El Caballo en América

EL COBRE su uso en la antiguedad Fabricacion de armas y utiles

EL COBRE su uso en la antiguedad
Fabricación de armas y utiles

Desde los primeros días del homo habilis hasta el 4000 a. J.C. mas o menos , los útiles y las armas estaban hechas de piedra, madera o hueso. La piedra es el mas duradero de esos materiales, y el más apropiado para que perdure como prueba de la actividad humana en el remoto pasado.

Como consecuencia de ello, este largo período se conoce como Edad de Piedra, un concepto empleado por vez primera por el poeta romano Tito Lucrecio Caro (95-55 a. J.C.), y reintroducido por el arqueólogo danés Christian Jürgensen Thomsen (1788-1865) en 1834.

La Edad de Piedra se divide en Paleolítico, Mesolítico y Neolítico (de las palabras latinas que significan «Piedra Antigua», ((Piedra Media» y ((Piedra Nueva», respectivamente), periodización basada en las técnicas cada vez más avanzadas de trabajar la piedra.

Pero de forma ocasional, las gentes de la Edad de Piedra debieron hallar guijarros que no eran como los demás guijarros. Ante todo, esas piedras de forma extraña halladas por azar eran brillantes y más pesadas que las demás de su tamaño.

Si se golpeaban con un mazo de piedra, no se partían o se disgregaban, sino que se deformaban.

Esas piedras eran en realidad metales. Se conocen docenas de metales, pero la mayoría se encuentran combinados con sustancias no metálicas, y el resultado son sustancias pétreas. Tan sólo los metales inertes y que tienden a no combinarse con otras sustancias pueden hallarse en estado libre.

Los tres metales inertes más fáciles de encontrar en estado libre son más bien raros. Se trata del cobre, la plata y el oro. Su rareza la demuestra el hecho de que la propia palabra metal procede de un término griego que significa «buscar».

Los seres humanos ya trataban los nódulos metálicos en el 5000 a. J.C. o incluso antes. Por su peculiar brillo y porque, batiéndolos, podían adoptar formas interesantes, al principio se usaron casi exclusivamente como adornos. El oro era el metal más buscado, porque presentaba el color más hermoso (un amarillo reluciente) y era el más pesado y el más inerte.

En efecto, con el transcurso del tiempo no se altera. La plata, de un amarillo muy pálido, tiende a ennegrecerse a la larga, y el rojizo cobre puede volverse verde. (Cobre deriva de Chipre, la isla donde primitivamente se obtenía este metal.)

Los metales se hicieron lo bastante comunes para ser usados con otros fines, cuando los seres humanos descubrieron que pueden conseguirse de unas rocas especiales llamadas menas. De éstas, la primera identificada fue la de cobre. El cobre, en efecto, se combina con oxígeno, carbono o con ambos en ciertas menas, y hacia el 4000 a. J.C. se descubrió que de ellas puede obtenerse cobre en estado puro.

Al principio, sin duda, aquel proceso fue accidental, a resultas de un voraz incendio forestal declarado sobre una mena de cobre. Al calor del fuego, el carbono de la madera y de la mena se combinarían con el oxígeno de la segunda para formar dióxido de carbono, un gas que al dispersarse dejaría tras de sí el metal.

Alguna persona observadora pudo descubrir los nódulos rojizos entre el rescoldo, se comprenderían las circunstancias que rodean el fenómeno, se buscarían las menas y se prendería deliberadamente el fuego. De este modo fue posible la metalurgia u obtención de metales a partir de sus menas.

Los adornos de cobre se hicieron más comunes en adelante, pero ese metal no podía utilizarse en la manufactura de herramientas, en contra de lo que pudiera creerse. Después de todo, una piedra afilada se embota con el uso, y sólo puede volverse afilar mediante un proceso laborioso. En cambio, si una pieza de metal con el canto cortante se embota, se puede volver a afilar sencillamente por percusión. No obstante el cobre se desgastaba con excesiva facilidad y no podía batirse cada vez, después de usarlo en tareas de menos importancia.

EL COBRE: El cobre fue, por ser muy maleable, el primer metal utilizado por el hombre. Quizás le haya parecido una clase superior de piedra, porque puede ser doblado, modelado y reducido a láminas. Además, si se lo somete a la acción del calor, se licúa y adquiere la forma del recipiente o molde donde es volcado. Al enfriarse, retiene esa forma y se vuelve tan duro como la piedra. De esta manera, el cobre presentó mayores ventajas que la piedra; una herramienta de cobre puede volverse a afilar y, si se rompe, puede fundirse de nuevo. Más tarde, el cobre fue fundido con el estaño y el hombre consiguió el bronce. Lo utilizó sobre todo para la fabricación de cuchillos, espadas y puñales. Por último, al trabajar el hierro, los hombres pudieron desmontar selvas, combatir animales peligrosos, construir embarcaciones, edificar ciudades.

Hace 6000 años, trabajar el metal era una tarea muy laboriosa. Para reducir el cobre, se ponían los trozos del mineral en un crisol poco profundo y, sobre éste, se hacía un fuego con carbón de leña. El proceso implicaba elevar la temperatura del mineral hasta más de 1000 grados. Cuando el metal se había fundido, el crisol era retirado, probablemente con una pala de madera, y la masa resultante se vertía en un molde de piedra o de arcilla.

Esta acción requería mucha habilidad, puesto que el cobre, en pocas cantidades y depositado en un recipiente plano, tarda menos de 15 segundos en enfriarse. Las posibilidades de quemarse con el metal líquido o al extraer el crisol del horno, por otra parte, eran muy elevadas. Luego, la aleación se fundía otra vez -para que se adaptara a la forma del molde- y podía ser forjada -se golpeaba repetidamente el objeto con un martillo de piedra hasta que éste tomara su forma definitiva-. En última instancia, «sólo» quedaba pulir, decorar y enfriar el objeto. La dificultad que implicaba fabricar herramientas de cobre explica, en gran medida, la lentitud con que se desarrolló la metalurgia.

Fuentes: Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos de Isaac Asimov
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Electrónica – Wikipedia

Ampliar: Edad de los Metales

LA CERAMICA Descubrimientos en el Neolitico Características

La Cerámica: Descubrimientos en el Neolítico

La cerámica, o sea, el arte de fabricar vasijas y otros objetos de barro, es la más antigua y la más universal de todas las industrias creadas por el ingenio humano. Productos de alfarería tan toscos como los que actualmente elaboran las tribus que aún existen en estado salvaje, se hallan siempre entre los objetos más antiguos que se han podido descubrir como pertenecientes a las primeras razas humanas, de tal suerte, que la cerámica comparte con las armas más primitivas un lugar preeminente entre las muestras más remotas del ingenio del hombre.

En todos los lugares donde excavaciones han puesto al descubierto los utensilios domésticos de aquellas remotas razas extinguidas, así como sus tumbas y enterramientos, han aparecido siempre dos clases de productos cerámicos; toscas vasijas para las necesidades diarias de la vida, y objetos más trabajosos y duraderos con destino a ornamentación y ceremonias.

Para los seres humanos siempre ha sido importante transportar objetos, y la manera mas obvia de hacerlo es sirviéndose de las manos o llevándolos bajo el brazo. Pero lo que puede de transportarse de este modo es limitado. Lo que necesitábamos eran, por así decirlo, manos artificiales, considerablemente mayores que nuestras manos naturales.

Los objetos podían trasladarse en pellejos, pero su forma era inadecuada y resultaban pesados. Las calabazas podían servir, pero había que tomarlas tal como salieran. En un momento dado, los seres humanos aprendieron a urdir ramitas o fibras y a fabricar cestos: éstos eran ligeros y podía dárseles cualquier forma.

Pero, claro está, los cestosVasija antigua de ceramica sólo servían para transportar objetos sólidos y secos, cuyas partículas aventajaran en tamaño a los intersticios de la urdimbre. O sea que, por ejemplo, los cestos no podían emplearse para contener harina o aceite de oliva o, lo que era más importante todavía, agua.

Tal vez se consideró natural revestir los cestos con arcilla, la cual, una vez seca, cegaría los orificios y daría como resultado un cesto sólido. Sin embargo, el barro reseco tiende a desprenderse, sobre todo si el cesto se agita o se golpea. Ahora bien, si se exponía al sol y se le dejaba cocerse directamente, el barro se tornaba más fuerte y el cesto se hacía más apto para transportar polvos y fluidos.

Pero entonces, ¿para qué recurrir a un cesto? ¿Por qué no limitarse a tomar arcilla, moldear con ella un recipiente y dejarla secar al sol? Se obtendría entonces una tosca vasija de tierra; algunas de ellas pudieron manufacturarse por ese procedimiento en una fecha tan temprana como el 9000 a. J.C. Tales recipientes son delicados y, claro está, no duran mucho.

Se precisaba, pues, someterlos a mayor calor. Cuando la vasija de tierra se ponía al fuego, se convertía en cerámica resistente. Los restos más antiguos de la misma pueden fecharse, tal vez, en el 7000 a. J.C. Podría tratarse de la primera vez que se usaba el fuego para algo que no fuera alumbrar, calentar o cocinar.

La cerámica no sólo hizo posible transportar líquidos, sino que introdujo una nueva forma de cocinar. Hasta entonces, el alimento se solía asar, exponiéndolo directamente a las llamas o al calor seco. Desde el momento en que existió el recipiente capaz de contener agua y resistir el calor del fuego, el alimento podía calentarse en esa agua: o sea que podía cocerse. De este modo nacieron los cocidos y las cacerolas.

Naturalmente, la cerámica podía decorarse y tener buena forma. Los ejemplares inteligentemente decorados gozarían de especial demanda. Los artesanos podrían cambiarlos por otros materiales que precisaran. Y dado que la cerámica tiene una duración indefinida si se cuida bien, puede cambiar a menudo de manos, y un grupo humano puede utilizarla para comerciar con otro grupo.

En la cerámica primitiva, la arcilla era apisonada y se le daba la forma de un recipiente; el resultado era algo muy desigual y asimétrico, pero útil.

arte rupestre

Aunque la invención y el desarrollo de la cerámica se circunscribe al Neolítico, el uso de la arcilla, un elemento muy abundante en la naturaleza y fácil de modelar cuando está húmedo, se remonta al Paleolítico Superior, un período anterior. Murales rupestres. En las cuevas de Tuc d’Audoubert, en los Pirineos franceses, se hallaron estos dos bisontes hechos con arcilla cruda. Tienen unos 15.000 años de antigüedad.

Si a la vasija se le pudiera imprimir un movimiento giratorio, una presión relativamente ligera de la mano daría lugar a una forma simétrica y cilíndrica, y con las adecuadas variaciones de la presión o empujando hacia abajo, podrían introducirse complicadas modificaciones en el cilindro básico pero conservando su simetría. Esto sería posible si la arcilla se colocara en una pieza de madera o de piedra, horizontal y circular (torno de alfarero), provista de un eje central por debajo, alojado en un orificio, que al moverse imprimiría  al conjunto un movimiento giratorio rápido.

técnicas para ceramicaLa técnica de la cerámica de espiral fue la más habitual antes de la invención del torno de alfarero. Tras amasar La arcilla, se formaban finas tiras alargadas.
Posteriormente, sobre una base de arcilla, se iban enrollando las tiras hasta que el recipiente cobraba la forma deseada.
Para alisar la superficie del recipiente y asegurar así su impermeabilidad, se unían luego las tiras de arcilla con el dedo pulgar.
En el caso de la cerámica impresa, la más antigua y extendida, se procedía entonces a decorar con un objeto punzante o dentado el exterior de la pieza.
Por último, bastaba secar el objeto de cerámica para que se hiciera resistente. Hasta el descubrimiento del horno, se hizo directamente sobre las hogueras.

Fuentes: Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos de Isaac Asimov
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Electrónica – Wikipedia

Caballos Famosos Nombres de Caballos El Hombre y el Caballo

Caballos Famosos – Nombres de Caballos: El Hombre y el Caballo

EL HOMBRE Y EL CABALLO:

 Bucéfalo: BucéfaloOtro de los grandes caballos de la historia. Vivió hace 2400 años Su nombre significa cabeza de buey, porque era de frente muy ancha, cara redondeada y una estrella blanca le marcaba el rostro. Una leyenda da afirma que Bucéfalo era el resultado del cruce de dromedario y elefante. Fue el corcel de Alejandro Magno (356-323 a. de C.) rey de Macedonia, el más grande conquistador de la antigüedad.
BabiecaBabieca fue el caballo de Rodrigo o Ruy Díaz de Vivar nacido en Burgos, España (1040-1099), llamado El Cid (del árabe, as-sid, señor). La historia y la leyenda lo convirtieron en El Cid Campeador (que distingue o sobresale, campeón). Definido como personaje histórico y semi-legendario, pasó la primera parte de su vida en los dominios de Sancho de Castilla, que luego sería rey.
PegPegaso aso es el caballo alado más famoso de toda la mitología. Y como ser mitológico que se precie, tiene diversos orígenes. Que nació en las fuentes del océano, que brotó del cuello de una de las tres Gorgonas: Esteno, Euríale y Medusa. Estas niñas eran peligrosas y de temer, pero sólo la última era mortal. Tenía la cabecita envuelta en rizos que eran serpientes, dentadura similar a la del jabalí, manos de bronce y alas de oro.
MarengoMarengo: La victoria de Marengo (Italia) fue tan colosal que Napoleón llamó»Marengo» al caballo que montó durante aquella batalla. Aunque,tuvo otros caballos en estima, entre ellos, «Intendente» : Marengo,fue siempre su predilecto. Este era un caballo tordillo de raza árabe con unos 1.45m de alzada. Fué importado de Egipto a Francia en el año 1799, a la edad de seis años. Fué el corcel más conocido del emperador Napoleón I (contaba con unos 130 caballos para su uso personal).
«StrategosStrategos« fue el nombre del caballo favorito del general cartaginés Aníbal. Era un animal de gran alzada y musculoso, de pelo negro y muy veloz. Aunque algo inquieto, era muy obediente cuando Aníbal lo montaba y fácil de dirigir, incluso cuando el noble cartaginés no usaba bridas.
IncitatusIncitatus Cuenta la historia, que el todopoderoso Emperador Romano Cayo Cesar, mas conocido como Calígula (12-41 DC), para consolidar mas su poder dentro del Parlamento, designó Senador, Cónsul y Sacerdote… ¡a su Caballo Incitatus!, también nombraba Senadores y los humillaba haciéndolos correr detrás de su carruaje, cuando querían hablarle y los obligaba (bajo pena de muerte) a apoyarle en todos sus insensatos actos de gobierno.
Moro La historiaMoro cuenta que Lamadrid se apoderó en La Rioja del caballo moro de Facundo, que quedó abandonado en Córdoba cuando su retirada después de el Tío. López, sin creer que “ese mancarrón”, como dice a Rosas, era el célebre caballo de Quiroga, se lo apropió. Quiroga no pudo conseguir que se lo devolviera, y su furor estallaría con estruendo.
Rocinante Sin su cabalRocinante lo el hidalgo Don Quijote no hubiera podido recorrer la Mancha en busca de aventuras simulando a los grandes caballeros de los libros que le obsesionaron y le llevaron a la locura. No se puede decir que fuera un caballo espectacular, ni siquiera un caballo de gran cuna, sólo fue un amigo que le acompañó junto a Sancho.

EL CABALLO Y EL HOMBRE: De los seres no humanos que acompañaron a nuestros primitivos, el caballo se ganó un lugar privilegiado en la historia, porque juntos hicieron historia. Hubo tiempos en que fue sustento, contribuyó en los asentamientos como bestia de tiro y carga, fue el primer medio veloz de transporte e incomparable aliado en las guerras.

Caballos Famosos de la HistoriaEl animal, tal como es conocido, es producto de una larga evolución que le llevó desde pequeño mamífero acompañante a figura casi mítica. Milenios atrás el caballo era un animalito del tamaño de tu perro con cuatro dedos en las manos y tres en las patas en lugar de cascos.

Los investigadores más reconocidos (Charles Darwin, Thomas Henry Huxley, Wladimir Kowalewsky, Joseph Leidy, Othniel Charles Marsh) asumen que los fósiles reconocerían una antigüedad cercana a los cincuenta millones de años.

La teoría más reconocida sustentada por la mayoría de los tratados de hipología, aseguran que el caballo de Przewalsky, habitante de las llanuras de Mongolia el el ancestro original. Existen algunos ejemplares conservados en zooloógicos.

La cebra, el anagro, hemíono o asno silvestre, asno y mula, forman parte de la misma familia. Pero el caballo difiere de todos por su tamaño, estructura robusta, crines y cola abundante.

El itsmo de Bering, apenas una callejuela de tierra que unía Alaska y Siberia, que luego se abrió dando lugar al actual estrecho de Bering (por Vitus Jonassen Bering, 1681-1741, explorador danés al serio de Rusia), fue el puente natural usado por los animales para ajar desde el norte de América al continente asiático. Diez mil años atrás, se extinguieron en los territorios americanos y sólo regresarían n los conquistadores para aposentarse, procrear y extenderse como nacidos para vivir en esas tierras, como si sus genes hubiesen reconocido la cuna ancestral.

El más famoso hipólogo de la antigüedad fue Jenofonte (430-355 de C.), historiador griego, discípulo de Sócrates, que escribió varias obras fundamentales y algunas sobre los caballos, cría, cacería, quitación y psicología de la doma.

Su transformación se fue gestando paulatinamente junto a los humanos. No apareció como un extraño. En los primeros tiempos, cuando los hombres aprendieron a dominar los ímpetus equinos y pudieron subírseles al lomo, lograron prodigios. La capacidad motora se acrecentó muchas veces.

La distancia y el poder. Se podía ir y volver rápidamente. Arrasar aldeas vecinas, alcanzar al que fugaba, asestar golpes desde la altura, infundir miedo. Los cuerpos de hombre y caballo se mimetizaron. Eran uno. Pero el humano daba las órdenes y el manso dejó domar y dominar.

Estaba dispuesto a servir. Como medio transporte era incansable. Se alimentaba con poco; dormía en cualquier lado; requería escasa atención. Con un tiempo de gestación de ce meses, a pocas horas de su nacimiento el recién nacido se incorpora y aprendía a caminar solito. Abría los ojos y ya era independiente.

La relación hombre/mujer/niños/ancianos con el caballo se hizo fácil y necesaria. Se aprendía a montarlo desde la infancia y se lo dominaba hasta la ancianidad. Era juego, transporte, diversión, medio de carga y traslado de enfermos. Les sirvió cuando fueron nómades. Cuando se asentaron en villorios. Cuando debieron huir. Sobre su lomo dormían. Con su cuerpo generoso se cubrían de los ataques.

El caballo caminaba o corría; cruzaba vados, desiertos o pedregales. Trepaba cerros o volaba en las llanuras. Un caballo entrenado y fuerte podía alcanzar velocidades cercanas o superiores a los sesenta kilómetros por hora a campo traviesa y montados.

Piénsese que habrían de pasar decenas de miles de años para que los seres humanos alcanzaran, con las primeras locomotoras a vapor, los veinte kilómetros horarios y a fines del siglo XVII, los cincuenta.

En aquellas primeras andanzas, donde el paso del tiempo no abrumaba ni exigía apuros insolentes, cuando el hombre pudo aliarse físicamente a su corcel, se sintió alado. Había adquirido una condición nueva y prodigiosa. Una más que sumaba a sus recientes conquistas fabulosas; el fuego, por ejemplo.

La herradura, desarrollada posteriormente con el descubrimiento del hierro, dotó al animal de una capacidad motriz muy superior e inigualada hasta muchos siglos después sólo por medios mecánicos, en aquellos tiempos insoñables. Atila, Gengis Kan, los persas, Alejandro Magno, montaron y con quistaron enormes territorios.

Los romanos construyeron hipódromos para carreras con carros de dos, tres y cuatro caballos (bigas, trigas y cuadrigas). El más grande fue el Circus Maximus, que tenía seiscientos metros de largo y cieno cincuenta de ancho y capacidad para doscientos mil espectadores. El más famoso auriga que registra la historia fue Diocles, que desde el año 130 participó en más de cuatro mil carreras ganando mil quinientas pruebas.

Cuenta la leyenda árabe que Mahoma ordenó dejar sin agua a una tropilla de caballos durante siete días. Cuando los liberaron, todos corrieron al abrevadero, pero bastó que el Profeta los llamara, para que cinco yeguas se arrimaran a él prestamente antes de beber un sorbo.

Todos los purasangres árabes descienden de esas cinco yeguas que crearon una de las razas más fuertes, sufridas y veloces del mundo. Mahoma predicó la importancia del caballo en la vida árabe y en el  Corán hay una mención “por cada grano de cebada que hayas dado a un caballo, Alá perdonará un pecado”.

La aparición de Hernán Cortés deslumbró con su armadura de metal,vociferante, con sus cabellos y barbas rojizas, imaginado como un posible Quetzalcoatl (serpiente emplumada), desparramando terror, tronando con su pólvora… y montado sobre un monstruo indescriptible, aun para la fértil imaginación de los aztecas. Ellos, que dominaban la agricultura, la metalurgia, las artes, la astronomía, el calendario, no pudieron con el caballo.

Excedía sus culturas. Y además, cuando veían que de esa bestia de dos cabezas se desprendía un cuerpo vivo y beligerante, asociaban la monstruosidad del cuatro patas con el ensañamiento del dos patas recién desmontado. Nunca visto ni soñado. Un animal del que se desprende otro… aunque este último era más parecido a ellos que el desmontado.

La ausencia de la rueda en las sociedades americanas previas al descubrimiento, pareciera estar ligada a la falta de caballos; el principio ir era conocido pues se han encontrado juguetes rodantes. Pero la rueda como fenómeno de transporte no se concretó hasta la llegada del caballo, porque fueron ellos los que le dieron sentido.

La rueda se asocia al caballo como dos partes de un fenómeno que cambió la vida de los seres humanos. Antes, el tronco de árbol y otros elementos circulares que rodaban, fueron adquiridos en ciertas etapas del desarrollo. Y costó mucho. El cuerpo humano y de los animales y la naturaleza no ofrecen ejemplos copiables, como si lo circular no existiese y sólo pudiera ser inventado.

Cuando se pensaba en la posibilidad de acrecentar el tamaño, falcaba tracción. La rueda estaba allí, cerca, pero para qué servía, era impracticable, hasta que se la asoció al caballo. La rueda con el empuje humano ofrecía las ventajas de una carretilla de la que ya disponían, aunque con el método de arrastre personal.

Cuando dominaron al caballo, imaginar dos ruedas multiplicó sus aperitos. Un carro equivaldría a varios hombres y los traslados se harían con más facilidad y extensión, pudiéndose portar hasta la propia vivienda.

De la asociación surgirían los caminos más estables que ya habían marcado otros animales. Las ruedas tenían peso y profundidad y perduraban sus huellas. Fue elemento de transporte vital y decisivo. Y  a su vera surgieron poleas, sinfines, norias para asistir en pozos de agua, minas, alfarería.

El hombre es el ser más imaginativo, creador y dominante. Dominador del fuego. Poseedor de un lenguaje. Organizado en clanes. Con sentido del pasado y del futuro. Con alimento al alcance de sus manos; rico en proteínas y grasas que hacían innecesario comer  todo el tiempo. Ese tiempo servía para descansar, reponerse y seguir  tentando. Armado con poderes a distancia. Observador nato. Instructor y amo de los animales que lo rodeaban. Montado sobre un corcel que le daba poderes mágicos, como pájaros que volaban. Como tigres por su fuerza y velocidad. Avasallantes. Y además, pensaban. Imaginaban.

Fuente Consultada: Abuelo,…Es Verdad? Luis Melnik

Desaparicion del Caballo en America Teorias Extincion del Caballo?

Desaparición del Caballo en América – Teorías Extinción del Caballo

Sobre la desaparición del caballo en América, el naturalista Charles Darwin escribió: «Es ciertamente un acontecimiento maravilloso en la historia de los animales que una especie nativa haya desaparecido para ser sucedida, en épocas posteriores, por las innumerables manadas introducidas por el colonizador español».

La desaparición relativamente temprana de estos animales en el continente que fue su cuna no es fácil de explicar. La fauna de una región puede desaparecer por un cataclismo geológico. pero éste no fue el caso de los caballos. Otra razón podría haber sido una gran sequía o una lluvia de cenizas, pero el bisonte en Norteamérica y el guanaco en Sudamérica han sobrevivido a esas calamidades.

También se puede pensar en glaciares, pero, si bien éstos existieron en el norte, no los hubo en el sur. Algunos autores atribuyen como causa a la acción de pastos tóxicos, pero estos vegetales son eludidos por los herbívoros salvajes y en el caso de comer los no sufren los mismos efectos que los animales domésticos.

Otros pensaron que la causa hay que buscarla en las enfermedades y citaron como ejemplo a la tripanosomiasis, lo que es posible.

Pero lo más probable es que no haya habido un solo motivo de extinción de los caballos sino varios. Por ejemplo: en una región donde hubo sequías o fríos intensos durante varios años, ante la escasez de pastos comerían hasta los tóxicos; o en una zona donde sufrieron los efectos de una grave enfermedad, los sobrevivientes no podrían haber aguantado los rigores climáticos durante algunos años. Pero cualquiera haya sido la razón de su desaparición, no es un hecho extraordinario, ya que hubo otros casos similares, como los de los gliptodontes y los de los megaterios.

Es interesante acotar que hubo especies que desaparecieron en estado salvaje y que se salvaron de su extinción total gracias a que el hombre las domesticó. Entre nosotros tenemos el ejemplo de la llama y la alpaca.

La historia del caballo (Equus caballus) no difiere mucho de las de los demás animales domésticos. Su domesticación por varios pueblos neolíticos de Europa, Asia y A frica lo salvó de extinguirse.

En cambio, en América, el no ser domesticado por los pueblos primitivos provocó su desaparición. En lo que se refiere a dónde comenzó la domesticación del caballo. no se duda que tuvo lugar en sitios diferentes. Se conoce que 5.000 años antes de la era cristiana el equino se domesticaba en la Siberia sudoccidental.

También hay pinturas rupestres en el sur de España que prueban que al iniciarse la época neolítica ya había caballos domesticados.

En el norte de África se sabe que se domesticó de muy antiguo. Lo que debe quedar en claro es que el caballo se originó en Norteamérica, donde se extinguió antes de que el hombre comprendiese la utilidad de su domesticación, lo que sí entendieron los hombres de otros continentes.

No hay argumentos válidos que  demuestren la existencia del equino en América al momento de arribar Colón, pero sí de su desaparición hace varios miles de años.

En definitiva: las pruebas históricas, etnográficas, filológicas y paleontológicas demuestran, sin lugar a dudas, la completa desaparición del caballo americano en épocas remotas.

Fuente Consultada: Todo Es Hisrtoria Revista Nro. 315 Artículo de: Andrés Carrazzoni

EL Caballo Criollo en Argentina Llegada del Caballo a America

El Caballo Criollo en Argentina: Llegada del Caballo a América

Este noble animal , fruto de la mestización de raza equinas traídas por los españoles durante la conquista , se fue conformando a lo largo de varios siglos hasta llegar a ser el fiel compañero de nuestro hombre de campo.

EL Caballo Criollo en Argentina

 Cristóbal ColónEs una realidad hoy no discutida que cuando Cristóbal Colón desembarcó en la isla de Guanahani, el 12 de octubre de 1492, ya no había caballos en el Nuevo Continente. Esa gran masa continental desconocida para el Viejo Mundo, bautizada luego con el nombre de América y que España siguió llamando ”lndias Occidentales», había sido en pretéritas eras geológicas la cuna del género equus, de donde evolucionó el equus caballos, especie que en épocas históricas los pueblos asiáticos, africanos y europeos domesticaron, salvándolo de su extinción definitiva.

Las razones de la desaparición total del caballo en América son aún desconocidas; no obstante, ciertas especies de equus fósiles fueron halladas en estratos geológicos americanos de fines de la era cuaternaria, por lo cual algunos naturalistas pensaron que en ciertas regiones de Sudamérica ese caballo habría sobrevivido y evolucionado, constituyendo una nueva especie que luego recibirla la denominación actual de “caballo criollo», al cruzarse con los caballos españoles importados

Los naturalistas argentinos Florentino Ameghino y Germán Burmeister trataron de autoconvencerse, y de convencer al ámbito científico de principios de este siglo, de que una especie de équido cuyos restos hallaron en estratos bastante recientes, y que bautizaron como equus rectidens era un verdadero caballo que había convivido con las poblaciones indígenas de la Pampa y la Patagonia argentinas, constituyendo la base de las numerosas manadas de caballos salvajes que a mediados del siglo XVII, fueron avistadas por los primeros pobladores hispánicos de esas regiones, vagando por la llanuras, caballadas que fueron bautizadas posteriormente con el nombre de “baguales”

hemiónLas investigaciones científicas posteriores y los análisis comparativos de los esqueletos hallados, confirmaron que ese équido primitivo tenía una conformación más parecida a la cebra o al hemión (imagen) que al caballo, y que en sólo tres siglos de evolución, no habría podido transformar sus particulares características morfológicas en las que presentaba el caballo alzado y no salvaje de las pampas en el siglo XIX.

Si no había sido la evolución de un animal autóctono, ¿cuál era entonces el origen, morfología y aptitudes de esa variedad de équidos sudamericanos que en tan poco tiempo había poblado las llanuras pampeanas y patagónicas?

EL CABALLO ESPAÑOL EN AMÉRICA:

Descartada la hipótesis del caballo autóctono, resumamos las vías de entrada de caballos embarcados en España con destino a América. En 1493, Colón en su segundo viaje lleva caballos a Santo Domingo que luego pasan a Jamaica. En 1511 Diego de Velázquez los introduce en Cuba, los que luego pasarán a México y serán la base de los utilizados por Hernán Cortés en la conquista del Imperio de Moctezuma. En 1520 Gonzalo de Ocampo los lleva a Venezuela en la búsqueda infructuosa del imperio de El Dorado, estos caballos serán la base del pequeño, ágil y duro caballo «llanero».

 Francisco Pizarro conquista en 1531 el Imperio de los Incas o Tiahuantisuyo, llevando caballos al Perú y Ecuador, Diego de Almagro los incorpora a Chile en 1535; una de las últimas introducciones fue la de Juan de Oñate en 1597 en California (que en ese momento formaba parte del Virreinato de Nueva España).

EL INGRESO AL RÍO DE LA PLATA

La génesis del caballo criollo de las llanuras del Plata se atribuye generalmente a la introducción que realizó don Pedro de Mendoza, en la primera fundación de Buenos Aires en 1535, mencionándose en sus capitulaciones de 1534 con el rey Carlos V la obligación de traer 100 yeguas y caballos, registrándose su partida con solo 72 según Ulrico Schmidl y existiendo la mención del padre Rivadanevra, que fueron sólo 42 las aportadas en ese viaje.

Casi contemporáneamente, en 1541, Alvar Núñez Cabeza de Vaca había llevado caballos a Asunción del Paraguay y Diego de Rojas y Nuñez de Prado trasladó caballos desde el Perú hasta el territorio de la actual provincia de Tucumán, en el Noroeste argentino. Producida la despoblación de la primera fundación de Buenos Aires, transcurrieron casi cuarenta años hasta que en 1580 don Juan de Garay intenta con éxito la segunda y definitiva repoblación de la ciudad desde Asunción del Paraguay.

Garay había recibido informes para esa época que existían numerosas caballadas vagando en libertad en las cercanías de Buenos Aires. Como no podía ofrecer a los nuevos pobladores ni oro ni plata ni encomiendas de indios en una tierra casi desértica, cubierta solo de pastos y sin ningún bosque, pidió a su superior, el adelantado Juan Torres de Vera y Aragón, “hacer merced a los nuevos pobladores, del ganado caballuno abandonado por Don Pedro”.

Torres de Vera y Aragón debía muchos favores a Garay, para discutirle unos pocos caballos, por lo que accedió al pedido. Luego, los pobladores encontraron más caballos que los pensados y obtuvieron del Consejo de lndias (1591) que se los eximiera del diezmo real que hubiera correspondido si hubieran sido salvajes, es decir, autóctonos, lo que obtuvieron iniciándose así la captura de los que cayeron bajo sus lazos y corrales, los demás se dispersaron. Muerto Garay, Torres de Vera y Aragón reclamó las caballadas para sí, al conocer su número, por ser producto de la tierra”.

A él le convenía que se revisara la teoría que los consideraba caballos abandonados, abogando por su carácter natural, extremo que nunca pudo ser probado. Los caballos de Mendoza, más los que luego se dispersaron desde el Paraguay y Tucumán, son el origen de las grandes manadas de caballos salvajes que a fines del siglo XVIII asombraban a los viajeros, y que los pobladores locales denominaban genéricamente como «baguales».

ALGO MAS SOBRE EL CABALLO…  A fines del siglo XVIII hacía ya más da un siglo y medio que los indios habían adoptado el caballo como el complemento inseparable  de su existencia y se habían hecho ex pertos en el arte de amansarlo. Los aborígenes domaban a los equinos sin montarlos, sacándoles poco a poco las cosquillas, habiéndoles y acostumbrándolos a sentir encima la mano del hombre. 

Algunos so lían adiestrarlos para que pudieran seguir corriendo con las patas tra badas, aunque cuando eran perse guidos  procuraban  evitar las bo leadoras arrastrando la lanza detrás de  las  patas  de la  cabalgadura. También en las estancias de Rosas solía prepararse a los caballos para que corrieran aun boleados: se les sujetaban  las  patas  con  una ancha manea y se los hacía atravesar barriales llevando pesadas cargas; cuando los animales así entrenados eran boleados, perdían velocidad, pero seguían avanzando a saltos.

La técnica de doma del gaucho difería mucho de la del indio, ya que, en lugar de invertir largo tiempo en un amansamiento paulatino, optaba por enhorquetarse sobre el pingo, por más reacio que éste fuese, y doblegarlo a lonjazo limpio; después, si tenía tiempo y ganas, se ganaba su confianza a fuerza de cepillarlo, acariciarlo y montarlo nuevamente.

Pero como era jinete experto, no resultaba común que Sel hombre de las pampas se gastara mucho en amansar del todo su caballo, y menos como para que éste aceptara llevar a cualquier extraño. Por eso el viajero inglés William Mac Cann observó que «aunque aquí hay mucha abundancia de caballos, no todos sirven para un jinete habituado a los corceles europeos, dóciles y bien enseñados». No todo era, pues, sentarse encima del pingo y salir al galope.

Habituados a las rodadas producidas por las traicioneras cuevas de las vizcachas, muchos gauchos aprendían desde temprano a caer parados y con las riendas en la mano. Era parte de un complejo adiestramiento que comenzaba desde muy temprano; el viajero inglés Francís Bond Head se admiraba de cómo aprendían a cabalgar los chicos criollos: «cuando cumple cuatro años monta a caballo e inmediatamente es útil para ayudar a traer el ganado al corral.

El modo de cabalgar de estos niños es completamente extraordinario; si un caballo trata de escapar de la tropilla que conducían al corral, he visto frecuentemente al chicuelo perseguirlo, alcanzarlo y hacerlo volver, zurrándolo todo el camino».

De más está decir el valor que tenía la cabalgadura para el soldado: hombres bravos sin caballos o con caballos «aplastados» eran firmes candidatos a la derrota. Los indios, que lo sabían, ponían todo su empeño en tener caballadas de combate ágiles, veloces y resistentes, lo que por mucho tiempoi les dio notoria ventaja sobre las tropas blancas.

Consciente de ello, el legendario coronel Conrado Villegas, jefe del «3° de Fierro», como se apodaba al Regimiento 3° de Caballería de Línea en toda la frontera con el indio, dotó a su tropa de una caballada que hizo historia: los célebres «blancos de Villegas», seiscientos caballos «blancos, tordillos o bayos claros destinados a servir de reserva o para el combate», según el relato del comandante Prado.

Cuenta Prado que «los blancos pasaban mejor vida que el milico. Si hacía mucho frío y no había mantas, el soldado tenía la obligación de quedarse muy en cuerpo para tapar con el poncho a su caballo. Podría faltar, como faltaba seguido, galleta para la tropa; pero los mancarrones no carecían de forraje aunque hubiese que ir a buscarlo a la luna. Así estaban siempre gordos, lustrosos, cuidados y atendidos como no lo estaban los mismos oficiales de la división».

Tanta dedicación se justificaba plenamente, como lo demostraron en toda la Campaña del Desierto las hazañas de los milicos del 3° de Caballería. Ellos, al igual que los ejércitos de la Independencia, las montoneras y los cuerpos de línea, también escribieron, cabalgando, la historia de una patria «de a caballo» como pocas en América.

Fuentes: Todo es Historia Nro. 396 Nota de Fernando Romero Carranza
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril

EL Caballo Domesticado Primeros Descubrimientos del Hombre

El Caballo Domesticado: Primeros Descubrimientos del Hombre – Avances Técnicos

El Caballo Domesticado

Caballo DomesticadoLos animales usados hasta el momento para tirar de carros y arados eran bueyes y asnos. El buey era fuerte, pero pesado, estúpido y lento. El asno era más inteligente, pero más pequeño y débil que el buey. Ninguno de los dos podía arrastrar con rapidez los pesados carros de ruedas macizas.

Por lo tanto, el transporte animal no podía usarse en la guerra con mucho  éxito. Los ejércitos se componían de masas de infantes que luchaban cuerpo a cuerpo blandiendo lanzas y espadas y protegiéndose con escudos, hasta que uno u otro bando cedía y escapaba.

Los carros sólo podían servir con fines ceremoniales, para evitar que el soberano y otros jefes militares tuvieran que caminar, o para transportar armas y pertrechos.

Pero hacia 2000 a. J.C. fue domesticada una bestia ligera —el caballo salvaje—, pero no por alguna de las civilizaciones existentes, sino por los habitantes nómadas de las estepas de lo que ahora llamamos Irán. El caballo era mayor y más fuerte que el asno, y más rápido e inteligente que el buey. Al principio, sin embargo, parecía inservible para el transporte, pues resultaba difícil uncirlo. En efecto, un arnés que resultaba apropiado para un buey, ejercía presión sobre la tráquea del caballo y le impedía correr con rapidez.

En algún momento anterior al 1800 a. J.C., alguien ideó un método para utilizar el caballo en la tracción ligera especializada. Se construyó un carro lo menos pesado posible, reduciéndolo a poco más que una plataforma pequeña entre dos grandes ruedas, capaz para transportar a un ser humano. También las ruedas fueron aligeradas sin merma de su resistencia, dotándolas de radios en lugar de mantenerlas macizas, y permitiéndoles girar cada una por separado. El resultado fue el carro de guerra.

Uno o varios caballos tirando de una carga tan ligera podían correr con mucha mayor rapidez que un soldado. Son sólo dos medas, el carro de guerra era casi tan manejable como el propio caballo, y podía variar su dirección sin dificultad.

Los nómadas no tardaron en descubrir que un cuerpo de aurigas, conduciendo a toda velocidad, no podía ser detenido por los soldados de a pie de aquellos tiempos. En efecto, los infantes se dispersaban y huían aterrorizados con sólo ver aquellos animales atronando con sus cascos y lanzados en dirección a ellos.

Éste es el primer caso claro de una nueva arma que toma por sorpresa a quienes no la poseen, y otorga una especie de victoria universal a quien la tiene. Los jinetes nómadas irrumpieron en el valle del Tigris-Eúfrates, que permaneció bajo el «gobierno bárbaro» durante un tiempo. Fundaron el reino de Mitanni en lo que hoy es Siria y el norte del Irak, y el reino hitita en la actual Turquía oriental. En 1700 a. J.C., los jinetes penetraron en Canaán e incluso en Egipto, que conoció por vez primera una invasión extranjera, y llegaron hasta la India.

Estas invasiones extendieron la devastación por las áreas habitadas, y contribuyeron a revolucionar la situación. En efecto, ayudaron a cambiar unos géneros de vida que quizás se habían vuelto algo decadentes, y animaron el flujo de nuevas ideas de un asentamiento a otro.

Fuentes: Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos de Isaac Asimov
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Electrónica – Wikipedia