Características Sociedad Feudal

Ricas y Poderosas Familias Italianas del Renacimiento Los Papas

RICAS Y PODEROSAS FAMILIAS ITALIANAS DEL RENACIMIENTO

A partir del siglo XV, la estructura de la sociedad feudal (los que oran los que trabajan y los que guerrean) se va transformando gradualmente. Entre los dos estamentos medievales mas importantes comenzó a surgir un tipo de individuos que, por vivir en los burgos (ciudades), fueron llamados burgueses. La producción artesanal y el comercio les proporcionó un cierto enriquecimiento, que a partir del siglo XII tendrá dos consecuencias bien visibles. La primera es el surgimiento de «ciudades-estado» o «comunas» que llegan a ser dominadas por comerciantes, como ocurrió en la Antigüedad.

Son las ciudades del Norte de Alemania y de los Países Bajos (las ciudades de la Hansa, Amberes, Brujas,, etc.) y, después, las del Norte y Centro de la actual Italia: Florencia, Siena, Milán, etcétera. La segunda es el préstamo de parte de la riqueza acumulada por muchos de ellos a los soberanos de algunos viejos reinos feudales, como el de Francia. Estos monarcas habrán de utilizar las fortunas burguesas para fortalecer la corona y el Estado.

Negocios con el Dinero: la Banca. Las rápidas y crecientes operaciones comerciales llevaron a las ciudades italianas del Norte (Florencia especialmente) a saldar sus operaciones mediante letras de cambio, y la aparición de banqueros que recibían depósitos y efectuaban préstamos sobre prendas e hipotecas, o aseguraban navíos, se hizo expediente común en las operaciones comerciales. La banca florentina extendió sus operaciones a todo el Occidente cristiano, y la Santa Sede no permaneció ajena en modo alguno a esta política bancada, que tendría una influencia recíproca sobre la actividad industrial.

Si se considera el robustecimiento de los Estados nacionales, el papel reservado al capital resulta más revelador. Los Estados, cada vez más necesitados de numerario para hacer frente a sus empresas militares o financieras, recurrieron a la banca internacional: banqueros italianos, en Inglaterra, Países Bajos o Francia; judíos portugueses convertidos, en Alemania; los Fugger para los Habsburgos, etcétera.

La mayor contribución de las postrimerías medievales al nacimiento del capitalismo moderno estuvo constituida, sin duda, por el desarrollo en la organización de las transacciones de moneda extranjera y por los progresos de la técnica bancaria, evidenciados por las casas de Genova y Florencia, que extendieron sus agencias por todos los confines. Por otra parte, no existía una moneda definida, sino monedas metálicas con su dominio de acción fijado. El oro correspondía al nivel superior; el cobre, a la vida cotidiana de los humildes, y la plata era de amplia circulación en la vida normal. Se trataba de un trimetalismo sin relaciones fijas de los valores respectivos, verdadera herramienta y «motor» del capitalismo de tipo comercial.

En el siglo siguiente se crearon los grandes bancos públicos, que permitieron la utilización generalizada del papel moneda, dotando así a la economía de intercambio de un instrumento flexible v adecuado.

PRÍNCIPES, MERCADERES, BANQUEROS Y PARLAMENTOS
En los despachos de los mercaderes se acumulan monedas de oro y de plata. Dinero que en toda Europa es aceptado a cambio de bienes y servicios. Al comienzo, los comerciantes italianos de la Baja Edad Media son tímidos y respetan a los señores feudales. Pagan derechos de peaje para cruzar sus feudos e impuestos para comerciar en sus tierras. Mas, a medida que hacen fortuna, contratan guardaespaldas para que los acompañen en sus viajes, dando con ello origen a pequeñas milicias particulares.

Van percibiendo su fuerza, dejan de pagar derechos a los señores más débiles, los expulsan de la ciudad, eligen para gobernarla a gente de su confianza y crean concejos ciudadanos. Los burgos bien fortificados, defendidos por milicias permanentes y bien pagas (al contrario de las feudales),con dinero para comprar informaciones y conciencias, se convierten en verdaderas potencias que escapan del control de los nobles y con las cuales el rey, a veces, se alía.

Ese capitalismo inicial, que se puede llamar protocapitalismo (otros lo denominan «capitalismo aventurero») nacido del comercio, las industrias incipientes, los préstamos de dinero y la navegación ultramarina, es el principal responsable del gran florecimiento del arte y la cultura conocido como Renacimiento italiano.

En las ciudades, los ricos banqueros que constituyen la cúspide de este grupo circulan entre el pueblo, rodeados por sus guardias personales, y con frecuencia sus espadachines se trenzan en luchas sangrientas por el dominio del pequeño «Estado». Cuando alguno de ellos, o sus familias, llegan a controlar una «Ciudad-Estado», se transforman en señores, duques y príncipes que imitan a la nobleza hereditaria, pero su origen es otro, como es otra la fuente de su
poderío: el dinero y no las batallas.

Estamos en la época de las señorías, «principados» independientes donde adquieren fama duques como Lorenzo, el Magnífico, de la familia Medicis, primero comerciantes, después industriales, más tarde banqueros, incluso de la Santa Sede; Ludovico, el Moro, de la familia Sforza; y condottieri (jefes guerreros mercenarios) como Gattamelata, Giovanni dalle Bande Nere, Ferruccio Castracani. Hombres que se hacen por el dinero, por la intriga y por la fuerza; semejantes a cometas resplandecientes surgidos de la nada que cruzan rápidos el firmamento político y cultural y caen asesinados, envenenados o depuestos por aventureros igualmente audaces. Con ellos, concluye la inmovilidad medieval y ansias de cambio transforman la sociedad.

El dinero no debe ser atesorado. Debe ser invertido para producir más dinero y más poder. Hasta entonces, esos banqueros comerciaban y se inmiscuían solamente en la política «casera». Pero ocurrió que sus fortunas crecieron tanto que comenzaron a ser empleadas en la política exterior.

PODER CENTRALIZADO, ORIGEN DE LOS ESTADOS NACIONALES
Francia es un buen ejemplo de un reino feudal que se transforma gradualmente en monarquía centralizada.
Filiales de bancos italianos en París financiaron al Rey Felipe el Hermoso. Con esas sumas, Su Majestad pudo sostener grandes ejércitos semipermanentes, tornarse menos dependiente de los grandes nobles y destruir el poder de sus rivales. La Orden de los Templarios, instituto religioso-militar con casas en muchos de los países católicos de entonces, y de gran riqueza, había sido aniquilada. Sus bienes fueron absorbidos en parte por el Tesoro real, y en parte por las cajas fuertes de los banqueros lombardos.

Después Felipe se volvió contra sus pares y les impuso la voluntad de la corona. Pero no empleaba sólo dinero de afuera; el comercio se estaba expandiendo en la propia Francia. El rey había impulsado su desarrollo, protegiendo a los burgueses franceses y extranjeros que negociaban en sus dominios.

Al beneficiarlos, dispone de una fuente permanente de recursos para acrecentar su poder: los burgueses son gente que le presta dinero, que paga impuestos y lucha por él. Dos de sus principales ministros son burgueses ennoblecidos. Y más aún: fortalece una institución reciente, el parlamento (en Francia, tribunal judicial) de los burgueses, favorece el ascenso de legistas y otros burgueses y robustece la representación de las ciudades —el «Estado llano»— en los Estados Generales. Así, además de los dos «Estados» existentes —de los nobles y de los eclesiásticos, que se reúnen en asambleas propias— se fortalece el «Tercer Estado», que tendrá enorme importancia en la historia de Francia y del mundo.

Mas, para beneficiar a los burgueses, el rey tiene que perjudicar a los nobles. Los burgueses voluntariamente pagan impuestos, a cambio de que él los proteja del arbitrio local de los señores feudales. Por eso el rey anula las leyes basadas en costumbres locales y crea una legislación única que sirva para todo el país. Todo cuanto perjudica al comercio, fuente de rentas para la corona —peaje sobre .ciertos territorios, asaltos que los nobles cometen contra los comerciantes—, debe ser juzgado por tribunales de la corona y no por tribunales locales, donde los propios nobles son jueces.

Al ejército semipermanente del rey se añade una hacienda centralizada y una máquina judicial uniforme en escala nacional: es el embrión de un Estado en el cual la corona será el arbitro absoluto.

Una reforma tan amplia no podría realizarse sin la lucha de varias generaciones. Los señores feudales se sienten dejados de lado y heridos en sus intereses. Al morir Felipe el Hermoso, la liga de los grandes nobles asume el poder lanzando como lema el «regreso a los usos de San Luis», esto es, la vuelta a las costumbres feudales. Pero poco duró esa «contrarrevolución».

Los nuevos soberanos no podían gobernar a Francia sin tener en cuenta la enorme riqueza que el comercio iba creando. Cualquier noble que asuma el papel de rey, incluso con la finalidad de «dar una lección a esos labriegos», precisará luego de su dinero no sólo para hacerse independiente de sus rivales sino también para expandir el poderío del Estado. Francia será el primer poder centralizado que la Iglesia enfrentará en Europa. A ella seguirán Bohemia, España, Inglaterra y Holanda. En lugar de integrar un gran «imperio» paneuropeo, realización abortada de Carlos V, preparada por su abuelo’ Maximiliano, se convierten en Estados nacionales con intereses particulares.

Los emperadores de viejo estilo, tan característicos del Sacro Imperio, no habían encontrado una sólida base en que apoyarse; los nuevos soberanos nacionales disponen de una clase social interesada en ayudarlos. Y, cuando la Iglesia, como los grandes nobles, resiste al poder real, se expropian los bienes de la Santa Sede y se interviene en la organización de la jerarquía eclesiástica para someterla a la monarquía absoluta. Es el fin de los sueños de soberanía mundial, no sólo de los emperadores, sino también de los papas, y el principio del Estado nacional moderno.

El proceso que se inicia con la muerte de los Templarios y que obligó a los papas a vivir casi un siglo en Aviñón, bajo la tutela del rey de Francia, se concretará en los grandes cismas, que terminarán por dar origen a las Iglesias nacionales del tipo de la anglicana (de Enrique VIII), a los movimientos de protesta social y autonomía religiosa, como la rebelión hussita o la anabaptista, al luteranismo y al calvinismo de Francia, Suiza, Holanda, Escocia, etc.

ALGO MAS…
LOS BANQUEROS MÁS GRANDES DEL MUNDO

En el lenguaje bancario es muy común utilizar vocablos italianos como: banco, débito, caja, cuenta, cuenta corriente, descuento neto, etcétera. Estos términos fueron creados y difundidos por los grandes financieros italianos que en los siglos XIII, XIV y XV ejercieron actividades bancarias con una riqueza de medios y una técnica tan avanzada, que hasta ese momento no se habían visto.

El centro de la finanza era la ciudad de Florencia. En el siglo XIV había en esta ciudad no menos de cien compañías financieras, con decenas de filiales y centenares de agentes esparcidos por toda Europa occidental. Los Bardi, los Peruzzi, los Strozzi, los Pitti, los Médicis, los Alberti, los Acciaiuoli, eran banqueros florentinos. Pero también debemos Recordar a los Bonsignori y los Frescobaldi, de Siena; los Pisani y ios Tiépolo, de Venecia.

Como se ve por los nombres, se trataba, en su mayoría, de sociedades familiares, es decir, poseídas y dirigidas por los miembros de familias enriquecidas con el comercio. ¿Qué actividad desarrollaban estas bancas?

mercader aleman del renacimientoEn primer lugar facilitaban los pagos y todos los cambios de dinero, instituyendo cuentas corrientes, realizando operaciones de giro, y permitiendo los pagos a distancia por medio de cheques y letras. De este modo, los mercaderes-viajantes dejaban de viajar llevando consigo grandes cantidades de dinero, y evitaban así el peligro de ser robados. Exhibiendo una simple hoja de papel, retiraban en la filial de la banca el dinero necesario, que era luego descontado de sus depósitos existentes en la casa matriz.

Mercader alemán que operó en Milán en el siglo XVI.

En la práctica, casi todas las operaciones financieras desarrolladas por un banco moderno eran realizadas también por estas bancas de hace cinco siglos, que no disponían de calculadoras electrónicas, pero que, no obstante, conocían perfectamente el sistema de «partida doble», y otros métodos avanzados de teneduría de libros contables.

Además de esto, esas bancas acaparaban por intermedio de sus agentes, en la mayoría de los mercados internacionales de Europa, todos los negocios en los cuales hubiera posibilidades de grandes ganancias, como ser: importaciones en Italia de lanas y tejidos, exportación de trigo de Apulia y Sicilia y de productos orientales, seguros, cambio de valores, armamento y flete de barcos. Pero el aspecto más espectacular de las actividades de estas bancas fueron los préstamos.

Que una banca prestara sumas de dinero a la administración del Estado era una cosa normal, y constituía para el rico banquero una forma de prepararse el camino al señorío sobre la ciudad. Pero pronto recurrieron a las bancas, para obtener financiaciones, los príncipes de otros Estados, y hasta los reyes de Francia e Inglaterra, que se hallaban en permanente necesidad de dinero para mantener sus ejércitos. Y así, los ciudadanos de Florencia comenzaron a prestar dinero a los reyes.

En 1435 prestaron a Eduardo III de Inglaterra un millón trescientos setenta y cinco mil florines… que el rey nunca pudo devolver. Sin embargo, cuando Eduardo IV pidió un nuevo empréstito a Cosme de Médicis, éste se lo concedió, y le fue devuelto el dinero junto con apoyo político.

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Mecenas del Renacimiento Movimiento Cultural Europeo

LOS MECENAS Y LOS ARTISTAS EN
EL RENACIMIENTO EUROPEO

Con las grandes familias italianas del Renacimiento, como los Medici en Florencia, los Gonzaga en Mantua y los Montefeltro en Ferrara, el mecenazgo artístico, acrecentado después de la Antigüedad, experimentó un desarrollo particular. En el norte de Europa también se manifestó de diferentes maneras.

Durante la Edad Media, los príncipes y las poderosas familias de banqueros y notables contribuyeron significativamente al encargo de obras artísticas, cuyo principal destino eran los edificios religiosos. En el Renacimiento, la realización de obras artísticas a pedido no disminuyó. Sin embargo, con el crecimiento de los poderes locales se desarrolló un nuevo tipo de mecenazgo que buscaba formar colecciones privadas de obras y participar en el esfuerzo colectivo por embellecer las ciudades.

El apropiarse de un arte de valor permitía a los mecenas revestirse de un aura similar a la de los soberanos de la Antigüedad con sus artistas oficiales, como Alejandro el Grande con Apeles o Demetrio con Protogenes.

Durante el Renacimiento, los artistas comenzaron a ser reconocidos por su talento individual y no sólo como buenos artesanos. Hasta ese momento ni siquiera había un gremio que agrupara a los pintores, quienes pertenecían al de los boticarios porque mezclaban las pinturas al igual que aquéllos lo hacían con las drogas. Los escultores pertenecían al de los albañiles.

Los gremios fijaban el precio de un trabajo y la persona que lo encargaba elegía el tema y los materiales para construirlo. El cliente esperaba que el trabajo fuese hecho exactamente como él quería, por eso el artista no tenía muchas posibilidades de experimentar sus propias ideas.

Sin embargo, con el apoyo de los mecenas adinerados, como los Medici, ciertos artistas pudieron liberarse de los trabajos tan monótonos que les proporcionaba el gremio.

A la gente le costó bastante aprender a distinguir a un artista de un artesano. Al principio hasta al propio mecenas Cosimo de Medici le fue difícil. Se dice que convenció al escultor Donatello de que usara un uniforme, porque no le gustaban las ropas que vestía. A los pocos días, Donatello se quejó de que era indigno y rehusó seguir usándolo. En otra oportunidad, el artista rompió una cabeza que había esculpido, furioso por el precio que le ofrecía el comerciante que le había encargado la obra, y que Donatello consideraba demasiado bajo.

Destacados Hombres del Renacimiento Comenzó a conocerse cuál era el temperamento especial de los artistas. Cuando Isabella d’Este esperaba impaciente una pintura de Giovanni Bellini, le advirtieron que se acostumbrara a la fantasía de lo que él estaba haciendo, ya que no le gustaba que pusieran límites muy rígidos a su estilo.

En otra ocasión, los integrantes del monasterio para el cual Leonardo da Vinci estaba pintando La Ultima Cena se quejaron de que parecía usar más tiempo mirando la pintura que trabajando, Leonardo les explicó, algo irritado, que un genio trabaja tan duramente mientras piensa como mientras pinta.

Pero para mucha gente todavía seguía siendo difícil aceptar el valor del artista. La familia de Miguel Ángel, que era muy respetable, se avergonzó muchísimo cuando el anunció que quería ser escultor. El propio Lorenzo de Medici tuvo que convencerlos de que su hijo iba a ser algo más importante que un simple picapedrero.

Con el correr del tiempo, los artistas obtuvieron el respeto y la amistad de los príncipes y de los Papas. Ticiano por ejemplo, fue nombrado caballero por Carlos V, por haber pintado su retrato. Los príncipes comenzaron a enviar a los artistas al extranjero para hacer alarde de su talento y difundir la fama de sus cortes. Los artistas viajaban de un país a otro, siendo bienvenidos por los mecenas en todas las cortes.

Leonardo y el orfebre Benvenuto Cellini trabajaron en Francia, además de hacerlo en Italia. Otros artistas italianos visitaron Moscú, España, Alemania, Holanda e Inglaterra. Durero, que viajó de Alemania a Italia, descubrió que allí era aun más popular que en su propia tierra.

El hecho de que Durero firmara sus cuadros, demuestra que se consideraba al artista tan importante como a su propia obra de arte. Se interesaban por ellos como personas. Mientras Miguel Ángel vivía aún, Vasari escribió su famoso libro, Vidas de los artistas. Cellini escribió la historia de su propia vida, en la que se revela satisfecho de sí mismo y se felicita por su obra.

El mejoramiento de su posición social permitió a los artistas experimentar nuevas técnicas y estilos. Había más interés en el cuerpo humano, en la perspectiva y en el paisaje. Probaron el uso de las pinturas al óleo en lugar de la tempera, que se preparaba mezclando los colores con yema de huevo. Los artistas venecianos usaban capas de pintura y hacían que los colores surgieran con brillantez a través de ellas. Leonardo empleó una técnica de sombreado llamada esfumado.

Durante los años 1460, Fiero della Francesca trabajó en Urbino para el duque y condotiero Federico II de Montefeltro, quien hizo de su corte el centro de una vida refinada y artística. Este esplendor continuó durante el reinado de su hijo Guidobaldo y sirvió de modelo a Baldassare Castiglione para su tratado del Cortesano.

Arte y poder en Italia

Si las ricas familias del Renacimiento sacaron provecho del mecenazgo para exhibir su poder, los artistas se beneficiaron de los efectos sociales y económicos de esta situación: encontraron en las grandes bibliotecas, en las ricas colecciones de antigüedades y en las escuelas o academias de sus protectores espacios culturales y fuentes de emulación.

A lo largo del siglo XV, los artistas se fueron distanciando progresivamente de su condición original, el artesanado, y se integraron a las cortes de los nuevos príncipes. Lorenzo de Medici fue un ejemplo emblemático de este modelo: se rodeó de sabios, poetas y artistas de todas las disciplinas, entre ellos, Miguel Ángel. Organizador de torneos, fiestas y desfiles como los que celebraron la boda de Beatriz de Este con Ludovico Sforza, Leonardo da Vinci encarnó la figura del artista universal y amigo de los poderosos.

El arte se situó así al mismo nivel de las artes liberales, como la filosofía, la retórica o la geometría. En el libro mayor de la historia del arte de Giorgio Vasari (La vida de los grandes pintoreó, escultores y arquitectos italianos […], 1550), el esquema biográfico más repetido del joven pastor (Giotto, Beccafumi) cuyo talento era descubierto por un pintor, y que termina superando al maestro y ligado a un noble local, acentuó el rol fundamental del mecenazgo en la consolidación de numerosos artistas italianos.

A fines del siglo XV, Roma era el principal centro de encargos en Italia. Así, durante el reinado de Sixto IV la corte papal congregó a numerosos artistas, convirtiéndose en un modelo de mecenazgo en Europa. El papa enriqueció la biblioteca del Vaticano e hizo construir la Capilla Sixtina, en cuya decoración participaron artistas florentinos tales como Botticelli y Domenico Ghirlandaio, así como artistas originarios de Umbría, como Perugino o Signorelli.

El ejemplo del norte de Europa

La expansión de las burguesías locales y el desarrollo del protestantismo en los Países Bajos y en ciertas regiones de Alemania redujeron notablemente el encargo religioso. Esta situación incitó a los artistas a buscar la protección de los notables locales. Las obras, concentradas en las residencias burguesas, ya no servían necesariamente para afirmar un poder político o un status social, sino que tenían una función decorativa; así se fueron ampliando a otros géneros, como la naturaleza muerta y el paisaje. Los artistas encontraron en ello un espacio de libertad abierto a nuevas búsquedas formales.

Una familia de mecenas. Este fresco conmemora el concilio de 1439, en Florencia, auspiciado por Cosme el Anciano para intentar la reunificación de las iglesias de Oriente y Occidente. Entre las personalidades de alto rango representadas, además del emperador de Oriente, se aprecia, en primer plano, a Lorenzo el Magnífico, digno heredero de Cosme, que encarna el modelo de príncipe del Renacimiento: fastuoso, generoso, poeta y protector de artistas, sabios y humanistas. Gozzoli incorporó su autorretrato en la parte izquierda del cortejo, con su firma en el tocado y la mirada fija en el espectador.

La puesta en escena del poder. Gozzoli, asistente de Lorenzo Ghiberti y Era Angélico, pintó los personajes en un espacio que resume las primeras experiencias de la construcción en perspectiva y la herencia de las tapicerías góticas. Las figuras no están apartadas del episodio bíblico representado, sino al interior de la narración, como una metáfora de las aspiraciones de la familia Medid al poder.

 

Un retrato apologético. Este retrato formó parte de un díptico cuyo segundo panel representa a Battista Sforza, la esposa del duque. La figura de Federico de Montefeltro se recorta sobre las colinas de Montefeltro, a la manera de las efigies imperiales o reales en las medallas antiguas, conjugando los detalles realistas (nariz fracturada en combate, verruga, arrugas) con la estilización, lo que transformó este retrato en un icono. La pose estática ligada al naturalismo de la representación fue tomada de la pintura flamenca.