Cuadro Sinóptico de El Tercer Mundo

La Revolución Islámica Ayatolá Jomeini Derroca al Sha Palhevi

RESUMEN CAUSAS DESTITUCIÓN GOBIERNO DE REZA PALHEVI EN IRÁN

Se conoce como Revolución Islámica de Irán al proceso dirigido por el líder relgioso, el ayatolá Ruhollah Jomeini por el cual fue derrocado definitivamente el sha (rey) Reza Pahlevi, quien respondía a intereses norteamericanos y además había generado la famosa Revolución Blanca, poniendo en práctica una serie de reformas políticas, sociales y económicas que se oponían a las costumbres y doctrinas religiosas del pueblo iraní , cuestionando a la vez el poder y autoridad de los los dirigentes religiosos.

La oposición a este régimen autocrático, abarcaba todos los sectores de la sociedad, que no aceptaban la corrupción y el insaciable enriquecimiento de la familia real, quienes reclamaban un gobierno mas democrático, justo y con una repartición de la riqueza mas equitativa. Las grandes ganancias de la explotación petrolera, obtenidas del suelo iraní iban a las arcas de las grandes compañías y de la familia Palhevi, poco volvía al pueblo.

En febrero de 1979, estalló la revolución, apoyada sobre las enseñanzas islámicas chiitas acabó con la monarquía laica del sha, se proclamó la República Islámica de Irán, y se rechazó toda influencia occidental.

Ayatholá Jomeini

Ayatholá Jomeini

En 1979, el Ayatollah Jomeini lideró una revolución islámica y derrocó al Sha. Jomeini en la década de 1970, era un hombre desconocido, pero contaba con ciertas aptitudes de las que carecían otros dirigentes. En primer lugar, parecía no tener miedo alguno: había sido el único religioso que se atrevió a criticar abiertamente la ‘Revolución Blanca’ del Sha ya en 1963. Fue el profundo sentimiento antioccidental y antiimperialista que reinaba en las naciones árabes desde los tiempos de la descolonización (fines de la Segunda Guerra Mundial, y comienzos de la década de los 50), y el sistema fuertemente represivo del Sha, el que posibilitó el triunfo de Jomeini y facilitó el establecimiento de una república fundada en el estricto cumplimiento de las doctrinas religiosas islámicas.
A partir del triunfo de la revolución islámica, Irán quedó convertido en el referente de la protesta antioccidental y antinorteamericana en el Medio Oriente.

La revolución islámica de Irán fue un hito en la historia del siglo XX. Para el historiador británico Eric Hobsbawn la peculiaridad de esta revuelta reside en su ideología, traspasada por un discurso religioso y antimoderno, que contradecía las características laicas e «izquierdistas» de las revoluciones que, desde 1789, se habían dado en la edad contemporánea.

La revolución, liderada por el carismático ayatolá Jomeini, liquidó el régimen déspota, pro occidental y corrupto del sha Mohamed Reza Pahlevi e instauró un sistema basado en los preceptos de la ley islámica (sharia) y articulado políticamente en una Constitución que sancionaba el concepto de vélayat-é faqih (soberanía del doctor de la ley o jurisconsulto islámico sobre el Parlamento).

ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN IRANÍ: En 1951, el popular primer ministro iraní Mohamad Mossadeg planeó la nacionalización de la Compañía Petrolera Anglo-Iraní. EE UU instó al sah de Irán a destituir a Mossadeg, lo cual dio lugar a que la población retirase su apoyo al sah, a quien se tenía por un títere de los americanos. La revuelta popular obligó al sah a exiliarse para evitar una posible revolución. Finalmente, EE UU logró restaurar al sah en el poder, pero, a los ojos de su pueblo, este había quedado contaminado por su asociación con los norteamericanos.

 

Sha Reza Palhevi Irán

Sha Reza Palhevi

Los enfrentamientos contra el régimen del Sha fueron muchos y durante varios años, pero uno de los mas cruentos fue en 1978 cuando los soldados abren fuego contra la población que se manifestaba en las calles de Teherán. Había mas de 20.000 personas y miles de ellas resultaron heridas o muertas. Al poco tiempo y como reacción a esta dura represión , los manifestantes comenzaron a quemar negocios, bancos, kioskos de bebidas alcohólicas y todo lo que tuvieran un símbolo occidental, provocando una tensión social que iría en aumento hasta la revolución de 1979.

En respuesta a esta insatisfacción popular, el sah empleó la represión para evitar otra insurrección. En los dos decenios siguientes, Irán se embarcó en un periodo fructífero de industrialización y militarización; en la década de 1970, el excesivo gasto en defensa había dado lugar a un déficit presupuestario y una crisis económica. Entre tanto, la sociedad iraní se había transformado: había surgido una reducida élite occidentalizada.

La rápida industrialización dio lugar a un elevado aumento de la inmigración hacia las ciudades y generó pobreza y desempleo. Las leyes de censura del sah impedían expresar a través de los medios de comunicación o concentraciones públicas el descontento social, y las mezquitas se convirtieron en el único reducto donde era posible hablar con libertad. En ellas, los detractores del sah entraron en contacto con las ideas de los clérigos chutas y, en particular, con las del ayatolá Jomeini, quien propugnaba la revolución para crear una república islámica y poner fin al laicismo y la occidentalización de su país.

En las postrimerías de 1978, la prensa oficial publicó un artículo criticando a Jomeini que desencadenó protestas civiles generalizadas. El ejército se negó a abrir fuego contra los manifestantes y cambió de bando. Desde el exilio, Jomeini defendió una república islámica, y el sah, al carecer del respaldo del ejército, huyó.

El martes 16 de enero de 1979, el sha, enfermo, abandonó el país. Jomeini ponía fin al reinado de los Pahlavi, pero la monarquía no estaba abolida. Apoyándose en el ejército, el quinto del mundo, el primer ministro iraní Shapur Bajtiar se opuso al retorno del imán. Ante el aumento de los peligros, el primer ministro cedió en su momento.

El 1 de febrero de 1979, Jomeini hizo una entrada triunfal en Teherán, donde lo recibieron más de cuatro millones de personas. Sobrevinieron violentos incidentes entre el 9 y el 12 de febrero, declarando el fin de la monarquía y el derrumbamiento de las últimas fuerzas que la sostenían.

La monarquía fue oficialmente abolida por el referéndum del 30 de marzo que proclamó la instauración de la República islámica. Pronto surgió en el seno de los elementos religiosos una división entre moderados y conservadores, y fueron estos últimos los que, con el apoyo de los «guardianes de la revolución», controláron los comités islamicos e instauraron un orden moral que rige a toda la sociedad iraní.

Inmediatamente después, el nuevo régimen se dispuso a disociarse de Occidente; los partidarios de Jomeini irrumpieron en la embajada de EE UU en Teherán en noviembre de 1979 y precipitaron la crisis de los rehenes que le costó al presidente Cárter las elecciones presidenciales de 1980 y que no concluyó hasta enero de 1981.

Para entonces, el sah había fallecido (en el Cairo) y el nuevo presidente de EE UU, Reagan, había prometido descongelar los activos iraníes. La revolución aún estaba consolidándose cuando Iraq instigó una guerra contra Irán en 1980.

La Revolución Islámica que en 1979 desplazó del poder de Irán al Sha Rezah Pahlevi, modificó el panorama político de la región. El Ayatollah Jomeini instaló un régimen fundamentalista e intolerante que fusiló en pocos meses a decenas de miles de opositores.

LOS DOCE DÍAS QUE ESTREMECIERON A IRÁN
Jueves 1° de febrero de 1979, el avión de Jomeini aterriza en el aeropuerto de Teherán. Comenzaba entonces el primero de los doce días que verían la caída de la monarquía. El 5 de febrero, Jomeini nombró a Bazargan primer ministro islámico, en oposición al primer ministro imperial Shapur Bajtiar. Demócrata y reformista, Bazargan tranquilizó a Occidente, pero inquietaba a los radicales iraníes. El 8 de febrero, el pueblo salió a la calle respondiendo al llamado del imán al grito de «¡Muera Bajtiar!».

Los manifestantes vestían una cinta blanca en la cabeza para significar que estaban prontos a morir como mártires. En la víspera del 10 de febrero, hallados culpables de mirar por televisión la película sobre el regreso de Jomeini, los homafars (técnicos de la fuerza aérea) fueron «corregidos» por los guardias imperiales que dieron así, involuntariamente, la señal de la sublevación. Al día siguiente se concentraron 100.000 personas en Teherán para una marcha política. El ejército abrió entonces fuego sobre la multitud.

La muchedumbre se dispersó por las calles de Teherán y la insurrección se expandió. La capital se erizó de barricadas y se decretó el toque de queda. En dos días cayeron cuarteles, edificios administrativos, palacios imperiales, uno tras otros. El 12 de febrero se ponía fin a la monarquía de 2.500 años de antigüedad.

INTERESANTE TESTIMONIO DE JOMEINI SOBRE SU VISIÓN DEL GOBIERNO AMERICANO

En Irán no hay un sentimiento antinorteamericano, sino contra el gobierno estadounidense. En los eslóganes y denuncias, cuando hablamos de Norteamérica nos referimos al gobierno de Estados Unidos, no al pueblo estadounidense. He recibido informes sobre la propaganda antiiraní orquestada por la Administración de Estados Unidos. Los sionistas en especial están haciendo todo lo posible por envenenar a la opinión pública contra Irán. Tal como se ha informado, como resultado de ello en Estados Unidos puede haber sentimientos negativos contra Irán.

Pero si los hechos van más allá de la pantalla sionista-imperialista, si a través de los medios de comunicación logramos exponer a la ciudadanía norteamericana la verdad, entonces es muy probable que los norteamericanos cambien de criterio sobre nosotros y respondan amigablemente a nuestra actitud amistosa. Pero no abrigamos ilusiones de que el gobierno de Estados Unidos vaya a cambiar su actitud hostil.

El gobierno estadounidense ha perdido gran parte de sus intereses en Irán. Y, lo que todavía es peor, su Administración también ha perdido su prestigio político en otros países. Hemos pedido a gritos justicia, hemos pedido que se resuelvan nuestros motivos de queja. El gobierno de Estados Unidos puso al sah en el trono; es decir, lo pusieron los aliados [en 1941] tras destituir a su padre, Reza Jan, que era un títere de los británicos. En consecuencia el gobierno de Estados Unidos lo ayudó a mantenerse en el poder frente a la oposición de nuestro pueblo. El sah despilfarró nuestros recursos, nuestra dignidad nacional, nuestros activos naturales, el talento de nuestra juventud y todo lo que teníamos. Evidentemente, los iraníes no pueden tener buena opinión del gobierno de Estados Unidos.

Y nuestro pueblo ha descubierto recientemente que la Administración norteamericana ha convertido lo que llama su embajada en una base de espionaje y conspiración contra Irán. Los espías actuaban aquí con la excusa de ser personal diplomático. Y ahora que nuestro pueblo es consciente de este hecho, considera que la Administración estadounidense es su enemigo número uno.

Desde nuestro punto de vista no puede culparse al pueblo norteamericano del comportamiento de su gobierno en Irán. Los norteamericanos tendrán que reconocer el hecho de que su Administración ha sido injusta no sólo con nosotros, sino también con ellos mismos. A través de su lacayo, el sah, nos ha privado de todo, lo cual ha puesto en peligro el honor de la ciudadanía estadounidense. Debido al comportamiento del gobierno de Estados Unidos, actualmente los pueblos de Oriente están desarrollando un punto de vista negativo sobre la nación norteamericana.

Los norteamericanos han de tener este hecho en consideración. Que Qimmy) Cárter siga siendo presidente es un peligro para Norteamérica. Plantea una amenaza al honor nacional de Estados Unidos. Si el gobierno estadounidense -por medio de la intervención militar, del bloqueo económico, de tácticas bravuconas y recursos similares- logra privarnos de justicia, la crisis nunca podrá resolverse, seguirá siempre presente en la mente de nuestro pueblo.

El pueblo norteamericano no debe permitir a Cárter que siga este comportamiento, porque de ser así los iraníes irán sospechando que el pueblo norteamericano comparte la voluntad negativa de Cárter contra Irán. Y entonces entre ambos pueblos se establecerá la enemistad.

Otra opción es que el gobierno de Estados Unidos reconozca las fechorías que ha cometido en Irán. Que no son pocas. Una de ellas es haber permitido la entrada de un asesino en Estados Unidos. Y, lo que aún es peor, que el gobierno norteamericano imponga a un asesino como gobernante de Irán. Cuando Cárter llegó a la presidencia prosiguió la política de sus predecesores; es decir, intentó perpetuar el gobierno criminal del sah y el saqueo de Irán. Cuando nuestra nación se levantó contra la tiranía de los Pahlevi, Cárter hizo todo lo posible por mantenerla. No lo consiguió.

El odio al sah de nuestro pueblo era demasiado evidente para que Cárter no lo notara. Con todo, en flagrante desacuerdo con los sentimientos de la nación iraní, Cárter ofreció al sah derrocado refugio en Estados Unidos. Creo que ni siquiera el pueblo norteamericano se creyó la afirmación de Cárter de que permitía la entrada del sah por motivos humanitarios.

Las consideraciones humanitarias no entran para nada en el pensamiento del gobierno norteamericano. Washington está dispuesto alo que sea, incluso amatar a 200.000 personas en un ataque nuclear, para obtener algún provecho. Es impensable que esos funcionarios dieran una visa de entrada al sah por motivos humanitarios. En cierto modo han secuestrado al tirano derrocado para asegurarse de que no divulgue sus secretos.

Si se lo permitimos, todos los hechos que el gobierno de Estados Unidos quiere ocultar saldrán a la luz. Y entonces el mundo entero sabrá quién ha ayudado al sah a cometer sus crímenes. Y desde luego, el pueblo norteamericano dejará de votar a su presidente una vez que descubra qué ha hecho. Desde nuestro punto de vista, todo lo que interesa a Cárter es secundario para la Gasa Blanca, y con tal de alcanzar su objetivo está dispuesto a hacer lo que sea, incluso a sacrificar el honor de su país.

No podemos creer que los reclamos del gobierno estadounidense obedezcan a motivos humanitarios. ¿Acaso sólo el sah es un ser humano? ¿No son seres humanos los 35 millones de iraníes? ¿No eran seres humanos los vietnamitas? ¿No vemos claramente los crímenes que con la aprobación de Cárter están cometiéndose actualmente en el sur de Líbano? Para nosotros [la resolución de la crisis] supone la extradición a Irán del sah derrocado y la adopción de medidas para compensar a Irán por los daños causados por su tiranía.

Desde luego, hay daños que son irreparables. Por ejemplo, en la lucha contra el sah hemos tenido unas cien mil bajas. Y aunque el trabajo y el talento humano derrochados para la obtención de sus dañinos objetivos no pueden compensarse, esperamos la repatriación de los bienes saqueados a Irán. El punto principal que cabe tener en cuenta es que nos hallamos en una nueva era. Irán ya no es hoy lo que era bajo el sah. Ha ocurrido un milagro.

Bajo el régimen anterior un solo policía podía obligar a todos los comerciantes de un gran bazar a enarbolar banderas para celebrar el cumpleaños del sah. Ese mismo pueblo se levanta con las manos desnudas contra los tanques y la artillería. Incluso ahora se envuelven en sudarios y acuden aquí [a Qom] para manifestarse dispuestos al martirio.

No se puede zarandear a un país que ha experimentado tal transformación. Transformación que el señor Cárter aún no ha comprendido. Cree que puede volver a imponer un dictador a un país. Pero ha de entender que los iraníes nunca permitirán tales actos. Cárter se tiene que despertar. Y los norteamericanos han de desalojar a Cárter con su voto. Deben elegir a un presidente adecuado. Si se convence a los iraníes de que el gobierno de Estados Unidos no pretende engañarlos, habrá unas relaciones normales con Estados Unidos; el tipo de relaciones que mantenemos con otros países.

Fuente Consultadas:
Revista TIME Historia del Siglo XX El Mundo Islámico – La Revolución Islámica en Irán

Cuadro de Resumen Antecedentes y Desarrollo Revolucion Francesa

Cuadro de Resumen Antecedentes y Desarrollo
Revolución Francesa

 

La Revolución Francesa fue un movimiento social que estalló en 1789, contra el absolutismo real y los privilegios sociales. Ese acontecimiento cambió la estructura del gobierno y la organización de la sociedad, y respondió en sus finalidades más nobles al deseo de un mejor orden político y de una más equitativa organización social. El ambiente era propicio para el estallido de la revolución. La corrupción de costumbres había llegado en la alta sociedad a un punto increíble.

La situación política de Francia respondía al absolutismo monárquico, mientras los filósofos y enciclopedistas proclamaban su repudio del absolutismo, y su admiración por el régimen constitucional inglés.

La situación social presentaba contrastes irritantes: en la cúspide, el Rey y su familia, que vivía en la opulencia, rodeado de brillante y fastuosa corte; más abajo los privilegiados del primer estado y del segundo estado, libres de impuestos, y colmados de favores y privilegios.

Por último, los no privilegiados, que formaban el tercer estado, o estado llano: legistas, burgueses enriquecidos, obreros y campesinos. Sobre estos cargaba el peso de los impuestos, aumentados continuamente, por los derroches de las altas esferas. La situación económica era difícil. El aumento de la deuda del Estado provocaba la imposición de nueyos tributos, para conjurar el déficit. (seguir leyendo: Revolución Francesa)

CUADRO SINÓPTICO DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

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Cuadro Sinoptico de la Revolución Rusa Antecedentes y Etapas

Antecedentes de la Revolución Rusa

Durante el siglo XIX gobernaron Rusia varios zares que, a pesar de implantar distintas reformas de carácter liberal, parecieron preocuparse muy poco de la miserable vida de los campesinos y de la gran masa de la población.

El descontento frente a la forma autocrática de gobierno de los zares creció gradualmente en el medio obrero y campesino, así como entre los intelectuales.

El hambre y las condiciones de trabajo de los campesinos y de los obreros condujeron a la formación de un proletariado rural y otro industrial.

A principios del siglo xix, Rusia estaba gobernada por un zar autócrata, y carecía de Parlamento y de Constitución.

La población rusa estaba compuesta por los boyardos o nobles (de los que había alrededor de cien mil familias), del clero ortodoxo, a menudo analfabeto, brutal y fanático, y de la burguesía (intelectuales y mercaderes), que residía en las ciudades, las más importantes de las cuales eran Moscú, San Petersburgo (hoy Leningrado), Azov, Novgorod, Kiev y Tsaritsin (hoy Volgogrado).

En último lugar figuraban los campesinos o mujiks, vasallos de la corona o de los nobles. Éstos podían azotarlos o venderlos a su antojo. Los mujiks estaban a veces sujetos al servicio militar obligatorio durante períodos de veinticinco años.

Podían ejercer algunos de los oficios más bajos, como cochero, cocinero, criado o jardinero, pero en realidad sólo eran esclavos que tiraban de sus propios arados de madera y que podían ser vendidos con sólo poner un anuncio en el periódico.

Pablo I, hijo de Catalina, subió al trono en 1796. Tenía cuarenta y tres años, y su reinado duró únicamente cinco. Desposeyó a la nobleza de algunos de los privilegios que les fueran concedidos en 1785 y volvió a fijar impuestos sobre los dominios, declarando de nuevo obligatorio el servicio militar.

Pero nadie pensó en mejorar la situación de los campesinos. Éstas y otras medidas hicieron muy impopular al zar Pablo I, y cuando, en 1801, fue asesinado, respiró toda Rusia.

Le sucedió el despótico Alejandro I. Durante su reinado Rusia desempeñó por primera vez un papel importante en el concierto internacional al obligar a Napoleón a abandonar Moscú en 1812.

Alejandro I extendió considerablemente el territorio nacional con las conquistas de Besarabia, Finlandia y gran parte de Polonia y del Cáucaso.

Le sucedió su hermano Nicolás I, que reinó durante treinta años. El cambio de reinado fue motivo de desórdenes internos. Los decabristas o decembristas, grupo compuesto por oficiales e intelectuales de ideas liberales, exigieron una constitución.

La conspiración fue dominada rápidamente, y sus jefes, ahorcados o desterrados a Siberia.

Nicolás I reforzó su policía secreta y adoptó para los ferrocarriles del país un ancho de vía distinto del normal en el resto de los países europeos. También limitó a quinientos el número de estudiantes que podían matricularse en una misma universidad.

Tales medidas iban encaminadas a impedir la entrada en Rusia, en la medida en que ello fuera posible, de las ideas liberales esparcidas.

por Europa. Al mismo tiempo, mejoró un poco las condiciones de vida de los campesinos y reprimió una insurrección en Polonia (1830-1831). Nicolás I sostuvo contra Turquía, Inglaterra, Francia y el Piamonte la guerra de Crimea, que acabó por perder.

Su hijo Alejandro II, que le sucedió en 1855, estaba animado por las mejores intenciones. En 1861, apoyado por su ministro Melutin, decretó la abolición del vasallaje por medio de un ucase.

El último zar de la dinastía de los Romanov fue Nicolás II (1894-1917). Era un ser débil y testarudo que se dejó llevar por los que le rodeaban. Él y su familia vivieron en continuo temor de perder a su único hijo, el zarevich, que padecía hemofilia.

El siniestro Rasputín, que ejercía beneficiosa influencia sobre el muchacho, llegó a ser todopoderoso en la corte. Después de la desastrosa guerra contra Japón, en 1904-1905, en la que el ejército ruso sufrió derrota tras derrota, estalló en San Petersburgo una revuelta que recibió el nombre de «domingo sangriento».

El domingo 22 de enero de 1905, varios miles de trabajadores se dirigieron al Palacio de Invierno para exigir al zar la adopción de reformas liberales. Aunque era una manifestación pacífica —muchos de los manifestantes llevaban consigo iconos y cantaban himnos religiosos—, la tropa abrió fuego contra ellos cuando rehusaron dispersarse.

El descontento de la población creció considerablemente.

De igual modo, el motín que se declaró a bordo del acorazado Potemkin, en el mar Negro, trajo consigo una sucesión de movimientos subversivos y revueltas que el zar nunca consiguió reprimir totalmente.

Después de vencer las principales dificultades, Nicolás II se avino a que fuera elegida una duma o asamblea nacional representativa. Podía expresar su oposición, pero el poder imperial anulaba su efectividad tanto como la división de la propia duma en diferentes partidos : demócratas constitucionales o «cadetes», socialrevolucionarios y socialdemócratas (marxistas). Del seno de estos últimos saldrían los bolcheviques de Lenin.

El ministro Stolypine era del parecer que había que estimular la propiedad individual de bienes raíces. Era preciso, según él, asignar tierras a aquellos que parecían más dotados en el terreno económico y dejar que la industria absorbiera al resto de la población. De este modo hizo aparición el kulak, o campesino rico, mientras el mir o comunidad rural desaparecía.

A fin de aportar fondos con que cubrir los grandes desembolsos que originó la construcción de líneas de ferrocarril estratégicas y el incremento del potencial militar, hubo que aumentar de modo considerable las exportaciones de trigo. Esto significó para el pueblo ruso un período de privación y de hambre que originó el nacimiento de un proletariado rural.

Al mismo tiempo, la industria empezaba a desarrollarse: la cuenca hullera del Donetz, instalaciones petroleras en el Cáucaso e industrias más ligeras en los alrededores de Moscú y de San Petersburgo. Esta transformación de la economía rusa creó el proletariado industrial.

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CUADRO SINOPTICO 1

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CUADRO SINÓPTICO ANTECEDENTES Y CARACTERÍSTICAS DEL NAZISMO

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El término «nazismo» resulta del apócope de Nacional Socialismo. Se lo conoce también por «razismo», por su exaltación de la raza aria, y por «hitlerismo» derivado del nombre de su Jefe.

El nazismo es un totalitarismo racial.

Fue fundado por Adolfo Hitler, en Alemania. El uniforme distintivo de los nazis era la camisa parda y su emblema la cruz esvástica.

Al perder la primera guerra mundial, Alemania se vio obligada a aceptar una paz rigurosa y vengativa que le fue impuesta por el Tratado de Versalles.
El pueblo alemán no se resignó a esa humillación y a las duras consecuencias de la derrota. El 9 de noviembre de 1918 abdicó el emperador Guillermo II e inmediatamente los socialistas se hicieron cargo del gobierno y proclamaron la República.

Al año siguiente, el 31 de julio de 1919, se proclamó la Constitución de Weimar, de carácter democrático, republicano y federal.

En enero de 1923 ejércitos franco-belgas ocuparon la región del Rhur con sus importantes yacimientos mineros, por la demora de Alemania en pagar las reparaciones de guerra. Se creó, entonces, una difícil situación agravada por la caída vertical del marco, completamente desvalorizado por las fabulosas emisiones de papel moneda hechas por el gobierno, con la peregrina idea de auxiliar a los obreros. Adolfo Hitler (1889-1945), austríaco de nacimiento, había fundado en 1919 en Munich, el Partido Nacional Socialista, llamado más tarde Partido Nazi.

El 8 de noviembre de 1923 intentó un golpe revolucionario en Munich, «el putsch de la cervecería», para derrocar al gobierno, pero fracasó.

Durante el año de cárcel escribió Hitler sus principales ideas políticas en el libro titulado «Mi lucha». Al recobrar la libertad, a fines de 1924, reanudó su campaña en pro del resurgimiento de Alemania, alcanzando gran popularidad y conquistando muchos adeptos.

En las elecciones de 1932 el Partido Nazi obtuvo enorme mayoría.

De acuerdo a la Constitución, el presidente Hindenburg nombró a Hitler, Canciller del Reich.

Muerto al año siguiente Hindenburg, Hitler reunió en su per sona los cargos de canciller y de presidente, decisión que fue ratificada por un plebiscito que le concedió además el título de Fürher (Caudillo).

Alemania adoptó el nombre de Tercer Reich, se abolió la Constitución de Weimar, se reemplazó la bandera de la República por la insignia esvástica del nazismo.

Hitler convirtió a Alemania en un estado unitario; proclamo único partido legal al Nacional-Socialista y disolvió a los partidos opositores; renovó la legislación y creó Tribunales del Pueblo.

La palabra traición tuvo un significado muy amplio y los acu sados de traición fueron juzgados con gran severidad y en forma secreta por los «Tribunales del Pueblo».

Se crearon campos de concentración. Se persiguió a los judíos, se les privó del derecho de ciudadanía y se les prohibió las actividades lucrativas.

Como es común en los regímenes totalitarios, agrupó a los obreros de sindicatos que debían responder al «Frente de Trabajo Alemán»; restringió las libertades, fiscalizando en forma absoluta el periodismo, la enseñanza, la radio, el cine, etc., y se crearon organismos para la represión brutal de cualquier intento de oposición.

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LA GUERRA que comenzó en agosto de 1914 ‘La Gran Guerra‘ para los contemporáneos y La ‘Primera Guerra Mundial’ para la posteridad marcó el fin de un período de la historia y el comienzo de otro. Esta guerra, que se inició como un conflicto europeo, se convirtió en 1917 en una guerra mundial y, como tal, se la puede considerar un puente entre la era del predominio de Europa y la de la política internacional.

La chispa que encendió la mecha fue el asesinato del presunto príncipe heredero de Austria, el archiduque Francisco Fernando, por un terrorista bosnio en Sarajevo, el 28 de junio de 1914. En la crisis que se produjo después del atentado, ninguna de las potencias estuvo dispuesta a aceptar una derrota diplomática: finalmente, la guerra tomó el lugar de las maniobras diplomáticas.

Todos pensaban que sería una guerra corta, que ya habría terminado para la Navidad de 1914. Los alemanes sabían que sus posibilidades de librar con éxito una guerra prolongada en dos frentes eran muy escasas. Su estrategia bélica, ideada por Schlieffen en 1897, era rodear y aniquilar al ejército francés pasando por Bélgica antes de que los rusos tuvieran tiempo de movilizar sus tropas; pero éstos reaccionaron en forma increíblemente rápida: invadieron Prusia oriental, derrotaron al Octavo Ejército alemán en Gumbinnen (el 20 de agosto) y obligaron a desplazar las reservas de Alemania desde el oeste.

Los alemanes lograron derrotar a los invasores rusos en Tannenberg (entre el 26 y el 29 de agosto), pero no contaban con suficientes tropas para aprovechar esta victoria. Los alemanes también fueron vencidos en el oeste por los aliados, en la batalla del Marne, entre los días 5 y 8 de septiembre.

Ver: Desarrollo de la Primera Guerra Mundial

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