Cuidemos la Salud

La Asimilacion de los Alimentos Concepto Facil Para Niños

La Asimilación de los Alimentos Concepto Fácil Para Niños

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria5.jpg

etapas de la asimilacion de los alimentos

El sistema digestivo es el encargado de transformar los alimentos en sustancias más simples para que puedan ser absorbidas por las paredes del intestino y pasar de allí a la sangre.

Boca: Cavidad que se ubica en la parte inferior de la cabeza. Su parte superior está delimitada por el hueso palatino, que forma el paladar. Contiene la lengua y los dientes. Segrega saliva y realiza la masticación.

Faringe: Conducto formado por músculos que va desde la región posterior de la cavidad oral y las fosas nasales hasta el comienzo del esófago.

Esófago: Tubo cilindrico de 24 a 48 cm de longitud. Conecta a la faringe con el estómago.Empujar los alimentos al estómago por medio de los movimientos peristálticos.

Estómago: Saco elástico con gruesas paredes musculares, recubierto enteramente por una membrana mucosa.Sus músculos «baten» el bolo alimenticio y segregan jugos gástricos.

Intestino delgado: Porción del tubo digestivo que se extiende desde el píloro hasta el intestino grueso.El duodeno realiza la mayor parte de la digestión y el yeyuno íleon absorbe los nutrientes.

Intestino grueso: De diámetro mayor que el intestino delgado, mide aproximadamente 1,2 m de longitud.Absorbe agua y algunos minerales que pasan al torrente sanguíneo y mantiene la hidratación.

Recto: Porción final del intestino grueso. Se contrae hasta enviar los desechos al ano.

Ano: Posee un esfínter interno.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria5.jpg

CONCEPTO FÁCIL DE ASIMILACIÓN

1º- Todo ser vivo para desempeñar sus funciones necesita gastar energía del mismo modo que el movimiento de las máquinas exige el empleo de fuerzas.

La energía que utilizan las máquinas está encerrada en el carbón, acumulada en la leña por la obra del vegetal al cual ésta pertenecía; para liberar esa energía se quema el carbón pudiendo así utilizarse el calor desprendido.

Los alimentos que ingerimos son fuentes de energía; habrá que destruirlos quemándolos para aprovechar tal fuerza.

¿Quiénes queman los alimentos para permitir el desprendimiento de energía? Son las células de los tejidos las encargadas de esa tarea.

De modo, pues, es necesario que los alimentos lleguen al alcance de las células para lo cual deben atravesar la pared del intestino delgado.

Este pasaje sólo es posible cuando la albúmina, la manteca y el azúcar son disueltos, es decir, cuando han sido digeridos.

Además de la digestión los alimentos antes de echarse al torrente circulatorio deben sufrir un proceso llamado de asimilación.

Veamos en qué consiste:

2º Demos leche de vaca a un niño, a un perrito y a un gatito. (Si la clase se da en un grado inferior podrá asignarse un nombre a cada uno de los tres personajes de manera que la lección resulte más amena.)

Después de tomada la leche el niño será siempre niño, el perro siempre perro, y el gato siempre gato a pesar de que el alimento ingerido pertenecía a un animal de especie distinta. ¿Cómo explicar el fenómeno? .

Si el niño ha bebido leche de vaca, si ha incorporado a su organismo una parte de este animal ¿cómo explicar que desde ese momento no tenga algo de vaca?.

La misma pregunta cabe formularse con respecto al gatito y al perro.

Es que los seres vivos tienen una función muy importante y característica de ellos: son capaces de transformar un alimento en sustancia propia de ellos.

Es decir: el organismo del niño tiene la propiedad de transformar la leche de vaca en sustancias que contribuirán a formar sangre humana, y no en cualquier sangre humana, sino en la suya; el organismo del perro, así como el del gato, transforman igualmente la leche de vaca en sangre de perro y en sangre de gato respectivamente.

De modo que después de beber leche, el niño por su composición es siempre niño, el perro siempre perro y el gato siempre gato. Pero en cantidad habrá un poco más de niño, un poco más de gato y un poco más de perro.

Cuanto decimos con respecto a la leche puede aplicarse a otras sustancias. Sea un hombre que almuerza según el siguiente menú: carne de vaca, jamón, huevos fritos.

Si el organismo no tuviera el poder de transformar los alimentos resultaría que nuestro hombre, después de la digestión, tendría en si cuerpo algo de cerdo, algo de ave, algo de vaca y algo de hombre. No ocurre así porque los alimentos son transformados en sustancias propias del ser que los ingiere.

Después de haber sido digerido—es decir, puestos en condiciones de atravesar la pared intestinal— los alimentos, en forma de quilo, listos ya para echarse al torrente circulatorio, sufren entonces la transformación maravillosa que sorprende y admira.

La albúmina del huevo de gallina es tal antes de atravesar la pared intestinal; pero caundo llega a la sangre ya no es albúmina de gallina sino albúmina humana. Hay pues en la mucosa del intestino dinamismos encargados de realizar esa transformación.

Aún no se conocen bien las modificaciones producidas que tienen la virtud de poner el sello o marca de fábrica a las sustancias que se introducen en el cuerpo.

Las sustancias capaces de pasar por via digestiva a la sangre se llaman alimentos; la transformación de éstos se denomina asimilación.

3º—Todos los seres vivos asimilan. Todos reciben alimentos, los asimilan y luego los destruyen para aprovechar la energía en ellas acumulada.

INGESTIÓN —-> TRANSFORMACIÓN —-> DESTRUCCIÓN

Los seres inorgánicos no son capaces de digerir ni de asimilar. He aquí pues, una diferencia importante con los seres vivos.

 

Descripción Sobre la Obesidad y la Cultura Occidental

Descripción de la Obesidad en la Cultura Occidental

HAMBRE INSACIABLE: Todos hemos tenido problemas de peso alguna vez. Pero ciertas personas sufren trastornos alimenticios, que a menudo tienen causas psíquicas y que sólo encuentran solución en el tratamiento médico.

Cuando la difunta princesa Diana de Gales explicó en una entrevista de televisión que había sufrido de bulimia durante muchos años, es decir, de ansiedad por la comida y por vomitarla, la opinión pública se estremeció.

En nuestros días, los trastornos alimenticios ya no son ninguna rareza. Las mujeres en edades comprendidas entre los 15 y los 35 años resultan especialmente afectadas, y también aumenta de forma considerable el número de hombres que enferman por ello.

La cifra es elevada, pues las personas con ansiedad por comer y vomitar suelen llevar una doble vida.

Comprenden que han de ocultarle a la sociedad su enfermizo comportamiento alimenticio mediante subterfugios, para no perjudicar su vida profesional y sus relaciones con familiares y amigos.

Por miedo a aumentar su peso corporal se someten a una gran presión.

Durante los ataques de bulimia devoran de forma incontrolada y en poco tiempo grandes cantidades de comida, y después se esfuerzan por vomitarla.

A esto le siguen unas medidas radicales de control de peso, como dietas, curas de abstinencia, exceso de actividad corporal y mal uso de los laxantes.

De esta forma se introduce continuamente un estado de carencia corporal que desencadena de nuevo ataques de bulimia.

NI UN KILO DE MAS: En la sociedad occidental, la delgadez simboliza la juventud, el dinamismo, la buena forma física y la capacidad, y se exhibe especialmente como sinónimo de atractivo físico.

Para incluirse en este ideal, muchas personas —en especial mujeres jóvenes— se vuelven anoréxicas.

Llama la atención el hecho de que muchas personas anoréxicas procedan de familias en las que el sentido del deber, de la responsabilidad y de la adaptación se sitúan en un primer plano; los padres sólo proporcionan amor y afecto cuando sus hijos cumplen las más altas expectativas.

Algunos descubren en la adolescencia que con el rechazo de la comida se les presenta por primera vez la oportunidad de escapar al estricto régimen previsor de sus familias.

Negarse a comer supone una protesta y una afirmación de personalidad.

Pero caen en un círculo vicioso, ya que entonces aumentan las exigencias y se mortifican más a sí mismos. Los kilos se transforman en una idea fija, todo gira entorno a la comida, y pasar hambre se convierte en el sentido de su vida.

LUCHA CONTRA EL PROPIO CUERPO: La bulimia significa “hambre insaciable”, porque tiene mucho en común con el cuadro clínico de la anorexia.

En ambos casos existe une obsesión por la comida y el peso, y los enfermos asumen una imagen distorsionada de su propio cuerpo, es decir, de forma irreal consideran que determinadas partes de su cuerpo son demasiado gruesas.

Mientras que en la anorexia se pueden apreciar las transformaciones corporales tras un periodo de tiempo, las personas con ansiedad de comer y vomitar conservan una figura normal.

Las etapas desde la anorexia, que m términos médicos se denomina anorexia nerviosa, hasta la bulimia, o bulimia nerviosa, son rápidas, pues muchos anoréxicos capitulan en su lucha contra la sensación de hambre y se ven dominados por ataques de bulimia.

Se estima que el  60 % de los anoréxicos se convierten en bulímicos.

Sin embargo, la mayor parte de los bulímicos se enfrentan a un curso distinto de la enfermedad, que en la mayoría de los casos comienza con múltiples dietas estrictas.

Los afectados por la anorexia o la bulimia consideran muy difícil manifestar su enfermedad en público. Pero apenas hay esperar de curación sin ayuda médica por parte de terapeutas o grupos de autoayuda.

El tratamiento psicoterapéutico trata de combatir los miedos al aumento de peso, los trastornos en la apreciación del cuerpo y el difícil comportamiento alimenticio.

Sin embargo muchos pacientes se vuelven reincidente, otros sufren depresiones y mantienen dadas irreversibles, como alteraciones del metabolismo a consecuencia de años de alteración escasa o errónea.

En cerca del 25% de los casos de anorexia, la enfermedad convierte en crónica, y el 10% de los anoréxicos mueren precisamente por culpa de la enfermedad.

MANZANA O PERA: Una relación alterada respecto a los sentimientos de hambre y apetito es también la causa más frecuente del extremo opuesto de la anorexia: la obesidad.

Es frecuente que los afectados muestren un acusado exceso de peso, de forma que su silueta corporal se asemeja a una manzana o a una pera, según la grasa se acumule especialmente en el estómago o en las caderas.

Se tabla de obesidad o adiposis cuando se supera en un 20% o más el peso corporal normal.

En los países industriales, uno de cada cinco hombres y una de cada tres mujeres son obesos, aunque, a diferencia de las personas anoréxicas y bulímicas, pertenecen a las capas de la población de mayor edad.

La obesidad suele basarse en un comportamiento alimenticio alterado.

Nuestro estilo de vida tan estresante induce  a comer aceleradamente y de forma insana. Se adquiere energía, pero el hambre y el apetito siguen sin aplacarse correctamente.

NECESIDAD DE COMER: Algunas personas tesas tienen tan alterada la relación entre las sensaciones de hambre y apetito, que toda su vida queda condicionada por ella.

Sufren trastornos alimenticios frecuentes y timen de forma excesiva e incontrolada.

Tal obesidad puede deberse a experiencias traumáticas y se refleja visiblemente en la gordura. A veces hay una alteración psíquica, por ejemplo de la libido, que es tan difícil de eliminar como en la anorexia o la bulimia. La situación del afectado es de desesperanza.

Por una parte, traslada todo el placer a la comida y, por otra, por este motivo, la persona se vuelve tan poco atractiva para el sexo opuesto que cada vez le resulta más difícil volver a entablar relaciones normales.

Al igual que en la anorexia, aquí también subyace un sentimiento negativo hacia el propio cuerpo.

Las consecuencias a largo plazo son perjudiciales, porque la salud de las personas obesas queda tan mermada que su esperanza de vida tiene un promedio de 10 años menos que las que gozan de un peso corporal normal.

FUERA LA GRASA: Para curar la obesidad es indispensable un análisis y transformación de los hábitos alimenticios con ayuda del médico.

En primer lugar es preciso rectificar el comportamiento hacia la comida. Una solución engloba la participación en terapias de grupo y de comportamiento, ya que la comida muchas veces tiene una función de tratamiento de sustitución. Los obesos han de volver a aprender a disfrutar de la comida y a satisfacer no el hambre sino el apetito.

El plan de dieta establecido por el médico se tiene que cumplir de forma consecuente.

Además, se requiere mucho ejercicio para mejorar el estado de salud y recobrar un sentimiento positivo hacia el cuerpo.

En casos aislados, si varios o todos los miembros de la familia son obesos, hay que considerar como posible causa de la adiposidad una propensión hereditaria a un metabolismo lento.

En estas personas, la grasa se quema en el cuerpo a menor velocidad de lo normal.

Otros motivos que condicionan la enfermedad pueden ser una hipofunción de la glándula tiroides, o determinados trastornos hormonales que repercuten de forma directa en la regulación del apetito.