Conceptos Políticos

La Familia Argentina Valores y Evolución Desde la Epoca Colonial

La Familia Argentina: Valores y Evolución Desde la Etapa Colonial

LA FAMILIA ARGENTINA:

Su evolución y transformación desde el período hispánico hasta nuestras días:
El periodo hispánico imprimió su sello en el sentir, en el pensar y en el obrar de los habitantes de esta parte del Mundo; la Conquista instaló la raza y lengua hispánicas y con ellas la fe cristiana, el derecho, la justicia, la moral, los principios en que se basaba la constitución de la familia en España y en el mundo europeo occidental.

En la época de la conquista de América la familia española respondía al modelo de organización romano-cristiana, en la que la autoridad del padre era casi absoluta; en casos extremos hasta podía vender o empeñar a sus hijos. La religión católica atenuó esos rigores y logró eliminar esas prácticas.

La familia española en América o la familia criolla vivía en espaciosas casas de tres patios bajo la autoridad patriarcal, con esposa, hijos, criados, indios y esclavos. En muchos casos el esclavo recibía el apellido de la familia a la cual pertenecía. El historiador Diego Luis Molinari dice que fueron famosos el moreno Francisco Azcuénaga, la parda María Demetria Escalada de Soler, el negro Ortiz de Ocampo, etc.

En esas casonas se desarrollaban importantes actividades económicas que tendían a que la familia, en lo posible, se bastase a sí misma; eran además el centro de reunión de amigos y parientes.

Derechos civiles de la familia:
El hombre era considerado mayor de edad a los veinticinco años, pero después de los catorce podía contraer matrimonio; la mujer a los doce.

El mayor de veinticinco debía pedir consejo al padre antes de hacerlo; el menor de veinticinco, solicitar venia judicial en caso de negársele permiso paterno. El matrimonio no podía efectuarse sin consentimiento de los interesados.

La ley vedó a los altos magistrados casarse en los términos de su jurisdicción, como a sus hijos e hijas, pudiendo hacerlo sólo en virtud de permiso real; sin él quedaban suspensos en sus cargos, aunque el matrimonio tenía validez.

Se procuró mantener la integridad de la familia por medio de muchas disposiciones; el hombre casado sólo podía pasar a Indias en virtud de sólidas razones y con el consentimiento que por escrito debía dar la esposa. El lapso no se extendía a más de tres años, al término del cual se le obligaba a regresar a España.

La capacidad civil de la mujer era limitada; soltera estaba sometida a la autoridad del padre; en su falta, a sus hermanos mayores o parientes inmediatos.

Si la mujer era casada dependía del esposo. Solamente la viuda tenía capacidad jurídica.

En lo que se refiere al régimen de bienes del matrimonio, fue aceptado el de gananciales; esto es, los blenen adquiridos después de la celebración del matrimonio, luego de la muerte de uno de los cónyuges, debían repartirse entre el cónyuge sobreviviente y los hijos.

La autoridad paterna era sólida pero no absoluta, dado que estaba limitada por una serie de disposiciones. No podía disponer de los bienes ni de la dote de la esposa sin consentimiento libre de ella.

Tampoco podía suplantar la voluntad de los hijos para efectuar el matrimonio de ellos, porque en la negativa intervenía la justicia, como en los casos de oposición al matrimonio pretendido por los hijos. En su testamento sólo podía disponer de los bienes que poseía antes del matrimonio y de la mitad de los gananciales.

El divorcio vincular, o sea el que deshace el vínculo matrimonial, estaba proscripto, de acuerdo al Derecho Canónico (leyes eclesiásticas).

Dice Guillermo Borda «que contraer matrimonio suponía una irrevocalbe voluntad de vivir juntos, afrontando, si era precisó, actores y sufrimientos.»

Conviene recordar que la familia romana, en sentido propio, era un grupo de personas unido por la jefatura de uno de sus miembros, es decir, un conjunto de individuos, la domus, que vivían sometidos al poder doméstico de una sola autoridad. El vínculo que unía a esas personas era la sujeción a su jefe, llamado pater familiae, con un lazo de naturaleza civil o jurídico y no de parentesco, como lo entendemos actualmente.
Con el término pater familiae los romanos no hacían referencia a ¡a idea de generación o de paternidad, ni siquiera aludían al concepto de descendencia, sino exclusivamente a la situación de autonomía y poder de mando sobre la familia. De ahí que en el Derecho Romano las expresiones pater familiae y filius familiae no tienen el sentido actual de padre e hijo, sino de autoridad de uno de sus miembros y sumisión de los otros con respecto a él. Recién en la época romano-bizantina se comienza a utilizar el término familia en el sentido moderno.

La familia del período hispánico como sólido basamento social

La familia del período hispánico fue un centro de aprendizaje social. Bien organizada según los principios cristianos del derecho natural, constituía una fuerza educadora. La familia española o criolla reposaba toda entera sobre la unión conyugal, y ésta a su vez sobre el amor de los esposos. Estaba construida sobre este don mutuo y total de dos seres humanos.

La transformación de la economía nacional y la inmigración en grandes masas fueron factores que en la segunda mitad del siglo pasado hicieron sentir su influencia sobre la vida familiar argentina.

Pero, en razón de verdad, las características fundamentales de su organización, su clima espiritual y moral y su excepcional vigor, se mantuvieron firmes hasta principios de este siglo.

Influencias del mundo actual sobre la familia

Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) comenzaron a notarse los primeros síntomas de que estaba también alcanzando a nuestra sociedad la crisis de la familia.

Guillermo A. Borda en su Manual de derecho de familia asevera que el proceso se ha ido acrecentando aceleradamente en los últimos tiempos. El matrimonio ha perdido estabilidad, los cónyuges se separan por motivos vanos o sin motivo alguno.

Por desgracia el hogar ha dejado de ser ya el centro de reunión de antiguos tiempos; ha desaparecido la larga mesa familiar, siempre lista para recibir amigos; se prefiere la tertulia de cafó, las comidas en restaurantes, etc.

En las grandes ciudades, el agudo problema de la vivienda ha convertido la casa en un lugar estrecho e incómodo, en el que la convivencia, muchas veces, se hace penosa.

Dice Borda que hubiera sido vano pretender que nuestro país se mantuviera al margen de este fenómeno mundial.

En un mundo empequeñecido y unido por el prodigioso adelanto de la técnica de las comunicaciones, es imposible defenderse de la invasión de las corrientes del pensamiento y de las tendencias universales. Las naciones tienen en sus manos medios de difusión poderosos, como la prensa, el cine, la TV, que penetran arbitrariamente en los hogares perturbando las costumbres sencillas y rompiendo todos los esquemas de la moral y las buenas costumbres.

Advirtamos que esta crisis de la familia argentina se hace notar sobre todo en las grandes ciudades. En el interior y en las zonas rurales se mantiene la solidez de la institución familiar bastante intacta.

Obligaciones de los argentinos con respecto a la familia

Es evidente la obligación que tenemos todos los argentinos de revalorizar la familia,.porque en ella aprende el hombre a tener paciencia y a perdonar, a saber lo que es la verdadera autoridad y la confianza, a servir y a entregarse, a ayudar ya participar, a escuchar y a saber lo que es el sacrificio. La hermandad entre los hombres sólo es posible si se vive primero entre los hermanos y hermanas de una misma familia.

La lealtad entre los hombres sólo será posible cuando vuelva a haber fidelidad entre los cónyuges. Sólo habrá una verdadera comprensión entre los hombres, cuando los padres y los hijos se comprendan. La renuncia a las ansias de poder y de consumo sólo es posible cuando el amor ordena y controla la desenfrenada avidez del hombre.

Bien decía Franz Kónig que en la familia el hombre consigue liberarse de los tres pecados capitales de nuestro tiempo: del materialismo, del egoísmo y de la falta de fe.

La madre, primera mestra y educadora

Valores permanentes que caracterizan a la familia argentina

En el curso de la historia patria, los argentinos hemos vivido experiencias graves referidas a intentos torpes por querer destruir a nuestra familia.
Un caso evidente es el ataque a esta célula vital de la sociedad que de continuo ejerce la subversión marxista.

Pero, convencidos de que la fe y la familia son las dos columnas sobre las que se apoya la vida del hombre, hemos sabido mantener los valores permanentes que han llegado a dar perfiles característicos a nuestro núcleo familiar.

La Argentina se halla en un momento histórico de revalorización de la familia, porque entiende que es en la familia donde el hombre conoce el amor, que tiene sus raíces en Dios, y en ella el amor encuentra su natural desarrollo.

Entre los valores permanentes que caracterizan a la familia argentina, los más destacables son:

• El carácter indisoluble del matrimonio.

• El divorcio limitado tan sólo a la separación de los esposos y la de los bienes matrimoniales.

• El matrimonio que los esposos separados contraigan en otros países carece de valor legal en la Argentina.

• La mujer, en cualquiera de sus estados: soltera, casada, viuda, goza, tanto como el hombre, de derechos civiles, sociales y políticos.

• El matrimonio es un contrato irrescindible que origina derechos y obligaciones contemplados por nuestras leyes.

• Nuestra legislación considera el divorcio vincular en oposición formal con la constitución de la familia y estima que la unidad y la indisolubilidad de la comunidad conyugal, como también el orden del amor que debe presidirla, hallan su justificación en el interés de ios hijos, en las exigencias de salvaguardia y desarrollo del verdadero amor conyugal, en el respeto de la mujer y en la función del hogar en la sociedad.

• La Argentina considera a la familia como la defensa y la fuerza de la patria.

 

Fuente Consultada:
Formación Moral y Cívica Capitulo II de Blas Barisani – Editorial Estrada