Cultura Egipcia

Las Polis Griega Esparta Organización Política Militar y Social

Las Polis Griegas: Esparta Organización Política Militar y Social

ESPARTA: Entre todas las ciudades griegas, Atenas y Esparta han representado un papel preponderante. De aquí que los latinos las llamasen los dos ojos de Grecia, y nos interesen, porque la rivalidad de entre ambas es el fundamento de la historia griega. En Atenas, el hombre fue principalmente un ciudadano apasionado de la libertad política, de la actividad comercial, del arte y de la literatura. En Esparta, fue únicamente un soldado que se ejercité sin descanso en las virtudes militares y estuvo siempre dispuesto a dar su vida por la patria.

Esparta o Lacedemonia, capital de la Laconia, fue una a modo de ciudad cuartel. Más bien que una ciudad, era un grupo de cinco aldeas situadas en las orillas pantanosas del Eurotas, que baja torrentoso de la meseta de Arcadia y atraviesa mansamente a Laconia.

Esparta no estuvo nunca cercada de murallas, porque no tuvo necesidad de ellas. Laconia, cuyo centro lo &upaba Esparta, está, en efecto, rodeada de montañas; éstas son bastante altas y permiten que la nieve permanezca ah casi todo el año; además, las sen das transitables son muy raras y es muy fácil defender’ los desfiladeros.

Ahora, si se añade que el valle del Eurotas es fértil y pueda alimentar la población, se comprenderá que Esparta fuera un campo atrincherado natural, en e que vivió un pueblo de soldados.

Ruinas del acrópilis y teatro de Esparta

Ruinas del acrópilis y teatro de Esparta

LOS ESPARTANOS: Los espartanos formaron parte de una invasión de dorios griegos del norte que, echados de su país por los tesalios, acometieron las penínsulas del Peloponeso y conquistaron las ciudades de los aqueos. Los dorios de Esparta tomaron el nombre de espartanos. Menos numerosos que los vencidos, hubieron que estar constantemente sobre las armas en medio de aquellas poblaciones sojuzgadas, a fin de conservar lo que habían conquistado.

Por consiguiente no les fue posible labrar la tierra no dedicarse al comercio. Fueron un ejercito invasor que vivía de lo que le daba el suelo gracias al trabajo de los vencidos y cuyo exclusivo oficio era la guerra. Todo en ellos era preparación militar. Fueron los guerreros mejor adiestrados y más heroicos de Grecia; pero desdeñaron el bienestar y la cultura intelectual porque, según ellos, corrompían las virtudes marciales. Su ideal consistió en formar una comunidad militar en la que cada cual, por disciplina, tuviera orgullo en sacrificar su libertad y su vida por el interés superior del estado.

LACONIOS PERIECOS E ILOTAS: El territorio de Laconia, dividido en lotes que no podían venderse ni cederse, fue propiedad de los vencedores. Los habitantes de la llanura continuaron viviendo en su antiguo suelo en condición muy parecida a la esclavitud. Los de las montañas y del litoral, sometidos posteriormente, fueron tratados con menos dureza. En la población de Laconia hubo, pues, tres clases los espartanos (9,000 aproximadamente), los periecos (30,000) y los ilotas (unos 200,000). Sólo el espartano tenía derecho de ciudadanía; los periecos y los ilotas no eran sino súbditos.

Los periecos, es decir, la gente de alrededor, habitabais la frontera montañosa y marítima de Laconia, y parecen haber sido descendientes de los antiguos señores del país. Estaban repartidos en unos cien pueblos que se administraban por sí mismos. Podían poseer libremente sus tierras y gozar del fruto de su trabajo. Se dedicaban a la agricultura al comercio, a la industria, a la navegación y a todas las ocupacio9es prohibidas a los espartanos. Pagaban los impuestos y tenían obligación de servir en el ejército; no por ello les concedían el menor derecho político.

Los ilotas eran los antiguos laconios del valle. Los espartanos hicieron de ellos siervos, es decir, mitad libres y mitad esclavos. No vivían agrupados en pueblos, sino que habitaban en cabañas aisladas que podían edificar en las tierras que labraban, tierras que no les pertenecían, antes bien, eran ellos quienes pertenecían a la tierra y formaban parte de la propiedad. Cada año debían dar una parte de la cosecha a los dueños del fundo, pudiendo reservarse la otra parte. El único derecho que tenían era el de no poder ser vendidos.

Los espartanos trataban mal a esos infelices; en la guerra, empleándolos como sirvientes del ejército; en la paz, obligándolos a lleva vestidos especiales, y hasta prohibiéndoles cantar ninguna canción guerrera. Frecuentemente los forzaban a beber hasta la embriaguez para que el espectáculo de su degradación repugnase a sus propios hijos. A pesar de los malos tratos, los señores consideraban que era un peligro el hecho de que fueran tan numerosos, y les daban muerte valiéndose del menor pretexto. Se condenaba a muerte al ilota que poseía un arma o que se encontraba fuera de su casa después de la puesta del sol.

Su suerte era la misma que hoy cabe al labriego cristiano en Turquía europea. Todos los años y cada vez que los nuevos magistrados tomaban posesión de sus cargos, la gente joven tenía derecho de cazar ilotas, procedimiento que llamaban criptia, es decir, matanza secreta. El régimen de terror aplicado al ilota daba terror en esta clase social a sentimientos de odio y de vengaza. « Inmediatamente que se les hablaba de los espartanos, dice el historiador griego Jenofonte, no había uno que supiese ocultar el gusto que tendrían en comérselos vivos. »

FORMACION DEL PODER DE ESPARTA: Un estado militar como era éste, no podía soportar ni vecinos poderosos ni súbditos rebeldes. Las dos penínsulas de Laconia, Argólide y Mesenia, habitadas por otros conquistadores dorios, eran una amenaza para Esparta, y de aquí la serie de guerras contra Argos y Mesena, que sólo se terminó cuando los espartanos poseyeron todo el sur y el este del Peloponeso.

Las guerras más rudas fueron las de Mesenia en el siglo VII, que duraron cerca de veinticuatro años. Ciertos episodios eran célebres en la antigüedad, tal como el de Aristómenes, héroe mesenio que, cogido por los espartanos y arrojado a un precipicio, se salvó asiéndose a la cola de un zorro que le condujo en medio de las tinieblas a la boca de su guarida.

Mapa de Esparta en la antigua grecia

EL EJERCITO ESPARTANO: El instrumento de aquellas conquistas fue el ejército espartano, el primero de Grecia por su organización y disciplina. En efecto, en los otros pueblos no se era soldado sino en caso de necesidad en tiempo de guerra se armaba al ciudadano, y el ejército era tan solo una guardia nacional, mientras que los espartanos eran soldados de profesión. Acostumbrados desde su más tierna edad a la caza y a los ejercicios violentos, permanecían después en filas hasta los sesenta años. Dos veces al día tenían ejercicio o maniobras, y la paz la consideraban únicamente como una preparación para la guerra.

Los espartanos combatían a pie y formaban el cuerpo de los hoplitas. estos usaban casaca roja, coraza de bronce, casco que les protegía la cabeza y la cara, escudo de cuero cubierto también de bronce, y canilleras o botas de metal llamadas cnémidas, que les cubrían desde la rodilla ha la el tobillo. Tenían por armas, espada corta, como un ‘cuchillo de caza, y la lanza que medía más de dos metros de largo. En formación de combate se presentaban en línea de ocho en fondo; unidos los escudos unos contra Otros, formaban delante de los hombres una verdadera muralla. Dispuestos así en falange, y coronados de flores, acometían al enemigo al son de las flautas y cantando un canto de guerra llamado pean. Pero no empezaban el ataque sino después de haber sacrificado una cabra M buscado presagios en las entrañas de la víctima. Pasaban por invencibles a causa de su reputada fuerza y de su gran bravura.

La falange se dividía en batallones y en escuadras. Estas división era útil en las expediciones poco importantes y en los ejercicios, en los cuales desplegaban tal precisión que los otros griegos estaban maravillados. En realidad, los espartanos no tenían igual para las instrucciones de soldados y de compañía. En cuanto al arte de combatir, este se resumía en ir a la carga. La fuerza de las falanges espartanas residía principalmente en la costumbre de obediencia, de honor y de sacrificio que inspiraban a los espartanos las leyes, que llamaban leyes de Licurgo.

LICURGO: Licurgo vivió,, según se dice, en el siglo IX. Era un hombre honrado, puesto que, siendo de familia: real, había rehusado aceptar el titulo de rey en beneficio de un sobrino suyo del cual era tutor. Era un sabio, es decir un hombre instruido, porque había viajado por Creta, Egipto y Asia. Los espartanos, que se deshacían en guerras civiles, le pidieron leyes. Licurgo consultó en primer lugar el oráculo de Delfos que le animé llamándole amigo de los dioses. Redactó entonces la constitución que lleva su nombre y, después de haber hecho que los espartanos juraran respetarla hasta que él regresara, partió para no volver más. Esto es, sin duda, una leyenda, y hasta es posible que el mismo Licurgo no existiera; pero las leyes llamadas de Licurgo no dejaron por eso de ser la constitución de Esparta.

HOPLITAS EN MARCHA. Las leyes de Licurgo eran un conjuntoo de prescripciones minuciosas relativas no solamente al gobierno y a la administración del estado, sino también a la vida de los particulares y a la educación de los niños. Tuvieron por objeto:

1-Establecer en Esparta la autoridad de la aristocracia

2-Asegurar a los espartanos las tierras conquistadas a través de una excelente formación militar.

EL GOBIERNO: Antes de Licurgo, Esparta estaba gobernada por das reyes omnipotentes. Licurgo hizo de ellos personajes representativos, sin autoridad real. Los dos reyes fueron jefes de la religión y del ejército. Celebraban sacrificios y mandaban los ejércitos; en realidad, eran como los modernos reyes de Bélgica o de Inglaterra reinaban pero no gobernaban. El gobierno estaba en manos del Senado, consejo de 28 miembros, todos nobles y de sesenta años de edad. El Senado proponía y redactaba las leyes y después las sometía a la Asamblea del Pueblo, que se reunía una vez por mes. No habla allí discusiones y el pueblo manifestaba su acuerdo por medio de aclamaciones. Más tarde, el pueblo nombró cada año cinco Éforos o vigilantes, cuya función consistía en intervenir en los actos de los reyes y de los demás magistrados, que podían suspender o condenar; a además, acompañaban al ejército en campaña. De aquí que en Esparta el poder no perteneciese al pueblo ni a los reyes, sino a la aristocracia.

LEYES CIVILES: En teoría, los ciudadanos eran todos iguales, como los soldados de un regimiento. Licurgo quiso que no hubiese en Esparta ni ricos ni pobres, y distribuyó las tierras por lotes entre los ciudadanos, con prohibición expresa de venderlas. Los productos del suelo cultivado por los ilotas debían bastar a sus necesidades, y todo oficio les estaba vedado. De esta manera, desembarazados los espartanos del cuidado de ganarse el sustento, podían consagrarse enteramente a los deberes militares. Para evitar que se enriquecieran, estaban obligados a servirse’ exclusivamente de la moneda de bronce, que era pesada en extremo y tenía poco valor. A pesar de todo, hubo desigualdad en las fortunas y se formó en Esparta una aristocracia rica, cuyos miembros, y sólo ellos, se llamaban iguales.

EDUCACION DE LOS NIÑOS: El niño, destinado a ser un soldado, pertenecía más al estado que a su familia, al nacer era examinado por los ancianos de la tribu, que lo devolvían a la madre si estaba bien constituido; en caso contrario lo hacían arrojar aun abismo del Taigeto. Todas las madres educaban a sus hijos de la misma manera; no los envolvían y los acostumbraban a comer de todo y a no tener miedo de nada. Al cumplir el niño los siete años se entregaba al estado; el niño era entonces como un hijo de regimiento, que desde’ luego formaba parte de una clase mandada por el que se habla mostrado superior a los Otros alumnos por su inteligencia y su fuerza.

El estudio se tenía en poco en este género de educación. Se limitaba a enseñar a los niños a cantar y a explicarse con precisión; tratábase sobre todo de dar fortaleza y flexibilidad al cuerpo. Gracias a un’a serie de ejercicios graduados, los niños aprendían a correr, saltar y lanzar el disco o la jabalina. Después se ejercitaban en el manejo de las armas y en la danza guerrera llamada pirrica. Así se les acostumbraba a soportar’ sin quejarse el dolor, el frío y el calor, el hambre y la sed, la fatiga y Llevaban el mismo vestido en todas las estaciones, se acostarían sobre cañas que ellos mismos cortaban en el Eurotas, y no se lavaban ni perfumaban sino en los días de grandes fiestas. Se les alimentaba mal y les era permitido robar para aplacar el hambre; pero, silos encontraban robando, eran castigados severamente. Uno de ellos, que habla ocultado un zorro vivo bajo su túnica, se dejó morder el vientre antes que confesar el robo. Había también concursos de resistencia a los porrazo. Cada año recibían una vuelta de azotes delante del altar de Artemisa, y el vencedor era quien tardaba más en quejarse; sucedió que murieron algunos niños sin prorrumpir un quejido.

Estos niños tenían aspecto grave y ademanes mesurados. ‘Caminaban con los ojos bajos, y no tomaban la palabra sino cuando eran interrogados. Esta educación de hierro los preparaba a la disciplina militar.

VIDA DE LOS HOMBRES: Los jóvenes formaban parte del ejército a los diez y siete años; a los treinta eran considerados como ciudadanos y debían contraer matrimonio, sin dejar por ello de pertenecer al estado. El empleo del tiempo estaba fijado por los reglamentos. Llevaban uniforme y debían asistir todos los días a los ejercicios, consistentes en carreras, saltos y manejo de las armas. A este respecto, la institución más curiosa era la de las comidas publicas, que eran obligatorias para todos los espartanos, aun para los reyes; sin embargo, no se celebraban diariamente.

En esas comidas, los hombres se agrupaban por escuadras de a 15, y los que las componían eran en la guerra compañeros de tienda de campaña. Esas escuadras eran circulos a los que era muy difícil entrar y en los que se procedía a votación para aceptar un nuevo miembro, como sucede en los cuerpos de oficiales en Alemania. En las comidas públicas se comía la sopa negra, guisado célebre en toda Grecia, hecho con pedacitos de carne, grasa de cerdo, vinagre y sal. Pero la minuta podía aumentarse con productos de caza o con carne de las victimas, cuando había habido un sacrificio.

A esa vida austera debían los espartanos el carácter grave y digno -que tenían. Diriase que los envaraba su compostura heroica de viejos veteranos que afectan despreciar todo lo que los demás hombres aprendan o temen. No se inclinaban sino delante de los ancianos, que respetaban como a sus padres. Su lenguaje era voluntariamente rudo y sencillo, y su manera de responder, a la vez corta y mordaz, ha llegado hasta nosotros con el nombre de laconismo. Un argivo decía un día « Existen entre nosotros muchas sepulturas de espartanos », y un espartano le respondió «Entre nosotros no existe ni una sola de argivo« Filipo de Macedonia escribió a los espartanos : « Si entro en Laconia, destruiré vuestra ciudad. » — «Si… « respondieron los espartanos.

LAS MUJERES: Las jóvenes no eran educadas en Esparta menos severamente que los jóvenes. Estaban sometidas a los mismos ejercicios de los varones y asistían a sus concursos. Su vestido, que bajaba apenas hasta la rodilla, les permitía libertad en los movimientos. Su vida de ejercicios era motivo de burlas entre los demás griegos, que tenían a sus hijas cuidadosamente encerradas. Una vez casadas, resultaban esposas y madres de soldados. Eran muy reputadas por su energía y su abnegación. El amor maternal, en aquellas mujeres estaba supeditado por el amor a la patria; hubo alguna q’ue al saber al mismo tiempo la muerte de sus cinco hijos y la victoria de Esparta, exclamó « Tanto mejor: demos gracias a los dioses! », y otra que mató a su Hijo porque huyó del campo de batalla.

Lo que más caracteriza la condición de la mujer en la antigua Grecia es su constante estado de menor edad. En su existencia no había un solo momento en que gozara de los derechos civiles del ciudadano, pues siempre tenía un dueño que la gobernara. Cuando joven, dependía de su padre; casada pertenecía a su marido; viuda, estaba sometida a sus parientes o a sus hijos. Pero si hemos de juzgar por las pinturas de los poetas y por algunas anécdotas publicadas por los historiadores, diremos que la mujer tenía frecuentemente en la casa una autoridad considerable; tanto es así, que algunos personajes de comedia se quejan una vez casados, de tener no una mujer, sino una dueña imperiosa.

Jenofonte, en su tratado de Economía, nos describe un matrimonio ateniense tal como él lo concibe. Quiere que la mujer sea soberana en su casa, que tenga la dirección ae los esclavos y arregle a su antojo los gastos de la familia. Mas, a pesar de su empeño, no consigue presentar a la mujer griega sino como una buena gobernante. Salvo quizá en Esparta, donde la mujer, como hemos visto antes, era la primera en hacer que sus hijos fueran buenos soldados y buenos ciudadanos, las mujeres griegas representaron en la sociedad un papel harto secundario, su vida transcurría sosegada, monótona y obscuramente; las futilezas ocupaban para ellas un puesto más preferente que las ocupaciones más serias e importantes.

Mientras duró Esparta, la mujer permaneció fiel a la educación y a las costumbres particulares del estado. Muchas modificaciones se introdujeron en las leyes políticas o civiles de Licurgo; pero la regla de vida que él había impuesto a los espartanos se mantuvo e hizo de ellos los primeros soldados de Grecia y los verdaderos maestros de heroísmo de la humanidad.

Ciencias, Religion y Arte en Egipto Antiguo Culto a los Muertos

Ciencias, Religión y Arte en Egipto Antiguo

«Egipto es un regalo del Nilo»
   Herodoto

LA CIENCIA EN EGIPTO ANTIGUO: Más aún que por sus artistas, los egipcios tuvieron merecida fama en el mundo antiguo por el caudal de sus conocimientos científicos. Las clases dirigentes, y principalmente la casta sacerdotal, sobresalieron en el cultivo de:

Matemáticas: base de los cálculos necesarios para sus monumentales construcciones. Según se desprende de antiquísimos papiros poseían tina especie de álgebra con la que obtenían las fórmulas geométricas de superficies y volúmenes.

Astronomía: dividían el año en 12 meses iguales, a los que agregaban 5 días libres. Estudiaron y dieron los nombres a los planetas y a las estrellas visibles.

Física: desarrollaron, con notable éxito, un sistema de hidráulica necesario para la canalización y regulación de las aguas del Nilo.

Química: con fórmulas propias y secretas, obtuvieron esmaltes y colores que se mantienen inalterables hasta nuestros días; así como también las

 sustancias necesarias para el embalsamamiento de los cadáveres.

Medicina: a cargo exclusivo de los sacerdotes, estaba íntimamente relacionada con la magia y la hechicería.

LA LITERATURA: Los numerosos papiros hallados en las tumbas y entre las ruinas de los palacios nos dicen que la mayor parte de la literatura egipcia tuvo principalmente carácter religioso: narraciones morales, tradiciones mitológicas y relatos históricos deformados por exageraciones y leyendas. Sobresalen entre todos, los Himnos celebrando las victorias de Tutmés III, y las conquistas de Ramsés II, así como el Poema de la coronación de la reina Hachesupt. También son notables las plegarias fúnebres en honor de Osiris, y que constituyen el “Perenru» o Libro de los Muertos.

LA ESCRITURA: Como para muchas otras cosas, el Nilo proporcionaba a los egipcios el material necesario para su escritura. Encolando y prensando las capas desplegadas de una caña muy abundante en el río, fabricaban los “papiros” y sobre ellos escribían con punzones de madera empleando tintas de varios colines y que aún en nuestros días luego de 4.000. años4 guardan todo su brillo.

Fueron los creadores de un sistema de escritura sumamente original escribían de derecha a izquierda, dibujando pequeños signos con la siluetas de los objetos a los que se referían. Estos signos, ejecutado con gran habilidad, eran denominados “jeroglíficos” (hieros, sagrado glyfos, signos), ya que por su gran complejidad se los empleaba preferentemente en las inscripciones de los templos y tumbas.

En los papiros, en cambio, se solía emplear otro sistema de escritura, la “hierática”, que no era otra que los mismos jeroglíficos pero de trazos más simplificados.

 Finalmente, a partir de la 2O° dinastía los signos se simplificaron aún más, formándose la escritura «demótica» o popular, así llamada por emplearse principalmente para los uso de la vida diaria. De modo que estos sistemas no eran tres escrituras diferentes, sino los mismos jeroglíficos pero con trazos más o menos simplificados.

La escritura egipcia fue durante muchos siglos uno de los grande secretos de la Historia. Pero en el año 1800, los arqueólogos franceses agregados a la Expedición de Napoleón a Egipto hallaron en las proximidades de Rosetta una piedra de granito con inscripciones en jeroglífico, en escritura demótica y en griego.

Llevada la piedra a Franck y tras ingentes esfuerzos, el joven arqueólogo Champollion logró decifrar la inscripción y establecer definitivamente la clave de los jeroglíficos. Con ello nació la “egiptología”, una nueva rama de la Historia. A él y a sus continuadores: Máspero, Mariette, de Rougé y mucho más, debemos todo lo que el mundo conoce sobre la fascinante cultura desarrollada a orillas del Nilo en los albores de la civilización humana.

Fuente Consultada: Historia Antigua y Medieval (Alfredo Drago)

La Arquitectura Egipcia: Mastaba Hipogeos y Piramides Religion y Ciencia

Arquitectura en Egitpo Antiguo : Mastaba Hipogeos y Pirámides Religión y Ciencia

«Egipto es un regalo del Nilo»
   Herodoto

Comenzaremos con un simple resumen sobre el arte y arquitectura en Egipto antiguo, a los efectos de dar una somera idea sobre los tipos de monumentos que esta civilización supo construír y que se admiran hasta nuestros días. Luego mas abajo puede ampliar esta información con mas detalles.

TEMAS TRATADOS:
Arte Egipcio :
Estatua,
Pintura y
Escritura
Arquitectura Egipcia:
Mastabas
Templos
Tumbas
Pirámides

Arte Egipcio: A pesar de las múltiples variaciones y continuos enriquecimientos registrados en el transcurso de los siglos puede afirmarse que algunas características del arte egipcio han permanecido inmutables. Entre ellas, la afición al empleo de las grandes masas y de las proporciones gigantescas, el predominio de la línea recta y la maravillosa solidez de sus construcciones.

Arquitectura: Las más grandiosas y monumentales construcciones del mundo antiguo se hallan en Egipto. Entre ellas son dignos de mención sus monumentos Funerarios y sus Templos.

TUMBAS: Al principio, los egipcios enterraban sus difuntos en la arena, en sencillos féretros de madera Í orno ello no era suficiente para lograr la conservación de los cadáveres fueron protegiéndolos con edificios cada vez más grandiosos cutio los cuales se destacaban:

Las mastabas: Simples construcciones de forma rectangular, hechas con piedra lisa y sin mayores adornos .En un rincón de la misma se hallaba una lápida grabada, la que cerraba la boca de un profundo pozo lleno de piedras y de arena En su fondo se encontraba la cámara funeraria, con el ataúd, rodeado de diversos objetos.

Las pirámides: Como las mastabas no protegían a los difuntos de la codicia de los bandidos, los egipcios idearon construcciones cada vez más grandiosas y seguras. Así construyeron las pirámides, de las que aún se conservan más de un centenar.

Algunas entre ellas nos maravillan por su grandiosidad y han sido consideradas siempre como el prototipo de las más gigantescas obras humanas. Entre todas, sobresalen las construidas por los faraones de la 4° dinastía: la Gran Pirámide, de Keops, de 150 metros de altura; la de Kefrén, de 135, y la de Micerinos, de 65.

La Gran Pirámide tardó 30 años en construirse, y durante todo ese tiempo trabajaron en ella más de 100,000 hombres, reclutados entre los esclavos y los prisioneros de guerra. Las canteras de Arabia y de Libia proveyeron la abundante piedra: más de dos millones y medio de metros cúbicos..

Sus aristas están perfectamente orientadas hacia los puntos cardinales y de acuerdo a ciertas fórmulas cosmográficas, lo que hace suponer que al mismo tiempo que tumba, la Pirámide servia de observatorio astronómico. En su interior hay un verdadero laberinto de cámaras y galerías, muchas de ellas construidas para desorientar a los ladrones; y todas, ricamente adornadas con pinturas y obras de arte.

Los hipogeos: Tampoco las pirámides protegieron del asalto de los ladrones los restos de los faraones.

Por ello, a partir de la 6° dinastía se comenzó la construcción de tumbas subterráneas (hipogeos), excavadas en las laderas de las montañas y en lugares de difícil acceso. Eran inmensas galerías —algunas de más de 100 metros— abiertas en la roca y que conducían a suntuosas cámaras fúnebres, sostenidas por columnas, e igualmente recubiertas de pinturas y bajorrelieves con escenas de la vida del difunto.

En las numerosas antesalas que las precedían se depositaban las provisiones y objetos de valor. Luego se disimulaba y tapiaba la entrada de la tumba con grandes rocas.

Un interesantísimo conjunto de hipogeos construidos por los faraón de la 18° dinastía fueron descubiertos recientemente en las montaña cercanas de Tebas, en el lugar llamado desde entonces “Valle de lo. Reyes”.

Entre ellos, se ha hecho famoso el hipogeo de Tutankamón por haber sido encontrado casi intacto en 1922, por el arqueólogo Howard Carter.

TEMPLOS: Son igualmente famosos por su solidez y dimensión así como por la perfecta armonía de sus líneas. Todas las ciudad egipcias poseían sus templos; pero los más famosos Son los de Luksor y Karnac, construidos en las afueras de Tebas, en honor de Amón, enriquecidos espléndidamente por todos los faraones.

La distribución de los templos egipcios era, en general, muy parecida: se llegaba a ellos por una amplía avenida bordeada de esfinge es decir, de estatuas de animales con cabeza de hombres.

Al término de la avenida estaba la entrada, formada por dos grandes torreones en forma de pirámide truncada y paredes totalmente cubiertas de inscripciones y jeroglíficos.

Junto a estos baluartes, a ambos lados de la puerta, solía haber dos estatuas colosales del faraón constructor del templo, así como también dos obeliscos de una sola pieza y totalmente grabados.

Franqueada la entrada se llegaba a un patio interior rodeado por galerías cubiertas con tejado sostenido por columnas. A continuación estaba el templo propiamente dicho y que comprendía:

La Sala Hipóstila: Amplísima cámara dividida en varias naves por hileras de gruesas columnas. La parte central del techo era de mayor altura que las laterales.

La Sala de la Aparición: Allí se realizaban las ceremonias del culto, a ella sólo tenían acceso los nobles y personajes de la corte.

 La Sala del Misterio: Era el santuario, o morada del dios, y donde se guardaba su estatua y los tesoros que se le habían obsequiado. En  cámara a sólo penetraban el faraón y los sacerdotes encargados del servicio del ídolo.

Los templos egipcios y, en general, todas sus construcciones son verdaderas páginas de historia; en sus paredes y columnas se hallan grabados los jeroglíficos los, principales episodios de la vida del país.

Escultura: Gozó de las mismas cualidades características que la arquitectura gigantescas proporciones y extraordinaria consistencia o también sus mismos defectos: formas rígidas, carentes de expresividad y de soltura de miembros. Sin mayores detalles y totalmente simétricos.

En los bajorrelieves los artistas no aplican las leyes de la perspectiva para la distribución de los planos y representan, de un modo simplísimo de frente el cuerpo y de perfil los miembros y la cara.

escriba egipcio

Entre los mas notables aciertos de la escultura egipcia se halla la famosa estatua del Escriba sentado del Museo del Louvre de Paris, y el busto policromo de la reina Neferiti, en el Museo de Berlín.

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AMPLIACION DE LA ARQUITECTURA EN EGIPTO ANTIGUO

Los reyes de Egipto fueron grandes constructores, cifraban su gloria en erigir monumentos enormes, sobre todo templos para sus dioses y tumbas para ellos mismos.

Podían hacerlo, teniendo a su disposición buenos materiales y tantos hombres como se necesitaban.

Cuando un Faraón quería edificar, enviaba a sus arquitectos a buscar la piedra a la cadena montañosa que corre a lo largo del Nilo. Se escogía casi siempre, para construir los muros, caliza blanca o arenisca, porque son piedras fáciles de labrar.

Para los colosos, los obeliscos, los féretros, se iban a buscar, a las rocas que rodean ia catarata del Nilo, en Siena, bloques enormes de granito rosa o azulado.

La piedra era llevada hasta la orilla del Nilo, en el momento de la inundación, cuando el río llegaba al pie de la montaña.

Se ponía en una balsa que bajaba siguiendo la corriente y se desembarcaba lo más cerca posible del sitio donde se quería construir.

Volvíase entonces a cargar la piedra en una rastra. Cuadrillas de hombres, conducidas por capataces armados de palos, se enganchaban con cuerdas y la arrastraban sobre maderos untados de grasa.

Cuando se trataba de piedras grandes, tiraban a la vez varios centenares de obreros; éstos eran subditos del rey o prisioneros de guerra.

En los monumentos más antiguos, como las Pirámides, la piedra era tallada con mucho cuidado, los sillares se mantenían unidos sin necesidad de cemento alguno y la superficie se pulimentaba.

Los monumentos de Tebas, por el contrario, estaban enteramente cubiertos de estuco pintado con brillantes colores, de modo que tapaba en todas partes la piedra. Por eso no se tomaban el cuidado de tallar y pulimentar los sillares.

Querían los egipcios que sus monumentos fueran eternos, y evitaban cuanto hubiera podido hacerles menos resistentes.

Sabían construir bóvedas (se han encontrado en construcciones muy antiguas); pero sabían también que la bóveda acaba siempre por ceder a los empujes laterales.

Por eso no las han construido jamás en los buenos monumentos, y cubrían las paredes o las columnas con piedras colocadas horizontalmente.

RUINAS DE TEBAS

Egipto estaba cubierto de monumentos. Los había en todas las ciudades, pero en el Egipto inferior, casi todos han sido destruidos y no han quedado más que las Pirámides. Los monumentos de Tebas, por el contrario, no fueron destruidos.

La comarca había quedado tan desierta, que los monjes cristianos se retiraban a ella para vivir solos. Más tarde, llegaron felahs a levantar entre los templos chozas miserables, que han formado las dos aldeas de Luqsor y Karnak.

Ambas están en la orilla derecha del Nilo, a media hora de intervalo una de otra, y unidas por una avenida de dos kilómetros, empedrada con losas de granito que bordean dos filas de esfinges colosales con cabezas de ciervas.

Al otro lado del Nilo estaba el barrio de los cementerios, por el cual se iba a las tumbas abiertas en las rocas de la montaña líbica.

Hay allí todavía ruinas considerables, entre otras el templo de Seti, que comenzó este rey en memoria de su padre, y que continuó Ram-sés, el Ramesseum, cuyas paredes estaban cubiertas de pinturas que representaban las victorias de Ramsés.

En el patio había una estatua colosal de Ramsés sentado, de 18 metros de altura. A un kilómetro de allí está la aldea de Medinet-Abú, donde quedan las ruinas de tres grandes templos.

En 1799, la vanguardia del ejército francés llegaba delante de las ruinas de Tebas. Los soldados estaban abrumados de cansancio, de calor y de sed.

A la vista de aquellos monumentos grandiosos, olvidaron todo y empezaron a lanzar gritos y a batir palmas.

Desde entonces las ruinas han sido visitadas por millares de viajeros y todos han gozado la misma impresión. Lo que más efecto produce es la sala de columnas, hipóstila, de Karnak, que tiene 103 metros de largo por 51 de ancho.

DESCRIPCIÓN DE UN TEMPLO EGIPCIO

El templo se consideraba como la morada de un dios. Era necesario que estuviera al abrigo de los impuros y de los ladrones, y así se edificaba dentro del recinto cuadrado que formaba una muralla de ladrillo alta y gruesa.

Adosados a esta muralla estaban los almacenes de granos, de frutas, de aceite, de cervezas, las panaderías donde se hacía el pan de los sacerdotes y las tortas de los dioses, los talleres donde se fabricaban los perfumes, los vestidos y las alhajas de los ídolos.

Al lado estaban las casas habitadas por los sacerdotes y las cabanas que ocupaban los sirvientes del culto y sus familias.

Después de atravesar todo este barrio, se llegaba a una avenida enlosada a cuyos lados había dos filas de esfinges, estatuas colosales que representaban leones tendidos con cabeza humana (a veces también de carnero).

La avenida terminaba en un nuevo recinto, delante de una puerta.

Esta puerta estaba flanqueada por dos enormes torres en forma de pirámides truncadas, cubiertas de relieves e inscripciones; las de Karnak tenían más de 44 metros de altura, 113 de ancho y 15 de espesor.

Se las designa con el nombre griego de pilón. Delante de éste se alzaban dos grandes agujas de granito cubiertas de inscripciones, los obeliscos, de una sola pieza, de 20 a 30 metros de altura.

Estaban puestas sobre un pedestal y tenían en lo alto como adorno una especie de casquete de cobre que brillaba al sol. En 1836 se trajo a París uno de los obeliscos del templo de Luxor, el cual mide 23 metros de altura, y fue colocado en la gran plaza de la Concordia.

A ambos lados de la puerta, dos colosos de piedra sentados representaban al rey que había mandado hacer el monumento.

Una vez franqueada, se entraba en el patio que recorrían las procesiones los días de fiesta. En el fondo había otra puerta de madera preciosa, adornada con láminas de oro, que daba acceso al verdadero templo.

Se encontraba primero la gran sala de la aparición, cuyo techo sostenía columnas cubiertas de brillantes pinturas, y cuyo capitel afectaba la forma de flor de loto o de hojas de palma.

Por arriba penetraba un poco de luz. Allí se presentaban las ofrendas y se hacían los sacrificios, allí se reunían los sacerdotes.

Algunos fieles eran también admitidos para ver al dios salir del santuario como el sol. Los sacerdotes le llevaban a hombros, en un arca que representaba una barca.

En el fondo de esta sala se abría un vestíbulo que llevaba a la cámara del misterio, el verdadero santuario, en que algunos sacerdotes solamente tenían derecho a entrar.

Era más baja y reducida que la gran sala y completamente oscura. Allí reposaba la imagen del dios, ya en una barca de madera con adornos de oro, ya en una capillita de granito.

Finalmente, al lado o detrás del santuario, o también en el muro, había otras cámaras oscuras donde se guardaban el tesoro del templo y los objetos del culto.

LAS TUMBAS

Las antiguas tumbas egipcias, por ejemplo, las pirámides, se alzaban sobre el suelo. A partir de la XIIa dinastía, las tumbas fueron abiertas en la roca de la montaña. De esta suerte empezó la arquitectura subterránea.

Las tumbas más antiguas subterráneas son las de Beni-Hassán. Son grutas abiertas en la montaña, a media ladera.

Cubre la entrada una especie de alero que sostienen columnas con sus capiteles, talladas asimismo en la roca blanca. La mayor parte de las tumbas consisten en una sala única con un nicho profundo donde antes estaba la estatua del muerto.

Las paredes están cubiertas de pinturas que representan escenas de la vida de la época. Los colores estaban muy frescos cuando se descubrieron, pero desde que los guías conducen a los viajeros alumbrando con antorchas, están ennegrecidos por el humo.

La mayor parte de las tumbas subterráneas fueron hechas en tiempos de la XVIII  dinastía, en las montañas al occidente de Tebas.

En el espacio de una legua, la montaña está agujereada de arriba a abajo, a veces hasta cien metros de altura, por galerías tan hondas y estrechas que los griegos las comparaban con tubos de flauta y las llamaban siringas, flautas.

Se conocen veinticinco que son tumbas de reyes. Hay centenares de otras, sin contar aquellas cuya entrada no ha podido hallarse.

Da acceso a la tumba subterránea una puerta abierta en la roca. Comúnmente ha sido tapiada con piedras y arena para impedir que se viniera a turbar el reposo del muerto.

La galería principal se introduce en pendiente por la montaña hasta los 60 u 80 metros (la de la tumba de Ramsés III tiene 125 metros de larga).

Termina en la cámara donde estaba el sarcófago del muerto.

Las paredes y el techo están frecuentemente adornados, todo a lo largo, con relieves y pinturas. Todo ese enorme trabajo fue hecho a la luz de las antorchas, y estaba destinado a no ser visto nunca más que por el alma del rey muerto.

Se habían imaginado toda clase de procedimientos para despistar a los cuirosos o a los ladrones.

El explorador que descubrió la tumba de Seti I encontró primeramente una escalera y un pasillo, y luego otra escalera y otro pasillo.

Llegó a una cámara pequeña que terminaba en un pozo ancho y profundo, mandó que le bajaran y no descubrió ninguna abertura.

Pero por encima del pozo había una viga, y al otro lado del pozo el explorador vio un agujero practicado en una pared cubierta de pintura.

Por aquella viga y aquel agujero habían pasado los profanadores que descubrieron el secreto. En efecto, el agujero daba acceso a una nueva serie de pasillos y de salas, algunas de las cuales habían sido tapiadas.

Se llegaba ai fin a una cámara donde había un sarcófago de alabastro. Este sarcófago no era quizá todavía el verdadero, porque el suelo por debajo sonaba a hueco, y haciendo un agujero se encontró la entrada de una escalera, que llevaba a un pasillo que bajaba rápidamente.

No fue posible seguirle más que unos cuarenta metros, porque el resto estaba obstruido por un derrumbamiento.

ESTATUAS

Hubo en Egipto escultores muy hábiles. No sabemos sus nombres, pero podemos juzgarles por sus obras.

En las tumbas de los alrededores de Memfis se han encontrado muchas estatuas de piedra o de madera que son evidentemente retratos del muerto.

Las más antiguas, las estatuas de piedra del sacerdote Sepa y de su mujer Nesa, que datan probablemente de los primeros tiempos de la IIIa dinastía, están todavía algo mal hechas, pero las estatuas de piedra de Ra-ho-tep, general de infantería, y de Nefert, su mujer o su hermana, que son de los últimos tiempos de la IIIa dinastía, resultan notables por la gracia del cuerpo y la belleza de los rostros.

De todas las estatuas egipcias hasta el presente conocidas las dos más animadas pertenecen a la época de la Va o la VIa dinastía. Una, de madera, que está en el museo del Cairo, representa a un hombre de pie con un bastón en la mano.

Tiene la cara redonda y sonriente, y parece que mira al que le contempla.

Se la ha llamado el Cheik-el-Beled.

La otra está en el museo del Louvre. Es un escriba sentado en el suelo con un papiro encima de las piernas y una caña en la mano, en disposición de escribir. El rostro delgado y enjuto parece vivo.

Los ojos están hechos con un pedazo de cuarzo blanco en el cual se ha puesto una niña de cristal y en medio un botoncito metálico. Las cejas y los párpados están imitados con una lámina de bronce.

Se han encontrado también muchas graciosas estatuas que representan mujeres amasando la harina para hacer pan.

Desde los tiempos más antiguos, los egipcios han hecho estatuas de dioses o de reyes. Para indicar que eran superiores a los demás hombres, los representaban con estatura de gigante. Son asas estatuas gigantescas que se llaman colosos. La esfinge, por ejemplo, es un coloso de dios.

Por lo común, los colosos más antiguos han sido rotos. Esto ha ocurrido a la estatua célebre de Memnón. Sobre todo en Tebas, y a partir de la XVIII  dinastía, los reyes han tenido afición a los colosos. Los han colocado delante de todos los grandes templos, a ambos lados de la puerta de entrada, los han puesto en

los patios. En Luqsor se han sacado los restos de diez de ellos. Estos colosos representan casi todos a un rey sentado y con vestidura sagrada, ambas manos apoyadas en las piernas y la cara sin expresión.

El más grande tiene 20 metros de altura y son de piedra muy dura y pulimentada.

Los escultores no tenían para tallarlos más que instrumentos de bronce y de piedra, lo cual hacía el trabajo penoso y muy largo y les obligaba a dar a sus estatuas formas redondeadas y un tanto pesadas.

PINTURA

Los egipcios cubrieron de pinturas sus monumentos y sus momias, pero jamás hicieron nada parecido a nuestros cuadros modernos. Sus pinturas no eran más que dibujos iluminados.

Se hacían con pincel y los colores se desleían en agua y una especie de goma. Eran muy brillantes, y aun cuando cuentan tres o cuatro mil años, se han conservado muy frescos.

ESCRITURA EGIPCIA

Desde los tiempos más remotos, los egipcios sabían escribir. Ignoramos cuándo habían aprendido a hacerlo. (Ver: Historia de la Escritura)

Su escritura consistió primeramente en la representación de los objetos mismos que se quería designar, y así, para escribir hombre, se dibujaba un hombre; para significar pájaro, se hacía un pájaro. Por esto la mayor parte de los signos egipcios son pequeños dibujos y representan hombres, instrumentos, ojos, gavilanes, ibis, gansos, cabezas de animales, etc.

Estos signos se conservaron para las inscripciones de los monumentos, que se grababan cuidadosamente, y se llaman jeroglíficos. Pero variaron de significación, y en vez de representar las palabras que expresan, no significaron más que la primera letra o la primera sílaba.

Un gavilán significa E, un león echado L, un ganso S. Pero hay varios signos que designan la misma letra y muchos otros que han seguido significando, no una letra, sino una palabra entera.

La escritura se compone de varios centenares de signos y es bastante difícil de descifrar.

Y como cada signo estaba completamente separado de los demás, se podía escribir indiferentemente de izquierda a derecha o de derecha a izquierda.

Se empleaba mucho tiempo para dibujar los jeroglíficos, y así, cuando los egipcios necesitaron escribir de prisa transformaron los signos de modo que resultaran más sencillos.

De esta suerte se formó la escritura hierática. se escribía en papiro con una caña cortada y entintada, de derecha a izquierda.

Después de la XXI dinastía se inventó otra escritura, más sencilla aún, para los libros de comercio, escritura que se llama demótica. Era más fácil de escribir, pero más difícil de descifrar.

Fuente Consultada: Tomo I de Enciclopedia Historia Universal Ilustrada de Charles Seignobos – Editorial Publinter Bs.As. Entrada: Historia de Egipto

Religion de los Egipcios Culto a los Muertos Dios Osiris Rha

Religión de los Egipcios Culto a los Muertos
Dios Osiris Rha

«Egipto es un regalo del Nilo»
   Herodoto

LA RELIGIÓN DE LOS EGIPCIOS: En sus comienzos el pueblo egipcio fue monoteísta, es decir adorador de un dios único. Al mismo tiempo, cada “nomo” reverenciaba un animal o una planta, que venía a ser el emblema de la tribu y por medio del cual se creían ligados a la divinidad.

Pero con el. transcurso del tiempo el pueblo fue adorando estos emblemas o “totems”, de modo que a principios del Imperio Tinita, en Egipto reinaba el más grosero politeísmo: leones, cocodrilos, bueyes, gavilanes, gatos, chacales, escarabajos, y hasta ciertas hortalizas fueron adorados y considerados como encarnaciones de la divinidad. Así Herodoto pudo afirmar que los egipcios eran el pueblo más religioso del mundo. “Hasta en sus huertos y granjas les nacen dioses”, afirmaba con ironía.

Entre todos estos dioses, el más popular y de culto más extendido, fue sin duda alguna el Buey Apis, a quien se suponía encarnación de Osiris.

Para poder ser elegido, este buey debía ser negro, con ciertas manchas blancas en la cabeza, en el lomo y en la lengua, semejantes a escarabajos o alas de águila. Cuando aparecía un animal con estas características, todo Egipto vibraba de entusiasmo: era Osiris que bajaba .a la tierra a proteger a su pueblo. Se trasladaba al buey en una barca dorada, y se lo instalaba en el Templo Nacional de Menfis, rodeado de una brillantísima corte de sacerdotes.

En los días más solemnes se lo exponía a la veneración pública, y de todo Egipto acudía el pueblo a rendirle adoración. El Buey Apis no podía pasar de los 25 años. Llegado a esa edad, era ahogado con perfumes en una fuente sagrada. Luego se lo embalsamaba y se lo sepultaba en el “Serapeum” o tumba de los dioses. A partir de entonces, todo Egipto quedaba sumido en luto hasta la aparición de otro Buey Apis.

Las clases superiores egipcias continuaron siempre siendo monoteístas. Adoraban a un Ser Supremo, el Sol, creador dé todas las cosas, y que recibía distintos nombres según la ciudad: Amón, Rha y Ptah, en Abidos, Menfis y Tebas, respectivamente.. Pero para el pueblo, eran dioses distintos y hasta rivales. La creencia popular los imaginaba viviendo en familia, con una mujer y un hijo, formando así las “tríadas” trinidades de dioses.

En Tebas, esta trinidad estaba formada por Amón, Muth y Chons.

En Menfis, se llamaba Ptah, Seket e Imuthes.

En Abidos, la formaban Osiris, Isis y Horus.

Esta última trinidad fue la más popular y su culto se extendió por todo Egipto.

Mito de Osiris: Cuentan las antiguas leyendas que Osiris, sabio rey de Egipto, fue asesinado por su hermano Seth, rey de las Tinieblas. Isis, esposa de Osiris, logra recoger sus restos, llora copiosamente sobre ellos y encarga a su hijo Horus que vengue su muerte. Tras un rudo combate, Seth es derrotado y encadenado en el desierto, mientras Osiris resucita y recobra el poder de manos de su hijo.

En este mito, Osiris personifica al Sol que cada día es vencido por Seth, el dios de la noche. Isis es la diosa del Nilo y con sus llantos provoca las crecientes periódicas. Horus es el Amanecer que vence a la Noche y sólo se inclina ante el Sol, su padre. Esta leyenda que proporcionaba a los egipcios una explicación mítica sobre la sucesión de los días y de las noches, así como a las periódicas crecientes del Nilo, era recordada anualmente en todo el país con solemnísimas fiestas.

Culto a los Muertos: Los egipcios creían en la inmortalidad del alma así corno en la eternidad de las recompensas y castigos de la otra vida. Suponían que el alma, apenas salida del cuerpo se presentaba ante Osiris y su Tribunal integrado por 42 jueces, y allí rendía un examen sobre su vida, de acuerdo a un formulario contenid9 en el “Libro, de los Muertos”. En caso de aprobar su examen, viviría eternamente junto al dios. En caso contrario sufriría tormentos eternos.

Por ello todo egipcio se preocupaba por aprender de, memoria su defensa ante el Supremo Tribunal: las fórmulas sagradas eran depositadas junto al cadáver, e incluso se las recordaba leyéndoselas al oído durante los funerales.

Pero al mismo tiempo creían que el alma sólo podía descansar en paz si el cuerpo se conservaba en la sepultura. De modo que para evitar la destrucción de los cadáveres, procedían a su embalsamamiento.

En ello adquirieron los egipcios una gran pericia y maestría y sus secretos aún nos son desconocidos. Los embalsamadores formaban una clase social separada de las demás, va que se los consideraba  impuros, aunque sus servicios eran necesarios.

Los embalsamamientos eran de diversas clases, según la fortuna de los interesados, Los más costosos consistían en la extracción del cerebro mediante ganchos que se introducían por la nariz; las vísceras eran quitadas mediante cortes practicados en el abdomen. Luego se rellenaban el cráneo y el vientre con sustancias aromáticas de composición secreta, se practicaban las costuras necesarias y se colocaba el cadáver en sal durante 60 días. A continuación y ya casi momificado, se lo lavaba y fajaba con telas engomadas y se lo depositaba en un doble ataúd de madera ricamente adornado con pinturas y jeroglíficos y en cuya superficie se reproducía la cara del difunto. Así era entregada a la familia para proceder a su sepelio.

Este método de embalsamamiento, así como también otros menos caros y más simples, han sido muy eficaces para conservar basta nuestros días las numerosas momias egipcias que se hallan expuestas en los diversos museos del mundo.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

LOS ANTIGUOS EGIPCIOS tenían centenares de divinidades, la mayoría de ellas representadas por animales. Muchas eran deidades locales, y cada uno de los 42 distritos egipcios tenía un dios propio.

EL DIOS DEL SOL El más importante era el dios del sol, rey de los dioses. Cobraba diversas formas y tenía diferentes nombres. Como Amón-Ra tenía forma humana y protegía al faraón durante la batalla. Como Ra-Harakhíi era un gran halcón en pleno vuelo. Era el dios creador del mundo, los animales y los hombres, y cuidaba la fertilidad del suelo.

OTROS DIOSES MAYORES
Cada uno de los dioses presidía un aspecto particular de la vida. Thot, con su cabeza de ibis, era el dios de la sabiduría; Khnum, con su cabeza de carnero, controlaba las inundaciones del Nüo.

CULTO A LOS GRANDES DIOSES
Una poderosa casta sacerdotal adoraba a los grandes dioses en el interior de templos monumentales. Se hacían sacrificios de animales y les ofrecían alimentos de todas clases, que consumían los sacerdotes si los dioses los rechazaban.

DIOSES MENORES También había dioses populares, cuyas imágenes moraban en las casas del pueblo. Estas deidades tenían relación con la vida cotidiana. Por ejemplo, Bes, el de cabeza de león, era el dios de la familia, mientras que Taweret, representada por una hipopótama preñada, era la protectora del parto.

Ver: Crisis de la Religión Egipcia

La Cultura y el Arte del Pueblo Egipcio Historia de Egipto Clases

La Cultura y el Arte del Pueblo Egipcio
Historia de Egipto Clases

«Egipto es un regalo del Nilo»
   Herodoto

LA CULTURA EGIPCIA: En medio de todas las vicisitudes de su historia, Egipto sufrió las inevitables consecuencias del dominio de los extranjeros. Pero ellos, a su vez, recibieron con agrado el influjo de la gran civilización egipcia. Los sucesivos conquistadores del Nilo —asirios, persas, griegos y romanos— asimilaron sus adelantos, principalmente científicos, incorporándolos a sus respectivas culturas.

El régimen de gobierno egipcio era:

Monárquico: el rey se llamaba Faraón» (de far àa, Gran Señor) y su poder era hereditario.

Teocrático: era considerado dios, hijo y encarnación de Rha, el dios sol. Tanto en vida como a su muerte, se le rendían honores divinos. Una muy numerosa e influyente casta sacerdotal rodeaba al faraón y lo asesoraba en sus funciones religiosas y de gobierno.

Absoluto: El faraón detentaba la suma autoridad. Todos los funcionarios del país no eran sino sus representantes y ciegos ejecutores de sus órdenes.

La vida del faraón transcurría en un suntuoso palacio rodeado de una numerosísima corte y llevando una existencia totalmente regida por un severo ceremonial, En los días de mayor solemnidad se mostraba al pueblo en medio de su más brillante pompa.

Justicia: Era ejercida en nombre del faraón por un Supremo Tribunal de 30 sacerdotes jefes de las comunidades religiosas de Tebas y Menfis y de acuerdo a códigos secretos, sólo conocidos de los jueces. Las sentencias, en general justas y benignas; consistían en multas, prisión, azotes, amputaciones y hasta pena de muerte. Los principales delitos perseguidos eran el homicidio, la calumnia, la falsificación y el adulterio. Las leyes contra los ladrones eran muy benignas, y por temor a la venganza de los bandidos y violadores de tumbas, sólo se pronunciaba contra estos últimos, sentencia de castigos morales.

Clases Sociales: Aunque en Egipto no existían las castas que encontramos en otros pueblos, había con todo, grandes diferencias sociales. Una minoría de la población constituía la Clase alta, la cual estaba compuesta de: Nobles, emparentados con los faraones y gobernantes.

Sacerdotes: de gran prestigio y autoridad, pues poseían los secretos de la ciencia, y eran además los administradores de las inmensas riquezas de los templos. En ciertas épocas se constituyeron en los verdaderos gobernantes del país.

Militares: aunque los egipcios carecían de espíritu guerrero, debieron organizar y mantener potentes ejércitos para defenderse de los vecinos. Los jefes del ejército participaban de todos los privilegios de los nobles.

 Escribas: constituían una muy importante categoría de funcionarios. Como conocían los secretos de la escritura, eran los agentes indispensables para asegurar el trabajo del pueblo: ejercían el comercio, cobraban los impuestos, vigilaban las construcciones y en general estaban al frente de toda la vida del país. Las pinturas nos representan a los escribas casi siempre ayudados en sus funciones por una turba de esclavos negros armados de látigos y azotes.

La Clase Inferior estaba compuesta por los artesanos, mercaderes y pastores. Una categoría aún más baja lá formaban los esclavos; casi un tercio de la población componían esta clase, por ser extranjeros, o prisioneros, o en castigo de deudas.

Caracteres Populares: Las pinturas murales nos indican que los antiguos egipcios eran altos, esbeltos, de hombros anchos y miembros finos y largos. La expresión de su fisonomía dulce y bondadosa nos revela su carácter pacifico y muy inclinados a la religiosidad y a la vida hogareña.

Sus costumbres eran sencillas y frugales. Los hombres de elevada condición vestían una túnica de lino de anchas mangas y con orlas teñidas. El pueblo se contentaba con una tela ceñida a la cintura y que llegaba basta la rodilla. Las mujeres usaban largas faldas estrechas y sostenidas con breteles. Tanto los hombres como las mujeres se pintaban los párpados y contornos de los ojos con antimonio para evitar la irritación producida por la excesiva reverberación solar.

La Educación en Egipto Antiguo Función de los Sacerdotes y Escribas

La Educación en Egipto Antiguo
Los Sacerdotes y Escribas

«Egipto es un regalo del Nilo»
   Herodoto

EL PUEBLO: El origen del pueblo egipcio se remonta a la prehistoria. Probablemente los primeros hombres llegados al valle del Nilo fueron pastores de raza camita, de piel morena, venidos de Libia y de Numidia hacia el año 6.000 a.C.

A ellos se agregaron otras tribus camitas, de piel negra, venidos de Abisinia. Posteriormente llegaron de Arabia tribus semitas, de piel blanca. La fusión y mezcla de estas tres razas constituyó el pueblo egipcio.

Estos primeros habitantes eran nómadas, y vivían agrupados en clanes, es decir, grupos de personas descendientes de un mismo antepasado. Una vez radicados definitivamente a orillas del Nilo, y ante la necesidad de organizarse para el mejor aprovechamiento del río, se reunieron varios clanes vecinos constituyendo principados independientes llamados «nomos”. Estos pequeños Estados fueron confederándose a su vez, y se formaron así los dos reinos del Alto y del Bajo Egipto.

En 525 antes de Cristo, Cambises se apoderó del imperio e hizo de él una provincia persa. Conquistado el Egipto en 332 a. C. por Alejandro, fundó éste la dinastía de los Ptolomeos, cuya corte residía en la ciudad de Alejandría, que llegó a ser el centro cultural del mundo mediterráneo. Augusto convirtió a Egipto en provincia romana, algunos años antes de nuestra era, y en el siglo vii fue invadido y conquistado por los sarracenos.

Rasgos dominantes. — El sentimiento religioso llegó a informar la ideología y las costumbres egipcias. Su influencia invadía todo: las letras, el gobierno, el arte y sobre todo la moral. Las doctrinas eran expuestas en los Libros Herméticos, especie de enciclopedia de todos los conocimientos, siete de los cuales se referían a la educación. Se sostenía que su autor era el dios Thot, el Hermes o Mercurio de los griegos.

El faraón era la encarnación de un dios, la prosperidad del Egipto dependía de su salud y por él rogaba diariamente todo el pueblo. Sus principales colaboradores eran los sacerdotes, casta rica, privilegiada y poderosa, celosos depositarios y únicos conocedores de la misteriosa ciencia de lo divino y de lo humano. Además de estos altos dignatarios, había multitud de ocupaciones inferiores: cantores, escribas, escultores, etcétera. Les seguían los funcionarios del Estado, los señores o terratenientes y los artesanos y esclavos. Los egipcios constituían un pueblo dotado de natural bondad. No encontramos en su historia la crueldad característica de los pueblos asiáticos.

Vida de los Egipcios Arte, Religion y Cultura de Egipto Resumen

Durante quince o veinte siglos, los egipcios vivieron agrupados en nomos, cada uno de los cuales veneraba un tótem o animal sagrado. Unos 3000 años antes de Cristo se realizó la unificación, centralizándose el poder en el faraón.

LA EDUCACIÓN EN EGIPTO ANTIGUO

Enseñanza elemental. — Egipto dio gran importancia a la educación. «Da tu corazón a la sabiduría, y ámala como a una madre, pues nada hay tan precioso como el saber», dice un proverbio. La educación se iniciaba en el hogar. La madre narraba cuentos a sus hijos, los instruía en los ritos religiosos y los hacía partícipes del conocimiento moral. Las madres de alto rango confiaban sus hijos a nodrizas que pasaban a ser, por ello, un miembro más de la familia.

La primera enseñanza era impartida por sacerdotes en casas de instrucción que funcionaban junto a los templos. Un gran sacerdote, especie de ministro de Educación, que se denominaba jefe de los establecimientos reales de instrucción, tenía la dirección de las escuelas. El método consistía, en dictar, o en hacer copiar, textos grabados en las paredes. Entre las ruinas de una escuela encontraron gran número de conchillas sobre las cuales se puede leer la lección del maestro. Igualmente poseemos cuadernos que datan del Nuevo Imperio (siglo V a. C.) en cuyos márgenes pueden observarse correcciones del profesor.

La enseñanza de la escritura consistía en copiar con el cálamo (caña) sobre tabletas de madera recubiertas de una ligera capa de estuco blanco o rojo. En las clases superiores, el estudiante podía emplear papiro. La mayor parte de los temas de composición literaria eran de carácter comercial. La nota dominante de la escuela era la disciplina. Dice un manuscrito: «Los jóvenes tienen espalda, y escuchan cuando se les azota». Un alumno escribe a su antiguo maestro: «Me habéis golpeado las espaldas y vuestras enseñanzas han penetrado en mis oídos».

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Enseñanza superior. — La enseñanza superior tenía un carácter técnico y profesional. Diríase que en Egipto tuvo lugar un principio de especialización; los escribas, arquitectos, ingenieros, médicos, sacerdotes, recibían una formación acorde con las exigencias de su profesión futura.

Junto a la administración del tesoro público existían escuelas de escribas. Éstos, colaboraban con el faraón y con los gobernantes de provincia en el mantenimiento del orden público, en la aplicación de las leyes, en examinar las estadísticas, en estudiar las perspectivas de la cosecha, las contribuciones necesarias para las obras públicas, etcétera.

La profesión de escriba era muy codiciada. «Hazte escriba, y lograrás honores y fortuna; el oficio de escriba aventaja a todos los demás oficios», rezaba una máxima.

La regulación de la agricultura debida a las inundaciones periódicas del Nilo, impuso observaciones metódicas para establecer .los períodos, y así nacieron la astronomía, las matemáticas y la geometría; los estudios hidráulicos para regadíos y represas, impulsaron la ingeniería, necesaria para construir canales y diques. Los astrónomos trazaron los mapas de las constelaciones y calcularon el ano de 365 días. Los arquitectos planearon construcciones a la vez sencillas y grandiosas. Algunos de sus monumentos constituyen la admiración del mundo entero.

Los sacerdotes estudiaban todas las ciencias y asombraban por sus prácticas mágicas. Sus conocimientos eran tan vastos, que Platón, antiguo discípulo de sus escuelas, decía a sus compatriotas: «¡Ah, griegos, comparándonos no somos más que unos niños!» De todas partes iba gente a Egipto para consultar a sus sabios, y los hombres más ilustres se gloriaban de haber sido discípulos de los egipcios. Fueron célebres las escuelas de Menfis, Tebas y Heliópolis.
Lo más notable de esta civilización fue el arte. Las casas estaban tan ornamentadas con decoraciones pictóricas como los templos. Su estatuaria era rica en obras maestras. Las artes menores alcanzaron gran desarrollo. La tapicería, el mobiliario, la joyería que ha llegado a nosotros es abundante. El aprendizaje se hacía seguramente en los talleres de los maestros del arte, siguiendo ciertas normas o cánones determinados. Una vez terminada la labor, se distraían ejecutando música en las arpas, sistros, flautas y liras. Los templos, los palacios y los regimientos militares contaban con orquestas o coros.

En síntesis: en la educación egipcia podemos destacar su preocupación por la formación moral de los jóvenes y el interés demostrado por el cultivo de la ciencia. Es peculiar su sentido aristocrático, el monopolio de la cultura ejercido por los sacerdotes y el abandono de la educación femenina. La educación superior, más accesible en este país que en otros, produjo hombres eminentes en todos los dominios de la ciencia. La influencia de la cultura egipcia se dejó sentir principalmente entre los hebreos, los fenicios y los griegos, y esa influencia alcanza hasta el siglo IV después de Cristo. |

ALGO SOBRE SU HISTORIA POLÍTICA:
Posteriormente, con la unificación de ambos reinos, comienza la historia de Egipto, la cual se desarrolla en los siguientes períodos:

• Imperio TINITA: El autor de  esta unificación es el caudillo militar Menes. Hacia el año — 3.500 proclama Faraón de todo el Egipto y se corona con el Pchent, combinación formada con la corona blanca del Sur, y la roja del Norte. Establece la capital del país en Tinis y da comienzo a la 1ra. dinastía. Durante su reinado y el de sus sucesores, Egipto consolida su unidad y se organiza políticamente.

• Imperio MENFITA. Hacia el año 3.000, el faraón Zezer fundador de la 3ra. dinastía, traslada la capital a Menfis y da comienzo a un período de gran esplendor. El poderío de Egipto comienza a expandirse hacia los países vecinos. Es también la época de las construcciones monumentales: los monarcas de la 4° dinastía, Keops, Kefrén, y Micerinos perpetúan su memoria con la construcción de las Grandes Pirámides y la Esfinge de Gizeh.

Con todo, con los faraones de la 9° y 10° dinastías sobrevienen las primeras invasiones extranjeras de tribus libias, provocando un período de anarquía militar.

• Antiguo Imperio TEBANO. Ante la naciente decadencia, príncipes tebanos se sublevan, y hacia, el año — 2.100, logran apropiarse del poder. Trasladan la capital a Tebas y dan comienzo a un período de reorganización y fortalecimiento bajo los faraones de las dinastías, el faraón Amenemat III manda cavar el lago artificial Meris, y ordena la construcción del Laberinto, de los Colosos de Memnón y del Serapeum. Lamentablemente este progreso fue detenido por un grave acontecimiento.

Hacia el año -1700 un conglomerado de feroces guerreros avanza desde el Asia Menor y sojuzga a Egipto por 200 años. Los egipcios los denominaron despectivamente “hicsos”, es decir, reyes pastores, por su primitiva condición de nómadas. Eran tribus semitas provenientes de la Mesopotamia, y expulsados de allí por las gigantescas invasiones arias del 2° milenio antes de Cristo y que se estudiarán más adelante. Traían consigo caballos y armas de hierro, y con estos elementos desconocidos hasta entonces en Egipto,. pronto dominaron lodo el país. Las inscripciones egipcias, aún nos hablan de su rapiña y ferocidad.

• Durante el dominio de los hicsos se establecieron en Egipto numerosas tribus extranjeras, y entre ellas llegan Jacob con sus hijos —semitas ellos también—, los cuales al poco tiempo constituirán la prolífica nación hebrea.

Nuevo Imperio TEBANO. La nobleza egipcia que había soportado de mala gana el dominio de los hicsos promovió una sublevación sangrienta. Hacia el año -1.500, príncipes tebanos logran expulsar a los invasores e inician el período de mayor esplendor y predominio egipcio. Durante 4 siglos Egipto será el país más poderoso del mundo. Entre todos los faraones de las tres únicas dinastías que se suceden en el trono durante esta etapa, merecen destacarse:

Tutmés I: expulsa definitivamente a los hicsos y lleva las fronteras de Egipto hasta la Siria.

Hachepsut: su hija, gobernó el país durante 20 años con mano de hierro. A ella se debe igualmente la construcción de grandiosos templos.

Tutmés III: su esposo y sucesor. Se lo ha apodado el “Napoleón egipcio”. Emprendió 17 campañas extendiendo su dominio hasta el Éufrates, y por el sur hasta Abisinia.

Amenofis III: “el Magnífico”: monarca refinado, amante de las fastuosas obras. A él se deben maravillosas construcciones de Lucor y Karnaks. Durante su gobierno el culto a Amón logra el apogeo de la opulencia.

Amenofis IV: disgustado por los excesos religiosos anteriores prohíbe la  adoración de los ídolos. Aconsejado por su esposa la reina Nefertiti, implanta en Egipto el monoteísmo, con la adoración a Atón, el dios sol. Por sus ideas espiritualistas se lo ha considerado “el genio más notable entre los orientales”.

Tutankamón: su yerno y sucesor, joven de 22 años, destruyó la obra de su suegro restableciendo los antiguos cultos. Se ha hecho célebre por haberse hallado intacto su sarcófago rodeado de innumerables riquezas, en el año 1922.

Ramsés II: fue el más glorioso de todos los faraones. Reinó 67 años y bajo su mando Egipto logró el más alto apogeo de su historia. Todos los países del Cercano Oriente y del Este africano eran sus aliados o le rendían vasallaje. No hay ciudad en el país que no posea monumentos en memoria de sus victorias. Sin embargo, se supone que no le pertenecen todas las obras que se le atribuyen, sino que deben repartirse con varios otros reyes anteriores.

A su muerte, sus sucesores denominados “los ramesidas” no logran conservar el gran poderío alcanzado.

Imperio SAITA: decadencia y dominación extranjera. La gran prosperidad alcanzada por Egipto le atrajo numerosas expediciones de pueblos vecinos ávidos de conquista. Primeramente fueron los aqueos y otros pueblos del Asia Menor a los que se llamaba “Pueblos del Mar”. Ramsés III logró finalmente rechazarlos pero a costa de grandes pérdidas. Poco después se desata la anarquía entre los jefes militares y los etíopes penetran por el sur del país apoderándose de una parte del territorio.

Aprovechando este desorden, Asaradón, rey de Asiria, logra invadir y dominar todo Egipto. Poco después, el faraón Psamético I consigue expulsar a los asirios e inicia un último y corto período de esplendor. Su hijo Necao II continuó su obra, y relacionándose con griegos y fenicios, dio un gran impulso al comercio.

 Además, comenzó la construcción de un canal que debía unir el Nilo con el Mar Rojo; en la ejecución de esta obra, marinos fenicios partiendo del Mar Rojo llegaron a la desembocadura del Nilo, luego de costear todo el continente africano. Sin embargo, no logró este joven faraón mantener el poderío egipcio. En el año — 605 Nabucodonosor, rey de Babilonia, lo derrota y se apodera de una parte del país.

Finalmente, bajo el faraón Psamético III, los persas, al mando de Cambises, hijo del gran rey Ciro, concluyeron con la independencia de Egipto, en el año -525. Durante más de dos siglos Egipto perteneció a Persia. En el año – 333, Alejandro Magno penetra en el Valle del Nilo, anexa el país a su imperio, y funda Alejandría, su nueva capital.

A su muerte, uno de sus lugartenientes el general Ptolomeo, inicia su célebre dinastía, durante la cual Alejandría convirtiéndose en el centro de la cultura de todo el Oriente. El faraón Ptolomeo XIII interviene en las luchas civiles de Roma, y al declararse enemigo de Julio César, es destituido y reemplazado por su hermana Cleopatra. Casada poco después esta reina con Antonio, el héroe romano, entran en conflicto con Octavio Augusto, quien los derrota en el año — 39 en la célebre batalla de Accio. Desde entonces Egipto se convirtió definitivamente en Provincia Romana.