Historia del Cacique Pincén

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Juego Para Aprender Nombres de Dinosaurios

La primera persona que descubrió un hueso de dinosaurio se llamaba Gideon Mantell, médico y gran aficionado a los fósiles.

Vivía en Lewes, al este de Sussex, y cerca de su casa se encontraban los restos de un antiguo bosque que era sin duda una mina para los coleccionistas de fósiles de la época.

En el año 1822, Mantell encontró una serie de dientes de gran tamaño y, entusiasmado, se los enseñó a los expertos de aquel momento, quienes le despacharon argumentando que pertenecerían muy posiblemente a algún animal conocido, quizá un rinoceronte.

Pero Mantell estaba convencido de que se equivocaban. A partir del tamaño de los dientes calculó las dimensiones de su posible propietario: al menos dieciocho metros de largo.

Tras años de polémica, finalmente se reconoció que los dientes descubiertos por Mantell habían pertenecido a un nuevo tipo de criatura desconocida hasta entonces.

La bautizó como iguanodonte debido a su parecido con una iguana, aunque de mayor tamaño.

iguanodonte

Iguanodonte llamado así por Gideon Mantell, podía llegar a a medir hasta diez metros de longitud y tenía una especie de pincho
en el pulgar que utilizaba para intimidar a sus oponentes.

El descubrimiento de Mantell hizo que, por primera vez, la gente se diera cuenta de que en un tiempo lejano la Tierra había estado dominada por una familia ya extinguida de monstruos de enorme tamaño.

En la época de Mantell, igual que ocurre hoy día, circulaban toda clase de mitos y leyendas sobre la existencia de dragones v otras bestias temibles. De repente era como si todas aquellas historias estuvieran basadas en hechos reales.

La fiebre de los fósiles se propagó rápidamente, especialmente en América.

En 1858, un buscador de fósiles llamado William Foulke descubrió el primer esqueleto completo de dinosaurio en una cantera cercana a su casa de Haddonfield, en Nueva Jersey.

Aquel dinosaurio debe su nombre a Foulke y al lugar en el que fue encontrado, y así se le bautizó como Hadrosaurus foulkii.

Poco tiempo después, dos de los más prestigiosos paleontólogos de América, Edward Cope y Othniel Marsh, entraron en escena.

Al principio trabajaron juntos y asimismo contrataron a un equipo para excavar la cantera donde Foulke había realizado su descubrimiento. Allí encontraron varios esqueletos completos de dinosaurio, pero pronto su amistad se derrumbó cuando salió a la luz que Marsh había estado sobornando a los trabajadores para que le avisaran a él primero cuando dieran con un fósil.

La guerra, y no sólo verbal, estalló entre ellos.  Ambos eran ricos y gastaron buena parte de su patrimonio en superar al otro en su búsqueda de fósiles de dinosaurios.

Desde aqui puede acceder a varios juegos simples didácticos que te ayudarán a practicar con los nombres de algunas especies de dinosaurios mas comunes y que siempre cuesta reconocerlos.

Es muy fácil, solo debes hacer «clic» sobre cada boton de la izquierda del juego y elegir un nombre de la especie que piensas tu conoces, y arrastralo hasta adentro del rectángulo gris ubicado debajo de cada imagen.

Al soltar el botón podrás escuchar un sonido indicado que se ha posicionado correctamente.

Debes colocar los 20 nombres y luego con el botón de corrección podrás verificar tus errores. Otra forma de jugar consiste en hacer «clic» en el botón de Nombres Correctos, estudiarlos o memorizarlos y luego empezar a jugar desde cero.

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Historia Conflictos Limitrofes de Argentina con Chile ,Resumen

Historia Conflictos Limítrofes de Argentina con Chile-«Principio Bioceánico»

Cuando se desmembró el antiguo Virreinato del Río de la Plata, y cómo se redujo el territorio de la República Argentina ya fuese por emancipación, usurpación o despojo.

Desde su independencia, la Nación sostuvo como principio fundamental el Uti possidetis juris en 1810 (es decir: «poseerás lo que poseías» en 1810); por lo tanto, la delimitación de fronteras debe buscarse en las disposiciones realizadas por fe Corona española hasta 1810, aun cuando los territorios hayan sido ocupados —o no— efectivamente, o poseídos.

Esta doctrina del Uti possidetis juris en 1810 fue aceptada, como un «principio de orientación general», por los países de América y adoptada luego por el Congreso de Lima en 1848.

Incluso el rey de España dejó asentado este concepto en los tratados por los que reconoció la independencia de las repúblicas americanas.

La diferente interpretación de la geografía y de los títulos históricos de la herencia española, dio como resultado los conflictos de límites y éstos, a su vez, la reducción del espacio geográfico nacional.

Nuestro país, urgido por problemas internos, descuidó, a veces, los asuntos de frontera; esta atonía diplomática dio pie para que se concretasen los avances expansionistas sobre sus fronteras.

• ►CONFLICTO CON CHILE:

En las últimas décadas del siglo XIX las cuestiones de límites entre la Argentina y Chile provocaron varias disputas y estuvieron a punto de desatar la guerra, que pudo ser evitada gracias a la eficacia de delicadas negociaciones diplomáticas.

Entre los incidentes que suscitaron mayor tensión se cuenta el que protagonizó la cañonera chilena, Magallanes en abril de 1876, cuando apresó a la nave francesa Jeanne Amelle, que se hallaba cargando guano en el litoral patagónico.

Barco chileno magallanes

La embarcación había obtenido el permiso correspondiente ante las autoridades argentinas, pero según los chilenos esas tierras pertenecían a la jurisdicción trasandina, por lo que no vacilaron en conducir la nave a Punta Arenas, con tan mala suerte que al pasar frente a Punta Dungeness la Jeanne Amelle se fue a pique.

Por fortuna su tripulación se salvó, pero esto no alcanzó a suavizar la protesta argentina, que exigió una severa sanción para el capitán de la Magallanes.

Así tuvo comienzo una prolongada serie de conversaciones que poco a poco diluyeron la tensión causada por el incidente.

De todos modos, el caso volvió a demostrar que las cuestiones de límites debían ser resueltas de una vez por todas, lo cual no impidió una nueva situación de tirantez en mayo de 1878, cuando un protocolo firmado entre el chileno Barros Arana y el argentino Rufino de Elizalde provocó indignación en ambos países, que no se sintieron interpretados por el acuerdo y lo rechazaron.

Agresivas campañas de prensa de uno y otro lado de la Cordillera encresparon los ánimos y se llegó a pensar seriamente en la posibilidad de unenfrenta miento armado.

En medio de ese clima saltó  una  chispa que  casi hizo estallar el polvorín; a fines de 1878 la cañonera Magallanes insistió en su proceder anterior capturando   al    buque   norteamericano Devonshire,   que   cargaba   guano con autorización argentina.

El conflicto armado pareció en tonces  inevitable,   a  pesar  de   la casi abrumadora superioridad naval transandina: la armada chilena estaba fondeada en el  puerto de Lota,  lista para entrar en acción con dos poderosos acorazados cuatro corbetas —dos de ellas con blindajes—, un par de cañoneras y siete   naves   auxiliares   de   menor porte.

La Argentina sólo podía opor ner una flotilla de río que ni por asomo estaba en  condiciones de operar en  los peligrosos  mares del sur.

Sin embargo, era lo único que había y, por ende, lo único que se podía utilizar: el presidente Avellaneda  encomendó  al   comodoro Luis  Py marchar con  los barqui chuelos  hasta  la  desembocadura del  río Santa Cruz y desalojar a los chilenos del puesto que habían instalado.

Los marinos llegaron a destino   el   25   de   noviembre   de 1878, pero las fuerzas trasandinas ya se habían marchado: la creciente   tensión   entre   Chile,   por   una parte, y Bolivia y Perú, por la otra, obligó a destacar fuerzas chilenas en otros puntos.

Tal circunstancia evitó males mayores y la cuestión tomó otra vez la vía diplomática; la cordura, personificada en la otra sión por los chilenos Manuel Bilbao y Benjamín Vicuña Mackenna, halló oportuna correspondencia en los esfuerzos desplegados por el argentino Mariano de Sarratea, y nuevamente se pudo evitar lo que parecía un irreparable conflicto en tre pueblos hermanos.

HISTORIA DE LOS CONFLICTOS CON CHILE:

El problema con Chile: el principio bioceánico.

Después de sus respectivas emancipaciones, la República Argentina y Chile firmaron, en 1826, el primer documento internacional: el Tratado de Amistad, Alianza; Comercio y Navegación.

Este pacto preservaba los límites reconocidos de ambas naciones en virtud de otros convenios que pudieran firmar entre sí o con terceros; trataba de garantizar la integridad territorial respectiva, y buscaba obrar «de común acuerdo contra todo poder extranjero que intentara mudar por la fuerza los límites de ambas repúblicas».

En 1833 tuvo lugar el acto de usurpación ilegal de las islas Malvinas por parte de Gran Bretaña.

La cancillería argentina lo comunicó a todas las naciones americanas (circular del 23 de enero de 1833) y Chile, a pesar de estar obligado —por el Tratado de 1826— a actuar de común acuerdo con la Argentina, permaneció silencioso ante el atropello inglés.

Diez años más tarde (1843), Chile fundó Fuerte Bulnes (actual puerto de Punta Arenas) en el estrecho de Magallanes, en momentos en que el gobierno de Buenos Aires —encargado de las relaciones exteriores— soportaba el bloqueo anglo-francés.

La fundación de Punta Arenas fue el punto de partida de una serie de agresiones y expansiones ilegítimas con las que Chile demostró su deseo de extenderse hacia el Este, a expensas de las fronteras argentinas.

El 30 de octubre de 1855, la Argentina y Chile suscribieron un Tratado en el que ambas naciones reconocían «como límites de sus territorios respectivos los que poseían como tales en el tiempo de separarse de la dominación española de 1810», y en el que convenían

«aplazar las cuestiones que han podido o que puedan suscitarse sobre esta materia para discutirlas […] amigablemente, sin recurrir jamás a la violencia y, en caso de no arribar a un completo arreglo, someter la decisión al arbitraje de una nación amiga».

En 1865 la cancillería chilena denunció el Tratado y alegó derechos históricos sobre la mayor parte del estrecho de Magallanes, la isla de los Estados y una vasta zona de la Patagonia; con ello rechazaba el principio del Uti possidetis juris en 1810 para la fijación del límite territorial y se negaba a aplicarlo para deslindar soberanías.

Más adelante (1872), el gobierno chileno — sin perder de vista sus objetivos-avanzó sobre territorio patagónico (región de la cuenca del río Santa Cruz) y el estrecho y apresó barcos de banderas extranjeras que recolectaban guano con licencias extendidas por las autoridades argentinas.

La cancillería de nuestro país reclamó sus derechos: el conflicto se agudizó; las tratativas se hicieron difíciles, y la guerra fue inminente.

El gobierno estadounidense medió para pacificar los ánimos y soluciona: el problema.

Por fin, un Tratado de limites —celebrado el 23 de julio de 1881- estableció la frontera, que fue aceptada por ambas naciones: desde el Norte hasta el paralelo 52° seguiría la línea de «las altas cumbres que dividen aguas»; desde el paralelo 52° hasta el Sur de Tierra del Fuego, la línea sería convencional.

La Argentina conservaría todas las islas que quedan al Este de Tierra del Fuego y las costas orientales de la Patagonia.

Las restantes fueron asignadas a Chile.

El estrecho de Magallanes fue neutralizado y se prohibió erigir fortalezas en sus costas.

No obstante, en 1888, cuando los peritos comenzaron el trabajo de reconocimiento y demarcación de la zona, se reanudaron las dificultades.

Cada país sustentó tesis diferentes con respecto a la demarcación: los chilenos sostenían que la línea que debía adoptarse era la de divisoria de las aguas (ello les otorgaba la Patagonia. ya que las fuentes de muchos ríos estaban en ella); los argentinos afirmaban que la línea debía ser la de las altas cumbres (que daba al país la salida al Pacífico por el norte del estrecho).

En 1889, ante los impedimentos que presentaba la demarcación, se celebró un acuerdo entre los cancilleres Estanislao Zeballos (Argentina) y Guillermo Matta (Chile) quienes suscribieron una Declaración en la que se afirmó la soberanía argentina en el Atlántico y la de Chile en el Pacífico.

Las negociaciones diplomáticas se interrumpieron en 1890, debido a los problemas que afectaban a los dos países y, en 1893, ambos Parlamentos ratificaron un Protocolo Adicional al Tratado de 1881, cuya cláusula: «Chile no puede pretender punto alguno hacia el Océano Atlántico, como tampoco la República Argentina hacia el Océano Pacífico», estableció, con claridad, él principio Atlántico-Pacífico.

En 1898 nuevas disenciones llevaron a las Partes al borde de la guerra; las cancillerías decidieron, entonces, somete: la cuestión del límite definitivo al rey de Inglaterra, Eduardo VII, quien se expidió en 1902 dando una solución definitiva al dividir ios 94.000 km² en disputa y otogando 40.000 a la Argentina y 54.000 a Chile.

No obstante el laudo, ambos países llegaron a un acuerdo, en 1902-1903, sobre las bases de un Tratado General de Arbitraje y la limitación de los armamentos navales.

Estos acuerdos, conocidos con el nombre de Pactos de Mayo, fortalecieron el principio oceánico de 1893.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril
HISTORIA -La Edad Contemporanea La Argentina de 1831-1982- 3º Curso -LLadó,Grieco y Bavio,Lugones-Sessaeego y Rossi
Editora Contenidos Minimos AZ

Primera Estación Antartica Argentina Historia Base Científica

Primera Estación Antártica Argentina: Base Científica Experimental

EL COMIENZO:

El 2 de noviembre de 1902 los tripulantes del Scotia vieron desde la cubierta cómo se alejaban los muelles del puerto de Edimburgo, que no volverían a ver por largo tiempo.

La nave se dirigía a los mares antárticos para efectuar observaciones magnéticas, oceanógraficas y meteorológicas, y desarrollar otras actividades científicas.

Al frente de la expedición, organizada por la Real Sociedad de Geografía de Escocia, iba el experimentado explorador William Bruce.

barco scotia rumbo a las islas orcadas

Transportó exclusivamente en Escocia el plantel de científicos-principalmente amigos de la Academia de Edimburgo, así como la tripulación del barco a las islas Orcadas del Sur.

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Después de recalar en las Malvinas el navio alcanzó las latitudes antarticas, pero como los témpanos obstaculizaban seriamente la navegación, debió enfilar rumbo a las Orcadas del Sur.

Poco después llegaron a este archipiélago y penetraron.en una amplia bahía de la isla Laurie, donde resolvieron invernar, ya que el Scotia no tardó en quedar prisionero de los hielos.

No tenían muchas alternativas, y mientras un grupo se preparaba a pasar el invierno dentro del buque, otro se dedicó a construir un albergue en tierra firme.

Nació así la «Omond House», primera casa habitación de las Orcadas del Sur, hecha de madera y revestida exteriormente de piedras.

No tardaron en agregársele una pequeña casilla, también de madera, donde se colocaron los instrumentos para mediciones magníficas, y varios pequeños refugios para observaciones meteorológicas.

mapa orcadas del sur base antartica

Orcadas del Sur, grupo de islas deshabitadas situadas en el sur del océano Atlántico, al sureste del archipiélago Tierra del Fuego.

Las islas más grandes del grupo son Laurie y Coronación, a las que siguen en tamaño otras dos islas más pequeñas y numerosos islotes rocosos, con una extensión total de unos 620 km2.

Las Orcadas Australes fueron descubiertas en 1821 por los exploradores George Powell, británico, y el estadounidense Nathaniel Palmer.

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Cuando el calor del siguiente verano licuó los hielos, Bruce zarpó rumbo a Buenos Aires y dejó en la base una dotación de seis hombres al mando de Robert Mossman, que había tenido a su cargo la principal estación  meteorológica  de  Edimburgo.

«Omond House», primera casa habitación de las Orcadas del Sur

Bruce arribó a la Capital Federal en diciembre de. 1903 y ofreció al jefe de la Oficina Metereológica —por entonces dependiente del Ministerio de Agricultura— la venta de las instalaciones que había levantado en las Orcadas, siempre y cuando la operación apareciera como una donación suya al Estado argentino.

Se comprometió, además, a transportar en el Scotia a la dotación argentina que se haría cargo del observatorio, ofrecimiento despertó general entusiasmo.

Fue atendido, en primera instancia, por Carlos Ibarguren, subsecretario del Ministerio de Agricultura, que aprobó con calor la propuesta y la elevó al ministro, Wenceslao Escalante, quien no demoró, a su vez, en darle el visto bueno.

Así fue como el 2 de enero de 1904 un decreto firmado por el presidente Roca aceptó la cesión de las instalaciones considerando:

«que es de alta conveniencia científica y práctica extender a dicha; regiones las observaciones que se hacen en la isla de Año Nuevo y en el sur de la República».

El 21 de enero el Scotia partió del puerto de Buenos Aires conduciendo a Edgar Szmula, Hugo Acuña y Luciano Valette, los tres argentinos que iban a hacerse cargo de la estación bajo las órdenes de Mossman (y ayudados por el coci ñero William Smith) hasta que se familiarizaran con el manejo de los instrumentos y los métodos de trabajo.

El 22 de febrero de 1904 el pabellón nacional comenzó a flamear sobre la casa que habían levantado los expedicionarios del Scotia: había nacido la primera estación antártica argentina.

Por decreto del Poder Ejecutivo Nacional N° 1032 del año 1964 esa fecha fue declarada «Día de la Antártida Argentina».

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril

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Enlace Externo:• Bases científicas antárticas

Los Gigantes Aborigenes de la Patagonia:¿Es Una Leyenda o Real?

Los Gigantes Aborígenes de la Patagonia:¿Es Una Leyenda o Real?

Francisco P. Moreno

Francisco P. Moreno, que también tuvo muchos tratos con los indígenas de su época, habla de un viejo gigante patagón, pero no menciona en absoluto el tamaño de sus pies.

Biografia de Francisco Moreno Perito en el Sur Argentino Patagonia –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Tal como puede apreciarse, no faltaron argumentos de la más variada extracción para explicar y justificar, en lo posible, el nombre que lleva nuestra Patagonia, al cual, según hemos visto, muchos autores, historiadores, y cultores de las ciencias del hombre retacearon sus simpatías, por parecerles, además de inapropiado, poco agradable y totalmente injustificado.

Lehmann  Nitsche

El profesor Roberto Lehmann Nitsche, cautelosamente, ratificó lo dicho por Musters: que el nombre difundido por Pigafetta no tenía origen en los grandes pies de los indios, sino en las enormes marcas que dejaban sus pisadas en la arena de la playa, es decir, las huellas de los grandes tamangos hechos con piel de guanaco que en invierno solían usar los patagones para proteger sus pies del frío.

Al promediar la década del año cincuenta del presente siglo, todas las especulaciones literarias, muchas y muy variadas por cierto, que se venían barajando desde 1579, en torno al origen de este topónimo, parecieron quedar definitivamente descartadas, o cuanto menos, desacreditadas y condenadas a convertirse en una simple curiosidad en los anales de la literatura histórica que trata sobre la Patagonia.

María Rosa Lida

Allá por el año 1954, la profesora María Rosa Lida, posteriormente de Mackiel, erudita investigadora de temas hispánicos en una universidad norteamericana, hizo notar que el aumentativo de pie o pata, en castellano, es patón, y no patagón como se venía repitiendo desde los tiempos de Pigafetta y esto, agregaba, no lo ignoraban los expedicionarios que descubrieron el Puerto de San Julián, ni tampoco podía desconocerlo el culto Magallanes.

El enigma de Pigafeta en la Vuelta al Mundo con Magallanes – BIOGRAFÍAS e  HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

A renglón seguido de estas convincentes explicaciones idiomáticas, la investigadora pasa a suministrar su propia versión diciendo que dicho nombre le fue inspirado a Magallanes por un personaje —el monstruo Patagón— de la novela Primaleón, la que, según dice, estaba muy en boga por aquellos tiempos.

Las conclusiones a que arribó la profesora María Rosa Lida tuvieron entre nosotros muy amplia repercusión, y fueron aceptadas como lógicas por la mayoría de los estudiosos, que —tal como lo había hecho, años antes, Spegazzini—, no estaban de acuerdo con las afirmaciones hechas por Fernández de Navarrete, y muchos otros historiadores, de que los pies de sus habitantes habían inspirado a Magallanes el nombre que dio a toda la región.

patagones en argentina


Aquietados los ánimos tras el revuelo que produjo esta explicación, aparentemente irrebatible, se comenzó por hacer notar que, de todos modos, el descubrimiento de la mencionada estudiosa relacionado con el origen del nombre de nuestra Patagonia, no alcanzaba a invalidar o reemplazar totalmente a la versión clásica nacida simultáneamente con el descubrimiento, pues en ambos casos la idea vendría a ser la misma, ya que giraba en torno a la existencia real o imaginaria de un ser humano, sino enteramente monstruoso, por lo menos de relieves extraordinarios.

Situación Anímica de Magallanes

Años después se conocieron otras observaciones y, sin cuestionar las conclusiones a que había arribado la citada profesora, hicieron notar que esta erudita pasaba por alto todo lo que había ocurrido en aquel lúgubre escenario.

Ruta de Magallanes Mapa del Viaje Vuelta al Mundo Recorrido – BIOGRAFÍAS e  HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Nada menos que dos de los capitanes de la flota descubridora habían sido ajusticiados y sus cuerpos descuartizados en la playa, en tanto que el segundo de la expedición, nombrado directamente por el propio emperador, aunque detenido a bordo, continuaba amenazando la autoridad de Magallanes y éste se hallaba perfectamente enterado que el rebelde tenía muchos partidarios en las naves.

Hasta el momento de la partida de San Julián la vida de Magallanes estaba pendiente de un hilo, pues las amenazas de revuelta seguían latentes.

La reanudación del viaje apaciguó un tanto los ánimos, pero la tensa situación se mantuvo hasta el mismo instante en que abandonaron el estrecho.

Quedó demostrado así cuando el jefe convocó a una junta de capitanes, pilotos y cosmógrafos en el centro del mismo canal, donde se produjo la deserción de la carabela San Antonio, a cuyo bordo estalló una revuelta y, tras abandonar la flota, emprendió el regreso a España.

Primaleón es un libro de caballerías español, continuación del Palmerín de Oliva, publicado por primera vez en Salamanca en 1512, con el título de Libro segundo de Palmerín.

¿Leía Magallanes novelas de caballería?

En consecuencia, se hace notar que la mente de Magallanes, a partir del momento que anclaron en San Julián, estaba saturada de muy graves preocupaciones, y muy difícilmente podía hallarse en condiciones de recordar fabulosos personajes de novelas leídas —si es que las leyó— años atrás, de modo que el nombre del monstruo que campea en las páginas de aquel libro de caballería sólo tendría, en este caso, la remota posibilidad de ser una mera coincidencia.

Nadie sabe tampoco qué clase de libros prefería leer Magallanes, pues también podría suponerse que le interesaran los libros sobre viajes y descubrimientos, dada su condición de veterano navegante.

Tampoco existen constancias de que, a partir del momento en que abandonó Portugal, dispusiera de tiempo suficiente como para entretenerse en leer novelas castellanas.

Las biografías conocidas, que siguen casi día a día sus pasos por Sevilla, no permiten respaldar la creencia de que le sobrara tiempo para invertir en tales distracciones, pues sus preocupaciones fueron muchas y su vida, también allí, estuvo varias veces en peligro.

Otros hacen notar, tal como lo insinúa Stefan Zweig, quien no alcanzó a enterarse de este descubrimiento literario, que la cuestión del plural y aumentativo del término pata o pie, debería ventilarse en portugués patagao—, pues no es ningún secreto, y la profesora María Rosa Lida tampoco lo ignoraba, que ese era el idioma de Magallanes hasta que se exilió en España.

Y no pareciera lógico suponer que, durante todo el tiempo que demandaron los preparativos de la expedición, llegara a estudiar a fondo las reglas gramaticales que rigen nuestro idioma y distrajera su tiempo leyendo monumentales novelas de caballería escritas en idioma que no dominaba.

Además, con respecto al descubrimiento idiomático de la profesora María Rosa Lida, es de señalar que el mismo ya había sido advertido hace muchos años, pues sólo basta recurrir a la página 1038 del Tomo XV del Diccionario Enciclopédico Hispano Americano, edición 1912, en donde se lee que diversos viajeros «supusieron a los patagones verdaderos gigantes y que sus pies eran también gigantescos , por cuya razón se les llamó patagones, en ves de patones.»…

Paz Soldán

A su vez, el escritor, poeta y filólogo peruano P. Paz Soldán, sostuvo en su época que la palabra Patagonia es corrupción del quechua Patacuna, que significa: pata: cerros no altos, y cuna es una partícula plural, lo que daría muchos cerros no altos, etimología que, a su juicio, expresa la naturaleza de la verdadera Patagonia.

Deodat

En 1955 Leoncio S.M. Deodat manifestó que el topónimo Patagonia puede interpretarse o traducirse por región o tierra de los indios pobres, vale decir, de escaso valor, agregando que la palabra patagón, derivaba de patacao, moneda de aquellos tiempos que circulaba en la época de Magallanes, pero poco valiosa.

Casamiquela

Rodolfo M. Casamiquela, en el Nro. 3 de Mundillo Ameghiniano, 1978, publicó un interesante análisis relacionado con la etimología de la palabra Patagonia, mencionando el trabajo publicado en 1975 por la investigadora Berta Vidal de Battini, en el que ella se pregunta: «¿Cómo y cuándo se empezó a. difundir la falsa noticia de que Magallanes llamó patagones a nuestros indígenas porque tenían grandes pies?».

A continuación la autora atribuye dicho error a un informante del historiador Fernández de Oviedo, cronista de la expedición de Loayza en 1525 1526, el cual, en uno de sus párrafos expresa: «Y en la noche pararon en el valle.. y cuando quiso amanecer, vieron más de dos mil patagones o gigantes, (este nombre patagón fue a disparate puesto a esta gente por los cristianos porque tienen grandes pies)…».

En el trabajo que comentamos del profesor Casamiquela, éste también se refiere a las explicaciones aportadas por otros eruditos, entre ellos, Leoncio S.M. Deodat, el periodista patagónico Gorraiz Beloqui, María Rosa Lida, el hispanista Marcel Bataillon etc., agregando que este último consultó dos antiguas ediciones de la novela Primaleón, verdaderas reliquias bibliográficas, y llegó a la conclusión de que, en efecto, en ese libro existen varias analogías con nuestros tehuelches, lo que vendría a ratificar que su lectura inspiró a Magallanes, en 1520, en San Julián.

Siguen los interrogantes

Todas estas explicaciones y aclaraciones críticas, a las cuales podrían sumarse otras muchas menos conocidas, no terminan de restar vigencia al relato de Pigafetta, quien, por su parte y pese a no tener ninguna preocupación ni mucho que hacer a bordo, tampoco llegó nunca a dominar el castellano ni el portugués.

En consecuencia, es de suponer, por lógicas razones, que tan sólo se limitó a escribir el nombre patagones tal como figura en sus manuscritos, porque así lo oyó pronunciar al capitán general.

Tampoco faltan quienes han hecho notar, en tren de suposiciones, que en el idioma de Pigafetta, patacón identifica a una persona grande sí, pero rechoncha y torpe, explicación que, por supuesto, dista mucho de dar satisfacción a los interrogantes que, desde hace años, se vienen planteando en torno a esta cuestión y que, por lo visto, aún está lejos de haber sido aclarada.

Manuel Molina

En 1976, el padre Manuel Jesús Molina, investigador del pasado patagónico, en su libro Patagónica, dice textualmente, en la primera página: «El topónimo Patagonia proviene del nombre impuesto por Fernando de Magallanes a los aborígenes que encontró en Puerto San Julián en 1520.

Por su alta estatura los apellidó patagones. Una novela de la época que circulaba entre los marinos llamaba a su protagonista aborigen de formas ciclópeas, Patagón.

Magallanes, al encontrarse con la realidad viviente, frente a hombres de 2,40 a 2,70 metros de altura, les aplicó el nombre del protagonista de la novela. Por extensión se llamó Patagonia a la región».

Permanencia de la duda histórica

Continuar investigando y citando las opiniones e hipótesis que tantos autores han dado a conocer, en los últimos tiempos, sobre el origen del topónimo Patagonia, sería una tarea sumamente monótona y tediosa.

En cambio, restaría señalar que si, tal como dice la profesora María Rosa Lida, el culto Magallanes no podía ignorar que en castellano el aumentativo de pie o pata, es patón y no patagón, menos aún podían ignorarlo historiadores y autoridades de nuestro idioma, como en verdad lo fueron, Antonio de Herrera, Gonzalo Fernández de Oviedo o Martín Fernández de Navarrete y otros muy conocidos.

Cuesta creer que ninguno de ellos reparara en tan elemental error gramatical y aceptaran sin observaciones esta denominación.

Tampoco cuestionaron este rústico y, en apariencia, despectivo aumentativo, los millares de comentaristas y profesores de historia que han estudiado la obra de Pigafetta a lo largo de más de cuatro siglos.

No deja de llamar la atención que quienes acreditaron su responsabilidad, prestigio, autoridad y conocimiento escribiendo monumentales obras en nuestro idioma, ignoraran el nombre del protagonista de la novela Primaleón, a la que se ha dado en asignarle algo así como la categoría de un best-seller en la época de Magallanes, con el agregado de que estaba muy en boga entre los marinos.

A lo que se sabe, nadie se ha ocupado en hacer conocer el nombre del autor de dicha novela, muy digno de compartir la inmortalidad del glorioso descubridor de la Patagonia y del estrecho, pues, en este caso, sería el responsable indirecto del nombre que hoy lleva nuestra región, por haber creado literariamente al protagonista, el monstruo Patagón que, de acuerdo con esta nueva versión, inspiró a Magallanes el gentilicio que asignó a los aborígenes y, por extensión, a toda la inmensa región que ellos habitaban.

Con respecto al discutido tamaño de sus pies, pero al margen de toda especulación literaria, bueno es recordar que se conocen algunos testimonios modernos, como la ya citada explicación que aportó Musters y algunas anécdotas.

Es sabido que cuando fueron incorporados a las filas del ejército y la armada los primeros conscriptos indígenas procedentes de la Patagonia, llamó mucho la atención que, en algunos casos, fuera necesario suministrarles calzados de medidas especiales, aunque no se aclaró si ello se debía a que sus pies excedían los tamaños corrientes o a la conformación, muy especial, del empeine, tal como lo había señalado el célebre viajero inglés.

Los propietarios de boliches, que así se llamaban los primeros negocios de campaña en la Patagonia, solían contar que antaño, cuando los indios llegaban para comerciar sus productos y adquirían alpargatas, lo primero que hacían antes de calzarlas, era abrirlas de un tajo a fin de poder acomodar el pie a su gusto, y luego les pasaban un tiento a fin de asegurarlas alrededor del tobillo.

En muchos casos, decían haber observado, entre los hombres, que los dedos del pie quedaban totalmente fuera de la suela, pero dada la mala fama que, generalmente aureolaba a estos traficantes del desierto, es de sospechar que les vendían calzado de cualquier medida y los indios debían ingeniarse, a su modo, para poder utilizarlo, o que lo hacían para poder enganchar con mayor seguridad el pie en el estribo.

En resumen, se llega a la conclusión de que se ha escrito mucho y se han dado a conocer toda clase de hipótesis y teorías sobre la etimología del topónimo Patagonia y que la explicación suministrada por María Rosa Lida no parece ser definitiva y, muy por el contrario, promete abrir nuevos cauces a la discusión de este tema.

Fuente Consultada: Revista Patagónica Nro. 16  Año IV – 1984 – Nota de Manuel Llarás Samitier

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Poesias sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Autora(301)

Poesías Sobre Guerra de Malvinas

Islas Malvinas en suspenso diplomático.

 MALVINAS A UMBRALES DEL SIGLO XXI

                                           Martha Dora Arias 1989

 En el océano Atlántico del sur
soñando una esperanza
Soledad y Malvina se parecen
a dos tristes princesas solitarias.

 El pelo oscuro de las dos hermanas
enredado en las rocas y la bruma
en árido contraste se recorta
del azul infinito y de la espuma.

 Por faldas, las cautivas ostentan pajonales
con guardas de gaviotas y corales.

 Debajo de las aguas argentinas
que cubren los pies de las princesas
asoman sandalias imperiales
que amarran sus  tobillos
con  británicas algas.

 

Un séquito de focas y ballenas
refuerza desde lejos con su voz, la fiel causa
y  por las noches negras y brumosas
intenta desatarlas.

 Pero es en vano
Las dos islas ¡ pobres¡
no pueden ser libradas.

 

Solo las almas jóvenes
de los dignos soldados caídos en Malvinas
refuerzan con su espíritu
la gracia soberana de esa tierra argentina.

 En el océano Atlántico del sur
custodiadas por cruces argentinas
suspiran por  un  príncipe valiente,
Soledad y Malvina.

  Martha Dora Arias 1989

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Poesia Sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Recuerdo a las Malvinas(301)

Poesía Sobre Guerra de Malvinas

    A las islas Malvinas, vestidas de paciencia celeste y blanca.   

MIENTRAS ESPERAN 

                                      Martha Dora Arias 1984 

En medio del mar
lejos y escondidas
golpeadas por olas
y brisas marinas
históricas islas
esperan su turno
envueltas en bruma,
solas y perdidas. 

 Y mientras esperan
le cuentan al viento
al faro prendido
al sol y  la lluvia
a la luna llena
y a las Tres Marías
y  al avión lejano
que ruge en el cielo
y al barco que pasa
entre las toninas…
le cuentan le cuentan
le siguen contando
que son argentinas
que son argentinas.

    Martha Dora Arias 1984 

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Poema a la Guerra de Malvinas Martha Arias Recuerdo a las Malvinas(301)

Poema a la Guerra de Malvinas de Martha Arias
Recuerdo a las Malvinas

soldado de Malvinas

AL 2 DE ABRIL DE 1982

                                     Martha Dora Arias – 1983      

Ganar una guerra no exige tan solo ser dueño de aviones, naves y estrategias
o lanzar modernos misiles cargados
de espesa y oscura violencia.

Ganar una guerra no es atar las manos de un país tranquilo
que su trigo siembra
ni es bloquear los mares – coartando derechos de otras banderas-
que, rompiendo vientos,
viajan o comercian.

 Imponer colonias no es ganar la guerra pero es atropello que aviva trincheras
y templa el espíritu del pueblo argentino
dispuesto y confiado para la pelea.

Ganar una guerra no es mostrar al mundo bagaje de orgullo
y de ruin soberbia,
ni es la indiferencia por la diplomacia camino del triunfo
para los imperios que usurpan las tierras.

 Programar boicot  no es ganar la guerra pero es el estímulo
de Latinoamérica
que aprieta sus manos en un lazo fuerte  de unión verdadera.

 Arrasar convenios, romper los tratados y burlar acuerdos
no es ganar la guerra
pero son certeros  disparos que agobian
la espalda del país que reza.

 Metrallar de lleno naves hospitales
y hundir sin entrañas barcazas pesqueras
es luto gratuito como el de los kelpers
– hermanos perdidos de raza –
que allá en las Malvinas hace un siglo esperan.

 Disfrazar con saña de hospital los barcos
y vestir con rojas cruces al Canberra…
la acción más mezquina, cobarde, inhumana.
Más cosas requiere ganar una guerra.

Es indispensable la Luz que ilumine y aliente en las almas coraje y cautela.
La Luz que salpique fe valor mesura, la Luz que derrame paciencia
para que Argentina, desvalorizada por la flema inglesa,
en paz y en justicia doblegue las trenzas
de la nación rubia, pasional y altiva llamada Inglaterra.

 Y si así no fuere, y si así no fuere… que Dios y la historia juzguen a Bretaña
y al aliado fiel, por los disvalores que guiaron su guerra.

Martha Dora Arias – 1983   

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Poesias Sobre Guerra de Malvinas y Sus Soldados de Martha Arias

Poesias Sobre Guerra de Malvinas y Sus Soldados de Martha Arias

Al día en que los soldados argentinos izaron en las  islas Malvinas, la celeste y blanca. 

 • POESIA 1: DESEMBARCO EN MALVINAS.

Martha Dora Arias, abril de 1992 

No es historia. Es hoy, es hoy que gritan

al mundo del oriente y occidente

que vuelven a ser Patria.

 

¿Quiénes gritan?

Dos islas argentinas: las Malvinas.

 

¿Qué expresa ese grito tan potente

que osó cruzar océanos, montañas

y remover conciencias y razones

de otras tierras extrañas?

 

Ese grito de abril, tan argentino,

tan lleno de paciencia – Dios lo sabe –

tan viejo y repetido

como el vuelo del ave

 

Ese grito sentido que hoy explota

en los pechos de jóvenes soldados

 y se hace voz de canto

en nuestros niños

y lamento de honor

en los ancianos

 

expresa vivamente que la Patria,

en su adultez sin prisa

y en su soberanía,

se afianza con firmeza

después de dar bandera a las Malvinas.

¿De dar bandera?     Pero ¿qué bandera?

La de Manuel Belgrano,

la argentina.

————-  00000 ————

POESIA 2: MIENTRAS ESPERAN 

                                      Martha Dora Arias 1984

En medio del mar
lejos y escondidas
golpeadas por olas
y brisas marinas
históricas islas
esperan su turno
envueltas en bruma,
solas y perdidas.

 Y mientras esperan
le cuentan al viento
al faro prendido
al sol y  la lluvia
a la luna llena
y a las Tres Marías
y  al avión lejano
que ruge en el cielo
y al barco que pasa
entre las toninas…
le cuentan le cuentan
le siguen contando
que son argentinas
que son argentinas.

————-  00000 ————

POESIA 3: MALVINAS A UMBRALES DEL SIGLO XXI

                                           Martha Dora Arias 1989

En el océano Atlántico del sur
soñando una esperanza
Soledad y Malvina se parecen
a dos tristes princesas solitarias.

El pelo oscuro de las dos hermanas
enredado en las rocas y la bruma
en árido contraste se recorta
del azul infinito y de la espuma.

Por faldas, las cautivas ostentan pajonales
con guardas de gaviotas y corales.

Debajo de las aguas argentinas
que cubren los pies de las princesas
asoman sandalias imperiales
que amarran sus  tobillos
con  británicas algas.

Un séquito de focas y ballenas
refuerza desde lejos con su voz, la fiel causa
y  por las noches negras y brumosas
intenta desatarlas.

Pero es en vano
Las dos islas ¡pobres¡
no pueden ser libradas.

Solo las almas jóvenes
de los dignos soldados caídos en Malvinas
refuerzan con su espíritu
la gracia soberana de esa tierra argentina.

En el océano Atlántico del sur
custodiadas por cruces argentinas
suspiran por  un  príncipe valiente,
Soledad y Malvina.

————-  00000 ————

POESIA 4: AL 2 DE ABRIL DE 1982

                                     Martha Dora Arias – 1983 

Ganar una guerra no exige tan solo ser dueño de aviones, naves y estrategias
o lanzar modernos misiles cargados
de espesa y oscura violencia.

Ganar una guerra no es atar las manos de un país tranquilo
que su trigo siembra
ni es bloquear los mares – coartando derechos de otras banderas-
que, rompiendo vientos,
viajan o comercian.

 Imponer colonias no es ganar la guerra pero es atropello que aviva trincheras
y templa el espíritu del pueblo argentino
dispuesto y confiado para la pelea.

Ganar una guerra no es mostrar al mundo bagaje de orgullo
y de ruin soberbia,
ni es la indiferencia por la diplomacia camino del triunfo
para los imperios que usurpan las tierras.

 Programar boicot  no es ganar la guerra pero es el estímulo
de Latinoamérica
que aprieta sus manos en un lazo fuerte  de unión verdadera.

 Arrasar convenios, romper los tratados y burlar acuerdos
no es ganar la guerra
pero son certeros  disparos que agobian
la espalda del país que reza.

 Metrallar de lleno naves hospitales
y hundir sin entrañas barcazas pesqueras
es luto gratuito como el de los kelpers
– hermanos perdidos de raza –
que allá en las Malvinas hace un siglo esperan.

 Disfrazar con saña de hospital los barcos
y vestir con rojas cruces al Canberra…
la acción más mezquina, cobarde, inhumana.
Más cosas requiere ganar una guerra.

Es indispensable la Luz que ilumine y aliente en las almas coraje y cautela.
La Luz que salpique fe valor mesura, la Luz que derrame paciencia
para que Argentina, desvalorizada por la flema inglesa,
en paz y en justicia doblegue las trenzas
de la nación rubia, pasional y altiva llamada Inglaterra.

 Y si así no fuere, y si así no fuere… que Dios y la historia juzguen a Bretaña
y al aliado fiel, por los disvalores que guiaron su guerra.

Martha Dora Arias – 1983

Poesia de Martha Dora Arias, abril de 1992 

Ver: Poema de Martha Arias Sobre el Árbol

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Primeras Travesia a Pie por la Patagonia :Historia de las Exploraciones

Primeras Travesía a Pie por la Patagonia

Desde los primeros tiempos del descubrimiento se conocen algunos relatos más o menos documentados unos, y fantásticos otros, sobre dramáticas caminatas realizadas por la entonces misteriosa Patagonia.

El vasco de la carretilla

La última gran caminata patagónica o raid cuya calificación oscila entre lo anecdótico y lo deportivo, fue protagonizada en el año 1937 por un pintoresco individuo llamado Guillermo Isidoro Larregui, quien unió, caminando y empujando una carretilla, la localidad de Comandante Luis Piedra Buenaentonces Paso Ibañez— situada a orillas del río Santa Cruz, con la Capital Federal.

Relieve de la Patagonia

Relieve de la Patagonia

Esta hazaña, considerada por algunos como netamente deportiva, ya que su protagonista no aspiraba a conquistar premio o recompensa alguna, alcanzó en aquellos tiempos extraordinaria resonancia en todo el país, pues sobre la marcha de Larregui, que de inmediato fue rebautizado con el apodo de el vasco de la carretilla informaban constantemente los medios de difusión de la época.

Este raid patagónico, a diferencia de lo ocurrido en siglos anteriores, nada tuvo de dramático o histórico, pues el mismo se inició a raíz de una apuesta.

El vasco, tras beber unas copas, comenzó a jactarse en rueda de amigos reunidos en un boliche de Laguna Grande, que era capaz de unir caminando ese paraje, situado a unos 120 kilómetros al noroeste de Comandante Luis Piedra Buena con la localidad de Puerto Deseado.

Un poblador que asistía a la reunión puso en chula que Larregui fuera capaz de realizar semejante  hazaña diciéndole, además, que no tenía ida de lo que era caminar mas de 400 Km. por aquellos secos y ventosos eriales.

Esta observación , como es de imaginar dado el lugar donde estaban reunidos, provocó  acaloradas discusiones.

Las mismas finalizaron al formalizarse la apuesta que, tal como se acostumbraba por allí, fue sellada con un apretón de manos ante más de una docena de parroquianos que oficiaron de testigos.

Pocos días después, el vasco se puso en marcha y, empujando una carretilla en la cual llevaba agua, ropa, comida y una lona, se dirigió hacia Paso Ibañez.

Como era época de trabajo, de inmediato se difundió la novedad de esta singular apuesta; y era mucha la gente que se acercaba a la huella para ofrecerle ayuda, comida, cigarrillos o simplemente para estimularlo o acompañarlo un trecho conversando con él.

Pero poco antes de llegar a Paso Ibañez, el estanciero con el cual había formalizado la apuesta comenzó a preocuparse por la aventura que había emprendido su paisano y de la cual todo el mundo allí se hacía eco.

Tomando conciencia de que por su culpa algo grave pudiera sucederle andando solo por aquellos desiertos, tortuosos y polvorientos caminos, salió en su coche a fin de alcanzarlo, pagarle la apuesta, reintegrarlo a su trabajo junto con la carretilla y dar por terminada la caminata.

Pero el vasco, al oír esa propuesta, se sintió herido en su amor propio y rechazó indignado la sugerencia de dar por finalizada su aventura.

Tras sostener una agria discusión, se negó a cobrar el importe de la apuesta —quinientos pesos de aquellos tiempos— y agregó que, a partir de ese momento, su meta ya no sería Puerto Deseado sino la Capital Federal.

En Paso Ibañez fue ayudado por sus amigos que, según dijeron, no tomaban muy en serio sus proyectos, más como vieron que sería inútil disuadirlo, le ayudaron para acondicionar debidamente su carretilla, y tras proveerse de lo más indispensable, se despidió agradecido de sus colaboradores y se puso en marcha hacia su meta.

Tan solitaria y extraordinaria caminata, si bien finalizó exitosamente, estuvo matizada por algunos inconvenientes, entre ellos la salud que lo demoró en ciertos tramos, pero logró reponerse y proseguir viaje.

Finalmente, el 25 de Mayo de 1937, luego de recorrer paso a paso más de 2000 kilómetros, se le brindó en Buenos Aires, en la Avenida de Mayo, frente al local de un importante diario vespertino de entonces, un extraordinario recibimiento popular.

Acallados los ecos de su hazaña, se dirigió a Lujan siempre empujando su ya por entonces famosa carretilla, y la depositó en el museo donde se halla actualmente.

Ya familiarizado con la fama y el éxito, este vasco tan simple y sencillo como fuerte, porfiado y aventurero, inició otro raid hasta Santiago de Chile empujando siempre un artefacto similar.

Luego de dar por finalizada su travesía trasandina, se dirigió con otra carretilla hasta Misiones, pues tenía proyectado radicarse definitivamente cerca de las cataratas del Iguazú, donde, cautivado por el sortilegio de aquellas tierras tan ricas en flores y pájaros, según declaró al periodismo, quería dar por satisfecha su sed de aventuras como empedernido trotacaminos.

Larregui, a quien se considera como el más extraordinario y famoso de los raidistas patagónicos, había nacido en Pamplona, España, y vino muy joven al país.

Comenzó a trabajar como peón en los establecimientos rurales de sus paisanos en la Patagonia, aunque también realizó otras tareas.

Falleció en Misiones en el mes de junio del año 1964, días antes de cumplir los ochenta años de edad.

Parte I

Ver:El Rey de la Patagonia y Auracania en Chile

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Primeras Exploraciones de la Patagonia: Largas Caminatas de Exploradores

Historia de la Primeras Exploraciones de la Patagonia

Desde los primeros tiempos del descubrimiento se conocen algunos relatos más o menos documentados unos, y fantásticos otros, sobre dramáticas caminatas realizadas por la entonces misteriosa Patagonia.

La primera caminata
Los protagonistas de la primer marcha de que se tiene noticia fueron dos tripulantes de la carabela Santiago, de la flota de Magallanes, quienes unieron caminando Puerto Santa Cruz con Puerto San Julián.

Esta nave, luego de descubrir el río Santa Cruz, naufragó a poco de salir de la bahía, pero toda la tripulación logró salvarse, excepto un negro que pereció ahogado.

Su capitán, Juan Rodríguez Serrano, tras recuperar todo cuanto fue posible de la echazón, despachó por tierra dos tripulantes hacia Puerto San Julián en busca de ayuda, pues allí continuaban invernando las demás naves de la flota.

Replica Nao Victoria que llegó a la Patagonia

Esta primera caminata patagónica, que superó largamente los 100 kilómetros, fue realizada en pleno invierno a través de tierras áridas, frías, ventosas, desoladas y totalmente cubiertas de cascajo.

Estos dos hombres que marcharon en condiciones sumamente precarias, arribaron a destino completamente agotados.

Salvaron la vida porque sus compañeros, según explica el cronista Pigafetta, desde días atrás venían observando el humo de las hoguerras que encendían, y un grupo fue comisionado para investigar lo que ocurría.

Así fue como hallaron a los dos náufragos, ya completamente postrados, a cierta distancia del puerto al cual nunca hubieran podido llegar por sus propios medios.

A raíz de este naufragio, Magallanes despachó también por tierra una partida en auxilio de la gente de la Santiago y, al decir de los historiadores, todos regresaron caminando a San Julián sin mayores inconvenientes. (En general, todas las crónicas aportan escasos detalles sobre este suceso).

Los náufragos de León Pancaldo

En el año 1538 naufragó en la barra del río Gallegos una de las naves de la flota que mandaba León Pancaldo, un genovés que en 1520 había participado, como tripulante, de la flota de Magallanes y del descubrimiento de la Patagonia.

Algunos autores han dicho que la tripulación de esta nave, siniestrada en tan remotas latitudes, realizó la extraordinaria hazaña de recorrer caminando desde la desembocadura de aquel río hasta Buenos Aires, ciudad que dos años antes había fundado don Pedro de Mendoza.

Varios son los autores y comentaristas que en diversos medios de difusión se han hecho eco de este suceso, más lo cierto es que los documentos históricos que relatan pormenores de esta fracasada expedición, que tenía finalidades puramente comerciales, no aportan noticia alguna que permita avalar tan aventurada hipótesis.

Se hace notar, además, que resulta llamativamente extraño que una hazaña de esta naturaleza, y de características tan extraordinarias como espectaculares, no haya sido comentada ni citada por ninguno de los cronistas de aquellos tiempos.

No se conoce ningún documento que acuse a León Pancaldo de desalmado por haber abandonado a su suerte a tanta gente en tan desolado y remoto lugar, y tampoco se conoce queja alguna de tan sacrificados caminantes que, de ser cierta su hazaña, debieron superar las peligrosas contingencias de por lo menos tres largos y gélidos inviernos, y otros tantos ventosos y secos veranos patagónicos.

A todo esto debería añadirse la suerte realmente extraordinaria de no haber encontrado, a lo largo de tan extensa caminata, ningún grupo de indios hostiles.

En consecuencia, el raid de este grupo de náufragos, debido a la falta de documentos, hasta ahora no logra superar los límites de lo puramente imaginario, pese a que han corrido ya casi cuatro siglos y medio.

Expediciones del padre Mascardi

En las últimas décadas del siglo XVI, las crónicas históricas de las misiones jesuitas establecidas en la isla de Chiloé, registran los viajes —en realidad interminables caminatas-realizados por el padre Nicolás Mascardi, entregado por entero a su apostolado de catequizar infieles y obtener información que le permitiera ubicar la famosa y legendaria Ciudad de los Césares.

Dichas crónicas atribuyen a este religioso el haber emprendido varias expediciones desde la misión del lago Nahuel Huapi.

Durante una de ellas, dicen que descubrió los actuales lagos Musters y Colime Huapi, y en otra se dice, con lujo de detalles, que tras alcanzar la costa atlántica, viajó a lo largo del litoral patagónico desde Puerto Deseado hasta la costa meridional del Estrecho de Magallanes, donde pudo constatar que por allí no existía vestigio alguno de la famosa y misteriosa ciudad que venía buscando.

Estas caminatas patagónicas, realmente fantásticas, del padre Mascardi, superan largamente la que algunos atribuyen a los náufragos de León Pancaldo, y las mismas están respaldadas por gran acopio de documentos, tal como puede comprobarse en las páginas del libro Entre los tehuelches de la Patagonia, del padre Guillermo Furlong.

Tapary: 19 meses caminando: En 1753, los anales patagónicos registran otra caminata que alcanza ribetes extraordinarios, pues su protagonista, Hilario Tapary, un indio paraguayo, solo y librado a sus propios medios, unió caminando Puerto San Julián con el río Negro.

La aventura de este indio guaraní duró algo más de 21 meses, de los cuales se calcula que durante 19 caminó constantemente a lo largo de la costa atlántica.

Desde el río Negro fue traído a Buenos Aires por unos indios, pues su patrón, al enterarse que los salvajes habían saqueado las instalaciones levantadas en Puerto San Julián donde éste había quedado en compañía de otras dos personas contratadas para preparar bolsas de sal, encomendó a los indios que solían visitar Buenos Aires y entre los cuales había algunos patagones, que averiguaran lo ocurrido en aquel lejano puerto y trajeran a su casa a los sobrevivientes, si los había, pues prometió recompensarlos generosamente.

Al reintegrarse a la civilización, Tapary narró a su patrón, don Domingo Basavilbaso, todo cuanto había ocurrido en aquel lejano lugar a partir del momento en que se alejó el buque que los había llevado.

Este tomó por escrito su declaración, de la cual fueron incluidas cinco páginas en la Colección de viajes y expediciones a los campos de Buenos Aires y a las costas de la Patagonia, cuya primera edición data del año 1837, y es la primera que relata esta extraordinaria aventura.

Walampa: 400 kilómetros a los 80 años

En agosto de 1883, cuando las fuerzas del general Lorenzo Vintter apresaron en Puerto Deseado a la tribu de Orkeke, la hermana mayor del viejo caudillo tehuelche, llamada Walampa, fue abandonada a su suerte por considerar que, debido a su edad y estado, no resistiría el viaje hasta Buenos Aires, hacinada en las bodegas del transporte Villarino.

Sin embargo, esta anciana, al quedar sola, abandonada, desprotegida y desprovista de todo, emprendió viaje hacia el sur, y varios meses después, tras andar más de 400 kilómetros, alcanzó la margen norte de la bahía de Puerto Santa Cruz.

Los integrantes de la Subdelegación Marítima, que entonces se había instalado en cañadón de los Misioneros, intrigados por las señales de humo que venían observando en la ribera opuesta, cruzaron la bahía con el bote, y prestaron socorro a esta infeliz mujer, a la que hallaron en un estado de total postración, siendo necesario llevarla en brazos hasta el bote.

Quienes la conocieron en la época en que finalizó esta tremenda caminata, decían que debía rondar los ochenta años. Pese a todo, logró reponerse de las contingencias de tan largo y agotador viaje, pues durante varios meses vivió en Cañadón de los Misioneros, y cuando un grupo de indios visitó el lugar, se marchó con ellos a los paraderos de la zona del estrecho, montando por sus propios medios el caballo que le prestaron.

Parte II

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Luego de leer el libro de Carlos Darwin en el que narra sus experiencias en la Patagonia, George Chaworth Musters, marino de 27 años al servicio de la Armada real inglesa, siente el «fuerte deseo de penetrar, si era posible, en el poco conocido interior… de esa región.

Para ello, se dispuso a integrar una caravana tehuelche partiendo desde Punta Arenas en dirección al norte patagónico.

Informaciones acerca del carácter tehuelche y sobre la deleitosa diversión de la caza del guanaco —explica Musters— me hicieron ansiar más que nunca la realización de ese plan”.

Y así emprendió la tarea preparatoria para lo cual le ayudaba el conocimiento del español, lengua que los indios también conocían.

Estaba convencido que era posible atravesar sin peligro el país en compañía de algunas de las partidas errantes de indígenas.

A su paso por las Malvinas un conocido suyo, Mr. H. Dean, le dio una carta de presentación para el capitán Luis Piedrabuena, «…. inteligente argentino muy conocido en Stanley. propietario de una goleta con la que explotaba las pesquerías de lobos de la costa, y dueño también de una factoría establecida en la Isla del Medio (Pavón) sobre el río Santa Cruz”.

En abril de 1869 Musters está en Punta Arenas y no advierte ninguna partida indígena, por lo cual se incorpora a una patrulla militar que se dirige a Santa Cruz, con el propósito de capturar desertores.

Un par de semanas después está en la isla Pavón donde es recibido por Mr. Clarke, encargado del establecimiento de Luis Piedrabuena en ausencia de éste.

Casualmente, acampaban en la vecindad los célebres caciques Orkeke y Casimiro, al frente de una caravana que se dirige al norte; en el lapso en que transcurre el invierno, Musters, hábil diplomático, entabla cordiales relaciones con los tehuelches; los acompaña en travesías y cacerías cortas lo que les permite a los nativos evaluar su progresivo adiestramiento.

Por último, Casimiro acepta su incorporación a la caravana e influye sobre Orkeke que se oponía al acompañamiento de Musters, argumentando que un hombre de su rango debía merecer un trato preferencial, lo que les haría perder tiempo y entorpecería la marcha.

Sin embargo, el tenaz y astuto Musters demostraba a diario que no sólo podía

hacerse cargo de él mismo y de su caballo, sino también que había adquirido las costumbres indias participando en todo lo que hacían: dormir a la intemperie bajo una manta de piel de guanaco, comer con ellos y ser aguantador para los esfuerzos.

Finalmente fue aceptado y partió con la caravana.

Viajaban alrededor de cincuenta nativos de todas las edades: mujeres, niños, jóvenes y hombres.

El itinerario se hacía con previsión de los paraderos (aiken) en los que hallarían agua, pasturas, leña y carne.

De Pavón, arriban al aike del río Chico y desde aquí, en un largo trayecto, hasta Geylum; luego continuaron hasta el río Negro (Patagones).

En el largo y accidentado viaje Musters conoció y alternó con varios caciques importantes y se adentró como pocos en el conocimiento de la idiosincrasia tehuelche y su divulgación constituyó una novedad para los propios argentinos.

Volcó toda esa rica experiencia en el libro At home with the Patagonians, editado en español con el título Vida entre Los Patagones.

En el libro, por primera vez, se realizó una descripción objetiva y amplia del interior de la Patagonia.

A lo largo de su marcha presenció tristes y lamentables episodios: la epidemia que hizo estragos matando adultos y niños, quienes gemían lastimosamente mientras las mujeres emitían desgarradores lamentos; y también las disputas que terminaron con la vida de la mitad de los hombres, que caían atravesados por lanzas o acuchillados.

Exploradores de la talla de Moyano, Lista, Del Castillo y Moreno valoraron positivamente los aportes de Musters quien, según Moreno, fue un gran “consejero”.

Afectivas referencias de Musters fueron expresadas por los nativos que integraron la caravana, con quienes tuvo un respetuoso y ejemplarizador trato.

Recuerda Moreno que al leerles algunos párrafos del libro de Musters a un grupo de indios, la conocida india tehuelche llamada María, comenté: “Musters mucho frío tenía; muy bueno pobre Musters”.

Ramón Lista y Fontana también escucharon referencias elogiosas sobre Musters a varios indígenas que pronunciaban claramente su nombre.

Cuando se despidieron, en Patagones, hubo muestras de efusividad y los tehuelches invitaron a Musters a regresar a la “pampa” lo mas pronto posible”.

El inglés obsequié a la señora Orkeke una olla de hierro y un chal, lo que la conmovió mucho.

Los chicos se alegraron cuando les regaló pasas de uva, pan y golosinas y también el hijo del indio Hinchel cuando fue obsequiado con barajas.

Cuenta Musters:

«A la mujer y a la hija ele Jackechan, que se habían mostrado siempre muy bondadosas con migo, las llevé al almacén y les dije que eligieran lo que más le gustaba: y en el acto, sin vacilar, las dos señalaron dos frasquitos de perfumes para los cabellos.

Tengo que advertir, de paso, que toda esa familia era excepcionalmente limpia en sus ropas y personas, y prometí viajar en el toldo de ellas si volvía a la Patagonia, porque tenía entonces la vaga intención de ir por la costa del mar hasta el Chubut y. tal vez, hasta Santa Cruz.

El hijo de Jackechan, el muchacho de pelo y tez claros, se ofreció para venir a Inglaterra y consentí en tomarlo a mi cargo, pero cuando supo que no había avestruces ni guanacos en el país adonde íbamos, cambió de parecer “.

Desde su partida de Punta Arenas hasta la conclusión de su travesía en Patagones, Musters, en poco más de un año, recorrió unos 2.750 kilómetros.

Tal hazaña le valió una honrosa comparación: fue llamado “El Marco Polo de la Patagonia.”

 Fuente Consultada:  Patagonia El Territorio de la Aventura de Roberto Hosne

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Orllie Antoine de Tounens era el sexto hijo de una familia de buena posición, sin título de nobleza, que habitaba en Francia.

Nació en mayo de 1820, se recibió de abogado siendo joven y actuó en los tribunales galos.

En 1858 decidió ser rey. Viajó a Panamá, cruzó por tierra hasta el Pacífico y se embarcó rumbo a Chile.

Aprendió castellano, escribió un libro sobre los animales domésticos, se hizo llamar Príncipe de Tounens, tejió relaciones en Valparaíso y tomó contacto con los jefes de las tribus araucanas y mapuches.

Su Historia:

Orlli Antoine de Tounens, nació en mayo de 1820, sexto hijo de una familia pudiente, pero sin posesión de algún título de nobleza, residente en Francia.

De muy joven hizo ejercicio de su profesión: abogado, en donde actuó en los tribunales galos; para posteriormente en 1858, tomar la decisión de ser rey.

Este, se hizo llamar Príncipe de Tounens, y con un aprendizaje del castellano, viajó a Panamá, en donde cruzó por tierra hasta el Pacífico y se embarcó finalmente hacia Chile.

Aquí es donde tejió relaciones en Valparaíso, porque estableció contactos de gran importancia con los jefes de las tribus araucanas y mapuches.

Además este príncipe escribió un libro en que relataba sobre los animales domésticos.

Así es como se puede afirmar, que este protagonista mantuvo negociaciones con los caciques.

A tal punto, que con una tupida barba, abundante cabellera, vestido de levita, a cuestas un poncho mapuche, junto a un sable corvo en la cintura; sirvió como carta de presentación en la primera cita que asistió con los nativos.

Con un discurso muy análogo en todos los territorios aborígenes, fue recorriendo poblaciones y entablando amistad son sus jefes.

Su propósito siempre fue asegurarles una protección, en este caso era la del rey francés Napoleón III, ya que tenían como objetivo en común vencer al gobierno chileno o argentino, según cual fuere el caso. Sus encuentros se destacaban por se plenamente divertidos, ya que el candidato a rey proveía alcohol como agua de manantial.

Sin embargo, en un primer momento este no tomó contacto con la República Argentina, cuestión que si lo hizo tempranamente con el gobierno Chileno, al cual le planteaba que su misión era pacificar a la indiada y para ello solicitaba ayuda logística, incluyendo en ella dinero.

Es decir que este francés charlatán comenzaba una gira diplomática, la cual con el correr de los años lograría sus frutos.

Pero para ello, en un primer momento debió establecer un sólido acuerdo, porque sino de nada le serviría el palabrerío, con el impetuoso Quilipán; el gran cacique de los territorios chilenos.

Esto fue posible recién en la primavera de 1860, cuando ambos se reunieron en una cumbre.

Tal como ya era costumbre, los festejos se hicieron presentes y en ella el vino era el motivo de entusiasmo de la indiada, y hasta los hijos del cacique Quilipán.

Uno de ellos, fue Kolüpan el cual se caracterizaba por su bravo carácter y por marchar por la vida con un grado de descontrol.

Este galopaba su caballo preferido hasta un peñasco.

Su destreza era justamente que este pingo frenara de golpe y quedara finalmente con sus manos, es decir sus patas delanteras alzadas al precipicio.

A tal punto que ello mismo lo llevo a su deceso.

Sí, las causas y motivos de este accidente no se saben, pueden haber sido tantas; desde que esa tarde le fallaron los frenos o si el diestro Kolüpan padecía de un estado de ebriedad, pero lo que si se sabe es que el caballo de este hijo cacique, no solo dejó las manos en el aire, sino que junto a ellas las dos patas traseras, resultando la caída inmediata de esta dupla al fondo del precipicio.

Así la celebración continúo, solamente que hubo un cambio de motivo, en donde reinaba una sensación de pésame junto al ofrecimiento de incansables regalos al afligido Quilipán, por parte de los integrantes de su tribu.

A la fila de obsequios se sumó el francés Orllie, quien comprendió de que se trataba ese angustioso hecho.

Por ello regaló su caballo, el cual se diferenciaba enormemente de los otros que pastaban en el corral de la tribu, ya que era un ejemplar joven, de buen porte y por sobre todo bien cuidado.

Tal es así, que Orllie gracias a este obsequio inicia su cuenta regresiva hacia la corono patagónica, tras ganar la gratitud del gran cacique.

No obstante, el 10 de noviembre de 1860 se da origen a la monarquía constitucional del terruño, ya que Orllie denomina el territorio Araucania, para la cual este le redacta un preámbulo y una posterior Constitución que lo avala como tal.

El entusiasmo fue notable por parte de los constituyentes encargados por el hecho de la sumisión de los nativos, que queda reflejado en el documento según las firmas.

Pero ello, desató una organización temprana con el propósito de atacar a los poblados chilenos.

El argumento de su reinado era que  la Araucanía nunca le había pertenecido legítimamente al Imperio español ya que el rey Fernando IV había acordado la independencia de la nación mapuche en el Tratado de Quilín, ratificado en 1643. Por consiguiente esa zona no le pertenecia a nadie y a su vez denunciaba que el gobierno chileno buscaba ocupar la zona de forma ilegal.

Sin embargo, ello no fue efectivizado debido a que el traductor al mapuche se les hizo saber mediante un aviso a las autoridades chilenas.

Este lúcido rey fue enviado a que se capture en manos del coronel Cornelio Saavedra (este era nieto del Célebre Cornelio de 1810, encargado de la “campaña del desierto” del otro lado de la cordillera).

Finalmente Orllie- Antoine fue detenido en manos de Saavedra, quien lo llevó hasta Valparaíso, lugar en el cual este francés iba a ser juzgado.

Desde ese momento estuvo encarcelado hasta siete meses después, momento en el cual los peritos médicos establecen que este hombre no estaba en su sano juicio.

Ello implicaba, que no se le pudo realizar un juicio justo y acorde a los hechos, porque no poseía la cordura de una persona sana.

Este hecho y tras haber estado internado en un manicomio durante nueve meses, el cónsul francés decide que Orllie regrese a Francia, para ello lo introduce en un marco que marcó el retorno de este rey a casa.

Pese a ello, regresar a su reino fue el propósito de su majestad patagónica, quien insistió con este proyecto e inició una campaña que buscara recaudar dinero para este retorno tan ansiado.

Finalmente esto se pone de manifiesto en 1869, cual consigue un financista que permite que Orllie se embarque hacia el continente americano, más precisamente con destino último: Buenos Aires. Pero ella fue partícipe de una corta estadía por parte de su majestad, ya que ni bien pudo, partió hacia el sur.

La bahía de San Antonio, en Río Negro fue su punto de desembarco, ya que a partir de allí inició una caminata hacia el oeste, recorriendo todo su reinado.

Este monarca no fue reconocido por sus súbditos, cuestión que se refleja tras el encuentro en esta caminata con una tribu poco amigable, en donde Orllie casi termina decapitado.

Pese a ello este se las ingenia para hacerles comprender que su principal aliado siempre lo fue Quilipán, y que el era tan mapuche como ellos, porque esa pertenencia se adquiría tanto por nacimiento como por los hechos y sentimientos. Gracias a estos argumentos, este franco mapuche salva su vida nuevamente.

Sosteniendo que era tiempo de emprender la gran guerra, Orllie puso un pie en Chile tratando de localizar al grandioso Quilipán para convencerlo de esta suposición.

Sumado a ello, le aseguraba que en un breve lapso de tiempo contarían con armas enviadas desde Francia, por lo que entonces no había porque temer a este hecho.

No obstante, estas promesas quedaron en la nada y lo único que se hico presente fue el descontento de sus seguidores del reino, por lo que resultó en un progresivo abandono de la lucha y consecuentemente Orllie-Antoine I, no le quedó otra cosa más que regresar de donde vino.

En un primer momento lo hizo hacia tierra argentina, pero luego culminó a la abierta Buenos Aires de 1871.

Sin embargo, lo único que encontró tras su vuelta fue una ciudad vestida de luto, por las consecuencias inmediatas de unas semanas acaecidas por la fiebre amarilla, que arrojaron un saldo de 15.000 personas fallecidas.

Esto determinó que al fin de cuentas, su majestad regrese a su país de procedencia.

Orllie de Tounens, fue un ciudadano común que pasó a ser un príncipe, que firmando un documento se convirtió en rey; junto a él un secretario invisible llamado Desfontaines, cuya denominación era coincidente con el barrio donde residía el príncipe cuando todavía no lo era, fueron quienes redactaron la Carta Magna. Sumado a ello, Quilipán fue nombrado ministro de guerra; Quelaoeque era el ministro del Interior; Marioula era ministro de agricultura y ninistro de relaciones Exteriores fue monsieur Mointret. Todos juntos integraron su gabinete.

Sin embargo, este último fue el único miembro no nativo, que por su dominio de la lengua castellana y Francesa asume la cancillería.

Se puede afirmar, que nuestra patagonia no integró la comarca de Orllie-Antoine I, cuando se originó la Araucaria.

Este reino tenía unos dos millones de habitantes aproximadamente.

Y por necesidad y urgencia, recién el 17 de noviembre se decreta al territorio argentino como su nueva anexión.

Una vez lograda la constitución, el nuevo rey parte de expedición por sus tierras las cuales eran cuatro veces más extensas que su tierra nativa.

En este recorrido las colonias mapuches proclamaron su sumisión, lo que se celebró a partir de magníficas fiestas.

Ellas fueron cuatro, en donde lo que abundó fue la bebida como si fuera la última celebración que vivenciarían.

La comunicación de la creación del reino de Nueva Francia, fue el paso posterior de este monarca, que lo hizo desde la escritura de cartas a sus compatriotas franceses.

Este reino llevó un nombre que cambiaba muy seguido según el interlocutor que este presente. Orllie decidió renunciar a la ciudadanía francesa, pero era una cuestión que se confesó en diarios chilenos, pero que evitaba hacerlo público en su patria natal.

Pero ello se manifestaría mas tarde, cuando en su firma diría: “Orllie-Antoine, rey de Auracania y Patagonia, es decir, Nueva Francia”.

Mientras tanto, el músico alemán Wilheim Frick, fue contratado en Chile para componer el “Himno Real a Antonio Orelie”.

Además confeccionó una bandera representativa de su reino que enarbolaba los colores azul, blanca y verde; junto a un juramente por parte de sus vasallos en cada tribu.

Su inquietud también se manifestó en Francia, donde planificó toda una estrategia comercial, y nombró un cónsul en Inglaterra.

Un gran paso que realizó y que sirvió para facilitar el intercambio mercantil, fue redactar un diccionario francés-mapuche. Sumado a ello, hoy los coleccionistas consideran como tesoros, las monedas de cobre que el mandó a acuñar.

Este reino de “La Nouveile France”, facilitado por las campañas mediáticas logró poseer un período, cuya impresión se realizaba en Marsella, lugar de radicación de sus auspiciantes.

Finalmente, en 1874 Orllie volvió a cruzar el océano para desembarcar en sus dominios, más precisamente en la capital de la República Argentina.

Pero esta vez lo hizo con un nombre diferente: Jean Prat, un hombre con extensa barba, pero con un gran entusiasmo y fuerza de voluntad que lo caracterizaban.

Poco tiempo después se instaló en Bahía Blanca. Pero fue descubierto, encarcelado y deportado.

El periódico estadounidense New York Times, al relatar la historia del llamativo personaje, explicaba que el negocio que se escondía detrás de toda la fachada monárquica era la comercialización del guano, que la Argentina no estaba en una situación de calma interna que le permitiera ocupar su tiempo en lidiar con reyes patagónicos y que don Orllie se había equivocado de país, ya que si hubiera ido a los ilusos Estados Unidos, lo habrían hecho participar de comidas, agasajos y muchos otros actos en su honor.

El cuarto viaje del rey de Araucania y Patagonia tuvo lugar en 1876.

Se instaló en la isla Choele Choel (Río Negro), aunque no por mucho tiempo.

El monarca estaba enfermo y partió de regreso en su último viaje transatlántico. Durante su convalecencia, el presidente del tribunal francés que lo juzgaba, un ex periodista de apellido Planchet, le robó la Constitución para apoderarse del título y viajó a la Patagonia con intenciones de hacerse respetar por los nativos.

La falta de respeto de la indiada fue tan evidente que debió regresar a Francia, donde Orlhie, por su honor y el de sus súbditos, lo retó a duelo. Pero a un duelo singular, con lanza y boleadoras.

Planchet renunció al combate por la corona.

El monarca de los araucanos no quiso dejar su reinado en manos de inescrupulosos y repartió títulos de nobleza entre sus allegados.

A uno lo nombró Barón de Belgrano, a Otros les confirió la Orden de la Estrella del Sur.

Orllie Antoine de Iounens murió en Bordeaux, Francia, el 17 de septiembre de 1878.

El escultor de su tumba, al no saber cómo era la corona que debía esculpir, decidió imitar la que usa el rey de corazones de la baraja francesa.

En sus últimos días, Orllie había dicho: “Sí, he sido un completo chiflado. Pero, ¿quién iba a pensar que Francia podría negarse a anexar tan espléndidas colonias?”. Antes de morir, delegó su reinado.

El conde patagónico Gustave Aquiles Leviarde —su primo segundo— heredó el trono, con el nombre de Aquiles I.

Se ocupó de nombrar funcionarios y embajadores, pero nunca viajó a Sudamérica.

Cuando sintió que se acercaba su fin, envió a su Primer Ministro, el conde de Bellegarde, a Pittsburgh (en Pensilvania, Estados Unidos) con el fin de negociar con el poderoso industrial del acero Andrew Carnegie —el Bill Gates de hace cien años— la venta del título.

En un principio el multimillonario Carnegie se interesó.

Las reuniones se extendieron por seis semanas. Incluso viajó un teniente de ingenieros del ejército austríaco, a quien Aquiles nombró Jefe de Topografía, para que dibujara un mapa del reinado en venta.

Pero los emisarios no lograron convencerlo y Carnegie se perdió la posibilidad de hacer el negocio que luego entusiasmaría a Ted Turner, Luciano Benetton y Joseph Lewis.

Aquiles I murió el 18 de marzo de 1902, en su pequeño departamento parisino, en la Plaza de las Naciones, víctima de una neumonía.

Su canciller que trabajaba de encargado de un bar, explicó a los medios que el rey Aquiles había nombrado un sucesor, pero él no podía anunciarlo hasta que se cumplieran las reglas de etiqueta: primero había que informarles sobre la sucesión la los monarcas europeos y a los presidentes americanos!.

Bien pensado, lo de las reglas de etiqueta, salvo por el detalle de que todos sabían que el hombre tenía más familiaridad con las etiquetas de las botellas que expendía.

A Aquiles 1 lo sucedió el médico Antonio Hipólito Cross —Antonio II—, quien murió al año siguiente. Sus descendientes intentaron vender el título a algún millonario, pero no aparecieron interesados.

 Fuente Consultada:  Basado en Historias Insólitas de la República Argentina de Daniel Balmaceda

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Luis Piedrabuena:Explorador de la Patagonia,Historia de su Vida

Luis Piedrabuena:Explorador de la Patagonia,Historia de su Vida

Luis Piedrabuena, el «Centinela del Sur»

La indócil y desmesurada extensión patagónica se enfrentó, en ocasiones, a protagonistas de igual temperamento, que la desafiaron revelando un temple y una audacia excepcional.

Tal fue el caso de Luis Piedrabuena, llamado el “Centinela del Sur”.

Nació en Carmen de Patagones el 23 de agosto de 1833, y desde los primeros años, escuchando relatos sobre corsarios y loberos fue tentado por la vida marinera, imaginando que el mundo estaba más allá de su pequeño pueblo y él debía abordarlo.

Luis Piedrabuena:Explorador de la Patagonia,Historia de su Vida

Su entusiasmo por la navegación fue advertido, cuando solamente tenía nueve años de edad, por el capitán E. Lennon quien lo embarcó como grumete.

En 1847, el capitán William H. Smiley, veterano lobero norteamericano lo toma en su barco y Piedrabuena se inicia en un verdadero aprendizaje marino.

Durante años navega el litoral atlántico, conoce las principales islas y recorre la península antártica, interviniendo en la captura de lobos y ballenas.

El capitán Smiley advierte las singulares dotes de Piedrabuena y patrocina su capacitación, enviándolo a formarse a una escuela náutica de Nueva York.

Regresa a los tres años con diploma de piloto y conocimientos generales de mecánica y carpintería náuticas.

Luego de navegar un período con el lobero norteamericano se independiza y se desplaza en su propia embarcación a la vez que amplía sus actividades, instalando un almacén de ramos generales en una pequeña isla próxima a la desembocadura del río Santa Cruz.

Fitz Roy la llamó “Islet Reach”. y Piedrabuena la rebautizó Pavón, en recuerdo de la batalla que libró Bartolomé Mitre.

En sucesivos viajes fue acopiando materiales para construir una vivienda con varias dependencias y un galpón.

Sus clientes serían los indios y eventuales viajeros a quienes vendería alimentos y algunos “vicios” recibiendo a cambio plumas, cueros y quillangos.

Como él continuaría navegando deja el negocio al cuidado de sus dependientes.

Piedrabuena era ya un avezado conocedor de los mares australes y de sus costas y percibe con alarma la penetración chilena sobre regiones que conceptuaba de exclusiva soberanía argentina.

Sus advertencias al gobierno nacional, en principio, no fueron tomadas en cuenta.

Luis Piedra Buena — MUSEO MARÍTIMO DE USHUAIA

En 1864 la Marina de Guerra lo nombró capitán honorario, sin percibir sueldo alguno porque no quería abandonar sus actividades particulares.

A su cargo, con instrucciones expresas, envía al marino inglés G. H. Gardener a explorar el río Santa Cruz, bordeándolo a caballo acompañado por dos peones en una travesía que demandó treinta y tres días. Gardener llega al lago donde nace el río, releva el área y presenta su informe a Piedrabuena que, a su vez, lo despacha al ministerio de Relaciones Exteriores.

En 1869 instala otro almacén de ramos generales en Punta Arenas, Chile y seguidamente, con materiales que le cede el gobierno de Buenos Aires construye refugios para náufragios en la isla de los Estados y en San Gregorio, en el estrecho, pero debe retirar este último por exigencia de los chilenos.

En Punta Arenas sus movimientos son observados porque se lo considera un agente del gobierno argentino pero su prestigio como marino impide cualquier arbitrariedad.

Además, sus servicios siempre son requeridos para acciones de salvatajes, siendo meritorias sus intervenciones ya que rescató varias naves y puso a salvo a más de doscientas personas, lo que le valió innumerables agradecimientos y simbélicos presentes, entre otros, de la reina de Inglaterra que le obsequió binoculares, o del emperador alemán que le envió un anteojo telescopio.

Sin embargo, las intrigas urdidas por el gobernador de Punta Arenas para desacreditarlo provocaron situaciones ingratas y Félix Frías, embajador argentino en Chile, se hace eco irreflexivamente de los infundíos y sin información fehaciente informa a Buenos Aires que Piedrabuena es económicamente insolvente, que está agobiado por las deudas, que es propietario de una desacreditada taberna y vende a los indios lo que el gobierno argentino le cede para asistirlos, comercializando, además, los materiales que le envíaó para distintas tareas de fomento.

El embajador también objeta la condición de oficial de la Marina de Guerra ostentada por Piedrabuena.

Mientras tanto los chilenos establecen una Capitanía en Cañadón Misioneros, sobre la ribera sur del río Santa Cruz, frecuentemente visitada por barcos de guerra.

Hay rumores de guerra y el gobierno recurre a Piedrabuena en busca de asesoría porque salvo él, no había nadie que supiera algo del sur patagónico y los mares australes.

Es de tal valor la información que suministra Piedrabuena, que el propio embajador Frías tiene que reconocerlo: en su u informe ha venido a prestarme un gran servicio….Hombres patriotas puros como usted tarde o temprano tienen su recompensa.

Las incursiones chilenas incentivan los viajes de reconocimiento a la Patagonia y es Piedrabuena quien asesora y orienta a diversas misiones que integran Carlos María Moyano y el Perito Moreno.

En su goleta Santa Cruz entrena a cadetes y tropa, lo que lo convierte en un instructor de la marina de Guerra.

En 1878, por decreto, el presidente Avellaneda lo nombra coronel de la marina de Guerra, pero Piedrabuena sigue navegando por los mares australes sin dejarse atrapar por la burocracia o cargos que se le antojaban cómodos.

El súbdito británico Henry L. Reynard (que introdujo ovejas provenientes de las Malvinas y dio un gran impulso a la cría de ovinos en toda la región, convirtiéndose en su mayor fuente de ingresos) escribió en el periódico Navy:

«Don Luis Piedrabuena, cuya noble conducta no tan sólo honra a él sino también en alto grado a la nación que tiene hombres tan intrépidos y humanitarios como el que tratamos… consiguió salvar a tripulantes de una muerte casi inevitable, recoger los despojos del Espora, con una parte de ellos construir un galpón para resguardar a sus marineros de la cruel intemperie de aquella isla (de los Estados) y por fin, con un ingenio poco común construir con esos fragmentos del naufragio el cúter que habría de servirles de tabla de salvación”.

En febrero de 1873 Luis Piedrabuena navegaba con el Espora frente a la isla de los Estados y un temporal provoca el naufragio de la nave en la Bahía de las Nutrias.

Luego de varias jornadas de ociosa vigilia advierte que por allí no pasaría nadie y con lo que puede rescatar de la nave construye un cúter (embarcación de un palo) con la ayuda no muy efectiva de cuatro tripulantes porque otros cuatro estaban enfermos.

Con dos sierras y un hacha construyeron en dos meses un bote de doce metros que bautizaron Luisito.

Dieciséis días más tarde fondean en Punta Arenas.

Su última tarea fue la de conducir la misión del Instituto Geográfico Argentino dirigida por Giacomo Boye, en una expedición que se prolongó durante ocho meses.

Desde su lecho de enfermo da instrucciones para la colocación de faros en el estrecho de Le Maire; días después, a los cincuenta y un años, fallece.

La Nación, comentó:

“Es un hecho histórico que a los trabajos del comandante Piedrabuena y a su patriótico anhelo se debe en gran parte la reivindicación de los territorios australes de la República Argentina, sobre los cuales él fue el primero en llamar la atención, pudiendo decirse que por mucho tiempo los defendió solo, con un pequeño buque de su propiedad, con el cual navegaba por los canales magallánicos velando por aquellos y estorbando su ocupación por otros Piedrabuena nunca se enriqueció con sus actividades comerciales, al contrario, pero aun agobiado por sus problemas jamás se negó a efectuar salvatajes o acudir en auxilio de alguien en peligro. Se brindaba al servicio como si fuera su verdadera y definitiva causa.»

• ►ALGO MAS SOBRE PIEDRABUENA

La recompensa oficial por la infatigable labor de Piedrabuena consistió en otorgarle en propiedad la Isla de los Estados, donde fundó una estación de salvamento permanentemente habitada.

Según la prolija compilación efectuada por Felipe Cárdenas (h.) en un artículo de divulgación histórica, «en 1849 (tenía entonces 16 años) salvó en la Isla de los Estados a 25 náufragos de una fragata alemana.

El mismo año buscó a los misioneros ingleses de la isla Navarino, a los que encontró muertos y les dio cristiana sepultura.

En 1857 rescató a 42 náufragos de una ballenera norteamericana, cerca de Bahía Nueva.

En 1872 se prestó a viajar expresamente para buscar a los tripulantes de una goleta inglesa, en la bahía Fortescue, los que que ya habían sido asesinado por los indios; en esa oportunidad varó el pailebote que comandaba Piedra Buena y éste debió regresar a Punta Arenas en bote.

Al año siguiente salvó con el célebre cúter Luisito a 6 náufragos de un navio inglés perdido en la Isla de los Estados.»

Un año antes de esta última aventura Piedrabuena había cumplido una proeza difícil de igualar, que lo salvó de una muerte segura.

Después de dos años de intenso trabajo, el marino recaló en la bravia Isla de los Estados con su goleta Espora, dispuesto a instalar una fábrica  de  aceite  de foca y pingüino. 

Lo acompañaba un  puñado de curtidos marinos, familiarizados como su jefe con el frío y los temporales.  

Nadie suponía, sin embargo, que el 10 de marzo un furioso vendaval echaría a pique la nave poniendo al grupo en difícil situación.  

Sin barco en que partir, sin poder aguardar el verano porque en pocas semanas morirían de hambre, con escasísimas posibilidades de  que alguien  llegara a rescatarlos, las perspectivas eran desalentadoras.  

Piedrabuena mostró nuevamente entonces su talla de hombre excepcional.

Con los escasos clavos rescatados del Espora y  los  maderos  del   barco hundido,   sin  planos,   cálculos   ni medidas, a puro ojo, los náufragos se pusieron a construir una embarcación.  

Las condiciones distaban de ser propicias, pues a la lucha contra el clima cada vez más frío se unía la diaria necesidad de salir en busca de huevos de pingüinos de mariscos, de cualquier alimento que apareciera.  

A pesar de todo, el 11 de mayo, un mes después de iniciada la tarea, los barbudos y extenuados marinos pudieron botar un cúter de 11  metros de es lora, 4 de manga y 18 toneladas de desplazamiento, una construcción   increíble   realizada   casi   sin herramientas  ni  materiales. 

Quince días después la pequeña nave, bautizada Luisito, entraba en el puerto   chileno   de  Punta  Arenas.

Piedrabuena había cumplido una más de sus hazañas.

Fuente Consultada:
Patagonia El Territorio de la Aventura  de Roberto Hosne y Historias Insólitas de la República Argentina de Daniel Balmaceda

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Darwin en la Patagonia: Expediciones de Parker King y Fitz Roy

En 1830, el teniente Robert Fitz-Roy, comandante del barco británico HMS Beagle, raptó a Jemmy, de 14 años, y a otros tres niños de Tierra del Fuego.

Quería llevarlos a Inglaterra, con el fin de educarlos al estilo de vida europeo.

Jemmy se maravilló con el cambio: se cortó el pelo, se vistió de traje y corbata, conoció al Rey Guillermo IV, aprendió inglés y mecánica.

Tres años después, Jemmy volvió a Wulaia, su pueblo, cargado de ropa, palos de críquet y juegos de té.

Objetos inútiles, que no lograron entusiasmar a otros yaganes y que Button terminó abandonando.

Entre las expediciones más importantes con propósitos de exploración y relevamiento patagónicos, se cuentan las que realizaron los marinos ingleses Phillip Parker King, entre 1826 y 1830, continuada por Roberto Fitz Roy (imagen) en 1832 y 1836.

En el lapso de diez años efectuaron amplias y detalladas investigaciones desde el sur del río de la Plata hasta Tierra del Fuego, siendo registradas en interesantes informes y relatos no exentos de sorprendentes episodios.

Los secundó un calificado plantel de científicos y oficiales, sobre todo en la segunda expedición al mando de Fitz Roy, en la que viajó Carlos Darwin.

Las naves de la primera incursión fueron Adventure y Beagle.

A comienzos de 1827 fondean en el estrecho de Magallanes, cerca de Port Famine (Puerto Hambre) y realizan un extenso relevamiento en toda la región y descubren el canal que bautizarían Beagle.

Hallándose en las proximidades de la isla Navarino —según relataron los ingleses—, un grupo de yaganes les roban una lancha ballenera.

Estos, para escarmentarlos, tomaron cuatro rehenes y los mantuvieron a bordo.

Otras versiones interpretan que los retuvieron en cautiverio para educarlos y formarlos como guías e intérpretes, según una modalidad británica, para influir sobre sus hermanos de raza.

Lo cierto es que los nativos viajaron a Inglaterra: una adolescente bautizada Fuegia Basket (Cesta fueguina); y tres jóvenes: Jemmy Button (Jemmy Botón, por él se pagó a sus padres un enorme botón de nacar);Boat Memory, (en recuerdo del bote perdido) y York Minster, (en memoria del cabo que organizó la captura).

Fitz Roy se hizo cargo de todos los gastos que demandarían su educación, mantenimiento y ropas.

En Inglaterra se hicieron célebres, siendo recibidos por el rey Guillermo IV y la reina Adelaida, quienes los agasajaron con obsequios y a Fuegia Basket le regalaron un ajuar de boda junto con un gorro de batista de la propia reina.

El inglés Charles Darwin, (1809-1882) en su libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo hay definiciones memorables sobre la Patagonia que tienen asombrosa vigencia.

El segundo viaje en el Beagle (imagen abajo) , al mando de Fitz Roy, se inició en diciembre de 1831 y en esta expedición viajaba Carlos Darwin en razón de que Fitz Roy pretendía incluir a un naturalista y por no disponer de presupuesto se le ocurrió invitar a un estudiante de ciencias naturales que si bien no cobraría honorarios, a cambio viajaría sin desembolso alguno.

Carlos Darwin, con 23 años, se alistó como voluntario.

En la tripulación se incluía también al Rvdo. Richard Mathews con la misión de catequizar a los aborígenes.

Fitz Roy no había contado con que en sus años de ausencia, la sensibilidad política había ido cambiando.

Mientras que los tories eran esclavista con toda su alma, los whigs (liberales) eran abolicionistas, y habían conseguido en el intertanto que la esclavitud efectivamente se prohibiera en Inglaterra (el Beagle había pasado cerca de cinco años fuera).

De inmediato, en las altas esferas políticas se decidió que Jemmy Button, así como sus tres compañeros, que legalmente ya no eran esclavos, fueran por tanto devueltos a Tierra del Fuego, desde donde habían sido sacados contra su voluntad.

De los cuatro yaganes regresaron tres porque Boat Memory había muerto a causa de la viruela no obstante haber sido vacunado y recibido un tratamiento cuidadoso; era el preferido de Fitz Roy porque además de bien parecido era muy inteligente.

El marino los había hecho vacunar a todos, preventivamente, por la facilidad de los indígenas para contagiarse al contacto con los blancos.

Regresaron con muchos regalos, instruidos, con conocimientos del idioma inglés y de oficios como herrería, carpintería y tareas de labranza.

En cuanto a York Minster que tendría unos veintisiete años cuando lo capturaron no reveló interés en el aprendizaje, pero sí se comprometió con Fuegia Basket

Empezaron por labrar la tierra y construir las chozas y mientras lo hacían se acercaban los nativos, recelosos, a observar como trabajaban.

Cierto día llegaron la madre y los hermanos deJemmy, que casi había olvidado su idioma natal y, según refirió Darwin, sólo se miraron sin evidenciar expresiones de afecto; la madre se fue en seguida a cuidar la canoa.

Entretanto el Beagle había zarpado para continuar con las tareas de relevamiento y cuando regresa, semanas después, Fitz Roy halla al clérigo asustado y deprimido, enterándose que fue atacado y apedreado por los yaganes quienes, además de burlarse le despojaron de sus pertenencias a él, al matrimonio y a Jemmy.

El reverendo, por orden de Fitz Roy abandona Wulaia y regresa con el Beagle, que zarpaba para efectuar exploraciones y reconocimientos en San Julián y en el río Santa Cruz, donde avistan la cordillera aunque no pueden cumplir su propósito de llegar hasta la naciente del río.

El relevamiento, empero, fue muy útil y referencias sobre esa esforzada tarea están contenidas en el libro “Diario de un naturalista alrededor del mundo”, que Carlos Darwin publicó en 1839.

«Al revivir imágenes del pasado —escribió Darwin— encuentro que con frecuencia se cruzan ante mis ojos las planicies patagónicas, empero las misma son juzgadas por todos como las más miserables e inútiles.

Se caracterizan sólo por cuanto poseen en  negativo: sin habitantes, sin agua ni árboles, sin montañas, sólo poseen plantas enanas.

¿Por qué entonces —y el caso no es peculiar sólo para mí— tienden esas tierras áridas a tomar posesión de mi mente?.

¿Por qué la más plana, más verde y fértil pampa, que es útil al ser humano no produce igual impresión?.

Apenas me lo explico, pero en parte debe ser por el horizonte que aquellas dan a la imaginación”

————-  00000 ————

UNA CURIOSIDAD:

En octubre del 83, Charles Darwin, el gran naturalista, visitó Santa Fe.

Era entonces gobernador de esa provincia el patriarca de la Federación, general Estanislao López.

Los días 3 y 4 del mes mencionado, afectó a Darwin un violento dolor de cabeza, de tanta magnitud que lo obligó aguardar cama.

Y en el diario de su viaje, relata que una generosa anciana que lo cuidaba le aconsejó ensayara para aliviar su dolencia algunos remedios caseros que ella bien conocía.

Y dice Darwin: «En la mayor parte de casos parecidos se acostumbraba aplicar a cada sien del enfermo una hoja de naranjo y un trozo de tafetán negro; es aún más usual cortar un haba en dos partes, humedecer estay aplicarlas asimismo a las sienes, donde se adhieren fácilmente.

Pero no se crea que sea conveniente quitar esas medias habas o esos trozos de tafetán; hay que dejarlos donde están hasta que se desprenden por sí solos.

Algunas veces, si se pregunta a un hombre que ostenta en la cabeza esos trozos de tafetán qué le ha ocurrido, contesta por ejemplo: «Tuve jaqueca anteayer.

Los habitantes de este país emplean remedios muy extraños, pero demasiado repulsivos para que de ello pueda hablarse.

Uno de los menos sucios consiste en dividir en dos unos perritos para amarrar los trozos a uno y otro lado de un miembro fracturado.

A tal fin es muy buscada aquí cierta raza de perros pequeños desprovistos de pelo (…)».

Sin dudas que Darwin a quiso refiere a los perros «pila» completamente desprovistos de pelo, muy friolentos, que solían utilizarse como calienta-pies y que también eran útiles para el tratamiento del reuma, brindando su calor permanente, refugiados entre las cobijas de la cama.

Mapa de Ruta del Viaje de Magallanes

Fuente Consultada:
Patagonia El Territorio de la Aventura  de Roberto Hosne y Historias Insólitas de la República Argentina de Daniel Balmaceda

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Historias de la Patagonia Primeros Exploradores del Sur Argentino

Historias de la Patagonia
Primeros Exploradores del Sur Argentino

Nunca fue un territorio fácil ni pródigo. A exploradores conquistadores les exigió esfuerzos supremos cuando pretendían conocerlo y usufructuarlo; hubo que echar a volar la fantasía y apelar al mito y a la ficción para imantado.

Célebres navegantes, piratas, expedicionarios e inmigraciones temeraria desembarcaron en sus desoladas e inhóspitas costas.

Y por distintos motivos: hallar un paso al Océano Pacífico, llegar a las Molucas, donde abundaban las codiciadas especias y al Perú para cargar los barcos con oro y plata con destino a España, y los piratas, para abordar y saquear a esos barcos.

La leyenda adjudicaba a la Patagonia la existencia de ciudades refulgentes en, oro y espléndidos tesoros y eso alentó la concurrencia de aventureros y corsarios, pero también, como lugar distante, remoto, la llegada de fugitivos de múltiples orígenes.

Y las temerarias colonizaciones de gente que buscaba un porvenir promisorio y que en definitiva fue la que construyó lo que existe.

Cada uno, a su manera vivió su propia aventura, corrió su propios riesgos y superó difíciles obstáculos en un territorio que exige a sus habitantes decisión y un temple especial.

Pocos lugares en el mundo incitan a la fantasía como la Patagonia.

Desde el desembarco de Hernando de Magallanes se insinuó como un ámbito propicio para la conquista y la aventura; requirió de protagonistas intrépidos y sagaces para explorar lo que por entonces se consideraba el fin del mundo.

Además, debían enfrentar una naturaleza implacable, batida por un intenso y perpetuo viento, mesetas tan áridas como infinitas, costas extensas y desoladas y temperaturas con oscilaciones extremas.

primeros conquistadoresEra un destino signado por la adversidad: las violentas tempestades, las fuertes correntadas provocaron tantos naufragios en el estrecho de Magallanes y sus accesos que lo señalaron como el más grande cementerio náutico de la época.

Eran frecuentes las muertes en acción: ya fuere en los enfrentamientos con los indígenas, por sublevaciones y motines que estallaban dentro de las embarcaciones, combates armados contra adversarios o piratas, o simplemente alguien que caía de lo alto de un mástil o mientras ceñía velas, o desaparecía en el mar arrastrado por el vendaval.

Cada travesía en las naves de entonces, que semejaban «cáscaras de nuez», significaba un reto a la muerte.

Por eso, cuando un marino embarcaba debía hacer testamento y sólo al regresar, ya en tierra, se lo daba nuevamente por vivo.

Por diferentes motivos, entre ellos el excesivo rigor o el maltrato que capitanes u oficiales imponían a las tripulaciones, el trabajo extenuante o demoras inexplicables en el arribo a destino, padeciendo hambre, sed y enfermedades (con frecuencia el escorbuto), llegaron a provocar sangrientos motines.

Se contaban los días, las horas, y sólo se ansiaba llegar, ver tierra…

Podía pensarse si la incursión por esos remotos confines tenía resultados tan dramáticos y fatales, ¿para que frecuentarlos?.

Pero ocurrió que pocos años después que Magallanes descubriera el estrecho, es decir, el acceso al Pacífico inaugurando una nueva ruta hacia las Molucas, las codiciadas islas de la Especiería, conmueve a España y a Europa un nuevo descubrimiento: los valiosos yacimientos de oro y plata en el Perú.

Y para trastornar aún más a conquistadores y aventureros se instalan otros dos mitos de irresistible seducción: Trapalanda y la Encantada Ciudad de los Césares, imaginarias poblaciones radiantes de tesoros, inconmensurables riquezas, naturaleza pródiga y otros dones que hacen a la felicidad definitiva de los hombres.

El primer mito, durante la escala de Magallanes en San Julián, surgió del descubrimiento de «gigantes», según narró Antonio Pigafetta, cronista de la expedición, en su libro Primer viaje en torno del globo.

magallanes

Primeros conquistadores: El 31 de marzo de 1520, fondea en una bahía patagónica la flota que comanda Hernando de Magallanes; el sitio donde desembarcan es bautizado San Julián y, según comunica el almirante a sus subordinados, allí invernarían y llevarían a cabo las tareas de mantenimiento de los barcos, para reanudar luego su derrotero hacia el Oriente.

La expedición, integrada por cinco naves y 266 tripulantes había zarpado del puerto español San Lúcar de Barrameda el 20 de setiembre de 1519, con el objetivo de hallar un paso del Atlántico al Mar del Sur (Océano Pacífico) y llegar a las Islas Especieras (Molucas)

AÑO 1586: El corsario inglés Tomás Cavendish llamó «puerto del hambre» a un desventurado fortín del Estrecho de Magallanes, adonde llegó a fines de 1586.

Quince hombres y tres mujeres, más bien espectros espantosos de una quimera que colonos famélicos, le tendieron los brazos suplicantes.

Cavendish recogió a uno de ellos, desmanteló los cañones y partió, abandonando a los demás a su suerte. Así se extinguió la última esperanza para aquellos sobrevivientes de la más descomunal e infortunada hazaña de la conquista.

COLONOS Y CORSARIOS EN EL AIRADO MAR AUSTRAL

Aquellas costas inhóspitas de la Patagonia, con sus tempestades de nieve y con las increíbles mareas del proceloso mar, nunca habían sido sino mal refugio de náufragos o puntos de recalada donde los corsarios hacían pie para recoger por vitualla algunos lobos marinos y para carenar los barcos.

En vano Simón de Alcazaba había intentado establecerse en la costa patagónica en 1536 y explorado tierra adentro, en muchos días de marcha, por lo que pudiera haber.

Fue duro el desengaño y propicio para motines y crímenes que lo desbarataron todo. Y así fue como lo que Alcazaba había llamado «Nueva León», siguió siendo como la tierra de nadie.

En 1578 merodeaba Francisco Drake por la bahía de San Julián, y después de atravesar el Estrecho de Magallanes fue a la rapiña de los puertos del Pacífico.

De Lima salió en su persecución Pedro Sarmiento de Gamboa, gallego tenaz, y, aunque no dio con él, fue el primero en cruzar el Estrecho de Magallanes de oeste a este, tejiendo planes a lo don Quijote.

Cuando Sarmiento de Gamboa estuvo en España, con su fama y sus proyectos, fue escuchado.

El rey accedió a encomendarle la peligrosa misión de colonizar el Estrecho de Magallanes, para que en adelante no volviera a ser vía libre de piratas y corsarios.

Con el singular cargo de «gobernador del Estrecho» partió Sarmiento de Gamboa a fines de 1581 en la nave generala de una gran expedición. Dieciséis naves lo seguían, con tres mil hombres de guerra y de paz.

Iban maestros carpinteros y albañiles, herreros y labradores, mujeres y niños.

Llevaban un buen bastimento y herramientas de trabajo, y… muchas esperanzas. Pero también los acompañaba —y ellos no lo sabían— la malaventura, la muerte agazapada en las furias del mar.

Las tempestades diezmaron a aquellos tripulantes, pero no arredraron a Sarmiento de Gamboa.

Su decisión era inquebrantable. Al fin entró en el estrecho con 338 almas en dos naves y tres fragatas, y, haciendo caso omiso a la adversidad, fundó, el domingo 11 de febrero de 1584, la ciudad «Nombre de Jesús», y el 25 de marzo otra que llamó «Rey Don Felipe».

Fuente Consultada: Patagonia Territorio de la Aventura Roberto Hosne

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Los Gigantes Patagones y el Encuentro de Aborigenes con Magallanes

Los Gigantes Patagones y el Encuentro de Aborigenes con Magallanes

En el extremo sur del continente americano, además de su imponente geografía, hubo a partir del siglo XVI, entre otras leyendas famosas una que  mencionaba a unos hombres de enormes pies y cuerpo gigantesco, que darían nombre a la zona.

Entre la fantasía y la imaginación, el fenómeno sirvió para descubrir las costumbres de los patagones o de los otros indios que estaban cerca, para hablar de los animales del país y del paisaje inmenso, de la experiencia de los humanos que se encuentran de pronto y se temen recíprocamente.

Antonio Pigafetta acompaño a Magallanes como cronista de a bordo.

Llevó consigo quince libros en blanco, futuro asiento de sus crónicas.

Aunque muchos de sus escritos se perdieron, han resultado fundamentales para la reconstrucción de la más grande hazaña marina de todos los tiempos.

Allí quedaron documentadas sus notas, análisis y descripciones de caracteres, situaciones, dramas, motines, traiciones, alegrías, hambres y descubrimientos, a lo largo de los tres años en que la flotilla de cinco navíos rodeó el mundo probando para siempre la redondez y rotación de la Tierra y que todos los mares estaban unidos.

Éste es uno de sus relatos más simples, pero dramático, cuando la flotilla esperaba mejores vientos en las costas argentinas del sur.

En medio de la calma y el silencio, mirando hacia un horizonte infinito, un atardecer divisaron un hombre en un cerro cercano, bailando y batiendo brazos.

A medida que se acercaba, los marineros quedaron pasmados de la altura del sorpresivo visitante que tenía envuelto su cuerpo en pieles y sus pies en gruesas lonjas, lo que daba la sensación de tenerlos muy grandes.

Magallanes ordenó cautela, cordialidad y demostraciones de afecto, mover los brazos, saltar, sonreír, intentando imitar al gigante.

Descubrimiento del Estrecho de Magallanes,

La nave insignia cargaba cientos de cascabeles, vidrios, piedras de colores, lazos de tela brillante, tambores, juguetes. Y espejos.

Cuando el recién llegado se contempló en uno de los espejos, cayó de bruces, se revolcó, sacudió sus cabellos y dio varios alaridos, porque había duplicado su propio ser.

Según una de las interpretaciones, le debe el nombre la región: Al parecer eran de gran estatura y con un físico muy desarrollado por lo que los primeros españoles que llegaron los llamaron «patagones», comparándolos con «Patagón», el nombre de un gigante, personaje muy popular en unas novelas de la época.

Corrió de regreso al monte donde lo esperaban otros hombres y mujeres, todos igualmente prominentes.

Nuevamente se acercaron a la nave y entonces fueron convidados con algunos dulces y regalados con campanillas.

Magallanes se deleitaba con sus visitantes a quienes llamaría “patagones”.

Los Patagones Aborigenes del Sur Argentino-Origen Nombre PatagoniaPero tenía obligación de transportar de vuelta a España tesoros y especias, plantas y animales, además de seres humanos que permitieran estudiar su contextura física, hábitos y determinar si eran tan humanos como ellos.

A medida que iban ganando la confianza de los indígenas y llenado sus manos y brazos de obsequios, les mostraron a los incautos inocentes unos grilletes de hierro brillante que seguramente parecieron anillas o pulseras de maravillas.

Sin mediar un instante los atraparon, aquietaron y arrojaron al interior del barco.

Los restantes huyeron prontamente porque comprendieron que esos seres sonrientes, barbudos y envueltos en aceros, regaladoes y zalameros, eran traidores, perversos, monstruosos.

Vaya a saber de qué infiernos vinieron a dar a sus tierras silenciosas, qué designios malignos los habían inspirado.

Sus ojos lloraron con pesar y rabia.

Miraban enorme cascarón flotante y comprendieron que sus hermanos habían sido tragados por esa bestia.

En la bodega sucia, los patacos prisioneros e encendieron de furias, se revolcaron heridos en sus carnes y en sus espíritus, y quedaron horrorizados ante la certeza de que habían sido devorados por un monstruo marino ayudado por diablos menores.

Los pobrecillos no sabían que ya habían llegado a su destino final.

Todos murieron en la travesía.

De ahí en más, la tragedia habría de enseñorearse en la flota con motines y otras traiciones, muertes trágicas y castigos.

Habrían de surcar la Bahía Grande, superar Río Gallegos, cabo Vírgenes.

Luego divisarían unas extrañas señales ígneas a las que Magallanes llamó Tierra del Fuego, para entonces finalmente ingresar en el laberinto de piedra, acantilados, montañas, vientos helados, tormentas, corrientes traicioneras, vericuetos engañosos que vendría a ser el estrecho de Todos los Santos y más tarde, el estrecho de Magallanes, que una vez superado, los enfrentaría a la todavía más impresionante alfombra, un océano de agua calma, pacífica, azul y brillante que los llevaría a Filipinas y a completar la vuelta al mundo tan soñada.

Magallanes sucumbiría asesinado en una revuelta isleña, traicionado —moneda que el destino devolvía— por un cacique con el que había forjado una supuesta amistad.

Cae Magallanes herido de muerte donde menos lo esperaba, donde ni siquiera era importante su presencia, en un punto de tierra en la inmensidad oceánica.

La prodigiosa aventura marina sería terminada por el vasco Sebastián Elcáno con un barco deshecho y dieciocho hombres agotados.

La mujer e hijos de Magallanes han muerto en esos tres años de su viaje. No hay descendientes ni hermanos ni primos.

Nadie que pudiese recoger su herencia.

Sólo la historia le hará un lugar prominente a quien primero imaginara y luego concretara la circunvalación global. Las memorias flacas nada escribieron sobre los desventurados de uno y otro lado, que quedaron sin vida a lo largo del derrotero fantasmal y prodigioso.

Fuente Consultada: Abuelo es Verdad? de Luis Melnik – Sitio Web: Patagonia Argentina y Sitio Web Oficial del Gobierno de Venezuela

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Historia de las Islas Malvinas:Descubrimiento y La Usurpacion Inglesa

Historia de las Islas Malvinas
Descubrimiento y Usurpación Inglesa

DESCUBRIMIENTO Y LOS PRIMEROS POBLADORES DE LAS ISLAS MALVINAS

Los títulos argentinos surgen de diversos factores, tanto históricos como geográficos, por lo que conviene reseñarlos.

Las Malvinas fueron descubiertas por el navio español San Antonio al mando del capitán Esteban Gómez en 1520, y recorridas en 1520 por Duarte de Barboza, también español.

Ya desde entonces figuran en la cartografía de la época con el nombre de Islas de San Antonio en homenaje al buque que las avistó.

En 1600 las redescubre el holandés Sebaldt de Wert.

El primer inglés que llegó a las mismas forzado por una tempestad, fue el capitán Strong, en 1690, es decir, 169 años después que los españoles, dándoles el nombre de Falklands Sound.

Numerosos viajes hacia las islas y sus adyacencias, de españoles, franceses e ingleses, se registran a principios del siglo XVIII, siendo los franceses de Saint Malo, quienes denominaron al lugar «lies Malouines», de donde viene la españolización de Malvinas.

 antiguo mapa del sur argentino

 

El francés Bougainville funda en 1764 Port Louis pero, ante el reclamo español, Francia las reconoce como españolas, en virtud del Tratado de Tordesillas, de 1494, reocupando España el lugar el 1° de abril de 1767 y denominándolo Puerto Soledad.

Entre 1670 y 1825 Inglaterra, Francia y España firmaron ocho tratados en los que se reconocía este área del «Atlántico Sur como perteneciente a España y, por ende, después de 1810-1816, a la Argentina, al independizarse nuestro país y heredar todas las posesiones, españolas (incluyendo el cabo de Hornos, el estrecho de Magallanes y las Malvinas).

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Historia Cronológica de los Acontecimientos

Las islas East Falkland o Soledad y la West Falkland o Gran Malvina y un centenar de isletas integran el archipiélago de las Malvinas, actualmente están en posesión de Inglaterra, a pesar de los siguientes antecedentes:

En 1494, el tratado de Tordesillas, posterior a las demarcaciones que estableciera el papa Alejandro VI por medio de bulas, fijó las posesiones españolas y portuguesas en América.

Dentro de las primeras, quedó incluida la jurisdicción de las Malvinas.

Parece probable que el primero en avistar estas islas fuese el piloto Esteban Gómez, desertor de la expedición de Magallanes.

En una carta geográfica posterior trazada por un portugués compatriota de Gómez, con el nombre de islas de Sansón.

En 1600 Sebald de Weert, integrante de una expedición holandesa  que debía dirigirse a las Indias Orientales por el cabo de Buena Esperanza para comerciar y además saquear las posesiones españolas y portuguesas en oriente y occidente, bordeó las islas Malvinas, pero no pudo desembarcar en ellas por falta de material apropiado.

A partir de entonces se conocieron como islas sebaldinas.

En 1690 John Strong con una expedición inglesa descubrió y franqueó el canal que separa las dos islas principales.

Los pescadores de Saint Malo (Francia) arribaron en distintas oportunidades al archipiélago austral.

Desde entonces estas islas se llamaron Maluinas, de donde se derivó el nombre de Malvinas.

En 1764 Luis de Bougainvile, salió de Saint Maló, con una expedición y fundó el fuerte Luis en la isla Soledad, llamado así en honor de Luis XV.

Al año siguiente el gobierno inglés envió una expedición, cuyo itinerario mantuvo en secreto.

Desembarcaron en la isla Saunders y construyeron puerto Egmont, tomando posesión del archipiélago.

El gobierno español reclamó al francés por el establecimiento fundado por Bougainville.

Esta nación reconoció los derechos de España y le restituyó la posesión de las islas previo pago de una indemnización por los gastos realizados.

En consecuencia los españoles ocuparon puerto Luis que llamaron Soledad.

En 1770 el gobernador del Río de la Plata don Francisco Bucarelli envió una fuerte expedición que desalojó a los ingleses.

Inglaterra reclamó por ello a España y como las relaciones se pusieron muy tirantes y se realizaron aprestos bélicos en Londres, el gobierno de Madrid aceptó un arreglo amistoso, por el que se comprometía a devolver puerto Egmont, aunque declaró que ello no afectaba su soberanía sobre las Malvinas.

En virtud de este acuerdo los ingleses procedieron a ocuparlo nuevamente.

En 1774 tal vez por un pacto secreto entre Inglaterra y España, aunque el gobierno inglés señaló que era por razones de economía, los ingleses evacuaron puerto Egmont, dejando una placa de plomo donde se reafirmaba su soberanía sobre las Malvinas.

A partir de entonces y hasta 1807 solamente hubo gobernadores españoles dependientes de los virreyes del Río de la Plata, con sede en puerto Anunciación, en la isla Soledad.

Producida la Revolución de mayo de 1810, Elio dispuso que las islas fuesen evacuadas, situación que perduró durante nueve años.

En 1820 el gobernador Martín Rodríguez envió una expedición que tomó posesión del archipiélago en nombre del gobierno de Buenos Aires, notificando de este hecho y de la prohibición de pescar y cazar en las islas a los barcos extranjeros.

En 1823 el gobierno concedió autorización a don Luis de Vernet para instalar una pesquería e introducir ganados en las Malvinas.

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El Imperialismo Inglés se Apodera de las islas Malvinas

Luis Vernet fue nombrado titular de la comandancia política y militar de las islas Malvinas en 1829, con sede en la isla Soledad.

En ejercicio de sus funciones apresó a tres goletas norteamericanas que quebrantaron las leyes argentinas.

Como represalia, en 1831 llegó al puerto Soledad la corbeta norteamericana Lexington, que apresó a los funcionarios y destruyó propiedades.

corbeta clio

En medio de esta situación, el 2 de enero de 1833 irrumpieron frente al puerto Soledad las fragatas inglesas Clio y Tyne intimando al coronel Pinedo a evacuar las islas.

Sin ofrecer resistencia, Pinedo se retiró con su goleta Sarandí y así se perdió el dominio sobre las islas que quedaron en manos de su Majestad Británica.

Un estado es considerado imperialista cuando ejerce dominación sobre otro u otros estados.

Que los ingleses se hayan apoderado, por la fuerza, de las islas Malvinas es un ejemplo de imperialismo.

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1833, Ocupación Británica de las Islas Malvinas

ocupacion ilegal  de la islas malvinas

El 02 de Febrero de 1825 se firma un tratado de amistad, comercio y navegación, entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y la Gran Bretaña.

A través de este tratado éramos reconocidos como Nación independiente; y también establecía reciproca libertad de comercio, disminución de los derechos de importación y eximición de tasas portuarias para ambas partes; libertad de conciencia para los súbditos ingleses que residían en nuestro territorio, y la abolición total de esclavos.

Realmente extraño o cipayo fue este tratado, pues la esclavitud había sido abolida en la Asamblea de 1813 y fue tan solo algo deseoso, pues al poco tiempo se firmo un decreto especial que le permitía a los ingleses continuar con la esclavitud y por otro lado, ni siquiera contábamos con barcos para poder efectuar ese libre comercio.

Pese al reconocimiento como Nación soberana, el 02 de Enero de 1833, los ingleses ocupan el Puerto de Soledad, en las Islas Malvinas, a través del Capitán John Onslow.

Territorio que por el Tratado de Tordesillas, correspondía a el Reino de España, y que luego por la cesión de tierras, al ser reconocida nuestra independencia, nos pasaron a pertenecer.

La Ocupación de las Malvinas

Durante el gobierno de Manuel de Rosas, en un momento cargado de conflictos internos se sumó un grave problema de orden internacional:

El 1º de enero de 1833 llegó a las islas Malvinas la corbeta inglesa Clío, cuyo comandante, amparado en sus poderosos cañones, hizo desalojar a las fuerzas argentinas, muy inferiores en número, y tomó posesión de las islas en nombre de Su Majestad Británica.

El capitán S. F. Onslow, de la corbeta inglesa «Clío» intimó a las autoridades argentinas de la isla a arriar el pabellón y evacuarla dentro de un día de plazo.

Vencido el mismo (3 de enero de 1833) Onslow tomó Puerto Soledad, sin que pudiese impedirlo José María Pineda, comandante del pequeño buque nacional «Sarandí».

Manuel V. Maza, encargado de las relaciones exteriores, protestó, el 22 de enero de 1833, ante el encargado de negocios de Gran Bretaña por un hecho:

«tan violento como descomedido, en medio de la más profunda paz y cuando la existencia de estrechas y amistosas relaciones entre ambos gobiernos… no daban lugar a que tan bruscamente quedase engañada la confianza en que descansaba la República Argentina».

La agresión fue tratada por la Sala de Representantes de Buenos Aires, el 17 de junio de 1833.

Manuel Moreno, ministro argentino en Londres, presentó una formal protesta.

Siguió una larga serie de negociaciones, sin que nuestros gobiernos dejaran de reclamar la devolución.

Desde entonces la Argentina reivindicó periódicamente sus derechos sobre las Malvinas, obteniendo respaldo internacional, pero no el consentimiento de Inglaterra, lo que conduciría más adelante al conflicto armado de 1982, que no logró modificar la situación existente.

La Defensa del Gaucho Rivero
LA PRIMER REACCIÓN ARGENTINA

defensa del gaucho rivero

¿PORQUE LAS ISLAS MALVINAS SON ARGENTINAS?

Las islas Malvinas, en efecto, son argentinas:

— La Argentina es la heredera de todos los dominios poseídos por España en esta parte del continente. La sucesión está implícitamente contenida en el reconocimiento de nuestra independencia por la Madre Patria.

— No fue un marino inglés, sino el holandés Sebaldo de Wert, quien primero las exploró.

— El  pilotó Esteban Gómez, de una nave desertora de la expedición de  Magallanes, fue el primero que avistó las islas, en 1520.

— Tanto Francia como Inglaterra, que habían ocupado lugares del archipiélago en 1764 y 1766, respectivamente, se retiraron al poco tiempo, reconociendo la soberanía hispánica.

— Desde 1774 hasta 1833, es decir, durante 59 años, las Malvinas dependieron, sin protesta alguna, primero de España y después del gobierno de Buenos Aires.

— Al ser efectivamente ocupadas por pobladores y funcionarios argentinos, no podía considerarse lugar abandonado o sin dueño (res nullius).

— Ninguna causa ni conflicto justifica la acción de guerra del 3 de enero de 1833.

— Las islas Malvinas están sobre la plataforma submarina continental y, por lo tanto, son prolongación geográfica de la Patagonia y se encuentran dentro de lo que el Derecho Internacional moderno considera «aguas jurisdiccionales».

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

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La Isla de los Estados en Tierra del Fuego:Reserva Natural

La Isla de los Estados Tierra del Fuego:Paisaje de la Reserva Natural

Comentario sobre la experiencia de la antropóloga Anne Chapman, quien se ha destacado por sus estudio sobre los canales fueguinos.(foto abajo.)

«Tuve el privilegio de realizar los primeros descubrimientos arqueológicos en la Isla de los Estados entre enero y febrero de 1982.

Mi primera reacción como consecuencia del conocimiento de la isla es un sentimiento de plena solidaridad con todos aquellos ciudadanos argentinos e instituciones oficiales y privadas del país, conscientes de la imperiosa y urgente necesidad de preservar la isla como parque o reserva nacional.»

La Isla de los Estados fue declarada, en 1923, reserva nacional, pero —escribe en 1982 el capitán de navío Fermín Eleta —poco se ha hecho para proteger las inestimables poblaciones de lobos, pingüinos y nutrias, así como las ruinas de antiguas empresas y otras expresiones de la vida humana en ella.

Por ejemplo: todavía existía entonces, casi intacta, la torre del faro de San Juan del Salvamento, con la casa habitación de los torreros que la circundaba, más un cañoncito para los días de niebla, cuyos disparos alternaban con los repiques de la campana de bronce; hoy casi no queda nada.

En Puerto Cook se conservan restos del presidio, de la Mayoría de la Guarnición —además subprefectura—, y un muellecito.

En varias partes se veían refugios de loberos y hasta de náufragos, pues ambos se confundían…»

La belleza de la Isla de los Estados es extraordinaria.

Y aún conserva su estado natural; aún es un refugio para pingüinos y lobos marinos de dos pelos (Arctocephalus australis), tan perseguidos en otras partes.

En un informe de Parques Nacionales, escrito en 1980, se lee: «La avifauna de la isla es uno de sus aspectos más interesantes, y de por sí justificaría la creación de un parque nacional…

De esta manera, la Isla de los Estados pasaría a ser el único lugar protegido integralmente para las especies incluidas en los grupos I y II de la lista».

 Aunque muchas especies hayan sido casi exterminadas, además de las aves citadas en la nota, considero que, por ejemplo, los lobos de un pelo (Otaría flavescens) y las nutrias (Lutra provocax y L. felina), quizás puedan establecerse nuevamente, con un programa de protección y procreación.

Ya nos han sufrido lo suficiente.

Mejor, aprendamos ahora algo de ellos.

Una población heterogénea, que en el caso de El Bolsón, crece año a año, se derramó por estas inmensidades como sal sobre el mantel.

El sur, dicen, es tierra de nadie, tierra de los que no tienen tierra.

Llegaron colonias de galeses, de árabes, de polacos.

En El Bolsón hay albaneses.

Llegó, adelantándose a su perseguidor, un célebre bandido norteamericano.

El perseguidor era un sheriff que se preocupó en mezclar con generosidad las sangres del Norte y del Sur.

Por tierras más australes, anduvo un francés que se autocoronó Rey de la Patagonia.

Demasiados personajes buscando autor por estas tierras.

Al escritor no le convienen del todo las historias, de algún modo, ya escritas.

El tiene que saber horadar en lo otro, lo que no se revela con facilidad.

Poner lo fantástico, lo vulgar, lo cotidiano, en el mismo plano de trascendencia.

.Tengo entendido que su familia insiste en la autenticidad de ese linaje.

Todo lo que es, obedece a las mismas leyes, es manifestación de la misma idea.

El autor puede poner sus propias valorizaciones.

Lo que no puede, es discriminar el tratamiento que le da a su materia. Lebedev, en Dostoievsky, es un personaje de segunda clase, incapaz siquiera de asomarse a la dimensión interior de un Mishkin.

Sin embargo, no está menos iluminado por su autor que éste.

En definitiva, basta con abrir los ojos y mirar alrededor.

El paisaje es infinito, desolado.

Todas las formas caben, todo es posible, todo, además, es o puede ser cierto.

Cuanto escribo está relacionado con el paisaje.

A veces aparece en mis cuentos el de la muerte, como idea de una perspectiva pura donde la única condición es que no hay límites.

No los hay.

Es una manera de equiparar las imágenes, sean mentales o físicas, en el marco permisivo de una escenografía libre que se puede trastocar a gusto.

Hay quienes se preocupan buscando una identidad regional.

Eso es como un abuso de la palabra.

Creo, personalmente, que la obra de arte crece siguiendo las leyes naturales.

Germina como una semilla si se le prepara el terreno adecuado.

Yo diría que en lugar de buscar la identidad, de lo que se trata es de aguzar el olfato.

Digo con D.H. Lawrence, en una carta que escribe a un amigo:

«Siempre he tratado de seguir una emoción por su propio rumbo, sin cambiarlo. Esto necesita del instinto más fino imaginable, mucho más fino que el de un artesano».

Habiendo viajado bastante, durante un tiempo relativamente largo, muchas imágenes se superponen en mis búsquedas.

Un cuento que comienza en el Tibet, termina a orillas del Nahuel Huapi.

Otro, mezcla la humedad de un pasado en Buenos Aires, donde nací y viví muchos años, con la altura astral del altiplano en Uyuni, Bolivia, que llegué alguna vez a contemplar con sobrecogimiento.

No puedo no dejarme invadir por la presencia del desierto que hay al oeste, por la cordillera, desde uno de cuyos balcones, contemplo todos los días el valle.

En el sur, el paisaje juega con los hombres.

Me dejo jugar, no tengo otra opción. Si me resisto, soy infeliz.

También yo juego cuando escribo.

Hago lo que el hombre ha hecho desde tiempos milenarios, invento mitos para iluminar mis imágenes por dentro.

No es un ritual tribal, no es siquiera un ritual, pero cuando el misterio me abre una puerta, no opongo resistencia.

Fuente Consultada: Revista Patagónica Nro. 17  Año IV – 1984 – Nota de Anne Chapman

Biografia de Castelli Juan Jose:Vida y Obra de un Revolucionario

Biografia de Castelli Juan Jose:Vida y Obra de un Revolucionario

Un revolucionario consecuente:

Nació en Buenos Aires el 19 de julio de 1764. Estudiante talentoso, concurrió al Colegio de San Carlos y estudió teología y filosofía en la Universidad de Córdoba.

En 1786 abandona la carrera eclesiástica por la de derecho y se gradúa en la Universidad de Charcas dos años después. En 1794, en Buenos Aires, se casa con Maria Rosa Lynch Galayn.

En 1799 adquiere una chacra en San Isidro y disputa su elección a tercer regidor del Cabildo.

Junto con Vieytes y Belgrano se destaca en la promoción de la industria, la educación pública, la agricultura y el libre comercio; es inspirador de la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica en 1801, que no llega a constituirse por prohibición del virrey.

Biografia de Castelli Juan Jose:Vida y Obra de un Revolucionario

Colabora en el Telégrafo Mercantil y el Semanario de Agricultura, y es ferviente defensor de las tesis de Francisco Miranda.

Durante la Primera Invasión Inglesa se entrevista con los jefes británicos para definir su eventual apoyo a la emancipación americana, pero culmina distanciado del plan inglés.

Después del segundo intento de invasión, Castelli explora con Álzaga la idea de constituir una junta de gobierno propia, pero se asocia con Belgrano, que promueve la regencia de la princesa Carlota Joaquina.

En mayo de 1810 juega un papel clave.

En la sesión del 22 su brillante refutación a los argumentos realistas contribuye al éxito de la asamblea, que proclama que disuelta la Junta Central de Sevilla el poder debía revertirse en el pueblo y sus gobiernos locales.

Tres días después Castelli ocupa, como vocal, el segundo puesto en el primer gobierno patrio.

Partidario, como Moreno, de adoptar las medidas necesarias a fin de consolidar la revolución, es comisionado para concretar la ejecución de los cabecillas contrarrevolucionarios alzados en Córdoba.

Designado como “vocal representante” de la Junta, tiene la máxima autoridad para dirigir las operaciones del Ejército Auxiliador en el Alto Perú.

Juan José Castelli Puesto Castelli al frente del Ejército expedicionario al Alto Perú como representante de la Junta, cúpole la gloria de subscribir el parte de la primer victoria obtenida por las armas independientes en Suipacha, el 7 de noviembre de 1810, que, despejó el camino a nuestras fuerzas para proseguir su avance en el Alto Perú, permitiéndoles en breves días ocupar la ciudad de Potosí.

Los resultados morales de aquel triunfo excedieron en mucho a las previsiones de los vencedores: el más completo desorden y la más profunda confusión se apoderó de los realistas; sus jefes principales huyeron sin rumbo.

El Alto Perú estaba conquistado para las armas de la Patria y al ocupar Potosí, Castelli decretó la prisión del gobernador intendente don Francisco de Paula Sanz, dictando sin pérdida de tiempo medidas oportunas para lograr la captura de los fugitivos, mariscal Nieto y coronel Córdoba (el vencido de Suipacha) .

Capturados aquellos tres personajes, Castelli les quiso hacer jurar respeto y obediencia a la Junta de Buenos Aires sobre las banderas victoriosas de Suipacha, pero habiéndose negado los tres a cumplir aquel mandato, no vaciló el enérgico vocal del gobierno patriota, en decretar la ejecución, la que se cumplió el 15 de diciembre, haciéndose la aclaración que los tres sentenciados a muerte eran culpables del mismo delito que había costado la vida a Liniers y sus compañeros de infortunio.

Castelli permaneció en Potosí el tiempo necesario para arreglar los negocios de su administración, emprendiendo enseguida la marcha a Chuquisaca, ciudad a donde llegó el 27 de diciembre, y donde fueron recibidos los patriotas con las demostraciones más sinceras de alegría.

De Chuquisaca pasó a La Paz, y de aquí a Oruro, ocupándose en todas partes de ordenar los asuntos administrativos.

Desde La Paz, Castelli abrió negociaciones directas con el Virrey Abascal, con el ayuntamiento de Lima y con el general Goyeneche, que mandaba las fuerzas realistas del Perú.

Simultáneamente envió emisarios de toda su confianza para que, recorriendo la inmensa zona que lo separaba de Lima, llegasen hasta aquella ciudad y propagaran secretamente la simiente revolucionaria.

Los patriotas, por su parte, establecieron su cuartel general en el villorrio de Laja, del lado oriental del mismo río, y según las comunicaciones directas de Castelli a la Junta, estaba preparado y resuelto a librar una acción decisiva que le abriese el camino de Lima.

El virrey Abascal envió secretas instrucciones a Goyeneche para suspender las hostilidades y provocar una tregua con los patriotas, Castelli aceptó una tregua por 40 días, iniciada el 1 4 de mayo de 1811 y conviniéndose que durante ese período de tiempo habría paz verdadera entre ambos beligerantes.

El 1 7 de junio, Castelli y las tropas se hallaban acampadas en Huaquí, a corta distancia del Desaguadero, sin recelo y sin temor a los realistas, pues aún faltaba una semana para expirar el plazo de armisticio ajustado.

Esa misma noche, Goyeneche reunía a sus principales jefes y les proponía atacar a los patriotas. Aceptada la propuesta, el día 20 de aquel mes atacaron a los independientes en sus posiciones, que defendieron estos últimos con un denuedo que estuvo a la altura de la felonía de sus adversarios, pero al final sucumbieron, quedando Goyeneche dueño del campo de batalla.

Huaquí, Desaguadero o Yuraicoragua, como se le llama indistintamente, fué una tremenda derrota para las tropas de González Balcarce, que se vieron obligadas a evacuar todo el Alto Perú.

Castelli fue censurado duramente por aquel desastre.

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Castelli difunde encendidas proclamas, sanciona el fin de la servidumbre indígena y en mayo de 1811 firma un armisticio con el general realista Goyeneche. En Buenos Aires, en abril, estalla una asonada, y el grupo morenista es desplazado del gobierno. En el Alto Perú los realistas violan el acuerdo y en junio el ejército patriota sufre una cruenta derrota en Huaqui. Castelli es convocado a Buenos Aires y a principios de diciembre de 1811, encarcelado y sometido a juicio.

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Después del desastre, Castelli con los restos salvados de aquel, se replegaron sobre Oruro y sobre Chuquisaca, donde fueron auxiliados por don Juan Martín de Pueyrredón, que gobernaba a la sazón aquel departamento, y ante la imposibilidad de una reacción inmediata, fue necesario proseguir el repliegue hacia el Sur, hasta Salta, en medio de un cúmulo de dificultades y privaciones.

El gobierno de Buenos Aires llamó a Castelli a la Capital para que respondiese de su conducta, pero no solo el desastre de Huaquí era una de las causas poderosas para apartarlo de la Junta: se sabía que era un decidido adversario de que los diputados de las provincias se incorporasen al seno de aquélla, es decir, de la misma opinión que Mariano Moreno.

Castelli había condenado públicamente el movimiento revolucionario del 5 y 6 de abril de 1811, y con esto estaba declarada la guerra entre él y los saavedristas, que fueron los autores de aquella asonada.

Castelli llegó a Buenos Aires en los primeros días de diciembre de aquel año, resuelto como estaba a afrontar valientemente la situación, pero no bien llegó, le fué ordenado el arresto en el cuartel del 1º de Patricios que mandaba entonces Manuel Belgrano y a pesar de no ser Castelli un militar, ordenó el Triunvirato que fuese juzgado por un Tribunal ad-hoc, al que se ordenó que lo juzgase por faltas cometidas en el desempeño de su cargo de representante de la Junta.

Los miembros de aquel Tribunal estaban poco dispuestos en su favor: hacen comparecer testigos y entre otras cosas los interrogan sobre si había recibido cohechos y regalos; si se había entregado al vicio del vino y del juego; si había escandalizado con su conducta a los pueblos, etc., pero todos los interrogados contestaron negativamente a aquellas preguntas, destacándose entre estos, por la nobleza de sus respuestas, el joven Bernardo Monteagudo.

Esta famosa causa duró hasta el mes de junio de aquel año, época en que fué necesario suspenderla, porque en vez de un delincuente se juzgaba a un moribundo.

En efecto, Castelli había contraído una llaga cancerosa en la extremidad de la lengua y de sus resultas falleció el 12 de octubre de 1812, en medio de crueles sufrimientos.

El doctor Castelli fue casado con doña María Rosa Lynch y Galayn.

Gravemente enfermo de cáncer, fallece el 12 de octubre de 1812.

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El Cacique Pincen Historia: Tomado Prisionero Conquista del Desierto

El Cacique Pincen: Historia – Tomado Prisionero en la Conquista del Desierto

En diciembre de 1878 los diarios de Buenos Aires daban cuenta de la llegada, en calidad de prisionero, del cacique pampeano Vicente Pincén, quien había sido tomado escapando de su toldería en Cura Malal, atacada por sorpresa por fuerzas que respondían a las órdenes del entonces coronel Conrado Villegas.

El Cacique Pincen: Historia

Remitido a Junín, de allí fue trasladado a esta capital donde quedó alojado en el cuartel de un batallón de infantería.

Lo acompañaron en su cautiverio varias mujeres, algunas o todas, esposas de él, varios de sus hijos y algunos hombres de su tribu. (foto izq. «Que me saquen como entro en pelea»)

La fama de Pincén era mucha, como asimismo la de su oponente el general Villegas con quien diera para la Historia como para la narrativa popular, numerosos episodios llenos de sagacidad, audacia y coraje.

Ahora en. Buenos Aires, Pincén sólo provoca la curiosidad pública: (…) Muchas personas fueron ayer a conocer personalmente al cacique. Pincén se muestra muy abatido.

Al día siguiente de su llegada, producida ésta el 12 de diciembre de aquel año, una extraña procesión callejera llamó la atención de los paseantes de la aún tranquila ciudad.

El cronista del diario La Nación la registra, como a todo incidente callejero que tuviera lugar, dejándonos el relato de lo que aconteció con observaciones detalladas muy del estilo de la época, en la cual no se concebía la nota escueta, descarnada, sin juicios de valor e inclusive sin su cuota de humor.

El interés que esta nota presenta no es sólo debido a su pintoresquismo: nos echa luz sobre el origen de las fotos tomadas a Pincén que se han conservado y difundido hasta hoy y de las características con que fueron hechas.

La más conocida de estas lo presenta semidesnudo, en una pose «para retratarse» que no era la más apropiada para un indígena de alguna importancia y menos para un cacique de su categoría.

La toma de este retrato, presuntamente d’aprés nature —para usar el lenguaje de la época y sus implicancias— se debió a la intervención del doctor Francisco P. Moreno, interesado en preservar para el futuro, por el aún novedoso medio de la fotografía, un testimonio cultural en vías de extinción.

El anónimo redactor nos cuenta:

Ayer a medio día fueron conducidos del cuartel del 6 de línea donde se hallan alojados, a la fotografía de Pozzo, establecida en la calle de Victoria esquina San José, el cacique Pincén, sus varias mujeres, sus muchos hijos y todos los indios que con él fueron tomados prisioneros y con él se encuentran aún.

Se los llevaba para retratarlos, accediéndose a un pedido que en tal sentido había hecho el mencionado fotógrafo.

La traslación de Pincén y sus compañeros se hizo en un carruage (sic), en un carro de mudanzas y a pie.

En el carruage iban Pincén, un indio que está herido en una pierna y no puede caminar, el fotógrafo y un soldado.

En el carro iban las mujeres y los muchachos.

Y a pie los demás indios, escoltados por algunos soldados del 6 de línea.

En el acto de llegar la comitiva pampeana a la fotografía, ésta se llenó de curiosos, que de algo sirvieron, pues a moción del fotógrafo, se acordó que cada uno de los curiosos contribuyera con 5 $ m/c. destinados a formar una regular cantidad que en ese mismo momento fue distribuida entre los indios.

Pincén fue el primero en recibir su correspondiente cuota, que alcanzaba casi a siete pesos!

cacique pincen y familia
El cacique Pincén y su familia. Foto obtenida por Antonio Pozzo el 13 de diciembre de 1878, en Buenos Aires. (Archivo General de la Nación).

Comenzó en seguida la operación de fotografiarlos.

También esta vez, Pincén fue el primero. Se le retrató sentado sobre una roca (de utilería, suponemos), vestido de poncho, chiripá y bota de potro.

En esta posición, nadie que lo viera podrá imaginar que este hombre era el feroz guerrero de la pampa. Su actitud, en verdad, de todo tenía, menos de viril y mucho menos de guerrera.

Luego se hizo un segundo retrato del cacique, formando grupo con cuatro de sus hijos.

En el tercer retrato entraron los ocho hijos de Pincén, que con él fueron tomados prisioneros y tres de.sus mujeres.

La menor de esta no muestra tener más de diez y siete años, y sin embargo es madre de dos hijos, uno de los cuales es de cuatro años.

El cuarto retrato lo formaron todos los indios de lanza y la familia de un capitanejo comprendido entre ellos.

Con esto hubo de darse por terminada la operación fotográfica; pero entre los espectadores se hallaba el señor D. Francisco P. Moreno, y esta circunstancia dio lugar a la parte más interesante de este episodio.

El señor Moreno, es sabido, ha atravesado la pampa explorándola (sic) hasta sus confines, y ha vivido largos meses entre los indios, estudiando sus costumbres y su dialecto, a la vez que practicando las demás investigaciones científicas que constituían el objeto de su viaje.

El señor Moreno se hallaba, pues, en condiciones de poder entablar envidiables diálogos con Pincén, y así se hizo, llenándose éste de satisfacción, que se reflejaba vivamente en su fisonomía, al encontrar un cristiano que hablaba su lengua, que conocía las comarcas en que había nacido y vivido, y que le daba detalles sobre los sitios por él tan queridos y sobre otros caciques que, como él hasta hace poco se consideran los dueños soberanos de la vasta pampa.

Atraído Pincén por estos hechos, accedió a hacerse retratar tal como era, cuando vivía libre y era obedecido por su poderosa tribu.

El Sr. Moreno había llevado del Museo Antropológico, de que es Director, todos los objetos necesarios para este fin, entre ellos una lanza que perteneció a un capitanejo del mismo Pincén, muerto hace años en las inmediaciones del fortín «Machado».

Cuando el indio vio la lanza, experimentó (sic) una emoción tan viva, que sus ojos relampagueaban y se ajilaba (sic) fuertemente su pecho.

En el acto se quitó el poncho y las dos camisas que llevaba, quedando así únicamente con el pequeño chiripá.

Se ciñó la frente con una vincha, tomó unas boleadoras que le dio el Sr. Moreno y comenzó a arreglarlas a su estilo para convertirlas en arma de combate, tal cual ellos la usan para sus ataques y sus defensas.

Largo rato demoró en esta operación hasta que los nudos quedaran hechos a su entero gusto. Entonces las colgó de sus hombros, cruzándolas sobre el pecho y las espaldas.

En seguida tomó la lanza; la blandió repetidas veces, mirándola con cariño «por haber pertenecido a un valiente», como lo dijo él mismo, y contestando a una invitación del señor Moreno, para que se hiciera retratar como un hueichave (guerrero), dijo: «Que me pongan como entro en pelea.»

Inmediatamente el indio tomó su actitud guerrera, afirmando el cuerpo y enristrando la lanza como si esperase al enemigo para lanzarse furioso sobre él.

El rostro del cacique parecía iluminado por una luz siniestra.
¡Qué recuerdos no cruzarían en ese momento por su imaginación!

En esa actitud fue retratado.

Quizás es la primera vez que la fotografía copia del natural un cuadro tan interesante y tan orijinal (sic) por todos los detalles que lo rodean.

En seguida se hizo otro retrato del mismo Pincén acompañado de sus dos hijos mayores, adornados con redecillas y otros objetos que el Sr. Moreno proporcionó, y con esto se dio por terminada la tarea.

Momento después, el cacique con sus mujeres, con sus hijos y con sus compañeros de cautiverio, regresaban al cuartel del 6 de línea en el mismo coche y en el mismo carro que les había conducido a la extraña casa que tan vivas emociones les había proporcionado.

Francisco P. Moreno, quien en esos días había sido nombrado doctor en ciencias de la Universidad de San Carlos (actual Universidad Nacional de Córdoba, Argentina), regresó a «su» museo —otra de sus iniciativas— las prendas que sirvieron para fijar una imagen viva y genuina, con elementos originales, por medio de un procedimiento técnico idóneo.

Los elementos volverían a ocupar su lugar en las vitrinas, ahora ya definitivamente.

Pero recurramos a otra crónica, pintoresca ésta, surgida del encuentro de Pincén con el perito Moreno en la casa de fotografía, para terminar nuestra recreación de ese momento.

Se trata de un relato más de aquellos que hicieron la fama de este bravo cacique de las pampas:

Pincén en la pampa.

La circunstancia de haberse retratado al famoso cacique Pincén en el mismo traje y con las mismas armas de que hacía uso cuando guiaba su poderosa tribu sobre las poblaciones fronterizas, ha hecho conocer un interesante episodio de la vida aventurera de este personaje; episodio referido por el mismo cacique a uno de los caballeros que presenció aquella operación y que conoce el idioma de los habitantes de la pampa (Francisco P. Moreno).

Durante una tenaz persecución de que fue objeto hace años la tribu de Pincén, un oficial consiguió alcanzar al cacique y descargó sobre él su revólver.

La bala penetró en las espaldas de Pincén, que cayó a tierra sobre su lanza.

El oficial sujetó su caballo al lado del cuerpo del indio, que parecía inanimado, y le gritó:

-«¿Estás muerto Pincén?»
— «No -contestó el cacique—. Estoy encogido. »
El oficial voleó la pierna para bajar del caballo. En ese mismo instante el indio se irguió con la rapidez del tigre y clavó su lanza en las espaldas del oficial

Y Pincén agregaba textualmente (sic):
—El cristiano murió primero que Pincén y yo me fui en su caballo.

Fuente Consultada: Revista Patagónica Nro. 20  Año IV – 1984 – Nota de Juan María Veniard

Enlace Externo: El Cacique Pincen y Su Familia