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Precursores de la Libertad en America Colonial Ideologos

Precursores de la Libertad en América Colonial

Llamamos precursores a quienes adelantándose a la historia promueven movimientos que se desarrollarán posteriormente o ensenan doctrinas que pasado el tiempo serán aceptadas. Vamos a dar breve noticia de algunos de los precursores de la independencia hispanoamericana.

Gogoy Jose Juan

Juan José Godoy: Era un jesuíta, nativo de Mendoza, nacido en 1728. Cuando la Compañía de Jesús fue expulsada por Carlos III en 1767 era profesor en el colegio de Mendoza. Encontrándose circunstancialmente en una estancia no fue hecho prisionero.

Recorrió como prófugo gran parte del virreinato. Hecho prisionero, fue embarcado para Europa y llegó a los Estados Pontificios.

Fue ardiente promotor de la independencia de estas regiones. En 1781 se trasladó a Londres para conseguir que el gobierno inglés se interesara en ello y favoreciera su independencia.

Aspiraba a constituir un estado independiente formado por Chile, Perú, Tucumán y la Patagonia. Sin obtener apoyo en Londres, pasó a los Estados Unidos a promover el mismo proyecto.

En uno de sus viajes fue apresado por las autoridades españolas y condenado a prisión perpetua. Murió en la cárcel, en Cádiz.

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Francisco Miranda: Por el celo y dedicación con que promovió el ideal de independencia es llamado simplemente el «Precursor». Nació en Caracas en 1750. Estudió en su país y luego se dirigió a España, donde abrazó la carrera militar. (ver una completa descripción de los hechos)

miranda franciscoLuchó a las órdenes de Lafayette en la guerra de la independencia norteamericana. Luchó también en los ejércitos revolucionarios de Francia donde obtuvo el grado de General.

Ampliamente vinculado en Europa, recorrió diversos países alentando el ideal de la independencia americana.

Desde 1790 trabajó en Inglaterra en pro de la independencia formando logias secretas con los americanos y procurando el apoyo del gobierno inglés. Sus relaciones alentaron el deseo del gobierno inglés de extender su influencia hacia estas regiones. Fue amigo de Popham.

Fundó en Londres la llamada «Gran Logia Americana» a la que pertenecieron O’Higgins, Bolívar y San Martín.

Como Inglaterra no le prestó el apoyo esperado, pasó a los Estados Unidos, donde organizó una pequeña expedición libertadora con que pretendió dirigirse a las costas venezolanas. Pero su flotilla fue dispersa por los buques españoles.

Con la ayuda de los ingleses logró reorganizar su flota y desembarcar en Venezuela. Pero no encontró el apoyo que esperaba de sus compatriotas y tuvo que reembarcarse.

Volvió a Londres. Con Bolívar regresó a Caracas en 1810 y fue nombrado teniente general del ejército revolucionario, participando brillantemente en la campaña patriota. En 1812 fue hecho prisionero por los españoles. Permaneció encarcelado hasta su muerte, acaecida en Cádiz en 1816.

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Antonio Marino: Nació en Bogotá, en 1765. Fue un entusiasta lector y propagandista de los enciclopedistas y de los pensadores políticos que influyeron en la Independencia de los Estados Unidos y en la Revolución Francesa.

Mariño Antonio

Tradujo, imprimió y difundió clandestinamente la Historia de la Asamblea Constituyente de Francia. Fue condenado a prisión.

Logró fugar de la cárcel de Cádiz y entró en contacto con los agentes de Miranda.

Regresó a su patria donde obtuvo un indulto. Pero por su propaganda en favor de las nuevas ideas políticas fue trasladado a España.Cuando los ejércitos napoleónicos invadieron la Península se trasladó nuevamente a Colombia.

El 20 de julio de 1810, cuando estalló el movimiento revolucionario, estaba en la cárcel. Fue liberado y trabajó ardientemente con sus patriotas.Dominado el movimiento revolucionario de Colombia en 1814, fue nuevamente enviado prisionero a Cádiz.

En 1820 logró volver a su patria. En 1821 Bolívar lo nombró vicepresidente interino. Murió en 1831.

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El Conde de Aranda: No suele enumerarse entre los precursores. Sin embargo fue uno de los primeros que previo la emancipación americana y alentó la constitución de estados independientes en las colonias españolas.

Ministro de Carlos III, de clara visión política, previo la influencia que sobre las colonias tendría el ejemplo de los Estados Unconde de arandaidos, la difusión de las nuevas ideas y el creciente antagonismo entre criollos y españoles.

Estimaba que el estallido de movimientos de independencia era inevitable y que España, en el estado en que se encontraba no podría dominarlos. También previo que Inglaterra alentaría estos movimientos y procuraría extender su influencia hacia esas zonas.

Señaló a Carlos III la conveniencia de crear tres reinos independientes y asociados a España, cuyos tronos serían ocupados por príncipes españoles. El primero abarcaría México y América Central; el segundo, Nueva Granada, Venezuela y Ecuador; el tercero, Perú, Chile y el Río de la Plata. Las demás regiones quedarían bajo dependencia de la Corona Española.

La creación de estos reinos, según el Conde de Aranda, evitaría la completa separación de las colonias y España.

El proyecto fue considerado por Carlos III. Pero no prosperó porque el Rey estimó equivocadamente que bastaría una reorganización política de las colonias y la concesión de nuevas franquicias para mantener su fidelidad a la madre patria.

VOCACIÓN PARA LA LIBERTAD DEL HABITANTE DEL RIO DE LA PLATA

La vocación para la libertad de los países hispanoamericanos es herencia directa del espíritu y la cultura españoles. El aprecio de la libertad individual, el respeto del orden jurídico, el desarrollo de la vida comunal, el sentido de la dignidad humana y de la esencial igualdad entre los hombres es legado de la madre patria.

Hubo asimismo una serie de causas que contribuyeron a acentuar esta tendencia entre los habitantes del Río de la Plata.

Entre ellas señalamos:

1. Sus orígenes. Tanto la creación de la gobernación del Río de la Plata, como la erección del virreinato obedecieron a razones de tipo militar, impedir la realización de los deseos de expansión de los portugueses.

La creación del virreinato en 1776 obedeció a la necesidad de frenar el avance de los portugueses y de protejer las costas de la Patagonia, prácticamente desguarnecidas, de las ambiciones inglesas.

El primer virrey, don Pedro de Cevallos, era un distinguido y hábil militar. Ya había ejercido el cargo de gobernador en estas colonias. Cuando llegó como virrey lo hizo al frente de una flota de 116 barcos y de 10.000 hombres, la expedición más numerosa que España hubiese jamás enviado a sus colonias.

El habitante del Río de la Plata era extremadamente arrogante frente al portugués y celoso defensor de los derechos de su propio territorio.

2. La carencia de riquezas fáciles que desarrolló el espíritu de austeridad.

En estas regiones no existía oro, ni metales preciosos. Tampoco existían indios, en cantidad, como fuerza de trabajo. La riqueza existente era fruto del trabajo, del esfuerzo y de la habilidad de cada uno.En estas regiones se produce un fenómeno contrario al producido en otras regiones. No son tanto los españoles y criollos quienes atacan al indio, sino el indio quien ataca a los españoles y criollos.

Los pampas han aprendido a usar el caballo y con ello avanzan sobre las posesiones españolas en busca de botín. La vida, la libertad y los bienes del habitante del Río de la Plata están en continuo riesgo, y debe estar en todo momento pronto a defenderlos.

No se dio en Buenos Aires el lujo y boato propios de Lima y otras regiones. No se hacía en ella tanta estima de los títulos nobiliarios. Tampoco penetró el «afraneesamiento» de la época borbónica.

Las costumbres eran sencillas, el trato llano y familiar, incluso con los esclavos. El sentido de solidaridad se imponía pollas mismas circunstancias.

3) La extensión de las regiones y la dificultad de las comunicaciones, que hacía que cada una de las poblaciones se desarrollase como centro autónomo.

En el inmenso territorio del Río de la Plata no era fácil la comunicación con las otras colonias, como tampoco era fácil la comunicación entre sus distintas ciudades. La comunicación por mar con la metrópoli, además de las dificultades naturales, se veía dificultada por los frecuentes bloqueos e inconvenientes surgidos de las guerras entre Inglaterra y España.

Las ciudades del Río de la Plata tenían privilegios y libertades que no habían sido concedidas a otras ciudades coloniales. Debían en buena medida bastarse y gobernarse a sí mismas.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-Editorial Guadalupe

Movimientos Emancipadores de las Colonias Españolas en America

Movimientos Emancipadores de las Colonias Españolas en América

A comienzos del siglo XIX se producen, en forma casi sincronizada, en las antiguas colonias de España en América, una serie de movimientos de emancipación que se extienden desde México a Buenos Aires.Los distintos virreinatos, gobernaciones y capitanías son sacudidos por movimientos revolucionarios. Estos movimientos coinciden con la demarcación política existente en las colonias.

México, Venezuela y Buenos Aires son los principales focos revolucionarios. El movimiento que tuvo por foco a México se extendió por México y América Central. El que tuvo por centro a Venezuela abarcó a Venezuela, Colombia y Ecuador. El que tuvo por centro a Buenos Aires se extendió por toda la zona meridional de América.

Es posible señalar dos faces en estos movimientos. La primera se extiende entre 1806 y 1816. En ella los revolucionarios son sofocados en casi todas partes, excepto en el virreinato del Río de la Plata. La segunda se extiende entre 1816 y 1825. En ella los movimientos revolucionarios se imponen en todos los países.

La situación por que atraviesa la corona española a raíz de la invasión napoleónica motivan ios movimientos de la primera face. La confusa situación existente en la península a la vuelta de Fernando VII y las actitudes asumidas por este monarca alientan la segunda.

Los países hispanoamericanos fueron sucesivamente declarando su independencia.

En muchos de ellos la lucha por afianzarla requirió aun años.

Venezuela declaró su independencia el 5 de Julio de 1811;
Colombia, el 16 de Julio de 1813;
Paraguay, el 12 de Octubre de 1813;
México, el 6 de Noviembre de 1813;
Argentina, el 9 de Julio de 1816;
Chile, el 12 de Noviembre de 1817;
Ecuador, el 9 de Octubre de 1820;
Perú, el 28 de Julio de 1821;
Centroamérica, el 15 de Septiembre de 1821;
Santo Domingo, el 30 de Noviembre de 1821;
Bolivia,. el 6 de Agosto de 1825;
Uruguay, el 18 de Julio de 1828.

Las causas que originaron estos movimientos son múltiples y complejas.

mapa de focos revolucionarios

Mapa con el año en que se produjeros los focos revolucionarios en América Colonial

Como antecedentes suelen señalarse tres estallidos revolucionarios:

1. El alzamiento de Antequera y Revolución de los Comuneros en el Paraguay;
2. La sublevación de Tupac Amarú;
3. Las revoluciones de Chuquisaca y La Paz.

Su influencia en los posteriores movimientos revolucionarios es muy remota y relativa.

a) Alzamiento de Antequera y Revolución de los Comuneros del Paraguay
La administración del gobernador del Paraguay, Diego de Balmaceda, condujo a un abierto enf remamiento en 1721 entre dicho gobernador y el Cabildo y vecindario de Asunción.

Las tensiones se hicieron insostenibles y la Audiencia de Charcas envió a Asunción a José de Antequera, natural de Lima, como investigador y juez, dotado de amplísimas facultades.

Antequera destituyó a Balmaceda, que huyó y buscó refugio en las. misiones jesuíticas.

El pueblo de Asunción, que por cédula real de 1537 tenía privilegio de elegir gobernador, eligió como tal al mismo Antequera.

El virrey del Perú, enterado de los sucesos, ordenó a Antequera su regreso a Lima y la restitución de Balmaceda en su cargo.

Antequera, apoyado por el Cabildo y vecindario, desconoció la orden del Virrey alegando que había sido fraguada por sus enemigos.

Organizó un ejército, resistió durante tres años, pero fue derrotado por las tropas enviadas desde Buenos Aires y comandadas por Bruno de Zabala.

Huyó a Córdoba, pero fue apresado y conducido a Lima, donde después de juzgado, fue condenado a pena capital por delito de sedición.

Fernando Mompox, compañero de prisión de Antequera, logró huir y llegar a Asunción, donde con la ayuda del Cabildo y de los partidarios de Antequera organizó una nueva revolución y destituyó al gobernador, negándose a acatar las órdenes del virrey por considerarlas contrarias al bien y voluntad del vecindario. Esta revolución se conoce como la «revolución de los comuneros«, por cuanto decían defender los derechos de la comuna de Asunción.

Tropas enviadas desde Buenos Aires dominaron el movimiento. Mompox consiguió huir.

b) La sublevación de Tupac Amarú

José Gabriel Condorcanqui, conocido como el inca Tupac Amarú, cacique de Tungasuca, provincia de Tinta, había sido educado en el colegio de los Jesuitas del Cuzco.

Era hombre de amplia cultura, que dominaba perfectamente el castellano y el quechua, de noble presencia y agradable trato. Tenía gran ascendiente entre sus hermanos de raza y gozaba de la simpatía de los españoles y criollos.

En la época de la sublevación su principal ocupación era el transporte de mercaderías.

Apenado por la condición y trato que recibían los de su raza y convencido de la inutilidad de sus protestas, encabezó una rebelión, la más grande sublevación indígena habida en América, en época del virrey de Vértiz.

En noviembre de 1780 se apoderó del corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga, famoso por sus excesos. El corregidor fue obligado a entregar los fondos reales y luego ahorcado en la Plaza.

El movimiento de rebelión se extendió rápidamente por todo el Alto Perú. Con un ejército de 6.000 indios derrotó a un ejército de 12.000 españoles y criollos.

Su ejército llegó a contar con 60.000 indios. Carentes de disciplina cometieron todo género de excesos contra españoles, criollos y mestizos.

La sublevación fue dominada después de larga lucha por ejércitos provenientes de Lima y de Buenos Aires.

Tupac Amarú fue conducido al Cuzco y condenado a morir descuartizado. Varios de sus parientes fueron condenados a pena de garrote.

El movimiento de rebeldía continuó después de la ejecución. Terminó de ser sofocado en 1783.

No fue, como ha sido presentado muchas veces, un movimiento de independencia hispanoamericana. Fue un movimiento racial que aspiró a reconstruir el antiguo imperio de los Incas.

c) Revoluciones de Chuquisaca y La Paz
El desacuerdo y las tensiones existentes entre el Gobernador de Chuquisaca, García Pizarro, y la Real Audiencia motivó un movimiento de rebelión. Estalló el 25 de mayo de 1809.

La Audiencia logró deponer y detener al Gobernador, asumió en nombre del pueblo y de la Corona el poder y encargó a Arenales la formación de un ejército. Resistió por las armas a las tropas del Virrey.

Los rebeldes fueron prontamente dominados. Por influencia del movimiento de Chuquisaca también en La Paz se produjo otra rebelión.

Acaudillados por Murillo los rebeldes depusieron al gobernador y constituyeron una Junta de gobierno, llamada «Junta Tuitiva». No pretendían desconocer la autoridad real, sino defender los derechos y libertades locales atropelladas por los funcionarios reales.

La rebelión fue severamente reprimida por tropas enviadas desde Buenos Aires. Murillo, después de juzgado, fue condenado a muerte.

CAUSAS DE LOS MOVIMIENTOS ENMANCIPADORES: La vida de las sociedades es continua y en su desarrollo los hehos se concatenan. En ellos intervienen pluralidad de factores y  con frecuencia sin que ninguno de ellos sea determinante, todos influyen en la marcha de la sociedad.

Los hechos históricos obedecen a mútiples causas. No es fácil  terminar el grado de gravitación ejercida en ellos por otros hechos, por corrientes y movimientos ideológicos y por la actuación de sus mismos protagonistas. Sucede muchas veces que los hechos toman otra dirección o van más allá de los que prendieron sus mismos autores.

A modo de ejemplo, cuando se reunieron los Estados Generales , previos a la Revolución Francesa, todos los diputados de los tres estados deseaban conservar la monarquía. Muchos de ellos pretendían convertirla, de absoluta, en constitucional. Pero la derivación que tomaron los hechos a raíz de una sublevación popular que no se pudo dominar condujeron a una , revolución que transformó no sólo el orden político francés, sino el europeo.

La formación de las nacionalidades hispanoamericanas es fruto de un largo proceso histórico. Hechos, circunstancias, profundos problemas sociales y corrientes ideológicas, actuación de los hombres que protagonizaron y prepararon intervinieron en nuestra independencia de España.

Las causas se entrelazan, sin que sea posible medir con exactitud el influjo de cada una.

Entre las causas de los movimientos de emancipación americana señalamos tres órdenes de factores de indiscutible influencia. No pretendemos con ello agotar la enumeración de las causas que influyeron en ella.

Tales factores son:

1. El espíritu inculcado por España en estas regiones y las Instituciones creadas en ellas.
2. La influencia de las ideas políticas en boga y de la independencia de los Estados Unidos y de la Revolución Francesa.
3. La situación político militar por que atravesaba España y que desencadenó el proceso revolucionario.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

 

La Batalla de Pozo de Vargas

Batalla de Pozo de Vargas

Entre las batallas que ensangrentaron la tierra riojana, ninguna más famosa que la del Pozo de Vargas, librada el 10 de abril de 1867 entre las tropas de Felipe Varela y el santiagueño Antonino Taboada. El combate fue el capítulo final de un proceso que se precipitó al estallar la guerra contra el Paraguay, totalmente impopular en las provincias.

«Cuando en la plaza pública leen los bandos de los gobernantes y los tambores recorren ¡la ciudad convocando a la guardia nacional, los ‘hombres huyen a la selva próxima. No los empuja el terror. Han nacido y vivido en batallas. Resisten a Buenos Aires y al Imperio.El Paraguay es el amigo y el vecino histórico..,», señala el historiador Ramón J. Cercano.

batalla en la rioja de pozo de vargas

Las masas del interior demostraron sobradamente su oposición a ese fratricidio: el 26 de junio de 1865 el montonero riojano Aurelio Zalazar provoca la disolución del contingente de La Rioja que marchaba hacia San Luis; el 8 de julio, a poco de salir de Córdoba, se sublevó un batallón de quinientos hombres; el 12 hizo lo mismo   el   contingente   puntano nueve días antes, ocho mil lanceros entrerrianos —de los mejores de Urquiza—  prefirieron  desban darse antes que ir a pelear con tra los paraguayos.

En Cuyo la oposición a la guerra apareció bien coordinada.  Los caudillos Juan Saá y Juan de Dios Videla cotrolaron la región y, luego de derrotar al coronel Julio Campos en la Rinconada de Pocito, tomaron la ciudad de San Juan.

El gobierno puso al frente de las tropas encargadas de sofocar la sublevación al general Paurrero, pero el poco apo yo que encontró en su camino  obligó a éste a retroceder hasta la frontera del Río Cuarto mientras rebelión se extendía.

Uno de pocos  contingentes  que  llegamos íntegros al litoral fue el de mando la soldadesca viajó atadada coco con codo.  A esos alzamiento se unieron voces en la propia Buenos Aires: Guido Spano, Olegario Andrade, José Hernández, Juan Bautista Alberdi y otros condenaron públicamente la Triple Alianza y sus objetivos.

En el interior Felipe Varela quien expresa mayor energía esa oposición: el 6 de diciembre de 1866 el caudillo lanzó una vigorosa proclama desde su campamento en marcha.

Entre otras cosas sostenía: «El pabellón que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudiílo Mitre (…) ha sido cobardemente arrastrado por los tangaes de Estero Bellaco, Tuyutí, Curuzú y Curupaytí». El carisma y la bandera de Várela atrajeron a antiguos oficiales del Chacho, como Severo Ghumbita, Santos Guayama, Aurelio Zalazar, Sebastián Elizondo y otros.

Ante el rumbo que tornaban los acontecimientos, Mitre regresó del frente paraguayo ron cinco mil hombres; además, contaba en el interior con la fidelidad de Tucumán y Santiago del Estero, donde mandaban los hermanos Posse y los hermanos Taboada, respectivamente.

Uno de estos —Antonino— sería el encargado de hacer frente a Varela, que comandaba casi 4000 hombres dis-tribuidos en cuatro batallones de cazadores Federales. Mientras sus alados eran derrotados en diversos frentes, Várela marchó hacia la ciudad de La Rioja, ocupada por Taboada.

Un día antes del combate se dirigió a su adversario para invitarlo a combatir fuera de la ciudad, «a lo menos a tres leguas», evitando así que la población civil sufriera las consecuencias de la betalla. En la mañana del nueve de abril Taboada tendió sus líneas a unas veinte cuadras de La Rioja, en torno de un pozo llamado «de Vargas» por las excavaciones que había hecho un tal Vargas o Bargas para extraer tierra destinada a la fabricación de adobe.

El santiagueño parapetó sus hombres detrás de unos cercos y efectuó una astuta maniobra: se apoderó de los pozos que proveían de agua a bestias y seres humanos, privando así del líquido a las fuerzas enemigas. Los hombres de Varela, después de una larga cabalgata nocturna, llegaron sedientos a Mesillas, donde se encontraron con una sorpresa anonadante: las represas estaban completamente secas.

La definición no podía postergarse más porque con cada minuto transcurrido aumentaba la sed de hombres y caballos. Varela decidió entonces presentar batalla; desplegó sus fuerzas, colocó en el centro dos pequeños cañones y se atrincheró en unos ranchos para ampararse del sol, que caía a plomo en la siesta riojana.

A eso de las dos de la tarde se disparó el primer cañonazo y un vasto alud de color punzó cubrió el horizonte del Pozo de Vargas: el ejército federal se lanzaba al ataque aguijoneado por una sed abrasadora.

Generalizada la batalla, la caballería de Várela, al mando de Elizondo, arrasó las filas santiagueñas, que empezaron a dispersarse. Parece que en ese momento se escucharon los sones de la célebre zamba, que elevó la maltrecha moral de los hombres de Taboada hasta llevarlos al triunfo.

La leyenda sostiene que los soldados comenzaron a bailar, arremangándose él chiripá y tomando el fusil por el medio, pero no es muy creíble que en medio de tan sangrienta batalla las tropas ejecutaran un ballet de ese tipo. Con danza o sin ella, a las cinco de la tarde Taboada era dueño del campo de batalla; Varela se retiraba sin ser perseguido porque Elizondo había arriado la caballada enemiga, pero el alzamiento federal había sufrido un golpe demoledor y ya no se repondría.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Penas y Tragedias del Ejército en la Campaña del Desierto

La Dura Vida del Ejército en la Campaña del Desierto

La Campaña del Desierto fue extremadamente rigurosa. En ese mundo de hombres sufridos y duros imperaban reglas de juego que a menudo se apartaban totalmente de lo indicado por la más pura ortodoxia militar. Esto se advierte claramente en los magistrales testimonios del comandante Prado, que reflejó con frescura extraordinaria las alternativas de ese universo donde la vida y la muerte oscilaban entre el sable y la lanza, entre el toldo y el fortín.  

Julio A. RocaEl 25 de mayo de 1879 el Regimiento 3 de Caballería de Línea y el fogueado 2 de Infantería saludaron el aniversario de la patria a orillas del río Negro, tres días más tarde la tropa acampaba en una rinconada que forma una curva del río, para fundar un pueblo que años después se llamaría Choele Choel. (imagen izq. Julio A. Roca)

Lo primero, claro está, fue dividir los solares y trazar calles y plazas; los ingenieros trabajaban febrilmente sin reparar en los relatos de algunos indios viejos que hablaban de inundaciones periódicas, crecidas y otros caprichos del río.

Corría el mes de junio y la preocupación fundamenal era combatir el intenso frío. Además, por esos días el general Roca dio por finalizada la etapa principal de la campanario que hizo saltar de alegría a la soldadesca: venían días más tranquilos.

«Una mañana —relata el comandante Prado— (…) un indio viejo se acercó a nosotros y en su media lengua nos hizo comprender que todo aquello que pisábamos, el pueblo, el campamento entero, no tardaría en ser la sepultura del
ejército.»   La advertencia fue desoída, pero pocos días después se confirmó plenamente; Villegas, jefe máximo del acantonamiento, comprobó una madrugada que en seis horas el nivel del río había subido treinta centímetros.

La alarma no tardó en generalizarse y horas después ya se pensaba en abandonar el campamento.  Era tarde, sin em bargo: «La división se hallaba sitiada por el agua. A la espalda el río, a los flancos y al frente el cau dal de los arroyos desbordados en el   valle,   avanzando   amenazarle furioso,  cual  si aquello fuera un ser con vida.. .»

Era el 17 de julio y la temperatura descendía cada vez más: mientras se levantaban parapetos para evitar que el agua siguiera avanzando, las viviendas de soldados y jefes fueron usadas para hacer fuego.

Las perspectivas se tornaron cada vez más som brías a medida que pasaba el tiem po; el alimento empezó a escasear en  forma desesperante, y  al frío que taladraba los huesos se suma el hundimiento del suelo bajo la presión del pie mientras el agua brotaba por todas partes.

No muy lejos de allí el drama se repetía con similar intensidad. El 5° de Caballería, que a las órdenes de Vintter (imagen abajo) se había separado de la División para marchar hasta la actual General Roca, no había logrado salir del valle y estaba cercado por la inundación. La tropa dormía sobre un pantano «en medio de la caballada muerta, cuyas miasmas envenenaban el aire». Los soldados de Vintter pedían ayuda descargando al aire sus carabinas: ignoraban que el resto de la División estaba en la misma situación.

General Vintter

En Choele Choel el peligro crecía hora a hora, pero la moral se mantenía bastante alta. Para distraerse y desentumecerse, la tropa hacía ejercicios militares al son de la banda de música. Los jefes hablaban de cualquier cosa menos de la riesgosa situación, y por la noche, «antes de la hora del silencio, la guitarra se oía en todos los fogones, sin verse una sombra en ningún rostro».

Claro que eso no bastaba para aplacar el hambre, y fue necesario recurrir a buenas dosis de austeridad para no morir de inanición. Un día el cadete Crovetto, del 3° de Caballería, fue enviado junto con otros soldados a nadar en busca de hacienda; dos días más tarde Crovetto y sus hombres regresaron en un estado lamentable: exhaustos, llenos de heridas causadas por los espinosos chañares cubiertos por el agua helada, vieron cómo la correntada les llevaba varios de los animales que habían logrado arrear. Sin embargo, algunas reses trajeron las suficientes para salvar a la División.

No fueron los del 3° los únicos milicos que sufrieron el rudo castigo del agua: el teniente Villoldo, del 1° de Caballería, tuvo que vivir junto con sus hombres una semana en las ramas de un árbol; el sargento Carranza, por su parte, estuvo más de veinte horas con el agua escarchada hasta las rodillas, «la carabina a media espalda y el morral cargado a la cintura».

Mientras ocurrían estas cosas, a dos leguas de distancia, en una loma perfectamente a salvo de la creciente, estaba el comisario pagador con los arrieros que traían víveres, «vicios» y baratijas para ia tropa exhausta. En una ocasión e! peligro fue tan inminente que causó un tremendo temor. El parapeto, cuenta Prado, «se desmoronaba y el agua avanzaba impetuosa, amenazando el último aíbardón que pisábamos».

Las bandas de música, entre tanto, atronaban ei aire batiendo marcha ante la tropa que ya empezaba a despedirse de la vida. Por fortuna el desastre no llegó a consumarse. Al cabo de catorce días de zozobra el inmenso mar comenzó a trocarse en un enorme pantano imposible de atravesar. Fue entonces cuando otro feroz enemigo, el frío, acudió en ayuda de los sitiados. Una mañana de agosto, aprovechando que la escarcha había endurecido el cenagoso páramo, ‘los milicos empezaron a cruzarlo cargando armas y monturas.

El día era, según palabras de Prado, «espantosamente frío», nublado y triste. Puede que la tropa no lo notara demasiado: el esfuerzo de cruzar ese tembladeral insumía todos sus afanes. Diez horas de angustia duró la marcha a través de esas dos leguas, pero al final del trayecto estaba la salvación: tierra firme, sin agua. Había terminado una de las batallas más duras de la Conquista del Desierto. Pero los elementos naturales seguirían obstaculizando la acción del hombre en las cercanías del río Negro.

Manuel Namuncurá Acuerdo de Paz con el Gobierno Argentino

HISTORIA DE MANUEL NAMUNCURÁ Y SU PUEBLO ARAUCANO

El 4 de junio de 1873, en su toldería de Chiloó, situada al oeste de las Salinas Grandes, en la actual provincia de La Pampa, falleció el temible cacique Cafulcurá, cuyas hordas con frecuencia habían asaltado y quemado numerosas poblaciones blancas. Durante casi cuarenta años este indio astuto fue el jefe indiscutido de los pampas y señor del desierto. A su muerte se reunieron en el Circo de Chilihué doscientos veinticuatro caciques para celebrar un parlamento con el fin de nombrar al sucesor.

Después de un tumultuoso consejo resultó electo Namuncurá, hijo mayor de Manuel Cafulcurá y que tenía ya sesenta y dos años. Inmediatamente el nuevo jefe se puso al frente de sus indios, atacando al sur de la provincia de Buenos Aires.

Además de los aborígenes sometidos a Namuncurá habitaban en el centro de la actual provincia de La Pampa los indios del cacique Pincén, quien a la muerte de Cafulcurá se separó de la confederación indígena, y en el norte de la misma los ranqueles, mandados por Mariano Kosas. En esa zona vivían también otras tribus menos importantes.

Poco antes de morir Cafulcurá había aconsejado a los suyos «no abandonar Carhué al huinca», es decir no permitir el avance de los blancos en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Consecuentes con esa máxima los indios no variaron su conducta, y por cualquier demora en la entrega de las raciones prometidas atacaban a las poblaciones blancas.

El gobierno dictó energicas medidas para que se cumplan los tratados establecidos con el fin de captarse la confianza de las tribus salvajes. Esa política causaba grandes gastos a la Nación y no siempre daban buenos resultados, pues muchas veces los aborigenes hacían ataques masivos para robar ganado y cultivos, y la respuesta agresiva del gobierno argentino era muchas veces muy dura.

Perseguido asi, con sus huestes  diezmadas y famélicas, Manuel Namuncurá, otrora poderoso soberano de la pampa, se encontraba  ante  una disyuntiva  de hierro: morir  peleando   en   lucha desigual o rendirse.   El coronel Eduardo  Ramayón anotó: «…llorando de rabia e impotencia fue a pedir a Reuquecurá, su tío, no armas ni guerreros, sino un rincón cualquiera para vivir proscripto a la sombra de aquellos pinos gigantescos. ..».

Manuel Namuncura

Manuel Namuncurá Con Uniforme Militar

Sin embargo, ese voluntario exilio cordillerano no era posible: también esa región sería incorporada a la soberanía nacional por los sufridos milicos de la campaña del Desierto.

El 8 de enero de 1883, durante una ofensiva contra   las  tolderías  del  cacique Sayhueque, cayó prisionero un sobrino  de  Namuncurá («garrón de piedra«, en lengua indígena).   Pocos días más tarde, desde Ñorquín, el  comandante  Ortega  informaba que se había presentado en ese campamento el secretario de Namuncurá, Juan Paillecurá, con propósitos de un acuerdo de paz.

Es que las cosas se   iban  poniendo   cada   día   más feas para el acosado araucano; ya tenía más  de  sesenta años,  sus fuerzas  flaqueaban y —para colmo— un mayor del ejército le había capturado parte de su familia, incluida una de sus mujeres.

Además, las altas montañas que le servían de refugio imponían un duro precio a cambio de esa relativa seguridad:   las  penurias,   la  miseria atenaceante no tardarían en empujarlo hacia una decisión extrema. Así las cosas, el padre Domingo Melanesio —un misionero llegado a Neuquén en esa época convulsionada— recibió un día la visita de varios  indios  de   Namuncurá;  los emisarios anunciaron la rendición de su jefe y le solicitaron quo intercediera   ante   las   autoridades que ya habían rechazado varios pe didos de audiencia.

Entonces los acontecimientos se precipitaron el padre Melanesio se comprometió a servir de mediador y envió a Namuncurá una carta en la que alababa su decisión y lo  invitaba   a acudir al fuerte Roca.  Garrón de Piedra, tras unos últimos cabildeos emprendió con su gente un largo y penoso viaje de 450 kilómetros hasta el fortín Romero, donde se presentó, con 240 hombres semi-desnudos y hambrientos, ante el oficial Morosini.

La novedad —para entonces sensacional— no tardó en despacharse a Buenos Aires, donde la recibió el ministro de Guerra, Benjamín Victorica; en su respuesta, éste aconsejó que se hiciera bajar hasta Roca al jefe indio y a toda su tribu, y que se los tratara bien, obsequiándolos y ofreciéndoles toda clase de seguridades.

Cuando Namuncurá y su gente llegaron a Paso de Indios, los comerciantes los recibieron con nuestras de simpatía y hasta quemaron cohetes en su honor. Luego, en el fuerte Roca «le fue regalado un quepis de teniente coronel, el pantalón punzó con franjas de oro y el capote militar con presillas de coronel». Mientras esperaba el momento de viajar a Buenos Aires, Garrón de Piedra recibió ofertas chilenas para reconquistar sus tierras pero las rechazó de plano: su patria era la República Argentina, no tardaría en pedir al gobierno tierras y útiles de labranza para dedicarse a la agricultura.

La singular comitiva del cacique sometido rartió de Carmen de Patagones el 17 de junio de 1884, a bordo de un pequeño vapor francés; lo acompañaban varios capitanejos, un lenguaraz y una de sus esposas, Rosario Burgos, de dieciocho años de edad.

Ya en la capital de la República, Namuncurá y su gente fueron conducidos a la Casa de Gobierno y alojados luego en el cuartel del  de infantería, donde se les proporcionaron buenas camas y algunas comodidades. Su programa en la gran ciudad fue digno de un personaje importante.

Poco después de su llegada hizo una visita al entonces ministro de Guerra, Victorica. Después de conversar con él pasó al despacho del presidente Roca; saludó sin amargura al general que lo había derrotado, dio muestras de acatamiento a su autoridad y sostuvo con él una larga charla en la que ambos evocaron episodios de la guerra del desierto; antes de retirarse, Namuncurá solicitó a Roca que se hiciera cargo de la educación de uno de sus hijos, Juan Quinturas.

Por la tarde de esa misma jornada —plena de emociones para el cacique— Garrón de Piedra visitó el Congreso, donde fue su anfitrión el presidente del Senado, doctor Madero. Todos los legisladores, sin excepción, observaron con curiosidad la comitiva aborigen; muchos de ellos habían debatido la Campaña del Desierto o votado fondos para la guerra contra el indio.

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Namuncurá visitó Buenos Aires e impresionó al gobierno argentino por su sencillez y franqueza. Se estableció posteriormente en Chimpay, provincia de Río Negro, y luego San Ignacio (Neuquén,) donde murió a los 97 años de edad.

Pero no sólo agasajos protocolares recibió el cacique. El presidente Roca obsequió con quinientos pesos a los visitantes, presente que llenó de alegría al jefe araucano; los repartió, no con mucha equidad, y compró dulces y tortas, collares para las damas, yerba, azúcar, pañuelos y otros ejementos.

Cuando el capital se esfumó y las fiestas de reconciliación llegaron a su término, Garrón de Piedra retornó con su gente llevando promesas de obtener las tierras y los útiles solicitados para su tribu. El cacique pasó sus últimos años cultivando el suelo y viendo crecer a sus hijos, entre ellos Ceferino Namuncurá, «el lirio de la Patagonia». En un rincón de la querida tierra que lo vio nacer, Garrón de Piedra encontró su última morada: sus restos están sepultados en Junín de los Andes.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Baigorria Manuel Historia de su Vida con los Indios y la Confederación

HISTORIA DE LA VIDA DE MANUEL BAIGORRIA ENTRE INDIOS Y POLÍTICOS

Le tocó ser uno de los personajes de trayectoria más singular en la turbulenta historia argentina, ya que su figura mereció severos epítetos por parte de varios contemporáneos, especialmente por haber traicionado la causa de la Confederación y haber estado al servicio de los indios nada menos que 22 años, destino que quizá nunca imaginó cuando comenzó su carrera, en 1827.

manuel baigorria

Ese año el gobernador Videla lo llamó a su servicio «como mozo de mano para sus secretos políticos», según puntualiza Baigorria en sus poco conocidas Memorias, redactadas por él en los años de su vejez.

Luego de su ingreso en el Ejército, peleó en Oncativo contra los federales prestando excelentes servicios al general Paz, que le encomendó una prolija observación de las fuerzas enemigas.  Se ganó así el grado de alférez, que ostentó hasta que una jugarreta del destino cambió por completo el curso de su vida.

Capturado por Quiroga después de la batalla de Rodeo de Chacón,  en   1931,  se  salvó  milagrosamente de ser fusilado. Posteriormente siguió combatiendo a los federales, hasta que en 1841, derrotada la revolución unitaria en Las Quijadas, Baigorria optó por refugiarse entre los indios para eludir las persecuciones.

Su astucia y su suerte —o ambas combinadas—  le  permitieron  ganarse la confianza de Yanquetruz, Painé  y  Pichún,  poderosos  caciques  los tres.   A cambio de esn hospitalidad suministró información,  debió volverse consejero de ellos e inclusive encabezó malones junto a Pichún, Guete y otros jefes indígenas.

Una vez aquerenciedo cerca de la laguna de Trenel (o del Recado),  llegó  a capitanear una tropa de 300 hombres, denominada pomposamente Escuadrón de Voluntarios.  Casi todos sus integrantes eran blancos fugitivos de la ley o perseguidos políticos. Entre estos los últimos, precisamente, se contaron durante un tiempo los hermanos Juan, Francisco y Felipe Saá, antirrosistas como Baigorria, pero que discrepaban con éste sobro la conducta a seguir.

Los Saá querían volver al bando cristiano e intervenir en las luchas civiles al frente del Escuadrón, pero Baigorria se oponía. No fue extraño, entonces, que la situación hiciera crisis un buen día, ya indultados por las autoridades de la Confederación, los Saá se retiraron, y con ellos un numeroso grupo de «voluntarios».

La desconfianza de los indios fue casi automática y Baigorria, irritado, y para demostrar que nada tenía que ver con la deserción, salió en persecución de los huidos y mató a varios «porque se habían fugado —anota en sus Memorias— llevándole toda la caballada».  De todos modos ese alarde no bastó a disipar la desconfianza lo los indios, y sólo pudo eludir la cndena a muerte con que lo amenazó un cacique casándose con la hija de un capitanejo.

Otras veces fue su formidable valentía la que le permitió salvar el pellejo, como cuando se presentó, desafiante, haciendo «rayar» el caballo, ante una asamblea indígena que reclamaba su muerte; su arrojo personal le permitió superar el difícil trance, la misma audacia lo impulsó a asumir actitudes sumamente riesgosas, como la liberación de cautivas; a una de ellas —Luciana Gorosito— lo dijo al tiempo que le facilitaba la fuga: «Abraza a tus padres y diles que Baigorria no es un bárbaro, sino un desgraciado que debe seguir a los indios para conservar la vida».

Después de la caída de Rosas su suerte cambió por completo: abandonó para siempre las tolderías y retornó a San Luis, donde se encontró nuevamente con su familia. Marchó seguidamente a Buenos Aires, donde Urquiza le reconoció el grado de coronel y le otorgó un cargo importantísimo: Comandante de la Frontera (con los indios), desde el Plata hasta la Cordillera.

Así  como el gobierno de la Confederación —enfrentado al de Buenos Aires— llegó a tener en Baigorria a su principal interlocutor con el poderoso imperio pampa. El flamante coronel movía sus hilos desde el fuerte Tres de Febrero, sobre el río Quinto, y mantenía relaciones sumamente, cordiales con el cacique Coliqueo —que llegó a ser un verdadero  incondicional suyo— y aun con el poderoso y astuto Calfucurá.

Tentado para que abandonara el bando de la Confederación, Baigorria se negó a ello con vehemencia, pero la intervención de Saá en San Juan, la revolución contra Fragueiro en Córdoba y otros sucesos fueron  resintiendo su  confianza en Urquiza.   Por lo menos, ésa es la explicación que dio para justificar un acto de deserción que muchos consideran  inspirado por su   resentimiento  personal   contra Saá y otros como producto de un simple soborno.

Poco antes de la batalla de Pavón se pasó con armas y bagajes al servicio del centralismo porteño, y aunque en Cepeda se había batido del lado confederado, en Pavón formó junto a Mitre, acompañado por indios de la tribu de su amigo Coliqueo.

Según   Sarmiento,  el   regimiento   de Baigorria «tuvo la gloria de ser el único cuerpo de caballería que peleó con éxito saliendo reunido del campo, cuando el resto de la caballería había flaqueado por todas partes.   Más tarde peleó contra el Chacho Peñaloza en la batalla de Las Playas, y en  1864,  antes de marchar al frente paraguayo, Mitre f§’encargó el cuidado dejas fronteras con el indio.

Un año después Baigorria se retiraba del servicio. Murió el 21 de julio de 1875, no sin antes haber acompañado al entonces coronel Julio A. Roca en las exploraciones  de  un  terreno  que Baigorria conocía a la perfección: el Desierto.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

El Caudillismo de los Hermanos Taboada en Santiago del Estero

El Caudillismo de los Hermanos Taboada en Santiago del Estero

El 15 de julio de 1851 la muerte de Felipe Ibarra —que había gobernado la provincia durante casi 30 años— cerró una prolongada etapa de la vida política santia-gueña. Mientras la noticia corría de un punto a otro del territorio, la lucha por la sucesión del poder enfrentaba a dos grupos familiares emparentados con el caudillo fallecido y vinculados desde hacía tiempo con el gobierno: los Carranzas y los Taboadas.

antonio taboadaSorda al principio, franca después, la puja culminó con el nombramiento de Manuel Taboada como gobernador.

El hecho marcó además el comienzo de un prolongado período caracterizado por el absoluto predominio político y militar del «taboadismo», una especie de caudillismo colectivo asentado sobre tres vigorosas personalidades: los hermanos Manuel, Antonino (imagen izq.) y Gaspar Taboada, que encarnaron el poder político, militar y económico, respectivamente. Felipe, el cuarto hermano, prefirió dar rienda suelta a su vocación artística convirtiéndose en uno de los precursores de la pintura en el noroeste.

Astuto, con un claro sentido do la oportunidad, apenas asumió el cargo Manuel Taboada se apresuró a ganar el favor de Rosas comunicándole su  repudio  por el  «funesto  grito   del   loco  traidor,  sal vaje unitario Urquiza», que por en tonces   había   hecho   público   su pronunciamiento contra el gober nador de Buenos Aires y se apres taba a entrar en campaña con el Ejército Grande.

Poco después al ser confirmado en el cargo por la legislatura provincial, el  goberna dor escribió nuevamente al Restau rador «con el placer de comunicar le que sólo espera la voz del Exmo. Jefe Supremo de la Nación para correr presuroso a la par de sus conciudadanos donde él mismo lo ordene y según las huellas de ho nor y de la gloria, de todo lo quo V. E. es el más esclarecido modo lo».

Estas muestras de incondicio nalidad —unidas a las derrotas  m litares   infligidas   por  Antonino   a ¡os partidarios de los Carranzas rindieron   su   fruto   político,   pero se  convirtieron  en  pesado  lastra cuando el triunfo de Caseros acabó con  Rosas y encumbró a Urquiza sobre el panorama nacional.

Sin embargo, la contradictoria situación santiagueña fue resuelta expeditivamente: el 10 de marzo de 1852 una ley provincial reconoció «al Libertador de la República len la persona del General en Jefe Aliado Brigadier don Justo José de Urquiza» y confiscó la fortuna del federal Ibarra.

El cambio de actitud permitió [al clan Taboada mantenerse al frente de la provincia, y en su carácter de gobernador santiagueño Manuel suscribió el Acuerdo de San Nicolás y luego envió dos diputados al Congreso Constituyente de Santa Fe.

Posteriormente, cuando la estrella de la Confederación —acaudillada por Urquiza— comenzó a declinar, los Taboadas se orientaron hacia el mitrismo, a tal punto que, después del triunfo porteño en Pavón, Antonino aseguró a Bartolomé Mitre que «Buenos Aires tiene en Santiago un punto de apoyo poderoso para difundir en el interior las doctrinas civilizadoras cuyo paso, hasta ahora, ha estado obstruido por la barbarie».

La «barbarie», se ent’ende, eran los caudillos federales, a quienes los Taboadas combatieron en varias oportunidades, de acuerdo con lo convenido con los representantes del centralismo porteño. Así fue como volcaron a las masas santiagueñas a la lucha contra el Chacho Peñaloza y Felipe Varela —a quien Antonino derrotó definitivamente en Pozo de Vargas—, apoyaron decididamente la guerra de la Triple Alianza y reprimieron con mano de hierro al contingente provincial que se negó a combatir.

Fueron cuantiosos los dividendos políticos que rindieron a los Taboadas la sucesión de triunfos militares por ellos obtenidos y elfranco apoyo popular de la provincia. Su condición de «caudillos del noroeste» los convirtió en piezas claves de la situación nacional.

Esa interesante posición comenzó a deteriorarse hacia 1869, cuando la fractura del bando liberal provocó un serio entredicho con Sarmiento, por entonces presidente de la Nación. Ante las quejas de los Taboadas, que denunciaron la injerencia de las fuerzas militares de Buenos Aires en las elecciones de varias provincias cercanas, especialmente en Tucumán, el fogoso sanjuanino escribió a Manuel Taboada una carta que tuvo amplia difusión. Entre otras cosas, lo tildaba de «presidente del Norte» y de «gobernador perpetuo» y le preguntaba con acritud si se consideraba «gerente, prefecto o apoderado de las susodichas provincias».

Los Taboadas sobrellevaron el embate presidencial con cautela y ejercieron su dominio durante varios años más, pero en septiembre de 1871 el fallecimiento de Manuel —el talento político de la familia— debilitó notoriamente al clan.

El fracaso de la fórmula presidencial Mitre-Torrent, apoyada por Santiago del Estero, y la consagración de Avellaneda como presidente, precipitaron los acontecimientos. Con el pretexto de asegurar comicios libres para una elección de diputados, a mediados de 1875 llegaron a la provincia fuerzas militares nacionales y el taboadismo se desmoronó bajo la presión de las bayonetas. Sus cabezas más visibles fueron perseguidas en forma implacable y la resistencia que ofrecieron algunas montoneras resultó aplastada. Escapados de la persecución, Antonio y Gaspar murieron en Tucumán solos y olvidados en 1883 y 1890. respectivamente.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Biografía de Pantaleón Rivarola Poeta Argentino Obra Literaria

HOMBRES ILUSTRES: VIDA Y OBRA LITERARIA DE PANTALEÓN RIVAROLA

Era Pantaleón Rivarola una respetable y grave figura patricia del Buenos Aires colonial, de esas que forjaron los brillos de la patria naciente. En su carácter de ilustre vecino asistió a los acontecimientos de armas que sacudieron a los rioplatenses en ocasión de;las invasiones inglesas y que los prepararon para luchar más tarde con los veteranos españoles.

Se familiarizó con las letras en las aulas que impartían la enseñanza rígida propia del siglo xvm; er.señó, más tarde, a las jóvenes generaciones que tuvieron participación directa en las jornadas libertadoras; se hizo soldado y actuó, a la manera de los poetas medievales, con singular fiereza, en la reconquista y defensa de Buenos Aires; enarboló luego el estandarte de los revolucionarios, poniendo su dialéctica y su verbo al servicio del ideal democrático.

Una vida tan fecunda pudo recoger, y recogió, diversas experiencias. Una mente clara, unida a la inspiración desbordante y al fervor más puro, tradujo el pensamiento en romances que se consideran valiosos por su utilidad como testimonios históricos.

Las dos composiciones de este noble vate colonial suman alrededor de 2.000 versos, No son verdaderas poesías, sino más bien crónicas rimadas, en las cuales se propuso, con cierta ingenuidad, pintar las jornadas trágicas de las invasiones inglesas, salvando el nombre oscuro de los que ayudaron a defender la ciudad. El relato de Rivarola es en verdad escrupuloso; los detalles, aun aquellos de menor significación, lo convierten en instrumento de orientación histórica; para algunos, el poeta nos ha legado un documento fidedigno; para otros, es el suyo un documento subsidiario.

Resulta significativo que Rivarola dedicara al Cabildo su romance y que fuera en el Cabildo —única institución democrática en el régimen colonial— donde se tratara la disputa de las pasiones que suscitó. Si bien es cierto que la obra del poeta no llevaba en sí la intención de fundar escuela propia, debe reconocerse que obtuvo, en su momento, mucha popularidad.

Esto se explica porque tanto el «Romance histórico» como «La heroica defensa» estaban construídos con elementos populares: el octosílabo tradicional; la rima suelta los nombres de gentes y de lugares que se mencionan a cada momento. Fijó, pues, en verso vugar un testimonio colectivo, un sentimiento común a todos, nacido de las heroícas jornadas de las invasiones inglesas.

A pesar de los ripios, los pasajes de sus romances debieron de impresionar vivamente el alma popular que vibraba con fervores hasta entonces desconocidos.

De estos versos afloran, también, te nombres de quienes carecían hasta enton oes de toda importancia: los negros esclavos del suburbio; los gauchos arribeños y los mestizos ignorados. Con estos  romances, el «negro», tan visible después en el poema gaucho de Hernández, entra por primera vez en la literatura argentina.

BIOGRAFÍA: PANTALEÓN RIVAROLA (1754-1821)
En el Buenos Aires colonial nació Pantaleón Rivarola el 27 de julio de 1754. Aquí cursó  humanidades, aunque su despejada inteligencia buscó superarse en derecho, para lo cual viajó a Chile.

Después de doctorarse en ambos derechos fue catedrático de leyes en la Universidad de San Felipe y notario del Santo Oficio en el reino de Chile, desde donde volvió a su patria. Las juventudes porteñas necesitaban de su erudición y su elocuencia, tan útiles a la causa de la democracia cuyos albores despuntaban sobre las playas rioplatenses.

El novísimo colegio de San Carlos, cuyas aulas reunían a los estudiantes de las mejores familias patricias, le ofreció la cátedra de filosofía. Desde su empinada posición moral, Rivarola impartió enseñanzas inolvidables a quienes, con el correr de los años, tendrían graves responsabilidades en el quehacer cívico argentino: entre sus alumnos de 1779 figuró Juan José Castelli, el que iba a ser en 1810 dialéctico formidable en el Cabildo de mayo y esforzado caudillo en las guerras de la revolución.

De la enseñanza pasó a una capellanía militar, en el batallón del Fijo, como llamaban a uno de los regimientos que guarnecían «de fijo» la ciudad.

Con la misma facilidad con que se había familiarizado con las letras, se fue acostumbrando al manejo de las armas. Tal vez un escondido presentimiento le dictara la conveniencia de saber empuñar un fusil en defensa del país que muy pronto sería invadido. Ambos aprendizajes los coronó con sus romances «La reconquista» y «La defensa», sobre la epopeya que los soldados y paisanos escribieron con sangre heroica, batiéndose contra el enemigo inglés.

Cuando las campanas alertaron a la población, en 1807, Rivarola salió a la calle para luchar hombro con hombro junto a los mártires de la defensa de Buenos Aires. Su lira recogió con veracidad impresionante los capítulos del fervor popular: la viveza, el brío y el denuedo de los hombres, de los niños y las mujeres anónimos; los clamores de los que dejaban todo tras de si, huyendo del saqueo; los rasgos de infinita audacia; la organización precaria, aunque efectiva, de los diversos barrios, que se unieron en la gesta…; todo, sin excepción, fue motivo para que sus versos pudiesen cantar el valor coronado por la victoria.

Consumada en 1810 la revolución democrática, se unió a ella con entusiasmo, a fin de ratificar una vez más sus experiencias de soldado y de maestro. El gobierno revolucionario lo nombró, en 1812, miembro de la junta conservadora de la libertad de imprenta.

Murió el 24 de setiembre de 1821; vale decir, en los umbrales de las luchas internas.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Edición de Lujo Tomo VIII Edit. CODEX

Biografía de Facundo Quiroga Historia de su Asesinato

Biografía de Facundo Quiroga Historia de su Asesinato

Facundo Quiroga nació en San Juan de los Manos, provincia de La Rioja, en 1788. Fueron sus padres José Prudencio Quiroga y Juana Rosa de Argañaraz. A los dieciséis años comenzó a trabajar en la conducción de los arreos de su padre; a los veinte, éste le encargó la administración de los bienes familiares.

Poseído por la pasión del juego que lo dominara toda la vida, en 1812 perdió una importante suma de dinero perteneciente a su padre. Abandonó el hogar y se alistó en el contingente de doscientos hombres que formara el comandante de la frontera sur de Mendoza, Manuel Corvalán.

Facundo Quiroga Caudillo Riojano

Partió con los reclutas en dirección a Buenos Aires, donde fue destinado al Regimiento de Granaderos a Caballo. Se dirigió a su provincia, de donde había sido reclamado por su padre.

De 1816 a 1818 fue capitán de milicias en el departamento de San Antonio bajo las órdenes del comandante Juan Fulgencio Peñaloza, a quien reemplazó en 1817. En ese año contrajo enlace con María de los Dolores Fernández.

En la Gaceta de Buenos Aires del 31 de enero de 18i8 apareció un decreto de Pueyrredón reconociéndolo Benemérito de la Patria. En diciembre de 1818 se dirigió a Córdoba; a fines de enero de 1819 emprendió el regreso a su provincia.

Al llegar a la ciudad de San Luis fue detenido por orden del gobernador.

El 8 de febrero de 1819 estalló en San Luis una conspiración de los jefes españoles vencidos en las luchas por la Independencia.

Quiroga mereció una medalla de plata, decretada por el Congreso para todos los leales defensores del orden en la sublevación de San Luis. Se hizo cargo del gobierno de La Rioja, que ejerció desde el 28 de marzo hasta el 22 de julio de 1823.

El 6 de diciembre de 1824 en Buenos Aires abrió sus sesiones el Congreso General Constituyente.

El 15 de agosto de ese año se había fundado en La Rioja el Banco y Casa de Moneda, del cual era accionista principal, siendo su presidente Braulio Costa. En octubre de 1825 llegó a Buenos Aires Rivadavia, quien había fundado en Londres la River Plate Mininy Association que explotara las minas de La Rioja.

Esta provincia y sus hombres, Quiroga muy especialmente, se pronunciaron contra el Congreso y contra Rivadavia.

El 18 de setiembre de 1826 la Legislatura riojana decidió no reconocer la presidencia de Rivadavia ni las leyes emanadas del Congreso. En mayo se movilizó contra Paz y fue derrotado en La Tablada el 23 de junio.

La derrota fue festejada en los círculos gubernistas de La Rioja. De regreso en su provincia, Quiroga hizo fusilar, el 19 de julio, a Inocencio del Moral y sus dos hijos, entre otros, que eran quienes más se habían caracterizado en sus burlas para con el derrotado.

Quiroga no deseaba seguir la guerra. El 10 de enero de 1830 desde Mendoza escribió a Paz una carta, que tenía la primera declaración a favor de la organización nacional.

A pesar de todo siguió la guerra y volvió a enfrentarse a Paz en Oncativo, siendo su ejército destrozado el 25 de febrero de 1830. Se dirigió a Buenos Aires, donde fue recibido como un triunfador.

El 18 de diciembre de 1832 los gobiernos de Mendoza y San Juan designaron a Quiroga director de la guerra contra los indios que azotaban sus fronteras.

Al regresar de su misión, fue asesinado en Barranca Yaco, jurisdicción de Córdoba, el 16 de febrero de 1835, por una patrulla que comandaba Santos Pérez, persona de confianza de los Reinafé.

EL ORDEN PROVINCIAL: Si se estudia la organización política de La Rioja durante la actuación de Quiroga, se observará que se destaca la vigencia de un ordenamiento legal mucho más establecido de lo que suele suponerse.

El análisis de ciertos aspectos sustanciales de las relaciones entre los poderes provinciales riojanos (el gobierno y la Sala de Representantes) y Quiroga, que se iniciaron en 1820, sugiere la necesidad de matizar esa imagen del caudillo que, seguido por sus huestes, dominaba a su antojo una tierra de nadie.

Por una parte, se observa que, junto al poder de Quiroga, se mantenía una estructura política/legal, a veces de origen colonial; por otra, se advierte que el desarrollo de instituciones estatales en la provincia no era una simple formalidad.

Por el contrario, estas instituciones, aunque rudimentarias, traducen el surgimiento de nuevas condiciones políticas, que se inscribían dentro de los esfuerzos por consolidar soberanías provinciales autónomas en el Río de la Plata, durante la primera mitad del siglo XIX.

Lo cierto es que el poder particular del caudillo estaba basado sobre relaciones informales (familiares, amistosas, comerciales) y formales, y se amparaba en una legalidad que. estaba presente tanto en sus relaciones políticas como en sus actividades privadas.

Así, el poder de Quiroga se asentaba, también, en su condición de ganadero, comerciante y prestamista de grandes sumas de dinero.

En su carácter de hombre de negocios, se sometía a ciertas normas prácticas que regulaban las relaciones comerciales de la época, como la escrituración de la compra de tierras o el pago de derechos de exportación a su provincia.

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Historia del Asesinato de Quiroga

Asesinato de Quiroga: Juan Facundo Quiroga se había radicado nuevamente en Buenos Aires luego de la victoriade la Ciudadela, en noviembre de 1831.

En noviembre de 1834 se produjo un conflicto entre los gobernadores federales de Salta y Tucumán, Pablo Latorre y Alejandro Heredia, respectivamente.

Quiroga fue presionado por Rosas y por el gobernador bonaerense Maza para que fuera a reconciliarlos, con plenos poderes. Quiroga partió de Buenos Aires el 16 de diciembre de 1834.

Pero, al llegar a Santiago del Estero se enteró que Latorre había sido derrocado y muerto, el 29 de diciembre de 1834.

Desde el 3 al 6 de enero de 1835 se reunió con Juan Felipe (barra, gobernador santiagueño, y el tucumano Heredia, para reconocer al nuevo gobierno salteño.

Y asimismo firmó con ellos un tratado efe alianza y amistad que debía extenderse a las demás provincias argentinas. Era una liga que significaba el comienzo de la organización nacional y respondía exclusivamente a Quiroga.

Luego de la firma de tal pacto, emprendió Quiroga el regreso en compañía de su secretario José Santos Ortiz.

En el trayecto le advirtieron que el capitán José Santos Pérez lo esperaba con una partida para matarlo. Quiroga aseguró con soberbia que «a una orden mía se pondrán a mi servicio».

El 15 de febrero de 1835 entraron en la provincia de Córdoba e hicieron noche en la posta de Intihuasi. Al amanecer prosiguieron viaje y a las once de la mañana del 16 de febrero de 1835, en el recodo solitario de Barranca Yaco, una partida armada detuvo el carruaje. «¡Alto!» gritó el jefe del grupo. Quiroga asomó la cabeza por la ventanilla de la diligencia y gritó colérico: «¿Qué significa esto, quién manda esta partida?».

Adivinó la situación y trató de tomar una de sus pistolas pero un disparo le penetró por el ojo izquierdo y le atravesó la cabeza. De inmediato otro de los gauchos de la partida le enterró un cuchillo en la garganta. Sus últimas palabras fueron: «¡No maten a un general!».

Todos fueron exterminados pues no debía haber testigos. Pero e correo Agustín Marín y el ordenanza de José Santos Pérez, que viajaban detrás de la diligencia retrasados en sus cabalgaduras, advirtieron a lo lejos lo que pasaba y se ocultaron en unos matorrales.

La noticia del asesinato de Quiroga llegó a Buenos Aires e 3 de marzo y el acontecimiento impresionó a la opinión pública. Rosas, ante este hecho, escribió: «¡Miserables, ya lo verán ahora!. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones».

El asesinato se atribuyó en un principio a una conspiración unitaria. Pero luego de una investigación, se llegó a la conclusión que el suceso estaba íntimamente ligado a las diferencias en el campo federal. Los autores materiales del asesinato y sus cómplices más directos fueron procesados.

El 25 de octubre de 1837 fueron fusilados en la Plaza de Mayo, Santos Pérez (jefe de la partida) y los hermanos José Vicente y Guillermo Reinafé, caudillos cordobeses distanciados con Quiroga y protegidos de Estanislao López.

EL ORDEN PROVINCIAL: Si se estudia la organización política de La Rioja durante la actuación de Quiroga, se observará que se destaca la vigencia de un ordenamiento legal mucho más establecido de lo que suele suponerse.

El análisis de ciertos aspectos sustanciales de las relaciones entre los poderes provinciales riojanos (el gobierno y la Sala de Representantes) y Quiroga, que se iniciaron en 1820, sugiere la necesidad de matizar esa imagen del caudillo que, seguido por sus huestes, dominaba a su antojo una tierra de nadie.

Por una parte, se observa que, junto al poder de Quiroga, se mantenía una estructura política/legal, a veces de origen colonial; por otra, se advierte que el desarrollo de instituciones estatales en la provincia no era una simple formalidad.

Por el contrario, estas instituciones, aunque rudimentarias, traducen el surgimiento de nuevas condiciones políticas, que se inscribían dentro de los esfuerzos por consolidar soberanías provinciales autónomas en el Río de la Plata, durante la primera mitad del siglo XIX.

Lo cierto es que el poder particular del caudillo estaba basado sobre relaciones informales (familiares, amistosas, comerciales) y formales, y se amparaba en una legalidad que. estaba presente tanto en sus relaciones políticas como en sus actividades privadas.

Así, el poder de Quiroga se asentaba, también, en su condición de ganadero, comerciante y prestamista de grandes sumas de dinero.

En su carácter de hombre de negocios, se sometía a ciertas normas prácticas que regulaban las relaciones comerciales de la época, como la escrituración de la compra de tierras o el pago de derechos de exportación a su provincia.

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AMPLIACIÓN DEL TEMA:

Juan Facundo Quiroga se hallaba un día en Chepes, adonde había llegado para inaugurar una capilla. Un comedido no tardó en revelarle que en Guaja había un joven de gran fortaleza y sumamente hábil en el manejo del puñal y la lanza.

El Tigre ordenó que se lo trajeran, y a poco llegó el mozo: se llamaba Ángel Vicente Peñaloza y era robusto, rubio y de ojos celestes, como muchos descendientes de los primeros colonizadores españoles.

Mientras el rasguido de las guitarras llenaba el aire perfumado de jazmines y el gauchaje se divertía en la fiesta pueblerina, Peñaloza se presentó ante Quiroga. Facundo lo chuceó en seguida: «Tengo noticias de que anda cometiendo faltas. Y es bueno que se enmiende». Humilde, el interpelado respondió: «Si así lo comprende, mi general, comprometo mi palabra de llanista que de hoy en adelante no tendrá por qué reprocharme». Satisfecho con la respuesta, Facundo sigue uno de sus impulsos y lo desafía: «Ahora me va a probar que es bueno y digno de mi amistad; primero vamos a pulsear; después nos veremos en el puñal».

Ál momento fueron preparadas dos sillas y una mesa; los contendientes se aferraron las manos y el paisanaje se arremolinó expectante.

La pulseada era pareja: los dos hombres transpiraban tratando de quebrar la resistencia del otro y las venas del cuello parecían a punto de estallarles.

Era obvio que ambos pugnaban por ganar, pero sus fuerzas corrían parejas. Por fin el Tigre se puso de pie y abrazó a su oponente: la primera prueba había terminado y ahora venía el visteo.

Las cosas siguieron el mismo camino: Facundo atacó de punta y de plano, pero la defensa del Chacho fue impecable y le paró todos los golpes. Nuevos abrazos rubricaron el fin del duelo y Facundo exclamó: «Vean, muchachos: responde este llanista. Es valiente y hábil. Desde hoy se alistará en nuestros ejércitos».

Y así ocurrió, en efecto. Todas las actitudes del riojano lo distinguían del común de los caudillos. Así, por ejemplo, solía concurrir a ‘los bailes que se daban en su homenaje vistiendo sus habituales pilchas de gaucho, y en ciertos casos rehusaba ocupar el sitio de honor que se le reservaba y prefería obstinadamente permanecer charlando en la puerta.

Cuesta creerlo al comprobar su bonhomía, su inveterada sencillez paisana, pero en ‘las batallas el coraje de Peñaloza superaba cualquier límite: una de sus especialidades consistía en acercarse a los cañones enemigos, enlazarlos y llevárselos a la rastra con los caballos.

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FACUNDO Y ROSAS: ¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo!

Tú posees el secreto: ¡revélanoslo! Diez años aún después de tu trágica muerte, el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos, al tomar diversos senderos en el desierto, decían: «¡No! ¡no ha muerto! ¡Vive aún! ¡Él vendrá!» ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas; en Rosas; su heredero, su complemento; su alma ha pasado a este otro molde más acabado más perfecto; y lo que en él era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtióse en Rosas en sistema, efecto y fin.

La naturaleza campestre, colonial y bárbara, cambióse en esta metamorfosis en arte, en sistema y en política regular, capaz de presentarse a la faz del mundo como el modo de ser de un pueblo encarnado en un hombre que ha aspirado a tomar los aires de un genio que domina los acontecimientos, los hombres y las cosas.

Facundo, provinciano, bárbaro, valiente, audaz, fue reemplazado por Rosas, hijo de la culta Buenos Aires, sin serlo él; por Rosas, falso, corazón helado, espíritu calculador, que hace el mal sin pasión y organiza lentamente el despotismo con toda la inteligencia de un Maquiavelo.

Tirano sin rival hoy en la tierra, ¿por qué sus enemigos quieren disputarle el título de grande que le prodigan sus cortesanos? Si, grande y muy grande es, para gloria y vergüenza de su patria, porque si ha encontrado millares de seres degradados que se unzan a su carro para arrastrarlo por encima de cadáveres, también se hallan a millares las almas generosas que en quince años de lid sangrienta no han desesperado de vencer al monstruo que nos propone el enigma de la organización política de la República.

Un día vendrá, al fin, que lo resuelvan, y el Esfinge Argentino, mitad mujer por lo cobarde, mitad tigre por lo sanguinario, morirá a sus plantas, dando a la Tebas del Plata el rango elevado que le toca entre las naciones del Nuevo Mundo.

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, FACUNDO.

Batalla de Ayacucho Fin del Imperio Colonial Español en America

Batalla de Ayacucho Fin del Imperio Colonial Español en América

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: En enero de 1820 se produjo en Cádiz la sublevación de las tropas destinadas a América para vencer a los revolucionarios. Bajo la dirección del coronel Rafael del Riego, las tropas marcharon sobre Madrid e impusieron a Fernando Vil el restablecimiento de la Constitución de 1812, de carácter liberal.

Esta situación favoreció el desarrollo de las guerras por la independencia de América. Así, luego de varias derrotas, los realistas fueron vencidos definitivamente por el general Antonio J. de Sucre en la Batalla de Ayacucho, en diciembre de 1824.

batalla de ayacucho

Ver: El Héroe de Ayacucho: José maría Córdova

La independencia de las Provincias Unidas fue reconocida, sucesivamente, por Portugal (1821), Estados Unidos (1822)-que, simultáneamente, reconoció la independencia de otros países americanos- y Gran Bretaña (1824).

El glorioso proceso de independencia fue coronado por dos grandes batallas que libraron los ejércitos patriotas contra las fuerzas realistas que, tras la proclamación del 28 de julio de 1821, aún se mantenían en nuestro territorio y pugnaban por reconquistar a nuestro pueblo.

Una de estas batallas libradas fue la de Ayacucho, donde el valor y coraje de las tropas lograron la victoria.

El día 9 de diciembre de 1824, a las 9:00, se inició la Batalla de Ayacucho. A las 13:00, Canterac, informado de que el virrey La Serna había sido hecho prisionero por la valerosa acción del sargento Barahona, y herido de arma blanca, tomó el mando del ejército realista y convocó a Consejo de Guerra para evaluar la situación militar de la batalla.

Las conclusiones de ese Consejo fueron que:

1.La batalla estaba siendo ganada por los patriotas.
2.Existía desbande en sus tropas.

A pesar de los informes, el Consejo de Guerra decidió el repliegue del ejército realista al Alto Perú para apoyar al general Olañeta, pero las tropas realistas ya no tenían fuerzas ni ganas de obedecer a sus jefes.

La tropa realista, al recibir esa orden, se amotinó y se produjeron rendiciones y huidas.

El Mariscal del Perú, don José de La Mar, con un ayudante, instó a la rendición a los jefes realistas, “asegurando que el general Sucre estaba dispuesto a conceder a los vencidos una capitulación tan amplia como sus altas facultades permitiesen, a fin de que cesaran del todo las desgracias en el Perú”.

Ante su situación militar calamitosa y ya sin tropas por el amotinamiento, el general Canterac aceptó la rendición.

Después de Ayacucho, Bolívar y Sucre descendieron al Alto Perú, donde se encontró en Potosí con los enviados argentinos, general Alvear y doctor José Miguel Díaz Vélez, repitiéndose allí las escenas de la entrevista de Guayaquil: ofreció a los emisarios argentinos el concurso de 22.000 hombres para rechazar el poder imperial del Brasil, como ya se lo había manifestado el Libertador al general Alvarado en Arequipa, poco antes, diciéndolé: «Tengo 22.000 hombres que no sé en qué emplearlos, y cuando la «República Argentina está amenazada por el Brasil, que es un poder irresistible para ella, se me brinda la oportunidad de ser el regulador de la «América del Sur. Le ofrezco a Vd. un cuerpo de 6000 hombres para que «ocupe a Salta».

El general Alvarado había rehusado el ofrecimiento con paliativos propios de su carácter.

La primera conferencia con Alvear y Díaz Vélez tuvo lugar el 18 de octubre, y, la segunda, el 19, tratándose en ambas la cooperación del Libertador para solucionar el viejo pleito de la Banda Oriental; pero las pretensiones de Bolívar, netamente imperialistas, disuadieron al Gobiereno Argentino del empleo de un auxilio que podría transformarse en un peligro mayor.

Sin embargo, las negociaciones se habían continuado en Chuquisaca, interviniendo en ellas el mariscal Sucre y terciando el coronel Dorrego que se hallaba accidenttalmente en aquellos lugares.

Quedaron finalmente en la nada.

Convocada y reunida en Chuquisaca una Convención de las provincias interiores y septentrionales del Perú, se decretó su separación del Gobierno de Buenos Aires, con el nombre de República de Bolivia, en honor del Libertador nombrado protector perpetuo de la misma.

Se le invitó, así mismo a dictar una constitución la que fué presentada al Congreso boliviano el 25 de mayo de 1826, por la que se confería el P. E. a un presidente vitalicio, irresponsable ante el Congreso y con derecho a nombrar sucesor.

Estos hechos alarmaron profundamente a los republicanos de Bolivia, Perú, Venezuela, Nueva Granada y aún a los de Chile y Buenos Aires, acusando a Bolívar de querer asumir la distadura perpetua de la América Meridional.

Aprovechando esta situación, el general Páez, vice-presidente de la República de Venezuela, y en funciones de Presidente durante la ausencia de Bolívar, declaróse independiente, secundado por un gran número de partidarios; el Libertador confiando entonces el gobierno del Perú a un consejo formado por sus más incondicionales partidarios presididos por Santa Cruz, marchó a Venezuela, ocupando todo su territorio sin resistencia, entrando también en Puerto Cabello, donde se había retirado Páez, a quien después de someter, repuso en su mando, y al día siguiente decretó una amnistía general para todos los que habían participado en la última sublevación.

Queriendo anular las acusaciones que se le habían formulado de pretender apoderarse de la dictadura, a comienzos de 1827 renunció a la Presidencia de Colombia, que retiró ante la insistencia de las cámaras.

Por aquella época, en el Perú, tropas mandadas por Lara y Sandú, depusieron al Consejo nombrado por Bolívar y pronunciándose contra la Constitución, proclamaron un gobierno provisional presidido por el general Lámar; un movimiento semejante tuvo lugar en Bolivia, iniciándose otro igual en Colombia, pero este pudo ser dominado por el general Ovando, amigo del Libertador.

Este último, que había pretendido que se reforzara la autoridad del P. E., proyecto rechazado por las Cámaras, fue el blanco de la calumnia apasionada y los descontentos y envidiosos tramaron un complot: en la noche del 25 de septiembre de 1828 los sediciosos penetraron en el Palacio de Gobierno, dando muerte a las guardias, pero al llegar a las habitaciones de Bolívar, éste no se hallaba allí, porque advertido, había logrado saltar por una ventana .

Esta conspiración había sido organizada por los generales Santander y Padilla. Al día siguiente, el Libertador Bolivar fue aclamado por el pueblo, que había creído la noticia de su falsa muerte, y fué llevado triunfalmente al Palacio de Gobierno.

Asumió facultades extraordinarias y las ejecuciones fueron numerosas, palideciendo desde entonces la estrella del Libertador.

Los peruanos declararon la guerra a Bolívar, y mientras este marchó a combatirlos, Venezuela se declaró independiente nuevamente, con Páez de Presidente.

De regreso, en enero de 1830 Bolívar renunció por quinta vez al poder y mientras marchaba para someter a Páez y los venezolanos, el Congreso le aceptó la renuncia, señalándole una pensión de 3000 pesos anuales y expulsándolo del territorio venezolano.

Este fue el golpe de muerte para Bolívar, como lo expresó a don Joaquín Mosquera portador de la decisión del Congreso.

Creyendo que el clima de Cartagena le asentaba mal a su quebrantada salud, el Libertador se trasladó a Santa Marta, alojándose en casa de don Joaquín de Mier, un español amigo suyo, donde el día 17 de diciembre expiró a la una de la tarde, a los 47 años, 4 meses y 23 días de su existeencia. Por disposición testamentaria sus restos fueron trasladados solemnemente a Caracas en 1842, donde se levantó el monumento a su memoria.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas  – Jacinto Yaben – Editorial «Metropolis»

Quienes fueron los Padres de San Martin? Sus Hermanos Familia Infancia

¿Quienes fueron los Padres de San Martín?

(…) En el antiguo reino de León nacieron los padres del Libertador.

Padres de San MartínCervatos de la Cueza es una pequeña y humilde villa tendida sobre la margen izquierda del arroyo de la Cueza. Fue el lugar de nacimiento de Juan de San Martín, hijo de Andrés de San Martín e Isidora Gómez, el 3 febrero de 1728.

El hogar donde naciera Juan de San Martín era morada de humildes labradores. Al amparo de sus mayores, fortaleció su noble espíritu de cristiano y cuando cumplió dieciocho años, dijo adiós a sus buenos padres ufano por ingresar en las filas del ejército de su patria, para seguir las banderas que  se trasladaban de uno a otro confín del mundo.

Inició su aprendizaje militar en las cálidas y arenosas tierras de África, donde realizó cuatro campañas militares. El 31 de octubre de 1755 alcanzó las jinetas de sargento y, seis años más tarde, las de sargento primero.

Cuando después de guerrear en tierras de las morerías regresó a la metrópoli, siguió a su regimiento a través de las distintas regiones en que estuviera de guarnición. Así le vemos actuar en la zona cantábrica y en la fértil Galicia, en la activa y fértil Guipúzcoa, en la adusta y sobria Extremadura y en la alegre Andalucía Era Juan de San Martín un soldado fogueado y diestro en los campos de batalla cuando, en 1764, se le destinó para continuar sus servicios en el Río de la Plata.

Cuando desembarcó en el Riachuelo, ejercía las funciones de gobernador Pedro de Cevallos. Cevallos le confió el adiestramiento e instrucción del Batallón de Milicias de Voluntarios Españoles hasta que, en mayo de 1765, lo destinó al bloqueo de la Colonia del Sacramento en esa zona hasta julio de 1766, en que se le confió la comandancia del partido de las Vacas y Víboras, en actual República Oriental del Uruguay.

Al mismo tiempo que Juan de San Martín ejercía las funciones de administrador, no dejó inactivas sus funciones militares, cooperando de acuerdo con órdenes de sus superiores en el bloqueo establecido permanentemente por España a la Colonia del Sacramento.

Varios hechos trascendentales ocurrieron en la vida de nuestro personaje durante su actuación en el Uruguay. Su casamiento con Gregoria Matorras y el nacimiento de sus tres hijos mayores.

Gregoria Matorras, madre de San Martín nuestro Libertador, había nacido en jurisdicción de la provincia de Falencia, en la villa denominada Paredes de Nava. Fue ella el sexto y último vástago del primer matrimonio de Domingo Matorras con María del Ser.

Vino al mundo el 12 de marzo de 1738 y fue bautizada en la parroquia de Santa Eulalia al cumplir diez días. La madre del Libertador quedó huérfana de madre a la edad de seis años.

Viajó al Río de la Plata con su primo Jerónimo Matorras, ilustre personaje que as-piraba a colonizar la región chaqueña.

Gregoria Matorras contrajo enlace con el teniente Juan de San Martín, que fue representado en esa ceremonia por su compañero de armas, capitán de dragones Juan Francisco Somalo.

Los nuevos esposos se reunieron Gregoria Mator en Buenos Aires el día 12 de octubre de ese año, trasladándose poco después a Calera de las Vacas. Allí formaron su hogar y en ese lugar nacieron tres de sus hijos: María Elena, el 18 de agosto de 1771; Manuel Tadeo, el 28 de octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael, el 5 de octubre de 1774.

Cuando el teniente Juan de San Martín cesó en las funciones de administrador de la estancia de Calera de las Vacas, el gobernador de Buenos Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, lo designó el 13 de diciembre de 1774 teniente de gobernador del departamento de Yapeyú, haciéndose cargo de sus nuevas funciones «desde principios de abril de 1775».

Yapeyú había sido una de las reducciones más florecientes y ricas en tierras y ganados, que fundó la acción fervorosa y ejemplar de los padres de la Compañía de Jesús.

Su instalación se efectuó el 4 de febrero de 1627, junto al arroyo llamado Yapeyú por los indígenas, bautizándose con el nombre de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú.

Con el correr de los años, Yapeyú se convirtió en uno de los pueblos más ricos de las misiones. Poseía estancias en ambas bandas del río Uruguay. El pueblo quedó casi de San Martín si abandonado después de la expulsión de los misiones de la Compañía de Jesús.

Dos nuevos vástagos aumentaron la familia San Martín-Matorras en Yapeyú: Justo Rufino, nacido en 1776, y nuestro Libertador, José Francisco, que vio la luz el 25 de febrero de 1778.

Fuente: JOSÉ A. TORRE REVELLO, EN JOSÉ DE SAN MARTÍN. LIBERTADOR DE AMÉRICA.

Pacto de Olivos Alfonsin Menem Reforma de la Constitución 1994 Santa Fe

Pacto de Olivos:Alfonsín-Menem
Reforma de la Constitución en 1994

En 1993, en el marco de una fuerte crisis económica y social, Menem reflotó la propuesta de modificar la Constitución Nacional con el objetivo de permitir la reelección del presidente. Para alcanzar este objetivo, necesitaba lograr un acuerdo con el líder radical Alfonsín, quien finalmente accedió a negociar con el gobierno. El llamado «Pacto de Olivos», suscripto entre los jefes del PJ y la UCR, allanó el camino para reformar la Constitución.

Luego de tres meses de deliberaciones, el 22 de agosto de 1994, la Asamblea Constituyente sancionó la nueva Constitución y Menem quedó habilitado para presentarse como candidato a la reelección. El 14 de mayo de 1995, Menem se impuso en los comicios presidenciales y asumió el poder por un período de cuatro años, de acuerdo con el criterio que se había establecido en el Pacto de Olivos de acortar en dos años el mandato del presidente.

EL PACTO DE OLIVOS: el acuerdo fue cerrado el 14 de diciembre de 1993, después del Pacto de Olivos, el Congreso aprobó rápidamente la ley declarativa de la necesidad de la reforma, con el voto favorable de los legisladores justicialistas y radicales, se convocaron elecciones generales para designar a 305 constituyentes, y comenzó la labor de la Convención reunida inauguralmente en la ciudad de Paraná, que deliberó durante tres meses en la dudad de Santa Fe, sede histórica de las principales convenciones constituyentes argentinas desde 1853.

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN: A fines de 1993, el gobierno y el principal partido de la oposición acordaron la reforma de la Constitución Nacional. En abril de 1994 se eligieron diputados constituyentes que, entre mayo y agosto, reformaron el texto constitucional.

Pacto de Olivos Alfonsin Menem El principal objetivo perseguido y alcanzado por el gobierno era la habilitación de la posibilidad de la reelección presidencial. La reforma establece que el Presidente y el Vicepresidente de la Nación duran en el cargo cuatro años y que podrán ser reelegidos por un solo período consecutivo.

El radicalismo, por su parte, buscó y consiguió incorporar a la Constitución un conjunto de disposiciones que habían formado parte del proyecto de reforma constitucional elaborado durante el gobierno de Alfonsín: atenuación del presidencialismo, garantías de independencia del Poder Judicial, incorporación de mecanismos de democracia semidirecta y afirmación de los derechos sociales, agregando cláusulas referidas a la protección del medio ambiente y de los derechos de los consumidores y los usuarios de los servicios públicos.

Se han incorporado a la Constitución los tratados firmados por nuestro país con organismos internacionales o con otros países, entre otros, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y la Convención de Eliminación de las Formas de Discriminación contra la Mujer.

La Constitución y el pacto Menem-Alfonsín
«Se suele argüir […] para denostarla, que esta reforma se origina en un pacto -originariamente secreto- de dos caudillos políticos. Y que el mismo supuso la aceptación de; uno de ellos, Alfonsín, de la pretensión del presidente Menem de posibilitar su reelección a cambio de la introducción de un bloque de reformas que aquél considera convenientes para garantizar la democracia y asegurar los derechos y el bienestar ciudadanos. Y que la única motivación real de Menem ha sido alcanzar esa perspectiva de continuidad y de ahí su escaso interés acerca de las otras propuestas. Es verdad. Hubiera sido más elegante posponer la autorización de una reelección inmediata para el futuro. Pero ese acuerdo de líderes fue ratificado por el Congreso Nacional y por la reelección popular, de tai manera que adquirió absoluta legitimidad. Se aduce igualmente que el pacto estuvo motivado por el temor de Alfonsín de enfrentar una nueva derrota en el plebiscito convocado para el 21 de noviembre de 1993. Sin negar esa presunción, que es correcta, Alfonsín sostiene que su gesto tendió a evitar una frustración constitucional que, aunque legítima por la suma de sufragios, podía tener los mismos problemas que la de 1949, al realizarse con la ausencia y la falta de participación de los partidos opositores. Se estaba-agregaba-en cambio, ante la posibilidad de introducir en la ley fundamental garantías y procedimientos que la modernizaran y que había procurado llevar adelante sin éxito -como antes se ha visto- en el lapso 1983-1989. Y en rigor de verdad, si se comparan esas propuestas, explicadas anteriormente, con la reforma obtenida, se advertirá su notoria continuidad de propósitos. Que esos cambios mejoren o no la gobernabilidad que se pretende es otra cuestión que se verá en su momento.»
EMILIO F. MIGNONE. Constitución de la Nación Argentina, 1994, Manual de la Reforma. Buenos Aires, Ruy Díaz, 1994

LECTURA COMPLEMENTARIA:
La reforma de 1994

Luego del llamado «Pacto de Olivos», suscrito el 13 de diciembre de 1993 por el Presidente de la Nación y del Consejo Nacional Justicialista, doctor Carlos Menem, y el Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y ex Presidente de la Nación, doctor Raúl R. Alfonsín, el Congreso aprobó, el 29 de diciembre de 1993, la ley 24.309, que declaró la necesidad de reformar la Constitución. El contenido de la ley seguía lo acordado por los dos partidos y establecía los puntos de la constitución que deberían reformarse.

El núcleo de coincidencias básicas contenía modificaciones al sistema de organización de los poderes previsto en la Constitución de 1853. Debía ser aprobado en su totalidad y sin que la Convención Constituyente pudiera modificarlo; caso contrario, se produciría la nulidad de la reforma. Algunos de los cambios que se propusieron fueron los siguientes: la creación del cargo de jefe de gabinete del Poder Ejecutivo; la reducción del mandato del presidente y del vicepresidente a cuatro años, con la posibilidad de reelección inmediata por un sólo período; la elección directa y a doble vuelta del presidente y del vicepresidente; la elección directa de los senadores, reduciendo su mandato a seis años y aumentando su número a tres por provincia.

Los temas habilitados para su tratamiento en la Convención Constituyente eran, entre otros, el fortalecimiento del régimen federal; el establecimiento del Defensor del Pueblo; normas de preservación del medio ambiente; normas destinadas a garantizar la defensa de la competencia y la protección de los consumidores y usuarios de servicios públicos; la incorporación a la constitución del hábeas corpus y del amparo.

Tanto los temas contenidos en el núcleo de coincidencias básicas como los que fueron habilitados para su tratamiento fueron el resultado de largas negociaciones entre los partidos firmantes del acuerdo, y debatidas, en mayor o menor medida, por los restantes partidos y los distintos sectores de la sociedad. La ley estableció también las normas que regirían la convocatoria, la reunión y el funcionamiento de la Convención.

El 10 de abril de 1994 se realizaron las elecciones de los convencionales constituyentes. Los partidos firmantes del «pacto de Olivos» obtuvieron el 57,58% de los votos emitidos (37,68% el justicialismo, 19,90% el radicalismo). Otros partidos, como el Frente Grande (12,50%) y el Movimiento por la Dignidad Nacional -MODÍN- (9,10%), no eran contrarios a la reforma de la constitución, pero estaban en desacuerdo con los límites que radicales y justicialistas habían impuesto a la Convención. Esto significa que la reforma de la Constitución contó con el respaldo de cerca del 80% de los votos emitidos.

El 25 de mayo de 1994, con 305 convencionales de 17 bloques partidarios, la Convención Constituyente inició sus sesiones en las ciudades de Santa Fe y Paraná.

El 1.° de agosto fue aprobado, por 177 votos a favor, el núcleo de coincidencias básicas. El 22 de agosto, la Convención aprobó el texto definitivo de la constitución reformada, que entró en vigencia el 24 de agosto de 1994, día siguiente al de su publicación en el Boletín Oficial.

Ese mismo día, la nueva Constitución Nacional fue jurada por los convencionales constituyentes, los presidentes de las cámaras legislativas, el Presidente de la Nación y el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La reforma comprendió los temas incluidos en el núcleo de coincidencias básicas y los que se habilitaron para su tratamiento en la Convención Constituyente.

Ver: Garantías Constitucionales

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PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

El acuerdo político celebrado entre ambos dirigentes no estuvo exento de obstáculos y complicaciones, principalmente para el radicalismo. Por un lado, el acuerdo original contenía las renuncias de tres miembros de la Corte Suprema reclamadas por la UCR, las que debían producirse antes de la reunión de la convención del partido radical, el 4 de diciembre del pasado año. Ante el incumplimiento del compromiso adquirido por Menem, el radicalismo amenazó con romper el acuerdo si los magistrados no renunciaban antes del 3 de diciembre.

Finalmente, el anuncio de los alejamientos solicitados le permitió a Raúl Alfonsín obtener el respaldo necesario en la convención de su partido. Por el otro, el Pacto de Olivos dio lugar a una crisis profunda en el interior del radicalismo que puede llegar hasta la ruptura. El líder radical y presidente del partido ha actuado con severidad en este proceso para imponer disciplina en sus filas.

Hasta ahora se han intervenido algunos distritos rebeldes cuyas conducciones se negaban a aceptar el pacto sellado por Alfonsín, y algunos dirigentes, como Jesús Rodríguez, centraron sus campañas para constituyentes criticando al socio del acuerdo. En los comicios de convencionales, el radicalismo quedó como tercera fuerza en Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires.

A simple vista, ambos firmantes del acuerdo salieron beneficiados. A Raúl Alfonsín le permitió ocupar el centro de la escena política, que había perdido con la salida anticipada de su Gobierno. En su discurso de defensa del pacto alegó que con estas reformas se modificará el carácter extremo del sistema presidencialista argentino. A la vez,
la mieiicion ue aíioiisiii iue detener la ofensiva del gobierno nacional por imponer de manera unilateral, a través de un plebiscito cuyo triunfo se daba por descontado, los temas de la reforma que no incluían atenuaciones al presidencialismo. A Carlos Menem, porque se le facilita el camino de la reelección presidencial.

Un pacto de cúpulas sustrajo la posibilidad de extender y profundizar un debate colectivo, imprescindible cuando se trata de reformar el diseño institucional de una nación. Es difícil sacar conclusiones sobre la puesta en práctica de una reforma que acaba de aprobarse. Sólo quedan interrogantes. La renovación de las instituciones siempre genera incertidumbres que solo puden ser resueltas desde la claridad de las prácticas constitucionales, desde la Constitución realmente aplicada.

Fuente:El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

El Pacto Federal de Juan Manuel de Rosas Contra La Liga Unitaria

El Pacto Federal de Juan Manuel de Rosas

El Pacto Federal de 1831 y las disidencias entre los caudillos federales

El primer objetivo del Pacto Federal que, en enero de 1831, firmaron las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes —esta última adhirió más tarde—, fue responder a la Liga Unitaria que había organizado el general Paz desde Córdoba en agosto de 1830. Por el artículo tercero constituían una alianza ofensiva y defensiva contra toda agresión de cualquiera de las demás provincias integrantes de la República. Pero después de la captura de Paz, la Liga Unitaria nunca se consolidó y, para las provincias federales del Litoral, en los años siguientes la amenaza de un enemigo interior fue más potencial que real.

El Pacto Federal de 1831 era también un primer paso hacia la organización constitucional del país. En su artículo quince establecía el funcionamiento, en la provincia de Santa Fe, de una Comisión Representativa de los Gobiernos de las Provincias Litorales de la República Argentina, compuesta por un diputado de cada una de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y, más tarde, Corrientes.

Entre otras atribuciones esta Comisión debía invitar a todas las demás Provincias de la República cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las tres litorales, y a que por medio de un Congreso General federativo se arregle la administración general del país bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas generales y el pago de la deuda de la República, su crédito interior y exterior, y la soberanía, libertad e independencia de cada una de las provincias.”

Sin embargo, Rosas, López y Quiroga —nuevamente jefe regional del interior— no tenían las mismas intenciones sobre la efectiva convocatoria -al Congreso General. Rosas no era partidario de la realización del Congreso y, muy frecuentemente, el diputado por Buenos Aires estuvo en minoría en las discusiones y votaciones de la Comisión Representativa.

El gobernador porteño presionó a López para que abandonara el proyecto de constituir jurídiramente al país. La convocatoria fue reemplazada por una imprecisa invitación a todas las provincias a adherirse al Pacto Federal y cumplir con sus objetivos.

Finalmente, la Comisión Representativa se disolvió a mediados de 1832 cuando Quiroga reveló a Rosas que los diputados por Corrientes y por Córdoba hacían propaganda antiporteña con el objetivo de unir a los gobernadores del Litoral y del interior contra Buenos Aires. Estos representantes sostenían la necesidad de cambiar el régimen de libre comercio que arruinaba las economías provinciales por otro de mayor protección a la producción local. Este fue el último intento de organizar un Estado centralizado para la República Argentina, mientras Rosas mantuvo el poder.

Pero el compromiso de reunión de un Congreso General para dictar una Constitución federal quedó pendiente. Así lo reconoció el Acuerdo de San Nicolás que en mayo de 1852, después de la caída de Rosas, firmaron los gobernadores. Entre otros fines, el acuerdo reconocía al Pacto Federal el carácter de ley fundamental de la República, disponía “observarlo religiosamente” y se proponía “cumplir lo dispuesto en el Pacto Federal sobre la reunión de un Congreso General federativo”.

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz

Reforma Política de Saenz Peña Ley Electoral Voto Obligatorio 1912

1912: Reforma Política de Saenz Peña – Ley Electoral

PRESIDENCIA DE ROQUE SAENZ PEÑA (1910-1914)
La lucha radical, expresada en las revoluciones de 1893 y 1905, y el creciente descontento social, expresado por innumerables huelgas, llevarán a un sector de la clase dominante a impulsar una reforma electoral que calme los ánimos y traslade la discusión política de las calles al parlamento.

Roque Sáenz Peña comprendía con claridad cuál era el problema principal do la vida política: el fraude electoral, que alejaba al pueblo de las urnas y lanzaba a la oposición a la búsqueda de salidas violentas. Su presidencia dejó como saldo fundamental la solución de esta grave cuestión.

REFORMA ELECTORAL
Su principal tarea de gobierno fue la reforma electoral. Decía el presidente: «…un pueblo. . . que no puede votar, ni darse gobiernos propios, no es un pueblo en el concepto jurídico, ni en su significado sociológico; esto no es una república, ni una democracia». Varios proyectos conformaron la reforma: El proyecto de ley de enrolamiento general de ciudadanos  y confección de un nuevo padrón electoral.

El enrolamiento quedó a  cargo del ministerio de Guerra, y el poder judicial debía indicar qué ciudadanos tenían derecho al voto y designar quiénes debían preparar y organizar las elecciones.

Es decir, el poder ejecutivo quedaba privado de la influencia electoral que hasta ese momento ejercía, pues, como tenía’a su cargo la preparación de los padrones, sus empleados solían anotar preferentemente a sus partidarios.

Se establecía el sistema de lista incompleta, que permitía la representación de la minoría.

El votó seria obligatorio y secreto. Se buscaba con esto evitar las presiones que antes se ejercían sobre los votantes y asegurar la concurrencia masiva del pueblo a las urnas.

Luego de un prolongado estudio y de ser ampliamente debatido, la Cámara de Diputados sancionó el proyecto por amplia mayoría.

En el Senado, no obstante ser aprobado, concitó una mayor oposición.

El 28 de febrero de 1412. en su manifiesto al país, el presidente exhortó al pueblo a votar bajo el amparo de la nueva legislación.

Fue en la provincia de Santa Fe donde se aplicó por primera vez el nuevo régimen electoral. Las elecciones locales dieron el triunfo al radicalismo.

En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña concentró sus esfuerzos en democratizar la vida política, a través de una reforma electoral basada en tres elementos clave: el voto secreto, obligatorio, y utilizando el padrón militar.  Desde el punto de vista de las demandas democráticas más elementales hay que señalar que el nuevo mecanismo electoral no permitía el voto de las mujeres.

Reacciones: La redistribución del poder generada por la aplicación de la Ley Sáenz Peña provocó el alejamiento de los conservadores del gobierno y un vuelco en el sistema político.

Varias eran las incógnitas que se planteaban: ¿Quiénes podían participar? ¿Hasta qué punto? ¿Era posible una apertura, gradual o limitada? ¿Se podía negociar con la pujante clase media, o era un juego a «todo o nada»? ¿El poder creciente de los obreros –entendido como un desafío de clase por la élite tradicional– significaba que el país sería arrasado por los vientos revolucionarios europeos? Siguió vigente el problema que, aparentemente, había resuelto la ley Sáenz Peña.

En este sentido, los dos grandes movimientos populares del siglo, el radicalismo y el peronismo, tuvieron más de una característica en común.

Sustancialmente: se basaron en la participación popular; pero, además, respondieron con pragmatismo a los problemas según se fueron presentando, sin tener delineado un programa previo.

El pensamiento subyacente dio coherencia a su acción, antes de ser enunciado a posteriori como «doctrina».

La denominada Ley Nacional de Elecciones (Ley N° 8871), también conocida como «Ley Sáenz Peña», tenía las siguientes características:

a)  Padrón Electoral. Los organismos militares remitirían al Ministerio del Interior la lista de enrolados, con los cuales debía formarse el «padrón» o nómina de doscientos ciudadanos, sobre la base de la proximidad de su domicilio. Antes de cada elección, el padrón sería «depurado», es decir, eliminados los fallecidos, los acusados por delitos, etc.

b)  Sufragio Universal, Individual y Obligatorio. Podrían emitir su voto todos los ciudadanos —nativos o naturalizados— desde los 18 años de edad. El voto era individual, no pudiendo efectuarse por grupos, por poder o por correspondencia.

El elector debía aclarar su identidad ante la mesa receptora, mediante la presentación indispensable de la libreta de enrolamiento, con fotografía, impresión digital y datos correspondientes.El sufragio era obligatorio hasta los 70 años de edad; esta disposición se refería a la concurrencia al comicio, pero no al voto en blanco.

c)  Voto Secreto y Libre. El elector no podrá dar a conocer —en el acto del comicio— sus preferencias por determinado partido o candidato, ni exhibir distintivos políticos.

El voto era libre, por cuanto el ciudadano lo depositaba dentro de la urna en el cuarto oscuro y la ley establecía varias disposiciones para librarlo de coacción física o moral.

d) El sistema de la Lista Incompleta. Con este procedimiento se permitía la representación de la mayoría y de una minoría opositora en relación con la primera. Promulgada la Ley Electoral, fue cuesta en vigor por vez primera en la provincia de Santa Fe, a fin de renovar gobernador y vice. El partido radical abandonó su abstención revolucionaria y participó en esos comicios, en los que logró imponerse.

La obra de gobierno: Además de la promulgación de la Ley Electoral —su obra de mayor trascendencia—, el presidente Sáenz Peña dispuso realizar en junio de 1914 el tercer censo nacional, que indicó un total de 7.800.000 habitantes, de los cuales 1.500.000 se concentraban en la Capital Federal.

En otro orden de cosas, fue mejorada la instrucción pública en general, las líneas férreas aumentaron su extensión y nuevos contingentes de inmigrantes llegaron al país.

En el orden militar, se realizaron las-primeras grandes maniobras en la provincia de Entre Ríos y en cuanto a las relaciones exteriores, el presidente demostró su habilidad diplomática al solucionar amistosamente los problemas que nuestro país sostenía con el Brasil. Aludiendo al término del conflicto, manifestó en un discurso: «Todo nos une, nada nos separa».

La salud del doctor Sáenz Peña sufría alternativas desfavorables, lo que le obligó a pedir licencia, más tarde prorrogada. El mal que lo aquejaba hizo crisis y el primer magistrado falleció el 9 de agosto de 1914.

Fuente Consultadas:
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

UN POCO DE HISTORIA…

El país, con una notable masa inmigratoria de origen europeo, estaba en un proceso de convulsiones económicas, sociales y políticas. El 26 de julio de 1890 fuerzas civiles y militares encabezadas por Leandro N. Alem realizaron un movimiento revolucionario para derrocar al presidente Miguel Juárez Celman.

El 30, dijo el senador cordobés Manuel Pizarro, «La revolución está vencida, pero el gobierno ha muerto». Para el 6 de agosto debió renunciar el presidente y asumió Carlos Pellegrini.

En 1891 pactaron Julio A. Roca, Bartolomé Mitre y Pellegrini y al año siguiente en las elecciones presidenciales triunfó Luis Sáenz Peña junto a José Evaristo Uriburu, relegando al vástago Roque Sáenz Peña, aquel jurisconsulto, buen mozo con sobretodo de pieles, que insistía en que temer la legalidad del voto era mostrarse amedrentado por la democracia. Hasta llegar a 1894, año en que la Unión Cívica Radical, distanciada del grupo de Mitre, consagró doce bancas en diputados nacionales y llevó como senador al patriarca Alem, aquel hijo del temido mazorquero de Rosas, cuyo cadáver permaneció colgado, en escarmiento, en la plaza de la Victoria (actual de Mayo) durante dos días.

Ya desde 1873, un moderno transporte, el «tranway«, hacía su recorrido desde la plaza hasta Cabildo y Lavalle (actual Juramento). En 1874, precisamente sobre la misma calle Juramento, entre Cabildo y Ciudad de la Paz, estaba la administración de La Prensa de Belgrano de Rafael Hernández, hermano menor del autor del Martín Fierro, que vivía en la zona y ahí publicaba en aquel año sus versos y artículos sobre el gas.

Cuando finalmente le tocó gobernar a Roque Sáenz Peña, al salir de la presidencia reconoció: «He perdido a casi todos mis amigos, porque he gobernado para la República». Y él fue quien decía que no se podía continuar con el fraude electoral.

Fuente Consultada:
Jorge Newbery El Rival del Cielo Protagonista de la Cultura Argentina

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

ROQUE saenz peña

Roque Sáenz Peña asumió la presidencia de la República el Día de la Raza, con Victorino de la Plaza como vicepresidente. En su mensaje al Congreso, el flamante presidente anunció su plan político: «Yo me obligo ante mis conciudadanos y ante los partidos, a provocar el ejercicio del voto por los medios que me acuerda la Constitución, porque no basta garantizar el sufragio: necesitamos crear y mover al sufragante», dijo en relación a la ley electoral. «Se ha dicho por muchos años que los gobiernos elegían porque los ciudadanos no votaban; pero habría sido más exacto decir que los ciudadanos no votaban porque los gobiernos elegían. La preparación de la ley electoral será una tarea que abordarán inmediatamente el Presidente y su ministro del Interior»,agregó.

Sáenz Peña trajo ideas de su estancia en Europa sobre los beneficios de la ampliación del sufragio y la modernización de las leyes electorales. Ya se anunció oficialmente cómo estará integrado su gabinete. Indalecio Gómez en el Ministerio del Interior; en Relaciones Exteriores, Ernesto Bosch; José MaríaRosaen Hacienda; alfrentedelacartera de Agricultura, Eleodoro Lobos; en Justiciae Instrucción Pública, Juan M. Garro; el general Gregorio Vélez en el Ministerio de Guerra y el almirante Juan P. Sáenz Valiente en el de Marina. Mantieneen Obras Públicas a Ezequiel Ramos Mejía.

El flamante primer mandatario, autor de la ley que establece el voto secreto y obligatorio, comenzó su militancia política en el Partido Autonomista, El nuevo presidente, Roque Sáenz Peña, nació en Buenos Aires en 1851. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y luego en la Facultad de Derecho. Allí tuvo su primer acercamiento a la militancia política dentro del Partido Autonomista, dirigido por Adolfo Alsina.

Durante la rebelión de Bartolomé Mitre contra Nicolás Avellaneda, se alistó como capitán de Guardias Nacionales. Resuelto el conflicto, fue ascendido a comandante y continuó sus estudios. Se recibió de Doctor en Leyes en 1875 con la tesis «Condición jurídica de los expósitos».
Al año siguiente fue electo diputado de la Legislatura bonaerense por el Partido Autonomista Nacional y gracias a sus sobresalientes condiciones políticas pronto fue nombrado presidente de la Cámara por dos períodos consecutivos.

En la Guerra del Pacífico, que enfrentó a Chile con Bolivia y Perú, Sáenz Peña se alistó como voluntario del ejército peruano y tras la derrota quedó como prisionero de los chilenos durante seis meses. Su participación habla sobre su clara pertenencia latinoamericana.

Apoyó la candidatura presidencial de Miguel Juárez Celman y fue designado embajador plenipotenciario en el Uruguay durante su gobierno.

Representó a la Argentina en el Congreso Panamericano en Washington en 1889 y defendió el principio de no intervención de las potencias extranjeras en los asuntos internos de los Estados latinoamericanos. Combatió el proyecto estadounidense de crear una unión aduanera y una moneda única para toda América.

En 1891 fue proclamada su candidatura a la presidencia por el grupo llamado modernista. Pero Julio A. Roca y Bartolomé Mitre postularon a su padre, Luis Sáenz Peña. Roque se negó a enfrentarlo y se retiró de la política.

Regresó cuando José Figueroa Alcorta, como presidente, lo nombró enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante España, Portugal, Italia y Suiza.

Regresó al país en agosto de 1909 y el 12 de junio último, el colegio electoral consagró la fórmula Roque Sáenz Peña-Victorino de la Plaza.

Le envió al Parlamento un proyecto de Ley de Sufragio que establecía la confección de un nuevo padrón y el voto secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones mayores de 18 años.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina Miretzky – Mur – Ribas – Royo

Conquista y Colonizacion Española en America España Conquista America

Primeros Gobiernos Conservadores Paz y Administracion Positivismo

Gobiernos Conservadores – Paz y Administración – El Positivismo
gobiernos conservadores de argentina

La república conservadora: A partir de 1880 diversos intelectuales destacados se multiplicaron. Lucio Mansilla, Eugenio Cambaceres, Lucio V. López, Julián Martel, Miguel Cané, Eduardo Wilde y Paul Groussac fueron algunos de los más sobresalientes miembros de la llamada Generación del Ochenta.

Estos hombres, de ideas liberales, estaban ansiosos de dejar atrás el pasado al que asociaban con el mundo colonial y español. Los integrantes de esta Generación del Ochenta creían devotamente en el progreso (positivismo) y en el liberalismo como herramienta ideológica para su logro. Este liberalismo no necesariamente era antirreligioso, aunque se estimaba que la Iglesia debía ocuparse exclusivamente de las cuestiones de la fe.

El objetivo de estos hombres fue colocar a la Argentina entre las naciones más avanzada de la época. Por esta razón, estimaban que el país debía desprenderse de su pasado hispánico y de sus tradiciones criollas. Estos intelectuales eran, en efecto, profundamente cosmopolitas y admiraban a países como Inglaterra y Francia. Sin embargo, no debe creerse que desestimaban las posturas nacionalistas.

Por el contrario, eran férreos defensores de lo que llamaban «la identidad nacional”, aunque no la identificaran, como sucedería unas décadas más tarde, con el criollismo o el hispanismo. Más bien, fueron ellos quienes comenzaron a advertir acerca de las dificultades que, para la conformación de una identidad nacional, podría originar la llegada de inmigrantes en masa Para evitar este riesgo, proponían incentivar la enseñanza y los rituales patrióticos en las escuelas.

A partir de la crisis de 1890 surgieron las oposiciones al régimen, como la Unión Cívica Radical luchaba por la limpieza electoral y contra la corrupción.

CRISIS 1890: ¿Cómo se desencadena una crisis y cómo se sale de ella?
Al margen de las variaciones coyunturales, el funcionamiento es semejante en todas. Tomamos como ejemplo la crisis de 1890, por ser la más significativa del período.

Cuando Julio A. Roca dejó la presidencia en 1886, la administración pública contaba con instrumentos importantes para organizar la economía, como las mencionadas leyes monetarias. La breve crisis de 1885 fue zanjada con relativa facilidad. En 1886, Miguel Juárez Celman asumió la presidencia, dispuesto a lanzar al país hacia el progreso y la modernización.

Para cumplir con tales objetivos, atrajo a los inversionistas extranjeros y los ferrocarriles se extendieron a lo largo de 12.475 Km. (1891). Paralelamente se expandió el crédito y el consumo de bienes suntuarios aumentó en forma desproporcionada. Las importaciones de bienes de consumo ascendieron al 83% de las exportaciones en 1889. Las especulaciones con las tierras y en la Bolsa llegaron a extremos nunca vistos. Los negociados y la corrupción en el gobierno también.

La especulación se generalizó; cualquier cosa se compraba y se vendía por el doble de su valor, hasta que los precios perdieron toda relación con el verdadero costo de lo que se cambiaba. Hubo una emisión indiscriminada de billetes sin respaldo e inclusive el gobierno dispuso emisiones clandestinas. Todo esto provocó inflación.

La economía era como un globo que se inflaba desconectado de las posibilidades reales: el sector financiero se sobredimensionó con respecto al aparato productivo que era su base real.

La consolidación del Estado, como logro de este período, llevó a un segundo debate en la sociedad argentina: la función del Estado. En el modelo económico que se implemento alternaron el laissez-faire propio del liberalismo económico con los emprendimientos y la intervención del Estado provenientes del paternalismo político, ambos influidos por la realidad de un país nuevo en el que «todo estaba por hacerse». El proyecto cíe transformación acelerada fue impulsado por la idea de progreso.

El mayor emprendimiento, entonces, fue la modernización, que se puede resumir en:
– Adecuar la economía y ajustar la complementación con Europa.
– Obtener mano de obra para la agricultura y población para los espacios vacíos; o sea, inmigración, preferentemente blanca.
– Crear condiciones favorables para el establecimiento cíe los inmigrantes y para la reconversión económica (de país ganadero a país agroganadero).
– Asegurar el control político a la clase dirigente criolla.
– Afirmar y difundir el pensamiento positivista y la cultura europea, sustentos de la modernización.

Tamaña transformación sólo era posible si se controlaba el Estado. Por eso, la Generación del 80 buscó y logró el poder para ampliar su influencia. Desde ese lugar pudo alentar la inversión extranjera -motor de la modernización junto con los empréstitos- a la que debía garantizar condiciones favorables y ganancias.

Así, se multiplicaron importantes obras de infraestructura y servicios públicos -el puerto, las obras sanitarias, el edificio de Tribunales- y otras que apuntaban a embellecer Buenos Aires, como plazas, avenidas y el nuevo Teatro Colón.

Fuente Consultada: La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter

La Organizacion del Estado Argentino Pacto de San Jose de Flores

ORGANIZACIÓN DEL ESTADO ARGENTINO

La organización nacional: Presidencias Históricas: El 11 de noviembre de 1859 se firmó el Pacto de San José de Flores entre el estado de Buenos Aires con la Confederación Argentina logrando un primer gran paso a la unión de la República Argentina después de casi 7 años de separación.

Hacia 1861 las fricciones entre él gobierno de la Confederación y la rebelde Buenos  Aires fue en aumento, y  desembocaron en la batalla de Pavón, primer  el triunfo militar porteño.

Esta fecha marca un verdadero  hito histórico, ya que a partir de ese momento será, la provincia de Buenos Aires la que dirija la reorganización del país.

El lapso comprendido entre 1862 y 1880, es el de la consolidación de la organización nacional, uno de cuyos aspectos básicos fue la estructuración definitiva del aparato político-administrativo del Estado nacional.

Se sucedieron los gobiernos de Bartolomé Mitre (1862-68), Domingo F. Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880), quienes concretaron la derrota de las oposiciones del interior, la ocupación del todo el territorio nacional y la organización institucional del país fomentando la educación, la agricultura, las comunicaciones, los transportes, la inmigración y la incorporación de la Argentina al mercado mundial como proveedora de materias primas y compradora de manufacturas.

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES
Libre de enemigos, el vencedor de Cepeda prosiguió su avance y dio a conocer una proclama en la que sostenía su política de integración y pacificación nacionales.

Dice la proclama de Urquiza en uno de sus pasajes: «Deseo que los hijos de una misma tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros; deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos. Espero para ello el concurso de vosotros mismos, de los buenos y los patriotas. Desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos».

Entretanto, la noticia de la derrota conmovió a las autoridades de Buenos Aires y el gobernador Alsina tomó varias medidas defensivas y confió nuevamente el mando de las tropas aJ general Mitre.

Urquiza avanzó hasta San José de Flores, donde acampó al frente de unos 20.000 hombres, pues había engrosado sus filas con aportes de la campaña bonaerense. Buenos Aires quedó sitiada y el vencedor aunque las circunstancias lo favorecían en caso de ataque prefirió negociar por intermendio del emisario paraguayo Francisco Solano López.

Las conferencias se iniciaron en la chacra de Monte Caseros y concluyeron en San José de Flores. Los comisionados federales exigieron la renuncia de Alsina, quien la presentó el 8 de noviembre y fue reemplazado por Felipe Llavallol, presidente del Senado.

Eliminadas las dificultades, el Convenio de Paz —conocido históricamente como Pacto de San José de Flores— fue firmado el 11 de noviembre de 1859

Según el tratado, Buenos Aires se declaraba parte integrante de la República Argentina con el objeto de incorporarse al resto del país, debía reunirse —en un lapso de veinte días— una Convención provincial a fin de estudiar la Constitución promulgada en mayo de 1853.

En caso de reformas a dicha Carta Fundamental, se reuniría una Convención Nacional, cuyas resoluciones serían aceptadas por la provincia de Buenos Aires.

Esta aseguraba la integridad de su territorio  —«que no podía ser dividido sin el consentimiento de la Legislatura»— como también la propiedad de sus establecimientos oficiales, no así de la Aduana, que desde ese momento pertenecía a la Confederación.

El Pacto decretaba el olvido de los rencores políticos y el cese de las persecuciones, tanto de civiles como de militares.

El ejército de la Confederación se comprometía a evacuar la provincia de Buenos Aires a breve plazo. La república del Paraguay garantizaba el cumplimiento de todo lo estipulado.

La paz fue celebrada con gran entusiasmo; sin embargo, la lucha no tardaría en reanudarse. Alsina había abandonado el gobierno de Buenos Aires, pero continuaban a su frente otros hombres de tendencia porteñista y separatista.

CONVENCIÓN DE 1860
De acuerdo con lo dispuesto por el Pacto de San José de Flores, el gobierno provisorio de Buenos Aires convocó a elecciones de convencionales, para resolver si la Constitución debía ser reformada antes de su juramento por las autoridades bonaerenses.

Practicado el escrutinio, ganó por mayoría el partido gobernante.

El 6 de enero de 1860 se instaló la asamblea y se designó una comisión de la que formaban parte destacadas figuras, como Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield, Mármol y Cruz Obligado.

Las sesiones se prolongaron hasta el 12 de mayo.

Las reformas propuestas, aunque no alteraban la estructura de la Constitución Nacional, introducían varias modificaciones a través de veintidós puntos.

El art. 3ºde la Constitución disponía que la ciudad de Buenos Aires fuera la Capital de la República; la reforma resolvió que una ley del Congreso —previa cesión por la provincia respectiva del territorio a federalizarse— establecería el lugar de residencia del gobierno nacional.

En consecuencia y hasta nueva resolución, la Capital sería la ciudad de Paraná.

La Constitución había nacionalizado la Aduana porteña y por el art. 64 —inciso I— establecido derechos de importación y exportación. La reforma dispuso que los últimos correspondían a Buenos Aires hasta el año 1806, cláusula que beneficiaba al gobierno de dicha provincia.

La Convención porteña resolvió que la República debía denominarse: «Provincias Unidas del Río de la Plata».

Las enmiendas fueron a su vez estudiadas por una Convención Nacional que se reunió en Santa Fe el 14 de setiembre de 1860.

Allí merecieron aprobación todas las reformas, aunque con respecto a la denominación del país, se dispuso que serían nombres oficiales: «Provincias Unidas del Río de la Plata», «República Argentina» y «Confederación Argentina», pero en la formación y sanción de las leyes deberá utilizarse «Nación Argentina».

La convención de 1860 reformó a la Constitución de 1853, en los siguientes puntos:

a) El Art. 3º de la Constitución declaraba a la ciudad de Buenos Aires capital de la República. La Convención lo modificó en esta forma: «la ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más legislaturas Provinciales, del territorio que haya de federalizarse».

b) La Convención dispuso que a partir de 1866, los derechos de exportación cesarían en su carácter de impuesto nacional. La Constitución en su artículo 49 ubicaba esos derechos entre las rentas nacionales, lo cual perjudicaba a la provincia de Buenos Aires, que era la única exportadora.

c) Suprimió la gratuidad de la enseñanza primaria en las provincias y también abolió la obligación de someter las constituciones provinciales a la aprobación del Congreso.

d) Fue modificado el artículo 69 que autorizaba al Poder Ejecutivo a intervenir arbitrariamente en las provincias. La Convención dispuso que el gobierno federal sólo podrá intervenir para garantizar el régimen republicano o atender a la defensa nacional.

e) La Convención agregó los artículos 32, 33, 34 y 35 a la Primera Parte (Declaraciones, Derechos y Garantías) de la Constitución de 1823. Esos artículos se referían a la libertad de imprenta, a derechos no numerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y a la incompatibilidad de los jueces federales con los provinciales.

f); Agregó a los artículos 36 y 43, que fijaban los requisitos para ser diputado o senador el de haber nacido en la provincia que lo elija o tener dos años de residencia inmediata en ella.

g)Suprimió la obligación de comenzar la reforma de la Constitución ante el senado, también abolió el juicio político ante el Congreso Nacional de los gobernadores provinciales y la facultad del Poder Ejecutivo de declarar el estado de sitio, en caso de urgencia.

El 21 de octubre de 1860, la Constitución Nacional fue jurada solemnemente por el gobierno y el pueblo de Buenos Aires.

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La Secesion de Buenos Aires Causas Rechazo al Acuerdo de San Nicolás

La Secesión de Buenos Aires – Confederación
El Rechazo Porteño al Acuerdo de San Nicolás

LA REVOLUCIÓN PORTEÑA DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1852

Justo José de Urquiza era gobernador de Entre Ríos, una provincia productora de ganado como Buenos Aires que se veía seriamente perjudicada por la política de Rosas, que no permitía la libre navegación de los ríos y frenaba el comercio y el desarrollo provinciales. Los acontecimientos se precipitaron: Urquiza, al frente del Ejército Grande, terminó en la batalla de Caseros con los sueños rosistas.

El camino de la organización definitiva quedaría abierto con el Acuerdo de San Nicolás y la posterior Constitución de 1853. Urquiza convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe que en mayo de 1853 sancionó la Constitución Nacional.

La, mayoría porteña desconfiaba del caudillo entrerriano; muchos creían que iba a ser un mero reemplazante de Rosas. Algunos de sus actos robustecieron la versión.

Ordenó un número considerable de fusilamientos de jefes prisioneros, de malhechores que, aprovechando la ausencia de las tropas en el momento de la batalla, saquearon casas en los suburbios de la capital, de soldados desertores y de cierto número de componentes del regimiento del coronel Pedro Aquino que en Santa Fe habían intentado separarse (después de asesinarlo), para pasar al bando rosista.

Los cadáveres quedaron varios días colgados en exhibición en Palermo,y esto fue considerado como advertencia para los opositores.

También produjo descontento la solemne entrada de Urquiza en Buenos Aires, como si hubiese triunfado de un enemigo extranjero; la obligación de seguir usando el distintivo rojo federal; el no haber asistido a la función teatral en su honor, brindada por las autoridades porteñas y el cuerpo diplomático.

Causó asimismo desagrado que hubieran participado del solemne desfile los orientales y brasileños con sus banderas desplegadas.

La idea de asesinar a Urquiza surgió en la mente de los más exaltados, y es indudable que prepararon un atentado; pero les falló la oportunidad.

JORNADAS DE JUNIO: Las autoridades del régimen caído y la mayoría de los reemplazantes adoptaron una voluntad hostil.

El hecho de que en el Congreso Constituyente Buenos Aires sólo tuviese dos diputados, como la provincia menos importante, fue considerado una humillación intencional.

El descontento explotó al reunirse la Legislatura bonaerense para aprobar el Acuerdo de San Nicolás. El debate se desarrolló en las llamadas «Jornadas de Junio», que luego de polémicos y fogozos debates acabó con la revolución del 11 de septiembre.

Pero el 11 de septiembre de 1852, tras abandonar Urquiza la provincia de Buenos Aires, estalló una revolución en la ciudad de Buenos Aires contra el excesivo poder que tenía el gobernador entrerriano.

El gobernador que Urquiza había impuesto en la provincia fue derrocado y se enviaron tropas al interior para sublevar a quienes se oponían a Entre Ríos.

Esas expediciones militares fueron un fracaso y el ejército de Urquiza amenazó con volver a invadir la provincia. Buenos Aires fue sitiada y su puerto bloqueado.

Mientras tanto, Buenos Aires desconoció la autoridad del Congreso de Santa Fe, del cual retiró a sus diputados, y volvió a asumir la representación de sus relaciones exteriores, que antes detentaba Urquiza.

Es decir, la provincia se definió como un Estado separado del resto del país.

Pero el poder económico de Buenos Aires logró atraer a algunos militares que antes acompañaban a Urquiza, entre ellos al comandante de la flota que sitiaba el puerto.

Finalmente, después de seis meses de sitio y amenaza, Urquiza retiró a sus fuerzas sin intentar invadir la provincia rebelde. Habiendo sido aceptada de hecho la separación de Buenos Aires, esta provincia declararía su propia Constitución.

Se formaron así dos Estados independientes. Por un lado, el de Buenos Aires. Por otro lado, la Confederación Argentina, formada por el resto de las provincias.

Presidencia de Urquiza: A fines de agosto de 1853, Urquiza convocó al pueblo de todo el país con el propósito de elegir el primer presidente constitucional.

Los comicios para designar electores se efectuaron a comienzos de noviembre y luego los votos fueron enviados al Congreso de. Santa Fe, que practicó el escrutinio definitivo el 20 de febrero de 1854.

Por amplia mayoría fue elegido presidente de la Nación el general Urquiza, y para el cargo de vicepresidente la asamblea designó al doctor Salvador María del Carril.

Los electos prestaron juramento el 5 de marzo ante el Congreso Constituyente, que de inmediato clausuró sus sesiones.

Urquiza y sus ministros se trasladaron a la ciudad entrerriana de Paraná, donde quedó establecida la capital provisoria de la Confederación Argentina.

Urquiza nombró los siguientes ministros: Benjamín Gorostiaga (Interior); Facundo Zuviria (Relaciones Exteriores); Juan María Gutiérrez (Justicia e Instrucción Pública); Mariano Fragueiro (Hacienda) y Rudecindo Alvarado (Guerra y Marina). Zuviria renunció y fue reemplazado por Santiago Derqui.

Luego de asumir el mando, Urquiza convocó a elecciones para forrnar el Congreso, de acuerdo con lo dispuesto por la Constitución. Elegidos los miembros, ambas Cámaras iniciaron sus sesiones en la capital provisoria, el 22 de octubre de 1854.

Al frente del país, Urquiza debió vencer numerosas dificultades, debido a la precaria situación económica y al problema político que significaba la separación de Buenos Aires, actitud precursora de una nueva guerra fratricida.

EL ESTADO DE BUENOS AIRES

La provincia se organiza en Estado disidente
Mientras la Confederación Argentina había jurado la Constitución Nacional, la provincia de Buenos Aires se organizaba en un Estado disidente.

La Legislatura se atribuyó funciones constituyentes y designó una comisión de siete miembros para redactar un proyecto de Constitución. Esta fue sancionada en abril de 1854 y en su conjunto trataba de satisfacer el localismo político.

Reunidas ambas cámaras de Buenos Aires en asamblea, designaron primer gobernador constitucional al Dr. Pastor Obligado, a quien secundaron Mitre, Alsina, Vélez Sársfield y otros.

La provincia inició un período de franco progreso.

A diferencia del resto del país, las finanzas continuaron mejorando y fueron reorganizados el Banco de la Provincia y la Casa de Moneda.

Se fundaron varios pueblos, entre ellos Chivilcoy y Bragado, que hasta esa época eran simples fortines contra los indios.

Fueron creados varios establecimientos educacionales en la. ciudad de Buenos Aires, y Sarmiento —de regreso de Chile— ocupó el cargo de Director del Departamento de Escuelas.

Un paso importante en el futuro desarrollo del transporte se produjo en agosto de 1857, cuando se inauguró oficialmente la primera linea ferroviaria en un tramo de diez kilómetros, desde la estación del Parque (hoy Plaza Lavalle) hasta Floresta. Los vagones fueron arrastrados por la locomotora «La Porteña».

Se instaló en Retiro la «Compañía Primitiva de Gas», que suministró el fluido necesario para alumbrar calles y casas ubicadas en el radio céntrico, manteniéndose en el esto los débiles candiles con aceite.

Los Pactos de Convivencia: La separación de Buenos Aires de la Confederación no representaba la opinión unánime de la provincia, y un importante grupo de civiles y militares —partidarios del federalismo— dispuso derribar al gobierno, pero el intento fracasó en noviembre de 1854. Estos opositores fueron perseguidos y muchos debieron emigrar.

En Buenos Aires surgió un partido opositor, de tendencia federal, que bregaba por la unión de la provincia con el resto del país.

El órgano representativo de este partido fue el periódico «La Reforma Pacífica«, dirigido por Nicolás Calvo. De acuerdo con su título propiciaba una política conciliatoria, sobre la base de revisar la Constitución sancionada.

Los defensores de la política porteña, de carácter separatista y enemiga de Urquiza, contaban con el periódico «La Tribuna» dirigido por Carlos Gómez y en cuyas columnas también colaboraban Mitre, Sarmiento, Héctor Várela, el poeta Mármol y otros.

La «Reforma Pacífica» atacó a los oficialistas calificándolos de «pandilla» porque recorrían las calles en forma tumultuosa; de allí derivó el mote de pandilleros, con que fueron reconocidos los partidarios del gobierno de Buenos Aires. Por su parte, los últimos denominaron a los unionistas federales de chupandinos porque efectuaban frecuentes reuniones partidarias donde no escaseaba el vino.

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CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
Federales, Nacionalistas y Autonomistas
La Interna Liberal Porteña, Nota de Ricardo De Titto, Historiador
Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

En Buenos Aires se distinguen dos corrientes del liberalismo: una nueva generación que actúa a través de clubes, y los segregacionistas, que se impusieron.

En Buenos Aires, la cultura predominante es el liberalismo. La Confederación, liderada por Ur-quiza, logra cierta homogeneidad pero vive acosada por una crisis crónica determinada por carecer de fuentes tributarias importantes, la escasez de divisas y un funcionamiento económico basado en billetes sin respaldo, que las provincias rechazan.

La división se concretó con el alzamiento militar del 11 de septiembre de 1852, en rechazo al Acuerdo de San Nicolás.La élite porteña, sostenida por el comercio, las rentas aduaneras y la producción pecuaria (el lanar y los cueros), tiene un común denominador: el liberalismo y la denuncia de Urquiza como continuador del rosismo. No obstante, se debate entre dos proyectos políticos. La nueva generación liderada por Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina -los referentes más destacados- se lanza a la formación de «clubes» políticos en su respaldo. Los bonaerenses, entretanto, en dos combates sucesivos derrotan los últimos intentos confederados y afirman su poder segregado.

En junio del 53 asumió la gobernación Pastor Obligado. Los debates durante la elaboración de la Carta Magna provincial -que, redactada por Dalmacio Vélez Sarsfield y Carlos Tejedor, se juró el 23 de mayo de 1854- delinea-
ron las posturas. Mitre lleva la voz cantante de una posición «nacionalista» que, si bien reafirma la secesión del Estado bonaerense, define esa circunstancia como transitoria y critica la visión alsinista por «ese patriotismo que viene a aumentar las dificultades de la situación en vez de disminuirlas; que viene a echar una astilla más en el incendio que puede devorarnos a todos […] Yo quisiera alejar las causas de la desunión e impedir que esta desgraciada familia se divida».

Mitre reconoce un «pacto anterior y superior a toda ley», la declaración de la Independencia de 1816, y concluye en la sesión del 4 de marzo que hay «una Nación preexistente, y esa Nación es nuestra patria, la patria de los argentinos». Los alsinistas, en cambio, fortalecen su posición autonómica y logran la adhesión de muchos de los antiguos rosistas, añorando, tal vez, aquellos años de la «feliz experiencia» rivadaviana, cuando se vivió de espaldas a los problemas de los «trece ranchos», como se llamaba despectivamente a las provincias del interior.

En el congreso constituyente del Estado de Buenos Aires triunfa la tendencia aislacionista impulsada por Alsina, Tejedor y los ex rosistas Anchorena y Torres. Rechazando la posición de Mitre, se proclama a Buenos Aires como un Estado con el libre ejercicio de su soberanía interior y exterior.

Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

Conquista y Colonizacion Española en America España Conquista America

Etapa del Gobierno Rosista con la Confederación Argentina

Etapa del Gobierno Rosista con la Confederación Argentina

Juan Manuel de Rosas: La etapa rosista: En 1829 uno de los estancieros más poderosos de la provincia, Juan Manuel de Rosas, asumió la gobernación de Buenos, fue una de las figuras más controvertidas de nuestra historia.

Impuso durante sus gobiernos una política muy particular, que le permitió mantener los privilegios económicos de Buenos Aires frente a las provincias.

Inteligente, supo cómo postergar la unidad nacional. Encargado del manejo de las relaciones exteriores, defendió, ante las potencias extranjeras, la soberanía de las provincias.

Enfrentó, también, acciones del interior en su contra, las que finalmente desencadenaron su caída en 1852.

A partir de entonces y hasta su caída en 1852, retendrá el poder en forma autoritaria, persiguiendo duramente a sus opositores y censurando a la prensa, aunque contando con el apoyo de amplios sectores del pueblo y de las clases altas porteñas.

Los cuestionamientos mas importantes fueron: la navegación libre de los ríos, el control de la aduana y distribución de los ingresos por derechos de exportación e importación.

Durante el rosismo creció enormemente la actividad ganadera bonaerense, las exportaciones y algunas industrias del interior que fueron protegidas gracias a la Ley de Aduanas.

Rosas se opuso a la organización nacional y a la sanción de una constitución, porque ello hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras al resto del país y la pérdida de la hegemonía porteña.

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Etapa Anarquía Política en Argentina

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Grandes Desacuerdos Políticos: Unitarios y Federales: A partir de 1819, el fracaso de los intentos porteño y artiguista por conformar un Estado que sucediera al antiguo Virreinato dejó paso a las tendencias autonomistas desatadas por la Revolución. se fueron definiendo claramente dos tendencias políticas: los federales, partidarios de las autonomías provinciales, y los unitarios, partidarios del poder central de Buenos Aires.

Estas disputas políticas desembocaron en una larga guerra civil cuyo primer episodio fue la batalla de Cepeda en febrero de 1820, cuando los caudillos federales de Santa Fe, Estanislao López, y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, derrocaron al directorio.

Las provincias nacieron inicialmente de las viejas intendencias coloniales y, luego, de los reclamos autónomos de las ciudades subordinadas dentro de las mismas intendencias. Entre 1810 y 1820, el gobierno central alentó la creación de nuevas provincias.

En 1813, el Segundo Triunvirato separó Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) de la intendencia de Córdoba En 1814, Posadas creó las provincias de Entre Ríos y Corrientes, separándolas de la intendencia de Buenos Aires, y dividió la intendencia de Salta de Tucumán, creando la provincia de Salta y la de Tucumán.

En 1818 se formó Santa Fe (separada de Buenos Aires); en 1820, Santiago del Estero; y en 1821, Catamarca (ambas separadas de Tucumán). También en 1820 se formó La Rioja (separada de Córdoba); y en 1834, Jujuy (separada de Salta).

Buenos Aires, la provincia más rica, que retendrá para sí las rentas de la Aduana y los negocios del puerto.

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Inestabilidad Politica Argentina Guerras de la Independencia

Inestabilidad Política Argentina
Las Guerras de la Independencia

La etapa revolucionaria (1810-1820): Entre 1810 y 1820 se vive un clima de gran inestabilidad política. Se suceden los gobiernos (Primera Junta (1810), Junta Grande (1811), Triunviratos (1811-1814) y el Directorio (1814-1820) que no pueden consolidar su poder y deben hacer frente a la guerra contra España. En esta lucha se destacarán Manuel Belgrano, José de San Martín, llegado al país en 1812, y Martín Miguel de Güemes.

Las campañas sanmartinianas terminarán, tras liberar a Chile, con el centro del poder español de Lima. El 9 de julio de 1816 un congreso de diputados de las Provincias Unidas proclamó la independencia y en 1819 dictó una constitución centralista que despertó el enojo de las provincias, celosas de su autonomía.

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A comienzos de 1817, el Congreso inició su traslado a Buenos Aires, donde comenzó a sesionar en mayo.

Luego de muchas discusiones, el 22 de abril de 1819 proclamó la Constitución. Aunque de apariencia republicana, sus artículos podían ser fácilmente modificados para convertir al Estado en una monarquía.

En efecto: establecía la figura de un Director Supremo que debía gobernar junto con un Consejo de Estado.

El Poder Legislativo era bicameral: una Cámara de Representantes, dirigida por el pueblo de la nación, era acompañada por un Senado, donde se encontrarían representadas las grandes corporaciones: Iglesia, Ejército, provincias y universidades.

Aunque la Constitución fue formalmente jurada por las provincias, la resistencia contra su carácter centralista y pro-monárquico no tardó en aparecer.

En pocos meses, caería junto con el Congreso y el Directorio que le habían dado vida.

En el período 1816-1820 las Provincias Unidas alcanzaron un importante objetivo: la independencia política, proclamada por medio de sus representantes en el Congreso y en un momento de gran peligro por el triunfo de la reacción española.

Los acuerdos entre los dirigentes de Buenos Aires, Cuyo y el Norte hicieron posible la independencia y la campaña de San Martín a Chile. Asegurada la emancipación, las disidencias se acentuaron. La anarquía se hizo presente. No fue posible establecer las bases para la organización del Estado. Los proyectos analizados: centralismo o federación, monarquía constitucional o república, no lograron el consenso necesario para imponerse. La Constitución promulgada en 1819 intentó una fórmula mixta, pero no tuvo en cuenta la realidad del país.

Las autoridades nacionales perdieron poder, agotadas en la lucha por la independencia y en los enfrentamientos internos contra los pueblos partidarios de la federación.

El proceso de disgregación territorial se acentuó: el Alto Perú quedó en manos de los españoles; el Paraguay siguió su política independiente y se negó a participar en el Congreso Nacional; la Banda Oriental fue anexada por los portugueses.

Fuente Consultada: La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter