Como Nacieron los evangelios?

Explicacion Cientifica del Diluvio Universal Historia Arca de Noe

HISTORIA BIBLICA: EL DILUVIO UNIVERSAL – EL ARCA DE NOÉ

EL DILUVIO UNIVERSAL: Cientos de leyendas por todo el mundo relatan o mencionan una inundación catastrófica, un diluvio regenerador, que acaba con cualquier vestigio de vida en la Tierra y del que sólo sobreviven unos pocos elegidos.

“Viendo, pues, Dios que la tierra estaba corrompida (por cuanto lo estaba la conducta de todos los mortales sobre la tierra), dijo a Noé: Llegó ya el fin de todos los hombres decretado por Mí: llena está de iniquidad toda la tierra por sus malas obras; Yo los exterminaré, pues, juntamente con la tierra.

Verdaderamente terribles en su simplicidad son las palabras con que en la Biblia se anuncia el Diluvio Universal, el duro castigo al que Dios debió recurrir cuando los hombres llenaron la tierra con sus pecados. Entre tantos perversos sólo quedaba un hombre justo, Noé, quien con sus hijos había atesorado las palabras de los patriarcas y permanecido fiel al culto del verdadero Dios. Por esta razón el Señor lo llamó y, después de comunicarle su decisión, le ordenó construir una gran Arca. Noé, con la ayuda de sus hijos, se puso a trabajar inmediatamente. Cuando le preguntaban para qué construía una barca tan grande y extraña en un paraje tan distante del mar, respondía:
“Me lo ha ordenado Dios, que quiere castigar vuestros pecados si no os arrepentís y hacéis penitencia.”

Pero la gente se reía de él y de sus palabras, y se alejaba, meneando la cabeza, pues lo creían loco. El Arca tenía 162 metros de largo, 27 de ancho y 16 de alto. Su interior estaba dividido en tres pisos, recibía luz por un gran agujero abierto en el techo y tenía una sola ventana y una sola puerta, exactamente como Dios lo había ordenado. Para construirla se necesitaron cien años: cien años que Dios quiso conceder a los hombres como aviso del castigo inminente y como una invitación al arrepentimiento. Pero nada podía ya conmover el corazón de aquellos seres encallecidos por el vicio y el pecado.

Finalmente, Jehová llamó de nuevo a Noé y le dijo:
“Dentro de siete días comenzará el Diluvio y por cuarenta días y cuarenta noches haré llover sobre la tierra y destruiré a todos los hombres. Entra entonces en tu barca, con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. De cada especie animal has de tomar dos; un macho y una hembra, para que la especie no desaparezca. Ocúpate además de reunir en el Arca los alimentos necesarios para tu familia y para todos los animales.”

Explicacion Cientifica del Diluvio Universal Historia Arca de NoeNoé cumplió las órdenes recibidas, entre las risas y las burlas de la gente. Dios mismo, desde fuera, cerró la puerta del Arca y la lluvia comenzó a caer con violencia. Los torrentes se transformaron en ríos; los se desbordaron e inundaron los campos y el nivel del mar comenzó a subir prodigiosamente. Las aguas invadieron toda la tierra sumergiendo y destruyendo cuanto encontraban a su paso. Desaparecidas ciudades, que eran el orgullo de los hombres, y se derrumbaron los templos erigidos a los falsos dioses.

El violento ruido de la lluvia y el rumor ensordecedor de las olas, que avanzaban inexorablemente, cubrieron los alaridos aterrorizados de las bestias. entremezclados con el inútil lamento de los hombres. Aquéllos que se habían mofado de Noé por su fidelidad al Señor, trataron en vano de salvarse refugiándose en la copa de los árboles y disputando a los animales un lugar sobre los montes más altos, mientras invocaban la ayuda de sus ídolos. Todos fue. ron alcanzados y arrebatados por las aguas, que superaron en ocho metros la cima de la montaña más alta de la tierra. Con ellos desaparecieron todos los animales. Sólo el Arca flotaba segura en aquella tumultuosa extensión de agua.

Pasados los cuarenta días cesó de llover y se levantó un viento fuerte y cálido que, poco a poco, secó las tierras inundadas. Pero sólo después de casi siete meses, el Arca, transportada por la corriente, encalló en la cima del monte Ararat que se encuentra en Armenia, Asia Menor. Noé dejó pasar otros cuarenta días, al cabo de los cuales, al ver qué el nivel del agua continuaba bajando, quiso probar si la tierra estaba suficientemente seca para él y los suyos.

Abrió la ventana e hizo salir al cuervo. Éste encontró alimento en la carroña de los animales ahogados y no volvió más al Arca. Noé probó entonces con una paloma; ésta no encontró alimento adecuado y regresó. Siete días después Noé repitió la prueba, y esta vez la paloma regresó con una ramita de olivo en el pico. Noé comprendió entonces. que la tierra estaba seca y las plantas renacían. Esperó todavía siete días, después de los cuales dejó salir la paloma por tercera vez. Ésta no regresó más al Arca.

Sin embargo, debió transcurrir otro mes antes de que Dios ordenase a Noé salir del Arca, con todos sus animales. Al poner, el pie sobre la tierra, todavía convulsionada por la furia de las aguas, su primer pensamiento fue levantar un altar y hacer un sacrificio para agradecer a Dios la protección dada a él y a su familia. El Señor, complacido por aquel acto de profunda fe, trazó en el cielo un arco iris de siete colores y le dijo:
“Creced y multiplicaos y poblad la tierra. Este arco entre las nubes es y será siempre el signo de mi alianza con los hombres.”

Con esta promesa, Noé y sus hijos, únicos sobre. vivientes del género humano, retomaron posesión de la tierra, reducida a una vasta soledad pantanosa. Dura era la tarea quÉ les esperaba, pero la fe en Dios, reforzada por Sus palabras, los asistía; y nada es imposible cuando la fe mueve a los hombres.

La Ciencia Intenta Explicar el Diluvio:

El antecedente más claro de Noé es un antiguo mito sumerio que más tarde quedaría recogido en el poema épico conocido como Epopeya de Gilgamesh hallado en las minas de la Biblioteca de Asurbanipal en Nínive en 1872, y cuyo protagonista es Utunapishtim, que sobrevivió con toda su familia a bordo de un arca, tras siete días de lluvia. Puesto que Abraham, el patriarca hebreo, era natural de Ur, una de las más importantes ciudades de Babilonia, es fácil suponer que los patriarcas llevaran con ellos el antiguo relato cuando emigraron desde Mesopotamia, incorporándolo a su propia tradición.

Las excavaciones efectuadas en Ur entre 1922 y 1929 dieron con una capa de arcilla de 2,5 metros de espesor que con seguridad sólo pudo ser resultado de una inundación de gran magnitud; fue databa alrededor de 3500 a.C. Los sedimentos descubiertos podrían corresponder a crecidas excepcionales de los ríos Tigris y Éufrates o a una gran inundación regional.

En 1929, luego de excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el emplazamiento de la antigua ciudad sumeria de Ur, el Dr. Wooley descubrió una capa arcillosa de más de dos metros de espesor. Los análisis mostraron que se trataba de sedimentos dejados por las aguas. Además, bajo la capa de arcilla aparecen vestigios de una civilización aún más antigua.

Los expertos aceptan que, después de la última glaciación, el Mar Negro se inundó cuando el nivel creciente de las aguas desbordó el Mediterráneo y colmó el hasta entonces lago de agua dulce, provocando una inundación catastrófica. Pero los científicos no se ponen de acuerdo en el momento en que ocurrió la inundación, ni con qué rapidez. La  mayoría cree que ocurrió hace unos 9.000 años y que fue gradual. Pero a finales de los años noventa se planteé que una entrada de agua masiva a través del Bósforo habría provocado una inundación hace unos 7.150 años, tan rápida y extendida, que obligó a los pobladores a desplazarse muy lejos, incluso hasta la Europa continental.

La expedición a Turquía de 2003, patrocinada por National Geographic, que trabajaba con esta teoría, no logró hallar evidencias contundentes que relacionasen la inundación del Mar Negro con el diluvio bíblico

El Arca de Noé Para Niños

Las Diez Plagas de Egipto Origen, Antecedentes y Significado

Origen de las Diez Plagas de Egipto

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO
MOISÉS DEBE CONDUCIR A LOS ISRAELITAS EN EGIPTO
POR ORDEN DE DIOS PIDE PERMISO AL FARAÓN DE EGIPTO

Plaga 1: El Agua Se Convierte En Sangre

Plaga 2:La Invasión de las Ranas

Plaga 3:Enjambres de Mosquitos

Plaga 4:Los Tábanos

PLaga 5:La Peste del Ganado

Plaga 6:Las Úlceras

Plaga 7:El Granizo

Plaga 8:Las Langostas

Plaga 9: Las Tinieblas

Plaga 10: Muerte de Primogénitos Egipcios

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ANTECEDENTES DE LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO:

José llega a Egipto: la historia bíblica de Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, cuenta que luchó durante una noche con el ángel del Señor, quien le disloca la cadera y lo bautiza con el nombre de Israel, tomó como esposas a Lía y Raquel, hijas de su tío Laban, a quien también le robó sus ovejas.

Lía da a Jacob diez hijos  y Raquel otros dos: José y Benjamín, el menor. Los hijos de Lía se sienten molestos por el amor de Jacob hacia José y por el gran porvenir que éste sueña para sí mismo, de modo que lo venden como esclavo en Egipto.

Estando prisionero en Egipto, logró el reconocimiento del faraón por su habilidad para interpretar con certeza los sueños del faraón que éste manda almacenar provisiones, consiguiendo evitar con ello una hambruna en Egipto. José hace carrera y, cuando la hambruna amenaza a sus parientes, quienes lo habían rechazado, consigue que éstos se trasladen hasta Egipto con un permiso de residencia ilimitado y puedan ser alimentados.

Historia de Moisés: En Egipto viven bien, pero caen paulatinamente en la esclavitud convirtiéndose en victimas de la xenofobia y persecusiones violentas. El Faraón, por temor a la extranjerización de su pueblo, organiza una matanza masiva de niños. Sólo se salva de ella el pequeño Moisés, pues su madre lo echa en una cesta a las aguas del Nilo, de donde lo rescata una de las hijas del Faraón que lo educa como a un aristócrata.

moises salvado de las aguas

Moisés no puede soportar ni aceptar el mal trato que sufren los judíos y da muerte a un esbirro egipcio especialmente sádico. Después tuvo que exiliarse y marchar a Madián, donde se casó y cuidó el rebaño de su suegro. Allí se le apareció Dios, en forma de zarza ardiente, y le ordenó sacar de Egipto a los hijos de Israel y conducirlos a la Tierra Prometida de Canaán, de la que manaban leche y miel.

el pueblo judio en egipto sufre persecusiones

Fabricar ladrillos para las construcciones de Egipto era una de las agotadoras tareas asignadas a los hebreos que trabajaban para el faraón, según muestran estas pinturas de una tumba de Tebas. Los obreros hebreos laboraban bajo condiciones brutales e infrahumanas, muchas veces peores que las de los propios esclavos. Estaban organizados en cuadrillas de trabajo bajo la supervisión de capataces egipcios. Carecían de derechos civiles y se les daba lo necesario para vivir. El trabajo era agotador. Pasaban muchas horas bajo el sol moldeando ladrillos después de mezclar arena, agua, lodo y paja.

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Dios Pide a Moisés Que Conduzca Al Pueblo Hebreo

La misión de Moisés: El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. 

El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios.

Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas».

«Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?». 

«Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña».

El Señor dijo a Moisés: «Pronto verás lo que voy a hacer al Faraón. . . Pronto verás sí dejará o no marchar al pueblo: será él mismo quien a viva fuerza le echará de su tierra. Mientras tanto, recuerda que soy Yavé y me aparecí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, como Dios Omnipotente.

Moisés obedeciendo a la llamada de Dios, se pone enteramente al servicio de su pueblo israelita.

Acepta su misión que es preparada por una serie de castigos divinos — las diez plagas de Egipto — que parecen fenómenos típicamente egipcios, propios de aquella tierra de fábula.

El corazón del Faraón se endureció. . .

El Señor dijo a Moisés: «Te daré tanto poder sobre el Faraón que tendrá que temerte y rendirse a ti. Aarón, tu hermano, que tiene la lengua suelta, será tu profeta, y dirá al Faraón que deje, por fin, marchar al pueblo de Israel, esclavo desde hace ya demasiado tiempo.

El corazón del Faraón se endurecerá y no consentirá tal cosa; pero Yo multiplicaré mis porte» en la tierra de Egipto y los egipcios tendrán que reconocer que el Dios de los hebreos es el Dios verdadero y único. Si el Faraón pidiera una prueba de tu misión profética, di a Aarón que tire delante de él su cayado de pastor y éste se convertirá en serpiente».

Así dijo el Señor… Moisés y Aarón tenían ochenta años el uno y, ochenta y tres el otro respectivamente, cuando se presentaron al Faraón como enviados y mensajeros de Dios; le dijeron lo que el Señor les había mandado decir y, en prueba de su misión, Aarón tiró ante el rey su cayado, que se convirtió en serpiente.

Maravillado el Faraón, llamó a sus magos v encantadores; éstos también echaron sus cayados, que por sus sutiles encantamientos se convirtieron igualmente en serpientes. Pero la serpiente de Aarón las devoró al instante.

Quien obraba no era Moisés, sino el Señor en Moisés; más allá de todo poder de encantamiento se encontraba el poder milagroso de Dios. Pero el corazón del Faraón se endureció y no quiso escuchar la palabra del Señor.

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Primera Plaga: El Agua Convertida en Sangre

El Señor dijo a Moisés: «Has visto que se ha endurecido el corazón del Faraón y no quiere liberar a mi pueblo…Mañana cuando pasee por la orilla del Nilo con el cayado-serpiente en la mano y dile que deje marchar a Israel al desierto para sacrificar a su Dios.

Si no hace caso, golpea con el cayado las aguas del Nilo y éste se convertirá en sangre; y, como el Nilo, también los demás ríos serán sangre; y los canales, y los estanques, y los embalses se trocarán en sangre; y el pueblo de Egipto no tendrá ya agua para beber».

plaga de egipto el agua se convierte en sangre

A la mañana siguiente, Moisés y Aarón se presentaron al Faraón, que paseaba por la orilla del Nilo; y cuando Aarón le hubo comunicado la orden del Dios de los hebreos, hallándole indócil a ella, golpeó con el cayado el agua del gran río. que fue trocada en sangre; y sangre fueron los canales, y los estanques, y los embalses de los contornos. Los peces morían y los egipcios no tenían agua que beber: un espectáculo realmente horrible.

El Faraón llamó a los magos y encantadores del país y éstos, habiendo hecho excavar nuevos pozos, consiguieron lo mismo con sus encantamientos.

Y el Faraón, volviendo las espaldas a los mensajeros de Dios, regresó al palacio, sin permitir la marcha de Israel. Su corazón se había endurecido y tampoco esta vez hizo caso a la voz del Señor.

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Segunda Plaga: Las ranas:

El Señor dijo de nuevo a Moisés: «Vuelve al Faraón y, en mi nombre, mándale que deje marchar a Israel al desierto, donde debe encontrar a su Dios. Si no obedece, castigaré a su país con una enorme invasión de ranas. Contra él y sus familiares y sus siervos avanzarán ejércitos de ranas; y su casa y sus estancias, y los hornos y todo será invadido por las ranas, y todo quedará devastado por ellas».

plagas de egipto las ranas

Moisés y Aarón comunicaron al rey la orden del Señor.

Pero el Faraón se mantuvo inflexible. Aarón extendió entonces su mano, que empuñaba el cayado-serpiente, y de súbito, de los ríos, de los canales y de los estanques vinieron ranas, tantas ranas que la tierra quedó cubierta de ellas; todo el país fue un pulular de ranas: por los caminos, en las casas, bajo los tejados, sobre los lechos, en los hornos, en los pozos, en los platos; por doquiera hubo un brincotear y croar de ranas. El Faraón llamó a sus magos y encantadores; y éstos hicieron lo mismo, de modo que la invasión de las ranas fue ya total. No sabía el Faraón que sus magos y encantadores repetían, casi como un eco, el castigo de Dios sobre él.

Fastidiado y humillado, el Faraón llamó a Moisés y Aarón y les rogó que hicieran cesar la insoportable plaga: inmediatamente después, liberaría a Israel.

Moisés aceptó el pacto y oró al Señor. Éste escuchó la oración de Moisés: murieron las ranas, y las casas, los patios y los caminos quedaron libres de ellas. Los egipcios hicieron montones y montañas con ellas y eran tantas que su hedor infectaba el aire de todos los alrededores.
Pero el Faraón, al verse aliviado de aquel azora insoportable, no mantuvo su palabra y no permitió que Israel partiera.

El corazón del Faraón se había endurecida aún más.

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Tercera plaga: Los Mosquitos:

Entonces el Señor dijo a Moisés: «Di a Aarón que esgrima el cayado y golpee el polvo del suelo y éste proliferará mosquitos, una irrupción de mosquitos sobre todo el país de Egipto durante una jornada entera».

Y Aarón extendió la mano con que sostenía el cayado y golpeó el polvo del suelo; y de repente el aire fue un enjambre de mosquitos, rana nube de mosquitos, que atacaban a las personas y » animales e incluso las cosas. Todo el polvo » tierra se convirtió en mosquitos en el país de Egipto.

enjambre de mosquitos


Llamados por el Faraón, los magos intentaron  hacer otro tanto. Pero la prueba no tuvo éxito y  los mosquitos se cebaban furibundos sobre los hombres,  los animales y los mismos magos. Ya nadie sabía defenderse de la ferocidad de sus picadura ni de la molestia de sus zumbidos.

Dijeron entonces los magos al Faraón  «Aquí está el dedo de Dio!» Esto es una burla del Dios de los hebreos». Mas, pasada aquella jornada, el Faraón despreció el castigo de Dios y no permitió que partiera Israel. Al aumentar su pertinacia, el corazón del rey se había endurecido.

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Cuarta plaga: Los Tábanos:

El Señor dijo de nuevo a Moisés: «Mañana preséntate una vez más al Faraón cuando se halle paseando por la orilla del Nilo y dile:

«Así te habla el Señor Dios de los hebreos: Deja marchar a mi pueblo, para que me haga sacrificios en el desierto, donde Yo le encontraré. Si también ahora te obstinas en no dejarle salir, haré llover sobre ti, sobre tu casa y sobre todo tu pueblo, nubes de tábanos que molestarán de modo insoportable.

Únicamente quedará libre de ellos la tierra de Gesén, donde vive mi pueblo. Sabe por esto que el Dios de Israel es el único Dios verdadero».

plagas de egipto los tabanos

Y así fue. Enjambres de grandes tábanos cayeron sobre el Faraón, sobre su casa y sobre su pueblo.

El Faraón hizo llamar a Moisés y Aarón y les dijo: «Haced aquí, en tierra de Egipto, los sacrificios que debíais hacer a vuestro Dios».

Le contestó Moisés: «Los sacrificios que ofrecemos a nuestro Dios no placen a los ojos de los egipcios, que nos lapidarían por envidia. Déjanos, pues, marchar al desierto». El Faraón respondió: «Os dejaré marchar, mas antes libradme de la insoportable molestia de los tábanos».

Dijo Moisés: «El Señor librará a Egipto de este azote, pero tú no nos defraudes otra vez». Y oró al Señor para que cesara la plaga. Cesó ésta, en efecto, y en poquísimo tiempo no quedó ya un solo tábano. Pero una vez cesado el azote, tampoco el Faraón dejó marchar a Israel. Su corazón se había endurecido.

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Quinta Plaga: La Peste  En El Ganado

Nuevamente el Señor ordenó a Moisés que fuera al Faraón y le mandara dejar marchar a su pueblo, para que éste pudiera salir de Egipto y le ofreciera, entonces, sacrificios en el desierto.

En caso contrario, su mano se descargaría sobre todo el ganado de Egipto, sobre los caballos y los asnos, sobre los camellos, los bueyes y las ovejas, con una tremenda mortandad. En cambio, del ganado de los hijos de Israel ni un solo animal perecería.

Y el Señor puso un término: «Mañana haré esto».  Al día siguiente, el Señor realizó la amenaza y fue grande la mortandad entre los camellos y los caballos, los asnos y los bueyes: un verdadero exterminio. En cambio, no murió una sola cabeza del ganado de Israel. Y envió el Faraón a ver, y se halló que nada había muerto de lo que poseía Israel.

Mas tampoco esta vez obedeció el Faraón al Señor, porque su corazón se había endurecido.

plaga del ganado en egipto

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Sexta Plaga: Las Úlceras

El  Señor dijo a Moisés y Aarón: «Tomad ceniza de los hornos de ladrillos y echadla a lo alto, en grandes puñados. Caerá como finísimo polvo y cubrirá todo Egipto, y a los hombres, y los animales, en los cuales producirá úlceras que darán horribles pústulas».

Moisés y Aarón tomaron ceniza de horno y en presencia del Faraón la echaron hacia el cielo. Bajando luego en polvo muy tenue sobre los animales y los hombres, produjo al instante molestísimas úlceras y pústulas. Ni siquiera los magos pudieron salvarse de ellas. Pero el corazón del Faraón se había endurecido y también esta vez despreció el castigo del Señor.

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Séptima Plaga: Dios Envía el Azote del Granizo

De nuevo el Señor ordenó a Moisés: «Preséntate mañana al Faraón y dile: «Así habla el Señor Dios de los hebreos: deja marchar a mi a sacrificar en el desierto, donde me encontrará.  Si no lo haces, enviaré todas mis plagas contra contra tu pueblo, para que conozcas que nadie semejante a Mí sobre la tierra.

Y si hubiese mi poder y te hubiese alcanzado a ti y a tu con la peste, como he alcanzado tu ganado, ya no estarías en el mundo, ro te he dejado la vida, para que veas mi y mi nombre sea glorificado por doquier, te obstinarás aún en no dejar partir a mi es bien, mañana a esta hora, haré caer una granizada, como jamás se vio en Egipto el día de su fundación; y quien se encuentre ampo, si no corre a los refugios, será alcanzado a y morirá».

plagas de egipto

luego a Moisés: «Si el Faraón no escucha mi mandato, extiende la mano y el cayado hacia el r caerá la granizada sobre Egipto»: Moisés, en efecto, extendió la mano hacia el cielo y de este cayó una granizada gruesa y tupida; mientras tumbaban los truenos y deslumbraban los relámpagos.

Y todo fue azotado por el granizo: el verde de los campos y el grano que ya había en las espigas, el lino en flor y la cebada; todo fue destrozado, los árboles de los campos y los techos de las casas, y los siervos y el ganado que no se habían puesto bajo resguardo.

Pero la tierra de Gesén, donde se hallaban los hijos de Israel, ni siquiera se enteró de la temible tempestad.

Asustado el Faraón, hizo llamar a Moisés y Aarón y les dijo:
«Me doy cuenta de haber pecado.
«El Señor es justo y yo y mi pueblo somos culpables.
«Rogad al Señor que haga cesar los truenos y los relámpagos y el granizo y os dejaré marchar en libertad».

Le respondió Moisés: «Levantaré al Señor mis manos, y los truenos cesarán, y cesará el granizo. para que tú sepas que la tierra es del Señor. Pero sé que no temes aún al Señor…: No obstante, hizo su oración y cesaron los truenos y el granizo, Pero el Faraón, al ver que todo había terminado no dejó marchar a los hijos de Israel porque se había endurecido nuevamente su corazón.

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Octava plaga: las langostas

El Señor dijo a Moisés: «Vuelve al Faraón, porque he permitido que se endureciese su corazón para realizar estos prodigios en medio del pueblo y que tú puedas contar a tus hijos y a los hijos de tus hijos los prodigios que Yo hice en tierra de Egipto; y reconozcan todos que Yo soy el Señor».

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Moisés y Aarón volvieron al Faraón, pues, y le dijeron:

«El Señor Dios de Israel te pregunta hasta cuándo vas a despreciar su mandato de dejar partir a su pueblo para que le encuentre en el desierto y le sirva allí libremente.

Y te advierte una vez más que si rehusas obedecerle, mañana mismo hará venir la langosta sobre todo tu territorio, en número tan grande que cubra el suelo; y devorará lo que ha quedado tras el granizo; e invadirá los caminos, las casas, los huertos y los graneros: será una irrupción como jamás vieron los padres de tus padres, desde la creación hasta hoy».

Volvieron luego la espalda al Faraón y salieron.
Entonces los siervos de éste le dijeron:

«¿Hasta cuándo nos traerá desgracias ese hombre? Deja que esa gente se marche y sirva en paz a su Señor. – «¿No ves que Egipto ha quedado desolado?»

Y llamaron, pues, a Moisés y Aarón y los persuadieron para que volviesen al Faraón, que les dijo:

«Id y servid al Señor Dios vuestro. Pero, ¿quiénes van a marchar?»

Respondió Moisés: «Partimos todos: con nuestros niños, y nuestros ancianos, y las mujeres, y los rebaños; porque hemos de celebrar una fiesta del Señor».

Dijo el Faraón con gesto desconfiado: «Que el Señor sea testigo que yo os dejo marchar, a vosotros y vuestros niños. Pero hay alguno entre vosotros que alimenta malas intenciones. . . Marchaos, pero solamente los hombres».

Y los alejó de su presencia.
Dijo entonces el Señor a Moisés: «Extiende tu mano y que la langosta invada toda la tierra de Egipto».

Moisés tendió la mano y el cayado sobre Egipto y el Señor hizo soplar un viento caluroso sobre el país que trajo langostas en cantidad incalculable, como no hubo jamás en el pasado ni volverá a haber en el porvenir.

Eran tantísimas que Egipto quedó oscurecido y cubrieron todo el país y devoraron todo lo que había quedado después de la granizada: de modo que no quedó nada verde, ni la hierba de los campos ni los frutos de los árboles.

El Faraón hizo llamar entonces a Moisés y Aarón y les dijo: «De nuevo he pecado contra Dios y contra vosotros». Y agregó luego el Faraón: » «Perdonadme también esta vez y rogad al Señor Dios vuestro que aleje de mí y de mi pueblo este exterminio».
Cuando salió del palacio real. Moisés rezó al Señor; y éste suscitó un viento del Oeste que barrió la langosta y la arrojó al «mar de las cañas» o Alar Rojo.

Pero permitió que se volviese a endurecer el corazón del rey, quien tampoco esta vez dejó marchar a los hijos de Israel.

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Novena Plaga: Las Tinieblas

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTOEl Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo y descenderán sobre la tierra de Egipto espesas tinieblas».

Moisés extendió la mano y durante tres días ocuparon el cielo y la tierra densas tinieblas; los egipcios no se veían los unos a los otros y en aquellos días nadie pudo salir de su casa.

Solamente los hijos de Israel continuaron teniendo aire y sol en sus casas, en la comarca de Gesén.

Fue entonces cuando el mismo Faraón hizo llamar a Moisés y le dijo:
«¡Marchaos, marchaos, por favor! Y haced sacrificios en el desierto al Señor Dios vuestro.


«Que vuestras mujeres y niños partan con vosotros también; mas quédense aquí vuestros rebaños».

Respondió Moisés: «También nuestros rebaños han de venir con nosotros, porque de ellos hemos de escoger las víctimas para los sacrificios. Incluso tú mismo debieras darnos víctimas para los holocaustos que vamos a ofrecer al Señor».

Pero el Señor permitió que el corazón del rey se endureciese aún más, y tampoco esta vez los dejó marchar.

El Señor Habla Nuevamente Con Moisés

Dijo el Señor a Moisés: «Haré venir aún otra plaga sobre el Faraón y sobre Egipto; después, os dejará marchar; él mismo, incluso, os echará de su tierra».

Y Moisés advirtió al Faraón: «Así habla el Señor: Al filo de la medianoche Yo saldré por las calles y pasaré entre las casas de Egipto y morirán todos los primogénitos: desde el primogénito del Faraón que se sienta en el trono al primogénito de la esclava que hace girar la rueda del molino.

Y habrá grandes lamentaciones por todo Egipto, como jamás ha habido. Pero entre los hijos de Israel todo estará en calma, para que se conozca la clara separación que Dios ha hecho entre israelitas y egipcios. Incluso — continuó Moisés — todos tus siervos vendrán a mí e inclinándose me rogarán que parta con todo mi pueblo».

Pronunciadas estas palabras, Moisés dio la espalda al Faraón.

Y el Señor dijo a Moisés: «El Faraón no te escuchará y yo multiplicaré mis prodigios en la tierra de Egipto».

Moisés y Aarón hicieron prodigios ante el Faraón; pero éste no dejó marchar a los hijos de Israel de su país, porque su corazón se había endurecido.

Institución de la Pascua

El Señor quiso que el día memorable de la liberación fuese recordado con un rito solemne.

Eran los primeros días del Abib o mes de las espigas (aproximadamente, nuestra época de marzo y abril), cuando el Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Sea este mes el principio del año religioso, v el día diez, cada cabeza de familia adquiera un cordero — o un cabrito —, sin defecto alguno, macho y de un año.

Sea alimentado hasta el día decimocuarto y por la noche de ese día toda la asamblea de Israel, reunida, lo sacrifique al Señor. Luego, asado al fuego, cómase en la misma noche, con pan ácimo (sin levadura) y lechugas silvestres y amargas.

Que todos lo coman así: ceñidos los costados, con los pies calzados y el bastón en la mano, en la actitud de quien se pone en camino: es la Pascua ( o el Paso) del Señor».

E inspiró el Señor a Moisés que dijera estas cosas.

Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les repitió la orden:
«Escoged un cordero sin mancha para vuestras familias y celebrad la Pascua.

«Con un manojo de hisopo, mojado en la sangre recogida en el plato, untad el dintel de la puerta y que ninguno de vosotros salga hasta la mañana.

Por la noche pasará el Señor para castigar a los egipcios, pero no entrará en las casas cuya puerta esté teñida de sangre, ni permitirá al destructor que entre en ellas para herir. Observad todo esto como ley perpetua, para vosotros y para vuestros hijos: y una vez entrados en la tierra prometida por el Señor, observad este rito solemne.

Y cuando vuestros hijos os pregunten qué significa, les responderéis: ‘Es el sacrificio de la Pascua (o Paso) del Señor, cuando Egipto, pasó castigando las casas de los egipcios y salvó las casas de Israel; y ayudó a nuestro pueblo a pasar de la esclavitud del Faraón a la libertad del desierto, donde debía encontrar a su Dios’.

«En vuestros relatos a los hijos y a los hijos de vuestros hijos se transmitirán, como un patrimonio de fe esencial, estas palabras: Patres nostri annuntia verunt nobis: nuestros padres nos refirieron estas maravillas de Dios».
Al oír estas palabras, los ancianos se inclinaron en señal de acatamiento.

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Décina Plaga: Muerte de los Primogénitos de  Egipto

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Hacia la medianoche, murieron todos los primogénitos de Egipto: desde el primogénito del Faraón que se sentaba en el trono al primogénito del prisionero que estaba en la cárcel.

Y el Faraón y sus siervos y todos los egipcios se levantaron de noche, y en todo el país hubo llantos, porque no existía una casa donde no hubiera un muerto.

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTOCuando vio toda Ja tierra blanqueando de huesos y de sepulcros, el Faraón se asustó; y habiendo llamado a Moisés le ordenó que partiese inmediatamente con todo su pueblo y sus rebaños; que se fuese al desierto a hacer sacrificios al Señor.

También los ancianos y los servidores del Faraón ansiaban que llegase la hora de la partida de Israel: «Si no —decían—, aquí morimos todos».

¡La liberación, al fin! Pero ésta no era sólo la fuga de Israel de Egipto, la victoria de Moisés sobre la injusticia faraónica y el cese de una pesada esclavitud, sino algo más profundo y místico: realizaba la aspiración, viva siempre, de poseer la tierra que el Señor había prometido a su pueblo.

Por este objetivo, religioso y nacional, había luchado Moisés valientemente con el Faraón.

Partieron, pues, de Ramesés, en número de casi seiscientos mil y por la prisa de la partida cada cual llevaba entre los pliegues del manto la masa para el pan, todavía ácima. Los hombres adultos a pie, las mujeres y los niños en los camellos y muchos rebaños de toda clase de ganado, se dirigieron en caravana primero a Sucot y luego a Etam, en los linderos del desierto.

En este punto el Señor habló a Moisés y le dijo:
«Di a los hijos de Israel que cambien de ruta y vayan a acampar frente a Baalsefón, junto al mar».

La Crucifixion en Roma Castigo de Morir en la Cruz Costumbres

La Crucifixión en Roma Castigo de Crucificar Morir en la Cruz

El cristianismo se funda en un hecho: la figura de Jesús, su vida terrestre y, lo que es más importante, la creencia de que Jesús vive y no ha muerto, porque es Hijo de Dios. Ésta es la nota original de la religión cristiana, pues sin excluir el judaísmo, el cristianismo es la única religión que desborda la Historia por lo trascendental de su contenido y se encarna en una persona que no solamente transmite una doctrina, sino que se presenta ella misma como la verdad y la justicia vivientes.

Es cierto que otras religiones tuvieron fundadores a los cuales sus contemporáneos pudieron ver con los ojos y tocar con las manos, pero ninguno de esos predicadores religiosos, Mahoma, Buda, Zoroastro, etc., se propuso a sí mismo como objeto de la fe de sus discípulos. Todos predicaban una doctrina que no atañía a su propia persona; eran simplemente enviados, profetas o siervos de Dios. Jesús es el Maestro que se da a sí mismo como objeto de nuestra fe; no se presenta como un personaje histórico, sino como verdadero Dios.

jesucristoTESTIMONIOS SOBRE JESÚS: El conocimiento acerca de Jesús se basa en los cuatro Evangelios. Sin embargo, algunas referencias contemporáneas de otras fuentes revelan que hay un reconocimiento de Jesús entre personas que despreciaban el cristianismo.

El más antiguo escritor romano que menciona a Cristo fue un gobernador de Asia Menor llamado Plinio, que escribió al emperador Trajano, en el año 112 d.C., y describía los enjuiciamientos a cristianos y señalaba que “acostumbraban reunirse al anochecer para recitar un himno antifonal a Cristo, como a un dios”.

Años después el historiador romano Tácito escribió que el nombre cristianos “deriva de Cristo, quien fue condenado por Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio”.

La más desconcertante referencia no bíblica proviene del historiador judío Flavio Josefo, cuyas Antigüedades Judí las incluyen el siguiente pasaje: “Por ese tiempo vivía Jesús, un hombre sabio, si es que puede llamársele un hombre, porque él era el hacedor de actos extraordinarios y maestro de los hombres que con gusto recibían la verdad. Se ganó a muchos judíos y muchos griegos. El era el Mesías.

Cuando Pilato […] lo sentenció a ser crucificado, aquellos que desde un principio lo habían amado no dejaron de hacerlo. Al tercer día apareció ante ellos, vivo, ya que los profetas de Dios hablan pronosticado ésta y otras maravillas acerca de él. Y la tribu de los cristianos, llamados así por Cristo, hasta nuestros días no se ha extinguido.”.

Las opiniones sobre este pasaje son muy diversas. Es tan explícito al calificar a Jesús de Mesías que muchos expertos consideran que algún escritor cristiano insertó esta y otras frases favorables a los cristianos. Otros eruditos, cristianos y judíos, concluyen que aunque el pasaje contenga algunas alteraciones y adiciones, representa esencialmente lo escrito por Flavio Josefa, que de alguna forma da testimonio del Jesús histórico.

LA CRUCIFIXIÓN: Descubrimientos arqueológicos en Israel han arrojado luz para comprender la naturaleza del horrible jesus crucificadosuplicio de la crucifixión. Era una forma de ejecución empleada en Persia y Cartago, y que fue adoptada por los romanos poco antes del inicio de la Era Cristiana.

Se crucificaba a esclavos, ladrones y delincuentes políticos; pero muy rara vez a algún ciudadano del imperio. (Debido a esto, Pablo, que era ciudadano romano, fue muerto por decapitación.) Estas ejecuciones eran tan espantosas que los escritores se abstuvieron de describirlas y los pintores rara vez las representaron. En la tradición judía el método de ejecución más usual era la lapidación, aunque a veces se colgaba al reo de un árbol, como advertencia a otros.

Originalmente, el patíbulo era sólo un poste, pero luego se le agregó un madero transversal para formar una T o una cruz. Probablemente en el Gólgota había postes permanentes y a los ejecutados ahí, como Jesús, se les obligaba a llevar a cuestas el travesaño, que luego era insertado en una ranura del poste.

Los brazos del condenado eran atados o clavados al travesaño. Como las palmas de las manos no soportarían el peso del cuerpo al elevarse, los largos clavos de hierro utilizados por los carpinteros romanos atravesaban las muñecas del crucificado. La víctima apoyaba en un peldaño los pies que eran atados o clavados al poste.

En 1968 fue encontrado en Jerusalén el esqueleto de un joven que murió por crucifixión en el siglo y los clavos le atravesaban las muñecas, pero sólo uno se había usado para clavar los talones. La posición de la víctima es incierta, pero los eruditos opinan que era con las piernas unidas e inclinadas a un lado o posiblemente con las rodillas separadas. La víctima, torcida de esa manera y colgando como un peso muerto, apenas si podía respirar.

El dióxido de carbono se acumulaba en la sangre, y el corazón se forzaba cada vez más. Ante la inmovilidad y la falta de oxígeno, se producían violentos espasmos musculares. Debilitado por la fatiga y el hambre, el crucificado era, además, presa de las inclemencias del tiempo, de las picaduras de insectos y de las burlas y abusos físicos de los espectadores. Un paro cardiaco o la asfixia causaba la muerte. La rotura de las piernas aceleraba la muerte, porque la víctima ya no podía elevarse para llevar aire a sus pulmones.

COSTUMBRE FUNERARIAS. Entre los hebreos una sepultura adecuada era una forma importante de mostrar el respeto a los tumba sagradamuertos. Desearle a un enemigo morir insepulto era una maldición. Por los pecados del rey Joaquín contra Dios, el profeta Jeremías le pronosticó que “será enterrado como un asno: será arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén” (Jer. 22:19).

Cuando los hijos de Saúl fueron colgados por los filisteos y los cadáveres quedaron expuestos a los buitres, Rispa, la madre de ellos, vigiló los insepultos cuerpos durante meses y luchó contra aves y fieras, hasta que el rey David dio sepultura a los restos.

Las familias más afortunadas poseían una cueva funeraria cavada en roca suave, en las afueras de la dudad. Envuelto en un sudario, el cadáver por enterrar era llevado en andas hasta la tumba y colocado en una repisa dentro de la cueva. No se usaba féretro. Junto al cuerpo se colocaban algunos objetos personales.

En otros sitios de la cueva yacían los restos de antepasados; así, el difunto “dormía con sus padres”. Cuando sólo quedaba el esqueleto, éste era llevado a un osario, situado en otro sitio de la tumba. Esto dejaba lugar para el cadáver de otro miembro de la familia.

El sepulcro familiar era un símbolo de la continuidad de un clan. Nehemías, que languidecía en el exilio en Persia. suplicó que le permitieran regresar a Judá, a “la dudad de las tumbas de mis padres” (Neh. 2:5). Las familias que no podían sufragar el costo de una cueva cavaban fosas para sus muertos o simplemente cubrían el cadáver con piedras y tierra.

Para los menesterosos se cavaban enormes fosas comunes. Los israelitas no acostumbraban embalsamar los cadáveres, aunque silos lavaban y a veces los ungían con óleos, hierbas aromáticas o perfumes. El entierro se efectuaba al día siguiente del deceso. Debido a lo caluroso del clima, la descomposición era inmediata y en pocos días ya estaba avanzada, como se afirma en el caso de Lázaro, el amigo de Jesús. Aunque las tumbas se sellaban, no se permitía ninguna al oeste de Jerusalén, debido a que de allí soplaban los vientos prevalecientes.

La incineración era condenada como idolatría por la tradición rabínica y no se practicaba en el pueblo de Israel, salvo por excepción. Al ser llevado el cadáver del ser querido a su tumba, lo seguía una procesión de parientes, amigos y sirvientes, todos profiriendo lamentos y llanto.Las familias acomodadas contrataban plañideras duchas “entonar lamentos sobre nosotros» (Jer. 9:17).

Flavio Josefo, el historiador del siglo I d.C., señala la costumbre de que “todo el que pasaba cuando un muerto era sepultado debía acompañar al funeral y unirse a lamentaciones”. En Números y el Deuteronomio se menciona que el duelo por la muerte de Aarón y Moisés duró días, todos ellos celebrados con llantos de los hijos de Israel.