Caballos Famosos de la Historia

Ritual Indigena con el Caballo:Rito Aborigen con el Caballo

Ritual Indígena con el Caballo: Rito Aborigen con Caballo

RITUAL INDIO CON EL CABALLO: El caballo no sólo le sirvió al indio para la guerra, el transporte, el comercio y el alimento.

Además, le proporcionó un conjunto de materias primas que los artesanos emplearon para confeccionar los más diversos artículos.

Así fue que utilizaron cueros, huesos, cerdas, tendones y hasta la bosta, como sustituto de la leña.

ritual indio con el caballo

Con ellos construyeron sus toldos, hicieron sus vestimentas, diversos utensilios y todo lo que se pueda imaginar.

El caballo también llegó a ocupar un lugar destacado en sus creencias y su religión.

El Nguillatun o «rogativa» es la celebración religiosa más importante de los araucanos, que todavía practican sus descendientes.

Armaignac, que la describió muy bien después de visitar a Catriel en 1870, dice:

«Mataron dos yeguas y devoraron aún calientes su hígado y su sangre; rompieron filas y cada indio se retiró a su toldería para hacer los preparativos para su partida.

Los caballos sagrados volvieron a ser simples cuadrúpedos y sus jóvenes custodios pudieron soltar la lengua libremente después de tenerla cautiva tres días».

A. Guinnard, aventurero francés que fuera cautivo de los indios, e incluso escribiente de Calfucurá, comentó una ceremonia fúnebre de los araucanos de esta forma:

«Una vez dejado allí el cadáver (en la tumba). matan, en el mismo lugar, primero al caballo portador de los despojos de su amo, y luego a varios otros ( … ) destinados a servir de alimento al muerto durante todo el trayecto que debe efectuar para alcanzar el fin del viaje».

Sobre el mismo tema, Zeballos escribió: «Enterrado el cadáver los araucanos matan al mejor caballo y dejan su osamenta sobre la sepultura.

Creyentes en la existencia de una vida más allá de la terrenal, el caballo sigue al amo para servirle en ella», y así fue que desde el mismo vientre de su madre hasta su tumba, el indio del desierto siempre tuvo a su lado un caballo.

Ver: Origen del Caballo en América

Ver: Primeros Caballos en Argentina

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El Indio y La Domesticacion del Caballo Español

El Indio y La Domesticacion del Caballo Español

EL CABALLO ES ADOPTADO POR EL INDIO:

La disponibilidad de grandes cantidades de caballos afectó de distinta forma a los españoles, criollos, mestizos e indios.

Para los criollos y españoles, en buena situación económica, significaron más riqueza y un buen medio de transporte; para los mestizos y peones de raza blanca, el caballo ofreció el escape al trabajo de la estancia o del pueblo, para poder irse libremente a vivir en la pampa, como quisieran, formando un grupo que tuvo importancia en el desarrollo social argentino.

el caballo adoptado por el indioLos primeros indios que se encontraron con los equinos que quedaron en la expedición de Mendoza, aprendieron a amansarlos, y de esa unión hombre-caballo resultó una poderosa combinación que implicó una revolución de las estructuras sociales, políticas y económicas de los nativos de la pampa y de los araucanos que llegarían de Chile.

En el período anterior al conocimiento del caballo, el hábitat de los aborígenes era reducido a consecuencia de la falta de movilidad.

Durante el período ecuestre, gracias a aquél, el territorio se agrandó enormemente y las técnicas de caza se perfeccionaron, con el rodeo de los animales salvajes.

En la guerra se reemplazó el arco y la flecha por la lanza y se usaron armaduras de cuero de equino.

Las actividades económicas se convirtieron en predadoras, porque se basaron en el robo de ganado.

El rol de la mujer cambió fundamentalmente al ser liberada del transporte de enseres, para dedicarse al grupo familiar y los trabajos en los toldos.

La alimentación cambió haciéndose en base a la carne del equino.

Y algo muy importante: el incomparable adiestramiento de sus caballos les permitió tener grandes ventajas cuando hubieron de enfrentarse con los cristianos.

Veamos con más detalle lo que sucedió con este conjunto de comunicaciones culturales que se conoce como «complejo ecuestre» o «complejo del caballo».

El español llegó al Río de la Plata con un elemento valioso para la guerra: el caballo.

Este animal causó espanto entre los indígenas, hasta que se acostumbraron a pelear con los europeos; entonces, tomándolo de las riendas hacen caer al jinete, pero para llegar a esto pierden muchas vidas.

El coronel  Wlather dice en su libro La conquista del desierto:

«Antes de la introducción del caballo en las pampas, andaban y combatían a pie, pero cuando adaptaron el cuadrúpedo a sus costumbres, se convirtieron en habilísimos jinetes, transformando a los equinos en valiosos auxiliares para la guerra. Ello les permitió ganar movilidad y rapidez de acción en sus correrías».

Sobre los caballos de los indios de la pampa, una de las primeras referencias se encuentra en lo que escribiera el virrey Ceballos en 1777, al referirse al plan que quiso poner en práctica contra los enclaves indígenas.

Allí dice: «Yo medito que se haga una entrada general en la vasta extensión a donde se retiran y tienen su madriguera estos bárbaros, favorecidos en la gran distancia y en la ligereza y abundante provisión de caballos de que están provistos».

Un párrafo de la memoria del virrey Vértiz, a su sucesor el marqués de Loreto, escrito en 1784, explica: «(…)

Que los indios forman cuerpos errantes, sin población ni habitación determinada; que carecen de todos los bienes de fortuna, que no aprecian comodidades; que se alimentan de yeguas y otros animales distintos de los que usamos nosotros (…)».

Está claro, por lo que escriben los virreyes, que en la segunda mitad del siglo XVIII era bien conocido que los indios disponían de muchos y buenos montados, y que se alimentaban con carne de yegua.

Con respecto a la forma como amansó el caballo el indio, y como lo entrenó para la lucha, se ha escrito mucho, por lo que a continuación sólo nos referiremos a los autores que expresaron mejor esa habilidad, recordando que para varios entendidos en la materia, aquél superó al gaucho en ese aspecto.

El capitán F.B. Head, en su libro Las Pampas y los Andes, escribe al respecto:

«Los gauchos, que son magníficos jinetes, declaran todos que es imposible correr con un indio, porque los caballos de los indios son mejores que los suyos, y también que tienen una forma de impulsarlos por medio de gritos y de movimientos peculiares de sus cuerpos, que, aun si cambiaran los caballos, los indios ganarían».

Martiniano Leguizamón hizo notar por su parte que «el indio fue el maestro del gaucho en el manejo del lazo y de las boleadoras».

Lucio V. Mansilla escribió:

«Los indios no echaron pie a tierra. Tienen ellos la costumbre de descansar sobre el lomo del caballo. Se echan como en una cama. haciendo cabecera del pescuezo del animal, y extendiendo las piernas cruzadas en las ancas, así permanecen largo rato, horas enteras a veces.

Ni para dar de beber se apean; sin desmontarse sacan el freno y lo ponen. El caballo del indio, además de ser fortísimo, es mansísimo. ¡Duerme el indio!, no se mueve.

¡Está ebrio», le acompaña a guardar el equilibrio. ¡Se apea y le baja la rienda», allí se queda. ¡Cuánto tiempo», todo el día. Si no lo hace es castigado de modo que entienda por qué. Es raro encontrar un indio que use manea, traba, bozal y cabestro.

Si alguno de esos útiles lleva, de seguro que anda redomoneando a un potro, o es un caballo arisco, o enseñando a uno que ha robado en el último malón.

«El indio vive sobre el caballo, como el pescador en su barca: su elemento es la Pampa, como el elemento de aquél es el mar. (…) Todo cuanto tiene dará el indio en un momento crítico por un caballo.»

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• ►EL CABALLO LLEGA A AMÉRICA:

Cuando los españoles arribaron a América se sorprendieron al no hallar los animales domésticos que existían en Europa. salvo el perro.

Por eso los conquistadores se preocuparon de traerlos, especialmente al caballo, ya que no sólo era el principal medio de transporte, sino que inspiraba temor a los indios.

Cómo sería la importancia que le dieron, que los reyes católicos se interesaron para que Colón los trajera en el segundo viaje, cuidando de que viniesen padrillos y yeguas.

Además, en los años siguientes se establecieron cabañas en la isla Española para satisfacer la demanda de la incipiente colonia.

Cuando el equino se aclimató en la isla de Santo Domingo, su cría se extendió a las otras Antillas ya Centroamérica, de donde se proveyeron de caballos a casi todas las expediciones del descubrimiento y la conquista.

Pizarro fue autorizado a llevar montados de Jamaica al Perú, y de allí Valdivia se abasteció parra ira Chile, de donde pasarían a la Argentina.

A pesar de una prohibición temporal que dictó Fernando el Católico, siempre se siguieron enviando caballos a América.

Dos ejemplos que pueden citarse son los casos de don Pedro de Mendoza, que los trajo al Río de la Plata, y Cabeza de Vaca que los llevó al Paraguay.

Pero no todos los animales embarcados llegaban a destino, porque siempre morían algunos por falta de alimento y de cuidados o, sencillamente, porque cuando el agua escaseaba los tiraban al mar.

No obstante estas pérdidas, o las que se produjeron en las luchas con los nativos, o motivadas por otras causas, como la ingestión de pastos tóxicos o por picaduras de víboras venenosas, el equino se reprodujo fácilmente en América debido a sus condiciones climáticas y a su vegetación.

Ya sea porque algunos animales se escapasen o porque los dejasen en libertad, en ciertas regiones en poco tiempo se observaron manadas de caballos alzados o cimarrones, fenómeno que se había constatado anteriormente en Rusia, España y otros países.

En América, las cimarronadas más grandes se encontraron en el oeste de Estados Unidos, en los llanos de Venezuela y en la pampa argentina.

• ► Origen del Caballo Que Llegó a América:

Durante mucho tiempo el caballo que se trajo a América era español, no sólo porque la colonización del Nuevo Mundo fue hecha por los españoles, sino porque los conquistadores y colonizadores de cualquier nacionalidad buscaban al caballo español por ser el mejor de esos tiempos.

Traídos de Europa o nacidos aquí, todos ofrecieron un tipo racial bastante homogéneo, como que tenían el mismo origen.

El lnca Garcilaso escribió:

«Las razas de caballos de todos los reinos y provincias de las Indias descubiertas por los españoles después de 1492 hasta el presente (escrito a fines del siglo XVII), son de las razas de las yeguas y caballos de España, particularmente de Andalucía».

Según una carta de Hernando de Montalvo de 1585, la mayor parte de los equinos enviados a América «procedían de la casta de Córdoba y Jerez de la Frontera, provincias del reino de Andalucía».

Tanto las jacas de uno y otro lugar eran genuinas representantes de los magníficos corceles dejados por los moros.

Lógicamente hay que admitir que con los años, ese caballo puede haber sufrido la influencia del medio y, por otra parte, otros colonizadores (portugueses, ingleses, franceses y holandeses) introdujeron sus propias razas.

Con excepción del caballo árabe, no ha habido otro como el español de los siglos X al XVII que haya tenido tanta merecida fama y recibido tantos elogios.

Baste decir que para ponderar a un caballo se decía «parece español» y que Guillermo el Conquistador y Ricardo Corazón de León lo prefirieron.

Ver: Primeros Caballos en Argentina

Origen del caballo en Argentina Como llega el caballo a Argentina?

Origen del Caballo en Argentina: ¿Cómo llega el Caballo a Argentina?

EL CABALLO LLEGA A LA ARGENTINA:

No se puede discutir que los primeros caballos que llegaron a nuestro país fueron los que trajo Mendoza en 1536, pero lo que no se sabe con certeza es cuántos vinieron, y posiblemente nunca se sabrá.

Generalmente se ha admitido que fueron 72 animales, dando fe a lo que escribió Ulrico Schmidl.

Sea cual fuere el número de equinos que desembarcaron a orillas del río de la Plata; lo cierto es que pronto comenzó a mermar por diferentes causas: la lucha contra los indios, el canje de caballos por indias y alguno que fue sacrificado para ser comido a escondidas, cuando el alimento escaseó.

Pero también es cierto que en los cinco años y medio que pasaron entre la fundación de Buenos Aires y su abandono por orden de lrala, las yeguas deben de haber parido algunas crías.

Que los primeros vecinos estaban necesitados de caballos 10 prueba una nota que enviaron a España, en abril de 1539, donde ofrecen «cuatro mil pesos de buen oro (…) por cada lote de veinte caballos, en que figurasen yeguas de Sevilla».

Tiempo después, en el informe que Irala redacta sobre la evacuación de Buenos Aires, no menciona caballos, pero sí los cerdos que dejaron para cría.

En esta omisión se basan algunos para decir que no quedaron caballos. Tampoco se sabe bien cuántos fueron los equinos que pudieron dejarse o que se hubiesen escapado.

Ruy Díaz de Guzmán escribió que habrían sido:  «cinco yeguas y siete caballos».

Hay otra fuente, posiblemente más digna de crédito, que es una «relación» que escribiera Fray Juan de Rivadeneyra, comisario eclesiástico de Tucumán y del Río de la Plata, al rey Felipe II.

En ella afirma que los animales que quedaron en los campos de Buenos Aires fueron «cuarenta y cuatro caballos y yeguas».

Hayan sido doce o cuarenta y cuatro, fueron ellos los que dieron origen a las «cimarronadas» o «bagualadas» que poblaron los campos del país y que le permitieron a Juan de Garay, en Asunción en 1580, afirmar que en nombre del rey hacía merced a cuantos le acompaña sen en su viaje al sur «del ganado silvestre yeguarizo que quedó del tiempo de Don Pedro de Mendoza, para ellos y sus sucesores y descendientes».

Pero nuestra raza caballar criolla no desciende solamente de estos animales, porque no hay que olvidar que para esa época comenzaron a llegar al territorio que hoy es argentino otras corrientes pobladoras que traían caballos.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca llevó de España a Asunción 26 animales, algunos de cuyos descendientes vendrían 30 años después con Garay a Santa Fe.

Por su parte, Diego de Rojas y Núñez del Prado bajarían desde el Perú al norte argentino con caballos, y desde Chile, Francisco de Aguirre pasaría a Cuyo con sus montados.

Años más tarde, los indios de Chile y Argentina, por los pasos de la cordillera de los Andes, que existen a la altura de Neuquén, tendrían oportunidad de comerciar caballos, como veremos después.

Es lógico suponer que en el siglo XVII el animal existente en lo que ahora es nuestro país era consecuencia de la fusión de los equinos que habían llegado desde distintos puntos de América y España, pero también que todos eran de origen andaluz.

Para finalizar con este tema creemos que lo mejor es transcribir lo que escribiera el profesor Ángel Cabrera en su libro Caballos de América, en la página 327, después de referirse a la importancia de la llegada de las tribus araucanas a nuestras pampas:

«Este hecho fue de gran trascendencia para la historia de nuestro equino criollo, porque en la vida de aquellos indios habían llegado a ser los caballos un elemento indispensable, que llegaron hasta las inmediaciones del propio Buenos Aires para procurárselos en la mayor cantidad posible, ya robándoselos a los españoles en sus malones, ya capturando yeguas en las famosas bagualadas, que eran entonces particularmente abundantes cerca de la costa atlántica: y además, estaban a veces y otras belicoso, con los tehuelches de la Patagonia, otro pueblo que también se hizo de a caballo y que se procuraba equinos ya por tratos con los araucanos, ya viniendo a buscarlos en los valles australes de la cordillera cuando allí aparecieron bagualadas de evidente abolengo trasandino; con todo lo cual, los yeguarizos descendientes de padres chilenos venían al este y los de origen bonaerense eran llevados hasta el mismo pie de los Andes.»

Aun en nuestros días, algunos de los mejores reproductores de raza criolla (los de la justamente celebrada cría de Solanet, por ejemplo) descienden de animales adquiridos a los patagones.

La misma bagualada de nuestra pampas debió de recibir bastante sangre chilena, y aun peruana, de los caballos mansos en que la había, pues si llegó a ser tan numerosa como dice la fama, en parte fue porque constantemente se aumentaba en los animales domésticos escapados, sobre todo a consecuencia de las guerras de los cristianos con los indios, o de las tribus indias entre sí.

Pero aun sin el concurso del indio fue muy frecuente el intercambio entre este país y los países vecinos.

D’Orbigny refiere que en sus días eran muy estimadas en Buenos Aires los sementales importados de Chile, y después de haberse extendido nuestro criollo a la Banda Oriental y al Brasil, muchas veces vinieron caballos de aquellas tierras para acá ya como consecuencia de acontecimientos políticos ya simplemente con los hombres de campo que en busca de trabajo o huyendo de persecuciones o de venganzas  pasaban de un país a otro.

Como ejemplo recordemos que es fama y no hay ningún argumento serio para ponerlo en duda, que los primeros equinos tobianos que en la Argentina se vieron, fueron unas yeguas traídas desde Santa Catalina, en Brasil, y adquiridas por Urquiza para su estancia de San José.

«Este continuo trasegar de caballos durante más de tres siglos dio como resultado la actual raza criolla»

Ver: Origen del Caballo en América

Ver: Primeros Caballos en Argentina

Caballos Famosos-Nombres de Caballos de Hombres Históricos

Caballos Famosos – Nombres de Caballos: El Hombre y el Caballo

EL HOMBRE Y EL CABALLO:

En los primeros tiempos de su historia el hombre utilizó a este animal sólo como alimento, y mucho antes que él fueron domesticados el perro, el camello, la oveja y el cerdo.

La época en que el hombre domó por primera vez al caballo es completamente desconocida, aunque se sabe que 2.000 años antes de Jesucristo ya existían en Grecia, en cuya época se extendieron por la Tracia, procedentes seguramente del Asia Menor.

Junto con los elefantes eran los caballos muy estimados en la guerra; podían llevar con facilidad a los soldados de un lado a otro, y la posición elevada del jinete daba a éste, además, una notable superioridad sobre la infantería.

Los bárbaros invadieron rápidamente el Imperio Romano gracias a sus caballos; animales muy fuertes, como los de raza normanda, fueron utilizados también con eficacia por los pesados guerreros medievales.

Los equinos empleados por primera vez en las tareas del campo, que antes realizaban solamente los bueyes, pertenecían asimismo a la vigorosa raza normanda.

Durante mucho tiempo comunicaciones y transportes dependieron casi exclusivamente de los caballos. No sólo llevaban en su lomo a jinetes mensajeros: en yuntas de dos, cuatro o seis animales arrastraban toda clase de carruajes.

La aplicación a los vehículos de la fuerza motriz mecánica quitó al caballo mucha de su importancia, y su número ha descendido en todo el mundo.

No obstante, en los centros rurales más pobres, en las granjas, en los campos donde no abundan los caminos, en el arreo de los ganados, es aún un animal irreemplazable.

El hombre ha admirado siempre, por otra parte, su hermosura, su fuerza y su lealtad. El amor de Alejandro el Grande por su caballo Bucéfalo; del emperador romano Calígula por el suyo, llamado Incitatus; del Cid por Babieca o, en la literatura, de don Quijote por Rocinante, son ejempos notables de esta admiración.

Caballos Famosos-Nombres de Caballos de Hombres Históricos

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Caballo de Alejandro Magno

Bucéfalo

Bucéfalo: Otro de los grandes caballos de la historia. Vivió hace 2400 años Su nombre significa cabeza de buey, porque era de frente muy ancha, cara redondeada y una estrella blanca le marcaba el rostro.

Una leyenda da afirma que Bucéfalo era el resultado del cruce de dromedario y elefante. Fue el corcel de Alejandro Magno (356-323 a. de C.) rey de Macedonia, el más grande conquistador de la antigüedad.

Caballo de Ruy Díaz de Vivar

Babieca

Babieca fue el caballo de Rodrigo o Ruy Díaz de Vivar nacido en Burgos, España (1040-1099), llamado El Cid (del árabe, as-sid, señor). La historia y la leyenda lo convirtieron en El Cid Campeador (que distingue o sobresale, campeón). Definido como personaje histórico y semi-legendario, pasó la primera parte de su vida en los dominios de Sancho de Castilla, que luego sería rey.

Caballo de Perseo

Pegaso

Pegaso es el caballo alado más famoso de toda la mitología. Y como ser mitológico que se precie, tiene diversos orígenes.

Que nació en las fuentes del océano, que brotó del cuello de una de las tres Gorgonas: Esteno, Euríale y Medusa. Estas niñas eran peligrosas y de temer, pero sólo la última era mortal. Tenía la cabecita envuelta en rizos que eran serpientes, dentadura similar a la del jabalí, manos de bronce y alas de oro.

Caballo de Bonaparte

Marengo:

Marengo La victoria de Marengo (Italia) fue tan colosal que Napoleón llamó»Marengo» al caballo que montó durante aquella batalla. Aunque,tuvo otros caballos en estima, entre ellos, «Intendente» : Marengo,fue siempre su predilecto.

Este era un caballo tordillo de raza árabe con unos 1.45m de alzada. Fué importado de Egipto a Francia en el año 1799, a la edad de seis años. Fué el corcel más conocido del emperador Napoleón I (contaba con unos 130 caballos para su uso personal).

Caballo de Aníbal

Strategos

«Strategos« fue el nombre del caballo favorito del general cartaginés Aníbal. Era un animal de gran alzada y musculoso, de pelo negro y muy veloz. Aunque algo inquieto, era muy obediente cuando Aníbal lo montaba y fácil de dirigir, incluso cuando el noble cartaginés no usaba bridas.

Caballo de Calígula

Incitatus

Incitatus Cuenta la historia, que el todopoderoso Emperador Romano Cayo Cesar, mas conocido como Calígula (12-41 DC), para consolidar mas su poder dentro del Parlamento, designó Senador, Cónsul y Sacerdote… la su Caballo Incitatus!, también nombraba Senadores y los humillaba haciéndolos correr detrás de su carruaje, cuando querían hablarle y los obligaba (bajo pena de muerte) a apoyarle en todos sus insensatos actos de gobierno.

Caballo de Quiroga

Moro

Moro La historia cuenta que Lamadrid se apoderó en La Rioja del caballo moro de Facundo, que quedó abandonado en Córdoba cuando su retirada después de el Tío. López, sin creer que “ese mancarrón”, como dice a Rosas, era el célebre caballo de Quiroga, se lo apropió. Quiroga no pudo conseguir que se lo devolviera, y su furor estallaría con estruendo.

Caballo del Quijote

Rocinante

Rocinante Sin su caballo el hidalgo Don Quijote no hubiera podido recorrer la Mancha en busca de aventuras simulando a los grandes caballeros de los libros que le obsesionaron y le llevaron a la locura. No se puede decir que fuera un caballo espectacular, ni siquiera un caballo de gran cuna, sólo fue un amigo que le acompañó junto a Sancho.

EL CABALLO Y EL HOMBRE:

De los seres no humanos que acompañaron a nuestros primitivos, el caballo se ganó un lugar privilegiado en la historia, porque juntos hicieron historia.

Hubo tiempos en que fue sustento, contribuyó en los asentamientos como bestia de tiro y carga, fue el primer medio veloz de transporte e incomparable aliado en las guerras.

Caballos Famosos de la HistoriaEl animal, tal como es conocido, es producto de una larga evolución que le llevó desde pequeño mamífero acompañante a figura casi mítica.

Milenios atrás el caballo era un animalito del tamaño de tu perro con cuatro dedos en las manos y tres en las patas en lugar de cascos.

Los investigadores más reconocidos (Charles Darwin, Thomas Henry Huxley, Wladimir Kowalewsky, Joseph Leidy, Othniel Charles Marsh) asumen que los fósiles reconocerían una antigüedad cercana a los cincuenta millones de años.

La teoría más reconocida sustentada por la mayoría de los tratados de hipología, aseguran que el caballo de Przewalsky, habitante de las llanuras de Mongolia el el ancestro original. Existen algunos ejemplares conservados en zooloógicos.

La cebra, el anagro, hemíono o asno silvestre, asno y mula, forman parte de la misma familia. Pero el caballo difiere de todos por su tamaño, estructura robusta, crines y cola abundante.

El itsmo de Bering, apenas una callejuela de tierra que unía Alaska y Siberia, que luego se abrió dando lugar al actual estrecho de Bering (por Vitus Jonassen Bering, 1681-1741, explorador danés al serio de Rusia), fue el puente natural usado por los animales para ajar desde el norte de América al continente asiático.

Diez mil años atrás, se extinguieron en los territorios americanos y sólo regresarían n los conquistadores para aposentarse, procrear y extenderse como nacidos para vivir en esas tierras, como si sus genes hubiesen reconocido la cuna ancestral.

El más famoso hipólogo de la antigüedad fue Jenofonte (430-355 de C.), historiador griego, discípulo de Sócrates, que escribió varias obras fundamentales y algunas sobre los caballos, cría, cacería, quitación y psicología de la doma.

Su transformación se fue gestando paulatinamente junto a los humanos. No apareció como un extraño.

En los primeros tiempos, cuando los hombres aprendieron a dominar los ímpetus equinos y pudieron subírseles al lomo, lograron prodigios.

La capacidad motora se acrecentó muchas veces.

La distancia y el poder.

Se podía ir y volver rápidamente. Arrasar aldeas vecinas, alcanzar al que fugaba, asestar golpes desde la altura, infundir miedo.

Los cuerpos de hombre y caballo se mimetizaron.

Eran uno. Pero el humano daba las órdenes y el manso dejó domar y dominar.

Estaba dispuesto a servir. Como medio transporte era incansable. Se alimentaba con poco; dormía en cualquier lado; requería escasa atención.

Con un tiempo de gestación de de meses, a pocas horas de su nacimiento el recién nacido se incorpora y aprendía a caminar solito.

Abría los ojos y ya era independiente.

La relación hombre/mujer/niños/ancianos con el caballo se hizo fácil y necesaria.

Se aprendía a montarlo desde la infancia y se lo dominaba hasta la ancianidad.

Era juego, transporte, diversión, medio de carga y traslado de enfermos.

Les sirvió cuando fueron nómades. Cuando se asentaron en villorios.

Cuando debieron huir.

Sobre su lomo dormían. Con su cuerpo generoso se cubrían de los ataques.

El caballo caminaba o corría; cruzaba vados, desiertos o pedregales. Trepaba cerros o volaba en las llanuras.

Un caballo entrenado y fuerte podía alcanzar velocidades cercanas o superiores a los sesenta kilómetros por hora a campo traviesa y montados.

Piénsese que habrían de pasar decenas de miles de años para que los seres humanos alcanzaran, con las primeras locomotoras a vapor, los veinte kilómetros horarios y a fines del siglo XVII, los cincuenta.

En aquellas primeras andanzas, donde el paso del tiempo no abrumaba ni exigía apuros insolentes, cuando el hombre pudo aliarse físicamente a su corcel, se sintió alado.

Había adquirido una condición nueva y prodigiosa.

Una más que sumaba a sus recientes conquistas fabulosas; el fuego, por ejemplo.

La herradura, desarrollada posteriormente con el descubrimiento del hierro, dotó al animal de una capacidad motriz muy superior e inigualada hasta muchos siglos después sólo por medios mecánicos, en aquellos tiempos insoñables.

Atila, Gengis Kan, los persas, Alejandro Magno, montaron y con quistaron enormes territorios.

Los romanos construyeron hipódromos para carreras con carros de dos, tres y cuatro caballos (bigas, trigas y cuadrigas).

El más grande fue el Circus Maximus, que tenía seiscientos metros de largo y cieno cincuenta de ancho y capacidad para doscientos mil espectadores.

El más famoso auriga que registra la historia fue Diocles, que desde el año 130 participó en más de cuatro mil carreras ganando mil quinientas pruebas.

Cuenta la leyenda árabe que Mahoma ordenó dejar sin agua a una tropilla de caballos durante siete días.

Cuando los liberaron, todos corrieron al abrevadero, pero bastó que el Profeta los llamara, para que cinco yeguas se arrimaran a él prestamente antes de beber un sorbo.

Todos los purasangres árabes descienden de esas cinco yeguas que crearon una de las razas más fuertes, sufridas y veloces del mundo.

Mahoma predicó la importancia del caballo en la vida árabe y en el  Corán hay una mención “por cada grano de cebada que hayas dado a un caballo, Alá perdonará un pecado”.

La aparición de Hernán Cortés deslumbró con su armadura de metal,vociferante, con sus cabellos y barbas rojizas, imaginado como un posible Quetzalcoatl (serpiente emplumada), desparramando terror, tronando con su pólvora… y montado sobre un monstruo indescriptible, aun para la fértil imaginación de los aztecas.

Ellos, que dominaban la agricultura, la metalurgia, las artes, la astronomía, el calendario, no pudieron con el caballo.

Excedía sus culturas. Y además, cuando veían que de esa bestia de dos cabezas se desprendía un cuerpo vivo y beligerante, asociaban la monstruosidad del cuatro patas con el ensañamiento del dos patas recién desmontado.

Nunca visto ni soñado.

Un animal del que se desprende otro… aunque este último era más parecido a ellos que el desmontado.

La ausencia de la rueda en las sociedades americanas previas al descubrimiento, pareciera estar ligada a la falta de caballos; el principio ir era conocido pues se han encontrado juguetes rodantes.

Pero la rueda como fenómeno de transporte no se concretó hasta la llegada del caballo, porque fueron ellos los que le dieron sentido.

La rueda se asocia al caballo como dos partes de un fenómeno que cambió la vida de los seres humanos.

Antes, el tronco de árbol y otros elementos circulares que rodaban, fueron adquiridos en ciertas etapas del desarrollo. Y costó mucho.

El cuerpo humano y de los animales y la naturaleza no ofrecen ejemplos copiables, como si lo circular no existiese y sólo pudiera ser inventado.

Cuando se pensaba en la posibilidad de acrecentar el tamaño, falcaba tracción. La rueda estaba allí, cerca, pero para qué servía, era impracticable, hasta que se la asoció al caballo.

La rueda con el empuje humano ofrecía las ventajas de una carretilla de la que ya disponían, aunque con el método de arrastre personal.

Cuando dominaron al caballo, imaginar dos ruedas multiplicó sus aperitos.

Un carro equivaldría a varios hombres y los traslados se harían con más facilidad y extensión, pudiéndose portar hasta la propia vivienda.

De la asociación surgirían los caminos más estables que ya habían marcado otros animales.

Las ruedas tenían peso y profundidad y perduraban sus huellas. Fue elemento de transporte vital y decisivo.

Y  a su vera surgieron poleas, sinfines, norias para asistir en pozos de agua, minas, alfarería.

El hombre es el ser más imaginativo, creador y dominante. Dominador del fuego. Poseedor de un lenguaje.

Organizado en clanes. Con sentido del pasado y del futuro.

Con alimento al alcance de sus manos; rico en proteínas y grasas que hacían innecesario comer  todo el tiempo.

Ese tiempo servía para descansar, reponerse y seguir  tentando.

Armado con poderes a distancia. Observador nato. Instructor y amo de los animales que lo rodeaban.

Montado sobre un corcel que le daba poderes mágicos, como pájaros que volaban.

Como tigres por su fuerza y velocidad. Avasallantes. Y además, pensaban. Imaginaban.

Fuente Consultada: Abuelo,…Es Verdad? Luis Melnik

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