dinosaurio argentino

Bosques de la Era Carbonífera Características Tipos de Árboles

LOS BOSQUES EN LA ERA CARBONÍFERA – TIPOS DE ÁRBOLES Y ESPECIES DE INSECTOS

Cada paso en el desarrollo de la vida en los mares parece haber estado dominado por un grupo bien definido de animales; primero, seres unicelulares, después medusas, posteriormente moluscos y crustáceos y, finalmente, peces. En otro post publicaremos un patrón semejante que surge sobre la tierra donde los insectos y anfibios, reptiles y mamíferos, ocuparán, cada clase en su oportunidad, el centro de la escena. Lo mismo ocurre en la historia de la vida vegetal.

Antes de hablar de los bosques, indicamos las etapa de la era paleozoica, porque el tema que trataremos se desarrolla en el período carbonífero, hace unos 360 millones de años.

El período Carbonífero, que se sitúa al final de la era paleozoica, debe su nombre a unos enormes depósitos de carbón subterráneos que datan de este período. Creados a partir de la vegetación prehistórica, la mayoría de estos depósitos se encuentran en determinadas partes de Europa, América del Norte y Asia.

era paleozoica

Sobre la formación del carbón: en ese período grandes extensiones del planeta estaban cubiertas por una vegetación abundantísima que crecía en pantanos. Muchas de estas plantas eran tipos de helechos, algunos de ellos tan grandes como árboles. Al morir las plantas, quedaban sumergidas por el agua y se descomponían poco a poco. Al descomponerse, la materia organica liberaba oxígeno e hidrógeno, por lo que el depósito quedaba con un alto porcentaje de carbono.

Durante mucho tiempo ese depósito fue cubierto de arena, lodo y otras capas terrestres, producto de los movimiento de la corteza. Ese carbono sometido a presión durante millones de años se endureció para formar el carbón, que se ha utilizado masivamente como combustible desde la revolución industrial.

bosque era carbonifera

¿Cómo se formaron los bosques?

Hace más de 400 millones de años, las plantas y los artrópodos antiguos empezaron a ocupar la tierra firme. Durante los período siguientes evolucionaron y se adaptaron a su nuevo habitat. Los primeros bosques estaban formados por helechos enormes con forma de árbol, musgos y otras plantas más pequeñas.

Durante el Paleozoico aparecieron las gimnospermas, plantas vasculares con semilla y hacia el período Triásico comenzaron a dominar los bosques terrestres. Luego se sumaron a aquellas las plantas con flores o angiospermas.

Las glaciaciones cambiaron otra vez el paisaje y los bosques tropicales que habían predominado fueron cambiando y se extendieron los bosques templados. Los bosques ocupan hoy cerca de un tercio de la superficie del planeta y han sido durante miles de años fuente de abrigo, alimento y energía para el ser humano. Sin embargo, en nuestros días sufren diversas amenazas que los hacen vulnerables.

Posiblemente, las primeras plantas que crecieron con sus raíces en la tierra, hace unos 300 millones de años, fueron algo así como algas marinas, que vivieron en las costas entre los límites de la alta y baja marea. Hasta que los vegetales no lograron una estructura fuerte y leñosa como para soportar su peso y una organización de finos tubos capilares como para conducir el agua desde el suelo hasta la hoja más alejada, no pudieron desarrollarse lejos de las costas, tierra adentro.

Plantas semejantes a helechos crecieron hace alrededor de 50 millones de años, antes que aparecieran las primeras coniferas, y aún siguió otro largo período hasta que se originaron las primeras plantas con flores.

Nuestra lámina muestra un paisaje típico del período carbonífero, el que dio origen a los estratos de carbón mineral., ya explicado antes.Notad las extraordinarias formas de los «árboles»: son, en realidad, enormes filicíneas (helechos), equicetáceas (calamites) y licopodiáceas (lepidodendros).

A pesar de que los científicos modernos han identificado, y aun descripto, más de 400 especies diferentes de helechos que datan del período carbonífero, no cabe duda que los bosques de aquella lejana edad eran marcadamente monótonos en su apariencia.

La naturaleza no había logrado aún producir la gran diversidad de vegetales. Continuaba todavía sus experimentos con heléchos, liqúenes y algas, muchos de los cuales, en tamaño reducido, son familiares a nosotros hoy, y los botánicos los clasifican en el gran grupo de criptógamas o esporofitas.

En primer plano, a la derecha, hay lepidodendros, que deben su nombre a las escamas de sus troncos. A la izquierda, hay una variedad de sigilarías, cuyo nombre proviene de las impresiones uniformes en forma de sellos o sigillum que cubren el tronco y que resultan de la inserción de las hojas en el tallo.

A lo largo de todo el período carbonífero, cuando los bosques de este tipo cubrieron gran parte de los terrenos secos, la corteza de la Tierra era aún inestable, con constantes movimientos de elevación y depresión. Debido a éstos, los bosques con sus grandes plantas quedaron sepultados y aplastados por una gran cantidad de agua y barro.

Cuando los terrenos se elevaban nuevamente, otro gran bosque crecía con lentitud sobre el que estaba debajo, pero sólo para ser sepultado a su vez. Así, por un largo y lento proceso de endurecimiento, grandes masas de materias vegetales se fueron convirtiendo en carbón, que el hombre ahora extrae de las entrañas de la Tierra, y el cual, al ser quemado, libera la energía solar almacenada durante tanto tiempo.

Cuando no había tormentas que rugían o vientos que soplaban, los bosques del período carbonífero eran bosques silenciosos. No había aún pájaros que cantaran ni grandes animales que pisaran ruidosamente las malezas.

libelula gigante del periodo carbonifero

El único sonido era el zumbido de gigantescas libélulas, que tenían alas que medían 65 cm. de envergadura; los insectos, la clase más numerosa que hoy habita la Tierra, fueron los primeros en aparecer sobre la misma. Pero el mundo de estos seres, tan rico y variado hoy, consistía entonces en unas pocas especies diferentes.

En la última parte del período carbonífero tuvieron lugar, todavía, grandes cambios. Seres de una clase completamente distinta (quizás eran descendientes remotos de los extraños peces con pulmones) aprendieron a vivir parte de su existencia en el agua y parte en la tierra.

Estos anfibios, parientes de las ranas y sapos de hoy, fueron los precursores de muchos extraños y alguna vez temidos seres que poblaron la Tierra en épocas posteriores.

bosque periodo carbonifero

En este período también crecían anfibios en tamaño y diversidad. Eran especies depredadoras parecidas a los cocodrilos de la actualidad. Armados con peligrosas dentaduras, podían medir cerca de seis metros de longitud. Algunos anfibios desarrollaron una piel más dura y escamosa que les permitía aguantar más tiempo fuera del agua sin resecarse demasiado.

PARA SABER MAS…

Período carbonífero: El nombre del período se debe a la formación de grandes depósitos de carbón y hulla que provenían de los exuberantes bosques sumergidos en esa época. Los bosques cubrieron incontables superficies del globo, favorecidos por la uniformidad del clima y la humedad del suelo. La atmósfera, que contenía grandes cantidades de vapor de agua de gas carbonífero, se fue enriqueciendo con el oxígeno que desprendían las plantas, substituyéndolo por los dos elementos antes mencionados.

La humedad del suelo se concentraba en estanques y lagunas que, al igual que los terrenos pantanosos, eran enriquecidos por la abundancia de lluvias. Los árboles del período (muy poco parecido a los actuales) se distinguían por su gran talla. Las criptógamas vasculares, que carecían de flores, eran uno de los grupos más importantes.

Se desarrollaron de manera sorprendente los heléchos arborescentes, que llegaban a 20 metros de altura. Las licopodiáceas superaban a veces los 30 metros, al igual que los lepidodendros, las sigilarías y las calamitas (parecidas a las actuales colas de caballo): También las cordaitas (que desaparecieron al finalizar la era primaria) alcanzaban de 20 a 30 metros de altura.

En estas densas selvas, cuyos suelos se iban enriqueciendo constantemente de humus, aparecieron numerosas variedades de insectos. Había algunos que se asemejaban a las actuales libélulas, pero de gran tamaño, ya que algunas llegaban a medir hasta 60 centímetros de largo, y otras especies superaban el medio metro de envergadura.

En las zonas menos húmedas se reprodujeron con facilidad asombrosa insectos como los termitos, cuyas costumbres actuales son las mismas que las que practicaron desde sus orígenes. La cucaracha es uno de los termitos más antiguos y más reacios a padecer cualquier tipo de transformación o de cambio. De esa época datan algunos insectos parásitos de los árboles primitivos a los cuales fijaban sus trompas para poder succionar la savia.

Los grillos, los saltamontes y langostas de las montañas aparecieron también en esa época, junto a numerosas especies de insectos de grandes alas. Los anfibios hicieron su aparición por primera vez en este período.

Ello significó una superación de la etapa anterior, en la que los peces podían adaptarse tanto a la respiración acuática como a la aérea. Los anfibios son acuáticos en la primera etapa de su vida, para, ya en la edad adulta, convertirse en terrestres. Las metamorfosis que experimentaron estos animales se conocen no sólo por su persistencia en los actuales batracios, sino porque su historia vital está documentada paso por paso en los esquistos de hulla de las minas de Commentry, que contienen los fósiles (su huella en el material) de miles de ejemplares.

Fuente Consultada:
Sitio WEb Wikipedia
El Triunfo de la Ciencia Bosques en el Carbonífero Tomo III Globerama Edit. CODEX

Primeros Huevos de Dinosaurios Encontrados Fosilizados

Primeros Huevos de Dinosaurios Encontrados Fosilizados

En 1923, un miembro de la expedición del Museo Americano de Historia Natural de Estados Unidos, dirigida por el doctor Roy Chapman Andrews, a la zona de areniscas rojas del desierto de Gobi, en Mongolia, encontró un nido completo de huevos de dinosaurios fosilizados.

Los huevos habían sido puestos a fines del período cretácico, hace unos 80 millones de años. Estaban enterrados cerca de la superficie, que había estado expuesta a los efectos de la erosión durante millones de años también. Los dinosaurios fueron animales dominantes —es decir, de gran importancia por su influencia sobre todas las restantes formas de vida— en la era Mesozoica. Se los divide en dos grandes órdenes, siendo, por una parte, parientes de los cocodrilos y, por otra, antecesores de los pájaros.

Los primeros representantes de los dinosaurios que aparecieron en escena eran de tamaño pequeño, pero, en conjunto, se observa en ellos una evolución gradual hacia dimensiones cada vez más gigantescas. Algunos constituyeron los mayores animales terrestres que han existido. Unos eran carnívoros y otros, la mayoría, herbívoros.

Los primeros dinosaurios se caracterizaron por ser bípedos (marchaban de pie sobre las patas posteriores). Sin embargo, se ha observado que a lo largo de su evolución muchos tendieron a adquirir la postura cuadrúpeda, sobre todo los herbívoros. Bastantes carnívoros conservaron la posición bípeda.

La clasificación que se ha hecho de los dinosaurios se basa en las afinidades de su esqueleto y de la estructura de los huesos con los reptiles o los pájaros. Aquellos que presentaban semejanzas con los reptiles se clasifican en el orden de los saurisquios.

huevos de dinosaurios hallados en Gobi Mongolia

El descubrimiento de los huevos de dinosaurio es uno de los raros hallazgos (como el de las impresiones de las membranas interdigitales momificadas) que nos ilustran sobre el modo de vida de estos seres. Quizá si los detalles de su biología estuviesen más claros, podrían conocerse las causas de la desaparición repentina de los dinosaurios, después de un período de florecimiento espectacular. Se ha pensado, fundamentalmente, en cambios climáticos que afectaron de tal modo a la flora, que las especies herbívoras, demasiado especializadas, no, pudieron adaptarse a un cambio de régimen alimenticio. La desaparición de los herbívoros trajo consigo la de los carnívoras que vivían a costa de ellos. La imposibilidad de los dinosaurios de evolucionar, y adaptarse a las cambiantes condiciones, parece radicar en la extremada especialización de su forma de vida. De hecho, es una regla; comprobada por el estudio de los fósiles, que las formas de animales se adaptan mejor a las condiciones cambiantes cuanto menos evolucionadas están, es decir, cuanto menos especializadas se hallan   en   una   forma   de  vida   determinada.

A pesar de los abundantes datos existentes sobre la morfología de los dinosaurios, nuestros conocimientos sobre su biología y costumbres se apoyan, en muchos aspectos, solamente en conjeturas. Se sabe que la médula espinal presentaba, en algunas formas, un ensanchamiento a la altura de la cintura pelviana (caderas), que podía tener un tamaño mayor que el del cerebro (ganglios cerebroides).

Este ganglio actuaría como un centro local de reflejos en las formas gigantes, dado el tiempo considerable que los reflejos habían de tardar en recorrer el largo camino existente entre el cerebro y las patas. Desde que se comenzó a estudiarlos, se supuso que estos antecesores de animales realmente ovíparos (que ponen huevos), fueron ovíparos también, pero no se tuvo una prueba material hasta dicho hallazgo de huevos fosilizados del Protoceratops, pequeño reptil antecesor de los dinosaurios cornúpetas a que nos hemos referido.

El mismo no presenta, sin embargo, traza de cuernos, pero sí el citado repliegue posterior de la cabeza. En una expedición previa a Mongolia ya se había encontrado parte de la cascara de un huevo, pero el descubrimiento, realizado después, del nido entero, en una zona desértica —a cientos de kilómetros de distancia de los habitantes más próximos— sobrepasó las esperanzas.

Por fin se había conseguido la prueba de que, al menos, algunos dinosaurios ponían huevos. Además, este dinosaurio (Protoceratops) los ponía (en cantidad de 15 o más) en un nido, de la misma forma que los ponen las tortugas y muchas aves actuales. Las rocas de color rojo ladrillo donde, se encontraron los huevos se componen de granos de arena fina y roja. Son blandas y se desmenuzan e, indudablemente, fueron formadas por la arena arrastrada por el viento. Mongolia debe de haber sido un desierto muy seco y cálido cuando el Protoceratops vivía.

Probablemente, los huevos fueron enterrados a demasiada profundidad por la arena movediza, de forma que los rayos solares no pudieron incubarlos. Poco a poco se fueron hundiendo cada vez más, a causa de la continua presión ofrecida por la gran carga de arena que soportaban encima y, a su vez, la arena que los rodeaba fue comprimiéndose y trasformándose en roca arenisca.

Entretanto, los huevos mismos fueron rellenándose de arena, al fosilizarse, y conservaron su estructura. Las condiciones de Mongolia resultaban ideales para la formación de fósiles, y de hecho el país es el lugar perfecto para buscarlos. Había muy poca humedad, y el aire, indudablemente, velaba por los restos animales, arrastrando la arena, que los enterraba en enseguida, lo que evitaría su descomposición. Además, desde que se extinguióle! Protoceratops, se ha sumergido uña pequeña extensión de Mongolia,, por lo que las rocas sedimentarias (rocas formadas bajo el agua) se han depositado sobre la arenisca sólo en contados lugares.

El Protoceratops vivía en condiciones desérticas. Sin embargo, debió de haber algunos ríos o lagunas cerca del nido, ya que se han encontrado fósiles de tortugas en los alrededores, y el esqueleto de la cola del Protoceratops hace pensar que este animal pasaba parte de su vida en el agua. Su pico córneo y la escasez de dientes sugieren que era herbívoro, y quizás arrancaba las hojas y las ramas de las plantas o arbustos del desierto.

Además de abandonar el agua para ir a comer, ponía sus huevos en hoyos que cavaba en la arena de las dunas. Colocaba los huevos en círculos, con el extremo más alargado dirigido hacia el centro del nido. La cascara era dura. Los huesos que se encontraron cerca del nido fueron después cuidadosamente conjuntados. Es curioso el hecho de haberse hallado cierta cantidad de esqueletos de jóvenes animales, próximos unos a otrosflo que hace pensar en la existencia de una especie de «colonia infantil», o de un lugar de cría.

También se han encontrado esqueletos de adultos, que no tenían más qué unos dos metros de longitud. La placa o expansión de la cabeza que protege el cuello está muy desarrollada, y en ella van insertos los músculos de la mandíbula y de la cabeza.

El notable descubrimiento de parte del esqueleto de un dinosaurio con forma de avestruz, el Oviraptor («ladrón de huevos»), en el nido del Protoceratops, hace pensar que dicho ser estaba realmente robando los huevos del nido. Por desgracia, sólo se ha conservado una pequeña parte de este esqueleto, pero es tan semejante al de otros dinosaurios con forma de avestruz, que el Oviraptor, probablemente, presentaba el aspecto que se le da en el grabado.

SIEMPRE SIGUIERON LOS DESCUBRIMIENTOS EN EL MUNDO

Huevos Hallados en China, Cuando Se Excavaba Para Una Zanja

La ciudad de Heyuan, en China, es conocida popularmente como “la ciudad de los dinosaurios”, debido a los constantes descubrimientos de fósiles en su territorio. Esta vez, unos obreros han descubierto 43 huevos de dinosaurio mientras instalaban un nuevo sistema de cañerías, y muchos están intactos.

Fuente Consultada:
Revista TECNIRAMA N° 67
Enciclopedia de la Ciencia y La Tecnología

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Dinosaurio de la Patagonia Hallazgo de Craneo Argentina Abelisaurus

DINOSAURIOS DE LA PATAGONIA ARGENTINA CRANEO DEL ABELISAURUS

HISTORIA DEL ABELISAURUS EN LA PATAGONIA ARGENTINA:

La paleontología de vertebrados argentina ha engrosado recientemente su conocimiento de los antiguos habitantes de la Patagonia, gracias al hallazgo de un magnífico cráneo de dinosaurio carnívoro procedente de las cercanías del lago Pellegrini, al norte de la provincia de Río Negro.

Su descubridor, el profesor Roberto Abel, es Director del Museo Provincial de Cipolletti, y hace ya varios años se dedica a la búsqueda y colección de restos fósiles en su provincia. El hallazgo del ejemplar fue fruto de la dedicación y empeño, pocas veces valorada, de este «cazador de fósiles».

El material fue enviado al Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires para su restauración y estudio. Luego de un análisis preliminar, realizado por el doctor José F. Bonaparte y quien escribe, el cráneo fue devuelto al museo rionegrino donde se halla en exhibición. El nuevo dinosaurio ha sido bautizado con el nombre de Abelisaurus comahuensis, cuyo significado informal sería «el dinosaurio de Abel que habitó el área del Comahue»

La roca que contenía al Abelisaurus se compone de areniscas depositadas por la acción de ríos que recorrían el norte y noroeste patagónico hace 70 millones de años. Los mismos, quizás provenientes de zonas altas situadas hacia el oeste, desembocaban en un extenso mar que cubría amplios sectores del sur argentino; su transgresión, proveniente del Atlántico, se produjo como resultado de descensos parciales del suelo patagónico.

Los dinosaurios de la Argentina

De todas las regiones en el mundo en las que los dinosaurios se desarrollaron, la única donde puede seguirse su historia evolutiva, desde sus orígenes hasta su extinción, es la Patagonia, en el sur de Argentina.

Es interesante destacar que estos estudios apoyan una imagen diferente a la ordinaria, que los identifica como monstruos pesados y torpes. Revelan que se desplazaban a una velocidad mucho mayor que la de cualquier animal de la época y eran despiertos y activos.
Los dinosaurios (deinos saurus: lagartos terribles), que aparecieron en el Triásico (hace unos 200 millones de años), dominaron la tierra durante el Jurásico (180 millones de años) y el Cretácico (unos 120 millones de años).

Fueron, sin duda, los vertebrados más importantes en la historia de la Tierra. Emparentados con los cocodrilos, los lagartos y las serpientes, se expandieron con gran libertad, logrando algunos dimensiones enormes. Vegetarianos o carnívoros, caminaron sobre dos patas o se apoyaron en las cuatro.

Los dinosaurios constituyeron un grupo de reptiles muy abundantes y diversos que dominaron los ambientes continentales durante el transcurso de la Era Secundaria o Mesozoica. Esta Era se extendió entre los 240 y 65 millones de años, y se la divide en tres períodos (del más antiguo al más reciente): Triásico, Jurásico y Cretácico.

Como puede verse en la figura , se reconocen dos grandes agrupaciones dentro de los dinosaurios, diferenciadas en base a las características de sus pelvis (caderas): los ornitisquios, de pelvis similares a las de las aves, y los saurisquios, cuyas caderas responden al modelo típicamente reptiliano. El primero de los órdenes incluye sólo formas herbívoras, tanto cuadrúpedas como bípedas. El orden restante está integrado por herbívoros cuadrúpedos (los saurópodos) y por carnívoros bípedos (los carnosaurios). El Abelisaurus es incluido dentro de estos últimos.

evolucion de los dionosaurios

Los carnosaurios incluyen a los mayores depredadores terrestres de todos los tiempos, conociéndose entre ellos formas tales como Tyrannosaurus, del Cretácico del Hemisferio Norte, que alcanzaba 5 metros de altura y unos 15 metros de longitud.

El cuerpo de estos reptiles era soportado exclusivamente por sus patas traseras, que adoptaban una disposición erecta por debajo del cuerpo, a la manera de las aves actuales. En neto contraste, los miembros anteriores tendieron a reducirse en el curso de la evolución del grupo. Los mismos no participaban en la locomoción. La pelvis actuaba como pivote del movimiento corporal, relacionándose mediante poderosos músculos con las patas y la cola; esta última estaba bien desarrollada y funcionaba como balance o contrapeso del resto del cuerpo.

Imagen de dinosaurio abelisaurus - PARTES

Quizás el aspecto más destacable de estos dinosaurios sea su cabeza, en la que se concentraban las actividades de predación; la boca, formada por grandes mandíbulas provistas de numerosos dientes, permitía a estos seres atrapar, matar y engullir grandes presas. Se supone que los carnosaurios, a pesar de su tamaño, fueron relativamente ágiles y de desplazamientos rápidos, caracteres que los habrían convertido en bestias verdaderamente peligrosas. Los mayores carnívoros de la actualidad, cocodrilos, leones y osos, quedarían reducidos a enanos frente a cualquiera de los extintos carnosaurios.

Argentina cuenta con significativos restos de este linaje, incluyendo esqueletos completos, de los tres períodos del Mesozoico. Del Valle de la Luna, San Juan, proceden restos de formas arcaicas, tales como Harrerasaurus, que representan la primitiva radiación adaptativa del guipo, ocurrida a linos del periodo Triásico, hace 200 millones de años. Este género de unos 4 m. de longitud, cazaba reptiles hervívoros de porte mediano, incluyendo en su dieta a los ornitisquios del género Pisanosaurus, que no superaban el metro de largo.

El próximo estadio de la evolución de los carnosaurios está representado por el Piatnitzkysaurus, hallado en Cerro Cóndor, Chubut. Esta forma jurásica convivió con los grandes saurópodos del género Patagosaurus, que habitaban zonas cercanas a cuerpos de agua donde tendrían a su disposición abundante cantidad de material vegetal. Es probable que los Piatnitzkysaurus hayan cazado en grupos, atacando a los individuos más pequeños o enfermos de las manadas de Patagosaurus.

La etapa final de la historia de los carnosaurios, correspondiente a las formas cretácicas, se destacó por el gran tamaño y grado de especialización desarrollado; Abelisaurus y Tyrannosaurus constituyen interesantes ejemplos de este estadio, próximo a la extinción definitiva del grupo.

Abelisaurus: caracteres y parentesco

CRANEO DE ABELISAURUS

El cráneo de Abelisaurus, de 85 centímetros de longitud, se caracteriza por su hocico largo y alto, provisto de amplias fenestras, inusualmente desarrolladas, entre las fosas nasales y las órbitas. La superficie dorsal del hocico estuvo cubierta por una piel áspera y gruesa, tal como lo indican las cortas y fuertes proyecciones óseas de los huesos nasales. Este carácter se encuentra con frecuencia en los integrantes del linaje de los carnosaurios, y su significado habría sido el de proteger al hocico cuando lo introducían en el cuerpo voluminoso y resistente de las víctimas.

CRANEO DE ABELISAURUS

Foto del cráneo del Museo Rivadavia

La efectividad de sus mandíbulas estaba asegurada por los maxilares, estaba asegurada por los maxilares, altos y robustos. Los dientes de Abelisaurus comprimidos lateralmente y de bordes afilados y aserrados actuaron como cuchillos para desgarrar carne y tendones.

Los ojos se encontraban bien arriba a los lados del cráneo, y una prominencia ósea a manera de «ceja» los protegía dorsalmente.

Los músculos encargados de cerrar las mandíbulas se alojaban por detrás de las órbitas. Los mismos, al producirse esta acción, se acortaban y se ensanchaban a la vez; consiguientemente estos músculos tendían a salir por las amplias aberturas temporales, desarrolladas con este propósito.

Pero lo que se ganó en espacio para alojar músculos temporales se perdió en espacio para alojar materia gris, convirtiendo al cerebro en una porción ridículamente pequeña del sistema nervioso. Los carnosaurios prefirieron un buen aparato bucal a un buen nivel intelectual.

Tomando en cuenta las proporciones craneanas, se estima que Abelisaurus alcanzó los 3 metros de altura en posición bípeda, y una longitud total de 7 metros.

La comparación efectuada entre Abelisaurus y otros carnosaurios, da cuenta de que se trata de una forma totalmente nueva para la ciencia.

Presas probables del Abelisaurus: los titanosaurios y los kritosaurios.
Abelisaurus estuvo capacitado para cazar y matar otros grandes reptiles, entre los cuales los candidatos más probables fueron los gigantescos saurópodos. Este linaje incluye a los dinosaurios de mayor tamaño, superando algu nos los 30 metros de longitud.

Estas moles, de hábitos herbívoros se caracterizan por su condición cuadrupedal (los miembros anteriores v posteriores sostenían como columnas al cuerpo voluminoso) y por su largo cuello que termina en una cabeza de reducidas dimensiones Los saurópodos contemporáneos de Abelisaurus pertenecen al grupo de los titanosaurios, habiéndose reconocido lo géneros Laplatasaurus, Titanosaurus, Argyrosaurus y Antarctosaurus. Es probable que estos herbívoros se alimentaran del follaje de vegetales de gran parte, como araucarias, pino, etc.

En las zonas central y este de la provincia de Río Negro han sido registrados restos del género Kritosaurus, ornitisquio caracterizado por su hocico chato y ancho (similar al de los patos). Estos dinosaurios vivían en zonas costeras, frecuentando ríos y quizás el antiguo mar que mencionamos al comienzo. En esos cuerpos de agua los Kritosaurus habrían encontrado refugio al ser atacados por los Abelisaurios o formas afines.

Futuros estudios del Abelisaurus, como también de los restantes reptiles asociados, ayudarán a comprender mejor aspectos evolutivos, paleogeográficos y paleoecológicos de las faunas mesozoicas argentinas.

El hallazgo realizado por el profesor Abel pone nuevamente de manifiesto la extraordinaria riqueza fosilífera de nuestra Patagonia.

MAS SOBRE LOS DINOSAURIOS…

Los dos órdenes principales, cuyas diferencias se muestran en los huesos de la pelvis y en las características dentarias, fueron los saurisquios y los ornitisquios. Los primeros tuvieron el predominio, generando herbívoros gigantescos y carnívoros terribles. Los ornitisquios, en mayor parte herbívoros inofensivos, fueron los antecesores de las aves.

Por largo tiempo, durante la totalidad de la época de los dinosaurios, la naturaleza fue benigna en la Patagonia, brindando un habitat ideal. El clima era tropical, húmedo y las aguas de mar, cálidas. Las orillas de lagunas y pantanos estaban cubiertas de bosques de coniferas, de heléchos, de gingkoales…

Los dinosaurios patagónicos tuvieron una gran etapa pangeica, cuando los continentes no estaban separados (Triásico-Jurásico) y gondwánica, cuando se separaron Gondwana y Laurasia (Cretácico), hasta que cerca de la finalización del Cretácico, por la apertura definitiva del Atlántico sur, quedaron aislados.

Pero, poco antes del fin del Cretácico, un puente terrestre o tal vez islas escalonadas, que debieron existir donde el Mar de Tethys, que separaba los supercontinentes, era más estrecho, permitió que algunos dinosaurios de América del Sur emigraran a América del Norte y viceversa, generando un notable intercambio de fauna terrestre.

La evolución orgánica de los dinosaurios patagónicos está en correspondencia con los periodos geológicos: Triásico, Jurásico y Cretácico, registrándose una transformación que fue desde las formas óseas más primitivas hasta las más avanzadas.

Un descubrimiento extraordinario, único en el mundo, constituyó el hallazgo de José F. Bonaparte, en 1976, en la Patagonia austral (Santa Cruz): un nido de dinosaurios triásicos. Junto a los huevos fosilizados había de ocho a diez ejemplares recién nacidos de Prosauropoda. Representaron una valiosa posibilidad de estudiar, por primera vez, el desarrollo ontogenético de un grupo que, al finalizar el Triásico, se extinguió en todo el mundo y fue reemplazado por sus descendientes, los Sauropoda.

Saurópodo es el Patagosaurus fariasi, del Jurásico, herbívoro de gran talla, cuadrúpedo, hallado en Cerro Cóndor (Chubut), y exhibido en el Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires.

En Cañadón Asfalto, se halló del Jurásico Medio, un Carnosauria de la familia Allosauridae: él Piatnitzkysaurus floresi. Los allosaurios fueron los primeros gigantes, los depredadores más terribles de los sauris-quios, auténticos flagelos de llanuras y bosques. Sólo la primera ave, el Árchaeopteryx, parecía no temerle.

Este poderoso carnívoro, bípedo, de brazos pequeñísimos, muestra en todas sus vértebras y huesos largos, un notable sistema de cavidades «neumáticas», quizás llenas de gas, eventualmente regulables, que le habrían permitido un fuerte movimiento de aceleración y velocidad.

dinosaurio patagonia

En el Museo Rivadavia, se exhibe este ejemplar de Patagosaurus fariasi, herbívoro del Jurásico Medio, hace 150 millones de años. Este mide 14 m de largo y alcanza 5 de alto.

Excepcional en realidad es el hallazgo, en 1984, del Carnotaurus sastrei, en Bajada Moreno (Chubut), de fines el Cretácico Superior. Se trata de un carnosaurio, único en el mundo, porque su cráneo presenta la particularidad, entre todos los dinosaurios carnívoros, de tener dos robustos cuernos supraorbitarios, los cuales han modificado la anatomía de la región orbitaria superior.

Aún tratándose de un tipo ecológico comparable a los de Laurasia, la evolución de la forma patagónica siguió caminos distintos debido al prolongado aislamiento de Gondwana y Laurasia, durante el Cretácico. De esta especie se han encontrado impresiones de la piel.

También  han sido descubiertos en Patagonia los llamados «dinosaurios pico de pato», Hadrosauridae, ornitisquios herbívoros, con una poderosa cola que hace pensar que hayan sido muy buenos nadadores.

Su presencia es de extrema importancia paleografía porque documenta la existencia de una conexión física entre ambos continentes, ya que este grupo se verificó en América del Norte, siendo inmigrante en América del Sur.

Muchos más son los ejemplares hallados en Patagonia. De impresionante riqueza paleontológica, registra la vida de los dinosaurios en todo su intervalo geológico de 135 millones de años de duración. Desde su aparición, hasta su extinción. Y su climax, que se produjo al final del Cretácico cuando aparecen sobre laTierra las primeras plantas de flor, angiospermas, de las que se desconoce su origen. En competencia con la antigua flora, alcanzaron un rápido predominio, favorecidas por los insectos y estimulando notablemente a los dinosaurios herbívoros.

dinosaurio de la patagonia

El Pterodaustro guiñazui era un reptil volador cuyo tamaño oscilaba de 1 a 2.5 m de envergadura en las alas. Es de la Formación Lagarcito, Cretácico Inferior, de la localidad de Hualtarán, San Luis, Argentina.

La desaparición súbita de los dinosaurios es un interrogante. ¿Por qué se extinguieron todos?, ¿no pudieron adaptarse a las condiciones geológicas cambiantes?, ¿hubo un envejecimiento de la raza?, ¿fueron superados por los mamíferos? La realidad indica que no pudieron franquear la transición cretácica-eocena.

Fueron reflejo de un mundo fascinante, poblado de enormes criaturas, con cambios geológicos poderosos y exóticas plantas. Su estudio nos conecta con la tenacidad del hombre por ir másalláen su conocimiento del extraordinario mundo en que vive.  (Fuente consultada:Revista GEOMUNDO Vol. 13 N°04)

OTROS YACIMIENTOS DEL TRIÁSICO:
Aunque en menor cantidad y diversidad que en Ischigualasto, en otras se han hallado fósiles de los primeros dinosaurios.

Si bien la Patagonia argentina es reconocida por la abundancia de fósiles de grandes dinosaurios del Jurásico y Cretácico que allí se han hallado, también ha brindado información sobre los del Triásico. En la década de 1960, el doctor Rodolfo Casamiquela trabajó en un yacimiento ubicado en la formación Cañadón Largo, del grupo El Tranquilo, en la provincia de Santa Cruz, que presenta características tal vez únicas en el mundo.

Allí se han encontrado una variedad de ejemplares completos y fragmentados del Mussaurus patagónicas, un dinosaurio sauropodomorfo de fines del Triásico, pertenecientes a recién nacidos, juveniles y adultos; inclusive, un grupo formado por 11 pichones y dos huevos ubicados en lo que, probablemente, era un nido.

Esta abundante información permitió hacer estudios sobre las diferencias morfológicas que presentaban estos animales en su crecimiento y aspectos de su comportamiento reproductivo: el hallazgo del nido hace suponer que los individuos jóvenes permanecían en el nido por algún tiempo y los padres cuidaban de ellos.

Otro yacimiento de importancia es el de la formación Santa María, en el sur del Brasil, donde se encontraron, entre otros, los restos del Stauríkosaurus, de .características similares al Herrerosaurus. Este y otros restos de dinosaurios saurisquios hallados en Argentina y Brasil han permitido establecer que el grupo estaba ampliamente distribuido en la región y también en otras zonas. 

Fuente Consultada: Revista Patagónica Nro. 20  Año IV – 1984 – Nota de Fernando E. Novas