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Que es la Poesia Epica Caracteristicas y personajes heroes

Que es la Poesía Epica: Caracteristicas y Personajes Héroes

El sol lanza sus implacables dardos en el cielo azul de Grecia. Es mediodía: en el gran silencio del calor estival no se oye ningún sonido, excepto una voz conmovida, pero clara y fuerte.

A la sombra de un árbol secular está sentado un viejo rodeado por un grupo de chiquillos; es él quien canta, y los niños lo escuchan, extasiados. El viejo se enardece con su canto:

…Como el sonido de la trompeta se alza vibrante cuando un ejército asedia una ciudad, lanzando gritos de guerra, así se oye el grito de Aquiles. Lo escuchan los troyanos, y sus corazones tiemblan en el pecho.

También el corazón de los chiquillos tiembla, pero de orgullo. El canto del viejo rapsoda los arrastra y todos ven, con los ojos de la fantasía, al mayor héroe de la patria en la cumbre de su fuerza y de su gloria.

Cuando sean hombres y deban combatir por la libertad de Grecia, encontrarán el coraje para luchar y morir valientemente recordando este canto, pensando en Aquiles, que constituye para los griegos el símbolo del valor guerrero.

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¿QUÉ ES LA ÉPICA?: «Épica» deriva de «epos«, vocablo griego que significa «lo que se cuenta» (porque merece ser recordado). En otras palabras, es el relato poético de todos los acontecimientos históricos o legendarios sucedidos en tiempos en los que los diferentes pueblos vivían en el alba de su historia.

Tiene tres caracteres fundamentales:
— es nacional, porque cada pueblo tiene su épica, que glorifica las gestas de sus antepasados.
— es, generalmente, poética, porque la poesía (entendida en el sentido de «canto») es la forma más adecuada para celebrar y glorificar los grandes y maravillosos sucesos que constituyen el tema de la épica, Y también porque ésta ha nacido en tiempos muy lejanos, cuando el hombre encontraba en la poesía la expresión más espontánea y natural de sus sentimientos.
— es apasionada e imaginativa, pues los poemas épicos estaban destinados a un público de gente sencilla, que pedía, sobre todo, que satisficiese su imaginación y su natural tendencia a considerar que sus héroes tenían siempre razón. Por ello los juicios son siempre tajantes, como tajante es la división entre «buenos» y «malos».

VERDAD HISTÓRICA Y VERDAD POÉTICA
La poesía épica nació antes que la escritura; desde que se formaron las primeras civilizaciones, los pueblos sintieron la necesidad espontánea de celebrar las empresas con las que su estirpe había conquistado un puesto en el mundo.

Y cantaron todo esto con palabras sencillas, que eran transmitidas oralmente de una generación a otra. Naturalmente, la verdad histórica no era muy respetada, porque el relato se basaba solamente sobre recuerdos, a menudo confusos. Además,’ cada cantor enriquecía los hechos con su fantasía. Pero éste es un detalle de escasa importancia: la poesía tiene una verdad propia, que no reside en los hechos, sino en los sentimientos expresados.

LOS HÉROES
Los protagonistas de las empresas narradas en los poemas épicos no son nunca simples mortales. Como hemos dicho a propósito de Aquiles, se han convertido casi en símbolos y como tales son considerados.

Se trata de «héroes»; personajes extraordinarios que afrontan las más difíciles empresas y salen de ellas siempre vencedores. Los poeta» épicos han dado vida a sus figuras por dos razones: ante todo, porque en las sociedades primitivas eran los fuertes los que prevalecían, ,v todos los demás se limitaban a admirarlos y seguirlos; además, porque la fantasía tiene formalmente tendencia a «personificar» los sentimientos y las virtudes.

Es decir, que los héroes son una especie de «arquetipos»; se comprendía esto observando que, en la literatura ¿pira de todos los pueblos, aunque hay centonaros héroes, éstos pueden reducirse a unos pocos «tipos» fundamentales.

Cada uno représenla uno determinada virtud, como la fuerza, la astucia, la sabiduría o el sentido de la justicia; facultades todas, en suma, que podían hacer hacer a un hombre merecedor de la fama.

LOS POETAS Y LA TRADICIÓN
Durante siglos, las gestas de los héroes continuaron alimentando la imaginación popular, que los recordó en los versos de los cantores.

El más famoso de éstos fue Hornero, que narró la historia del sitio de Troya y las largas peregrinaciones del héroe Ulises. Sin embargo, hoy no sabríamos nada de todos estos poemas épicos si no se hubiera comenzado, a partir de cierto período (aproximadamente desde el año 1000 a. C.), a recogerlos por escrito. Éste es un hecho de gran importancia cultural: confiados sólo a la tradición oral (es decir, transmitidos de viva voz), poemas como «La epopeya de Gilgamesh» (el héroe nacional babilonio) o «La expedición de Rama» (legendario príncipe indio), probablemente se habrían perdido.

Los primeros poemas épicos escritos fueron obra de desconocidos, y sólo posteriormente aparecieron verdaderos poetas, que no se limitaron a una simple transcripción de las leyendas populares más conocidas, sino que las reelaboraron con un estilo personal, fundiendo los distintos episodios históricos y épicos primitivos


LAS OBRAS MAESTRAS DE LA POESÍA ÉPICA

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AquilesGilgamesh
sigfridorey lear
SigfridoRey Lear


Hace muchos siglos que ya no se escriben poemas épicos. Las obras de este género que se han escrito a partir del siglo XVI no pueden ser consideradas «poemas épicos» más que en un sentido muy amplio. Por ejemplo, en el «Orlando furioso» o en la «Jerusalén libertada», poemas épicos del siglo XVI, los hechos epopéyicos que se narran son sólo un pretexto para la poesía.

De los más famosos poemas épicos primitivos, citaremos:

La Ilíada, de Homero (hacia el siglo IX a. C.), que narra, en 15.696 versos, el sitio de la ciudad de Troya por los griegos, que duró diez años. En las innumerables aventuras de guerra acaecidas en este largo período, aparecen los más famosos héroes de ‘ la gran literatura épica griega.

La Odisea, de Homero, que narra, en 12.007 versos, las peripecias de Ulises, el astuto rey de Ítaca, el último de los héroes participantes en la guerra de i Troya que volvió a su patria.

La epopeya de Gilgamesh, poema nacional asirio-babilónico, que narra las empresas del héroe Gilgamesh, en la búsqueda de la inmortalidad.

La historia de Zarer, obra persa del siglo v después de Cristo, en la cual se recuerdan las luchas a través de las cuales se difundió la religión de Zoroastro.

Mahabharala, poema indio de enorme extensión (110.000 estrofas!), que fue compuesto por varios autores, entre los años 400 a. C. y el 400 de nuestra era. Es una verdadera enciclopedia de la civilización india.

El Poema del Cid, obra maestra d e la épica española. S u protagonista es el Cid Campeador.

El poema de los Nibelungos, donde se narran antiguas leyendas paganas del Norte. Su héroe se llama Sigfrido.

La Canción de Roldan, la más famosa de las canciones de gesta. Fue compuesta en 1100, y narra la muerte de Roldan, paladín de Carlomagno.

Romance de Bruto, una novela en verso compuesta en Inglaterra en el siglo XII. Narra las gestas del rey Arturo y de sus paladines, así como otras leyendas; entre ellas la del rey Lear, inmortalizada por Shakespeare.

Fuente Consultada: Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N°47

Ver: Biografía de André Marie de Chénier

Biografia de Plutarco El Pensamiento Filosofo de Roma Antigua

Biografía de Plutarco
El Pensamiento Filósofo de Roma Antigua

Plutarco y sus Vidas Paralelas

Su vida y su obra estuvieron destinadas al universo del pensamiento y la creación. Conocido habitualmente como Plutarco de Queronea, ciudad en la que nació, es considerado como uno de los más grandes autores de la literatura helénica, aunque su idiosincrasia plasmada en sus obras siempre lo han acercado más a lo moralista que al ámbito filosófico e histórico.

Su vida transcurrió entre los años 46 y el 120 DC y la mayor parte de su existencia transcurrió en su ciudad natal, la hoy desaparecida Queronea, que se encontraba ubicada en la entonces región griega de Beocia.

Durante su juventud tuvo la posibilidad de conocer diversos lugares y culturas, alimentando de esa forma su conocimiento, ya que gracias al buen pasar económico que poseía su familia, Plutarco tuvo la fortuna de conocer territorios a los que pocos podían acceder en aquella época, tales como Egipto y Roma. Asimismo, ese nivel socioeconómico le permitió recibir educación de primer orden, pudiendo nutrirse en campos como la filosofía, la retórica y las matemáticas, precisamente en la entonces prestigiosa Academia de Atenas.

Aquellos espacios le dieron la oportunidad de conocer e intimar con personas realmente influyentes, por lo que se contaban entre sus amigos a los senadores Soscio Senecio y a Fundano.

En Queronea fue designado como sacerdote de Apolo en el Oráculo de Delfos, y en poco tiempo se convirtió en el principal responsable de la interpretación de los augurios que emitían las pitonisas del Oráculo. Al mismo tiempo, Plutarco se desenvolvía en el cargo de magistrado en su ciudad natal, lo que le posibilitó convertirse en representante de su pueblo en diversas oportunidades, sobre todo durante algunas de las misiones que se realizaban a países extranjeros.

Por supuesto, que a pesar de tan importantes obligaciones Plutarco encontraba el tiempo necesario para dedicarse a su máxima pasión y vocación, la literatura, ya que en definitiva consideraba que las letras eran su misión en esta vida finita.

Grande fue su producción, en la que pone de manifiesto su vertiente más ligada a lo moral que a lo filosófico, pero sin lugar a dudas una de sus máximas obras literarias ha sido la llamada “Vidas Paralelas”, dentro de la cual Plutarco realiza un recorrido por las vidas de algunos de los personajes más influyentes de la época, dando como resultado una obra que se convierte en un vivo retrato de la antigüedad griega y romana.

Allí podemos encontrarnos frente al mundo clásico, con una exquisita exposición de dos mundos diferentes, el griego y el romano, que a través de los personajes elegidos nos permite acercarnos y conocer algunas características de aquella época. El propio Plutarco ha descrito su libro de la siguiente manera: “A veces una broma, una anécdota, un momento insignificante, nos pintan mejor a un hombre ilustre, que las mayores proezas o las batallas más sangrientas”. Esa es precisamente la clave de “Vidas Paralelas”.

Más allá de aquella obra, Plutarco mantuvo durante su vida una producción intensa, que ha sido agrupada en el libro “Obras Morales”, el cual contiene 78 tratados, recopilaciones y biografías temáticas y diversos escritos realizados en distintas épocas, tales como algunas discusiones filosóficas de origen platónico.

Algunas de sus frases póstumas

Quien tiene muchos vicios, tiene muchos amos.
Vicio

La amistad es animal de compañía, no de rebaño.
Amistad

Un pueblo que quiere ser feliz no ha de precisar las conquistas.
Pueblo

Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer.
Amores

Lo que hagas sin esfuerzo y con presteza, durar no puede ni tener belleza.
Esfuerzo

PLUTARCO HABLA DE ALEJANDRO MAGNO, EN «VIDAS PARALELAS»

Siendo todavía muy joven, su ambición mosteó desde luego una osadía y una magnanimidad superiores a sus años. Porque no toda gloria le agradaba, ni iodos los principios de ella, como a Filipo, que, cual si fuera un sofista, hacía galas de saber hablar elegantemente, y que grababa en sus monedas las victorias que en Olimpia había alcanzado en carro, sino que a los de su familia que le hicieron proposición de si quería aspirar al premio en el estadio —porque era sumamente ligero para la carrera—, les respondió que sólo en el caso de haber de tener reyes por competidores. . . Parece que Alejandro no sólo aprendió la ética y la política, sino que tomó también conocimientos de aquellas enseñanzas graves, reservadas. . . a los filósofos. . . En general, era naturalmente inclinado a las letras, a aprender y a leer y tuvo a la Ilíada por guía de la doctrina militar .. . Admiraba a Aristóteles y le tenía, según decía él mismo, no menos amor que a sus padres, pues si del uno había recibido el vivir, del otro, el vivir bien … No codiciando placeres ni riquezas, sino sólo mérito y gloria, le parecía que cuanto más le dejara ganado el padre menos le quedaría a él que vencer; y creyendo por lo mismo que en cuanto se aumentaba el Estado, en otro tanto decrecían sus futuras hazañas, lo que deseaba era, no riquezas ni regalos, ni placeres, sino un imperio que le ofreciera combates, guerras y acrecentamientos de gloria.

PLUTARCO, Vidas paralelas, Alejandro. IV, págs. 140 y sig.

Libros de de Plutarco y Otros Relacionados

La Eneida Literatura Romana Virgilio Resumen Explicación del Poema

La Eneida Literatura Romana Virgilio
Explicación del Poema

La Eneida literatura romana Virgilio Resumen Personajes HistoriaAunque en su juventud Virgilio participó de la corriente literaria de los poetas, cuya producción consistía principalmente en breves poemas sobre argumentos de amor o temas ligeros, para escribir la Eneida se inspiró, sin duda, en la antigua poesía épica romana de Naevius y de Ennius, y más aún en los poemas homéricos.

Se puede, en efecto, dividir la Eneida en dos partes: los seis primeros libros, que relatan el viaje de Eneas, recuerdan la Odisea, mientras que pensamos en la Iliada leyendo los otros seis libros, que relatan los grandes hechos cumplidos por Eneas en Italia hasta su victoria final sobre los latinos.

El poema fue escrito bajo el reinado de Augusto, para celebrar la pacificación del Imperio, pero en realidad es algo más que una alabanza al emperador. Aparece como la apología del espíritu de Roma a través de las aventuras del héroe legendario Eneas, cuyos descendientes habrían fundado la ciudad. Virgilio mezcló en su poema la leyenda con la realidad, según costumbre de los poetas épicos.

Este poema, editado por primera vez por los amigos de Virgilio, Varius y Tuca, ha suscitado la admiración de los poetas de todos los tiempos, y siempre se lo ha considerado como una de las más bellas exaltaciones de Roma que se hayan escrito. Por el interés de su argumento general, por la belleza de sus episodios secundarios, por la puntualidad y excelencia del estilo, por la melodía de los versos y por una profunda comprensión de las grandezas y los dolores humanos, es la Eneida uno de los grandes poemas épicos de la literatura universal.

Después de una breve introducción en que Virgilio anuncia cuál será el tema de la Eneida, comienza el relato. Eneas, príncipe troyano, navega por las aguas sicilianas hacia Italia, cuando Eolo, obedeciendo a la voluntad de la pérfida Juno, desencadena una terrible tempestad, durante la cual se extravían algunos barcos troyanos, mientras otros encallan en las costas. Felizmente, Neptuno, irritado por la audacia de Eolo, devuelve la calma al níar y a los vientos. Eneas, con siete de sus naves, se refugia en un puerto, cerca de Cartago.

Es recibido con benevolencia por la reina Dido, viuda del rey Siqueo. Interrogado sobre las desgracias de su patria, cuenta los últimos días de Troya, con los trágicos acontecimientos que siguieron a la entrada en la ciudad del caballo de madera ideado por Ulises. Explica cómo, habiéndosele aparecido en sueños Héctor, para aconsejarle la huida, logró salvarse con su padre Anquises, su pequeño hijo Ascanio (también llamado Yulo) y los dioses de su patria.

Eneas, príncipe troyano, habiendo huido del incendio de la ciudad, se dirige con sus compañeros hacia Cartago, después de errar siete años por los mares. Pero Eolo, respondiendo a los deseos de Juno, cuyo odio hacia Eneas es implacable, levantó una tempestad que dispersa sus naves. Vuelta la coima, Eneas, con siete naves, logra desembarcar cerca de Cártago, adonde halla a los camaradas de sus otros barcos que cree perdidos; piden hospitalidad a la reina Dido, siendo recibidos can benevolencia. Eneas se adelanta entonces con su séquito, y se presenta a la soberana. Mientras todos se dirigen hacia el palacio de Dido, Venus pide a Cupido, dios del Amor, que tome la figura de Ascanio, hilo de Eneas. En el banquete, mientras acaricia al que toma por hijo del héroe troyano, Dido siente nacer en su corazón un profundo amor por Eneas.

Tal como las divinidades y Héctor se lo han anunciado, debe tomar el mando de los sobrevivientes y conducirlos a Italia, donde levantarán una nueva ciudad de Troya, más bella y más poderosa que la primera. Desgraciadamente, en el transcurso de la terrible noche en que Troya es saqueada e incendiada, Eneas pierde a su esposa Creúsa. Más tarde su espectro se le aparece para revelarle que, después de un largo exilio, hallará un reino floreciente y que la hija de un rey será su esposa. Eneas y sus compañeros construyen una flota, haciéndose a la mar a principios de la primavera. Tocan primero la tierra de los tracios, antiguos aliados de Troya, donde quieren fundar una ciudad; pero la sombra de Polidoro, hijo del rey Príamo, que fuera muerto sobre la misma playa, les hace desistir de su propósito.

Durante el transcurso del banquete, Eneas cuenta a la reina las desgracias de Troya, la historia de Laocoonte, de Sinon, y la treta del caballo de madera ideado por Ulises; la matanza de los pobladores y la muerte de Príamo. Evoca la noche en que se le apareció su madre, Venus, pidiéndole que intentará salvar a su padre, su esposa Creüsa y su hijo. Escapó entre las llamas, llevando sobre los hombros a su padre Anquises, y sujetando con lts mano a su hijo. Grande fue su dolor al notar la desaparición de su mujer; sólo más tarde su espectro se presentará a Eneas para ordenarle que guie a sus compañeros en el éxodo.

Eneas y sus compañeros vuelven al mar, y sus embarcaciones llegan más tarde a las islas Estrófades. Pero la fatalidad los ha llevado al reino de las Arpías, monstruos con rostros de mujer, cuerpo de buitre y grandes garras, qué les impiden permanecer en tierra. Después de algunos días de navegación, los exilados entran en el puerto de los caonianos y desde allí se dirigen a la ciudad de Butrota. Se enteran con alegría que Héleno, hijo de Príamo, reina en Grecia; ha ascendido al trono, casando luego con Andrómaca, viuda de Pirro. El rey y la reina los reciben con alegría, y hasta les dan, en nombre de los dioses, avisos y consejos para evitar los peligros. Después de otro desembarco desafortunado, en la isla de los Cíclopes, a cuya ferocidad logran apenas sustraerse, atraviesa Escila y Caribdis, y luego Eneas y sus compañeros arriban al reino de Dido. Desgraciadamente, Anquises no está ya con ellos, pues el anciano ha muerto en Drépano durante el viaje. Aquí termina el relato de Eneas.

Conmovida por tantas aventuras, Dido ofrece espléndida hospitalidad a los troyanos, los cuales per rnanecen algún tiempo en Cartago, dichosos de Eiaber encontrado al fin una tierra tan acogedora. Pero Júpiter había reservado otro destino para Eneas. Por intermedio de Mercurio le ordena ir hacia Italia y establecerse allí con sus compañeros. Eneas obedece y manda preparar todo lo necesario para su partida. Levan anclas, pero mientras los barcos se alejan, la reina Dido, desesperada, no pudiendo soportar la pérdida del hombre que ama, se arroja sobre una pira funeraria que ha hecho encender y hunde en su pecho la espada que había ofrecido a Eneas y que éste olvidó al partir .

Habiendo salido de Troya con veinte naves, los desterrados desembarcaron en Tracia, donde le sucedió a Eneas una aventura extraordinaria: al cortar un arbusto, brotó sangre negra, mientras se escuchaban gemidos y lamentos. Al repetir la acción, una voz que salía de la tierra le reveló que bajo el arbusto se encontraba el cadáver de Polidoro, hijo de Príamo, muerto por Polymnestor, rey de Tracia, que quería apoderatse de sus riquezas. Seguidamente los troyanos se dirigieron a Delos y después a Creta, desembarcando por fin en una de las islas Estrófades. Pero allí, mientras Eneas y sus compañeros se disponían a comer, las Arpías descendieron sobre ellos e infectaron las viandas. Los soldados intentaron cazarlas, pero en ese momento la reina de las Arpías, posándose en lo alto de una roca, les hizo siniestras profecías.

Ignorando la muerte de la reina, Eneas sigue su viaje hacia Italia. Una gran tempestad lo obliga a desembarcar en el puerto de Drépano, en Sicilia, donde es recibido por el rey Acestes. Ofrece sacrificios sobre la tumba de su padre, organizando también juegos y competiciones a fin de honrar a los manes de Anquises. Faltando ya poco para la partida, las mujeres troyanas, cansadas de tan larga navegación, incendian los barcos. Eneas, desesperado, es aconsejado por la aparición de Anquises, quien le pide que abandone a las mujeres y a los ancianos en la tierra de Acestes, llevando hacia Italia a sus más valientes y jóvenes guerreros. Lo invita igualmente a descender al reino de los muertos, en el que conocerá el glorioso destino que le está reservado junto con sus descendientes

Después de salir de la isla de las Arpías, los troyanos hicieron escala en Butrota, donde era rey Heleno, segundo esposo de Andrómaca; tocaron después la isla de los Cíclopes. Habiéndose hecho nuevamente a la mar, llegaron a Drépano, donde había muerto Anquises. Aquí termina el relato del héroe a la reina Dido. La desdichada reina, enamorada de Eneas, le pide que la tome por esposa. Pero él, obedeciendo las órdenes de Júpiter, debe partir. Terminados los preparativos, sale de Cártago, mientras Dido expira entre las llamas, después de atravesarse el pecho con su espada. Llegados a Sicilia, tierra de Acestes, los troyanos celebran sacrificios y juegos en honor de Anquises; parten al fin, pero antes de llegar a Cumas, el piloto Palínuro es arrojado al mar por el dios del sueño. La Sibila, después de profetizar sobre su viaje, conduce a Eneas al reino de los infiernos guardado por Cerbero, el monstruo de tres cabezas. Para poder penetrar, la Sibila arroja un pastel que adormece a la bestia en su cueva.

Las naves troyanas surcan nuevamente los mares y llegan al puerto de Cumas; Eneas consulta a la Sibila, quien le profetiza las guerras que deberá soportar en Italia. Lo acompaña a los infiernos, allí encuentra a su padre, que le muestra el noble linaje de héroes que engendrará. Entre ellos se encuentra Silvius, el primer hijo que le dará su esposa Lavinia; Silvius será rey de Alba y el primero de los reyes latinos, entre los cuales se encuentra Rómulo, fundador de Roma. Le habla de los hombres ilustres de la República, Julio César y Augusto, cuyo imperio se extenderá hasta las más lejanas tierras. Ha sido enviado a Italia para que nazca Roma, y de su raza provendrán los hombres de la familia Julia, que reinarán sobre el mundo. Después de conocer la grandeza prometida a su estirpe, Eneas se despide de Anquises y, acompañado de la Sibila, sale por la puerta de marfil.

Después de embarcarse en Gaeta, los troyanas llegan al Lacio, reino de Latino, cuya esposa Amata le había dado una sola hija, Lavinia, prometida a Turno, rey de los rútulos. Eneas se presenta ante Latino con numerosos regalos; éste lo recibe con buen ánimo, prometiéndole la mano de su hija Lavinia. Juno, enemiga de Eneas, por intermedio de Alecto, una de las tres Furias, hace nacer el odio hacia el troyano en el corazón de Amata, esposa de Latino. La Furia, bajo el aspecto de una vieja vestal, se le aparece a Turno en sueños, aviva los célos, incitándolo contra el que quiere arrebatarle la mujer que le ha sido prometida. Prosiguiendo su obra nefasta, Alecto mueve a todos los reyes

Siguiendo su viaje, los troyanos llegan a la desembocadura del Tíber y acampan en sus orillas. Exploran aquellas tierras, y Eneas envía embajadores al rey Latino solicitándole permiso para establecerse en sus dominios. Juno excita hacia Eneas el odio de Amata, esposa de Latino, anunciándole que el héroe troyano quiere desposar a su hija Lavinia, prometida de Turno, rey de los rútulos. Entretanto, Alecto, una de las Furias, aviva los celos de Turno, quien arrastra a la guerra contra el extranjero a todos los reyes del Lacio. Por su simpatía hacia Eneas, Latino es obligado a renunciar, mientras los guerreros se aprestan para la lucha.

Habiéndose dormido Eneas en el borde del Tiber, se le apareció el dios del río balo el aspecto de un anciano envuelto en una túnica, anunciándole que encontraría una cerda blanca con veinte cerditos en el lugar en que Ascanio fundaría la ciu­dad de Alba; le aconsejó después buscar la alianza de Evandro, rey de los palántídas. Eneas sigue este consejo y recibe la ayuda de Evandro y de su hilo Palante. También consigue después el apoyo de Tarchon, rey de los etruscos. 

Los rútulos aprovechan la ausencia de Eneas y atacan el campamento. Dos jóvenes troyanos, Euríalo y Niso, unidos por estrecha amistad, deciden atravesar las líneas enemigas y avisar a Eneas. Logran eludir los guardias del campo contrario, pero finalmente son rodeados por una partida adversaria. Niso puede escapar, no así su compañero, que cargado con el peso de las armas arrebatadas, es capturado. Niso vuelve sobre sus pasos y pide a Volcanes que lo mate en lugar de su amigo. Pero éste ya ha traspasado con su espada el cuerpo de Euríalo. Niso, enloquecido de dolor, se precipita sobre el jefe enemigo y lo mata, pagando con su vida el acto de arrojo.

Eneas, preocupado, presenciaba estos preparativos de guerra cuando se le apareció el dios del Tíber, ordenándole remontar el río para solicitar socorro a Evandro, que había establecido una colonia de arcadios en las tierras adonde más tarde seria construida Roma. Evandro y su hijo Palante reciben con simpatía al héroe, pues en otro tiempo el viejo rey había sido amigo de Anquises. Venus, que había encargado a Vulcano la forja de armas para Eneas, entrega a su hijo una coraza, un casco, una lanza y un magnífico escudo, que debería llevar al día siguiente.

La batalla continúa con alternativas de reveses y victorias para los dos bandos; muchos héroes han muerto. Palante es mortalmente herido por Turno, quien viendo en peligro la vida de Lausus corre en su ayuda. Eneas atraviesa con su lanza el cuerpo de Lausus, que intenta proteger a su padre Mezencio. Camila reina de los volscos, cae alcanzada por Aruns y muere en los brazos de sus compañeras.

Mientras Eneas se ocupa de reunir las tropas de socorro aliadas, los rútulos, azuzados por Juno, atacan el campamento de los troyanos e intentan incendiar su flota. Pero la valentía de los sitiados, por primera vez al mando de Ascanio, los obliga a batirse en retirada.Mientras la lucha prosigue alrededor de las fortificaciones, Eneas consigue asegurarse el apoyo de Tarchon, jefe de los etruscos. Con tropas nuevas corre en ayuda de sus compañeros. Se lucha encarnizadamente. Muchos valientes guerreros caen en los dos bandos; entre ellos, Palante, hijo de Evandro, y Camila, la intrépida amazona ahijada de Turno. La suerte parece favorecer a los troyanos que, de sitiados, se han convertido en sitiadores, persiguiendo a los latinos hasta los muros de Lorenza. El anciano rey acepta, a pesar suyo, que el resultado de la guerra se decida en un combate entre Eneas y Turno.

La lucha se vuelve más encarnizada. Corre la sangre sobre el campo de batall4; muchos valientes guerreros caen en los dos bandos, entre ellos Camila, la intrépida amazona. Entonces, Eneas y Turno deciden confiar el resultado del combate a sus propias armas, lo cual acepta el anciano rey. Se baten en duelo, y Eneas resulta vencedor. A punto de perdonar la vida del rótulo herido, advierte que éste lleva el escudo de su amigo Palante, que Turno ha arrebatado al hilo de Evandro; impulsado por la ira, hunde su espada en el pecho del héroe enemigo. Como lo establecía el pacto previo, desposará a Lavinia y fundará una nueva ciudad.

PARA SABER MÁS…
Escritor (70-19 a. C.)

Poeta latino, llamado padre de Occidente por haber encontrado la más perfecta forma de expresión de los ideales de Roma, de los que nuestra cultura occidental es heredera. Aunque de padres modestos, recibió una cuidada educación en Milán y en Nápoles, y más tarde la amistad y protección de Mecenas y del emperador Augusto le permitieron desarrollar su vocación poética, sin inquietudes.

Su espíritu reconcentrado y reflexivo, la pureza de su vida y su exaltado convencimiento acerca de las virtudes ancestrales de su pueblo, contribuyeron a lograr una de las obras más perfectas que ha dado la literatura latina. Sus Bucólicas constituyen su primera obra; son diez poemas pastorales, en los que el joven Virgilio ya manifestaba sus extraordinarias cualidades poéticas, en la perfección de su lenguaje y en el conmovedor subjetivismo de algunos temas.

Más tarde escribió las Geórgicas a instancias de Mecenas; estos cuatro extensos poemas sobre temas campesinos, fueron la expresión de una de las preocupaciones fundamentales del gobierno de Augustola necesidad de que los romanos volvieran a las tareas rurales y a la vida sencilla y pura que llevaron sus antepasados. Por último, dedicó doce años de su vida a escribir La Eneida, poema épico en doce cantos, que se propone explicar el origen legendario de Roma, entroncándola con los héroes y dioses homéricos.

Un excesivo afán perfeccionista, hizo que Virgilio encomendara en su testamento la destrucción de su poema, al que no consideraba terminado aún. Pero Augusto impidió que se cumpliera este deseo del poeta y salvó para la posteridad uno de los más hermosos poemas épicos de la Antigüedad, no sólo por sus méritos formales sino también por la erudición que Virgilio volcó en él y la humana dimensión de sus personajes.

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