Campaña del Desierto Vida de Bartolomé Mitre

La Convencion de 1860 La Reforma de la Constitucion

Convención de 1860 – Pacto de San José de Flores y la Reforma de la Constitución Nacional de 1853

Antecedentes:

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES
Libre de enemigos, el vencedor prosiguió su avance y dio a conocer una proclama en la que sostenía su política de integración y pacificación nacionales.

Dice la proclama de Urquiza en uno de sus pasajes: «Deseo que los hijos de una misma tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros; deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos.

Espero para ello el concurso de vosotros mismos, de los buenos y los patriotas. Desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos».

Entretanto, la noticia de la derrota conmovió a las autoridades de Buenos Aires y el gobernador Alsina tomó varias medidas defensivas y confió nuevamente el mando de las tropas al general Mitre.

Urquiza avanzó hasta San José de Flores, donde acampó al frente de unos 20.000 hombres, pues había engrosado sus filas con aportes de la campaña bonaerense. Buenos Aires quedó sitiada y el vencedor aunque las circunstancias lo favorecían en caso de ataque— prefirió negociar por intermendio del emisario paraguayo Francisco Solano López.

Las conferencias se iniciaron en la chacra de Monte Caseros y concluyeron en San José de Flores. Los comisionados federales exigieron la renuncia de Alsina, quien la presentó el 8 de noviembre y fue reemplazado por Felipe Llavallol, presidente del Senado.

(Eliminadas las dificultades, el Convenio de Paz —conocido históricamente como el Pacto de San José de Flores— fue firmado el 11 de noviembre de 1859. Según el tratado. Buenos Aires se declaraba «parte integrante de la República Argentina» con el objeto de incorporarse al resto del país, debía reunirse —en un lapso de veinte días— una Convención provincial a fin de estudiar la Constitución promulgada en mayo de 1853.

En caso de reformas a dicha Carta Fundamental, se reuniría una Convención Nacional, cuyas resoluciones serían aceptadas por la provincia de Buenos Aires.

Esta aseguraba la integridad de su territorio —»que no podía ser dividido sin el consentimiento de la Legislatura»— como también la propiedad de sus establecimientos oficiales, no así de la Aduana, que desde ese momento pertenecía a la Confederación.

El Pacto decretaba el olvido de los rencores políticos y el cese de las persecuciones, tanto de civiles como de militares. El ejército de la Confederación se comprometía a evacuar la provincia de Buenos Aires a breve plazo. La» república del Paraguay garantizaba el cumplimiento de todo lo estipulado.

La paz fue celebrada con gran entusiasmo; sin embargo, la lucha no tardaría en reanudarse. Alsina había abandonado el gobiefno de Buenos Aires, pero continuaban a su frente otros hombres de tendencia porteñista y separatista.

reforma constitucion 1860

CONVENCIÓN DE 1860

De acuerdo con lo dispuesto por el Pacto de San José de Flores, el gobierno provisorio de Buenos Aires convocó a elecciones de convencionales, para resolver si la Constitución debía ser reformada antes de su juramento por las autoridades bonaerenses. Practicado el escrutinio, ganó por mayoría el partido gobernante.

El 6 de enero de 1860 se instaló la asamblea y se designó una comisión de la que formaban parte destacadas figuras, como Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield, Mármol y Cruz Obligado. Las sesiones se prolongaron hasta el 12 de mayo.

Las reformas propuestas, aunque no alteraban la estructura de la Constitución Nacional, introducían varias modificaciones a través de veintidós puntos.

El art. 3ºde la Constitución disponía que la ciudad de Buenos Aires fuera la Capital de la República; la reforma resolvió que una ley del Congreso —previa cesión por la provincia respectiva del territorio a federalizarse— establecería el lugar de residencia del gobierno nacional. En consecuencia y hasta nueva resolución, la Capital sería la ciudad de Paraná.

La Constitución había nacionalizado la Aduana porteña y por el art. 64 establecido derechos de importación y exportación. La reforma dispuso que los últimos correspondían a Buenos Aires hasta el año 1806, cláusula que beneficiaba al gobierno de dicha provincia.

La Convención porteña resolvió que la República debía denominarse: «Provincias Unidas del Río de la Plata».

Las enmiendas fueron a su vez estudiadas por una Convención Nacional que se reunió en Santa Fe el 14 de setiembre de 1860.

Allí merecieron aprobación todas las reformas, aunque con respecto a la denominación del país, se dispuso que serían nombres oficiales: «Provincias Unidas del Rió de la Plata», «República Argentina» y «Confederación Argentina», pero en la formación y sanción de las leyes deberá utilizarse «Nación Argentina».

La convención de 1860 reformó a la Constitución de 1853, en los siguientes puntos:

a) El Art. 3º de la Constitución declaraba a la ciudad de Buenos Aires capital de la República. La Convención lo modificó en esta forma: «la ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más legislaturas Provinciales, del territorio que haya de federalizarse».

b) La Convención dispuso que a partir de 1866, los derechos de exportación cesarían en su carácter de- impuesto nacional.; La Constitución en su artículo 4° ubicaba esos derechos entre las rentas nacionales, lo cual perjudicaba a la provincia de Buenos Aires, que era la única exportadora.

c) Suprimió la gratuidad de la enseñanza primaria en las provincias y también abolló la obligación de someter las constituciones provinciales a la aprobación del Congreso.

d) Fue modificado el artículo 6º que autorizaba al Poder Ejecutivo a Intervenir arbitrariamente en las provincias. La Convención dispuso que el gobierno federal sólo podrá intervenir para garantizar el régimen republicano o atender a la defensa nacional.

e) La Convención agregó los artículos 32, 33, 34 y 35 a la Primera Parte (Declaraciones, Derechos y Garantías) de la Constitución de 1853. Esos artículos se referían a la libertad de imprenta, a derechos no numerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y a la incompatibilidad de los jueces federales con los provinciales.

f) Agregó a los artículos 36 y 43, que fijaban los requisitos para ser diputado o senado el de haber nacido en la provincia que lo elija o tener dos años de residencia inmediata en ella.

g) Suprimió la obligación de comenzar la reforma de la Constitución ante el senado, también abolió el juicio político ante el Congreso Nacional de los gobernadores provinciales y la facultad del Poder Ejecutivo de declarar el estado de sitio, en caso de urgencia.

El 21 de octubre de 1860, la Constitución Nacional fue jurada solemnemente por el gobierno y el pueblo de Buenos Aires.

Fuente Consultada:HISTORIA 5 Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

Esteban Echeverria Biografia y Pensamiento Politico

Biografía de Esteban Echeverría y Pensamiento Político

Esteban Echeverría fue el introductor del romanticismo en Hispanoamérica, el autor del primer cuento argentino, el ideólogo de la generación argentina del 37, el más importante poeta del primer romanticismo en el Río de la Plata, el introductor del tema del desierto y del indio en la literatura argentina, y uno de los mayores autores del movimiento romántico en Hispanoamérica.

El pensamiento de Esteban Echeverría: Echeverría fue un destacado intelectual argentino, miembro de la generación del ‘37. En su obra literaria recogió las influencias del romanticismo francés; entre sus obras se destacan El dogma socialista, obra de carácter político, y El matadero, un cuadro de costumbres. Murió en el exilio, en Montevideo, en 1851.

Los siguientes son fragmentos de una de sus cartas personales, donde se puede observar su pensamiento y analisis de la realidad política de la época:

“… la revolución de Mayo nos ha dejado por todo resultado, por toda tradición y por todo dogma ‘la soberanía del pueblo’, es decir la ‘democracia’. ¿Bajo qué condiciones, pues, se desarrollará la democracia en nuestro país o realizará su ley de progreso?.

En la solución de esta cuestión, estando a la historia, habían errado a mi entender todos los hombres y todos los partidos durante la revolución.

El centralismo, preocupado exclusivamente de la constitución y centralización del poder social, descuidó, en primer lugar, educar al pueblo, hacerlo apto para el gobierno de sí mismo, en segundo lugar, no supo hallar el medio de satisfacer y aquietar el localismo que, oponiéndole resistencias, deshacía siempre su obra.

Vacilando, además, entre el régimen monárquico, el aristocrático y el democrático, no pudo constituir ninguno […]

¿Qué ha pretendido, en efecto, el centralismo en sus diversas tentativas de constitución?.

Reconstruir sobre nueva planta la asociación argentina; crear una autoridad, un poder nacional que la representase, la gobernase y le diese leyes […].

Preguntaremos ahora ¿qué quería el localismo?. Concurrir como parte a la formación de la autoridad central; pero no reconocer dependencia ni subordinación a esa autoridad y negarle obediencia cuando cuadrase a su interés o capricho.

Quería aislarse, gobernarse por sí, segregarse de la gran familia toda vez que pudiera convenirle. Se ve que el instinto ciego, individual, egoísta era su móvil.

¿Cómo podían, pues, conciliarse voluntades tan disconformes, ni avenirse a entrar en conciliación y vivir en paz las pretensiones de los centralistas y de los federalistas, o del centralismo y el localismo?.

Debieron hacerse y se hicieron guerra desde el principio de la revolución, hasta quedar uno y otro completamente aniquilados bajo el fiero yugo del despotismo y del caudillaje.

Resulta evidente, pues, que el centralismo se extravió o no acertó con el medio único de arribar a su apetecida organización, y que el localismo, guiado por instintos vagos, ha obrado casi siempre en la República como principio disolvente y desorganizador; nunca ha sabido comprender bien sus intereses legítimos y ponerlos al amparo de la única institución que podía eficazmente protegerlos y promoverlos, ‘la institución municipal’…”

Esteban Echeverría

BIOGRAFÍA DE ESTEBAN DE ECHEVERRIA:

Nació en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1805.

Huérfano de padre desde muy niño, la excesiva tolerancia materna no impidió que fuese alumno aventajado del Colegio de Ciencias Morales, y que su paso por las aulas quedase señalado con los mejores testimonios de aplicación y distinguiéndose entre sus condiscípulos por su talento y aprovechamiento.

Causas ajenas a su voluntad, frustraron su inclinación al estudio y lo obligaron a emplearse en el comercio; pero allí mismo su espíritu bregó por aprender y entretenía sus ocios leyendo obras sobre historia y aprendiendo el francés.

Su gran anhelo triunfó y abandonándolo todo y a costa de grandes sacrificios, marchóse a Europa, para buscar en el centro de la evolución modernista el pensamiento de la época, las luces con que después había de resplandecer en el lóbrego escenario de su Patria.

Después de un lustro de permanencia en el Viejo Mundo, durante el cual se empapó de las doctrinas emancipadoras del pensamiento, la falta de recursos lo obligó a regresar al país antes de haber concluido los cursos de Economía Política y de Legislación que seguía en la Universidad de París y cuando la situación política interna de la República se hallaba más perturbada por el choque de las dos tendencias en que se dividía la opinión.

El mismo Echeverría ha juzgado esa situación en uno de sus escritos, diciendo: «El retroceso degradante en que hallé a mi país, mis esperanzas burladas, produjeron en mí una melancolía rotunda. Me encerré en mí mismo y de ahí «nacieron infinitas producciones de las cuales no publiqué sino una mínima «parte con el título de: «Los consuelos»

La llegada de Echeverría a Buenos Aires, coincidió con la conmemoración del 9 de Julio del año 1830, circunstancia que aquél aprovechó para publicar sus primeros versos en «La Gaceta Mercantil«, en el número del 8 de aquel mes, los que no llevan firma pero van precedidos de una nota explicativa, que descubre a su autor.

En 1832 publicó su poema «Elvira» o «La novia del Plata«, que no produjo toda la impresión que él esperaba en la opinión pública y mortificado por la aparente indiferencia o la velada crítica que se le hacía, y agravado su ánimo por una dolencia física que empezaba a preocuparlo, se ausentó de Buenos Aires, yendo por algún tiempo a establecerse en la ciudad de Mercedes, Estado Oriental, a restablecer su salud y en la soledad y retiro que allí disfrutó, terminó su segundo trabajo, arriba mencionado, que tituló «Los Consuelos» y que vio la luz pública en 1834.

Esta obra fué recibida con general aplauso y desde aquel momento nadie pudo disputarle su puesto de avanzada en la reforma de las ideas estéticas y filosóficas de nuestra cultura literaria.

En aquella ocasión alzó Echeverría su bandera literaria reformadora de la vieja escuela, diciendo al respecto lo siguiente: «La poesía entre nosotros aún no ha llegado a adquirir el influjo y prepotencia moral que tuvo en la antigüedad y que hoy goza entre las cultas naciones europeas: preciso es, si se quiere conquistarla, que aparezca revestida de un carácter propio y original y que reflejando los colores de la naturaleza física que nos rodea, sea a la vez cuadro vivo de nuestras costumbres y la expresión más elevada de nuestras ideas dominantes, de los sentimientos y pasiones que nacen del choque inmediato de nuestros sociales intereses y en cuya esfera se mueve nuestra cultura intelectual. Sólo así, campeando libre de los lazos de toda extraña influencia, nuestra poesía llegará a ostentarse sublime como los Andes, peregrina, hermosa y varia en sus ornamentos como la fecunda tierra que la produzca».

Echeverría con el enorme caudal de su ilustración, la altivez y nobleza de la juventud y con el espíritu republicano inspirador de la Revolución de Mayo, convirtió su causa común y de la Patria, solidarizándose con sus ideas a un grupo numeroso de hombres de lo más distinguido de Buenos Aires, vinculándose en una agrupación en forma de logia, de carácter político y literario, que se llamó la Asociación de Mayo.

Muy poco tiempo tardó la nueva Sociedad en hacerse sospechosa a los ojos del Dictador, y la policía descubrió muy pronto el misterio de sus reuniones y el secreto de su credo, viéndose obligados a ocultarse y aún a expatriarse para evitar las persecuciones de la Mazorca.

Echeverría no quiso marcharse porque en su opinión «emigrar era inutilizarse para el país». Pero sabiendo como las gastabas la gente del Gobierno, se refugió en la campaña, yéndose al lado de un hermano en la estancia «Los Talas», en Lujan, donde permaneció siempre triste, siempre escribiendo, siempre pensando, hasta que la fatalidad vino a arrancarlo de aquel apacible retiro, complicándolo en aquel movimiento armado que dirigía «una espada sin cabeza», Lavalle, y que pomposamente se llamó campaña libertadora.

Echeverría distaba de ser partidario de estas acciones aisladas que sólo servían para trastornar más gravemente la situación general del país, abrir abismos más hondos en la opinión pública, irritar más al opresor, provocar nuevos y mayores excesos contra los opositores y dar a Rosas ocasiones fáciles de exhibirse triunfante y por lo tanto amedrentar más al pueblo con su poderío.

Pero las armas libertadoras llegaron hasta Los Talas y Echeverría tuvo qué aceptar aquella situación de hecho como una fatalidad ineludible y decidirse a romper con su silencio y su retiro, para lanzar también su grito de protesta y de guerra contra el mandatario usurpador de todos los derechos y libertades.

Después de aquel acto de abierta rebelión contra la dictadura, Echeverría no habría podido vivir sino en las filas del Ejército Libertador, pero su mal estado de salud le impedía afrontar ais vicisitudes de una campaña que se revelaba cruenta, y tan pronto como Lavalle contramarchó para el Norte, el poeta rebelde huyó a campo traviesa, sólo con lo puesto, logrando llegar hast ael Guazú, de donde se embarcó en una fragata francesa, llegando sin contratiempos a la Colonia, en el Estado Oriental.

De aquella ciudad pasó a Montevideo, desde donde emprendió su más violenta campaña contra la dictadura rosista por medio de sus artículos en la prensa de aquella capital.

En sus escritos puso todo su ardor patriótico trabajando sin descanso, junto con los demás exilados, pero pronto comprendió que en la lucha contra Rosas sólo había que tener fe en las grandes batallas y entonces volvía a abismarse para buscar en la soledad, en la meditación y el estudio de la situación general de la sociedad argentina, la causa de la desorganización y el remedio que restituiría a la salud de su ideal democrático.

En 1837 publicó con el título de «Rimas», una nueva colección de poesías y el poema «La Cautiva», que es el pedestal de su fama. Publicó el «Dogma Socialista de la Asociación de Mayo», precedido de una ojeada retrospectiva sobre el movimiento intelectual en el Plata desde el año 1837, y en Montevideo, el mismo tiempo que colaboraba en los periódicos, escribió otros poemas, como la «Insurrección del Sur en la provincia de Buenos Aires» y «Avellaneda».

También fue muy celebrada otra producción de Echeverría, «La Guitarra», que apareció en el N9 24, correspondiente al 30 de diciembre de 1848, de la revista «El Correo de Ultramar».

Esta composición fué muy bien comentada no sólo en las repúblicas sudamericanas, sino también en España.

José Esteban Echeverría falleció en Montevideo el 20 de enero de 1861. Con motivo de su muerte, Alberdi escribió: «En la temprana muerte de Echeverría se ha malogrado un hombre y un talento. Su corazón era tan puro y elevado, como brillantes las facultades de su inteligencia; asociación rara de cualidades en nuestra América tan fecunda de talentos, como estéril en caracteres. Como talento su pérdida interesa a todos los países que hablan español. Superior a todos los poetas de su país, él consiguió acogida honrosa y brillante renombre, tanto en América como en España. Aunque conocido como poeta principalmente, escribió prosa con fuerza y elegancia y sus conocimientos como publicista eran de una extensión considerable …»

El Dr. Juan María Gutiérrez, su amigo íntimo, publicó en 1874 las obras completas de Echeverría en 5 volúmenes.

En 1905, con motivo de su centenario, la posteridad reconocida le erigió una estatua en el bosque de Palermo.

IDEAS SOBRE LA LIBERTAD SEGÚN ESTEBAN ECHEVERRÍA.

«Por la ley de Dios y de la humanidad todos ios hombres son libres.»

«La libertad es el derecho que cada hombre tiene para emplear sin traba alguna sus facultades en el conseguimiento de su bienestar y para elegir los medios que puedan servirle a este objeto.»

El libre ejercicio de las facultades individuales no debe causar extorsión ni violencia a los derechos de otro. —No hagas a otro lo que no quieras te sea hecho:— la libertad humana no tiene otros límites.

No hay libertad, donde el hombre no puede cambiar de lugar a su antojo.

Donde no le es permitido disponer del fruto de su industria y de su trabajo.

Donde tiene que hacer al poder el sacrificio de su tiempo y de sus bienes.

Donde puede ser vejado e insultado por los sicarios de un poder arbitrario.

Donde sin haber violado la ley, sin juicio previo ni forma de proceso alguno, puede ser encarcelado o privado del uso de sus facultades físicas o intelectuales.

Donde se le coarta el derecho de publicar de palabra o por escrito sus opiniones.

Donde se le impone una religión y un culto distinto del que su conciencia juzga verdadero.

Donde se le puede arbitrariamente turbar en sus hogares, arrancarle del seno de su familia y desterrarle fuera de su patria.

Donde su seguridad, su vida y sus bienes, están a merced del capricho de un mandatario.

Donde se le obliga a tomar las armas sin necesidad absoluta y sin que el interés general lo exija.

Donde se le ponen trabas y condiciones en el ejercicio de una industria cualquiera, como la imprenta, etc.

Fragmento de «MATADERO» La perspectiva del matadero a la distancia era grotesca, llena de animación. Cuarenta y nueve reses estaban tendidas sobre sus cueros y cerca de doscientas personas hollaban aquel suelo de lodo regado con la sangre de sus arterias.

En torno de cada res resaltaba un grupo de figuras humanas de tez y raza distintas. La figura más prominente de cada grupo era el carnicero con el cuchillo en mano, brazo y pecho desnudos, cabello largo y revuelto, camisa y chiripá y rostro embadurnado de sangre.

A sus espaldas se rebullía caracoleando y siguiendo los movimientos una comparsa de muchachos, de negras y mulatas achuradoras, cuya fealdad trasuntaba las harpías de la fábula, y entremezclados con ella algunos enormes mastines, olfateaban, gruñían o se daban de tarascones por la presa.

Cuarenta y tantas carretas toldadas con negruzco y pelado cuero se escalonaban irregularmente a lo largo de la playa y algunos jinetes con el poncho calado y el lazo prendido al tiento, cruzaban por entre ellas al tranco, o reclinados sobre el pescuezo de los caballos echaban ojo indolente sobre uno de aquellos animados grupos, al paso que más arriba, en el aire, un enjambre de gaviotas blanquiazules que habían vuelto de la emigración al olor de carne, revoloteaban cubriendo con su disonante graznidos todos los ruidos y voces del matadero y proyectando una sombra clara sobre aquel campo de horrible carnicería.

Esto se notaba el principio de la matanza.

Pero a medida que adelantaba, la perspectiva variaba; los grupos se deshacían, venían a formarse tomando diversas aptitudes y se desparramaban corriendo como si en medio de ellos cayese alguna bala perdida o asomase la quijada de algún encolerizado mastín.

Esto era, que ínter el carnicero en un grupo descuartizaba a golpe de hacha, colgaba en otro los cuartos en los ganchos a su carreta, despellejaba en éste, sacaba el sebo en aquél, de entre la chusma que ojeaba y aguardaba la presa de achura salía, de cuando en cuando, una mugrienta mano a dar un tarascón con el cuchillo al sebo o a los cuartos de la res, lo que originaba gritos y explosión de cólera del carnicero y el continuo hervidero de los grupos, dichos y gritería descompasada de los muchachos.

Esteban Echeverría.
“Segunda carta a Pedro de Ángelis”. 1847.

Ver Generación del 37

Batalla de Pavón y la derrota de la Confederación Argentina

Batalla de Pavón – Derrota de la Confederación Argentina: Plan de Mitre y Urquiza

La batalla de Pavón señala el fin de la Confederación Argentina y pone en manos de los hombres del partido liberal porteño los resortes de la conducción nacional. Mitre será el primer presidente que gobierne sobre todo el territorio de la nación.

El grupo dirigente buscará concretar en la república un ideal civilizador, procurará terminar con la oposición de la montonera reducir al indio y desarrollar la economía. El ferrocarril, el telégrafo, la difusión de la enseñanza, la inmigración y un poder ejercido con criterio centralista fueron las herramientas fundamentales del quehacer que transformó al país.

ETAPA I: El triunfo de Buenos Aires sobre la Confederación

Valentín Alsina —gobernador de Buenos Aires desde 1857—La tensión entre Buenos Aires y la Confederación aumentó a medida que se acercaba el final del mandato constitucional del presidente Urquiza.

Los porteños se proponían lograr la incorporación de las provincias interiores a un Estado centralizado por Buenos Aires, y establecieron alianzas para que quien fuera elegido nuevo presidente de la Confederación favoreciera ese objetivo. La intervención del gobierno federal obstaculizó las negociaciones y estalló el conflicto.

Valentín Alsina —gobernador de Buenos Aires desde 1857— estableció un decreto que afectó todavía más el comercio de la Confederación: estableció que los productos del interior serían tratados en Buenos Aires sin ninguna diferencia con las mercaderías extranjeras.

Como respuesta, en mayo de 1859, el Congreso autorizó a Urquiza a “resolver la cuestión de la integridad nacional respecto de la provincia disidente de Buenos Aires por medio de negociaciones pacíficas o de la guerra, según lo aconsejaran las circunstancias. El 23 de octubre de 1859, el ejército confederado y el porteño se enfrentaron en Cepeda, y Urquiza obtuvo la victoria.

Después de la renuncia de Alsina —condición impuesta por Urquiza—, el 11 de noviembre de 1859, en San José de Flores, ambas partes firmaron un pacto. Buenos Aires se declaraba parte de la Confederación y se obligaba a aceptar y jurar solemnemente la Constitución Nacional de 1853, pero luego de que una Convención Provincial propusiera las reformas que la provincia consideraba indispensables.

Urquiza aceptó que las reformas propuestas fueran tratadas por una Convención Nacional convocada al efecto, con la condición de que Buenos Aires enviara sus diputados y aceptara la decisión de la Convención como definitiva.

En mayo de 1860, Mitre fue elegido gobernador de Buenos Aires y, desde ese cargo, desarrolló una política favorable a la unión. Pero el conflicto profundo entre Buenos Aires y la Confederación todavía no había sido resuelto.

ETAPA II Triunfo de Buenos Aires Sobre la Confederación:
 Mitre, gobernadorBuenos Aires se había comprometido —por el Pacto de San José de Flores— a respetar la elección de Santiago Derqui como nuevo presidente de la Confederación.

Pero en los meses que siguieron a Cepeda, el gobierno porteño aprovechó las fisuras entre Derqui y Urguiza y reinició las negociaciones con las provincias interiores.

Finalmente, las luchas desatadas para imponer los diputados de cada grupo hicieron fracasar la reunión de la Convención, y comenzaron los preparativos para la guerra.

El 17 de noviembre de 1861, los dos ejércitos se enfrentaron cerca del Arroyo del Medio, en los campos de Pavón. El combate terminó sorpresivamente cuando Urquiza se retiró del campo de batalla sin haber sido vencido por el ejercito de Mitre.

Meses después Derquí renunció del gobierno federal quedó vacante hasta que, en enero de 1862, Mitre —corno gobernador de Buenos Aires— asumió provisionalmente nacional con el acuerdo de Urquiza

El triunfo de Mitre —asegurado por las campañas militares en apoyo de los grupos liberales del interior— había significado la aceptación por parte del conjunto de las provincias interiores de la dirección de Buenos Aires en el proceso de centralización del Estado.

Pero quedaba pendiente todavÍa la subordinación al proyecto nacionalista —liderado por Mitre en alianza con otros jefes provinciales— de los autonomistas bonaerenses más intransigentes.

Los autonomistas se negaban a la federalización de la ciudad de Buenos Aires, que debía ser la sede del gobierno federal. La solución de compromiso alcanzada —la presencia del gobierno federal en la ciudad como invitado del gobierno provincial— mantuvo el conflicto sin resolver durante años.

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz y
Enciclopedia del Estudiante Historia Argentina

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El plan de Mitre después de Pavón
La victoria de Pavón abría para Mitre perspectivas ilimitadas y responsabilidades inmediatas. Gobernador de Buenos Aires y general en jefe del Ejército vencedor, tenía que realizar en los hechos los principios de una política a que tenazmente había entregado su vida.

Cuando el general Urquiza venció a la tiranía, Mitre discrepó con los medios arbitrados por el libertador para realizar la organización constitucional del país.

Desde las columnas de Los Debates, periódico que fundó para exponer sus ¡deas y hacer propaganda por el triunfo de ellas, expuso razonadamente su manera de encarar el problema nacional.

No hubo en su prédica nada de personal, como no lo hubo en su palabra inflamada de diputado del pueblo, cuando disintió fundamentalmente con la política del general Urquiza a raíz de su triunfo sobre Rosas.

Pero cuando fue necesario, combatió con las armas por los mismos principios que en más de un momento creyó que podía hacer triunfar en el campo pacífico de las ideas. […]

Ciertamente tenía su plan. Lo había madurado día a día. Podría asegurarse también sin temor de errar que a nadie lo habría comunicado porque bien sabía cuan estéril es adelantar soluciones antes de tiempo.

Se explica así que el gobierno delegado pensara de inmediato en la necesidad de hacerle llegar soluciones sobre la política a seguir, y también sobre las operaciones militares que el general en jefe vencedor había de realizar para hacer efectiva aquella política. Los puntos de vista respectivos fueron diametralmen-te opuestos.

El gobierno delegado de Buenos Aires pensaba en cuanto a la forma de hacer práctica la unión nacional, que el general Mitre debía declarar caducas las autoridades federales e invitar al pueblo de toda la República a enviar diputados a una convención general para que decidiera sobre la suerte común,»quedando entretanto los pueble; en estado constituyente».

Tal solución importaba desde luego dejar sin efectos reales los pactos de 11 de noviembre de 1859 y de 6 de junio de 1860, y lo que es más grave dar por no existente la Constitución Nacional.  El general Mitre no podía aceptar ni por ur instante tales soluciones, que eran la rectificación violenta de una política perseverantemente seguida por Buenos Aires desde e día siguiente de Caseros. […]

La Constitución era para el general Mitre el único vínculo moral que unía a Buenos A ires con las demás provincias. Desconocerla era no sólo contrariar el fundamento de la actitud guerrera de Buenos Aires sino tambie-adoptar una política completamente contri-ría a los objetos de la contienda.

Mariano deVedia y Mitre Historia de la Nación Argentina

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PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA I
Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, Nota de Ana Wilde

Tras seis meses de sitio, Buenos Aires venció a la Confederación. El 13 de julio de 1853, Ur-quiza y Lagos tuvieron que reconocer la segregación de hecho de esta provincia.

El conflicto había estallado a comienzos de diciembre de 1852, en contra de la política secesionista del gobernador Valentín Alsina. Su decisión de invadir Entre Ríos para atacar a Justo José de Urquiza e interrumpir su iniciativa constitucional precipitó el levantamiento del comandante porteño Hilario Lagos, que sumó importantes sectores de la campaña. Estos habían apoyado al movimiento de septiembre en defensa de la autonomía provincial, pero no acordaban en iniciar un conflicto generalizado para obtener el dominio del proceso constituyente.

La convocatoria de Lagos fue extensa y logró sitiar Buenos Aires prácticamente sin combatir, fracturó el frente interno antiurquicista entre Bartolomé Mitre y Alsina y provocó la renuncia de este último. No obstante, las negociaciones fueron infructuosas y se complicaron con la intervención de Urquiza a favor de Lagos y la sanción de una constitución que establecía la entrega de la Aduana al Estado nacional. La ciudad se mantuvo intransigente, podía continuar resistiendo el sitio.

En cambio, sus oponentes estaban debilitados. Era época de cosecha y las fuerzas de Lagos eran gente de campo, además, se les adeudaba a muchos militares. Esto los hacía vulnerables al arma más poderosa de los por teños, que era, a su vez, el punto más débil do la Confederación: el dinero. Los sitiados iniciaron una exitosa campaña de sobornos que dejó a lan fuerzas federales sin escuadra y sin tropas.

El levantamiento de Lagos puede considerarse un ejemplo emblemático de la oposición nutre porteños y provincianos. Gran parto do Ioh bonaerenses sintió que Urquiza y sus partidarios los despojaban de lo que creían eran sus legítimos derechos: el manejo exclusivo del puerto y sus rentas, recursos que en esta oportunidad determinaron su victoria.

Los federales, en cambio, estimaban que una organización nacional y federal implicaba igual representación por provincia, federalización de la Aduana y capitalización de Buenos Aires. En líneas generales, Lagos promovió estos objetivos al grito de paz y unión. Su iniciativa fracasó pero el triunfo de Buenos Aires tampoco fue completo, ya que la Constitución Nacional consagró legalmente sus peores temores.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA II
Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

El 11 de septiembre se produjo en Buenos Aires una revolución como reacción de la provincia ante las imposiciones de Justo José de Urquiza. La legislatura de Buenos Aires inició un debate sobre los alcances del acuerdo. Bartolomé Mitre y Dalmacio Vélez Sársfield hablaron por la oposición; la defensa estuvo a cargo de Vicente Fidel López. El acuerdo fue rechazado el 23 de junio.

La crisis provocada por el rechazo porteño al Acuerdo de San Nicolás y la renuncia del gobernador produjeron la intervención personal de Urquiza, quien disolvió la Junta de Representantes, clausuró los periódicos opositores y ordenó que los diputados Vélez Sársfield, Mitre, Ortiz Vélez y Pórtela abandonaran Buenos Aires. Estas medidas provocaron la reacción de los opositores, que pusieron en marcha una revolución liderada por Valentín Alsina y, como jefe militar, el general Piran.

El objetivo de los revolucionarios fue recuperar el ejercicio de la soberanía provincial. El 11 de septiembre la Junta de Representantes eligió como gobernador provisorio a su presidente, el general Pinto. El 31 de octubre Buenos Aires constituyó un gobierno provisorio nombrando H como gobernador titular a Valentín Alsina.

PROTOCOLO DE PALERMO: El 6 de abril Justo José de Urquiza reunió en Palermo a los gobernadores de Buenos Aires y de Corrientes y al representante de Santa Fe, quienes, junto a la representación de Entre Ríos, acordaron lo siguiente: «Queda autorizado el expresado Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre Ríos, General en Jefe del Ejército Aliado Libertador, Brigadier don Justo José de Urquiza, para dirigir las Relaciones Exteriores de la República, hasta tanto que, reunido el Congreso Nacional, se establezca el Poder a quien compete al ejercicio de este cargo».

Por primera vez estas facultades no estaban en manos de un gobernador porteño. El Protocolo de Palermo fue firmado por los representantes de Santa Fe, Manuel Leiva, de Corrientes, Benjamín Virasoro y de Buenos Aires, Vicente López y Planes.

Ver: La Organización Nacional de Argentina