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Biografia de Charles Dickens Obras y Libros Vida David Copperfield

Biografía de Charles Dickens
Obras Literaria – Vida David Copperfield

En Inglaterra el desarrollo industrial favorece la consolidación de una sociedad burguesa. La narrativa realista es testigo de ello especialmente con la figura de Charles Dickens, Inglaterra es en el siglo XIX un país de arraigada tradición lectora gracias a la prensa periódica, firmemente arraigada, y a las bibliotecas. La consolidación de la novela por entregas o folletín provoca una auténtica pasión que hace a los escritores ídolos de su público. Condicionadas por este sistema, las novelas de la época suelen ser extensas, de estructura itinerante y llena de suspense, y con final feliz.

Charles Dickens fue el mayor escritor de la época victoriana, aquel tiempo en que para referirse a los pantalones se decía «los inmencionables» y que se cubría con una púdica faldita las patas de los pianos de cola. En esos honrados hogares ingleses el padre solía leer en voz alta a toda la familia y a los criados historias sentimentales, esperanzadas, humorísticas y edificantes que Dickens escribía a tanto la página por encargo del editor.

Con excepción de Tiempos difíciles, de periodicidad semanal, por lo común entregaba veinticuatro o treinta y dos páginas al mes que se iban publicando, acompañadas de un par de ilustraciones, durante aproximadamente dos años. Este procedimiento generaba un suspense tan extraordinario que se cuenta que cuando un barco inglés atracaba en Nueva York ya se interrogaba a gritos a los pasajeros desde el muelle qué ocurría con el pobre David Copperfield. Esta famosa novela, como tantas otras del autor, contiene numerosos pasajes autobiográficos, y es que Dickens jamás olvidó nada.

Charles Dickens: El pequeño David Copperfield

dickensSin lugar a dudas, al repasar la extensa y prolífera bibliografía producida por Charles Dickens, entre las que podemos hallar novelas, obras de teatro, cuentos y otras publicaciones, entendemos el motivo por el cual siempre ha sido considerado uno de los más grandes autores del siglo XIX, sobre todo por la composición de sus personajes, la representación de la sociedad de la época a través de las letras, y el gran talento que le permitió tener un absoluto dominio de la prosa.

Nacido bajo el nombre de Charles John Huffam Dickens el 7 de febrero de 1812 en la ciudad inglesa de Portsmouth, fue el segundo de ocho hijos y si bien debió trabajar desde pequeño para colaborar con la economía familiar debido a que su padre se encontraba preso, lo cierto es que también tuvo la posibilidad de estar cerca de una gran cantidad de obras artísticas y literarias, gracias a los libros de su padre, y al mismo tiempo recibió la influencia de su niñera, que solía contarle largas y atrapantes historias. Aquello le permitió que su imaginación pudiera crecer y desarrollarse rápidamente. Además le encantaba leer.

Seguramente su permanente contacto con la pobreza como así también los tiempos difíciles que le tocó vivir a su familia, lo afectaron profundamente. Incluso, Dickens llegó a relatar parte de aquellas tempranas experiencias en la novela “David Copperfield”, que es considerada casi autobiográfica. Asimismo, su trabajo de juventud en una fábrica de betún perteneciente a un familiar, despertaron en él la preocupación por la justicia social y la reforma, aspectos que también fueron expuestos en sus escritos.

Cuando finalmente su padre salió de la cárcel, Charles pudo llevar a cabo una educación formal en la Academia de Wellington House. Poco tiempo después comenzó a dedicarse al periodismo. Sólo tenía 16 años cuando accedió a la posibilidad de convertirse en reportero de la Corte, y poco después ingresó a trabajar en un periódico que publicaba el Parlamento.

Lo cierto es que en aquel período Dickens desarrolló un fuerte interés en la reforma social, por lo que comenzó a escribir para el periódico “True Sun”, conocido por su orientación radical. Mientras tanto, comenzó a desarrollar su verdadera vocación, basada en la producción literaria.

No obstante, a pesar de su constate labor en el campo de la literatura, Dickens jamás abandonó su trabajo como periodista político, y durante su vida escribió para publicaciones como “The Daily News”, “Household Words” y “All the Year Round”. En realidad fue su reputación como periodista lo que le permitió comenzar a publicar su propia ficción al principio de su carrera.

Pocos años debieron pasar para que Dickens comenzara a ser considerado como uno de los autores más exitosos de su tiempo. Mientras tanto, halló el amor y se casó conCatherine Hogarth, hija de un compañero de trabajo, formando una pareja que llegó a tener diez hijos antes de su separación en 1858.

Su producción literaria se inició en 1836, y al año siguiente publicó una de sus más famosas obras, “Oliver Twist”, seguida de “Nicholas Nickleby”, “La tienda de antigüedades” y “Barnaby Rudge”.

Fue en 1843 que Dickens publicó una de sus obras más famosas, titulada “A Christmas Carol” (Un cuento de Navidad), en el que se refleja su desencanto por el mundo de la época, y donde el autor culpa a la sociedad obsesionada con el dinero de la mayoría de los males del mundo.

En la década de 1840 se inició una nueva etapa en la vida de Dickens, durante la cual sus escritos se volvieron más extensos y profundos, coincidiendo con sus frecuentes viajes a los Estados Unidos y a distintas zonas de Europa, época en la que surgieron obras como “Martin Chuzzlewit” y “Dombey e hijo”.

Luego en 1850 el autor publico su novela casi autobiográfica titulada “David Copperfield”, donde los lectores pueden hallar el mundo imperfecto que Dickens descubrió cuando era un niño. Le siguieron a esta, obras como “Casa desolada”, “Tiempos difíciles” y “La pequeña Dorrit”.

De pequeño padeció la miseria y nadie después de él la ha descrito con tanta viveza melodramática ni ha logrado arrancar tal caudal de lágrimas a un número tan grande de fieles lectores. A los veinticuatro años, dio el empujón definitivo al género folletinesco el día en que decidió reunir a un ridículo personaje, el erudito aficionado Pickwick, con un sanchopancesco truhán que derrochaba gracejo, el limpiabotas Sam Waller: de la tirada inicial de cuatrocientos ejemplares de Los papeles póstumos del club Pickwick, el editor pasó a vender la astronómica cifra de cuarenta mil. A su muerte, Dickens había alcanzado con sus fábulas tan asombrosa popularidad que Inglaterra y América se pusieron de luto. A los niños se les dio la noticia como si se tratara del fallecimiento de un familiar, y un chiquillo, al enterarse, preguntó: «¿El señor Dickens ha muerto? ¿También morirá Papá Noel?»

Luego de separarse de su esposa, Dickens revivió aquel sueño de editar una revista literaria semanal, a la que llamó “All the Year Round”, y en la cual publicó algunas de sus más conocidas novelas, entre ellas una “Historia de dos ciudades”, “Grandes esperanzas” y “El Guardavías”.

Con el comienzo de la década de 1860, la salud de Dickens comenzó a deteriorarse, hasta que luego de transcurridos diez duros años, precisamente el 9 de junio de 1870, Charles Dickens murió.

Con su desaparición física se coartó la posibilidad de que el autor pudiera culminar su última obra titulada “El misterio de Edwin Drood”, que quedó inconclusa, pero lo cierto es que su legado es evidente aún en la actualidad. Es por ello que entre los escritores ingleses, en lo que respecta al reconocimiento del público, sus obras sólo han sido superadas por William Shakespeare….

SUS ULTIMOS AÑOS: La intensa actividad publica a la que se había entregado, aun cuando le proporcionaba espléndidos beneficios económicos, acabaría por minar su salud. El impacto moral que le produjo un accidente ferroviario, del que afortunadamente salió físicamente ileso, fue el desencadenante de la falta de confianza en sus propias fuerzas. Nuestro mutuo amigo, publicada también en All the Year Round, entre 1864 y 1865 sería su última novela completa, y una de las más escabrosas y enrevesadas de su amplia producción. Por cierto que en el personaje de Bella Wilfer se ha querido ver un retrato de la ambiciosa y seductora Ellen Ternan.

Entretanto, las antiguas colonias británicas al sur de los Grandes Lagos se habían enzarzado en una cruentísima guerra civil, que tuvo importantes repercusiones en Inglaterra, al quedar interrumpido el comercio del algodón. Una vez restablecida la convivencia nacional con el triunfo de los estados industriales del norte sobre los agropecuarios del sur, Charles Dickens fue invitado a efectuar una nueva gira por los Estados Unidos.

A pesar de que él se temía una mala recepción, a causa de lo que había escrito con posterioridad a su primera visita, las ansias de notoriedad y las ventajas de orden económico que le podía reportar pudieron más que sus escrúpulos, por lo que emprendió el viaje en 1867.

En contra de sus temores la gira alcanzó un éxito tan grande que la actividad física consiguiente le dejó completamente exhausto. A Dickens le faltó la sensatez necesaria para comprender que su salud se hallaba ya muy afectada.

A pesar de ello, los compromisos sociales y las lecturas públicas no se interrumpieron con su vuelta a la patria. Recorrió Irlanda y Escocia, además de la propia Inglaterra, robando incluso tiempo a su descanso para iniciar otra novela, El misterio de Edwin Drood. En 1870 se le confirió el honor de ser recibido en palacio por la reina Victoria; pero el cansancio de la dilatada e incómoda audiencia (que Dickens tuvo que soportar de pie), unido a su decreciente resistencia física, acabaron por minar las escasas energías del escritor, de tal modo que, víctima de un colapso, falleció en su residencia de Gad’s Hill el 9 de junio de aquel mismo año.

De Edwin Drood habían aparecido seis entregas mensuales, pero la novela quedó inconclusa y fueron un fracaso cuantos intentos hicieron otras manos por completarla. Es muy difícil establecer una bibliografía rigurosa de las obras de Charles Dickens, ya que, aparte de sus numerosas aportaciones a las revistas propias y extrañas, escribió poemas y piezas teatrales y colaboró con su amigo Wilkie Collins en varios relatos.

Dickens fue sin duda el escritor inglés más prolífico del sigloXIX, pero tuvo que pagar un alto precio por ello, puesto que su ruina física, ya que no intelectual, le llevó tempranamente a la tumba cuando sólo tenía cincuenta y ocho años.

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AMPLIACIÓN DEL TEMA:
PARA SABER MAS…

En Inglaterra e desarrollo industrial favorece la consolidación de una sociedad burguesa. La narrativa realista es testigo de ello, especialmente con la figura de Charles Dickens.

Charles Dickens y la novela realista
Inglaterra es en el siglo XIX un país de arraigada tradición lectora gracias a la prensa periódica, firmemente arraigada, y a las bibliotecas. La consolidación de la novela por entregas o folletín provoca una auténtica pasión que hace a los escritores ídolos de su público. Condicionadas por este sistema, las novelas de la época suelen ser extensas, de estructura itinerante y llena de suspense, y con final feliz.

Charles Dickens (1812-1870) es un perfecto ejemplo de este nuevo tipo de escritor de éxito, cuyas entregas mensuales esperaban ávidamente los lectores. Las novelas de Dickens, que sintetizan las tradiciones narrativas cultivadas desde el siglo XVIII, se caracterizan por su estilo realista y por la vigorosa descripción de personajes y ambientes a menudo oscuros, junto a la intención satírica y cierto sentimentalismo, está también presente un agudo sentido del humor.

De sus primeras obras, la que le dio fama fue Los papeles póstumos del Club Pickwick, novela de tono caricaturesco y humorístico. Oliver Twist, otra de sus novelas más famosas es la sombría historia de un pobre huérfano; el tema de la infancia enmarcada en una situación social difícil es frecuente en la narrativa de Dickens. Oliver Twist inaugura en su narrativa un filón melodramático y sentimental que se prolonga en La pequeña Dorrít o en el famoso cuento Canción de Navidad, fábula moral con elementos de fantasía.

Más adelante escribió sus mejores novelas, en las que retrata a la sociedad inglesa de la época victoriana, como la autobiográfica David Copperfield (ver Obras clave) o Tiempos difíciles, que describe la dura vida del proletariado, otro tema frecuente en Dickens. Otras novelas suyas son Grandes esperanzas e Historia de dos ciudades.

SU VIDA Y FORMACIÓN: En la realidad, Charles había sido el segundo de los hijos del matrimonio formado por un empleado de la Oficina de Pagos de la Armada de Portsmouth, John Dickens, y la joven Elizabeth Barrow. La prodigalidad y el atolondramiento del bondadoso John, muy querido a pesar de todo por cuantos lo conocían, lo llevaron a la cárcel de deudores de Marshalsea junto con toda su familia, a excepción de Charles, que pasó a trabajar durante tres meses en una fábrica de betunes para calzado. Ello ocurría en 1824, y esta vida de pobreza, acarreando unos pocos enseres de un tugurio a otro, la describió Dickens conmovedoramente en La pequeña Dorrit, novela que comenzó a escribir en 1855.

Pese a todo, Dickens disfrutó de una notable formación intelectual como autodidacta, pues su padre poseía un centenar de obras clásicas y su madre le enseñó a leer y rudimentos de latín. Aunque pasó por la escuela pública y por la Wellington House Academy de Londres, fueron sus lecturas en las bibliotecas del Museo Británico londinense las que más ayudaron a completar su instrucción.

Todo ello, junto a su prodigiosa capacidad de observación, le permitiría en el futuro convertirse en un fiel cronista de su época, pero antes debía desempeñarse como ayudante en el despacho de un procurador deGrav’s Inn, como taquígrafo en un colegio de abogados londinense y como periodista parlamentario, empleo este en el que se ocupaba igualmente su padre por entonces, después de que una inesperada herencia hubiera sacado a flote la economía familiar.

Por fin, a los veintiún años, en 1833, publicaría su primera narración, por la misma época en que sufría su primera decepción amorosa al romper con Mary Beadnell, de la que se había enamorado locamente tres años antes y cuyo retrato trazó en la joven esposa de David Copperfield, Dora.

SUS AMORES: Charles había conocido a Mary a través de su hermana Fanny y había albergado esperanzas de casarse con ella pese a que, siendo ésta la hija de un hombre que ocupaba un puesto eminente en el banco Smith, Payne and Smith, sabía que su situación financiera, poco floreciente, iba a ser examinada y sometida a inspección por su improbable suegro con la misma escrupulosidad y rigidez que si de un cliente cualquiera se tratara.

Durante las veladas musicales que constituían la principal diversión de los jóvenes de aquel entonces, Mary tocaba el arpa y Charles invariablemente entonaba canciones cómicas con desenfado, pero ella, sólo un año mayor aunque mucho más experimentada y astuta, tan sólo coqueteaba por juego con el modesto periodista, reservándose secretamente para un hombre rico. Sus relaciones estuvieron jalonadas de episodios en los que Mary hacía gala de frialdad y displicencia, mientras que Charles perseveraba en estériles demostraciones de cariño, hasta que por último se determinó el joven a abandonarla y le devolvió las cartas que había conservado durante años como preciadas joyas.

Este doloroso amor permaneció cruelmente en su memoria durante mucho tiempo, pero en 1855 volvió a encontrar a Mary convertida en la señora de Henry Winters, «gorda, con cuarenta y cuatro años», y la angelical e inconsciente muchacha que le había inspirado el personaje de Dora de David Copperfield se encamó después en la ridícula y madura Flora Finching de La pequeña Dorrit.

La siguiente elección sentimental de Dickens no fue tan desafortunada, porque reparó en la hija de un compañero de redacción del Morning Chronicle, George Hogarth, quien no puso ningún impedimento para que contrajera matrimonio enseguida con Catherine, la mujer que compartiría con él veintidós años de su vida y que le daría diez sucesores. Pero si bien al principio la unión fue feliz, con el paso del tiempo se convirtió en insoportable y, después de dos décadas de aparente fidelidad conyugal, sobrevino la ruptura en circunstancias que exacerbaron el nerviosismo y la irritabilidad de un hombre que, en la cumbre de su fama, estaba sometido a demasiadas tensiones y a exigencias editoriales que acabarían por quebrantar su salud.

El detonante de esta separación debió de ser el tercer gran amor de Dickens, la joven actriz de dieciocho años Ellen Teman, a la que conoció durante la preparación de una de las obras de teatro escritas por él, La helada profundidad, y en la que participaban también cuatro de sus hijos.

Corría el año 1857, su matrimonio estaba en crisis y su corazón había reverdecido a causa de una inocente muchacha que tenía la misma edad que su hija Katy. Tratando de escapar de su propio desasosiego, inició un viaje por el norte con su gran amigo Wilkie Collins, extravagante personaje, opiómano, amancebado con dos mujeres y genial narrador de novelas de misterio como La piedra lunar y La dama de blanco, con quien por ese tiempo borrascoso llegó a escribir Dickens al alimón un curiosísimo relato titulado La descansada gira de dos aprendices ociosos.

En el célebre capítulo IV de dicho libro, en un cuento intercalado que se conoce como «La cámara nupcial», se describe a la joven amante del escritor, con la que mantuvo contradictorias relaciones, a veces ocultándola con nombres supuestos, otras exhibiéndose con ella públicamente. «Era una Novia —escribe—. Una muchacha hermosa, de cabellos rubios, grandes ojos, que no tenía carácter ni voluntad. Débil, crédula, incapaz, una nulidad desvalida». Asesinada sañudamente la Novia por otro personaje ruin y siniestro, ésta reaparecerá después en la trama convertida en un fantasma de pesadilla empecinado en una venganza eterna.

Sea como fuere, esta catarsis literaria no hizo que los agobios y resentimientos de Dickens se aliviaran, ni tampoco sirvió de nada que, inconvenientemente, el escritor publicara una vergonzosa palinodia donde explicaba las razones de su divorcio de la ahora gordísima Catherine, morboso texto publicado el 12 de junio de 1858 en Household Words (Palabras del hogar), revista aparecida en 1850 y que durante nueve años de vida contó con los mas prestigiosos colaboradores. La sociedad  puritana de su tiempo jamás se lo perdonó.

PASAJE DE UNA NOVELA DONDE HABLA SOBRE
LA CIUDAD DE COKETOWN DURANTE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL:

Coketown (o Aldea de Carbón) según Dickens
«Coketown (…) era una ciudad de  máquinas y de altas chimeneas, por las que salían interminables  serpientes de humo que no acababan nunca de desenroscarse, a pesar de salir y salir sin interrupción. Pasaban por la ciudad un negro canal y un río de aguas color púrpura maloliente; tenía también grandes bloques de edificios llenos de ventanas, y en cuyo interior resonaba todo el día un continuo traqueteo y temblor y en el que el émbolo de la máquina de vapor subía y bajaba con monotonía. lo mismo que la cabeza cíe un elefante enloquecido cíe melancolía. Contenía la ciudad varías calles anchas, todas muy parecidas, además de muchas calles estrechas que se parecían entre sí.

(…) La multitud de habitantes de Coketown, conocidos con el nombre genérico de brazos -raza de hombres que habría gozado de un favor mayor entre ciertas gentes si la Providencia hubiese tenido a bien hacer de ellos o puros brazos, o puros brazos y estómagos, a la manera de ciertos animales rudimentarios cíe las costas del mar— (…) entraban y salían cíe sus casas a idénticas horas, levantando en el suelo idénticos ruidos de pasos, que se encaminaban hacia idéntica ocupación y para las que cada día era idéntico al de ayer y al de mañana y cada año era una repetición del anterior y del siguiente».

Graciela Marker Para Planeta Sedna
Fuente: Grandes Biografías Tomo 3