Ciudad de México

Los Montes Urales: Ubicacion, Recursos Naturales e Industrias

LOS MONTES URALES
Ubicación, Recursos Naturales e Industrias

La zona de los Urales es inmensamente rica en toda clase de minerales y en fuentes de energía que se han valorizado especialmente después de la segunda guerra mundial.

En poco tiempo toda esta región se ha convertido en un enorme sector industrial en el que han crecido, como si fueran setas, importantes centros de actividad y combinados industriales.

Los Urales están llamados a representar un papel determinante en la economía soviética o rusa.

La  montañosa montañosa de los Urales ocupa desde de Rusia y Kazajstán, se extiende unos 2.410 km desde su límite norte en el océano Ártico hasta su límite sur en el mar Caspio y es considerada la barrera que separa Europa de Asia.

La cadena se divide claramente en cuatro áreas principales: Urales polares, septentrionales, centrales y meridionales.

En los Urales polares (por encima de los 64° latitud N) la vegetación característica es la tundra ártica.

Los Urales septentrionales (64º latitud N a 61º latitud N) son una cordillera estrecha, escarpada y sin árboles, con una altitud media de 305 a 460 m.

En esta cordillera se encuentra la mayor cumbre de los Urales, el Narodnaya (1.894 m).

Otros picos importantes del norte son el Sablya, el Telpos-Iz y el Isherim.

En esta zona sólo hay escasas y dispersas extensiones de alerces.

► Urales, Ubicación y Características

La uniformidad de la vasta llanura europea que se extiende desde la costa atlántica hasta el río Yeniséi queda rota únicamente por una cordillera: la de los montes Urales, que se extienden de norte a sur en una longitud de 2.400 km.

Al oeste de los Urales se eleva la gran llanura rusa, la parte más poblada y la mejor valorizada por la ex-Unión Soviética.

Al este de la cordillera se extiende la llanura de la Siberia occidental que, cuando no está poblada de bosques, es habitada y explotada.

•  Mapa Ubicación Geográfica de los Montes Urales

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/urales.jpg

Rusia posee inmensas reservas de minerales de muy diferentes clases. Los Urales son uno de los distritos mineros más ricos del inmenso territorio.

No hay que sorprenderse, pues, de que esta comarca montañosa se haya transformado rápidamente en una zona industrial moderna.

La cordillera de los Urales constituye la frontera natural entre dos continentes: Europa y Asia.

Es un plegamiento herciniano convertido por la erosión en una penillanura a fines de la era primaria y de la que sólo ha subsistido el zócalo.

Movimientos tectónicos más recientes trabajaron esta llanura y la transformaron en un macizo cuyos flancos encierran preciosos minerales y fuentes de energía, al igual que ocurre con las otras regiones hercinianas de Europa.

► Recursos Minerales

La cordillera de los Urales es, pues, relativamente poco elevada y en medio de la inmensa llanura parece más bien una sucesión de colinas.

Pero en ningún lugar del mundo hay una comarca tan rica en minerales: se explotan más de ciento veinte minerales distintos.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/urales1.jpg

Diseminado en todo el macizo se encuentra mineral de hierro de muy elevado contenido.

Podemos citar, además, el cobre, la bauxita, la potasa, las sílices sulfurosas, el asbesto, el oro, el cromo, el níquel y los aceites minerales.

Y ello no es todo, pues los Urales gozan de reputación por su platino y por sus piedras preciosas, entre las que podemos citar la esmeralda, el topacio, la amatista, el jaspe, la malaquita y aun otras.

Resulta sorprendente por ello que, rico como es en minerales, el macizo de los Urales sea tan pobre en hulla.

Esta penuria de carbón explica por qué la zona de los Urales estaba económicamente atrasada a principios de nuestro siglo XX.

El combustible comúnmente empleado en aquella época era la madera (carbón vegetal).

La región de los Urales no se convirtió en una zona industrial moderna hasta que fue posible importar hulla.

Esta feliz evolución empezó en los años que siguieron a la primera guerra mundial.

En la época del Gobierno soviético se  establecieron en los Urales gigantescas empresas metalúrgicas, entre las que podemos citar la de Magnitogorsk como la mayor.

Esta única industria ha proporcionado al mercado más hierro y acero que toda la industria metalúrgica rusa antes de aquella guerra.

Magnitogorsk se halla ahora integrada en un combinado, una especie de trusto sea una agrupación de empresas— que trabaja el mineral de hierro local. Se trae de Siberia el carbón necesario a los altos hornos.

Hasta la caía del muro de Berlín las tercera parte de la producción mundial de hierro fundido y de acero de toda la ex- Unión Soviética provenían de los Urales, que proporcionan asimismo metales no férricos, especialmente aluminio.

Las fábricas de aluminio encuentran allí mismo la bauxita, mientras que la energía se la proporcionan gigantescas centrales eléctricas que alimentan también toda suerte de industrias químicas de la región.

Los Urales gozan de reputación en la actualidad por sus talleres de construcciones mecánicas.

En esta rama de la industria también se han constituido combinados con el fin de proporcionar al sector agrícola el utillaje más moderno.

Además, el «Ouralchiemasjcombinat» se ocupa en equipar a las industrias químicas y el «Ouralelektroapparatcombinat» en   instalaciones   electrotécnicas

También hemos de citar el «Ouralwagonzawodcombinat», que proporciona a Rusia los vagones de los que no puede prescindir este gran país, enfrentado, mucho más que cualquier otro, con los problemas de transporte.

A causa de este inmenso proceso de industrialización el reparto de la población rusa se ha modificado, una industria poderosa reclama sin cesar nuevos trabajadores y por ello han surgido en los Urales, debido a las grandes concentraciones de personal, nuevos núcleos urbanos.

Las ciudades ya existentes han experimentado asimismo un crecimiento brutal que las ha hecho rápidamente irreconocibles.

A cada ciudad se le atribuyó una especialidad. Sverdlovsk, por ejemplo, situada aproximadamente a mitad del macizo, en la vertiente occidental, era antaño una apacible ciudad provinciana.

Se transformó en un importante centro industrial especializado en electrotecnia.

Para formar a la mano de obra indispensable se fundaron en esta ciudad universidades y fundaciones científicas altamente especializadas.

Chelyiabinsk era, hace unos decenios, apenas un pequeño mercado, una etapa en la ruta de Extremo Oriente; también se ha convertido en un centro industrial de primera importancia en el que se fabrica gran parte de los tractores y de las dragas utilizados en Rusia.

Los alrededores de la ciudad proporcionan la hulla utilizada por las poderosas centrales térmicas.

En los Urales se han organizado varias repúblicas soviéticas autónomas, cada una de ellas desarrollada bajo múltiples aspectos.

La más importante de toda la región industrial de los Urales es indudablemente la Bachkiria.

Esto salta inmediatamente a la vista en Ufá, capital de este estado.

En muy poco tiempo esta ciudad ha experimentado una vigorosa expansión y se convirtió en un foco de intensa actividad industrial.

La  produce también petróleo, y en cantidad tal que ha merecido el nombre de «segunda Bakú».

Se construyeron inmensas refinerías unidas por oleoductos a los campos petrolíferos del Cáucaso.

De modo que la Bachkiria se ha convertido igualmente en uno de los más importantes distritos de la ex-Unión Soviética por lo que respecta a la petroleoquímica.

De allí parten los oleoductos en dirección a Moscú e incluso a Alemania oriental y a otras democracias populares de Europa central.

La Bachkiria es una región vital para la URSS, tanto desde el punto de vista estratégico como del económico, especialmente desde el fin de la segunda guerra mundial, pues fueron efectivamente las necesidades de ésta las que abrieron a los Urales nuevas perspectivas.

Bastante alejada de las fronteras occidentales, esta comarca era, desde el punto de vista estratégico, más segura y menos vulnerable que muchos centros económicos situados más al oeste, como Stalingrado o Kiev.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente_credsa3.jpg

Enlace Externo: Los Montes Urales

Historia de SAN PETERSBURGO y el Museo Hermitage en Rusia

Historia de SAN PETERSBURGO y el Museo Hermitage en Rusia

ORIGEN DE SAN PETERSBURGO: El 16 de mayo de 1703 Pedro el Grande, zar de todas las Rusias, llegó al frío y pantanoso delta del río Neva y, delante de sus soldados, dijo «En este lugar el destino nos manda que construyamos una ventana sobre Europa».

Lo cierto es que la frase le fue atribuida por Alexander Pushkin, el escritor que ha sido uno de los más célebres hijos de San Petersburgo, que vivió cien años después de la fundación de la ciudad.

Pushkin, como sucede con frecuencia en la literatura, quiso dar al acontecimiento un tono mítico que diese más valor al excepcional nacimiento y al destino de San Petersburgo.

Probablemente, el entonces jovencísimo soberano —que no se había ganado todavía el sobrenombre de el Grande— utilizó el plural mayestático, como convenía a su rango.

Pero la historia nos explica que lo de crear una capital que estuviese a la altura de las grandes ciudades europeas —en menoscabo de la «asiática» Moscú— fue sólo fruto de su testarudez, por lo demás hostilizada por la poderosa y corrupta corte moscovita.

Pedro era un hombre con mucha determinación. Amaba el mar, había viajado y no se avergonzaba de haberse manchado las manos, casi como un trabajador, en una atarazana naval holandesa.

De costumbres espartanas, vivió durante dos años, a fin de supervisar la construcción de la ciudad que llevaría su nombre, en una mísera casa de madera de apenas dos habitaciones que, protegida por una estructura de piedra, todavía hoy puede ser visitada en la isla de Petrogrado, núcleo originario de San Petersburgo.

Con una superficie de 1400 km2 y una población de cinco millones de habitantes, San Petersburgo está formada por 44 islas entre las que discurren 50 canales y ríos, de los que los más importantes son el Neva y sus cinco afluentes, y es la gran ciudad más septentrional del planeta, a escasamente 800 kilómetros del círculo polar ártico.

Para celebrar los 300 años de su fundación, el gobierno ruso ha gastado —presidido por el petroburgués Vladimir Putin— en 2003, la fabulosa cifre de 1300 millones de euros en la restauración de sus edificios más emblemáticos, dedicando grandes honores a Pedro el Grande ya todos cuantos después de él, contribuyeron a hacer de ella una de las ciudades más bellas del mundo.

No es casualidad que a San Petersburgo estén asociados personajes y acontecimientos fundamentales de la historia y de la cultura rusas. Chajkovskij, Stravinskij y Shostakovic crearon sinfonías inmortales; Pushkin, Dostoevskij y Gogol escribieron las obras maestras; Mendeleev y Pavlov hicieron grandes contribuciones a la ciencia.

Aquí las figuras de Pedro el Grande y los herederos de la dinastía Romanov, entre los cuales está la por otra parte extraordinaria Catalina, vivieron en los fastuosos edificios que encargaron a geniales arquitectos.

En ella vivió y fue asesinado Rasputín, el más visionario y controvertido personaje de la historia rusa. Y allí estaba el crucero Aurora (todavía homenajeado e la orilla del ríoNeva) del que partieron los primeros movimientos para el asalto al Palacio de Invierno (foto abajo), que marcó el final de lo Romanov y dio vida a la creación de la Unión Soviética.

Durante la segunda guerra mundial la ciudad sufrió el más dramático ase dio que recuerda la historia.


En 1917, San Petersburgo se llamaba todavía Petrogrado, y era la capital de Rusia, además de la más europea de sus ciudades, como lo sigue siendo todavía hoy. Fundada sobre una antigua fortaleza sueca por Pedro el Grande, la ciudad a orillas del Neva fue escenario y protagonista de la Revolución de Octubre.

Durante la existencia de la Unión Soviética, la ciudad fue conocida como Leningrado, pero el poder soviético mantuvo su elegantes edificios: Stalin prefirió construir palacios de estilo real socialista en la periferia y algunas espléndidas estaciones en el metro.

Sin embargo, tras la crisis del sistema, la ciudad volvió a recuperar su viejo nombre gracias a un referéndum con el que los ciudadanos reconocieron su capacidad para superar los enormes acontecimientos de su historia, permaneciendo siempre fiel a sí misma y a sus sueños.

Al último zar de Rusia, Nicolás II, le gustaba advertir a los invitados recibidos en su corte que »San Petersburgo estaba en Rusia, pero no era Rusia». Y es cierto que el único edificio en línea con la tradición rusa es la Iglesia de la Resurrección (foto abajo), comenzada en 1882 según el modelo de la «oriental» Catedral de San Basilio en Moscú.

Por lo demás, la arquitectura de la ciudad —un triunfo del barroco, del rococó y del neoclasicismo— lleva la firma de ilustres  europeos. Pedro el Grande confió incondicionalmente en Domenico Trezzini, autor de la fortaleza y de la Catedral de Pedro y Pablo (donde están los restos de muchos Romanov), del Palacio de Verano del Palacio de los Doce Colegios (sede de otros tantos ministerios) y de numerosas estancias nobiliarias.

Tras la muerte de Pedro, las zarinas Ana e Isabel confiaron en el genio de Bartolomeo Francesco Rastrelli, para realizar grandiosas obras como el insuperado Palacio de Invierno y el Palacio de Tsarskoe Selo.

Los datos de los dos edificios son impresionantes: el primero tiene unas 1800 ventanas y el segundo una fachada de 340 metros recubierta de estuco y dorados. Además, kastrelli concibió el armonioso monasterio de Smolnyj y el austero Almirantazgo, cuya vertiginosa aguja es hoy día el núcleo en torno al que gira la ciudad.

Más que ninguna otra zarina, Catalina miró hacia Europa y siguió el Iluminismo para dar a la ciudad el que sería conocido como Museo del Hermitage (foto abajo) que con 2.700.000 obras reunidas en 1400 salas distribuidas en seis edificios (entre ellos el Palacio de Invierno) es el segundo del mundo sólo superado por el Louvre.

Con aquél y después de él llegaron a San Petersburgo otros arquitectos italianos, como Giacomo Quarenghi, que habría trabajado entre 1779 y 1810 proyectando espléndidas obras en estilo neoclásico (como el teatro del Hermitage), o como el francés Auguste de Montferrand, autor de la Catedral de San Isaac.

A la vez fue encargada a arquitectos rusos —pero con la obligación de inspirarse en la Basílica de San Pedro— la construcción de la Catedral de Kazan. Finalmente, para dar una incomparable armonía al conjunto arquitectónico —ya de por sí excepcional llego también de Italia, en 1819, Carlo Rossi.

Este diseño la extraordinaria sucesión de tres plazas en el corazón de San Petersburgo la Plaza del Palacio de Invierno, centro del imperio, la Plaza de los o Decabristas, centro administrativo y la Plaza de San Isaac centro religioso. Bien se mereció que le fuera dedicada una avenida  –la  ulitsa Rossi— a la cual da la fachada de su elegante teatroAleksandrinski.

Si se exceptúan algunos edificios de estilo modernista de principios del siglo XIX —como el edificio donde están los suntuosos almacenes Eliseev, en la Nevskij Prospekt, principal arteria urbana—, San Petersburgo ha hecho pocas concesiones ala modernidad, al menos desde el punto de vista arquitectónico.

Cuando en esta ciudad se encargan nuevas obras, los proyectos deben acomodarse con religioso respeto a lo que los habitantes de la ciudad sienten por aquel conjunto perfecto que es su ciudad.

Lo sabe bien el americano Eric Qwen Moss, que en 2001 ganó el concurso para la construcción del nuevo teatro Mariinskij adyacente al conocido escenario del siglo XIX, pero que le fue rechazado porque, según la administración su estructura de cristal ondulado y granito azul habría recordado «sacos de una plástica arrebujada».

Se buscó, por ello, un nuevo proyecto, el del francés Dominique Perrault, que preveía un teatro en forma de burbuja, de color dorado. Y Moss, se tuvo que contentar con realizar un centro de exposiciones y eventos en la isla urbana de Novaja Gollandija, sede de los almacenes portuarios de Pedro el Grande. Desde aquí se puede asistir al eterno espectáculo de las conocidas Noches Blancas de San Petersburgo.

HISTORIA: UNA CIUDAD ERIGIDA SOBRE HUESOS HUMANOS

Para construir San Petersburgo, la nueva capital de Pedro el Grande en la ribera del río Neva, se exigió un sacrificio a una escala colosal. Se sometió a campesinos, soldados y prisioneros como parte del millón de personas, de todos los rincones de Rusia, que trabajaron forzadamente en la construcción.

En ella murieron entre 100,000 y 200,000 personas; por ello se dijo que la nueva ciudad fue erigida sobre un gran osario.

Miles de albañiles, ingenieros, herreros y carpinteros, y otros millares de obreros no especializados, trabajaron de sol a sol, alimentados con una magra dieta, durante seis meses. En teoría, se les permitía ir a casa, aunque miles de ellos permanecieron en el lugar durante meses, e incluso años. La deserción era castigada con la amputación de la nariz.

Los trabajadores habitaban húmedas y sucias barracas, o dormían al sereno, cubiertos con frazadas o abrigos. Bebían agua sucia y padecían de mala alimentación: abundó el escorbuto, la disentería y la malaria.

Estaban equipados con pocas herramientas y ninguna carretilla, y debían acarrear el lodo, que excavaban con las manos, en los faldones de su ropa o en sacos hechos de trapos viejos.

EDIFICIO ruso

Ciudad de piedra En el siglo XIX, la Catedral de San Isaac, en San Pefersburgo, reemplazó al edificio original de Pedro el Grande: al construirla, se usaron similares andamias de madera.

EL MUSEO HERMITAGE (PALACIO DE INVIERNO) Sólo la colección de arte europeo occidental ocupa 120 salas, con obras maestras de Italia, España, Holanda, Francia, Alemania y otros países.

Sin embargo, para preservar las pinturas y dibujos de posibles deterioros, muchas de ellas se exhiben sólo en forma temporaria.

De Leonardo a Rafael y Tiziano, del Greco a Velázquez, de Kandinski a Picasso y Matisse, el Hermitage es un auténtico catálogo de los más grandes artistas de la humanidad. Además, el museo tiene ramificaciones internacionales en Amsterdam, Londres, Las Vegas y Ferrara (Italia).

Pero en la propia San Petersburgo se encuentran, entre otros objetos de incalculable valor, parte de los tesoros de Troya recuperados por Heinrich Schliemann, decenas de obras cubistas de Picasso, gran parte de la obra tardía de Gauguin, grandes obras maestras del Renacimiento italiano y los célebres huevos de pascua que el joyero Fabergé realizó para los zares de Rusia, en particular para Nicolás II y Alejandra.

Claro que su historia está hecha de luces y sombras: así como pinturas centrales de la historia del arte fueron vendidas en los años de la Unión Soviética, otras se encuentran en el Hermitage porque fueron tomadas por la Armada Roja de los museos y coleccionistas de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, a modo de compensación por los daños sufridos por Rusia.

Muchas de estas obras, que se creían perdidas, reaparecieron en una exhibición realizada en 1995, y no hay perspectiva de que dejen San Petersburgo alguna vez.

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos Tamaño Peso

Las Tortugas Gigantes de las islas Galápagos
Tamaño y Peso

LAS TORTUGAS GIGANTES DE LAS ISLAS GALÁPAGOS: Los primeros españoles que visitaron las Galápagos descubrieron que estaban habitadas por tortugas gigantescas, que les hicieron pensar en una versión a gran escala de los galápagos que pululaban en muchos ríos de su país de origen, por lo que bautizaron con ese nombre al archipiélago recién descubierto.

Por su parte, William Dampier, famoso navegante inglés, cuenta que, en 1884, al hacer escala en Galápagos, quedó impresionado por las tortugas gigantes: «… son tan numerosas que quinientos o seiscientos hombres pueden subsistir gracias a ellas durante varios meses y sin ninguna otra clase de provisión; son extraordinariamente grandes y corpulentas y tan dulces que no se come una gallina con más agrado».

La perspectiva que da el tiempo transcurrido, desde que se escribieron estas líneas, les añade un acento premonitorio que confirma la desgraciada historia de estos gigantes, cuyas conchas alcanzan más de un metro y medio y cuyo peso puede sobrepasar los 225 kilos. Pero si el exterminio de estos animales se mide en fechas y en cifras, conviene antes recordar su historia.

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos

Tortugas similares se han encontrado, en forma fósil, en Estados Unidos, en Europa y en la India; debieron ser numerosas en la era terciaria, especialmente en los períodos mioceno y plioceno, hace unos seis millones de años. Durante los períodos geológicos siguientes fueron desapareciendo y en la actualidad sólo se encuentran en las islas Mascareñas y en las Galápagos. Si el problema de su arribada a las islas es interesante (a nado, flotando a merced de corrientes marinas, agarradas a algún tronco a la deriva), mucho más lo es el de su diferenciación in situ, que parece la conclusión lógica de considerar que no pudieron hacer la travesía tantas formas distintas, sino que, al habitar en las islas (lo que impedía su hibridación) se han ido diferenciando.

Las distintas formas de tortugas de las Galápagos, en opinión de la mayoría de los especialistas, no constituyen especies diferentes, sino sólo subespecies o razas de una especie única. Estas tortugas llevaron una vida feliz hasta que llegó el hombre. Dampier atestiguaba que ningún pollo podía competir, en cuanto a sabor, con estos reptiles, y el capitán Colnett añadía: «la grasa de estos animales, cuando se fundía, era como mantequilla fresca». Esto explica seguramente la matanza de animales que siguió. Piratas, cazadores de focas y balleneros del Pacífico conocían bien la abundancia de tortugas en las islas y se montaron expediciones para darles caza.

El examen del diario de a bordo de ciento cinco balleneros americanos, realizado por el biólogo C. H. Towsend, reveló que entre 1811 y 1844 se capturaron quince mil tortugas. Para evitar que las tortugas acabasen por desaparecer y para preservar la fauna y la flora de las islas, el gobierno del Ecuador, país al que pertenece el archipiélago, dictó leyes protectoras en 1934.

Por su parte, la UNESCO organizó, en 1957, una expedición para examinar el estado de la fauna y, un año más tarde, el doctor Jean Dorst visitó las islas con el propósito de examinar el proyecto de establecer una estación biológica. Resultado de todas estas operaciones fue la creación de la Fundación Charles Darwin para las islas Galápagos, presidida por sir Julián Huxley.

El tamaño de las tortugas y la rareza de las iguanas pueden hacer olvidar al visitante la presencia de unos pájaros pequeños que, sin embargo, atrajeron la atención de Charles Darwin. Bajo su aparente vulgaridad, los pinzones de las Galápagos encerraban un interés extraordinario para el naturalista, y éste pronto constató que constituían un ejemplo palpable de cómo se originan especies nuevas a partir de antepasados comunes.

En la actualidad existen catorce especies de los pinzones de Darwin —así bautizados en honor de su descubridor—, todas ellas exclusivas de las Galápagos, excepto una que vive en las islas Cocos.

La gran riqueza de la flora y de la fauna de las Galápagos reservará todavía muchas sorpresas al explorador decidido que se adentre en ellas, dispuesto a desafiar la dureza del clima y del suelo. Mucho queda por aprender de las Galápagos, declaradas por la UNESCO patrimonio Natural de la Humanidad en 1979, y, en la actualidad, puestas bajo la protección de Ecuador en calidad de Parque Nacional.

Aisladas del resto del mundo, se desarrollaron en estas islas comunidades biológicas con seres arcaicos que han persistido hasta la época actual; y simultáneamente, se originaron especies según las leyes de la evolución. Por ello, las islas Galápagos son únicas y es posible que algún día los científicos que las visitan descubran entre sus seres nuevas claves de la vida humana.

>