El Armamento Romano

Triunfo de Batallas en Roma Reparto del Botin Soldados Romanos

Triunfo de Batallas en Roma
Reparto del Botín Soldados Romanos

EL TRIUNFO: El general vencedor recibía el titulo de imperator. El senado le concedía entonces el derecho de celebrar el triunfo, llamándose así el sacrificio solemne que el vencedor celebraba en el Capitolio con todo su ejército, y la entrada que hacía en Roma en un carro, en forma de torre, tirada por cuatro caballos de frente, cuadriga; el triunfador iba sentado en un sitial de marfil, tenía la cara pintada de bermellón, como las antiguas estatuas de los dioses, y la cabeza coronada de laurel.

Delante del carro triunfal iban los cautivos y los carros conteniendo el botín hecho al enemigo. El desfile duraba, a veces, mucho tiempo; el triunfo de Paulo Emilio, vencedor de Macedonia. duré tres días. Al general lo escoltaban sus soldados, que iban cantando himnos de victoria, llevaban ramas de laurel, dirigían al vencedor algunas frases familiares y, sobre todo, bromas para recordarle que era hombre como ellos.

Mientras tanto, los jefes vencidos eran llevados a la prisión mamertina y estrangulados en los calabozos. Además del triunfo había una recompensa menor que se llamaba la ovación, el vencedor entraba entonces a caballo.

CARRO ANTIGUO, DE MÁRMOL (Museo del Vaticano).
Este carro, tirado por dos caballos, tiene la forma de los carros de guerra que usaban los griegos; los triunfadores entrabais solemnemente en Roma en un carro cuya tormo era análoga a la de éste.

EL BOTÍN: A raíz de la victoria se procedía metódicamente al saqueo. El botín se juntaba y era vendido por el estado, que separaba la mayor parte para él. El tesoro público se enriquecía con el producto de la guerra, lo cual resultaba ser una operación fructuosa para él.

Sólo la conquista de Macedonia produjo ciento veinticinco millones de sestercios, equivalentes a un valor nominal de treinta millones de francos. Los ciudadanos lograron con esta conquista la exención de los impuestos; por esa razón, las conquistas les interesaban tanto como a los soldados; cabe decir, por consiguiente, que Roma «conquistó el mundo menos por la gloria que por los beneficios».

QUIÉN TENÍA DERECHO AL TRIUNFO
Para tener datos ciertos sobre cómo era celebrado el triunfo, hay que partir de la época republicana (casi 250 años después de la fundación de Roma). De los que fueron celebrados durante el período monárquico, tenemos noticias muy escasas e imprecisas. En la Roma republicana y también en la imperial era considerado el más alto honor que se podía tributar a un jefe. Para tener derecho al triunfo, un jefe romano debía encontrarse en las siguientes condiciones:

1) Haber sido proclamado «imperator» por sus soldados. Éstos otorgaban ese título a su conductor cuando le reconocían una gran habilidad en la conducción militar.
2) Haber dado muerte, en una sola batalla, a no menos de 5.000 enemigos.
3) Haber conducido ¿a los soldados a la batalla, personalmente.
4) No haber hecho sufrir pérdidas graves a su ejército.

El jefe que tenía la certeza de reunir loa requisitos para obtener el «triumphus«, (libia pedirlo por escrito al Senado. En el petitorio enumeraba las victorias militares que había logrado. Si el Senado consideraba justa la demanda del jefe, le concedía el triunfo y fijaba la fecha de su celebración.

El jefe no podía entrar en Roma antes del día fijado, pero le era permitido acampar con su ejército en el Campo de Marte, fuera de los muros de la ciudad. Si el jefe no reunía las condiciones requeridas para el «triumphus», el Senado le otorgaba la «ovatio» (ovación). Ésta se efectuaba en la siguiente forma: el jefe avanzaba a pie o a caballo por las principales calles de Roma, con una corona de mirto en las sienes. A los costados de las calles, la multitud aplaudía y le manifestaba su admiración.

CÓMO SE CELEBRABA EL TRIUNFO
El día en que un gran jefe celebraba el triunfo, una enorme multitud se ubicaba a los costados de las calles por las cuales debía pasar el cortejo triunfal. Éste, formado en el Campo de Marte, recorría el Velabrum —región de Roma situada a los pies de la colina Aventina—, el circo máximo, la Vía Sacra, el foro, y finalmente subía a la colina Capitolina, para detenerse ante el templo de Júpiter (el denominado Júpiter Capitolino).

Apenas el cortejo triunfal llegaba a la colina Capitolina, la ceremonia tomaba un aspecto religioso. El triunfador ofrecía a Júpiter el ramo de laurel que llevaba en la mano y las guirnaldas que habían adornado las fases de los lictores. Luego, rodeado por los sacerdotes del templo, sacrificaba un toro blanco en honor de Júpiter. La ceremonia finalizaba con un banquete en el que participaban los magistrados y los senadores. Después de recibir de su jefe una parte del botín de guerra, los legionarios eran licenciados.

En el cortejo triunfal mientras recorre la Vía Sacra, el orden de los componentes era el siguiente: encabezaba el cortejo un grupo de senadores seguidos por tocadores de cuernos y trompetas, que ejecutaban marchas militares. Seguían los carros cargados con el botín de guerra; los objetos de mucho valor eran llevados por algunos legionarios en palanquines especiales.

Detrás de éstos iban los animales sagrados que debían ser sacrificados a Júpiter en la colina Capitolina. Seguían los prisioneros de guerra con las manos amarradas por pesadas cadenas. Los lictores, con la frente y las fasces adornadas con guirnaldas, precedían inmediatamente al triunfador. Éste iba de pie. sobre un carro dorado y vestía una toga púrpura con hojas de palmera bordadas de oro.

Llevaba una corona de laureles en la cabeza y un ramo del mismo árbol en la mano. Al carro del triunfador eran atados los príncipes y jefes enemigos, destinados a la terrible cárcel Mamertina, donde a menudo eran muertos. El pueblo, en tiempos de la República, y la plebe del imperio participaban jubilosamente en estos festejos, pues se consideraban beneficiarios o partícipes de los triunfos logrados por las tropas.

En los últimos años de la República, los prisioneros nobles eran atados al carro del triunfador con cadenas de oro. Cerraban el desfile triunfal las legiones victoriosas. Al paso del triunfador, la multitud lo aclamaba gritando: «lo triumphe!«, que equivale a ¡viva el triunfo!

Fuente Consultada:
Lo Se Todo Tomo III
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

El Arte de Hacer La Guerra Los Ejércitos de Roma Armas y Equipamiento

El Arte de Hacer La Guerra
Los Ejércitos de Roma: Armas y Equipamiento

Durante más de quinientos años, los ejércitos de Roma fueron los más fuertes del mundo, lo que constituye una marca desde el punto de vista histórico. Esta fuerza militar se debía, sobre todo, al hecho de que el verdadero romano consideraba el servicio militar no una carga sino un derecho.

Al principio, todos los hombres útiles formaron parte del ejército. Sólo a partir del siglo I antes de Jesucristo, los ricos intentaron librarse de la servidumbre de la vida militar, mientras que los ciudadanos menos privilegiados tenían que alistarse por un término de veinte años. Durante el imperio, cuando el ciudadano de Roma sólo se preocupaba del placer y la riqueza, las oscuras tareas del soldado se dejaron a los extranjeros. Así, algunos germanos alcanzaron el grado de oficial, e incluso de general.

El talento organizador de los romanos pudo exteriorizarse de un modo notable en el ejército. Las legiones fueron el núcleo principal del ejército. Al principio del siglo I antes de Jesucristo, una legión contaba con unos seis mil hombres. En la época de César sólo comprendía de cuatro a cinco mil. Cada legión formaba una unidad completa. Estaba dividida en diez cohortes, cada cohorte en tres manípulos y cada manípulo en dos centurias. Por tanto, una legión se dividía en sesenta centurias, cada una bajo el mando de un centurión, soldado cuya valentía y cualidades de jefe lo habían hecho  salir de las filas.

Antes de César, el mando de las legiones estaba confiado a tribunos a quienes incumbía la responsabilidad de las operaciones. Los tribunos mandaban de dos en dos durante dos meses. Pertenecían a las clases dirigentes y no siempre presentaban las indispensables garantías militares.

Por este motivo   César   dispuso   que   los acompañaran oficiales profesionales, llamados legados, sobre cuyos hombros pesaban graves responsabilidades. También, los cuestores desempeñaron un importante papel en el ejército de César. Sus actividades no se limitaban a ser las de un oficial pagador, sino que a menudo se les confiaba el mando de una legión.

Los soldados llevaban un pesado armamento. Tenían un venablo de 1,70 a 2 m. de largo y una espada plana de 60 cm. Portaban un casco de cuero o bronce, un escudo largo y una coraza de cuero reforzado con metal.

Junto a la infantería estaba la caballería y las tropas auxiliares provistas de arcos, flechas y hondas. Generalmente, estos soldados los proporcionaban los aliados. Cuando sitiaban una ciudad, los romanos disponían de diversos ingenios (catapultas y balistas) que les facilitaban el asalto. Personal especializado se encargaba de la conservación del material.

Los soldados no sólo llevaban sus armas sino también su comida e incluso con frecuencia una pala. Eran corrientes los desplazamientos de 25 a 30 km diarios. Cada noche el ejército establecía un campamento cuadrado siempre defendido. El mando se instalaba en el centro de la posición, así como el foro.

El campamento estaba rodeado por una empalizada y un foso. Las cuatro puertas eran vigiladas celosamente. Los campamentos que servían de cuarteles de invierno se elegían cuidadosamente, pues con frecuencia la   situación   estratégica  era  de suma importancia. Las legiones luchaban en tierras para ellas inhóspitas contra enemigos cuyo poder desconocían hasta entrar en combate.

Los romanos, expertos cavadores, se distinguieron en el arte del asedio. El sitio de una plaza se hacía en tres momentos o tiempos se cortaban las comunicaciones, se procedía a los trabajos de acercamiento o aproches, y por último, se iba al asalto. Para cortar las comunicaciones, se circunvalaba la plaza que se quería sitiar, es decir, se hacían atrincheramientos, con estacadas y blocaos para impedir que los sitiados salieran de la. ciudad y para evitar cualquier acción ofensiva que viniese de fuera.

El Arte de Hacer La Guerra Las Legiones Romanas Historia de Roma

Las obras de acercamiento o aproches eran numerosas. Se establecían galerías formadas de casillas de madera revestidas algunas veces de planchas de hierro o se empleaban manteletes, galerías perpendiculares a muralla y que, después de haber cegado el foso, permitían que los trabajadores estuvieran al abrigo mientras minaban la base de la muralla.

Luego se armaban sobre ruedas, altas torres de madera que debían dominar la muralla de la plaza, que las máquinas en ellas colocadas iban a barrer con sus proyectiles. Además, paralelamente a la muralla, levantaban una alta terraza, àger, en la cual instalaban también máquinas de guerra. Aislados así los defensores, se procuraba abrir una brecha con el ariete, que era una viga larga y muy pesada, en una de cuyas puntas había una pieza de hierro o bronce con figura de cabeza de carnero, y que se manejaba desde el interior de las casillas conocidas con el nombre de galápagos. Otras veces se probaba minar la fortificación o pasar por debajo de ella construyendo un subterráneo.

Hecha la brecha, se daba el asalto formando el testudo. Esta maniobra consistía en que los hombres de primera fila entrecruzaban sus escudos, mientras que los otros los colocaban horizontalmente por encima de sus cabezas. La columna de ataque se asemejaba a una tortuga en su concha.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 2 Las Legiones Romanas

El Armamento en el Ejercito de Roma Vida de los Soldados Romanos

El Armamento en el Ejército de Roma
Vida de los Soldados Romanos

ARMAMENTO: Las armas defensivas de los legionarios eran el casco, la coraza, el escudo y las canilleras; las ofensivas el pilo y la espada. El casco fue primitivamente de cuero, galea; mas, como la lluvia y el sol lo deformaban, lo reemplazó el casco de bronce, cassis, que entonces tuvo cubrenuca, carrilleras y visera, casco parecido al de los dragones franceses; pero en vez de cimera tenía un anillo al que, en las marchas, se ataba una cuerda que permitía llevar el casco pendiente a la espalda.

La coraza, loriga, fue primero una casaca de cuero con escamadas laminillas de hierro.

Caballero romano, con su casco y escudo redondo (clipeus), una lanza y una cota de mallas.
Monta sin estribos

Después se hizo de escamas de acero articuladas, unas cubrían el pecho y otras los hombros, a manera de anchos tirantes. Se ponían además una especie de sayo o cota de mallas que llegaba a menudo hasta el bajo vientre. El escudo, scutum, era un largo rectángulo de madera ahuecada cubierto de cuero y guarnecido de piezas de hierro, que tenía en el centro un bollo de relieve, umbón, destinado a hacer resbalar los proyectiles.

El pilo, arma nacional de la infantería romana, era un dardo o venablo de dos metros de largo, que pesaba próximamente un kilogramo, cuyo alcance medio era de 25 a 30 metros, pero que, lanzado con auxilio de una correa, podía alcanzar hasta 65 metros; también se esgrimía como una lanza.

La espada, gladio, era cual la española corta, y de dos filos; los soldados la llevaban en el lado derecho, pendiente de un tahalí, y los oficiales en el izquierdo sujeta con un cinturón.

Los legionarios iban vestidos con túnica, pantalón corto y amplia capa de paño moreno, llamada sago. Calzaban càligas, o sean sandalias militares, de suela espesa guarnecida de clavos que aseguraban con correas hasta media pierna.

BATISTA: El brazo de La batista, del que pendía una red o un cestillo conteniendo el proyectil se baJaba con auxilio de palancas colocadas detrás. Al disparar, las cuerdas impulsaban el brazo y permitían lanzar el proyectil a 400 0 500 metros de distancia.

Los caballeros llevaban, además del casco, una cota de mallas, perneras de cuero, broquel, que los romanos llamaba clípeo, lanza y una espada larga. Componían el arnés de la caballería de montar, la carona, la silla de cuero, asegurada con una cincha, y la brida. La silla no tenía estribos. Los vélites tenían la coraza ligera, el clipeo, venablos o arcos, y no usaban perneras.

La artillería estaba compuesta de máquinas para lanzar piedras y dardos; máquinas representadas por dos tipos principales, que eran la catapulta y la balista. La balista u onagre estaba compuesta de un brazo de madera sujeto sólidamente con cuerdas retorcidas a marcos o bastidores a propósito.

Un torno servia para atraer el brazo de madera, poniendo en tensión la máquina, y un mecanismo adecuado permitía dispararla en el momento oportuno.

Esa máquina de guerra lanzaba piedras a cuatrocientos o quinientos metros de distancia. La catapulta o escorpión, tenía menor alcance, sus proyectiles caían a trescientos o cuatrocientos metros a lo sumo.

CATAPULTA:

Preconstitución del museo de Saint-Germain. La catapulta era una ballesta grande  que se tendía por medio del cabrestante colocado detrás.Aquí la catapulta está tendida, se ve que la flecha está colocada en el fuste. EL alcance era de 300 a 400 metros.

Esta máquina era una especie de ballesta grande y fija cuyo palo tenía una canal en la que se colocaban los lances, esto es, las saetas, dardos y piedras, la cuerda traída violentamente se aseguraba a un disparador que, al soltarse, despedía con gran fuerza la piedra o la saeta.

Algunas de estas máquinas muy potentes y que lanzaban sus proyectiles a más de setecientos metros, sólo se empleaban en los asedios ó en la defensa de plazas fuertes; existían máquinas más ligeras, que intervenían en la batalla, como los actuales cañones de campaña, y que se colocaban en el mismo frente de la legión.

Por último, la legión tenía por insignia un asta coronada con una figura de animal, que concluyó por ser uniformemente un àguila. La caballería tenía un estandarte rojo llamado vexilo.

Ver: Historia de las Armas

El Soldado Romano Defensa Personal Combates Ejercito De Roma

El Soldado Romano Defensa Personal
Ejército De Roma

La Leva: Mientras que el ejército se compuso de soldados ciudadanos, la leva o enganche de gente para el servicio militar fue un acto civil, análogo a la convocación de electores.  El senado fijaba el contingente, y los cónsules anunciaban en un edicto el día en que el pueblo debía reunirse por tribus en el Capitolio.

Había cuatro tribus que estaban obligadas a dar cuatro legiones, a razón de dos por cónsul. Se sorteaba la primera tribu que debía suministrar los hombres; éstos eran designados nominalmente y los así designados pasaban cuatro a cuatro, ante los magistrados que los examinaban de carrera y repartían en las cuatro legiones, cuyos oficiales se habían nombrado de antemano.

Los cónsules concedían exenciones en determinados casos y castigaban a los ausentes con penas que consistían en multas, azotes, prisión y hasta esclavitud. La operación se terminaba cuando todas las plazas de las legiones estaban provistas.


LEGIONARIOS CONSTRUYENDO UNA MURALLA
El legionario no solo era un soldado, también se le empleaba en el intervalo de los combates en construir trincheras, puentes, caminos. Hasta ciudades han construido cuyas ruinas hoy existen como Argel y Tunez

El Soldado Romano: El soldado romano, labrador latino armado, era, en general, un hombre pequeño, moreno grueso y robusto, que los trabajos del campo hablan endurecido al trabajo. No se admitían además en el ejército sino a hombres cuya robustez fuese probada, y el consejo de revisión que seguía al enganche, era extremadamente severo Los soldados romanos mostraron notable resistencia en las fatigas del servicio.

Hacían, como la infantería moderna, marchas de a8 a 32 kilómetros, con una carga de 6o libras romanas, casi unos 20 kilogramos. Cada hombre llevaba en marcha, además de sus armas, diversos utensilios hacha, pala, azadón, y quince días de víveres.

Esta carga la llevaban en el hombro derecho, atada a una percha. Una vez llegados a la etapa, los soldados debían fortificar el lugar antes de darse al descanso. Los empleaban también en construir caminos, y es sabido que manejaban la pala y el azadón tan bien como la pica y la espada. Además eran tan sobrios como infatigables andadores y excelentes jornaleros.

Por lo que respecta a lo moral, el soldado romano confiaba en sus jefes, perseveraba en el esfuerzo y estaba dispuesto siempre a hacer todos los sacrificios que exigía la grandeza de su patria. Los reveses no le desanimaban, y la energía patriótica del romano fue causa de que sus enemigos lo admirasen.

Estaba sujeto además por el vinculo del juramento. Al entrar en la legión, juraba obedecer a su general, seguirle por dondequiera le condujese, y permanecer debajo de la bandera mientras no fuese relevado de su juramento.

El juramento lo prestaban solemnemente, en presencia del cónsul, los oficiales, tribunos y centuriones; después se daba lectura de él, a los soldados, y llamado cada uno por su apellido, respondía o «Yo también».

Roma debió su grandeza a las cualidades excepcionales de sus primeros soldados.