Ciudad de México

Geografía de México: Clima Recursos Naturales Cultivos Montañas

Breve Geografía de México
Clima, Recursos Naturales ,Cultivos y Montañas

México, situado al sur de Estados Unidos, es un país montañoso con una estrecha faja costera en la que el clima es muy cálido y húmedo. Pero, en las mesetas del interior, el clima es más fresco y hasta frío. El norte del país es más bien un desierto, una tierra extremadamente seca.

El sur es húmedo y el suelo está compuesto de tierras volcánicas muy fértiles. México es rico en minerales metálicos y en petróleo y gas natural. Es también el país más industrializado  de América  latina.

La jurisdicción federal mexicana se extiende, además del territorio continental de la república, sobre numerosas islas cercanas a sus costas. La superficie total del país es de 1.964.382 km², suma de la superficie continental e insular. La capital y ciudad más grande es la ciudad de México.

Cuenta con una población (2008) de 109.955.400 habitantes. La densidad de población en ese mismo año fue de 57 hab/km² a nivel nacional, aunque las diferencias son muy notables según los estados y las regiones. Cerca del 76% de los mexicanos vivían en áreas urbanas durante el año 2005.

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Vista Aerea de UnaParte de la Ciudad de México

Al sur del río Grande el continente americano se transforma rápidamente en una delgada lengua de tierra: allí se encuentra México.

Las montañas Rocosas, que prosiguen a través del territorio mexicano, dejan muy poco espacio a la llanura. Tanto a lo largo de la costa atlántica como de la del Pacífico sólo hallamos una delgada faja costera cubierta en gran parte por los residuos amontonados en el transcurso de los siglos por los numerosos torrentes.

El ambiente es sofocante en esas regiones costeras que los mexicanos llaman «tierra caliente». Estas tierras bajas y cálidas son de carácter pantanoso y albergan a miríadas de insectos propagadores de la malaria y la fiebre amarilla.

La parte central de México la ocupan unas cordilleras: la Sierra Madre occidental y la Sierra Madre oriental, que se unen al sur del país y forman un macizo volcánico.

Las dos cordilleras, que alcanzan alturas superiores a los 3.000 m, encierran una vasta meseta interior de una altura aproximada de unos dos mil metros, cubierta generalmente de residuos volcánicos erosionados. Hace bastante más frío por aquí: es la «tierra fría».

El trópico de Cáncer corta en dos el territorio mexicano e influye notablemente en el clima y en el paisaje. El norte de México es seco y desértico; es una región muy pobre con una vegetación típica, puesto que está adaptada a la sequedad. Allí encontramos, entre otros, cactos gigantes capaces de llegar a los 8 m de altura.

A esta parte del país la llaman «bolsom». Al sur del trópico las lluvias son más abundantes y mejor adaptadas a la presencia del hombre. Es, por otra parte, en esta región más meridional en donde se desarrollaron las grandes civilizaciones indias.

No es difícil comprender que la economía de México depende esencialmente del medio natural. Las regiones costeras, cálidas y húmedas, no se prestan al cultivo; el clima da nacimiento a una vegetación espontánea lujuriante e invasora y, además, es muy malsano.

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Durante los últimos decenios las técnicas modernas permitieron desmontar considerablemente y desecar la mayoría de los pantanos. La zona costera proporciona desde entonces caña de azúcar, plátanos, café y cacao.

Las mesetas meridionales del interior fueron siempre el corazón de la economía de México. Las tierras necesitan, sin embargo, una buena irrigación. Cumplida esta condición proporcionan hermosas cosechas, principalmente de maíz.

El suelo, muy fértil, es de origen volcánico. Las grandes ciudades diseminadas por estas mesetas permiten dar salida a una gran parte de la producción.

No hace mucho tiempo, la mayor parte del suelo mexicano servía a la cría de ganado vacuno; pero la utilización de métodos modernos trajo consigo numerosos cambios. La irrigación hizo verdaderos milagros y México produce y vende en la actualidad gran cantidad de algodón de buena calidad.

El cultivo del algodón no se desarrolló, sin embargo, como monocultivo, pues los agricultores cultivan asimismo trigo y arroz.

Dado que la superficie dedicada al cultivo ha aumentado notablemente, la cría de ganado se hace cada vez más intensiva y numerosas cabezas pacen en superficies de pasto relativamente restringídas.

Esto ha sido posible gracias a la producción de alimentos para el ganado. La supresión de los grandes latifundios ha favorecido también el desarrollo de la agricultura, mientras se espera mejorar la situación en el plano social por medio de profundas reformas.

La agricultura sigue siendo la ocupación principal, y la mitad de la población se ocupa en este sector de la economía.

La población rural se compone principalmente, en la actualidad, de pequeños propietarios agrupados en cooperativas que se hallan bajo el control del Estado, quien les concede ayuda financiera y técnica.

Si consultamos un mapa demográfico de México comprobaremos que los mexicanos se aglomeran en ciertas regiones. Así, en la parte central del país, o sea, 15 % de su superficie total se registra más de cincuenta por ciento de la población total. También es ahí donde se halla concentrada la mayor parte de las industrias.

Es curioso comprobar que esta parte de México no parecía apropiada para representar ese papel, pues se trata de una región montañosa en la que las mesetas están circundadas de altas cimas y de volcanes como el Popocatépetl, que llega casi a alcanzar los 6.000 metros.

La población mexicana aumenta rápidamente y el porcentaje de nacimientos es muy elevado. Cada año hay de 1.o00.000 mexicanos más. Como ocurre en numerosos países del mundo, los jóvenes que buscan trabajo emigran hacia las ciudades, que en los últimos lustros les han ofrecido numerosas posibilidades de ser contratados.

En todo tiempo, incluso en la época de los conquistadores, la industria minera ha representado en México un gran papel. Hay que decir que su subsuelo es muy rico. Además de los yacimientos de plomo, de cinc, de hierro y de cobre, México es también muy rico en plata. Proporciona casi veinte por ciento de la producción mundial y ocupa el primer lugar en el mercado mundial. Las firmas que explotan y exportan esos minerales son generalmente norteamericanas.

También se encuentra petróleo y gas natural, fuentes de energía que representan un gran papel en la economía. No sólo proporcionan materias primas a la industria química, sino que además producen electricidad.

La segunda guerra mundial fue el catalizador de la expansión industrial de México, que se ha convertido en uno de los países mejor equipados de América latina. Monterrey, en el nordeste del país, es un gran centro siderúrgico, mientras que México es el centro de una industria textil notablemente equipada. La actividad artesana es aún muy grande dentro del ramo textil, y los motivos de decoración de inspiración india o española abundan.

El desarrollo de la industria y del comercio prosigue favorablemente en México. La presencia, al norte, de un poderoso vecino es sin lugar a dudas un factor favorable, pues el país encuentra en Estados Unidos una salida a sus productos.

En muy poco tiempo México se ha convertido en un país cuyo porvenir está asegurado.

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Ver: Breve Historia de México

Ver: La Ciudad de México

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Historia de Mexico Resumen De Su Independencia Antecedentes

Historia de México
Resumen De Su Independencia- Antecedentes y Desarrollo

A la historia de México la podemos dividir en dos partes: la primera corresponde al período que precedió a la llegada de los españoles; es decir, la historia de los toltecas, de los mayas y de los aztecas y la segunda se entiende desde la conquista española hasta nuestros días, que es la que explicaremos con mas detalles en esta página. 

México fue conquistado por Hernán Cortés en menos de dos años.

La capital del imperio de los aztecas cayó en manos de los españoles en 1521.

Al año siguiente, el emperador Carlos V, rey de España, nombró a Cortés gobernador, capitán general y justicia mayor de todo el territorio recientemente conquistado, que tomó el nombre de Nueva España.

Apenas finalizada la conquista, Cortés fue autorizado a conceder a sus camaradas en la empresa la propiedad de vastas tierras, y «encomiendas», es decir, el derecho de tener indígenas a su servicio.

Los «encomenderos», o sea los colonizadores españoles así favorecidos, debían convertir, educar y proteger a los indígenas a cambio de su trabajo o tributo.

En 1542 se dictaron las «Leyes Nuevas», prohibiéndose los repartimientos de indios y los malos tratos.

A partir de 1595 la corona autorizó, por el sistema de «asientos», la introducción de esclavos negros, en mayar cantidad que hasta entonces.

Hacia 1570 se habían fundado en México 35 pueblos españoles.

Había unos 30.000 colonos de raza blanca, 25.000 negros y mulatos y tres millones y medio de nativos, de los cuales unos 800.000 estaban sujetos a tributo.

HISTORIA DESDE LA CONQUISTA DE ESPAÑOLA: Después que los españoles, bajo el mando de Hernán Cortés, se hubieron hecho dueños del imperio azteca, México se convirtió en el centro de un vasto imperio colonial al que pertenecían igualmente Venezuela y la actual América central.

Este imperio colonial se llamó Nueva España.

La dominación española en México duró exactamente tres siglos, desde la conquista de Cortés (1521) hasta la proclamación de la independencia (1821).

Luego del gobierno de Cortés, al año siguiente el gobierno fue confiado a un tribunal de 5 miembros llamado «Real Audiencia».

La primera Real Audiencia presidida por Nuño de Guzmán, despojó de sus patrimonios a muchos compañeros del conquistador.

En 1530 fue nombrada una nueva Audiencia, presidida por el obispo Ramírez del Fuenleal. Éste actuó con general beneplácito y permaneció en el poder hasta 1535 en que el gobierno de México fue encargado a un virrey.

El primero fue don Antonio de Mendoza, que permaneció en el cargo durante 15 años, poniendo de relieve su discreción y prudencia.

Antonio de Mendoza es digno de figurar, junto con Cortés, como fundador de Nueva España. Desde 1535 hasta la proclamación de la independencia, México tuvo 63 virreyes, de los cuales Juan O’Donojú fue el último: con él llegó a su fin la dominación española.

Los colonizadores no sólo inculcaron en Nueva España la religión católica, la lengua castellana, las leyes y su propio estilo de vida europeo; también introdujeron nuevos productos, como el trigo y el ganado equino, nuevas técnicas e industrias.

El comercio, sujeto al monopolio español, traficaba con la metrópoli por el puerto de Veracruz.

Los indios, que vivían en la mayor miseria, carecían de recursos, lo que no era el caso de los criollos.

Muchos de éstos eran ricos y gozaban de una sólida instrucción. Ésta es la razón por la que la lucha por la independencia mexicana fue, en gran parte, obra suya.

Órdenes religiosas procedentes de España continuaron en el Nuevo Mundo su labor misionera y cultural; se importaron e imprimieron muchos libros; la enseñanza se llevó a cabo bajo la vigilancia de la Inquisición, instalada en la capital en 1571.

En 1535 se estableció en México la primera imprenta americana. El primer libro impreso se llamaba «La escala espiritual para llegar al Cielo«; y a partir de 1537 empezaron a publicarse trabajos en lengua azteca.

Fray Juan de Zumárraga promovió la fundación del colegio de Tlaxcoco (1529).

A su tiempo los jesuítas fundaron más de 30 colegios secundarios, entre los cuales fueron famosos el de Santa Cruz, de Tlatelcoco, y el de San Juan Evangelista, de Puebla.

Por Real Cédula de 1551 se fundó la Universidad de México, inaugurada dos años después, donde se enseñó teología, artes, leyes, retórica, gramática y lenguas indígenas.

Notable desarrollo alcanzaron en Nueva España las bellas artes, de las cuales es un ejemplo la catedral de México, que constituye el más alto exponente del barroco americano.

También fueron cultivadas las letras, destacándose entre otros el famoso dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón y la poetisa sor Juana Inés de la Cruz.

En 1722, a iniciativa del obispo Urzúa, del Yucatán, apareció «La Gaceta de México y Noticias de Nueva España«, ilustre antecedente del periodismo mexicano.

El protomedicato, las escuelas y academias de artes y ciencias diversas desarrollaron otros aspectos de la cultura, que alcanzó alto grado de esplendor en el siglo XVIII.

Fueron  los criollos quienes, en el siglo XVIII, entraron en contacto con las ideas que se habían desplegado como velas en Europa, y quienes se vieron enfrentados a los resultados de las revoluciones americana y francesa.

Sería erróneo, sin embargo, pensar que los indios no tuvieron parte alguna en esta lucha por la libertad.

El impulso salió incluso de una revuelta india que estalló en 1810, en un momento en que la madre patria española vivía bajo el yugo de la dinastía Bonaparte.

Los jefes de la revuelta de los indios eran dos curas: Hidalgo y Morelos. Aunque ambos perdieron la vida, aquello fue algo que produjo resultados tangibles.

No solamente la lucha por la independencia fue llevada a buen fin, sino que los indios tomaron parte activa en ella.

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En el período napoleónico, cuando España fue invadida por los franceses, sus posesiones se negaron a obedecer al nuevo rey José Bonaparte, hermano de Napoleón. También en México se produjeron desórdenes.

El 15 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo, párroco de Dolores, reunió a sus indígenas y al grito de «¡Muera el mal gobierno!» dio comienzo a la revolución («Grito de Dolores»).

Bien pronto se halló a la cabeza de 80 mil indígenas, a los cuales prometió restituir sus derechos; y abolió la esclavitud. Pero la revuelta fue finalmente sofocada y 10 meses después Miguel Hidalgo fue fusilado.

La revolución iniciada por Miguel Hidalgo, fue continuada por otro sacerdote, José María Morelos, quien después de tomar a Acapulco reunió el Congreso de Chilpancingo, que declaró la independencia de México el 6 de noviembre de 1813.

Pero fue vencido en Valladolid  por Iturbide, y fusilado en San Cristóbal Ecatépec el 22 de diciembre de 1815.

La revolución prosiguió encabezada por otros jefes, entre los cuales se destacó, en el sur, Vicente Guerrero.

Para pacificarlo, el virrey envió a Agustín de Iturbide. Pero éste propuso y acordó con los insurgentes el «Plan de Iguala», por el cual se disponía implantar una monarquía independiente constitucional (1821).

Admitida esta determinación por el último virrey, quedó reconocida la independencia. El 27 de septiembre de 1821, las fuerzas revolucionarias ocuparon la capital.

Ciertas tribus como la de los yaquis, originarios de la región del golfo de California, llegaron incluso a representar un gran papel en esa lucha.

Ésta, emprendida en la época napoleónica, iba a durar varios años. Las últimas tropas españolas no abandonaron el país hasta 1825.

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LAS REFORMA BORBÓNICAS:
Españoles, Criollos , Indios y Negros

Después de las reformas borbónicas del rey Carlos III de España (1759-1788), déspota ilustrado, las Indias Occidentales tienen, a finales del siglo XVIII, el aspecto de un imperio próspero.

No ha habido otras mejor administradas que ellas, gracias a la introducción de novedosos sistemas administrativos que mejoraba los controles, disminuía la corrupción y agilizaba la burocracia.

Carlos III de España

Carlos III de España

Además, la renovación de la extracción de plata en México, el desarrollo de las plantaciones trabajadas por esclavos en las costas, una intensa ganadería en las llanuras del interior («gauchos» de la Pampa, «llaneros» del Orinoco), los cultivos y la recolección forestal (mate, quina, maderas preciosas) mantienen un activo comercio exterior.

Tan favorable incremento monopolio comercial y marítimo en provecho de la metrópoli, la acción de Carlos III contribuye a un renacimiento de intercambios entre España y sus colonias.

Sin embargo, esta tendencia no sobrevivirá a la desaparición del rey reformador, y, después de 1790, el contrabando extranjero, inglés en primer lugar y norteamericano, ocupan un lugar preponderante en el comercio marítimo de las Indias.

Los criollos, que eran los hijos de españoles nacidos en tierra americana apenas representaban más que un 20% de la población total, estimada, hacia 1800, entre 15 y 16 millones (cerca de un 50% de aborígenes, 800.000 esclavos negros y una importante fracción mestiza) constituían el elemento socialmente dominante.

Eran grandes terratenientes, con instrucción académica, que contaban con importantes partidas de esclavos, y se destacaban en los negocios.

Esta clase social no soportaban verse excluídos de una parte del poder político y eliminados de la administración por 300.000 españoles de la metrópoli, funcionarios, soldados, miembros del clero regular o secular.

Conscientes de su poderío económico, orgullosos de ser americanos, están fascinados por el ejemplo con la independencia de las trece colonias inglesas del Norteamérica a partir de 1776.

Nutridos de la lectura de Montesquieu , de Rousseau, de los enciclopedistas franceses, del abate Reynal, los criollos radicales se afilian a las Logias Masónicas; que venían trabajando secretamente en busca de la enmancipación de las colonias españolas en América.

Así como los criollos gozaban de derechos políticos «recortados» frente a los peninsulares o españoles, los indígeneas y campesinos mas pobres muchas veces no podían obtener su parcela de tierra para el cultivo de subsistencia, porque los criollos eran dueños de grandes extensiones de tierras que imponían sus leyes y restringían el acceso a los campesinos mas pobres o a las comunidades de aborígenes.

México era la frontera española con los Estados Unidos y el Caribe, una región poblada y rica. La plata mexicana representaba el 67% de la producida en toda América.

España obtenía de México los dos tercios de las rentas del imperio. Todo esto lo convertía en un punto estratégico para el poder español.

La propiedad agraria se concentraba exclusivamente en manos de criollos poderosos; esto dejaba sin posesiones a los campesinos y las comunidades indígenas que dependían de conseguir trabajo en las haciendas. Entre 1720 y 1810 se produjeron varias crisis en el campo.

El maíz, principal alimento de la población, escaseó por las sequías.

El precio del maíz subió a 56 reales la bolsa, mientras el salario diario era de 2 reales. El hambre, la miseria y las enfermedades abatieron a la población campesina.

También los criollos como grandes terratenientes que se dedicaban a la cría de ganado o a la agricultura, tanbién poseían grandes silos para almacenar los granos y especular con el precio, para ofertarlos en los mejores momentos y que los favorecía económicamente, en cambio, los mas humildes (la gran mayoría de la población) se veían obligados vender sus cosechas en cualquier momento por que sus necesidades no podían esperar.

A partir de mediados del siglo XVIII se produjo en México un importante aumento demográfico. A principios del siglo XIX, la población se duplicó.

Ese crecimiento generó una mayor demanda de cereales, por lo que las haciendas comenzaron a aumentar su producción agrícola, desplazando cada vez más a los productores indígenas de sus tierras.

Los indios estaban sometidos al pago de tributos especiales, y los negros, a la esclavitud.

Al mismo tiempo, por encima de todos los grupos sociales se hallaba la propia Corona española.

La población de México estaba dividida en dos sectores bien polarizados: los que tenían todo (españoles y criollos), y los que no tenían nada.

En consecuencia, los problemas políticos de la independencia estuvieron atravesados por reivindicaciones de tipo social mucho más amplias.

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DEL IMPERIO A LA REPÚBLICA

Un movimiento revolucionario del 18 de mayo de 1822 obligó al Congreso a proclamar emperador a Iturbide, con el nombre de Agustín I.

El general Antonio López de Santa Anna se sublevó en Veracruz contra Iturbide, quien debió abdicar y fue desterrado. No obstante, Iturbide volvió al país, motivo por el cual se lo fusiló en 1824.

Aquel mismo año se reunió un congreso constituyente y el 4 de octubre de 1824 sancionó una constitución federal de tipo norteamericano. El primer presidente de los Estados Unidos Mexicanos fue Guadalupe Victoria, a quien le sucedió Vicente Guerrero, que terminó trágicamente su mandato.

Desde entonces hubo ásperas luchas interiores entre los federalistas liberales y los centralistas conservadores, en las cuales descuella el general López de Santa Anna, de relevante acción pública durante varias décadas de la política mexicana.

En ese período se produjo la guerra de Texas. Los plantadores texanos se habían negado a obedecer una ley (1835) que concedía la libertad a los negros.

En 1836 declararon su independencia y en 1845 pidieron la anexión de su territorio a los Estados Unidos.

De este hecho derivó una guerra entre México y los Estados Unidos (13 de mayo de 1846), que finalizó con el tratado de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848), por el cual México debió ceder a los Estados Unidos Texas, Nuevo México, Arizona y Alta California (o sea 1.338.000 kilómetros cuadrados de territorio).

Otros 116.000 kilómetros cuadrados de tierras mexicanas (territorio de la Mesilla) fueron cedidos a los Estados Unidos por 10 millones de dólares. Los límites que se trazaron entonces son los que aún hoy separan a ambos Estados.

En 1855 el coronel Villarreal se sublevó contra la dictadura de Santa Anna y proclamó el Plan de Ayutla, movimiento liberal que culminó con las reformas propugnadas por Miguel Lerdo y Benito Juárez, con la abolición de los privilegios eclesiásticos y militares y con la constitución de 1857.

Ante la reacción conservadora del presidente Comonfort, Benito Juárez emprendió una nueva guerra, al término de la cual venció al frente de los liberales en Galpulalpan y entró en la capital el 11 de enero de 1861, iniciando un plan de reformas.

La independencia no trajo consigo la paz y, principalmente durante la primera mitad del siglo XIX, México se convirtió en un foco de revoluciones.

Entre 1821 y 1857 se registraron 250 guerras civiles y golpes de Estado. También después hubo muchos otros.

Hay muchas razones que pueden explicar este estado de cosas.

En primer lugar, México no presentaba ni presenta todavía una unidad lingüística; aproximadamente diez por ciento de la población habla aún una lengua diferente del español.

Esto no ayuda en nada a la eclosión de un sentimiento nacional.

El medio natural es también una traba para este sentimiento nacional. Altas cordilleras dividen a México en varias regiones, que en el siglo XIX estaban difícilmente en contacto.

Por otra parte, vastas extensiones del sur del país están cubiertas de selvas vírgenes que constituyen una traba a las comunicaciones normales.

La división reina igualmente entre los individuos: blancos, mestizos e indios pensaron siempre en sus propios intereses antes que en los de toda la comunidad, lo cual se veía agravado durante el siglo pasado por el bajo nivel de cultura de la población. Añadamos a esto que los varios millares de letrados estaban divididos en dos campos.

Los conservadores ofrecieron su apoyo y fueron ayudados por las autoridades religiosas.

Estaban en favor de una Administración fuertemente centralizada.

Los liberales, por el contrario, a menudo muy anticlericales, se inclinaban por una organización federal.

Ambos grupos buscaban el apoyo del pueblo.

No debe sorprendernos, pues, que México haya parecido presa fácil a las potencias extranjeras.

Y México se vio obligado a ceder a Estados Unidos, hacia la mitad del siglo pasado, un territorio de una superficie de 1.650.000 kilómetros cuadrados.

Poco después, Benito Juárez, candidato del grupo liberal, llegó a la presidencia de la República. Juárez era de origen indio.

La política del presidente Juárez contrarió en sus intereses a algunos Estados europeos, provocando la intervención de éstos y especialmente de Francia, cuyas fuerzas invadieron y dominaron el país.

Francia, cuyos destinos  regía  Napoleón  III,   creyó llegado el momento de derribar el régimen de Juárez y reemplazarlo por un imperio situado bajo la tutela francesa.

Un ejército expedicionario francés, en cuyas filas militaban voluntarios belgas, se apoderó, el 5 de junio de 1863, de la ciudad de México, capital del país.

Ofrecieron la corona a Maximiliano de Austria, quien, con el consentimiento de Francia, fue proclamado emperador de México; algunos conservadores locales le prestaron su apoyo

El 7 de junio de 1863 las tropas francesas ocuparon la capital. Con su apoyo, una junta de monarquistas restableció el imperio y ofreció la corona a Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria, quien la asumió el 12 de junio de 1864.

Juárez, que se había retirado a las montañas, emprendió entonces una guerra de guerrillas y además contaba con la ayuda de Estados Unidos, donde, entretanto, en 1865, había terminado la Guerra de Secesión.

En cuanto Napoleón III retiró sus tropas de México, los republicanos, encabezados por Benito Juárez, capturaron al emperador Maximiliano en Querétaro, donde lo fusilaron el 19 de junio de 1867.

A la muerte de Benito Juárez (1872) asumió el gobierno Sebastián Lerdo, derrocado en 1876 por un movimiento que sostenía el plan de Tuxtepec.

Lo encabezaba el general Porfirio Díaz, bajo cuya dictadura estuvo México desde entonces, durante 34 años.

En esta época experimentó México amplio desarrollo económico.

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Benito Juarez: Cuando Juárez, forzado por los acontecimientos, decidió no redimir la deuda exterior de México, Inglaterra, Francia y España quisieron forzarla a ello por las armas. Cuando, al año siguiente, Juárez propuso amortizar la deuda mediante pagos anuales, ingleses y españoles renunciaron a su proyecto.

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En 1872, Porfirio Díaz se hizo cargo de las riendas del Gobierno desde 1876 hasta 1911. Las enérgicas medidas que tomó le permitieron elevar el nivel de vida del país.

En 1910, sin embargo, estalló una nueva revolución instigada principalmente por la gente del campo, que se sentía oprimida y explotada por los grandes terratenientes.

Díaz se vio obligado a huir.

México pasó entonces por un período de confusión, pues quienes tomaron en sus manos las riendas del poder se vieron incapaces de gobernar el país de una manera eficiente.

Por otra parte, la influencia de Estados Unidos en México fue en aumento, especialmente después que empezó la explotación del petróleo.

Durante la primera guerra mundial Estados Unidos llegó incluso a intervenir militarmente en México. Bien es verdad que el pueblo, pobre y hambriento, amenazaba la tranquilidad interior.

La Constitución de Querétaro, promulgada en 1917, intentó instaurar reformas radicales, y el Estado confiscó los bienes de la Iglesia, suprimió las concesiones extranjeras y concedió la autonomía a algunas comunidades indias.

No llegaron a aplicarse todas las disposiciones de esta Constitución, aunque esto no impidió que en México soplaran fuertes vientos anticlericales después de la primera guerra mundial.

México no puso fin definitivamente a las persecuciones religiosas ni se aprestó a construirse un porvenir mejor hasta el comienzo de la segunda guerra mundial.

En 1910 estalló una nueva revolución popular guiada por Francisco I. Madero. Se proponía restaurar el sufragio popular y una justa distribución de las tierras, y contaba con el apoyo de dos ardientes revolucionarios, casi legendarios: Pancho Villa y Emiliano Zapata.

El triunfo revolucionario dio el gobierno a Madero (1911); pero el general Victoriano Huerta lo depuso a principios de 1913. Poco después, Venustiano Carranza emprendió nuevamente la revolución liberal y agraria, con el apoyo de Pancho Villa y Emiliano Zapata; movimiento que culminó con la sanción de la avanzada Constitución de Querétaro, el 5 de febrero de 1917, base que fue de una profunda reforma social y económica.

Para Ampliar Ver: Revolución Mexicana

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Ver: Emiliano Zapata

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AMPLIACIÓN DEL TEMA: EN BUSCA DE LA INDEPENDENCIA

Los primeros movimientos a favor de la independencia, liderados por los grupos criollos, desataron la lucha de los campesinos y mestizos pobres.

Así, los criollos perdieron el control y la independencia se transformó en una revolución social, es decir, un movimiento violento de indígenas y campesinos enfrentados con criollos y españoles poderosos, en busca de un cambie radical en la sociedad.

Miguel Hidalgo y Castillo

Miguel Hidalgo y Castillo

En septiembre de 1810, el cura del pueblo de Dolores, Miguel Hidalgo y Castillo convocó a los indios y mestizos de su parroquia a combatir por la independencia y la igualdad en el llamado Grito de Dolores que se extendió a otras ciudades.

El movimiento buscaba la abolición del tributo indígena y la esclavitud, y la devolución de las tierras a las comunidades indígenas.

Después de duros enfrentamientos con los criollos y los españoles, Hidalgo fue hecho prisionero y ejecutado.

Su recuerdo quedó asociado a la independencia y a la lucha de los campesinos e indígenas.

LOS SUCESOS REVOLUCIONARIOS: Estamos en 1810, en el momento de la gran llamarada secesionista que sacude el continente sudamericano.

Paralelamente, en el viejo mundo, producto de las guerras de España contra Inglaterra, la Corona española presionó a la colonia con un aumento de la proporción de la riqueza mexicana que se destinaba a España aumentando los impuestos, disposición que fue rechazada por todos los sectores sociales de la época.

Se produce entonces un acontecimiento extraordinario: las masas indias se ponen en movimiento.

Una desesperada oposición a la rápida expansión de los grandes dominios en detrimento de las tierras colectivas de los pueblos, es su motivo más profundo.

La primera sublevación se produce en la provincia de Guanajuato, al norte.

Está dirigida por el criollo Miguel Hidalgo y Costilla, un sacerdote que exigió una serie de medidas que incluían la supresión de los tributos indígenas, la distribución de tierras para los campesinos (que implicaba quitársela a sus nuevos dueños), y la libertad de los esclavos.

Así, pudo reunir entre sus seguidores a indios, mestizos y mulatos. Sin embargo, no pudo atraer muchos criollos.

Condenado por la Iglesia, propietaria de tierras, y abandonado por los criollos propietarios, Hidalgo fue derrotado y ejecutado en mayo de 1811.

Derrotado, Hidalgo es hecho prisionero el 17 de enero, y fusilado en el siguiente mes de julio.

Tres meses después, en octubre de 1811, se produce una nueva sublevación, esta vez en el sur, donde la población india es más densa, bajo la dirección de un cura mestizo, llamado Morelos.

Morelo tenía un discurso más religioso y moderado. Apoyaba el pago del diezmo a la Iglesia y el respeto a la propiedad.

Además, decía que la revolución la hacía «por la religión y la patria», bajo la figura de la Virgen de Guadalupe.

Los insurrectos dominan el país durante dos años, y, en abril de 1813, se apoderan del puerto de Acapulco, en el Pacífico.

En septiembre de 1813, Morelos convoca una Junta en Chilpancingo.

Se proclama la independencia, se forma un gobierno insurrecto y se redactan las bases de un programa: abolición de la esclavitud, reforma fiscal, igualdad ante la ley.

Morelo tras obtener algunas victorias militares, convocó a un Congreso, que en 1813  proclamó la independencia de México.

Sin embargo, bajo el impulso de Iturbide, oficial mexicano de origen vasco, se organiza el ejército leal.

En el otoño de 1814, Iturbide recibe un refuerzo de 8.000 hombres de España.

Mal equipadas, las milicias campesinas de Morelos son vencidas.

El propio Morelos es hecho prisionero, y fusilado el 22 de diciembre de 1815. No obstante, algunos de sus partidarios continuaron peleando en las montañas.

En la frontera meridional de Nueva España, la Capitanía General de Guatemala había entrado en efervescencia, a partir de 1812. Todo vuelve al orden en 1814, con la noticia de restauración de Fernando VII en España.

Después de algunos años en 1820, la situación cambia cuando en la misma España los liberales tomaron el poder.

Los liberales españoles anunciaron medidas similares a las propuestas por el cura Morelos en tierra mexicana y se declararon dispuestos a buscar un arreglo con las revoluciones hispanoamericanas.

Ese acuerdo consistiría en otorgar el poder local a los revolucionarios a cambio de que estos reconocieran la soberanía española en América.

Esa situación incidió para que los sectores más influyentes de México intentaran nuevas estrategias.

El bloque conservador, integrado por los estratos más poderosos de españoles, criollos y de la iglesia, apoyó a Agustín Iturbide, un oficial criollo de las tropas reales que había combatido contra Morelos, y decidieron realizar un acuerdo con los revolucionarios al mando de Vicente Guerrero.

Los conservadores creían que de esta manera se ponían a salvo de las medidas propiciadas por los liberales que tenían el poder en España.

En tanto, los revolucionarios mexicanos pensaron que podrían salir de su aislamiento y acceder al poder.

De este modo, el 24 de febrero de 1821 se acordó el Plan de Iguala, llamado también trigarante porque se proponía garantizar: la independencia, la igualdad entre españoles y criollos y la unidad en la fe católica.

Desde el punto de vista ideológico, los países del continente repartirán sus tendencias políticas entre dos opciones: la conservadora y la liberal.

La primera, formada por propietarios de latifundios, miembros de la alta jerarquía eclesiástica y militar y la burguesía tradicional, defenderá el principio de la autoridad y el orden, las libertades controladas y el sufragio censitario.

Los partidos liberales, por su parte, integran a profesionales, intelectuales, comerciantes, pequeños hacendados y funcionarios; son partidarios de las libertades individuales, el sufragio universal, la democracia y el estado laico.

En este último punto estriban los antagonismos más exacerbados de todo el período, hasta el punto de que los intereses entre conservadores y eclesiásticos llegan a identificarse plenamente.

Otro nombre de este acuerdo es el de Plan de las Tres Garantías, programa político propuesto por el general Agustín de Iturbide proclamando la independencia de México.

Iturbide, que, de oficial realista a las órdenes de los virreyes acababa de convertirse en dirigente de los mexicanos descontentos con el régimen liberal español que había obligado a Fernando VII a acatar la Constitución de 1812, al ser nombrado comandante general, se reunió con Vicente Guerrero, jefe de los guerrilleros del Sur, en la población de Iguala, para concertar el ecuerdo.

Proclamaba tres principios básicos:

1) La independencia de México, que sería gobernado por un príncipe español designado por Fernando VII;

2) El mantenimiento de la religión católica como la única del país y

3) La igualdad de derechos entre todos los habitantes de México (criollos y peninsulares).

Entre 1833 y 1855 México atravesó una de las etapas más convulsivas de su historia contemporánea.

Insurrecciones, cuartelazos y gobiernos se sucedieron y protagonizaron una de las más importantes crisis que vivió la república tras su independencia.

El país se hallaba dividido entre conservadores y liberales, al tiempo que una débil situación económica, causada por el descenso de la producción agraria y minera, el hundimiento del comercio exterior e interior y la acentuada disminución de la clase media, favorecieron las revueltas sociales.

El descontento general llegó a un punto tal que, en menos de un año en el gobierno, Iturbide abandonó su sueño imperial en 1823 y abdicó el trono en favor de un ascendente y aún desconocido militar: el general Antonio López de Santa Ana.

Pero el autoritarismo de este general, que había derrocado a Agustín de Iturbide , impulsó el malestar de los liberales hasta que aquél fue expulsado del país en 1855.

(En 1853 Santa Ana asumió formalmente la dictadura con el título de Alteza Serenísima, reservándose el derecho de nombrar sucesor. )

General Antonio López de Santa Ana

Antonio López de Santa Ana

En cuanto a las relaciones externas, la guerra de Texas (1835-1836) no sólo privó a México de una buena parte de su territorio nacional, ratificado en el tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848), sino que fomentó el sentimiento de frustración entre la población.

La política seguida por Santa Anna durante su último mandato (1853-1855) colmó la paciencia de los liberales, quienes, alegando los ataques que sufrían las libertades civiles y políticas, acabaron con su presidencia personalista.

Derrotado Santa Ana por el general Ignacio Comonfort en 1855, el gobierno de México cayó muy pronto en manos del grupo conservador, al que los liberales se opusieron con toda firmeza, acaudillados por el célebre Benito Juárez; la Guerra de los Tres Años (1858-1861) terminó con el triunfo rotundo de Juárez, quien ejercía el poder como presidente de la Corte Suprema.

La entrada triunfal de Juárez en México, el 11 de enero de 1861, no aseguró, sin embargo, la tranquilidad. Juárez suspendió el pago de la deuda extranjera con Francia, Inglaterra y España, lo cual determinó que las citadas potencias enviaran fuerzas militares a México; España e Inglaterra aceptaron las explicaciones de Juárez, pero no así Francia, a la que convenía fortalecerse en América confiando en el éxito que tendría su eventual alianza con los confederados de Estados Unidos, para asegurarse prioridades comerciales.

Luis Napoleón jugó hábilmente sus cartas diplomáticas, y logró que una comisión de notables propiciara la coronación en México de Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador de Austria, para lo que Francia prestaría el apoyo militar necesario.

Las tropas francesas invadieron México, y Benito Juárez debió trasladar la capital a El Paso, desde donde continuó las operaciones.

Maximiliano llegó a México en 1864, y pese a sus buenas intenciones no supo formar un gobierno propio y fuerte, pues se atuvo exclusivamente a Napoleón, el cual, presionado por Estados Unidos y con graves problemas en Europa, le retiró su ayuda militar y financiera.

El imperio fue destruído por Juárez en Querétaro, el 15 de mayo de 1867.

Así la experiencia imperial de Maximiliano tuvo fin con su fusilamiento y el de sus principales generales, Juárez restableció la capital en México, desde donde prosiguió su gobierno de tendencia liberal y popular, propiciando las reformas constitucionales necesarias para llevar adelante sus planes.

En 1871 fue elegido presidente por tercera vez, pero falleció al año siguiente.

Precisamente en estas elecciones de 1871, se opuso a Juárez unos de los más importantes generales de su grupo, Porfirio Díaz; el triunfo de aquél, su muerte y las circunstancias que se sucedieron engendraron una nueva guerra civil, terminada con la batalla de Tecoac, en el año 1876.

Ver: Revolución Mexicana

PÉRDIDA DE TEXAS: Los colonos norteamericanos que se habían instalado en Texas con el auspicio del gobierno mexicano se resistieron a aceptar la política de los conservadores.

En 1836 el gobierno envió tropas militares al mando de Santa Ana, que logró vencerlas en la batalla de El Álamo. Sin embargo, los norteamericanos se reorganizaron, vencieron a Santa Ana y declararon la independencia de Texas.

Mapa del Territorio Perdido Por México

Mapa del Territorio Perdido Por México

No obstante, el gobierno conservador mexicano no reconocería la independencia de Texas, a pesar de que un sector minoritario del mismo gobierno consideraba que era conveniente establecer en Texas un Estado independiente que fuera protegido por Inglaterra y de ese modo pudiera contener el avance expansivo de los Estados Unidos.

Finalmente, la confrontación entre mexicanos y norteamericanos con la intervención del gobierno de los Estados Unidos se desarrolló entre 1845 y 1848, con la activa participación del general Santa Ana, convocado esta vez por los liberales que se encontraban en el gobierno. Los mexicanos perdieron la guerra y debieron entregar a los Estados Unidos los territorios de Texas, Nuevo México y California, lo que significaba más de la mitad de su territorio.

CONSECUENCIAS DE LA LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA:

La minería resultó afectada por la lucha al ser abandonadas, inundadas y destruidas muchas minas, y sus trabajadores y especialistas dispersados. Los capitales se ahuyentaron y el atraso técnico que se produjo, en comparación con otros países, resultó altamente perjudicial.

El centro y sur del país, en donde la agricultura encontraba sus mejores campos, sufrieron con los movimientos de población, más los cultivos desarrollados en gran escala que las pequeñas siembras dedicadas a la producción de granos indispensables para el sustento popular.

El comercio mexicano resultó lesionado. México cesó de exportar sus productos a las Antillas y su puesto fue ocupado por los norteamericanos. En el país se sustituyó el ingreso de mercaderías a través de España por el comercio yanqui, que empezó a hacer suyos, junto con Gran Bretaña, los mercados hispanoamericanos.

En 1815 llegó el último galeón de Filipinas a Acapulco. La guerra de Independencia puso fin al cambio de plata mexicana por sedas, porcelanas, bronces y especias de Asia, y principalmente a la prosecución de relaciones políticas y culturales con los países asiáticos. El comercio interior se paralizó un tanto con la guerra, pero después se recobró, de acuerdo con las nuevas posibilidades.

La riqueza pública sufrió una merma de más de la mitad; así, los ingresos de la República fueron menores de diez millones de pesos, lo que provocó un estado deficitario que día a día se agravó, por lo que el estado tuvo que recurrir a préstamos forzosos impuestos a nacionales, extranjeros y al clero, así como a empréstitos exteriores. El capital español se fugó hacia los bancos europeos, pero algunos criollos aumentaron su fortuna con el comercio y la actividad industrial.

La guerra de Independencia provocó el aumento de la movilidad social. Un sentimiento vivo de justicia social, que cristalizó en la mente de notables patriotas, comenzando con Hidalgo y Morelos, se mantuvo firme y luchó con brío en contra de viejas ideas e instituciones para lograr transformar al país, esgrimiendo como armas principales la mejor distribución de la tierra y profundas reformas educativas.

Al quedar abolida la esclavitud, los negros esclavos adquirieron mejores posibilidades de vida. Las .clases bajas, si bien no resolvieron del todo sus problemas al malograrse algunos de los principios revolucionarios sí modificaron su situación. Al indígena se le comenzaron a aplicar las ideas individualistas del liberalismo a través de nuevas normas legales.

Las masas populares que militaron en las filas de la insurgencia se sin tieron un tanto defraudadas con los principios fundamentales del régimen político-social instaurado por el grupo criollo, principalmente a partir del plan de Iguala, mediante el cual las clases dirigentes, de clara formación europea, conservaron la hegemonía; y la idea de una mejor repartición de la riqueza, de un cambio de estructura, que a tantos había impulsado a sumarse al movimiento insurgente, quedó así latente entre los grupos más desheredados.

Fuente: HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa

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RESUMEN ETAPAS  DE LA INDEPENDENCIA DE MEXICO

■ El siglo XIX Independencia:

La independencia fue concretada en 1822, dio lugar a tres décadas de guerras civiles y gobiernos frágiles. La desorganización de la nación posibilitó que gran parte del territorio mexicano pasase a manos norteamericanas.

Formación del Estado: Los liberales dirigidos por Benito Juárez, impulsaron a mediados del siglo un proyecto de modernización y de construcción estatal.

La Constitución de 1857: Fue una constitución de tono liberal, lo cual se manifiesta en el acento que puso en las libertades públicas y de los individuos así como en su empeño por terminar con los restos de la organización colonial que aún subsistía en México. La Iglesia y los conservadores se opusieron a este proyecto y su resultado fue una nueva guerra de 10 años que postergó la organización del Estado.

■ La república organizada

La cohesión territorial y la organización del país fue dirigida finalmente por Porfirio Díaz (1876-1911) quien llevó a México al progreso económico y al orden pero estableciendo un régimen dictatorial que excluyó a las mayorías renegando así de los objetivos expresados por la Constitución de 1857.

■ Revolución mexicana

La Revolución Mexicana, que arrasó México entre 1910 y 1917, se dirigió contra la dictadura de Porfirio Díaz y movilizó amplios sectores del pueblo mexicano en demanda de participación política y reclamos económicos, especialmente en las zonas rurales. «Tierra y libertad» fue la consigna más conocida de este movimiento. Uno de sus resultados fue la Constitución de 1917 que introdujo la cuestión social, la reforma agraria y un mayor protagonismo del Estado.

■ México moderno
En las décadas del veinte y del treinta se reconstruyó el Estado, surgiendo el Estado de la Revolución Mexicana que buscó representar las aspiraciones de las mayorías. Esta obra culminó con el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), quien llevó adelante una política nacionalista, profundizó la reforma agraria, amplió los beneficios sociales, y organizó el PRI, Partido Revolucionario Institucional, el partido al que se Integraron los sectores que apoyaban la Revolución y que hasta hoy gobierna en México.

En la actualidad, México es una de las más ricas naciones de latinoamérica pero el ritmo de crecimiento ha disminuido mientras sus problemas sociales van en aumento. Aparecen también signos de descontento político. La dirigencia política busca nuevos impulsos para el desarrollo a través de la integración con los Estados Unidos y el Canadá que se ha concretado con el NAFTA (sigla en inglés del Tratado de Libre Comercio). Se espera así un aumento de las inversiones norteamericanas que den lugar a la creación de puestos de trabajo, así como facilitar la venta de productos mexicanos en América del Norte.

■ La Nación Mexicana y el pasado indígena
México fue sede de algunas de las más altas culturas indígenas precolombinas. La reivindicación de ese pasado constituye hoy un elemento principal en la cultura de ese país. Esta reivindicación es tanto más importante si se tiene en cuenta que la mayoría de los mexicanos actuales descienden de poblaciones autóctonas de América.

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PARA SABER MAS…
Sobre la Guerra Por Texas
:
Luego del acuerdo con el gobierno mexicano las colonias angloamericanas se multiplicaron, y quince años más tarde la población de Texas, otrora harto escasa, se había incrementado con más de 20.000 colonos, que vivían organizados conforme a cánones para ellos tradicionales, pero violando las leyes mexicanas de colonización, que prohibían a los colonos establecerse en la costa y en la frontera, les exigían que fuesen católicos y que se sujetaran a las leyes mexicanas; exigencias que hasta 1830 no fueron urgidas por el gobierno.

Dicho gobierno mexicano, que había eximido a los colonos de todo impuesto aduanero por siete años, estableció en 1831 dos o tres aduanas para cobrarlos y algunos fortines militares. Esto y la prohibición de ulterior inmigración estadounidense a Texas irritó a los colonos, que instigados por Austin Moses (quien había hecho el acuerdo) se sublevaron.

La reposición de aduanas y fuertes, y, sobre todo, la implantación del sistema centralista en vez del federal en toda la república, en 1835, decidieron a los colonos a hacerse independientes. Y capitaneados por el general Sam Houston se enfrentaron durante un año a las tropas regulares de México; en 1836, Santa Anna se puso a la cabeza del ejército mexicano e invadió Texas para poner fin a la sedición. El 2 de marzo, los texanos declararon la independencia del país, y Houston se aprestó a dar la batalla decisiva.

Para ello necesitaba tiempo, y encomendó al coronel William Barret Travis que detuviera en todo lo posible a las fuerzas de Santa Anna. Travis se atrincheró en una antigua misión conocida por El Álamo, dispuesto a retardar las operaciones de Santa Anna; allí se le reunió el célebre explorador David Crocket, con trece de sus compañeros de Tennessee.

El total de la guarnición de El Álamo era de 188 hombres, para enfrentar a los 2.400 de Santa Anna. La defensa excedió toda previsión, ya que los texanos, sin excepción, resolvieron pelear hasta morir. Santa An-na copó, por cierto, la misión; pero la resistencia le representó la pérdida de setenta hombres, además de trescientos gravemente heridos.

El sacrificio de El Álamo dio a Houston el tiempo que necesitaba, y así pudo batir totalmente a Santa Anna en la batalla de San Jacinto (hoy Houston), el 21 de abril de 1836. Esta victoria permitió el establecimiento de la República de Texas, cuya breve vida de nueve años se desarrolló en la incertidumbre, por falta de posibilidades financieras y por la continua amenaza de México, que no cejaba en su afán de reconquista; a ello se sumaba, además, el incesante peligro representado por los indios.

De ahí que los dirigentes texanos, todos oriundos de hogares estadounidenses, acordaran finalmente acceder a requerimientos cada vez más intensos, y Texas acabara po: ser anexada a Estados Unidos, como 289 Estado de la Unión, el 29 de diciembre de 1845. Con ello, naturalmente, se precipitó la guerra entre México y Estados Unidos.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Sociedad, Espacio y Cultura Kapelusz EGB 3° Ciclo Prislei-Tobio-Geli
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

Trabajo de Colaboración Alumnos de 4° Año Normal – Escuela J.M.Estrada N°1017

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Los Montes Urales: Ubicacion, Recursos Naturales e Industrias

LOS MONTES URALES
Ubicación, Recursos Naturales e Industrias

La zona de los Urales es inmensamente rica en toda clase de minerales y en fuentes de energía que se han valorizado especialmente después de la segunda guerra mundial.

En poco tiempo toda esta región se ha convertido en un enorme sector industrial en el que han crecido, como si fueran setas, importantes centros de actividad y combinados industriales.

Los Urales están llamados a representar un papel determinante en la economía soviética o rusa.

La  montañosa montañosa de los Urales ocupa desde de Rusia y Kazajstán, se extiende unos 2.410 km desde su límite norte en el océano Ártico hasta su límite sur en el mar Caspio y es considerada la barrera que separa Europa de Asia.

La cadena se divide claramente en cuatro áreas principales: Urales polares, septentrionales, centrales y meridionales.

En los Urales polares (por encima de los 64° latitud N) la vegetación característica es la tundra ártica.

Los Urales septentrionales (64º latitud N a 61º latitud N) son una cordillera estrecha, escarpada y sin árboles, con una altitud media de 305 a 460 m.

En esta cordillera se encuentra la mayor cumbre de los Urales, el Narodnaya (1.894 m). Otros picos importantes del norte son el Sablya, el Telpos-Iz y el Isherim. En esta zona sólo hay escasas y dispersas extensiones de alerces.

La uniformidad de la vasta llanura europea que se extiende desde la costa atlántica hasta el río Yeniséi queda rota únicamente por una cordillera: la de los montes Urales, que se extienden de norte a sur en una longitud de 2.400 km.

Al oeste de los Urales se eleva la gran llanura rusa, la parte más poblada y la mejor valorizada por la ex-Unión Soviética. Al este de la cordillera se extiende la llanura de la Siberia occidental que, cuando no está poblada de bosques, es habitada y explotada.

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Rusia posee inmensas reservas de minerales de muy diferentes clases. Los Urales son uno de los distritos mineros más ricos del inmenso territorio.

No hay que sorprenderse, pues, de que esta comarca montañosa se haya transformado rápidamente en una zona industrial moderna.

La cordillera de los Urales constituye la frontera natural entre dos continentes: Europa y Asia.

Es un plegamiento herciniano convertido por la erosión en una penillanura a fines de la era primaria y de la que sólo ha subsistido el zócalo. Movimientos tectónicos más recientes trabajaron esta llanura y la transformaron en un macizo cuyos flancos encierran preciosos minerales y fuentes de energía, al igual que ocurre con las otras regiones hercinianas de Europa.

La cordillera de los Urales es, pues, relativamente poco elevada y en medio de la inmensa llanura parece más bien una sucesión de colinas. Pero en ningún lugar del mundo hay una comarca tan rica en minerales: se explotan más de ciento veinte minerales distintos.

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Diseminado en todo el macizo se encuentra mineral de hierro de muy elevado contenido. Podemos citar, además, el cobre, la bauxita, la potasa, las sílices sulfurosas, el asbesto, el oro, el cromo, el níquel y los aceites minerales.

Y ello no es todo, pues los Urales gozan de reputación por su platino y por sus piedras preciosas, entre las que podemos citar la esmeralda, el topacio, la amatista, el jaspe, la malaquita y aun otras.

Resulta sorprendente por ello que, rico como es en minerales, el macizo de los Urales sea tan pobre en hulla.

Esta penuria de carbón explica por qué la zona de los Urales estaba económicamente atrasada a principios de nuestro siglo XX. El combustible comúnmente empleado en aquella época era la madera (carbón vegetal).

La región de los Urales no se convirtió en una zona industrial moderna hasta que fue posible importar hulla. Esta feliz evolución empezó en los años que siguieron a la primera guerra mundial.

En la época del Gobierno soviético se  establecieron en los Urales gigantescas empresas metalúrgicas, entre las que podemos citar la de Magnitogorsk como la mayor. Esta única industria ha proporcionado al mercado más hierro y acero que toda la industria metalúrgica rusa antes de aquella guerra.

Magnitogorsk se halla ahora integrada en un combinado, una especie de trust —o sea una agrupación de empresas— que trabaja el mineral de hierro local. Se trae de Siberia el carbón necesario a los altos hornos.

Hasta la caía del muro de Berlín las tercera parte de la producción mundial de hierro fundido y de acero de toda la ex- Unión Soviética provenían de los Urales, que proporcionan asimismo metales no férricos, especialmente aluminio.

Las fábricas de aluminio encuentran allí mismo la bauxita, mientras que la energía se la proporcionan gigantescas centrales eléctricas que alimentan también toda suerte de industrias químicas de la región.

Los Urales gozan de reputación en la actualidad por sus talleres de construcciones mecánicas. En esta rama de la industria también se han constituido combinados con el fin de proporcionar al sector agrícola el utillaje más moderno.

Además, el «Ouralchiemasjcombinat» se ocupa en equipar a las industrias químicas y el «Ouralelektroapparatcombinat» en   instalaciones   electrotécnicas

También hemos de citar el «Ouralwagonzawodcombinat», que proporciona a Rusia los vagones de los que no puede prescindir este gran país, enfrentado, mucho más que cualquier otro, con los problemas de transporte.

A causa de este inmenso proceso de industrialización el reparto de la población rusa se ha modificado, una industria poderosa reclama sin cesar nuevos trabajadores y por ello han surgido en los Urales, debido a las grandes concentraciones de personal, nuevos núcleos urbanos.

Las ciudades ya existentes han experimentado asimismo un crecimiento brutal que las ha hecho rápidamente irreconocibles.

A cada ciudad se le atribuyó una especialidad. Sverdlovsk, por ejemplo, situada aproximadamente a mitad del macizo, en la vertiente occidental, era antaño una apacible ciudad provinciana.

Se transformó en un importante centro industrial especializado en electrotecnia. Para formar a la mano de obra indispensable se fundaron en esta ciudad universidades y fundaciones científicas altamente especializadas.

Chelyiabinsk era, hace unos decenios, apenas un pequeño mercado, una etapa en la ruta de Extremo Oriente; también se ha convertido en un centro industrial de primera importancia en el que se fabrica gran parte de los tractores y de las dragas utilizados en Rusia.

Los alrededores de la ciudad proporcionan la hulla utilizada por las poderosas centrales térmicas.

En los Urales se han organizado varias repúblicas soviéticas autónomas, cada una de ellas desarrollada bajo múltiples aspectos.

La más importante de toda la región industrial de los Urales es indudablemente la Bachkiria.Esto salta inmediatamente a la vista en Ufá, capital de este estado.

En muy poco tiempo esta ciudad ha experimentado una vigorosa expansión y se convirtió en un foco de intensa actividad industrial.

La  produce también petróleo, y en cantidad tal que ha merecido el nombre de «segunda Bakú». Se construyeron inmensas refinerías unidas por oleoductos a los campos petrolíferos del Cáucaso.

De modo que la Bachkiria se ha convertido igualmente en uno de los más importantes distritos de la ex-Unión Soviética por lo que respecta a la petroleoquímica. De allí parten los oleoductos en dirección a Moscú e incluso a Alemania oriental y a otras democracias populares de Europa central.

La Bachkiria es una región vital para la URSS, tanto desde el punto de vista estratégico como del económico, especialmente desde el fin de la segunda guerra mundial, pues fueron efectivamente las necesidades de ésta las que abrieron a los Urales nuevas perspectivas. Bastante alejada de las fronteras occidentales, esta comarca era, desde el punto de vista estratégico, más segura y menos vulnerable que muchos centros económicos situados más al oeste, corno Stalingrado o Kiev.

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Historia de Praga Capital de la Republica Checa

Historia de Praga

Praga empezó a formarse a partir del siglo IX alrededor de dos castillos que se alzan en las orillas del Moldau. La ciudad se convirtió progresivamente en un importante centro comercial y cultural.

Hoy día Praga es una ciudad moderna, y sus industrias emplean abundante mano de obra. Es también centro de transición entre el Este y el Oeste. Cuenta con numerosos monumentos históricos, como la catedral de San Vito.

Praga (en checo, Praha), fue la capital de la antigua Checoslovaquia, hoy separada entre Eslovaquia y República Checa, siendo capital de esta última.

Empezó a formarse en el siglo IX alrededor de dos viejos castillos levantados sobre dos cerros pequeños situados a derecha e izquierda del Moldau, el Hradcany y el Vysehrad. Esos dos castillos eran la residencia de los príncipes y, más tarde, de los reyes de Bohemia.

En la orilla derecha se formó un mercadillo para el abastecimiento de las casas particulares de los alrededores.

De este mercado salió, a la larga, Stare Mesto (ciudad vieja), mientras que Nove Mesto, o ciudad nueva, fue construida durante el reinado de Carlos IV, rey de Bohemia y emperador del Sacro Romano Imperio (1346-1378).

Ya en esta época vivían en la ciudad gran número de judíos que organizaron en ella un gueto y construyeron una de las más antiguas sinagogas de Europa y un gran cementerio judío.

En el siglo XIV, Praga era uno de los núcleos importantes de Europa central, de gran actividad comercial y también foco de propagación de la cultura, gracias a la universidad que creara Carlos IV.

Juan Huss, que criticó a la Iglesia y el modo en que vivían los eclesiásticos, estudió en esta universidad. Sus acusaciones hechas públicamente y las medidas que contra él tomó la Iglesia, provocaron la guerra de los husitas, durante la cual Praga luchó en las filas de los insurrectos.

Durante el reinado de Jorge de Podebrady, y con la dinastía de los Jagellon, la importancia de la ciudad no dejó de aumentar y sus reyes la dotaron de numerosas iglesias y otros edificios cuyo estilo correspondía al último período del gótico.

Al correr del tiempo fue creciendo la oposición a los Habsburgo, que se convirtieron en reyes de Bohemia a la muerte de Luis II de Hungría y querían imponer en Bohemia la religión católica.

A la postre, esta oposición provocó la «Defenestración de Praga» (23 de mayo de 1618), en el transcurso de la cual dos funcionarios imperiales fueron lanzados a través de una ventana del Palacio Real.

Este incidente originó la guerra de los Treinta Años, durante la cual los checos fueron batidos en la Montaña Blanca (1620), y determinado número de nobles checos, así como algunos burgueses, ejecutados públicamente (1621).

Acto seguido empezó a tomar forma la supremacía germánica, y Praga declinó: 2.000 familias influyentes emigraron. En 1648, al término de la guerra de los Treinta Años, las tropas suecas ocuparon gran parte de la ciudad.

Durante la guerra de los Siete Años (a mediados del siglo XVIII), Praga se encontró de nuevo en el centro de la actualidad. Federico el Grande, rey de Prusia, obtuvo en Praga su primera victoria sobre los austríacos.

Mercaderes y nobles extranjeros, principalmente alemanes, españoles e italianos, vinieron a establecerse en Praga, donde mandaron edificar suntuosos palacios y espléndidas iglesias en estilo barroco, que era el que estaba de moda en aquel tiempo.

La revolución industrial del siglo XIX fue sumamente provechosa para la ciudad, que creció rápidamente y se convirtió en el centro de un movimiento cultural nacionalista que ambicionaba resucitar el patrimonio nacional checo.

La ola de revoluciones que se extendió sobre Europa en 1848 no perdonó a la ciudad de Praga, aunque  los  generales  austríacos reprimieron la sedición. Pero el sentimiento nacional se hacía, día a día, más preciso, y en 1861 los checos ganaron por mayoría la administración de la ciudad.

Finalmente, en 1918, Praga se convirtió en la capital de la República de Checoslovaquia y a finales del siglo XX Capital de la República Checa.

En marzo de 1939, los soldados de Hitler ocupaban la ciudad. Un levantamiento general de los habitantes de Praga terminó con la ocupación el 5 de mayo de 1945, pero cuatro días más tarde entraba en la ciudad el ejército soviético.

Praga pasa en la actualidad del millón de habitantes. Este aumento de la población se explica en parte por el abandono del campo, que fue muy intenso, especialmente después de 1945, cuando empezaron a montarse nuevas industrias en la periferia de las ciudades.

Desde el punto de vista económico, Praga ocupa una situación muy favorable, en el lugar en que coinciden diferentes regiones naturales.

La mayoría de las industrias son altamente especializadas; los checoslovacos cuentan con fábricas de turbinas, de camiones, de aviones y de aparatos de medida.

Praga es asimismo el centro de la industria química, dedicándose especial atención a la fabricación de productos farmacéuticos y cosméticos.

Las industrias alimentaria y textil han experimentado gran incremento, al igual que la industria gráfica, los talleres para el trabajo del cuero y la fotografía.

Praga es un centro importante de la red ferroviaria, situada en el empalme entre Occidente y la Unión Soviética. Por otro lado, líneas aéreas regulares la unen con el mundo entero.

El hecho de que, desde el fin de la segunda guerra mundial, Berlín haya dejado de existir como centro de vías internacionales de comunicación, ha favorecido el desarrollo de Praga.

La capital checa es centro importante de enseñanza artística, y posee numerosos museos en los que pueden admirarse las obras de grandes maestros de la pintura (Durero, Rubens, Rembrandt, Ingres, Delacroix, entre otros).

También se halla en Praga la más antigua universidad de Europa central y una biblioteca que contiene preciosos manuscritos y magníficos incunables.

Como en la mayoría de las ciudades de Checoslovaquia, las casas de Praga son generalmente de un solo piso.

Al reconstruir la ciudad se intentó conservar su aspecto histórico, y por ello se respetó el aspecto exterior de las fachadas; pero la instalación interior es moderna.

Desde lo alto de las colinas del Petrin se obtiene una vista maravillosa de la ciudad y de su castillo, que es en la actualidad la residencia del presidente de Checoslovaquia.

Muchos extranjeros y personajes célebres describieron el encanto de Praga, entre ellos el geógrafo Humboldt, los compositores Bach y Mozart y el poeta Goethe. El compositor checo Sme-tana describió el Moldau en un célebre poema sinfónico.

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Historia y Desarrollo de Moscú Arquitectura El Kremlin

Historia de Moscú

Moscú, capital de la Unión Soviética, tiene una industria gloriosa y muy movida. Ciudad santa en la que los zares se hacían coronar, estuvo en innumerables ocasiones a merced de la sedición, el incendio o el pillaje.

Se desarrolló continuamente, y en la actualidad es una capital moderna con rascacielos, teatros, museos y metro. El centro administrativo de la inmensa Unión Soviética es al mismo tiempo sede de una industria  pujante.

El nombre de Moscú, capital de la Unión Soviética, aparece por primera vez en las crónicas a mediados del siglo XII. En 1156 el príncipe Suzdal edificó una ciudadela de madera que recibió el nombre de Kreml (Kremlin). Alrededor de este núcleo creció la ciudad de Moscú.

En los siglos XII y XIII era ya una ciudad importante que hubo de soportar las invasiones de los tártaros. En el siglo XIII incendiaron éstos la ciudad en dos ocasiones, y un siglo después fue de nuevo, varias veces, víctima de los ataques de los tártaros y del pillaje.

En 1326, además, el metropolitano (arzobispo) de Rusia trasladó su residencia de Vladimir a Moscú, con lo que el prestigio de la ciudad aumentó considerablemente.

El Kremlin de Moscu Fortaleza de los Zares Rusos Historia Construccion

La catedral de San Basilio y sus cúpulas

A partir del siglo XVI Moscú fue un importante centro comercial que mantenía relaciones tanto con Oriente como con Occidente; en esas transacciones el comercio de pieles ocupaba el primer lugar.

Moscú era asimismo el centro cultural y administrativo de Rusia. A principios del siglo XVII fue conquistada por los polacos, que la abandonaron en 1612. La ciudad conservó sus prerrogativas de capital administrativa y cultural de Rusia hasta 1712, año en que Pedro el Grande trasladó su residencia a San Petersburgo, ciudad que había mandado construir.

Moscú, privada del poder, fue todavía presa de las llamas en algunas ocasiones (en especial en 1737, 1748 y 1752). Conoció épocas muy duras que le valieron ser reconstruida según una concepción más moderna, dotada de anchas avenidas y grandes plazas públicas.

En cuanto a la población, aumentaba continuamente. Al final del reinado de Catalina II la Grande, hacia 1790, contaba con 175.000 habitantes. Aunque no era ya la capital de Rusia, siguió teniendo gran importancia cultural, pues la primera universidad rusa había sido fundada en Moscú, en 1755. Además, era la ciudad santa de los cristianos ortodoxos, y en ella celebraban los zares la ceremonia de su coronación.

Moscú representó un papel importante en la guerra de 1812. Las tropas de Napoleón la ocuparon el 14 de setiembre, pero el incendio provocado por los rusos obligó a retirarse al ejército francés. Al año siguiente iniciaban su reconstrucción. El célebre Teatro Bolchoi se edificó en 1821, y la Bolsa, en 1837.

historia teatro Bolshoi

Después de la abolición del vasallaje en 1861, Moscú se convirtió en el segundo centro industrial de Rusia (el primero era San Petersburgo) y en el núcleo central de una extensa red ferroviaria, y construyeron en ella grandes bancos y otros inmuebles comerciales.

En 1871 la población alcanzaba la cifra de 600.000 habitantes. Después de la Revolución rusa, el Gobierno abandonó Petrogrado (antes San Petersburgo, hoy Leningrado), y Moscú se convirtió en la capital del primer Estado comunista del mundo; esto sucedía en 1918. Durante la segunda guerra mundial los alemanes sitiaron la ciudad de octubre a diciembre de 1941.

Moscú está situada en las márgenes del Moscova, un afluente del Oka y subafluente del Volga, al que está unido por un canal. El pasado de la ciudad está representado por las viejas casas de madera, las callejuelas estrechas y algunas iglesias que datan de la Edad Media; esta parte contrasta fuertemente con la ciudad moderna, de imponentes edificios, flamantes establecimientos industriales y rascacielos. Moscú es el mayor centro político y administrativo de la URSS. El Presidium del Soviet Supremo tiene allí su sede, lo mismo que el Comité central del partido comunista.

Moscú es también una gran ciudad industrial. Antes de la revolución la principal actividad era la confección de tejidos, aunque contaba también, ya en aquella época, con algunas industrias químicas. Después de la revolución la ciudad marchó a grandes pasos hacia una industrialización a ultranza. La industria pesada, metalúrgica y química, fue objeto de una atención especial. Las actividades dentro del ramo textil, de la construcción de automóviles y de máquinas herramientas, son también muy importantes.

A causa del crecimiento masivo de su población después de la revolución de 1917, la ciudad se vio enfrentada a un problema de alojamiento muy difícil de solucionar. Los arquitectos construyeron numerosos rascacielos y edificios destinados a vivienda y trazaron anchas avenidas al tiempo que reservaban una zona verde con parques y jardines.

Así nació el Moscú del siglo XX. Después de la segunda guerra mundial se construyeron hospitales, escuelas y más edificios para viviendas, así como un nuevo centro universitario.

Moscú posee más de cien museos; entre ellos, el museo Lenin, el de la Revolución y el del Ejército rojo.

En todo el mundo se conoce el nombre de Bolchoi, uno de los treinta y cuatro teatros de Moscú; también hay seis estudios cinematográficos. En Moscú se editan 156 periódicos (entre ellos Pravda e Izvestia) y cerca de setecientas revistas. En 1935 se construyó un metro con estaciones subterráneas lujosas y profusamente decoradas.

De la ciudad salen numerosos trenes a todas las regiones de la Unión Soviética y hacia el extranjero. Líneas aéreas regulares unen Moscú con las ciudades rusas más importantes y con las capitales de los países del Este. La población de la ciudad aumenta sin cesar, y todos los años hay que habilitar viviendas para 100.000 personas más.

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SAN PETERSBURGO Museo Hermitage RUSIA Ciudad Maravillosa Historia

SAN PETERSBURGO Museo Hermitage en Rusia

SAN PETERSBURGO: El 16 de mayo de 1703 Pedro el Grande, zar de todas las Rusias, llegó al frío y pantanoso delta del río Neva y, delante de sus soldados, dijo «En este lugar el destino nos manda que construyamos una ventana sobre Europa».

Lo cierto es que la frase le fue atribuida por Alexander Pushkin, el escritor que ha sido uno de los más célebres hijos de San Petersburgo, que vivió cien años después de la fundación de la ciudad.

Pushkin, como sucede con frecuencia en la literatura, quiso dar al acontecimiento un tono mítico que diese más valor al excepcional nacimiento y al destino de San Petersburgo.

Probablemente, el entonces jovencísimo soberano —que no se había ganado todavía el sobrenombre de el Grande— utilizó el plural mayestático, como convenía a su rango. Pero la historia nos explica que lo de crear una capital que estuviese a la altura de las grandes ciudades europeas —en menoscabo de la «asiática» Moscú— fue sólo fruto de su testarudez, por lo demás hostilizada por la poderosa y corrupta corte moscovita.

Pedro era un hombre con mucha determinación. Amaba el mar, había viajado y no se avergonzaba de haberse manchado las manos, casi como un trabajador, en una atarazana naval holandesa. De costumbres espartanas, vivió durante dos años, a fin de supervisar la construcción de la ciudad que llevaría su nombre, en una mísera casa de madera de apenas dos habitaciones que, protegida por una estructura de piedra, todavía hoy puede ser visitada en la isla de Petrogrado, núcleo originario de San Petersburgo.

Con una superficie de 1400 km2 y una población de cinco millones de habitantes, San Petersburgo está formada por 44 islas entre las que discurren 50 canales y ríos, de los que los más importantes son el Neva y sus cinco afluentes, y es la gran ciudad más septentrional del planeta, a escasamente 800 kilómetros del círculo polar ártico.

Para celebrar los 300 años de su fundación, el gobierno ruso ha gastado —presidido por el petroburgués Vladimir Putin— en 2003, la fabulosa cifre de 1300 millones de euros en la restauración de sus edificios más emblemáticos, dedicando grandes honores a Pedro el Grande ya todos cuantos después de él, contribuyeron a hacer de ella una de las ciudades más bellas del mundo.

No es casualidad que a San Petersburgo estén asociados personajes y acontecimientos fundamentales de la historia y de la cultura rusas. Chajkovskij, Stravinskij y Shostakovic crearon sinfonías inmortales; Pushkin, Dostoevskij y Gogol escribieron las obras maestras; Mendeleev y Pavlov hicieron grandes contribuciones a la ciencia.

Aquí las figuras de Pedro el Grande y los herederos de la dinastía Romanov, entre los cuales está la por otra parte extraordinaria Catalina, vivieron en los fastuosos edificios que encargaron a geniales arquitectos.

En ella vivió y fue asesinado Rasputín, el más visionario y controvertido personaje de la historia rusa. Y allí estaba el crucero Aurora (todavía homenajeado e la orilla del ríoNeva) del que partieron los primeros movimientos para el asalto al Palacio de Invierno (foto abajo), que marcó el final de lo Romanov y dio vida a la creación de la Unión Soviética.

Durante la segunda guerra mundial la ciudad sufrió el más dramático ase dio que recuerda la historia.


En 1917, San Petersburgo se llamaba todavía Petrogrado, y era la capital de Rusia, además de la más europea de sus ciudades, como lo sigue siendo todavía hoy. Fundada sobre una antigua fortaleza sueca por Pedro el Grande, la ciudad a orillas del Neva fue escenario y protagonista de la Revolución de Octubre.

Durante la existencia de la Unión Soviética, la ciudad fue conocida como Leningrado, pero el poder soviético mantuvo su elegantes edificios: Stalin prefirió construir palacios de estilo real socialista en la periferia y algunas espléndidas estaciones en el metro.

Sin embargo, tras la crisis del sistema, la ciudad volvió a recuperar su viejo nombre gracias a un referéndum con el que los ciudadanos reconocieron su capacidad para superar los enormes acontecimientos de su historia, permaneciendo siempre fiel a sí misma y a sus sueños.

Al último zar de Rusia, Nicolás II, le gustaba advertir a los invitados recibidos en su corte que »San Petersburgo estaba en Rusia, pero no era Rusia». Y es cierto que el único edificio en línea con la tradición rusa es la Iglesia de la Resurrección (foto abajo), comenzada en 1882 según el modelo de la «oriental» Catedral de San Basilio en Moscú.

Por lo demás, la arquitectura de la ciudad —un triunfo del barroco, del rococó y del neoclasicismo— lleva la firma de ilustres  europeos. Pedro el Grande confió incondicionalmente en Domenico Trezzini, autor de la fortaleza y de la Catedral de Pedro y Pablo (donde están los restos de muchos Romanov), del Palacio de Verano del Palacio de los Doce Colegios (sede de otros tantos ministerios) y de numerosas estancias nobiliarias.

Tras la muerte de Pedro, las zarinas Ana e Isabel confiaron en el genio de Bartolomeo Francesco Rastrelli, para realizar grandiosas obras como el insuperado Palacio de Invierno y el Palacio de Tsarskoe Selo.

Los datos de los dos edificios son impresionantes: el primero tiene unas 1800 ventanas y el segundo una fachada de 340 metros recubierta de estuco y dorados. Además, kastrelli concibió el armonioso monasterio de Smolnyj y el austero Almirantazgo, cuya vertiginosa aguja es hoy día el núcleo en torno al que gira la ciudad.

Más que ninguna otra zarina, Catalina miró hacia Europa y siguió el Iluminismo para dar a la ciudad el que sería conocido como Museo del Hermitage (foto abajo) que con 2.700.000 obras reunidas en 1400 salas distribuidas en seis edificios (entre ellos el Palacio de Invierno) es el segundo del mundo sólo superado por el Louvre.

Con aquél y después de él llegaron a San Petersburgo otros arquitectos italianos, comoGiacomo Quarenghi, que habría trabajado entre 1779 y 1810 proyectando espléndidas obras en estilo neoclásico (como el teatro del Hermitage), o como el francés Auguste de Montferrand, autor de la Catedral de San Isaac.

A la vez fue encargada a arquitectos rusos —pero con la obligación de inspirarse en la Basílica de San Pedro— la construcción de la Catedral de Kazan. Finalmente, para dar una incomparable armonía al conjunto arquitectónico —ya de por sí excepcional llego también de Italia, en 1819, Carlo Rossi.

Este diseño la extraordinaria sucesión de tres plazas en el corazón de San Petersburgo la Plaza del Palacio de Invierno, centro del imperio, la Plaza de los o Decabristas, centro administrativo y la Plaza de San Isaac centro religioso. Bien se mereció que le fuera dedicada una avenida  –la  ulitsa Rossi— a la cual da la fachada de su elegante teatroAleksandrinski.

Si se exceptúan algunos edificios de estilo modernista de principios del siglo XIX —como el edificio donde están los suntuosos almacenes Eliseev, en la Nevskij Prospekt, principal arteria urbana—, San Petersburgo ha hecho pocas concesiones ala modernidad, al menos desde el punto de vista arquitectónico.

Cuando en esta ciudad se encargan nuevas obras, los proyectos deben acomodarse con religioso respeto a lo que los habitantes de la ciudad sienten por aquel conjunto perfecto que es su ciudad.

Lo sabe bien el americano Eric Qwen Moss, que en 2001 ganó el concurso para la construcción del nuevo teatro Mariinskij adyacente al conocido escenario del siglo XIX, pero que le fue rechazado porque, según la administración su estructura de cristal ondulado y granito azul habría recordado «sacos de una plástica arrebujada».

Se buscó, por ello, un nuevo proyecto, el del francés Dominique Perrault, que preveía un teatro en forma de burbuja, de color dorado. Y Moss, se tuvo que contentar con realizar un centro de exposiciones y eventos en la isla urbana de Novaja Gollandija, sede de los almacenes portuarios de Pedro el Grande. Desde aquí se puede asistir al eterno espectáculo de las conocidas Noches Blancas de San Petersburgo.

HISTORIA: UNA CIUDAD ERIGIDA SOBRE HUESOS HUMANOS
Para construir San Petersburgo, la nueva capital de Pedro el Grande en la ribera del río Neva, se exigió un sacrificio a una escala colosal. Se sometió a campesinos, soldados y prisioneros como parte del millón de personas, de todos los rincones de Rusia, que trabajaron forzadamente en la construcción.

En ella murieron entre 100,000 y 200,000 personas; por ello se dijo que la nueva ciudad fue erigida sobre un gran osario.

Miles de albañiles, ingenieros, herreros y carpinteros, y otros millares de obreros no especializados, trabajaron de sol a sol, alimentados con una magra dieta, durante seis meses. En teoría, se les permitía ir a casa, aunque miles de ellos permanecieron en el lugar durante meses, e incluso años. La deserción era castigada con la amputación de la nariz.

Los trabajadores habitaban húmedas y sucias barracas, o dormían al sereno, cubiertos con frazadas o abrigos. Bebían agua sucia y padecían de mala alimentación: abundó el escorbuto, la disentería y la malaria.

Estaban equipados con pocas herramientas y ninguna carretilla, y debían acarrear el lodo, que excavaban con las manos, en los faldones de su ropa o en sacos hechos de trapos viejos.

EDIFICIO ruso

Ciudad de piedra En el siglo XIX, la Catedral de San Isaac, en San Pefersburgo, reemplazó al edificio original de Pedro el Grande: al construirla, se usaron similares andamias de madera.

EL MUSEO HERMITAGE (PALACIO DE INVIERNO) Sólo la colección de arte europeo occidental ocupa 120 salas, con obras maestras de Italia, España, Holanda, Francia, Alemania y otros países. Sin embargo, para preservar las pinturas y dibujos de posibles deterioros, muchas de ellas se exhiben sólo en forma temporaria.

De Leonardo a Rafael y Tiziano, del Greco a Velázquez, de Kandinski a Picasso y Matisse, el Hermitage es un auténtico catálogo de los más grandes artistas de la humanidad. Además, el museo tiene ramificaciones internacionales en Amsterdam, Londres, Las Vegas y Ferrara (Italia). Pero en la propia San Petersburgo se encuentran, entre otros objetos de incalculable valor, parte de los tesoros de Troya recuperados por Heinrich Schliemann, decenas de obras cubistas de Picasso, gran parte de la obra tardía de Gauguin, grandes obras maestras del Renacimiento italiano y los célebres huevos de pascua que el joyero Fabergé realizó para los zares de Rusia, en particular para Nicolás II y Alejandra.

Claro que su historia está hecha de luces y sombras: así como pinturas centrales de la historia del arte fueron vendidas en los años de la Unión Soviética, otras se encuentran en el Hermitage porque fueron tomadas por la Armada Roja de los museos y coleccionistas de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, a modo de compensación por los daños sufridos por Rusia. Muchas de estas obras, que se creían perdidas, reaparecieron en una exhibición realizada en 1995, y no hay perspectiva de que dejen San Petersburgo alguna vez.

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos Tamaño Peso

Las Tortugas Gigantes de las islas Galápagos
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LAS TORTUGAS GIGANTES DE LAS ISLAS GALÁPAGOS: Los primeros españoles que visitaron las Galápagos descubrieron que estaban habitadas por tortugas gigantescas, que les hicieron pensar en una versión a gran escala de los galápagos que pululaban en muchos ríos de su país de origen, por lo que bautizaron con ese nombre al archipiélago recién descubierto.

Por su parte, William Dampier, famoso navegante inglés, cuenta que, en 1884, al hacer escala en Galápagos, quedó impresionado por las tortugas gigantes: «… son tan numerosas que quinientos o seiscientos hombres pueden subsistir gracias a ellas durante varios meses y sin ninguna otra clase de provisión; son extraordinariamente grandes y corpulentas y tan dulces que no se come una gallina con más agrado».

La perspectiva que da el tiempo transcurrido, desde que se escribieron estas líneas, les añade un acento premonitorio que confirma la desgraciada historia de estos gigantes, cuyas conchas alcanzan más de un metro y medio y cuyo peso puede sobrepasar los 225 kilos. Pero si el exterminio de estos animales se mide en fechas y en cifras, conviene antes recordar su historia.

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos

Tortugas similares se han encontrado, en forma fósil, en Estados Unidos, en Europa y en la India; debieron ser numerosas en la era terciaria, especialmente en los períodos mioceno y plioceno, hace unos seis millones de años. Durante los períodos geológicos siguientes fueron desapareciendo y en la actualidad sólo se encuentran en las islas Mascareñas y en las Galápagos. Si el problema de su arribada a las islas es interesante (a nado, flotando a merced de corrientes marinas, agarradas a algún tronco a la deriva), mucho más lo es el de su diferenciación in situ, que parece la conclusión lógica de considerar que no pudieron hacer la travesía tantas formas distintas, sino que, al habitar en las islas (lo que impedía su hibridación) se han ido diferenciando.

Las distintas formas de tortugas de las Galápagos, en opinión de la mayoría de los especialistas, no constituyen especies diferentes, sino sólo subespecies o razas de una especie única. Estas tortugas llevaron una vida feliz hasta que llegó el hombre. Dampier atestiguaba que ningún pollo podía competir, en cuanto a sabor, con estos reptiles, y el capitán Colnett añadía: «la grasa de estos animales, cuando se fundía, era como mantequilla fresca». Esto explica seguramente la matanza de animales que siguió. Piratas, cazadores de focas y balleneros del Pacífico conocían bien la abundancia de tortugas en las islas y se montaron expediciones para darles caza.

El examen del diario de a bordo de ciento cinco balleneros americanos, realizado por el biólogo C. H. Towsend, reveló que entre 1811 y 1844 se capturaron quince mil tortugas. Para evitar que las tortugas acabasen por desaparecer y para preservar la fauna y la flora de las islas, el gobierno del Ecuador, país al que pertenece el archipiélago, dictó leyes protectoras en 1934.

Por su parte, la UNESCO organizó, en 1957, una expedición para examinar el estado de la fauna y, un año más tarde, el doctor Jean Dorst visitó las islas con el propósito de examinar el proyecto de establecer una estación biológica. Resultado de todas estas operaciones fue la creación de la Fundación Charles Darwin para las islas Galápagos, presidida por sir Julián Huxley.

El tamaño de las tortugas y la rareza de las iguanas pueden hacer olvidar al visitante la presencia de unos pájaros pequeños que, sin embargo, atrajeron la atención de Charles Darwin. Bajo su aparente vulgaridad, los pinzones de las Galápagos encerraban un interés extraordinario para el naturalista, y éste pronto constató que constituían un ejemplo palpable de cómo se originan especies nuevas a partir de antepasados comunes.

En la actualidad existen catorce especies de los pinzones de Darwin —así bautizados en honor de su descubridor—, todas ellas exclusivas de las Galápagos, excepto una que vive en las islas Cocos.

La gran riqueza de la flora y de la fauna de las Galápagos reservará todavía muchas sorpresas al explorador decidido que se adentre en ellas, dispuesto a desafiar la dureza del clima y del suelo. Mucho queda por aprender de las Galápagos, declaradas por la UNESCO patrimonio Natural de la Humanidad en 1979, y, en la actualidad, puestas bajo la protección de Ecuador en calidad de Parque Nacional.

Aisladas del resto del mundo, se desarrollaron en estas islas comunidades biológicas con seres arcaicos que han persistido hasta la época actual; y simultáneamente, se originaron especies según las leyes de la evolución. Por ello, las islas Galápagos son únicas y es posible que algún día los científicos que las visitan descubran entre sus seres nuevas claves de la vida humana.

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