, construyendo castillos y fundando reinos.

El orden se restauró lentamente en Europa occidental: la vida se volvió más estable, próspera y refinada. La población aumentó hasta que la escasez de tierras y las epidemias la menguaron en el siglo XIV.

A partir del siglo XII, en Asia y en Europa había aumentado la proporción de habitantes de ciudades y pueblos. Hombres y mujeres escaparon de la dependencia de los señores feudales hacia la libertad de las ciudades. El comercio de vino y lana cruzó las fronteras de Europa; y la seda y las especias viajaron de Asia a Europa. Donde se cruzaban las rutas comerciales, surgían bulliciosos mercados y ferias.

En el campo, la vida cotidiana se adecuaba a las estaciones; en las ciudades, se enriquecía con las fiestas religiosas. Arquitectura, pintura, música y literatura captaron el espíritu de estos tiempos vibrantes y a veces violentos. Todavía perdura la magnificencia de las catedrales, que
tardaron generaciones en construirse; y las universidades de Boloña, París y Oxford demuestran el interés medieval por el conocimiento. Este fue valorado aún más en los países del Islam, en el siglo x, y ciudades como El Cairo, Córdoba y Bagdad eran famosas por sus bibliotecas y palacios. Los sabios islámicos sobresalieron en filosofía, ciencia y medicina.

Sin embargo, la mayoría de hombres y mujeres nunca vieron una ciudad, y no sabían leer ni escribir. Las autoridades religiosas normaban todo comportamiento. La Iglesia construyó monasterios y conventos donde la manera de vivir era sumamente disciplinada. Cristianismo e Islam se enfrentaron, especialmente durante las Cruzadas, pero el cristianismo también sufrió conflictos internos, y Asia y África compartieron la violencia.

El siglo XV en Europa fue de extravagancia, herejía y superstición, pero también se caracterizó por las mejoras materiales que beneficiaron a las mayorías y por el alto nivel de imaginación que las artes alcanzaron. Tres innovaciones impulsaron una nueva etapa. La imprenta, ya conocida en China, llegó a Europa cuando Gutenberg introdujo el uso de los tipos móviles. La pólvora, otra invención china, hizo que el castillo de la Edad Media pasara de moda. La brújula posibilitó los viajes de los primeros exploradores europeos. Uno de ellos, Cristóbal Colón, «descubrió» América en 1492.(ver: Grandes Descubrimientos)

VIDA DETRÁS DETRÁS DE LAS MURALLAS: «El aire de las ciudades hace libres a los hombres»; así rezaba un proverbio medieval. En la época en que casi todos dependían de la tierra, propiedad del señor feudal, las ciudades surgieron como cunas de la libertad. Dentro de estas bulliciosas —y a veces corruptas—colmenas, se vivía bajo normas muy distintas a las del campo. Sus residentes obedecían al alcalde y demás funcionarios electos. En vez de trabajar para mantener a un noble y su castillo, pagaban impuestos al rey y reunían entre ellos la suma necesaria para defender la ciudad.

La vida urbana resurgió en el siglo XI. Cuando las llamas de los disturbios se apagaron, algo similar a un gobierno organizado se asentó en los reinos europeos. Los príncipes jugaron un importante papel en este resurgimiento. Siempre escasos de fondos, permitieron que algunos poblados se independizaran y se desligaran del castillo local, a cambio de pagos en efectivo.

El otorgamiento del estatuto del poblado era el gran acontecimiento de este proceso. Una vez otorgado, el concejo municipal se encargaba de la administración. Los poblados eran a veces ciudades romanas que renacían tras la destrucción bárbara, o nuevas comunidades que crecían a las puertas de un castillo medieval. Muchas emergieron de modo caótico alrededor de los senderos y límites de los conjuntos de parcelas, lo que explica las estrechas y sinuosas callejuelas. Los constructores también favorecían este estilo: la intrincada retícula de edificios era una protección contra el viento, en una época en que las ventanas de vidrio eran poco conocidas. De entre las ciudades europeas, París era la única que no tenía alcalde, sino un preboste o superintendente del rey. Era típico de las incipientes ciudades constituirse a partir de una asamblea de aldeas dispersas e interconectadas. Esto explica la abundancia de iglesias y abadías. Pastizales y pantanos en ambas márgenes del Sena, que eran linderos entre las aldeas, fueron cubiertos gradualmente con construcciones.

Como en otras ciudades medievales, los puentes parisinos tuvieron gran importancia, pues fueron los primeros centros comerciales: en ellos se instalaban tiendas y establos. Los cambistas ocuparon un puente que, a partir de 1142, fue conocido como Pont-au-Change (Puente del Cambio). Bajo Felipe Augusto II (1180-1223), rodeada por una muralla, la ciudad se convirtió en una unidad.

La gruesa muralla protegía el poblado y sus portones se cerraban al ocaso. Las calles no tenían alumbrado. Guardias de ciudadanos patrullaban las calles con antorchas  y si alguien deambulaba por la noche sin motivo era encerrado. Los pregoneros daban la voz de alarma.

FERIA, FIESTA Y COMERCIO
Uno de los grandes acontecimientos en las ciudades de la Europa medieval era la feria anual, que tenía lugar en las afueras de la muralla y duraba varios días. Los monarcas estimulaban estas ferias para promover el comercio y sacar ganancias de los impuestos con que gravaban las mercancías. Los negocios de la feria transcurrían en una atmósfera de carnaval. Un bufón en zancos se eleva sobre la concurrencia, los malabaristas siguen sus pasos, y trovadores con laúd divierten a los transeúntes. Un mercader muestra sedas que quizá sean chinas, y otro tiene suficientes ollas para abastecer por todo un año a los vinateros. En otras tiendas, los clientes regatean pieles rusas, vinos franceses y cristal italiano. La feria está vigilada y bajo control. Los guardias montados supervisan todo, y la tienda pintada de colores brillantes aloja una corte especial llamada píedpoudre (pies enlodados), donde se dirimen las disputas de los quejosos que aún no se han aseado.

LAS FIESTAS
Bajo el signo de la religión, se organizaban, sin embargo, numerosas fiestas en las ciudades. Todo era pretexto para hacer procesiones, tanto la necesidad de conjurar un peligro invocando la protección de los santos, como el deseo de realizar una acción de gracias. En París no pasaba semana sin que se organizara una de estas procesiones. Además, el pueblo podía divertirse con el castigo de los condenados (¡qué extraña esta complacencia de los miserables en la desgracia de alguien aún más mísero que ellos!).

Las ejecuciones siempre tenían lugar en las plazas más frecuentadas, y la masa no cesaba de dirigir pullas y de gozar ante las diversas torturas con las que se afligía a los reos. Las calles estaban animadas, además, por diversos saltimbanquis, titiriteros y domadores de animales. Para las grandes ocasiones, se organizaban fiestas públicas: se distribuían víveres, y toda la población podía embriagarse en las fuentes de vino. Se podía admirar, también, la llegada de los príncipes, y participar en diferentes representaciones teatrales:   farsas y, sobre todo, misterios.

Todos los habitantes aportaban su concurso a la realización de estos espectáculos, como actores o como confeccionadores de trajes. Estas representaciones eran ofrecidas, generalmente, por señores de la ciudad, por el municipio o por algunos gremios. Así, los zapateros montaban a su costa el «Misterio de San Crispín», que era su patrono.
Los ciudadanos de la Edad Media tenían, como se ve, muchas ocasiones de abandonar su trabajo, pero sus días festivos no estaban codificados y regularizados como en las sociedades modernas. El trabajo no se caracterizaba todavía por ese ritmo y esa preocupación por la productividad que nos imponen las máquinas.

Los textos de la Edad Media son, por otra parte, muy discretos en lo que respecta al mundo del trabajo. Según el orden del mundo, los hombres debían estar agrupados en tres categorías: los que combaten, los que rezan y los que trabajan; estos últimos eran considerados despreciables y poco interesantes, pues se pensaba que eran incapaces de hacer otra cosa.

Características Sociedad Feudal

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PARA SABER MAS…

EN LA EUROPA MEDIEVAL, el trabajo de una persona, su alimentación, sus vestidos y su vivienda se correspondía estrictamente con el lugar que ocupaba en la sociedad.

LA VIDA DEL CAMPESINO Los campesinos ocupaban el grado más bajo de la escala social. Vivían en aldeas y cultivaban la tierra, propiedad del señor, a quien debían entregar una parte de la cosecha. Vestían ropas de tejidos toscos y zapatos de madera. Su dieta consistía en legumbres, pan y poca cantidad de productos animales (huevos y tocino).

SEÑORES Y DAMAS
Los señores y sus esposas pasaban mientras tanto su vida privilegiada en el castillo. Usaban ropa lujosa procedente de fábricas a veces muy lejanas y hecha de telas preciadas, como la seda y el terciopelo. Comían carne y pan blanco, y bebían vino en lugar de cerveza.

DIETA MEDIEVAL
Sin embargo, la dieta medieval no contenía todos los nutrientes esenciales, ni siquiera en las clases privilegiadas. La leche era muy escasa, y en invierno no había ni frutas ni verduras frescas.

LA FORMACIÓN DEL SEÑOR A los siete años, un niño de noble nacimiento comenzaba a educarse como caballero. Su primer paso consistía en trasladarse al castillo de otro señor feudal en calidad de paje. Allí servía a la mesa y aprendía a manejar la espada y a montar un caballo de batalla, dos tareas indispensables para un caballero. A los 14 años se convertía en escudero. A la edad de 21 años, el señor del castillo lo armaba caballero golpeándole suavemente los hombros con su espada.

LA VIDA DE UNA MUCHACHA Las hijas de familias nobles debían aprender a comportarse como castellanas, es decir, como señoras del castillo. Un cruzado, por ejemplo, podía estar lejos del castillo durante años, dejando éste a cargo de su esposa. Usualmente, las mujeres se casaban entre los 14 y los 16 años. Los matrimonios eran concertados por las familias. La prometida debía entregar a su marido una dote de oro y tierras.

TORNEOS
La guerra era la principal ocupación de un señor feudal. Pero en tiempos de paz, los caballeros la simulaban mediante la celebración de combates deportivos llamados torneos. En 1180, en Lagny-sur-Manie (Francia), 3-000 caballeros armados lucharon contra otros tantos en un torneo multitudinario. Los torneos se regían por reglas estrictas: los participantes debían usar armas sin afilar, y un caballero no podía ser atacado si había perdido su casco. Asimismo, los golpes bajos eran una grave ofensa.

HERÁLDICA
Debido a que los contendientes llevaban el rostro cubierto por el yelmo, cada caballero que competía en un tomeo llevaba un estandarte y un escudo con una insignia particular. Estas divisas se hicieron importantes para identificar a los caballeros durante la batalla. Con el tiempo, estos emblemas sirvieron para identificar a las familias nobles. El sistema de codificación de las enseñas se conoce como «heráldica».

CAZA Y CETRERÍA Los nobles también se entretenían con la caza y la cetrería, actividades que los proveían de carne fresca. Las damas medievales participaban también en las partidas de caza.

MERCADERES MEDIEVALES
El comercio era una actividad próspera. Los principales comerciantes recibieron el nombre de «burgueses», palabra proveniente del alemán Burg (ciudad amurallada). Los comerciantes comenzaron a adquirir casas lujosas y a establecer vínculos con otras naciones.

LA LIGA HANSEÁTICA
En 1241, los comerciantes de Lübeck y Hamburgo, en el norte de Alemania, formaron la Liga H anseática, que estableció vínculos con países tan alejados como Rusia. Los mercaderes de la Liga H anseática se hicieron ricos y poderosos y comenzaron a considerarse iguales a los príncipes.

LA PESTE NEGRA
Durante cuatro años —de 1347 a 1351 — una epidemia de peste acabó con la vida de 25 millones de personas, casi una cuarta parte de la población de Europa. Después de esta plaga hubo una enorme escasez de mano de obra. Las gentes comenzaron a exigir mejores pagas y mejor tratamiento por parte de los señores.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo A y B Jackson Spielvogel
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo 1
Historia del Mundo Grupo Z Multimedia DK
Atlas de la Historia del Mundo Kate Santon y Liz McKay
Gran Enciclopedia de la Historia Todolibro

La Ciencia en el Siglo XVIII Descubrimientos y Cientificos

La Ciencia en el Siglo XVIII: Descubrimientos y Científicos

El movimiento científico iniciado por Newton y Leibniz en el siglo XVII se incrementó en el que estudiamos ahora, y se vio aumentado y recompensado con espléndidos hallazgos y descubrimientos.

La explotación de las colonias americanas y asiáticas permitió que el nivel de vida y la comodidad aumentaran, por lo menos para las clases media y superior.

Parece extraño reconocer que hasta principios del siglo XVIII no se generalizara el uso del tenedor en la mesa, por ejemplo. Hasta entonces los alimentos sólidos se tomaban con las manos o con el cuchillo.

La sociedad europea gustó del tabaco, el café y el cacao. Es el tiempo del rapé, del té, de las reuniones más o menos cortesanas, más o menos intelectuales, del ingenio y de la sutileza. Habían sido derribadas muchas creencias y se toleraba al hombre descreído e incluso al ateo.

La Ciencia, con mayúscula, era el tema de muchas conversaciones. La Tierra se había empequeñecido un poco, a pesar de ensancharse considerablemente el mundo conocido.

Los grandes viajes de que luego se hablará dieron a conocer Australia, casi todas las islas del Pacífico, y se abrieron los misterios de la India y el Extremo Oriente. Estos hechos produjeron cierta desmoralización y un considerable escepticismo.

La moral y la fe se vieron sustituidas por la Razón y la Ciencia, lo cual no impedía que se viviera una existencia en algunos casos algo frívola.

El refinamiento de las clases altas, debilitado en gran manera el concepto cristiano de caridad, permitió que fuese compatible con la miseria de las clases inferiores.

Los primeros balbuceos de la gran industria habían de aumentar las privaciones de los humildes.

Todos estos hechos preparaban la revolución que tendría lugar en Francia a fines de este siglo.

El marqués de Laplace (1749-1827) expuso su famosa teoría de la formación de los planetas, según la cual éstos se habían originado al desprenderse sucesivamente de la masa solar en ignición y dotada de un movimiento rotatorio.

Edmundo Halley (1656-1742) fue un insigne astrónomo que estudió los cometas y dio nombre al más famoso de los que son periódicos. Bradley llegó a medir el diámetro de Venus. Herschell perfeccionó el telescopio y descubrió el planeta Urano.

Las Matemáticas encontraron en Monge, creador de la Geometría Descriptiva, un gran continuador de Leibniz y Newton. Lagrange estudió la metafísica de las funciones; Euler perfeccionó el cálculo infinitesimal, y D’Alembert aplicó las Matemáticas a la Dinámica.

La Física experimentó un avance considerable. El termómetro se perfeccionó gracias a Farenheit, Réaumur y Celsius, que idearon tres escalas de valoraciones distintas.

En el siglo XVIII se realizan los primeros grandes experimentos para el estudio de la electricidad. Benjamín Franklin, que fue un gran político, filósofo y científico, distinguió la electricidad positiva y la negativa. Son famosos sus experimentos que le llevaron a la invención del pararrayos en 1752.

Volta, siguiendo los experimentos de Galvani ideó la primera pila eléctrica compuesta de círculos de cinc y de cobre, aislados por un paño embebido en ácido sulfúrico diluido. Por el hecho de colocar los sucesivos discos metálicos uno encima de otro vino la denominación de <pila», con que aún se conoce.

Por fin, la Química, liberada completamente de la fase alquimista, encontró las primeras grandes figuras que le dieron una estructura científica. Boyle había explicado los cambios experimentados por los gases gracias a su constitución atómica. Antoine Lavoisier (1743-1794) descubrió y aisló el oxígeno y estudió la combustión.

Según él, en el Universo «nada se crea ni nada se destruye, todo se transforma». Murió guillotinado por la Revolución Francesa, que no supo distinguir su condición de hombre de ciencia por encima de su título de nobleza.

El conocimiento de la Naturaleza tuvo en Linneo y Buffon sus máximas figuras.

Karl von Linneo (1707-1778) era sueco y fue llamado <el Newton de la Botánica». Su aportación a las Ciencias Naturales fue la sistematización y ordenación de una serie de conocimientos inconexos.

En su clasificación botánica se basó en los órganos reproductores de las plantas, en la flor y similares. Luego, tanto a animales como a vegetales les dio un nombre genérico («Canis», por ejemplo) y un nombre especifico («Lupus»), que permiten reconocer cada especie («Canis lupus» sería el lobo).

El conde de Buffon (1707-1788) fue el director del Jardín Botánico de París. El fruto de sus largas observaciones sobre la vida y la clasificación de las plantas las reunió en 44 volúmenes titulados Historia Natural.

En Medicina es notable la aparición de la vacuna. En 1796, Edward Jenner (1749-1823), médico inglés, observó que los muchachos dedicados a ordeñar vacas no sufrían los efectos de la viruela. En cambio, vio que presentaban unas ulceraciones en la mano.

Este hecho le llevó a descubrir la inmunidad, es decir, que las ulceraciones casualmente provocadas en sus manos creaban unas sustancias que una vez en la sangre constituían defensas contra la viruela. De este modo se inició la vacunación que debía abrir grandes perspectivas para la salud de la Humanidad.

PARA SABER MAS…
LAS MATEMÁTICAS

Euler LeonhardEn los comienzos del siglo xvm se extinguió la vida de dos de los más insignes matemáticos que hayan existido: Isaac Newton, (inglés, 1642-1727) y Guillermo Leibniz (alemán, 1646-1716); ellos dejaron considerable número de discípulos, como los suizos Leonardo Euler (1707-1783) y Jacobo y Juan Bernoulli.

Pero el matemático del siglo fue José Luis Lagrange (1736-1813), que nació en Turín y pasó casi toda su vida, hasta su fallecimiento, en París.

El mérito sobresaliente de su mente excepcional consistió en haber creado y perfeccionado nuevos métodos de cálculo (infinitesimal, integral, de probabilidades) necesarios para el desarrollo de las ciencias.

Imagen Derecha: Matemático, Euler Leonard

EL AIRE Y LA COMBUSTIÓN
En el siglo XVIII ya era experiencia confirmada que la combustión, en general, no podía efectuarse sin la presencia de aire, del cual sólo utilizaba una parte. Faltaba, sin embargo, conocer el modo de descomponer el aire y aislar el oxígeno, para comprender perfectamente el proceso de la combustión.

Ante esta incertidumbre, el médico y químico alemán Jorge Ernesto Stahl (1660-1734) emitió su teoría del «flogisto», según la cual las sustancias combustibles contenían un «principio ígneo» llamado flogisto.

Al arder, la sustancia se descomponía, desprendiéndose de ella el flogisto, que quedaba liberado en el aire bajo la forma de fuego. Un cuerpo ardía mejor cuanto mayor cantidad de flogisto tenía.

Como prueba se aducía este caso: si se calentaba plomo, éste perdía flogisto. Y luego, si el residuo de su combustión (litargirio) se volvía a calentar con carbón u otro combustible, se formaba otra vez plomo. Según Stahl, esto era debido a que parte del mucho flogisto desprendido del carbón se combinaba con el litargirio,

Sin embargo, esta teoría, tan verosímil en su época, planteaba insolubles interrogaciones. ¿De qué naturaleza era el flogisto? ¿Por qué la combustión —si sólo consistía en un desprendimiento de flogisto— no podía efectuarse en el vacío? ¿Cómo podía ser que si 100 gramos de plomo «perdían» flogisto con el calor, el litargirio resultante pesara 107 gramos? Problema inesperado, como se ve…

LOS GASES
En 1727 Esteban Hales halló la manera de recoger los gases desprendidos de distintas sustancias; técnica que perfeccionaron Cavendish y Priestley. Enrique Cavendish, en 1776, estudió el «aire fijo» (anhídrido carbónico) y el «aire inflamable» (hidrógeno). Y José Priestley descubrió en 1774 el oxígeno, que por otra parte obtuvo también Carlos Guillermo Scheele.

Estos adelantos en el estudio de los gases no liberaron, sin embargo, a la Química de la falsa teoría del «flogisto». El mismo Priestley creía que el oxígeno era una especie de aire con poco flogisto, que por consiguiente se apoderaba de él, en contacto con sustancias inflamadas, avivando su combustión en ciertas condiciones físicas.

LAVOISIER DESTRUYE EL FLOGISTO Y CREA EL ANÁLISIS QUÍMICO
Desechando principios hipotéticos, Antonio Lorenzo Lavoisier (1743-1794) fundó una nueva química experimental basada en la composición y descomposición de sustancias. Así pudo verificar que el oxígeno es una parte del aire y que las sustancias inflamadas se combinan con el oxígeno, motivo por el cual aumentan de peso (1777).

También descubrió que el agua es un compuesto de hidrógeno y oxígeno. Y restableciendo la tesis de Boy. le, según la cual debían ser consideradas como elementos todas aquellas sustancias que no pudieran descomponerse en otras más simples, compuso en 1789 una tabla de 33 elementos químicos, de los cuales 25 siguen siendo considerados hasta la actualidad como sustancias simples.

Lavoisier fue guillotinado en 1794 por sus vinculaciones con el régimen depuesto por la Revolución Francesa. Pero el análisis químico por él creado siguió progresando. Y por él pudo verificarse la proporción en que se encuentran los elementos en las sustancias compuestas, de donde se derivaría la teoría atómica de Dalton, base del moderno estudio de la Química.

LA FÍSICA
La ciencia que inicialmente obtuvo mayores ventajas de los descubrimientos matemáticos fue la Física. Pero, posiblemente, la gloria mayor de este siglo no consiste tanto en los
Galileo Galiliedescubrimientos realizados, sino en el hecho de que los estudiosos demostraron haber comprendido cuál era el método que debían seguir en sus investigaciones: no pretendieron ya descubrir y explicar las leyes naturales mediante largos razonamientos filosóficos, sino que se dedicaron al estudio de la naturaleza misma, indagando los fenómenos, clasificándolos y tratando de reproducirlos, con experimentos, en sus laboratorios.

Imagen: Galileo Galilie

Con este método se investigaron las leyes de la mecánica (continuando los estudios iniciados por Galileo), de la dinámica y de la óptica (continuando las investigaciones sobre la refracción de la luz realizadas por Newton) En 1738 se midió por vez primera la velocidad del sonido.

En 1742 el sueco Andrés Celsio (1701-1744) estableció el «grado centígrado». Finalmente, en 1790, la Academia de Ciencias de Francia propuso una nueva unidad de medida lineal: el metro. Relación particular merece una nueva rama de la Física, que sólo desde el siglo XVII había comenzado a atraer la atención de los estudiosos: la electricidad

«EL ELECTRICISMO»
Resulta acorde con el siglo XVIII y su ambiente intelectual, que durante su transcurso se comenzaran a observar y estudiar intensamente las manifestaciones de la electricidad.

El interés de todos por los extraños fenómenos del «electricismo», como entonces se lo llamaba, era enorme. Durante todo el siglo, el entretenimiento predilecto de quienes tenían interés en mostrarse al tanto de las maravillas del progreso fueron las experiencias con la electricidad.

Físico, Galvani LuisLa ilustración representa a un muchacho levantado y separado del suelo por medio de cuerdas aislantes y puesto en contacto con un generador de electricidad: se encuentra en condiciones de atraer ligeros trozos de papel y, de sus manos, al contacto con otra persona, brotan chispas, sin que el sujeto de la experimentación sufra molestia alguna.

Imagen: Físico, Galvani Luis

La experimentación permitió deducir que hay sustancias conductoras y no conductoras de la electricidad. Dufay (1689-1739) estudió la electrización por fricción; y Benjamín Franklin (estadounidense, 1706-1790), inventor del pararrayos (1752), distinguió una electrización positiva y otra negativa.

En 1780, el italiano Luis Galvani (1737-1798) observó que si a una pata aislada de rana se le aplica electricidad el músculo se contrae; y que el contacto de varillas metálicas producía un efecto similar. Con estas y otras observaciones propias, Alejandro Volta (italiano, 1745-1827) inició los estudios que culminó con la construcción de la pila eléctrica.

LA TÉCNICA
Al lado de la ciencia pura, también la técnica realizó pasos de gigante durante este siglo. Se suele decir que el siglo XIX fue «el de los grandes inventos»: la locomotora (Stephenson, 1829), la nave de vapor (Fulton, 1807), ¡a fotografía (Daguerre, 1816), el telégrafo (Morse, 1837), el motor de explosión (Barsanti, 1853), el dirigible y muchos otros, sin duda, son inventos realizados durante el siglo XIX.

Pero, tales realizaciones se basaron en una larga serie de estudios y experiencias hechos, en su mayor parte, en el curso del siglo precedente. Si el XIX fue un siglo de invenciones, podemos decir que el XVIII fue un siglo de intensa y activísima investigación.

Si honramos a Stephenson, a Fulton y a otros, como «padres» de tantas creaciones útiles, merecen también ser recordados aquellos que, con todo derecho, podrían ser llamados los «abuelos» de tales invenciones. Tal el caso, por ejemplo, del inglés Tomás Newcomen (1163-1729), inventor de una máquina precursora de las de vapor.

1707. Dionisio Papin, que descubrió la fuerza expansiva del vapor de agua, hace la experiencia de aplicarla a una lancha, con la cual logra navegar en el río Fulda. Lamentablemente, los barqueros, temerosos de la concurrencia, se la destruyeron. En los decenios siguientes se hicieron otras distintas tentativas; finalmente, en 1788, el estadounidense Juan Fitch logró realizar varios viajes con una lancha movida por el vapor; lo hizo entre Filadelfia y Burlington, llevando una treintena d pasajeros. Quedó así confirmado el éxito de la experiencia.

1770. El lorenés Nicolás José Cugnot construyó un ro de tres ruedas con propulsión de vapor. En este vehículo, el movimiento de las ruedas era transmitido medio de pistones. Pero el vehículo resultó tan rudimentario y difícil de gobernar que toda utilización práctica pareció imposible. Una máquina de vapor ante más perfeccionada logró construir, en los últimos años del siglo, el inglés Ricardo Trevithick: es considerado por los técnicos actuales como el primer tractor de una verdadera locomotora.

primer auto antiguo a vapor

1727. J. H. Schultze comprobó que el nitrato de plata, expuesto al aire, se ennegrece por acción de la luz. El francés Alejandro Charles, en 1780, obtuvo, mediante el uso de esta sal, la primera imagen fotográfica.

1753. El escocés Carlos Marshall estudió la posibilidad de usar la corriente eléctrica para transmitir señales a distancia: supuso necesario el uso de un hilo para cada letra del alfabeto. Un aparato basado sobre este principio fue construido, en 1760, por e! suizo Jorge Luis Lesage.

1784. Casi simultáneamente, en Francia e Inglaterra, se llevan a cabo las primeras ascensiones aéreas en globos inflados con hidrógeno. La primera ascensión, en Inglaterra, se debe al italiano Vicente Lunardi; la efectuada en Francia fue hecha por los. hermanos Charles.

globo inflado con hidrógeno

1782. El inglés Jaime Watt (1736-1819) introduce importantísimas mejoras en la máquina de vapor: ella adquiere así tai solidez y eficiencia que, empleada en la industria como productora de fuerza motriz, será la causa principal de la transformación industrial verificada a comienzos del siglo XIX.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX

Racionalismo y Empirismo Bases de la revolucion cientifica Pensamiento

Racionalismo y Empirísmo Revolución Científica

Racionalismo y Empirismo Bases de la revolucion cientifica

LISTA DE PENSADORES:

1-Los Presocráticos
2-Los Clásicos
3-San Agustín
4-Santo Tomas
5-Renacentista
6-La Ilustración
7-Los Cientificos Modernos
8-Siglos XIX al XX

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Después de los descubrimientos científicos y geográficos de los siglos XVI y XVII, la concepción medieval del mundo se derrumbó. Sobre sus escombros se construyeron dos visiones, al parecer opuestas, pero a su vez complementarias.

¿Contradictorias? Depende del punto de vista, más bien hablan de cosas distintas: el empirismo y el racionalismo. Los primeros trataron de basar la filosofía en la experiencia, mientras que los segundos en la razón. Tal parece que los filósofos del primer bando, eran científicos de lo que ahora se llaman ciencias suaves (biología, medicina), y los segundos, de las llamadas ciencias duras (física, matemáticas).

Es claro que los primeros se tenían que valer primero en la experiencia y los segundos primero en la razón, pero una no excluye a la otra. De hecho se necesitan mutuamente. (Carlos Gershenson)

La revolución científica comenzó en el siglo XV con la introducción del heliocentrismo como explicación astronómica. Esta teoría puso de manifiesto el hecho de que, si bien los sentidos “observan” determinados fenómenos, es la razón la que aporta la explicación última del fenómeno en cuestión.

Así, el movimiento del Sol en torno a la Tierra, que aparentemente se observa, se explica, sin embargo, por un sistema heliocéntrico (colocando al Sol en el centro y en reposo) más sencillamente que por el sistema geocéntrico.

Como consecuencia, en los siglos XVI y XVII la ciencia, y especialmente la filosofía, se planteó un problema en torno al conocimiento en general y en torno al método científico. Además, en estos siglos se produjo en la ciencia un enorme avance, que culminó en el siglo XVII con dos importantes consecuencias:

a) El cálculo infinitesimal. Obra del gran matemático y filósofo Wilhelm Leibniz y del físico Isaac Newton. Ambos científicos llegaron al mismo descubrimiento y durante su vida se disputaron la paternidad del hallazgo.

b) La geometría analítica de René Descartes. Tanto la geometría analítica como el cálculo infinitesimal constituyeron un enorme avance para la matemática, que se aplicó como auxiliar e instrumento para las otras ciencias, adquiriendo éstas también un gran desarrollo. Así, la matemática se convirtió en esos momentos en ciencia modelo respecto de las demás por sus condiciones de exactitud y rigor.

La filosofía, por lo tanto, se cuestionó en esos momentos el problema del método, es decir, el camino a seguir para alcanzar el rigor al que había llegado la matemática.

EL RACIONALISMO

Se llama así a la postura filosófica que mantiene a la razón humana como el único conocimiento válido; no acepta, en cambio, el conocimiento sensible, el adquirido por la experiencia, como científicamente válido.

Los defensores del racionalismo en aquel entonces fueron, principalmente, Descartes, Spinoza y Leibniz. Descartes se planteó el problema del conocimiento en la filosofía, tomando como modelo las matemáticas, que tan buenos resultados habían aportado a las otras ciencias.

Considerando que la matemática es la ciencia que presenta un método seguro y riguroso al conocimiento, Descartes intentó plantear cuál sería el método propio de la filosofía para alcanzar también un conocimiento seguro, o como él mismo decía “verdades claras y distintas”. Para ello, comenzó por lo que se ha llamado duda metódica cartesiana, que es poner en duda todos los conocimientos adquiridos para llegar a saber si verdaderamente es posible obtener algún conocimiento cierto:

Yo me persuadí de que no había nada en el mundo, que no había ningún cielo, ninguna tierra, ningunos espíritus ni ningún cuerpo. ¿No me persuadí también de que yo no existía? No, puesto que yo existía, sin duda, si yo estaba persuadido, o simplemente si yo había pensado alguna cosa […]. De forma que después de haber pensado bien, y haber examinado cuidadosamente todas las cosas es necesario concluir y tener por constante esta proposición: yo pienso, luego existo, es necesariamente verdadera tantas veces como yo la pronuncie o yo la conciba en mi espíritu.

Por este procedimiento Descartes pretendió arbitrar un método para la filosofía similar al matemático, por el cual, a partir de axiomas, o verdades evidentes, se fueran deduciendo los demás conocimientos, que eran menos evidentes. Spinoza, por su parte, intentó esto mismo con la ética, y escribió precisamente una Etica more geométrico demonstrata.

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Spinoza Descartes Pascal Leibniz

EL EMPIRISMO

Una de las ciencias que más avanzó y se desarrolló en estos momentos fue la mecánica, una parte de la física que estudia el movimiento. El científico inglés Isaac Newton fue quien dio el gran impulso a esta ciencia, enunciando las tres leyes de la mecánica que explican el movimiento de los cuerpos.

Sin embargo, no puede decirse que la mecánica sea precisamente una ciencia enteramente racional, a pesar de que recurra al auxilio de las matemáticas. Las nociones en las que se funda la mecánica están recogidas directamente del conocimiento sensible y experimental; no puede, por lo tanto, negarse este tipo de conocimiento como un conocimiento válido para la ciencia, como pretendía el racionalismo.

Así, en los siglos XVII y XVIII hubo también toda una postura de pensamiento, denominada empirismo (de empeiría = experiencia, en griego), que defiende como único conocimiento válido aquel que alcanzan los sentidos, ya que, según ellos, cualquier idea de carácter racional que nos formemos, si se analiza, se comprueba que, o bien, procede de la experiencia, o bien, de otras ideas que, a su vez, tienen su origen en la experiencia. Por lo tanto, es, en última instancia, la experiencia, esto es, el conocimiento sensible, y no la razón, la fuente última de nuestros conocimientos. Esta postura la mantuvieron fundamentalmente los filósofos ingleses John Locke y David Hume.

HobbesLockeHumeFrancis Bacon
Hobbes Locke Hume Francis Bacon

 

Tecnica y Ciencia en la Edad Media Avances Tecnicos e Inventos

Técnica y Ciencia en la Edad Media: Inventos

Se ha podido decir, no sin cierta razón, que los períodos más ricos en aplicaciones técnicas de toda clase son épocas de esterilidad científica y viceversa. En estas condiciones es perfectamente comprensible que la Edad Media, con su rico artesanado, la audacia de sus constructores de catedrales, la ingeniosidad de sus constructores de máquinas de guerra, haya sido casi absolutamente estéril en el terreno de la investigación teórica.

Cientifico MedievalLa imagen tradicional de la Edad Media nos muestra a campesinos y  artesanos encorvados sobre un mediocre utillaje. Y en verdad, es difícil referirse, en que respecta a este período, a demasiados inventos  técnicos. La herramienta predomina en él  sobre la máquina, y la máquina misma no es casi siempre, más que una herencia romana o helenística.

Pero mientras que en la  Antigüedad no se la consideraba con frecuencia más que como una simple curiosidad léase incluso como un juguete, en la época medieval adquiere una nueva significación y una eficacia real en la producción, conociendo una difusión mucho más amplia.

Gracias a la máquina, tiene lugar en Europa, a partir del s. XI, lo que se puede llamar una verdadera revolución industrial. Con el aire o con el agua como fuentes de energía, y a partir de técnicas experimentadas (rosca, rueda, leva, trinquete, y poleas, los ingenieros medievales llegarán a poner en marcha la primera industria occidental.

En realidad, la época medieval estuvo toda ella dominada por la física aristotélica, lamentablemente vinculada y condicionada por la metafísica y la teología, en un extraño maridaje que frenó durante muchos siglos el progreso de la física experimental. Por otra parte, la Edad Media aparece como la heredera de la antigüedad en la gran estima en que se tenía a Vitrubio, exponente latino de los inventos de Arquímedes y de Herón.

Las compilaciones de este polígrafo constituyen, pues, el fundamento sobre el que se levanta toda la técnica medieval, y como en sus fórmulas prácticas no había nada que contraviniera las verdades intangibles de la teología, arquitectos, mecánicos y artesanos pudieron servirse de ellos libremente.

La Edad Media descubrió, sin darse perfecta cuenta de la significación de tales invenciones, la pólvora negra y la brújula. Es sabido que la primera la menciona Roger Bacon en 1268 y que la segunda fue inventada en el año 1332 por algún pescador de la riviera amalfitana. Unos le llaman Flavio Gioia, otros Giri, pero nada sabemos de su existencia.

En todo caso, los amalfitanos que idearon la suspensión de que todavía nos servimos hoy montando la aguja imantada sobre un pivote que la permite girar fácilmente en todos los sentidos, no formularon ninguna teoría sobre la curiosa propiedad que habían descubierto… probablemente después que los chinos.

En cuanto al franciscano Roger Bacon, las deflagraciones que pudo observar no le llevaron a ninguna conclusión general sobre la naturaleza de la presión de lo que. desde Van Helmont, llamamos gases.

En este sentido, la Edad Media aparece como un período esencialmente utilitario y conservador. Pero sería falso pensar que la física de Aristóteles fue aceptada siempre sin reservas. En el año 517, Johannes Philoponus comenta irónicamente al filósofo estagirita y por primera vez, da explícitamente una versión de la transmisión del movimiento que durante mucho tiempo será clásica. «Las energías, dice, van de un cuerpo a otro de forma que una vis impressa se comunica al cuerpo proyectado.» Se trata de hecho de la tesis de la acción por contacto sobre la que más tarde montará Descartes toda su mecánica.

En 1330 y contrariamente a los conceptos aristotélicos según los cuales un cuerpo cae porque tiene la virtud de ser pesado, Heytesbury escribe que el camino recorrido por un cuerpo en caída libre es tres veces mayor en el primer segundo que en el siguiente.

En 1382. Oresme demuestra que el tiempo durante el que una trayectoria es recorrida con un movimiento acelerado es igual al tiempo durante el que esta misma trayectoria sería recorrida con una velocidad uniforme a la mitad de la velocidad final. Poco a poco, si bien confusamente, se va generalizando la noción de gravedad. Testigo de ello es la obra de Jordanus Nemorarius (1230): Gravitas secundum Silits (De la gravedad en relación al lugar).

Es fácil advertir que los pocos teóricos de la Edad Media se dedicaron sobre todo al estudio de la estática y de la mecánica. Hemos de decir, sin embargo, que Nicolás de Cusa (1401-1464) se ocupó de la hidrostática inventando el batómetro basado en la disminución del peso de un cuerpo en inmersión, así como de higroscopia montando un higrómetro de pesada que funcionaba con lana de carnero.

Las energías naturales
En una Edad Media en la que había desaparecido la esclavitud, pero en la que el 80 por 100 de la energía era todavía de origen humano, las nuevas industrias se decantarán hacia la utilización del molino: molinos de agua sobre todo, cuyo principio conocían ya los romanos, pero también molinos de viento, cuyo uso se limita, no obstante, a la molinería hasta el s.XV. El molino hidráulico conoce un desarrollo espectacular en toda Europa a partir de s. X.

Instalado cerca del agua o junto a los pilares de un puente, tritura el grano, criba la harina, enfurte el paño, ateza las pieles o contribuye a la fabricación de la cerveza o del papel. En Inglaterra, en el s.XI, se cuenta por término medio con una rueda hidráulica por cada cincuenta fogones. Pero la utilización del movimiento circular’, su transformación y adaptación, ha de hacerse mediante verdaderas máquinas.

El mecanismo utilizado será el árbol de levas, de añeja invención, que permite mover’ regularmente los martillos, mazos o pisones que golpean el hierro o la pulpa de papel. Un procedimiento parecido permite también hacer funcionar los aserraderos de madera.

La nueva edad del hierro
A pesar de la debilidad de los ingenios de excavación y de levantamiento, el subsuelo de la Europa medieval es incansablemente registrado en busca de hierro, piedras o metales preciosos. La actividad minera se apodera sobre todo de Alemania y de Inglaterra, pero puede decirse que toda Europa conoce en la Edad Media una nueva edad del hierro. La demanda, en efecto, no cesa de aumentar, aunque no sea el mundo rural, demasiado pobre como para equiparse con metales, el que la origine.

Es la guerra la que, una vez más, se constituye en motor del progreso. Al partir para la cruzada, Ricardo Corazón de León encarga 50.000 herraduras para sus caballos. Por otra parte, las nuevas tácticas de combate exigen armas y armaduras perfeccionadas. La misma construcción ha de recurrir al hierro para los ciaros, garfios y cerraduras. Por otro lado, poco enfados en la solidez de sus construcciones, los arquitectos las refuerzan con barrotes eslabonados.

Los hornos de fusión, cuyo tamaño amerita van teniendo necesidad de un tiro cada vez más poderoso. Aparece entonces el fuelle de cuero movido hidráulicamente, invento capital del s. XIV. En adelante, la temperatura del homo puede elevarse a los 1.200°, y de él no sale ya hierro, sino fundición, lo que representa un progreso decisivo.

Una verdadera industria: la textil
Aunque los textiles utilizados en la Edad Media son diversos: lana, lino, cáñamo, algodón y seda, la lana es la que se impone a todos los demás, dando lugar a verdaderas industrias. Después de las invasiones bárbaras, la pañería renace allí donde había florecido ya desde el Bajo Imperio romano.

Las técnicas alcanzarán un grado de perfección más elevado en las ciudades flamencas, donde se benefician de largas tradiciones, así como también de la concentración de la población y de la proximidad de la lana inglesa. Sin embargo, a partir del s. XIII, Florencia desviará esta última en provecho suyo, e incluso atraerá a obreros flamencos.

En el aspecto técnico, las modificaciones con respecto a la Antigüedad son poco profundas: desgrasada, peinada e hilada antes de ser tejida, la lana es a continuación enfurtida, es decir, martilleada para comprimir y encabestrar las fibras. Lo que sí cambia son las cantidades producidas.

En Florencia, en el s.XIV, la industria de la lana ocupa a cerca de 30.000 personas. Otras industrias, como las del vidrio, el jabón o las armas, conocerán un florecimiento semejante. Con todo esto, la Edad Media llegó a poner las bases de la tecnología y los métodos de fabricación sobre los que habría de apoyarse la revolución industrial del s. XVIII.

Pero, a partir del s. XIV, se producirá un verdadero declive: en 1337 comienza la guerra de los Cien Años y sólo diez después, en 1347, la Gran Peste.

¿Crearon industrias los monjes?
Los cistercienses, para quienes el trabajo manual prevalecía sobre las actividades intelectuales, desplegaron una inmensa actividad tanto en el terreno de la agricultura como en el del artesanado. Cada monasterio tenía una verdadera factoría metalúrgica, a veces tan grande como su iglesia, y los monjes podían vender los excedentes.

En 1250, eran los primeros productores de hierro en Champaña (Francia), y controlaban la mayoría de los yacimientos de la región. Los monasterios cistercienses fueron también lugares de experimentación, y en ellos se utilizaron desde muy pronto las forjas de martillos hidráulicos.

¿Cuál era la condición de los trabajadores?
Con la revolución industrial de la Edad Media aparecen, junto a los artesanos, verdaderos obreros en el sentido moderno del término, particularmente en la industria textil, en la que bataneros y tejedores están sometidos a la ley de un patrón y no participan en la comercialización.

En Florencia, el trabajo se hace en cadena, y la producción de paño llega a requerir hasta 26 operaciones. Los albañiles y los mineros son tratados mejor, puesto que su habilidad y escasez les permite fijar el salario por sí mismos. Por lo general, el año laboral comprende dos semanas de vacaciones en Navidad y una en Pascua, y numerosas fiestas de guardar.

¿Se ve amenazado el entorno?
La explosión demográfica y el avance de las técnicas modifican el entorno. Los desmontes, con frecuencia desconsiderados, atacaron los bosques en muchos lugares. Las fraguas, los talleres de vidriería y la construcción hicieron también desaparecer grandes arbolados.

La industria provocó una nueva plaga: la contaminación. Los hombres de la Edad Media se quejaban va de la «corrupción» del aire de las ciudades, debida, en Londres por ejemplo, a los hornos de cal, y también de la «corrupción» del agua, causada por las curtidurías o por los rastros. La primera ley anticontaminación fue votada por el parlamento inglés en 1338.

¿Hubo una investigación tecnológica?
Transcurrido el tiempo de la lenta mejora de las técnicas ya conocidas, en el s. xiv aparece un singular gusto por todo lo que signifique innovación. Un ejemplo de ello lo constituye la obra elaborada para Felipe VI, rey de Francia, por Guido de Vigevano, hacia 1335, en la que se encuentran de manera particular provectos de ingenios militares tales como un submarino movido mediante ruedas provistas de palas, torres de asalto basadas en una maquinaria hecha a base de cuerdas y de ‘cabrias que las permitían i/.arse hasta ‘a altura de las murallas enemigas, y hasta un carro también de asalto provisto de vela, que debía disponer, tal vez, de una dirección a base de cilindros.

¿Se conoció la energía motriz marina?
Se ha comprobado la existencia de molinos de marea, desde el s. XII, en el Adour, cerca de Bayona (Francia), y en Woodbridge, en el estuario del Deben, en Inglaterra. A lo largo de ensoñadas dentadas o en el fondo de desembocaduras, se construían prosas para crear estanques artificiales que un sistema de esclusas practicables en los dos sentidos permitía llenar.

ALGO MAS…

El Conocimiento Científico. La influencia de Aristóteles y de los filósofos árabes fue enorme en la transformación del ambiente intelectual del siglo XIII. Los frailes franciscanos contribuyeron considerablemente a que se extendiera, especialmente desde Oxford, donde se instalaron en 1224.

Enseñaba allí Roberto de Lincoln, autor de una teoría de la luz que suponía la aplicación de la matemática, y con él estudió Roger Bacon, cuyas ideas sobre las relaciones entre filosofía y teología —y, principalmente, las opiniones sobre el saber experimental— hicieron de él un iniciador. Afirmando el valor de la experiencia y de las demostraciones matemáticas, Bacon no negaba el conocimiento por revelación o por demostración, pero abría otro camino diferente, y fue perseguido por la Iglesia y condenado por herejía.

En Oxford también estudió Guillermo de Occam, y en ese ambiente prosperó su doctrina, que tanta influencia tuvo en el desarrollo del conocimiento científico. Esa doctrina se difundió, asimismo, en otros lugares. En París enseñó Nicolás de Autrecourt, cuya crítica del concepto de causalidad y del concepto de sustancia lo colocó entre los defensores del empirismo.

Una influencia más decisiva aún ejerció Occam sobre los maestros de París, Jean Buridan y Nicole Oresme. El primero, rector de la Universidad de París y filósofo nominalista, se interesó por la física, estudió el problema del movimiento de los cuerpos y enunció el principio del ímpetus, en el que se ha visto un anuncio de otro principio: el de inercia. Aquella idea fue desarrollada también por su discípulo Alberto de Sajonia, profesor en la universidad parisiense.

Nicole Oresme, preocupado por múltiples problemas, dedicó especial atención a los de la física; desarrolló también el principio del ímpetus, extendió sus investigaciones al movimiento e intentó hallar su formulación matemática. Otros estudios condujeron a Oresme al descubrimiento de observaciones muy agudas acerca de la geometría y la economía, campo este último en el que formuló una teoría con respecto a la moneda.

Intensos estudios alquímicos condujeron en los últimos siglos medievales al conocimiento de diversos cuerpos y de sus propiedades. La matemática, que debía su desarrollo al estímulo de los árabes, progresó considerablemente después de los trabajos de Leonardo Fibonacci en el siglo XIII.

Pedro de Maricourt estudió a fondo el problema del magnetismo, y se profundizaron los conocimientos ópticos. En torno de las especulaciones astrológicas se fueron realizando puntuales observaciones astronómicas, vinculadas también con los conocimientos geográficos.

En la escuela de Salerno primeramente, y en la de Montpellier luego, tuvieron gran desarrollo los estudios médicos. La anatomía fue estudiada hasta donde lo permitían los prejuicios, y en 1316 compuso Mondino dei Luzzi, en latín, el primer tratado completo de la materia.

La aparición de la peste negra permitió acumular nuevas observaciones acerca de las enfermedades, y la cirugía progresó considerablemente a partir de Guglielmo de Saliceto y Guido Lanfranco, médicos italianos de fines del siglo XIII.

Fuente Consultada: La Aventura del Hombre en la Tierra Tomo I