Roma: Disciplina Militar

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Historia del Ejército Romano
La Ocupación Militar

LA OCUPACIÓN MILITAR: Los romanos ocupaban sólidamente sus conquistas, y de aquí el que pudieran conservarlas. Dos creaciones originales hablan asegurado la estabilidad de dicha ocupación las colonias militares y los caminos.

Todos los países conquistados fueron conservados por colonias que no eran ni col9nias de población ni de explotación, sino castros o campamentos permanentes de pequeños cuerpos de ejército en país extranjero, que se llamaban centinelas. Para establecerlos, se escogía un punto estratégico, tal la confluencia de varios caminos, un paso de río, la juntura de dos valles, y la primera obra era el recinto fortificado en que habían de instalarse los antiguos soldados con sus familias a quienes se distribuían lotes de tierra.

El casco de la izquierda es de legionario , el cassis, de metal terminado por un anillo destinado a la correa de que se servian los soldados  para llevarlo pendiente y a la espalda cuando iban de marcha. El de la derecha es un casco de pretoriano, soldado de la guardia del emperador.

Estos soldados continuaban siendo ciudadanos romanos y tenían una organización interior análoga a la de Roma. Los puestos fortificados se asimilaban poco a poco los pueblos vecinos, aunque manteniéndolos en obediencia. En caso de invasión, como en el tiempo de Pirro y de Aníbal, detenían al invasor dispersando sus esfuerzos y encerrándolo en su propia conquista. Expulsado el enemigo, la dominación romana quedaba intacta.

Para unir esas colonias, los romanos hacían caminos, lo cual era una innovación en el mundo antiguo, pues los griegos sólo conocían senderos. El camino o calzada romana, que facilitaba el tránsito de las legiones y de las máquinas militares que las acompañaban, tenía la misma importancia que hoy tienen los ferrocarriles estratégicos en los países conquistados.

Era un medio de impedir las sublevaciones, puesto que permitía a las tropas trasladarse rápidamente a los puntos amenazados. La solidez de aquellas calzadas es proverbial. El subsue1o estaba cimentado, y la superficie cubierta con anchos y desiguales adoquines dispuestos como un mosaico. La primera y más célebre calzada fue la Vía Apia, que unió a Capua con Roma en 312. Nada demuestra mejor el ingenio metódico de los romanos.

La Disciplina Militar en El Ejercito de Roma Antigua Soldados Romanos

Disciplina Militar en El Ejército de Roma Antigua

Narra el historiador Tito Livio que el ejército del cónsul Pablo Emilio estaba un día ocupado en instalar su propio campamento. No era ésta una operación muy larga, si bien se trataba, prácticamente, de levantar una verdadera ciudadela fortificada. Los soldados romanos estaban, en efecto, tan bien adiestrados que empleaban en la obra no más de cinco o seis horas.

Y he aquí que, mientras todos estaban diligentemente ocupados, un joven oficial se presentó ante el cónsul y le informó que el enemigo en marcha se encontraba en ese momento en una posición estratégicamente desfavorable, y que si se lo atacaba se obtendría probablemente una gran victoria.

Pero era menester ir pronto, antes de que la situación variara. Ya los oficiales, que habían escuchado, se preparaban para comunicar a los soldados la orden de suspender la construcción del campamento y empuñar las armas. Pero el cónsul no dio la orden esperada.

Todos se agruparon a su alrededor y le rogaron que no desaprovechara ocasión tan ventajosa. Entonces Pablo Emilio subió a la tribuna y pronunció un discurso que lo fiaría famoso: «Vuestros mayores se preocupaban de que el campamento estuviese provisto de todo lo necesario; sólo entonces lo dejaban para lanzarse a combatir, y en él podían encontrar refugio en caso de ser rechazados por el ímpetu de la batalla.

Por eso lo dotaban de fortificaciones y, cuando salían para marchar contra el enemigo, dejaban una fuerte guarnición, pues aquel general cuyo campamento hubiese sido destruido sería considerado derrotado, aunque hubiese ganado la batalla.

Los campamentos son la fortaleza del vencedor, el refugio del vencido. ¡Oh, cuántos ejércitos que a la iniciación de la batalla estaban por perderla volvieron a su campamento y, después, llegado el momento oportuno, hicieron una irrupción victoriosa y dominaron al enemigo!. El campamento es la segunda patria y para cada soldado su tienda es casa y hogar».

Aquel día los legionarios romanos renunciaron a una nueva victoria, para continuar la obra de leñadores, carpinteros cavadores y herreros que habían iniciado. Tal era la importancia que daban al campamento.

LA DISCIPLINA: La fuerza del ejército no residía exclusivamente en el armamento y la táctica, sino también en la disciplina, es decir, en la costumbre de consentir en hacer el esfuerzo que exige el superior.

Los generales imponían a los soldados largas marchas, duros trabajos y muchas privaciones cuando la obediencia se relajaba. La disciplina era muy severa. Cualquier falta a las órdenes dadas conllevaba la pena de muerte.

Los lictores azotaban al condenado y lo decapitaban en seguida.

Así pereció el hijo del cónsul Manlio por haber empeñado combate singular con un galo, a pesar de la prohibición de su padre. Las faltas ligeras se castigaban con azotes; eso explica que los centuriones usaran para mandar un sarmiento.

Imagen: Insignias (en el centro un aguila soportando un broquel, la punta de lanza que la remata, permitía clavarla en la tierra).

En los casos graves se diezmaba una legión, esto es, se indicaba por sorteo sí debía castigarse de cada diez o de cada veinte un soldado, y los hombres así designados eran decapitados de un hachazo.

Tal fue la suerte de las dos legiones de Fabio Rullo, que hablan huido delante del enemigo, igualmente, el senado se negó a rescatar 8,000 prisioneros que se habían dejado coger por los cartagineses.

Las recompensas eran numerosas. Consistían en armas de honor, en condecoraciones, en coronas y, algunas veces, en donativos de dinero.

Cualquiera podría objetar que armar y desarmar frecuentemente un campamento tan complicado resultaba tarea penosa. Tengamos en cuenta el extraordinario sentido del orden que imperaba y la férrea disciplina que regulaba la vida de ese ejército. La disposición del campo era fija, y así permitía a cada uno saber rápidamente en cuál sitio debía erigir la tienda respectiva, sin necesidad de recibir cada vez nuevas instrucciones.

Cada grupo, una vez levantada su tienda en el lugar habitual, tenía que ejecutar después un determinado trabajo de interés común; se creaba así en la tropa un adiestramiento tal que la construcción del campo no era considerada una carga extraordinaria. Parece razonable presumir que, en verdad, a otro ejército, aun al griego, no se le hubiera podido exigir igual prueba de destreza y organización.

Los campamentos militares romanos llegaron a ser tan poderosos y completos que resultaron uno de los principales instrumentos de romanización y civilización de las tierras conquistadas; las expediciones construían nuevas aldeas, que se transformaban con el tiempo en importantes ciudades. Así ocurrió en España, Francia, Alemania e Inglaterra.

El Arte de Hacer La Guerra Los Ejércitos de Roma Armas y Equipamiento

El Arte de Hacer La Guerra
Los Ejércitos de Roma: Armas y Equipamiento

Durante más de quinientos años, los ejércitos de Roma fueron los más fuertes del mundo, lo que constituye una marca desde el punto de vista histórico. Esta fuerza militar se debía, sobre todo, al hecho de que el verdadero romano consideraba el servicio militar no una carga sino un derecho.

Al principio, todos los hombres útiles formaron parte del ejército. Sólo a partir del siglo I antes de Jesucristo, los ricos intentaron librarse de la servidumbre de la vida militar, mientras que los ciudadanos menos privilegiados tenían que alistarse por un término de veinte años. Durante el imperio, cuando el ciudadano de Roma sólo se preocupaba del placer y la riqueza, las oscuras tareas del soldado se dejaron a los extranjeros. Así, algunos germanos alcanzaron el grado de oficial, e incluso de general.

El talento organizador de los romanos pudo exteriorizarse de un modo notable en el ejército. Las legiones fueron el núcleo principal del ejército. Al principio del siglo I antes de Jesucristo, una legión contaba con unos seis mil hombres. En la época de César sólo comprendía de cuatro a cinco mil. Cada legión formaba una unidad completa. Estaba dividida en diez cohortes, cada cohorte en tres manípulos y cada manípulo en dos centurias. Por tanto, una legión se dividía en sesenta centurias, cada una bajo el mando de un centurión, soldado cuya valentía y cualidades de jefe lo habían hecho  salir de las filas.

Antes de César, el mando de las legiones estaba confiado a tribunos a quienes incumbía la responsabilidad de las operaciones. Los tribunos mandaban de dos en dos durante dos meses. Pertenecían a las clases dirigentes y no siempre presentaban las indispensables garantías militares.

Por este motivo   César   dispuso   que   los acompañaran oficiales profesionales, llamados legados, sobre cuyos hombros pesaban graves responsabilidades. También, los cuestores desempeñaron un importante papel en el ejército de César. Sus actividades no se limitaban a ser las de un oficial pagador, sino que a menudo se les confiaba el mando de una legión.

Los soldados llevaban un pesado armamento. Tenían un venablo de 1,70 a 2 m. de largo y una espada plana de 60 cm. Portaban un casco de cuero o bronce, un escudo largo y una coraza de cuero reforzado con metal.

Junto a la infantería estaba la caballería y las tropas auxiliares provistas de arcos, flechas y hondas. Generalmente, estos soldados los proporcionaban los aliados. Cuando sitiaban una ciudad, los romanos disponían de diversos ingenios (catapultas y balistas) que les facilitaban el asalto. Personal especializado se encargaba de la conservación del material.

Los soldados no sólo llevaban sus armas sino también su comida e incluso con frecuencia una pala. Eran corrientes los desplazamientos de 25 a 30 km diarios. Cada noche el ejército establecía un campamento cuadrado siempre defendido. El mando se instalaba en el centro de la posición, así como el foro.

El campamento estaba rodeado por una empalizada y un foso. Las cuatro puertas eran vigiladas celosamente. Los campamentos que servían de cuarteles de invierno se elegían cuidadosamente, pues con frecuencia la   situación   estratégica  era  de suma importancia. Las legiones luchaban en tierras para ellas inhóspitas contra enemigos cuyo poder desconocían hasta entrar en combate.

Los romanos, expertos cavadores, se distinguieron en el arte del asedio. El sitio de una plaza se hacía en tres momentos o tiempos se cortaban las comunicaciones, se procedía a los trabajos de acercamiento o aproches, y por último, se iba al asalto. Para cortar las comunicaciones, se circunvalaba la plaza que se quería sitiar, es decir, se hacían atrincheramientos, con estacadas y blocaos para impedir que los sitiados salieran de la. ciudad y para evitar cualquier acción ofensiva que viniese de fuera.

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Las obras de acercamiento o aproches eran numerosas. Se establecían galerías formadas de casillas de madera revestidas algunas veces de planchas de hierro o se empleaban manteletes, galerías perpendiculares a muralla y que, después de haber cegado el foso, permitían que los trabajadores estuvieran al abrigo mientras minaban la base de la muralla.

Luego se armaban sobre ruedas, altas torres de madera que debían dominar la muralla de la plaza, que las máquinas en ellas colocadas iban a barrer con sus proyectiles. Además, paralelamente a la muralla, levantaban una alta terraza, àger, en la cual instalaban también máquinas de guerra. Aislados así los defensores, se procuraba abrir una brecha con el ariete, que era una viga larga y muy pesada, en una de cuyas puntas había una pieza de hierro o bronce con figura de cabeza de carnero, y que se manejaba desde el interior de las casillas conocidas con el nombre de galápagos. Otras veces se probaba minar la fortificación o pasar por debajo de ella construyendo un subterráneo.

Hecha la brecha, se daba el asalto formando el testudo. Esta maniobra consistía en que los hombres de primera fila entrecruzaban sus escudos, mientras que los otros los colocaban horizontalmente por encima de sus cabezas. La columna de ataque se asemejaba a una tortuga en su concha.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 2 Las Legiones Romanas

Ejercito Romano Combate Campamentos Disciplina Ejercicios Fisicos

Ejército Romano Combate Campamentos
Disciplina y Formación Física

Después se hizo de escamas de acero articuladas, unas cubrían el pecho y otras los hombros, a manera de anchos tirantes. Se ponían además una especie de sayo o cota de mallas que llegaba a menudo hasta el bajo vientre.

Las legiones se desplegaban unas al lado de las otras, y en el orden que ya hemos indicado. Esta disposición tenía dos ventajas ofrecía un frente más extenso a ejércitos más numerosos, como eran los de los bárbaros, y permitía el ataque constante en escalones con tropas frescas.

La acción se empeñabas comenzando los vélites, que maniobraban como cazadores delante de la línea de batalla, y abrumaban al enemigo con dardos y flechas.

Llegado el momento, cargaba la legión las primeras filas lanzaban al mismo tiempo el pilo, para sembrar la confusión en el frente enemigo, y terminada esa salva, atacaban espada en mano. Cuando el enemigo volvía la espalda, caballeros y vélites continuaban la persecución.

UN CAMPAMENTO DESTINADO A CUATRO LEGIONES.
El
campamento es un rectángulo protegido por un atrincheramiento, valium, formado de un foso, de un parapeto, áger, y de una estacada. Cuatro puertas daban acceso al campamento, puestos que vigilaban cuerpos de guardia de tropas auxiliares, colo­cados en la parte de afuera. En el campamento se ve la tienda de campaña aislada, del general; enfrente su tribunal. Los e3tandartes están colocados delante de las tiendas de Los oficiales. Las tiendas de los soldados están dispuestas en paralelogramos.

El  campamento es un rectángulo protegido por un atrincheramiento, vallum, formado de un foso, de un parapeto, áger, y de una estacada. Cuatro puertas daban acceso al campamento, puestos que vigilaban cuerpos de guardia de tropas auxiliares, colocados en la parte de afuera.

En el campamento se ve la tienda de campaña aislada, del general; enfrente su tribunal. Los estandartes están colocados delante de las tiendas de Los oficiales. Las tiendas de los soldados están dispuestas en paralelogramos.

El foso, el parapeto, áger, formado con la tierra sacada del foso y la estacada hecha de troncos de árboles a los que se les dejaban las ramas para enlazarlos, constituyen el vallum o atrincheramiento. Los soldados representados aquí se supone que tienen de 1,60 metros de alto.

Ese género de combate exigía que los soldados estuvieran muy avezados a la esgrima y de aquí el que los ejercicios fuesen tan frecuentes. Se esgrimía contra maniquíes o postes, con armas dos veces más pasadas que las reglamentarias.

Esos ejercicios de esgrima se hacían una vez por día. Además, los soldados estaban acostumbrados a maniobrar por centurias, manípulos o cohortes, porque la movilidad de esas unidades era una de las grandes ventajas de la legión y la principal condición para el éxito.

Un ejército en marcha acampaba todos los días, es decir construía una fortaleza provisional. El campamento era un gran rectángulo cortado por dos calles perpendiculares que terminaban en cuatro salidas o puertas. En el cruce de dos de esas calles se erigía el altar del fuego sagrado, se plantaba la tienda de campaña del general, o pretorio, y el tribunal.

Al lado se hacia una plaza pública llamada foro. El campamento era de esa manera la imagen de la ciudad, con sus dioses, su justicia  sus asambleas. En el resto del rectángulo se plantaban en fila las otras tiendas de campaña, cubiertas con pieles, y en las que podían alojarse diez hombres. Los diferentes cuerpos del ejército tenían señalado el Sitio que debían ocupar.

Rodeaba el campamento un foso angular de dos metros y medio de profundidad por tres de anchura; la tierra de la excavación servía para establecer un terraplén o parapeto, dger, de más de un metro, coronado con una estacada de la misma altura. Si el campamento llegaba a ser permanente, todas estas obras se construían con piedra.

La vigilancia del campamento estaba a cargo de rondas de caballería y de las centinelas que daban los puestos colocados junto a las puertas, fuera de trincheras. Gracias a la división del trabajo, el establecimiento de un campamento era una operación tan rápida como útil. El campamento era, en efecto, un abrigo contra las sorpresas, un lugar donde poder resistir en caso de descalabro, y un depósito seguro para los convoyes y bagajes.

Esto era muy importante, porque el soldado romano no debía estar embarazado para batirse. En resumen, el campamento permitía batirse cuando convenía, y sin impedimenta.

Ver: El Armamento en el Ejercito 

El Soldado Romano Defensa Personal Combates Ejercito De Roma

El Soldado Romano Defensa Personal
Ejército De Roma

La Leva: Mientras que el ejército se compuso de soldados ciudadanos, la leva o enganche de gente para el servicio militar fue un acto civil, análogo a la convocación de electores.  El senado fijaba el contingente, y los cónsules anunciaban en un edicto el día en que el pueblo debía reunirse por tribus en el Capitolio.

Había cuatro tribus que estaban obligadas a dar cuatro legiones, a razón de dos por cónsul. Se sorteaba la primera tribu que debía suministrar los hombres; éstos eran designados nominalmente y los así designados pasaban cuatro a cuatro, ante los magistrados que los examinaban de carrera y repartían en las cuatro legiones, cuyos oficiales se habían nombrado de antemano.

Los cónsules concedían exenciones en determinados casos y castigaban a los ausentes con penas que consistían en multas, azotes, prisión y hasta esclavitud. La operación se terminaba cuando todas las plazas de las legiones estaban provistas.


LEGIONARIOS CONSTRUYENDO UNA MURALLA
El legionario no solo era un soldado, también se le empleaba en el intervalo de los combates en construir trincheras, puentes, caminos. Hasta ciudades han construido cuyas ruinas hoy existen como Argel y Tunez

El Soldado Romano: El soldado romano, labrador latino armado, era, en general, un hombre pequeño, moreno grueso y robusto, que los trabajos del campo hablan endurecido al trabajo. No se admitían además en el ejército sino a hombres cuya robustez fuese probada, y el consejo de revisión que seguía al enganche, era extremadamente severo Los soldados romanos mostraron notable resistencia en las fatigas del servicio.

Hacían, como la infantería moderna, marchas de a8 a 32 kilómetros, con una carga de 6o libras romanas, casi unos 20 kilogramos. Cada hombre llevaba en marcha, además de sus armas, diversos utensilios hacha, pala, azadón, y quince días de víveres.

Esta carga la llevaban en el hombro derecho, atada a una percha. Una vez llegados a la etapa, los soldados debían fortificar el lugar antes de darse al descanso. Los empleaban también en construir caminos, y es sabido que manejaban la pala y el azadón tan bien como la pica y la espada. Además eran tan sobrios como infatigables andadores y excelentes jornaleros.

Por lo que respecta a lo moral, el soldado romano confiaba en sus jefes, perseveraba en el esfuerzo y estaba dispuesto siempre a hacer todos los sacrificios que exigía la grandeza de su patria. Los reveses no le desanimaban, y la energía patriótica del romano fue causa de que sus enemigos lo admirasen.

Estaba sujeto además por el vinculo del juramento. Al entrar en la legión, juraba obedecer a su general, seguirle por dondequiera le condujese, y permanecer debajo de la bandera mientras no fuese relevado de su juramento.

El juramento lo prestaban solemnemente, en presencia del cónsul, los oficiales, tribunos y centuriones; después se daba lectura de él, a los soldados, y llamado cada uno por su apellido, respondía o «Yo también».

Roma debió su grandeza a las cualidades excepcionales de sus primeros soldados.

Las Legiones Romanas Caracteristicas Cantidad Soldados y Armas

Las Legiones Romanas
Caracteristicas, Cantidad de Soldados y Armas

INTRODUCCIÓN: El ejército fue el principal artífice de la edificación del Imperio romano, fundamentalmente porque la paz en el interior del mismo dependía del poder militar. En la época republicana, la fuerza de este ejército residía en su cohesión, debida al reclutamiento que se llevaba a cabo según el principio del ciudadano-soldado: todo ciudadano varón es movilizable a partir de los 17 años.

Pero esto no suponía que Roma contara con un ejército permanente: la leva (dilectus) de tropas no se hacía, por lo general, más que en tiempo de guerras; durante la conquista, la movilización tenía lugar todos los años.

La unidad básica de batalla era la legión. En la época republicana había cuatro legiones constantemente en pie de guerra. En tiempos de paz, los cónsules examinaban a los individuos en edad de movilización y sorteaban, entre ellos, los que serían .efectivamente enrolados en las legiones.

En caso de amenaza grave, los magistrados competentes podían decretar el tumultus, movilización masiva de todos los jóvenes en edad militar.

A medida que se extendía el Imperio, los campos de batalla eran más numerosos y lejanos, con lo que el ejército romano se fue transformando. El número de legiones se multiplicó y el reclutamiento se proletarizó: al final del s. II a.C. Mario decidió reclutar a todo tipo de voluntarios, incluidos los de las familias más humildes. A partir de ahí, el ejército empezó a estar integrado por profesionales atraídos por la soldada y por el botín.

Los soldados, cada vez más vinculados a sus jefes, no dudaban en luchar junto a ellos con ocasión de  guerra civil. Pero este cambio no tuvo solamente consecuencias negativas: sirvió también para marcar una notable mejora los aspectos técnicos del ejército.

Cuando  Augusto organizó el ejército imperial, en s. I de nuestra Era, no necesitó más que ratificar un hecho ya consumado, creando un ejército permanente formado por soldados profesionales.

HISTORIA DEL EJERCITO ROMANO: Roma conquistó el mundo por medio de las armas; pero el ejército romano sufrió varias transformaciones antes de llegar a ser el excelente instrumento de conquista que fue cuando militó bajo las órdenes de César.

En su origen, el ejército romano no se parecía en nada a lo que nosotros llamamos ejército. Todos no eran soldados, por espíritu de justicia así como por desconfianza, los pobres que no podían comprarse una armadura eran excluidos del ejército.

Los soldados no estaban regimentados ni alojados en cuarteles por el estado. El día que los convocaban, los hombres designados se agrupaban por gentes, es decir por familias, y se armaban a su antojo, así el que los ricos se presentaran a caballo. No recibían sueldo se alimentaban, como se equipaban, esto es, a costa propia.

 SOLDADOS ROMANOS DE LA ÉPOCA DE LA REPUBLICA

SOLDADOS ROMANOS DE LA ÉPOCA DE LA REPUBLICA
El casco tiene un penacho. Llevan la primitiva coraza hecha de escamas de metal prendidos en una túnica de cuero. Los escudos, más grandes que el scutum, tienen forma oval. El balo relieve representa una escena de empadronamiento.

Los ciudadanos abandonaban por tiempo indeterminado sus familias y labranzas, y, una vez terminada la guerra, regresaban a sus ocupaciones. Además la guerras nunca eran muy largas, pues siendo merodeos más bien que combates organizados, éstas se hadan en las inmediaciones de Roma. El ejército era, si así puede decirse, una especie de guardia nacional, o dicho de otro modo «un pueblo de pequeños propietarios que se ejercitaban en combatir».

La reforma de Servio Tulio consistió en aumentar el número de soldados e introducir el orden en el armamento. Como se ha visto ya, Servio habla dividido el pueblo en siete clases, en razón de la fortuna. La última clase, o sea la de los proletarios, continuó excluida del ejercito; la primera clase, los caballeros, formó la caballería; las demás sirvieron en la infantería, pero cada clase tuvo su armamento particular.

La segunda tenía una armadura completa casco y escudo redondo de bronce, clipeo, coraza, canilleras, lanza y espada. La tercera y la cuarta usaban un escudo largo de madera cubierto de cuero y de hierro, llamado scutum; la quinta estaba provista de picas y flechas, sin coraza, y la sexta sólo tenía hondas.

El orden de batalla era la falange, como los espartanos y macedonios, es decir una masa compacta de combatientes en cuyas primeras filas figuraban los hombres mejor armados. El soldado continuaba equipándose y alimentándose por su propia cuenta.

El ejército se modificó completamente bajo el dictador Camilo, en la época de la guerra con los galos. Como la duración de las operaciones no permitía que los soldados regresaran a sus campos, se dió una paga equivalente, en tiempo de César, a unos 120 francos anuales, a los de infantería.

Además, los soldados ya no se reclutaron ni repartieron en clases con arreglo a su fortuna, sino en armas distintas teniendo en cuenta el valor de cada cual y el tiempo de servicio.

OBLIGACIONES MILITARES: Entre los 17 y los 60 años, los romanos debían cumplir con el servicio militar. Este requisito era imprescindible para poder acceder al gobierno y hacer carrera política («cursus honorum»). Hasta los 45 años participaban en las campañas, mientras que los mayores se hacían cargo de la defensa. La leva obligaba a cada «gens» a suministrar un cierto número de hombres armados además de personal de asistencia. Sólo los ciudadanos romanos o de algún pueblo bajo el dominio de Roma formaban parte del ejército, con lo cual se procuraba mantener vivo el fervor patriótico. Con el paso del tiempo, el ejército pasó a estar integrado por mercenarios, independientemente de su origen nacional o social. Los soldados recibían una paga pero sus campos de cultivo quedaban desatendidos.

También hubo la caballería, en la que seguían sirviendo los ricos, la infantería de línea y la infantería ligera. La infantería de línea formaba las cuatro legiones que reemplazaban la falange. Cada legión comprendía tres clases de soldados los asteros, los príncipes y los triarios que estaban divididos en treinta compañías, llamadas manípulos. Continuaban siendo propietarios soldados, y la movilización se hacía por tribus mediante orden del senado y de los cónsules.

Ese estado de cosas cambió con Mario, quien hizo que también los proletarios sentaran plaza de soldado, en lo sucesivo, en lugar de un ejército de soldados ciudadanos, que entraban en la vida civil una vez terminada la expedición, Roma tuvo un ejército de soldados de oficio que no tenían otro medio de vivir ni otra industria que la guerra.

Se unificó al armamento, y la caballería dejó de ser el arma de los ricos Esta fue la organización definitiva de la legión.

LEGIONARIO Y CENTURIÓN DE LA ÉPOCA DE CESAR
El legionario viste calzón de paño obscuro y túnica larga, con mangos cortas; calzo sandalias, cáligas, y la loriga que le cubre el pecho y los hombros está hecha con láminas de acero; pendientes de un cinturón, cíngulo, cubren el vientre varias cintos de cuero guarnecidas de laminillas de metal. Lleva un casco, cassis, también de metal, terminado por un anillo; ese cosco tiene cubre nuca y anchos carrilleras, estos últimas, para proteger las mejillas. Está armado con el pilo, venablo, y con una espada corta, gladio, que lleva a la derecha, pendiente de un tahau. Se resguardo con un escudo, scutum, cuadrangular, que lleva en el brazo izquierdo, la parte prominente del escudo y que está en el centro de éste, se llama umbón.  El centurión viste túnica guarnecida de escamas de metal; lleva el sago, manto o capa, recogido; ostenta condecoraciones, faleras, y el sarmiento que agarro es la insignia de su grado.

Durante el gobierno de Augusto, este mantuvo un ejército permanente de veintiocho legiones. Puesto que cada legión en su apogeo contaba con 5400 soldados, el Imperio Romano tenía un ejército de 150.000 hombres, ciertamente no numeroso para los actuales parámetros, ni en relación con el tamaño del propio imperio (la población del imperio probablemente se acercaba a los cincuenta millones).

Los legionarios romanos permanecían en servicio durante veinte años y se reclutaba sólo a ciudadanos (en la época de Augusto, ciudadanos de Italia, en su inmensa mayoría). Augusto también mantuvo un enorme contingente de fuerzas auxiliares, en las que se enrolaban los pueblos sometidos.

Servían como tropas de armamento ligero y como miembros de la caballería, cuyos comandantes eran romanos o líderes tribales. Durante el reinado de Augusto, los auxiliares sumaban alrededor de 130.000 hombres. Se reclutaban sólo entre los no ciudadanos, permanecían en servicio por veinticuatro años y, al final, recibían la ciudadanía, al igual que sus familias.

Augusto se encargó de instituir la guardia pretoriana. Estas «nueve cohortes de tropas de élite»—aproximadamente, 9000 hombres— tuvieron la importante tarea de cuidar la persona del princeps. Eran reclutados entre los ciudadanos romanos de Italia y senior, por dieciséis años. A la larga, la guardia pretoriana desempeñaría un  importante papel nombrando y derrocando emperadores.

La función del princeps como comandante militar dio origen a un título con el que, al paso del tiempo, este gobernante sería conocido. Cuando salía victorioso, un comandante militar era aclamado por sus tropas como imperator. Augusto también fue aclamado : en varias ocasiones. Imperator equivale a la palabra emperador.

Aunque dicho título fue aplicado a Augusto y a sus sucesores, Augur todavía prefería el título de princeps. No fue sino hasta el gobierno de Vespasiano (69-79) cuando el título de emperador llegó a ser ¿. título común para el gobernador romano.

La guardia pretoriana. Augusto se encargó de instituir la guardia pretoriana como un cuerpo de guardaespaldas imperiales de tropas escogidas. Se ilustran en este relieve del siglo II cinco miembros de dicha guardia.

Valor individual, disciplina férrea, preparación minuciosa, rapidez de maniobra en la batalla: esas fueron las cualidades que hicieron de las legiones romanas las unidades de combate más temibles de la antigüedad.  El nervio del ejército romano estaba constituido por la infantería; los jinetes, en cambio, eran pocos y no muy diestros; tanto era así, que la caballería se componía casi siempre de guerreros que aportaban los aliados. Otra característica importante del ejército romano era la habilidad en la construcción de fortificaciones y durante los asedios, de máquinas bélicas de todo tipo: catapultas, arietes y torres móviles de madera. Después  de una campaña victoriosa, el jefe tenía derecho a celebrar el triunfo; lo hacía mediante un fastuoso y solemne desfile en el que figuraban magistrados y soldados que aclamaban al triunfador.

PARA SABER MAS…

campamento militar romano

El campamento romano (castra) estaba siempre organizado de modo perfecto y racional. Para escoger su asentamiento, el general romano utilizaba los servicios de técnicos agrimensores del ejército. Debían localizar una zona que reuniese estas condiciones:

1) Amplitud suficiente para contener cerca de 10.000 hombres.
2) Situación un poco elevada, para permitir la vigilancia de los alrededores e impedir golpes de mano.
3) Proximidad de cursos de agua y pastizales para los caballos.
Una vez encontrado el lugar apto, se procedía a trazar la planta del campamento, que debía ser cuadrada o rectangular.

Ante todo, se señalaba el sitio donde se alzaría la tienda del general (praetorium). Era un cuadrado de 60 metros de lado, y ante él se cruzaban las dos grandes calles que dividían el campamento en cuatro partes. El decumanus máximus era la calle que iba de este a oeste y que conducía, por una parte, a la puerta praetoria (situada al este), y por la, otra a la puerta decumana (situada al oeste).

La vía principalis iba de norte a sur y conducía a dos puertas llamadas también «principales». Observamos inmediatamente que el campamento reproducía, con fidelidad, el trazado de las ciudades etruscas. Además, lo mismo que los etruscos, los romanos concedían mucha importancia a la orientación de las puertas.

La praetoria, abierta hacia levante, era la puerta del buen augurio: por ella salían las tropas para ir a la batalla. En cambio, la decumana, orientada a poniente, era la puerta maldita, por la que pasaban los soldados que debían ser ajusticiados fuera del campamento. Una vez realizado el diseño del campamento,  oficiales y suboficiales esperaban la llegada de las tropas.

Lo primero que hacían éstas era excavar, alrededor del campo, un profundo foso; la tierra extraída se utilizaba para levantar una escarpa a lo largo del borde interior del foso. Por último, sobre la escarpa, se construía una empalizada. Erigida esa línea continua de protección, interrumpida sólo por las puertas, las tropas se dedicaban a montar las tiendas.

En la figura puede verse casi todo el campamento. Las tiendas situadas a lo largo de la vía principalis, a derecha e izquierda del praelorium. son las de los oficiales. El espacio comprendido entre la via principalis y la puerta praetoria está ocupado por los legionarios y por los aliados; estos últimos, con los caballos, se hallan cerca de la empalizada.

Junto a ésta, por la parte interior, corre en torno de todo el campamento una faja de terreno despejado, de 60 metros de anchura, destinada a evitar que las tiendas de los soldados fueran alcanzadas por proyectiles lanzados desde el exterior.

Así, pues, el campamento romano era una obra maestra de ingeniería militar: cómodo para los legionarios durante las largas esperas antes de las batallas y, con frecuencia, tan extenso y bien construido, que se convertía, poco a poco, en una verdadera ciudad fortificada. Ese fue, precisamente, el destino de muchos campamentos «estables»: convertirse en ciudades.

Las tiendas fueron sustituidas por barracas de madera, y después por edificios de mampostería. Así surgieron muchas ciudades, que todavía existen hoy, como Aosta, Turín, Verona, Padua, Pavía, Plasencía, en Italia; Viena, Tréveris, Colonia y York, en otras naciones de Europa.

Los Soldados Romanos y Ejercitos Romanos Caracteristicas

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Los Soldados Romanos
Ejércitos Romanos y Legiones

HISTORIA DEL EJÉRCITO ROMANO Y SUS SOLDADOS: Ningún pueblo antiguo tomó la profesión militar con más seriedad que los romanos. Hicieron la guerra desde las costas de Galilea hasta los lluviosos acantilados del norte de Inglaterra. La seguridad de su vasto imperio, que abarcaba a 60 millones de habitantes, dependía de sus eficientes y poderosas fuerzas armadas, listas para entrar en acción en cualquier momento.

El ejército romano, en el cénit del imperio, fue una devastadora y efectiva maquinaria de guerra nunca antes vista en el mundo. Su unidad básica era la legión, integrada por 6,000 hombres, casi todos ellos soldados de infantería. También comprendía entre 100 y 200 jinetes exploradores, portaestandartes y captores de desertores.

TEMAS TRATADOS

Los Soldados Romanos Ejercitos Romanos y Legiones Romanas

Historia del EjercitoEl Soldado RomanoArmamento Militar
Campamentos
El Arte del Asedio Disciplina Militar Triunfo y Botín Ocupación Militar

El ejercito romano es una imitación del de Grecia; después irán apareciendo nuevas armas, nuevas tácticas, nuevo reclutamiento. Muy pronto, Roma no desconfiará más de los velites.

La guerra contra Cartago enrolará a los proletarios, «capite censi», a los que no habían confiado armas desde el día del alistamiento de tropas contra los galos (tumultus gallicus). Más tarde, Roma tendrá los auxilia, mercenarios extranjeros procedentes de los pueblos sometidos extraitálicos.

En la Roma republicana el supremo poder administrativo y el mundo militar están unidos. Es el imperium, que corresponde al magistrado: cónsul, pretor, dictador.

Pero las guerras con las grandes potencias exigirán una transformación: separar las funciones militares de las civiles. Para asegurarse sus triunfos, Roma deberá colocar al frente de sus  legiones a quienes posean una preparación técnica y profesional exclusivamente militar, independiente del cargo público. Y así lo hará.

El ejército comprende, ahora, además de los patricios de diecisiete a cuarenta y seis años, un gran número de plebeyos, en general poco pudientes, a quienes el estado da un sueldo o stípendium, porque las largas guerras, como había sido el sitio de Veyes, los obligan a abandonar los trabajos del campo.

El ejército se compone, además, de contingentes italianos, o aliados (socii), que representaban más de la mitad del total (por ejemplo: tres cuartos de la caballería o mitad de la infantería eran aliados).

El número de los contingentes aliados que proporcionan las ciudades italianas los fijaban los cónsules. Su formación y mantenimiento correspondía a las autoridades locales. Roma sólo lo hacía cuando los soldados se encontraban en campaña.

El cónsul; rodeado de una guardia (llamada pretoriana), de amigos, de clientes, de combatientes selectos, ejerce el mando supremo sobre las cuatro legiones (dos para cada cónsul) día por medio. Los jóvenes más ricos sirven en la caballería.

El estado les proporciona el caballo. Si se quieren iniciar en la carrera política deben desempeñarse como tribunos militares, pero como los cónsules, sin sueldo.

Nadie podía ocupar una magistratura sin haber servido diez años en el ejército. Los tribunos militares estaban al frente de la infantería de cada legión y se alternaban en el mando por mes o por día.

El manípulo, una de las treinta partes en que se divide la legión, estaba mandado por dos centuriones.

Todos los hombres aptos para el servicio militar se ejercitan en tiempo de paz en el campo de Marte; un entrenamiento acelerado tiene lugar durante los tiempos libres entre cada campaña. Los que no comparecen en el día del enrolamiento se exponen a penas severas, que van desde la multa hasta la esclavitud.

Los ciudadanos de cuarenta y seis a sesenta años constituyen la guardia territorial.

ARMA DE GUERRA ROMANA
Arma ofensiva para los sitios. La cabeza del hierro rompe los muros y retrocede para volver con más fuerza. Cuando el armazón está protegido del fuego por una especie de caparazón de cuero y lanas, tiene el aspecto de una tortuga: el ariete sale y entra como la tortuga en su caparazón.

Los romanos no eran jinetes entusiastas. Cuando se veían obligados a reclutar regimientos de caballería, generalmente utilizaban ayudantes extranjeros, especialmente galos y tracianos.

Éstos también eran arqueros, honderos y lanzadores de jabalina. Pero el soldado romano arquetípico, el legionario, debía ser ciudadano romano, y los reclutas pasaban por un riguroso programa de selección antes de ser aceptados en las filas.

Los reclutas debían tener una estatura mínima de 1.70 m, y se les examinaba médicamente para asegurarse de que estaban sanos y de que su vista era buena. Un legionario se enrolaba durante 20 años: era un compromiso importante.

Pero todos eran voluntarios, que se alistaban por la paga, la gloria, la oportunidad de ver mundo, o de progresar.

A través del ejército un joven campesino podía ascender al rango de centurión, con 80 hombres bajo su mando. Pero ningún legionario de origen humilde podía aspirar a entrar a la clase de los oficiales.

La clave para la promoción a los altos niveles era la educación, la riqueza y el rango: el compañerismo o «compadrazgo» sistemático, que operaba entre las familias de la nobleza.

Entrenamiento militar: Al ser aceptado, el recluta era enviado al campo de entrenamiento, donde pasaba, bajo implacable disciplina, el resto de su servicio obligatorio. Los soldados marchaban en el campo todos los días bajo las roncas órdenes de un centurión que empuñaba un bastón, símbolo de su rango e instrumento de castigo.

Uno de estos centuriones se ganó el apodo de «Trae otro», por la cantidad de báculos que rompió en las espaldas de sus soldados.

En las maniobras, los soldados atacaban estacas de 1.80 m de alto, golpeándolas con los tachones de sus escudos y clavándoles las espadas. Los reclutas bisoños lo hacían con armas de práctica de doble peso.

Con equipo completo encima, los hombres debían correr, saltar y librar caballos de madera. Durante el verano aprendían a nadar y realizaban marchas forzadas y simulacros de batalla, en preparación para los futuros combates.

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Ver:Emperadores Militares en Roma