Williams Bartram

Científicos y Avances de la Ciencia en el Siglo XVIII

Científicos y Avances de la Ciencia en el Siglo XVIII

Juegos de sociedad para personas inteligentes: así eran considerados, todavía en el siglo XVIII, los experimentos sobre los fenómenos de la electricidad, que, por cierto, no existian prever muy extraordinarios progresos en esta rama de la ciencia. La electricidad aparecía como un hecho extraño, curioso, un poco peligroso y un tanto divertido, pero por completo carente de aplicación práctica de ninguna especie. Correspondió a dos ilustres estudiosos de la generación de sabios e investigadores del siglo XVIII la tarea de cambiar radicalmente este modo de pensar y de crear interés en torno de los estudios relativos a la electricidad: tales fueron Luis Galvani y Alejandro Volta.

Galvani experimentos
Galvani Luigi
Volta Alessandro
Volta Alessandro

Galvani y Volta son dos nombres que siempre aparecen unidos, porque no es posible hablar de la obra del uno sin hacer referencia a la del otro. Lo cual no quiere decir que estuvieran siempre de acuerdo en la exposición de sus principios; antes bien, como suele suceder en todas las ramas de las ciencias cuando comienzan a dilucidarse, surgieron entre ambos notorias diferencias de opiniones, que se manifestaron en la publicación de escritos y libros referentes al mismo tema.

De más está decir que ante la discrepancia de juicios, supieron mantener el alto nivel que corresponde a la jerarquía de la ciencia y a la caballerosidad de los que fueron sus máximos exponentes.

La máquina de vapor: Los primeros telares mecánicos eran grandes y pesados, y requerían de una gran fuerza energética para hacerlos funcionar, por lo que continuó la búsqueda de un mecanismo para producir energía por medio del vapor. Este invento lo debemos a James Watt.

Después de trece años de experimentar, Watt consiguió fabricar una máquina movida por energía que liberaba una corriente continua de vapor de agua.

Antes de comenzar el siglo XIX se habían construido ya como quinientas   máquinas   en   los talleres. Este invento transformó en pocos años las formas de trabajo, y es considerado como uno de los inventos más trascedentales de la historia humana. Por otra parte, al ser aplicado al transporte se experimentó también una impactante  transformación, pues aparecieron el ferrocarril y el  barco de vapor.

El ferrocarril: El concepto moderno de ferrocarril  aparece como resultado de la combinación de dos elementos: los raíles utilizados en las explotaciones mineras y la máquina de vapor. En las minas de carbón se utilizaban desde el siglo xvi carriles o vigas de madera para el transporte en vagonetas de carbón desde la bocamina al río más próximo. Desde la segunda mitad del siglo XVIII, estos carriles son sustituidos por raíles de hierro (de ahí su denominación de «ferrocarriles»).

Posteriormente, los ferrocarriles son empleados en el tráfico de viajeros, aunque la fuerza de tracción continúa siendo animal (caballos). Esta alternativa no sólo era menos costosa, sino que permitía desplazamientos más rápidos que los efectuados por carretera.

En cuanto al segundo aspecto, en el último cuarto del siglo XVIII  ya era conocida la ¡dea de aplicar la caldera de vapor a una máquina de transporte autopropulsada (locomotora). La primera experiencia es la realizada por un francés, Joseph Cugnot, que en 1769 logra crear un automóvil a vapor que alcanzará una velocidad muy limitada, de tan sólo 4 o 5 km/h. En 1803, Richard Trevi-thick inventa un carruaje movido por vapor, pero tras una experiencia práctica se da cuenta de que las carreteras no estaban adaptadas a este nuevo medio de locomoción.

La revolución agraria: En el siglo XVIII la agricultura inglesa comenzó a manifestar unas transformaciones más de índole social que técnica que se conocen con el nombre de «revolución agraria». En el siglo siguiente, algunos de estos cambios se extenderán por Europa. Esta revolución afecta a dos campos claramente diferenciados:
Nuevas técnicas de producción y sistemas de cultivo. Las innovaciones técnicas son prácticamente irrelevantes hasta mediados del siglo xix, por lo que durante todo el siglo xvm los avances se limitan a racionalizar las técnicas arcaicas vigentes en Gran Bretaña.

Nuevo ordenamiento jurídico y redistribución de la propiedad agraria. La burguesía europea, en ascenso, desea acceder a la propiedad de la tierra en sustitución de la nobleza absentista, y esta aspiración empieza a materializarse con el inicio de una oleada de revoluciones liberales desde finales del siglo xvm y principios del siglo siguiente, cuando la burguesía revolucionaria en el poder liquida un régimen señorial en decadencia mediante la supresión de los vestigios arcaicos. Así, la propiedad de la tierra será transferida en una gran proporción desde los estamentos privilegiados a la burguesía.

En 1796, Edward Jenner, un físico inglés, inoculó el pus de una pústula de viruela a un niño como protección contra la enfermedad. El experimento tuvo un éxito notable: incluso después de exponer el paciente a la viruela, no aparecieron síntomas. Así empezó la vacuna contra enfermedades infecciosas, uno de los Inventos más beneficiosos de ¡a historia. Millones de vidas se han salvado gracias ai amplio uso de la inoculación.

Ya en el siglo XVII se habían estudiado los fenómenos eléctricos, cuando el científico inglés William Gilbert demostró la fuerza de atracción que experimentaban los objetos al friccionarlos. Más tarde, en 1750, el Inventor y político norteamericano Benjamín Franklin desarrolló sus famosos experimentos con los rayos para demostrar que eran electricidad.

Como decíamo antes, muchos científicos trabajaron en la comprensión de la naturaleza de la electricidad y sus propiedades en la última parte del siglo XVIII. El físico Luigi Galvani demostró la presencia de electricidad en la transmisión de señales nerviosas en 1766, a lo que siguió el trabajo del científico Alessandro Volta, que en 1880 creó la primera pila, la pila voltaica, colocando dos barras de metales distintos sumergidos en una solución salina.

Pero fue un aprendiz de encuadernador, Michael Faraday, quien descubrió las propiedades más importantes de la electricidad. Faraday llevó a cabo algunos estudios sobre la naturaleza de la electricidad y, en la década de 1820, construyó el primer motor eléctrico, un aparato que transformaba ¡a energía eléctrica en energía mecánica utilizando la Interacción de la corriente eléctrica y el magnetismo.

Faraday prosiguió sus trabajos sobre la electricidad y descubrió el fenómeno de la inducción electromagnética, o la producción de corriente eléctrica a partir del cambio de un campo magnético. Esto le llevó a construir la primera dinamo en 1831, un aparato que transformaba la energía mecánica en energía eléctrica.

Tanto el diseño del motor eléctrico como el de la dinamo experimentaron mejoras en años posteriores, y el resultado fueron motores más grandes capaces de sustituir el vapor, así como enormes generadores de energía eléctrica. La electricidad transformó la vida como pocas tecnologías lo habían hecho a lo largo de la historia. Antes de acabar el siglo XIX se hizo realidad la existencia de luz eléctrica económica, los tranvías y el uso de la energía eléctrica en la industria.

La electricidad aplicada a la iluminación empezó a principios del siglo XIX. Las primeras lámparas fueron las de arco eléctrico, que utilizaban electrodos de carbón entre los que se colocaba un arco eléctrico para generar luz.

Aunque su manejo era complicado, estas lámparas tuvieron mucho éxito, sobre todo en la iluminación callejera. A mediados de siglo, los científicos experimentaron con el uso de filamentos para la iluminación.

Un inglés, Joseph Swan, utilizó filamentos de carbono e incluso hilos de algodón bañados en ácido para pasar corriente eléctrica y generar luz.

Pero fue el genio norteamericano Edison quien reunión todas estas ¡deas para patentar la primera ampara incandescente. Utilizó una bomba de vacío para crear un casi vacío en una bombilla de vacío equipada con cable de carbono. El vacío era necesario para asegurar la duración del filamento. Swan también probó con filamentos de varios materiales y existe una controversia sobre quién debería realmente considerarse autor de la Invención de la bombilla incandescente.

En 1879, Edison creó la primera lámpara de larga duración con hilo carbonizado, que brillaba de forma continua durante más de dos días. Tras esta demostración, se probaron muchos otros materiales para conseguir filamentos más duraderos.

El primer uso comercial de la lámpara incandescente fue en el buque Columbia en 1880 y, en los años siguientes, las bombillas incandescentes se emplearon en fábricas, tiendas y hogares. SI el ferrocarril había transformado el concepto de distancia para los humanos, la luz artificial en forma de bombillas incandescentes liberó a los humanos del ciclo del día y de la noche en lo que al trabajo se refiere.

En 1907, Franjo Hannaman introdujo las lámparas de filamento de tungsteno, más luminosas y duraderas que las de filamento de carbono. Hasta muy recientemente, la mayoría de bombillas incandescentes utilizaban filamento de tungsteno. En los años siguientes se realizaron varias modificaciones en el diseño, incluyendo otros gases menos frecuentes para aumentar la duración de la bombilla y el uso de un filamento en espiral.

La otra tecnología lumínica, inventada hacia finales de siglo, fueron las lámparas de descarga eléctrica. En 1901 se presentó una lámpara de vapor de mercurio cuyo uso se extendió rápidamente.

El principio básico de las lámparas de descarga eléctrica es el uso de dos electrodos, separados por un gas, para transmitir una corriente eléctrica. En 1910, Georges Claude produjo la primera lámpara de neón, aplicando un alto voltaje a un tubo lleno de gas de neón.

La luz producida era roja y enseguida se desarrolló el potencial comercial de este invento. Las lámparas de neón pronto se utilizaron en vallas publicitarias y carteleras de anuncios en todo el mundo.

la ciencia en el siglo XVIII

1752 – Un médico francés practica la extracción ¡as cataratas a cerca de 200 enfermos,
logrando suración de casi todos los casos.
la ciencia en el siglo XVIII

1761 – Se funda, en Lyón, la primera escuela de veterinaria y se intensifica su estudio.
la ciencia en el siglo XVIII

1767 – Lázaro Spallanzani (1729-1799), italiano, «autoriza definitivamente la teoría de la generación spontánea de los seres vivientes, probando que hasta is Rérmenes nacen también de otros gormónos.
la ciencia en el siglo XVIII

1776 – Como consecuencia de los estudios y escritos de un naturalista alemán, Simón Pallas (1741-1811), nace la historia natural del hombre (etnografía).
la ciencia en el siglo XVIII

1779 – El naturalista inglés Jan lugenhousz demuestra que las funciones respiratorias de los vegetóles son cumplidas por todos los tejidos, y que en las partes verdes, bajo la acción de la luz, se efectúa, además, una labor contraria (función clorofílica).

Fuente Consultada:
Historia de los Inventos Desde la Antiguedad Hasta Nuestros Días – Fullmann
Historia Universal Editorial ESPASA Siglo XXI

 

Descubrimientos de Galileo Galilei Con su Telescopio

Descubrimientos de Galileo Galilei Con su Telescopio

En 1598, el astrónomo italiano Galileo fue juzgado por la Iglesia y la Inquisición por respaldar la teoría de Copérnico. Su sugerencia de que el hombre no era el centro del Universo fue considerada herejía y Galileo fue sometido a juicio en Roma y condenado a arresto domiciliario hasta su muerte en 1642.

Él mismo había realizado numerosos descubrimientos científicos. Entre ellos, había descubierto los satélites de Júpiter y las manchas solares. Galileo se había construido su propio telescopio, perfeccionando un sistema inventado en 1609 por el holandés Hans Lipperhay.

Debatió sus ideas copérnicas con el astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler. Kepler también creía en la teoría de Copérnico e intentaba demostrarla mediante la matemática y la geometría. Además, descubrió que todos los planetas se mueven en órbita alrededor del Sol y que su velocidad de orbitación está relacionada con su distancia del Sol.

Con la construcción del telescopio (1609) y la publicación de El mensajero de los astros (Sidereus Nuncius, 1610), donde presentó una cantidad impresionante de pruebas a favor del heliocentrismo , Galileo Galilei proporcionó a la revolución copernicana el soporte empírico que aún le faltaba. Veamos cuáles fueron sus descubrimientos más importantes.

• Las fases de Venus fueron el argumento de mayor peso a favor del heliocentrismo. Según la antigua doctrina, Venus debía encontrarse siempre interpuesta entre la Tierra y el Sol: en esta situación, sus fases (es decir, sus ciclos de iluminación) debían necesariamente ser dos. Galileo demostró, en cambio, que las fases de Venus son cuatro: un fenómeno explicable sólo en el marco de un planteamiento heliocéntrico.

• Los satélites de Júpiter probaron que en el sistema planetario no todo gira necesariamente alrededor de la Tierra o del Sol; hay también subsistemas rotatorios estructuralmente análogos al sistema solar.

• Las manchas solares aportaron la prueba de la homogeneidad del Universo, al menos por lo que respecta a la materia de la que está compuesto. Merece destacarse que la evidencia de las manchas del Sol, cuya imagen proyectaba Galileo en una pantalla blanca, no produjo por sí misma una inmediata capitulación de sus adversarios.

El jesuita Christoph Scheiner propuso una hipótesis que los epistemólogos contemporáneos definen como hipótesis ad hoc (es decir, una solución parcial para un concreto enigma, capaz de preservar el contenido general de la teoría).

Según el jesuita, las manchas no estarían en el Sol (cuya perfección quedaba así a salvo), sino en el espacio que existe frente a él, y consistiría en enjambres de corpúsculos que giran a su alrededor.

• El extraño aspecto tricorpóreo de Saturno, planeta que Galileo creyó formado por tres cuerpos estrechamente unidos entre sí. Fue Huygens quien descubrió, sólo unos años más tarde, la verdadera naturaleza de Saturno, rodeado de anillos.

• La dimensión desmesurada del cosmos fue demostrada por la invariabilidad de la magnitud visible de las estrellas. Galileo señaló que mientras los planetas, observados por el telescopio, aparecen notablemente más grandes, no sucede lo mismo con las estrellas.

A través de este instrumento se las puede ver privadas del halo luminoso que las circunda, pero no aumentan en nada de magnitud. El científico concluyó correctamente que su distancia es tan grande que la aproximación por medio del telescopio no influye en absoluto en la determinación de su tamaño.

• El telescopio hacía visibles numerosas estrellas no observables a simple vista. Galileo dedujo de ello que éstas debían encontrarse más lejos que las más cercanas y que, por lo tanto, no puede existir el empíreo, aquel último cielo en el que debían estar engastadas las estrellas y que Aristóteles suponía la lógica consecuencia de la doctrina del espacio-lugar. Dedujo también que la Vía Láctea, sobre cuya naturaleza la Antigüedad había tenido siempre grandes desconocimientos, está formada simplemente por un conjunto de innumerables estrellas.

torre de pisa

A pesar de la tradición, parece cierto que Galileo nunca experimentó la caída de los grávidos desde la torre de Pisa. En caída vertical, en efecto, dos grávidos de peso diferente caen con tiempos tan rápidos que no se puede calcular con exactitud las diferencias (y éste era el verdadero problema de Galileo). Que la velocidad de caída de los grávidos no está en relación con el peso, como suponía Aristóteles, puede demostrarse con un experimento mental (una situación imaginaria tan convincente como para que no haga falta reproducirla en la práctica). Imaginemos que desde la torre se arrojan dos suicidas: teniendo el mismo peso, caerán con una velocidad determinada. Pero si durante la caída los dos se abrazan formando un único cuerpo de doble peso, según Aristóteles deberían redoblar la velocidad. Si después se separasen, deberían reducirla hasta la mitad. Basta con imaginar este hecho para comprender que la naturaleza no funciona de este modo.

El telescopio de Galileo
Primer telescopio de GalileoEn este instrumento, los rayos de luz que atraviesan el objetivo (convergente) se dirigen a formar una imagen real del objeto, pero su marcha es interceptada por el ocular (divergente), que forma una imagen virtual y derecha. En la actualidad, se lo fabrica para la observación de espectáculos teatrales o deportivos (binoculares).

Galileo realizó con su telescopio observaciones sumamente importantes para la Astronomía y la ciencia en general. Descubrió los satélites de Júpiter, lo que provocó un extraordinario revuelo, pues no se admitía que hubiera más astros que los visibles a simple vista.

Así relata el sabio italiano la construcción de su telescopio:
«Hace unos 10 meses (era en 1610), llegó a mis oídos la nueva de que cierto holandés (Hans Lippershey) había fabricado un telescopio, con ayuda del cual podían verse distintamente y como si estuviesen cerca los objetos visibles, aun hallándose a gran distancia del ojo del observador, y referíanse algunas pruebas de sus portentosísimas hazañas, creídas por unos y negadas por otros.

De ahí a unos días, recibí la confirmación de la noticia en una carta escrita desde París por Jacques Bedovere, noble francés, la cual me determinó a dedicarme primeramente a indagar el principio del telescopio y luego a meditar en los medios con los que podría yo emular el invento de un aparato semejante. Lo cual logré llevar a efecto de allí a poco, merced a un estudio profundo de la teoría de la refracción.

Y así aparejé un tubo, que al principio era de plomo, en cuyos extremos fijé dos lentes de vidrio, ambas planas por una cara, y por la otra esférica y cóncava la primera, y la segunda convexa. Entonces, acercando un ojo a la lente cóncava, vi los objetos bastantes grandes, y cercanos, porque parecían estar a la tercera parte de su distancia y ser nueve veces mayores que mirados a simple vista. Poco después fabriqué otro telescopio con mayor primor, el cual agrandaba los objetos más de sesenta veces.» (Traducción de «El Mensajero Sideral», publicado por Galileo en 1610 en Venecia, tomada de «Autobiografía de la Ciencia», de F. R. Moulton y J. J. Schiffers, México, 1947.)

PROCESO DE LA IGLESIA: PROCESADO
A pesar de hallarse ahora completamente avaladas por. la ciencia, las teorías de Galileo chocaron con demasiados prejuicios y consideraciones anticientíficas de quienes tenían autoridad para juzgar y entender en ello. Galileo hubiera podido acostumbrarse a no ser comprendido. Pero, en un cierto momento, a la incomprensión se agregó algo más grave: la condena. En 1632 el tribunal del Santo Oficio (la Inquisición) examinó los principios y las tesis expuestas en distintos escritos y acusó a Galileo de herejía. Entre otras cosas, las afirmaciones do Galileo era de apoyo al sistema heliocéntrico. Gracias a la valiosa ayuda de algunas amistades, consiguió el permiso del papa Urbano VIII para retirarse a una aldea cerca de Florencia. Amargado e incomprendido, el anciano Galilea se confinó en la villa de Arcetri.

El sacerdote José de Calasanz, amigo de Galileo, logró que se le levantase su aislamiento. Gracias a esta contingencia pudo ser visitado por algunos pocos amigos, entre ellos sus discípulos Víviani y Torricelli.

En 1836 el ilustre sabio se vio golpeado por una nueva desdicha: sus ojos, los primeros que vislumbraran muchos de los secretos del cielo, se encontraron privados de la facultad de ver. La ceguera no le impidió seguir sus estudios y experiencias, pues algunos de sus más fieles discípulos le prestaron ayuda.

En 1642, cuando lo sorprendió la muerte, a la edad de setenta y ocho años, muy pocos hombres en el mundo se hallaban en condiciones de comprender la importancia de sus descubrimientos. Tarde o temprano, sin embargo, la verdad siempre se impone. Y por ello también las teorías de Galileo acabarían por ser universalmente aceptadas. Desde entonces se viene tributando a Galileo el homenaje a que es acreedor, y se recuerda con emoción aquella circunstancia en que, ante los jueces que le imponían la abjuración de la tesis de la rotación de la Tierra alrededor del Sol, según la tradición, hubo de murmurar: «Eppur si muove» (¡y sin embargo se mueve!).

Fuente Consultada:
Atlas Universal de la Filosofía –
Manual Didáctico de Autores, Textos y Escuelas
Mas Allá de Ángeles y Demonios de René Chandelle

Pais Potencia Cientifica del Mundo Estados Unidos

EE.UU. Potencia Científica del Mundo

EE.UU. PRIMERA POTENCIA CIENTÍFICA E INTELECTUAL DEL MUNDO

En 1941, el editor de Life, Henry R. Luce, proclamó el inicio del «siglo americano», declarando solemnemente que Estados Unidos se había convertido en «la capital intelectual, científica y artística del mundo».

Si bien nueve científicos norteamericanos habían ganado el premio Nobel durante los años 30, su veredicto sobre la ciencia estadounidense era un poco prematuro, aunque sin duda resultó profético.

Cuatro años más tarde, la fabricación de la bomba atómica con el proyecto Manhattan anunció una época de hegemonía científica norteamericana, coronada por dos triunfos completos en la entrega de los premios Nobel de ciencias, en 1946 y 1983.

El mérito por la supremacía científica norteamericana de la posguerra suele atribuirse a cuatro fuentes. En primer lugar; antes de 1940, las fundaciones filantrópicas habían emprendido acciones encaminadas a estimular la investigación.

La Fundación Rockefeller había establecido sus becas nacionales de investigación; el Consejo General de Educación había construido laboratorios académicos, y la Fundación Química había apoyado diversos proyectos, desde la fundación del Instituto Americano de Física hasta la construcción de los ciclotrones de Ernest Lawrence, en Berkeley.

Por su parte, la Institución Carnegie, de Washington, había contratado a algunos de los mejores físicos del mundo y la fortuna de los Bamberger había servido para financiar el Instituto para Estudios Avanzados en Princeton.

En segundo lugar, los propios científicos habían contribuido al establecimiento de instituciones nacionales para la coordinación de la investigación, entre ellas el Consejo Nacional de Investigación.

En tercer lugar, las penurias económicas y la persecución nazi habían llevado a Estados Unidos a docenas de destacados científicos europeos que aportaron su talento a la ciencia local.

Por último, la situación de emergencia de la guerra hizo que el gobierno federal invirtiera directa y masivamente en la investigación, a través de contratos y subvenciones.

Sagaces planificadores, entre los que destaca Vannevar Bush, organizaron entidades como la Fundación Nacional de Ciencia, que maximizaron el apoyo concedido a la ciencia de alto nivel en las instituciones de élite, excluyendo del escudriño de los sectores políticos la distribución del dinero destinado a la investigación. Aunque muy inferiores en dimensiones que el complejo militar-industrial, estas instituciones marcaron de manera fundamental la investigación pura.

Sin embargo, todos estos factores se añadieron a un sistema nacional de investigación ya establecido. Si bien los sistemas de financiación del siglo XX tendían a la centralización, la tradición del siglo XIX había sido de pluralismo.

Una infraestructura universitaria variada y geográficamente dispersa había surgido como consecuencia del entusiasmo religioso, los regionalismos, los sueños de movilidad social vertical y los múltiples incentivos que concedía la legislación federal, como la ley de concesión de tierras a las universidades (1862), la ley Hatch (1887) y la ley Adams (1906).

El éxito de la investigación industrial complementó esa estructura al reforzar su orientación práctica y justificar la gran población de titulados universitarios. El resultado ha sido una compleja combinación interconectada y orientada a las ganancias de investigación pura y aplicada, que puede describirse con el término «tecnodencia».

Un cuarto de siglo de grandes progresos científicos demuestra la viabilidad del sistema. Después de la Segunda Guerra Mundial, la física nuclear pasó a estar en el candelero y el centro del escenario fue ocupado por el descubrimiento de procesos y partículas subatómicas y por la producción de elementos transuranianos.

Se produjeron a continuación muchos adelantos relacionados con la física cuántica, en especial la invención del transistor, así como importantes investigaciones sobre el estado sólido, una mayor comprensión de la unión química, la elaboración de la técnica de datación por carbono radiactivo y una auténtica revolución en las ideas sobre gravedad y cosmología.

Paralelamente a estos trabajos, tuvieron lugar importantes progresos en bioquímica y en la producción de macromoléculas sintéticas, con investigaciones merecedoras del premio Nobel en el campo de las enzimas, las vitaminas, los virus, la estructura del ADN y los mecanismos de la herencia, los procesos metabólicos y el florecimiento de la ciencia de los polímeros.

La carrera espacial combinada con el radar, desarrollado durante la guerra, fomentó el desarrollo de la radioastronomía, la geología lunar y planetaria y las ciencias de la atmósfera.

El desarrollo de los ordenadores promovió las matemáticas y los adelantos conseguidos en los submarinos militares estimularon la oceanografía y la revolución que la tectónica de placas significó para la geología. Por último, la preocupación por la contaminación ha estimulado el estudio de la biología de la población y la ecología.

cientificos de ee.uu.

A mediados del siglo XX, Estados Unidos alcanzó el reconocimiento general como primera potencia científica del mundo. Un símbolo del auge de la ciencia en ese país fue el éxito conseguido con los premios Nobel de 1946, año en que los norteamericanos obtuvieron todos los premios de carácter científico. Los ganadores del premio fueron, de izquierda a derecha, P.W. Bridgman (física), J.B, Sumner, J.H. Northrop y W.M. Stanley (química, seguidos por Otto Hahn, el alemán ganador del premio de química en 1944) y H.J.Muller (medicina).

Fuente Consultada: El Estallido Científico de Trevor I. Williams