Carlos IV de España

Biografia de Manuel Godoy Ministro Amante de la Reina

Biografia de Manuel Godoy Ministro Español Amante de la Reina

MANUEL GODOY (1767-1851): Durante más de quince años, de noviembre de 1793 a marzo de 1808, Manuel Godoy fue el arbitro de los destinos de la monarquía española.

En él recayó el peso del gobierno en una de las épocas más difíciles para todas las monarquías de Europa: la de las guerras de la Revolución francesa y del Imperio napoleónico.

Manuel Godoy

Apoyado incondicionalmente por Carlos IV y la reina María Luisa de Parma, Godoy se libró a la tarea de salvar la nave del Estado con una inteligencia natural no despreciable, pero sin ninguna formación cultural o política.

Ambicioso del poder, su único objetivo fue medrar y perpetuarse en él. Sus ideas políticas no fueron muy claras, excepto las de reconocer la fuerza de Francia y someterse de buen grado a las exigencias de la Convención, del Directorio y del Consulado.

En esta traición a las esencias de la legitimidad, habría podido salvar la monarquía de España y su Imperio colonial ante las acechanzas de Inglaterra, si hubiese tenido la voluntad firme de llegar a conseguir esta meta.

Pero de la documentación hasta hoy exhumada, nada de esto parece desprenderse con claridad, tal vez con excepción del propósito de reconquistar Gibraltar.

En todo caso, la perspectiva histórica nos presenta a Godoy como un instrumento más de la diplomacia francesa de la época.

Manuel Godoy Alvarez de Faria había nacido en Badajoz, en el seno de una familia de la pequeña aristocracia local, el ig de mayo de 1767.

A los diecisiete años entró en el cuerpo de guardias de corps de la corte real, en cuyo servicio logró cautivar por su juventud y sus maneras despejadas el corazón de María Luisa de Parma, esposa del príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV. De aquí le provino el valimiento.

En pocos años, de 1788 a 1792, hizo una carrera rapidísima: ascendió en el ejército y, en 1792, fuenombrado duque de Alcudia y ministro.

Después de derribar al conde de Floridablanca del poder, sirviéndose de Aranda, provocó la dimisión del aragonés. El 15 de noviembre de 1792 ocupaba la secretaría de Estado.

Su gestión ministerial empezó dirigiendo la lucha de España contra la Convención a raíz de la ejecución de Luis XVI (1793).

Después de una brillante campaña inicial en el Rosellón, el ejército español sufrió varias derrotas (1794).

Estos reveses, junto con el panorama militar general, desfavorable para la primera Coalición, decidieron a Godoy a firmar la paz con la Convención (tratado de Basilea, 1795), que le valió grandísimos honores y el título de príncipe de la Paz. Realmente, nada se puede criticar al favorito, pues lo mismo había hecho Prusia.

Pero así como Federico Guillermo III supo mantener una neutralidad prudente, Godoy no vaciló en acatar el poder del astro de Europa, y el 18 de agosto de 1796 concertó la alianza de San Ildefonso con la potencia que hacía un año era todavía la irreconciliable adversaria de España.

Este tratado pesó gravemente sobre el destino del país. Consecuencias inmediatas del mismo fueron la guerra contra Inglaterra, la derrota naval del cabo de San Vicente y la pérdida de la isla Trinidad (1797). A mayor abundamiento, Francia se mostraba dispuesta a negligir los intereses de España a la menor oportunidad.

En estas circunstancias, Godoy fue separado del gobierno el 28 de marzo de 1798.

Pero regresó al cabo de poco tiempo. A fines de 1800 se encargó de nuevo del gobierno. Sus orientaciones políticas no cambiaron.

Al servicio de Francia, representada ahora por Bonaparte, dirigió una campaña contra Portugal, denominada guerra de las Naranjas (1801), cuyo resultado fue la incorporación formal de Olivenza al territorio español.

Los intereses de la monarquía fueron descuidados por Napoleón en Amiens (1802), lo que no fue óbice para que el príncipe de la Paz se aferrara a la alianza francesa e interviniera en un nuevo conflicto con Inglaterra (1804), cuyos resultados inmediatos fueron la batalla de Trafalgar (1805) y el sacrificio de las aspiraciones navales de España.

Estos fracasos hicieron crecer en la corte un partido adverso a Godoy, acaudillado por el príncipe de Asturias. Para hacer frente a sus planes, el omnipotente ministro secundó aun más a ciegas los proyectos de Napoleón, como se reveló en el tratado de Fontainebleau (1807).

Por él, Godoy obtenía, en la futura desmembración de Portugal, las dos provincias meridionales; pero al autorizar el paso de las tropas francesas por España, hacía posible la invasión de esta nación por Bonaparte. La situación política se hizo irrespirable.

El príncipe de Asturias fue detenido por conspiración contra Godoy y Carlos IV (28 de octubre de 1807). Fruto de la irascibilidad de los espíritus fue el motín de Aranjuez (17 de mayo de 1808): Godoy fue exonerado del cargo, encarcelado y privado de todos sus honores y prebendas.

Napoleón devolvióle la libertad. Trasladado a Bayona, compartió el destierro de Carlos IV en París y Roma. A la muerte de éste (1819}, intentó reivindicar sus posesiones en España, sin lograrlo.

Vivió algún tiempo con una pensión que le otorgó Luis Felipe de Francia. En 1847, Isabel II, a instancias de Mesonero Romanos, rehabilitó algunos de sus títulos. El príncipe de la Paz murió en París (4 de octubre de 1851).

AMPLIACION DEL TEMA:

Favorito Real en España:Debido a su habilidad con el sexo opuesto, a pesar de ser un gran inepto como estadista, llegó a manejar los mas serios asuntos políticos españoles, al conseguir el agrado y preferencia de la reina María Luisa de Parma.

ministro manuel godoy

Era un joven musculoso con una imagen llamativa, cuando fue asignado a la Guardia Real con solo 17 años. Era alto y extraordinariamente apuesto, con una piel entre cremosa y rosada y ojos oscuros y almendrados.

Pronto se vio envuelto en una docena de relaciones galantes con damas de la corte. En un determinado momento fue avistado por María Luisa de Parma, una notable sensualista, que era también la esposa del futuro rey de España.

La mujer era evidentemente muy poco atractiva, tenía ojos brillantes, piel cetrina y una boca amargada y dura, llena de dientes postizos. Era 16 años mayor que Godoy.

Su apariencia, sin embargo, no le había impedido tener un impresionante número de amantes, incluso antes de encontrar a este joven. Después, a pesar de que él fue el amor de su vida, también gozó de las atenciones de otros.

Todos en la corte española, conocían hasta los detalles más lujuriosos de esta relación. Claro, todos excepto su marido. Su esposa estaba ya bajo el fuerte hechizo de Godoy, en la época en que aquél asumió el trono como Carlos IV.

Con la venia de la reina, el joven oficial era ascendido un rango por mes, hasta que a los 21 años se convirtió en jefe de todas las fuerzas armadas españolas. Carlos IV no tenía dotes de mando.

Creció pensando en que nunca iba a tener que gobernar, pero cuando su hermano mayor fue eliminado de la sucesión, porque era imbécil, la corona cayó por descuido en él, que sólo era medio imbécil.

No solamente nunca sospechó la relación existente entre su mujer y Godoy, sino que le gustaba tanto el buen mozo y joven caballero como a ella.

Don Manuel era atrevido y se convirtió en hombre de confianza de la familia, un grupo de cretinos reales cuyos cuerpos hinchado» se conservan en los devastadores retratos de Goya.

A los 25 años fue hecho Primer Ministro y se enemistó rápidamente con Luis XVI de Francia. Pero luego, cuando cayó la Bastilla, buscó apaciguar a la nueva República Francesa y negoció el retorno de los Borbones.

Sugirió la restauración de la monarquía e instaurar una república en la isla de Santo Domingo; los revolucionarios, como respuesta, cortaron la cabeza de Luis XVI.

Excitado por el tratamiento que se le había dado al rey, un Borbón, España marchó a la guerra para tratar de suprimir el radicalismo francés de una vez por todas.

Sin embargo, en pocos mesen, las tropas francesas habían cruzado los Pirineos y Godoy pidió con rapidez la paz procurando complacer a Napoleón y esperando aliarse con sus enemigos anteriores. Sus esfuerzos dieron lugar a 12 años de guerra con Inglaterra y la aniquilación del poder naval español en Trafalgar.

Mientras tanto, el caballero había conseguido una amante estable y una esposa, además de conservar sus amores con la reina.

Ahora el Primer Ministro era «un hombre grande, robusto y grueso, con una piel de color rojo subido y un aspecto pesado, adormecido y sensual», según lo describe un observador.

En 1801 colaboró con Napoleón en la invasión a Portugal y, mientras él permanecía deleitándose aún con el sometimiento de su vecino, los franceses entraron en España y forzaron la abdicación de Carlos IV.

Godoy estuvo a punto de ser aniquilado por una muchedumbre encolerizada; luego fue citado en Bayona junto con Carlos y María Luisa por Napoleón, quien los recibió amablemente y los mandó al exilio. Se retiraron entonces a Roma, llevando consigo el séquito de Godoy: su esposa, su amante y los niños.

Mientras las guerras napoleónicas ardían y nuevas cabezas coronadas entraban y salían de España, el pequeño y despreciable grupo prolongó sus años en Italia. En 1819, Carlos y María Luisa murieron.

Godoy quedó solo, ya que el cortejo que lo acompañaba lo abandonó. Muchos años después, el nuevo monarca de España, la reina Isabel —que era casi con certeza la nieta de Godoy— le restituyó algunos de sus títulos. Pero aún era un hombre sin patria.

Encorvado y con una barba gris, se trasladó a París, donde fue visto en sus últimos años jugando con niños en Las Tullerías. Murió a los 84 años, completamente olvidado, en una tierra extraña.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

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Biografia de Carlos IV de España

Biografia de Carlos IV de España

No es siempre cierto el refrán «de tal palo, tal astilla». En el caso de Carlos IV, no puede haber más diferencia entre el temperamento y los gustos del padre, Carlos III, y los del hijo.

Aquél, ávido de saber y deseoso de gobernar y procurar el bien de sus subditos; éste, abúlico, bonachón, desinteresado de los asuntos del Estado y dejándose dominar, primero, por su esposa y sus favoritos, luego por su hijo, y, por último, por Bonaparte.

Rey Carlos IV de España Biografia

Goya, e incluso el mismo Vicente López, nos han legado unos retratos bastante elocuentes sobre el aspecto físico y el temple moral de Carlos IV.

Nacido el 12 de noviembre de 1748 en el palacio real de Pórtici, en Nápoles, Carlos era el segundo hijo varón de Carlos III y de María Josefa Amalia de Sajorna.

A los once años de edad ae trasladó a España con su padre, que acababa de heredar esta corona, y su hermano mayor, el príncipe Felipe, incapacitado para gobernar a causa de su deficiencia mental.

Proclamado heredero de España en 1759, su padre procuró aplicarle a las tareas de gobierno, para las cuales siempre se mostró reacio.

Prefirió participar en ciertas intrigas cortesanas, a lo que le indujo María Luisa de Parma, su esposa desde el 4 de septiembre de 1765, mujer que muy pronto se hizo dueña de su espíritu.

Elevado al trono el 23 de diciembre de 1788, los dos primeros años de su gobierno fueron un simple apéndice del reinado de Carlos III, pues persistió el mismo personal político, presidido por el conde de Florida-blanca.

En este período parece que Carlos IV hasta llegó a ser popular. Pero después de las Cortes de Madrid de 1789, en que se acordó una pragmática derogando la de Felipe V sobre el establecimiento de la ley sálica, y los dos primeros coletazos de la Revolución francesa, el gobierno periclitó a ojos vistas.

Florida-blanca salió del ministerio por una zancadilla del conde de Aranda, y éste, a su vez, fue substituido por Manuel Godoy, autor de toda la intriga.

Así, pues, desde el 15 de noviembre de 1792 la política de la monarquía es la del futuro príncipe de la Paz, sin que Carlos IV se preocupe de imprimir a ella un rumbo personal.

Aunque su nombre intervenga forzosamente al lado del de Godoy, se trata de un convencionalismo oficial histórico. Incluso cuando el Directorio obtuvo la dimisión del favorito (28 de marzo de 1798), éste continuó residiendo en la corte, dirigiendo la política y esperando el momento para hacer su triunfal reaparición en 1801.

Carlos IV prefería, desde luego, entregarse a la caza que quebrarse la cabeza en las espinosas cuestiones internacionales o en averiguar que había de cierto en los rumores y confirmaban los hechos sobre las relaciones de su esposa y el favorito.

Ni los desastres ante Inglaterra, ni las constantes humillaciones de Francia, pudieron alterar la manera de ser del rey. Por esta causa, Napoleón creyó que España era tan débil y decadente como su monarca, en lo que se engañó por completo.

Así empezó a tejer la trama de la próxima comedia que quería hacer desempeñar a Carlos IV, cuyo primer acto corrió a cargo del príncipe heredero don Fernando. Este fue denunciado por la reina y Godoy como autor de una conspiración para derribar a Carlos IV del trono.

El propio monarca detuvo al príncipe de Asturias en El Escorial (28 de octubre de 1807).

Pero después de este acto de energía, claudicó a causa de la intervención de Bonaparte. A mayor abundamiento, se humilló ante el emperador mandándole un extracto del proceso instruí-do contra su hijo. Este fué puesto en libertad, que aprovechó para perseverar en sus intrigas.

En la noche del 17 de marzo de 1808, cuando la corte, que se hallaba en Aranjuez, se disponía a trasladarse a Cádiz ante la invasión de las tropas napoleónicas, estalló un motín contra Godoy, cuya última consecuencia fué la abdicación presentada por el monarca el 19 de marzo.

Napoleón aprovechó la oportunidad para rematar su obra.

En Bayona obtuvo, sucesivamente, la renuncia y la abdicación de Fernando VII y Carlos IV, otorgada ésta el 5 de mayo, mientras en Madrid la sangre corría por las calles en las primeras luces de la guerra de Independencia.

El ex monarca residió algún tiempo en Compiegne. En 1811 pasó a Italia y allí vivió algunos años, ora en Roma ora en Nápoles, hasta que la muerte se lo llevó al sepulcro en esta ciudad, el 19 de enero de 1819, pocos días más tarde que su esposa muriera en Roma.

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