Ciudades Perdidas del Amazonia

El Monte Cervino en Suiza Historia de sus Ascensos o Escaladas

El Monte Cervino en Suiza
Primeros Ascensos a su Cumbre

El Monte Cervino (en alemán, Matterhorn), es un pico de los Alpes situado en el extremo suroccidental de Suiza, muy próximo a la frontera con la región italiana de Valle de Aosta. Alcanza 4.478 m de altitud. Es un ejemplo de montaña de tipo piramidal, en el que las cuencas de formación glaciar han erosionado la roca por tres o cuatro lados del macizo, dejando sólo un núcleo en forma de pirámide en el centro.

El admirable Cervino ha ejercido siempre un invencible atractivo sobre los alpinistas. Después de varios fracasos, Whymper se unió, junto con sus guías, a una expedición que fue la primera en alcanzar su cima en 1865. Desde entonces han llegado a la cumbre de la montaña infinidad de gente en las más diversas circunstancias. Pero todos los años exige el tributo de sus víctimas.

El Cervino, al que en alemán llaman Matterhorn, se yergue, como un poderoso señor, sobre la población suiza de Zermatt.

Es la montaña de Suiza, e incluso de Europa, de más apretada historia y, desde hace cien años, la que más veces ha sido escalada. Difícilmente podría ser de otra forma, ya que es una de las montañas más hermosas que existen y ejerce excepcional atracción sobre los alpinistas. Cientos de turistas, hechizados por este gigante de la naturaleza, llegan todos los años a su cima.

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El Cervino se alza al sur de Zermatt y algo separado de las otras montañas. Los dos más hermosos de sus cuatro flancos pueden verse desde la propia ciudad: la vertiente este y la vertiente norte.

Cuando, en 1861, el inglés Edward Whymper (imagen abajo) vio el Cervino por primera vez, decidió conquistar su cima. Pero, año tras año, sus tentativas fracasaban. Mas Whymper no se declaraba fracasado y cada vez que tenía que renunciar empezaba de nuevo, incluso después de resultar herido como consecuencia de una caída.

Edward Whymper suiza

Pero Whymper no era el único que ambicionaba ser el primero en llegar a la cima de la montaña; en la vertiente italiana, en Breuil, el famoso guía Antoine Carrel concibió idéntico proyecto. Cuando, en 1869, Whymper, después de un nuevo fracaso a la salida de Breuil llegó de nuevo a Zermatt, se dio cuenta de que había otros que perseguían el mismo fin.

En efecto, una expedición se disponía a probar suerte conducida por Michel Croz, un guía de Chamonix. No le quedaba a Whymper más remedio que unirse a esta expedición con sus propios guías, Peter Taugwalder y su hijo, ambos de Zermatt. De modo que un grupo de siete alpinistas, evidentemente demasiados, emprendió el camino el 13 de julio de 1865 para realizar una última tentativa que sería coronada por el éxito.

A excepción de uno de ellos, todos eran alpinistas experimentados. El pastor Hudson había hecho ya sus pruebas y lord Douglas volvía de la Wellenkuppe, que acababa de pisar el primero en compañía de Peter Taugwalder.

Únicamente el joven Hadow no estaba familiarizado con la montaña; por ello hizo Whymper objeciones a que participara en la expedición. Pero hubo de inclinarse ante el parecer de los demás.

La ascensión al Hórnbigrat, situado entre las vertientes norte y este, fue para todos sorprendentemente fácil. Montaron el vivac antes de que cayera la noche y a la mañana siguiente no se encontraron con ninguna dificultad mayor.

Para franquear el último terraplén el guía estimó preferible, sin embargo, pasar al lado norte y alcanzar la cima por allí. Para Whymper, el momento en el que puso el pie en la cima del Cervino fue uno de los mejores de su, vida. Pero incluso en este momento sucumbió a la tentación de poner en fuga, a pedradas, al guía Carrel, que efectuaba la ascensión por la vertiente italiana.

Entonces iniciaron el descenso. Aunque los siete miembros de la expedición habían alcanzado la cima, únicamente tres de ellos regresarían   a  Zermatt   sanos   y salvos. He aquí una comprobación auténtica y concisa, pues fue la gran tragedia de la primera ascensión al Cervino.

La montaña se dejó vencer con bastante facilidad. Sin embargo, pronto se hizo evidente que, joven e inexperto, Hadow resistía mal la tensión y la fatiga. En el descenso, además, sintió vértigo y no se atrevía a descender tal como estaba de espaldas a la pared y mirando al frente. De modo que se volvió, perdió pie y arrastró consigo a Croz, a Hudson y a Douglas.

La cuerda que unía a los siete nombres se rompió dejando a Whymper y a los dos Taugwalder como clavados en la roca por la emoción; la alegría de la victoria había desaparecido súbitamente. Sin decir una palabra, extraordinariamente afectados, los tres supervivientes volvieron a emprender el descenso una hora después. También les impresionó vivamente un curioso fenómeno: los tres vieron súbitamente un arco iris coronando tres cruces. Y el descenso hacia Zermatt, un calvario doloroso para tres abatidos vencedores, prosiguió.

Tres días después de esta primera ascensión Carrel consiguió igualmente alcanzar la cima desde la vertiente italiana, o sea, por el lado sur. Años más tarde, los dos rivales, Whymper y Carrel, se dieron la mano sobre la cumbre del Cervino en señal de reconciliación. El espíritu deportivo había conseguido vencer finalmente la egolatría de ambos.

Desde entonces el orgulloso Cervino ha tenido que desvelar todos sus secretos. En la actualidad ha sido escalado desde todas las vertientes y en cualquier circunstancia, tanto en invierno como en verano. Pero la montaña ha rechazado a muchos de los que intentaban escalarla, y muchos de ellos dejaron la vida en la empresa.

Hace unos años, cinco jóvenes alpinistas hallaron la muerte en el Cervino alcanzados por un desprendimiento de piedras o quizá por haber resbalado. Entre las hazañas más hermosas realizadas con ocasión de la ascensión del Cervino se cita generalmente la primera victoria sobre la Zmugrat, que aconteció en 1879, proeza anotada en el activo de otro inglés: Mummery, acompañado de tres guías.

A continuación hay quien menciona la primera ascensión realizada enteramente por el flanco norte, que emprendieron en 1931 dos alemanes: los hermanos Schmid. Finalmente, durante el invierno de 1965 un alpinista solitario, el guía Walter Bonatti, escaló la cara norte del Cervino.

Al lado de estas notables hazañas deportivas se han batido en el Cervino una serie de plusmarcas. Hubo los más rápidos ascensión y descenso realizados apenas en tres horas cuando, normalmente, el tiempo necesario es de diez horas.

Hubo también que anotar la ascensión realizada por el atleta de más edad (setenta y nueve años) y el más joven (diez años) y, por si esto no fuera suficiente, un alpinista con una sola pierna consiguió hollar el pico con su pata de palo.

Naturalmente, todas estas hazañas no pertenecen ya al campo, del deporte. El deporte puro exige que uno halle su satisfacción en el solo hecho de la ascensión y que responda a la llamada de la montaña por sentirse hechizado por ella. Afortunadamente, éste es todavía el caso de la mayoría de los alpinistas.

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El Agua Caracteristicas Generales Propiedades Físicas

El Agua Características Generales y Propiedades Físicas

PROPIEDADES:

1-Temperatura de Ebullición y Fusión

2-Densidad

3-Presión

4-Calor Especifico

5-Tensión Superficial

6-Constante Dielétrica

EL AGUA es el compuesto químico más común de la Tierra. Existe tanta que si la corteza terrestre fuese absolutamente plana, los océanos cubrirían todo el planeta a una profundidad uniforme de casi 2.5 km. El agua es la única sustancia que se puede encontrar, de manera natural, en los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso (vapor).

Y según afirman los científicos, en ella se inició la vida hace millones de años. Se trata de una sustancia excepcional, porque naturalmente se encuentra en las tres fases: sólida, líquida y gaseosa.

En este sentido, si se compara la molécula de agua con otras similares, parecería que su fase dominante es la gaseosa en lugar de la líquida. Sin embargo, esta última es la que se presenta en el rango de temperatura que existe en una gran mayoría de la superficie del planeta. Esto se debe a la formación de dipolos.

Además, tiene otras propiedades extraordinarias que veremos a continuación.

HISTORIA: La Tierra se formó hace unos 5.000 millones de años. Mil millones de años más tarde, el oxígeno se mezcló con hidrógeno en la primitiva atmósfera y se formó el agua. Gradualmente, las moléculas de agua fueron ocupando la atmósfera en forma de vapor invisible, el cual, al condensarse, produjo la lluvia.

La Tierra era entonces mucho más caliente que ahora y, por consiguiente, la lluvia, al hacer contacto con ella, se convertía inmediatamente en vapor y volvía de nuevo a la atmósfera.

Así continuó sucediendo hasta que la Tierra se fue enfriando y, en consecuencia, el agua se fue depositando en las hondonadas, lo que originó que poco a poco se fueran formando primero los lagos, luego los mares y, finalmente, los océanos. Y fue aquí, en los océanos, donde se originó y se desarrolló por vez primera la vida sobre la Tierra.

Pero, sin unas condiciones precisas y adecuadas, nunca se hubiera producido la vida. Así, si la Tierra hubiera sido más pequeña, la gravedad no habría sido suficiente para atraer y retener las moléculas de agua.

Si ponemos, por ejemplo, un recipiente con agua en un sitio templado y seco de la casa, pronto se secará; sin embargo, las moléculas de agua no se pierden, sino que se mantienen en suspensión en el aire que respiramos. Si se hiciera lo mismo en la Luna, el agua se evaporaría paulatinamente y se perdería en la inmensidad del espacio celeste.

El agua es una de las sustancias más comunes, aunque también, por varios motivos, una de las más complejas. Puede ser líquida, sólida (hielo) o gaseosa (vapor). En todas estas formas, el agua presenta diferentes e importantes propiedades, que son objeto de estudio de miles de científicos.

El agua es un líquido inodoro, incoloro e insípido que resulta imprescindible para el desarrollo de procesos vitales, desde el ámbito celular hasta la propia vida humana. Buena prueba de ello es el hecho de que aproximadamente el 70% del peso del cuerpo humano  está constituido por agua.

Formas en que se presenta el agua: La característica relativamente más simple del agua es que, en estado puro, constituye un compuesto químido formado por dos átomos de hidrógeno unidos a uno de oxígeno. Científicamente, esto se expresa con la fórmula H2O.

Elementos químicos de una molécula de Agua: 2 átomos de hidrógeno y 1 de oxígeno

El agua está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, y su fórmula química es H20. Su molécula, triangular, presenta un átomo de oxígeno en uno de sus vértices y en los restantes los de hidrógeno. La unión de cada oxígeno con los otros dos integrantes de la molécula tiene lugar mediante un enlace covalente; así pues, el oxígeno comparte un par de electrones con cada uno de los hidrógenos.

Tanto el agua evaporada como el hielo y el agua líquida son casi completamente transparentes; y si no lo son, es debido a las impurezas o sustancias disueltas, e incluso a las burbujas de aire u otros gases que contienen.

El agua pura es insípida, pero la que sale del grifo suele contener unas cantidades mínimas de sustancias disueltas que hacen que al bebería resulte más agradable. Podemos conseguir agua casi pura hirviéndola y condensando el vapor en una superficie fría; es lo que se llama agua destilada.

También el agua de lluvia es casi pura, aunque la precipitación en zonas uroanas es muy probable que arrastre parte de las impurezas de la atmósfera.

Hay dos tipos bastante infrecuentes de agua. De cada 500 átomos de hidrógeno, aproximadamente uno es de deuterio, una variedad de hidrógeno que pesa el doble del normal, y cuando este átomo se une a uno de oxígeno se obtiene agua pesada (D2O). El otro tipo es el denominado óxido de tritio (T2).

Sustancias que contiene el agua: Se disuelven más sustancias en agua que en cualquier otro líquido. Esto se debe a que sus moléculas tienen un arreglo de átomos poco común que las convierte en diminutos «imanes», con una carga eléctrica positiva de un lado y una negativa del otro.

Dado que las cargas eléctricas opuestas se atraen, las moléculas del agua son capaces de unirse por cualquiera de sus lados a las de otras sustancias, sin importar la carga eléctrica de éstas. Así, compuestos tan diferentes como sal, azúcar y alcohol se disuelven fácilmente en agua. En este sentido, el agua es extremadamente «adherible» y disuelve otros materiales separándoles las moléculas.

Si vertemos unos granitos de sal común (cloruro de sodio) en un poco de agua y agitamos bien la mezcla, llegará un momento en que la sal, por haberse disuelto, dejará de verse; pero el agua sabrá salada. Esto mismo es lo que ha estado sucediendo en los océanos desde su formación.

El sol y el viento evaporan parte del agua de la superficie del mar, pero las demás sustancias que contiene permanecen; este agua evaporada cae en forma de lluvia en los campos, y al correr entre las rocas disuelve y arrastra una pequeña parte de ellas: es lo que llamamos sales, aunque no todas tienen por qué ser necesariamente cloruro de sodio. El agua cargada de sales vuelve de nuevo al mar, incrementando un poco más el contenido de minerales disueltos que ya posee.

Además, por sus insólitas propiedades eléctricas, las moléculas de agua se fijan unas a otras con extraordinaria tenacidad. Se requiere de gran cantidad de energía para separarlas y, así, cambiar su estado de, digamos, sólido a líquido.

Por esta razón, a diferencia de muchos otros compuestos simples que también contienen hidrógeno, el agua se derrite y hierve a altas temperaturas. El metano, por ejemplo, hierve a -161°C, muy por debajo del punto de congelación del agua.

PROPIEDADES FÍSICAS: La importancia del agua es tal en el universo que los científicos se sirven de ella como patrón en los sistemas de medida de densidad y temperatura. La densidad o peso específico de una sustancia es su masa en relación a la unidad de volumen.

La unidad de masa o peso es el gramo (g), que se define como la masa de un mililitro (0,001 de un litro, o exactamente un centímetro cúbico) de agua a la temperatura de 3,98 °C. La temperatura debe consignarse, pues la densidad del agua varía al calentarse o enfriarse.

Temperaturas
La temperatura a que se hiela o hierve el agua pura a la presión atmosférica del nivel del mar es la base de nuestra escala termométrica. En la escala Celsio o Centígrada común, el agua se congela a 0o y hierve a 100°. Si se toma agua pura, completamente desprovista de gas disuelto, y se calienta con mucho cuidado, sin agitarla, se puede elevar la temperatura hasta 180 °C y comprobar que permanece en su estado líquido.

Este agua sometida a tan elevadas temperaturas parece como si de pronto hiciese explosión, pasando a continuación a convertirse en vapor. Cada partícula de agua se expande súbitamente a unas 1.700 veces su volumen líquido.

Del mismo modo, si se enfría el agua con sumo cuidado, puede alcanzarse una temperatura algo por debajo de los 0o, sin que por ello llegue a helarse; pero en seguida se congela y se expande también. Este mismo proceso es el que tiene lugar cuando se dice que las cañerías se han reventado en una helada o que las botellas de leche, por ejemplo, se han roto; y la causa no es otra que la expansión que experimenta el agua al congelarse.

Densidad: A excepción del hielo, cuya densidad es menor que la del agua, la mayor parte de las materias son más densas en estado sólido que en estado líquido. El hielo común tiene una densidad de 0,917, comparado con un valor de 1,0 del agua líquida; de ahí que el hielo, en cierta medida, flote. Así, cuando vemos un iceberg, hemos de tener en cuenta que es sólo una mínima parte lo que asoma a la superficie; debajo se oculta una masa ocho o nueve veces mayor.

Como sucede con casi todas las demás sustancias, la densidad del agua disminuye al calentarla; por eso, el agua más templada sube a la superficie del mar, y la más fría, con mayor peso, permanece debajo.

La temperatura en que el agua pura presenta la máxima densidad es de unos 4 °C (exactamente 3,98 °C), y esto también es un hecho excepcional: si se la somete a temperaturas inferiores, al enfriarse, su densidad disminuye, al revés de lo que podría esperarse.

Esta propiedad es vital para los animales marinos de las regiones frías, pues el agua de la superficie, al enfriarse por estar en contacto con el aire frío, se vuelve más densa y se hunde lentamente formando una capa con una temperatura de apenas de 4 °C que no puede ser desplazada.

El agua superficial, menos densa, es la que primero se congela. En la capa profunda, que permanece a 4 °C, puede subsistir la vida hasta el deshielo de la primavera.

Si el agua no poseyera esta propiedad casi mágica, todo el agua de un lago se congelaría hasta el fondo. La densidad media del agua oceánica es de 1,014, pero varía tanto en función de su temperatura como de su salinidad.

Presión: Los científicos han descubierto que existen muchas clases diferentes de agua y también ciertas variedades de hielo de mayor densidad que ésta. Se puede hacer hielo comprimiendo el agua a presiones extremas antes de congelarla; incluso, después de haberse formado el hielo, puede licuarse comprimiéndolo. Una presión de 15,5 MPa (millones de Paséales o 0,155 toneladas por cm2) reduce el punto de congelación en 1 °C.

El filo de unos patines, por ejemplo, hace tal presión sobre el hielo que lo funde momentáneamente, permitiendo así que el patinador se deslice grácilmente sobre una delgadísima capa de agua.

patinar sobre hielo

agua y densidad, temperatura

La densidad del agua varía con la temperatura. Igual masa ocupa diferente volumen a distintas temperatuas. El hielo es menos denso que el agua hirviendo, y ésta alcanza la máxima densidad a 4 °C.

Cristal del Hielo

El hielo es cristalino y forma figuras hexagonales (de 6 lados). Este mismo es el efecto que se produce al
congelarse la humedad depositada, por ejemplo, en una ventana. En estado sólido es singular, pues la mayoría de las sustancias sólidas son más densas que su forma líquida. Para solidificarse, las moléculas se acercan y se unen. Sin embargo, las moléculas del agua , al unirse para producir un cristal de hielo (arriba), crean en su figura un hueco entre ellas, ampliando el espacio que ocupan. Por lo tanto, el hielo es menos denso que el agua, y por eso los cubos de hielo flotan.

 

Calor Especifico: Con un valor de 4,185 joule/g °C el agua es la mayor de todas las sustancias sólidas y líquidas, a excepción del litio, del hidrógeno y del amoníaco licuado. Su elevada capacidad para almacenar calor hace que los océanos puedan regular la temperatura terrestre y tener un papel estabilizador en las variaciones de temperatura de la atmósfera, eliminando los fríos y los calores extremos y permitiendo la existencia de las especies vivas muy sensibles.

Calor latente de fusión. Su valor de 79 kcald es el mayor, exceptuando el del amoníaco. Esto permite un efecto de termostato en las proximidades del punto de fusión, lo que se relaciona con la interacción entre la criosfera y la hidrosfera, en relación con los fenómenos de erosión.

Calor latente de evaporación. Es de 547 kcal/1 a 100 °C y representa ei mayor valor conocido. Resulta relevante en la transferencia de calor y de vapor de agua a la atmósfera.

Tensión superficial. Esta magnitud a 20 °C alcanza un valor de 72,76 dyn/cm. Es el valor máximo de todos los líquidos a esa temperatura, y tiene importancia en fenómenos de superficie y en la formación de gotas. La tensión superficial explica fenómenos biológicos tales como el movimiento de las chinches de agua en la superficie del agua.

Constante dieléctrica. A 20 °C y una atmósfera alcanza un valor de 80,36. Es la mayor en líquidos y tiene especial interés para facilitar la disociación de moléculas inorgánicas. Por ejemplo, para mantener la presión osmótica y el equilibrio ácido-base de la célula, son importantes las sales disociadas en aniones (CP) y cationes (Na+, Mg++).

La retención de iones produce un aumento en la presión osmótica y, por lo tanto, la entrada de agua a la célula, viscosidad dinámica. Tiene un valor relativamente alto, de 0,01 g/cm3 a 20 °C y una atmósfera, aproximadamente cien veces mayor que el aire. Como consecuencia, el agua es un medio que ofrece resistencia a los organismos que deben desplazarse en ella, pero a su vez facilita la suspensión de las comunidades planctónicas.

Poder disolvente de las sales y del oxígeno. El agua es la sustancia que más solutos, gases, líquidos y sólidos es capaz de disolver y además de hacerlo en mayor proporción, por lo que nunca se encuentra en estado puro en la naturaleza. Incluso el agua de lluvia, que es la de más baja contaminación de otras sustancias, contiene gases y un 0,003% de minerales disueltos, como calcio, magnesio y sodio. Así como la solubilidad de las sales aumenta, en general, al aumentar la temperatura, ocurre lo contrario con los gases.

A medida que disminuye la temperatura, la solubilidad del gas aumenta (tengan en cuenta al respecto, los postulados de la teoría cinética). Mientras que se disuelven 370 g de cloruro de sodio (NaCl) en un litro de agua a 20 °C, a la misma temperatura se disuelven 9 mg de oxígeno en un litro de agua. La situación se modifica si la presión aumenta, ya que la solubilidad del gas aumenta.

Así, la trucha y el salmón no pueden vivir en agua, cuya temperatura es mayor a 15 °C. Si bien el oxígeno se forma en el agua a partir de la fotosíntesis producida por las algas verdes, la mayor concentración proviene de la disolución del oxígeno contenido en la atmósfera, disolución que es favorecida por el movimiento de las aguas.

Los peces y otros animales acuáticos, así como las bacterias aeróbicas, necesitan del oxígeno para vivir, ya que lo utilizan para respirar. Las bacterias aeróbicas (descomponedoras) transforman la materia orgánica disuelta en el agua en materia inorgánica y dióxido de carbono (CO2).

Cuando la concentración de materia orgánica es alta, la riuanda de oxígeno por parte de las bacterias pone en riesgo la vida en el bioma acuático. Para que un pez pueda vivir, necesita aproximadamente 4 mg de oxígeno por litro de agua; si las bacterias hacen disminuir esta concentración, el pez muere por asfixia (o anoxia).

Tal vez por muchas de las razones enumeradas, el agua es el compuesto químico más abundante en los seres vivos y el principal componente del citoplasma celular. Por otra parte, ningún ser vivo puede sobrevivir sin agua, y cada uno tiene su modo particular de obtenerla y aprovecharla.

El organismo humano está constituido sobre todo por agua, y su contenido se encuentra en relación con la edad y con la actividad metabólica de ese organismo; en el embrión es mayor (90-95%) y disminuye progresivamente en el adulto (entre 60% y 70%). Las dos partes riel peso del hombre y de la mujer consisten en agua.

El cerebro, por otra parte, está constituido por un 99% de agua, mientras que el esqueleto, por un 44%. La necesidad diaria de agua de un adulto es entre 2,5 y 2,7 litros.

La función de agua en el cuerpo humano es mantener la disolución de las enzimas y el resto de sustancias orgánicas de la célula. Participa en el proceso digestivo y en el mantenimiento de la temperatura corporal; Transporta los nutrientes en la sangre y ayuda a eliminar los desechos metabólicos.

EL CONGELAMIENTO DE LA SUPERFICIE DE UN LAGO: El agua también es extraña por la forma en que se congela. Casi todos los líquidos se congelan de abajo hacia arriba; es decir, conforme se enfrían, su densidad aumenta y las capas más calientes, al ser más ligeras, suben.

Sin embargo, el hielo se forma primero en la superficie del agua. Por ejemplo, la temperatura del agua de un lago puede ser de 10°C en otoño; a medida que el frío viento de invierno sople sobre el lago, la capa superior del agua se condensará y comenzará a hundirse. A diferencia de otros líquidos, el agua alcanza su máxima densidad a los 4°C, por encima del punto de congelación. A esta temperatura el movimiento del agua del lago se detendrá.

La capa superior se enfriará más y se tornará menos densa, pero no se hundirá, debido a que el agua que esté debajo será más densa aún. Si el viento es muy frío, la capa superior se enfriará tanto que se congelará. A menos que el invierno sea extremadamente frío, esta capa de hielo protegerá el lago de la temperatura fría del exterior y evitará que se congele totalmente.

La siguiente tabla indica los valores de las constantes físicas y químicas, como peso molecular, densiad, constante dieléctrica, punto de fusión y ebullición , y otros datos del agua en sus diversos estados.

tabla constantes fisicas del agua

Electrólisis
Conectando un circuito eléctrico a dos electrodos inertes (conectores en los que la electricidad entra o sale por una disolución) sumergidos en agua absolutamente pura, es imposible que pase corriente.(ver proceso)

Pero si se añade al agua un poco de ácido, se produce inmediatamente una abundancia de iones liberados capaces de conducir electricidad, y surge también un chorro de burbujas de los electrodos hacia la superficie. Del electrodo negativo, llamado cátodo, sale doble cantidad de gas que del positivo, llamado ánodo. Mediante una serie de ensayos, podemos comprobar que del ánodo sale oxígeno y del cátodo hidrógeno, y así averiguar qué ingredientes componen el agua.

electrolisis del agua

Cuba Electrolítica

Si se acercaran accidentalmente los dos gases a una cerilla encendida, se produciría una violenta explosión y los gases se volverían a convertir en agua. Las aplicaciones industriales de la electrólisis reciben el nombre de electroquímica. Estas aplicaciones son cada día más importantes: el afino del cobre y del cinc; la obtención del cloro; etc.

EL AGUA DE MAR: En el agua de mar se encuentra el 75% de los elementos químicos naturales, inclusive el oro. Los científicos saben que los océanos son cada vez más salados. Por término medio, el agua de mar contiene 35 partes de minerales disueltos por cada 1.000 de agua; por este motivo es un poco más densa que el agua dulce.

Normalmente, al agua pura se le asigna una densidad de valor 1; la del agua marina común es de 1,03, por eso las embarcaciones y los nadadores flotan más fácilmente en el mar que en el agua pura.

En el Mar Muerto, en la frontera entre Jordania e Israel, el agua es tan salada y su densidad tan elevada, que no puede haber vida, de ahí su nombre.

El agua es un buen disolvente, capaz de disolver muchas materias; pero si se llena un frasco con agua de un río o de un estanque, seguramente se observarán grupos de partículas flotantes de sustancias sin disolver. Al sumergirse éstas tan despacio, el agua las arrastra suspendidas; de ahí que el agua adquiera una tonalidad oscura, turbia.

La mayor parte de las materias disueltas en el agua son minerales; pero hay algo más, y muy importante, disuelto en prácticamente todos los tipos de agua: aire. Gracias a él, los peces y otras formas de vida acuática pueden respirar por debajo de la superficie.

OTRAS PROPIEDADES DEL AGUA
• A una temperatura superior a los 374°C ei agua es un gas perfecto: ello significa que sus moléculas se mueven con tal energía que ninguna presión puede transformaría en un líquido. Se la denomina vapor cuando puede licuarse por simple presión.

• La presión a la que se licúa el agua al llegar a los 374°C es de 274 atmósferas. Se denomina a ambas presión y temperatura críticas.

• Cuando el hielo se derrite, el agua que se forma contiene aún microscópicos cristales en solución; por eso, su viscosidad se reduce a la décima parte, entre 0° y 100°C.Pero los puentes de hidrógeno, o atracción entre las moléculas de agua, siguen actuando a elevadas temperaturas: de aquí que el punto de ebullición (cuando el agua se -transforma en vapor) y la cantidad de calor necesario para evaporar el agua, sean muy elevados.

• El agua pura es mala conductora de la electricidad.

•   El vapor de agua a una densidad de 400 gr. por litro es capaz de disolver mucha sal, propiedad que se aprovecha extensamente en la industria.

• A 1,200°C de temperatura la molécula de agua se disocia casi totalmente en radicales libres (iones H+- y OH—, o sea cationes de hidrógeno y amones oxidrilo).

• Debido a que el hielo ocupa mayor espacio que el agua líquida, una presión enérgica lo licúa, lo que es fácil de demostrar apretando fuertemente el filo de un cuchillo contra un bloque de hielo.

• En condiciones de laboratorio, y a presiones superiores a 2.000 atmósferas, se eliminan los vacíos dentro de los cristales de hielo, y se obtienen cinco clases diferentes de menor volumen, que son reversibles cuando dicha presión se elimina.

• La cohesión o atracción recíproca entre las moléculas de agua es tal que para romper una columna de 1 cm². de sección se requiere una fuerza de 15.000 kg.

• Se dice que el agua moja las paredes de un tubo cuando por razones químicas o eléctricas adhiere a éste y asciende por él; debido a la cohesión entre las moléculas arrastra al conjunto de agua restante y, si el tubo es delgado, se observa un ascenso muy sensible de la columna de agua. El fenómeno se denomina capilaridad, porque se observa mejor en tubos delgados como cabellos.

• Sabemos que las bases en solución emiten iones oxhidrilos y que los ácidos emiten iones de hidrógeno; el agua es, por lo tanto, un solvente excelente de las sustancias que se disuelven en iones, que son los mismos que los que ella libera. Sin embargo, no sólo disuelve sustancias iónicas: el alcohol etílico, por ejemplo, se disuelve también en cualquier proporción.

• El peso molecular del agua es de 18: 16 por el átomo de oxígeno, y 1 por cada uno de los átomos de hidrógeno; existe un agua pesada cuyo peso molecular es igual a 20, porque consta de hidrógeno pesado o deuterio cuyo átomo tiene masa 2.

• El agua pesada es inerte; todos les animales y los vegetales morirían de sed si  tuvieran que vivir de ella.

• Se observan, a veces, cañerías que se congelan a cerca de 20°C o plantas de maíz que sufren heladas arriba de los 4°C; esto se debe a la estructura particular del agua. En, efecto, si se introduce en ella minúsculas cantidades de gas metano, éste rompe las uniones entre las., moléculas, reduce la cohesión y favorece el reordenamiento en cristales de las moléculas de agua.

• El agua oxigenada H202, o peróxido de hidrógeno, es un compuesto inestable que contiene más oxígeno que el agua común y tiende a liberarlo; por eso se lo utiliza en los procedimientos de blanqueo.

• El agua tiene un color azul en espesores superiores a los 2 m.; los otros matices que presenta son debidos a impurezas o reflexión del cielo.

Ver: ¿Que es el poliagua?

Fuente Consultada:
Ciencia Visión AGUA Atlántida
Enciclopedia Hispanica Macropedia Tomo I
¿Sabía Ud. Que? Reader´s Digest
TECNIRAMA Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología

Robert Peary Conquista el Polo Norte Primer Hombre en Llegar al Polo

Robert Peary conquista el Polo Norte
Historia del Primer Hombre en Llegar al Polo Norte

Robert Edwin Peary (Cresson, Pensilvania, 6 de mayo de 1856 – 20 de febrero de 1920) fue un explorador estadounidense que alegó haber sido la primera persona en llegar al Polo Norte, el 6 de abril de 1909, una reivindicación que le supuso grandes honores y prestigio, pero que posteriormente le atrajo muchas críticas y controversias, y hoy es ampliamente puesta en duda. (ver mas abajo la controversia).

Peary llega al polon norte

SÍNTESIS: En setiembre de 1909, el «Peary Arctic Club» recibía un mensaje con la palabra «Sun»‘ (sol). Era el término preestablecido para indicar que el Polo Norte había sido alcanzado. El mensaje había sido enviado por el explorador estadounidense Roberto Peary.

No se tiene la absoluta certeza de que el tenaz expedicionario haya alcanzado exactamente la meta propuesta, pero esto no disminuye el mérito de la hazaña. Hacía muchos años que Peary se preparaba para esta gran empresa.

Había hecho varias tentativas, pero siempre el frío y las enormes dificultades para viajar sobre el casquete polar lo habían obligado a regresar. Sin embargo, Peary nunca se había desanimado, y finalmente su tenacidad logró sobreponerse a los obstáculos naturales.

LA HAZAÑA
La expedición de Peary fue facilitada por la ayuda e los esquimales. Para conquistarse la simpatía de éstos, Peary aprendió a trabajar como ellos, adoptó s métodos de caza y pesca, vivió en sus casas de hielo, y se alimentó y vistió como ellos. Obtenida la amistad y confianza de los esquimales.

Peary reunió unos setenta de ellos, entre hombres, mujeres y niños, y los embarcó junto con 250 perros, trineos y pertrechos, en el buque «Roosevelt». Cuando llegaron al cabo Sheridan, estableció allí el cuartel de invierno, y en enero de 1909 se dirigió con 23 hombres a cabo Columbia, el punto más septentrional de la Tierra de Grant.

El 22 de febrero inició la marcha por la conquista del Polo. El avance sobre el casquete polar se hizo por etapas y por grupos. El primer grupo se detuvo a 85°33′ de latitud, el segundo a 86°33′ y el tercero a 87°47´.

Aún faltaban 250 kilómetros para llegar a la meta. Desde este punto partió el último grupo, mandado directamente por Roberto Peary. Estaba integrado por su criado negro y seis esquimales, con quienes llegó al Polo Norte el 6 de abril de 1909.

La empresa había sido penosa. Los trineos avanzaban día tras día sobre el casquete polar, bajo el gran frío que agotaba las fuerzas de hombres y perros. Cada tanto el avance debía detenerse porque los hielos eran interrumpidos por brazos de mar libre. A principios de marzo la expedición se detuvo por seis días, hasta que el agua se congeló y pudo reanudarse la marcha. Necesitaron todo el mes de marzo y varios días de abril para alcanzar la meta.

Peary había llevado a cabo una hazaña que antes intentaron realizar, sin éxito, numerosos exploradores. Escribió en su diario: «¡El Polo, finalmente! El premio de tres siglos. Mi sueño; mi meta de veinte años. ¡Finalmente mío! Una vez plantada en el hielo la bandera de Estados Unidos, dije a Henson que lanzáramos con los esquimales un triple y estentóreo ¡viva!»

VIDA DE ROBERTO PEARY
Roberto Edwin Peary era oficial de la marina estadounidense. Había nacido en Cresson, Pensilvania, el 6 de mayo de 1856, Y en 1881 fue designado para el cargo de ingeniero naval. En 1886 realizó una primera expedición a Groenlandia, internándose 160 kilómetros en la gran isla y ascendiendo hasta 2.250 metros. En 1891, la Academia de Ciencias de Filadelfia le encargó guiar una nueva expedición hasta la extremidad norte de Groenlandia. En esta expedición, Peary alcanzó en trineo tirado por perros los 82° de latitud.

En 1893 y 1895 organizó dos nuevas expediciones a Groenlandia. En 1897 fundó la «Sociedad Ártica Peary», destinada a alcanzar el Polo. Entre 1898 y 1902 organizó bases en Groenlandia septentrional y en la Tierra de Grant, desde la que realizó expediciones hacia el norte. En 1898, durante la primera expedición, Peary sufrió la congelación de los pies y debió abandonar la tentativa.

Volvió a hacer nuevos intentos en 1900, 1902 y 1905, partiendo ya desde la costa de Groenlandia, ya de la Tierra de Ellesmere (norte de Canadá); pero los hielos al fin lo bloqueaban y obligaban a retroceder. En 1906 dijo haber alcanzado los 87°6′ de latitud, superando las distancias alcanzadas por Nansen en 1896 y el duque de los Abruzos en 1900. Peary tenía 53 años cuando al fin tuvo por cierto haber alcanzado la meta a la cual había dedicado gran parte de su vida, proeza que relató en su libro «El Polo Norte: su descubrimiento en 1909».

De regreso en su patria, Roberto Peary fue recibido con grandes honores, y se le otorgó el grado de almirante.
Ciertamente, eran honores bien merecidos. Premiaban la dedicación de un hombre que había soportado con valor peligros y sufrimientos, para que fuera conocido otro «ángulo» del mundo. Hoy, que el Polo Norte es sobrevolado diariamente por los aviones de varias rutas intercontinentales, merece ser rememorada la hazaña de aquel explorador: ejemplo de tenacidad y de fe. Roberto Peary murió en Washington el 20 de febrero de 1920.

Itinerario del Viaje de Peary

DESCRIPCIÓN DE LA AVENTURA DE PEARY: Casi un mes después de haber iniciado su travesía en el puerto de Nueva York, el vapor Roosevelt seguía rumbo al norte, costeando la parte occidental de Groenlandia.  El comandante, Robert Edwin Peary, entornando los ojos bajo sus pobladas cejas, escudriñaba la costa en busca de señales conocidas.  Frente a él, aquel lo. de agosto de 1908, muy al norte del círculo polar Ártico, avistó el saliente cubierto de nieve del cabo York. (Peary, foto izquierda)

Parecía un lugar desierto, sin vida: sólo acantilados, según Peary, «cercados y custodiados por enormes escuadrones de témpanos flotantes».  No obstante, al pie de los acantilados había un diminuto poblado esquimal.  Al enfilar el Roosevelt a la playa, una partida de cazadores alborozados salió bogando en sus kayaks de piel de foca a recibir el vapor.  «Eres como el sol, pues siempre regresas», dijo uno de ellos a Peary, a manera de saludo.

Era verdad; en los 22 años transcurridos desde su primer viaje a Groenlandia, cuando había resuelto dedicar su vida a la exploración ártica, Peary había vuelto a aquellos parajes helados y desiertos siete veces.  Dos de ellas lo había acompañado su esposa, Josephine, primera mujer que pasó un invierno en el Ártico.  En su segunda expedición, Josephine había dado a luz a su hija, Marie Ahnighito, la «nena de nieve», el primer ser humano blanco nacido en latitudes tan septentrionales.

Al principio, los móviles de Peary habían sido puramente científicos: explorar el interior del casquete helado de Groenlandia y trazar el mapa de las ignotas costas de las islas del remoto norte.  Pero desde su niñez lo habían obsesionado sueños de gloria, y gradualmente sus móviles científicos cedieron ante otro más imperioso: ser el primer hombre que pusiera la planta en el polo Norte.

En su más reciente expedición, hecha entre 1905 y 1906, casi lo había logrado.  Estaba a 174 millas náuticas del polo cuando tuvo que regresar.  Fue lo más cerca que hombre alguno hubiese llegado a aquella meta huidiza.  Pero esto no era un gran consuelo para Peary.  Al comentar posteriormente la expedición, escribió: «Me pareció que la historia de mi vida ya estaba escrita, y que la palabra fracaso se hallaba estampada en ella.»

Pero allí estaba ahora, otra vez en Groenlandia, dispuesto a intentarlo de nuevo.  Se daba cuenta de que sería su última oportunidad de llegar al polo.  A los 52 años de edad ya no era joven, y dos decenios de luchar con los elementos en el Ártico habían hecho estragos en él.  Aunque aún era esbelto y atlético, tenía el rostro curtido y surcado por profundas arrugas.  Empezaba a envanecerle el rojizo cabello.  Sus años en el Ártico se reflejaban incluso en su peculiar modo de andar: en una de las expediciones se le habían congelado los pies, y hubo necesidad de amputarle todos los dedos, menos dos.

Pero su experiencia era mayor que la de cualquier otro explorador del Ártico, y él consideraba la experiencia como el mejor recurso del explorador.  Además, nunca había llegado al remoto norte tan bien preparado para afrontar las dificultades de la exploración polar.  El Roosevelt, que ya tenía en su haber un viaje por el Ártico, se había reacondicionado y era más potente que nunca.  Peary mismo había diseñado el fuerte barco de 56 metros de eslora, no sólo para que soportara la tremenda pre sión de los témpanos flotantes, pues sus muy reforzados costados de madera tenían un espesor de 76.20 cm, sino para abrirse paso diestramente por estrechos corredores, entre las enormes moles de hielo.  Llevaba velas para casos de urgencia, pero la principal fuerza impulsara provenía de sus grandes máquinas de vapor, lo bastante potentes para hacer de la nave un ariete flotante, un rompehielos que pudiera partir la masa congelada.

Su tripulación, la mejor que se hubiese escogido hasta entonces, estaba integrada por varios hombres que ya le habían acompañado en expediciones anteriores, entre ellos, su ayudante, Matthew Henson, explorador de raza negra que le había secundado en casi todas sus proezas en el Ártico en los últimos 18 años.  Además, el conocimiento que tenía Peary de los pobladores de] Ártico le permitiría escoger a los mejores de los que llamaba cariñosamente «mis esquimales», para cuando emprendiera la marcha por el mar congelado hasta el polo.

Después de hacer una breve escala en el cabo Yo para recoger a unas cuantas familias de esquimales perros de tiro, el Roosevelt siguió hacia el norte, e iba deteniéndose aquí y allá para embarcar hombres.  El 18 de agosto el barco iba abarrotado con el equipo completo que habría de pasar el invierno con Peary: 69 seres humanos, de ellos 49 esquimales, y 246 perros.  Peary anotó lacónicamente: «E] Roosevelt, como siempre, iba cargado casi hasta el tope.» Además de la bullente vida humana y de los perros, que no dejaban de ladrar, en las cubiertas estaban amontonadas 300 toneladas de carbón, 70 toneladas de carne de ballena y la carne de unas 50 morsas.  Bajo las cubiertas, entre las provisiones traídas al norte desde la civilización, había 8 toneladas de harina, 5 de azúcar, 15 de pemmican (alimento concentrado y de gran valor energético, hecho de carne seca machacada, mezclada con grasa y condimentos), e incluso media tonelada de tabaco.Los últimos 563 kilómetros de] viaje serían la prueba más ardua para el Roosevelt.  La ruta era por el estrecho canal que pasa entre Groenlandia y la isla Ellesmere.  Y el canal estaba casi bloqueado por altas planchas de hielo de hasta 30 metros de espesor.  A pesar del hielo y del «infame» tiempo, a principios de septiembre el Roosevelt se había abierto paso hasta el cabo Sheridan, a la entrada del canal.  Había establecido una marca, pues era la latitud más septentrional a que había llegado un barco impulsado por su propia máquina.

A medida que cerraba la larga noche ártica, los hombres de Peary empezaron a observar su régimen invernal.  Una necesidad primordial era cazar osos polares y carneros almizcleños para completar las provisiones: Peary era partidario de vivir lo más posible de la tierra en que se estuviera.

Siempre que la luna llena iluminaba el paisaje con débil resplandor, los trineos llevaban provisiones al cabo Columbia, a 144 kilómetros de distancia, en las costas más septentrionales de la isla Ellesmero.  Aquél iba a ser el punto de partida del asalto final de Peary al polo.

Mientras, las mujeres esquimales se ganaban el pan cosiendo ropa para los hombres: camisas de piel de cervato, parkas (especie de abrigos de gamuza forrados de piel de zorro), medias de piel de liebre, pantalones holgados de piel de oso, botas de piel de foca y guantes de diversas pieles.  De mucho abrigo y a prueba de viento, las pieles de animales eran en opinión de Peary la mejor ropa de trabajo para el Ártico, como lo demostraba ampliamente el uso que los esquimales hacían de ellas desde tiempos inmemoriales.

Peary pensaba también que los trineos tirados por perros constituían el único medio eficaz de transporte en el hielo del Ártico.  Sus efectivos iban a ser llevados así a una distancia de más de 660 kilómetros por el mar congelado, desde el cabo Columbia hasta el polo Norte.

Todo estaba dispuesto a fines de febrero.  Si bien el Sol estaba aún bajo el horizonte, el cielo resplandecía 12 horas diarias, con un brillo pálido, lo suficiente para viajar.  Los hombres se reunieron en el pequeño grupo de iglús en cabo Columbia, cargaron sus trineos y se dis pusieron a emprender la marcha rumbo al norte.La «partida nórdica» de Peary constaba de 24 hombres, 19 trineos y 133 perros.  Los dividió en seis grupos, cada uno encabezado por un norteamericano con tres ayudantes esquimales.  El «grupo pionero» llevaría un día de ventaja, e iría abriendo camino.  Seguiría un segundo grupo, el cual dejaría de trecho en trecho parte de las provisiones.  Los otros cuatro grupos formaban el grueso de la expedición y Peary iba en la retaguardia, donde podía vigilarlo todo y al mismo tiempo ahorrar energías para el esfuerzo final hacia el polo.

Los grupos pionero y de provisiones partieron de cabo Columbia el 28 de febrero de 1909, y el 10 de marzo, los grupos restantes salieron sucesivamente a la congelada superficie del océano Ártico.

Aun con el camino despejado por el grupo pionero, cuyos integrantes habían allanado las mayores irregularidades del terreno a golpes de zapapico, la marcha resultó muy penosa.  Desde el principio empezaron a romperse los trineos, que además se volcaban con frecuencia al chocar con hielo erizado de asperezas, oculto bajo la capa de nieve.  Matthew Henson, que iba al frente del grupo principal, describe así las penalidades que sufrió aquel primer día al componer su trineo roto: «Viento y frío.  Deshacer las ataduras; descargar; sacar el berbiquí con sus brocas y hacer nuevos agujeros sin apresurarse, pues, con este frío, hay peligro de que se rompan las barrenas de acero.  Luego, con las manos desnudas, hay que introducir la correa de piel de foca por el agujero.  Los dedos se congelan.  Se interrumpe el trabajo, se meten las manos bajo las axilas, y cuando se experimenta una sensación de quemadura se sabe que la mano se ha descongelado.  Luego se reanuda la tarea.»

Aunque el grupo principal avanzó aquel día sólo 16 kilómetros, Peary se sintió contento.  Algunos trineos esquimales, de 2.75 m de longitud, se habían estropeado mucho, y en cambio los de 3.65 a 4 m cuyos modelos había diseñado él, estaban resistiendo bien.  Su mayor longitud permitía distribuir más uniformemente la carga de 250 kilos de estos trineos, con lo cual bajaba el centro de gravedad.  De esta manera, los trineos más largos corrían menos peligro de volcarse en el hielo áspero.

Para pasar la noche, lo primero que hicieron fue construir iglú de bloques de nieve, tarea que hacían cuatro hombres en una hora. (En esto, también recurrió Peary a métodos esquimales.  Llevar tiendas habría significado un suplemento de peso en los trineos, y los iglú resguardaban infinitamente más de] frío y del viento.) Luego alimentaron a los perros, cenaron sus raciones de pemmican, galletas y té, y con la ropa puesta se acurrucaron a dormir en pieles esparcidas en el suelo de los iglú.

El recorrido del segundo día resultó tan difícil como el del primero.  Como Peary solía decir, el océano glacial Ártico «no es una gigantesca pista de patinar de suelo liso, por donde los perros nos arrastran alegremente».  Su helada superficie está en lento pero constante movimiento, empujada por corrientes, impulsada por el viento,

estirada y comprimida por las mareas.  En los lugares donde las planchas de hielo chocan entre sí y se amontonan una sobre otra, la superficie se surca de grietas y de promontorios de presión, hileras de montones de hielo erizado de asperezas que se alzan a veces hasta a 15 metros de altura.  Para franquear estas barreras los hombres tenían que abrir paso y luego empujar y tirar para ayudar a los perros a pasar con los trineos por «lomas y cuestas, tan difíciles de cruzar que el esfuerzo parecía arrancarle a uno los músculos de los hombros».

Lo peor de todo eran los pasadizos de agua libre, largos y peligrosos estrechos producidos por los vientos y las mareas, que habían roto y separado el hielo.  Podían formarse en cualquier momento, en cualquier lugar, v sin que hubiese ninguna señal previa, incluso en el suelo de un iglú mientras se dormía.  A veces era posible vadear un estrecho angosto utilizando como puentes los largos trineos de Peary; en otras ocasiones se cortaban con hacha planchas de hielo y se empleaban como balsas.  Pero en los estrechos muy anchos lo único que podía hacerse era esperar a que los vientos y las marcas juntaran los, dos bordes, o a que el agua se helara lo bastante para soportar el peso de los trineos.  Peary llamaba a estos pasadizos de agua libre «la persistente pesadilla de los viajeros de] Ártico».  Tenía siempre presente que podían separar unos de otros a los expedicionarios causando largas demoras, o, peor aún, extraviar a un grupo en su regreso a tierra.

Peary tenía sobrados motivos para preocuparse; casi al terminar el segundo día de su marcha, advirtió al frente «una nube oscura y siniestra».  Tales nubes eran signos seguros de pasadizos de agua, pues la superficie de ésta, al evaporarse, se condensa en el aire helado.

Peary dio orden de acampar y, con una sensación de gran alivio, despertó a la mañana siguiente al oír el rugido de los dos lados de la brecha que encajaban el uno en el otro.  Toda la partida desayunó apresuradamente y se precipitó al otro lado, utilizando témpanos como balsas o saltando de uno a otro cuando eran pequeños.

Al continuar la marcha hacia el norte, aquel día, los hombres se alegraron mucho al ver «una llamarada amarilla» que iluminaba el cielo por el sur.  El Sol empezaba a asomarse por encima de] horizonte.  A los pocos días volvería a ser visible, y la larga noche ártica terminaría.

Poco duró la alegría.  Aunque al día siguiente les favoreció encontrar hielo relativamente liso -Henson lo consideró «el mejor hielo marino que he encontrado para viajar»-, Peary veía preocupado una ancha banda de nubes que se extendía por el horizonte.  Poco después, cuando estaban a unos 70 kilómetros al norte de cabo Columbia, les salió al encuentro un pasadizo de agua de 400 metros de anchura que se extendía indefinidamente de este a oeste.  Y allí, en el hielo, esperándolos, estaba Bob Barlett, capitán del Roosevelt, junto con el resto del grupo pionero, que no había podido continuar.

Si bien las brechas o pasadizos de agua eran cosa común en el Ártico, Peary llamó a aquella tremenda zanja en el hielo «la gran brecha».  Había encontrado una semejante a aquélla tres años antes, y era el obstáculo que más temía.  Peary comenta disgustado: «Un espectáculo conocido pero fastidioso. . . La gran extensión de hielo blanco estaba cortada por un río de agua negra como la tinta, que despedía densas nubes de vapor reunidas en un tenebroso dosel.»

Día tras día, la partida esperaba que la brecha se cerrara o se congelara.  El Sol se alzaba brevemente en el horizonte cada día, pero no lograba levantar los ánimos.  Peary se lamenta: «Estamos reducidos a una intolerable inactividad, y la ancha franja de agua negra sigue ante nosotros.» Fastidiado y frustrado, iba y venía al borde del agua, cavilando en el incierto futuro.

Otro factor de preocupación para el jefe de la expedición era que escaseaba el combustible para las cocinas de la partida; muchas latas se habían agujereado al volcarse los trineos, y su contenido había mermado peligrosamente.  Peary había enviado a una partida y luego a otra a cabo Columbia en busca de más combustible, y para entonces ya deberían haber regresado.  Pero no había ninguna señal de aquellos hombres, y, desesperado, empezó a calcular hasta dónde podría avanzar si se viera obligado a quemar los trineos para utilizarlos como leña.

Lo que ignoraba era que ambas partidas, cargadas con gran cantidad de combustible, habían tenido que detenerse ante otra brecha, a varios kilómetros de allí.

Y había otros problemas; Matt Henson comenta: «La gran brecha, al parecer, tampoco es del gusto de los esquimales.» Se reunían en grupos y, preocupados, murmuraban entre sí o se quejaban de enfermedades imaginarias.  Exasperado, Peary optó por hacer que regresaran a la base dos de los peores hombres de la expedición, con órdenes de abandonarla inmediatamente.

Por último, tras perder siete días de un tiempo excepcionalmente bueno, la gran brecha se heló.  Con combustible o sin él, Peary ya no podía perder más tiempo.  La mañana del 11 de marzo, a hora temprana, ordenó a la expedición cruzar la delgada capa de hielo recién formado, esperando que soportara el peso y que los grupos de aprovisionamiento los alcanzaran pronto, cosa que, en efecto, sucedió tres días después.

Entonces Peary condujo a sus hombres rumbo al norte tan rápidamente como le fue posible.  Siguieron avanzando entre hielo áspero y promontorios de presión, cruzaron brechas sobre hielo recién formado, tan delgado que se combaba bajo el peso de los trineos.  En una ocasión, al intentar cruzar una brecha, un equipo completo de perros cayó al agua y casi hundió el trinco; en otra, se formó una brecha en medio de un campamento, con lo cual la mitad de la partida quedó brevemente separada en un témpano flotante.  No obstante, la expedición logró avanzar a razón de 16, 24 y 32 kilómetros por día.

Fue entonces cuando Peary empezó a hacer regresar a los grupos de apoyo a cabo Columbia, con lo que se inició el proceso de eliminación de los hombres y de los perros más débiles hasta que le quedaron los que el jefe de la expedición juzgaba más aptos para el asalto final al polo.  Explicaría posteriormente: «Mi teoría era hacer trabajar a los grupos de apoyo hasta el límite, para conservar fresco al grupo principal.» Además, los grupos que iban regresando conservaban abierto el camino, de manera que la partida que llegara al polo pudiese volver a tierra lo más pronto posible.

Así pues, la primera partida de apoyo regresó el 14 de marzo.  Otra emprendió el camino hacia el sur el 15; la tercera, el 20, y la cuarta el 26.  El 28 del mismo mes, el grupo principal, del que aún formaban parte Henson, Bartlett y sus esquimales, sobrepasó la marca de máximo norte que Peary había establecido en 1906, y luego, el 1.1 de abril, Bartiett también se volvió con sus trineos hacia el sur y empezó su regreso a tierra.

El 1.0 de abril, en la latitud 87’47’ N, la partida polar se preparó a dar el asalto final.  Pea.ry, Matt Henson y los esquimales Ootah, Egingwah, Seegloo y Ooqueah se colocaron frente a sus trineos en la entonces luz continua del día ártico, dispuestos a recorrer los últimos 214 kilómetros de hielo y agua y a «abrir la puerta que guardaba el misterio del Ártico».  Con cinco trineos y 40 perros se prepararon a salir, con Peary al frente por primera vez.

Tenían que recorrer 40 kilómetros al día en los siguieiiles cinco días.  Con esfuerzos sobre humanos, la selecta partida de hombres y perros logró hacer un promedio de Cerca de 42 kilómetros diarios.  Aunque la luna llena y las consecuentes mareas altas planteaban la constante amenaza de que se abrieran brechas impracticables, encontraron largas extensiones de hielo llano.  Los perros parecían haberse contagiado del buen ánimo de la partida. Algunos, incluso, daban tirones con la cabeza y ladraban alegremente al avanzar».

Pero el viaje polar no resulta fácil nunca.  Heilson únicamente recordaría «las penalidades, la fatiga, el es fuerzo al máximo» de aquellos últimos días, cuando a él y a sus esquimales se les permitía sólo unas cuantas horas de sueño cada vez, y Peary parecía no dormir nunca.  En una ocasión, Heilson casi perece ahogado en una frígida brecha, y el mismo Peary tuvo que soportar muchos chapuzones en las heladas aguas del Ártico.

A las diez de la mañana del 6 de abril de 1909, Peary ordenó a la columna que se detuviera.  Luego, a medio día en punto, tomó la altura del Sol.  Anunció que estaban a 89’57’ de latitud norte.  Por tanto, se hallaban exactamente a 4.82 kilómetros de la cima del mundo.

Peary anotó emocionado: «¡Por fin, el polo!  El premio de tres siglos de esfuerzos.  Mi objetivo, mi meta de los últimos veinte años, ¡míos, al fin.

De hecho, Peary estaba tan agotado que, como confesaría posteriormente, «con el polo realmente a la vista, me sentía exhausto para dar los -últimos pasos; la tensión de todos aquellos días y noches de marchas forzadas, el sueiío insuficiente, el constante peligro y la ansiedad. todo parecía pesar sobre mí en aquel momento.  En realidad me sentía demasiado cansado para dari-ne cuenta de que había logrado el propósito de toda mi vida».

Henson recordó después: «El comandante dio la orden: ‘Clavaremos la bandera de las barras y las estrellas … ¡en el polo Norte!’,y así lo hicimos. . . ¡Otra proeza mundial que se lograba cumplir!»

La bandera era la que la esposa de Peary había hecho para su marido unos años antes.  El explorador la había llevado enrollada a su propio cuerpo en todas sus expediciones al Ártico, e iba dejando pedazos de ella en cada uno de los sucesivos «puntos más al norte» a los que llegaba.  Antes de regresar cortaba una banda diagonal de la bandera y la dejaba en un botella con notas en que hacía la reclamación del polo Norte en nombre de los Estados Unidos de América.

Para confirmar su posición y estar seguro de pasar cerca del polo mismo, pues no existe ninguna señal para marcar ese punto teórico, Peary avanzó rumbo al norte 16 kilómetros, y sus observaciones le indicaron que estaba más allá del polo, y que se dirigía de nuevo al sur.  Reflexionó que era extraño en aquel corto lapso «haber pasado del hemisferio occidental al oriental».  Marchando en línea recta, se había dirigido hacia el norte, y de pronto había pasado por un punto desde el que ya se dirigía hacia el sur, sin haberse desviado de la línea recta.

En las horas que permanecieron los exploradores en el polo Norte, Peary tomó seis series de observaciones del Sol para confirmar su posición. (Peary ya había enviado de regreso al capitán Bartiett, el único, fuera de él, con los conocimientos necesarios ara hacer lecturas independientes de las suyas que corroboraran la posición exacta.) Luego, los exploradores engancharon sus perros y emprendieron el camino de regreso.  «Aunque profundamente consciente de lo que dejaba tras de mí», escribe Peary, «no quise detenerme a despedirme de la meta de mi vida … Una última mirada, y volví el rostro hacia el sur y hacia mi futuro.» construido a lo largo de la ruta, el viaje de regreso fue mucho más rápido que la marcha hacia el norte.  Los exhaustos exploradores salieron del polo el 7 de abril y llegaron a cabo Columbia el 23 del mismo mes.  Unos cuantos días después estaban de nuevo en el Roosevelt.  A mediados de julio, el barco se había abierto paso por los hielos y se dirigía a todo vapor al punto de partida.  El 5 de septiembre de 1909, llegó por fin el Roosevelí a un puesto avanzado de la civilización, y Peary, emocionadísimo, envió el mundo su electrizante noticia: «Las barras y las estrellas ondean en el polo Norte.»

Controversia con el Dr. CookAmpliar Este Tema

El Doctor Cook y su enconada controversia con Peary, sobre quien llegó primero al Polo Norte.
Tras de llegar al polo Norte el 6 de abril de 1909, Robert Peary partió a toda carrera hacia el sur, hasta la más cercana estación de telégrafos, situada a 2400 kilómetros de allí, en el Labrador, para dar la noticia de que había clavado la bandera cae las barras y las estrellas en la cima del mundo. No sabía que un tal Frederick Cook había proclamado ser el primero en llegar al polo Norte un año antes, el 21 de abril de 1908, y había anunciado su conquista sólo cinco días antes que Peary. Con dos esquimales, tinos cuantos perros samoyedos, en canoa y un trinco, Cook declaró que había tardado un año en llegar a la oficina de telégrafos.

La noticia de Peary llegó más rápidamente a la oficina telegráfica del Labrador porque había organizado a 24 hombres en relevos por el casquete polar y su barco, el Roosevelt, lo esperaba frente n, la costa de la isla Ellesmere. Al, enterarse Peary de la reivindicación de Cook, trató enconadamente de invalidarla. Con ello se suscitó una polémica mundial -que recuerda una tarjeta postal de la época, y que hasta la fecha no se ha dirimido. La información no es concluyente: nadie sabe a ciencia cierta cuál de los dos, si es que alguno, llegó efectivamente al polo Norte primero. Un examinador escéptico de los documentos de ambos exploradores declaró: «Si es verdad, como pretende Peary, que Cook nos ha dado un falso lingote, Peary, por su parte, nos ha dado un diamante de vidrio.»

Frederick Cook, médico de Brooklyn con escasa clientela, fue por primera vez al Ártico acompañando a Peary en 1891, en calidad de médico de a bordo. Luego, en el otoño de 1907, un acaudalado deportista llamado John Bradley pidió a Cook que fuera su guía en una cacería por el Ártico. Cook accedió y, dejando a Bradley frente a la isla de Devon, según relató, emprendió el rápido recorrido de 3200 kilómetros hasta el polo Norte. Posteriormente describió con lujo de detalles la proeza en su libro Como llegué al polo Norte: «Todos nos sentimos en el paraíso de los triunfadores al poner la planta en las nieves de tina meta por la que gustosamente habíamos arriesgado la vida tras sufrir las torturas de un infierno de hielo. El hielo que pisábamos, meta que se habían propuesto desde hacía siglos hombres valientes y heroicos, muchos de los cuales habían sufrido terriblemente y hasta habían encontrado una muerte tremenda, nos parecía casi sagrado. Observé constante y cuidadosamente mis instrumentos hasta registrar este logro final. Cada día registraban que nos acercábamos más a nuestro objetivo.

A cada paso mi corazón latía aceleradamente, con un extraño entusiasmo de conquista,»Por fin pisarnos campos de hielo de luz rutilante, escalamos muros de púrpura y oro y, bajo cielos de azul nítido, con llarneantes nubes de gloria, ¡alcanzarnos nuestro objetivo!»

Peary tenía sus partidarios, pero también Cook, entre ellos algunos con los que Peary se había enemistado en sus expediciones previas. El diario Herald de Nueva York fue el más ferviente aliado de Cook: publicó su relato por 25 000 dólares. El Times estaba en favor de Peary. Mientras que Cook era pobre y siempre necesitaba dinero, Peary era ampliamente conocido y contaba con btienas infltiencias. Uno de los defensores de Cook comentó: «Cool, era un mentiroso y un caballero; Peary, ninguna de las dos cosas.» Aunque Peaty no logró refutar del todo a Cook, éste causó algún daño a la pretensión de Peary.

Cook insistió en que Peary jamás había llegado al polo Norte sino que, creyendo que lo había logrado, había regresado cuando se hallaba a 160 kilómetros de él. La controversia resultó imposible de dirimir, porque ninguno de los dos llevó consigo a un compañero que supiera usar el sextante y confirmara sus lecturas astronómicas.

CRONOLOGÍA DE LAS CONQUISTA DE LOS POLOS

1586 — Primera vez que se usa la palabra pingüino para referirse a un ave del sur, en la tercera navegación del globo, capitaneada por Thomas Cavendish a bordo del Desire. (después de Magallanes y Francis Drake).

1700 — Primer dibujo de un iceberg en el diario del astrónomo inglés Edmond Halley, que viajó como capitán a bordo del Paramore durante dos años. A la vuelta de su viaje, Halley publicó General chart of the variations of the compass, la primera carta de declinaciones y la primera en contener isogramas, líneas que representan valores iguales en un mapa.

1773 — James Cook es el primero en cruzar el Círculo Polar Ártico en su segundo viaje a bordo del Resolution.

1820 — Primeros avistamientos del continente antártico.

1821 — John Davis, marinero del Cecilia, es el primero en poner pie en tierra en la bahía de Hughes, en la Antártida, el 7 de febrero.

1829 — William H.B. Webster es el primer científico en hacer observaciones en la Antártida, el 9 de enero en la isla Decepción, para medir el magnetismo.

1839 — Sydney es el nombre del primer perro conocido en pisar la Antártida, acompañando a la expedición estadounidense de Charles Wilkes. Los primeros perros utilizados para arrastrar trineos en este lugar habrán de esperar a 1900.

1841 — Sir James Clark Ross es el primero en entrar en la bahía de Ross con los barcos Erebus y Terror.

1874 — Primeras fotografías tomadas de los icebergs antárticos por la expedición Challenger, financiada por la Royal Society. • El primer barco de vapor alcanza la costa antártica, un ballenero alemán comandado por Eduard Dallmann.

1902 — Eva es el nombre del primer globo en ascender en la Antártida, perteneciente a la expedición de Robert F. Scott.

1903 — Albert B. Armltage, de la expedición de Scott, es el primer hombre en caminar por la meseta polar. Esta expedición tendrá el honor de asumir numerosos primeros en la Antártida, por ejemplo, la primera cosecha (de mostaza y berros), la primera operación quirúrgica, los primeros fósiles y las primeras películas.

1911 — Roald Amundsen se convierte en el primer hombre en alcanzar el Polo Sur. De nuevo una expedición comandada por Scott lleva al primer fotógrafo y al primer soldado profesionales e Instala la primera línea telefónica entre el cabo Evans y Hut Point. Esta vez serán los segundos en llegar al Polo geográfico y los primeros en sufrir una desastrosa retirada.

1911-1914 — La expedición australiana de Dougl Mawson será la primera en usar radio y un avión que se estrelló antes de despegar y la primera en encontrar un meteorito en la Antártida.

1928-1929 — En 1928,1, expedición de Hubert Wilkins sobrevuela por primera vez el continente, y en 1929, el Floyd Bennett, de la expedición de Richard E. Byrd, sobrevuela por primera vez el Polo Sur.

1933-1935 – El estadounidense Richard E. Byrd, decidido a batir récords en muchas facetas de la Antártida consigue ser el primero en hacer observaciones sísmicas, en introducir una vaca lechera, en emitir un programa de radio y en hacer observaciones de rayos cósmicos. Claro que en aquellos momentos se podía ser el primero en cualquier cosa que se hiciera en la Antártida,

1935 — La noruega Carolina Mikkelsen, esposa de un capitán ballenero de su país, es la primera mujer en poner pie en el continente antártico.

1947 — Primera expedición en incluir mujeres, la Ronne Antarctic Research.

1957 — Primer vuelo comercial a la Antártida. Ruth Kelley y Patt Heppinstall son las primeras azafatas en visitar una base americana en este continente.

1965 — El 10 de diciembre llega al Polo Sur la primera expedición argentina, comandada por el coronel Edgar Leal, después de 66 días luchando para recorrer los 3.000 Km. de distancia a pie.

1993 — Llega al Polo Sur la primera expedición femenina, la American Women’s Antarctic Expedition, después de recorrer 1.100 kilómetros en 67 días con esquís. • La primera expedición formada sólo por mujeres tendrá lugar en el año 2000. Ann Daniels, Caroline Hamilton, Jan McCormac, Pom Oliver, Rosie Stancer y Zoé Hudson ya habían conquistado el Polo Norte en 1997.

 

Las Amazonas Mujeres Con Seno Cortado Mujeres Guerreras Mitologia

MUJERES AMAZONAS MUJERES CON UN SENO MUTILADO

Las Amazonas eran un pueblo de solo mujeres descendientes de Ares, dios de la guerra y de la ninfa Harmonía. Se ubicaban a veces al norte, otras en las llanuras del Cáucaso, y otras en las llanuras de la orilla izquierda del Danubio. En su gobierno no interviene ningún hombre, y como jefe tienen una reina. La presencia de los hombres era permitida siempre que desempeñaran trabajos de servidumbre. Para perpetuar la raza se unían con extranjeros, pero sólo conservaban a las niñas.

MUJERES AMAZONAS MUJERES CON UN SENO MUTILADOEn la mitología griega, una nación de mujeres guerreras con quienes los griegos combatieron a menudo. La historia de las Amazonas probablemente se originó en una variante reiterada en muchas culturas respecto de una tierra tan remota que superaba los conocimientos geográficos griegos. Los cuentos comenzaron a acumularse.

Según quien fuere el relator, vivían al sur de Rusia, cerca del Mar Negro, en África o por muchas otras partes. La palabra estaría formada por el prefijo negativo am, falta de y mastos, senos.

La historia cuenta que a las niñas se les amputaba un seno o se las ataba con cueros muy tensos para impedir el desarrollo de uno de los senos, facilitando así el uso del arco y la flecha. Muchos estudiosos niegan esta idea.

La leyenda de las Amazonas mezcla mitología, tradición e historias muy antiguas. Según los investigadores, estas tribus capturaban hombres para forzarlos a convivir con ellas hasta que quedaban embarazadas. Luego los mataban o expulsaban de sus tierras. Los hijos varones eran muertos o devueltos a sus padres y las mujeres, conservadas para mantener la cohesión del conjunto.

Varios héroes griegos debieron enfrentarse a las Amazonas: Belerofonte, que primero debió matar a la Quimera, un monstruo mitad león mitad dragón con cabeza de cabra que echaba fuego, que en sus ratos de ocios se atragantaba con rebaños enteros de ovejas. Belerofonte montó al maravilloso caballo Pegaso, alado y volador, y enfrentó a la bestia. La mató rápidamente. Famoso por su hazaña se le encargó enfrentar a las Amazonas y nuevamente el héroe hizo estragos.

Estas prodigiosas aventuras despertaron celos entre sus vecinos y se organizaron para matarlo. Pero, otra vez, Belerofonte los pulverizó. Poderoso e invencible (suponía él), montó a Pegaso, batió sus alas y se elevó a la búsqueda del cielo de Zeus. Allí terminaron sus hazañas.

Otro episodio. La novena tarea de Hércules fue quitarle el cinturón a Hipólita, reina de las Amazonas. Tuvo éxito, pero Hipólita murió al enfrentarlo. Teseo, que lo acompañaba, se apoderó de Antíope, la hermana de Hipólita, y la raptó. Sobrevino la furia de las Amazonas que atacaron Atenas aunque perdieron en el intento.

Como aliadas de los troyanos, tomaron parte en la defensa de Troya, donde su reina, Pentesilea, fue muerta por Aquiles luego de que la aguerrida muchacha matara a varios guerreros griegos.

Las Amazonas adoraban a Artemisa (Diana para los romanos), diosa de la caza, hija de Zeus, hermana de Apolo. Se la asociaba con la castidad, la vida salvaje, la independencia de criterio y la guerra.

En 1540, los españoles comandados por Francisco de Orellana (1490-1546), encontraron en las selvas al norte de Brasil, tribus de mujeres guerreras que combatían con fiereza al lado de los hombres. Los conquistadores dieron su nombre al río Amazonas. El infortunado Orellana habría de morir cuando su barco zozobró y él se ahogó abrazado en las aguas de dicho río.

En un mapamundi del siglo XIII, las Amazonas aparecen como guerreras famosas en cuya provincia hay dos castillos y tierras pobladas de extraños animales. En sus bosques abundan los pájaros fosforescentes cuyas alas alumbran la noche.

El cronista de Magallanes, Antonio Pigafetta, que acompañé a su jefe en la extraordinaria hazaña de circunnavegar el globo terráqueo, sostiene que las Amazonas habitaban la isla de Ocoloro, al sur de Java y sólo eran fecundadas por el viento.

El maestro colombiano Germán Arciniegas (1900-1999), transcribe un texto del navegante español Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1490-1557):”Hacia el noroeste habitan y tienen muy grandes pueblos, unas mujeres que tienen mucho metal blanco y amarillo. Los asientos y servicios de sus casas son todos de esos metales. Su reina es una mujer. Muy cerca, se encuentra una nación de pigmeos.

El relato parece ubicarlas en alguna parte del Paraguay. Lo cierto es que las Amazonas formaron parte de los tiempos, de las magias y las fantasías.
En el idioma castellano, la palabra amazona define a una mujer alta y fuerte. También la que monta a caballo y un papagayo de América.

El río Amazonas, el segundo más largo del mundo (6300 kilómetros), cruza el norte de América del Sur y desemboca en el océano Atlántico. Se origina en la confluencia de los ríos Ucayili y Marañón al norte de Perú. Es considerado el río más caudaloso de la Tierra.

En su curso no aparecen cascadas ni obstrucciones, lo que facilita su navegabilidad. Entre sus puertos más importantes están Iquitos, en Perú; Belem y Manaos, en Brasil. Amazonas es el área tropical más grande del mundo con una superficie de siete millones de kilómetros cuadrados,. reserva ecológica fundamental del planeta Tierra. Se extiende desde el grado 2 latitud norte al 16 latitud sur y desde el océano Atlántico hasta los Andes.

Relata Carlos Fisas en su libro «Historias de la Historia»

El descubridor del Amazonas fue el capitán Francisco de Orellana, aunque en febrero de 1500 Vicente Yáñez Pinzón hablaba ya de un «Río Grande» que llamó Santa María de la Mar Dulce y que después fue llamado Marañón. Al menos en 1513 Juan de Lepe lo llamó así en el pleito de Colón. Se ha dicho que el nombre proviene del capitán, llamado Marañón, que descubrió su nacimiento en el Perú; sin embargo, esta opinión parece infundada, puesto que en 1513 aún no se había conquistado el Perú. Otros dicen que le llamaron río de Marañas «y por significarlas grandes pasó a llamarse Marañón». Vayan ustedes a saber, porque en esto de las etimologías los eruditos no se han puesto de acuerdo. También se habla de un posible origen indígena.

Pero, a todo esto, ¿dónde quedan las amazonas? El padre Carvajal se refiere a un encuentro que tuvieron los conquistadores con los indios, en cuyo transcurso resultó herido. «Quiero que sepan —escribe— cuál fue la causa por que estos indios se defendían de tal manera. Han de saber que ellos son sujetos tributarios a las amazonas, y sabida nuestra venida vanles a pedir socorro y vinieron hasta diez o doce, que éstas vimos nosotros que andaban peleando delante de todos los indios capitanes, y peleaban ellas tan animosamente que los indios no osaban volver las espaldas, y al que las volvía delante de nosotros le mataban a palos, y ésta es la causa por donde los indios se defendían tanto.»

Así pues, el hecho de encontrarse con tribus en las que las mujeres combatían por lo menos tan heroicamente como los hombres hizo que los conquistadores, recordando el mito griego, las llamasen amazonas, y con este nombre fuese conocido el mayor río del mundo.

Fuente Consultada:
Abuelo es Verdad? de Luis Melnik – Sitio Web: www.Solonosotras.com y Sitio Web Oficial del Gobierno de Venezuela.

Capital del Imperio Azteca Tenochtitlan Descripción de Hernan Cortes

Capital del Imperio Azteca Tenochtitlan
Descripción de Hernan Cortes

Hernán Cortés fue un noble español de clase modesta que vino al Nuevo Mundo en 1504 a buscar fortuna. Desobediente a las órdenes de sus superiores, Cortés emprendió una campaña independiente de conquista, y venció al Imperio Azteca (1519-1521); escribió una serie de cinco «Cartas de relación» al emperador Carlos V para justificar su acción.

El segundo informe contiene una descripción de Tenochtitlan, la capital del Imperio. Al conquistador español y a sus hombres les impresionó esta ciudad, imponente en su arquitectura, pese a haber sido construida por un pueblo carente de la tecnología europea, que no contaba con vehículos de ruedas ni con instrumentos de metal duro.

Descripción que Cortés hizo de Tenochtitlán:

Hernán Cortes«La gran ciudad de Tenochtitlan está construida en medio de este lago salado, y hay dos leguas del corazón de la ciudad a cualquier punto de tierra firme. Cuatro calzadas conducen a ella, todas hechas a mano y algunas de doce pies de ancho. La ciudad misma es tan grande como Sevilla o Córdoba; las calles principales son muy anchas v recta; están apisonada; pero unas cuantas, y por lo menos la mitad de las vías públicas más pequeñas, son canales por los cuales van en sus canoas.

Más aún, incluso las calles principales tienen aberturas a distancias regulares para que el agua pueda pasar libremente de una a otra, y sobre estas aberturas que son muy anchas cruzan grandes puentes de enormes vigas, muy firmemente puestos, tan firmes que sobre muchos de ellos pueden pasar diez hombres a caballo a la vez.

Viendo que si los nativos intentaban cualquier treta contra nosotros tenían todas las oportunidades para ello por la forma en que está construida la ciudad, porque quitando los puentes de las entradas y salidas podrían dejarnos morir de hambre sin posibilidad de llegar a tierra firme, inmediatamente me puse a trabajar en cuanto entré en la ciudad en la construcción de cuatro bergantines, y en breve tiempo los tuvimos terminados, de modo que podía embarcar trescientos hombres y los caballos para pasar a tierra firme cuando lo deseara.

La ciudad tiene muchas plazas abiertas en las que se reúnen continuamente los mercados y se hace el negocio general de comprar y vender productos. Una plaza en particular es el doble de tamaño de la de Salamanca, y está completamente rodeada de arcadas, donde diariamente hay más de sesenta mil personas comprando y vendiendo. Toda clase de mercancías como puedan encontrarse en la Tierra están en venta aquí, sean de alimentos y vituallas, o de adornos de oro y plata, o plomo, latón, cobre, hojalata, piedras preciosas, huesos, conchas, caracoles y plumas; la piedra caliza para construir se vende igualmente allí, piedra tosca y pulida, ladrillo cocido y sin cocer, madera de todas clases en toda etapa de preparación…

Hay una calle de vendedores de hierbas, donde hay toda suerte de raíces y plantas medicinales que se encuentran en la Tierra. Hay casas como boticas, donde venden medicinas hechas de estas hierbas, para beber y para usar como ungüentos y bálsamos. Hay barberías donde puede hacerse cortar y lavar el cabello. Hay otras tiendas donde se pueden adquirir alimentos y bebidas…

Por último, para evitar prolijidad en decir todas las… maravillas de esta ciudad, diré simplemente que la manera de vivir entre la gente es muy semejante a la de España, y considerando que ésta es una nación bárbara, apartada del conocimiento del verdadero Dios o de la comunicación con las naciones iluminadas, uno bien puede maravillarse del orden y buen gobierno que donde quiera se mantiene.

El servicio de Moctezuma y esas cosas que despiertan admiración por su grandeza y estado tomaría tanto describirlas que le aseguro, majestad, que no sé donde empezar con esperanza alguna de terminar. Pues, como ya he dicho, qué podría ser más asombroso que el que un monarca bárbaro como él tenga reproducciones hechas de oro, plata, piedras preciosas y plumas de todas clases de todas las cosas que haya en su tierra, y tan perfectamente reproducidas que no hay platero u artesano del oro en el mundo que pudiera mejorarlas, ni se puede entender qué instrumentó podrían haber usado para dar forma a las joyas; y del trabajo de las plumas, su igual no ha de verse, ya sea en cera o en bordado; tan maravillosamente delicado es.»

Fuente Consultada: Civilizaciones de Occidente Tomo «B» Jackson Spielvogel

La Vuelta Al Mundo A Pie Mujer Recorre el Mundo Caminando

La Vuelta Al Mundo A Pie: Mujer Recorre el Mundo Caminando

¿Qué se necesita para dar la vuelta al mundo a pie?  Valor y resistencia física, sin duda, pero también una actitud mental que te mantenga en marcha a pesar de las dificultades. Cuando la escocesa Fona Campbell recorrió a pie 31.521 kilómetros, atravesando cuatro continentes, terriblemente a causa de ampollas infectadas que hicieron en los pies. El dolor de una sola ampolla haría detener a mucha gente; sin embargo, Bell aprendió caminando, superar la barrera del dolor, y recorrió miles de kilómetros hasta convertirse en la primera mujer que daba la vuelta al mundo a pie.  Lo peor no fueron las ampollas, declaró después, sino las noches en África, cuando su voluntad se debilitaba.

Campbell, recorrer el mundo a pie

Para conseguir un lugar en el Libro Guiiiness de los Récords por haber dado la vuelta al mundo a pie, hay que atravesar como mínimo cuatro continentes y empezar y acabar en el mismo lugar, aunque la marcha no tiene que ser continua.  Con una tenacidad rayana en la obsesión, Campbell realizó una excursión que duró once años en la que recorrió veinte países de Norteamérica, Australia, África y Europa.

La primera mujer

Dos estadounidenses habían conseguido dar la vuelta al mundo a pie antes que ella.  David Kunst, que recorrió 23.250 km por cuatro continentes entre junio de 1970 y octubre de 1974, fue el primero al que se le verificó la marca.  Steven New man, que fue aún más rápido, tardó sólo cuatro años en recorrer 24.959 km, atravesando cinco continentes entre abril de 1983 y abril de 1987. El primero en conseguirlo, aun que la marca no esté verificada, fue George Schilling, también estadounidense, que inició la marcha en 1897 y la terminó en 1904.  Arthur Blessitt de Florida asegura haber recorrido la distancia más larga: 50.559 kilómetros por siete continentes, desde diciembre de 1969.

La primera meta de Campbell fue recorrer Gran Bretaña.  Cuando salió de John O’Groats, en Escocia, el 16 de agosto de 1983, tenía dieciséis años y no era plenamente consciente de la empresa que estaba emprendiendo.  La distancia más larga que había recorrido hasta entonces eran 40 kilómetros, cuando era niña.  Se entrenaba caminando por el Hyde Park de  Londres con una mochila llena de listines telefónicos.

El periódico Eveniiig Staizdard oyó hablar de su proyecto y se ofreció a pagarle el alojamiento hasta llegar a Lands End, en el extremo sur de Inglaterra, y a cubrir sus gastos de mantenimiento diarios.  Campbell recorrió unos 40 kilómetros diarios, seis días por semana, y terminó el recorrido en 50 días.  Su esfuerzo se vio recompensado pues consiguió reunir 25.000 libras para un escáner.

La etapa americana

Dos años más tarde Campbell deci­dió recorrer Estados Unidos desde Nueva York hasta Los Ángeles.  El esfuerzo físico que supone caminar tantos kilómetros es la parte visible de una expedición así, pero la programación y la administración implican una gran cantidad de trabajo. Campbell tardaría unos seis meses en recorrer 5.600 kilómetros por el continente americano, y necesitaba un patrocinador que pagara sus gastos.  A cambio, el patrocinador exigía la atención de los medios de comunicación a lo largo de la ruta.

Campbell también necesitaba un equipo de apoyo compuesto por dos personas: una para conducir un vehículo de apoyo en el que tendría que vivir a lo largo del recorrido, y otra para contactar con los medios de comunicación locales.  Además del patrocinador y el equipo, tenía que conseguir una caravana, comida, ropa, material, dinero para gasolina y una institución benéfica a la que vincularse.

Se puso en contacto con la organización Live Aid y les informó de que quería reunir dinero para ellos recorriendo Estados Unidos a pie.  El entusiasmo de Live Aid fue tan grande que Campbell anunció su intención de dar la vuelta al mundo. Encontró un equipo de apoyo de dos hombres y juntos volaron a Estados Unidos.  Tenían 500 libras entre los tres, no tenían patrocinador, y Campbell sólo tenía dieciocho años.

En los Estados Unidos se pusieron a hacer llamadas y consiguieron el patrocinador que necesitaban.  Campbell inició la aventura el 16 de agosto de 1985.  Mientras avanzaba por las calles de Nueva York con su ropa de deporte nueva se preguntaba si conseguiría cumplir lo que había prometido, y si soportaría la presión de las entrevistas y las apariciones públicas que se esperaba que hiciera a lo largo del camino.  Recorrer 40 kilómetros diarios era una cosa, pero hacer entrevistas y asistir a recep­ciones públicas tras haber pasado todo el día caminado era diferente.

La expedición no funcionó demasiado bien. «A veces me planta ha y decía: no puedo hacer esta entrevista, y me metía en la caravana», escribió más tarde. Por otra parte, tuvo enfrentamientos mora­les y emocionales con su equipo de apoyo, que no quería perder el dinero del patrocinador.

Pero ella siguió caminando, sobre todo por­que abandonar habría resultado muy violento. Tras haber recorrido 1.900 kilómetros, Campbell empezó a sentirse muy cansada y a encontrarse mal.  Redujo la marcha y empezó a retrasarse respecto al programa.  Un médico le confirmó que estaba embarazada y le dio una cita para practicarle un abor­to, pero debería espe­rar varias semanas.

El viaje tenía que continuar, pero la tentación de montarse en la carava­na en lugar de caminar fue cogiendo fuerza y Campbell cedió en illinois, Missouri, Oklahoma y Texas.  Sólo recorría a pie los últimos kilómetros al entrar y salir de las ciudades, y el resto del tiempo iba en la caravana.  Después del aborto hizo todo el camino a pie desde Clovis, Nuevo México, hasta Los Ángeles, pero la mala conciencia por haber hecho trampa la atormentaría durante años.  Durante el resto del recorrido alrededor del mundo, marcaba el camino al final de cada jornada con un aerosol de pintura, y al día siguiente empezaba a caminar desde la marca.

 De Sidney a Perth

Dos años más tarde Campbell inició el recorrido de Australia, desde Sidney hasta Perth, una distancia de 5.100 kilómetros.  Andaba corta de dinero y se había propuesto la impresionante meta de recorrer entre 65 y 80  kilómetros diarios   para cubrir la distancia antes de que  se le agotaran los fondos. En su piso parecido sencillo,pero ahora tenía que hacer una doble maratón cada día: torear a la maquinaria de la publicidad y re­unir fondos para Sport Aid 88.

Fue un camino muy duro.  En las primeras etapas la gente la interrumpía continuamente para preguntarle por qué lo hacía.  A medida que pasaban los kilómetros, los pies se le iban llenando de ampollas, y al final de cada jornada el conductor tenía que extraerle el pus con una jeringuilla, pero ella no pensaba abandonar.

Cruzar el desierto fue un infierno. La temperatura alcanzaba los 60 °C y Campbell tenía que viajar por la noche.  Prefería estar sola, así que la caravana de apoyo se adelantaba y la esperaba cada 16 kilómetros.  Fueron 95 días luchando contra las heridas hasta llegar a Perth.  Tras haber hecho trampa en América, ahora se había demostrado a sí misma que estaba mental y físicamente preparada para cruzar un continente a pie.  Durante una entrevista en Perth anunció que pensaba recorrer África.

Un continente peligroso

África exigía una concienzuda pre­paración y un equipo de apoyo con experiencia.  Era difícil conseguir patrocinador pues las empresas eran cautelosas debido al elevado riesgo de fracaso.  No querían ver su logotipo sobre un cadáver.  Pero antes de empezar 1991 Campbell lo tenía todo organizado y partió hacia Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Su meta era Tánger, en la costa del norte de África.  Para llegar hasta allí tendría que caminar 16.900 kilómetros atravesando 13 países.  Era el trayecto más difícil y más peligroso, pero Campbell se había comprometido y dijo que prefería morir a abandonar.  Y estuvo a pun­to de morir en varias ocasiones.

Hizo frente a la mosca tse-tse, a los incendios y a posibles ataques de leones.  En Zaire (actual Repú­blica Democrática del Congo) y en Zambia los aldeanos violentos se mofaban de ella y le lanzaban pie­dras, y Campbell y su equipo de apoyo fueron detenidos y acusados de espionaje.  Se salvaron gracias al valor y la paciencia de uno de los miembros del equipo.

A menudo las condiciones eran pésimas.  Campbell caminaba con diarrea y malaria, y contrajo fiebre tifoidea.  Una guerra interrumpió la expedición en Zaire, y cuando Niger también se convirtió en zona de guerra, Campbell tuvo que dar un rodeo de 4.000 kilómetros.

Regresó en dos ocasiones a Gran Bretaña para esperar a que la ruta quedara libre y reunir más di­nero.  Los equipos de apoyo se iban sucediendo, pero a pesar de sufrir una profunda depresión que casi la obligó a abandonar, Campbell siguió adelante.  Luchó con las dunas del desierto de Mauritania, cruzó un campo de minas en la frontera con el Sáhara occidental y esquivó violadores en potencia en Marruecos.  Tardó dos años en cruzar África, pero en 1993, en Tánger, Campbell finalmente se bañó en el Mediterráneo.  Sólo quedaba Europa

Europa con un burro

En 1994, Campbell viajó desde Al­geciras, en España, hasta Calais, en Francia, pero esta vez lo hizo ella sola.  Nunca había viajado sin un equipo de apoyo, y quería intentarlo. Compró una mula, y luego un burro para transportar las provisio­nes, y emprendió el camino.

Se aproximaba al final de un viaje espectacular, y sin embargo la perseguía el miedo a ser descubierta.  No se perdonaba haber hecho trampas en la etapa del viaje, nueve años atrás. Atormentada por un equipo de filmación cruzó los Pirineos, atravesó rapidamente Francia, Cruzó el Canal de la Mancha ‘ Y se dispuso a volver al Punto de partida, John O’Groats, acompañada POI- un grupo de jóvenes de Raleigh International.  Los medios de comunica­ción la acosaban continuamente, pero sólo un reportero caminó un día entero con ella para obtener in­formación de primera mano. Un circo de periodistas la recibió a su llegada a John O’Gioats, en Escocia, de donde había partido once años atrás.

 El tramo pendiente

Al año siguiente, Campbell viajó a Indianapolis y recorrió a pie el traamo de Estados Unidos que había quedado pendiente, arrastrando SLI equipo en un carrito.  Sólo la acompañaba un perro. Ffyona Campbell reconoce que, como hizo trampa, no puede decir que sea la primera mujer que dio la vuelta al mundo a pie, pero el Libro Guinnes de los Records, tiene su marca registrada como «el viaje a pie más largo realizado por una mujer».  Su increíble resisten­cia y su decisión la ayudaron a conseguir un logro épico.  Basta con mirar un mapa de América, Australia o África para comprobarlo.

Amelia Earhart, quien en 1932 se convirtió en la primer mujer en cruzar el Atlántico volando en solitario y sin escalas. Murió cinco años después, con solo 39 años, cuando intentaba ser la primera mujer en dar la vuelta al mundo en avión, esta vez con un copiloto.

El Rio Amazonas Flora y Fauna de la Selva Amazonica Amazonia

El Río Amazonas Flora y Fauna de la Selva Amazónica

HISTORIA DEL LA EXPLORACIÓN DE LA ZONA: En 1541, Francisco de Orellana, que desde el principio había participado en la conquista del Perú, se unió a Gonzalo Pizarro, quien, con gran aparato de armas, vituallas, bagajes e indios que le acompañaban, había emprendido la famosa expedición de “la canela”, hacia las tierras llanas situadas al este de los Andes. Por el nombre dado a la expedición se puede adivinar el principal motivo impulsor de la empresa: la búsqueda de tan preciada especia, aunque sin descontar tampoco la posibilidad de que en las mismas tierras donde crecía se hallase también El Dorado.

El Rio Amazonas Partiendo de Quito, atravesaron, no sin dificultades, la muralla andina y penetraron en la impresionante selva que se extiende al pie de la cordillera. Y encontraron, en efecto, los árboles de la canela, pero el esfuerzo realizado había sido enorme, tanto que resultaba desproporcionado comparado con cualquier posible beneficio. Con este desencanto en la mente decidieron continuar adelante, siguiendo el curso del río Coca, afluente del Napo.

Las jornadas que se sucedieron fueron muy duras, y tras la muerte o desaparición de los últimos indios que con ellos habían partido, y encontrándose sin víveres y con algunos hombres enfermos, Gonzalo Pizarro ordenó construir un barco para navegar en busca de comida y para transportar a los enfermos, ya que “aquel río tenía media legua de ancho”. (imagen: exploración de Orellana)

Marcharon así, unos por la orilla y otros a bordo de la improvisada embarcación, hasta que, en los primeros meses de 1542, débiles, hambrientos y descorazonados, procedieron a llevar a cabo una última tentativa: el barco, con Orellana y 57 hombres, se adelantaría en busca de comida y noticias, mientras Pizarro y los demás descansarían y esperarían. La imposibilidad de volver a remontar el Napo, una vez llegados al gran río al que, de momento, llamaron Orellana, forzó a éste a continuar el viaje exploratorio en medio de grandes fatigas y sobresaltos, comiendo lo que, por las buenas o las malas, conseguían dé los poblados indios de las orillas.

Precisamente en una de estas escaramuzas se produjo un incidente, banal en sí mismo, pero que había de ser el origen del nombre que para siempre llevaría el gran río americano. Los españoles fueron atacados por guerreros indios, entre los cuales —según cuenta fray Gaspar de Carvajal— había muchas mujeres que, con arcos y flechas, dieron muerte a varios expedicionarios.

Este hecho, que despertó en la mente de los maltrechos conquistadores el recuerdo de las clásicas y mitológicas amazonas del mundo griego, motivó que al río se le diese el nombre de “río de las Amazonas Y así, entre constantes escaramuzas, peligros y penalidades, el día 26 de agosto de 1542 la nave de Orellana y su gente llegaba al fin al Atlántico tras haber recorrido, por vez primera, el curso del Amazonas. Por casualidad, pero sobre todo animados por su espíritu aventurero, aquellos españoles habían descubierto y explorado el río más caudaloso del mundo y uno de los más largos.

    EL RÍO AMAZONAS: Porque el Amazonas recorre América del Sur de oeste a este, desde 190 Km. tierra adentro del Pacífico hasta el océano Atlántico. Su longitud total es de 6.400 Km., su caudal de 180.000 metros cúbicos por segundo y sus fuentes principales son dos ríos de los Andes peruanos: el Marañón y el Ucayali.

El Rio Amazonas El primero nace al norte de Cerro de Paseo, en la laguna Lauricocha, a unos 4.000 metros de altitud, y corre, profundamente encajado, entre las cordilleras Occidental y Central de los Andes. Ya en la llanura amazónica, fluye lento y navegable (desde Borja) en busca del Ucayali.

Este nace de la unión, ya en los llanos, del Apurimac o Tambo con el Urubamba, que a su vez tienen su origen, respectivamente, en un pequeño lago de la meseta andina, al pie de la cordillera de Chilca, y en la cordillera de Vilcanota.

El Ucayali, que tiene 1.800 Km. de longitud desde el Apurimac, es un río lento, caudaloso, de cauce ancho y tortuoso, navegable incluso para buques de gran calado desde Pucalpa.

Tras la fusión del Marañón y el Ucayali, a 96 Km. aguas arriba de Iquitos, el río recibe el nombre de Amazonas en el Perú y el de Solimoes en el Brasil, hasta Manaus, desde donde vuelve a llamarse Amazonas. Con los datos aportados hasta ahora se deduce con bastante claridad, que ál Amazonas no puede considerársele únicamente como un río, sino que es más bien una inmensa cuenca —la mayor de la Tierra—, de 7.050.000 km2, que cubre aproximadamente un tercio de América meridional: comprende casi la mitad del Brasil y partes importantes de otros ocho países sudamericanos (Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, las dos Guayanas y Surinam). A esta singular circunstancia habría que añadir dos hechos que contribuyen; definitivamente, a situar la realidad del complejo amazónico.

El primero es su ubicación a caballo de la línea del ecuador, determinante de un clima ecuatorial y tropical, con lo que ello supone de abundancia de lluvias y de altas temperaturas. El segundo es la configuración de esa cuenca como el fondo casi totalmente plano de una gran olla c estanque, delimitado al oeste por los Andes al norte por las serranías de Guyana y al sui por la zona del Mato Grosso brasileño.

Para hacerse una idea cabal del ínfimo desnivel existente en esta inmensidad hay que tener en cuenta que el fondo de la llanura amazónica en ningún momento se eleva más de 260 metros sobre el nivel del mar y que al penetrar en Brasil el río se encuentra tan sólo a 82 metros sobre las aguas del Atlántico; ¡y aún le quedan 3.160 Km. por recorrer! La magnitud de las lluvias, a veces incluso con valores superiores a 4.000 milímetros anuales y casi siempre por encima de los 1.500 milímetros, hace que sus más de 1.100 afluentes desagüen en el cauce principal tal volumen de agua que puede afirmarse que la cuenca amazónica contiene en todo momento unas dos terceras partes del agua fluvial de todo el mundo.

Por otra parte, la horizontalidad del fondo de la cuenca obliga al Amazonas a que fluya muy lentamente, formando un amplio cauce (en su confluencia con el río Negro adquiere una amplitud media de 5 Km. y a 1.600 Km. de su desembocadura alcanza, en ciertos lugares, los 11 Km. de anchura) que todos los años, en la época de las lluvias, se desborda e inunda amplias zonas de la selva. Grandes extensiones de agua quedan así estancadas entre las levísimas ondulaciones del terreno, formando lagos o «varzeas».

FLORA DE LA SELVA AMAZÓNICA: Otros fenómenos que también se deben al escaso desnivel son las zonas pantanosas de las orillas del bajo Amazonas y los efectos de las mareas incluso apreciables hasta unos 800 Km. tierra adentro. Estos suelos casi siempre cubiertos de agua y las altas temperaturas ecuatoriales dan, como puede suponerse, unos elevadísimos índices de humedad.

En este ambiente, de auténtico invernadero, la cuenca se halla cubierta en todo tiempo de una vegetación lujuriante, ya que sólo existen dos estaciones pluviométricas, húmeda y seca, que casi no se diferencian, en el alto Amazonas, entre aquel calor húmedo y constante. Pero, contra el tópico que han extendido tantos libros y películas, la selva amazónica no es tan sólo una extensión de enmarañada maleza en la que acechan animales fantásticos y peligrosos.

Es más bien un lugar limpio y en grata penumbra, con espacios amplios y senderos bien trazados que casi hacen que el lugar se parezca a un parque. La causa de tan sorprendente estado de cosas está en la peculiar estructura vertical del bosque amazónico, que no permite que los rayos solares lleguen al suelo. Dicha estructura consta de cinco pisos, el último de los cuales está formado por los árboles más altos (unos 40 m), cuyas copas, abiertas y aireadas, aparecen bastante separadas entre sí. El cuarto piso está constituido por árboles de mediano tamaño y también situados a considerable distancia unos de otros.

En el tercero, la vegetación se cierra e impide la penetración solar a niveles inferiores. Consta de árboles muy apiñados que alcanzan hasta los diez metros de altura. Los dos niveles más próximos al suelo los componen arbustos y matorrales, y hierbas, helechos y renuevos. Algo que llama poderosamente la atención es la uniformidad que se aprecia en la selva amazónica.

Es difícil para el profano distinguir unas especies de otras y, sin embargo, la inmutabilidad de las condiciones ambientales, durante miles de años, ha desarrollado una extraordinaria cantidad de especies vegetales adaptadas a todos los lugares imaginables, aunque los individuos de una misma especie se hallan muy distanciados entre sí. Participando y aprovechándose de la citada estructura vertical se encuentran por todas partes las conocidas lianas, adaptadas a las condiciones de vida más dispares.

Sin perder el tiempo en construir su propio soporte, las lianas, flexibles como cuerdas, crecen y se estiran en busca del sol, retorciéndose y apoyándose en los árboles. Las hay que alcanzan 200 metros de longitud y se extienden de tal manera que, a veces, dan la impresión de sujetar y sostener a los demás árboles en vez de apoyarse en ellos.

También abundan en todos los niveles las plantas epifitas, o sea, las que crecen sobre otras plantas para estar en mejores condiciones de recibir la luz solar. Muchas de ellas ejercen funciones importantes en la selva, como conservar agua y alimentos (hojas muertas e insectos) después de una tormenta.

Entre las epifitas más conocidas se encuentran algunas orquídeas, esas flores tan apreciadas y que en Colombia están consideradas como la flor nacional. Pero no debemos olvidar que la Amazonia es también un universo anfibio, que obliga a las plantas a adaptarse a él para sobrevivir. A lo largo de las cenagosas orillas de los ríos, las raíces de los árboles se elevan como zancos formando intrincados manglares. Otras plantas, como el helecho acuático, flotan en el agua, nutriéndose a través de las hojas, o se instalan en las ramas, como las epifitas ya citadas.

El hecho de que la cuenca amazónica se comporte como un invernadero y goce por ello de una cubierta vegetal siempre verde, hizo creer a los primeros europeos que en ella se adentraron que se hallaban ante un mundo de riquezas inagotables, en el que encontrarían todo lo necesario para vivir. Pero paradójicamente no es así, como lo demuestran el hambre y las penalidades sufridas por los, exploradores de todos los tiempos, la siempre escasa población autóctona amazónica y los pobres resultados obtenidos en la explotación agrícola y ganadera.

La explicación de este aparente contrasentido es sencilla. La Amazonia es un terreno antiquísimo que ha permanecido inamovible durante decenas de millones de años, pues por estar situada en una zona ecuatorial no sufrió los efectos de las glaciaciones.

Durante todo este tiempo, las fuertes y abundantes lluvias han tenido ocasión de disolver los minerales, lavar el suelo y empobrecerlo. Sirvan como ejemplo los sistemas de cultivo empleados por los indígenas, que abren pequeños claros o calveros en la selva mediante la tala y quema de la vegetación. Las cenizas aportan sustancias minerales suficientes para dos o tres cosechas, pero luego la tierra queda agotada y, en consecuencia, es abandonada.

No obstante, puede argúirse que los cursos lentos de los ríos y las inundaciones periódicas aportan buenas tierras y abundantes minerales en suspensión. Y así sucede en el caso de los ríos llamados blancos (excepto el Branco) por sus aguas blanco-amarillentas cargadas de lodo y de productos nutritivos. Estos son los que riegan la zona oeste de la cuenca y nacen en los Andes, como el Ucayali y el mismo Amazonas.

Por el contrario, los llamados negros (el Negro y sus afluentes) y los de aguas azul-verdosas (el Tapajoz y el Xingú) o verdosas carecen casi por completo de materiales en suspensión. Son los que atraviesan las serranías que separan Brasil de Venezuela o proceden de las zonas montañosas del sur brasileño o de las sierras de Guayana.

La razón de ello hay que buscarla en la diferente antigüedad y, por lo tanto, en la distinta geología, de los Andes, relativamente jóvenes, comparados con las demás formaciones rocosas que bordean la cuenca amazónica, tan antiguas y duras que los ríos las pulverizan muy despacio. Las únicas tierras fértiles de la Amazonia, salvo las zonas de sedimentos marinos de las márgenes del valle inferior, son, pues, las “varzeas” que flanquean los ríos blancos en una extensión de 10 a 100 km.

Ahora bien, si las tierras amazónicas sufren una erosión tan intensa hasta el punto de que el suelo es pobre, sin minerales y con poquísimas bacterias ¿cómo es posible que crezca en ellas una vegetación tan exuberante? Simplemente porque el ciclo alimentario completo de la misma no tiene en cuenta las condiciones del suelo, sino que se realiza sobre él.

Parece que la respuesta se halla en la masa de moho que cubre la corteza de los árboles y en los hongos que, asociados a las raíces, trasladan a éstas los nutrientes minerales de las hojas muertas que caen al suelo y de la madera en putrefacción. También los insectos, especialmente las hormigas, que entierran los restos orgánicos que encuentran, las bacterias y los gusanos cumplen un papel importante en la nutrición de las plantas.

LA FAUNA DE LA SELVA AMAZÓNICA: En cuanto a la fauna, tampoco responde, como ya hemos dicho, al tópico establecido para la selva. Apenas si existen animales grandes, pues la escasez de vegetación a nivel del suelo no permite la presencia de muchos herbívoros, lo que repercute en la falta de carnívoros, aunque ésta no sea total. Pues existen depredadores amazónicos, entre ellos el jaguar, pequeños félidos como el ocelote, el jaguarundi y el tigrillo, omnívoros como el kinkajú o poto, y las conocidas y mitificadas anacondas y boas constrictoras, que suelen mantenerse sumergidas en el agua o cerca de ella. También viven algunos mamíferos herbívoros, como el venadillo o mazama, el tapir, el pécari, y roedores gigantes de costumbres más o menos anfibias, como la capibara, las pacas comunes y los coipús.

El mundo de los insectívoros terrestres está representado por dos grandes especies: el oso hormiguero gigante y el tamandúa. Este, con su cola prensil, se desenvuelve perfectamente en el medio arborícola. Resguardados por el alto follaje viven muchas clases de monos y otros animales de cola prensil, como el perezoso tridáctilo, el poto, el puerco espín, el yapok marsupial, etc., y, por supuesto, miles de especies de pájaros de los más vistosos colores.

A esta intensa vida aérea corresponde igualmente el variado y multiforme mundo de los insectos, innumerables y de todas clases, desde las grandes mariposas hasta los diminutos mosquitos, pasando por los gigantescos escarabajos, las coloreadas orugas, arañas y múltiples clases de hormigas y moscas. Tan rica como la fauna arborícola resulta la acuática que vive dentro del sistema hidrográfico del Amazonas, pues son mas de 1.500 las especies de peces, en gran parte marinas que se han adaptado a vivir en agua dulce.

De todas ellas, las más conocidas son: la anguila eléctrica, que caza a sus presas inmovilizándolas con una fuerte descarga; el piracurú o arapaima, el mayor pez de la cuenca (puede pesar .hasta más de 100 Kg.) y principal alimento humano de la Amazonia; la raya de agua dulce; los peces gato, como el candirus, de sólo 2 cm. de longitud, parásito de otros peces e incluso del hombre al introducirse por los orificios naturales y permanecer en ellos gracias a las púas de su cabeza, que hacen el oficio de anzuelo, y la temida y voraz piraña, protagonista de algunos terribles relatos que le han adjudicado el nombre de pez asesino, aunque la verdad es que no suele atacar a hombres o a animales si no es azuzada por el olor de la sangre y si se encuentra además en grandes manadas.

También al medio acuático pertenecen ciertos mamíferos, como algunos delfines y los manatíes o sirenas, estos últimos en peligro de extinción por ser objeto de una caza indiscriminada, y asimismo reptiles, como las tortugas y los caimanes, considerados también como grandes depredadores. Pero en la Amazonia hay seres humanos; y a pesar de que los hemos relegado al último lugar, después de hablar de la flora y de la fauna, esos seres, aunque en minoría, merecen la mayor atención.

LOS ABORÍGENES EN LA SELVA AMAZONICA: Es imposible conocer el número de indios que poblaban la cuenca a la llegada de los conquistadores españoles y portugueses. Pero es seguro que ya entonces no serían muchos, dadas las precarias condiciones de vida y las pocas posibilidades que para la alimentación ofrecía la selva. Cada aldea, de unas 100 personas más o menos, necesitaba grandes extensiones para sobrevivir, produciéndose continuas guerras entre vecinos que mantenían la población en límites aceptables.

 Pero la llegada de los conquistadores introdujo un nuevo factor de desequilibrio: el de las enfermedades desconocidas, ante las cuales los indios mostraron una especial sensibilidad. La consecuencia fue que tribus enteras quedaron diezmadas. A esta causa principal habría que añadir la del impacto de la civilización al desarraigar a las tribus indígenas de sus modos de vida tradicionales. Igualmente hay que hacer constar las muertes violentas producidas en los diversos intentos de colonización, sobre todo las causadas, desde comienzos del siglo XX, por los “seringueros”, los recogedores de látex para la producción de caucho, y después por los “garimpeiros” o buscadores de oro y diamantes. La última fase en este declinar de la población indígena se está produciendo con la construcción de la carretera transamazónica, destinada a unir las costas atlánticas con la frontera peruana a lo largo de 5.400 Km. a través de la selva.

En vista de todo ello, el gobierno brasileño creó la Fundación Nacional de Indio (FUNAI), a fin de velar por sus derechos pero en la práctica esta institución ha resultado inoperante. Sólo el clamor y la protestas de mucha gente y el quehace inçesante y abnegado de los hermanos Villa Boas consiguió, en 1961, que se crease e Parque Nacional Xingú, en el estado d Mato Grosso, donde se refugiaron alguna tribus en peligro de extinción. Hoy se estima que en los siete millones d< kilómetros cuadrados de la cuenca amazónica hay todavía alrededor de 100.000 indios divididos en unas 150 tribus que se reparten en poblados de unos 60 habitantes.

Mantienen los modos de vida tradicionales, viviendo en «malocas» o chozas, dispuestas ex círculo, que cobijan a tres o cuatro familias y dedicándose a la pesca, a la caza y a cultivó de la mandioca y, en menor medida al del maíz y tabaco. Entre las tribus amazónicas más conocidas se encuentran los jíbaros de los contra fuertes andinos del Ecuador y Perú; loa yanomanos de la vertiente norte de la cuenca, entre Venezuela y Brasil; los amahuacas de las regiones peruanas y brasileñas, entre los ríos Ucayali y Purúa; lcexikrin del sureste de la Amazonia; los xingis del parque del mismo nombre, etc. De todos ellos, los jíbaros, famosos por su costumbre de reducir las cabezas de sus enemigos muertos, son los más numerosos.

El hombre blanco, con sus intentos de colonización, se hace presente en algunas pocas poblaciones asentadas a lo largo del curso principal del Amazonas y que son núcleos para la comercialización de los productos de la selva y una especie de avanzadillas de la civilización. Santarém, en la desembocadura del Tapajoz, Manaus, en la del Negro, e Iquitos, poco después de la confluencia del Marañón y el Ucayali, son los únicos centros que merecen el calificativo de ciudades. Su comunicación con el mundo exterior sólo es posible por el aire o por el río. El porvenir de esta inmensa cuenca amazónica, uno de los pocos lugares de nuestro planeta que todavía encierra secretos para el hombre, aparece aún rodeada de muchos interrogantes. La ya citada carretera transa masónica, pese al mal que está haciendo a la población autóctona, ayudará a despejarlos en parte.

No es probable que ayude a fomentar la agricultura o la ganadería, pues, como ya hemos dicho, la fertilidad de esta selva es consecuencia de su clima y no de la tierra. Pero quizás permita llegar a determinados lugares hasta ahora inaccesibles en cuyo subsuelo es posible que existan grandes riquezas minerales. Pero ¿valdrá la pena hacer todo eso? Significará también mucha destrucción. Y el hombre, ese gran creador de bellezas y de maravillas artísticas, tiene asimismo el deber de salvaguardar as maravillas naturales.

Ampliación del Tema: Siempre fuera del alcance Más mito que realidad, las amazonas son mencionadas por Hornero —su reina se había aliado con Troya y ayudado a destruir al gran héroe griego Aquiles—, pero fueron siempre escurridizas.

A medida que los griegos exploraron los territorios que había a su alrededor, la supuesta tierra de las amazonas retrocedió más allá del mundo conocido. Los arqueólogos e historiadores creen ahora que los sármatas, quienes llevaban una dura vida en lo que hoy es Polonia, quizás inspiraron las historias griegas de valientes guerreras, pues las mujeres sí peleaban en los ejércitos sármatas y se las enterraba con sus armas.

Un grupo de amazonas de verdad fue el ejército femenino de Dahomey (hoy Benín) en África occidental. A mediados del siglo XIX, Gezo, soberano de Dahomey, ordenó que a cierta edad (se cree que a los 18 años) las jóvenes del reino se presentaran para su posible reclutamiento en el ejército. Las que tenían físico adecuado pasaban por un riguroso curso de entrenamiento.

La prueba más difícil era cruzar desnudas una barrera de cinco metros de espinas y un foso de madera ardiente. El rey Gezo constituyó esta fuerza femenina especial por una simple razón, que resultaría irritante para la opinión moderna: las mujeres no conocían la independencia y, por lo tanto, siempre obedecían órdenes.

Además fueron incluidas oficialmente entre las esposas del rey, para protegerlas de las atenciones de otros hombres. Pero no era ése el único motivo. Dahomey siempre había tenido guerreras, y el soberano advirtió que peleaban por más tiempo y con mayor fuerza que la mayoría de los soldados varones de su ejército. Su mayor triunfo bélico fue también el último.

En 1851, Gezo atacó a sus rivales, los egba, en Abeokuta. En cierto momento, una división de unos pocos cientos de mujeres derrotó a 3 000 guerreros egbas. Pero después, superadas en proporción de más de 15 a 1, se enfrentaron a otra fuerza de defensores, quienes tuvieron que gatear sobre sus propios muertos antes de poder vencer a estas formidables mujeres.

El conflicto final: En total, casi 5 000 «amazonas» murieron en la batalla. Aunque las pérdidas del enemigo fueron cinco veces mayores, el cuerpo militar femenino disminuyó drásticamente y comenzó a decaer en importancia. Esto se vio acelerado por el resentimiento de los hombres de Dahomey, a quienes se les prohibía casarse con las mejores mujeres del país hasta que éstas dejaban el ejército a los 35 años.

Las amazonas aparecieron por última vez en el campo de batalla durante la guerra de los bóers, en Sudáfrica, a comienzos de siglo. Una unión de mujeres, llamada Amazonas Bóer, peleó codo a codo con los varones contra el ejército británico de 1899 a 1902, con mayor eficacia en acciones guerrilleras. Desde entonces, el nombre tradicional de «amazonas» para las mujeres combatientes, aunque no su valentía, ha desaparecido de la historia militar.

Fuente Consultada: Maravillas del Mundo de Luis Azlún

Ver: Flora y Fauna de América – Animales y Plantas Que Habitan América