Crímenes Políticos

Biografia de Jesse James Asaltante de Bancos y Trenes

RESUMEN DE LA VIDA DEL FAMOSO ASALTANTE AMERICANO: JESSE JAMES

El mayor mito de la historia del oeste americano , Jesse W. James (1847-1882), famoso asaltante  de bancos y trenes estadounidense, cuya fama sobrepasó las fronteras americanas para convertirse en uno de los proscripto mas conocidos del mundo. Murió como vivió, siempre al límite, traicionado por uno de sus hombres. Sentencia: Asesinado por Robert Ford, uno de sus lugartenientes.

Jesse James

James nació el 5 de septiembre de 1847 en el condado de Clay (Missouri). Fue el segundo hijo de Robert y Zerelda. Cuando James era muy pequeño su padre se fue en busca de oro a California y jamas regresó.Su madre se casó dos veces más y aumentó la familia a siete hermanos. Ya adolescente, en plena Guerra Civil Americana,  se sumó a un grupo ede guerrilleros confederados de Clarke Quantrill. Se alistó junto a su hermano mayor Frank, y se dedicaron a combatir a los yankee y a robar bancos.

Su aspecto físico era de una figura flaca y desgarbado, jamas podría uno pensar que dentro de ese cuerpo raquítico se escondía una persona valiente de un caracter agresivo y temerario.

Terminada la guerra en 1865, se prometió un perdón a los combatientes del Sur, y su grupo decidió presentarse a solicitarlo, pero era una trampa artera, pues fueron recibidos a balazos, en donde una bala perforó el pulmón de James. Pronto fue atendido por su prima Zerelda,  quien lo cuidó con tanto cariño, que nació un profundo amor entre ellos, para casarse en 1874.

Jesse dolido por la traición, forma una nueva banda  con los hermanos Thomas, Jim, John y Bob, de apeliido Younger, y de esta manera comenzaba la mítica la trayectoria de la banda de delincuentes más famosa de la historia americana. Su primera gran proeza fue el asalto el 13 de febreo de 1866 al Commercial Bank de Liberty (Missouri) en el que robaron cincuenta y ocho mil dólares. A partir de entonces, los asaltos fueron haciéndose más frecuentes y violentos, con el joven Jesse erigido como el auténtico jefe de la banda por su crueldad y su capacidad de mando.

El atraco a trenes se inicia a partir de 1873, cuando observan que debido a vulneralidad en seguridad y a la vez la facilidad para escapar rapidamente por las grandes extensiones del suelo americano. A corto plazo la compañia de ferrocarill, contrata una agencia de seguridad, para evitar nuevos asaltos y comienza así una guerra particular con la famosa Agencia de Detectives Pinkerton de Chicago. En el avance de la investigación, la agencia en unos de sus embestidas a la granja de la banda, asesinan al hermano menor de Jesse,  Archie de solo nueve años.

Siempre se recuerda el intento de asalto al banco First National Bank de Northfield (Minnesota) , un 7 de septiembre de 1876, cuando la policía local alcanza a reaccionar con celeridad y se produce un enfrentamiento sangriento en donde a excepción de Jesse y su hermano Frank, son todos los miembros capturados o asesinados, la banda quedó casi desbaratada, al punto que los dos hermanos se retiraron a Tennessee, donde vivieron tres años sin meterse en líos. Pero a Jesse le aburría la vida «tranquila», por lo que en 1879 volvió a formar una banda y retornó a los atracos a bancos y trenes.

En el año 1881, Frank decide cambiar de vida y retirarse de la vida delictiva, y ascienden a subalternos de Jesse,  los hermanos Ford, Robert y Charles. La vida del bandido día a día le era mas complicada, pues de había armado toda una red de control policial para capturarlo, poniendo además un precio de 10.000 dólares a su cabeza, cifra que para la época era mucho dinero y mucha gente estaba al tanto de su búsqueda.

A fines de 1881 traslada a su mujer y a sus dos hijos a Saint Joseph (Missouri), donde vivió escondido y recluído pues no se podía fiar de nadie, cualquiera podía traicionarlo, y asi fue, porque en 1883 es asesinado por la espalda, con un tiro en la nuca,  cuando estaba sobre una silla colgando un cuadro en un salon. El sicario fue su lugarteniente (pariente lejano) Robert Ford, sobornado por el Gobernador de Missouri, Thomas T. Crittenden,

Respecto a su hermano Frank, la opinión pública estadounidense lo trató como a un héroe y fue absuelto en dos ocasiones; murió en 1915 en su granja de Missouri.

Fuente Consultadas:
Mala Gente de Miguel Ángel Linares
Enciclopedia ENCARTA Microsoft

Los Crímenes de la Familia Puccio Historia de los Asesinatos

HISTORIA DE LOS ASESINATOS DE LA FAMILIA PUCCIO

La familia Puccio, fue una banda de secuestradores conocido como el «Clan Puccio», que cometieron una gran acción delicitiva entre 1982 y 1985, que los convirtió en uno de los grupos criminales mas famosos de Argentina, a tal punto que se ha estrenado un film («El Clan») para contar esta siniestra historia, que inclusive para muchos allegados a la familia estuvieron años para aceptarla, como por ejemplo, los compañeros de rugby de Alejandro defendieron su inocencia durante muchos tiempo.

Durante la dictadura de 1976-1983, Arquímedes Puccio fue miembro de la SIDE, la Triple A, y proporcionaba «alojamiento y comida» para los desaparecidos secuestrados por los militares.

Cuando los militares en 1983 dejaron el gobierno y comenzó la democracia con el presidente Raúl Alfonsín , Puccio ya no podía gozar de la inmunidad que había disfrutado antes.

Para mantener su espléndido nivel de vida, empezó a «trabajar por su cuenta»,  dirigiendo una banda deliectiva conformada por los integrantes de su familia y otros amigos.

El negocio era el secuestro extorsivo, y la serie de sus víctimas (una por año) fueron cuatro en total, primero el jugador de rugby Ricardo Manoukian, le seguiría el ingeniero Eduardo Aulet, luego el empresario Emilio Naum (que se resistió y fue asesinado) , y finalmente la empresaria Nélida Bollini de Prado, única mujer y  sobreviviente de esta obra macabra.

Arquimedes Puccio Jefe de una banda de secuestradores

Arquímedes Puccio jefe del clan. De profesión contador, siempre vinculado a la política, durante el 1° gobierno de Perón , en 1950 había sido diplomático de Perón, quien lo condecoró.

También según sus declaraciones había estado en Montoneros, pero había pruebas de su vinculación con la Triple A como espía. La política la utilizaba para su propio provecho, inclusive trató de contrabandear armas a España, pero fue descubierto.

La familia vivía en San Isidro (en Martín y Omar al 500), Arquímedes era muy conocido y un respetado profesional en ciencias económicas.

También ejerció como subsecretario de Deportes de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires.

Su señora  Epifanía era profesora de contabilidad y matemática en un colegio al frente de su casa.

En la planta baja de su vivienda tenían un negocio deportivo, y un bar en el edificio de al lado. Don Arquímedes , se pasaba barriendo la vereda a cualquier hora, contaban los vecinos.

Tenían cuatro hijos Alejandro, un gran jugador de rugby en el Club Atlético de San Isidro (CASI), que llegó a jugar en los Pumas, seguía Daniel , alias «Maguila», también deportista del rugby, pero no las condiciones de su hermano mayor.

Silvia, una de sus hijas mujeres, estudiaba artes plásticas, y dos niños adolescentes en esa época llamados Guillermo y Adriana que nada tuvieron que ver en este drama.

Nadie jamás pudo imaginar que esta familia haya tenido una vida criminal paralela, pues su imagen social era muy bien vista, desde donde se la mirara.

Aquímedes un hombre carismático y excelente profesional, su señora una destacada docente, junto a sus hijos estudiantes y buenos deportistas.

Quien se imaginaría la atrocidades que ocurría en ese tétrico sotáno disimulado, o en el baño de la planta alta, donde dejaban a sus vítimas atadas, encapuchadas y con muy poco alimentación durante varios días.

Esta banda secuestradora se organizó según planes de Arquímedes Puccio, quien convocó (y obligó) a sus hijos Daniel y Alejandro a seguir las reglas y órdenes para lograr de su objetivo.

Nadie podía negarse o desobedecer las leyes de su autoritario padre. Además se apoyaron en la complicidad del militar retirado Rodolfo Franco, y los amigos de la familia Guillermo Fernández Laborda y Roberto Oscar Díaz, entre otros colaboradores.

En sus planes contaba en utilizar la fama y amistad que tenía Alejandro, y usarlo como carnada para atraer a sus víctimas, por lo que el clan se dedicó a secuestrar empresarios o amigos ricos, cercanos al círculo familiar, a quienes encerraba en el sótano de la casa.

Paso seguido era un contacto telefónico y el pedido de un cuantioso rescate, a pesar, que nunca tuvieron la intención de liberar a ninguna sus víctimas, pues eran conocidas y serían descubiertos.

Orden Cronológico de las Capturas

22/07/1982: El joven empresario Ricardo Manoukian, amigo de Alejandro Puccio, fue hallado a los pocos dias, sumergido hasta la cintura en una laguna,  con tres tiros en la nuca. La familia pagó 250.000 dólares como rescate.

05/05/1983: Otro conocido de Alejandro por el rugby , un ingeniero, llamado Eduardo Aulet. También  secuestrado y asesinado. Pago del rescate 100.000 dólares. Su cadáver fue desenterrado recién en 1987, en un campo de General Rodríguez.

22/06/1984: Emilio Naum es asesinado al resistirse a ser secuestrado por Arquímedes Puccio.

23/08/1985: Fue el último caso. Nélida Bollini de Prado, por quien el «clan» pedía 500 mil dólares. Estuvo 32 días encerrada en el sótano de los Puccio, hasta que la policía pudo rescatarla.

Luego de la detención de la banda, por los secuestros de Manoukian, Aulet, Naum y Bollini de Prado, también fueron investigadas Epifanía y Silvia, pero la justicia no encontró pruebas suficientes para encerrarlas.

Todo el mundo se preguntaba como era posible que ellas hayan convivido con el resto de la familia y no hayan sabido nada.

Fue todo muy confuso, y todo el país estaba espantado con los acontecimientos.

La familia se separa de forma definitiva, y algunos de sus integrantes no ven mas a su padre en la vida.

La hija mayor Silvia, muere de cáncer a los 52 años, la mas chica Adriana fue criada por un tío, y parece que hoy vive con Epifanía, su longeva madre de 90 años.

El hermano menor Guilermo fue a vivir a Nueva Zelanda, jamás regresó.

Arquímedes cumplió 23 años de prisión, donde estudió para abogado. Salió libre en 2008 y un pastor evangélico lo acogió en General Pico, La Pampa.

Según cuenta los pobladores, siempre andaba caminando por el barrio y se divertía preguntando si lo conocían, también Rodolfo Palacios en su libro «El Clan Puccio» contó que Puccio tuvo problemas con los vecinos del inquilinato.

Entre otras cuestiones, porque barría a cualquier hora y molestaba.

También presumía del sexo que tuvo con decenas de mujeres, que admiraba a Adolf Hitler y de los importantes cargos que ocupaba, pero jamas reconoció lo único fehacientemente comprobado, el secuestro de cuatro víctimas , de las cuales ters fueron asesinadas.

Al clan Puccio se le adjudican el secuestro y muerte de Ricardo Manoukie, de Eduardo Aulet (capturado el 5 de mayo de 1983); el homicidio de Emilio Naum, que se resistió a ser llevado el 22 de junio de 1984; y el secuestro de Nélida Bollini. Además de los Pucio, lo integraban cuatro tipos más.

Algunos fueron condenados a reclusión perpetua.

Arquímedes Puccio, el jefe,  era un contador que había militado en Tacuara. Alejandro, su hijo mayor juraba que no sabía nada de los secuestros e intentó suicidarse tres   veces , la primera en noviembre de 1982, arrojándose al vacío en Tribunales.»Me tocó un padre que no tuve la opción de elegir», escribió en una carta a sus abogados. Alejandro murió en el año 2008.

 Biografía del Clan Puccio
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Caso de los Esposos Rosenberg Historia de la Ejecución Por Espionaje

CASO DE LOS ESPOSOS ROSENBERG
Historia de su Ejecución Por Espionaje

Dentro de la variada gama de causas que ventilan los tribunales de todas las latitudes para cumplir con su misión de instruir justicia, tal vez ninguna revista caracteres tan apasionantes como los casos de espionajes mayor y de alta traición. Ello porque en esta clase de procesos, más allá de la suerte individual de los acusados, están comprometidos el destino de una nación, de una causa, o de una guerra; en suma, los grandes intereses que mueven y dividen a los pueblos. En su conjunto, estos juicios representan, ni más ni menos, un panorama y una síntesis de las complejas peripecias del acontecer mundial. Aisladamente, cada uno constituye en sí un trozo de momento histórico crucial.

EL CONTROVERTIDO CASO DE LOS ESPOSOS ROSENBERG

Pero con la detención y condena de Harry Gold el affaire de «los robos atómicos» estaba aún lejos de terminar. Faltaba su capítulo más dramático. Gold mencionó en sus declaraciones que en 1945 había recibido de manos de David Greenglass, un técnico militar de Los Álamos, el esquema de una «lente implosiva», una de las piezas claves de la bomba. Arrestado Greenglass, a su vez decidió hablar claro: «He sido reclutado —afirmó— por mi hermana Ethel y mi cuñado Julias Rosenberg. Ambos dirigen una organización soviética encargada de obtener informes atómicos».

Así se inició el célebre caso del matrimonio Rosenberg. Los Rosenberg fueron detenidos el 17 de julio de 1950. Un amigo de la pareja, Morton Sobell, un experto en radar acusado de haberles facilitado un croquis ultrasecreto, huyó a México, donde según declaró después fue literalmente «secuestrado por un contando del F.B.I.».

Desde hacía tres semanas la guerra causaba estragos en Corea y los norteamericanos temían verse comprometidos de un momento a otro en un conflicto mundial. Así fue como en este clima, la angustia, la fiebre y la cólera colectiva que vivía el pueblo norteamericano iban a cristalizar en torno a los Rosenberg. (foto: Ethel y Julius Rosenberg)

A la reflexión de «Si Stalin no hubiese dispuesto de la bomba» se añadió con naturalidad la de «Si los Rosenberg no nos hubieran traicionado»…. en el ánimo de muchos personeros del Gobierno norteamericano.

En un clima de histerismo próximo al delirio, la pareja fue juzgada. El gran jurado federal reunido para examinar la causa inició sus labores el 6 de marzo de 1951, en la Corte de Nueva York. Julius y Elhel Rosenberg, Morton Sobell y David Greenglass fueron acusados de violar la ley federal con fines de espionaje.

El último de ellos se declaró culpable, y los tres primeros negaron su culpabilidad. Tras un dramático proceso, el magistrado Irving Robert Kaufman dictó sentencia el 5 de abril de 1951. Sobell fue condenado a 30 años de cárcel, Greeaglass a 15 y el matrimonio Rosenberg a la pena de muerte.

Antes de que la pareja fuera ejecutada en la silla eléctrica de Sing-Sing, el 19 de junio de 1953, el caso fue sometido a una de las más prolijas revisiones de toda la historia procesal norteamericana. La Corte de Distrito de los EE. UU. lo examinó 16 veces, a raíz de sucesivas apelaciones, solicitudes de remisión y demandas de clemencia al Presidente de la nación. Dieciséis años más tarde, en 1969, el caso Rosemberg continua apasionando a los historiadores habiéndose hecho varias comprobaciones a través de la perspectiva que otorga el tiempo.

Lo que queda en pie es que los Rosenberg, al parecer, pagaron por los otros inculpados. Condenado a 14 años de reclusión, el sabio Klaus Fuch fue liberado a los cinco años, prosiguiendo actualmente su brillante carrera científica en Alemania Oriental. Harry Gold, su contacto, deudor de 30 años, sólo cumplió 15.

Greenglass, por su parte, quien hizo recaer toda la responsabilidad sobre su cuñado y su hermana, salió del atolladero con un veredicto de 15 años, de los cuales purgó apenas un tercio. Y por su parte, Morton Sobell, el compañero de los Rosenberg, acaba de salir en libertad a principios de 1969, habiendo cumplido un poco más de la mitad de su pena.

Muchos juristas norteamericanos estiman que a la hora actual no se condenaría a muerte a los Rosenberg. Que la sentencia estuvo influida por el momento histórico que vivía los EE. UU. en los días del proceso.

En marzo de 1951 la guerra de Corea alcanzaba su punto culminante: Mac Arthur proyectaba invadir China y utilizar la bomba atómica. Asimismo, en el presente se piensa que los Roseriberg, aunque creían ayudar a la URSS con sus actividades de espionaje, todo aquello no tendría prácticamente ningún sentido desde el punto de vista científico.

Trataríase de un trabajo de aficionado, ridículo por ingenuo y absolutamente inofensivo. Los defensores de esta última tesis van aún más lejos y estiman que los rusos no tenían ninguna necesidad de los Rosenberg para convertir a su país en una potencia nuclear, ya que el físico soviético Kurtchakov al parecer conocía los .principios fundamentales de la bomba con anterioridad a los norteamericanos, como lo admite la revista «Time». Otros historiadores juzgan incluso totalmente inocentes a los Rosenberg, fundándose en la fragilidad de los testimonios que causaron la pérdida de los acusados.

Entre ellos figura Alain Decaux, quien les había dedicado una obra de teatro, representada a tablero vuelto este último tiempo en París, titulada: «Los Rosenberg no deben morir«. Por último, el testimonio de un antiguo militante del Partido Comunista norteamericano, Irwin Edelman, asegura que otro elemento capital intervino en perjuicio de los Rosenberg.

Este sería que los comunistas no deseaban verlos declarados inocentes, o condenados a una simple pena de prisión. Deseaban que se les ejecutase. Y entre bastidores habrían hecho cuanto estaba en su poder por conseguirlo, orientando incluso ciertos testimonios.

La razón era —según Edelman— que necesitaban imperiosamente mártires inmolados en aras de la guerra fría. El hecho es que, a dieciséis años de la ejecución de los Rosenberg, el caso sigue apasionando y sin haberse esclarecido del todo, y acaso nunca se conozca la exacta verdad de lo que ocurrió.

Del Dr. Harold C. Urey, científico nuclear, ganador del Premio Nobel, en una carta al New York Times:

«Después de haber leído los testimonios del caso de los Rosenberg, entiendo que no puedo acallar mis dudas sobre el veredicto y deseo citar los siguientes puntos:

«1) El testimonio de Max Elitch es de valor dudoso. Dice que él y Julius conversaron sobre espionaje pero que no transmitieron ninguna información durante cinco años. Esto no me parece probable.

«2) No se estableció de modo seguro que Sobell y Rosenberg hayan conspirado juntos.

«3) No s.e establecen las conexiones con otras personas fuera de Ruth y David Greenglass. La señorita Bentley fué incapaz de reconocer la voz telefónica que dijo: «Hable Julius» como la voz de Julius Rosenberg. Si ese «Julius» no era él en este caso, probablemente tampoco fuera cuando Harry Gold dijo: «Vengo de parte de Julius» al encontrarse con Greenglass en Nuevo Méjico. Del testimonio de Gold surge que no conocía en absoluto a Rosenberg. Me parece increíble que el nombre de un conspirador de primera importancia se utilizara en tales frases de identificación.

«4) No se establece ningún contacto entre Rosenberg y Anatoli A. Yakovlev.

«5) La acusación del Gobierno se apoya en el testimonio de Ruth y David Greenglass. El se ha confesado culpable pero no ha sido sentenciado y espera clemencia. Ella nunca ha sido acusada y juzgada, y parece, evidentemente, como premio a su testimonio. Existía una enemistad familiar entre los Greenglass y los Rosenberg debido a una diferencia de orden comercial. El testimonio de los Rosenberg contradice absolutamente el de los Greenglass.

«Encuentro que el testimonio de los Rosenberg es más digno de crédito que el de los Greenglass, aun cuando me doy cuenta de que no he tenido la ventaja de los jueces de escuchar y ver los testigos. ¿Es costumbre pagar a los espías con relojes pulsera y mesas? A Greenglass y a Fuchs se les pagó al contado. Los Rosenberg parecen haber sido pobres como ratas y la declaración de que Julius gastaba 50 ó 75 dólares por noche en los night clubs me parece muy dudosa. Si hubiera hecho ésto, habría aparecido como evidente e inexplicablemente rico ante todos sus socios.

«Sin embargo, aun cuando el veredicto sea correcto, me asombra que el mismo crimen reciba tan desigual castigo. Tratándose exactamente de la misma conspiración. Ruth Greenglass nunca fue enjuiciada, aun cuando admitió su culpabilidad al prestar testimonio; a David Greenglass lo condenaron a quince años de prisión; Morton Sobell y Harry Gold fueron condenados a treinta y a Ethel y Julius Rosenberg se los sentencia a muerte.

«Sólo estos dos últimos subieron al estrado de los testigos y sostuvieron su inocencia. Si la, pena capital se aplicara en el futuro al espionaje, me gustaría verla aplicada en casos donde la prueba se apoye en la declaración de testigos que no pueden sacar beneficio de su testimonio.

«Estamos comprometidos en una guerra fría con el tiránico gobierno de la Unión Soviética. Queremos ganar la aprobación y la lealtad de la gente del mundo entero. ¿No resultaría embarazoso que después de ejecutar a los Rosenberg se pudiera demostrar que los Estados Unidos habían ejecutado a dos personas inocentes y dejado en completa libertad a un culpable? Y recordad que en algún lugar, hay un representante de la Unión Soviética que conoce los hechos».

«Insisto en que se debe reconsiderar cuidadosamente esta sentencia».

Fuente Consultada:
Hechos Históricos Revista Nro.21 – Wikipedia – Secretos y Misterios de la Historia – Revista Muy Interesante

Historias de Espionaje En La Guerra Fria F.B.I., Espias y Traidores

Historias de Espionaje En La Guerra Fría
El F.B.I., Espías y Traidores

Dentro de la variada gama de causas que ventilan los tribunales de todas las latitudes para cumplir con su misión de instruir justicia, tal vez ninguna revista caracteres tan apasionantes como los casos de espionajes mayor y de alta traición. Ello porque en esta clase de procesos, más allá de la suerte individual de los acusados, están comprometidos el destino de una nación, de una causa, o de una guerra; en suma, los grandes intereses que mueven y dividen a los pueblos. En su conjunto, estos juicios representan, ni más ni menos, un panorama y una síntesis de las complejas peripecias del acontecer mundial. Aisladamente, cada uno constituye en sí un trozo de momento histórico crucial.

HISTORIA DE ESPIONAJE: 1

EL «CRIMEN DEL SIGLO»: Tras el tan comentado caso Hiss, las investigaciones acerca de las actividades pro-comunistas en los EE.UU. se intensificaron, alcanzando no sólo a los altos funcionarios gubernamentales, sino que extendiéndose a la esfera de los hombres de ciencia, de algunos de los cuales se comenzó a sospechar que estaban entregando secretos estratégicos a la URSS. Así fue como aparecieron ante la luz pública los casos Fuch, Harry Gold y Rosenberg.

A comienzos de septiembre de 1949 el F.B.I., a raíz de un informe ultra secreto encontró pruebas irrefutables de que agentes al servicio de la URSS habían robado datos vitales acerca de la fabricación de la bomba atómica y su mecanismo detonador.

En pocos días se llegó a la conclusión de que el culpable principal debía pertenecer a la misión científica extranjera, que en combinación con los físicos norteamericanos trabajó en el centro de Alamogordo en los experimentos nucleares de EE. UU. hasta obtener la bomba en 1945. Mientras se desarrollaba la intensa búsqueda en procura del responsable de este grave hecho, el Presidente Truman sacudió a su país al anunciar que su Gobierno «tenía pruebas de que en las últimas semanas se había producido en la URSS una explosión atómica».

El mundo se enteró entonces de que los EE.UU. ya no tenían el monopolio de la mortífera arma. Así fue como quedó flotando en Norteamérica la imagen de que de algún modo un traidor tenía que haber contribuido en algo a aquella proeza científica de los ruso. De esta manera , el robo de información nuclear pasó automáticamente a convertirse en «el crimen del siglo».

Klaus FushA fines de septiembre de 1949 los indicios reunidos apuntaban acusadoramente a Klaus Fuch, sabio nuclear que, como tantos hombres de ciencia, había escapado de Alemania a Inglaterra en 1933, cuando Hitler conquistó el poder.

Posteriormente, Fuch había viajado a los EE. UU., en 1943, como miembro de una misión británica para trabajar en la desintegración del átomo, con pleno acceso a todos los secretos básicos de las experimentaciones que se llevaban a cabo en Alamogordo. Detenido en Inglaterra en diciembre de 1949, Fuch no tardó en confesar su delito.

Reconoció haber entregado secretos atómicos a los rusos desde que empezó a trabajar en investigaciones nucleares, en 1942, hasta septiembre de 1949.

Sintiendo simpatías por el régimen soviético, confesó haber buscado por su propia iniciativa a los rusos, los cuales le dieron las contraseñas de un «desconocido» en Norteamérica, «Raymond», al cual había suministrado información atómica en forma irregular, pero frecuente, Klaus Fuch compareció ante el tribunal de Old Bailey el 1° de marzo de 1950, acusado de proporcionar informes sobre el diseño y montaje de armas nucleares a los rusos.

En concreto, Fuch se declaró culpable de «entregar a personas informaciones que podían ser útiles al enemigo». Su principal abogado defensor, Derek Curtis-Bennet, alegó en su descargo que cuando Fuch obtuvo la ciudadanía británica en 1942, «era un comunista conocido y jamás fingió en ser otra cosa». Sin embargo, el presidente de la Suprema Corte, Lord Goddard, después de escuchar cientos de testimonios, dictó sentencia dirigiéndose a Fuch con estas palabras: «Usted ha pagado con la más grosera de las traiciones la hospitalidad y la protección que le brindó este país. . . La máxima pena prevista es la de catorce años. Esa es la condena que le impongo».

En EE. UU., en tanto, faltaba por determinar quién era el «desconocido» al que Fuch había entregado la información atómica, y que se hacía llamar «Raymond».

Después de muchas pesquisas fue al fin encontrado: se trataba de Harry Gold, hijo de emigrantes rusos y químico de profesión, que había llegado al país a la edad de tres años. Habiendo entrado en contacto con círculos comunistas en su adolescencia, Gold había terminado por convertirse en un espía al servicio de la URSS, siendo el trabajo más grande de su carrera el haberse desempeñado como enlace entre Fuch y los soviéticos.

El químico debió comparecer ante un gran jurado en Brooklyn, el 9 de junio de 1950, acusado de espionaje. Se declaró culpable en Filadelfia, el 20 de julio de 1950, y el 9 de diciembre de aquel mismo año era sentenciado por el juez James P. McGranery a treinta años de cárcel.

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HISTORIA DE ESPIONAJE: 2

EL ESPÍA NUNN MAY:  Treinta años después del enjuiciamiento de Casement, la severa Corte de Old Bailey fue escenario de un sensacional caso de espionaje y traición que tuvo por protagonista a Alan Nunn May, científico británico cuyas simpatías hacia el marxismo lo impulsaron a convertirse en espía de los rusos y a suministrarles informaciones atómicas.

Nunn May, hijo de un fundidor de bronce, había nacido en Birmingham en 1911 y tras obtener una beca para el Trinity College de Cambridge, se había doctorado en matemáticas y ciencias naturales. Habiendo viajado a Leningrado en 1936, sus inclinaciones izquierdistas lo llevaron a ponerse así servicio de la URSS.

En 1942, durante la guerra, le cupo participar en razón de sus brillantes méritos científicos en el proyecto Tubo Alloys, en el laboratorio Cavendish de Cambridge, firmando la solemne promesa de respetar el Acta de Secretos Oficiales de su nación. Al año siguiente era enviado a Ghalk River, Canadá, para proseguir sus investigaciones, que estaban directamente vinculadas con la investigación nuclear.

En la primavera de 1945, época en que la primera bomba atómica iba a ser detonada en Álamo gordo, Numm May, por mediación de la embajada rusa  en Otawa recibió instrucciones de suministrar información nuclear para la URSS. Al parecer, cumplió esta tarea con gran éxito, dando a conocer los avances atómicos logrados en los laboratorios de Canadá y ocasionalmente los obtenidos en EE. UU., habiendo viajado en una oportunidad a Chicago.

Después de dirigirse a Moscú para dar cuenta de su labor, Nunn May retornó a Londres en septiembre de 1945, pasando a servir un cargo docente en el Kimgs College, desde el cual intentó continuar su labor de espionaje en favor de la URSS. Pero un funcionario del Departamento de Cifrado de la embajada rusa en Ottawa, llamado Gouzenko, desertó por aquellos días, llevándose consigo comprometedores documentos que consignaban las actividades de May.

Gouzenko se puso bajo la protección de la Policía Montada canadiense, no trepidando en divulgar cuanto sabía. Así fue como la policía inglesa, convenientemente enterada, comenzó a vigilar estrechamente a Nunn Maiy en Londres, y cuando tuvo en sus manos los antecedentes necesarios para proceder, lo arrestó el 4 de marzo de 1946.

Bajo la acusación de traicionar el Acta de Secretos Oficiales, la Corte de Old Bailey abrió proceso contra Nunn May, el cual fue declarado culpable, sentenciándosele a diez años de prisión. «Todo el asunto fue extraordinariamente penoso para mí —declaró el inculpado durante el juicio—, y si me comprometí en esto fue porque pensé que era una contribución a la seguridad de la humanidad. No lo hice por las ganancias materiales.»

Esta confesión fue esgrimida por la defensa de May como atenuante del delito. Sin embargo, el juez Oliver, quien presidió el caso, al dictar sentencia expresó lapidariamente: «Opino que usted no actuó como un hombre honorable, sino que con deshonor. Si fue el dinero lo que le impulsó a realizar lo que hizo, en efecto, consiguió dinero por ello».

El Ministro del Interior británico de la época, Chuter Ede , afirmó en la Cámara de los Comunes que Nunn May «había vendido los conocimientos que había adquirido al servicio de su país a un gobierno extranjero para uso privado y particular». Sin embargo, a pesar de la relevancia que tuvo el caso, nadie pudo describir a May con precisión.

Para unos fue «un hombre encantador, no muy alto, triste, con un sentido muy adusto del humor». Otros le recuerdan simplemente como una persona «incolora» o como «una especie de empleadillo de banco insípido«. En el momento de ser arrestado, Nunn May vivía solo, muy retraídamente, cobrando un salario de 800 libras anuales como profesor de física del Kings College, Liberado en diciembre de 1952, habiendo cumplido seis de los diez años de su condena, el científico se retiró a vivir en Cambridge.

El fin de la Guerra Fría

A fines de 1989 -el año en que se celebró el bicentenario de la Revolución Francesa- los televisores de todo el mundo mostraron cómo una multitud de alemanes orientales se dedicaba a demoler el Muro de Berlín. El Muro simbolizaba la división de Alemania -y del mundo- en dos mitades, que representaban el orden capitalista y el orden comunista.

El proceso que condujo a la caída del Muro -y a sucesivos cambios- fue iniciado a mediados de la década de 1980 por el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijaíl Corbachov. El propósito de Gorbachov era la reforma del sistema soviético, que condensaba en dos términos: perestroika -que aludía a la reestructuración económica- y glasnost -que remitía a la transparencia y a la apertura política-.

Este proceso suponía, además, una progresiva eliminación de los conflictos estratégico-militares con el bloque occidental, es decir, la terminación programada de la Guerra Fría. Esta tendencia de desmilitarización se puso de manifiesto con los acuerdos para el desarme celebrados con los Estados Unidos.

La reforma «desde arriba» del sistema soviético no tuvo el desarrollo imaginado por sus iniciadores. En pocos años, el régimen comunista se desmoronó, la Unión Soviética se desmembró y prácticamente desapareció como potencia mundial, encerrada en los problemas provocados por la transición de la economía centralmente planificada y el sistema de partido único, a la economía de mercado y la democracia representativa.

Las consecuencias del fin de la Guerra Fría todavía no pueden ser apreciadas en toda su magnitud. Sin embargo, hay cambios profundos y perceptibles que pueden destacarse: la suspensión de la amenaza de una guerra atómica entre las potencias y la reconversión de la industria bélica; la alteración de los equilibrios políticos y militares en las zonas calientes de la Guerra Fría –la Guerra del Golfo y el proceso de paz entre israelíes y palestinos se relacionan con este cambio-; la pérdida de atractivo del modelo comunista frente al capitalismo liberal; el surgimiento de movimientos nacionalistas en los países de Europa del Este y en la ex Unión Soviética; el crecimiento del integrismo islámico, y la configuración de un nuevo esquema de poder internacional marcado por un relativo declive del poderío de los Estados Unidos y los ascensos de Europa y, sobre todo, del Japón.

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HISTORIA DE ESPIONAJE: 3

EL AFFAIRE HISS  CHAMBERS: Durante los años de la «guerra fría«, que siguió a la última conflagración mundial, el F.B.I. después de haberse destacado en la década del treinta en su lucha contra el gangsterismo, se convirtió en la principal palanca del gobierno norteamericano en el combate contra la ideología y espionaje comunistas en toda la extensión del territorio.

En algunos casos la búsqueda de «complots comunistas» se convirtió en una verdadera psicosis, que llegaría más tarde a su punto culminante con el irrazonable «McCarthysmo«.

 En este clima, muy pronto saltó al tapete de la discusión el tema «comunistas infiltrados en el Gobierno», al afirmarse que no pocos funcionarios de Estado que desempeñaban cargos de confianza aparecían ligados al «comunismo internacional». Fue en esta atmósfera cuando en 1948 estalló el gran escándalo del caso Hiss (foto), el cual produjo una conmoción pocas veces igualada en los EE. UU.

En agosto de aquel año un ciudadano llamado Wbittaker Ghambers se presentó ante la Comisión de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes confesando que había sido miembro del Partido Comunista desde 1924 a 1937, y agregando que había pertenecido también al sistema de espionaje soviético, traficando con documentos sustraídos al Gobierno norteamericano.

Pero la conmoción alcanzó su clímax al asegurar Chambers qüe uno de sus  colaboradores en esta actividad era nada menos  que Alger Hiss, un joven y brillante diplomático norteamericano, que antes de la guerra y durante ella trabajó al servicio del Departamento de Estado. Al ventilarse en los tribunales, el caso Hiss-Chambers atravesó por variadas y sorprendentes alternativas.

Primero, Hiss negó todos los cargos en su contra, afirmando que sólo conocía a Ghambers bajo el nombre de George Crosely, escritor de segunda categoría. Después el acusado inició una demanda por calumnia e injurias contra Ghambers por calificarlo públicamente de «comunista», exigiendo una indemnización de 75 mil dólares. A esto Chambers replicó exhibiendo los documentos del Departamento de Estado que le había entregado Hiss para darlos al coronel Boris Bykov, agente soviético, y además algunos microfilms comprometedores. Por último, Hiss tuvo que reconocer que algunos de los documentos mostrados por Chambers estaban escritos de su puño y letra.

La labor del F.B.I.. en el caso Hiss consistió en investigar la exactitud de los cargos formulados por Ghambers y de las negativas del acusado. Entre otras pruebas, los agentes federales comprobaron que algunas informaciones exhibidas por Chambers habían sido dactilografiadas por la máquina de escribir de Hiss.

Localizaron asimismo a una mucama que reconoció haber visto al inculpado en la casa del denunciante y descubrieron a un tal Félix Inslerman, fotógrafo afiliado al Partido Comunista, quien efectuaba las fotocopias en microfilms que el funcionario del Departamento de Estado suministraba al espía. El primer acto del proceso se inició en mayo de 1949, después que un gran  jurado federal reunido en Nueva York dictara orden de encausamiento contra Alger Hiss, ,por perjurio, el 15 de diciembre de 1948.

En este primer proceso el jurado no llegó a ningún acuerdo, por carecerse todavía de pruebas condenatorias. Pero en un segundo juicio, realizado en noviembre de 1949, Hiss fue declarado culpable y condenado a cinco años de prisión, saliendo en libertad en noviembre de 1954.

Al parecer, esta sentencia relativamente suave se debió al hecho de que las informaciones proporcionadas por Hiss a Chambers no revestían un carácter muy grave para la seguridad nacional. El propio Wihittaker Ghambers al relatar el caso Hiss en su obra «El Testigo», empresa: «Las fuerzas que en definitiva ganaron para la nación la causa Hiss fueron: Tomas Murpby, Richard Nixon, los hombres del F.B.I, junto con los dos jurados de acusación, y Tom Donegan, y los otros jurados del proceso».

El entonces representante de California y hoy Presidente de EE. UU., Richard Nixon —quien se ha caracterizado por su posición vehementemente anticomunista— no trepidó en calificar a Hiss y sus actividades simplemente como «despreciables». En cambio, el entonces Presidente Trumao y su Secretario de Estado Dean Acheson guardando prudente reserva.

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HISTORIA DE ESPIONAJE: 4

Fuente Consultada: Hechos Históricos Revista Nro.21 – Wikipedia – Secretos y Misterios de la Historia – Revista Muy Interesante

Peores Dictadores de la Historia Crueles Lideres Genocidas

Peores Dictadores de la Historia Crueles Líderes Políticos Tiranos Genocidas

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TEMAS TRATADOS:

1-Biografia de Adol Hitler
2-Biografia de Josef Stalin
3-Biografia de Pol Pot
4-Los Jóvenes Turcos
5-Junta Militar Agentina

Un dictador es un político cuya mente, enferma de poder, va por un solo carril, y cuyo deseo consiste en imponer su voluntad y sus valores a todos los ciudadanos y eliminar a quienes no los aceptan. La búsqueda y la conservación del poder se convierten en el único objetivo de su existencia.

¿Cuáles serían los rasgos de la personalidad de los dictadores que contribuyen al desarrollo de esas características?. Freud explica que las causas de la desintegración de la personalidad deben buscarse en la infancia y que, en algunos casos, la frustración se origina en experiencias prenatales. La neurosis o la psicosis pueden originarse en una infancia desgraciada. La infancia y la adolescencia son etapas cruciales en el proceso de formación de un psicópata o un sociópata, algunas de cuyas características aparecen en la mayoría de los dictadores.

Un rasgo distintivo de la vida de los gobernantes autoritarios es, justamente, que han tenido una infancia y una adolescencia con grandes carencias, no sólo en el aspecto material sino también en el familiar. Hitler, Mussolini y Stalin tuvieron un pasado desgraciado, una madre abnegada y un padre al que detestaban. La rebeldía juvenil los llevó a tener problemas con las autoridades, que generaron en ellos un fuerte resentimiento. Sin afecto, inseguros, humillados en la etapa adolescente, incapaces de mantener relaciones sexuales satisfactorias, los dictadores buscaron compensar su baja autoestima mediante el uso y el abuso del poder.

Por supuesto, sería absurdo suponer que todos los niños desgraciados serán más adelante dictadores, delincuentes juveniles o psicópatas. Sin embargo, en estos casos la semilla del futuro se plantó en un terreno fértil y aguardó el momento en que la inteligencia y la capacidad de los hombres en cuestión propiciaran su germinación. Más adelante, las cizañas invadieron el sembradío.

Es posible encontrar explicaciones en el plano físico y el psicoanalítico? Stalin tenía la cara picada de viruela y era algo deforme. Mussolini estaba obsesionado con ofrecer una imagen de macho. Hitler tenía una personalidad muy femenina. Se cree que Mussolini y Hitler tuvieron sífilis, aunque no se sabe con certeza. El médico del Führer dijo que en 1942 su paciente padeció una encefalitis que se contagió en Vinnitsa.

El tratamiento al que fue sometido le originó una dependencia de las anfetaminas. Es probable que en los últimos años de la vida de Mussolini su equilibrio mental haya sido afectado por problemas de salud. La mala salud física, como hemos visto, puede ser un elemento importante en el desarrollo de las enfermedades mentales.

La conducta despiadada del dictador turco Kemal Atatürk tiene su origen en el hecho de que sufría de psicosis de Korsakoff, un trastorno cerebral por deficiencia de tiamina que puede atribuirse al alcoholismo y cuyos síntomas son la pérdida de memoria y la tendencia a la fabulación. En ciertos casos, los problemas de salud han sido un factor que incidió en la mente de los dictadores, pero en sí no son motivo suficiente para dar origen a personalidades tan perturbadas.

Así, la clave para comprender a esos tiranos se encuentra en el desarrollo de sus tendencias, en cómo las circunstancias les permitieron abusar del poder y perder la perspectiva. Para ellos, el poder se transformó en una obsesión que estaba por encima de todo lo demás y les ofrecía la oportunidad de dar rienda suelta a la expresión de viejos resentimientos, satisfacer ambiciones personales y liberar impulsos inconscientes. De este modo, los intereses privados se convirtieron en asuntos públicos.

Los resentimientos personales se mostraban como una ideología pensada para perseguir el bienestar del pueblo, y difundida con gran habilidad para ganar la voluntad pública y el entusiasmo por la política instrumentada. Uno de los aspectos más fascinantes de la psicología de masas es que millones de hombres y mujeres comunes hayan sido embaucados al punto que se comprometieron con una causa no sólo privada sino también descabellada.

Para reforzar su imagen, los dictadores necesitaban hacerla aparecer más imponente de lo que era, entonces buscaban la adulación pública, organizaban ceremonias grandilocuentes y fomentaban la construcción de magníficos monumentos.

Además, necesitaban acabar con la oposición, fuera esta real o imaginaria. Pero en medio de todas las cortes de sicofantes y la adulación ilimitada, los dictadores estuvieron siempre aislados de la realidad y conservaron su personalidad trastornada, de modo que dentro del autoengaño en que vivían tomaron decisiones que quizás, en última instancia, bien pueden haber sido suicidas o autodestructivas. Stalin, por ejemplo, falleció en su propia cama, pero, como ocurrió con Tiberio, quizás haya recibido un empujoncito para pasar al más allá.

Hitler se suicidó en el bunker de Berlín. Mussolini fue ejecutado por partisanos italianos. Ceausescu y su esposa fueron enjuiciados y fusilados. Quizá todos ellos no hayan estado locos, pero su personalidad era tan anormal que se tornó peligrosa.

Fuente Consultada: La Locura en el Poder de Vivian Green