Cerro de la Caballada

Historia de la Casa Donde Dieron Muerte a Lavalle en Jujuy

LA MUERTE DEL GENERAL LAVALLE EN JUJUY: MONUMENTO HISTÓRICO

Esta vieja casa se halla ubicada en la ciudad, a  media cuadra de la  iglesia de San Francisco, en  la calle Lavalle 256, entre las de  Belgrano y San  Martín. Su frente liso tiene una amplia  puerta y dos ventanas coloniales enrejadas, y hacia el lado de la iglesia se abre otra puerta y dos ventanas más, que hacen   suponer formaron también parte del primitivo edificio.

Al efectuar la nivelación de la calle los escalones de la puerta principal han quedado a regular altura.

Las habitaciones que dan a la calle se comunican con el zaguán, que termina en un  arco  de  medio  punto.

El edificio tiene tres patios; el primero es casi cuadrado, de gruesos muros blancos y techado con tejas españolas. Su piso, así como el del zaguán, está cubierto de lajas cuadrangulares bajo las cuales se conserva el antiguo de guijarros.

casa donde murio el general lavalle

Dando frente al zaguán hay un pasillo, también con arco de medio punto, que conduce al segundo patio, que es rectangular. Tres de sus lados tienen un corredor cubierto de tejas y sostenido por pilares cuadrados.

El tercer patio, que viene a formar el fondo de  la casa, está lleno de árboles.

Al segundo patio da un gran comedor con piso enladrillado. A continuación hay otra habitación, y seguida de ésta la sala donde estuvo alojado el general Lavalle, de la cual, bajando un escalón, se llega a la pieza que de este lado da a la calle.

Esta propiedad perteneció a doña Leocadia de Zenavilla de Alvarado, esposa de don Ramón de Alvarado.

El lamentable episodio que la hizo tristemente célebre ocurrió así:

Derrotado Lavalle por las tropas federales en Quebracho Herrado y diezmado su ejército en Famaillá, llegó en la noche del 8 de octubre de 1841 a Jujuy con un grupo de sus hombres. Después de golpear varias puertas en vano, se le proporcionó alojamiento en una casa a la sazón deshabitada y donde residiera el Dr. Bedoya, enviado de Lavalle ante el gobierno de Jujuy, quien había huído a Bolivia.

En el amanecer del 9, cuando Lavalle y los hombres que lo acompañaban se encontraban entregados al reposo, fueron despertados al grito de «¿Quién vive?» dado por el centinela. Era una partida federal que venía recorriendo la ciudad en busca del Dr. Bedoya, sin sospechar que fuera  Lavalle quien  ocupaba  la casa.

El general ordenó cerrar las puertas y ensillar los caballos y el pequeño grupo unitario se aprestó a defenderse, ya que no había tiempo para solicitar refuerzos al coronel Juan Esteban Pedernera, que se hallaba acampado en las afueras de la ciudad, en los tapiales de Castañeda.

Lavalle se vistió rápidamente y salió al patio dirigiéndose al zaguán para cerciorarse de cuántos eran sus enemigos, pero cuando estaba a pocos pasos de la puerta se oyeron tres tiros. Una de las balas penetró por el ojo de la cerradura y lo hirió en el cuello. Lavalle se desplomó, y quiso arrastrarse hasta la puerta, pero no pudo y quedó al fin sin vida.

Entre tanto sus compañeros salieron por los fondos de la casa con el fin de unirse a las tropas, mientras en el zaguán quedaba abandonado el general, muerto en forma casual por los soldados rosistas, quienes huyeron desconociendo el resultado de sus  disparos.

Más tarde los sobrevivientes del Ejército Libertador, a las órdenes de Pedernera, marcharon hacia la Quebrada de Humahuaca llevando e) cadáver de su jefe cubierto con la bandera nacional —que había sido confeccionada en Montevideo por doña Juana Manso— y atravesado sobre el hermoso tordillo que le había acompañado en sus batallas.

La triste cabalgata llegó hasta Potosí, en cuya Catedral fueron depositados los restos del valiente caudillo.

Entre ¡as muchas placas colocadas en el frente de la histórica casa hay una que recuerda  este   doloroso   y  lamentable  episodio  de   aquellos  oscuros  días  de   la  tiranía.

La puerta perforada por los balazos de sus enemigos fue trasladada a nuestra capital y se le conserva en el  Museo Histórico Nacional.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Campamento El Plumerillo de San Martín Ubicación

HISTORI DEL CAMPAMENTO DEL PLUMERILLO

A fines de 1815 el general San Martín resolvió evitar el contacto de su ejército con la ciudad, y para ello pensó trasladar los regimientos que se encontraban en los cuarteles de La Cañada, San Agustín y Santo Domingo a campos situados en los alrededores de Mendoza, pero los que consideró apropiados quedaban muy retirados y a él le convenía uno más cercano, que le permitiera atender simultáneamente la preparación de su ejército y los asuntos de gobierno.

Por esto aceptó los terrenos que le cedió en préstamo el vecino don Francisco de Paula de la Reta, a poco más de una legua de la ciudad y a la derecha del camino a San Juan, en el paraje de El Plumerillo, designación popular con que se conocía esa región por la abundancia de una planta parecida a un plumero.

campamento de san martin el plumerillo

El  ingeniero Alvarez Condarco fue encargado para delinear el campamento en ese lugar húmedo, salitroso y lleno de charcos. Trazó una plaza de unas cinco manzanas, y sobre el costado oeste se levantaron galpones provisionales de tapia con techos de espadaña, divididos por compañías, con departamentos para jefes y oficiales, guardias y cocinas.

En marzo de 1815 San Martín comisionó al brigadier Bernardo O’Higgins para que construyera los cuarteles definitivos, en los cuales se utilizaron en gran parte materiales facilitados por los vecinos.

El 30 de septiembre de ese año se dieron por terminadas las obras del campamento, contando entonces con una línea de cuarteles al oeste de la plaza, donde se Instalaron los batallones números 8 y 11 de Infantería, el 1° de Cazadores y la artillería. Poco más atrás estaban las cocinas, y a mayor distancia los alojamientos de jefes y oficiales. Por el lado norte quedaban los cuatro galpones para el regimiento de Granaderos a Caballo, y por el lado sur el rancho del general en jefe, el Cuartel General y el Estado Mayor.

Al centro del costado este de la plaza se levantaba un grueso paredón de adobes de doble fila, de cien metros de largo, destinado al tiro al blanco.

La actividad fue en aumento y se intensificó la instrucción diaria en El Plumerillo. Antes de las cinco de la mañana estaba ya en pie San Martín, recibía a sus ayudantes y dictaba las órdenes geEl 5 de enero de 1817 el ejército, en traje de parada, dejó por primera vez el campamento y fue a la ciudad para rendir honores a su Virgen Patrona y asistir a la bendición de la bandera; a la tarde formó en El Plumerillo para cumplir el juramento sagrado. La bandera estaba en manos del brigadier Soler rodeado por el Estado Mayor; San Martín se adelantó y cruzando su espada con el asta hizo el solemne juramento, luego los jefes y oficiales, y por último la tropa.

Después del 15 de enero se concentraron en el campamento los cinco mil trescien tos siete hombres que componían el Ejército de los Andes, de los cuales la mayor parte habían  sido  reclutados en   Mendoza.

El día 18 partió la columna de Las Heras por la ruta de Uspallata. Del 19 al 24 salieron Soler, O’Higgins, Zapiola y de la Plaza por el camino de Los Patos, con el grueso del ejército. El último en abandonar El Plumerillo fue el propio general San  Martín.

Tiempo después eran desarmados los cuarteles y devueltos a sus dueños los materiales, obsequiándose a los pobres con los restos sobrantes para que construyeran sus ranchos.

El campamento estuvo totalmente olvidado hasta 1899, año en que un grupo de men-docinos levantó una modesta pirámide con  los escudos de Argentina,  Chile y Perú.

Transcurridos treinta y tres años, el 17 de agosto de 1932 —829 aniversario de la muerte de San  Martín—, el  Banco de  la  Provincia de  Mendoza  cedió al Ministerio de la Guerra una fracción de poco más de cuatro hectáreas de tierras cercanas al antiguo campamento.
El gobierno mendocino acondicionó este terreno, construyendo a su entrada un portón alegórico y colocando a cada lado un cañón de los utilizados por el Ejército de los Andes.

En realidad, la columna recordativa no se encuentra en el sitio exacto de la jura de la bandera, sino a unos mil metros de lo que era el campamento.

En 1935 fueron depositados los restos del general mendocino Jerónimo Espejo en el centro del campo, último homenaje al que marchó en esa cruzada gloriosa y fue su mejor narrador.

El Plumerilio fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 107.512 del 6 de diciembre de  1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de las Bóvedas de San Martín en Mendoza Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO: LAS BÓVEDAS DE SAN MARTÍN

Estas construcciones que hoy se conocen como las Bóvedas de San Martín datan de los últimos años del siglo XVIII y se encuentran ubicadas a la entrada del valle de Uspallata. La región era ya conocida por los conquistadores desde los primeros años del siglo XVII por sus ricas minas de plata y cinc, las que a partir de 1777 cobraron gran impulso. En los trabajos se empleaban indios sometidos a la mita, además de algunos delincuentes enviados allí para tal fin.

En 1792 se trabajaba con dos máquinas de dos y cuatro barriles, respectivamente, lo que da idea del grado de adelanto que había alcanzado el laboreo de los minerales, especialmente la plata, que según comprobaciones hechas en Potosí era de la más pura calidad.

bóvedas en Mendoza

De esta última época, según se supone, data la construcción de las Bóvedas, en las cuales se trabajó hasta los primeros años del siglo XIX.

Son unos edificios rectangulares, achatados, con varias habitaciones cuyos techos, tanto interior como exteriormente, presentan una curiosa forma de cúpula. Sus ruinosas paredes de piedra y barro están recubiertas interiormente, en gran parte, por una gruesa capa de hollín, lo cual confirmaría que estos recintos fueron utilizados como fundiciones. En los terrenos circundantes se pueden observar todavía los restos de un gran malacate, piedras de molinos y residuos de carbones.

Estas edificaciones deben su nombre de Bóvedas de San Martín a la tradición, que indica que el general se alojó en ellas en julio de 1816 durante uno de sus viajes a la cordillera. Sea o no cierto esto, pues no existen documentos al respecto, lo que se presume es que estas viejas bóvedas de Uspallata sirvieron como hornos de fundición de los metales que bajo las hábiles manos de fray Luis Beltrán habrían de convertirse en cañones y armas  para  el  ejército  libertador.

Cuando el general don José de San Martín fue nombrado gobernador de Cuyo e inició la preparación del Ejército de los Andes se preocupó activamente de darle impulso a la explotación de las minas de Uspallata, cobrando con tal motivo las viejas bóvedas, que eran  a  la sazón  propiedad  de  don   Pedro  Molina,  renovada  importancia.

Se ha supuesto también que en estos edificios se había instalado una fábrica de pólvora, lo que queda desvirtuado por los documentos de la época, según los cuales la única que existió en Mendoza funcionaba en una casa de la capital, bajo la dirección del ingeniero Alvarez Condarco. Tal suposición y la antedicha de haber pernoctado allí el general San Martín han sido los motivos que se tomaron en cuenta para declarar de valor histórico estas construcciones, valor que de todos modos queda justificado por su curiosa arquitectura, su procedencia de la época colonial y la fundición de metales instalada en ellas.

Las Bóvedas de San Martín están situadas en el departamento de Las Heras, a ciento dos kilómetros de la ciudad de Mendoza, al costado derecho del camino que va desde Uspallata a Calingasta. Fueron declaradas Monumento Histórico por Decreto N° 30.835 del 10 de diciembre de 1945.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Combate de Potrerillos Organización y Desarrollo

EL COMBATE DE POTRERILLOS EN MENDOZA: LUGAR HISTÓRICO

En Potrerillos, lugar situado a sesenta kilómetros de la ciudad de Mendoza, se libró el 25 de enero de 1817, el primer encuentro entre una avanzada del Ejército de los Andes y una patrulla realista.

El general José de San Martín había dispuesto que la parte principal de las tropas cruzase la cordillera por las rutas de Los Patos y Uspallata. Por este último paso debía avanzar la columna dirigida por el coronel Juan Gregorio de Las Heras, quien llevaba como segundo jefe de  la expedición al sargento  mayor Enrique  Martínez.

Esta división se hallaba compuesta por ochocientos hombres, correspondientes al batallón número 11; treinta granaderos a caballo; dos piezas de montaña con treinta artilleros de igual número de mineros zapadores, provistos de picos y barretas, y un escuadrón  de  milicias de San Luis, destinadas al arreo y cuidado del ganado.

Por ser la ruta de Uspallata más accesible que la de Los Patos, San Martín dispuso, además, que la artillería pesada, el parque y la maestranza, a las órdenes de fray Luis Beltrán, marchasen a la retaguardia de las tropas.

La división de Las Heras partió del campamento de El Plumerillo el 18 de enero de 1817 y, de acuerdo con el plan trazado previamente por el Gran Capitán, avanzó por la quebrada de Cañota directamente hacia el Oeste, alcanzando el valle de Uspallata el día 20. Allí levantó un campamento temporario en el que permaneció seis días, para dar tiempo a que el grueso de las tropas, que debían recorrer un camino más largo, pudiese realizar su marcha.

combate de potrerillos

Imagen de la zona donde ocurrió el combate

Mientras tanto, el jefe realista Miguel María de Atero, enviado por el mariscal Francisco Marcó del Pont, había dispuesto que un destacamento de doscientos cincuenta hombres al mando del mayor Miguel Marqueli practicase un reconocimiento para informarse de la situación de las tropas patriotas. Marqueli con cincuenta hombres avanzó hasta Picheuta y en la madrugada del 24 de enero sorprendió a la guarnición del fortín, compuesta por un cabo y trece soldados. Siete hombres lograron escapar y el resto fue tomado prisionero por los realistas, quienes se replegaron hasta  Potrerillos.

Al tener noticias de lo sucedido en Picheuta, Las Heras dispuso que una columna, formada por ochenta y tres hombres del batallón número 11 y los treinta granaderos a caballo, al mando del sargento mayor Martínez, saliese en persecución de los españoles.

Al amanecer del 25 de enero atacó al enemigo, que se hallaba situado en Potrerilios, en  la margen derecha del río de  las Vacas.

Los patriotas echaron pie a tierra y al instante se generalizó un combate que duró dos horas y media. Al cabo de ese tiempo, Martínez comprendió que la posición de los realistas era muy difícil de tomar y por ello ordenó la retirada, llegando hasta el Paramillo de las Vacas, donde se detuvo a la espera de los acontecimientos.

Marqueli, a su vez, emprendió el regreso apresuradamente. Ante tan inesperada actitud, Martínez dispuso que varias patrullas lo persiguiesen. Por ellas pudo luego saber que el enemigo había franqueado los pasos de las cumbres, alejándose del lugar.

El jefe argentino resolvió entonces regresar al campamento de Uspallata, dejando una avanzada de observación en Potrerilios y otra en Picheuta.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 5.043 del 25 de agosto de  1952.

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Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Casa Natal de Narciso Laprida en San Juan Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA NATAL DE LAPRIDA: MONUMENTO HISTÓRICO

La casa donde nació don Francisco Narciso de Laprida estaba situada en la calle Ruperto Godoy, ex General Acha, número 238 al 40, de la capital sanjuanina. Edificada sobre un solar de unos treinta metros de frente y más de sesenta de fondo, se hallaba a una cuadra y media de la plaza 25 de Mayo, el centro más importante de la ciudad.

Si bien no se tienen noticias de la fecha en que fue construida, se sabe que sus primeros propietarios fueron miembros de la familia del procer, pasando, por sucesivas herencias, a poder de su hermana doña Trinidad Laprida, y de su esposo, don José Sánchez.

Años, más tarde, a la muerte de éstos, la finca pasó a poder de la hija del matrimo nio, doña Carlota Sánchez Laprida, quien la legó luego a su sobrina, doña Francisca Sánchez. Esta, cuando recibió la casa, estaba casada con don Juan de Dios Jofré, profesor de enseñanza secundaria,, director general de escuelas y amigo dilecto de don Domingo Faustino Sarmiento.

casa de laprida

Muerto el señor Jofré, sus hijos, María Delia y Francisco Jofré Sánchez, quedaron como dueños de la casa hasta el año 1910, la cual la vendieron a don Héctor Conté Grand, distinguido hombre público y periodista, casado con doña Delia Jofré.

Entre los años 1922 y 1930 el señor Conté Grand realizó numerosas refecciones, no sólo en muchas de las veinte habitaciones de que se componía en aquel entonces la vieja casa, sino que le reconstruyó íntegramente el frente.

Muchas fueron las modificaciones que en el correr de los años se le hicieron a la amplia casa, destacándose entre ellas el agregado de un alero de tejas interrumpido en el centro por un arco y de uno más pequeño colocado encima de la puerta principal. Además, se añadieron en la parte superior de las ventanas del frente molduras en forma de arco y otras semejantes a columnas.

En el año 1888 las autoridades provinciales colocaron en la fachada del edificio una placa de bronce en la que se leía  la siguiente  inscripción:  «Casa donde  nació el  Dr. Dn. Narciso Laprida, el 28 de octubre de  1786. Presidente del Congreso de Tucumán que declaró en 1816 la Independencia Nacional».

Si bien esta placa establecía de manera clara el 28 de octubre como fecha de nacimiento del procer, el día se ha prestado a diversas interpretaciones, pues en la partida de bautismo, ceremonia que se cumplió en la iglesia Matriz de San Juan el 30 de octubre de 1786, dice que: «el R.P.Pr. de Santo Domingo, Fray Jacinto Irrásabal con licencia del Dr. Dn. Juan Alvarez, cura interino, Baptesó, puso óleo y crisma a Francisco Narciso, de tres días, hijo legítimo de Don Jose Laprida y Doña Isnacia Sánchez. . .»

Por sus antecedentes, la vieja casona fue declarada por Decreto N° 6.706 del 11 de marzo de 1948 Monumento Histórico, pero había quedado en tan malas condiciones luego del terremoto que azotó a la provincia en el año 1944, que fue necesario demolerla íntegramente.

Entonces el Poder Ejecutivo dio el 29 de julio de 1949 un nuevo Decreto N° 17.964, modificando el anterior y por el cual se declaró Solar Histórico el lugar donde se levantaba la casa, y en cuyos considerandos dice: «Que con el precitado decreto se procuró rendir un justiciero homenaje a la memoria de quien actuó patrióticamente en la campaña de la Independencia y contribuyó a la organización civil de la Nación; y mantener vivo, consecuentemente, en el espíritu de las ^ nuevas  generaciones el  culto  de  nuestras más  honrosas tradiciones.

«Que se tuvo en cuenta, asimismo, el proyecto del consejo de Reconstrucción de San Juan, de formar en dicha ciudad un barrio histórico dentro del cual quedaría la  rasa  que fue  del   Doctor Laprida.

«Que  dicho   proyecto   ha   quedado  sin   efecto,   agregándose   a   esta   circunstancia   el estado ruinoso en que se encuentra el edificio, cuya fachada habría que correr unos metros  con   motivo   del   nuevo   planeamiento   de   reconstrucción   de   la   ciudad   andina.

«Que para justificar la declaración de Monumento Histórico, de acuerdo con la Ley 12.665, se impondría una restauración completa del referido edificio y la expropiación del terreno, la cual originaría un gasto que no es aconsejable efectuar en los actuales momentos por las disposiciones que exigen introducir economías en la Administración  Pública».

En la actualidad en el terreno que ocupara se ha construido el moderno edificio de   una   galería,   en   cuyo   frente   fue   colocada   la   placa   mencionada   anteriormente.

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Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca Monumento

HISTORIA DE FRAY JUAN MAMERTO ESQUIU – CASA NATAL: MONUMENTO HISTÓRICO

A quince kilómetros al norte de la capital catamarqueña, casi al pie de las sierras, hay un pueblito que desde hace un siglo se llama San José y es cabecera del departamento Fray Mamerto  Esquiú,  antiguamente llamado  Piedra  Blanca.

En su origen tenía algunas modestas viviendas levantadas junto al camino nacional que va desde Catamarca a Singuil. Con el tiempo contó con una plaza, una capilla y como única calle el tramo del camino cuya denominación no podía ser más sencilla, La Callecita, limitada a ambos lados por rústicas chacras.

casa natal de mamerto esquiu

En ella había una humilde casita de muros de adobe y cimientos de piedra, con techo a dos aguas de caña y paja. Tres puertas de algarrobo daban entrada a las tres pequeñas habitaciones, con pisos de ladrillo y muros sin revoque. A su frente tenía un estrecho jardín donde dos árboles centenarios sombreaban la fachada, y en el fondo se alargaba el terreno para cultivar.

Era propiedad de la familia catamarqueña Medina, y por herencia pasó a poder de María de las Nieves Medina. Cuando esta joven casó en 1822 con don Santiago Esquiú, ex prisionero del ejército español del Alto Perú, y soldado del regimiento Fijo, se fue a vivir en ella con su madre y su esposo.

De este matrimonio nació allí, el 11 de mayo de 1826, el que más tarde habría de ser preclaro varón, virtuoso sacerdote e ilustre obispo de Córdoba, fray Mamerto de la Asunción Esquiú. Horas después de haber nacido fue bautizado por el padre franciscano de la parroquia de San José, Francisco Cortés, y como el estado de salud hacía temer por su vida, sus padres hicieron la promesa de vestirlo con el hábito de San Francisco si lograba salvarse. Fue así como antes de los cinco años la madre le arre gló un sayalito hecho de uno en desuso que le obsequiara el padre Cortés.

En 1855, estando en Catamarca, el padre Esquiú dejaba noticias escritas de su hogar.

«. . .seis éramos —decía— los hijos venturosos de estos padres tiernos, que sin bienes de fortuna y en el humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud y resignación y en la dulzura de una vida contraída exclusivamente a su familia y a Dios. . . Salía mi padre con los instrumentos de cultivar la tierra al hombro, al recinto de una heredad muy estrecha pero avara sin medida del sudor de su anciana frente. Mi hermano y yo caminábamos a la escuela, y mi madre y mi hermana, ángeles tutelares del hogar doméstico, se aplicaban a la rueca y al telar, y a preparar con sus propias manos el alimento de su esposo y de sus hijos. . .»

Dotado de gran talento, fray Mamerto hizo de la modestia una de sus virtudes principales. Rechazó en repetidas oportunidades altos cargos con que se le quiso honrar, como el obispado de Paraná y luego el de Buenos Aires, y sólo aceptó el de Córdoba ante un pedido especial del Papa.

Dos piezas oratorias extraordinarias le abrieron de golpe el camino de la fama, que nunca ambicionó. La primera, pronunciada el 9 de julio de 1853, con motivo de la jura de la Constitución; y la segunda, el 28 de mayo de 1854 al inaugurarse el período de las autoridades constitucionales. Desde esa época se le conoció como el «orador de la Constitución Argentina».

Amó por sobre todas las cosas su profesión evangélica y sentía verdadero placer en allegarse hasta los más humildes para infundirles fe y esperanza.

Murió en Pozo Suncho (Catamarca) el 10 de enero de 1883, a los 57 años de edad, mientras ejercía su noble apostolado.

En  septiembre  de   1935  el   Congreso   Nacional   sancionó  una  ley  declarando   Monu mentó Histórico la casa natal de Esquiú, donde vivió hasta los nueve años, y autorizó la inversión de treinta  mil  pesos  para  que se efectuasen   las  reparaciones  necesarias y se construyera un templete de material a fin de  resguardar al  edificio de  las  inclemencias  del  tiempo.

En el  interior del templete,  se conservan  dos de  las plecltas de la casa donde  naciera el religioso, en las que se puede observar muebles y objetos que le pertenecieran entre los que se destacan la cama y dos sillas que constituían el moblaje de la habitación que ocupó durante su residencia en el Templo de San Francisco de su  provincia.

Así se conserva hoy esta reliquia que es recuerdo perenne de uno de nuestros más preclaros proceres, y de quien dijo Joaquín V. González que estaba «marcado con el sello de la predestinación para las grandes luchas del pensamiento».

Declarada Monumento Nacional por ley 12.191 del 27 de agosto de 1935.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Casa Natal de San Martin Historia del Lugar Histórico Nacional

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ EL GENERAL SAN MARTIN

Yapeyú, el histórico pueblo, se encuentra situado en e! departamento de San Martín, y fue fundado sobre la margen izquierda del arroyo Guaviraví, en el rincón que forma su desembocadura con el río  Uruguay.

En el año 1626 era gobernador del Río de la Plata don Francisco de Céspedes, quien deseando poblar la zona del río Uruguay comisionó al padre jesuíta Roque González de Santa Cruz para que fundara la reducción de Nuestra Señora de los Santos Reyes de Yapeyú.

Durante los últimos meses de ese año el padre González inició la formación de un pueblo, al que no dio carácter de misión debido a la falta de pobladores. En febrero de 1627, acompañado del padre Provincial Nicolás Duran y del padre Pedro Romero, quien fue encargado expresamente de establecer y organizar el pueblo de Yapeyú, dio principio a su obra el día 4 con cíen indios charrúas. A fines de mes ya se había levantado una capilla y una casa para el padre Romero, quien se hizo cargo de la misión.

casa de san martin en yapeyu lugar historico

El pueblo comprendía unas dieciséis hectáreas, con sus construcciones de piedra, adobe y tejas. Los edificios jesuítas estaban distribuidos en dos patios: en el primero se ubicó la iglesia, el cementerio, las celdas para los padres y los talleres, y en el segundo había dos almacenes, el cabildo y la casa para los gobernadores. Prontamente se convirtió en una de las reducciones más florecientes y sus fértiles tierras dieron origen a la ganadería y a la agricultura, llegando a tener en 1767 más de cuarenta y ocho mil vacunos de corral.

Yapeyú alcanzó el rango de capital de la provincia misionera, tanto por su magnífica posición estratégica, que cerraba el paso obligado para bajar a Buenos Aires o internarse río Uruguay arriba, como por su población y comercio.

El 14 de febrero de 1768 fue nombrado teniente gobernador el capitán Francisco Bruno Zavala, en la nueva organización administrativa de las misiones resuelta por Bucareili. El 23 de agosto de 1768 y el 15 de enero de 1770 se acordó un cambio en la administración y Zabala pasó a Candelaria, mientras en Yapeyú quedaba don Francisco Pérez con Igual puesto.

El 6 de abril de 1774 se hizo cargo como teniente gobernador don Juan de San Martín, casado con doña Gregoria Matorras, padres del Libertador. Se instalaron en la residencia de los gobernadores, que era una pequeña fortaleza, compuesta de una casa de familia con gran patio, una serie de cuartos pequeños para la tropa y un extenso corralón que servía de caballerizas.

El 25 de febrero de 1778 nació, según la tradición, en una de las habitaciones de esta casa José de San Martín, el cual se trasladó a principios de 1783 con sus padres a  Buenos Aires, embarcándose el  23  de  marzo   para  España.

El pueblo, cuna del héroe, fue incendiado el 13 de febrero de 1817 por trescientos soldados al mando del capitán Gamas, por orden del brigadier portugués Chagás. Debido a este hecho y a la destrucción del tiempo, no quedaron de la antigua  misión  nada  más que  unas taperas  ocultas  por la  maleza.

Iniciada la reconstrucción, el gobernador de Corrientes don Juan Pujol pidió el 20 de agosto de 1859 restablecerlo con el nombre de San Martín, pero sólo un año después, el 13 de febrero de 1860, fue dictada la ley respectiva, acordando además entregar tierras gratis a los pobladores. Debido a las malas mensuras, la casa donde nació el Libertador pasó a dominio privado.

La última delineaclón del pueblo, que estuvo a cargo del agrimensor Martín Zapata, se concluyó el 17 de junio de 1887. En su informe decía que en la manzana N° 45, al costado sur, se hallan las ruinas de la casa de San Martín. Era la primera de la barranca, tenía palmeras en su patio y estaba situada junto a un ombú; de los muros sólo quedaban restos, ya que los colonos establecidos en 1862 demolieron todo el pueblo, y nadie se preocupó  nunca de  restaurarla.

Como homenaje al Libertador se levantó el 12 de octubre de 1899 una columna conmemorativa en la plaza, y ese día Cecilio Ruidíaz donó al gobierno el terreno de la manzana 45, donde están las ruinas de la casa histórica.

El 17 de agosto de 1922 fue inaugurado el templete dentro del cual se guardan los restos subsistentes de la casa de San Martín, y que se construyó por suscripción popular.

Finalmente la provincia de Corrientes decidió declarar Monumento Provincial, el 3 de abril de 1938, «Las ruinas de la Casa de los Gobernadores de Yapeyú donde nació el general San Martín».

De acuerdo con un proyecto presentado el 13 de julio de 1915 por el diputado Ramón Beltrán y aprobado por ambas cámaras, el gobierno de la Nación promulgó el día  16 la Ley N° 9.655 que dice así:

«Artículo l° — Autorízase al P.E. para adquirir en propiedad la manzana de terreno ocupada por las ruinas de la casa que fuera del general don José de San Martín, en Yapeyú, con el objeto de restaurarla y conservarla como monumento de gratitud nacional».

Este antecedente viene a demostrarnos que, a pesar de lo que se ha dicho, las ruinas de la casa natal del Libertador no han sido declaradas Monumento Histórico.

En cambio el pueblo de Yapeyú, hoy San Martín, fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 24.455 del 6 de octubre de 1945.

Cerro de la Caballada Historia del Combate Defensa de la Soberanía

LUGAR HISTÓRICO:COMBATE DEL CERRO DE LA CABALLADA

Se halla ubicado a dos kilómetros de Carmen de Patagones, en una fracción de las actuales quintas municipales, números 51 y 52, sobre la margen izquierda del Río Negro, en  la provincia de Buenos Aires.

El cerro, que tiene cuarenta y dos metros con treinta y cinco centímetros sobre el nivel del mar, debe su nombre —según la tradición— a que desde la fundación de Carmen de Patagones sus laderas, cubiertas por espesos chañares, sirvieron para proteger y alimentar a tropillas de caballos. Fue escenario de una de las acciones más  brillantes  ocurridas  durante  la  guerra  con  el   Imperio  del   Brasil.

Cerro de la Caballada Lugar Historico

En conocimiento de que una escuadra del Imperio formada por las naves de guerra Duquesa de Goyaz, Itaparica, Escudería y Constanza, al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd, había zarpado de Maldonado, República Oriental del Uruguay, y se dirigía hacia la Patagonia, el jefe político y militar de Carmen de Patagones, coronel don Martín Lacarra, ordenó, de acuerdo con los modestos recursos de que disponía, medidas de defensa para tratar de que los invasores no cumplieran sus propósitos de ocupación.

Mandó construir una batería sobre la margen norte del río cerca de la desembocadura, y cuatro cañones que no pudo trasladar a ella los hizo emplazar en los cerros la Caballada y Rial. Mientras tanto frente al pueblo de Carmen de Patagones estaban anclados los buques corsarios y la fragata Chacabuco, comandada por el capitán don Santiago Jorge Bynnon, que se destacaría luego como uno de los más arrojados defensores.

El 25 de febrero de 1827 la expedición se encontraba próxima a la desembocadura del río Negro. El 3 de marzo, forzada la entrada del río, efectuaron el primer desembarco, y el 6 lo hace el capitán Shepherd al mando de unos trescientos hombres, y luego de haberse extraviado debido al desconocimiento del terreno y a la oscuridad de la noche, en la madrugada del día 7 alcanza la cumbre del Cerro de la Caballada, desde donde contemplaron asombrados la distribución de las fuerzas patriotas dispuestas al ataque y que, a manera de advertencia, desde las naves corsarias disparaban sus cañones sobre la columna imperialista, que se vio obligada a dispersarse y ganar posiciones en los flancos del cerro. Al mismo tiempo el subteniente Sebastián Olivera distribuye sus ochenta hombres en guerrilla y se aproxima al Cerro tiroteando a los invasores, que se guarecían entre  los arbustos y matorrales.

En esta primera represión de los invasores, y a poco de iniciado el combate, cae muerto el capitán Shepherd. La pérdida de su jefe desmoraliza a las fuerzas del Imperio y el capitán Guillermo Eyre, que había tomado el mando, ordenó retroceder sin dejar de disparar sus armas, tratando de mantener a distancia a la patrulla patriota.

El subteniente Olivera, previendo que las fuerzas enemigas de dirigían hacia la costa del río, adelantó su escuadrón y los obligó a caminar tierra adentro, haciéndoles sufrir las duras consecuencias no sólo del fuerte sol reinante sino también sed, hambre y fatiga, en grado tal que, entregando sus armas, se rindieron a discreción.

La victoria fue completa; se tomaron gran cantidad de prisioneros, armas gallardetes y banderas, desbaratando así el propósito imperial de apropiarse de la Patagonia. Este hecho de armas, que constituye una de las páginas más gloriosas de nuestra historia, permitió afirmar en forma definitiva nuestra soberanía sobre tan vasto territorio.

En recuerdo de esta memorable acción en la cima del cerro se levantó una pirámide de mármol rosado de veintiún metros de altura, que fue inaugurada el 7 de marzo de 1927, ceremonia a la que asistió el entonces ministro de guerra, general don Agustín P. Justo en representación del Poder Ejecutivo Nacional, altas autorides nacionales y provinciales.

Al Cerro de la Caballada, con una extensión de tierra de ochenta metros de frente por cien de fondo, se le declaró de valor histórico por iniciativa de la Dirección de Museos, Reservas e Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires.

Declarado Lugar Histórico por Decreto N9 12.641 del 17 de octubre de 1960.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)