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Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Luego de un largo y penoso viaje hacia oriente y despúes de haber sufrido los horrores del desierto, los Polo llegaron, al fin, a la primera ciudad china de su viaje: Su Cheu. Los venecianos permanecieron luego un año en Ku Chué, realizando excursiones por el centro de Asia, a Erzina y Karakorum. El viaje siguió, por último, hacia el este, y el Gran Khan les envió una escolta de honor. Kublai los recibió en persona, en su residencia de Shang Tu, al nordeste de Pekín (1275).

Los hermanos Polo dejan Venecia llevando consigo a Marco—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Marco Polo, que durante el viaje había aprendido las lenguas habladas en el Imperio mongol, supo impresionar, seria y favorablemente, al emperador, que hizo de él su amigo y su auxiliar, empleándole en calidad de administrador y diplomático, mientras su padre y su tío trataban de múltiples asuntos comerciales. Así comenzó una estancia que debía prolongarse hasta 1292.

Kublai Khan

Marco Polo, como administrador de Kublai y rodeado del respeto que le valía la amistad del Gran Khan, recorrió China en dos itinerarios. Gracias a los relatos que Marco Polo hizo en «El Libro de las Maravillas», por primera vez Europa poseía una descripción  sintética de  las  regiones de Oriente.

Pese a los errores de apreciación que llenan su relato, la narración de las aventuras vividas por el veneciano, la descripción de lugares y gentes que visitó y encontró, renovaron los puntos de vista humanos y científicos que Europa poseía de Oriente; así, Occidente escuchaba por vez primera el nombre de Cipango (Japón).

Marco Polo llega a Oriente

Marco Polo (15 de septiembre de 1254 – 8 de enero de 1324) fue un mercader y explorador veneciano que, junto con su padre y su tío, estuvo entre los primeros occidentales que viajaron por la ruta de la seda a China. Se dice que introdujo la pólvora en Europa, aunque la primera vez que se utilizó en Occidente acaeció en la batalla de Niebla (Huelva) en 1262.

El Imperio mongol de China, que visitó Marco Polo, estaba entonces en su apogeo y no pudo menos que maravillar al joven italiano, que fue sorprendido por la inmensidad del país y la diferencia que ofrecían las provincias del norte y las del sur con sus grandes ciudades superpobladas.

Como buen mercader veneciano y buen administrador, Marco Polo fue atraído, sobre todo por lo que representaba la economía le China; se extrañó de la sucesión de pueblos y el número de ciudades importante. Pekín tenía seis millas de lado, no corr prendidos sus 12 arrabales, y su población desafiaba toda evaluación: Nankín, Shinng Kiong Fu y Hang-Cheu, con sus millones de habitantes, así como más de dos mi grandes ciudades, entre ellas los inertes Je Fu Cheu y de Hong Chué (Quinsay) «Venecia china».

La formación del Imperio mongol permitió el restablecimiento de las relaciones directas entre Europa y el Extremo Oriente. Pekín, la nueva capital mongola, atrajo de inmediato a los mercaderes de la India y del Golfo Pérsico, y en seguida a unos audaces venecianos, los Polo. Pekín, antigua ciudad de los Kin y ciudad mongola—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Hong Chué era en efecto, una ciudad construida sobre una lagua y estaba recorrida por centenares de canales que pasaban, según Marco Polo, bajo 12.000 puentes. Las calles estabam adoquinadas con piedra y ladrillo, no servicio de guardias urbanos asegurara le orden día y noche. La ciudad recibía muchos extranjeros que se dedicaran al comercio y a la navegación. El puerto de Hang-Cheu contaba con casi 18.000 boques, entre los cuales, algunos, los graades correos del Mar de China, aforaban 500 toneladas y eran maniobrados por 20C a veces, 300 hombres de tripulación.

EL ORO, LA SEDA, EL CARBÓN
El Estado sacaba gran provecho de esta actividad comercial, porque sólo los derechos de aduana de la ciudad de Hang Cheu se elevaban anualmente a 14.700 sacos de oro y representaban la novena parte de los ingresos de toda la China del Sur.

La circulación de una moneda fiduciaria, fabricada con delgadas hojas de pasta de madera de morera, y, a veces, para billetes de gran valor, con seda, siempre garantizada con la firma y el sello de los oficiales de moneda, extrañó a Marco Polo, que vio la ventaja de este sistema para el Tesoro Imperial: «El Emperador puede hacer cada año tal cantidad de monedas, sin que le cueste nada, que iguale a todos los tesoros del mundo»… Parece, sin embargo, que Marco Polo no tenía conciencia del desastre a que podían conducir tales excesos.

En los campos, Marco Polo se interesó por todas las actividades agrícolas y anotó la riqueza de las explotaciones, las terrazas de cultivos que se escalonan sobre las pendientes más abruptas de las montañas y la abundancia de productos de la tierra.

El viajero veneciano nos enseña igualmente que Kublai Khan, recogiendo la tradición de los grandes emperadores chinos, hacía adquirir y almacenar el sobrante de las cosechas, que, en caso de penuria, era redistribuido a los hambrientos.

Marco Polo visitó igualmente sederías e hilaturas, pero lo que le extraño más aún fue el empleo que los chinos hacían del carbón: «Una especie de piedra negra que se extrae de los flancos de las montañas de Catay (China del Norte) y que quema como el carbón de madera, e incluso mejor que él, porque si se le enciende por la tarde, se le encuentra aún con juego a la mañana siguiente».

Pero ya el poderío de Kublai declinaba, y los favores de que rodeaba a la persona de Marco Polo despertaban celos contra el veneciano y sus dos parientes, los cuales aprovecharon una expedición destinada a acompañar a una princesa mongola, prometida en matrimonio, a la Corte de Per-sia, para embarcarse con ella (1292).

La escuadra siguió la ruta tradicional, llevando a los tres latinos al reino de Shampa, a Sumatra, a las islas Nicobar, a Ceilán, a Malabar, para alcanzar el puerto de Ormuz y llegar, por tierra, a Trebisonda, sobre el Mar Negro. Llegado a Venecia en 1295, Marco Polo debía caer en manos de los genoveses, al año siguiente. En el curso de sus dos años de cautiverio, pudo redactar su fabuloso viaje.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Importancia de la Ruta de la Seda y Especias El Comercio con China

Importancia de  la Ruta de la Seda y Especias
El Comercio de China con Europa

IMPORTANCIA COMERCIAL DE LA RUTA: Respecto a la  Ruta de la Seda, una red de senderos de caravanas, pasos de montaña, atalayas, oasis y fuertes en el límite de las zonas más inhóspitas del planeta, fue la vía de comunicación más larga del mundo en los siglos XIII y XIV. El comercio floreció a lo largo de este itinerario bajo la protección del Imperio Mongol o dinastía Yuan.

A fines de la edad media el comercio de Europa con Oriente fortaleció económicamente a Italia y demás países de occidente: los chinos estaban desde hacia años relacionados por el comercio con la parte más occidental de Asia y la más oriental de Europa, o sea el Imperio Bizantino.

A partir del siglo II d.C. los chinos llevaron mercancías, en especial los codiciados tejidos de seda, desde el centro de China hacia el occidente por un corredor natural entre las escarpadas montañas (camino que se llamó la ruta de la seda), extendiendo así su influencia económica hasta el mar Mediterráneo. Hacia el siglo VI d.C. la ruta de la seda llegó a Constantinopla.

PRIMEROS LAZOS COMERCIALES: El comercio a través de Europa y Asia se vio estimulado por la demanda de bienes de lujo -metales preciosos, especias, seda- por clientes de los grandes imperios. Tanto en Europa como en Asia central, los imperios de Persia , Grecia  y Roma  entraron en contacto con los reinos orientales, hasta la India.

En el este, las dinastías Qin y Han unificaron China. En 138 a.C, el emperador Han Wudi envió a Zhang Qian a conseguir aliados para luchar contra sus enemigos del noroeste. Las noticias que trajo de los reinos del oeste llevaron a la apertura de nuevas rutas comerciales. Pronto se formó una red comercial entre Oriente y Occidente: así llegó a Roma, a través de intermediarios como los partos, la seda de la China Han.

ANTECEDENTES DE LA RUTA DE SEDA Y ESPECIAS: En el año 206 antes de Cristo, llegó al poder una nueva dinastía, la dinastía Han, y el imperio empezó a moverse en una nueva dirección, más abierta.

Los Han restauraron gran parte de la literatura clásica de China, especialmente los trabajos de Confucio. También establecieron un gobierno central fuerte pero más humano, crearon el primer sistema de escuelas públicas y, en una lucha que duró casi 70 años, eliminaron total y definitivamente la amenaza Xiongnu.

Con Asia Central bajo control Han, se crearon rutas seguras para las caravanas – las legendarias Rutas de la Seda – , abriendo China al comercio y la cultura del mundo occidental.

Comerciantes de Roma, Antioquía, Baghdad y Alejandría viajaban hacia el este para comerciar con jade, oro, especies, caballos, gemas preciosas y, desde luego, seda. No importaba la ruta por la cual viajaran, no podían llegar a sus destinos sin pasar a través de la Gran Muralla.

Los Han habían continuado luchando con las tribus xiongni del norte y los prisioneros revelaron que era posible llegar hasta unos pueblos conocidos como los kushan en la zona situada justo al norte de la India.

Los kushan eran una tribu de ascendencia china afincada en el centro de Asia que había adoptado el budismo como religión y había recibido la influencia de la cultura helénica que existía en la región desde el reinado de Alejandro.

Wudi, dispuesto a unirse a este pueblo en su campaña contra los xiongnu, envió expediciones exploratorias lideradas por Zhang Qian en el año 138 a. C.

A su regreso, Zhang Qian trajo consigo artículos obtenidos a través de los lazos comerciales que había establecido durante su viaje y, de este modo, los Han abrieron el extremo chino a las rutas comerciales entre Asia Central y Europa. Los artículos que Zhang Qian importó eran altamente deseables, en especial la fuerte raza de caballos «celestiales» y un nuevo invento: el cristal.

El tránsito de caravanas a través de Asia Central era relativamente seguro y el intercambio de bienes entre China, Asia y con el tiempo Europa fue cobrando una importancia creciente. El comercio de productos chinos se amplió a Roma y poco a poco se introdujo en la cultura de Occidente, y viceversa.

Esta vía comercial se apodó la Ruta de la Seda porque el artículo que más se exportó desde China fue la seda, un tejido desconocido en Occidente antes de la apertura de las rutas comerciales. Otros productos chinos, como las cerámicas esmaltadas, el marfil, el jade, las pieles y el té no tardaron en ganar popularidad y exportarse.

La calidad de los productos chinos era alta debido a los eficaces procesos de elaboración usados en el país. Los chinos habían inventado un método más eficaz de trabajar el hierro, con hornos capaces de arder a temperaturas más elevadas, gracias a lo cual se obtenía un hierro de mayor calidad.

Dividían la mano de obra de modo que los artesanos se especializaban solo en un aspecto del proceso de producción, y con ello aumentaban la calidad y la cantidad. También fueron los inventores de la producción del papel. Sin embargo, por la Ruta de la Seda no solo transitaban artículos comercia les, sino que también se propiciaban los intercambios culturales y así el budismo se abrió camino hasta China.

Un mapa catalán representa a Marco Polo viajando en una caravana junto a sus hermanos por la ardua Ruta de la Seda, travesía que podía durar hasta cuatro años.

El Imperio Mongol:  Hacia 1250, Gengis Khan  y sus sucesores habían conquistado un área que iba desde el río Amarillo hasta el mar Negro. Bajo la protección mongol, la Ruta de la Seda floreció, convirtiéndose en una vía comercial de 6.400 km a lo largo de la cual los viajeros y mercaderes podían desplazarse con bastante seguridad.

Kubilay Khan, convertido en Gran Khan de los mongoles en 1260, se declaró emperador de China: fundó la dinastía Yuan, que gobernó el país hasta 1368, y estableció su corte en Dadu (actual Pekín).

Antes del s. XIII la idea de realizar un viaje de Europa a China era inaudita, pero aprovechando la Ruta de la Seda, algunos mercaderes y misioneros llegaron hasta la capital de Qubilay Khan. Éste fue el caso de Niccoló y Malleo Polo, que alcanzaron Dadu en 1266.

Al parecer fueron bien recibidos por el Gran Khan, que se interesó por el cristianismo y la ciencia occidental. Cinco años después, Niccoló, Matteo y Marco Polo -hijo del primero y sobrino del segundo-, llegaron a la corte de Kubilay. En el mismo siglo, Rabban Sauma, un chino cristiano, hizo un viaje en dirección contraria, de Dadu hasta Jerusalén, y siguió hacia Europa. Los relatos de ambos viajes constituyen documentos fascinantes de la vida del Asia medieval a lo largo de la Ruta de la Seda.

Comercio de tesoros: La seda no era el único producto valioso que se comercializaba por medio de este itinerario. También se llevaban especias, medicinas, marfil, plantas raras, animales exóticos, como los leopardos, y piedras semipreciosas, como el ámbar y el lapislázuli. Entre los productos de Occidente había tejidos, oro y plata. Las caravanas chinas llevaban seda, papel, armas, laca y ruibarbo. Estos bienes se vendían o se intercambiaban por otros en los bazares de las escalas de la ruta.

En función de la zona, las mercancías se cargaban en camellos, caballos, yaks y bueyes. El camello bactriano era la bestia de carga más resistente de Asia central: podía soportar el calor y el frío intensos, y le bastaba con el agua de los oasis. Las caravanas que recorrían la Ruta de la Seda solían ser bastante grandes y no era raro que llevaran hasta 400 camellos.

LA RUTA DE LA SEDA EN LOS VIAJES DE MARCO POLO: La descripción de Marco Polo de la vida en la corte del emperador chino dejó maravillados a los europeos de la Edad Media. Hasta entonces, casi nadie sabía que en el otro extremo del mundo había una civilización tan magnífica.Marco Polo afirmaba que sus palacios eran «tan grandes y tan fabulosos que resultaba imposible imaginarse arquitecturas de mayor belleza». En su interior había enormes y espléndidos salones, «todos pintados y adornados con oro batido».

En cuanto a las posibilidades de ganar dinero con el comercio de especias, Marco Polo describía un paraíso rebosante de jengibre, canela, clavo y «otras especias desconocidas en nuestras tierras».

En la Europa medieval los precios de especias como la pimienta eran muy altos. En el año 1511, un kilo de pimienta, por el que en Extremo Oriente se pedía un gramo de plata, podía costar hasta treinta gramos al llegar a Europa.

marco polo y la ruta de la seda

Fue precisamente la posibilidad de conseguir pimienta más barata lo que en un primer momento impulsó a los portugueses a buscar una nueva ruta marítima hacia Extremo Oriente. Aún se conserva la copia del libro de Marco Polo que tenía Colón.

En ella subrayó los puntos que más le interesaban: «perlas, piedras preciosas, brocados, marfil, pimienta, frutos secos, nuez moscada, clavo y otras especias en abundancia…».

Colón quería navegar hacia el oeste hasta alcanzar el otro extremo del mundo, porque sabía que al final encontraría la costa oriental de China.

Lo único que no sabía con seguridad era cuánto tiempo necesitaría para encontrar la tierra mágica, ni qué había, si es que había algo, entre la costa meridional de España y el nuevo mundo que iba a encubrir.

Resulta increíble pensar que las riquezas de la civilización que había conocido Marco Polo y que tanto anhelaba conocer Colón en realidad no se basaban en mucho más que el papel. El que ahora consideramos el más común de todos los productos naturales fue el mayor éxito de la China medieval.

Durante más de seiscientos años, a pesar de los asiduos intercambios comerciales, los chinos ocultaron celosamente el secreto de la fabricación del papel a los pueblos de Asia central, Oriente Próximo y Europa.

El secreto no fue revelado hasta que en la batalla de Talas del año 751 unos chinos fueron capturados por unos jinetes árabes, y, de hecho, aún tuvieron que pasar varios siglos para que los molinos de papel fueran habituales en Europa.

Gracias a la fabricación del papel, el pueblo chino se convirtió en la civilización tecnológicamente más avanzada del mundo.

Tal vez la veneración que sentían los chinos por el papel fuera una reacción a la gran quema de libros que ordenó el paranoico y obsesivo emperador Qin Shi Huang en el año -213, famoso también por haber hecho construir un enorme ejército de terracota para que lo acompañen y defendieran en el mas allá.

mapa rura de la seda y especias

Siendo adolescente, Marco Polo llegó a la corte de Qubilay Khan junto a su padre y a su tío en su segunda expedición a China. Allí aprendió la lengua mongo!, y el Gran Khan lo contrató como embajador y gobernador ambulante en China oriental durante tres años. En 1295 regresó a Venecia. Al año siguiente fue capturado en una batalla naval contra los genoveses y dictó a un compañero de prisión el relato de sus viajes, el mejor informe sobre Asia oriental del que dispusieron los europeos durante mucho tiempo, conocido como Libro de las maravillas del mundo o El millón e impreso en 1483.

Factores que contribuyeron al declive de la Ruta de la Seda, que se abandonó en el s. XV.

LA PESTE NEGRA: En la década de 1330, en China, hubo varios brotes de peste bubónica, y la Ruta de la Seda fue probablemente el principal medio de transmisión de la llamada peste negra a Europa a través de Asia central.

CAÍDA DE LA CHINA MONGOL: Los mongoles, que habían protegido la Ruta de la Seda desde mediados del s. xm, perdieron el control de China ante la dinastía Ming  en 1368.

EL COMERCIO BAJO LOS MING: A principios del s. XV, los chinos se unieron a los mercaderes árabes, persas e indios que comerciaban en el índico. Las flotas comandadas por Zheng He transportaban mercancías como la porcelana azul y blanca a Oriente Medio e incluso a África.

POR MAR: El comercio entre Europa y Asia oriental fue posible gracias a la ruta marítima a la India  abierta por Vasco da Gama en 1498.

ARQUEOLOGÍA: En el s. XIX, exploradores europeos redescubrieron la Ruta de la Seda. Fue Ferdinand von Rlchthofen, geógrafo alemán, quien le dio este nombre. En el desierto de Taklamakan se excavaron varias ciudades antiguas, entre ellas Dunhuang y Gaochang.

UNA NUEVA RUTA: En 1998, representantes de más de 30 países se reunieron para considerar la posibilidad de desarrollar una ruta Europa-Cáucaso-Asia equivalente a la antigua Ruta de la Seda.

EL DESIERTO DE GOBI: Esta ruta cruzaba uno de los desiertos mas grandes y peligrosos del planeta, extendiéndose a lo largo de unos 3.500 km desde el sudoeste hacia el nordeste, el Desierto de Gobi está formado por estepas y zonas áridas.

Al norte se halla a 800 metros sobre el nivel del mar, y al sur, a 1000 metros. En estas infinitas estepas el calor es insoportable en verano, mientras que en invierno el frío es extremadamente agudo.

La flora se reduce a hierba raquítica, algunos pequeños árboles y unas cuantas plantas bulbosas. La hierba es más alta en los valles, los cuales, no obstante, carecen totalmente de bosques. La fauna no está mejor representada, pues, en realidad, sólo se pueden mencionar los caballos y camellos salvajes.

Las poblaciones se hallan situadas en los límites de la estepa, en el lado de la frontera china, aunque en otros lugares se encuentran nómadas mongoles que vagan por las llanuras y mesetas con sus tiendas y rebaños.

Las pistas de las caravanas serpentean por todo el norte de Asia hacia China, pero son raros los vestigios de antaño, sea porque hayan sido borrados sin consideración, o se perdieran en un pasado misterioso. Algunos sabios consideran al desierto de Gobi la cuna de la humanidad.

Las poblaciones que vivían en estas regiones figuran entre las más sanguinarias que recuerdan nuestros cuentos infantiles: los hunos, los kirguises, los tátaros (que nosotros llamamos tártaros) y los mongoles.

Antiguamente, los hunos fueron los amos del desierto de Gobi. Eran nómadas de Asia, con nombre turco. Unos tres siglos antes de Jesucristo habrían ocupado las regiones próximas al curso superior del Huang-ho o río Amarillo.

En aquel tiempo debieron de empezar a extender su territorio y adoptar costumbres nómadas. Montados en sus pequeños y nerviosos caballos, surcaban las estepas saqueando y exigiendo  el rescate a las demás poblaciones.

La lucha contra los hunos se convirtió pronto en una de las principales preocupaciones del Imperio chino. A fin de preservar su cultura del peligro siempre creciente representado por los nómadas del desierto de Gobi, los emperadores de la dinastía Ts’in. hacia el año 215 antes de nuestra era, empezaron a construir la Gran Muralla.

Cómo llegaron a Occidente los secretos chinos de la seda
Los dos monjes fueron muy insistentes: tenían que ver al emperador. Dijeron poseer un valioso secreto y que habían viajado de China a Constantinopla (hoy Estambul) para revelarlo a la corte.

Eso fue hacia el año 550 d.C., cuando Justiniano I encabezaba el Imperio Romano de Oriente (bizantino). El secreto de los monjes mereció su atención: ofrecieron revelarle la técnica china para obtener seda.

En la pequeña isla griega de Kos se produjo un poco de la lujosa tela, con gusanos de seda encontrados en la localidad, que ingerían hojas de roble. Pero no era comparable a la seda china, hecha por gusanos alimentados con hojas de morera. Los romanos orientales compraban seda china a comerciantes que la transportaban más de 4 800 Km. a través de Asia Central, por la peligrosa Ruta de la Seda, desde Luoyang hasta el Mediterráneo oriental. La travesía tomaba ocho meses.

Cuando la seda llegó a Europa su peso se valoró, literalmente, en oro. Y cada vez era más costosa y difícil de conseguir, pues la Ruta de la Seda atravesaba territorios en guerra. Justiniano intentó importarla por conducto de comerciantes etíopes, que recibían embarques de China.

Aquellos monjes eran persas que habían divulgado el cristianismo en China durante muchos años, y aprendido los secretos de la seda. Entonces hicieron una propuesta a Justiniano: dado que era imposible mantener vivos a los gusanos durante una travesía tan larga, ofrecieron transportar sus diminutos huevecillos. Bastan 28 g de éstos para obtener 36 000 gusanos.

Justiniano colmó a los monjes de regalos y les prometió jugosas recompensas. Los dos hombres volvieron a China y se abastecieron de huevecillos. Luego emprendieron el arduo viaje a Occidente, con su preciosa carga escondida en bastones de bambú.

A su regreso, los monjes enseñaron a los romanos cómo criar a los gusanos, que se usaron para hacer la primera tela de seda europea. A algunos gusanos se les dejó convertirse en mariposa para conservar la especie y así nació la primera industria de seda en Europa. Pero a pesar de ello, los gusanos siguen prefiriendo la morera china.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia de la Historia y Todo Sobre Nuestro Mundo de Christopher LLoyd

Biografia de Marco Polo Vida y Ruta de sus Viajes a Oriente

Biografía de Marco Polo
Viajes de Marco Polo – La Ruta de la Seda a Oriente

Marco Polo fue un viajero europeo que llegó a China un poco antes de que asumiera la dinastía Ming, cuando el Imperio todavía estaba gobernado por los mongoles. Marco Polo nació en Venecia y pertenecía a una familia de mercaderes, que había llegado a China a través de la Ruta de la Seda y Especias , y que en su segundo viaje Nevaron a Marco.

Una vez en China, Marco Polo pasó a formar parte del cuerpo diplomático del emperador Kublai Khan, para quien llevó a cabo misiones por todo el imperio. En 1292, tras vivir en China durante 17 años, Marco fue enviado por el emperador como escolta de una princesa china en un viaje por mar hasta Irán, tras lo cual regresó a Venecia, donde se convirtió en oficial de la marina.

En una batalla contra la flota genovesa, fue hecho prisionero y durante su cautiverio le contó sus viajes a un compañero, quien los puso por escrito.

Estos relatos se publicaron con el título de Los viajes de Marco Polo, probablemente el libro de viaje más famoso e influyente de toda la historia. La riqueza de sus intensas descripciones supuso para la Europa medieval la primera toma de contacto con la realidad de China, además de las primeras noticias sobre otros países como Siam (Tailandia), Japón, Java, Cochinchina (en el siglo XXI una parte de Vietnam), Ceilán (en el siglo XX  Sri Lanka), Tibet, India y Birmania.

Durante mucho tiempo, esta obra fue la única fuente de información de Europa sobre la geografía y el modo de vida en el Lejano Oriente.

Los relatos de Marco Polo sirvieron para que los europeos se enteraran de muchas cosas respecto a Oriente. Además, sirvieron de modelo para elaborar los primeros mapas fiables de Asia que se hicieron en Europa, y despertaron en Cristóbal Colón el interés por el Oriente, que culminará con el descubrimiento de América en 1492, cuando pretenda llegar a la corte del Gran Khan que Marco Polo había descrito.

También incitó a los portugueses a tratar de abrir una ruta marítima que llegara a China bordeando África, algo que hará el navegante lusitano Vasco da Gama, afines del siglo XV. A partir de esa ruta los portugueses empezarán a frecuentar la costa de China y llegarán a Japón pero, lo más importante, se inmiscuirán en el comercio de la seda.

La dinastía Ming había prohibido el ingreso de los europeos en China hasta ese momento en que los portugueses comiencen a intervenir en el comercio chino, otros europeos se infiltrarán progresivamente hasta que, en el siglo XIX, terminarán desestabilizando al Imperio con sus constantes y ambiciosas exigencias de concesiones comerciales, absolutamente perjudiciales para la economía china.

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Biografía de Marco Polo y sus Viajes

Biografia de Marco Polo Vida Obra Viajes de Marco Polo Ruta de la SedaNarración   Histórica de sus viajes :
En el otoño de 1298, Marco Polo, prisionero de guerra veneciano de edad mediana, estaba en una cárcel genovesa.  Pasaba el tiempo contando un extraordinario viaje que había hecho en otro tiempo.  Las noticias sobre su pasado corrieron por Génova y la gente empezó a acudir a la prisión para oírle hablar de las legendarias tierras del gran Kublai Kan , emperador de los mongoles.

Salpicaban sus relatos los templos dorados, las minas de rubíes y otras maravillas que había visto en sus viajes por el Oriente, así como los suntuosos palacios y la deslumbrante vida cortesana del Gran Kan, que sobrepujaba en refinamiento y elegancia todo lo conocido en la Europa medieval.

Entre los compañeros de cárcel de Marco estaba un tal Rustichello, escritor profesional de novelas nativo de Pisa.  Tan cautivado como los demás con aquellas aventuras, persuadió a Marco de que pidiera a Venecia los libros de notas que había compilado para Kublai.  Aprovechando aquellas historias y notas y agregando uno que otro embellecimiento literario de su cosecha.

Rustichello completó un manuscrito sobre los viajes precisamente antes de la liberación de Polo en 1299.  Poco despu¿s se hicieron varias traducciones que circularon por Europa.  El libro empezó llamándose sencillamente Descripción del mundo, pues no era otra cosa y cubría más comarcas que ninguna otra obra de entonces.  Pero no tardó en ser conocido como

El libro del millón de maravillas del mundo, porque aludía burlonamente a las grandes cifras que daba Polo al mencionar los ingresos y riquezas del Kan.  Aunque hubo muchos lectores incrédulos, la narración de Polo despertó la admiración europea, que duraría siglos, hacia las riquezas y maravillas del fabuloso Lejano Oriente.

En el siglo Xlll, a medida que iba saliendo del aislamiento de la Edad Media, Europa se entregaba con afán a un comercio creciente -aparte de las guerras- en el Cercano Oriente.  Su población en rápido aumento y su desarrollo urbano habían incrementado la demanda de bienes, y como los señores feudales desdeñaban el comercio, surgió una nueva clase media de mercaderes en las villas y ciudades.

Ninguna más propicia para las empresas comerciales que Venecia, situada de modo ideal en el Adriático, vuelta hacia el este.  Fue en aquella ciudad próspera y refinada donde nació Marco Polo en 1254.

Unos meses antes del nacimiento de Marco, su padre Nicolo y su tío Maffeo, mercaderes de joyas, emprendieron un viaje de negocios a Constantinopla.  Los años transcurrían, y el comercio impulsaba a los Polo hacia oriente, hasta que llegaron a Bújara, muy adentro de las tierras gobernadas por los mongoles, o tártaros, como los europeos solían llamarlos.

Allí pasaron los Polo tres años, temerosos de moverse, ya que la región estaba infestada de partidas de guerreros y de bandidos.

Al fin, el enviado de un potentado local invitó a Nicolo y a Maffeo a acompañarlo a la corte de Kublai Kan en China.  Los Polo aceptaron el ofrecimiento de aquel sefíor, pues advirtieron en el acto la oportunidad única de emprender el comercio directo con el Lejano Oriente, evitando los intermediarios árabes y persas, y dichosos de salir de Bújara sin problemas.

En 1265, después de un arduo viaje de un año, Nicolo y Maffeo fueron recibidos por Kublai, nieto del gran constructor del imperio, Gengis, y el emperador más poderoso que el mundo hubiera conocido.  En los 20 años anteriores los habían precedido otros europeos -mercaderes y frailes- en territorio mongol, pero Nicolo y Maffeo Polo eran los primeros que visitaban China y eran presentados en la corte imperial.

Un mapa catalán representa a Marco Polo viajando en una caravana junto a sus hermanos por la ardua Ruta de la Seda, travesía que podía durar hasta cuatro años.

Curioso acerca del mundo entero, Kublai mostró interés en el cristianismo, acaso por razones políticas.  Cuando los Polo iban a partir, les pidió que llevaran una carta al Papa, solicitando que enviara 100 sabios sacerdotes a la corte mongol.  Invitó cordialmente a los hermanos a que volvieran a China con aquellos hombres y les dio una tablilla de oro inscrita que les garantizaría el retorno seguro a su patria.

En 1269, los Polo estaban de vuelta en Venecia .  Sólo entonces supo Nicolo que su esposa había muerto después de dar a luz a un hijo, Marco, al que había encomendado a unos parientes.  Marco, con sus 15 años, era un muchacho bueno y listo, y Nicolo decidió llevarlo consigo cuando regresara a la corte de Kublai.

Dos años después, Marco salió por mar de Venecia con su padre y su tío, rumbo a Catay, es decir China, viaje que representa un tercio de vuelta al mundo.  En Ayas, puerto al sudeste de Turquía, los Polo organizaron una pequeña caravana con camellos, caballos y servidumbre.

Hechos los preparativos, iniciaron la marcha, que habría de poner a prueba su valor y su resistencia física.  Ante ellos se dilataba toda Asia.

Los esfuerzos del Papa para satisfacer la solicitud de KubIai habían fracasado: no cien, sino sólo dos frailes se decidieron a unirse a los Polo.  Pero ahora, ya en camino, a los religiosos los sobrecogió el pánico y temieron por su seguridad.  Fingiéndose enfermos, volvieron atrás y los venecianos siguieron solos.

Marco, joven serio, amante de la naturaleza, empezó a llevar un diario de la expedición.  Como tenía habilidad para las cosas prácticas y los negocios, así como una mente impresionable, viva e indagadora, no se extendió acerca de las molestias personales del largo viaje, sino que sólo consignó todo lo que le parecía extraño y maravilloso: «fuentes» de petróleo, exóticas aves de caza, salinas, feroces puerco espines y minas de rubíes, entre otras muchas cosas.

Con la esperanza de evitar las regiones donde los cruzados y los musulmanes seguían peleando, la pequeña caravana se dirigió al norte.  Al ir llegando al mar Negro, torcieron al este, pasaron cerca del monte Ararat, donde se creía que había encallado el arca de Noé, y se internaron en las colinas de Georgia.

Todo este territorio era familiar a los mercaderes europeos, pero no a Marco, y lo sorprendió la vista de un manantial del que brotaban grandes cantidades de petróleo, un aceite que no se usaba como alimento -añadía-, sino como ungüento para tratar la sarna del hombre y el camello y para quemarlo en lámparas.  Los mesopotamios y los persas usaban desde hacía mucho el aceite fósil o petróleo para alumbrarse y calentarse, pero para un europeo medieval aquello era cosa nueva, pues lo mismo que los romanos y los egipcios, empleaban con tales fines el aceite de oliva, menos eficaz.

Los Polo entraron en Irán y se detuvieron en Saba, de donde habían partido los Reyes Magos siguiendo la estrella hacia Belén.  Marco oyó contar que sus cuerpos estaban perfectamente preservados en una tumba y trató en vano de averiguar algo más.

Los Polo habían llegado a una región remota y poco accesible, y las incomodidades y riesgos del viaje eran grandes.  La caravana apenas recorría de 16 a 30 kilómetros al día, por helados pasos entre montañas, desiertos pedregosos y cuencas de sal ardiente, donde la única agua potable era de un verde bilioso.

Al llegar a Kermán, los Polo pensaron continuar a China por mar, de modo que torcieron al sur, hacia Ormuz, puerto del golfo Pérsico.  De camino, pasaron por pueblos ocultos detrás de altas paredes de barro para protegerse de los karaunas, notorios merodeadores.

De pronto, los karaunas cayeron sobre la caravana en medio de una tempestad de polvo cegadora.  Marco relata que aquellos bandidos habían «adquirido el conocimiento de las artes mágicas y diabóliIicas, merced a las cuales producen oscuridad . . . , [de suerte que] las personas no pueden verse unas a otras, de no estar muy cerca».  Tuvo la fortuna de escapar, con su padre y su tío, y de dar con un pueblo, pero muchos de sus compañeros fueron «capturados y vendidos, y otros fueron muertos».  Marco, con la moderación que lo caracteriza, concluye: «Pasemos ahora a otras cosas.»

Por fin, los Polo llegaron a Ormuz, de clima bochornoso, pero les bastó echar una ojeada a las frágiles naves, de planchas «cosidas» con fibras de cocotero, para cambiar de opinión a propósito del viaje por mar, y regresaron a Kermán.  Tomaron la Ruta de la Seda, que los condujo a Balj, al norte de Afganistán.

Balj había sido una ciudad de palacios de mármol, capital de la antigua Bactriana, donde Alejandro Magno casó con la hija del rey persa Darío.  Pero los venecianos la encontraron convertida en ruinas calcinadas, 50 años después de haber sido arrasada por Gengis Kan.

Los Polo dejaron Balj atrás y pasaron a Badajshán, provincia montañosa al norte del Hindu Kush, donde las mujeres se rellenaban las caderas para aumentar su atractivo, y había minas de rubíes y del mejor lapislázuli del mundo.

Marco consigna: «En esta provincia nacen las piedras preciosas llamadas balax, que son bellas y de gran valor.  Nacen en las rocas de la montaña . . . El rey la manda horadar sólo para él, y nadie puede ir a esa montaña para buscar los balax, so pena de muerte; tampoco se pueden sacar del país … porque si el rey permitiera extraerlas, llegarían a abundar tanto que perderían su valor.»

La región era también famosa por su clima salubre.  «En las cimas de las montañas el aire es tan puro y saludable, que es conocido por restaurar la salud.» Marco lo atestiguó por experiencia propia, pues «luego de estar confinado por enfermedad durante casi un aiío en esta comarca», le recomendaron subir a las colinas, y se curó.

Partidos de Badajshán, los Polo cruzaron Cachemira por la meseta de Pamir.  Marco habla de «carneros salvajes muy grandes, cuyos cuernos miden sus buenos seis palmos.  Con estos cuernos hacen los pastores grandes cuencos para comer».  Estos notables animales, llamados carneros de Marco Polo, siguen siendo una caza mayor muy estimada.

Los Polo siguieron su camino por la meseta de 3600 metros de altitud.  Está enclavada entre cordilleras tan altas «que no se ven pájaros por las cumbres» y los fuegos «no dan el mismo calor que a menor altura».

De las montañas descendieron al Sinkiang, región templada con oasis verdeantes y calcedonia y jaspe en los lechos de los ríos.  Llegados a Lop, se dispusieron a cruzar el sur del desierto de Takla Makan.  Según Marco, tcquienes se proponen cruzar el desierto descansan una semana en esta ciudad para cobrar fuerza y disponerse para la jornada, cargando con provisiones para un mes».

«La longitud del desierto es tal, que se dice que llevaría un año o más cabalgar de un cabo al otro.  Aquí, donde es más angosto, se tarda un mes en atravesarlo.» El desierto de Takla Makan tenía fama de ser morada de espíritus malignos que arrastraban a los viajeros a la destrucción, llamándolos por su nombre y adoptando la apariencia de sus compañeros.

Los Polo tomaron precauciones y cruzaron felizmente un desierto traicionero debido a sus arenas susurrantes y a sus espejismos producidos por las ondas térmicas.

Durante varias semanas bordearon los límites meridionales del desierto de Gobi.  Llegaron a Kumul y penetraron en Mongolia, ya al oriente de Asia.

  Viajaban ahora por regiones habitadas por tártaros.  Marco anotaba todo lo que veía, u oía, desde el auténtico origen del amianto (que los europeos medievales creían que era lana de salamandra), hasta una gigantesca estatua yacente de Buda.  Realizó asimismo una de las primeras observaciones exactas acerca de los mongoles:

«Los tártaros prósperos se visten con paños de oro y seda, con pieles de cibelina, de armiño y de otros animales, siempre de la manera más rica.

«Son valientes en la batalla, casi hasta la temeridad … Soportan toda suerte de privaciones, y [si es preciso] pueden vivir un mes entero de la leche de sus yeguas y de las piezas que por azar lleguen a cazar … Los varones

aprenden a pasar a caballo dos días con sus noches, sin desmontar; así duermen mientras los caballos pacen.  No hay pueblo en el mundo que los supere en fortaleza ante las dificultades, ni de mayor paciencia en las penurias de toda especie …

«Si las circunstancias lo imponen. . ., pueden viajar diez días sin encender una hoguera ni comer como es debido.  Se alimentan de la sangre de sus caballos; les abren una vena y beben de sus propias monturas.»

Los Polo se acercaban a su destino.  Habían recorrido unos 13 000 kilómetros de terreno difícil en los tres años y medio transcurridos desde su salida de Venecia.  Advertido de su llegada, el Gran Kan «mandó salir a su encuentro, y dio órdenes para que en todos los lugares por donde pasaran se les proporcionase todo lo necesarios.

Por fin, en el verano de 1275, entraron los Polo en la ciudad mongol de Shangtu.  El espléndido palacio veraniego del Kan, de piedra y mármol, ocupaba 41 kilómetros cuadrados de parque, regado por muchos riachuelos y poblado de ciervos y otros animales de caza, que el monarca cazaba con guepardos y halcones.

Sentado en un enorme salón dorado, esperaba a los Polo uno de los gobernantes más notables de la historia.  Su imperio, el mayor que el mundo ha visto, se dilataba desde Hungría hasta la costa de China.  Kublai Kan, que tenía alrededor de 60 años, era un hombre bien constituido, de estatura mediana, con las mejillas encendidas y los ojos «negros y bellos».  Su figura, ataviado con una túnica de seda que los bordados de oro atiesaban, era imponente.  Cuando Nicolo presentó a Marco como «vuestro servidor y mi hijo», el Kan replicó: «Que sea bien venido, y mucho me complace.»

Shangtu era la residencia veraniega del Kan.  La capital principal de Kublai estaba a unos 300 kilómetros al sur, en Kambalik (el Pekín actual).  Era una ciudad más espléndida que Shangtu, con palacios de mayor magnificencia aún.  A fines de agosto, Kublai y su corte volvieron a Kambalik, y los Polo fueron también.

Miembro del séquito del Kan, Marco conoció íntimamente la casa imperial.  Kublai vivía con refinada suntuosidad.  Había adoptado muchas costumbres chinas y recibía a sus invitados al estilo chino más grandioso.

En los banquetes, donde a menudo había miles de comensales, se servían por lo menos 40 platos de carnes y pescados, 20 variedades de verduras, 40 clases de frutas y dulces y enormes cantidades de leche y vino de arroz.

Kublai tenía cuatro esposas legítimas, cada una con una corte de 10 000 personas.  Todas ellas tenían el título de emperatrices y en las ceremonias oficiales una de ellas ocupaba un lugar de honor junto al Kan.

Kublai tenía además centenares de concubinas, y cada par de años adquiría 30 ó 40 más.  Marco se enteró de que eran cuidadosamente seleccionadas en cuanto a belleza, y observó que «duermen tranquilamente, no roncan, tienen aliento dulce y están libres de olores desagradables».  Los padres consideraban un honor que sus hijas fueran elegidas, pues muchas veces el Kan daba sus concubinas por esposas a los nobles de la corte.

También servía al Kan un cuerpo de diabólicos astrólogos.  Marco Polo se refiere a ellos con gran desaproba ción:    «Se muestran en un estado sucio e indecente Por añadidura, son adictos a la horrenda práctica de asar y devorar el cuerpo de los condenados a muerte Tan peritos son en su infernal arte, que puede decirse que hacen lo que quieren, y mencionaré un caso, aunque se sale de los límites de lo creíble.

Cuando el Gran Kan está comiendo en su salón la mesa que hay en el centro se halla a una altura de ocho codos*, y a cierta distancia hay un aparador grande, donde están dispuestas todas las vasijas para beber.  Pues bien, por obra de su arte sobrenatural, hacen que las vasijas de vino, leche o cualquier otra bebida llenen las tazas espontáneamente, sin que las toquen los sirvientes y las copas recorren por el aire diez pasos hasta la mano del Gran Kan.  Cuando las ha apurado, regresan al lugar de donde vinieron.

Aquellos brujos de quienes se contaba que controlaban el estado atmosférico, impresionaban tanto al Kan, que dijo a los Polo que el cristianismo no le interesaría a menos que contara con análogos hacedores de milagros.

Igualmente mágica, para ojos occidentales, era la administración del vasto imperio del Kan.  Sus 34 provincias estaban gobernadas por 12 barones responsables sólo ante el Kan.  Un complejo sistema de cómodas postas, separadas por unos 40 kilómetros, con caballos veloces y ligeros, enlazaba las provincias con la capital y aseguraba que las órdenes del Kan fuesen prontamente ejecutadas.

La red de comunicaciones era tan eficiente que un mismo correo llegaba a recorrer 400 kilómetros en un día, y «en la estación de las frutas, lo que es recolectado por la mañana en Kambalik, le llega a la tarde del día siguiente al Gran Kan en Shangtu, aunque la distancia suele considerarse de diez jornadas».

Los viajeros no tenían dificultades con la moneda en la mayor parte del imperio.  Los billetes impresos en la casa de moneda del Kan en Kambalik eran aceptados por doquier, salvo en el lejano sur y el lejano oeste del imperio.  Marco Polo describió cómo unos artesanos hacían los billetes: «Toman la membrana que hay entre la corteza y el tronco.

Remojada y machacada en un mortero hasta quedar reducida a pulpa, se hace con ella un papel.  Lo hacen cortar en trozos de varios tamaños, casi cuadrados. . . El funcionario principal, después de mojar en bermellón el sello real, sella cada trozo de papel … La falsificación es castigada con la pena de muerte.» Transcurrirían 600 años antes de que el papel moneda se utilizara comúnmente en Europa.

Pese a algunas asperezas, el Kan era en muchos aspectos un déspota bastante benévolo.  Si el hambre o la peste afligían cualquier parte de su imperio, suministraba granos y ganado de los bienes imperiales a las víctimas.  Si caía un rayo en un buque mercante, el Kan renunciaba a su parte.  Si admiraba la estructura social y económica de algún territorio conquistado, la dejaba intacta, como había hecho con China.

Marco Polo no averiguó todo esto en seguida, sino a lo largo de muchos años.  Nicolo y Maffeo se establecieron en Kambalik para comerciar, y pocas veces los menciona Marco en el relato de los años que vivieron los tres en China, seguramente porque viajaban mucho.

El avisado joven Polo adoptó en seguida las costumbres tártaras y aprendió a leer y conversar en cuatro idiomas del imperio mongol.  Al Kan le impresionaron tanto su inteligencia y logros que decidió poner a  prueba el talento mercantil de Marco y lo envió con una misión a China sudoccidental, Birmania y Bengala.  «Advirtien de que al Kan le agradaba oír relatos de todo lo que fuera nuevo para él», Marco procuró recabar informaciones correctas, y anotó todo lo que veía y oía.

Durante los 17 años que Marco permaneció al servici de] Kan, se hizo tan útil que se le encomendaron misione confidenciales a todas partes del imperio y sus dependencias.  A veces viajó también por su cuenta, pero siempr con el consentimiento del Gran Kan.

Estas misiones llevaron a Marco por el norte a. Mongo lia, por el sur a Birmania y Bengala, por el oeste a Tíbe y por el oriente a las ciudades de la costa china.  Durant tres años fue el agente del Kan en la hermosa ciudad d Kinsai (Hangchow), al sur del río Yangtzé.

Lo mismo que Venecia, Kinsai estaba construida en tre canales, pero sus dimensiones y magnificencia líacía que Venecia pareciera un poblado.  Kinsai, inform Marco, tenía 160 kilómetros de circunferencia.  Había n menos de 12 000 puentes sobre los canales, y la cali principal, que cruzaba la ciudad de punta a punta, me día 40 pasos de anchura.  La calle estaba interrumpid por 10 enormes plazas rodeadas de altas casas y tiendas donde se vendían vinos, especias, joyas y perlas.  Dos o tres veces por semana, en cada plaza se reunían unos 50 000 comerciantes y compradores.  Marco lo describe así: «Abundan las piezas de caza de todo género, esto es, corzos, ciervos, gamos, liebres, conejos, perdices, faisanes, codornices, gallinas, capones y tantos patos y ocas que no alcanzan las palabras …

«Hay en todo tiempo, en dichas plazas, toda clase de hierbas y frutas y, sobre todo, unas peras grandísimas que pesan cinco kilos cada una, blancas por dentro como una pasta y olorosísimas.  También hay duraznos amarillos y blancos muy delicados… Cada día llega [del mar] gran cantidad de pescado … y también abunda el del lago … de diversas clases según las estaciones del año.»

A Marco Polo le fasinaron los baños públicos, de agua sin calentar, adonde los chinos concurrían a diario.  Al parecer consideraban los baños de agua fría «muy conducentes a la salud».  Sin embargo, también había baños de agua caliente «para los extranjeros, que no soportan la impresión del frío».

Describe también Marco los gremios de artesanos de Kinsai y señala que Kublai Kan no imponía la antigua ley china según la cual todo hombre debía seguir ejerciendo el oficio de su padre: «Cuando adquirían riqueza, se les permitía evitar el trabajo manual, a condición de conservar el establecimiento en buen estado y de dar empleo a personas que practicasen los oficios paternos.»

Marco no restringió sus viajes, en modo alguno, a la comodidad y seguridad de las grandes ciudades.  Viajó por toda China y probablemente llegó a conocerla mejor que la mayoría de los chinos y que sus dominadores mongoles.  Su gira más prolongada fue por las provincias sudoccidentales de Sechuan y Yunnan y por una región que llamó «Tíbet».  Al recorrer aquellas comarcas, quedó cautivado por la moneda de sal que circulaba en Tíbet: «Tienen aguas saladas de las que extraen la sal hirviéndolas en sartenes.

Luego de hervir una hora se cuajan en una pasta a la que se da forma de panes de dos dineros, planos por debajo y redondeados por encima; y cuando están hechos se ponen sobre ladrillos bien caldeados al fuego, donde se secan y endurecen.  En ellas se imprime el sello de] señor.  Tales monedas no pueden ser hechas sino por la gente de] señor.»

Los viajes eran bastante arriesgados, no sólo por los bandoleros sino por los animales salvajes.  Los viajeros obligados a acampar por la noche en despoblado se protegían encendiendo hogueras de bambúes verdes que crecían en la orilla de los ríos.  En la lumbre, las cañas a menudo «estallan con grandes detonaciones» que podían oírse a tres kilómetros y ahuyentaban a los animales.

Marco llegó 4 Birmania, región desconocida para los europeos y que sólo fue explorada seis siglos después.  En aquella remota zona, Marco vio las cosas más raras: gente que se forraba de oro los dientes, hombres tatuados de pies a cabeza.  Se enteró de la singular costumbre de una comarca: «No bien una mujer ha tenido un niño y lo ha lavado y envuelto, el esposo toma su lugar al punto, pone la criatura a su lado y la cuida durante 40 días . . . La mujer amamanta al niño a su lado.»

Diez años más viajó Marco Polo por cuenta del Kan, mientras su padre y su tío se enriquecían con la compraventa de joyas.  Pero anhelaban volver a ver Venecia.  Y Marco explica:

«Cada vez estaban más empeñados en ello, [sobre todo] cuando pensaban en la edad muy avanzada del Gran Kan, cuya muerte, de producirse antes de su partida, podría despojarlos de aquella asistencia general, única con que podrían contar para vencer las dificultades de un viaje tan largo…

«Así que Nicolo Polo aprovechó la ocasión un día, al notar que el Kan estaba más contento que de costumbre; se postró a sus pies y solicitó, en nombre propio y de su familia, el gracioso permiso de Su Majestad para partir.»

Al Kan pareció dolerle.  Que pidieran lo que quisieran, respondió; pero, «por la consideración que les tenía, debía decididamente rechazar su petición».  Los Polo estaban, de hecho, prisioneros, y de no haber sido por un golpe de suerte, la historia pudo no llegar a saber nunca nada de Marco Polo.

Hacia 1286, llegaron a la corte del Gran Kan en sc>licitud de nueva esposa unos enviados de un pariente de Kublai, Arghyn Kan, gobernante de Persia.  Fue escogida una joven de 17 años, «bella y exquisita», ylos enviados partieron con ella por tierra.  Cosa de un año más tarde, la caravana reapareció en Kambalik, rechazada por las belicosas tribus del Asia central.  Se dio el caso de que Marco acababa de volver de un viaje a las Indias Orientales, y los enviados pidieron a los Polo que los guiaran por mar.  Cuando el plan fue expuesto al Gran.  Kan, convino a regañadientes en dejar partir a los Polo y les dio cartas dirigidas a los reyes de Europa.

En 1292 zarpó de China una flotilla de 14 barcos que llevaban a centenares de hombres y mujeres, incluyendo a los tres Polo, a los embajadores de Arghyn Kan y a la joven novia.  Siguieron la costa de China hacia el sur, bordearon Vietnam, llegaron a Sumatra, pasaron a Ceilán y la India, y enfilaron al norte hacia Ormuz.  La incansable curiosidad de Marco le llevó a describir tierras, pueblos y otros temas de que los europeos hasta entonces no tenían la menor noticia: desde una descripción del rinoceronte (al que llamó unicornio) hasta una favorable biografía de Buda.

Por fin, la flota arribó a Ormuz, en el golfo Pérsico, al mismo puerto en el que los Polo habían decidido no embarcarse 20 años atrás.  La travesía había durado un par de años, y no estuvo libre de molestias y peligros.

Marco habla de unos piratas que obligaban a los merca deres capturados a tomar una purga que les hacía vomitar las joyas que se hubieran tragado para ocultarlas.  Muchos de la partida murieron por el camino, pero la voluntad indomable, el vigor y la suerte no abandonaron a los Polo.  La joven fue entregada sana y salva, pero Arghyn había muerto, de modo que la casaron con su hijo.  Los Polo, lejos aún de su patria, prosiguieron por mar y tierra hasta Constantinopla.  Debió de ser un alivio para ellos ir ya de camino hacia Occidente cuando se enteraron de la muerte del Kan en 1294.

En 1295, Marco, Nicolo y Maffeo Polo entraron por fin en el puerto de Venecia, después de una ausencia de 24 años.  Al principio nadie los reconoció, pues habían adquirido «cierto matiz tártaro indefinible, tanto en el aspecto como en el acento».  Los vecinos contaban que los Polo, para probar sus relatos respecto a las riquezas que habían adquirido y a las muchas que habían contemplado, dieron a los suyos un banquete, al final del cual desgarraron las costuras de las toscas vestimentas que traían de Asia y derramaron sobre la mesa gran cantidad de diamantes, perlas, rubíes, esmeraldas y otras piedras preciosas.

La edad de Marco Polo no excedía en mucho los 40 años, pero apenas se sabe algo de su vida posterior.  Debe decirse que nunca volvió a alejarse mucho de Italia.  Tres años después de su regreso, fue capturado por los genoveses.  Liberado de la cárcel, Marco se casó y tuvo tres hijas.  Sin duda, disfrutó de la celebridad que debió a la circulación de su libro, aunque muchos lectores lo acusaron de «contar patrañas».

Cosa singular, al morir en 1324, Marco no era muy rico.  Su última voluntad fue que se liberase al sirviente tártaro que había llevado consigo.  Inevitablemente, en torno al veneciano y sus viajes se multiplicaron las leyendas.  Según unos amigos, alguien preguntó a Marco agonizante si no querría al fin suprimir de su relato «todo lo que fuese más allá de los hechos».  Parece ser que él contestó: «No he contado ni la mitad de lo que vi.»

Pero Marco Polo no tuvo la culpa de lo mucho que otros debieron de añadir a su libro.  Con los años, fue criticado por numerosos errores, on-úsiones y exageraciones; pero no eran nada en comparación con los que aparecían en otros libros de la época.  Cualesquiera que fuesen sus limitaciones, sus observaciones eran indiscutiblemente realistas, e influyeron no poco sobre generaciones posteriores de cartógrafos, geógrafos, viajeros y sabios de toda índole.  Hasta su errónea localización de Japón entre

China y Europa tuvo su importancia: unos 200 años después, uno de los lectores de Marco Polo se lanzó a buscar una ruta occidental al Oriente, llevando consigo un ejemplar cuidadosamente anotado de los Viajes.  Cristóbal Colón no encontró Japón ni China, pero la inspiración que debió a Marco Polo lo llevó a otro mundo nuevo.

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