Edad MediaAlfonso X El Sabio

Biografia Guillermo de Ockham Significado de la Navaja de Ockham

Biografia de Guillermo de Ockham
Explicación y Significado de «Su Navaja»

Guillermo de Ockham nació en 1285 en Ockham en el condado de Surrey (Inglaterra), conocido como Doctor Invincibilis y Venerabilis Inceptor fue filósofo inglés y teólogo escolástico, considerado el mayor representante de la escuela nominalista, la más consistente y directa rival de las escuelas tomista y escotista.

En los siglos XIII y XIV el problema de las relaciones entre la razón y la fe sigue siendo fundamental.

Mientras que para santo Tomás de Aquino la razón y la fe son fuentes de información distintas que en algunos casos proporcionan informaciones comunes, para Ockham se trata de fuentes diferentes con contenidos diferentes.

Por lo tanto afirma que tanto los atributos como la propia existencia de Dios son indemostrables por la razón.

Fue un distinguido discípulo del teólogo escolástico escosés Duns Escoto. El filósofo murió en Munich, mientras intentaba lograr una reconciliación con el papa Clemente VI en 1349.

Biografia de Guillermo de Ockham
Guillermo Occam (u Ockam), nacido en la localidad de este nombre en el condado de Surrey (Inglaterra), en los finales del siglo XIII (quizá en 1270), y fue llamado Inceptor Venerabais y Doctor Invencibilis.

Fue arcediano (diácono) de Stowe (Lincolnshire), profesor de Filosofía en París y catedrático de la misma disciplina en Bolonia.

Contendió a favor de los nominalistas contra los realistas, haciendo triunfar la tesis de aquéllos. Fue uno de los más eminentes dialécticos de la Edad Media y el mejor polemista de su escuela.

Duns Escoto y Guillermo de Ockham fueron quienes desarrollaron el camino señalado por Santo Tomás, llevando hasta sus últimas consecuencias algunos de sus puntos de vista.

El pensamiento de Ockham consiguió estimular a quienes buscaban un tipo de conocimiento empírico y experimental. Pero suscitó también una reacción contraria.

Si sus ideas se relacionan, en cierto modo, con el renacimiento de Aristóteles en el siglo XIII, la reacción contra ellas se desencadenó a partir de un nuevo renacimiento de Platón en el siglo XV.

Ockham se formó en la orden de los franciscanos y estudió y enseñó durante diez años en la Universidad de Oxford desde 1309.

Desde 1324 y por un período de casi 4 años estuvo apresado en el Palacio de Avigñon en Francia, como consecuencia de ser acusado por el Papa Juan XXII (imagen abajo) de impartir enseñanzas peligrosas.

Papa Juan XXIII enfrentado con Guillermo de Ockham
Excomulgado por el Papa Juan XXII, Ockham escribió contra el papado y defendió al emperador hasta que este murió en 1347.

En el conflicto surgido entre el papa Bonifacio VIII y Felipe IV el Hermoso de Francia, se puso al lado del monarca combatiendo al pontífice en una obra en la que sostenía que el Papa no tiene autoridad alguna en asuntos civiles y de Estado, que son de la exclusiva incumbencia de los príncipes y señores y que éstos tienen derecho a gravar con impuestos los bienes de la Iglesia.

Tras varias incidencias y reiteración de sus conclusiones, indispuesto con el papa Juan XXII se acogió a la protección de Luis de Baviera, pasando a Munich, donde actuó con su dialéctica a favor del bando gibelino.

Tan firmemente negó la realidad de las ideas abstractas, que hasta sostuvo que la existencia de Dios era asunto puramente de fe, no para ser conocido por intuición ni para ser probado enteramente por la razón (en cuyas conclusiones estaba contenida la esencia del nominalismo).

Este gran filósofo y polemista murió en Alemania en 1347.

Sostuvo la libertad de opinión contra las preocupaciones de su tiempo; dio mayor amplitud a las concepciones filosóficas, ensanchó los horizontes espirituales y preparó el advenimiento de más libres concepciones.

Se alió con los franciscanos contra el papa en una disputa sobre la pobreza de la orden y huyó a Munich en 1328 para acogerse a la protección de Luis IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que había rechazado la autoridad pontificia en asuntos políticos.

La gran aportación de Ockham al pensamiento medieval es su actitud crítica respecto de las corrientes filosóficas de la época: el agustinismo, el aristotelismo, el tomismo y el escotismo.

Coincide con Escoto en su concepción del conocimiento en la defensa de la primacía de la voluntad sobre el entendimiento. La corriente filosófica pugnada por Ockham recibe el nombre de criticismo.

Fue un gran defensor de la lógica, herramienta que tiempo despúes se aplicará rigurosamente en el método cientifico para estudios formales, por ejempllo, fenómenos naturales.

Afirmaba que muchas creencias de los filósofos cristianos , como por ejemplo Dios creador de todas las cosas, o que el alma es inmortal eran imposibles de demostrar mediante la razón filosófica, sino tan sólo a través de la revelación divina.

Es muy conocido por un proceso llamado «la navaja de Ockham» un método que defiende un principio de economía en la lógica formal, y dice que cuando estudiamos un modelo determinado para resolver un problema, siempre el que contiene menor numero de variables es el mas confiable de ser la solución.

«En igualdad de condiciones, la explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera»

¿Una navaja sin filo? La idea de la simplicidad puede interpretarse de distintos modos. ¿Se trata de rechazar la incorporación de entidades injustificadas o de hipótesis injustificadas?.

Hay muchos aspectos distintos: a la limitación del número y de la complejidad de las hipótesis al mínimo se alude en ocasiones como «elegancia»; y a la minimización del número y la complejidad de entes, como «parsimonia».

Pero cada una de estas opciones puede contradecirse: la incorporación de un ente desconocido, como un planeta o una partícula subatómica, puede suponer una gran oportunidad para el andamiaje teórico como para descartarla.

Pero si existe una incertidumbre semejante acerca del sentido de la navaja, ¿es razonable esperar que nos proporcione una orientación segura?.

Ockham principio
Principio de Parcimonia
Albert Eisntein simplicidad de ecuaciones
Albert Einstein decía «Todo dede hacerse lo mas simple que sea posible, pero no menos»

¡NO LA COMPLIQUES!…

leonardo da vinci y la simplicidad

«La simplicidad es la máxima sofisticación«. En esta frase atribuida a Leonardo da Vinci se nos revela todo un mundo de interpretaciones, y nos trasmite su sabiduría respecto a la vida y al estudio científico.

SINTESIS SOBRE SU FILOSOFÍA: Fue el creador del nominalismo, respuesta al problema de los universales, tan controvertido en la Edad Media. Sostuvo que la fe y la razón son irreconciliables y que cualquier intento de fundamentar racionalmente el dogma religioso acabaría por destruirlo.

El pensamiento de Ockham contiene una valoración de lo individual y del conocimiento empírico de los hechos que contribuyó de forma decisiva al desarrollo de las ciencias experimentales. Entre sus obras destacan un comentario de las Sentencias de Pedro Lombardo y una Suma en la que comenta la lógica aristotélica.

Fuente Consultada: 50 Cosas Que Hay Que Saber Sobre Filosofía de Ben Duré Editorial Ariel

La Filosofia Escolastica Caracteristicas y Representantes

La Filosofia Ecolastica Origen, Caracteristicas y Representantes

La filosofía escolástica. — La filosofía escolástica, cuyos estudios adquirieron fomento a partir de la segunda mitad de la Edad Media, consistía en el intento de acomodar las doctrinas eclesiásticas a un sistema científico, como construir una teoría que coordinada la fe con la razón.

Los maestros en estos estudios fueron conocidos con el nombre de escolásticos y tuvieron que hacer grandes esfuerzos y recurrir a toda clase de sutilezas dialécticas para concordar los dogmas de la verdad revelada y otros extremos teológicos y metafísicos, con las conclusiones científicas y los dictados de la razón.

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La principal preocupación de los escolásticos fue la de integrar el conocimiento ya adquirido de forma separada por el razonamiento de la filosofía griega y la revelación cristiana. Estos estudios de teología escolástica alcanzaron su mayor intensidad en la universidad de París.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: Las obras de Aristóteles se perdieron en Europa tras el fin del imperio romano.

Fueron redescubiertas en los albores de la Edad Media gracias a que habían sido preservadas por la tradición islámica, y se supo de ellas por los comentarios de algunos filósofos islámicos, en particular de Avicena (Ibn Sina, 980-1037) y Averroes (Ibn Rushd, h. 1126-1198).

A medida que las obras de Aristóteles se fueron difundiendo en la cristiandad, los filósofos cristianos se esforzaron por entenderlas y reconciliarlas con la doctrina cristiana.

Como muchos de estos filósofos vivían en las universidades medievales o «escuelas» de Oxford, París y Bolonia, han llegado a ser conocidos como los «escolásticos».

El más importante de los filósofos escolásticos fue Tomás de Aquino , cuyo trabajo proporcionó al cristianismo (y más adelante a la Iglesia católica) su filosofía oficial –un tipo de aristotelismo– que ha perdurado hasta la actualidad.

Uno de los problemas más peliagudos para los filósofos escolásticos era cómo reconciliar la teoría del alma de Aristóteles con la teoría cristiana de la vida espués de la muerte.

Según la visión aristotélica, forma y materia son inseparables.

Como el alma es la forma de la materia corporal, hay un problema con la visión cristiana de que, a la hora de la muerte, el alma se separa del cuerpo y sobrevive a éste.

Los escolásticos respondieron haciendo hincapié en que las almas se reúnen con sus cuerpos el día del Juicio.

No obstante, esto no explica cómo las almas de los muertos pueden sobrevivir sin sus cuerpos desde el momento de la muerte hasta el día del Juicio, y este problema puso a prueba el ingenio de los escolásticos.

La solución adoptada por muchos –que el alma toma y habita un «cuerpo espiritual» antes del día del Juicio– probablemente habría sido rechazada por Aristóteles.

Existieron dos bandos o tendencias principales en estas discusiones fueron el de los nominalistas y el de los realistas.

Los primeros sostenían que todas las ideas, en general, eran meras palabras (nomina).

Los segundos afirmaban resueltamente que las ideas no son formadas por el entendimiento, sino que tienen una existencia real (del latín res, cosa) independiente de la mente y del objeto particular y ponían como ejemplo la belleza, que en abstracto tiene existencia real, independíente de la cosa bella.

Esta controversia que se sostuvo muy apasionadamente en el siglo XII, se reprodujo a principios del XVI, resolviéndose a favor de la tesis de los nominalistas.

El beneficio concreto que a la humanidad reportaron estas disputas, no fue de índole directa, sino que adiestró a las inteligencias en el dominio de las dialécticas y las preparó para más fructuosas indagaciones que posteriormente sobrevivieron.

Fue un movimiento filosófico y teológico que intentó utilizar la razón natural humana, en particular la filosofía y la ciencia de Aristóteles, para comprender el contenido sobrenatural de la revelación cristiana.

En su origen “escolástico” designaba a los maestros de las escuelas monásticas o catedralicias medievales, de las que surgieron las universidades, pero acabó por aplicarse a cualquiera que enseñara filosofía o teología en dichas escuelas o universidades.

Caracteristicas y Representantes

Los principales representantes escolásticos. — El fundador de la escuela nominalista fue Juan Roscelín o Roscelino , nacido en Bretaña por el año 1050, que era monje de Compiegne y que llevado de su antirrealismo había llegado a incurrir en herejía con su particular interpretación del misterio de la Trinidad; herejía de la que abjuró formulariamente por temor a la excomunión, pero a la que siguió aferrado in mente.

Juan Roscelín o Roscelino: Comúnmente es considerado el primer defensor del nominalismo y tenido como su fundador. No se dispone de referencias directas sobre su vida, se le conoce por la crítica y condena que hizo de él Anselmo de Canterbury

Otra gran figura del escolasticismo fue San Anselmo, el gran filósofo y teólogo cristiano que fue llamado el Doctor escolástico; estudió en el monasterio de benedictinos de Bec, en Normandía, del que llegó a ser abad.

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San Anselmo

La abadía de Bec, bajo la dirección de Anselmo se convirtió en sede principal de la enseñanza en Europa, y grandes figuras de la Filosofía e insignes teólogos acudieron a la cátedra de Anselmo; uno de sus discípulos, y más tarde detractor de su doctrina, fue el famoso Abelardo.

Todas sus conclusiones tienden a preconizar la exégesis literal de las verdades cristianas.

Por su carácter personal, Anselmo fue uno de los varones más excelsos de la Iglesia cristiana; era piadoso, amable, sincero, y de notable grandeza de espíritu.

Su personalidad se ha confundido por algunos panegiristas con las de San Anselmo, que fue arzobispo de Canterbury y del cual el abad de Bec había sido discípulo.

Abelardo, como ya hemos indicado, controvertió con Anselmo rebatiendo sus enseñanzas y diciendo de su obra que «era un árbol frondoso, pero sin fruto» y del maestro que «era un ingenio cuyas chispas quemaban, pero no daban luz».

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Abelardo, teologo, filosofo y poeta:Es reconocido por la crítica moderna como uno de los grandes genios de la historia de la lógica, de la que hacía uso a través de los géneros y técnicas de la diatriba dialéctica y un dominio silogístico profundo.

Fue gran erudito y filósofo escolástico, de brillante talento y fogoso espíritu, fue notable en su época como gramático, orador, poeta, místico, filósofo, teólogo y matemático.

Pero a pesar de sus grandes talentos y su profunda y polifacética cultura, su memoria ha pasado a la posteridad por motivos muy diferentes de los que, lógicamente, parecen indicados para hacer famoso a un hombre de sus facultades intelectuales.

La celebridad de Abelardo nace de su pasión por Eloísa, doncella a quien sedujo cuando estaba encargado de su educación filosófica, la raptó después, teniendo descendencia y finalmente la hizo secretamente su esposa, siendo por estos hechos víctima de la atroz venganza de la familia de Eloísa, que lo hizo mutilar por unos desalmados.

Empezó sus explicaciones en París acerca de temas de filosofía, teología y retórica por el año 1104, contando entre sus discípulos a San Bernardo.

Su fogosidad y la predicación de doctrinas consideradas heréticas, le acarrearon persecuciones y condenas; fue declarado hereje en 1122 por el Concilio de Soissons.

Se retiró a Troyers, en donde hizo vida de austera penitencia, fundando allí un oratorio dedicado al Paráclito o Espíritu Santo consolador.

Pasó después al monasterio de Saint Guildas en Rhuys, del que fue nombrado abad, pero en 1140 disputó en el Concilio de Sens con San Bernardo, y habiendo recurrido Abelardo al papa, que a la sazón lo era Inocencio II, fue condenado a cárcel perpetua, penalidad que después se conmutó por la de clausura en un monasterio.

Desde entonces y hasta su muerte, ocurrida en 1142, llevó una vida de edificante humildad.

Eloísa hizo profesión religiosa, llegando a ser abadesa del Paráclito.

Los amores de Abelardo y Eloísa son conocidos por las cartas escritas en honor de aquélla por su amante.

Otro escolástico célebre fue Pedro Lombardo, natural de Lombardía, que clasificó las opiniones de los Padres de la Iglesia bajo determinados conceptos, siendo conocido como el Maestro de Sentencias (u opiniones), debido a la precisión y sistema dogmático de su obra. Murió siendo obispo de París por el año 1164.

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Pedro Lombardo

Juan de Salisbury, fue otro escolástico insigne. Elegante escritor en prosa y verso fue reputado quizá como el mejor del siglo XII; dejó una copiosa bibliografía en la que preconiza la educación clásica literaria y se muestra enemigo de los sofistas que arguyen con dialéctica verbalista.

Fue discípulo de Abelardo, a quien admiraba, y amigo de Tomás Becket, canciller de Inglaterra, quien le confirió diversas misiones diplomáticas cerca de varios Pontífices, las que desempeñó a satisfacción.

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Juan de Salisbury

En las desavenencias surgidas entre el rey Enrique II y Becket, que ya era arzobispo de Canterbury, siguió fiel a su amistad con éste, por lo que tuvo que huir de Inglaterra.

Vuelto después a ella, por la aparente reconciliación del monarca y el arzobispo, estuvo a punto de ser asesinado, como lo había sido su protector.

Finalmente se le nombró obispo de Chartres, en cuya sede murió en 1180.

Otros escolásticos relevantes. — Los siglos XIII y XIV fueron los de más auge de la filosofía escolástica.

Se distinguieron en esta modalidad: Alejandro de Hales, eclesiástico inglés, llamado el «Doctor irrefutable», que perteneció a las universidades de Oxford y París y modificó la obra de Pedro Lombardo.

Buenaventura, monje franciscano de Toscana (1221-1274), a quien se conoce por el título de «Doctor seráfico».

Fue profesor de Teología en París y hombre de vida intachable y gran elevación de pensamiento. La Iglesia lo ha canonizado.

Tomás Bradwardin, llamado también «El Doctor profundo», rebatió la herejía pelagiana en su obra De Causa Dei (De la causa de Dios contra Velagio), tratando las cuestiones teológicas con una orientación a estilo matemático.

Dicho libro se considera como una obra maestra de argumentación doctrinal.

Tomás Bradwardin, murió en 1339, pocas semanas después de haber sido consagrado arzobispo de Carterbury, a consecuencia de la peste bubónica, epidemia que, a la sazón, asolaba Europa.

Santo Tomas de Aquino y Duns Escoto. Dos insignes doctores de la Iglesia, lumbreras de la filosofía escolástica brillaron en el siglo XIII; fueron Santo Tomás de Aquino y Juan Duns o Dunsio Escoto.

El primero fue el patrocinador de la escuela o tendeni ia tomista y el segundo, adversario de Tomás de Aquino lo fue de la escolástica.

Nacido lomas de Aquino en 1225, tres localidades se disputan el honor de ser su cuna, a saber: Aquino, Belcasro y Roccasecca.

Los documentos en que basaba su pretensión el segundo de dichos lugares resultaron apócrifos, quedando la duda entre el primero y el último de ellos.

Pero los resultados de investigaciones posteriores parecen inclinarse a que el nacimiento debió ocurrir en Roccasecca.

El apellido Aquino viene pues, del título de conde de Aquino que ostentaban los padres.

Los primeros rudimentos de educación los recibió en el monasterio de Montee assino, donde ingresó por conveniencias políticas de su padre. Después pasó a Nápoles a completar sus estudios.

Allí ingresó en la Orden de los dominicos, de la que quiso’ arrancarle su madre para llevarlo a la de los benedictinos.

A consecuencia de tales manejos, fue secuestrado y preso Tomás de Aquino, que. al fin, fue devuelto a los dominicos.

Su vida fue un ejemplo de asombrosa actividad; viajó por toda Europa, predicando, conferenciando y rigiendo los asuntos de la Orden a que pertenecía.

Fue el teólogo más relevante de su tiempo; gozó de la más alta estimación de papas y príncipes, y fue llamado después de su muerte, ocurrida en 1247, el «Doctor Angélico» y también «Ángel de las escuelas » ; y «Águila de los Teólogos»; la Iglesia lo elevó a los altares.

Su obra maestra es la Summa teológica que se considera como el resumen completo del saber de su tiempo sobre aquella materia.

Duns Escoto, sobre cuyo nacimiento existen pocas y oscuras referencias, se cree que debió nacer en Duns (Escocia), de donde dimana su apellido, pero también el Northumberland (Inglaterra) e Irlanda, se atribuyen su cuna.

La fecha de su nacimiento es también indeterminada. Perteneció a la Orden franciscana, fue monje en Oxford, en cuya universidad llegó a ser profesor de Teología en 1301, atrayendo a su cátedra estudiantes de toda Europa por su fama de sabiduría y capacidad.

En 1304 pasó a París como profesor de Teología, donde recibió el nombre de Doctor Sutil. Murió en 1308.

Las divergencias esenciales entre tomistas y escotistas consistía en que los primeros proclamaban el entendimiento como el más alto principio de la mente y sostenían la existencia de una distinción real entre las facultades y la esencia del entendimiento; mientras que los segundos afirmaban que la voluntad es el principio más elevado y negaban toda diferencia real entre las facultades y el entendimiento.

Supremacía de la Filosofía aristotélica. — Las grandes obras de los filósofos griegos apenas eran conocidas en su lengua original por todos los escolásticos que sólo sabían de ellas por sus traducciones latinas a través de las de los árabes.

Pero Tomás de Aquino, que dominaba la lengua griega, fue el introductor de esta filosofía en el sistema ortodoxo de la Iglesia, y por ello alcanzó difusión universal.

La filosofía aristotélica, que hasta entonces no había trascendido en los conocimientos de la época, trasplantada a través del sistema aristotélico, despertó el espíritu de investigación científica en la naturaleza, cuyos comienzos ya se empiezan a apreciar en esta época de la Edad Media.

Ver: Biografia y Filosofía de Guillermo de Ockham

Enlace Sobre la Escolastica

Fuente Consultada: Historia Universal de la Civilizacion Tomo I Edades Antigua y Media – La Escolastica – Editorial Biblioetca Hispania Ilustrada

Torneos y Duelos Entre Nobles en la Edad Media Sus Ocupaciones

Torneos y Duelos Entre Nobles en la Edad Media

Desde el siglo IX todos los guerreros combatieron a caballo, y así fueron llamados caballeros. Utilizaban equipos especiales de protección y ataque, que sumados a un buen caballo, implicaba un gasto muy importante parar aquella época, que solo los nobles podían conseguir.

Para proporcionarse este equipo costoso, y para hacer vida de caballero, se necesitaba disponer de bastantes recursos para vivir sin trabajar.

Todo caballero era, por tanto, poseedor de grandes fincas. Jamás las cultivaba directamente, dejaba este cuidado a sus campesinos. Ni siquiera se ocupaba de ellas, tenía un intendente que le llevaba el producto de las cosechas. Pasaba la vida en la caza o en la guerra.

Este género de vida parecía entonces superior a cualquier otro. Todos los que disfrutaban los medios adecuados vivían como caballeros, incluso los condes y los reyes. Los más ricos, dueños de varios pueblos, se llamaban señores o barones.

Era una honra ser caballero. Los caballeros formaban una clase en la que no eran admitidos más que los de su linaje.

la guerra de los noble en la edad media

El varón joven de ella empezaba por aprender la profesión de hombre de armas, montar a caballo, saltar, trepar por la escala, manejar la lanza y la espada. Por lo común, no hacía este aprendizaje en su familia. Su padre le enviaba a casa de otro señor más rico que le tomaba a su servicio.

El joven era criado, servía a la mesa, hacía las camas, considerándose honrosos todos estos servicios. Al mismo tiempo aprendía a manejar las armas. A veces aprendía a leer y escribir; pero la mayor parte de los caballeros no sabía leer.

Acabado el aprendizaje, era necesaria una ceremonia para ser armado caballero. El joven se bañaba en una cuba. Se le ponía una loriga y un casco.

Entonces un caballero, por lo común el caballero a quien había servido, le ceñía el cinturón y la espada, luego le daba con el puño en la nuca, la acolada, diciéndole: » ¡Sé caballero! «.

El novicio montaba a caballo, empuñaba la lanza, arrancaba a galope e iba a derribar un maniquí preparado al efecto.

Solamente los ricos eran caballeros y los demás permanecieron siendo escuderos toda la vida. Pero, a partir del siglo XIII, los escuderos combatían con las mismas armas que los caballeros. No había entre ellos más que una diferencia de título.

LA GUERRA: La ocupación del noble era la guerra. No la hacía por cumplir un deber con su país, sino por placer. (ver: Caballeros Medievales)

En Francia, todo noble tienta el derecho de guerra. SI disputaba con otro noble, o si se creía ofendido, le enviaba un cartel de desafío y la guerra quedaba declarada. A veces se empezaba a combatir sin previa declaración.

En una asamblea, dos caballeros se habían trabado de palabras y habían venido a las manos. Inmediatamente, las familias de los dos adversarios se veían obligadas a entrar en guerra, teniendo cada uno de ellos el derecho de atacar a los parientes del otro.

Los nobles entraban a caballo y en tropel en las tierras de su enemigo, llevándose los rebaños y ios caballos, talando árboles y mieses, maltratando a los campesinos o degollándolos, robando sus casas, prendiéndoles fuego (para lo cual llevaban expresamente los botafuegos). Intentaban también apoderarse de los castillos de sus enemigos.

Cuando las dos tropas se encontraban, se lanzaban al trote largo una contra otra, y se trababa la batalla. Cada cual trataba sobre todo de derribar del caballo a su adversario.

El jinete, una vez en tierra, se veía tan embarazado por su armadura que no podía huir.

Los criados, que habían quedado a retaguardia durante la batalla, acudían, se apoderaban de los enemigos caídos en tierra, los despojaban de sus armas, los ataban y conducían prisioneros.

El vendedor conservaba las armas y los caballos. Encerraba al vencido en prisión, con frecuencia en un calabozo subterráneo, y le conservaba prisionero hasta que había pagado rescate. Muchos caballeros tenían como oficio capturar a gentes nobles para hacerles pagar rescate.

Los combatientes trataban, por tanto, más de hacer cautivos que de matar, y como la armadura de hierro les preservaba, el peligro no era muy grande.

En una batalla entre el rey de Francia y el de Inglaterra (1159), de 900 caballeros que entraron en combate, tres solamente fueron muertos y 140 cayeron prisioneros.

TORNEOS: Cuando no había guerra, los caballeros de un país arreglaban un torneo. Se reunían en dos bandos y peleaban en campo abierto. Como en una batalla verdadera, el que derribaba a su adversario le tomaba el caballo y la armadura y le hacía pagar rescate.

Un gran señor, Guillermo el Mariscal, que gobernó Inglaterra en tiempo de Enrique III, en una sola temporada, entre, la Cuaresma y la Pascua de Resurrección, hizo prisioneros a 103 caballeros.

En un torneo realizado en la Champaña, en que combatían 3.000 caballeros de Francia e Inglaterra, le dieron en el casco golpes tan violentos que no pudo arrancarlo de la cabeza.

Fue a una herrería, puso la cabeza en el yunque, e hizo que le quitaran el casco a martillazos.

El torneo era a veces más peligroso que una batalla. En un torneo celebrado en Alemania el año 1240, perecieron sofocados 60 caballeros.

El Papa intentó prohibir estos juegos peligrosos, negando hasta el derecho de ser enterrado a cualquiera que pereciese en ellos, pero no fue obedecido.

Los torneos eran grandes fiestas, y para presenciarlos acudían las gentes de largas distancias. Los mercaderes iban a ellos como a una feria.

Se continuó, pues, celebrando torneos hasta ios últimos tiempos de la Edad Media. Pero para que los daños fueran menores, se combatió con lanza embotada y espada sin filo. Se empezaron a usar ricos trajes, y el torneo vino a ser un espectáculo al que se convidaba a las señoras.

LOS DUELOS: Seguían los caballeros, conforme al uso de los francos, decidiendo las causas judiciales mediante un combate que se denominaba batalla, duelo o juicio de Dios (se creía que Dios daba el triunfo al que tenía de su parte el derecho).

Cuando un caballero presentaba querella contra otro, aun cuando le acusase de un crimen, los jueces no indagaban si tenía razón.

El acusado tenía derecho a manifestar que quería «defenderse mediante batalla». Arrojaba a los pies de los jueces si; prenda de desafío, por lo común un guante, y los jueces ordenaban el duelo, es decir, el combate.

Las mujeres, los viejos, los eclesiásticos, que personalmente no podían batirse, se hacían sustituir por un campeón. Los que no eran caballeros, los de la clase media o baja, combatían con un escudo y un palo.

Los combatientes llegaban con las armas que fijaba la costumbre, y cada uno de ellos juraba tener la razón. Después se les hacía entrar en un campo cercado (campo cerrado) y peleaban hasta que uno de ellos se confesaba vencido.

El vencedor ganaba la causa. Si el vencido era acusado de un crimen, los jueces le declaraban culpable y le condenaban a muerte. Cuando se acusaba a una mujer y su campeón resultaba vencido, era ejecutada.

Se utilizaba el duelo aun para decidir una cuestión de derecho.

En Alemania, en el siglo X, se trataba de decidir si la herencia de un individuo había de corresponder a un nieto o a un sobrino.

El rey Otón hizo batirse a dos campeones, y el duelo decidió que en lo sucesivo heredaría el nieto.

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Penitencias y Castigos de la Iglesia Medieval Excomunion

Condenas y Castigos de la Iglesia Medieval: Excomunión, Entredicho y Penitencias

En todos los países cristianos la Iglesia había acabado de organizarse. Todo el territorio estaba dividido en diócesis, cada una sometida a un obispo.

Como la Iglesia prohibía el establecimiento de obispados en otros lugares que en una ciudad, los reyes de Alemania habían fundado ciudades para poner en ellas obispos.

Cada obispo tenía un territorio muy vasto y una escolta de caballeros, siendo por tanto un gran señor. En Alemania, donde los obispos habían recibido del rey territorios considerables, habían llegado a ser príncipes.

En los campos, los grandes propietarios habían mandado edificar iglesias y las habían dotado con una tierra.

iglesia medieval
Imagen de una gran galeria de un monasterio medieval

El sacerdote vivía del producto de aquella tierra y de las ofrendas de los fieles. Se le llamaba cura, porque tenía la cura (el cuidado) de las almas.

El término sometido a una cura se llamaba parroquia. Todos los aldeanos de la parroquia había de acudir a su iglesia, donde los fieles se reunían para el culto, con un campanario que se veía desde lejos y campanas que se tocaban para anunciar los actos del culto, pilas bautismales para bautizar a los niños, y alrededor de la iglesia un cementerio para enterrar a los muertos.

Los aldeanos pudieron entonces celebrar todas las ceremonias religiosas sin acudir a la ciudad.

La iglesia consagrada a un santo que se adoraba como patrono (protector) de la aldea. Hoy todavía, la fiesta del patrono es la fiesta del pueblo y un número muy grande de pueblos llevan el nombre de su patrono (San Juan, San Pedro, San Pablo, San Miguel).

Los obispos y los sacerdotes hacían vida común con los fieles a quienes guiaban, y así eran llamados secular (que vive en el siglo). Los monjes constituían el clero regular (sujeto a una regla). Vivían lejos del mundo, en comunidad, en un terreno extenso.

El monasterio comprendía siempre varios grandes edificios, que muchas veces rodeaba un recinto fortificado. Delante se alzaba el hospicio donde se alojaban los visitantes, la morada del abad, la escuela, la iglesia.

Detrás el convento, formado frecuentemente por cuatro edificios alrededor de un patio, comprendía el dormitorio donde se acostaban los frailes, las celdas donde trabajaban, el refectorio donde comían, la cocina, el frutero, la despensa, los depósitos, los talleres y la biblioteca.

El patio estaba muchas veces rodeado de galerías cubiertas que se llamaban claustro.

Alrededor del convento se alzaban otros edificios, las granjas, los graneros, los establos, el lavadero, la panadería, el lagar; más tarde las viviendas de los criados y de los aldeanos que cultivaban las posesiones conventuales. Era a veces una pequeña ciudad.

Más de cien ciudades de Francia fueron dominios de conventos (Vézelay, Abbeville, Saint-Maixent).

Los frailes seguían la regla de San Benito, que determinaba el empleo de todas las horas del día. Empezaban antes de amanecer por ir a la iglesia a cantar los maitines. Varias veces al día volvían al templo para otros oficios [prima, tercia, sexta, nona, vis-peras).

El resto del tiempo trabajaban cuidando de la gente que tenían en el campo, haciendo ornamentos de iglesia, copiando manuscritos. Habían de obedecer todas las órdenes del abad, con frecuencia un gran personaje, que no vivía con los monjes.

Se creía entonces que lo que se daba a un convento se daba a Dios o a un santo, patrono del convento, que sabía agradecérselo al donante. Las donaciones se hacían, no a un fraile o a un abad, sino al santo (a San Pedro, a San Martín).

Los fieles, sobre todo los grandes propietarios y sus esposas, daban por tanto tierras «por la salvación de su alma» o «por el perdón de sus pecados», o para ser enterrados en la iglesia del convento.

Los conventos seguían aumentando de este modo sus tierras y se fundaban nuevos conventos. Algunos (como la abadía de Cluny) tuvieron posesiones en toda Europa.

LA EXCOMUNIÓN

Los obispos y los sacerdotes daban los Sacramentos, de que nadie se atrevía a prescindir, por miedo a quedar condenado. Podían también negarlos y prohibir la entrada en la iglesia, y a esto se llama excomulgar, es decir, excluir de la comunión.

El obispo o el sacerdote, con un cirio encendido en la mano, pronunciaba una fórmula de maldición, como ésta, por ejemplo: «En virtud de la autoridad divina conferida a los obispos por San Pedro, arrojamos al culpable del seno de la Santa Madre Iglesia, y le condenamos al anatema de una maldición perpetua.

excomunion de la iglesia

Sea maldito en la ciudad, maldito en los campos. Malditos sean su granero, sus cosechas, sus hijos y el producto de sus tierras. Que ningún cristiano le dé los buenos días, ningún sacerdote le diga la misa ni le de los sacramentos.

Sea enterrado con los perros. Sea maldito dentro y fuera, sus cabellos, su cerebro su frente, sus oídos, sus ojos, su nariz, sus huesos, sus mandíbulas.

Y de igual modo que hoy se apagan estos cirios que arrojo de mi mano, la luz de su vida se extinga en la eternidad, a menos que se arrepienta y satisfaga a la Iglesia de Dios enmendándose y haciendo penitencia».

Luego el sacerdote arrojaba el cirio al suelo.

La excomunión vino a ser un medio para defender las iglesias y sus tierras de las intrusiones de los seglares. Cuando un caballero maltrataba o metía en prisiones a un sacerdote o a un fraile, cuando invadían las tierras de un convento o se apropiaba bienes de una iglesia, el obispo o el abad le excomulgaba.

La excomunión servía también para obligar a los eglares a obedecer las reglas de la Iglesia. Se excomulgaba a los herejes y a los que les apoyaban. Se excomulgaba a los señores que se casaban contra las prohibiciones de la Iglesia.

Estaba prohibido casarse con una prima aun en cuarto grado, o con la madrina de un niño del cual se hubiera sido padrino.

El rey de Francia Roberto se había casado con su prima Berta (995). El Papa reunió un Concilio que declaró nulo el casamiento y ordenó separarse a Roberto y a Berta, y hacer penitencia durante siete años, so pena de quedar excomulgados.

Excomulgó al arzobispo de Tours que había bendecido el matrimonio. Roberto, que amaba a su mujer, no quiso separarse de ella. Ambos fueron entonces excomulgados, y todos sus criados, excepto dos, los abandonaron.

Decíase que sus criados no querían tocarlos, que les llevaban la comida en una pala de mango largo, y que hacían pasar por el fuego todas las cosas que ellos habían tocado.

Berta dio a luz un niño contrahecho que murió en seguida, y se dijo que era un monstruo, con cuello de serpiente y patas de ganso, que Dios había hecho nacer para castigarla.

Roberto y Berta se sometieron. Berta se retiró a un convento y Roberto casó con otra mujer.

Los señores poderosos no siempre tenían en cuenta la excomunión. Tenían a su servicio capellanes que seguían diciendo misa para ellos y dándoles los sacramentos. Felipe Augusto y Juan sin Tierra estuvieron excomulgados durante varios años.

EL ENTREDICHO

En el siglo XI los obispos, para obligar a someterse a los señores, emplearon el entredicho. Prohibían el culto en todos los dominios del señor. Cuando un territorio era puesto en entredicho, el clero dejaba de celebrar toda ceremonia religiosa y de dar sacramentos.

Ya no se podía casar, ni enterrar a nadie en el cementerio (excepto los eclesiásticos y los niños pequeños). Las iglesias eran despojadas de todos sus ornamentos, como el Viernes santo, en señal de luto. Los sacerdotes no decían misa más que a puerta cerrada.

No se podía comer carne, ni cortarse el pelo y la barba. Todos los días, de mañana, tocaban los campanas, y todos debían prosternarse la cara contra el suelo y decir oraciones de penitencia. Se esperaba, castigando a los subditos, obligar al señor a someterse.

Cuando Felipe Augusto se negó a reunirse con su mujer Ingeburga, el Papa puso todo el reino de Francia en entredicho. Todas las iglesias se cerraron, no se decía misa más que una vez por semana, el viernes, muy
de mañana.

Los sacerdotes habían de predicar el domingo fuera de la iglesia, debajo del pórtico. La comunión no se daba más que a los enfermos en peligro de muerte; las mujeres no podían siquiera entrar en las iglesias para que bautizasen a los niños (1198).

El rey se enfadó en un principio y hasta expulsó a los obispos que habían pronunciado el entredicho. Pero al cabo de dos años cedió y se separó de su segunda mujer.

LAS PENITENCIAS

Era costumbre muy antigua en la Iglesia que el cristiano excluido de la comunidad por haber incurrido en pecado, no podía ser admitido de nuevo sino después de haber hecho penitencia, es decir, acto de arrepentimiento, cuando el pecado se había cometido públicamente, la penitencia era pública.

El penitente, cubierto con hábito de paño burdo, los pies descalzos, se estaba a la puerta de la iglesia. Se prosternaba ante los que entraban, y les suplicaba que rezasen por él.

El obispo vertía ceniza en sus frentes y les entregaba la tela de saco con que debían cubrirse. La ceremonia tenía lugar el primer día de Cuaresma, que fue llamado Miércoles de Ceniza.

El que había hecho penitencia pública no podía volver a armarse, y por tal razón los francos y los alemanes no aceptaron esta costumbre. La penitencia pública siguió siendo excepción. Se imponía como consecuencia de grandes delitos.

El parricida, por ejemplo, debía llevar, rodeándole el cuerpo, una cadena de hierro, e ir por el mundo sin detenerse en ninguna parte.

Un conde de Anjou, Foulques, acometido al final de su vida, de un acceso de arrepentimiento, se hacía arrastrar por un criado que por las calles le iban dando latigazos. En ocasiones, la Iglesia, por el asesinato de un eclesiástico, impuso a un príncipe penitencia pública.

Por lo común, las penitencias eran secretas. Antes de dar la absolución a un cristiano, el sacerdote le prescribía como penitencia ayunar, o repetir una oración, o dar una limosna, o ir a una peregrinación.

Luego se tomó la costumbre de disciplinarse. Los más celosos, como San Luis, empleaban cadenitas de hierro. Durante la gran peste de 1348, bandas de penitentes atravesaron Francia deteniéndose en las plazas de las ciudades y disciplinándose las espaldas desnudas. Se les llamaba flagelantes.

LAS PEREGRINACIONES

En todo tiempo los cristianos habían creído que los santos tenían la facultad de hacer milagros, no solamente en vida, sino después de muertos. Sus huesos, sus ropas, los objetos que les habían pertenecido, se creía que curaban a los enfermos.

Se los llamaba reliquias, que quiere decir restos. Se conservaba, por ejemplo, la cabeza de San Juan Bautista, los huesos de Lázaro, en Colonia las cenizas de los tres Reyes Magos. Había en muchas ciudades muelas o pelos de Cristo, pedazos de la Verdadera Cruz, trozos del manto de la Virgen y aun lágrimas del Salvador.

peregrinaciones medievales

Todos los príncipes, los señores, los obispos, los conventos, trataban de poseer reliquias. Se guardaban

cuidadosamente, por lo común, en un relicario de oro o plata. Muchas veces se construía expresamente una capilla. La Santa Capilla de París fue hecha por San Luis para conservar la corona de espinas de Jesucristo traída de Oriente. Se consideraban las reliquias como una protección para la ciudad.

En caso de peste, de inundación, de sequía, se sacaban las reliquias en procesión. Cierto día, por lo común el de la fiesta del Santo, los fieles podían arrimarse a tocarlas.

Entonces acudían en multitud hombres, mujeres y niños enfermos que buscaban su curación, o penitentes, porque la visita de las reliquias de un santo servía de penitencia para borrar los pecados.

Las gentes así venidas se llamaban peregrinos (es decir, extranjeros). Llevaban hábito de paño, semejante al de los frailes; la barba crecida y un palo largo.

Frecuentemente iban con los pies descalzos o con sandalias. Muchos se habían puesto en camino sin provisiones y sin dinero, y pedían de comer y posada en el camino, porque se creía ser agradable a Dios o a los santos dando de comer al peregrino, y estaba prohibido hacerles daño.

Los lugares de peregrinación que atraían más gente eran las tumbas de los santos cuyo poder se creía más grande.

En Francia, el sepulcro de San Martín, en Tours, y el de San Serenín, en Tolosa. En España, el sepulcro del Apóstol Santiago, en Compostela.

En Italia, el de San Benito, en el Monte Casino, y sobre todo el de San Pedro, en una iglesia de Roma. A este último acudían peregrinos de toda Europa, y en los caminos principales que conducían a Roma se habían hecho hospicios para alojarlos.

Pero el más venerado de todos era naturalmente el de Jesucristo, el Santo Sepulcro, en Jerusalén.

fuente

Biografia de Carlomagno Rey de los Francos Vida y Conquistas

Biografia de Carlomagno Rey de los Francos Vida y Conquistas

Rey de los francos y emperador de Occidente ( Aquisgrán 742-Aquisgrán 814). Era el hijo mayor de Pipino el Breve, que al morir en 768 repartió sus reinos entre sus dos hijos, Carlomagno y Carlomán.

Al primero le correspondieron Austrasia, Neustria y Aquitania occidental, y al segundo Borgoña, Provenza, Aquitania oriental, Gotia, Alamania, Turingia y Hesse.

Los dos hermanos no se llevaron bien, y al morir Carlomán quedó Carlomagno como único rey.

carlomagno rey de los francos
El reinado de Carlomagno se caracterizó por una especie de renacimiento de las letras y de las artes a causa del enérgico impulso del emperador. Alcuino de York fue el director de la escuela instalada en el propio palacio de Carlomagno. Desde allí Alcuino ejerció una gran influencia sobre el movimiento teológico, científico y literario de la época.
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BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació en Aquisgrán (actual Francia) el 2 abril del 742.

• Durante su juventud acompañó a su padre, el rey franco Pipino el Breve,
en las guerras por conquistar Aquitania.

• Al morir el rey, Carlomagno y su hermano Carlomán se repartieron el reino.

• En el año 771 murió su hermano y él se apoderó de sus territorios proclamándose rey de los francos.

• En 772 el papa Adriano I le pidió ayuda para expulsar al rey de los longobardos de Italia. Como respuesta invadió Italia, derrocó al rey (774) y asumió el título real. Entonces viajó a Roma para proteger las tierras papales.

• En el año 775 comenzó una campaña para conquistar y cristianizar a los sajones.

El emperador: Durante 788 primero combatió en la península ibérica y luego sometió a los bávaros.

• Entre los años 791 y 796 sus ejércitos conquistaron el territorio de los avaros (actuales Hungría y Austria).

• El papa León III lo coronó en Roma como el primer emperador del Sacro Imperio Romano, en el año 800.

• En el año 814 designó como sucesor a su hijo Luis (conocido como Luis I el Piadoso o Ludovico Pío), y lo coronó personalmente.

• Murió en Aquisgrán en el año 814.

Carlomagno se propuso restaurar la unidad del imperio romano de Occidente. Para ello realizó numerosas campañas contra los lombardos de Italia, los sajones de Alemania y los musulmanes de España.

Durante los cuarenta y siete años que duró su reinado creó un imperio que se extendió desde el Atlántico hasta el río Elba y del mar Báltico a Cataluña e Italia. Además apoyó y defendió la Iglesia Católica, y a través de ella fomentó el aprendizaje y las artes. También fundó muchas escuelas y formó profesores.

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BIOGRAFIA DE CARLOMAGNO

Carlomagno nació el 2 de abril en…, no se sabe dónde aún. Pudo ser en Lieja, en Aquisgrán (mas factible), en Ingelheim, en el castillo bávaro de Salzburgo.

Sus padres fueron Pipino «el Breve», primer rey franco de la dinastía carolingia, y Bertrada, hija de Cariberto, conde de Laón.

Poco antes de morir, Pipino creyó conveniente, para evitar discordias fraternales, ser él quien dividiese sus reinos entre sus hijos Carlomán y Carlomagno.

A éste le concedió territorios de la Austrasia, territorios de la Neustria y territorios de la Aquitania, que se extendían en arco de círculo en torno de un núcleo más coherente que fue el dejado a Carlomán. Pipino «el Breve» murió el 24 de septiembre del 768.

¿Qué se sabe de la infancia, de la adolescencia de Carlomagno? Poco más que nada. Que fue educado, poco y mal, en la corte de su padre, donde tanto abundaban los fieros guerreros como escaseaban los relativamente «sabios» que supieran leer y escribir. Eso sí, siendo muy joven aún, Carlomagno asistió con su padre a las campañas de la Aquitania.

Apenas el padre cerró los ojos definitivamente, los hermanos empezaron a competir por su poder.

Carlomagno, que en seguida tuvo que medir sus armas contra el duque de Aquitania, Hunaldo, pidió ayuda a su hermano; y a éste le prohibió prestársela su propia esposa Gerberga, una de las primeras princesas de los francos con actitudes de hombres y más aficionada a las intrigas diplomáticas y al estrépito de las armas que… a las labores propias de su sexo y condición social.

Pero sin necesidad de tal ayuda, Carlomagno venció a Hunaldo y, de paso, a un duque Lupus que andaba buscando tierras en las que enraizar un ducado que nadie sabía quién le había otorgado.

Carlomagno, muy sensible a la mujer, apenas salido de su adolescencia tuvo un hijo, Pepino, de una bellísima doncella llamada Himiltruda. Ya rey contrajo matrimonio con la hija de Desiderio, rey de los lombardos.

Pero como esta boda no fue del gusto del Papa Esteban IV, Carlomagno arrinconó a su esposa, sustituyéndola —771— por Hildegarda, sobrina del duque de Aquitania.

En este mismo año murió Carlomán; y su viuda Gerberga se apresuró a refugiarse en un lugar de la Lombardía, temiendo las represalias de su cuñado. Pero éste andaba por entonces metido en otras, mucho más productivas, empresas.

Carlomagno se unió al Papa y en nombre de éste rescató las tierras pontificias. Fue un éxito completo.

Carlomagno marchó a Roma, donde el 5 de junio del 774 recibió de manos del Papa la corona de hierro de los lombardos.

De regreso de Roma, tomó el título de rey de la Lombardía. Pero justo es consignar que este título fue poco menos que simbólico; pues aún necesitó varios años para terminar con las sublevaciones de varios nobles lombardos. Sólo con la sumisión del duque de Benevento —787—quedó terminada la conquista de la Lombardía.

Pocos años antes, en Roma, ante su egregio padre, los hijos niños de Carlomagno, Pipino y Carlomán, fueron consagrados por el Papa reyes, respectivamente, de Italia y Aquitania.

Luego de tomar aliento durante algún tiempo, instruyéndose con auténtico fervor en su corte, y dedicándose a dar un enorme impulso a la cultura y una gran moralidad a las costumbres, Carlomagno se decidió a dar batalla decisiva a los sajones, constantemente rebeldes desde los tiempos de Carlos Martel.

biografia de Carlomagno
Los triunfos de Carlomagno. Miniatura francesa del siglo XV. — Carlomagno triunfa de sus enemigos infieles y paganos. La admirable miniatura se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de Turín. Carlomagno imberbe, rodeado de sus generales, contempla tranquilamente el espectáculo. Espectáculo del que sólo contemplamos un acto, de los dos de que consta: el de la matanza de paganos e infieles. El otro acto, en el que salvan la pelleja quienes se bautizan, transcurre, por esta vez, entre bastidores.

Pero sus luchas contra éstos, dirigidos por los Engern, y contra los westfalios, dirigidos por Witiking, fueron largas y sangrientas. Y contribuyeron a esta tardanza las incursiones que hubo de hacer Carlomagno —778— en España para contener las aspiraciones territoriales del conde Teodorico.

Incursiones que fueron aprovechadas por Witiking para aniquilar en Suntel — 782 — a un gran ejército franco. La venganza del rey franco no se hizo esperar. Pues acudió al remedio con tropas de refresco y sólo en un día pudo «darse el gusto» de que fueran degollados cerca de cinco mil prisioneros westfalios.

Tamaña crueldad levantó nuevamente a los sajones; pero ya tenían perdida la partida. Entre los años 783 y 785 recibieron el bautismo más de diez mil sajones, entre ellos el feroz caudillo Witiking. Y los sajones pudieron comprobar la generosidad de Carlomagno en este detalle: que cuantas más tierras les quitaba, les fundaba en sus ciudades más obispados. Lo cual seguramente les sirvió de gran consuelo. Por lo tanto, la frontera septentrional del reino de Carlomagno tuvo este límite: el Eider.

Pero el ambicioso monarca deseó igualmente echar hacia allá, al Este y al Sur, las fronteras de su imperio.

Al Sur estaba España, país que le pareció magnífico a Carlomagno para establecer «algunas dependencias». En el 778 creyó conveniente ponerse de parte del conde de Barcelona en la contienda que éste sostenía contra Abderramán de Córdoba.

Pero la expedición enviada por Carlomagno sufrió en Roncesvalles la más estrepitosa de las derrotas, y en ella murieron los más nobles caballeros de Francia, entre ellos el archifamoso Rolando, héroe de cantares de gesta y de leyendas.

Esta derrota tanto escoció a Carlomagno que decidió dejarse de empresas tremendas y — a partir del año 785 — procurar introducirse en Cataluña poquito a poco. Así entró en Gerona — 785 —, en Barcelona —801—, en Tortosa —811—.

Así estableció su frontera, al Sur, a lo largo de ciento cincuenta kilómetros más acá de los Pirineos. Al Oeste creó una Marca, Bretaña, que confió a su hijo Carlos. Y también se preocupó de fijar los límites marítimos de sus territorios, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico.

A principios del siglo IX, el Estado franco se convirtió en un vasto imperio, cuyas fronteras quedaron consolidadas metódicamente.

vida del rey carlomagno
Escenas de la vida de Carlomagno. Miniatura iluminada. Carlomagno, uno de los monarcas más augustos, inteligentes, batalladores y legisladores de la Historia, tuvo… realmente tiempo para todo: ganar muchas batallas, y perder otras (Roncesvalles); casarse y descasarse con relativasfacilidad}’frecuencia,y aun tener amoríos de la mano zurda; inaugurar la Era de los tratados internacionales, a escala solemne, que luego no han de cumplirse; crear imperios… con los pies de barro ¡fomentar la cultura por medio de bibliotecas y de escuelas (de ello buenos testigos Alcuino y Eginardo); ser coronado emperador por el romano pontífice con aparatosidad de tetralogía wagneriana; departir amablemente con las damas y los caballeros (como recuerdan las escenas de esta miniatura); y morirse conservando el ánimo entero y la voz segura para impartir bendiciones y dar consejos a hijos y nobles… Quienes, por supuesto, no los seguirían… desde el mismo momento que a Carlomagno muerto le bajaron los párpados unos dedos suaves de dama palatina.

Su centro de gravedad se desplazó un tanto hacia el Este: Aix-la-Chapelle. Al Sur, la Marca Hispánica. Al Este, la Lombardía y Alemania. Al Norte, los territorios actuales daneses y flamencos. Al Oeste, la Marca Bretaña, tan codiciada por los normandos y sajones.

Aprovechando nuevas paces, y por recomendación del Pontificado, Carlomagno intentó garantizar la libertad de los cristianos en Siria y Palestina, por lo cual entabló relaciones amistosas con el califa de Bagdad Harum-al-Raschid — ¡ el de Las mil y una noches! —, al que envió valiosos regalos.

Poco después recibió Carlomagno a unos emisarios del patriarca de Jerusalén, quienes le traían, con las llaves de esta ciudad, preciosos recuerdos de la Tierra Santa, y algo más importante para la Cristiandad: la súplica de que el Emperador tomara bajo su protección la Ciudad Santa, librándola de los ataques y de las violencias de los infieles.

Aceptó Carlomagno misión tan honrosa y delicada, y por tal aceptación, y hasta hace pocos años, Francia ejerció cierto protectorado sobre los Santos Lugares.

Por todo lo cual, y por haber jurado fidelidad al Papa — 776 — asegurándole la posesión pacífica del Patrimonium Petri, es lógico que Carlomagno se creyera tanto soberano temporal como también cabeza de la Iglesia franca.

Y hasta punto tal, que con «cierto aire soberbio», se permitió escribir una epístola al Papa León III recomendándole que él se limitara a rogar a Dios por su Iglesia, pues del gobierno real de la Cristiandad ya se preocuparía él, Carlomagno. ¿Protestó León III de la inaudita recomendación de Carlomagno?.

Pues, no. Y tenía para ello sus buenas razones; entre ellas, que gracias al soberano franco pudo librarse del secuestro perpetrado contra él por sus enemigos, regresar a Roma y recobrar la tiara.

Por todo lo cual, León III, en el año 800, coronó a Carlomagno como emperador universal (Occidente y Oriente) en la basílica de San Pedro.

Lógicamente haciéndose ilusiones, Carlomagno envió embajadores a la corte de Bizancio, exigiendo ser reconocido emperador; tras muchos años de negociaciones muy complejas, en el año 812 consiguió que el obispo Miguel y los protoespadarios griegos Teognostos y Arsapio le dieran — en Aquisgrán — el título de Basileus, que se daba a los emperadores de Oriente.

En Aquisgrán consiguió Carlomagno que fuera proclamado emperador su hijo Luis.

Y el 28 de enero del 814 murió en Aix-la-Chapelle.

Rey Carlomagno

LA VIDA DEL EMPERADOR: Carlomagno ha sido descrito por su amigo Eginardo, que le conoció en la última parte de su vida.

Era muy alto, grueso y robusto. Su esqueleto, que fue medido en 1861, tiene un metro 92 centímetros.

Tenía los ojos grandes y claros, la nariz larga, largo el cabello, gran barba y rostro franco, el andar firme y la voz penetrante. Toda su persona imponía respeto.

Tuvo siempre buena salud, excepto al final de su vida, y aun entonces no se avenía a obedecer a los médicos que querían impedirle comer carnes asadas. Bebía poco y detestaba la embriaguez. Comía con preferencia carne asada, que le era servida en el mismo asador.

Llevaba el traje de los francos, camisa y calzón de hilo, túnica corta ceñida con cinturón, zapatos de cuero sujetos con cintas que pasaban rodeando la pierna. En invierno se ponía una casaca de piel de nutria. Cuando salía usaba un manto de lana.

Al costado llevaba espada con empuñadura de oro o plata. Solamente en las grandes fiestas consentía en ponerse el traje imperial, vestidura bordada de oro, manto sostenido con corchete de oro, diadema de oro adornada con piedras preciosas.

Todos los días iba a la iglesia. Mientras comía, hacía que le leyeran libros piadosos, sobre todo La Ciudad de Dios, de San Agustín. Al levantarse, en tanto iba vistiéndose, recibía a los que tenían algún pleito por juzgar.

Hablaba, por lo común, en lengua franca, pero sabía también latín. Había aprendido a escribir ya tarde y lo hacía con dificultad.

Como a todos los de su familia, le gustaba montar a caballo e ir a la caza del ciervo, del jabalí, del lobo, a las espesas selvas.

Carlomagno pasó la mayor parte de su vida en la guerra y durante mucho tiempo no tuvo residencia fija. Le gustaban sobre todo los terrenos selváticos cercanos a su dominio de Aquisgrán.

Hay en ellos fuentes termales en las que se bañaba con agrado. Mandó edificar un palacio y una iglesia y allí vivió sus últimos años.

LA FAMA DE CARLOMAGNO

Tan extraordinaria llego a ser la personalidad de Carlomagno, que las gentes fueron convirtiéndola en una personalidad metida de lleno en, los reinos de la poesía y de la fantasía. ¡El emperador de la barba florida!.

Así estaba en las portadas de las catedrales románicas, en los capiteles de las columnas del arte benedictino, en las monedas dineros de plata, en los medallones constelados de piedras preciosas, en las capas pluviales, en los frisos de las salas capitulares, en las miniaturas de los códices y de los libros de horas, en el pecho de los escudos, en la proa de los cascos…

En Francia, Italia, Germania, Inglaterra, Escandinavia, España se forjaron multitud de leyendas, se escribieron incontables poemas acerca de su personalidad.

Aun antes de que se realizase la primera Cruzada, la Iglesia le atribuyó un sensacional viaje a Oriente para conquistar y custodiar el sepulcro del Redentor.

Hasta muy mediada la Edad Media, le fueron atribuidas cuantas legislaciones servían de base para formar las de cada país. Son incontables las composiciones provenzales y francesas dedicadas a exaltar su persona y su obra.

Y tantas fueron las crónicas — más o menos rimadas — que se escribieron con Carlomagno como protagonista, que a este conjunto de obras histórico-literarías se le dio el nombre de Ciclo Carolingio, de arrolladura fuerza expansiva por toda Europa, estimulando imitaciones y prosecuciones.

De estas crónicas es la más famosa — y quizá la primera — la de Turpín, en prosa latina y erudita, atribuida al obispo de Reims Turpín, hacia el año 800; su tema lo constituyen episodios de la vida de Carlomagno.

A este ciclo pertenecen Historia de Carlomagno y de los doce Pares, Noble cuento del emperador Cario Maynes… Pero inclusive la figura del gran emperador interviene en otras obras de aventuras fantásticas como la Geste de Doon de Mayence, el poema de Huon de Bordeaux, la Chanson de Rolland…

En muchas Crónicas españolas, a partir de la Crónica General de don Alfonso el Sabio, existen fuertes inspiraciones de las guerras carolingias contra los árabes de España, en las que se crea a un Bernardo del Carpió vencedor de Roldan.

CARLOMAGNO SEGÚN SU BIÓGRAFO

ASÍ ERA CARLOMAGNO
(Según Einhard, escritor y biógrafo de Carlomagno.)

Carlos era grande, fuerte y de alta estatura… Se sabe que su altura era siete veces el largo de su pie. La parte de arriba de su cabeza era redondeada, sus ojos grandes y vivaces, su nariz quizá un poco larga, tenía pelo castaño, de cara sonriente y alegre.

Su apariencia era imponente y digna, ya estuviera de pie o sentado; aunque su cuello era un tanto corto y grueso y su barriga un tanto prominente… De acuerdo con la costumbre nacional, hacía mucho ejercicio a caballo y cazando… Nadaba a menudo y nadie podía ganarle.

Se vestía según la usanza de los francos; primero una camisa y pantalones de montar de lino, arriba una túnica con bordes de seda y unas calzas sujetas con fajas que cubrían sus piernas, pies y zapatos.

En invierno, como abrigo para el pecho y los hombros, usaba un saco entallado o pieles de marta.

Arriba de todo, se arrojaba un manto azul y también llevaba una espada con empuñadura de oro o plata ceñida a la cintura con un cinturón.

Carlos era moderado en la comida y especialmente en la bebida, ya que le disgustaban profundamente las borracheras… mucho más tratándose de él o de cualquiera que viviese en su casa.

Mientras comía, escuchaba alguna lectura u oía música. Los temas favoritos de lectura eran las historias y hazañas del pasado. También le gustaba leer a san Agustín, en especial el libro titulado La ciudad de Dios.

Carlos tenía gran habilidad para hablar lo hacía con fluidez y prontitud, y podía expresar todo lo que quería decir con la claridad más absoluta. Su dominio del latín le permitía hablarlo bien.

Cultivaba las artes liberales, tenía gran estima por sus maestros y les otorgaba grandes honores. Aprendió gramática con el diácono Pedro de Pisa…

Otro diácono, Alcuino, de origen sajón, era un gran erudito de la época y fue su maestro en otras ramas del saber.

También intentó con la escritura; acostumbraba a guardar tablillas de escribir bajo su almohada para practicar en los ratos libres; sin embargo, por haber empezado su aprendizaje tarde en la vida, no logró éxito en este aspecto.

Abrazó con gran fervor y devoción los principios de la religión cristiana que había conocido en la infancia. Por esto mandó a construir la bellísima basílica de Aix-la-Chapelle, la hizo adornar con lámparas de oro y plata, con puertas y barandas de bronce sólido.

Carlos estaba siempre dispuesto a ayudar al necesitado… No solamente dio el ejemplo ayudando dentro de su país sino que, cuando descubrió que había cristianos pobres en Siria, Egipto y Cartago, tuvo compasión de ellos y les envió dinero. Murió a la edad de setenta y dos años y lo enterraron en Aix-la-Chapelle.

Carlos estaba siempre dispuesto a ayudar al necesitado… No solamente dio el ejemplo ayudando dentro de su país sino que, cuando descubrió que había cristianos pobres en Siria, Egipto y Cartago, tuvo compasión de ellos y les envió dinero.

Murió a la edad de setenta y dos años y lo enterraron en Aix-la-Chapelle.

Ver: Historia de Alemania Primitiva Hasta el Imperio


Métodos Comerciales Medievales Seguros Letras de Cambio

Métodos Comerciales Medievales Seguros, Letras de Cambio y Contabilidad

La revolución comercial
La revolución comercial de la que fue teatro la Cristiandad medieval entre los siglos XI y XIII se halla estrechamente unida a algunos grandes fenómenos de la época, y no resulta fácil determinar si fue causa o efecto de los mismos.

En primer lugar, cesan las invasiones. En cuanto dejan de penetrar en el corazón de la Cristiandad o de arribar a sus costas germanos, escandinavos, nómadas de las estepas eurasiáticas y sarracenos, los intercambios pacíficos —nacidos, por otra parte, modestamente en el mismo seno de las luchas— suceden a los combates.

Y aquellos mundos hostiles se revelan como grandes centros de producción o de consumo: se ofrecen los granos, las pieles y los esclavos del mundo nórdico y oriental a las grandes metrópolis del mundo musulmán, de las que afluyen, en cambio, los metales preciosos de África y de Asia.

La paz —relativa— sucede a las incursiones y a los pillajes, creando una seguridad que permite renovar la economía y, sobre todo, al ser menos peligrosas las rutas de tierra y de mar, acelerar si no reanudar el comercio.

la ciudad comercial medieval
Ciudad comercial medieval

Más aún; al disminuir la mortalidad por accidente y mejorar las condiciones de alimentación y las posibilidades de subsistencia, se produce un extraordinario aumento demográfico que provee a la Cristiandad de consumidores y productores, mano de obra y recurso humano del que tomará sus hombres el comercio.

Y cuando el movimiento cambia de dirección, cuando la Cristiandad ataca a su vez, el gran episodio militar de las Cruzadas no será más que la fachada épica a la sombra de la cual se intensificará el comercio pacífico.

Con estas convulsiones se halla vinculado el fenómeno capital del nacimiento o renacimiento de las ciudades. En todas ellas, ya sean de nueva creación o antiguos conglomerados, la característica más importante es ahora la primacía de la función económica.

Etapas de rutas comerciales, nudos de vías de comunicación, puertos marítimos o fluviales, su centro vital se encuentra junto al viejo cas-trum feudal, núcleo militar o religioso: es el nuevo barrio de los comercios, del mercado y del tránsito de mercancías. El desarrollo de las ciudades está vinculado a los progresos del comercio, y en el marco urbano debemos situar el auge del mercader medieval.

No todas las regiones de la Cristiandad conocen con igual intensidad estas manifestaciones primeras de la revolución comercial.

Podemos individualizar tres grandes centros donde tiende a concentrarse la actividad comercial de Europa. Como el Mediterráneo y el Mar del Norte (dominio musulmán y dominio eslavo-escandinavo) son los dos polos del comercio internacional, en las avanzadas de la Cristiandad hacia esos dos centros de atracción aparecen dos franjas de poderosas ciudades comerciales: en Italia y, en menor grado, en Provenza y en España por una parte, y en la Alemania del norte por otra.

caravana de comercio  medieval
Caravana de comercio medieval

De ahí el predominio en la Europa medieval de dos mercaderes, el italiano y el hanseático, con sus dominios geográficos, sus métodos y su personalidad propios.

Mas, entre esos dos dominios hay una zona de contacto cuya originalidad estriba en que, desde muy pronto, añade a su función de intercambio entre ambas zonas comerciales una función productora, industrial: la Europa del noroeste, o sea la Inglaterra del sudeste, Normandía, Flandes, Champaña y las regiones del Mosa y del bajo Rin.

Esta Europa del noroeste es el gran centro de la fabricación de paños y —con la Italia del norte y del centro— la única región de la Europa medieval que permite hablar de industria. Junto a las mercancías del norte y de Oriente, el hanseático y el italiano van a buscar a los mercados y ferias de Champaña y de Flandes estos productos de la industria textil europea.

Porque, en esta primera fase de nacimiento y expansión, el mercader medieval es, sobre todo, un mercader errante.

Vayamos ahora al tema que nos interesa en este post.

Progreso de los métodos en los siglos XIV y XV

Si bien la extensión de los negocios a partir del siglo XIII llevó a algunos mercaderes a cometer imprudencias y creó ciertos riesgos, en conjunto la evolución produjo un progreso en los métodos y las técnicas que permitió vencer o reducir muchas dificultades y peligros.

El comercio marítimo recibió gran empuje, gracias, en primer lugar, a la práctica —sobre todo en Génova— de la división de los navios en partes iguales, verdaderas acciones de las cuales una misma persona podía poseer varias. De esta forma se dividen y reparten los riesgos.

Estas «partes», llamadas también sortes o loca, son una mercancía que se puede vender, hipotecar, dar en commenda y hacer entrar en el capital de una asociación.

barcos en la edad media para el comercio intenacional
Barcos en la edad media para el comercio intenacional

Los seguros
Más importante todavía es el desarrollo de los métodos de seguro. Su evolución es oscura.

El término securitas que designaba primitivamente un salvoconducto, parece referirse hacia fines del siglo XII a una especie de contrato de seguro por el cual los mercaderes confían (locant) mercancías a alguien que, a cambio de cierta suma pagada a título de securitas, se compromete a entregar la mercancía en determinado lugar.

Hasta los siglos XIV y XV no se extienden verdaderos contratos de seguro en los cuales no cabe ya duda de que los aseguradores son distintos de los propietarios del barco.

A fines del siglo XIV algunas «compañías», como por ejemplo la del gran mercader pisano Francesco di Marco da Prato, inclusive se especializaron en esas operaciones.

Veamos el texto de un memorándum de fecha 3 de agosto de 1384, extraído de uno de sus registros que lleva como título el siguiente: «He aquí un registro de Francesco di Prato y Compañía, residentes en Pisa, en el cual escribiremos todos los seguros que hagamos para otros. Dios haga que saquemos provecho de ellos y nos proteja de los peligros»:

Aseguramos a Baldo Ridolfi y Cía. por cien florines oro de lana cargada en el barco de Bartolomeo Vitale en tránsito de Peñíscola a Porto Pisano. De estos 100 florines que aseguramos contra todo riesgo, recibimos 4 florines oro al contado, como atestigua un acta manuscrita de Gherardo d’Ormauno que refrendamos.

Y más abajo:

Dicho barco ha llegado a buen puerto en Porto Pisano, el 4 de agosto de 1384, y quedamos descargados de dichos riesgos.

La letra de cambio
Otros progresos de la técnica —ampliamente extendidos más allá del campo marítimo— a la vez que proporcionan nuevas posibilidades al mercader, extienden y complican sus negocios.

El primero y más importante es el uso de la letra de cambio. Si bien se discute su nacimiento, sus características y su función son hoy bien conocidas.

El auge de la letra de cambio debemos, ante todo, situarlo dentro de la evolución monetaria.

Durante la Alta Edad Media, la tendencia a la economía cerrada y la poca amplitud de los intercambios internacionales habían reducido la función de la moneda.

En el comercio internacional desempeñaron papel preponderante las monedas no europeas: el nomisma bizantino, llamado después hiperper y besante en Occidente, y los dinares árabes.

A partir de la época carolingia, en la Europa cristiana, aunque hubo un intento de retorno a la acuñación del oro, el patrón monetario era la plata, representada sobre todo por el denario, si bien también aquí ocupó indudablemente un lugar de primer orden el dirhem musulmán.

Con el auge de la revolución comercial, todo cambia en el siglo XIII.

Occidente vuelve a acuñar oro. A partir de 1252, Genova acuña regularmente denarios de oro y Florencia los famosos florines; a partir de 1266, Francia posee los primeros escudos de oro; a partir de 1284, Venecia tiene sus ducados; en la primera mitad del siglo XIV, Flandes, Castilla, Bohemia e Inglaterra siguen el movimiento.

En adelante, en los pagos comerciales pasa a primer plano el problema del cambio. A ese respecto, además de la diversidad de monedas, evidentemente, debe tenerse en cuenta:

a) La existencia de dos patrones, paralelos en cierta forma: oro y plata.

b) El precio de los metales preciosos, que sufrió un alza en los siglos xiv y XV. Alza que, según los períodos, afecta en forma desigual al oro y a la plata pero que, frente a las necesidades crecientes del comercio y a la imposibilidad de aumentar al mismo ritmo el numerario en circulación, a causa del estancamiento o la decadencia de las minas europeas y la disminución del suministro de metales preciosos provenientes de África, delata ese fenómeno del «hambre monetaria» en la que debe situarse la actividad de los mercaderes de finales de la Edad Media. Hambre sobre todo de oro, por cuanto la plata pasa a ser relativamente abundante hacia finales del siglo XV, gracias a la explotación de nuevas minas en la Alemania media y meridional.

Lo cual, como se sabe, será uno de los principales motores de los grandes descubrimientos.

c) La acción de las autoridades políticas. En efecto, el valor de las monedas estaba en poder de los gobiernos, que podían variar el índice de la misma, es decir, el peso, el título o el valor nominal. Las piezas no llevaban indicación de valor, sino que éste era fijado por las autoridades públicas que las acuñaban, valorando las monedas reales en moneda de cuenta ficticia que generalmente se expresaba en libras, céntimos y denarios derivados de un sistema que, por ejemplo, tomaba por patrón el denario tournois o denario parisis de Francia, o también el denario de gros de Flandes. De tal manera que los príncipes y las ciudades podían proceder a «movimientos monetarios», «mutaciones» o desvalorizaciones, «refuerzos» o revalorizaciones. Riesgos a menudo imprevisibles para el mercader.

d) Las variaciones estacionales del mercado del dinero. A causa de la falta de datos, resulta difícil señalar la existencia en la Edad Media de ciclos económicos, fluctuaciones periódicas en ondas largas y cortas, tal como se ha reconocido para el período moderno, aun cuando algunos historiadores, como Cario M. Cipolla, han creído poder hacerlo.

En todo caso, el mercader medieval no tenía, indudablemente, conciencia de ellos, y no le preocupaban. Por el contrario, los mercaderes medievales eran sensibles y prestaban mucha atención a las variaciones estacionales del curso del dinero en las principales plazas europeas, variaciones debidas, entre otras causas, a las ferias, a la fecha de las cosechas y a la llegada y partida de los convoyes.

Un mercader veneciano observó a mitad del siglo XV:

En Genova, el dinero es caro en setiembre, enero y abril en razón de la salida de los barcos … en Roma o donde se encuentre el Papa, el precio del dinero varía según el número de los beneficios vacantes y de los desplazamientos del Papa, que hace subir el precio del dinero dondequiera que se encuentre … en Valencia es caro en julio y en agosto a causa del trigo y del arroz … en Montpellier hay tres ferias que originan carestía de dinero …

Tales son los datos que el mercader debe tener en cuenta para calcular los riesgos y los beneficios; y partiendo de los cuales puede desarrollar, según sus posibilidades, un juego sutil fundado en la práctica de la letra de cambio.

Veamos, según R. de Roover, el principio y un ejemplo:

La letra de cambio era «una convención por la cual el ‘dador’. .. suministraba una suma de dinero al ‘arrendador’… y recibía a cambio un compromiso pagadero a término (operación de crédito), pero en otro lugar y en otra moneda (operación de cambio). Por lo tanto, todo contrato de cambio engendraba una operación de crédito y una operación de cambio, ambas íntimamente unidas».

He aquí una letra de cambio extraída de los archivos de Francesca di Marco Datini da Prato:

En el nombre de Dios, el 18 de diciembre de 1399, pagaréis por esta primera letra «de uso» a Brunaccio di Guido y Cía… . CCCCLXXII libras X céntimos de Barcelona, las cuales 472 libras 10 céntimos valederas 900 y (escudos) a 10 céntimos 6 denarios por y (escudo) me han sido pagadas aquí por Ricardo degli Albcrti y Cía. Pagadlas en buena y debida forma y ponedlas a mi cuenta. Que Dios os guarde.

Ghuiglielmo Barberi, Salut de Brujas

y de otra mano:

Aceptada el 12 de enero de 1399 (1400).

En el dorso

Francesco di Marco y Cía., en Barcelona. Primera (letra).

Se trata de una letra de cambio pagada en Barcelona por el librado —la sucursal en Barcelona de la firma Datini— al beneficiario —la firma Bru-naccio di Guido igualmente de Barcelona— a petición del librador o tomador —Guglielmo Barberi, mercader italiano de Brujas— a quien el dador —la casa Riccardo degli Alberti de Brujas— ha pagado 900 escudos a 10 céntimos 6 denarios el escudo.

Guglielmo Barberi, exportador de paños flamencos en relación regular con Cataluña, se hizo adelantar dinero en escudos de Flandes por la sucursal de Brujas de los Alberti, poderosos mercaderes-banqueros florentinos.

Como anticipo sobre la venta de las mercancías que ha expedido a su corresponsal de Barcelona la casa Datini, libra sobre ésta una letra de cambio a pagar en Barcelona al corresponsal en aquel lugar de los Alberti, la casa Brunaccio di Guida y Cía… .

Existe, pues, operación de crédito y operación de cambio. Este pago se realizó en Barcelona el 11 de febrero de 1400, treinta días después de su aceptación, el 12 de enero de 1400.

Este plazo es el «término», variable según las plazas —treinta días entre Brujas y Barcelona— que permitía verificar la autenticidad de la letra de cambio y, si fuera preciso, procurarse el dinero.

Por lo tanto, la letra de cambio respondía a cuatro eventuales deseos del mercader, y le ofrecía cuatro posibilidades:

a) El medio de pago de una operación comercial.
b) El medio de transferir fondos entre plazas que utilizaban monedas diferentes.
c) Una fuente de crédito.
d) Una ganancia financiera al jugar con las diferencias y las variaciones del cambio en las diferentes plazas, siempre dentro del marco definido más arriba.

En efecto, entre dos, o con más frecuencia entre tres plazas podía existir comercio de letras de cambio, además de operaciones comerciales. Este comercio de cambios, muy activo en los siglos XIV y XV, fue causa de vastas especulaciones.

Sin embargo, señalemos que, indudablemente, el mercader medieval ignoraba dos prácticas que habían de desarrollarse en la época moderna: el endoso y el descuento.

Aunque investigaciones permiten descubrir ejemplos de endoso desde principios del siglo XVI en el dominio mediterráneo; y que en el siglo XV se hallan casos parecidos, quizás, para obligaciones —simples órdenes de pago— en el dominio hanseático.

La contabilidad
Evidentemente, tales operaciones habían de ir del brazo con los progresos en contabilidad. La teneduría de libros de comercio se hace más precisa, los métodos más sencillos y la lectura más fácil.

Cierto que seguía existiendo gran complejidad. La contabilidad se dispersaba en numerosos registros: los libros de las «sucursales», de las «compras», de las «ventas», de las «materias primas», de los «depósitos de terceros», de los «obreros a domicilio» y, como ha destacado el historiador Sapori, el «libro secreto» donde se consignaba el texto de la asociación, la participación de los asociados en el capital, los datos que permitían calcular en todo momento la posición de dichos asociados en la sociedad y la distribución de beneficios y pérdidas.

Este «libro secreto» seguía siendo objeto de los principales cuidados y es el mejor conservado hasta nuestros días.

Pero se extendió la costumbre de hacer un presupuesto. Pronto todas las grandes firmas poseyeron un doble juego de registros para las cuentas abiertas a sus corresponsales en el extranjero: el compto nostro y el compto vostro, equivalentes de nuestras cuentas corrientes y que todavía hacían más cómodos los pagos por compensación mediante un simple juego de asientos sin transferencia de numerario.

Y, sobre todo, se desarrolló la contabilidad por partida doble que ha podido ser calificada de «revolución de la contabilidad».

Sin duda los progresos no son iguales en unas regiones que en otras, y hasta se ha llegado a explicar el casi monopolio de los mercaderes y banqueros italianos de la Edad Media, en una amplia zona geográfica, como resultado de su avanzada técnica comercial.

Pero en el dominio hanseático podríamos hallar métodos que, aunque diferentes y quizás algo retrasados en la perspectiva de una evolución general única, demostraron no obstante la eficacia de lo que Fritz Rorig ha podido llamar «supremacía intelectual».

Señalemos, por otra parte, que no debe exagerarse la superioridad germánica en el dominio nórdico en cuanto a escritura y contabilidad.

Los famosos manuscritos sobre berestá (corteza de abedul) descubiertos recientemente en Novgorod, demuestran que la escritura y el cálculo estaban allí más extendidos entre los autóctonos de lo que se creía.

De todos modos, las técnicas italianas apenas fueron asimiladas antes del siglo XVI por los mercaderes de las ciudades atlánticas —bretones, rocheleses, bordeleses— «cuyo arte parecía consistir en evitar al máximo el recurrir al crédito bajo todas sus formas».

Si bien Ph. Wolff ha descubierto que el crédito estaba muy extendido entre los mercaderes de Tolosa, insiste sin embargo en el «carácter rudimentario» de sus procedimientos.

De manera que, allí donde existe, el gran mercader-banquero sedentario reina ahora sobre todo un conjunto, cuyos hilos maneja desde su despacho, su palacio, su casa.

Un conjunto de contadores, comisionistas, representantes y empleados —los «agentes»— le obedecen en el extranjero.

Al margen de la contabilidad, el mercader-banquero sedentario es centro de una vasta correspondencia conducente a recibir avisos y dar órdenes.

Como conoce el valor del tiempo, la importancia para el éxito de un negocio de saber antes que los competidores la llegada de los navios o su naufragio, el estado de las cosechas —en una época en que los factores naturales son tan poderosos y los cataclismos tan destructivos— y los acontecimientos políticos y militares que pueden influir en el valor del dinero y de las mercancías, el mercader-banquero lanza una verdadera carrera por noticias. Pietro Sardella ha escrito un apasionante ensayo sobre el tema Noticias y especulaciones en Venecia.

La mejor forma de seguir el trabajo del mercader y comprender lo que fue su actividad profesional, es leer la abundante correspondencia comercial de la Edad Media que nos ha sido conservada, pero que solo en mínima parte ha sido publicada hasta ahora.

Fuente Consultada:Mercaderes y Banqueros en la Edad Media de Jacques Le Goff – Editorial Universitaria de Buenos Aires

Luis VI el Gordo Rey de Francia Biografía y Reinado

REINO DE LUÍS VI EL GORDO, REY DE FRANCIA

En Francia, Luis VI el Gordo (1081-1137) había sucedido en 1108 a su padre Felipe I, y reinó por 29 años, hasta su muerte. Rey enérgico, intentó también fortalecer la autoridad monárquica en su reino; pero la tarea era más ardua allí que en el otro lado del Canal de la Mancha. Casado con con Adelaida de Saboya. Pasó casi todo su reinado sojuzgando incursiones de señores feudales que saqueaban los alrededores de París, hasta que finalmente fueran sometidos a la autoridad real. Durante el período comprendido entre 1109 y 1135, Luis estuvo en guerra contra Enrique I, rey de Inglaterra y duque de Normandía y con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y yerno del anterior, Enrique V.

Luis VI rey de Francia el gordo

El feudalismo tenía en Francia raíces mucho más profundas que en Inglaterra. Bajo los últimos reyes carolingios, los grandes señores habían adquirido un poderío territorial y una independencia tales, que fueron precisos siglos para acabar con ellos. Luis VI, bien aconsejado por Suger, abad de Saint-Denis, consagró su reinado a intentar imponer su autoridad sobre sus vasallos, reduciendo sus poderes.

Erigiéndose en arbitro dondequiera que estallase un conflicto, exigiendo tierras y derechos en recompensa de sus servicios, guerreando contra sus vasallos más débiles, apropiándose de los feudos que no tenían herederos, confiscando los de los desobedientes, amplió considerablemente los límites del dominio real y se fue imponiendo poco a poco.

Así, cuando Enrique Beauclerc, en 1124, cerró una alianza con su yerno el emperador Enrique V, para llevar la guerra al reino de Francia, todos los señores feudales franceses se agruparon tras el pendón de Saínt-Denis, al lado de su rey. El rey de Francia había adquirido tal autoridad al final de su reinado, que el duque de Aquitania ofreció al joven delfín Luis, su hija única, Leonor.

Algún tiempo después de celebrado el matrimonio, morían el duque de Aquitania y el rey de Francia. Todas las esperanzas le estaban permitidas al joven Luis VII, que a los diecisiete años se convertiría en el dueño de los reinos de Francia y Aquitania, y asistía al debilitamiento de Inglaterra, provocado por la sucesión de Enrique I. Pero Luis VII, personaje mediocre y sin autoridad, no había de aprovecharse de las ocasiones que la suerte le brindaba.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III

Biografia de Enrique I Rey de Inglaterra Historia de su Reinado

REINADO DE ENRIQUE I DE INGLATERRA

Enrique I rey de Inglaterra nació en 1068, vivió 67 años, una larga vida para su época, era el cuarto hijo de Guillermo el Conquistador.  Reinó durante 35 años, como el tercer rey normando de Inglaterra (1100-1135). Cuando en 1087 fallece su padre, no recibe ninguna posesión y comenzó una política de expansión territorial en el continente, pero que fracasaron en sus objetivos. A la muerte de su hermano Guillermo II en 1100, Enrique aprovechó la ausencia de su otro hermano, Roberto, que había reclamado con anterioridad el trono para apoderarse del tesoro real, y se autocoronó rey en Westminster.

enrique I de inglaterra

HISTORIA: Como hemos visto en otra página Guillermo duque de Normandía, llamado el Conquistador (que contaba con el apoyo del Papa Alejandro II) , equipó una poderosa flota y, luego de desembarcar en el sur de Inglaterra, derrotó en la Batalla de Hastings (1066) a los sajones mandados por Haroldo.

Este pereció en la batalla y el vencedor marchó a Londres, donde fue reconocido rey con el nombre de Guillermo I. A Guillermo I le sucedió su hijo Guillermo II, El Rojo, que luego de un gobierno mediocre pereció asesinado (año 1100); entonces ocupó el trono su hermano Enrique I, soberano que logró el favor popular, eliminando rencores entre anglosajones y normandos.

Guillermo el Conquistador, hombre de estado autoritario y enérgico, gran soldado, murió dejando el reino en manos de dos incapaces. El mayor, Roberto Courte-heuse, recibió la Normandía; poco hábil, embrollón, incapaz de hacerse obedecer, fue en seguida presa de sus barones, los cuales, aprovechando su debilidad, se otorgaron una independencia que Guillermo les había negado siempre.

El hijo menor, Guillermo el Rojo, heredó el reino de Inglaterra; verdadero déspota, no consiguió imponer su autoridad más que con medidas de terror, siendo odiado rápidamente por la población y abandonado por sus vasallos, que se revolvieron en varias ocasiones confra él. Su asesinato, en 1100, fue un verdadero alivio para el reino. Diez años de anarquía no habían dañado gravemente la obra del gran Guillermo, y su tercer hijo sabrá borrar estos tristes años y restaurar la autoridad monárquica.

A la muerte de Guillermo el Rojo, su hermano menor Enrique I sube al trono; era muy diferente de los dos hermanos mayores; había recibido una instrucción más completa y se interesaba por las artes y la literatura, lo que le valió el sobrenombre de Beauclerc, y, desde luego, poseía una autoridad y una inteligencia superiores a las de sus hermanos. El mismo año de su coronación (1100), se casó con la hija de Malcom, rey de Escocia; la «buena reina Matilde», dulce y valerosa, muy versada en el arte musical y en la poesía, alcanzó rápidamente una gran popularidad en el reino.

El primer acto de Enrique fue restablecer la unidad entre Inglaterra y el ducado de Normandía, que había sellado Guillermo; aprovechando la debilidad de su hermano mayor, se apoderó, poco a poco, de todas las grandes ciudades de Normandía, y en 1106 obtuvo una gran victoria sobre el ejército de Courteheuse, en Tinchebray. Esta victoria le entregaba definitivamente la Normandía; no contento con haber recogido toda la herencia paterna, se encarnizó con su hermano, desgraciado por naturaleza, y lo hizo encerrar en una prisión de Inglaterra, donde el pobre ex-rey permaneció cautivo hasta su muerte.

Enrique I pretendió imponer en todo su reino su propósito de no compartir el poder con nadie. Siguiendo la política cen-tralizadora de su padre, comenzó debilitando el poderío de los señores que habían tomado partido por el duque de Normandía, confiscando sus feudos y arrasando sus castillos; después, pacientemente, aumentó los poderes de quienes dependían directamente de él, como los sheriffs, que fueron desde entonces los únicos habilitados para juzgar en los procesos entre señores y arrendatarios. Creó jueces itinerantes, encargados de hacer justicia en cada uno de los condados; de esta manera, se debilitaron progresivamente las justicias feudales, en provecho de la justicia real, lo que permitió una cierta uniformidad de procedimiento   y   de   jurisprudencia.

Rodeándose de hombres capaces y abnegados, favoreció la constitución de servicios administrativos especializados, asegurándose la entrada de los ingresos. Hizo valer sin descanso sus derechos de soberanía sobre sus vasallos, de los que obtuvo consejos, recursos y asistencia militar, tanto más necesaria cuanto que la querella entre las casas de Francia e Inglaterra se proseguía bajo la forma de guerras y escaramuzas, interrumpidas por largas treguas.

A su muerte, al no tener un sucesor varón, heredó la corona su hija Matilde, quien casóse con el conde francés Godofredo Plantagenet, representante de la Casa de Anjou. Sin embargo, Matilde no pudo gobernar porque las ambiciones de su primo Esteban de Blois originaron diversas luchas.  Esteban I usurpó el trono hundiendo al país en una prolongada guerra civil que sólo llegó a su término con la ascensión al trono, en 1154, del hijo de Matilde, Enrique II.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III
HISTORIA I  José Ibañez Edit. Troquel

Tomas Becket Asesinato del Arzobispo de Canterbury

TOMAS BECKET O EL ASESINATO EN LA CATEDRAL

Enrique II de Inglaterra (familia Plantagenet), todavía con más violencia que con la nobleza, tuvo que enfrentarse con el clero. La Iglesia constituía entonces una fuerza muy bien organizada, con inmensas riquezas, y cuyos miembros, los personajes más cultivados de la época, alcanzaban las más altas funciones políticas. Favorable a una concepción de realeza electiva, en la que el soberano debe, ante todo, hacer respetar la voluntad divina, constituía un importante foco de resistencia a la monarquía, tal como la concebía Enrique II.

En 1162, moría el arzobispo de Canterbury. Decidido a imponer su intervención sobre la Iglesia, Enrique designó a Tomás Becket para reemplazarlo; éste, tras algunas vacilaciones, aceptó el honor que se le hacía. Pero, tan pronto como fue investido de su nuevo cargo, se operó en él un gran cambio; renunciando a todos los placeres que el dinero y sus funciones le habían procurado hasta el momento, se convirtió en un hombre austero, y llevó una vida muy sencilla, repartida entre las plegarias y la administración de su diócesis.

Pero, sobre todo, se convirtió en el acérrimo defensor de los derechos de la Iglesia, oponiéndose a toda nueva ingerencia del soberano en los asuntos del clero. Ahora bien, Enrique exigía que los tribunales eclesiásticos, que eran, hasta aquel entonces, los únicos habilitados para juzgar los crímenes, robos o actos de bandolerismo de los clérigos, compartiesen esta prerrogativa con los tribunales reales, que podrían juzgar en segunda instancia a los clérigos por estos mismos actos.

Tomás rehusó categóricamente la posibilidad de una doble sentencia. Pasando por encima de esta negativa, Enrique publicó, el 30 de enero de 1164, los célebres estatutos de Clarendon, que aseguraban una intervención permanente del rey sobre el clero. El artículo 8 concedía exclusivamente al soberano el derecho de decidir si un caso era de la competencia de los tribunales eclesiásticos o de los reales, y no podía tener lugar ninguna excomunión sin su conformidad; fueron suprimidas las apelaciones a la Corte de Roma; el rey era dueño de las elecciones episcopales, y, en caso de vacante de una iglesia, la  administración  real  sustituía  a  la  del clero hasta que se nombraba un nuevo titular.

asesinato de tomas becket

Tras haber sido el amigo y confidente  de Enrique II, Tomás Becket, convertido en arzobispo de Canterbury,  se  opuso a las intenciones del rey, que quería apropiarse de los privilegios de la Iglesia. Pensando que hacían un servicio al soberano, unos caballeros asesinaron al arzobispo en su catedral. Enrique II tuvo que pedir perdón en público por este crimen. Asesinato de Tomás  Becket. Manuscrito. París, Biblioteca Nacional.

Ante un acto tal de autoridad, Becket pensó, en un primer momento, en doblegarse, pero la violencia con que el Papado condenó los estatutos le dictó su actitud: huyó de Londres y se refugió en la Corte de Luis VII; desde allí, marchó a Roma, donde el papa Alejandro lo desligó de sus compromisos y le permitió retirarse a un monasterio francés. Durante seis años, vivió en el monasterio de Pontigny, gozando de la protección del rey de Francia. En 1170, Enrique II, enfermo, le propuso una entrevista, pues había conservado una profunda amistad hacía Tomás, a pesar de las diferencias que los habían separado durante aquellos años.

La entrevista tuvo lugar en una playa de la Mancha, donde los dos viejos amigos se encontraron con emoción. Enrique, borrando el pasado, propuso a Tomás que se hiciera cargo nuevamente de sus funciones de primado de la Iglesia de Inglaterra, y éste, persuadido de la posibilidad de un entendimiento, aceptó. Pero la reconciliación fue breve, porque el sentimiento del deber y del honor en Becket, y el de la autoridad absoluta en Enrique, eran más fuertes que su profunda amistad. Cuando el rey se convenció, de forma evidente, de que Becket no transigiría sobre los privilegios de la Iglesia más de lo que había transigido seis años antes, Enrique fue presa de una cólera sorda y pensó en desembarazarse de su arzobispo.

El 29 de diciembre de 1170, cuatro de sus barones hicieron irrupción en la catedral de Canterbury, donde Tomás Becket celebraba un oficio, y lo asesinaron al pie del altar. La indignación en Inglaterra, donde Becket era tenido por santo, fue tal, que Enrique II se vio obligado, dos años después, a hacer penitencia sobre la tumba de su viejo amigo, haciéndose azotar por los monjes, hasta que brotase sangre. Sin embargo, aunque tuvo que renunciar al artículo 8 de Clarendon, consiguió que los restantes quedaran en vigor. La autoridad monárquica se había impuesto, y el rey seguía siendo el dueño del clero.

El final de su reinado (1189) fue trágico, a consecuencia de la muerte de sus dos hijos mayores y de la rebelión del tercero, Ricardo Corazón de León, instigado por el rey de Francia, Felipe Augusto. Viejo, cansado y abandonado por todos, Enrique tuvo que reconocer humildemente que era vasallo de Francia y aceptar en el futuro, cumplir fielmente sus obligaciones. Pero su sucesor, Ricardo Corazón de León, no respetaría los compromisos de su padre.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura dell Hombre Edit. CODEX Tomo III
HISTORIA I  José Ibañez Edit. Troquel