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Biografia de Rawson Guillermo Medico Sanitarista y Su Obra

Biografía de Rawson Guillermo Medico Sanitarista Argentino

El higienista Guillermo Rawson. — Después de una brillante actuación pública como Senador Nacional y Ministro del Interior del presidente Mitre, Guillermo Rawson (1821-1890) se incorporó a la Facultad de Medicina como titular de la cátedra de Higiene, que acababa de crearse.

Su visión lo llevó a vincular las cuestiones de la higiene pública con las cuestiones sociales -—pauperismo, salarios, urbanismo, régimen de trabajo, organización social, etc.—, colocando el centro de gravedad de la materia en las condiciones sociales de la colectividad.

Guillermo Rawson medico argentino

Representante de nuestro país en el Congreso Médico Internacional, reunido en Filadelfia en 1876, presentó una Estadística vital de Buenos Aires, que fue el primer trabajo que sobre el tema se efectuó en nuestro país.

La habitación insalubre y superpoblada —sostuvo— repercute en el aspecto físico de la población, aumentando las enfermedades transmisibles y elevando la mortalidad.

Para neutralizar esta deficiencia señaló la necesidad, en el caso concreto de Buenos Aires, de fijar un plan de saneamiento de la ciudad, convirtiendo en parques algunas de sus plazas y transformando en avenidas algunas de sus calles y aplicando normas higiénicas para luchar contra las enfermedades epidémicas, disminuir la mortalidad infantil y atacar a los flagelos sociales, en especial la tuberculosis.

De ahí que los esfuerzos posteriores tendientes a reformar la habitación y la ciudad, en un sentido higiénico, tuvieran en Rawson un precursor.

En Estudio de las casas de inquilinato de Buenos Aires relacionó los problemas higiénicos con las cuestiones sociales y económicas.

Destacó la degradación física y moral a que, por las condiciones de su albergue, está sometida la masa de los seres que «viven para sufrir y que no alcanzan más descanso que el de la muerte».

De ahí que sostuviera que la co rrección de esa deficiencia constituía para la sociedad un interés primordial y un deber imperioso. «Es necesario —expresaba— proveer a la construcción eficiente de habitaciones para ese fin; es preciso estimular el capital privado; el espíritu de asociación, el sentimiento de filantropía, y sobre todo aclarar ante la conciencia del pueblo este hecho poco meditado: que no son solamente los desgraciados habitantes de los conventillos los que pagan la pena de tan desgraciada condición, con la salud y con su vida, sino que esos centros impuros se convierten en focos para difundir por todas partes las emanaciones mórbidas que allí se cultivan y que alcanzan aún a las regiones más elevadas de la población; que las epidemias de toda naturaleza tienen su origen fecundo en esas casas insanas y que de allí se extienden en seguida para hacer los centenares y millares de víctimas que tantas veces hemos contemplado».

Sus Observaciones sobre higiene internacional, trabajo de Rawson que fue motivo de elogiosos comentarios en los círculos científicos europeos, contiene la afirmación novedosa en su época de que la mejor medida para evitar las epidemias consiste en cuidar las condiciones higiénicas de toda ciudad y reducir su mortalidad al mínimo.

Mitre Bartolome

Como ministro del Interior del presidente Mitre desarrolla una labor amplia y fecunda, la más destacada de su vida política. Su nombre figura como serio candidato a la Presidencia de la República. Desvanecidas en el gabinete y los cambios políticos ocurridos a raíz de la muerte del vicepresidente en ejercicio, Dr. Marcos Paz, lo llevaron a renunciar al ministerio.

Como ministro del Interior del presidente Mitre desarrolla una labor amplia y fecunda, la más destacada de su vida política. Su nombre figura como serio candidato a la Presidencia de la República. Desvanecidas en el gabinete y los cambios políticos ocurridos a raíz de la muerte del vicepresidente en ejercicio, Dr. Marcos Paz, lo llevaron a renunciar al ministerio.

Sus Observaciones sobre higiene internacional, trabajo de Rawson que fue motivo de elogiosos comentarios en los círculos científicos europeos, contiene la afirmación novedosa en su época de que la mejor medida para evitar las epidemias consiste en cuidar las condiciones higiénicas de toda ciudad y reducir su mortalidad al mínimo.

«La fiebre amarilla, el cólera y cualquiera otra de las antiguas o modernas enfermedades infecciosas que se presente a la puerta de una ciudad tan sana como lo determina la medida de su reducida mortalidad, puede producir un accidente por la comunicación imprudente del sujeto enfermo o por los otros medios de transmisión reconocidos ; pero, dadas las condiciones propicias del medio ambiente, la enfermedad quedará limitada al escaso número de personas que fueron directamente afectadas por el introductor, y de ninguna manera se convertirá en una epidemia grande o pequeña».

Pero las previsiones de Rawson fueron más allá: auspició que por medio de convenciones internacionales se acordara que, al producirse una epidemia en un país, todas las naciones civilizadas prestasen su ayuda científica y financiera para ir al fondo del mal y remover las causas originarias de la epidemia y suprimirlas.

La labor científica de Guillermo Rawson repercutió en la ciencia médica de nuestro país, que en el presente siglo se ha orientado preferentemente hacia la medicina preventiva y la medicina social.

«Yo pienso —manifestó Rawson a los estudiantes al dejar la cátedra de la Facultad de Medicina— que las cuestiones de la higiene son las que han de resolver la prosperidad de nuestro país, no sólo en lo físico, sino en lo moral y en lo psicológico. Pienso que es necesario difundir las nociones de la higiene, popularizarlas, habituar a la sociedad con estas maravillas de la ciencia que han de producir los fenómenos asombrosos que encontramos realizados en las grandes poblaciones del mundo».

Fuente Consultada:Historia de la Cultura Argentina Artes-Letras-Ciencias de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

Orígenes de la Ciencia Moderna y La Filosofía Renacentista

Orígenes de la Ciencia Moderna: Filósofos y Científicos

Si la primera parte del siglo XVII es un período de crisis en todos los campos, crisis que prolongan las conmociones del Renacimiento, en la segunda mitad del siglo se proyectan las tentativas de solución.

A la anarquía, a las luchas políticas y sociales, responde el ideal absolutista, el cual alcanza la perfección histórica con Luis XIV, que inspira tanto a los soberanos españoles como a los Estuardo, al emperador como a los pequeños príncipes alemanes.

Al caos y la confusión, nacidos de las ruinas del viejo sistema aristotélico como consecuencia de los trabajos y las investigaciones de Bacon y Galileo, se opone la tentativa de Descartes, buscando un nuevo método científico para elaborar una doctrina racional de conjunto del universo.

El ser humano siempre quiso saber qué ocurrió al principio de todo y, en consecuencia, no tuvo reparo en intentar ver más allá para encontrar la luz. Fue el italiano Galileo Galilei (1564-1642) quien preparó el camino de la ciencia moderna y supo convertir el catalejo del holandés Hans Lippershey (1570-1619) en un telescopio refractor para la observación de los cuerpos celestes en 1609, justo el mismo año en que el astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630) presentaba sus primeras dos leyes del movimiento elíptico planetario en el libro Astronomía nova.

El físico y matemático inglés Isaac Newton (1642-1727), inventor del primer telescopio de reflexión en 1668, sentó las bases de la ciencia moderna con sus descubrimientos en óptica clásica (la naturaleza de la luz blanca o luz del Sol por medio de un prisma de cristal) y la mecánica clásica (la formulación de las tres leyes del movimiento y la ley de la gravitación universal). Además desarrolló el cálculo infinitesimal en el campo de la matemática pura.

Ya en la segunda década del siglo XX, el físico alemán Albert Einstein revolucionó el sistema del mundo newtoniano con la teoría general de la relatividad y dos predicciones fundamentales: la curvatura del espacio-tiempo alrededor de un cuerpo y el llamado efecto de arrastre de marco, por el que la Tierra, en su rotación, curva el espacio-tiempo. Poco después, el universo fue visto como un todo en expansión gracias a la teoría del Big Bang o Gran Explosión, que se ha establecido como la teoría cosmológica más aceptada.

En filosofía Descartes se lo considera como fundador de la filosofía moderna, quien tendrá una gran influencia después de su muerte (1650). A la copiosidad barroca del arte durante este período de transición, el clasicismo quiere imponer las reglas universales del buen gusto y de la mesura.

En todos los aspectos, tanto en el orden económico, con el mercantilismo estatal, como en el orden militar, en el que los ejércitos disciplinados por la monarquía absoluta quieren reemplazar a las bandas de mercenarios y a los condottieros, todavía dominantes en el trascurso de la Guerra de los Treinta Años, se pueden discernir los esfuerzos hacia el orden y la estabilización.

El triunfo no será más que aparente: detrás de las armoniosas fachadas clásicas y las magnificencias del arte oficial, aparecen, desde finales del siglo, otras crisis, otras con tradicciones que anuncian el período revolucionario de la «Ilustración».

DESCARTES Y EL FUNDAMENTO DEL RACIONALISMO
Renato (René) Descartes (1596-1650) pertenecía a la pequeña nobleza; después de haber cursado sólidos estudios eligió la carrera de oficial del ejército, sirviendo primeramente en Holanda, bajo las órdenes de Mauricio de Orange, y en Baviera, al comienzo de la Guerra de los Treinta Años.

No cesaba de meditar y trabajar en las matemáticas; en Alemania, en un cuchitril al lado de una estufa, tuvo la célebre «iluminación» que le reveló las ideas directrices de su filosofía. Después de una permanencia en Italia, se estableció en Holanda (1629), donde el pensamiento   podía   desenvolverse   más   libremente. Residió allí veinte años, interrumpidos por breves estancias en Francia, enteramente   consagrados   a   la   ciencia   y   a   la filosofía.

Filósofo René Descartes

 En el año 1637 apareció el «Discurso del Método», escrito en francés y no en latín como era costumbre en la época para este género de obras. Rápidamente célebre, admirado por la princesa Isabel, hija del Elector Palatino, fue invitado a Estocolmo por la reina Cristina, la cual le exigía que se levantara todos los días a las cinco de la mañana para enseñarle filosofía.  ¡Su actividad de reina no le debaja libre otros momentos! El duro clima sueco fue la causa de la pulmonía que llevó a la tumba a Descartes   a  los  cincuenta  y  cuatro  años.

Trató de sistematizar todos los conocimientos de su tiempo, de crear una ciencia universal explicando los fenómenos de la naturaleza por medio del razonamiento matemático. Sabio en todo, hizo investigaciones de óptica, creó la geometría analítica, se interesó por la fisiología.

Su método comenzó por la duda radical, la «tabla rasa» de las ideas recibidas, la repulsa del principio de autoridad, para comenzar a partir de la primera certeza resumida en la célebre fórmula: «Pienso, luego existo». Se ajusta a cuatro reglas esenciales:

1)no aceptar nunca, más que ideas claras y distintas, que la razón tenga por verdaderas;

2)dividir las dificultades en tantas partes como sean necesarias para resolverlas (análisis);

3)partir de lo simple para, llegar a lo complejo (síntesis);

4)examinar todo por completo para estar seguro de no omitir nada.

No es cuestión de examinar aquí al detalle una obra que aborda los problemas universales de las ciencias y de la filosofía. A pesar de que Descartes intentó demostrar que las ideas de perfección y de infinito no pudieron ser puestas en el hombre, imperfecto y limitado, más que por Dios, sus explicaciones rigurosamente deterministas del universo, del hombre y de sus pasiones, podían excluir la divinidad y por ello rápidamente se hizo sospechoso (a pesar del entusiasmo de Bossuet) a los ojos de ciertos teólogos.

Y es verdad que inspiró directamente a los materialistas del siglo siguiente. Pascal lo vio muy claro cuando escribió en sus «Pensamientos»: «No puedo perdonar a Descartes; hubiera querido poder prescindir de Dios en toda su filosofía; pero no pudo evitar hacerle dar un papirotazo, para poner al mundo en movimiento. Después de esto, Dios no sirve para nada».

Los contemporáneos se apasionaron por sus teorías sobre el pensamiento y la extensión, los torbellinos, la materia sutil, los animales-máquinas, etc… Por su tentativa de reconstrucción total de las leyes del universo, basándose en algunos principios, se ligaba al espíritu de ordenación del absolutismo. Por su método, principalmente la duda sistemática, abría el camino al pensamiento libre, aunque se defendía siempre de ser ateo. El cartesianismo iba a tener importantes derivaciones.

SPINOZA Y LEIBNIZ Entre los espíritus cultivados se mantenía numeroso contacos , por medio de los libros, viajes y las correspondencias. La lengua  francesa  se extendía  y  sustituía  al latín como lengua erudita, y las Provincias Unidas  eran  un punto  de  confluencia  de ideas.

Los grandes centros intelectuales se desplazaban:  primero fue Italia,  hasta comienzos del siglo xvn, después Francia, y, al final del siglo, los Países Bajos e Inglaterra, donde Newton y Locke iban a coronar los  progresos científicos  y filosóficos.

Las ciudades holandesas que habían albergado a Descartes, con sus universidades, sus imprentas, su burguesía mercantil activa y cosmopolita, y su liberalismo, eran favorables a la floración de las nuevas ideas. En Amsterdam   nació   Spinoza (1632-1677), descendiente de judíos portugueses emigrados. La audacia y la originalidad de su pensamiento, influido por Descartes, le indispuso con  su  ambiente  tradicional (su padre quería hacerle rabino), siendo arrojado de la sinagoga.

Excluido del judaísmo, quedó desde entonces libre e independiente, rechazando las cátedras de la universidad, porque temía verse obligado a abdicar de su independencia; prefería ganarse la vida en La Haya puliendo lentes. En este caso tampoco podemos dar más que una breve reseña de su filosofía, expuesta en varias obras (entre ellas el «Tratado teológico político» y la «Etica»). Siendo, a su manera, un místico panteísta, rechazaba toda religión revelada y denunciaba las incoherencias y las contradicciones del Antiguo Testamento, el cual, según él, no había sido dictado por Dios, sino hecho por judíos deseosos de mostrar su historia y su religión bajo cierto aspecto, en relación con las necesidades históricas.

Lo mismo que Descartes, intentó dar, sin dejar de criticar los puntos de su teoría, una vasta explicación del mundo basada en la mecánica y las matemáticas, obedeciendo a una rigurosa lógica de las leyes de la necesidad, en la que asimilaba a Dios con la sustancia infinita, con la Naturaleza. Negaba la existencia de un Dios personal y del libre albedrío. «Nosotros creemos ser libres porque ignoramos las cosas que nos gobiernan. Si se pudiera tener una idea absoluta del orden general que rige la Naturaleza, se comprobaría que cada cosa es tan necesaria como cada principio matemático».

Quería analizar las pasiones y los sentimientos «como si se tratara de líneas, de superficies, de volúmenes».

Alemania produjo otro gran genio en la persona de Leibniz (1646-1716), nacido en Leipzig, agregado al servicio del Elector de Maguncia y después al del duque de Hannover. Pasó cerca de cuatro años en París, donde trató de disuadir a Luis XIV de intervenir en Alemania. Independientemente de Newton, inventó el cálculo infinitesimal (1684).

Su compleja filosofía está basada en la teoría de las «mónadas», elementos, átomos de las cosas, todas diferentes, creadas por Dios, que es la mónada suprema y quien ha regulado el universo dentro de una armonía preestablecida, agrupando las cadenas infinitas de las mónadas y su movimiento. Diferentes, incompletos, frecuentemente contradictorios, rebasados hoy, pero llenos de intuiciones geniales, todos estos sistemas tienen un punto común: una explicación total, rigurosa, científica, de la Naturaleza y de sus fenómenos, de Dios, de la sustancia, del alma, etc..

En un siglo, los progresos son considerables: el pensamiento humano no se inclina ya ante los dogmas y las tradiciones recibidas, sino que busca libremente por medio de su crítica descubrir las leyes que rigen el universo, como ya lo habían intentado los grandes filósofos griegos.

PRINCIPIOS DE LA CIENCIA MODERNA
Muchos pensadores eran, al mismo tiempo que sabios, matemáticos notables. Paralelamente a su obra filosófica y religiosa, Blas Pascal (1623-1662) establecía las bases del cálculo de probabilidades, demostraba la densidad del aire según las hipótesis de Galileo y de Torricelli, inventaba el barómetro, exponía las propiedades del vacío y de los fluidos, así como las de las curvas.

Otros investigadores, igualmente científicos, profundizaron en los descubrimientos hechos a comienzos del siglo: en medicina, después del inglés Harvey, médico de los Estuardo (muerto en 1657), que había construido una teoría revolucionaria sobre la circulación de la sangre y el papel del corazón, el bolones Malpighi (1628-1694), gracias a los progresos del microscopio, analizaba el hígado, los ríñones, los corpúsculos del gusto, las redecillas de las arteriolas, y comenzaba el estudio de la estructura de los insectos.

El holandés Leuwenhoek descubría los erpermatozoides y los glóbulos rojos de la sangre. Los dos chocaban todavía con los prejuicios tenaces de las universidades, en las que reinaba el aristotelismo que había rechazado los descubrimientos de Harvey. Moliere, en su «Enfermo Imaginario», hará, por otra parte, una cruel sátira de los médicos retrógrados.

cientifico del renacimiento

Biografía
Copérnico
Biografía
Johanes Kepler
Biografía
Tycho Brahe
Biografía
Galileo Galilei

El mundo de lo infinitamente pequeño comienza a entreabrirse, aunque aún no sean más que tanteos en química y fisiología. Redi, médico del gran duque de Toscana, abordaba el problema de la «generación espontánea». Suponía que los gusanos no nacen «espontáneamente» de un trozo de carne en descomposición, sino de huevos que ponen moscas e insectos.

Sin embargo, la mayoría de la gente creía todavía en esta generación animal o vegetal, partiendo de pequeños elementos reunidos. El mismo Redi descubría las bolsas de veneno de la víbora, pero otros aseguraban que el envenenamiento era producido por los «espíritus animales» de la víbora que penetraban en la llaga hecha por la mordedura.

La ciencia comenzaba también a ocuparse de las máquinas: Pascal, Leibniz construían las primeras máquinas de calcular. Cristian Huygens (1629-1695) aplicaba a los relojes el movimiento del péndulo. Miembro de la Academia de Ciencias de París, pensionado por Luis XIV, tuvo que regresar a Holanda, su país natal, después de la Revocación del Edicto de Nantes.

Realizó importantes trabajos matemáticos, estudió la luz, presintió su estructura ondulatoria, desempeñó un papel decisivo en astronomía, tallando y puliendo los cristales de grandes lentes, lo que le permitió descubrir un satélite de Saturno, la nebulosa de Orion, así como el anillo de Saturno. Su ayudante, Dionisio Papin construyó la primera máquina de vapor en la que un émbolo se movía dentro de un cilindro (1687). Los ingleses iban a sacar aplicaciones prácticas para extraer el agua de las minas por medio de bombas. Por último, a finales de siglo, Newton formulaba las leyes de la gravitación universal.

«DIOS DIJO: HÁGASE NEWTON Y LA LUZ SE HIZO»

Esta cita del poeta Alexandre Pope muestra bien claro el entusiasmo que levantó el sistema de Newton, publicado en 1687 con el nombre de Philosophiae Naturalis Principia Mathematica. Isaac Newton (1642-1727), alumno y después profesor de matemáticas de la Universidad de Cambridge, terminó su carrera como «inspector de Monedas» y presidente de la Real Sociedad; fue también miembro del Parlamento.

físico ingles Newton

Isaac Newton

A la edad de veintitrés años lanzó las bases del cálculo diferencial, necesario para investigaciones profundas y mejoró su técnica, mientras que Leibniz llegaba a los mismos resultados por un método diferente. Los dos sabios fueron mutuamente acusados de plagio, a pesar de que sus investigaciones eran independientes aunque casi simultáneas.

Las anotaciones de Leibniz eran, por lo demás, más eficaces y los franceses las adoptaron. La invención del cálculo diferencial  e  integral que se funda en la acumulación de las diferencias infinitamente pequeñas, había de permitir resolver los problemas que planteaban las matemáticas del espacio, con sus cambios de tiempo, de lugar, de masa, de velocidad, etc.. Newton se dedicó entonces a estudiar las cuestiones que sus predecesores habían dejado sin solución: ¿por qué los astros describen curvas en lugar de desplazarse según un movimiento rectilíneo? Se dice que fue la caída de una manzana lo que puso en marcha los mecanismos de su reflexión.

Necesitó veinte años para dar las pruebas de sus teorías sobre el movimiento y la gravitación universal, las cuales iban a ser unánimemente admitidas hasta Einstein.

Albert Eisntein

En el espacio vacío, los cuerpos ejercen una atracción mutua; la fuerza de atracción es tanto mayor cuanto menor es la distancia entre dos cuerpos y mayor la masa del cuerpo que ejerce la atracción, o, dicho de otro modo, esta fuerza es directamente proporcional al producto de las  masas  e  inversamente proporcional  al cuadrado de las distancias. Newton extendía a todo el universo los fenómenos que entonces se creían reservados a la Tierra, siendo el cielo teatro de misterios inaccesibles, como lo creía la Edad Media.

Obtuvo una formulación matemática, gracias al cálculo infinitesimal, y consiguió una comprobación en el estudio del movimiento y de la velocidad de la Luna. Estableció, igualmente, que a cada acción se opone igual reacción. Las teorías de Newton chocan con las de Descartes, el cual explicaba la interacción de los astros por medio de los famosos «torbellinos» que agitaban continuamente la «materia sutil» continua, en la que flotaban los cuerpos. A la publicación de «Principia» siguieron numerosas polémicas.

Los cartesianos afirmaban que este principio de atracción era un retroceso a las «cualidades» ocultas de Aristóteles y, a pesar de los argumentos newtonianos, que demostraban la imposibilidad de concebir el espacio celeste lleno de materia, incluso siendo muy fluida, se continuó negando durante largo tiempo la teoría de la gravitación, como lo hicieron Huygens, Leibniz, Fontenelle, Cassini, Réaumur y otros, hasta la confirmación cada vez más brillante que aportaron las experiencias en el transcurso del siglo XVIII. Newton aplicó también su genio al estudio de la luz, explicando por qué los rayos del sol se descomponen en diferentes colores a través de un prisma. Al margen del análisis espectral, hizo numerosos descubrimientos ópticos.

La fe de Newton permaneció viva. Su sistema no eliminaba la exigencia de una causa primera, de un agente todopoderoso «capaz de mover a su voluntad los cuerpos en su sensorium uniforme e infinito para formar y reformar las partes del universo». La ciencia aceptaba a Dios, que debía crear ininterrumpidamente el movimiento, sin el cual todo se pararía poco a poco por degradación de la enegría. Newton murió a la edad de ochenta y cuatro años, rodeado de inmenso respeto, después de haber abierto un campo ilimitado a los descubrimientos de física y matemáticas.
Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre

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«Haaaaaaaaaaaaaay
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«Puede fallar…puede fallar

Tu Sam

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«Síganme, no los voy a defraudar.»
«Estamos mal pero vamos bien.»
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Carlos Menem

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«Después de que vi a Dios, no tome mas vino. Yo creia
que era verso:no es verso. Está chabon

Pappo

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«Me gusta tanto la noche que al dia le pondría un
toldo
«Pusimos un micro en el arco y entro por la ventanilla»

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Daniel Passarella

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Se equivocó señorita. No tiene bebida alcohólica. Tiene Gatorade «Pisalo, pisalo, que carajo me importa el adversario, los nuestros son lo de colorado

Carlos Bilardo

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«Se ha formado una pareja

Roberto Galan

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«Me estoy probando los pantaloncitos para bañarme en
el Pacifico«

Gral. Luciano Benjamín Menéndez

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«Que pretende Ud. De mi?«

Isabel Sarli

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«Esta crazy, Macaya

Marcelo Araujo

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«En este país tenemos que dejar de robar por dos años«

Luis Barrionuevo

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«Che!, Pedro, mira quien vino!»

«No va andar»

El Contra, Juan Carlos Calabro

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«Vermouth con papas fritas y… good show«

Tato Bores

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«Si te gusta el durazno, bancate la pelusa«

Florencia de la V

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«Vos fuma!…«

Carlin Calvo

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«Para eso tengo la Banelco!«

Flamarique a Hugo Moyano

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«Billetera Mata Galàn«

Jacobo Winogrand

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«La Argentina es un país condenado al éxito»
«El que deposito dólares recibirá dolares»

Eduardo Duhalde

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«Soy lo mejor que le puede pasar al país y a la política«

«Que lindo que es dar buenas noticias»

Fernando de la Rua

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«Conmigo o sinmigo«

Herminio Iglesias

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«Yo no me gane la lotería: si hice plata la hice
laburando. Me entendes?, Me llaman el Pibe Cantina Cual es el problema?…El Pibe Cantina es el masdesacatado que curte todas….«

Pablo Lescano, de Damas Gratis

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«Cuando le clave la mirada estaba pensando: Esta noche te voy a matar»

Carlos Monzón, antes de pelear contra Benvenutti

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«Yo me borro!«

Casildo Herrera, frente al golpe del 76

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«Que gusto tiene la sal?…«

Carlos Bala

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«No me peguen soy Giordano«

Roberto Giordano

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«El otro día jugué un rato al fútbol y me di cuenta que tengo menos piernas que una foto carnet»
«Yo vivo la realidad de mi país, aunque otros digan
que porque me si un saque, no puedo hacerlo… ojo, yo me di un saque pero no
me morí, eh?…»

Diego Maradona en 1999

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«Muchacha… , hacete el papanicolao«

Tita Merello

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«La experiencia es un peine que te regalan cuando te
quedas pelado»
«Todos son muy amigos pero cuando subís al ring hasta
el banquito te sacan»

Oscar Ringo Bonavena

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«Estoy comprometido con mi tierra, casado con los
problemas y divorciado de sus riquezas«

Inodoro Pereyra (Fontanarrosa)

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«Que país generoso»

Jorge Rial

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«Hacia 1997 la deuda externa comenzará a reducirse , y hacia fin de siglo será insignificante»

Domingo Cavallo (1999)

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«La Casa Está en Orden»

Ricardo Alfonsin (1985)

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«Si querès llorar,…llorà»

Moria Casan

Biografia de Juan Manuel Fangio Campeon Mundial Formula 1

Biografia de Juan Manuel Fangio Campeón Mundial Formula 1

Juan Manuel Fangio (1911-1995): Nacido el día 24 de junio de 1911 en Buenos Aires, Argentina.  Fue un gran piloto de F1 logrando ganar cinco campeonatos mundiales.

Su debut como piloto fue en la carrera de Benito. Juárez en 1934, corrió con un Ford 1 prestado y tuvo que abandonar, ya que se fundió el motor.

Pese a la oposición de sus padres, puso de manifiesto una gran pasión y enorme entrega por el mundo del automovilismo, en 1939, los vecinos de su localidad hicieron una colecta y consiguieron dinero suficiente para comprarle un Chevrolet, con el cual compitió en una carrera nacional.

Juan Manuel Fangio

Ganó una etapa y luego se impuso en los 1.000 kilómetros de la Republica Argentina. Se corono campeón argentino dos años consecutivos. A la edad de 38 años compró su primer Maserati.

Vinieron más carreras y con ellas los triunfos. En 1948 se organizó una temporada internacional en Argentina, al mando de una Maserati 4CL y dos modelos de Simca-Gordini, dio prueba de sus condiciones como piloto de monopostos.
En la temporada del año siguiente logró su primera victoria en una carrera de Gran Premio, venciendo con una Maserati 4 CLI en el circuito callejero de Mar del Plata.
De ahí en más, su campaña continuó mayormente en Europa, logrando en el año 1949 seis victorias en Europa, como miembro del Equipo Argentino.

En el año 1950 entró en la escudería Alfa Romeo; y en el primer mundial disputado quedó en el primer puesto en tres grandes premios y acabó segundo en la competición.

En 1950 en el primer Campeonato Mundial de Pilotos de Fórmula Uno  es contratado por el equipo Alfa Romeo para conducir las Alfetta, perdiendo la posibilidad de ganar el título en la última carrera del año, a manos de su compañero de equipo Giuseppe Farina.

Un año después se proclamó por vez primera campeón del Mundo. En los dos años posteriores corrió con Ferrari, BRM, y Maserati.

La desgracia le jugo una mala pasada y en el año 1953 sufrió un grave accidente en Monza, lo que lo obligo a abandonar toda la temporada.

De regreso a la actividad en el año 1954, corriendo para Maserati y Mercedes, Juan Manuel Fangio logró su segundo campeonato del mundo. El tercero llegó a con Mercedes, y el cuarto, con Ferrari.

Al anunciar Mercedes Benz su retiro de las pistas a fines de 1955, ingresa en la escudería Ferrari en 1956 y nuevamente logra el Campeonato Mundial de la máxima categoría.

Luego de aquel año, en el cual no se encuentra del todo cómodo en el equipo del Cavallino Rampante, emigra a Maserati en 1957 y gana otro y último título del mundo, coronando el año con la carrera de su vida, el Gran Premio de Alemania en el circuito de Nürburgring, luego de también vencer en los Grandes Premios de Argentina, Mónaco y Francia.

En 1957, regreso a la escudería Maserati, y con esta consiguió su quinto y último título, forjando todo un record y convirtiendose en leyenda del automovilismo internacional.

Participó en algunas pruebas de la primera mitad de 1958 y, tras finalizar 40 en el Gran Premio de Francia el 6 de Julio anuncia su retiro.

Siguió muy ligado al automovilismo, recorriendo el mundo como uno de los mejores embajadores deportivos que ha tenido el país. Falleció en Buenos Aires el 17 de julio de 1995.

Luego abandono la actividad a la edad de 47 años. En el año 1995 dejo de vivir pero continua vigente su enorme trayectoria como deportista y calidad de persona.

maserati de Fangio

Entre 1951 y 1957, obtuvo cinco títulos mundiales de Fórmula 1, conduciendo con Mercedes Benz, Maserati, Alfa Romeo y Ferrari. Retirado en 1958, luego de su secuestro, mantuvo durante un extenso período el récord de más títulos en Fórmula 1, hasta que fue desplazado por Michael Schumacher en 2003.

Los números lo dicen todo: 7 temporadas, 2 subcampeonatos y 5 títulos, un récord que permaneció durante 46 años hasta la aparición del alemán Michael Schumacher. Disputó 51 carreras, de las cuales largó 48 desde la primera fila (29 pole positions). Se subió 35 veces al podio, de las cuales 24 fueron en el escalón más alto. Todo esto con cuatro escuderías diferentes y ante rivales mucho más jóvenes –se retiró a los 46 años– y teóricamente mejor preparados que él.

Cronología de Juan Manuel Fangio

24 de Junio de 1911: En la casa de la calle 13, en Balcarce, nace Juan Manuel Fangio. Sus padres son Loreto Fangio y Herminia D´Eramo.

1923: Deja la escuela para trabajar como mecánico en el taller de la Agencia Studebaker de Balcarce, de Manuel Viggiano.

1929: Disputa su primera carrera, como acompañante de Manuel Ayerza, sobre un Chevrolet ´28 cuatro cilindros. La competencia se disputa entre Coronel Vidal y Maipú.

24 de Octubre de 1936: Debuta como piloto en una carrera no oficial, en Benito Juárez, a bordo de un Ford A ´29 modificado. Abandona

27 de Marzo de 1939: Su primera carrera oficial. En Necochea con un Ford ´34, finaliza quinto.

18 de Octubre de 1938: Debuta en Turismo de Carretera, en el Gran Premio Argentino. Manejando un Ford cupé ´37, con Luis Finochietti. Arriba séptimo

12 de Octubre de 1940: Gana el Gran Premio Internacional del Norte, una carrera entre Buenos Aires y Lima, de 4.765 Km. de recorrido, con un Chevrolet. Es su primer triunfo en el automovilismo.

14 de Diciembre de 1940: Al calsificarse octavo en las Mil Millas Argentinas, obtiene el primer título de Campeón Argentino de Carreteras.

2 de Abril de 1942: Gana la carrera Mar y Sierras de Turismo de Carretera: será su última intervención hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

15 de Febrero de 1947: Vuelve a la actividad, con un tercer lugar en una prueba de Mecánica Nacional (monoplazas) en el circuito de Retiro, en Buenos Aires.

17 de Enero de 1948: Debuta en Máquinas Especiales (antecedente de la Fórmula 1) con un Maserati 1500 en Palermo. Abandona.

16 de Abril de 1950: Debuta en el equipo Alfa Romeo de F1 con una victoria en el circuito de Ospedaletti, en San Remo.

13 de Mayo de 1950: Debuta en el Primer Campeonato Mundial de Fórmula 1, integrando la escuadra Alfa Romeo, pero abandona por problemas de motor. La carrera se lleva a cabo en el circuito de Silverstone, Inglaterra.

21 de Mayo de 1950: Logra su primer triunfo en el Campeonato Mundial. Es el Grand Prix de Mónaco, en Montecarlo, con un Alfa Romeo 158, luego de esquivar una múltiple colisión en la primera vuelta que dejó afuera a nueve autos.

3 de Septiembre de 1950: Al abandonar el Gran Prix de Italia, pierde el título mundial a manos de su coequiper Ninno Farina

28 de Octubre de 1951: Se consagra por primera vez Campeón Mundial de Conductores al ganar el Gran Prix de España, en Pedralbes, con un Alfa Romeo 159. Es también, la última carrera de la escudería.

1 de Junio de 1952: Debuta con la ensordecedora BRM inglesa de 4500 cm3 en el Gran Premio de Albi, en Francia, pero abandona.

8 de Junio de 1952: Se despista en la primera vuelta del Gran Premio de Monza, cuando corría con una Maserati A6GCM de Fórmula 2. Había corrido el día anterior en Irlanda. «A las dos de la tarde llegué, a las dos y media largué y a las tres estaba en el hospital», recordó después. En el accidente sufre lesiones en las vértebras cervicales, que lo mantienen fuera de la actividad durante siete meses.

18 de Enero de 1953: Reaparece disputando el 1º Gran Premio de la República Argentina de Fórmula 1, pero abandona.

13 de Septiembre de 1953: Vuelve al triunfo en Fórmula 1, venciendo en el Grand Prix de Italia, obteniendo así el subcampeonato mundial.

19 de Noviembre de 1953: Sobre un Lancia D24 gana la Carrera Panamericana, 3.070 Km. de rutas desde la frontera norte a la sur de México

17 de Enero de 1954: Bajo una lluvia torrencial, gana por primera vez el Grand Prix de la Argentina de F1, con una Maserati 250F.

4 de Julio de 1954: Debuta en el equipo Mercedes Benz, en Francia. Marca la pole-position y consigue la victoria.

24 de Octubre de 1954: Con un tercer puesto en Pedralbes, consigue su segundo título del mundo. Ha ganado en seis de las ocho carreras.

16 de Enero de 1955: Con temperaturas que alcanzan los 50 grados, vence otra vez en el Grand Prix de Argentina: Es el único piloto que no es reemplazado durante las tres horas de carrera.

11 de Junio de 1955: Cuando lidera las 24 horas de Le Mans, sobre un Mercedes 300 SLR, se produce el tremendo accidente que le cuesta la vida a 83 personas.

11 de Septiembre de 1955: Con un triunfo en Italia, obtiene su tercer corona en la F1. Se despide del equipo Mercedes, que abandona las carreras, cerrando un ciclo brillante: nueve triunfos en doce carreras, de las cuales ocho pertenecen a Fangio.

22 de Enero de 1956: Debuta en el equipo Ferrari y obtiene el Gran Premio de la Republica Argentina.

28 de Abril de 1956: Con una Ferrari Sport, pena para clasificarse cuarto en las Mille Miglias italianas. «Fue la peor carrera de mi vida» dirá más tarde.

2 de septiembre de 1956: Su coequiper, Peter Collins, le cede su auto durante el Gran Premio de Italia para obtener su cuarto título mundial.

13 de Enero de 1957: De vuelta con Maserati, obtiene el Gran Premio de la Argentina.

23 de Marzo de 1957: Logra la victoria en las 12 horas de Sebring. Treinta y Cinco años después, su sobrino Juan obtiene esta carrera.

4 de Agosto de 1957: Vence en estupenda forma en el Grand Prix de Alemania, en Nurburgring, y logra su quinto título mundial. Es su mejor triunfo: luego de haber acumulado una diferencia de 28 segundos sobre las Ferraris de Hawthorn y Collins, se detiene en boxes para cambiar sus cuatro cubiertas, y no solo pierde la ventaja, sino otros 48 segundos. Faltando diez de las 22 vueltas previstas, inicia una impresionante recuperación, batiendo nueve veces el record de la pista. En la penúltima vuelta supera sucesivamente a Collins, en la recta detrás de los boxes, y a Hawthorn, en la zona de curvas de Fuchsrorhe, para vencer con 3.6 segundos de ventaja. Es su último triunfo en la F1.

2 de febrero de 1958: La victoria en el Gran Premio de la Republica Argentina sin puntos para el Mundial, es la última de su gloriosa campaña. Sólo volvería a correr dos pruebas más.

26 de febrero de 1958: Es secuestrado en Cuba. Liberado al día siguiente, no participa en la carrera de La Habana.

6 de Julio de 1958: Finaliza en el cuarto lugar del Gran Premio de Francia, después de haber largado, por primera vez, desde la tercera fila. Durante la competencia decide dejar de competir.

13 de Agosto de 1969: Es la cabeza visible de la Misión Argentina, un operativo con tres Torinos 380W y nueve pilotos, compitió en las 84 horas de Nürburgring, logrando un cuarto puesto.

15 de Febrero de 1972: Se inaugura el autódromo «Juan Manuel Fangio» de Balcarce, en su honor, en una carrera de Sport-Prototipo internacional.

25 de Mayo de 1973: Junto a otros grandes del automovilismo nacional, entre los que se destaca Oscar Alfredo Gálvez, disputa una prueba-exhibición en el Autódromo de Buenos Aires, la «Carrera del Recuerdo».

1974: Es nombrado presidente honorario de Mercedes-Benz Argentina, cargo que desempeña hasta su muerte.

4 de Diciembre de 1981: Sufre un grave ataque cardíaco, en Dubai, Emiratos Árabes Unidos.

8 de Diciembre de 1982: Es sometido a una operación de quíntuple By-Pass, realizada por René Favaloro.

22 de Noviembre de 1986: Se inaugura el Centro Tecnológico y Cultural Museo del Automovilismo «Juan Manuel Fangio» en Balcarce, hoy el más visitado de Sudamérica, con cerca de 100.000 visitantes al año.

11 de Junio de 1991: Cumple 80 años y se lo celebra con una magnífica fiesta: una cena en Buenos Aires y una carrera de Turismo de Carretera, ganada por Oscar Castellano, en Balcarce, coronada con una paella para 400 personas-

29 de Diciembre de 1993: Es internado a causa de una hipercalcemia en la sangre, provocada por una complicación en el tratamiento de diálisis.

17 de Julio de 1995: A la edad de 84 años, fallece en Buenos Aires. A su funeral asisten los mas grandes corredores de la historia.

Video sobre historias en la vida del campeón Fangio

Así corría Fangio

Todas las Carreras y Triunfos

Fangio Salva Su Vida

 

La tuberculosis en Argentina Historia de las Epidemia en Buenos Aires

Historia de La Tuberculosis en Argentina

HISTORIA DE LA TUBERCULOSIS EN ARGENTINA:  Desde fines del siglo XIX hasta la terminación de la Segunda Guerra Mundial, a medida que se esfumaban en el recuerdo las aterradoras epidemias de fiebre amarilla, cólera y viruela, pasaron al centro de la escena sanitarias otras enfermedades. No aparecían por espectaculares estallidos. Eran endémicas. Esto significa que estaban uno y otro mes y año tras año presentes. Sin dar tregua. Segaron cientos de miles de vidas jóvenes. En forma solapada, sin hecatombes catastróficas.

Por esto mismo no provocaban terror, sino un definido temor. Un blanco temor, valga la expresión, si se piensa que la más difundida de entre ellas, la tuberculosis, fue conocida mucho tiempo como la muerte blanca. Puede afirmarse con poco margen de error que ninguna otra enfermedad ha matado tantos seres en la historia de la humanidad, como la tuberculosis.

Es producida por el bacilo de Koch, microbio del que existen dos variedades, la humana y la bovina. La variedad humana ataca generalmente los pulmones, en tanto el bacilo vacuno se localiza en huesos, articulaciones y ganglios.

control de tuberculosisEl bacilo bovino está en la leche cruda de vacas tuberculosas. En nuestro país la tuberculosis bovina es frecuente. Hay dos procedimientos para terminar con las invalideces (deformaciones de columna, rengueras) provocadas por esta forma de tuberculosis. Sacrificar al ganado tuberculoso, método caro.

O bien hervir la leche de vaca, alternativa barata. Hasta 1950 la tuberculosis ocupaba el primer o segundo lugar como causa de muerte en prácticamente todos los países del mundo. Su solo nombre inspiraba profundo temor. Ni hablar de su siniestro seudónimo, tisis, que etimológicamente significa consunción.

Uno y otro, nombre y seudónimo, tenían además connotaciones peyorativas de implicancias clasistas. Tuberculoso y tísico, como sustantivos genéricos, se usaban como insultos. Porque tanto el pueblo como sesudos tratadistas asociaban —y asocian aun— la tuberculosis con la miseria. Este hecho psicosocial, así como la inevitable segregación que imponían las características de la enfermedad, hacían de la tuberculosis una enfermedad inconfesable, o poco menos.

Tiene capital importancia desvirtuar el equívoco. En ninguna época las clases acomodadas fueron inmunes a la tuberculosis. Esta es, antes que nada y mal que les pese a muchos sociólogos candorosos, una enfermedad transmisible. Ocasionada por un microbio para el que es susceptible todo el género humano, sin excepciones.

Que antes o ahora el número de enfermos observado entre el pobrerío fuera treinta o veinte veces mayor que el encontrado en estratos sociales más altos, no demuestra nada. Es decir, demuestra algo totalmente distinto a lo que siempre se dio por demostrado.

Traduce con elocuencia que el estrato social que disfruta de la mitad o más del producto nacional constituye numéricamente, según los tiempos, de un 3 a un 5 % del total de la población.

Las diferencias selectivas entre las clases sociales se daban en un campo distinto al de la susceptibilidad al bacilo.

Se observaba en lo que hacía a la difusión de la enfermedad y las posibilidades de un diagnóstico y un tratamiento oportunos. La probabilidad de contagió, dada la forma en que la afección se transmite, es mucho mayor cuando una familia de ocho miembros vive en uno o dos cuartuchos. Es altamente probable que se contagien todos, sin excepción.

Lo contrario ocurre si en un núcleo familiar se cuenta con dos cuartos, término medio —o uno— por cada conviviente.

La medicina de buena calidad ha sido y es un lujo. Estuvo y está reservada para quienes tengan no solo medios materiales sirio también un nivel de instrucción que les permita obtenerla. En el marco de los precarios recursos terapéuticos de la época, las posibilidades de supervivencia dependían más del diagnóstico temprano que de ninguna otra variable. El tratamiento, por !o demás, tenía por base el reposo.

Es obviamente claro que los menesterosos, los obreros no calificados con corto salario y larga prole, carecían de conocimientos y recursos para salir en busca del diagnóstico oportuno y no podían permitirse otro reposo que el de la muerte. De manera que ahí radicaba la real diferencia.

Con iguales posibilidades de enfermar, la mortalidad era más alta en los sectores de menores ingresos. La explicación radica en las diferentes condiciones de vivienda, instrucción, alimentación e ingresos. Piénsese en las consecuencias negativas de las actitudes más arriba expuestas.

Desde el punto de vista de la educación sanitaria la lucha antituberculosa en las primeras décadas de este siglo se centró en: «la tuberculosis puede ser curable si se diagnostica a tiempo». Mal podrían requerir ese diagnóstico oportuno los convencidos que esa enfermedad no acaecía a «gente como uno».

Y menos aun aquellos para quienes la tuberculosis era un baldón que hacía más negra su miseria. El tratamiento en los albores del siglo XX se asentaba en el trípode que constituían reposo, aumentación y clima.

El reposo era absoluto. En cama, al principio. En raposeras si se advertía mejoría. En los enfermos que curaban, el retorno a la actividad anterior a la enfermedad se hacía muy gradualmente. En ocasiones, en granjas y talleres para convalecientes se les readaptaba para tareas más, livianas que su ocupación anterior.

La alimentación tendía más a eventuales engordes que a cubrir racionalmente las necesidades vitales. Se sobrealimentaba, se cebaba a los enfermos en procura de aumentos de peso. Se preconizaban «alimentos» de mágicas propiedades reconstituyentes, como el jugo de carne. Este, en rigor, carece prácticamente de proteínas y su valor en calorías es ínfimo.

En materia de curas climáticas, se daba preferencia a la alta montaña y al mar para la atención de las tuberculosis de huesos, articulaciones y ganglios. Estas formas, ocasionadas por el bacilo bovino, curaban a costa de algún grado de invalidez motora —si estaban afectadas cadera o rodilla— y antiestéticas cicatrices cutáneas que sucedían a las supuraciones ganglionares. los fundamentos científicos eran: aire libre de polvos e impurezas e irradiación solar rica en rayos ultravioletas.

Para las localizaciones pulmonares se consideraban más indicados los aires mas serrano o de llanura. Funcionan todavía hoy el complejo senatorial oficial del Valle de Punilla, en Córdoba, y el sanatorio de Llanura Vicente López y Planes en Gral. Rodríguez, provincia de Buenos Aires. Los hospitales y sanatorios de cualquier tipo y ubicación geográfica perseguían, amén del tratamiento del enfermo, un objetivo epidemiológico.

Proveían la necesaria separación del enfermo de su medio familiar y laboral, para impedir que sembrase el contagio a su alrededor. Durante muchos años la meta inalcanzable de salud pública era habilitar el número de camas que permitiese tratar a todos los tuberculosos hospitalizándolos.

En el rubro medicamentos, se utilizaba una extensa variedad, de entre la que no había uno solo que tuviese real acción sobre el bacilo. La mortalidad era elevadísima. Morían niños, adolescentes y jóvenes, sobre todo. Algunas formas clínicas —la bronconeumónica, por ejemplo— y alguna localización —la meníngea— eran invariablemente mortales. Hasta las vecindades de 1950 no se conocía en el mundo un solo caso de meningitis .tuberculosa que hubiese curado o, meramente, sobrevivido.
Muchas mujeres jóvenes con tuberculosis a veces no muy avanzadas morían como consecuencia de la agravación que sufrían por efectos del embarazo y del parto. Una acción de la medicina de ayer era que la tuberculosa no debía casarse.

Si lo hacía, no debía embarazarse. Y si se embarazaba, debía interrumpirse ese embarazo. Si la infortunada daba a luz, el niño era separado de inmediato de la madre. Lo corriente era que la separación temprana ocasionase la muerte de la criatura, en tanto la madre también sucumbía.
Se moría por consunción o hemorragia, alternativamente. La tisis afilaba siniestramente los rasgos faciales del enfermo y reducía su tronco y miembros a una osamenta cubierta por un fláccido pellejo blanco amarillento.

Los vómitos de sangre, que a veces empeoraban un enfermo y otras terminaban con él, creaban en los sanatorios una angustiosa expectativa en cuanto la primavera sé reanunciaba. Era cosa sabida, todo tuberculoso hospitalizado lo sabía, que las temibles hemoptisis —término médico que designa al vómito de sangre proveniente del aparato respiratorio— arreciaban en primavera,

E! enfermo ingresaba al hospital convencido de tener muy pocas posibilidades de salir con vida. El pesimismo fatalista, la decepción y el descontento con respecto a la terapéutica, creaban un clima propicio para anhelar soluciones mágicas. Periódicamente surgía algún charlatán que pregonaba las excelencias de tal o cual recurso curativo milagroso. De inmediato se suscitaban verdaderos motines hospitalarios para exigir ser tratados con la panacea de turno.

El derecho a la esperanza era defendido fieramente, tanto más cuanto que los autoungidos genios se exhibían invariablemente en un papel de perseguidos por la camarilla académica y .de esforzados cruzados en lucha contra el statu quo. El último de estos falsos profetas en nuestro país, fue un tal Jesús Pueyo, que en los primeros años de la década del 40 anunció haber encontrado una vacuna curativa de la tuberculosis.

La circunstancia de haberse desempeñado durante años como peón en la cátedra de Bacteriología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, le dio —en la mentalidad popular— aires de verosimilitud a su afirmación.

Medió, además, una formidable campaña de promoción periodística, realizada por un vespertino muy popular entonces.

El resultado puede imaginarse. Los hospitales fisiológicos se convirtieron en verdaderos pandemonios. El clima de rebelión y la enloquecida euforia iban de la mano, en un crescendo alimentado por las presuntas curaciones que el diario —en cuyo local se inyectaba la vacuna— publicaba día por día. Después, muchos meses después, llegaron la decepción y el rencoroso silencio. La pretendida vacuna no había sido sino un espejismo más.

tuberculosis en argentina

Tuberculosis: Una Enfermedad Curable

Fuente Consultada: La Salud Pública – Historia Popular Cuaderno N°:82 Antonio Bellore

La Primera entrega de los Premio Nobel Biografia de Alfred Nobel

La primera entrega de los Premios Nobel

Alfred Nobel fue un industrial de éxito, aunque también un novelista y dramaturgo frustrado; el inventor de la dinamita, pero un combatiente pacifista.

Tras la publicación en un periódico por equivocación de la esquela del magnate sueco, llamándole «traficante de muerte», Nobel, que estaba vivo, empezó a obsesionarse con el hecho de dejar un legado para la paz.

Cuando murió, en 1896, sus familiares se quedaron pasmados ante sus disposiciones testamentarias: el 94% de su vasta fortuna debía utilizarse para abastecer un premio mundial anual que se otorgara a quienes con sus actividades en los campos de la física, la química, la medicina, la literatura y la paz (la categoría económica se añadió en 1969) hubieran proporcionado «un mayor beneficio a la humanidad».

Su testamento era tan indefinido que sus albaceas emplearon cinco años en regateos acerca de normas y finanzas. La primera entrega de los Premios Nobel fue finalmente oficiada por el rey de Suecia el 10 de diciembre de 1901, en el quinto aniversario de la muerte de Nobel.

Cada ganador, conocido como «laureado» (por las coronas de laurel que ganaban los atletas en la antigüedad), recibió unos 42.000 dólares, una suma docenas de veces mayor que cualquier otro premio (o que el mejor salario de un profesor). Aunque el premio económico (ahora de un millón de dólares) puede ser menor que algunas loterías, el Premio Nobel todavía está considerado como el mayor honor profesional.

Ver aqui: Biografía de Alfred Nobel

Fuente Consultada: El Gran Libro del Siglo 20 (Clarín)

Psicologia Social Pichon Riviere Integrar Neuroticos a la Sociedad (301)

ENRIQUE PICHÓN RIVIÉRE
PSIQUIATRA Y PSICOANALISTA

Fue un extraordinario protagonista de la cultura y de la ciencia argentina. Nacido en Suiza, vino muy chico a la Argentina: su infancia transcurrió en el Chaco y en Corrientes, donde aprendió “el guaraní antes que el castellano”, como él mismo explicaba.

Emprendió estudios superiores de medicina, antropología (luego abandonados) y psiquiatría, a partir de los cuales se gestó una personalidad multifacética y, en ocasiones, controvertida. Decidió su carrera por el lado de la psiquiatría y el psicoanálisis, convirtiéndose en uno de los introductores del psicoanálisis en la Argentina.

A principios de los ‘40, Enrique Pichon Riviére fue uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Argentina, de la que luego tomó distancia, interesado más en el aspecto social y la actividad de los grupos en la sociedad.

En este marco fundó la Escuela de Psicología Social. Responsable de una renovación general de la psiquiatría, Pichon Riviére introdujo la psicoterapia grupal en el país (servicio que incorporó al Hospital Psiquiátrico cuando fue su director) y los test en la práctica de esa disciplina e impulsó la psiquiatría infantil y de la adolescencia.

También incursionó en la política, la economía y el deporte, ensayando hipótesis sobre la vida de Buenos Aires, su gente, sus mitos y sus costumbres.

Interesado por la creación artística, Pichon Riviére reflexionó y escribió sobre arte y literatura, estableciendo un territorio común entre la crítica literaria y la interpretación psicoanalítica de la obra como manifestación de las patologías del autor.

En el contexto de este territorio común, supo decir acerca de la indagación sobre el objeto estético: «Parto de entender que un objeto de arte es aquel que nos crea la vivencia de lo estético, la vivencia de lo maravilloso, con ese sentido subyacente de angustia, de temor a lo siniestro y a la muerte. Y que, por ello mismo, sirve para recrear la vida.”

Líder y maestro, desde la cátedra y las conferencias dirigidas al público más amplio y diverso se convirtió en referente obligado para más de uña generación de psicoterapeutas, y formó a decenas de investigadores en el campo de una teoría social que interpreta al individuo como la resultante de la relación entre él y los objetos internos y externos.

Fuente Consultada: Graciela Maker

El Pararrayos de Benjamin Franklin Experiencia Barrilete Invento de

El Pararrayos de Benjamín Franklin
Historia de la Experiencia del Barrilete

Benjamín Franklin, científico: (Boston, 17 de enero de 1706 – Filadelfia, 17 de abril de 1790) Filósofo, político, físico, economista, escritor y educador, figura clave en la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, creó las bases de lo que hoy se entiende como «el ciudadano americano ejemplar».Era el decimoquinto de los hijos y comenzó a aprender el oficio de su padre, que era un pequeño fabricante de velas y jabón.

Cansado de este trabajo, se colocó a los 12 años en la imprenta de un familiar, desarrollándose así su amor a la cultura. El escaso tiempo libre lo empleaba en devorar todo tipo de libros que caían en sus manos.

Sus primeros versos y artículos los publicó en un periódico que su cuñado había fundado. A los 17 años, debido a discusiones con él, se traslada a Nueva York para hacer fortuna. Respaldado por el gobernador de Filadelfia, instala una imprenta y decide ir a Londres a comprar el material. Allí, olvidándose un poco de sus propósitos principales, trabaja en la imprenta Pelmer, conociendo a distinguidas personalidades.

PARARRAYOSEn cambio, el exceso atraía a la deficiencia, y el fluído eléctrico se vertía del exceso a la deficiencia, neutralizándose ambos y quedando descargados.

Franklin propuso que el exceso se llamara electricidad positiva, y la deficiencia, electricidad negativa. No se especificaba qué variedad de electricidad, la vítrea o la resinosa, era positiva y cuál negativa.

Franklin conjeturó arbitrariamente y se equivocó, pero eso es irrelevante. Pueden utilizarse los nombres y olvidarse los significados literales.

Franklin observó cómo se descargaba la botella de Leyden. Cuando la carga eléctrica se agotaba, emitía una chispa (luz) y un chasquido (sonido).

A Franklin le sorprendió la semejanza entre la chispa —un rayo en pequeño— y el chasquido —un pequeño trueno—. Entonces invirtió el razonamiento: durante una tormenta, ¿acaso tierra y cielo formaban una gigantesca botella de Leyden, y el rayo y el trueno significaban una descarga igualmente gigantesca?

Decidió experimentar. En 1751, hizo volar una cometa durante una tormenta. La cometa iba provista de una punta metálica a la que estaba unido un largo hilo de seda. Al final del hilo, cerca de donde se encontraba Franklin (que sujetaba el hilo de seda con un segundo hilo que permanecía seco), había una llave de metal.

Cuando se concentraron las nubes de tormenta y el hilo empezó a dar muestras de carga eléctrica (las fibras separadas se repelían unas a otras), Franklin puso el nudillo cerca de la llave, y ésta chisporroteó y crujió igual que una botella de Leyden. Además, Franklin cargó una de esas botellas sirviéndose de la llave, con la misma facilidad que si fuera una máquina de fricción.

La botella de Leyden cargada con electricidad del cielo se comportaba exactamente igual que si se hubiera empleado electricidad terrestre. O sea que ambas eran idénticas.

Franklin fue capaz de dar una inmediata aplicación práctica a su descubrimiento. Decidió que el rayo se abatía sobre un determinado edificio cuando éste almacenaba una carga durante una tormenta. Su experiencia con la botellas de Leyden le demostraba que éstas se descargaban con mucha mayor facilidad si se las proveía de una aguja.

Es decir, que la carga se disipaba con tanta rapidez a través de la aguja, que las botellas no podían ser cargadas a la primera. ¿Por qué no, entonces, fijar una varilla metálica puntiaguda en lo alto de un edificio y conectarla adecuadamente con el suelo, a fin de que cualquier carga que almacenara pudiera descargarse rápida y silenciosamente, y que ninguna carga se acumulara hasta el punto de desencadenar una descarga de consecuencias desastrosas?

Franklin publicó sus ideas sobre la materia en 1752 en Poor Richard’s Almanac, y en seguida empezaron a instalarse los pararrayos (líghtning rods, «varillas para el rayo»), primero en América y luego en Europa. Demostraron su eficacia, y por vez primera en la historia una catástrofe natural no se prevenía mediante la plegaria o los encantamientos mágicos de una u otra clase, que realmente nunca daban resultado, sino por la confianza en la comprensión de las leyes naturales, que sí era eficaz.

En cuanto los pararrayos aparecieron en los campanarios de las iglesias (que al ser el punto más elevado de la ciudad eran particularmente vulnerables), la cuestión quedó clara para todos.

PARA SABER MAS…

Aunque se lo recuerda sobre todo como hombre de estado, Benjamín Franklin realizó también valiosas contribuciones al conocimiento científico. Nació en 1706 y era el número quince de los hijos de una modesta familia de Boston. Fue, principalmente, autodidacto, pero asistió durante algún tiempo a la escuela local.

A la edad de 12 años era aprendiz de impresor. Cinco después dejó su ciudad natal para dirigirse a Filadelfia, donde continuó dedicado a ese trabajo.

En 1729 se estableció y abrió con buen éxito su propia impresora, y compró la Pennsylvania Gazette. Poco después, inició su carrera política como secretario de la asamblea general de Pensilvania. En 1751 fue elegido miembro de ésta Corporación y de 1753 a 1774 lo nombraron administrador general de correos de las  colonias norteamericanas.

Visitó Inglaterra en diversas ocasiones, a fin de negociar con el gobierno británico asuntos de interés para los colonos. Fue durante estos viajes cuando realizó una serie de experiencias que demostraron las características y el curso de la corriente del golfo de México, una corriente de agua templada que se dirige desde el golfo, por la costa este de Norteamérica, hacia el Norte, y en las costas de Newfoundland cambia de rumbo, hacia el Este y atraviesa el Atlántico.

Para levantar la carta de esta corriente, determinó la temperatura del agua del océano a diversas profundidades. Las naturalezas del trueno y del rayo habían interesado durante siglos a los científicos y a los filósofos, pero a Franklin lo llevó este interés a investigarlas experimentalmente.

Para ello, preparó un barrilete, que fijó con un clavo al extremo de un cordel. Cerca del otro extremo lo prendió con una llave. Lanzó el barrilete cuando pasó sobre su cabeza un nubarrón-tormentoso y, en seguida, saltó de la llave una gran chispa eléctrica. Pudo ser algo muy peligroso, puesto que no había preparado ningún aislador en esta parte del cordel del barrilete.

Como la lluvia empapaba el cordel, ello incrementaba su conductividad eléctrica; la electricidad fluía libremente por dicha cuerda y pudo comprobar que poseía las mismas propiedades que la electricidad generada por fricción. El feliz resultado de esta experiencia condujo a la utilización de los pararrayos para proteger los edificios, especialmente los de más altura.

Realizó, además, otra contribución al estudio de la electricidad: demostró la existencia de cargas positivas y negativas. Aunque no está claro quién fue el inventor de las lentes bifocales, fue él ciertamente el primero que las describió. Antes, si una persona necesitaba dos clases de lentes para leer y para ver objetos lejanos, era forzoso que dispusiese de dos anteojos distintos. Sin embargo, esta dificultad fue superada al unir en un mismo cristal dos medias lentes diferentes.

La inferior proporcionaba los aumentos adecuados para la lectura y la superior, de menor aumento, se podía utilizar para enfocar objetos distantes. Franklin estaba demasiado entregado a las actividades políticas para poder prestar a las científicas las atenciones deseables. Ayudó a redactar la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos y, poco después, en 1790, murió cuando abogaba por la abolición de la esclavitud de los negros.

Biografia de Perez Esquivel Argentino Premio Nobel de la Paz

Biografía de Perez Esquivel Argentino Premio Nobel de la Paz

ADOLFO PEREZ ESQUIVEL: El 26 de noviembre de 1931 nació Adolfo Pérez Esquivel en la ciudad de Buenos Aires. Su padre, Cándido Pérez González, un pescador gallego. Su madre, Mercedes Petrona Esquivel, correntina, hija de una india guaraní. De la rama española heredó el gusto por el mar y la navegación. De la indígena, tal vez, esa paciencia que muchas veces tuvo que tener para poder navegar contra corriente a lo largo de su vida. Su madre murió cuando él tenía tres años de edad. Su padre, al no poder mantener reunida la familia, decidió buscar ubicación para sus cuatro hijos.

Argentino Perez Esquivel, premio Nobel de la Paz

Adolfo fue a dar al Patronato Español. Allí comenzó su amor hacia la escultura cuando Josefa, la portera, le enseñó a tallar la madera, labor en que ocupaba las horas muertas dentro del asilo. Al tiempo volvió a reunirse con su familia. Fueron a vivir a una casa de inquilinato del barrio de San Telmo, zona de carpinterías y tambos. Allí transcurrió el resto de su infancia y su adolescencia. Repartía su tiempo entre el estudio y la

calle, donde jugaba con los pibes de la barriada a la bolita, el balero, la pelota de trapo, los barriletes. Ya en la adolescencia trabajaba de día haciendo changas como vendedor de diarios o flores y estudiaba Bellas Artes con Benito Quinquela Martín en el taller que éste tenía en La Boca.

Por las noches acudía al colegio secundario. En algunas ocasiones, con sus amigos, se acercaban al café La Tranquera, en Avenida de Mayo, para escuchar desde afuera a Azucena Maizani. El joven Pérez Esquivel era un gran lector. Con frecuencia retiraba libros de una biblioteca popular y se pasaba horas leyendo bajo un árbol del Parque Lezama.

Cuando podía, los compraba usados, en un puesto detrás del Cabildo. Allí una tarde un vendedor le ofreció dos libros que lo marcarían hasta la actualidad: La Autobiografía, de Mahatma Gandhi y Las montañas de los siete círculos, del monje trapense Tomas Merton. Poco después otro acontecimiento fue importante en su formación. Victoria Ocampo invitó a Lanza del Vasto a dar una conferencia en la Facultad de Derecho y Pérez Esquivel asistió a ella. “Ahí fui comprendiendo la otra dimensión, más profunda, la dimensión espiritual del compromiso que uno había asumido, lo que me ayudó a profundizarlo y llevarlo adelante. Mi compromiso parte de lo espiritual más que de lo social y lo político, estos dos órdenes se integran a todo el sentido espiritual como una necesidad del compromiso concreto.”

MILITANTE DE LA NO VIOLENCIA: Los años sesenta lo encontraron militando en los grupos cristianos de base. Para entonces la militancia cristiana se radicalizó hasta el punto, en muchos casos, de asumir la violencia como forma de resolución de los conflictos. Claro ejemplo fue Camilo Torres, él cura guerrillero colombiano. En la Argentina el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, asumió la postura de acompañar la lucha de los oprimidos.

Otros grupos cristianos, si bien compartían los ideales propuestos por los sectores radicalizados, (ambos bebían de las aguas de la Teología de la Liberación) , no compartían el camino de la violencia y planteaban una resistencia diferente, más pacífica. En estos últimos militaba Pérez Esquivel. “Son formas distintas de encarar los caminos. Creo que cada uno en la vida tiene que optar y asumir el compromiso. Yo opté por la no violencia porque creo en eso. Esto no significa para nada pasividad, sino una resistencia y una lucha permanente contra todo tipo de injusticia.«

La búsqueda constante de los valores de la dignidad de la persona humana, como o hicieron Dom Helder Cámara, el Mahatma Gandhi, Martin Luther King, y todos los movimientos de Derechos Humanos que trabajan en una dimensión no violenta. En 1974 se fundó el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), una organización social laica de inspiración cristiana-ecuménica. Sus orígenes se remontan a fines de los años sesenta. Allí confluyeron diversos grupos comprometidos en promover los valores cristianos y la metodología de la acción no violenta a partir de los procesos de liberación latinoamericanos. Adolfo Pérez Esquivel fue uno de sus fundadores y el primer Coordinador General Latinoamericano.

Un año después, en 1975, el gobierno de Isabel Martínez de Perón se convirtió en el gabinete de ensayo del accionar represivo, que se amplificaría durante el gobierno militar. Las Tres A funcionaban a pleno, los asesinatos y las primeras desapariciones pasaron a se una realidad cotidiana. En ese momento un grupo de personas, entre las que figuraba el futuro premio Nobel de la Paz, dieron forma a dos organismos humanitarios: La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Al comenzaron a recibir distintas denuncias sobre los abusos policiales, parapoliciales y estatales.

LA DICTADURA Y LA CÁRCEL: El 29 de marzo de 1976 parte hacia Europa para realizar una gira programada un año antes. Dos semanas más tarde los integrantes del Serpaj, entre ellos su hijo Leonardo, fueron detenidos y llevados a la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal, para se interrogados sobre el paradero su coordinador. Un día después fueron dejados en libertad. A fines del mismo año regresó al país.

El 4 de abril de 1977, al presentarse en el Departamento Central de Policía para retirar su pasaporte, a fin de realizar un viaje a Colombia, quedó detenido. Desde allí lo trasladaron a la Superintendencia de Seguridad donde permaneció treinta y dos días sin ser interrogado ni informado sobre la causa de su detención. En la madrugada del 5 de mayo lo “trasladaron. Lo llevaron a lo que luego se conocería como los vuelos de la muerte”. Una contraorden lo salvó. Lo enviaron a la Unidad 9 de La Plata, donde permaneció hasta julio de 1978 a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, sin proceso alguno en su contra. Su arresto fue prolongado, bajo la forma de libertad vigilada, durante 14 meses más.

“Me torturaron cinco días en la prisión de La Plata. Nunca me preguntaron nada… Una vez el Subjefe del Penal de La Plata me lleva a una oficina y comienza a insultarme. Me dice: “A vos no te va a salvar ni De Nevares, ni Aramburu. Ni la Virgen te va a salvar…’” Jamás, a pesar de la presentación de hábeas corpus, de la insistencia internacional, que era muchísima, dieron explicación alguna… “Hubo también otras presiones físicas y psíquicas… a veces abrían la puerta del calabozo y recibía una trompada, amenazas de muerte… mucha presión psicológica, porque me aplicaron el régimen de máxima peligrosidad.“ Una situación denigrante.

Estando en prisión fue cuando recibí el Memorial Juan XXIII de la Paz, dado por Pax Christi Internacional, que aquí se ocultó totalmente. Si bien en Argentina se ocultaba la figura de Pérez Esquivel, internacionalmente se desató una gran campaña por su libertad. La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos y distintas Iglesias y Organizaciones Sociales de Europa, presionaron sobre el gobierno militar. Los Movimientos de Paz y No Violencia tomaron el consulado argentino en Barcelona, pidiendo su liberación.

En 1978, Mairead Corrigan Maquair y Betty Williams, dos mujeres de Irlanda del Norte, quienes habían recibido el Premio Nobel de la Paz en 1976, realizaron la primera presentación de Adolfo Pérez Esquivel ante el Comité Nobel, presentación que se reiteró dos veces más, hasta su designación en 1980.

El 10 de diciembre de 1980, ningún diplomático argentino se encontraba en el Aula Magna de la Universidad de Oslo. Tan solo un periodista, Luis Mario Bello, del diario La Nación, viajó para estar presente en la entrega del Premio. Nuevamente los medios oficiales ignoraron a Pérez Esquivel. Desde los medios oficialistas el mensaje era que “se le había otorgado el Premio Nobel de la Paz a un terrorista que había estado preso”.

Ver: Discurso en Oslo

Actualmente Adolfo Pérez Esquivel sigue trabajando en el Serpaj, organismo que preside en Argentina. Realiza el mismo trabajo que desarrolló desde los años 70. Cotidianamente recibe denuncias sobre violaciones a los derechos humanos en el continente. El Serpaj colabora con los juicios a los militares de la dictadura que se llevan a cabo en España, Francia, Italia y Alemania. Da apoyo jurídico y mantiene una aldea en General Rodríguez para los “chicos de la calle”. En ese lugar más de 220 pibes reciben capacitación profesional.

CRÓNICA DE LA EPOCA: (Por Pérez Esquivel)

«El 13 de octubre, el embajador de Noruega me informó que me otorgaban el Nobel de la Paz; no lo esperaba, tuve que serenarme frente al impacto de la noticia y ie dije al embajador que mi trabajo no era la lucha de una persona, sino la lucha compartida en todo el continente y por lo tanto lo asumía en nombre de los pueblos de América latina, de todos aquellos que trabajan por construir la paz. Para la dictadura militar fue un duro golpe, acusando al comité Nobel de acción política en contra del Gobierno.

Los medios censuraron la noticia, salvo Ariel Delgado, de Radio Colonia del Uruguay; trataron de ocultar el hecho y decir que era brasileño, paraguayo, uruguayo. El 15 de octubre intentaron asesinarme en la esquina de la sede del Serpaj, en México y Bolívar, pero un taxi se cruzó y logramos salvar nuestras vidas.

La dictadura tardó 36 horas en reaccionar de la peor forma, los medios periodísticos adictos buscaron desacreditar al Comité Nobel y nuestro trabajo, pero se abrieron puertas de la resistenciay las acciones se multiplicaron en marchas, ayunos y denuncias sobre las violaciones de los derechos humanos. El 10 de diciembre en Oslo, Noruega, recibí el Premio Nobel y reafirmé el compromiso con los pueblos latinoamericanos. No asistió el embajador argentino, que tenía prohibida su presencia por la dictadura militar, ytuve serias dificultades para salir del país.

La dictadura comenzó una persecución y censura sistemática frente a la situación de que el mundo conoce las atrocidades cometidas contra el pueblo y la solidaridad internacional aumentó significativamente. Esos cambios nos dan oxígeno para continuar la lucha interna en defensa de la viday derechos de nuestro pueblo.»

Biografía de Adolfo Perez Esquivel- Fuente Consultada: Revista Todo Es Historia Nro. 400 (Biografías)

Cuidados de Bebes Enfermos Compañia de la madre Florencio Escardó

El Cuidado de Bebes Enfermos Importancia de la Compañia de la Madre

LAS IDEAS DEL DR. FLORENCIO ESCARDÓ SOBRE LA IMPORTANCIA DEL «CALOR MATERNAL» EN EL ACOMPAÑAMIENTO DE SUS HIJOS DURANTE LOS PERIODOS DE ENFERMEDAD, RESPECTO A LA POSITIVA EVOLUCIÓN DE LOS NIÑOS FUE INVESTIGADA Y COMPROBADA EN UN ESTUDIO EN NEW YORK

Investigaciones revelan que la caricia y la generosa ofrenda de calor maternal contribuyen al mejor desarrollo del bebé y a su saludable ingreso en la vida.

Florencio Escardó - Pediatra

Florencio Escardó – Pediatra Argentino

NUEVA YORK (The New York Times).— La experiencia de ser acariciado —revelan nuevas investigaciones— tiene efectos directos y cruciales tanto en el crecimiento del cuerpo como en el desarrollo de la mente.

El contacto físico es un medio de comunicación decisivo: su ausencia retarda el crecimiento del bebe, según apreciaciones de especialistas que procuran establecer, por primera vez, los efectos neuroquímicos del contacto de piel a piel. Se sabe que los bebes desprovistos del contacto humano directo crecen lentamente e incluso llegan a morir, aun cuando dispongan de alimentación y cuidados adecuados.

Las investigaciones sugieren que ciertas sustancias químicas cerebrales liberadas por carencia de contacto físico podrían ser responsables déla incapacidad de esos bebes para crecer. Pudo comprobarse que los bebés prematuros que fueron masajeados durante 15 minutos tres veces por día aumentaron de peso más rápidamente que los dejados solos en su incubadora: un 47 por ciento más rápido.

Estos niños demostraron también que su sistema nervioso maduraba más velozmente: se volvían más activos y tenían mayor capacidad de reacción. «Los bebes que recibieron contacto manual no comían más que los otros —afirmó Tiffany Field, psicóloga de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami y responsable del estudio—. Su aumento de peso podría obedecer al efecto que tiene el contacto físico sobre su metabolismo».

Los bebes que recibieron caricias fueron dados de alta del hospital seis días antes que los niños prematuros que no recibieron ese trato», indicó la doctora Field.

Sin embargo, la doctora Field comprobó que un leve masaje en la espalda, las piernas y el cuello de los bebes, más un suave movimiento de sus brazos y piernas, demostraron tener un efecto tonificante que les permitía acelerar su desarrollo. La mayor evidencia proviene de estudios realizados con otros mamíferos, pero parece aplicable a los seres humanos.

El doctor Saúl Schanberg, jefe del Departamento de Farmacología de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, analizó el comportamiento de roedores recién nacidos: a partir de cierto contacto físico por parte de la madre quedaba inhibida su producción de beta-endorfina, una sustancia química que afecta los niveles de insulina y la hormona del crecimiento. El efecto pernicioso de la beta-endorfina se volvía grave y las ratitas sufrían alteraciones del crecimiento cuando la ausencia de la madre se prolongaba. Por el contrario, no bien reanudaba la madre sus mimos, se reducían nuevamente los niveles de beta-endorfina y se aceleraba el crecimiento.

El doctor Schanberg sostuvo, a modo de hipótesis, que el sistema táctil forma parte de un primitivo mecanismo de supervivencia que tienen los mamíferos.

La indispensable mamá: Debido a que los mamíferos dependen del cuidado maternal para sobrevivir en las primeras semanas de vida, la ausencia persistente del contacto físico de la madre perturba el metabolismo del hijo y, por lo tanto, disminuye su necesidad de alimentarse.

«Por otra parte, el abrazo de ia madre parece esencial para reducir la liberación de hormonas en el caso de un bebe que está sometido a cierta tensión», expresó la psicóloga Seymour Levine, del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford. Cuando, en su más tierna infancia, las ratas o monos son separados de su progenitora, al poco tiempo aumenta la actividad del sistema pituitario-suprarrenal, reacción típica de los seres humanos que soportan situaciones de tensión. De acuerdo con los estudios de la doctora Levine, el encuentro con la madre reduce esa tensión.

Otras investigaciones revelan que no sólo los bebes prematuros sino todos los recién nacidos se benefician por vía de contacto físico. Un estudio elaborado por TheodoreWacks, un psicólogo de la Universidad de Purdue, Indiana, demostró que los bebes que habían mantenido más contacto físico con sus padres experimentaban un mayor desarrollo mental al cabo de los primeros seis meses de vida.

Los descubrimientos alentaron la creación de algunos grupos de enseñanza de masajes infantiles para padres, fuera de los hospitales. Al respecto vale la pena saber que el contacto debe ser suave, firme y lento. Cuando es muy leve, puede incluso tener un efecto contrario e irritar al bebé. Cada parte del cuerpo reacciona de manera diferente ante el estímulo. Si un padre quiere aliviarlo, con un suave masaje en la espalda y en las piernas logrará su propósito. En cambio, un masaje en la cara,, en el abdomen o en los pies operará un efecto contrario.

El contacto físico en la infancia resulta vital porque el tacto es el sistema sensitivo más maduro durante los primeros meses de vida. «Se trata de la primera forma por la que un bebe comienza a conocer el medio que lo rodea— manifestó Kathryn Barnard, profesora de enfermería de la Universidad de Washington— .

Aproximadamente un 80 por ciento de la comunicación del bebe se manifiesta a través de los movimientos de su cuerpo y es más fácil interpretar lo que quiere mediante el vínculo piel a piel.»

Los bebes se ponen a llorar cuando sus necesidades se vuelven urgentes y, de acuerdo con las investigaciones de la doctora Barnard, «cuanto más contacto físico mantienen los padres con él, tanto más conocen sus necesidades». A su vez, la doctora Barnard comprobó que los que pasaban más tiempo en brazos de su familia tenían un desarrollo cognoscitivo superior, evidente hasta ocho años más tarde.

Diferencias individuales
Es diferente, sin embargo, la actitud de la gente adulta respecto de la intensidad de la relación física que encuentran placentera. Esa diferencia podría responder a la experiencia individual de haber sido objeto —o no— de permanentes contactos físicos.

La gente que toca muy poco a los demás, en contraste con aquellas personas siempre dispuestas a acariciar, abrazar y mimar —reflexionó la doctora Mario Diamond, profesora de anatomía de la Universidad de California—, probablemente experimente igual efecto. Los que a través de los años recibieron muy pocas expresiones físicas ce afecto podrían volverse hipersensibles y, de ese modo, sentir que, biológicamente, les molesta e incomoda.»

La Música de Mozart Para Los Niños

El Primer Colectivo Argentino Taxis-Colectivos Inventos Argentinos

El Primer Colectivo Argentino-Taxis-ColectivosCURIOSIDADES

Bolígrafo  – Dactilografía  –  Quniela –  Colectivo  –  Tranfusión Dulce de Leche  –  Bastón Ciegos  –  Jeringa Descartable  –  Técnica de ByPass

En la década del 20 del siglo pasado, la población de Buenos Aires empezaba a crecer rápidamente, el constante revuelo y la consternación por conseguir transporte comenzaba a ser uno de los inconvenientes que se debía sortear en la naciente urbe. El transporte no se encontraba en condiciones de cubrir las nuevas necesidades de la ciudad y de un mercado en expansión.

Como consecuencia, enormes extensiones de la ciudad se encontraban aisladas y lejos de cualquier posibilidad de trasladarse con cierta rapidez. En ese entonces, el transporte era brindado por tranvías y subtes, ambos de propiedad inglesa, y por algunos ómnibus y taxis.

primeros colectivos en argentina

Precisamente el servicio de taxis (coches con taxímetros), precursores del «auto-colectivo» o “taxi-colectivo”, carecía de pasajeros ya que casi nadie podía pagarlo por su alto costo y el negocio se iba perjudicando. Los taxistas comenzaron a transitar en fila india por las arterías céntricas con la banderita levantada para conseguir pasajeros, pero sin ninguna suerte (de allí surgió la palabra “yirar” como expresión de dar vueltas y vueltas sin resultados positivos).

El 24 de septiembre de 1928 se puso en práctica por primera vez. Los taxis estaban detenidos en esa esquina de Carrasco y Rivadavia (hay versiones que aseguran que era en Lacarra y Rivadavia) y sus conductores fuera de los vehículos ofreciendo a los gritos un viaje hasta Caballito por veinte centavos, la quinta parte de lo que hubiese costado en un taxi hasta ese día. Hasta Flores, sólo diez centavos. Los transeúntes no entendían nada. Hasta que subió uno. Y luego otro. Y otro.

En total, cuatro en la parte de atrás, ampliada con transportines (asientos plegables adicionales) y otro pasajero junto al conductor. A las ocho y media de la mañana del 24 de septiembre de 1928 partía con rumbo a Primera Junta el primer colectivo de la historia del país y del mundo.

Esa modalidad que nació como fruto del apriete, de la malaria, no había sido probado nunca en ningún lugar del planeta. Lo que siguió no fue fácil en ningún frente: en el empresario, la Compañía Anglo Argentina, dueña de los tranvías, intentó por todos los medios acabar con el transporte recién nacido acusándolo de competencia desleal; en el cotidiano, ya por entonces había pasajeros que se pasaban de listos y de sección para pagar menos el viaje.

Los primeros tranvías aparecieron con la electrificación de los servicios y correspondió a la Compañía Anglo Argentina la iniciativa, que echó a rodar la línea 2 el 30 de julio de 1902. Esta es la línea numerada más antigua de la ciudad. En la medida que se inauguraban nuevos servicios iban apareciendo más números de línea.

Pero la inventiva de los flamantes colectiveros detuvo el fraude de entrecasa: uno de ellos hacía una marca con tiza en el pantalón del pasajero pan saber adónde había subido y hacerle abonar lo justo en su punto de descenso ya que era entonces cuando se pagaba. También le pasaban un cepillo para ropa por la marca, eso si. Muy poco después, el 12 de octubre, día de la asunción de Ynigoyen, se inauguraba la segunda línea de taxis-colectivos. La primera fue bautizada, claro está, como la Nr. 1; esta segunda ya no está tan claro, como la N0 8. Iba también por Rivadavia pero llegaba hasta Plaza de Mayo.

El “taxi-colectivo” era un simple vehículo convencional con una capacidad para 7 personas. Luego irían expandiéndolo paulatinamente, el colectivo será el resultado del uso del automóvil carrozado sobre el chasis de camión adaptado -con pequeñas mejoras- con el fin de aumentar la capacidad de pasajeros. Es por ello que conserva su característica trompa, a diferencia de los ómnibus con su parte frontal achatada.

Al competir en la misma calle hubo malestar, encontronazos, peleas y se dice que hasta algún tiro al aire, pero finalmente decidieron fusionarse y formar una sola línea que terminó siendo muy exitosa. El colectivo afrontó inconvenientes de todo tipo, ofensivas de los tranvías, impuestos especiales, incluso expropiaciones. Pero ganó las batallas y terminó ganando la guerra. El invento pasó a Uruguay, Paraguay, Brasil y, poco a poco, a muchas otras ciudades del mundo.

El vehículo creció , fue pintado con alegres colores que servían para identificarlo, inscribió en sus costados el nombre de la empresa, llevó indicaciones y leyendas fileteadas finamente y hasta dejó que le colgaran el consabido zapatito del nene del espejito retrovisor. Cada uno de sus inventores fue dando un pasito más atrás y más allá, adonde siempre hay lugar, pero dejándonos su creatividad de recuerdo. Y el colectivo, ahí anda. literalmente hablando.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

El lunes 24 de septiembre, en Primera Junta, los transeúntes se encontraron con una novedad, ocho choferes de taxi que voceaban: «¡A Plaza Flores diez centavos!». Todos ellos habían decidido ofrecer viajes colectivos para enfrentar la creciente escasez de pasajeros como consecuencia de la exorbitante tarifa de un peso que se está cobrando.

La idea surgió la tarde anterior en el café La Montaña, de avenida Rivadavia y Carrasco, donde los taxistas José García Gálvez, Pedro Echegaray, Rosendo Pazos, Felipe Quintana, Lorenzo Forte, Rogelio Fernández, Aristóbulo Bianchetti, Antonio González y otros, discurrían sobre cómo ganar clientes. Al parecerfue Manuel Pazos el que tuvo la idea de llevar por un precio módico a varios pasajeros que fueran al mismo destino.

Pese a las intensas lluvias de esa mañana no les fue fácil convencer a los potenciales clientes, hasta que a las 8 y media se animó un caballero y, tras él, subieron otros. El éxito del emprendimiento sumó autos y ahora ya establecieron un recorrido: desde Primera Junta, con una parada en Plaza Flores, finalizando en Lacarra y Rivadavia, donde comienza el recorrido inverso.

Los taxistas anunciaron que el 12 de octubre dará inicio una nueva ruta, desde Nazca y Rivadavia hasta Plaza de Mayo. Y hay otra novedad: como los vehículos están quedando chicos, los socios José Fonte y José Chinfalo carrozaron su coche en el taller de Calzón v Rodriguez Hnos. con lo que pueden llevar a diez pasajeros cómodamente sentados.

Cabe destacar que las mujeres, al principio reticentes a viajarsolas en un auto con tantos hombres, comenzaron a utilizar el servicio cuando algunos choferes optaron por incluir a novias o hermanas en el pasaje. Las empresas ferroviarias y tranviarias de capital extranjero, sobre todo la Angloargentina, presionan a las autoridades para que eliminen esta competencia, que les resta pasajeros, pero todo indica que no lo van a conseguir.

Fuente Consultada:
Crónica Loca de Víctor Sueiro y www.prensamercosur.com.ar

Biografía de Cientificos Argentinos Vida y Obra Cientifica

BIOGRAFÍA DE CIENTÍFICOS ARGENTINOS

Ver: Historia de la Ciencia Argentina
BREVE INFORMACIÓN DE OTROS DESTACADOS CIENTIFICOS Y PROFESIONALES ARGENTINOS

florentino ameghino

FLORENTINO AMEGHINO (1853 – 1911)
NATURALISTA Y PALEONTÓLOGO
Ameghino fue el primer filósofo de la ciencia que Latinoamérica ofreció al mundo. Escribió también un tratado teórico sobre el evolucionismo, titulado Filogenia (1884), el cual originó una fuerte y larga polémica con el clero católico argentino

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francisco moreno

Francisco Pascasio Moreno
GEÓGRAFO, ANTROPÓLOGO Y EXPLORADOR

Francisco Pascasio Moreno (1852-1919) fue uno de los primeros naturalistas que hubo en nuestro país, además de ser una excepcional figura de la historia nacional. Más conocido como Perito Moreno, científico naturalista argentino, explorador de la Patagonia. Nació el 31 de mayo de 1852 en la ciudad de Buenos Aires.

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Huergo Ingeniero

Luis Augusto Huergo (1837-1913)

Luis Augusto Huergo (1837-1913), ingeniero argentino, el primero en recibir dicho título en su país. Integró el grupo denominado “De los 12 apóstoles”, por ser los primeros egresados que destacaron en diversas disciplinas.

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juan bautista ambrosetti

Juan B. Ambrosetti (1865-1917)

Paleontólogo, arqueólogo e historiador. Nació en Gualeguay, provincia de Entre Ríos, el 22 de agosto  de 1865. Fue el iniciador en el país de la exploración arqueológica con criterio estrictamente científico y el primero en realizar estudios sistemáticos del folklore nacional por lo que fue llamado el «Padre de la Ciencia Folklórica».Fue designado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires, en 1910.Entre sus obras se pueden citar: «Los monumentos megalíticos de Tafí del Valle (1896)», «La civilización calchaquí», «Los cementerios prehistóricos del Alto Paraná».

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Médico y político argentino. Participó como diputado en el Congreso de Paraná de 1854.Durante el gobierno de Bartolomé Mitre fue ministro del Interior y formó parte de la Convención Constituyente de 1870. Estudió luego en la facultad de Medicina de donde egresó en 1844 con el título de doctor en medicina. Sus últimos años vivió en Paris,  donde muere el 2 de febrero de 1890.

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balseiro cientifico argentino

JOSE ANTONIO BALSEIRO (1919-1962)
Físico argentino de distinguida actuación en el nacimiento de la física atómica en su país.
Nacido en Córdoba en 1919. Después de terminar sus estudios, la Universidad de Córdoba lo becó para estudiar física en La Plata, donde se doctoró en 1944.

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cientifico argentino sadosky

Manuel Sadosky
Dr. en Ciencias Fisico-Matemático 1914 – 2005
Fue designado Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires en 1985.
Fue galardonado como «Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (Ley 1095, 2 de octubre de 2003).
Murió el 18 de junio de 2005, a los 91 años de edad.

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bunge mario
MARIO AUGUSTO BUNGE (1919)
FILÓSOFO DE LA CIENCIA

Mario Augusto Bunge nació en Buenos Aires en 1919 y se doctoró en física en la Universidad Nacional de La Plata en 1952.Bunge ha publicado investigaciones originales en física atómica y nuclear, matemática aplicada, sociología y filosofía, y fundamentos de la física, biología, psicología, sociología y política científica.

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sabato jorge

Jorge Alberto Sabato (4 de junio de 1924 – 16 de noviembre de 1983)

Nacido en Rojas, estudiaba para maestro en Quilmes, cuando fue marcado por un libro de Albert Eistein, y su destino se direccionó hacia la ciencia, recibiendose de profesor en 1946. Físico y tecnólogo argentino de formación científica autodidacta y destacado en el campo de la metalurgia y de la enseñanza de la física.

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Houssey Medico premio nobel argentino

Bernardo Houssay Médico (1887 – 1971)-
Fisiologo Premio Nobel 1947 
Bernardo Alberto Houssay fue el primer científico latinoamericano distinguido con el Premio Nobel. La Academia Nacional de Ciencias de Suecia lo galardonó en Fisiología y Medicina, por su descubrimiento acerca del rol de la hipófisis (glándula endocrina situada en el cerebro) en el metabolismo de los carbohidratos, y su relación con la diabetes. Sus investigaciones sobre la acción que ejerce una hormona pituitaria al incrementar la concentración de azúcar en la sangre y oponerse, por tanto, a la acción de la insulina, tuvieron una gran repercusión en el tratamiento de la diabetes

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Leloir premio noble argentino

Dr. Federico Leloir Bioquimico (1906 – 2005) – Nobel en 1970

Bioquímico argentino, nació el 6 de setiembre de 1906 en París, donde sus padres pasaban las vacaciones. Se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires y fue discípulo de otro premio Nobel argentino: Bernardo Houssay. Fue galardonado con el Premio Nobel de Química en 1970 por el descubrimiento de los procesos químicos que tienen lugar en la formación de los azúcares en plantas y animales.

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Milstein premio nobel argentino

César Milstein Biologo Molecular (1927-2002) – Nobel en 1984

Inmunólogo argentino nacionalizado británico que compartió, en 1984, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina con Niels Kai Jerne y Georges J. F. Köhler, por sus investigaciones sobre el sistema inmunológico y por el desarrollo, en colaboración con éste último, de la tecnología de producción de los anticuerpos monoclonales. El biólogo molecular César Milstein fue galardonado en 1984 con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por sus investigaciones sobre los anticuerpos monoclonales, que han encontrado innumerables aplicaciones en el campo médico.

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Rene Favaloro cientifico y medico argentino

René Favaloro – Médico Rural Fundador Fundación Favaloro (1923 – 2000)
René Gerónimo Favaloro nació el 14 de julio de 1923, en La Plata, Argentina, Cursó la primaria en una modesta escuela de su barrio, donde, con pocos recursos, se fomentaba el aprendizaje a través de la participación, el deber y la disciplina. Gracias a sus padres -su madre era una habilidosa modista- aprendió a valorar el trabajo y el esfuerzo. Fue un cirujano argentino, mundialmente conocido por desarrollar y estandarizar la técnica quirúrgica del bypass coronario o cirugía de revascularización miocárdica.

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HISTORIA DE LA SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA:
LAS ETAPAS Y SUS HOMBRES

La historia de la Sociedad Científica Argentina abarca 130 de los 192 años de historia argentina posteriores a la Revolución de Mayo. Es innecesario, por lo tanto, señalar que ha acompañado al país a lo largo de sus épocas más prósperas y de muchas de sus crisis más graves, pero lo singular de esta institución es que lo ha hecho sin perder su rumbo, sin contaminarse con las modas intelectuales ni con las caídas morales.

Aquí está, con la experiencia de los años, la memoria enriquecida por éxitos y sinsabores, pero intacta su fe en la razón, en la ciencia, en el progreso y en la libertad e intacta su vocación filantrópica de servicio a la sociedad.

Para explicar la trayectoria de esta Sociedad, podríamos señalar una sucesión de etapas o períodos, cada uno de ellos con continuidades pero también con particularidades.

Entre la fundación de la entidad y el año 1880, bajo el impulso del proyecto modernizador de Sarmiento y de su política científica, cultural e industrial, continuada por Avellaneda, tienen especial protagonismo personalidades como Estanislao Zeballos, Luis Huergo, Germán Burmeister y Florentino Ameghino.

Es la etapa fundacional, durante la cual la Sociedad se organiza, pero además emprende audaces exploraciones, visita fábricas y talleres del despertar de la industria argentina, promueve y estudia inventos y desarrollos técnicos innovadores y organiza una primera Exposición Industrial que dio origen a la fundación de aquel Club Industrial que es hoy la Unión Industrial Argentina.

En 1875 la Sociedad inicia sus Campañas Científicas en el territorio nacional auspiciando y solventando la expedición de Francisco P. Moreno al Nahuel Huapi. Al año siguiente se realiza otra excursión científica, esta vez al Río Lujan y en 1877 es Ramón Lista quien se interna en la Patagonia, En 1879 por iniciativa de Zeballos se crea en la Científica el Instituto Geográfico Argentino.

Podemos establecer un segundo período de desarrollo institucional entre 1880 y 1898, años en que la figura política más importante de la Argentina era el presidente Julio A. Roca, cuyo vice-presidente, Norberto Quirno Costa, era miembro de la Sociedad. Es la época en que el país se inserta notablemente en la economía mundial y tiene presencia en Europa a través de presentaciones llamativas como el Pabellón Argentino en la Exposición de París de 1889, en la cual Anales recibió una medalla de plata.

Época dominada por el positivismo, en la cual fueron miembros destacados de la Científica ingenieros como Francisco Tamburini -proyectista del Teatro Colón- y Valentín Balbín -reconocido matemático-. La Sociedad, fundada hacía poco por un conjunto de estudiantes, había crecido en cantidad de adherentes, reunía afiguras de gran prestigio, había establecido una red importante de relaciones internacionales, poseía una biblioteca de gran interés y desde 1894 tenía un inmueble propio en la calle Virrey Cevallos 269, en donde permaneció por más de tres décadas.

La Científica es el epicentro de los debates en relación con la ingeniería, la industria y la implantación de los sistemas de organización propios de un país moderno en tiempos de la segunda faz de la revolución industrial.

En Anales se publican artículos de Cristóbal Giagnoni sobre el dique San Roque y sobre ferrocarriles, de Juan A. Buschiazzo sobre arquitectura, de Otto Nordenskjold sobre exploraciones, deGermán Burmeistery Carlos Berg sobre ciencias naturales.

Si bien el vértigo constructivo de la Generación del Ochenta privilegia la eficacia sobre la reflexión, en medio del torbellino la Científica no ha dejado de ser un ámbito de debate y de investigación: por estos años integran la comisión redactara de Anales personalidades como Eduardo Holmberg y Ángel Gallardo, cuya sola mención es suficiente para probar el pluralismo y la hospitalidad de la entidad que alberga por igual a quienes pensaban distinto sobre la naturaleza y su evolución.

Un tercer período puede ubicarse entre 1898 y el año del Centenario, 1910. Es un momento de gran expansión de la Sociedad, que se ramifica por el interior y es también una época de crecimiento y especialización. Las páginas de Anales registran la actividad de Otto Krause, preocupado por la educación industrial, de Florentino Ameghino, cuyo alto magisterio ha alcanzado dimensiones filosóficas, de Juan B. Ambrosetti y Samuel Lafone Quevedo, que han dilatado el horizonte científico extendiéndolo a los campos de la arqueología y la etnografía precolombinas.

Hasta Bartolomé Mitre, fiel lector y coleccionista de Anales, publica en sus páginas un artículo sobre lingüística precolombina. Además, aparecen artículos de Martín Doello Jurado sobre biología, de Ángel Gallardo sobre las relaciones entre biología y matemática, de Enrique Hermitte sobre combustibles, de Jorge Newbery sobre electricidad y telefonía y una gran variedad de ensayos y memorias sobre otros temas que prueban la riqueza y profundidad del movimiento científico argentino en aquellos años en que el país se contaba entre las naciones más avanzadas, por su cultura, su espíritu de iniciativa y su profunda y vigorosa seriedad.

Valga como ejemplo el hecho de que en 1902, Luis María Drago, ministro de Relaciones Exteriores y socio de la Científica, lanzó su doctrina universal-mente adoptada de que «la deuda pública no puede dar lugar a la intervención armada», y que en 1904, cuando la misión escocesa decidió abandonar la estación científica de las Islas Oreadas del Sur, la República Argentina se hizo cargo de ella, manteniéndola desde entonces como bastión de paz al servicio de la ciencia.

En 1898, siendo presidente de la institución Ángel Gallardo y habiendo cumplido la Sociedad Científica Argentina sus bodas de plata, se organizó un Congreso Científico Latinoamericano que reunió a más de 400 personas. Allí fue presentado el primer aparato de Rayos X desarrollado -o adaptado- en el país, apenas tres años después del descubrimiento de Roentgen. Las ponencias presentadas ocupan dos mil páginas de texto que fueron editadas en cinco volúmenes.

En 1910 el gobierno nacional encomendó a la entidad la organización de un Congreso Científico Internacional Americano, en coincidencia con las grandes celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo. Esta vez fueron mil quinientos los asistentes y más de quinientas las ponencias presentadas, abarcando temas tan diversos como matemática, química, geología, antropología, biología o psicología y ciencias jurídicas y sociales. Ya en campo científico había desbordado a la ingeniería y a la física positivistas.
En ese mismo año, más allá de los fastos, la Científica prosiguió sus campañas en el territorio nacional, llevando a Pedro Uhart a la Laguna de Ibera.

PRIMEROS TIEMPOS DE GRANDES EMPRENDIMIENTOS
Una cuarta etapa es la que abarca los años que van desde 1910 hasta 1925. La Argentina era un país educado y próspero y, durante la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear había estrechado lazos de amistad con todas las potencias progresistas, pero más aún se habían afianzado los lazos entre los hombres y mujeres cultos del país con sus pares del resto del mundo. Cuando en 1925 Albert Einstein visitó la Argentina, la Sociedad Científica escuchó sus palabras en el salón de la calle Virrey Cevallos.

También en su sede nacieron muchas otras instituciones, como el Museo Social Argentino, dedicado a las humanidades. Y esta dilación del horizonte científico se comprueba también en las páginas de Ana/es, en donde aparecen por igual artículos de Cristóbal M. Hicken sobre Botánica, otros de Nicolás Besio Moreno sobre «Agustín Álvarez, sus doctrinas éticas y de igualdad» o sobre «Historia de la navegación aérea desde los tiempos más remotos hasta los primeros viajes aéreos dirigidos», textos de Ángel M. Zuloaga sobre «proyecto de travesía aérea del Atlántico Sur» o de Horacio Damianovich sobre termodinámica.

Pero, sobre todo, por esos años la Argentina pudo echar, por primera vez una mirada hacia la propia historia. Introspección e investigación que también emprendió la Científica al llegar a sus bodas de oro, iniciando la publicación de una serie de trabajos acerca del desarrollo en la Argentina de diversas actividades científicas en el lapso de su primer medio siglo (1872-1922). Desde entonces la colección «Evolución de las Ciencias en la República Argentina» es editada por la entidad cada 50 años. Su primer balance abarca ocho volúmenes.

Pero la perspectiva de los años no significó una pérdida de actualidad: la institución prosiguió reuniendo a los hombres y mujeres ras activos y estudiosos de cada generación. En 1918, al aplicarse la Reforma Universitaria en Buenos Aires, la mayor parte de los interventores designados para reorganizar las facultades eran miembros de la Sociedad Científica Argentina.

Tan destacada y potente era la presencia de la institución en aquellos años y tan reconocida era en el país y en el exterior que, entre 1925 y 1943 (entrando en su quinta etapa) pudo acometer grandes emprendimientos. Uno de ellos fue la construcción del monumental edificio de la avenida Santa Fe.

El terreno, una fracción remanente de los ensanches de la avenida, fue cedido con cargo por la municipalidad. A lo largo de varios años un subsidio otorgado por el Congreso Nacional se sumó al esfuerzo de la Sociedad para levantar el edificio cuyo diseño de 1926 se debe al socio ingeniero y arquitecto Osear Schoó Lastra. La obra se terminó con notable calidad, en 1933.

portada revista sociedad cientifica
Portada de Anales, la revista de divulgación editada por la Sociedad.
Allí se publican para su difusión los avances y las novedades científicas.

Fuente Consultada: Revista Todo Es Historia N°425 Nota de José Babini

Ver: Gaviola, Físico Científico Argentino

juego conocer cientificos

Ampliar: Primeros Naturalistas Argentinos

Desarrollo de la Ciencia en Argentina Primera Universidad Cientifica

Desarrollo de la Ciencia en Argentina: Primera Universidad

Desarrollo de la ciencia en Argentina
Los primeros pasos

Si bien durante la época colonial hubo manifestaciones científicas individuales (observaciones astronómicas y naturales, relevamientos cartográficos, etc.), la aparición de investigadores e instituciones científicas en nuestro país está ligada a la creación de los primeros centros educativos y universidades.

La primera universidad que se creó en nuestro territorio fue la de Córdoba, cuyos orígenes se remontan a la primera mitad del siglo XVII. Sin embargo, sus estudios incluían aspectos de la ciencia tan sólo en el marco de la filosofía. La Escuela de Náutica, creada por Manuel Belgrano en 1799, fue el primer instituto educativo ligado a la ciencia. Su misión era formar navegantes y cartógrafos y a tal efecto se dictaban cursos de trigonometría y geometría, entre otros.

Virrey VértizOtra institución vinculada a la ciencia fue el Protomedicato, creado en 1779 por iniciativa del virrey Vértiz con el fin de certificar la idoneidad de los médicos que atendían la salud de la población. Incluyó una escuela de medicina que comenzó a funcionar en 1801.

Con la Revolución de Mayo se popularizaron las ideas de Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, quienes veían en la educación, la ciencia y la tecnología un factor determinante de progreso. En 1816 comienzan los cursos de la Academia de Matemática, creada en 1813.

Una Facultad de Medicina que comenzó a funcionar en 1815 con el nombre de Instituto Médico-Militar ocupó el lugar de la escuela del Protomedicato, que había dejado de funcionar. Es durante la presidencia de Rivadavia, en 1821, que se crea la Universidad de Buenos Aires.

La estructura de la universidad incluía seis departamentos, entre los que se contaba uno de medicina y otro de ciencias exactas. A ella se anexaron los institutos existentes, como la Academia de Matemática y el Instituto Médico-Militar.

Durante este período también se funda el Museo Público de Buenos Aires , en 1823. En él se exponen los importantes hallazgos fósiles de Francisco Javier Muñiz, el primer naturalista argentino.

En esta misma época se registra la actuación de dos relevantes naturalistas extranjeros: Amado Bonpland, quien se radica en el país en 1817, y Charles Darwin, quien visita estas tierras entre 1831 y 1835, durante un viaje de estudios.

Después de un período de poca actividad científica y cultural, signado por las luchas internas, la ciencia cobra impulso a fines de la década del ’50 del siglo pasado.

El destacado paleontólogo y zoólogo alemán Carlos Burmeister se hace cargo, en 1862, de la dirección del Museo Público de Buenos Aires, transformándolo en verdadero impulsor de la investigación científica.

observatorio astronomico en argentinaEn 1873 comienza a funcionar la Academia de Ciencias de la Universidad de Córdoba, creada por el presidente Sarmiento.

De este modo la ciencia, que hasta entonces había estado ausente de sus aulas, entra plenamente a ellas.

La Academia realiza importantes trabajos en ciencias naturales, especialmente en botánica y geología. También se debe a Sarmiento la creación en Córdoba, en 1871, del Observatorio Astronómico Argentino. En él se hicieron importantísimas contribuciones al estudio del cielo austral. (imagen: gentileza http://wwww.hoylauniversidad.unc.edu.ar)

Un hecho relevante fue la creación de la Sociedad Científica Argentina, en 1872, por iniciativa de estudiantes y profesores del Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.

La Sociedad se transformó en tribuna de debate científico y órgano consultor del gobierno en aspectos científico-tecnológicos. Fue importante el apoyo prestado por la Sociedad a los estudios geográficos, que conduce a la fundación, en 1879, del Instituto Geográfico Argentino.

El último acontecimiento relevante del siglo XIX es la creación de la Universidad de La Plata, en 1897. Originalmente provincial es nacionalizada en 1905 y se le anexan, entre otras instituciones, el Observatorio Astronómico de La Plata, creado en 1882, y el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, que data de 1884. Hasta su incorporación a la Universidad, el museo fue dirigido por Francisco P. Moreno, a quien se le debe su existencia y cuya colección había sido enriquecida con sus propios hallazgos.

Moreno hizo importantes aportes de carácter arqueológico, paleontológico y antropológico al conocimiento de la Patagonia y los lagos del sur de nuestro país.

Otro naturalista notable de esa época fue Florentino Ameghino. Vinculado al Museo de La Plata, aunque brevemente, hizo grandes aportes a la sección de paleontología.

Sus descubrimientos fósiles y trabajos de interpretación fueron fundamentales para la comprensión de la prehistoria de nuestro país. A partir de 1906 funciona el Instituto de Física de la Universidad de La Plata, que pronto alcanza renombre mundial por la calidad de sus trabajos.

La Ciencia en la Actualidad: (Ver Organismos Científicos Argentinos)
Entre 1930 y 1960 aparecen las instituciones que conducen al progreso científico en nuestros días.

En 1933 se crea la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, entidad privada que, con recursos propios y de algunas fundaciones, otorga becas externas e internas para el estudio de las ciencias.

En 1958 se forma el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Ha concedido becas para la realización de trabajos de investigación o perfeccionamiento y, en 1960, creó la Carrera del Investigador Científico, que ha permitido el trabajo de muchos investigadores de todas las áreas de la ciencia.

La Comisión Nacional de Energía Atómica, que data de 1950, es una institución que cubre las tres áreas de la ciencia.

En ella se realizan trabajos de física básica: física nuclear, del estado sólido, etc.; de física aplicada: ingeniería nuclear, aplicaciones de radioisótopos, etc., y también desarrollos tecnológicos: centrales nucleares, procesamiento de uranio, producción de agua pesada, etc.

En las ciencias químicas cabe destacar el papel que desempeña la Asociación Química Argentina, nacida en 1912 y que ha organizado reuniones científicas y editado varias publicaciones.

Con el auspicio de la Fundación Campomar se creó en 1947 un centro de estudios bioquímicos, que ganó renombre internacional bajo la dirección de Dr. Luis F. Leloir, quien, en 1970, recibió el Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre los hidratos de carbono.

En el campo de las investigaciones biológicas se destacó el Dr. Bernardo Houssay, quien en 1919 fundó el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires y se desempeñó como su primer director.

Rápidamente cobró prestigio internacional por sus trabajos sobre la función de la hipófisis y las glándulas suprarrenales, el metabolismo hidrocarbonado y la patogenia de la diabetes. Estos últimos le valieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947.

Dos instituciones desarrollan una constante labor en favor de la tecnología. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), creado en el año 1956. agrupa institutos de investigación y centros experimentales en todo el país. Su función es prestar apoyo a la producción agropecuaria, mejorando los productos y rendimientos.

El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) se crea en 1958 y es su cometido aportar respuestas a problemas técnicos o de materiales que puedan ser de interés para la industria local.

SIGLO XXI:
Actualidad: E
l desarrollo científico y tecnológico de un país se vincula estrechamente con el industrial y con el humano.

Algunas personas sostienen que la Argentina es un país pobre y que invertir en investigación científica y técnica es un lujo. Por supuesto, nuestro país no está en condiciones de realizar inversiones como las de los países más desarrollados.

Pero si comparamos la inversión que hace la Argentina y la que hacen países como Brasil, Chile o México, notamos que en los últimos veinte años nuestro país ha sido largamente superado por aquéllos.

También se suele afirmar que el desarrollo de la ciencia y la  tecnología no es una necesidad para un país cuyo papel tradicional ha sido la de manufacturar y exportar productos agropecuarios. Sostener esto es desconocer las contribuciones que dicho desarrollo puede ofrecer al desarrollo económico y social. En el terreno de la agricultura, las investigaciones científicas y tecnológicas pueden ayudar a diversificar la producción y a volverla más competitiva.

El problema no pasa sólo por la cantidad de dinero que se invierte en dicho desarrollo sino también por definir hacia dónde se dirige esa inversión. Es claro que la Argentina no tiene una política clara en este aspecto pues aún el Estado no se ha ocupado de trazar prioridades de investigación. Pero señalar prioridades no significa afirmar que algunas disciplinas científicas sean más importantes que otras.

De lo que se trata es de jerarquizar áreas de interés para el país y establecer líneas prioritarias de investigación, con enfoques que combinen los conocimientos de diferentes disciplinas. El Desarrollo Humano integral sería la meta de esas líneas prioritarias. Así, habría que definir áreas de interés en el campo de la salud, el medio ambiente, la producción agropecuaria y la industrial, teniendo en cuenta nuestra realidad nacional y los problemas del desarrollo a escala regional y provincial.

EL SATÉLITE SAC-C
Nuestro país tiene un Plan Espacial Nacional — «Argentina en el Espacio 1995-2006″— que establece los objetivos que deben orientar el trabajo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae). Como componente fundamental de ese plan, se deben realizar proyectos satelitales que cumplan el objetivo de «proveer a través de misiones satelitales propias, las plataformas, cargas útiles y servicios para satisfacer requerimientos específicos de nuestro país en las áreas de tele-observación, comunicaciones y ciencias básicas, que no se ven satisfechos por la oferta de sistemas existentes».

A partir de este objetivo, la Conae llevó adelante el diseño, construcción y puesta en órbita del SAC-C, el primer satélite argentino de observación de la Tierra, cuyo lanzamiento se produjo el 21 de noviembre de 2000, con un lanzador Delta 7320, desde la Base Aérea de Vandenberg, en California, Estados Unidos.

Este satélite cumple funciones muy importantes: produce imágenes del territorio que pueden ser utilizadas para la agricultura y para el estudio del medio ambiente terrestre y marino.

Además, permite estimar con precisión los alcances de catástrofes naturales o provocadas por el hombre y aporta materiales para realizar estudios científicos y tecnológicos que, entre otras cosas, contribuirán a mejorar el diseño y la fabricación de nuevos satélites.

El satélite se controla desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera, ubicado en Córdoba. Allí se reciben los datos que envía el satélite y se los distribuye entre los usuarios.

Desde el punto de vista productivo, el aspecto interesante de este proyecto es la articulación entre una decisión de un agencia del Estado nacional -la Conae– y varias empresas del país, que son las que construyeron el satélite.

El principal-contratista es el Invap, una empresa de alta tecnología, encargada de la construcción del satélite propiamente dicho y de algunos de los instrumentos que contiene y que permiten realizar las observaciones y la transmisión de datos.

INVAP es una empresa creada, por convenio entre la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina y el Gobierno de la Provincia, de Río Negro. Su sede principal se encuentra en San Carlos de Bariloche y ocupa a 360 empleados de manera, directa y a más de 700 si sumamos a los de las empresas asociadas, contratistas y proveedores.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
ORDEN CRONOLÓGICO DEL DESARROLLO CIENTÍFICO EN EL SIGLO XIX:

Los comienzos: Después de Caseros, y fundamentalmente, después de Pavón, se inició en la Argentina una nueva etapa en que la ciencia adquirió los caracteres de la organización actual.

Los estudios astronómicos y físicos se iniciaron en la Universidad de La Plata, adquiriendo de inmediato los físicos una elevada jerarquía científica, pues la Universidad contó desde 1906 con un Instituto de Física bien provisto e instalado científicamente, cuya misión fue «fomentar el estudio de las ciencias físicas y crear un personal competente para que pueda utilizar todas las materias primas y las energías naturales del país. Desde 1909 estuvo bajo expertas direcciones : su fundador, el emi nente físico Emil Hermann Bose y su sucesor, Richard Gans, que impulsaron la investigación científica a una altura que valió al Instituto un justo renombre internacional.

El Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, inició sus tareas en 1866. En 1869 egresaron los doce primeros ingenieros que tuvieron una actuación destacada en la docencia y la ciencia.  Podemos destacar a Valentín Balbín, que trató de introducir conceptos matemáticos modernos. Fundó y dirigió una «Revista de matemáticas elementales», que se proponía difundir las matemáticas en el pafs y estimular a la juventud en la investigación.

A mediados de 1873 se funda la «Academia de ciencias de Córdoba«, con el auspicio de la presidencia de Sarmiento y bajo la dirección de Burgmeister. Era una organización científica sostenida por el gobierno de la Nación con los siguientes fines: servir de consejo consultivo al gobierno en los asuntos referentes a las ciencias que cultiva el instituto; explorar y estudiar el país en todas las ramificaciones de la naturaleza; y hacer conocer los resultados de sus exploraciones y estudios por medio de publicaciones. Con esta organización, el centro de gravedad de los estudios de la Academia se centraban en la ciencia natural, y fue en ésta donde se concentró la labor más importante.

Fueron las ciencias geológicas las que recibieron el mayor impulso de los hombres de la academia. Uno de sus miembros fundadores, Alfredo Stelzner, en  los pocos años que residió en la Argentina realizó dos largos viajes por el noroeste y  el oeste, que le permitieron reconocer las grandes unidades geológicas de los terrenos observados. Stelzner dejó instalado el Museo mineralógico de la Universidad de Córdoba. El sucesor de Stelzner fue Luis Brackebusch que realizó estudios geológicos y mineralógicos en las provincia de Córdoba, Catamarca, Salta y Jujuy y publicó el mapa geológico de la Argentina al millonésimo.

A Oscar Doering se deben numerosas observaciones meteorológicas, hipsométricas y magnéticas, además de la propuesta de crear en 1882 un Observatorio Magnético Nacional de acuerdo con las sugestiones del Congreso Internacional de Meteorología de 1879.

A mediados de 1872 un grupo de profesores y estudiantes del Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires resuelve fundar una «Asociación Científica» que recibe el nombre de «Sociedad Científica Argentina» y cuya finalidad principal será la de fomentar de manera especial el estudio de las ciencias materna ticas, físicas y naturales, con sus aplicaciones a las artes, la industria y las necesidades de la sociedad.

Esta Sociedad fue en sus comienzos la única tribuna científica argentina y el único centro de consulta de los gobiernos de la Nación y de la Provincia. Sus primeras actividades fueron variadas y fecundas: además de conferencias, dictámenes, sobre temas científicos y de actualidad, en 1875 creó un Museo, organizó ese mismo año un concurso de trabajos para promover el adelanto de las ciencias y su cación a la industria nacional, y contribuyó a la realización de viajes y exploraciones geográficos.

Entre estos podemos citar los viajes a la Patagonia de Moreno en 1873 y de Ramón Lista en 1877.Las primeras ciencias que se organizaron, definitivamente en la Argentina, fueron las ciencias naturales y la astronomía. Las ciencias naturales encontraron su habitat científico en los grandes museos que se organizaron después de la unidad nacional.

En 1854 se fundó la Asociación Amigos de la Historia Natural del Plata, con el objeto de reorganizar el decadente Museo de Buenos Aires, su promotor y secretario, Manuel Ricardo Treiles, se encargó del Museo y confeccionó los primeros catálogos de las colecciones que desde entonces comenzaron a reunirse, a través de donaciones o adquisiciones. En 1862 se hace cargo de él Carlos Burgmeister, sabio conocido por sus trabajos paleontológicos y zoológicos.

En poco tiempo convirtió la desordenada reunión de materiales en colecciones científicas que, especialmente la paleontológica, adquirió muy pronto gran incremento y hasta celebridad mundial. Burgmeister no fue un maestro en sentido estricto, pero su obra de investigador y organizador fue tan importante para la Argentina como la de un jefe de escuela. Además del Museo de Buenos Aires, tuvo a su cargo la organización de la Academia de Ciencias y las publicaciones de ambas instituciones.

El Museo de La Plata que forma con el de Buenos Aires la pareja de centros más importantes para el estudio y la investigación en el campo de las ciencias naturales, vincula su origen al nombre de Francisco P. Moreno, naturalista argentino que se formó bajo las guías de Gutiérrez y Burgmeister.

Su pasión de coleccionista se enderezó hacia las ciencias naturales y en 1872 instaló un museo propio, con una rica colección de carácter arqueológico, antropológico y paleontológico. Más tarde inició viajes por el interior del país, en especial por la Patagonia. Con el material coleccionado, el museo alcanzó la cifra de 15.000 piezas, que Moreno ofreció a la provincia de Buenos Aires, creándose así en 1877 el Museo antropológico y Arqueológico de Buenos Aires.

Cuando el gobierno provincial se trasladó a La Plata, se decidió crear allí un nuevo museo sobre la base del de Moreno, naciendo el Museo de La Plata, en 1884, cuyos primeros elementos los constituyeron las colecciones del Museo Antropológico, más las colecciones reunidas posteriormente y la rica biblioteca de Moreno.

El Museo de La Plata cobró bajo la dirección de Moreno una intensa actividad científica y sólidos prestigios. En 1889 se instaló en su edificio y en 1890 inició la publicación de sus Anales y de la Revista del Museo, mientras incorporaba a su seno una serie de naturalistas extranjeros que organizaron sus distintas secciones: geología y mineralogía, zoología, botánica, antropología, arqueología y etnografía y cargografía.

El tercero de los grandes museos argentinos es el Museo Etnográfico, fundado en 1906 y organizado por Juan B. Ambrosetti, naturalista que se ocupó de zoología y paleontología.

De sus investigaciones arqueológicas en la zona del noroeste argentino, sobresale su descubrimiento en 1908 del Pucará de Tilcara en la Quebrada de Humahuaca, que proporcionó un rico material arqueológico y antropológico. La labor iniciada por Ambrosetti en el Museo y en Tilcara, fue continuada por su discípulo Salvador Debenedetti, pudiendo afirmarse que con estos dos grandes arqueólogos se inicia en el país la exploración arqueológica con criterio científico.

En 1875, Florentino Ameghino hace concocer sus primeras especies nuevas, fruto de sus investigaciones en los terrenos de la pampa. Al año siguiente presenta pa te de su colección en los concursos de la Sociedad Científica junto con una memoria sobre el Cuaternario. Pero la preocupación de los miembros de la Sociedad Científica era el progreso material del país y el aprovechamiento de sus materias primas, y poco interés tenían por restos fósiles y discusiones sobre el cuaternario. Debido a esto, los fósiles de Ameghino sólo merecieron la última de las catorce menciones honoríficas, y la me moría no fue aceptada.

Su estadía como profesor de zoología en la Universidad de Córdoba, la utiliza para estudiar la geología y paleontología de la región. En 1886 fue designado para la sección de paleontología del museo de La Plata. En 1902 es designado como director del museo, cargo que ocupa hasta su muerte.

La obra científica de Ameghino comprende dos aspectos. Por un lado está la labor descriptiva del geólogo, y sobre todo del paleontólogo, de valor perenne e indestructible. Casi el ochenta por ciento de las especies de mamíferos fósiles que describió en su obra de 1889 son descubrimientos propios. Dio un adelanto considerable a la paleontología argentina.

El otro aspecto de su obra está representado por las bases teóricas sobre las que estructuró sus descubrimientos y observaciones y por los funda mentos filosóficos de esas bases. La tesis que sustentó Ameghino y por la que luchó toda su vida, consiste en suponer un origen americano para el hombre y que el suelo argentino, o algún territorio cercano a él, fue la cuna de la especie humana. Esta doctrina implicaba la adhesión a la teoría de la evolución, aun no aceptada por todos los naturalistas.

Ameghino fue un sabio auténtico por el valor de sus investigaciones, por su fe en una teoría revolucionaria que previo duradera y fecunda, por la audacia y vuelo de sus doctrinas, por su adhesión en cuerpo y alma a la ciencia.

EL tercero de los grandes naturalistas de este período fue Eduardo L. Holmrberg, dedicado desde muy joven a la ciencia natural y casi toda su vida a la docencia. debiéndosele el gran impulso adquirido por las ciencias naturales en la Argentina.

Fue un maestro en sentido amplio, ocupándose en sus investigaciones de casi todas las ramas de la ciencia natural y promoviendo y colaborando en todo medio de transmisión y perpetuación de los conocimientos relativos a ella. Contribuyó decisivamente a la fundación en 1911 de la Sociedad Argentina de Ciencias Naturales. Fue el que impulsó realmente el Jardín Zoológico, fundado en 1875 por iniciativa de Sarmiento, pero que cobró vida cuando en 1888 Holmberg asume su dirección.

A los esfuerzos de Sarmiento se debe el nacimiento de los estudios astro-micos en la Argentina. Su proyecto de fundar un observatorio astronómico fue favore cido durante su gestión como ministro argentino en Estados Unidos, donde conoció al astrónomo Benjamín Apthorp Gould, quien expuso a Sarmiento el deseo de realizar una expedición a la Argentina con el objeto de explorar el cielo austral, abrigando la esperanza de que al terminar la expedición el gobierno adquiriese las instalaciones, con el objeto de dejar fundado un instituto científico permanente, como había ocurrido años antes en Chile.

Al asumir la presidencia, una de las primeras medidas de Sarmiento fue la creación de un observatorio nacional invitando a Gould para que organizara y dirigiera esta institución. Por razones astronómicas se eligió como lugar del futuro observatorio las proximidades de la ciudad de Córdoba, y éste se inauguró en 1871. Como la mayor parte de los observatorios activos del hemisferio norte están en una zona desde la cual la mayoría de las estrellas australes es invisible, el observatorio de Córdoba vino a completar esta gran carencia en la astronomía universal.

Junto a los estudios astronómicos y meteorológicos, se organizáronlos estadios geográficos. En 1879 se fundó el Instituto Geográfico Argentino que contribuyó al conocimiento geográfico del país, estimulando o patrocinando viajes y exploraciones. Hacia 1884 se fundó la más importante de las instituciones nacionales vinculada a los estudios geográficos y afines : el Instituto Geográfico Militar.

Los estudios médicos fueron los primeros que se organizaron después de Caseros, a través de una escuela de medicina que se mantuvo separada de la Universidad hasta su integración en 1874. Con los estudios médicos está vinculada una de las grandes figuras públicas argentinas : Guillermo Rawson.   Fue el primer profesor de higiene iniciándose con él los estudios de esta disciplina, en especial con carácter social y vinculados con el aspecto demográfico.

También para los estudios jurídicos el período de la organización nacional es un período brillante, ya que en él logra el derecho argentino sus realizaciones más importantes; la Constitución del 1853 y los Códigos.  La codificación nacional se iniciódespués de Pavón, En 1862 se adoptó como código de comercio el Código provincial re dactado por Palmado Vélez Sarsfield. Al mismo jurista se encomendó la redacción del Código Civil.

Los estudios históricos adquirieron en este período un renovado vigor y florecimiento que abarcó todos los aspectos de esta disciplina : desde la recopilación de fuentes y elaboración de grandes obras históricas, hasta el establecimiento de instituciones destinadas a favorecer estos estudios y a conservar los recuerdos del pasado.

En 1889 nace el primer museo histórico argentino con el fin de reunir los recuerdos del pasado diseminados en los museos públicos o en manos de particulares.

La crisis del noventa :
A partir del noventa, y durante tres décadas el florecimiento científico cuyo climax se había producido en la presidencia de Sarmiento, se desvanece y la ciencia pura sufre un estancamiento, que sé refleja en numerosos síntomas : las instituciones científicas y universitarias vegetan, merman sus publicaciones, las instituciones dedicadas a la investigación se ven descuidadas por el fobierno. Este estancamiento de la ciencia pura está en oposición al impulso recibido por la economía y la técnica.

Los estudios económicos entran en el campo de la Universidad, aparecen instituciones y publicaciones de índole técnica, se promueven las obras públicas.

Este contraste entre una ciencia pura estancada y en decadencia y una técnica en plena actividad y florecimiento es el síntoma revelador de la llamada «crisis del «noventa» en el campo del pensamiento científico. Se puso de manifiesto cómo, en pos de un afán utilitario y de un interés material, y al compás de un aluvión inmigratorio creciente, las actividades técnicas y económicas se impusieron y absorbieron las intelectuales, posponiendo toda preocupación hacia la ciencia pura y trabando toda iniciativa en favor de las, investigaciones desinteresadas.

Se cayó en el error de adoptar y absorber las aplicaciones de la ciencia antes que la ciencia misma. Esta postura frente a la ciencia se modificará a mediados de la segunda década del siglo XX.

Fuente Consultada:
El Desarrollo Humano en la Argentina del Siglo XXI UNICEF – UNDP – Ministerio de Educación , Ciencia y Tecnología
HISTORIA ARGENTINA E HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN Manual de Ingreso 1977 – Tomo 2 – Dieguez-Pierini-Laplaza