Creación del Virreinato

La Ciencia en el Virreinato Rioplatense Primeros Cientificos

La Ciencia en el Virreinato del Rio de la Plata: Naturalistas, Botánicos, Astrónomos, Matemáticos y Médicos

El descubrimiento de América, con su inmenso caudal de innúmeras especies y géneros desconocidos en el viejo mundo, trajo aparejado un florecimiento inusitado en el campo de la botánica y en el de la zoología.

Ya Colón, de regreso de su primer viaje, llevó a España plantas y animales americanos que despertaron el interés de los monarcas y la curiosidad de los estudiosos europeos.

En 1530 se dictó una Real ordenanza con instrucciones sobre el estudio de la flora y de la fauna, y en 1772 se creó un museo dentro de la Biblioteca de Madrid para coleccionar el material remitido a la metrópoli, organizándose con este fin numerosas expediciones científica.

Es natural que ni los conquistadores ni los misioneros fueran verdaderos técnicos en esta especialidad, y si bien se refieren a la flora y la fauna, más bien lo hacen de paso y en el sentido de descripciones, mezclando muchas veces lo fabuloso con lo verídico, pero que, rectificaciones posteriores, permitieron ir precisando los conceptos científicos y ofrecernos al finalizar el siglo XVIII un panorama completo de Historia Natural Rioplatense.

PRIMEROS NATURALISTAS RIOPLATENSES. Los exploradores del Río de la Plata son los primeros en referirse a nuestra fauna y flora, si bien de pasada y sólo ligeramente.

Así, Diego García, en la Memoria de su navegación de 1526 dice de los indígenas que le ofrecieron «muchas provisiones que se llaman maíz, y harina de mandioca, y muchas calabazas»; que los indios mespenes «tenían arroz», y que en la isla de Flores vio «muchos lobos marinos».

También el gobernador don Diego Rodríguez Valdés hace mención de la caza de venados, cuando escribe que tuvo ocasión de ver «quen espacio de dos horas enredaron con las boleadoras once benados y se le fueron otros tantos casi de las manos».

Uno de los viajeros de la expedición de Sebastián Caboto, llamado Luis Ramírez, en una interesante carta escrita desde San Salvador y fechada en 1528 hace a menudo alusión a la fauna y flora regionales.

Habla de «los cardos del campo», de los ratones que se vieron constreñidos a comer, de que el «pescado desta tierra es mucho y muy bueno» y que «ay en ella muchas maneras de cazas, como benados, y lobos y raposos, y abetruzes y tigres», «muchas obejas salbajes de grandor de una muleta de un año y llevaban de peso dos quintales, tienen los pescuezos muy largos, a manera de gamellos».

En lo de «obejas salbajes» alude, sin duda, a las llamas. Remontando el río Paraná fueron de isla en isla «asta llegar a una ysla do abia tantas garzas que pudiéramos enchir los navios»; «y aconteció algunas personas andar a buscar biboras que las ay muchas y muy grandes y muy en ponzoñosas y matarlas y comerlas».

Y ya en las regiones chaqueñas, «recibíamos mucha fatiga en buscar la comida, por ellos, [los compañeros] aunque no se nos ponía delante temor de ninguna onza, ni tigre, ni de otra fiera ninguna de las cuales animalías toda esta tierra está muy poblada»; hablando de los indios correntinos añade: «nos truxeron mucho bastimento, ansi de abatí, calabazas, como rayzes de mandioca e patacas e panes hechos de arina de las rayzes de mandioca muy buenos».

De este modo, en esta documentada carta hace alusión de tanto en tanto a las diversas especies de animales y vegetales que poblaban estas ricas e ignotas regiones de Suramérica.

Cabe al bávaro Ulrico Schmidel, soldado de la expedición del Adelantado «Thon Pietro de Monthossa«, y que después residiera en las regiones rioplatenses veinte años, ser el primer europeo que se ocupara con detenimiento, en su relato Viaje al Río de la Plata, de nuestra fauna y floral.

Nos habla de peces raros vistos durante la travesía, como el remora-remora (Echeneis naucrates), que tiene en la cabeza una especie de chupón ovalado con que se adhiere a otros cuerpos.

Hallamos también en dicha obra las primeras referencias al ñandú, al que denomina en la edición alemana «abestraussen», y pondera las características y la utilidad de las llamas, que nombra como «ovejas de la tierra.

Igualmente describe a la boa acuática lampalagua (Eunetes murinus) como una «gran serpiente disforme, de 25 pies de largo, del grueso de un hombre, salpicada de negro y amarillo».

En lo que respecta a la flora, le debemos las primeras noticias sobre el maíz, la mandioca, la batata y el maní, al que se refiere diciendo que eran «raíces que se parecen a las avellanas».

Lo valioso de la publicación de Schmidel son las numerosas láminas que acompañan al texto, siendo de lamentar el fantaseo que se advierte en el anónimo artista que ilustró la celebrada obra.

BOTÁNICOS Y ZOÓLOGOS JESUÍTAS. — Desde su llegada a estas ignotas regiones, los jesuítas, tan insignes geógrafos como intrépidos exploradores, sintieron también gran inclinación por el estudio de la naturaleza.

Hombres de una cultura más que ordinaria, muchos de ellos dotados de conocimientos especiales afines a las ciencias naturales, debieron quedar deslumbrados en medio de esas selvas vírgenes tan llenas de misterios y de interrogantes, y acometieron la ímproba tarea de ir desentrañando su riquísima flora como su variadísima fauna.

Meros aficionados, en un principio no pudieron intentar la sistematización en sus estudios, limitándose a lo que ahora entendemos por descripciones científicas, vale decir, dando a conocer los ejemplares por sus propiedades naturales y exterioridades más sobresalientes.

Pero no olvidemos que estos «pioneros» amantes de la creación, no teniendo predecesores en este campo, no pudieron valerse de otros libros que del gran libro de la virgen naturaleza americana, que nadie antes que ellos había abierto, estudiado y escudriñado.

La larga lista de estos estudiosos en las regiones del Río de la Plata constituye, sin duda, una honrosa página en las anales de la cultura científica argentina.

Materialmente imposibilitados de sintetizar siquiera la obra de estos eximios naturalistas, nos contentaremos con enumerar a los más sobresalientes, y empezamos recordando al P. José de Acosta, autor de la Historia Natural y Moral de las Indias a quien cabe la gloria de haber divulgado cuanto se conocía en la flora y la fauna desde Méjico hasta Tucumán.

Hacia 1639 aparece la Conquista espiritual del P. AntonioRuiz Montota, en la que dedica todo el capítulo III a la zoología rio-platense y el IV al estudio de la yerba mate.

También el P. Pedro Lozano, en su tan mentado libro Chorographia del Gran Chaco Gualamba, dedica todo el capítulo IV a los árboles y plantas chaqueños y el V a los animales y serpientes, que tanto abundaban en esas enmarañadas selvas.

Por su parte, el Hermano Pedro Montenegro fue el autor del precioso códice de Botánica Médica, ilustrada con múltiples y valiosas láminas de plantas, yerbas, flores y frutos; es considerado como el primer tratado de materia médica rioplatense.

botanica dibujos
Dibujos de la Flora del Rio de la Plata del Padre Feuillée

Últimamente se ha publicado esta obra, pero sólo en cuanto a su texto, lo que, no cabe duda, es una lástima. Haciendo un paréntesis a la labor de los jesuítas, debemos recordar aquí al P. Luis Feuillée, religioso mínimo (Orden de San Francisco de Paula), astrónomo y botánico de prestigio, miembro de la Academia de Ciencias de París.

Llegado a Buenos Aires en 1708, y aunque las observaciones astronómicas le absorbieron la mayoría del tiempo, no dejó de recorrer nuestros campos estudiando su fauna, y muy especial mente su flora.

En su Histoire des Plantes e Histoire des Plantes Medicinales describe Feuillée más de un centenar de plantas de la flora argentino-chileno-peruana observadas personalmente por él.

araña
Dibujo de una araña de Termeyer

Volviendo a los jesuítas, mencionaremos al P. Martín Dobriz-Hoffer, autor de la magistral monografía De Abiponibus, cuyo capítulo XXX consagra al estudio detenido de las serpientes y el capítulo XXXI a los insectos, sin contar otros muchos datos dé interés científico con que están sembradas las páginas de este amenísimo libro.

La introducción del gusano de seda en el Río de la Plata lo debemos al P. Ramón M. de Termeyer, pudiendo considerarlo por tal motivo como fundador de nuestra industria sericícola.

Gran observador y coleccionados de arañas americanas, estudió el aprovechamiento de la seda arácnea en la fabricación de telas, con las que llegó a confeccionar medias y guantes, obsequiados a príncipes de Europa.

fauna rio de la plata
Búho, dibujo del Padre Feuillé Tero-Tero Dibujo del Padre Sánchez Labrador

En los diversos tratados que escribió nos habla de las excelencias del té paraguayo, de las propiedades de la lana de guanaco, de las anguilas eléctricas del río Salado y de varias monografías sobre insectos.

flora rio de la plata
Dibujos dela Padre Sánchez Labrador Sobre Plantas del Río de la Plata

El jesuíta inglés P. Tomás Falkner, «prediletto discepolo del gran Newton», además de ser el primer descubridor de restos fósiles en nuestro país escribió la celebrada Description of Patagonia, donde se ocupa de la zoología y la botánica de esta región, y otra rotulada Botanical, mineral and like observations on the producis of America («Observaciones botánicas, mineralógicas y otras sobre productos de América»).

No es, pues, exagerado el elogio de «eximio botánico» con que lo ponderan sus contemporáneos. Gran observador de la naturaleza fué el P. Florián Baucke, que pasó más de quince años entre los indios mocobíes de Santa Fe.

Vuelto a su país natal, Silesia, como consecuencia del extrañamiento de 1767, se dedicó a escribir una obra dedicada al suelo, flora y fauna de Santa Fe, titulada Hacia allá y para acá o Una estada entre los indios mocobíes (1749-1767). Completan el relato más de cien láminas y dibujos interesantes que representan las costumbres de los pobladores del litoral, así como peces, reptiles, aves y mamíferos de la región .

Por encima de todos estos naturalistas se yergue la figura del santiagueño P. Gaspar Juárez, autor de nuestra primera Historia Natural y fundador de un Jardín Botánico americano.

Enriqueció la botánica con una interesante obra en tres tomos: Observaciones fitológicas sobre las plantas rioplatenses, donde describe, clasifica con nomenclatura popular y científica y diseña cada una de las plantas y flores a que da cabida en su preciosa colección.

El único competidor del citado estudioso fué el proficuo investigador P. José Sánchez Labrador, cuyos veinte gruesos volúmenes de sus escritos constituyen toda una enciclopedia científica americana.

Dedica un volumen de 558 páginas al estudio de las tierras, aguas y aire de estas regiones; un segundo volumen de 500 páginas a la botánica, y un tercero de 794 páginas a la zoología (127 páginas sobre ornitología, 166 sobre animales cuadrúpedos y 373 sobre reptiles, anfibios e insectos).

Con la sobria enumeración de estos esclarecidos Hijos de San Ignacio, que no satisfechos con evangelizar a indios salvajes dedicaron sus ocios y sus forzados viajes a enriquecer nuestro acervo científico en el campo de la Historia Natural, queda fuera de razón el rótulo de «empírico» con que ha pretendido aminorarlos cierto escritor contemporáneo.

NATURALISTAS DEL ULTIMO PERIODO HISPÁNICO.
También entre el elemento civil se cuenta con apasionados estudiosos de las ciencias naturales, si bien no tan numerosos ni de tan raudo vuelo como en las órdenes religiosas.

En la segunda mitad del siglo XVIII descuella el aragonés Félix de Azara, venido como jefe de la Tercera Comisión Demarcadora de Límites, y desde su arribo en 1781 hasta 1801, luchando con no pocas dificultades, logra recorrer estos territorios en cumplimiento de varias comisiones del virrey.

Azara Félix
Félix de Azara
Autor de obras fundamentales
sobre la Historia Natural de las regiones rioplatenses.

Si bien la especialidad de Azara era la geodesia y la cartografía, su contacto continuo con la naturaleza y su agudo espíritu de observador hicieron de él un eminente zoólogo.

Valiéndose, sin duda, de las numerosas obras de los jesuítas recientemente extrañados del país y completando a estos investigadores con su labor personal, llegó a describir unas 450 especies de animales, de las cuales alrededor de 200 completamente desconocidas.

Vuelto a Europa, se relacionó con naturalistas franceses y dio a luz sus Obras zoológicas Apuntamientos para la Historial Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y Rio de la Plata (1801) y Apuntamientos para lo Historia Natural de los páxaros del Paraguay y Río de la Plata (1802).

En la primera de estas dos obras describe unas cien especies de vertebrados y en la segunda unas cuatrocientas especies de pájaros.

En sus observaciones biológicas mezcla a veces transcripciones de Buffón con observaciones personales. Da a los animales sus nombres vulgares en español o guaraní, no empleando la nomenclatura binaria o linneana debido a su carácter de autodidacto.

También trata cuestiones relacionadas con la ciencia natural en su publicación postuma Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata.

Junto a este ilustre zoólogo debemos mencionar a su compañero de labor en la Comisión de Límites don Diego de Alvear , que durante su actuación escribió, en colaboración con Juan F. Aguirre, cinco volúmenes del Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en América Meridional, el cuarto volumen de los cuales trata sobre fauna, flora y gea, según clasificación de Linneo.

Ya hemos hablado de Tadeo Haenke en su carácter de geógrafo; agreguemos ahora que al radicarse en Cochabamba se dedicó a cuestiones científicas, colaborando asiduamente en el «Telégrafo Mercantil de Buenos Aires» y más tarde en el «Correo de Comercio».

Murió en 1817. Otro miembro de la expedición de Malaspina fué el naturalista Luis Née, francés, naturalizado español, que a su regreso a España enriqueció el Jardín Botánico de Madrid con un herbario de 10.000 ejemplares recogido a lo largo de su viaje: Montevideo, Buenos Aires, Puerto Deseado y las Malvinas.

Un tercer y último naturalista de la mencionada expedición científica fue Antonio de Pineda y Ramírez, colaborador de Félix Azara. Desplegó gran actividad en el Perú y sobre todo en las islas Filipinas, donde falleció en 1792.

Ya sobre los sucesos de Mayo debemos mencionar a don Martín José de Altolaguirre, notable en su época como cultivador de plantas exóticas en su quinta inmediata a la Recoleta, y cuyas experiencias agronómicas entregaba a Belgrano, secretario del Consulado.

Terminamos el estudio de este epígrafe haciendo una corta referencia al importante hallazgo del dominico argentino fray Manuel Torres, en las barrancas del río Lujan, de restos fósiles del megaterio argentino (Megatherium luxanense).

Previa reconstrucción del monstruo para ser dibujado por el ingeniero militar José Custodio de Sa y Faría, fue convenientemente embalado y remitido en siete cajones al Real Gabinete de España, hacia fines de 1787, exhibiéndose desde entonces en el museo dé Madrid.

El hallazgo de estos restos, tan ingentes como insólitos, despertó la curiosidad de los sabios europeos frente a animales fósiles de tan gran talla, y hasta el rey hispano, entusiasmado con esta maravilla zoológica y creyendo fuera un animal de la fauna actual, hizo pedir, por su ministro Porlier, al virrey Marqués de Loreto le mandase uno vivo, aunque fuese pequeño, aclarando que, en su defecto, «desecado y relleno de paja, organizándoio y reduciéndolo al natural, con todas las demás precauciones que sean oportunas, a fin de que llegue bien acondicionado».

LOS ESTUDIOS MATEMÁTICOS: Es un error creer que las ciencias exactas, tanto puras como aplicadas, no tuvieran sus cultores durante la época hispánica.

Naturalmente, no debemos enfocar ese pasado heroico con la visión del presente, sino que debemos situarnos en el terreno
real de los hechos y según los antecedentes acumulados hasta entonces por la ciencia y el saber humano.

Las matemáticas, como todas las ciencias, tuvieron su ritmo de progreso, que se acentuó, sobre todo, después de las luminosas directivas de Descartes, Pascal, Gassendi, Newton, Leibnitz y otros, que echaron por tierra las teorías astronómicas aristotélicas seguidas hasta entonces, y mal podría exigirse a los estudiosos americanos, en los siglos XVI y XVII, una cultura científica que ni siquiera en Europa existía.

No cabe duda que las matemáticas aplicadas tuvieron un halagüeño desarrollo en el antiguo Virreinato del Río de la Plata, como lo atestigua la presencia en estas tierras de hábiles arquitectos e ingenieros, geógrafos y cartógrafos, agrimensores, pilotos navales y hasta astrónomos de fama, oficios todos que presuponían un conocimiento profundo de las matemáticas.

Una prueba de este aserto es el gran número de obras de matemáticas en poder de particulares o en la biblioteca de la Universidad cordobesa, lo que pone de manifiesto, una vez más, que los hombres de la época colonial no estaban tan ayunos en las ciencias exactas como ordinariamente se supone.

Primeros matemáticos argentinos. — Con las primeras expediciones que llegaron a estas playas participaron expertos navegantes a quienes con alguna incorrección se les dio el nombre de «pilotos», cuando su misión no era la de dirigir la nave, sino la navegación.

Estos técnicos, formados en la Escuela de Pilotos de la Casa de Contratación de Sevilla, encargada de organizar las expediciones descubridoras y las empresas comerciales en los primeros lustros de la conquista, debían ser versados en la cosmografía y la astronomía, ya que de estas regiones no había cartas marinas y además contaban con un instrumental de observación rudimentario.

Matematico Cerviño
Pedro A. Cervino. Gran matemático español, vinculó su nombre con los comienzos de la cultura científica de Buenos Aires. Fué el primer director de la Academia Náutica fundada en 1799.

Desde los comienzos de la colonización se contó con geodestas, agrimensores y alarifes en quienes debemos suponer conocimientos más que suficientes en el campo de las ciencias exactas.

l arribo de los jesuítas al Río de la Plata señaló un repunte asombroso a las matemáticas, pues aportaron entre ellos no pocos eminentes estudiosos en este ramo del saber: el primer astrónomo de que tenemos noticias, P. Pedro Comental, conocido por «el matemático»; el célebre P. Nicolás Mascardi, discípulo predilecto del gran maestro Atanasio Kircher; el perito o matemático P. Felipe Lemer, techador de la iglesia de la Compañía en Córdoba, de quien hablamos en su oportunidad; el P. Buena ventura Suárez, a quien dedicaremos párrafo aparte, y, entre los civiles, los maestros de obras públicas: arquitectos José Bermúdez y Domingo Petrarca, y el coronel ingeniero Diego Cardoso.

A todos estos matemáticos nombrados debemos agregar aquellos que se dedicaron a la ciencia cartográfica, que si bien hoy, por lo general, se reduce a simples transcripciones, para aquellos hombres de fines de siglo XVI, siglo XVII y gran parte del XVIII les suponía no poder realizar su cometido sin un conocimiento nada vulgar de las matemáticas y de sus aplicaciones astronómicas.

En la primera mitad del siglo XVIII descolló con perfiles propios el P. José Quiroga, «maestro de matemáticas» al par que insigne astrónomo y atrevido explorador, que antes de ingresar en la vida religiosa había hecho la carrera en la Escuela Naval de España.

Fue comisionado por la Corte para fortificar las costas patagónicas contra posibles ataques de naciones extranjeras, trayendo consigo a América, en 1745, un sorprendente bagaje de instrumentos científicos, algunos destinados al astrónomo santafesino P. Suárez. Además se debe al P. Quiroga la erección de la cátedra de matemáticas en la Universidad de Córdoba, de la cual fué titular durante varios años.

Otros muchos meritísimos jesuítas contó la colonia, peritos en matemáticas y astronomía, cuyos nombres han pasado a la posteridad cultural argentina, pero que la índole de este texto nos impide desarrollar aquí.

Los estudios astronómicos del Padre Suárez. — El P. Buenaventura Suárez nació en la ciudad de Santa Fe en 1679. A los dieciséis años ingresó en la Compañía de Jesús, realizando sus estudios en el colegio de los jesuítas de su ciudad natal y en la Universidad de Córdoba.

No se trata, pues, de un sabio europeo, sino de un criollo y formado en ambiente científico criollo, lo cual no fué óbice para que sus estudios y observaciones llegaran a interesar a centros culturales de Europa y hasta a la exigente Universidad de Upsala (Suecia).

En la labor astronómica de este santafesino perdido en los pueblos de las Misiones debemos distinguir dos etapas: la que corre de 1706 a 1739 y la transcurrida desde 1739 a 1750. aue marca el fin de su vida después de alternar su labor de misionero con las ocupaciones científicas.

En la primera época sólo cuenta para sus observaciones con los instrumentos astronómicos construidos con ayuda de los indios; establece la longitud de la Reducción guaranítica de San Cosme y San Damián, de la que era misionero, siguiendo a los satélites de Júpiter, y compendia sus observaciones astronómicas de cinco años en su Lunario de un siglo, que llegó a contar varias ediciones; por «Lunario» se entendía en la época de Suárez lo que hoy día llamamos calendario o almanaque astronómico.

Este Lunario contenía tres clases de fenómenos: a) el áureo número, epacta, letra dominical, etc.; b) los eclipses de la Luna y del Sol; c) las fases de la Luna. Todo este trabajo supone en su autor conocimientos muy vastos y profundos de astronomía.

La fama adquirida por el astrónomo americano y la aceptación que tuvo su Lunario indujo a los superiores a procurarle medios más modernos de labor. Estos instrumentos para la instalación del nuevo Observatorio debieron adquirirse en Inglaterra, pues los comisionados no pudieron hallarlos en España, ya que allí no se preocupaban las gentes de esta clase de estudios y en Portugal no se encontraban «estas chucherías inglesas».

En julio de 1745 llegaron al puerto de Buenos Aires varios cajones conteniendo los pedidos instrumentos astronómicos. Ignoramos qué uso hizo Suárez de estos aparatos; sólo sabemos que levantó con ellos un moderno Observatorio y estuvo al frente del mismo hasta su deceso, ocurrido en 1750.

Si bien, por la época en que vivió, Suárez sólo pudo conocer en sus postrimerías las modernas ciencias matemáticas: el método de las coordenadas, debido a Descartes, y la creación del cálculo infinitesimal, obra de Newton y Leibnitz, es indudable que supo explorar con genio los viejos filones tan sabiamente aprovechados por Nepper, Briggs, Kepler y Galileo, y la fama que sus estudios astronómicos le granjearon en América, Europa y aún en el Asia, bastaría para considerar a este sabio santafesino como una alta gloria nacional.

Los reales matemáticos demarcadores de límites. — Entre los reales demarcadores llegados á mediados del siglo XVIII hallamos al comisionado lusitano José Custodio de Sa y Faría, egregio matemático, y a los jesuítas Bartolomé de Paniaguay y Martín Schmid, insignes astrónomos.

Pero lo que afectó mayormente la evolución de las matemáticas, puras y aplicadas, fué el selecto grupo de científicos que llegaron a Buenos Aires en 1783 en cumplimiento de lo dispuesto por el segundo tratado de Límites, firmado entre España y Portugal en San Ildefonso, el año 1777.

De esta embajada científica debemos destacar en el campo de las ciencias exactas: a Juan F. Aguirre, que se dedicó con apasionamiento a sus labores de geógrafo y astrónomo; a Diego de Alvear, conspicuo en las matemáticas; a José M. Cabrer, ingeniero militar, que prestó notables servicios en las Invasiones inglesas; a Bernardo Lecocq, que se granjeó una justa nombradla en ambas orillas del Plata por su ciencia y su experiencia de ingeniero geógrafo, y al ingeniero Pedro Cervino, colaborador de Azara en varias de sus empresas geográficas y cuyo nombre está vinculado a la fundación de nuestra primera Escuela Náutica.

También fué adjuntado a la segunda partida de demarcación de límites el piloto Andrés de Oyarvide, que se hallaba ya en Buenos Aires; sus numerosas y bien documentadas cartas geográficas y el relevamiento de la desembocadura del Río de la Plata ponec de manifiesto la pericia matemática de este egregio varón.

Mientras los regios comisionados fincaban mojones en las regiones en litigio, arribó al Río de la Plata la Expedición de Alejandro Malaspina, realizando una proficua labor de orden geográfico, marino y astronómico.

Además del capitán de navio Alejandro Malaspina, insigne matemático, debemos mencionar a don José Bustamante y Guerra, a cuyas órdenes estaba una de las corbetas; don Juan Gutiérrez de la Concha, designado para el relevamiento del golfo de San Jorge, y don José de la Peña y Zazueta, formador de marinos porteños.

Fuera de la enorme influencia que ejerció en el desarrollo de la cultura científica rioplatense esta legión de matemáticos que llegaron en los últimos lustros del siglo XVIII, cabe consignar la que dejaron muchos de ellos en la sociedad de aquellos tiempos al cimentar en estas tierras nuevas familias argentinas: Diego de Alvear, Francisco de Aguirre, José y Jacobo Várela y Ulloa, Martín Boneo, Juan Alsina y otros, en las cuales entroncaron tantos ilustres patricios argentinos.

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Francisco Hermógenes Ramos Mejía Evangelización de Indios

LABOR EVANGELIZADORA DE RAMOS MEJÍA

LOS INDIOS DE MIRAFLORES: En 1811 Francismo Hermógenes Ramos Mejía, hijo de un acaudalado  comerciante  porteño,  cruzó el río Salado —límite en ese entonces del  mundo civilizado— y portando  una  Biblia como  única arma se internó en territorio de los indios, protagonizando una experiencia inédita en lo que hace a la relación  del  hombre  blanco  con los aborígenes.

Francisco Ramos Mejía

Nacido en Buenos Aires  en  1773,  Francisco Ramos Mejía parece haberse sentido muy poco inclinado a la vida mundana y preferir, en cambio, la vasta soledad  del   desierto.   Sentimientos que empujaron a su padre a encargarle   la   administración   de   una pulpería y panadería sita en Los Tapiales.

Fue allí que estableció contacto literario con Manuel Lacunza, un jesuíta chileno autor, bajo el seudónimo de Josefat Ben Ezra, de un tratado sobre religión publicado  bajo  el título  «La venida del Mesías en Gloria y Santidad». Según  han  establecido  sus  biógrafos,  la particular interpretación del cristianismo hecha por el religioso impresionó de tal manera al improvisado pulpero que no tardó en experimentar la imperiosa necesidad de llevarlo a la práctica.

Nació así la idea de internarse en tierras dominadas por los pampas para intentar una acción evangelizadora. Fundó, entonces, en Diez Lomas, o Marilhuincul, un lugar cercano a Kaquelhuincul, la estancia «Miraflores».

Lo acompañaban su mujer, María Antonia Seguróla, y su  hijo Matías. Tenía 38 años. Pero ganarse la confianza de los indios no fue tarea simple y a su primera actitud —pagar las tierras que  ocupó— debió  agregar una alta dosis de paciencia, hasta que, convencidos de la honestidad de sus intenciones, los propios pampas se encargaron de difundir su fama hasta más allá de la cordillera.

A partir de ese  momento la estancia «Miraflores» se convirtió en refugio obligado de un considerable número de naturales y gauchos —criollos alzados, huidos de la autoridad— que todos los sábados por la tarde se congregaban para escuchar sus  sermones.

Y no sólo palabras ofrecía Francisco Ramos Mejía. Comida, techo y un trato sorpresivamente humano estaban a disposición de indios y perseguidos. Claro que, también, tenía sus exigencias y había impuesto una forma de vida que no resultaba nada fácil de observar: nadie dentro de los límites de «Miraflores» podía beber, jugar, vivir en concubinato ni mantener relaciones con más de una mujer.

Lo  cierto es que si  para sorpresa de muchos la estancia prosperaba sin pausa, resultaba más asombrosa,  todavía,  la  armonía que reinaba en la comunidad. Pero la experiencia debió disgustar a algunos porque  mientras Francisco de Paula Castañeda, sacerdote que había adquirido enorme prestigio como periodista, lo criticaba en sus artículos, Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez, lo intimó a que se abstuviera de «…promover prácticas contrarias a las de la religión   del   país».

Finalmente   su propiedad fue allanada y el experimento interrumpido definitiva mente. Con su  muerte, acaecida en 1825 a los 52 años, dio fin uno de los escasos  intentos de integración pacífica de los indios realizados en el territorio argentino.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

Compañia de la Bahía de Hudson Historia y Objetivos

Compañía de la Bahía de Hudson

Compañía de la Bahía de Hudson, empresa mercantil inglesa fundada en 1670, cuando el rey de Inglaterra Carlos II otorgó una carta de privilegio a su primo el príncipe Ruperto y a otros diecisiete nobles y caballeros, que les aseguraba el monopolio del comercio en la región bañada por los ríos que desembocan en la norteamericana bahía de Hudson.

Compañía comercial inglesa creada en 1670 por el rey Carlos II de Inglaterra. En aquellos tiempos, cuando Canadá llevaba el nombre de Nueva Francia y pertenecía a Francia, un comerciante francés regresó de una expedición a las regiones desconocidas del NO. trayendo varios fardos de pieles de castor.

El gobernador de la Nueva Francia no prestó atención a los relatos del viajero sobre las valiosas pieles que podrían obtenerse en las regiones visitadas por él, y se limitó a aplicarle una multa por haberse dedicado al comercio sin permiso.

El traficante se trasladó entonces a Inglaterra, donde vendió fácilmente su secreto a un importante grupo de hombres acaudalados. Encabezados por el príncipe Ruperto, primo de Carlos II, muy pronto formaron éstos la Compañía de la Bahía de Hudson. Se les otorgó para su explotación una área vagamente delimitada en torno a la bahía. Los negociantes establecieron algunos fuertes y celebraron convenios con los indios. Las pieles abundaba y rendían más del 200 por ciento de ganancia.

compañia bahia de hudson

Compañía de la Bahía de Hudson: Durante más de 200 años, la Compañía de la Bahía de Hudson envió exploradores y comerciantes a la inhóspita región de los Territorios del Noroeste, en Canadá. La ilustración que aparece en la imagen, fechada en 1882, muestra el momento en el que una expedición hace acopio de suministros en uno de los múltiples establecimientos comerciales que la compañía poseía en la zona bañada por los ríos que desembocan en la bahía de Hudson.

La primera compañía mantuvo sus negocios en el mayor secreto, y nadie conocía, fuera de sus miembros, como se nombraban los funcionarios  de la empresa,  ni los  resultados  de les negocios de la misma. Entre tanto, los francéses del Canadá veían con alguna preocupación la presencia de aquellos extranjeros en las cetas de la Bahía de Hudson y, durante muchos años,   se  dedicaron  a  atacar  y  destruir  su fuertes  y  a  ejercer presión  sobre  los  indios para que no les vendieran pieles.

En 1713, cuando Francia fue derrotada por Inglaterra, los franceses abandonaron su campaña y la compañía prosiguió su comercio sin obstáculos. La rivalidad renació al fundarse, a fines del siglo XVIII, la Compañía del Noroeste, integrada por escoceses y francocanadienses en Montreal, y degeneró en una guerra civil. En 1814 llegaron finalmente a un acuerno y ambas compañías se fusionaron en 1821.

En 1869 el Canadá se trasformó en dominio, es decir, en un estado prácticamente independiente, y se negó a permitir que una empresa privada disfrutara del privilegio de cerrar el comercio del país cierta parte del territorio de éste. A pesar de los esfuerzos de la compañía para evitarlo, principiaron a circular rumores acerca de las grandes riquezas en recursos naturales que dicho territorio encerraba. Los E.U.A., instalados ya en Alaska, veían con interés aquellas tierras. Así pues, la compañía se vio precisada a deshacerse de su monopolio. Hoy funciona como cualquier otra empresa particular.

Durante la primera guerra mundial 300 de sus navios trasportaron pertrechos de guerra y comestibles a Francia y a Bélgica. Desde entonces ha continuado creciendo considerablemente la aludida empresa. Sus actividades han logrado extenderse a territorios no explorados, gracias a sus puertos y factorías, y posee importantes tiendas en las principales ciudades del Canadá.

Biografía de Hudson Enrique Explorador y Navegante

BIOGRAFÍA DE ENRIQUE HUDSON – EXPEDICIONES AL POLO NORTE

( ? -1611?). Navegante y explorador inglés. Con su hijo Juan y diez hombres de tripulación se embarcó, al servicio de una compañía de Londres, con el fin de encontrar una ruta a China y el Japón por las regiones árticas. Al acercarse a Groenlandia Se encontraron en un mar de hielo.

Hudson llegó a Spitzberg (hoy Svalbard y siguió por la costa hasta más allá de 80 grados de latitud norte, el punto más cercano al Polo Norte alcanzado hasta entonces por los marinos ingleses. Pero su barco quedó preso en el hielo hasta el punto de destrozarlo casi,  y Hudson tuvo que regresar a Inglaterra.

Hudson Enrique

Hudson Enrique

Al año siguiente repitió la expedición en el mismo barco. Esta vez navegó a lo largo de la costa de Noruega y llegó a Nueva Zembla, pero lo venció de nuevo el hiél y tuvo que regresar a Inglaterra.

Para entonces los empresarios de Londres no se hallaban, ya  dispuestos  a  enviar nuevas expediciones, pero la fama de Hudson como marino se había extendido a Holanda, y la Compañía Holandesa de las Indias Orientales lo invitó a que hiciera, por cuenta de ella, un viaje de exploración. Los holandeses equiparon una pequeña nave llamada Media Luna y le dieron instrucciones de que intentara de nuevo un paso a China y el Japón por el NE. Zarpó de Amsterdam en abril de 1609 con una tripulación de ingleses y holandeses, en su tercero y más importante viaje. En mayo llegó a Nueva Zembla, pero el hielo los detuvo de nuevo y la tripulación empezó a desanimarse.

Hudson decidió seguir hacia el O. y encontrar el océano que el capitán Juan Smith decía que se encontraba al N. de Virginia. El Media Luna llegó a la costa americana en julio y navegó hacia el sur hasta la bahía de Chesapeake. Después regresó al N., y ancló en Sandy Hook, en donde los indios le llevaron tabaco, grosellas y trigo.

El 3 de septiembre navegó en lo que hoy es la Bahía de Nueva York, y al día siguiente, después de rodear la Isla de Manhattan, remontó el río que lleva hoy su nombre. Subió hasta Albany, pero, dándose cuenta de que por dicho río no encontraría el paso que buscaba, regresó. Después de tomar posesión del país en nombre de Holanda, pasó frente a Sandy Hook el 4 de octubre de 1609. Casi todos los miembros de la tripulación estaban enfermos, pero el Media Luna llegó finalmente a Dartmouth, Inglaterra, donde se apoderó de él el gobierno inglés.

El rey Jacobo se disgustó porque Hudson había navegado bajo una bandera extranjera e impidió que él y los demás ingleses de la tripulación dieran informes a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

Obligado a servir a su propio país, salió Hudson de Londres en abril de 1610 en su cuarto y último viaje. En su pequeño barco Descubrimiento encontró el paso llamado Estrecho de Hudson y descubrió la Bahía de Hudson, en donde los bloqueó el hielo del invierno.

Mucho sufrieron él y los suyos debido al frío y la falta de alimentos. Cuando vino el deshielo, en la primavera, sus hombres se amotinaron. En un bote abierto abandonaron a su valiente capitán, con su hijo y los miembros  enfermos  de la tripulación, y se alejaron.   Nunca se volvió a saber de Hudson.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Barsa de Consulta Fácil Tomo VIII

Organización Política de España en América Virreinatos y Capitanias

Organización Política de España en América
Virreinatos y Capitanias

CAPITANÍAS Y VIRREINATOS DE ESPAÑA EN AMÉRICA: El extenso territorio descubierto y conquistado por los españoles, fue dividido para su gobierno y administración en virreinatos y capitanías. Los primeros tenían como autoridad suprema al virrey, verdadero representante del rey en América, investido de poderes amplísimos ya que de él dependían la justicia, el tesoro, la administración civil, el mando militar y hasta la promoción para convertir a los indígenas.

Al término de su mandato debía rendir cuentas de su gestión, mediante un procedimiento llamado juicio de residencia. En América hubo cuatro virreinatos: Virreinato de México o Nueva España. Correspondía al extenso territorio conquistado por Hernán Cortés , y fue convertido en virreinato por Carlos V , en 1534.

Fue uno de los más importantes y prósperos, ya que las riquezas naturales de la región provocaron una intensa inmigración europea, que unida a la población indígena y mestiza, impulsó considerablemente la economía. Había además dos Reales Audiencias, una en México y otra en Guadalajara, además de tribunales menores y especiales para ciertos tipos de delitos.

Desde 1545, México fue sede de un arzobispado del que dependían ocho obispos; diez años antes se había instalado una imprenta, dedicada en principio a la divulgación de textos religiosos, pero luego sirvió para publicar textos relativos a las artes y ciencias, y finalmente para un periódico que comenzó a publicarse en 1728.

Por último, hay que señalar que la Universidad de México, fundada en 1551, fue el centro de un importante movimiento científico y cultural.

Virreinato de Nueva Granada.

La región que los conquistadores denominaron nuevo reino de Granada formó parte del virreinato del Perú, y estuvo al principio gobernada por un funcionario, que ostentaba el título de gobernador y presidente de la Real Audiencia; en 1717 fue convertido en virreinato y, luego de una breve suspensión, fue confirmado como tal a partir de 1739. De él dependía la presidencia de Quito, que desde 1563 tenía Real Audiencia y tres obispos que estaban subordinados al arzobispado de Lima.

Aunque menos poblado que el de México, este virreinato tuvo también un importante movimiento comercial; hacia fines del período colonial se instaló una imprenta, pero la instrucción pública tuvo una despareja distribución, debido a que estaba concentrada en algunas ciudades solamente.

Virreinato del Perú. Comprendía todas las posesiones españolas de América del Sur, de modo que una región tan dilatada debió subdividirse en gobernaciones, que pronto se independizaron del virreinato. Éste se organizó en 1542, y a pesar de su desmembración constituyó una de las posesiones más ricas de América; fue sede de un arzobispado desde 1545 y de él dependían cinco obispos del mismo virreinato, dos de la presidencia de Quito, uno del virreinato de Nueva Granada y los de Santiago y Concepción (capitanía general de Chile).

En 1551 se fundó una Universidad en Lima y en 1692 se creó otra, en Cuzco ; de ambas dependían los colegios que funcionaban en el virreinato. La introducción de la imprenta data de fines del siglo XVI y de ella salieron muchos libros y algo más tarde un periódico.

Virreinato del Río de la Plata.

Fue fundado por real cédula de Carlos III, el 21 de marzo de 1778 y comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y Charcas, más los territorios anexos a las ciudades de Mendoza y San Juan pertenecientes a la provincia de Chile. Buenos Aires se convirtió inmediatamente en el centro de un importante movimiento comercial, ya que hacia su puerto confluían los productos de todo el virreinato; era también la sede de una Real Audiencia y desde el siglo XVIII tuvo una imprenta.

El arzobispado fue establecido en 1609 y de él dependían seis obispos; en cambio la Universidad y la Casa de Moneda, estaban en la ciudad de Chuquisaca (hoy Sucre), que era la capital de la presidencia de Charcas.
Las capitanías datan de la época en que los Borbones decidieron iniciar una reforma administrativa en América; así se creó esta nueva entidad político-administrativa, a cuyo frente estaba un funcionario llamado capitán general; su jurisdicción era menos extensa que la del virreinato.

En América hubo cuatro capitanías: Capitanía General de Guatemala. Comprendía una rica y muy fértil región de América Central, muy poblada y con un tranquilo pero sostenido movimiento comercial. Tenía un Tribunal de la Real Audiencia y un consulado; en el orden eclesiástico, el gobierno era ejercido por un obispo que residía en la ciudad de Guatemala y que dependía del arzobispado de México; en 1742 se constituyó en un arzobispado que tenía a su cargo a tres obispos.

Capitanía General de Venezuela. Fue creada por Carlos III en 1773, y poco después se la dotó de una Audiencia y un consulado; Caracas fue su capital y en ella residía, además, el obispo desde 1636. Tuvo también una Universidad, fundada en 1725, y la imprenta recién se. instaló a fines del período colonial.

Capitanía General de Chile. La provincia de Chile, quizá la más problematizada y onerosa de todas las posesiones españolas de América, dependió del virreinato del Perú hasta 1778 en que fue convertida en capitanía general. La Audiencia se estableció primeramente en Concepción y luego en’ Santiago (1609), ciudad que también tuvo una Universidad fundada en 1747. Los dos obispados que había, dependían del arzobispado de Lima.

Capitanía General de Cuba. Establecida en Sarto Domingo, esta capitanía era el centro del gobierno español en las Antillas. De ella dependían los gobernadores de Cuba y Puerto Rico, y las posesiones de La Florida y de Luisiana. Fernando el Católico había creado una Real Audiencia en 1508, y cuatro años después se instaló el arzobispado del que dependían seis obispos. En 1795, el gobierno fue trasladado a Cuba y, en 1804, Santiago de Cuba fue convertida en arzobispado.

Historia de los Quilmes Genocidio y Deportacion Destierro Castigo

Historia de los Quilmes – Genocidio y Deportación

El caso de los indios quilmes constituye un paradigmático ejemplo de la variedad y alcance de algunos mecanismos instrumentados por los conquistadores para garantizar el dominio y explotación del territorio americano.

LOS PRIMEROS HABITANTES DE TUCUMÁN. Antes de que llegasen los conquistadores españoles, el actual territorio de Tucumán estaba habitado por (distintos pueblos indígenas. Los diaguitas-calchaquíes, influidos fuertemente por la cultura inca, sobresalían por su desarrollo. Asentados en :oda el área montañosa del oeste tucumano, eran hábiles tejedores y alfareros, y expertos agricultores. Se dedicaban al cultivo del maíz, el zapallo la quinua, con un complejo sistema de andenes y terrazas a las que dotaban de un avanzado sistema de irrigación.

Guanacos, llamas y vicuñas les brindaban carie y leche, además de lana, indispensable materia prima para sus telares. Una incipiente actividad minera les proveía de diversos metales para la fabricación de armas y utensilios. Estaban bien organizados, bajo la dirección de un cacique, y aunque esencialmente pacíficos, sabían hacer uso de la fuerza bélica cuando sus propiedades o territorios estaban en peligro.
Más hacia el este de la actual provincia de Tuumán vivían otros pueblos indígenas, menos evolucionados, como los lules y vilelas, que eran cazadores y recolectores.

Quilmes es el nombre de una de las más célebres parcialidades de  los diaguitas. Habitaban el oeste de la actual provincia de Tucumán (Argentina). En su lengua, el cacán, kilme significa ‘entre cerros’.

Sobre la base de estudios etnohistóricos, se ha señalado que hasta la llegada de los españoles, los quilmesconstituían una comunidad numerosa y organizada que dominaba un amplio espacio geográfico -que se estima en 400 Km. cuadrados- y disponía de una gama de estrategias tecnológicas que le permitía explotar variados y abundantes recursos naturales. Poseían además un complejo patrimonio cultural que ordenaba y organizaba todos los aspectos de la vida comunal.

El trabajo, las prácticas religiosas y la guerra eran partes integrantes de un conjunto organizado y el territorio, más allá de sus connotaciones económicas, era considerado «un espacio sagrado».

Ruinas de los Quilmes: Se puede decir que “Diaguitas” es la determinación general de pueblos de diferentes lenguas y tradiciones que habitan Valles Calchaquíes. Uno de estos fueron los Quilmes.

Nunca aceptaron ser vasallos de nadie y se rebelaban frente a la exploración de los españoles, que luego de vencidos en 1665 por Alonso Mercado y Villacorta, los quilmes fueron obligados a caminar desde Tucumán hasta la localidad que hoy lleva su nombre en la provincia de Buenos Aires.

Unas 200 familias se establecieron en 1666 en el primer asentamiento al sur del Riachuelo, conocido como la Reducción de la Santa Cruz de los Indios Quilmes, bajo régimen de encomienda. En el siglo siguiente la población se redujo a sólo 200 habitantes. El Primer Triunvirato decidió en 1812 la creación del pueblo de Quilmes sobre los terrenos que pertenecieron a la Reducción.

El historiador Horacio Difrieri señala que su gran desarrollo, permitió a los quilmes destacarse dentro del conjunto de comunidades calchaquíes, y también explica su último gran levantamiento y «su pertinacia para preseverar en el ser de sus antepasados, frente al terrible embate que a tantos pueblos había ya liquidado».

También contribuye a explicar el daño irreparable que significó para ellos su deportación, al producir «la desconexión de los circuitos activos de todo el sistema». En Buenos Aires, «su tecnología múltiple era inoperante y no contaban con la protección de sus dioses de la tierra a los cuales habían abandonado en los valles perdidos.

La ineptitud tecnológica supuso entonces su desaparición como grupo social, a pesar de que los indios, como tales, no fueron motivo de castigo físico ni individual. Pero los había fulminado la muerte cultural y social, en virtud de que el conquistador había cortado con su espada los ligamentos circuitales del sistema tan laboriosamente construido en tiempos prehispánicos».

El genocidio de los Quilmes fue un trasladado a un escenario geográfico completamente diferente al que estaban acostumbrados. Durante el viaje, varios indios se fugaron y varios maltratados, que murieron en el camino. Una vez radicados, tanto los Alcalianos como los Quilmes, son sometidos a trabajos estatales, como mitayos coloniales. Igualmente siguieron con sus costumbres y tradiciones étnicas; como cambiar de vivienda cuando se moría un pariente. Aunque la iglesia les prohibía ciertas costumbres. Su adaptación al nuevo medio ambiente fue mayor del que se creía. Hablaban su lengua Kakana, y entendían el Quechua pero no lo hablaban. Por parte de la iglesia se les obligaba el español. Vivían en rancho de paja, criaban pocas ovejas y muchos caballos, sembraban trigo como lo solían hacer en sus valles, hacían trabajos ganaderos y mercado entre deudores y acredores. Todos estos datos dan a saber que se acriollaron al modo de vida pampeano.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Los Billares en Buenos Aires Colonial Primeros Juegos Publicos

Juegos en el Virreinato: La Magia de los Billares

Una de las actividades más practicadas por los argentinos durante varias décadas fue sin dudas las partidas de billar, un entretenimiento que despertó el interés de los hombres, que durante años se reunían frente a la mesa con paño verde para disfrutar de una competición en la que se requería destreza.

Fue en el año 1801 que se supone abrió una de las primeras confiterías que incluían billar. Por lo menos así lo retrataron las publicaciones de la época, como es el caso de un anuncio del El Telégrafo Mercantil, en relación a la apertura del Café de Marco, que se encontraba ubicado en la esquina de Santísima Trinidad y San Carlos, en la actualidad Bolívar y Alsina.

El artículo publicitario mencionaba lo siguiente: «Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de billar, confitería y botillería. Tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano. A las 8 de la noche hará la apertura un famoso concierto de obligados instrumentos».

No obstante, se sabe que el billar llegó a Buenos Aires a comienzos del siglo XVII, y en sus primeras épocas fue conocido con el nombre de Truque, utilizando los mismos elementos, reglas y técnicas que se usarían posteriormente en las partidas de billar.

Por lo general, todos los que deseaban jugar al Truque asistían a un local que precisamente se encontraba emplazado en el mismo sitio donde 200 años después comenzaría a funcionar el Café de Marco.

Este popular café era propiedad de Simón de Valdéz, quien además se desenvolvió por un corto período de tiempo como tesorero de la Hacienda Real, y en sus ratos libres gustaba de realizar operaciones comerciales ilícitas, tales como contrabando y tráfico de esclavos.

Pero aquel no era el único reducto en el que se podía disfrutar del billar, ya que en la segunda mitad del siglo XVIII abrió sus puertas el Café de la Sonámbula, cuya principal atracción era precisamente la mesa de billar.

Para el año 1779 diversas crónicas de la época aluden a un denominado Café de los Trucos, cuyo nombre deriva de aquel juego del truque. Fue en ese mismo año que se inauguró el Café de los Catalanes.

Con el paso de los años el billar o truque se convirtió en una de las actividades más populares de Buenos Aires, por lo que el Virrey Vértiz decidió reglamentarla en el año 1799. Probablemente por ese motivo surgiría el Café de Marco dos años después.

Por aquel entonces era común ver a distintos visitantes ingleses que viajaban a Buenos Aires y pasaban parte de su tiempo en los cafés donde se jugaba billar, atraídos seguramente por el ambiente porteño que podía respirarse en esos sitios.

Entre las crónicas de la época, podemos citar la del periodista y cronista británico Thomas George Love, el cual dentro de su obra «Cien años en Buenos Aires (1820-1825)» comenta al respecto: «El café de la Victoria, en Buenos Aires, es espléndido y no tenemos en Londres nada parecido; aunque quizá sea inferior al Mille Colonnes y otros cafés parisinos. Dignos de mención son el San Marcos, el Catalán y el café de Martín. Todos ellos tienen patios tan grandes como no podría darse en Londres, donde el terreno es tan caro. En verano están estos patios cubiertos de toldos, ofreciendo un placentero refugio contra el calor y el sol y tiene aljibes con agua potable. Nunca falta en estos café una mesa de billar siempre concurrida, juego muy apetecido por los criollos, y las mesas están siempre rodeadas de gente».

Otra de las crónicas, en este caso una publicación que data del año 1836 y que pertenece a Alcides D’Orbigny nos relata lo siguiente: «Eran malos y concurridos por gente pendenciera», mientras que Arsenio lsabelle describió a estos cafés como «espaciosos, pero pasablemente malos».

Por su parte, J. A. Beaumont documentó en 1828: «Los cafés de Buenos Aires son muy concurridos y todas las noches se reúne en ellos gran cantidad de público a jugar a las cartas o al billar».

billares porteños

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA BORBONES

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

CAUSAS DE LA FORMACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA (puedes ampliar este tema)

Las causas de su creación fueron:

a) El peligro lusitano derivado de las cuestiones originadas por la posesión de la Colonia del Sacramento y la conveniencia de tener en estas regiones una autoridad fuerte que pudiese terminar con la amenaza portuguesa.

b) La necesidad de establecer una Audiencia separada de la de Charcas, pues las grandes distancias dificultaban y dilataban los asuntos en trámite. Por otra parte Cuyo, que dependía de la Audiencia de Chile, estaba incomunicada con ésta durante el invierno, debido a las nieves. Tomás Álvarez de Acevedo, fiscal de la Audiencia de Charcas, en 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo virreinato.

c) El peligro de que expediciones inglesas y francesas ocupasen las 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo costas patagónicas y las Malvinas.

d) El aumento de la población blanca y negra que se dedicaba a la agricultura y ganadería, a las industrias y al contrabando determinaron la necesidad de reorganizar la administración.

Virreinato provisional — A fines de agosto de 1776 salió de España Don Pedro de Cevallos. Venían al Río de la Plata con la misión de afianzar el poder español en detrimento de los portugueses; primero se le concedió el título de jefe de la expedición y dos días después se le confirió el mando de las Provincias del Río de la Plata y de los territorios que comprendía la Audiencia de Charcas, como virrey, gobernador y capitán general. En la resolución se especificaba que terminada la expedición y conseguido el objeto que se proponía, dejara el mando militar y político en la forma que lo había hallado y regresara a España.

El virreinato era, pues, una organización provisoria. La Real Cédula de creación del Virreinato fue fechada y firmada el 1º de agosto de 1776; éste comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra. Charcas y los corregimientos, pueblos y territorios que dependían de esta Audiencia además de la región de Cuyo.

En 1777 murió el rey José 1 de Portugal y quedó al frente del gobierno su esposa María Victoria, hermana de Carlos III de España. Inmediatamente se inició una política de acercamiento entre España y Portugal con el consiguiente cese de hostilidades en América.

Firmada la paz entre España y Portugal, Cevallos tomó posesión efectiva del cargo de virrey en octubre de 1777 y gobernó hasta 1778 cuando le sucedió en el gobierno Juan José de Vértiz. Esto significaba que el virreinato quedaba establecido definitivamente, pues se nombraba virrey pese a que ya no existía el peligro lusitano, causa de la creación provisoria del virreinato del Río de la Plata.

mapa virreinatos en america

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

El virreinato del Rio de la Plata y sus virreyes Fundacion de Ciudades

El virreinato del Río de la Plata y sus virreyes

Durante largos años, los productos venidos de España llegaban al nuevo mundo por el Atlántico, se concentraban en Panamá, y tras cruzar el istmo, iban por el Pacífico hasta Perú. De Lima partían después las lentas caravanas de mulas que transportaban las mercaderías hasta las restantes ciudades del virreinato, a lo largo de un viaje de millares de kilómetros, cuya meta final era la ciudad de Buenos Aires.

Estas circunstancias explican la modestia de las ciudades cercanas al Plata, que debían esperar durante largos meses la llegada de las mercaderías esenciales para su actividad comercial.

La situación de Lima, en cambio, era mucho más favorable, no sólo por su proximidad al Pacífico, sino por su condición de ciudad capital del virreinato.

Avanzado ya el siglo XVIII, se hizo evidente la necesidad instalar un nuevo virreinato que atrajese la actividad mercantil hacia las poblaciones más cercanas al Atlántico y que, además, afianzara la autoridad española en la zona del Plata, constantemente amenazada por las incursiones de los portugueses.

Largos años habían pasado desde la llegada del primer adelantado, don Pedro de Mendoza. Para ocupar el cargo fue designado, al correr del tiempo, segundo adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien llegó a Brasil en 1540 y se trasladó por tierra con sus hombres hasta la Asunción del Paraguay.

Alvar Núñez descubrió las cataratas del Iguazú, y admiró esa caída del río, que forma uno de los saltos de agua más portentosos del mundo. En marzo de 1542 Alvar Núñez llegó a Asunción del Paraguay y se hizo cargo del territorio. No fue feliz su tarea de gobernante. Dos años después de su llegada fue destituido, encarcelado por los vecinos de Asunción, y desterrado a España.

El tercer adelantado del Río de la Plata fue don Juan de Sanabria, quien falleció en España antes de ocupar su cargo; su hijo Diego, designado para reemplazarlo, marchó hacia el Perú en lugar de dirigirse a la Asunción; Irala tomó entonces el mando, hasta 1556, fecha de su muerte. Tras un largo intervalo, el quinto adelantado, Juan Ortiz de Zárate, llegó a la Asunción, luego de un viaje penosísimo. Permaneció en el cargo hasta su muerte, ocurrida en 1576.

Juan de Garay -sin duda la figura señera de este período-, tomó el gobierno. Asesinado por los indios en 1583, el mando de la Asunción pasó a manos del sexto y ultimo adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de Vera y Aragón, yerno de su antecesor Ortiz de Zárate. El adelantado fundó en 1588 la ciudad de Corrientes, y marchó después a España, donde renunció a su cargo.

A los adelantados sucedieron los gobernadores, que actuaron entre 1591 y 1776. El primer gobernador del Río de la Plata, asunceño de origen, fue Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, quien desempeñó el cargo durante varios-períodos. En 1617 el rey de España dividió la vasta región del Plata en dos gobernaciones: la del Paraguay, con capital en Asunción, y la del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires. Se destacaron como gobernadores de Buenos Aires, entre otros, José de Garro, que desalojó a los portugueses de la Banda Oriental; Bruno Mauricio de Zavala, que fundó en el año 1724 la ciudad de Montevideo; Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo a quienes correspondería actuar después como virreyes.

mapa virreinatos español en america

Corrientes Fundadoras

Durante la época de los adelantados y de los gobernadores se fundó la mayor parte de las ciudades capitales de nuestro país. Las corrientes fundadoras fueron tres:

Corriente del este: Integrada por los hombres que, venidos directamente del viejo mundo por el camino del Atlántico, fundaron las ciudades cercanas al Plata y sus principales afluentes:

Santa Fe, fundada por Juan de Garay en 1573.

Buenos Aires, fundada por Juan de Garay en 1580.

Corrientes, fundada por Juan Torres de Vera y Aragón en 1588.

Corriente del norte: Integrada por los hombres, que procedentes del Perú, fundaron las ciudades del centro y del norte del país Santiago del Estero, fundada por Francisco de Aguirre en 1553.

San Miguel de Tucumán, fundada por Diego de Villarroel en 1565.

Córdoba, fundada por Jerónimo Luis de Cabrera en 1573.

Salta, funda por Hernando de Lerma en 1582. La Rioja, fundada por Juan Ramírez de Velasco en 1591.

San Salvador de Jujuy, fundada por Francisco Argañaraz en 1593.

Catamarca, fundada por Fernando de Mendoza y Mate de Luna en 1683.

Corrientes del oeste: Integrada por los hombres que, procedentes de Chile, funda. ron las ciudades de Cuyo, al oeste de nuestro país.

Mendoza, fundada por Pedro del Castillo en 1561.

San Juan, fundada por Juan Jufré en 1562. San Luis, fundada por Luis Jofré de Loaisa en 1594.

Por Real Cédula del 6 de agosto de 1776, se creó provisionalmente el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y, en 1782, su extenso territorio se dividió en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba, Salta, Paraguay, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz. El virreinato comprendía, además, varias zonas militarizadas situadas en los límites con el Brasil: las provincias de Moxos, Chiquitas y Misiones, y la Banda Oriental.

LOS VIRREYES PROGRESISTAS: CEVALLOS Y VERTIZ: Once fueron en total los virreyes del Río de la Plata, sistema de gobierno que se prolongó durante treinta y cuatro años. Entre todos ellos, han de señalarse por su acción progresista, Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo. Cevallos que gobernó dos años, logró la definitiva expulsión, de los portugueses de la Banda Oriental, asegurando así el dominio español en ambas márgenes del Plata.

Vértiz, su sucesor, desempeñó el cargo durante seis años, en cuyo transcurso completó muchas de las obras iniciadas por él mismo cuando fue gobernador. Se ocupó activamente de todo cuanto se relacionara con el bienestar y con el progreso de la colonia.

En 1779 fundó la Casa de Expósitos, para hogar y asilo de los niños desamparados. En 1780 adquirió la impresora y tipos que había funcionado en el Colegio Montserrat de Córdoba y la hizo trasladar a Buenos Aires, que tuvo así su primera imprenta, instalada en la Casa de Expósitas. A partir de 1780 dispuso que hubiera alumbrado público las calles, lo que le valió entre el pueblo el apodo de Virrey de las luminarias. En 1783 creó el Real Colegio de San Carlos, primer  instituto de enseñanza superior que hubo en Buenos Aires. Fue, además, un propulsor sincero de cuanta actividad cultural se insinuase en la colonia; por esta razón, anticipándose a su época y superando recelos y prejuicios, amparó el teatro.

Obras de los adelantados del rio de la Plata Hechos de su gobierno

Obras de los Adelantados del Río de la Plata

pedro de mendoza funda buenos aires

AÑONOMBRADO POR
EL REY
NOMBRADO POR
EL ANTECESOR
NOMBRADO POR
ELECCIÓN
HECHOS SALIENTES
DE SU GOBIERNO
1536En 1534, Pedro de Mendoza  

Fundación   del   Puerto  de   Nuestra   Señora   del   Buen   Aire, de    Corpus    Christi    y    de    Nuestra    Señora    de    la    Buena Esperanza.  

1537 Juan de Ayolas 

Juan de Ayolas
Viaje en busca del camino al Perú. Fundó el puerto de !La Candelaria, sobre el Paraguay y el paralelo 19?. Dejó allí a su segundo. Domingo Martínez de Irala, al que se juntaron luego Gonzalo de Mendoza y Juan de Salazar y Espinosa, enviados por el Adelantado Mendoza en busca de Ayolas. Salazar y Espinosa levantó casi frente a la desembocadura del Pilcomayo, en la margen izquierda del río Paraguay, un asiento que fue la base de la ciudad de la Asunción.

1539 En 1537, Domingo Martínez de Irala 

Alonso Cabrera, portador de la real cédula de 1537 y veedor del reino, reconoció teniente gobernador a Domingo Martínez de Irala por ser lugarteniente de Ayolas. Irala instituyó el Cabildo, repartió los indios, dio impulso a la edificación e hizo levantar un censo de la Asunción. Despobló definitivamente Buenos Aires y el centro de la conquista española pasó a la Asunción.

1542Alvar Nuñez cabeza de Vaca en 1541  

Fue célebre por su viaje atravesando la América del Norte, por lo que fue llamado «el mayor caminador de la historia». Partió de Cádiz con 400 colonizadores en 3 barcos. Hizo escala en Santa Catalina y emprendió el viaje al Paraguay por tierra con 200 hombres y 26 caballos. El resto fue por el Paraná; llegó a la Asunción el 11 de marzo de 1542 y nombró  a Irala. Lo envió a explorar el Norte y éste regresó diciendo haber llegado a la región de los metales preciosos. Alvar Núñez hizo otra expedición con resultados negativos hacia el norte. Al volver a la Asunción fue derrocado y enviado a España.

1544  Domingo Martínez de IralaOrganizó una nueva expedición al Perú, consiguiendo llegar a Charcas, Encontró a los conquistadores del Perú convulsionados por Suenas civiles y por ello se le recomendó que no explorase más allá de los límites del Paraguay. Es nombrado el 4 de octubre de 1552 gobernador propietario. Se funda la diócesis del Ría ce la Plata, siendo primer obispo fray Pedro de la Torre. Irala murió et 3 de octubre de 1S56, designando gobernador a Gonzalo de Mendoza,
1552Domingo Martínez de Irala  
1556 Gonzalo de Mendoza Gobernó durante dos años. Envió a Nufrio de Chaves a fundar una población que facilitase las comunicaciones con el Perú. Esta fue Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Murió
en 155S.
1558  Francisco Ortiz de VergaraEn 1564 realizó un viaje al Perú por la ruta de Santa Cni2 de la Sierra, para pedir confirmación del cargo de gobernador. Fue detenido, procesado y absuelto por la Audiencia ce Chaicas. Durante el litigio fue nombrado por el virrey del Perú Juan. Ortíz de Zarate, con la condición de ir a España para ser confirmado.
1568Juan Ortiz de Zárate  Fue confirmado en España como Adelantado del Río de la Píate por dos vidas en 1569. Durante el tiempo ce su viaje designó teniente de gobernador a Felipe de Cáceres.
Felipe de Cáceres (interino) Se produjeron en la Asunción grandes desórdenes y Felipe de Cáceres fue depuesto. En su lugar se nombró a Martín Suárez ce Toledo.
1572 Martín Suárez de Toledo Durante su gobierno, Juan de Garay fundó la ciudad de Santa Fe.
1575Juan Ortiz de Zárate  Recién en 1572 logró organizar su expedición y partió de Cádiz con 5 naves y 510 personas. Después de un azaroso viaje y de continuas luchas en él Río de la Plata, llegó a la Asunción en 1575. Efectuó un reparto más humanitario de los indios y murió el 26 de enero de 1576 dejando heredera de la región del Pío de la Plata a su hija Juana, residente en Charcas, y gobernador interino a su sobrino Diego de Mendieta.
1576 Diego de Mendieta Gobierno desordenado. Fue depuesto por los habitantes de la Asunción.
1578 Juan Torre de Vera y Aragón Al casarse Juana Ortiz de Zarate con el oidor de la Audiencia de Charcas, Juan Torres de Vera y Aragón, fue éste el Adelantado del Río de la Plata. Discutida la legalidad de su cargo, designó a Juan de Garay teniente d« Gobernador.
Juan de Garay Segunda fundación dé Buenos Aires.
1583Juan de Torres Navarrete Fundó la ciudad de Concepción del Bermejo, de corta
existencia.
1587Juan Torre de Vera y Aragón  Fundó en abril de 1588 la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. En 1590 partió para Charcas y de allí a España, donde renunció al cargo en. 1593.

Expedicion de Juan Diaz de Solis Leyenda del Rey Blanco Ciudad Perdida

Expedición de Juan Díaz de Solís
La Leyenda del Rey Blanco

Introducción: Desde que Balboa descubrió el Mar del SurSud – Océano Pacífico), se inició la búsqueda de un paso que comunicase los dos océanos. Los portugueses se apresuraron a enviar una expedición al mano de Cristóbal Haro y Nuño Manuel en 1513-1514. Creyeron que el paso era el río Paraná, que no exploraron y regresaron con la noticia su hallazgo.

Los españoles, tuvieron noticias de este viaje y mandaron una expedición para posesionarse de dicho paso, que calculaban se hallaría dentro de la jurisdicción castellana.

La armada vino al mando del piloto mayor .del reino, Juan Díaz de Solís. Los preparativos se hicieron en gran secreto, para evitar que Portugal tratase de impedirla, ya que la expedición seguiría la ruta de la de Haro. Salieron de San Lúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515.  Acompañaba a Solís el piloto Juan de Lisboa que había tomado parte en la empresa clandestina portuguesa.

Avistaron el continente frente al cabo San Roque y recorrieron la costa del Brasil. Llegaron a una isla que llamaron de la Plata (Santa Catalina) frente a la que perdieron una nave, once de cuyos tripulantes quedaron en tierra.. Siguieron navegando hasta llegar al actual puerto de Maldonado, que llamaron Nuestra Señora de la Candelaria, donde desembarcaron y tomaron posesión en nombre de la corona de Castilla.

Penetraron después en un río que llamaron Mar Dulce; era el Paraná Guazú que los españoles llamaron posteriormente Río de Solís el último documento que lo designó así fue la Capitulación de Mendoza. Después se lo llamó Río de la Plata; designación impuesta por los portugueses de la costa del Brasil, quienes decían que era el río que conducía a la Sierra de la Plata.

Solís y algunos compañeros desembarcaron en la costa uruguaya, y fueron sorprendidos en una emboscada por los indios guaraníes, qué mataron a todos, salvándose únicamente el grumete Francisco del Puerto, quien quedó cautivo. Los restantes españoles, que habían quedado en las naves, regresaron a España.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia

La Primer Imprenta del Virreinato Historia Jesuitas Primeros Libros

LA CULTURA EN EL VIRREINATO: LA PRIMERA IMPRENTA

PRIMER IMPRENTA DEL VIRREINATOLa primera imprenta del Nuevo Mundo se estableció en el virreinato de Nueva España (México). Sus orígenes son oscuros. José Gil de Pareja y González dio noticia, en 1961, de una edición de la Escala espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, de 1535, que, según él, sería el primer libro impreso en tierras americanas.

Por fuentes documentales tenemos noticia de una primitiva imprenta mexicana, de la cual no se sabe hasta el presente que nos haya llegado ningún ejemplar. Pero fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, escribió a Carlos V en 1533 para interesarle en la creación de una imprenta y de un molino de papel, y el mismo fray Juan, en 6 de mayo de 1538, volvió a escribir al emperador quejándose de la carestía de papel, que no permitía terminar obras que tenían comenzadas ni emprender otras nuevas.

En 5 de septiembre de 1539, Esteban Martín, de oficio «imprimidor», fue inscrito como vecino en el acta del cabildo de México. ¿Sería éste quien regentó esta primitiva imprenta o uno de los que trabajaron en ella? De allí debieron salir obras como la Escala espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, de 1535; la Doctrina, de fray Toribio de Motolinia, y el Catecismo Mexicano, de fray Juan Ribas, ambas de 1537, que fueron vistas por antiguos bibliógrafos, pero de las cuales no se conoce ningún ejemplar.

La primera imprenta estable de México fue una filial de la que Juan Cronberger tenía en Sevilla. En esta ciudad, en 12 de junio de 1539, se hizo un contrato entre Juan Cronberger y Juan Pablos, natural de Lombardía, por el cual éste se comprometió a trasladarse a México con su esposa para regentar una imprenta que había de llevar el nombre de Cronberger. Al cabo de diez años esta imprenta habría de pasar a poder de Pablos, como así ocurrió.

El primer impreso que se conoce de esta casa es la Breve y más compendiosa doctrinachrístíana en lengua mexicana y castellana, de Juan de Zumárraga, de 1539, de cuyo único ejemplar conocido hoy se ignora el paradero. Al año siguiente apareció el Manual de Adultos, del cual sólo se han salvado dos hojas, y en años sucesivos se publicaron varias obras de doctrina cristiana, de utilidad para la evangelización de los indios, pobres en tipografía, pero de gran interés bibliográfico.

Más adelante los libros de este taller mejoraron de presentación y se sirvieron indistintamente de tipos góticos, romanos o itálicos. En algunos de estos libros, Pablos usó orlas que podríamos llamar prebarrocas, análogas a las que en la misma época se empleaban en Basilea, Venecia y Lyon y en algunas ciudades de España. El historiador José Torres Revello ha señalado analogías entre algunas de estas orlas y el arte azteca.

Antonio de Espinosa trabajó primero con Juan Pablos, como cortador y fundidor de letras, y desde 1559, por su cuenta. El comerciante Pedro Ocharte, natural de Rúan, casó con la hija de Espinosa y continuó su casa hasta 1589. De este taller salieron algunos libros litúrgicos que son notables piezas tipográficas. Pero lo que constituye la verdadera gloria de la tipografía colonial española son los libros de carácter misional y sobre temas indígenas. En este orden ningún otro país ha igualado a España.

Ea segunda imprenta americana se fundó en el Perú. En 1584, Antonio Ricardo, natural de Turín, después de no pocas dificultades publicó dos opúsculos en Lima: la Pragmática sobre los diez días del año y la Doctrina y catecismo para enseñanza de los indios. Ricardo murió en 1606.

No se sabe a ciencia cierta si en 1640 Juan Blanco de Alcázar fue el impresor de Arco triunfal, en Puebla de los Ángeles, obra de la cual no se conoce ejemplar. En 1643, Francisco Robledo imprimió en la misma ciudad la Historia Real Sagrada, de Juan de Pala-fox y Mendoza.

La primera imprenta de Filipinas se estableció en Binondo, en las inmediaciones de Manila, y se remonta al año 1593. Sus primeras actividades permanecen en la oscuridad por el gran número de impresos filipinos perdidos de que dan noticia cronistas y antiguos bibliógrafos. Del citado año es un impreso xilográfico, Doctrinachristiana en lengua española y tagala, del cual existe un único ejemplar en la Biblioteca del Congreso, de Washington. El primer tipógrafo de las islas fue el chino cristiano Juan de Vera, el cual fundió caracteres tagalos y chinos para poder imprimir libros catequísticos en las lenguas de los habitantes del país.

El libro tipográfico filipino más antiguo que conservamos es el Arte y Reglas de la Lengua tagala, de fray Francisco de San José, impreso por Tomás Pinpín, tagalo, «en el partido de Batana», en 1610. Esta edición ha sido minuciosamente descrita por W. E. Retana. Segúneste mismo erudito, en 1662 se fundó la imprenta de los padres dominicos, en el Hospital de San Gabriel de Binondo, la cual fue trasladada en 1625 al Colegio de Santo Tomás de Manila, en donde ha funcionado hasta nuestros días.

En el virreinato del Río de la Plata, los primeros intentos para establecer una imprenta fueron los de las misiones de jesuitas del Paraguay a partir de 1630. Según el padre Furlong, se imprimió en esta región con toda certeza antes de 1705. El libro más antiguo de que se tiene noticia es de este año: es la obra De la diferencia entre lo temporal y eterno, de Nieremberg, impresa «en las doctrinas», o sea en las misiones. Esta imprenta jesuítica publicó unos veinte volúmenes antes de 1728, en que cesó. Después pasan años sin que en esta región se impriman libros. En 1780 se estableció un importante taller en la Casa de Niños Expósitos, de Buenos Aires.

En otras tierras americanas la imprenta es introducida en el transcurso del siglo XVIII: en 1738, en Colombia; en 1754, en el Ecuador; en 1764, en Venezuela, y en 1776, en Santiago de Chile. Antonio Isidoro de Fonseca, natural de Lisboa, fundó en 1747 la primera imprenta del Brasil.

El primer taller tipográfico de Estados Unidos, en América del Norte, fue fundado en el Colegio de Harvard, en Cambridge, hacia 1638-39. En 1674 apareció una primera edición de la Biblia en inglés y en el mismo año se fundó la primera imprenta de Boston. Fue un tipógrafo de esta ciudad, Bartolomé Green, Jr., el primero que se estableció en Halifax. Le sucedió su socio John Burshell, cuyo nombre figura en el pie de imprenta de The Halifax. Gazette, de marzo de 1752, primer impreso que se conoce de Canadá.

Fuente Consultada:
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Primer Cientifico Astronomo Argentino Jesuita Padre Suarez

Jesuita Padre Suárez Primer Cientifico Astrónomo Argentino

Los orígenes: la observación de los cielos del sur en el siglo XVIII

Durante la primera mitad del siglo XVIII. un astrónomo santafecina, el jesuita Buenaventura Suárez, efectuó desde La selva misionera observaciones astronómicas que fueron apreciadas y utilizadas por sus colegas europeos.

Suárez escribió un calendario lunar muy difundido en su época, observó eclipses, cometas y los satélites de Júpiter, y utilizó sus datos para calcular con precisión las coordenadas de las misiones.

Suyas fueron las primeras comunicaciones científicas efectuadas desde nuestro territorio a una publicación científica de gran prestigio. Es por eso que podemos considerar a Suárez como el primer científico criollo.jesuitas en argentina

La segunda mitad del siglo XVIII fue un gran período para las ciencias en el continente europeo.

Mientras que científicos como Joseph Louis Lagrange (1736-1813) y Fierre Simón de Laplace (1749-1827) en París, William Herschel (1738-1822) en Londres y Karl E Gauss (1777-1855) en Góttingen ensanchaban cada vez más los límites de las ciencias exactas y la cosmología, un anónimo ejército de observadores se daba a la paciente tarea de recolección de datos astronómicos.

De manera simultánea y con el impulso de la sostenida expansión imperial de Europa, los naturalistas viajeros de las grandes potencias completaban el inventario de las especies naturales en las cuatro esquinas del planeta.

En el Río de la Plata, durante el período colonial, fue en las misiones jesuíticas y no en las instituciones educativas de las ciudades donde se desplegó el frente más dinámico de la actividad científica.

El más destacado exponente de estos misioneros interesados en el estudio de la naturaleza fue el astrónomo Buenaventura Suárez.

Buenaventura Suárez (1679-1750) nació en la ciudad de Santa Fe y estudió en los colegios jesuíticos de su ciudad y de Córdoba.

Luego de ordenarse sacerdote en 1706, trabajó en la misión de San Cosme (situada en el actual Paraguay) con intervalos de varios años pasados en otras misiones (Itapúa, San Ignacio Guazú, Santa María la Mayor).

A comienzos de la década de 1740, se desempeñó en los colegios de Asunción y Corrientes y entre 1745 y su muerte volvió a las misiones.

Suárez fue un astrónomo autodidacta que construyó sus propios instrumentos —quizás ayudado por los guaraníes— tales como un cuadrante astronómico, un reloj de péndulo y varios telescopios refractores que variaban en longitud (desde 2,20m hasta 6,40m) y cuyos lentes fabricó, puliendo el cuarzo que abunda en la región. Con ellos desarrolló un programa de observación de eclipses de Sol y de Luna y otro de estudio de los satélites de Júpiter.

La observación de la inmersión y emersión de los satélites se usaba en ese momento para calcular la longitud de un lugar: se computa la diferencia horaria del instante de ocultamiento de un satélite de Júpiter detrás del disco del planeta (o su aparición), registrado en el punto de observación V en un meridiano de referencia.

Los misioneros jesuitas dispersos por el mundo mantenían una enciente red de comunicación epistolar que funcionaba en ambas direcciones: desde las regiones «exóticas» de la periferia se enviaban datos al «centro» europeo y desde Europa se recibían libros, instrumentos y asesoramiento.

Suárez envió sus datos al famoso astrónomo jesuita Nicasius Grammatici (1684-1736) y, por una complicada cadena de comunicación, estos llegaron al sueco Pehr W. Wargentin (1717-1783), quien trabajaba en el observatorio de Upsala.

En un trabajo publicado en 1748 en las Actas de la Real Academia de Ciencias de Upsala, que consiste en una tabla con datos sobre la observación de los satélites de Júpiter desde distintos puntos de la Tierra, Wargentin incluyó 43 de las observaciones de Suárez (efectuadas entre 1720 y 1726 desde San Cosme) y las calificó como «sobresalientes».

A su vez, Suárez recibió datos sobre los satélites de Júpiter de distintos observatorios (Madrid, San Petersburgo, Pekín y otros) que le llegaron a través de Grammatici y que utilizó para calcular la latitud de San Cosme.

Suárez también recibió dos telescopios de fabricación inglesa y otros instrumentos astronómicos, los cuales arribaron a Buenos Aires en 1745. Las observaciones de los eclipses lunares efectuadas con los mismos son de mejor calidad que las anteriores.

Los trabajos más significativos de Suárez son dos comunicaciones a las Philosophical Transactions of the Royal Socíety, la revista científica más importante de su época, efectuadas en 1748 y 1749-50.

El primero describe observaciones de los satélites de Júpiter y de eclipses de Luna y de Sol efectuadas entre 1706 y 1730 desde varias de las misiones (cuyas longitudes respecto del meridiano de París se especifican). En el segundo trabajo se describe la progresión de dos eclipses de Luna visibles desde las misiones ocurridos en 1747.

Estos trabajos fueron comunicados a la Royal Society por Jacob de Castro Sarmentó (1691-1761), un médico judío portugués que fue uno de los introductores de Newton en su país y vivía exilado en Londres donde actuaba como rabino.

Castro Sarmentó fue asimismo el autor de un breve tratado rn portugués sobre la teoría newtoniana de las mareas: la Theorica verdadeira das  mares (Londres, 1737), que fue traducido al español por Suárez amentablemente, el manuscrito se ha perdido.

El astrónomo santafecino también escribió el Lunario de un siglo, un almanaque lunar concluido en 1739 que fue editado en la península ibérica (Lisboa, 1748; Barcelona, 1752) y en América (Ambato [Ecuador], 1759).

Esta obra, resultado de cálculos efectuados con lápiz y papel, indica las fases de la Luna para cada mes y además predice eclipses y puede ser utilizado como calendario religioso.

Suárez había preparado lunarios anuales desde 1706 y para los cálculos del suyo utilizó como guía metodológica una obra de astronomía práctica del astrónomo francés Philippe de la Hire (1640-1718).

Los cálculos fueron efectuados desde las coordenadas de San Cosme, pero Suárez explica el procedimiento para que, mediante una corrección algorítmica de los datos, su obra pueda ser usada desde cualquier punto del globo.

Ver: Primeros Cientificos en el Rio de la Plata

Fuente Consultada:
Una Gloria Silenciosa Dos Siglos de Ciencia en Argentina Miguel De Asúa
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Un Interesante Enlace

Historia Emprestito Baring Brothers a Rivadavia Prestamo

Historia Empréstito Baring Brothers a Rivadavia

Empréstito de un millón de libras esterlinas con la Casa Baríng: Se contrató el 1 de julio de 1824 para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Patagones y la instalación del servicio de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires. Sólo llegaron a Buenos Aires unas 570.000 libras esterlinas, en su mayoría en letras de cambio. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero, que fue entregado al Banco de Descuento para que diera créditos a sus clientes. El Estado argentino terminó de pagar la deuda en 1904.

pretamos a argentina

ANTECEDENTES: Durante el gobierno de Rivadavia el ambiente de reformas (iniciado mientras era Ministro de Martín Rodríguez) trajo aparejada la necesidad de mejorar las condiciones de vida en la provincia de Buenos Aires, para lo cual se requería dinero.

La Junta de Representantes facultó al gobierno de Buenos Aires para negociar un empréstito de 1.000.000 de libras esterlinas con la firma Baring Brothers. El dinero se solicitó para restaurar el antiguo muelle, realizar instalaciones de agua corriente, mejorar las obras públicas y los pueblos de frontera.

Este empréstito representaba el inicio de una política de endeudamiento que tiene repercusiones hasta en la actualidad.

Para efectivizar el crédito, se dictó la ley de enfiteusis el 1° de junio de 1822, por la cual las tierras públicas no podían venderse, pues constituían la garantía del crédito al ser cedidas a largo plazo a campesinos quienes debían pagar un canon anual (prestación pecuniaria impuesta por el Estado). Con esta ley se pretendía fomentar la agricultura y la colonización.

Pero, en realidad, los fines de la ley fueron desvirtuados, pues las tierras, en su mayoría, pasaron a manos de latifundistas, quienes extendieron sus dominios y no fomentaron la agricultura, ya que la ganadería les resultaba más rentable. Además, no siempre se pagó el canon impuesto.

Al cabo de dos años de especulaciones, llegó el empréstito. Sólo se recibieron 560.000 libras ya que del monto original se dedujeron comisiones anticipadas y gastos de intermediarios.

Ese dinero nunca fue destinado para modernizar la ciudad de Buenos Aires, sino que sirvió para solventar los gastos de una guerra inminente con el Brasil. «

Bernardino Rivadavia

HISTORIA DEL PRIMER EMPRÉSTITO A ARGENTINA: Fue un día de invierno de 1822 cuando empezó la deuda externa. Su matriz fue un decreto de impreciso articulado. La parte que importa es la siguiente: «La Honorable Junta de Representantes de la provincia, usando la soberanía ordinaria y extraordinaria que reviste, ha acordado y decreta con todo el valor y fuerza de la ley lo siguiente:

«Artículo 1. Queda el gobierno facultado para negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real…»

Largos 162 años después las borrosas estadísticas de que se dispone permiten verificar (o permitirían verificar) que la Argentina sólo se vio libre de deuda externa durante cuatro meses. Algunos expertos ubican ese tenue período hacia 1949. Otros descreen o relativizan su existencia.

Las piedras de la calle Florida
Ya en 1820 chocaban las ansias de hacer obras públicas con las escasas disponibilidades. Los economistas y los historiadores podrían explicar ese déficit con una multitud de datos. Pero un solo hecho sería suficiente: ese año de 1820 la provincia de Buenos Aires tuvo veintitantos gobiernos. Hacia 1822, Rivadavia mandó a desmantelar el precario muelle que entonces, temerosamente, entraba al río. Con las piedras hizo embaldosar Florida.

A favor y en contra
A favor de los empréstitos se ha dicho:
– Facilitan a los gobiernos un mejor aprovechamiento de los recurso, acelerándolos.
– Capitalizan al país con los resultados de la inversión a la que se dedican.
– Pueblan e incorporan a la economía los recursos naturales.
– Crean fuentes de trabajo.
– Es el recurso para alcanzar de inmediato
proyectos ambicionados.

La lista es tan incompleta como esta otra, en contra:
– La historia de los empréstitos demuestra que finalmente se los destina a alimentar burocracia o gastos militares.
– El endeudamiento provoca recelos en la población.
– Es una incitación al gasto sin disciplina.
– Somete al país a imposiciones del extranjero, directas o indirectas.

– Es el medio fácil para que los gobernantes empiecen obras sin arbitrar los medio idóneos y locales de financiación. De igual modo, el sonado empréstito Baring levantó acusaciones y aclaraciones, muchos autores criticaron que se lo hubiera negociado al 70 por ciento de su valor nominal (por cada 100 libras, la Baring entregaba solamente 70, que eran menos aún, deducidas comisiones y otras cargas). Cuando llegaron los fondos se designó una comisión que debía atender «los servicios de su entretenimiento», esto es, su inversión, administración, préstamos, pagos de intereses, etcétera. Y esos primeros servicios de entretenimiento resultaron prestarnos y descuentos de documentos a comerciantes e importadores, entre los que descollaban algunos nombres vinculados con la concertación del empréstito.

Luego pasarían a engrosar el capital del flamante Banco Nacional. Nunca tuvieron aplicación al destino que se había declarado: el muelle porteño, las aguas corrientes, las ciudades costeras. Aunque es cierto, también, que en seguida vendría la guerra con el Brasil y los mil días de bloqueo al puerto impuestos en enero de 1826; los 950 días del bloqueo francés del 38; los 650 días del anglofrancés del 45; los otros 350 días del otro bloqueo francés… Además, vino la guerra civil.

Hubo épocas de pago. En 1826, 27.392 libras como parte de pago de los intereses del segundo semestre. Penosamente se pagó en 1827.

Los gobiernos que siguieron no podrían cumplir. En 1837, después de un acuerdo, de una refinanciación, se reconocieron intereses atrasados por 1.641.000 libras. En 1824, cuando el empréstito llegó a Buenos Aires, hechas todas las deducciones y según los cálculos exhibidos por varios autores, sólo habían ingresado a la caja fuerte nacional 570.000 libras.

Las estadísticas oficiales sobre la deuda (interna y externa) son material notoriamente escaso, cuando no ausente. Pero ese déficit y esa dificultad han sido cubiertos por José García Vizcaíno en su documento-libro La deuda publica nacional.

Las cifras de la deuda prefiguraban ya la crisis que iría a estallar. Porque, además, el endeudamiento externo no se había parado. En 1868 se había contratado otro préstamo en Londres: se lo usó en la guerra del Paraguay. Otro, de 1871, se gestionó para obras públicas y se lo terminó gastando también en aquella guerra y otras, internas, contra Entre Ríos y Corrientes. Hubo otro refuerzo, en 1873.

La «comisión argentina»
Hacia el decenio de 1880, Buenos Aires conocía un crecimiento más febril que nunca; oleadas de inmigrantes y de capital eran atraídas desde Europa hacía aquella puerta, a una América nueva. Los Baring encabezaron una serie de empréstitos pero no tuvieron suficientemente en cuenta las condiciones internas de la Argentina.

En agosto de 1890, lord Lidderdale, gobernador del Banco de Inglaterra advirtió a la casa Baring «que estaba aceptando demasiadas letras de su agencia argentina. En noviembre los rumores sobre sus dificultades habían ya trascendido peligrosamente. Empezaron las consultas; ellas confirmaron —dice Sampson— la terrible noticia de que los Baring no habían logrado colocar sus títulos y efectos argentinos, y que tal vez habrían de suspender pagos a la semana siguiente.

En Buenos Aires, Pellegrini levantó un empréstito patriótico. Hizo una emisión de 50 millones, llevando el total del circulante a los 300 millones y creó el Banco Nación. Durante diez años más el país no volvió a emitir un solo peso. El déficit que en el ’91 había sido de 54 millones, cayó en el ’92 a 17. En julio del ’93 se firmaba el Acuerdo Romero: en él se incluyeron todas las deudas con el exterior. En ese acuerdo entraron 14 empréstitos por algo así como 44 millones de esterlinas. Hubo una rebaja de intereses. En la década del ’30 la Argentina empezó a caminar la senda inversa: rescatar deuda externa, achicarla. Entonces se hizo un empréstito de repatriación.

¡Cuatro meses sin deuda!
Vinieron los tiempos de la guerra. «Eran tiempos difíciles. Los ingleses compran pero no pueden pagar. La Argentina les vende al fiado durante todo el conflicto, mientras ellos bloquean las libras esterlinas con las que nos deberían pagar por el trigo y la carne que compran. A pesar de eso, la Argentina sigue pagando su deuda externa y aun en 1942 paga para repatriar una parte de ella», dice Antonio Brailovsky en su trabajo Historia de la deuda externa argentina, que publicó el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico.

En ese año de 1942 se propone que se emplee parte de lo que los ingleses deben en achicar deuda propia. La medida se aplica primero con cuentagotas. Luego con mayor amplitud. Al mismo tiempo la Argentina va entrando a un período político y económico sobre el que aún prevalecen notorias discusiones. «Cuando subió el peronismo al poder en 1946 —apunta Brailovsky—, quedaba una pequeña parte de deuda que fue rescatada casi totalmente en varias cuotas. A fines de 1949 no quedaba prácticamente nada. Con lo cual los argentinos se pasaron cuatro meses de su historia «sin deuda externa». Ese período de cuatro meses fue de enero a abril de 1950. En mayo se firmó el empréstito de 115 millones con el Eximbank.

Ocurre que si el Estado no tenía deuda, sí la había en el sector privado; se denunciaban 300 millones de deudas comerciales. Un equipo ya negociaba esta situación en el ’49. Resolvió que de las ventas argentinas a Estados Unidos se destinara el veinte por ciento para ir cancelando esas cuentas. Estados Unidos propuso entonces el empréstito. Fue a largo plazo, 15 años. Y como eran deudas de bancos privados, ellos mismos formaron una comisión que fue la que suscribió el crédito. Pero algo muy curioso pasó entonces: el Eximbank encaró un arqueo de las deudas y de los 300 millones de que se hablaba se descubrió que había en realidad deudas por 115.

Lentamente primero, más aceleradamente después, el país volvió a endeudarse. En 1973 se enteró de que la deuda bordeaba los 8.000 millones de dólares. Un año después orillaba los 10.000 millones. Entonces, casi sorpresivamente, la historia se aceleró hasta el vértigo: a fines de 1980 era de 27.000 largos millones.

Hoy, su arquitectura es tal que se vuelve a aquellas imprecisiones inaugurales del decreto de 1822; los cálculos dicen que es de 43.000 millones o de 46.000 millones. Y también, como entonces, como un signo fatal, esa deuda tampoco tuvo por destino enriquecer al país.

Roberto Fernández Tabeada
Adaptación del diario Clarín, 1984.

La Ganderia en el Virreinato Las Vaquerias El Consulado y Belgrano

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA:

Política ganadera: La ganadería e industrias derivadas — Los conquistadores fueron los que introdujeron en América los primeros ejemplares de ganado vacuno, caballar, porcino, cabrio y asnal junto con distintas variedades de aves domésticas. Así, los primeros caballos fueron traídos por don Pedro de Mendoza; despoblada Buenos Aires quedaron algunos que al huir a las as se reprodujeron, dando origen a la hacienda cimarrona. El ganado o entró por la costa de Brasil, de donde pasó al Paraguay en 1558 y al fundar las distintas ciudades: Santa Fe, Corrientes, Buenos Aires fueron a cada una de ellas. Según se cree, también Mendoza trajo lo primeros cerdos y en cuanto a las ovejas parece que fueron nevadas del Perú al Paraguay en 1550 por Nufrio de Chaves.

ganaderia en el virreinato del rio de la plata

En la época del Virreinato la fuente de riqueza de estas tierras era la ganadería. Las dilatadas llanuras ofrecían el medio propicio para su desarrollo, siendo esta actividad la preferida por los nativos o gauchos pues les permitía vivir en un medio de grata libertad. La legislación protegía a la ganadería. El ganado alzado fue considerado propiedad del pueblo, ya que Garay dió a los vecinos de Buenos Aires un derecho común sobre el mismo.

Como consecuencia de los continuos robos de hacienda hechos por los indios y vagos, que carecían de medios de vida, del aumento de perros cimarrones, de las sequías, del exceso de tierras sembradas de trigo y de maíz y por último, de la gran cantidad de reses faenadas por los españoles que se dedicaban a la ganadería (cerca de dos mil), matando casi cada uno su vaca por comida, además de las innumerables que degollaban para sacarles el sebo, mientras que de los toros extraían los cueros que exportaban al Brasil, las autoridades adoptaron diversas medidas tendientes a evitar la desaparición del ganado.

A partir de 1609 se abrió un registro en el que se inscribieron cuarenta vecinos autorizados para matar ganado (permisos de vaquería).
Por otra parte, como en los primeros tiempos sólo se utilizaban del animal los cueros, la gordura y las aspas, el resto era abandonado en el campo. Para evitar esto, en 1776, se aceptó un proyecto sobre salazón de carnes que fue aprobado con la condición de introducir de España barriles con flejes de acero y construir depósitos en la ciudad.

Para propender a esta industria que dependía en mucho del precio de la sal, el virrey Loreto propició Vas expediciones a Salinas Grandes, al sudoeste de Buenos Aires. Todo esto trajo aparejada la fundación por parte de particulares, de gran número de fábricas para la salazón de carnes.

Posteriormente el virrey Vértiz gestionó el traslado a Buenos Aires de toneleros extranjeros, que enseñaron su oficio a trabajadores nativos. En 1801 se instalaron curtiembres, pero desde el primer momento fue el cuero el producto más valorado del ganado vacuno, a tal punto que durante mucho tiempo sirvió de unidad de precio y su contrabando favoreció en mucho el adelanto de Buenos Aires.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Politica Agraria en el Virreinato Agricultura y Mineria

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA:

Política agraria — Los reyes de Castilla hablan sucedido a los naturales en el señorío de las Indias, y a ellos pertenecían las tierras, que por esta causa se llamaban de realengo (Real Corona). El rey las concedió en primer término a los conquistadores y gobernadores en recompensa a sus servicios. Alrededor de las ciudades se reservaban tierras de propiedad común e inajenables, que eran: el ejido, para uso común del vecindario; las dehesas, que limitaban con el ejido y que eran tierras para pastoreo y las propias del municipio, llamadas propios, que eran para renta del Cabildo. Quedaba prohibido sembrar en estos terrenos.

agricultura en el virreinato del rio de la plata

El hecho de que en Buenos Aires el área de tierra cultivable estuviese limitada por la zona habitada por los indios, fue causa de que las tierras tuviesen desde un primer momento un valor, siendo vendidas por el Estado, por lo que los más poderosos poseían grandes extensiones, donde practicaban la ganadería. Además de las tierras de propiedad común y de las concedidas a particulares, existían aquellas destinadas a ser poblados indígenas, por ejemplo: las reducciones.

En resumen las tierras americanas, posesión de los reyes de Castilla, pueden ser divididas en:

Ejido (para uso del vecindario); Dehesa (para pastoreo);
Propios (para renta del Cabildo);
Posesión de particulares (por concesión en reconocimiento a sus servidos o compra al Estado);
Poblados indígenas;
Posesión de la Iglesia.

Agricultura — Cuando los españoles llegaron a América, encontraron que algunas tribus de indios sedentarios practicaban la agricultura, cultivando especialmente el maíz y laquinoa o “trigo de la puna”.

Los conquistadores trajeron a América los cultivos europeos de la época. Muchas fueron las causas de que la agricultura no prosperase en tierras del virreinato del Río de la Plata. La sequía, la langosta, los ganados sueltos y las plagas de aves, los malos caminos para la introducción de los frutos en la ciudad y la escasez de brazos que encarecían los jornales, fueron factores adversos a la agricultura junto con la traba que significaban los impuestos que pesaban sobre ella.

Entre estos últimos, el diezmo, destinado a sufragar los gastos de la Iglesia, consistente en entregar la décima parte de los productos obtenidos; el de alcabala, que variaba entre el dos y el cuatro por ciento y a fines del siglo XVIII el seis por ciento, y otros propios del Cabildo.

Con el fin de proteger la agricultura se permitió la introducción de negros que se dedicasen a las tareas agrícolas. La agricultura, sin embargo, no avanzó hasta que se otorgó la libre exportación, especialmente del trigo a lo que se oponía el Cabildo por temor a quedarse sin el abastecimiento de este cereal, de cuya abundancia dependía su precio.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

REFORMAS POLÍTICAS DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO

REFORMAS POLÍTICAS DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO

Reformas políticas y administrativas de los Borbones — Para conseguir la centralización en América, era necesario disminuir las prerrogativas de que gozaba el Consejo de Indias, que en la práctica era el que aconsejaba al rey las medidas que se debían tomar en las colonias. Para ello se crearon dos secretarias y una Junta Suprema de Estado, que dependían directamente del monarca.

La Real Ordenanza de Intendentes fue una de las reformas mas importantes de los Borbones, quienes al implantarla en la metrópoli y en las colonias quisieren uniformar el gobierno colonial y el metropolitano. Desde 1776 funcionaban en América las Intendencias de Ejército y Real Hacienda encargadas de la economía. La Real Ordenanza de Intendentes tuvo origen francés, Felipe V la implantó en España y Carlos III dictó la Real Ordenanza de Intendentes de 1782 para el Río de la Plata.

En virtud de esta disposición el Río de la Plata quedó dividido en ocho intendencias.: Buenos Aires, que era Superintendencia General de Ejército y Provincias tenía mando militar sobre las otras, comprendía Buenos Aires, la Patagonia y el litoral; Paraguay (la parte oriental); Salta del Tucumán, que en un principio tuvo su sede en San Miguel del Tucumán (comprendía Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán); Córdoba del Tucumán (abarcaba Córdoba, La Rioja, San Luis, Mendoza y San Juan). Las otras cuatro intendencias estaban en el Alto Perú y eran: La Paz, Charcas, Cochabamba y Potosí.

Las provincias subordinadas eran: Moxos y Chiquitos en Bolivia, Montevideo (Uruguay y parte del Brasil) y las Misiones Guaraníes, en las que se establecieron gobiernos militares, pues eran lugares fronterizos que necesitaban defensas.

Dependían del virrey. Los límites fueron imprecisos y se trató que coincidieran las jurisdicciones militares, eclesiásticas y civiles.

Los gobernadores intendentes: Eran nombrados por el rey, duraban cinco años en sus funciones y quedaban sujetos al juicio de residencia.

La administración de la Real Hacienda que estaba en manos del superintendente de Real Hacienda volvió al virrey cuando se suprimió ese cargo. Los intendentes ejercían el vicepatronato, menos en la Superintendencia de Buenos Aires, pues era prerrogativa del virrey.

Sus principales funciones eran: inspeccionar el territorio de su jurisdicción, hacer cumplir las leyes, recaudar y administrar las rentas, proveer de suministros al ejército.

La Ordenanza creó una Junta de Propios y Arbitrios para administrar los recursos económicos del Cabildo y el producto de los impuestos. Se creó el estanco del tabaco, de los naipes, de la pólvora, etc.

La Junta Superior de Real Hacienda secundó primero al superintendente y luego al virrey.

COMO LLEGARON LOS BORBONES AL TRONO

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Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  

REFORMAS LIBERALES DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO CARLOS III ESPAÑA

REFORMAS LIBERALES DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO:

INTRODUCCIÓN: Carlos III gobernó en España entre 1757 y 1788. Fue un hábil reformador y administrador, que tomó una serie de medidas para enfrentar la crisis, tanto en la península como en América. A través de esas medidas —conocidas como las reformas Borbónicas— reorganizó las relaciones de las colonias con la metrópoli, liberalizó el comercio y fomentó la economía, con el objetivo de aumentar los ingresos económicos de la corona y centralizar el poder.

Carlos III de España

Las principales reformas fueron económicas

Una de las primeras medidas fue la aprobación del Reglamento del Libre Comercio en 1778, para flexibilizar el comercio y evitar el contrabando. Este reglamento eliminó el puerto único, permitiendo el comercio de muchos puertos españoles con las Indias. La prohibición de comerciar con otras potencias se mantuvo, por lo que el monopolio continuó, aunque se amplió en gran medida el abastecimiento colonial.

Carlos III también promovió la agricultura y la ganadería pues era importante la producción de materia prima para favorecer la incipiente industria española.

Con el objetivo de incrementar los ingresos de la Corona, se aumentaron los impuestos. Esta medida provocó el desagrado de los criollos, que se resistieron, y originaron algunos conflictos.

Advenimiento de los Borbones: sus reformas — El cambio de dinastía en España produjo una serie de reformas de toda índole que no sólo tuvieron honda repercusión en España sino también y aun con mayor intensidad en América. Ellas derivaron de la acción conjunta de los hombres de gobierno y de la prédica de los economistas, que tendían a encontrar un alivio para la situación afligente por la que atravesaba la metrópoli.

Durante el gobierno de Carlos III, José Gálvez dió una serie de medidas liberales, que llegaron a su máxima expresión con la de 1765. Fueron realizadas las siguientes reformas:

  1. a) 1713 El Tratado del Asiento: Se firmó entre España e Inglaterra, precedido por otros dos del mismo año, por los que se inició el comercio de Inglaterra con las colonias hispano-americanas. Por él se autorizaba a la South Sea Company a introducir en las Indias Occidentales en los puertos de su elección, cuatro mil ochocientos negros por año, durante treinta años, lo que daba un total de ciento cuarenta y cuatro mil negros.

En caso de guerra, la concesión caducaba, entregando la compañía una indemnización a España. Los negros introducidos debían gozar de buena salud, en caso de enfermedad permanecerían quince días en observación.

Los ingleses no se conformaron, sin embargo, con la sola introducción de negros, obteniendo que se les permitiese enviar anualmente un barco con quinientas toneladas de productos, mientras durara e] Asiento, con la condición de que no practicaran comercio ilícito. Empero, el rey España tuvo buen cuidado de que esto no se verificara, tomando 1 medidas respectivas.

Para realizar el tráfico negrero, el Cabildo de Buenos Aires autoridades que se levantase un establecimiento en el sur de la ciudad (cerca del Parque Lezama). En cuanto al intercambio, los ingleses lo realizaban en el Plata, haciendo trueque de negros por cueros, cebo, oro y plata. A cada negro se asignaba un valor aproximado de cien cueros (cada cuero valía dos pesos); pero como los barcos negreros eran pequeños y no podían cargar con cueros el valor de los negros que transportaban, cubrían ese desnivel co plata y oro que los ingleses querían llevar en monedas, ya que las española Contenían más oro que las de otros países. Esto fue objeto de limitación por parte del rey de España, ya que temía que se llevaran todo el numerario. El tratado del Asiento sufrió interrupciones como consecuencia; de la política inamistosa que tuvieron Inglaterra y España durante períodos del  siglo XVIII

  1. b) 1740 — Supresión de las dos flotas: Se organizó para reemplazar. as el sistema de barcos de registros sueltos, que con la condición de inscríbirse en la Casa de Contratación podían dirigirse a cualquier puerto, pero debían salir por el único habilitado de la península: Cádiz, que había reemplazado a Sevilla desde 1718.
  2. c) Las Compañías de Comercio: En esta época se establecieron Compañías de Comercio.
  3. d) 1764— Reglamento de correos marítimos: El rey Carlos III dictó en 1764 el Reglamento que establecía la salida mensual de un correo marítimo, ya que hasta entonces las comunicaciones entre la metrópolis y las colonias estaban tan restringidas que las noticias llegaban por medio de los Se fijaba que la salida se verificaría una vez al mes del puerto de La Coruña hacia América septentrional; otro correo saldría cada dos meses con destino a América meridional. Este servicio recién se hizo extensivo a Buenos Aires en 1767.
  4. e) 1765 Supresión del puerto único: Carlos III abrió nueve puertos en la metrópoli (Cádiz, Sevilla, Alicante, Cartagena, Málaga, Barcelona, Santander,  La Coruña y Gijón), poniendo así fin a la política del puerto único.
  5. f) 1768 — Autorización para el comercio intercolonial: En ese año se permitió el comercio intercolonial de productos de Castilla entre Perú Nueva España, Nueva Granada y Guatemala. Más tarde se expidió una Real Cédula, que también les permitía comerciar con frutos del país a excepción de vinos, aguardiente, aceite, aceitunas, pasas y almendras para que no compitiesen con los españoles.
  6. g) 1776—Apertura del puerto de Buenos Aires: En este año Buenos Aires quedó abierto para practicar el comercio intercolonial.
  7. h) 1778—Reglamento del Comercio Libre: En 1777 el virrey Ceballos dictó el Auto Provisional del Comercio Libre, declarando ser lícita la internación de artículos a Perú y Chile, ya que recuperada la Colonia del Sacramento, había cesado la causa del cierre del puerto de Buenos Aires. El 12 de octubre de 1778 se dictó el Reglamento y Aranceles Reales para el Comercio Libre de España e Indias. Por él se habilitaban trece puertos de la península, Mallorca y Canarias y veinticuatro para América. Se concedieron franquicias comerciales a las manufacturas textiles españolas, liberándolas del pago de derechos; los navíos y embarcaciones de construcción española que se cargasen con frutos y manufacturas de España, gozarían de grandes privilegios para su transporte a América, y se liberaban de contribuciones los frutos de América que entrasen a la metrópoli.
  8. i) 1791 — Se permitió la libre introducción de negros en el Río de la Plata: El negro o “pieza de Indias”, era aquel robusto y sin taras. Los barcos que los importaban podían exportar frutos del país. Esta medida duró hasta la Asamblea de 1813, que declaró abolida la esclavitud.
  9. j) 1797— Permiso para traficar con los barcos neutrales: Como Inglaterra y España estaban en guerra, se autorizó el comercio con buques neutrales.
  10. k) 1806 — Reglamento del Comercio Libre dado por los ingleses: Durante las invasiones inglesas, Beresford dió un reglamento para la Aduana de Buenos Aires por el que declaró el comercio libre, exento de trabas y derechos, que duró hasta la reconquista de Buenos Aires.
  11. cuadro de las reformas borbonicas

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

ORGANIZACIÓN MILITAR DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO CARLOS III

ORGANIZACIÓN MILITAR DE LOS BORBONES EN EL VIRREINATO

La organización militar — Los principales cargos militares eran:

a) Virrey, gobernador y capitán general que tenía el mando político y militar del virreinato.

b) Gobernador intendente: Eran delegados del virrey y mandaban las tropas que pertenecían a su jurisdicción territorial.

e) Inspector general: Estaba encargado de cuidar la organización y disciplina de las tropas. A fines del siglo XVIII comenzó a designarse a este funcionario subinspector general. Los cuerpos de artillería y de ingenieros no dependían de él sino del virrey.

d) Sargento mayor de plaza: Atendía a todas las necesidades de las tropas de guarnición dentro de una plaza.

e) Comandante de armas: Era el militar de mayor jerarquía dentro de una jurisdicción. Tenía funciones militares y de policía en su distrito; perseguía a delincuentes, contrabandistas, cuatreros, etc.

f) Comandante general de la frontera: Debía organizar los ataques ofensivos y defensivos contra los indios.
La Junta de Guerra se reunía en tiempos de guerra y actuaba como órgano consultivo del virrey.

Las tropas con que contaba el Virreinato estaban formadas por veteranos y milicianos. Los primeros eran escasos y los constituían los españoles que se enganchaban voluntariamente o porque eran castigados por vagos Y desertores.

Las milicias se crearon en 1764. Las formaban paisanos que eran adiestrados por los veteranos. Los principales cuerpos fueron: el Batallón de Españoles de Buenos Aires, el Regimiento Provincial de Caballería de Buenos Aires; con las castas se formaron el Cuerpo de Negros Libres de Buenos Aires, el de indios Guarantes de Buenos Aires, el de Pardos de Buenos Aires, etc. No tenían veteranos fijos para dirigirlos, porque a los blancos no les gustaba pertenecer a esos cuerpos, de modo que se turnaban. También se formaron milicias en la campaña.

Las fuerzas estaban integradas por: la infantería, que era poco adecuada para luchar en el Virreinato, por las grandes distancias que había que recorrer. La caballería que generalmente estaba integrada por las milicias. Los dragones que resultaban muy útiles porque constituían una especie de infantería montada. El cuerpo de ingenieros estaba formado por ingenieros que dependían de la Dirección General de Ingenieros de España.

Se ocuparon de proyectar y dirigir las fortificaciones y obras militares, del trazado dé croquis y planos. Los Blandengues fueron organizados por Vértiz para luchar contra el indio. No podían integrar ese cuerpo los españoles porque desconocían las características del terreno y del enemigo, que empleaba tácticas especiales. Estaba formado por voluntarios. El rey lo elevó a categoría de unidad veterana.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

Primer Periodico del Virreinato El Periodismo Telegrafo Mercantil

Primer Periodico del Virreinato
El Periodismo – El Telégrafo Mercantil

EL PERIODISMO: LA CULTURA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

Periodismo — Los redactores de periódicos se vieron limitados por las restricciones que imponía la censura a las publicaciones de asuntos religiosos o políticos.

El periodismo americano nació en México. En Buenos Aires en un principio aparecieron hojas volantes.

En junio de 1764 se publicó un cuadernillo manuscrito de ocho páginas llamado “La Gaceta de Buenos Aires» que informaba sobre asuntos locales.

En noviembre de 1800 fue dada licencia para publicar un periódico al extremeño Francisco Antonio de Cabello y Mesa. El texto antes de su publicación, debía ser aprobado por la Real Audiencia.

A fines de ese es se dió a conocer el Prospecto donde se hacía referencia a los tramites seguidos para la publicación del periódico, los orígenes del periodismo en Europa y Méjico y el programa que pensaba seguir en la tarea que iba a emprender. Finalmente el 19 de abril de 1801 apareció el primer número del “Telégrafo Mercantil Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río  de la Plata».

Figuraban en él comentarios sobre las ciudades del Virreinato, trabajos del naturalista Tadeo Hamke, observaciones meteorológicas, noticias de comercio y los primeros ensayos de poesía argentina, como por ejemplo la “Oda al Paraná” de Manuel José Lavardén.

El virrey del Pino le retiró la licencia “por la poca pericia en la elección de materiales”. El último número fue del 17 de octubre de 1802.

El segundo periódico que se editó fue “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”, cuyo primer número apareció en septiembre de 1802, dirigido por Hipólito Vieytes.

Trataba sólo los asuntos que su titulo indica y los que pudiesen contribuir a la salud y bienestar del pueblo  lo introdujo otros temas con motivo de las invasiones inglesas de 1806, durante las que  se suspendió la publicación por tres meses.

En el número del 11 de febrero de 1807 se comunicó la rendición de Montevideo y se avisó a los lectores que la publica

Su primer número es del 3 de marzo de 1810 y fue precedido por un prospecto. El último número apareció el 23 de febrero de 1811. Dice Mitre que fue concebido bajo el mismo plan del “Mercurio Peruano”. Tomaba temas de economía política, que lógicamente hacían resaltar el atraso económico del país.

“La Gaceta de Buenos Aires”, era el órgano periodístico oficial de la Primera Junta; se publicó bajo la inspiración de Mariano Moreno. El primer número apareció en junio de 1810 y el último en septiembre de 1821; cambió varias veces de título: «Gaceta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires” en 1812; «Gaceta de Buenos Aires” en 1815: “Gaceta del Gobierno” en 1820.

En Montevideo el primer periódico fue “La Estrella del Sud” o «The Southern Star”, dirigido por Mr. Bradford, que era el redactor principal; como redactor y traductor se desempeñó el cochabambino Manuel Aniceto Padilla.

Por medio de él se hacia propaganda en favor del comercio libre. Se publicó de mayo a julio de 1807.

Ver: Origen del Periodismo Argentino

LA LIBERTAD DE PRENSA SEGÚN MANUEL BELGRANO

La libertad de prensa no es otra cosa que una facultad de escribir y publicar lo que cada ciudadano piensa y puede decir con la lengua […] Es necesaria para, la instrucción pública, para el mejor gobierno de la nación y para su libertad civil, es decir, para evitar la tiranía de cualquier gobierno que se establezca; de lo cual son buenas pruebas que ningún tirano puede haber donde ella está establecida, y que ningún tirano ha dejado de quitarles con todo cuidado a sus súbditos, porque son incompatibles entre sí… «.

Con estas frases publicadas en el Correo de Comercio, el 11 de agosto de 1810, por autoría —según Félix Wein-berg— de Manuel Belgrano, queda expresada la idea elemental de libertad de prensa y la necesaria relación que existe entre ella y la democracia.

Años más tarde otros hombres talentosos como el francés Alexis de Tocqueville o el argentino Domingo E Sarmiento definirían con lógica contundencia la misma conexión entre el origen popular del poder y la libertad de la prensa, así como entre el ejercicio del despotismo y la censura.

Esta última, en su concepto constitucional, ha sido explicada por un tratadista -Segundo V. Linares Quintana— como la idea amplia y comprensiva que «designa toda acción u omisión dirigida a dificultar o imposibilitar, en forma directa o indirecta, mediata o inmediata, la publicación y circulación de la palabra impresa… «Y aunque Cervantes ya había ponderado en su Quijote el valor de la libertad, podemos decir que en lo referido a la prensa y en la dinámica del periodismo el cuadro se configuró entre los siglos XVIII y XIX y tiene hoy -en un contexto social y técnico mucho más complejo- similares fundamentos.

La censura fue y es arma del autoritarismo intelectual, desde el despotismo de la Edad Moderna al fundamentalismo de nuestros días, pasando por miles de variables intermedias (generalmente desagradables todas ellas). Libertad de prensa o censura fue un complejo debate que estuvo presente desde los comienzos de nuestra existencia como país en el contexto de la «Era de las Revoluciones», asociado con el nuevo pensamiento liberal y con el desarrollo técnico del periodismo y el social de la opinión pública.

Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12.

PARA SABER MAS…
LA PRENSA ARGENTINA ENTRE 1810 Y 1820

Los «tiempos de rara felicidad» a Los que aludía La Gazeta de Buenos Ayres de 1810 fueron años tempestuosos, a menudo trágicos, y la prensa era el único medio de comunicación «de masas» (expresión que entonces no se utilizaba), limitada por el alcance de las imprentas existentes y una población en gran medida analfabeta.

La edición de La Gazeta de Buenos Aires, inspirada inicialmente por Mariano Moreno, marca el comienzo del periodismo de la etapa emancipadora. Tuvo, para te época y el lugar, una vida relativamente larga, pues subsistió, con diversos nombres, hasta 1821 (desde 1812 se llamó Gazeta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires). Su tendencia política varió con la orientación de los sucesivos gobiernos y los redactores: Moreno sería reemplazado por el deán Funes en la conducción del periódico, luego José Agrelo; desde 1811 se alternaron en la dirección Bernardo de Monteagudo y Vicente Pazos Silva, etc. Por recomendación del gobierno, sus artículos se leían en alta voz en las Iglesias para difundir sus artículos entre quienes no sabían leer.

La prensa de la primera década independiente fue casi exclusivamente una prensa política. El tema de declaración de la independencia, el debate entre monárquicos y republicanos y otras cuestiones similares se dieron también en la apretada tipografía de aquellos papeles de pequeño formato y de aparición semanal. Nuevas imprentas se sumaron a la existente en 1810, como se puede advertir a través de los respectivos pies de edición.

El aumento del número de periódicos es muy significativo: contra solamente cinco aparecidos en todo el Virreinato en la década final de la colonia (cuatro de Buenos Aires y uno, el editado por los británicos, en Montevideo), aparecieron treinta y ocho desde 1811 a 1820 (33 en Buenos Aires, el resto en las provincias).

Pero en 1820 solamente se imprimían dieciséis, entre ellos varios de reciente creación: es que el carácter efímero caracterizó a la mayor parte de los órganos de prensa del siglo XIX, pues estaban ligados a una situación o un interés político de corta duración. No se trataba de empresas periodísticas sólidas en el sentido en que se las conoció más adelante. Los avisos comerciales eran excepcionales, el sustento provenía de otros medios.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.