Conflictos Actuales

Tolerancia e Intolerencia entre las religiones actuales

Tolerancia e Intolerencia entre las religiones actuales

Cuando se habla de la relación entre las diferentes religiones, se suele plantear la idea de que debe estar basada en a «tolerancia». Pero este es un concepto que presenta problemas. Lo deseable es hablar de «igualdad».

Derecho a la libertad religiosa

A lo largo de la historia han existido religiones mayoritarias y poderosas que, dependiendo del momento, han tolerado la existencia de otras religiones minoritarias. Pero cuando estos momentos de tolerancia desaparecían, los seguidores de las religiones minoritarias eran perseguidos, expulsados u obligados a abandonar su religión. Entonces llegaban períodos de intolerancia religiosa en los que la religión mayoritaria imponía sus creencias a las demás.

El caso de las cruzadas o de las persecuciones religiosas ilustra los efectos negativos de la intolerancia. Pero la tolerancia nace también de la desigualdad, en la que una religión mayoritaria y con poder tolera a otra que considera inferior.

En el mundo actual la relación entre las religiones debe estar basada en a igualdad ante la ley y en el respeto a la diversidad de culto y opciones ideológicas. No se trata, pues, de tolerancia, sino de la necesaria aceptación del derecho a creer algo distinto.

El diálogo interreligioso

En este contexto de igualdad entre las religiones que propician las leyes en la mayoría de los países actuales, as relaciones entre las diferentes religiones han ido cambiando. En general se ha renunciado al conflicto y se ha optado por el diálogo como medio para superar las diferencias y buscar puntos de vista comunes.

Entre los cristianos ese diálogo se denomina ecumenismo y se basa en la valoración de la riqueza de la diversidad, frente a las desastrosas consecuencias que tuvieron los intentos de imponer la unidad, entre otros, las llamadas guerras de religión que durante siglos tuvieron lugar en Europa entre católicos y protestantes, así como otras muchas persecuciones.

La Declaración Universal de Derechos Humanos

El 10 de diciembre de 1948, las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de Derechos Humanos en la que se reconocía una serie de derechos a todos los seres humanos, entre los que se encuentra la libertad religiosa.

Las constituciones de los países que pertenecen a la ONU deben proteger estos derechos, y los gobiernos, las instituciones y los particulares deben respetarlos.

Artículo 2

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Artículo 18

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Cuando el diálogo se extiende a otras religiones se denomina diálogo interreligioso, y ha tenido muchos foros donde los representantes de los diferentes credos se han reunido para discutir problemas y llegar a acuerdos. Gracias a iniciativas como estas, la gran mayoría de las religiones ha asumido que la diversidad religiosa es fundamental en las sociedades actuales.

Los representantes de los diferentes cultos han entendido que ninguna creencia llegará a convertirse en la única religión del planeta, por lo que el diálogo se hace necesario para encontrar los elementos de unión y profundizar en ellos, en lugar de potenciar las diferencias y los enfrentamientos, como ocurrió en el pasado.

Parlamento de las Religiones del Mundo

Parlamento de las Religiones Barcelona 2004

En septiembre de 1893, en Chicago, tuvo lugar la primera reunión del Parlamento de las Religiones del Mundo. En la sesión de clausura, el sabio hinduista Vivekananda puso de manifiesto los puntos de vista que presiden estas reuniones, basados en la fructífera e igualitaria puesta en común de ideas para mejorar el mundo:

«Si algo ha podido enseñar el Parlamento de las Religiones es que lo santidad, la pureza y la caridad no son posesiones exclusivas de ninguna religión…… si alguien sueña con que su religión será la única que sobrevivo y que las demás serán destruidas, le compadezco desde lo más hondo de mi corazón y le digo que en la bandera de toda religión hay que escribir a partir de ahora “ayuda y no lucha”, “asimilación y no destrucción”,”armonía y paz, y no enfrentamiento”.»

Entonces parecía que se inauguraba una nueva época de paz, concordia, apertura y aceptación de las diferencias religiosas y culturales a nivel global. Pero tras 1893, el mundo se desgarró sufriendo terribles conflictos durante un siglo: el colonialismo, las guerras mundiales, el choque entre países comunistas y capitalistas.

Una vez terminada la guerra fría, ya en 1993, también en Chicago, se celebró una segunda reunión del Parlamento de las Religiones del Mundo en la que se enfatizó en la búsqueda de un modelo ético para el mundo actual, que alejase la violencia, la pobreza, los conflictos y se basase en la solidaridad entre todos los seres humanos. El documento, que emanó de dicha reunión, denominado Principios de una ético mundial, señala elementos éticos fundamentales, asumibles actualmente por todas las religiones: la no-violencia, el respeto a toda vida, la solidaridad, un orden económico justo, la tolerancia, un estilo de vida honrado y veraz, y la igualdad y camaradería entre hombre y mujer. Los líderes religiosos plantean en el texto la necesidad de dirigirse a todos los hombres y mujeres, religiosos o no, para caminar unidos frente a un panorama que hace cada vez más necesario olvidar las diferencias y trabajar juntos.

«Cientos de millones de personas, cada día más, padecen en nuestra planeta el desempleo, la destrucción de las familias, la pobreza y el hambre. La esperanza de una paz duradera entre los pueblos se desvanece progresivamente. Las tensiones entre los sexos y las generaciones han alcanzado dimensiones inquietantes. Los niños mueren, asesinan y son asesinados. Cada vez se ven más Estados sacudidos por casos de corrupción política y económica. La convivencia pacífica en nuestros ciudades se hace más y más difícil por los conflictos sociales, raciales y étnicos, por el abuso de la drogo, por el crimen organizado incluso par la anarquía. Hasta los vecinos viven a menudo angustiados. Nuestro planeta sigue siendo saqueado sin miramientos. Nos amenaza la quiebra de los ecosistemas.»

En 1999 se organizó la tercera reunión en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y la cuarta, en julio de 2004 en Barcelona. Fue la primera vez que se celebraba fuera del ámbito de habla inglesa y propuso un lema muy significativo: «Senderos de paz: el arte de saber escuchar, el poder del compromiso».

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 17 – La Nación.

La religion como instrumento para gobernar y enfrentar pueblos

La religión como instrumento para gobernar y enfrentar pueblos

En el pasado se han producido enfrentamientos, conflictos y guerras que parecían tener la religión como causa principal. Pero también ha habido muchos momentos en los que la diversidad religiosa ha propiciado una convivencia pacífica, en armonía y de mutuo enriquecimiento.

La religión, instrumento de gobernantes

Las religiones han cumplido muchas y variadas funciones a lo largo de los siglos. Han ofrecido explicaciones más o menos imaginarias sobre el nacimiento del universo, el origen del ser humano y de la sociedad. Han contribuido a impulsar distintas filosofías, ideologías o visiones del mundo que han marcado cada una de las culturas donde se han desarrollado, y también han favorecido el nacimiento y desarrollo de fecundos movimientos artísticos y literarios.

Las religiones han servido de consuelo al ser humano afligido ante lo incomprensible, angustiado al enfrentarse a la muerte, la enfermedad y la desdicha. Y también han servido como señas de identidad de las personas y las sociedades.

Pero, por otra parte, la potente influencia que la religión ejerce sobre los creyentes ha propiciado que a menudo haya sido utilizada con fines políticos.

En la antigüedad, reyes y emperadores utilizaron la religión para justificar su posición privilegiada, el lujo de sus vidas y el enorme poder del que gozaban. Se presentaban al pueblo como elegidos de los dioses, como hijos de la divinidad e, incluso en algunos casos, se consideraron ellos mismos dioses, borrando así los límites entre política y religión.

La historia nos demuestra que no hay guerras que se puedan explicar exclusivamente por una simple oposición de creencias religiosas.

Todos los enfrentamientos, incluso los que se ha dado en denominar guerras de religión, tienen como causas principales cuestiones políticas y económicas, pretensiones territoriales y expansión de fronteras, o la simple negativa a aceptar formas de pensar diferentes que puedan hacer perder a algunos dirigentes sus posiciones de poder.

Nuevas formas de afrontar los problemas religiosos

Vivimos en la actualidad innumerables conflictos en cuya base está la religión, pero la historia se sigue repitiendo. La religión se utiliza muchas veces como pretexto para la intolerancia y a violencia, pero la política o la economía son las causas verdaderas de las guerras y conflictos.

Como contrapartida, un rasgo característico del mundo actual es justamente que se ha empezado a tomar conciencia de que las religiones pueden ser elementos de unión y no de separación entre los seres humanos. Con este fin los representantes de las diferentes religiones se reúnen, desde hace más de un siglo, en foros en los que discuten de forma pacífica y constructiva los posibles problemas y retos del futuro.

En la actualidad, el fundamento de la convivencia entre las diversas religiones se recoge en las constituciones de los países democráticos y en tratados internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En estos documentos se expresa la intención de que las diferentes creencias religiosas, o las convicciones de los no creyentes o ateos, convivan en igualdad de derechos y sobre la base del respeto mutuo.

La religión ha sida esgrimida como pretexto para justificar la violencia en muchos momentos de la historia. En la actualidad algunos grupos justifican el asesinato indiscriminado amparándose en argumentos tomados del Corán.

Los atentados de New York del 11 de septiembre de 2001, los de Madrid del 11 de marzo de 2004 y los de Londres el 7 de julio de 2005, que han causado miles de muertos, han enfrentado a la opinión pública europea y estadounidense con un tipo de violencia que les resultaba desconocida.

Se trata de acciones terroristas que no tienen en cuenta objetivos concretos sino que desatan una violencia indiscriminada que meta en algunos casos también a musulmanes, que circunstancialmente estaban en el lugar de los hecho Ademán, en estos casos actuaron terroristas suicidas, a los que sus líderes les prometieron el paraíso por inmolarse.

Sin el convencimiento que da la religión es muy probable que no hubieran sido capaces de perpetrar acciones tan violentas y con un  desprecio tal, tanto a la vida ajena como a la propia. Algunas personas pueden pensar que la religión musulmana es fanática e intransigente por si pero no hay que olvidad que la inmensa mayoría de los musulmanes están en contra de este tipo de actuaciones y les parece inaceptable que la religión sea usada da como pretexto para justificar los argumentos  del terror.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 17 – La Nación.

La religion y los conflictos politicos y economicos

La religión y los conflictos politicos y economicos

La religión constituye un elemento esencial de la identidad cultural de muchos pueblos, pero en ocasiones determina la exclusión de los otros, lo que puede provocar conflictos.

La religión, identidad cultural de los pueblos

En muchas culturas, la religión es un elemento clave en la educación y, a la vez que niños y niñas aprenden a leer y también se les enseña las creencias básicas. Así la religión se utiliza como un medio más para explicar el mundo a los más pequeños.

En ocasiones esta educación religiosa no va acompañada también de una adecuada formación para respetar la diversidad. Puede entonces que surjan conflictos con personas de otras religiones y con una forma de entender el mundo diferente a la suya.

mapa de religiones del mundo

En muchas sociedades actuales, la religión es un ingrediente importante en la identidad cultural, que sirve para diferenciarse de los demás. Se trata de un elemento esencial que ha marcado el devenir de la historia de muchas naciones y que configura tradiciones y caracteristicas culturales.

Pero si ese valor de identidad se plantea como excluyente entonces podemos hallamos ante una fuente notable de conflictos, ya que la religión puede utilizarse como un medio para amplificar las diferencias que existen entre los grupos humanos, o para justificar las atrocidades de la violencia, la guerra y el terrorismo.

La religión, por sus caracteristicas especiales, puede servir para multiplicar el conflicto y convertirlo en un problema de difícil solución cuando las partes enfrentadas se fanatizan.

El ejemplo de las guerras de religión en Europa en la Edad Moderna.

Las sangrientas guerras de religión, que emprendieron cristianos de diversas confesiones entre los siglos XVI y asolaron Europa y son un ejemplo de cómo la religión puede servir de excusa para otros intereses.

Las causas de los enfrentamientos eran las ambiciones políticas y económicas de los diferentes estados europeo pero el trasfondo religioso permitía justificar las agresión y hacer más violenta y despiadada la guerra.

Por ejemplo, muchos príncipes y reyes alemanes y del norte de Europa vieron en el luteranismo el medio perfecto para librarse del control político del papa y sus aliados, y del pago de impuestos a la iglesia católica, así como un modo de acrecentar

sus propiedades y riquezas al confiscar los bienes y las tierras eclesiásticos. Por su parte, los reyes de países católicos consideraban que luchar contra los protestantes era un medio de mantener sometidos estos territorios.

Hubo muchos reformadores religiosos a lo largo de la Edad Media, pero no tuvieron los seguidores que muy pronto consiguió Lutero. En ese momento la religión sirvió como pretexto para marcar las diferencias, establecer nuevas identidades y justificar el conflicto. A la vez que se producían estas guerras por toda Europa, durante la Edad Moderna intentó eliminarse cualquier tipo de diferencia religiosa dentro de cada reino.

En España, la inquisición persiguió violentamente a todos los no católicos. Pero también los calvinistas fueron intolerantes y emplearon la violencia en Ginebra, los anglicanos en Inglaterra y los luteranos en los principados de Alemania. Polonia se mantuvo como nación católica precisamente para conservar su identidad frente a los pueblos que la rodeaban por el este y el oeste, y que a lo largo de la historia habían ocupado su territorio: en occidente, los alemanes luteranos y en oriente, los rusos ortodoxos. La Edad Moderna en Europa fue un período intolerante y sangriento, en el que se buscó la uniformidad religiosa a costa de perseguir y eliminar todo tipo de diferencia.

La pervivencia de los conflictos religiosos

En ocasiones se defiende la idea de que los grandes conflictos actuales son choques entre civilizaciones, caracterizadas por las opciones religiosas. Hay especialistas en política internacional que creen que las guerras del futuro tendrán como causa principal la religión y, sobre todo, destacará el enfrentamiento entre el islam y el cristianismo.

Esta información no concuerda con la importancia del diálogo interreligioso en el mundo actual, ni con el carácter de pretexto que la religión tiene en los enfrentamientos.

Hoy en día se producen aún conflictos que en un primer análisis parecen tener una causa religiosa. Pero hay que tener en cuenta que la religión sigue siendo un medio muy poderoso de distinguirse de otros, y que puede servir para marcar una frontera, para expulsar al diferente o para matar sin remordimientos.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante Tomo 17 – La Nación.

La Religion en la Mesopotamia Pueblos de Oriente Medio Actualidad

La Religión en la Mesopotamia
Pueblos de Oriente Medio Actualidad

LA RELIGIÓN EN LA ACTUALIDAD

De las numerosas religiones que se han esbozado en esta sección, muchas de ellas, las que podríamos llamar primitivas- históricas, han desaparecido totalmente. Así, no es posible encontrar en el mundo un ferviente adorador de Zeus Olímpico. Perviven cultos fetichistas y totémicos entre los pueblos más atrasados, pero el avance de la civilización coincide con la desaparición de estas creencias sin fundamento filosófico y real. Entre las grandes religiones que agrupan centenares de millones de fieles, es posible establecer una diferencia: las que tienden a extenderse ganando prosélitos, y las que o permanecen estáticas, con tendencia a reducirse, o bien constituyen un círculo cerrado privativo de un pueblo o una raza.

religion en la mesopotamia

Así, a menudo tenemos noticia de que hombres eminentes se convierten al catolicismo, comarcas enteras son evangelizadas por misioneros y a nadie extraña que un senegalés se ordene sacerdote o que el Papa unja obispo a un birmano, por ejemplo. Pero causaría sorpresa saber que un francés se ha convertido al mahometismo o que un indio se ha pasado al judaísmo.

Estas dos religiones son prácticamente exclusivas de una raza y el proselitismo que realizan se limita a sus propios conciudadanos. No hay misioneros musulmanes entre los europeos.

Forzoso es reconocer, también, que los misioneros cristianos encuentran grandes dificultades para evangelizar en tierras musulmanas, no tanto por restricciones políticas como por el fanatismo y cerrazón de los propios creyentes. Es preciso señalar también una gran división en el mundo actual: los creyentes y los no creyentes. La negación total de Dios (ateísmo), va unida a una concepción puramente materialista de la vida, de la historia y del mundo.

El número de ateos conscientes, totalmente convencidos de que más allá de la vida y de nuestras propias fuerzas no existe poder espiritual que nos gobierne y a quien hayamos de rendir cuentas, no es tan crecido como el de los pragmáticos y agnósticos, es decir, los convencidos de que la vida se ha de vivir con la inquietud de cada día, sin preocuparse de problemas profundos cuya solución, dicen, es imposible de hallar. Sobre el futuro, el más allá y la trascendencia de todo lo que existe, según ellos, no sabemos nada.

Por tanto, nada podemos decidir sobre algo tan nebuloso que nunca podrá esclarecerse. El mundo comunista ateo abarca más de un tercio de la Humanidad. Este credo social y político es también un credo religioso. La religión del Estado implica una renuncia a toda otra religión. En los Estados comunistas se realiza una activa campaña contra toda clase de fe en poderes superiores, sean de la clase que sea. «La religión es el opio del pueblo» es un slogan que vale lo mismo para combatir el cristianismo de Hungría que el budismo de China.

La Iglesia católica condenó al comunismo ateo por boca de Pío XII. Sin embargo, en los últimos años se ha observado un estrechamiento en las relaciones de la ex U.R.S.S. con el Vaticano, llegando a la culminación con la entrevista, efectuada en el mes de enero de 1967, entre Su Santidad y el presidente de la Unión Soviética, Podgorny. América es un continente cristiano. Existen aún algunas tribus esquimales o de indios que mantienen sus creencias primitivas, pero la América civilizada es católica o protestante. En Norteamérica predominan ligeramente los protestantes, pero toda la América latina es fundamentalmente católica. Europa es cristiana también exceptuando algunos núcleos musulmanes.

Los países nórdicos, incluida la Gran Bretaña, mantienen el credo protestante. Grecia y la Europa Oriental pertenecen a la Iglesia cismática, mientras la Europa latina, Francia, gran parte de Alemania, Austria, Irlanda, Hungría, Polonia, etc., son primordialmente católicas. El Africa negra está sufriendo una transformación importantísima. Así como se va convirtiendo en una entidad política y económica digna de consideración, grandes comarcas africanas abandonan los cultos fetichistas para convertirse al cristianismo. El nombramiento en 1960 del primer cardenal negro, monseñor Rugamewa, obispo de Tanganica, produjo excelente impresión entre el elemento indígena africano. Las misiones católicas y protestantes del Africa negra son quizás las que más frutos han conseguido en su tenaz labor de apostolado. El trabajo realizado en un sentido ampliamente cristiano por el doctor Schweitzer, no es único en este continente tradicionalmente atrasado.

Casi toda el Africa situada al Norte del Ecuador prácticamente es musulmana exceptuando la isla etiópica donde se mantiene un cristianismo ancestral. El mahometismo se extiende por el Oriente Medio, Persia, Turquestán y Pakistán, llegando hasta Indonesia, que recibió esta fe cuando era visitada por mercaderes musulmanes mucho antes de que llegara allí el cristianismo. En el continente asiático es donde se da una mayor mezcolanza de sentimientos religiosos. La India en este sentido es un gran avispero. Aún existen en ella unos 125.000 parsis, seguidores de las doctrinas de Zoroastro.

La división del país en Pakistán (musulmanes) y la India propiamente dicha (hindúes) obedece a una diferenciación de credo religioso. A raíz de la constitución del Pakistán, se realizó uno de los éxodos de poblaciones más grande que registra la Historia a fin de que la mayor parte de población religiosa se encontrara emplazada en el país de su preferencia. A pesar de los esfuerzos de Nehru y sus seguidores, el hinduismo mantiene en la India formas típicamente retrógradas. Aún pululan las vacas sagradas por las calles de sus principales ciudades y los parias todavía son considerados como intocables.

Más de 60 millones de parias sufren una de las segregaciones más absurdas, a pesar de que el sistema de castas haya sido declarado fuera de la ley por el parlamento de Nueva Delhi. Hasta 1951, por ejemplo, no se modificó el código que regulaba el matrimonio que, en esencia, databa del siglo V a. de J.C. y derivaba del Código del Manú.

La religiosidad es muy intensa. En la ciudad santa de Benarés existen 1.450 templos hindúes. El budismo chino sufre una de las pruebas más duras por la intensa campaña antirreligiosa del gobierno comunista. Las misiones cristianas, que estaban muy extendidas en el inmenso país, fueron dispersadas y en la actualidad no existen centros cristianos en China. Antes de la última guerra mundial el sintoísmo era la religión oficial del Japón. Según ella, el emperador era un dios a quien no se podía mirar cara a cara. Por esta razón, cuando Hiroito se presentaba al pueblo, la multitud inclinaba la cabeza para no cometer la irreverencia de mirarle.

El emperador descendía por generación directa de Amaterasu- Omikanii, la diosa del Sol. El culto de los antepasados, la fe en el Imperio, la devoción al emperador hasta la muerte, la gloria del que cae en el campo de batalla y la obligación de visitar una vez en la vida el templo de Ise, eran los pilares fundamentales de la fe en el Shinto, el emperador. En la actualidad el mismo emperador, al democratizarse, ha hecho que esta fe disminuyera y hoy el Japón es una encrucijada de creencias: sintoísmo, budismo y cristianismo.

Una gran parte del mundo, quizás un 75%, es creyente. Cristianos, mahometanos, budistas, etc., admiten la existencia de un ser Creador omnipotente que rige los destinos del mundo. Una gran parte de los no creyentes, por lo menos en la práctica, son agnósticos y no admiten ni el planteamiento del problema religioso. Un sector muy reducido del resto confiesa su fe atea, si vale la paradoja. Pero muchos millones de seres humanos aún siguen fieles a prácticas supersticiosas primitivas entre los pueblos salvajes. No puede negarse que en la segunda mitad del siglo XX la Religión, la fe en un Dios creador y providente, sigue siendo una de las fuerzas positivas espirituales más fuertes de la Humanidad civilizada.

En nuestro mundo tan revuelto, las posiciones espirituales se han simplificado al escindirse la humanidad en dos campos mentalmente antagónicos: creyentes y ateos. El antagonismo que en el siglo XVI se produjo entre católicos, o «papistas» como se les llamó, y protestantes, no puede existir en la actualidad. En Alemania hay algunos templos en los cuales los cultos católico y protestante turnan para que puedan ser utilizados por los fieles de los dos credos. El movimiento internacional ateo, radicado en Moscú y Pekín, principalmente, dirige sus ataques en forma indistinta contra los mahometanos, budistas, cristianos o cualquier otro grupo de creyentes. Este hecho ha producido un acercamiento, táctico si se quiere, entre los «deístas».

LA RELIGIÓN EN LA MESOPOTAMIA

Las cuencas del Éufrates y del Tigris fueron, casi en época contemporánea al esplendor egipcio, cuna de una gran civilización, pero los dioses mesopotámicos y las ideas religiosas desarrolladas en este lugar del Asia se diferenciaron grandemente de las aparecidas en Egipto. La preocupación por la muerte y la otra vida, ideas típicas del valle del Nilo, se transformaron aquí en una adoración temerosa hacia dioses crueles y tiránicos. En el siglo IX a. de J.C. se vivía un politeísmo totémico. La naturaleza y todos los objetos relacionados con el hombre eran tenidos por dioses, de los cuales existían más de 55.000 reconocidos, desde los protectores de cada ciudad a los que eran particulares de cada persona y de los momentos cumbres de la vida. Durante un tiempo hubo una cierta confusión entre la Religión y la Astronomía teñida de Astrología.

El cielo purísimo de Caldea y Asiria permitía la observación del firmamento, y de su conocimiento se llegó a una identificación de dioses y astros. El planeta Venus era Astarté, por ejemplo. Los zigurats fueron, posiblemente, los primeros observatorios astronómicos utilizados por el hombre en aquel tiempo de sacerdotes-astrónomos. Los dioses asirios y caldeos se limitaban a asegurar la felicidad terrena a los hombres que se habían acordado de ellos en vida mediante sacrificios y ofrendas, pero ni a unos ni a otros preocupaba demasiado el futuro. No les inquietaba en exceso lo que podía ocurrir más allá de la muerte, y su religión era concreta, materialista. Los primitivos sumerios fueron sustituidos por una ola de semitas y el reino de Babilonia se encontró en trance de estructurar una verdadera religión con su culto y sus templos. Baal fue el protector de Nipur, y Marduk, de Babilonia; Anu era el cielo; Baal, la tierra; Shamash, el Sol; Sin, la Luna, etcétera. Mas por encima de todos brilló una diosa cruel, hermosa, lasciva y obsesionante: Astarté, de origen sumerio, que había de dar motivo a un entroncamiento con la Afrodita griega y la Venus romana. Era la diosa del amor y de la fecundidad aunque ofreciendo facetas distintas: más guerrera en Nínive, más voluptuosa en Babilonia, más refinada en Fenicia, etcétera.

Astarté se enamoró de Tammuz, quien, durante una cacería fue destrozado por un jabalí y descendió al reino de los muertos. Entonces la diosa fue tras él y suplicó a los custodios del reino de las sombras para que le devolvieran a su amante, consiguiéndolo gracias a sus ruegos y a su belleza.

Al aumentar el esplendor y el poder de Babilonia creció también el número de dioses porque los reyes vencedores arrastraban consigo, además del botín y los prisioneros, a todos los dioses de sus enemigos, que pasaban a engrosar los ya numerosos de sus templos. Hammurabi, el gran legislador, que debía ser un hombre ordenado en extremo, catalogó y numeró los dioses de modo que dio el número 30, por ejemplo, a la Luna, el 20 a Shamash, el Sol, etcétera. La preponderancia de la Astrología ocasionó el incremento de la adivinación. Los sacerdotes se convirtieron en magos. Para augurar, por ejemplo, el ciclo propicio de Astarté, era preciso seguir y conocer el curso de su planeta, Venus.

Esto les obligó a perfeccionar en gran manera sus estudios de Astronomía. Hubo momentos en que interesó más la estrella, la constelación, el astro y sus variaciones en el cielo que la misma estatua o imagen del dios en el templo, y la Ciencia ahogó su Fe. Aunque esto no impidió la creación de una cosmogonía menos consistente que la egipcia. Según ellos, al principio existía el Abismo y el Caos, los cuales dieron origen a dos principios: Lahmou, el macho y Lahamou, la hembra. Más tarde surgieron otras parejas que entablaron tremendas luchas entre sí, intrigas de odios y de violencias en las que el elemento sensual predominaba. Así, cuando lucharon Marduk y Tiamat, el primero consiguió dominar a Tiamat y la destrozó dividiéndola en dos partes.

De una hizo el cielo, de otra la tierra y de la sangre nacieron los hombres. Algún tiempo más tarde, Marduk quiso destruir a los hombres y provocó el diluvio. Ea previno a tiempo a su amigo Uota- Napishtim, el cual construyó un navío en el que se salvó un puñado de hombres. La persistencia del tema del Diluvio en todas las cosmogonías hace pensar profundamente y es necesario admitir que realmente hubo una grandiosa inundación, cuyos efectos destructores quedaron impresos en forma indeleble en el recuerdo y en la tradición de todos los pueblos. Ya se ha dicho el escaso interés que los asirios y caldeos mostraron por el futuro, por el reino de los muertos. La felicidad fue concebida como cosa humana y terrena. Al morir una persona, los familiares y amigos rodeaban el cadáver de provisiones y enseres a fin de asegurarle una existencia soportable. Luego, los demonios subterráneos se hacían cargo del difunto y se lo llevaban a los reinos de la muerte, donde reinaba Nergal.

El muerto era llevado en una barca por las aguas de un río que se encaminaba hacia el Norte, es decir, hacia la ciudad de los muertos rodeada de siete murallas. Nergal salía a veces de las entrañas de la Tierra para recoger almas. Era la Peste que destrozaba las poblaciones. Mientras tanto, su esposa, Beltis-Allat, con cuerpo humano y cabeza de leona, permanecía en los abismos.

En épocas más próximas se creía que ella realizaba un juicio de los muertos quienes se presentaban completamente desnudos ante la diosa. Ésta no les preguntaba, como en Egipto, cuál había sido s conducta moral, sino que se limitaba a averiguar si habían sacrificado a los dioses y cumplido los ritos externos. En caso negativo, eran entregados a los demonios, que los atormentaban. La evolución hacia una moral más elevada se produjo muy lentamente, pero en la cuenca mesopotámica el premio y el castigo eternos siempre estuvieron supeditados a la conducta del hombre respecto de los dioses y no con respecto a sus semejantes, o a unas normas de moral universal.