Calvino

Biografia de Wyclef John Teologo Traductor

Biografia de Wyclef Juan Teologo-Traductor

La inquietud religiosa en el Occidente de Europa, que pareció reprimida a mediados del siglo XIV, halló un nuevo germen en la obra del inglés Juan Wycleff.

Germen tanto más virulento cuanto la herejía no nacía ahora en un medio simple y popular, ni estaba atinada por impulsos sentimentales primarios, sino que se manifestaba en uno de los centros universitarios de más tradición europea — Oxford — y obedecía a especulaciones ideológicas de un cuño hasta entonces desconocido.

John Wyclef
John Wyclef, apellidos alternativos: Wiclef, Wycliff o Wickliffe, conocido como Juan Wiclef en español teólogo y reformador inglés que fundó el movimiento que se Lolardos.
Fecha de nacimiento: 1330, Hipswell, Reino Unido
Fallecimiento: 31 de diciembre de 1384, Lutterworth, Reino Unido
Influenciado por: Agustín de Hipona, Guillermo de Ockham, Roger Bacon, Roberto Grosseteste, Thomas Bradwardine

En este aspecto, Juan Wycleff fue el primer gran hereje de la época moderna, y sus doctrinas, a través de los husitas, tuvieron sensible influencia en el desencadenamiento de la subversión religiosa del siglo XVI.

Nacido hacia 1320 en el lugar de Hipswell, o Wycliffe, en el Yorkshire, Juan Wycreff (correctamente Wycliffe), se educó y profesó (1356) en el Balliol College de Oxford, fundación debida a los Balliols de Barnard Castle, vecinos de su familia.

En 1361 fue nombrado cura de Fillingham. Pero para él no habían transcurrido en balde los años de Oxford, donde había explicado con brillantez. Conocía a fondo los Santos Padres, en particular San Agustín, en quien bebió sus teorías sobre la predestinación.

Pero, además, destacaba en el conocimiento de la Biblia, hasta el extremo que sus discípulos le dieron el nombre de doctor evangélico. Aunque le eran familiares la filosofía y la teología escolásticas, Wycleff no había adoptado el nominalismo de Ockham, imperante en París, sino que permanecía fiel al augustinismo de la gloriosa tradición de Oxford.

De la misma manera que había triunfado en Oxford, Wycleff se hizo una reputación fuera del recinto universitario. Aunque se ha demostrado que no escribió el Determinatio de dominio en 1366, su actitud antipontificia debía ser lo bastante conocida para que Juan de Gante y su partido pensaran en él como un posible instrumento contra el Papado.

En 1374 fue nombrado delegado real en la conferencia de Brujas, que intentó conciliar los puntos de vista de Eduardo III y Gregorio XI. De regreso a Inglaterra, profesó de nuevo en Oxford e intervino en los asuntos políticos planteados por las relaciones con Roma.

En 1376 aprobó sin reservas las protestas del Buen Parlamento contra las ventajas concedidas a la Curia romana en Inglaterra. En el transcurso del mismo año publicó un compendio de las lecciones dictadas en Oxford: el De civile dominio.

Esta obra causó profunda sensación, pues por vez primera defendía que los príncipes habían recibido de Dios tanta autoridad como los eclesiásticos, de modo que, por un lado, la Iglesia erraba cuando pretendía unir a su magisterio el poder temporal, y por otro correspondía a los príncipes corregir al Papado.

Este atrevimiento inaudito conmovió a los obispos ingleses: Wycleff compareció ante la asamblea del clero de Inglaterra reunida en San Pablo de Londres el 19 de febrero de 1377.

Pero aquí fue defendido por su protector, Juan de Gante, con tanto ímpetu que se produjo una viva discusión, seguida de un tumulto callejero. La Iglesia británica no se atrevió a actuar contra Wycleff.

En cambio, Gregorio XI le consideró, por bulas del 22 de mayo de 1377, como seguidor de las doctrinas de Marsilio de Padua, y exigió su comparecencia ante los tribunales eclesiásticos. Protegido por el duque de Lancáster, coreado por los colegios de Oxford y aplaudido por parte del pueblo; Wycleff fue juzgado en mayo de 1378. Se le exigió que no exaltara los espíritus con sermones discutibles.

Desde 1378 a su muerte, ocurrida en Lutterworth (Leicestershire) el 1° de noviembre de 1384, Wycleff vivió en Oxford o Lutterworth, libre de todo temor, aunque algunas veces, como con motivo de la revuelta campesina de 1381, sus adversarios trataron de hacerlo condenar por hereje. Pero ni la corte ni Oxford le abandonaron.

Y así, protegido por dos instituciones católicas, pudo desarrollar sus principios subversivos, manifestados en sus tratados De Ecclesia, De veritate Sacrae Scripturae, y, sobre todo, en el Trialogus. Traductor de la Biblia al inglés, Wycleff procuró demostrar, con procedimientos eruditos, que sólo merecía crédito la palabra de Cristo contenida en los Evangelios.

Fue él, pues, quien sostuvo primeramente la revolucionaria tesis de que la fe y la práctica religiosa debían descansar exclusivamente en la Biblia, intepretada con corrección.

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Origen del Calvinismo Historia y Características Resumen

Origen del Calvinismo
Resumen de la Reforma de Calvino

Se llama Calvinismo a la  teología cristiana del reformador de la Iglesia Juan Calvino, quien publicó un trabajo llamado Institución de la religión cristiana, (1536-1559) que tuvo mayor influencia en el desarrollo de las iglesias protestantes de la tradición reformada. La doctrina calvinista se basa en la tradición teológica paulina y agustiniana. Dentro de sus dogmas más importantes se incluye la creencia en la soberanía absoluta de Dios y la doctrina de la justificación sólo por medio de la fe.

Las posiciones de Calvino con respecto a la organización y la liturgia de la Iglesia eran más rupturistas y radicales que las de Lutero. Calvino no sólo rechazaba el obispado, sino también la decoración de las iglesias, las ceremonias y la música en los servicios. Así surgió el presbiterianismo, que impuso a los oficios un estilo austero, sencillo, circunspecto y profundamente espiritual. El movimiento tiene unos veinticuatro millones de adeptos en todo el mundo, la mayoría de los cuales se encuentra en Escocia, Holanda, Suiza y Estados Unidos.

Resultado de imagen para historiaybiografias.com calvinoCuando el Día de todos los Santos del año 1533, Nicolás Cop, rector de la Universidad de París, pronunció én la iglesia de los Maturinos un sermón lleno de máximas contrarias al dogma católico, nadie podía sospechar aún que semejante discurso era en realidad la obra de un simple estudiante, Juan Cauvin, llamado Calvino (Calvinus).

Éste acababa de abandonar sus estudios de derecho para emprender los de teología y, procedente de Bourges, había llegado recientemente a París. Las ideas de este joven teólogo, nacido en Noyón (Picardía) en 1509, de un padre bodeguero según algunos, notario apostólico según otros, estaban impregnadas de las de Martín Lutero, difundidas en ese entonces por toda Europa.

Al cabo de varios años de lucha, Calvino, por temor a la persecución, se refugió en Ginebra donde su doctrina, fundada sobre una moral severa, conquistó rápidamente numerosos adeptos, a pesar de ser, por otra parte, combatida con violencia. Mas, al partir de Francia, Calvino había dejado tras de sí gran número de discípulos más o menos declarados, cuya acción, reforzada por el centro ginebrino, habría de afianzarse merced al desorden en que se encontraba el país a la muerte de Francisco I.

Enrique II, sucesor de éste, encontró el reino dividido en dos facciones, que de las querellas religiosas habían desembocado en las querellas políticas: los católicos estaban alineados detrás del rey y la poderosa facción de los Guisa, los calvinistas detrás de los Borbones y los Conde.

Los protestantes de Francia, que habían adoptado el nombre de hugonotes, palabra proveniente del alemán eidgenossen (compañeros ligados por un juramento), tenían por aliado a un gran número de poderosos feudales.

Como los católicos habían solicitado el sostén de España, donde se desarrollaba la implacable reacción religiosa de Felipe II y de la Inquisición, los hugonotes se encontraban lógicamente atraídos hacia la órbita de la alianza inglesa.

Enrique II, durante su corto reinado, estuvo demasiado absorbido por las guerras que iniciara su antecesor, y no pudo consagrarse por entero al problema religioso; fue, no obstante, un intransigente defensor del culto francés único y, por el Edicto de Ecuén, publicado en 1559, ordenaba castigar con la muerte a todos los calvinistas.

Aunque perturbado por las dos graves derrotas de San Quintín y de Gravelinas, el reinado de Enrique II no fue nefasto para Francia; durante su transcurso los ingleses fueron definitivamente rechazados del continente; llegó también a su fin la querella dinástica que se prolongara por espacio de varios siglos y fue el mismo Enrique II quien puso término al conflicto entre Francia y España.

A su muerte, ocurrida a consecuencia de una herida que recibiera en el transcurso de un torneo, la separación entre los católicos y los hugonotes era más marcada que nunca.

El protestantismo contaba en Francia con 3 millones de adeptos. En el momento en que Francisco II, el hijo mayor de Enrique II, ascendió al trono, la situación se agravó repentinamente. El rey era un adolescente de 16 años, sometido por completo a la voluntad de su madre, Catalina de Médicis, y a la facción de los Guisa, cuya influencia, por otra parte, se hacía cada vez más peligrosa.

Francisco de Guisa, quien tuvo a su cargo la conducción de la guerra, era tío de María Estuardo, reina de Escocia, con quien Francisco II había casado en 1558. Su hermano, el Cardenal de Lorena, administraba la justicia y dirigía las finanzas. El despotismo de los Guisa impulsó a los hugonotes a organizar la conjuración que, descubierta, costó la vida a 12.000 de ellos.

A la muerte de Francisco II subió al trono su hermano Carlos IX, de sólo 10 años de edad. La regente, Catalina de Médicis, deseosa de reconciliar los dos partidos, convocó una asamblea de teólogos católicos y protestantes; ambos rechazaron el acuerdo. La regente suprimió los edictos lanzados contra los herejes, pero sus subditos, los católicos, la desaprobaron. El 1° de marzo de 1562, una sangrienta querella que enfrentó en Vassy a los partidarios del duque de Guisa y una treintena de protestantes, bastó para desencadenar la guerra civil.

La masacre de Vassy tuvo lugar en una granja, donde se habían reunido los protestantes, en esa pequeña ciudad del Mame; se reconoce aún el sitio en que se desarrollara esta siniestra tragedia.

Una de las innovaciones de Calvino fue el reconocimiento de una nueva figura, la del anciano, un seglar que participaba en los procesos democráticos de toma de decisiones de la Iglesia y como guía espiritual: era, pues, un sacerdote/ministro (originariamente sólo los varones podían cumplir este papel) sin haber sido ordenado. De hecho, el origen de la palabra «presbiteriano» procede del término griego presbíteros, que significaba «anciano». Según Calvino, y de acuerdo con los Hechos de los Apóstoles, en la Iglesia antigua existían ancianos seglares que eran considerados iguales a los obispos: «Nombraron también ancianos en cada iglesia y, haciendo oración y ayuno, los encomendaron al Señor, en quien habían depositado su fe».

CARACTERÍSTICAS

1.- El Calvinismo puede definirse como un sistema teológico cristiano protestante.

2.- No considera  al sacerdocio como un sacramento.

3.- Dentro de sus principios está el de declarar una creencia absoluta en Dios y su soberanía.

4.- Igualmente, a diferencia de la religión católica, para el Calvinismo, la salvación no es el resultado de la acumulación de obras buenas por parte del hombre, sino que se consigue simplemente por la fe en la gracia divida de Dios.

5.- Predestinación: el hombre nace destinado por Dios a la salvación o a la condenación.

6.- Toda actividad humana es bien vista por Dios (ej. Préstamos a interés), favoreciendo el desarrollo del capitalismo

7.-Los sacramentos y las indulgencias no tienen ningún valor.

8.-La presencia de Cristo en la Eucaristía no es ni siquiera simbólica.

9.-La salvación depende exclusivamente de la fe.

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 La obra mayor de Calvino jugó un papel decisivo en la difusión de las ideas del protestantismo.

La Institución de la religión cristiana: «Entregar una llave y apertura para dar acceso a todos los hijos de Dios a oír estrechamente la Escritura santa», tal era el deseo de Calvino cuando redactó, en latín, su Institución de la religión cristiana.

La obra, constantemente modificada y aumentada, cuya traducción francesa se publicó por primera vez en 1541, ofrece una vigorosa síntesis de posiciones avanzadas siguiendo el hilo de las controversias planteadas por Lutero, Zuinglio y otros teólogos que precedieron a Calvino en el establecimiento de una Iglesia reformada. La edición definitiva apareció en 1560.

En un estilo preciso, y en rigor totalmente didáctica, el autor encontró el tono justo para persuadir acerca de la legitimidad de sus tesis. El lenguaje de Calvino, que privilegió la claridad de la exposición con el fin de que las ideas estuvieran al servicio de la mayoría, hizo de la Institución una de las primeras y mayores obras del pensamiento religioso del protestantismo.

Durante unos treinta años, hasta su muerte en 1564, Juan Calvino se convirtió en el jefe de una Iglesia que, desde Ginebra, se difundió por toda Europa y se volvió enemiga de Roma, «la fatua de Nínive». La doctrina de Calvino, si bien dio pie a querellas que se convertirían en guerras religiosas, contribuyó también a forjar una nueva y desacralizada visión del mundo. Dios estaba tan alto y era tan poderoso y perfecto, que se manifestaba mucho más por la Palabra. Los milagros, los eclipses, las tempestades, los terremotos y otros monstruos y prodigios no eran el lenguaje de Dios. Por ello, Calvino no dejaría de fustigar a todos quienes, como los astrólogos, estuvieran sumidos en esa visión mágica y encantada del mundo, y buscaran presuntuosamente interpretar los signos y su sentido.

PARA SABER MAS…

Melanchthon, Zuinglio y Calvino. — Los tres principales promotores de la Reforma fueron Melanchthon, Zuinglio y Calvino. El primero, llamado realmente Felipe Schwarzerd, fue amigo y colaborador de Lutero, siendo el principal autor de la llamada Confesión de Augsburgo; asistió también a las conferencias de Ratisbona y redactó el acta conocida por el Interím de Augsburgo.

Ulrico Zuinglio, junto con Juan Hüssgen (Ecolampadio), implantaron el protestantismo en Suiza, dando origen a una guerra civil entre los cantones que aceptaron la nueva religión y los que permanecieron fieles al catolicismo, en la que pereció Zuinglio.

Le sucedió el francés Juan Calvino, hombre de sabiduría y agudeza de entendimiento, pero rígidamente fanático, que había abjurado públicamente del catolicismo en 1538, pasando a Ginebra, desde donde dirigió la instauración y desarrollo del protestantismo hasta su muerte, ocurrida en 1564. Calvino profesaba en la nueva confesión puntos de vista particulares que variaban de los sostenidos por los luteranos; sus partidarios se denominaron a sí mismos  calvinistas.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II – El Calvinismo – Editorial CODEX