El Caballo en la Patagonia

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La primera persona que descubrió un hueso de dinosaurio se llamaba Gideon Mantell, médico y gran aficionado a los fósiles. Vivía en Lewes, al este de Sussex, y cerca de su casa se encontraban los restos de un antiguo bosque que era sin duda una mina para los coleccionistas de fósiles de la época.

En el año 1822, Mantell encontró una serie de dientes de gran tamaño y, entusiasmado, se los enseñó a los expertos de aquel momento, quienes le despacharon argumentando que pertenecerían muy posiblemente a algún animal conocido, quizá un rinoceronte.

Pero Mantell estaba convencido de que se equivocaban. A partir del tamaño de los dientes calculó las dimensiones de su posible propietario: al menos dieciocho metros de largo. Tras años de polémica, finalmente se reconoció que los dientes descubiertos por Mantell habían pertenecido a un nuevo tipo de criatura desconocida hasta entonces. La bautizó como iguanodonte debido a su parecido con una iguana, aunque de mayor tamaño.

iguanodonte

Iguanodonte llamado así por Gideon Mantell, podía llegar a a medir hasta diez metros de longitud y tenía una especie de pincho
en el pulgar que utilizaba para intimidar a sus oponentes.

El descubrimiento de Mantell hizo que, por primera vez, la gente se diera cuenta de que en un tiempo lejano la Tierra había estado dominada por una familia ya extinguida de monstruos de enorme tamaño. En la época de Mantell, igual que ocurre hoy día, circulaban toda clase de mitos y leyendas sobre la existencia de dragones v otras bestias temibles. De repente era como si todas aquellas historias estuvieran basadas en hechos reales.

La fiebre de los fósiles se propagó rápidamente, especialmente en América. En 1858, un buscador de fósiles llamado William Foulke descubrió el primer esqueleto completo de dinosaurio en una cantera cercana a su casa de Haddonfield, en Nueva Jersey. Aquel dinosaurio debe su nombre a Foulke y al lugar en el que fue encontrado, y así se le bautizó como Hadrosaurus foulkii. Poco tiempo después, dos de los más prestigiosos paleontólogos de América, Edward Cope y Othniel Marsh, entraron en escena.

Al principio trabajaron juntos y asimismo contrataron a un equipo para excavar la cantera donde Foulke había realizado su descubrimiento. Allí encontraron varios esqueletos completos de dinosaurio, pero pronto su amistad se derrumbó cuando salió a la luz que Marsh había estado sobornando a los trabajadores para que le avisaran a él primero cuando dieran con un fósil. La gue rra, y no sólo verbal, estalló entre ellos.  Ambos eran ricos y gastaron buena parte de su patrimonio en superar al otro en su búsqueda de fósiles de dinosaurios.

Desde aqui puede acceder a varios juegos simples didácticos que te ayudarán a practicar con los nombres de algunas especies de dinosaurios mas comunes y que siempre cuesta reconocerlos. Es muy fácil, solo debes hacer «clic» sobre cada boton de la izquierda del juego y elegir un nombre de la especie que piensas tu conoces, y arrastralo hasta adentro del rectángulo gris ubicado debajo de cada imagen. Al soltar el botón podrás escuchar un sonido indicado que se ha posicionado correctamente. Debes colocar los 20 nombres y luego con el botón de corrección podrás verificar tus errores. Otra forma de jugar consiste en hacer «clic» en el botón de Nombres Correctos, estudiarlos o memorizarlos y luego empezar a jugar desde cero. Es sumamente simple, para todas las edades e ideal para los mas jóvenes o principiantes…¡A probarlo!…. También puedes jugar a PANTALLA COMPLETA

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La Patagonia Características Fauna Suelo Clima Recursos Naturales

LA PATAGONIA, Recursos Naturales
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La Patagonia se extiende desde los 40° de latitud sur hasta el estrecho de Magallanes. Se trata de una meseta situada entre los Andes y la costa atlántica. Su clima es decididamente continental. La Patagonia es el país de los inmensos rebaños de ovejas, productores de lana y de carne. Los vigilan los famosos gauchos, que están al servicio de grandes estancias. El petróleo es la principal fuente de energía del país, aunque éste se halla en trance de utilizar la fuerza hidroeléctrica de sus ríos.

Argentina se extiende desde el trópico de Capricornio hasta los 50° de latitud sur, y presenta por ello gran diversidad de paisajes. Éstos evolucionan desde la sabana de carácter ecuatorial, en el norte, hasta un paisaje polar, la Tierra del Fuego, en el sur. La Patagonia se extiende del paralelo 40 hasta el estrecho de Magallanes.

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Mapar de la Patagonia: El subsuelo de Santa la Patagonia encierra riquezas incalculables, cuya explotación, que se traduce en grandes aportes a la economía del país, ha significado un cambio fundamental en la vida de lasprovincias sureñas. El necesario incremento de la misma requiere grandes inversiones, la implementación de moderna tecnología y un plan que respete escrupulosamente  las condiciones ecológicas.

Ampliar Este Tema: Flora, Fauna,Hidrografía y Población de la Región Patagónica

Si trasladáramos la Patagonia al hemisferio norte comprobaríamos que se encuentra prácticamente en la misma latitud que Francia. Y, sin embargo, la Patagonia está muy lejos de tener clima templado. Está formada por una meseta rocosa de una altura media de 300 a 400 m., situada al sur del río Colorado, entre los Andes, al oeste, y el océano Atlántico, al este. En esta meseta los ríos que proceden de las montañas han excavado profundas cortaduras y cañones.

¿Por qué tiene la Patagonia diferente clima que Francia, si la latitud es la misma? La razón principal es su situación en la vertiente interior de los Andes. Esta cordillera detiene los vientos del oeste, que suavizan la temperatura y provocan precipitaciones; cuando los vientos consiguen vencer el obstáculo de la montaña se han vuelto fríos y secos. La Patagonia tiene, pues, clima continental muy notable.

Además, las tempestades de arena no son raras, pues la meseta, que se compone de una base muy antigua, está recubierta de capas sabulosas terciarias. Su suelo no es estéril; la estepa de los desiertos constituye la vegetación espontánea del país.

A lo largo de la costa atlántica, la meseta domina con sus acantilados una delgada franja litoral. Aunque muy recortada, esta costa ofrece pocas posibilidades a la instalación de puertos. Algunas corrientes y fuertes mareas convierten dicha zona costera en poco segura para la navegación.

El aspecto general de la Patagonia argentina es el de una llanura de estepas escalonadas en una serie de abruptas terrazas, cubierta con una enorme capa de grava, casi desprovista de vegetación. Hacia los Andes la grava se ve sustituida por lavas porfíricas, graníticas y basálticas; la vida animal se hace más abundante y la vegetación más rica (hayas, coniferas).

Entre las principales depresiones que cortan transversalmente la meseta se cuentan el Gualicho, al S. de Río Negro; el Maquinchar, el Valcheta, el Senguer y el Deseado. Otras depresiones estuvieron ocupadas por lagos más o menos extensos, como el Yagagtoo, Musters y Colhuapi y otros situados al S. de Puerto Deseado.

La vertiente oriental es más cálida que la occidental, sobre todo en verano, por la influencia de la corriente ecuatorial del S. Hacia el O. se halla la región minera, que contiene yacimientos de oro, plata, cobre y lignito. Presenta una baja densidad de población, que se concentra sobre todo en ciudades como Neuquén, Comodoro Rivadavia, Trelew, San Carlos de Bariloche y Río Gallegos, entre otras. La región fue explorada por Magallanes en 1520.

Monte Fritz Roy en la Patagonia

La Patagonia posee reservas naturales que contienen gran diversidad de animales y plantas. Numerosos animales originarios de la pampa buscaron allí refugio. Éste es el caso del ñandú (Rhea americana), un ave corredora que mide 1,70 m. de altura; del guanaco, originario de Perú y pariente de la llama, aunque vive en estado salvaje, y del mará, llamado liebre de Patagonia o de las pampas.

La estepa patagónica
la estepa patagónica se extiende por el centro de Neuquén, centro-sur de Río Negro, casi la totalidad de Chubut, Santa Cruz y el norte de Tierra del Fuego, exceptuando la franja cordillerana. Se caracteriza por el dominlo de arbustos bajos de ramas cortas y hojas pequeñas, adaptados a la aridez y los fuertes vientos.Casi todas las especies vegetales se presentan agrupadas y compactas, formando una superficie uniforme y muy próxima al suelo. Se localizan arbustos como la llareta, el coirón, el neneo y la mata negra.
En el sector occidental de la meseta y el norte de Tierra del Fuego, donde la humedad es mayor, se desarrolla un manto ce gramíneas. En cuanto a la fauna, hay herbívoros como el guanaco y la mará o liebre patagónica, carnívoros como el zorro gris y el puma, y aves como las martinetas, el ñandú petlso y las perdices.

También encontramos allí al tuco-tuco, mamífero roedor apodado rata de peine a causa de los pelos resistentes que envuelven la base de sus uñas. El puma merodea igualmente por aquellos parajes. También se encuentran grandes colonias de pingüinos, mientras que las aguas rebosan de focas y de marsopas.

Tuco Tuco

Tuco-Tuco

fauna de la patagonia

Cuando los españoles que se habían establecido en Argentina llegaron hasta la Patagonia, encontraron en ella una población autóctona: los tehuelches, que vivían principalmente de la pesca y de la caza. Esos tehuelches han desaparecido por completo hoy día.

El desarrollo moderno de la Patagonia data de 1880. El territorio situado al sur del río Negro fue proclamado posesión argentina al término de una campaña militar contra los indios; mientras, algunos españoles e ingleses organizaban la cría de ganado lanar.

La Patagonia es el país de los grandes rebaños de ovejas, que vigilan los gauchos. Durante mucho tiempo esos hombres, que llevaban una vida nómada, se opusieron a cualquier intrusión en lo que consideraban sus dominios; pero hubieron de ceder.

Se construyeron líneas férreas que llegaban hasta muy adentro del país, y los grandes terratenientes españoles cercaron sus tierras con alambre espinoso. Así se puso fin a la vida errante de los gauchos, que pelearon encarnizadamente, a principios del siglo XIX, para rechazar a los invasores.

Esta lucha por la libertad se vio coronada por el éxito, y es todos los años motivo de conmemoración. Los gauchos del siglo XX están sindicados y trabajan al servicio de grandes estancias o empresas agrícolas. Sin embargo, han conservado sus canciones y su forma de vestir. A ellos se unieron, también, los inmigrantes que encontraron empleo   en   estas   explotaciones.

Las estancias, en la Patagonia, son generalmente muy grandes (1.000 ha. aproximadamente) y cuentan con varios millares de ovejas. En la época del esquileo reina allí una actividad febril. Las balas de lana son transportadas por camiones y ferrocarril a los puertos de la costa. Más de la mitad de la producción argentina de lana proviene de la Patagonia. Algunos cruces han permitido también obtener ejemplares destinados a la producción de carne.

En otoño principia la temporada en los grandes mataderos y frigoríficos de Río Gallegos, San Julián, Santa Cruz y Puerto Deseado. Las ovejas se encuentran principalmente en el sur, donde un clima más suave les permite encontrar hierba de mejor calidad.

El norte de la Patagonia, allí donde es posible irrigar las tierras, y el valle del río Negro, se dedican a la agricultura. Los campos se cultivan de manera intensiva y producen patatas y centeno. Los vergeles no son raros, y en algunas lomas bien preparadas se llega a encontrar hasta algún viñedo.

petroleo en la patagoniaEsta parte del país es naturalmente la menos poblada. Es una región magnífica en la que abundan los lagos; entre otros, el Nahuel Huapi, cuyo lugar de emplazamiento ha sido notablemente valorizado y convertido en un gran centro de turismo.

Recientemente se ha descubierto carbón en la Patagonia, aunque no de gran calidad. Los yacimientos están cerca de la frontera chilena. La industria carbonífera ocupa a unos seis mil obreros.

Económicamente, es más importante la explotación de los yacimientos de petróleo, cuyo principal centro es Comodoro Rivadavia, capital de la Patagonia. Los campos petrolíferos están situados a lo largo de la costa atlántica.

Hasta lo presente, sin embargo, resultan insuficientes para proveer a las necesidades del país, que ha de recurrir a la importación. Se están realizando grandes trabajos para construir junto a los ríos centrales hidroeléctricas.

Como en todo el territorio argentino, en la Patagonia las ciudades están emplazadas a lo largo de la costa o en la desembocadura de los ríos. Son, generalmente, poblaciones portuarias que se benefician de la riqueza del interior del país.

La Patagonia está llamada a representar un gran papel en la economía del país argentino, y hay puestas en ella grandes esperanzas, especialmente en el plano industrial.

CHIBUT: LAS BALLENAS EN LA  PENÍNSULA DE VALDÉS

La península Valdés, a la que se puede acceder desde Puerto Madryn, se extiende sobre una superficie de 3.620 km2. Sus 400 km de costa cambiante, templada, constituyen un paraíso para los pescadores y una de las mayores atracciones turísticas del país. Asombra recorrer el estrecho istmo Ameghino, que se interpone entre el golfo de San José, al norte, y el Nuevo, al sur, y une la península al resto del continente.

En ambos golfos se registran las mareas con mayor diferencia de nivel del mundo: cada cuatro horas, las aguas suben en uno y bajan en el otro, con un desnivel tan marcado, que se ha considerado a la península como la más extraordinaria fuente de energía mareomotriz, con un potencial eléctrico que urge aprovechar.

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Pero Valdés no es sólo uno de los accidentes geográficos más espectaculares de la Argentina: sus condiciones climáticas -su temperatura no excede los 30° C ni desciende por debajo del cero-, su topografía y su ubicación geográfica la convierten en una de las reservas de fauna más importantes del país y del mundo.

Las loberías y las elefanterías de Valdés, con poblaciones estables de más de 150.000 ejemplares, alternan con colonias de pingüinos de diferentes variedades, cuyo número supera los dos millones.

Como sí no bastara tanta belleza, como si tanta majestuosidad no fuese suficiente, entre los meses de junio y diciembre, convocadas por la gran concentración de plancton y krill que hay en las aguas y las temperaturas reinantes, ingresan majestuosamente a los golfos San José y Nuevo las ballenas francas, la variedad más antigua y de mayor tamaño que existe en el mundo. Cuesta creer cuando, en un extraño ballet, esas moles de más de 30 toneladas de peso emergen, saltan y caen de espaldas sobre el mar. No es una pirueta, sino todo un gesto de amor.

ACTIVIDADES AGROPECUARIAS. Más de la mitad de los terrenos sembrados están ocupados por plantaciones de hortalizas. Las tierras aptas para la agricultura en la provincia de Chubut se concentran en los valles cordilleranos y pre-cordilleranos, únicas áreas fértiles en las cuales es posible realizar cultivos de secano.

Tal es el caso de Maitén-Leleque, Epuyén, Cholila, Esquel-Trevelin, Tecka y Alto Río Senguer. Se trata de un recurso de localización limitada y escasa, que solamente puede ser ampliado mediante prácticas de riego, como las que habitualmente se aplican, por ejemplo, en el valle inferior del río Chubut y en Sarmiento, en el curso inferior del río Senguer.

La naturaleza de los pastizales de estas tierras las vuelve aptas para la actividad pecuaria. En el resto del territorio chubutense predomina la ganadería ovina extensiva.

SANTA CRUZ:
EL PETRÓLEO Y EL GAS. Estos productos se obtienen de las cuencas de San Jorge, al noreste, y de la Austral, al sur. La prospección y explotación de la cuenca de San Jorge se iniciaron en la zona costera, en Cañadón Seco, y posteriormente progresaron hacia el oeste y suroeste, en dirección a Pico Truncado, Coluel Kayke y Las Heras.

Los principales centros del área, con la excepción de Puerto Deseado, crecieron estrechamente relacionados con la expansión de la explotación. Los núcleos más estables son los relacionados con la planta depuradora y compresora de gas ubicada en la cabeza del gasoducto Pico Truncado-Buenos Aires, al que se ha conectado el proveniente de la cuenca Austral, desde Cerro Redondo, en 1973, y desde San Sebastián, en 1978.

En Cañadón Seco se encuentra también una planta compresora de gas relacionada con el primitivo gasoducto. En Caleta Olivia están emplazados los principales depósitos de petróleo y el puerto de salida de la producción de la cuenca.

Ya en el ámbito de la cuenca Austral, ios yacimientos de Cerro Redondo y El Cóndor, situados al sur de Río Gallegos, en las proximidades del límite con Chile, son de tipo estructural, lo que en gran medida reduce el carácter aleatorio de las perforaciones. Sin embargo, la producción de petróleo es reducida.

El gran potencial de la cuenca Austral es el gas, con reservas comprobadas de casi 100.000 millones de metros cúbicos en la cuenca Austral, mientras que las de San Jorge llegan a unos 45.000 millones. El yacimiento más importante es el de Posesión, al sur de Cerro Redondo.

Tanto la cuenca de San Jorge como la cuenca Austral comparten su carácter meramente extractivo, sin contar con ningún tipo de procesamiento industrial en el lugar. Este hecho representa un síntoma más de las condiciones en que se desenvuelve la economía de Santa Cruz.

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EL TURISMO: La inmensidad de la región y la grandiosidad y variedad de sus paisajes hacen de la Patagonia una zona para ser visitada todo el año. Cada estación tiene su encanto: los paisajes nevados del invierno, el rojo de las hojas del otoño, las flores multicolores de la primavera y el clima agradable del verano. En la última semana de marzo se lleva a cabo la Fiesta Nacional de la Manzana, en General Roca, Río Negro, donde se realiza la bendición de los frutos y se desarrollan manifestaciones culturales, espectáculos artísticos, competencias deportivas, desfile de carrozas y elección de la reina.

La costa atlántica recibe durante primavera y verano gran cantidad de turismo nacional e Internacional. Los balnearios de Las Grutas (Río Negro), Puerto Madryn (Chubut) y Rada Tilly (Santa Cruz) concentran gran afluencia de turistas.

En Puerto Madryn se localiza el área de observación de mamíferos marinos más grande de América del Sur. Las colonias de lobos y elefantes marinos son visitadas en la península Valdés. Desde el puerto salen lanchas destinadas a la observación cercana de ballenas de la especie franca austral. En Punta Tombo, a 80 km de Madryn, se visita el apostadero de pingüinos. Pueden practicarse el submarinismo y el snorkel. El 13 de diciembre se celebra en Comodoro Rivadavia la Fiesta Nacional del Petróleo.

En temporada, varios centros de deportes invernales atraen gran cantidad de visitantes nacionales y extranjeros. El Cerro Catedral, en San Carlos de Bariloche (Río Negro); el Cerro Bayo de Villa la Angostura; el Cerro Chapelco, cerca de San Martín de los Andes (Neuquén); La Hoya, en Esquel (Chubut) y Cerro Castor (Tierra del Fuego) son los más visitados. Todos tienen una infraestructura hotelera e instalaciones en las montañas de nivel internacional.

Además, se realizan excursiones dentro de los parques para navegar sus lagos y contemplar las montañas y sus bosques milenarios. Durante los meses de julio y agosto se celebran varias versiones de la Fiesta Nacional de la Nieve en todos los centros de esquí. El Parque Nacional Los Glaciares es una de las estrellas de la región.

Para contemplar las lenguas glaciarias en medio de una naturaleza sin igual, arriban turistas de todo el mundo. Los hielos azulados del glaciar Perito Moreno, de casi 4 km de frente y una altura de 80 m, se observan desde la orilla del lago Argentino. Cada cuatro años, el frente glaciario obstruye el Canal de los Témpanos y la fuerza del agua del Brazo Tristeza genera una gruta natural, cuya rotura es largamente esperada por todos, ya que constituye un espectáculo único de la naturaleza. En la Tierra del Fuego, Ushuaia, la ciudad del fin del mundo, se realizan cruceros entre los canales fueguinos y por el canal Beagle.

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Historia Conflictos Limitrofes de Argentina con Chile Resumen

Historia Conflictos Limítrofes de Argentina con Chile
«Principio Bioceánico»

Cuando se desmembró el antiguo Virreinato del Río de la Plata, y cómo se redujo el territorio de la República Argentina ya fuese por emancipación, usurpación o despojo. Desde su independencia, la Nación sostuvo como principio fundamental el Uti possidetis juris en 1810 (es decir: «poseerás lo que poseías» en 1810); por lo tanto, la delimitación de fronteras debe buscarse en las disposiciones realizadas por fe Corona española hasta 1810, aun cuando los territorios hayan sido ocupados —o no— efectivamente, o poseídos.

Esta doctrina del Uti possidetis juris en 1810 fue aceptada, como un «principio de orientación general», por los países de América y adoptada luego por el Congreso de Lima en 1848. Incluso el rey de España dejó asentado este concepto en los tratados por los que reconoció la independencia de las repúblicas americanas.

La diferente interpretación de la geografía y de los títulos históricos de la herencia española, dio como resultado los conflictos de límites y éstos, a su vez, la reducción del espacio geográfico nacional. Nuestro país, urgido por problemas internos, descuidó, a veces, los asuntos de frontera; esta atonía diplomática dio pie para que se concretasen los avances expansionistas sobre sus fronteras.

CONFLICTO CON CHILE: En las últimas décadas del siglo XIX las cuestiones de límites entre la Argentina y Chile provocaron varias disputas y estuvieron a punto de desatar la guerra, que pudo ser evitada gracias a la eficacia de delicadas negociaciones diplomáticas. Entre los incidentes que suscitaron mayor tensión se cuenta el que protagonizó la cañonera chilena, Magallanes en abril de 1876, cuando apresó a la nave francesa Jeanne Amelle, que se hallaba cargando guano en el litoral patagónico.

Barco chileno magallanes

La embarcación había obtenido el permiso correspondiente ante las autoridades argentinas, pero según los chilenos esas tierras pertenecían a la jurisdicción trasandina, por lo que no vacilaron en conducir la nave a Punta Arenas, con tan mala suerte que al pasar frente a Punta Dungeness la Jeanne Amelle se fue a pique.

Por fortuna su tripulación se salvó, pero esto no alcanzó a suavizar la protesta argentina, que exigió una severa sanción para el capitán de la Magallanes. Así tuvo comienzo una prolongada serie de conversaciones que poco a poco diluyeron la tensión causada por el incidente.

De todos modos, el caso volvió a demostrar que las cuestiones de límites debían ser resueltas de una vez por todas, lo cual no impidió una nueva situación de tirantez en mayo de 1878, cuando un protocolo firmado entre el chileno Barros Arana y el argentino Rufino de Elizalde provocó indignación en ambos países, que no se sintieron interpretados por el acuerdo y lo rechazaron.

Agresivas campañas de prensa de uno y otro lado de la Cordillera encresparon los ánimos y se llegó a pensar seriamente en la posibilidad de unenfrenta miento armado. En medio de ese clima saltó  una  chispa que  casi hizo estallar el polvorín; a fines de 1878 la cañonera Magallanes insistió en su proceder anterior capturando   al    buque   norteamericano Devonshire,   que   cargaba   guano con autorización argentina.

El conflicto armado pareció en tonces  inevitable,   a  pesar  de   la casi abrumadora superioridad naval transandina: la armada chilena estaba fondeada en el  puerto de Lota,  lista para entrar en acción con dos poderosos acorazados cuatro corbetas —dos de ellas con blindajes—, un par de cañoneras y siete   naves   auxiliares   de   menor porte.

La Argentina sólo podía opor ner una flotilla de río que ni por asomo estaba en  condiciones de operar en  los peligrosos  mares del sur. Sin embargo, era lo único que había y, por ende, lo único que se podía utilizar: el presidente Avellaneda  encomendó  al   comodoro Luis  Py marchar con  los barqui chuelos  hasta  la  desembocadura del  río Santa Cruz y desalojar a los chilenos del puesto que habían instalado.

Los marinos llegaron a destino   el   25   de   noviembre   de 1878, pero las fuerzas trasandinas ya se habían marchado: la creciente   tensión   entre   Chile,   por   una parte, y Bolivia y Perú, por la otra, obligó a destacar fuerzas chilenas en otros puntos.

Tal circunstancia evitó males mayores y la cuestión tomó otra vez la vía diplomática; la cordura, personificada en la otra sión por los chilenos Manuel Bilbao y Benjamín Vicuña Mackenna, halló oportuna correspondencia en los esfuerzos desplegados por el argentino Mariano de Sarratea, y nuevamente se pudo evitar lo que parecía un irreparable conflicto en tre pueblos hermanos.

HISTORIA DE LOS CONFLICTOS CON CHILE:

El problema con Chile: el principio bioceánico.
Después de sus respectivas emancipaciones, la República Argentina y Chile firmaron, en 1826, el primer documento internacional: el Tratado de Amistad, Alianza; Comercio y Navegación. Este pacto preservaba los límites reconocidos de ambas naciones en virtud de otros coñvlmícis que pudieran firmar entre sí o con terceros; trataba de garantizar la integridad territorial respectiva, y buscaba obrar «de común acuerdo contra todo poder extranjero que intentara mudar por la fuerza los límites de ambas repúblicas».

En 1833 tuvo lugar el acto de usurpación ilegal de las islas Malvinas por parte de Gran Bretaña. La cancillería argentina lo comunicó a todas las naciones americanas (circular del 23 de enero de 1833) y Chile, a pesar de estar obligado —por el Tratado de 1826— a actuar de común acuerdo con la Argentina, permaneció silencioso ante el atropello inglés.

Diez años más tarde (1843), Chile fundó Fuerte Bulnes (actual puerto de Punta Arenas) en el estrecho de Magallanes, en momentos en que el gobierno de Buenos Aires —encargado de las relaciones exteriores— soportaba el bloqueo anglo-francés. La fundación de Punta Arenas fue el punto de partida de una serie de agresiones y expansiones ilegítimas con las que Chile demostró su deseo de extenderse hacia el Este, a expensas de las fronteras argentinas.

El 30 de octubre de 1855, la Argentina y Chile suscribieron un Tratado en el que ambas naciones reconocían «como límites de sus territorios respectivos los que poseían como tales en el tiempo de separarse de la dominación española de 1810», y en el que convenían «aplazar las cuestiones que han podido o que puedan suscitarse sobre esta materia para discutirlas […] amigablemente, sin recurrir jamás a la violencia y, en caso de no arribar a un completo arreglo, someter la decisión al arbitraje de una nación amiga».

En 1865 la cancillería chilena denunció el Tratado y alegó derechos históricos sobre la mayor parte del estrecho de Magallanes, la isla de los Estados y una vasta zona de la Patagonia; con ello rechazaba el principio del Uti possidetis juris en 1810 para la fijación del límite territorial y se negaba a aplicarlo para deslindar soberanías.

Más adelante (1872), el gobierno chileno — sin perder de vista sus objetivos-avanzó sobre territorio patagónico (región de la cuenca del río Santa Cruz) y el estrecho y apresó barcos de banderas extranjeras que recolectaban guano con licencias extendidas por las autoridades argentinas. La cancillería de nuestro país reclamó sus derechos: el conflicto se agudizó; las tratativas se hicieron difíciles, y la guerra fue inminente. El gobierno estadounidense medió para pacificar los ánimos y soluciona: el problema.

Por fin, un Tratado de limites —celebrado el 23 de julio de 1881-estableció la frontera, que fue aceptada por ambas naciones: desde el Norte hasta el paralelo 52° seguiría la línea de «las altas cumbres que dividen aguas»; desde el paralelo 52° hasta el Sur de Tierra del Fuego, la línea sería convencional. La Argentina conservaría todas las islas que quedan al Este de Tierra del Fuego y las costas orientales de la Patagonia. Las restantes fueron asignadas a Chile. El estrecho de Magallanes fue neutralizado y se prohibió erigir fortalezas en sus costas.

No obstante, en 1888, cuando los peritos comenzaron el trabajo de reconocimiento y demarcación de la zona, se reanudaron las dificultades. Cada país sustentó tesis diferentes con respecto a la demarcación: los chilenos sostenían que la línea que debía adoptarse era la de divisoria de las aguas (ello les otorgaba la Patagonia. ya que las fuentes de muchos ríos estaban en ella); los argentinos afirmaban que la línea debía ser la de las altas cumbres (que daba al país la salida al Pacífico por el norte del estrecho).

En 1889, ante los impedimentos que presentaba la demarcación, se celebró un acuerdo entre los cancilleres Estanislao Zeballos (Argentina) y Guillermo Matta (Chile) quienes suscribieron una Declaración en la que se afirmó la soberanía argentina en el Atlántico y la de Chile en el Pacífico.

Las negociaciones diplomáticas se interrumpieron en 1890, debido a los problemas que afectaban a los dos países y, en 1893, ambos Parlamentos ratificaron un Protocolo Adicional al Tratado de 1881, cuya cláusula: «Chile no puede pretender punto alguno hacia el Océano Atlántico, como tampoco la República Argentina hacia el Océano Pacífico», estableció, con claridad, él principio Atlántico-Pacífico.

En 1898 nuevas disenciones llevaron a las Partes al borde de la guerra; las cancillerías decidieron, entonces, somete: la cuestión del límite definitivo al rey de Inglaterra, Eduardo VII, quien se expidió en 1902 dando una solución definitiva al dividir ios 94.000 km2 en disputa y otogando 40.000 a la Argentina y 54.000 a Chile. No obstante el laudo, ambos países llegaron a un acuerdo, en 1902-1903, sobre las bases de un Tratado General de Arbitraje y la limitación de los armamentos navales.

Estos acuerdos, conocidos con el nombre de Pactos de Mayo, fortalecieron el principio oceánico de 1893.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril
HISTORIA -La Edad Contemporanea La Argentina de 1831-1982- 3º Curso -LLadó,Grieco y Bavio,Lugones-Sessaeego y Rossi
Editora Contenidos Minimos AZ

Primera Estación Antartica Argentina Historia Base Científica

Primera Estación Antártica Argentina
Base Científica Experimental

EL COMIENZO: El 2 de noviembre de 1902 los tripulantes del Scotia vieron desde la cubierta cómo se alejaban los muelles del puerto de Edimburgo, que no volverían a ver por largo tiempo. La nave se dirigía a los mares antárticos para efectuar observaciones magnéticas, oceanógraficas y meteorológicas, y desarrollar otras actividades científicas. Al frente de la expedición, organizada por la Real Sociedad de Geografía de Escocia, iba el experimentado explorador William Bruce.

barco scotia rumbo a las islas orcadas

Transportó exclusivamente en Escocia el plantel de científicos-principalmente amigos de la Academia de Edimburgo, así como la tripulación del barco a las islas Orcadas del Sur.

Después de recalar en las Malvinas el navio alcanzó las latitudes antarticas, pero como los témpanos obstaculizaban seriamente la navegación, debió enfilar rumbo a las Orcadas del Sur. Poco después llegaron a este archipiélago y penetraron.en una amplia bahía de la isla Laurie, donde resolvieron invernar, ya que el Scotia no tardó en quedar prisionero de los hielos. No tenían muchas alternativas, y mientras un grupo se preparaba a pasar el invierno dentro del buque, otro se dedicó a construir un albergue en tierra firme.

Nació así la «Omond House», primera casa habitación de las Orcadas del Sur, hecha de madera y revestida exteriormente de piedras. No tardaron en agregársele una pequeña casilla, también de madera, donde se colocaron los instrumentos para mediciones magníficas, y varios pequeños refugios para observaciones meteorológicas.

mapa orcadas del sur base antartica

Orcadas del Sur, grupo de islas deshabitadas situadas en el sur del océano Atlántico, al sureste del archipiélago Tierra del Fuego. Las islas más grandes del grupo son Laurie y Coronación, a las que siguen en tamaño otras dos islas más pequeñas y numerosos islotes rocosos, con una extensión total de unos 620 km2. Las Orcadas Australes fueron descubiertas en 1821 por los exploradores George Powell, británico, y el estadounidense Nathaniel Palmer.

Cuando el calor del siguiente verano licuó los hielos, Bruce zarpó rumbo a Buenos Aires y dejó en la base una dotación de seis hombres al mando de Robert Mossman, que había tenido a su cargo la principal estación  meteorológica  de  Edimburgo.

Bruce arribó a la Capital Federal en diciembre de. 1903 y ofreció al jefe de la Oficina Meted rológica —por entonces dependiente del Ministerio de Agricultura— la venta de las instalaciones que había levantado en las Orcadas, siempre y cuando la operación apareciera como una donación suya al Estado argentino.

Se comprometió, además, a transportar en el Scotia a la dotación argentina que se haría cargo del observatorio, ofrecimiento despertó general entusiasmo y fue atendido, en primera instancia, por Carlos Ibarguren, subsecretario del Ministerio de Agricultura, que aprobó con calor la propuesta y la elevó al ministro, Wenceslao Escalante, quien no do moró, a su vez, en darle el visto bueno.

Así fue como el 2 de enero de 1904 un decreto firmado por el presidente Roca aceptó la cesión de las instalaciones considerando «que es de alta conveniencia cientí fica y práctica extender a dicha;, regiones las observaciones que se hacen en la isla de Año Nuevo y en el sur de la República».

El 21 de enero el Scotia partió del puerto de Buenos Aires conduciendo a Edgar Szmula, Hugo Acuña y Luciano Valette, los tres argentinos que iban a hacerse cargo de la estación bajo las órdenes de Mossman (y ayudados por el coci ñero William Smith) hasta que se familiarizaran con el manejo de los instrumentos y los métodos de trabajo.

El 22 de febrero de 1904 el pabellón nacional comenzó a flamear sobre la casa que habían levantado los expedicionarios del Scotia: había nacido la primera estación antártica argentina. Por decreto del Poder Ejecutivo Nacional N° 1032 del año 1964 esa fecha fue declarada «Día de la Antártida Argentina».

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril

Historia de Puerto Deseado Origen Ciudad Fuerte Español

Historia Fundación de Puerto Deseado
Lugar Histórico Nacional

SANTA CRUZ: Fueron  sus costas la región señalada por el destino para que el hombre blanco tomara contacto con nuestra tierra y sus habitantes. En marzo de 1520 Hernando de Magallanes descubrió la bahía del río Deseado, el 31 sus cinco naves recalaron en San Julián y al día siguiente sus tripulantes bajaron a la playa para asistir a la primera misa. El almirante y su gente, hincada la rodilla en tierra, elevaron una oración de gracias al Creador.

Desde entonces la ruta de la Patagonia quedó fijada en las cartas marinas.

Sin embargo, por más de doscientos cincuenta años permaneció desconocida tan inmensa región y sólo en 1778, ante el temor de su pérdida, los soberanos españoles ordenaron fundar colonias que aseguraran su posesión.

El 23 de marzo de 1780 llegó a San Julián una escuadrilla colonizadora bajo la dirección de Antonio de Viedma, y como no le agradó la tierra intentó seguir a Santa Cruz, pero los vientos le llevaron a Deseado, donde debió pasar el invierno. Allí fueron entonces levantadas las primeras casas, formadas las primeras huertas y se sembró el primer trigo en la Patagonia. Allí también murieron una treintena de castellanos, las primeras víctimas del escorbuto.

Al año siguiente, trasladados los hombres, animales y elementos necesarios, se fundó la colonia de Florida Blanca a corta distancia de San Julián, que perduró tres años con toda felicidad.

Un segundo intento de posesión se efectuó entre 1790 y 1807 en Puerto Deseado con el establecimiento de una compañía pesquera y un fuerte, última avanzada cercana al estrecho donde ondeó el pabellón de España pregonando la conquista.

La Patagonia permaneció ignorada, hasta que en 1834 Carlos Darwin y Roberto Fitz Roy recorrieron las costas y se internaron por el río Santa Cruz.

Veinticinco años transcurrieron todavía antes de que un argentino pisara el territorio con el intento de poblarlo. Tal mérito le correspondió al incansable Luis Piedrabuena, quien en 1859 se instaló en la isla Pavón y enarboló por primera vez la enseña argentina. Tiempo después, el 19 de diciembre de 1878, el gobierno, por intermedio de una fuerza naval militar, tomó posesión del territorio en el sitio conocido por el Cañadón de los Misioneros.

El 16 de octubre de 1884 se dictó la Ley 1.532 que creó la gobernación de Santa Cruz y se nombró gobernador al capitán Carlos M. Moyana, explorador de su territorio.

Por Decreto Ley N° 21.178 del 22 de noviembre de 1956 se organizó la provincia del mismo nombre. En el lapso comprendido entre junio de 1955 y diciembre de 1956 Santa Cruz integró, con Tierra del Fuego y la Antártida, la llamada provincia de Patagonia.

La primera capital fue Santa Cruz, pero el 19 de mayo de 1904 por decreto se designó capital a Río Gallegos.

LA HISTORIA: Se   halla   ubicado   sobre   la   margen   izquierda   del   río   Deseado,   en   su   desembocadura en el Atlántico,  en  la  bahía que  lleva su  nombre,  descubierta  en  1520  por Hernando de  Magallanes,  quien  dio a  sus aguas  el  nombre de  Río  de  los Trabajos.

Años más tarde, el 21 de julio de 1586, salió del puerto de Plymouth la expedición corsaria del general Tomás Cavendish, con rumbo al estrecho de Magallanes. Esta flota estaba formada por los buques «Hugh Gallant», «Content» y «Desire», que era la nave capitana. Con este nombre, incorrectamente traducido, ya que quiere decir Deseo y no Deseado, llamó Cavendish a aquel lugar al arribar el 17 de diciembre  de  1586.

Durante casi dos siglos fueron varios los navegantes que después de Cavendish hicieron escala en este paraje, hasta que en 1780 el rey de España decidió afirmar sus derechos sobre él, ya que marinos ingleses, en anteriores oportunidades, habían tomado   posesión   en   nombre   de   su   rey.

Fue así como cumpliendo órdenes del virrey Juan José de Vértiz, el 13 de enero de 1780, partió del puerto de Montevideo una expedición a cargo del superintendente interino don Antonio de Viedma. Estaba formada por el paquebot «San Sebastián» y  los  bergantines  «San   Francisco  de  Paula»  y  «Nuestra  Señora   del   Carmen».

Tenía la misión de reconocer la costa patagónica desde el cabo San Jorge hasta el   estrecho   de   Magallanes,   para   formar   un  establecimiento   en   el   mejor   puerto.

Primer Puerto Deseado, Lugar Histórico

Viedma tocó primero la bahía de San Gregorio, después la de San Julián, y desde ahí intentaba alcanzar la de Santa Cruz, cuando vientos contrarios lo llevaron a Puerto Deseado, donde ancló ej 19 de abril del mismo año; desde ahí despachó la «San   Sebastián»   a   pedir   nuevas   instrucciones   al  virrey.

Obligado a pasar el invierno, desembarcó y con la mayor rapidez posible mandó se levantara una capilla, algunos ranchos para albergue y almacenes, al mismo tiempo  que  hacía  sembrar las  primeras semillas  del  trigo  que  germinó  en   esa  región.

La carencia de víveres frescos provocó entre los hombres de la expedición una epidemia de escorbuto; sumado esto al descontento general, pidieron abandonar esa tierra tan inhospitalaria. El 28 de agosto, a bordo del bergantín «Nuestra Señora del Carmen», el gobernador envió hacia Montevideo a los enfermos y amotinados, quedando   sólo   con   veintiún   hombres.

El 12 de diciembre volvió el bergantín con la orden de abandonar Puerto Deseado y trasladar la gente a San Julián para establecer una colonia. El 21, después de ocho meses   de  sufrimientos,   dejaban   para   siempre   el   desolado   paraje.

Diez años más tarde se fundó una colonia de la Real Compañía Marítima de Pesca,   institución   creada   por   orden   de   Carlos   III.

En mayo de 1790 se inició la construcción de un fortín de piedra y yeso, a una legua de distancia de la entrada del canal, en una amplia explanada de la costa norte, en tierras elevadas alrededor de catorce metros sobre el nivel medio de las mareas, y al pie de una cuchilla de rocas de porfirio, que lo amparaban de los vientos  huracanados  del  oeste.

Era un reducto cuadrado del cual tan sólo quedaban en 1900 tres torreones, y gran   parte  de   la   muralla   que   lo   rodeaba.

En 1792 se estableció en aquel lugar un presidio a pedido de la Compañía Marítima de Pesca, pero diez años más tarde ésta dio término a sus actividades, ya que   nunca   logró   producir   ninguna   utilidad.

En la época de las invasiones inglesas, los pocos pobladores del fuerte se retiraron a Carmen de Patagones; tiempo después, los indios tehuelches incendiaron las últimas   construcciones   del   fuerte   de   Puerto   Deseado.

El 23 de diciembre de  1834 el  almirante  inglés  Roberto  Fitz  Roy   —que   realizaba el levantamiento de cartas marinas en la costa patagónica— ancló con su buque «Beagle» frente a las ruinas de dicho fuerte. El célebre naturalista Charles Darwin, compañero de expedición, hizo reconocimientos durarite tres días por agua y tierra, recopilando importantes datos para sus obras.

En 1880, el gobierno creó una colonia pastoril que más tarde fue disuelta por originar gastos muy grandes al erario, y cuatro años después, dieciocho personas llegadas en el vapor «Loire» constituyeron la nueva y definitiva colonia de Puerto Deseado.

Por decreto del 19 de diciembre de 1889 se creó el pueblo Puerto Deseado, y más  tarde  fue  aprobada   su   mensura.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 12.466 del 5 de noviembre de 1943.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de la Argentina Edit. ATLANTIDA Carlos Vigil

HISTORIAS EN PUERTO DESEADO: Para proteger los  asentamientos españoles en América de los ataques piratas, como el famoso Francis Drake, se decide en 1584 enviar una expedición dirigida por Sarmiento de Gamboa a la patagonia. Gamboa arriba con cinco barcos y quinietos trinta y ocho tripulantes, funda la «Ciudad de Nombre de Jesús», próximo a Cabo Vírgenes en medio de un tiempo borrascoso. La gente debe soportar el frío extremo de esa zona y además el suelo no es muy apto para cosechas productivas, obligando a pasar tristes situaciones de hambre y frío extremo.

Gamboa decide fundar otra población en una zona menos hóstil, y zarpra con cincuenta tripulantes, mientras un centenar de colonizadores marchan a pie durante quince peligrosos días, donde eran atacador pos los indios de la zona. Finalmente Gamboa  funda una nueva ciudad, llamada Ciudad Rey Felipe (futuro Puerto deseado) , pero al poco tiempo surge un nuevo malestar general por la falta de alimentos, que termina en un motín. Cuando Gamboa quiere regresar a Cabo Vírgenes, la nave es arrastrada por un temporal que lo deja muy lejos, cerca de Río de Janeiro, desde ahi, solicita ayud a la corona pero el auxilio nunca llegó.

Ya sin esperanzas, decide volver a España, pero 1556 cae prisionero del corsario inglés  Walter Raleigh que lo entrega a Isabel II, reina que lo recibe con respecto y lo regresa a su hogar en España, pero con tanta mala suerte que durante el viaje es apresado en suelo francés y recién despúes de cuatro penosos años puede acudir a la ayuda de España, sobre suplicando por aquellos pocos pobladores del estrecho, a los cuales suponía vivos, pero que en realidad ya no quedaba nadie con vida.

Cuenta Roberto Hosne, autor de «Patagonia, El Territorio de la Aventura«: Un día de enero de 1587 tres mujeres y quince hombres, últimos sobrevivientes de la expedición de Sarmiento de Gamboa, aguardaban en la boca del estrecho por alguna nave salvadora hasta que, alborozados, estallando en llantos y gritos, agitando los brazos, divisan velas en la lejanía.

Era la flota del pirata inglés Tomás Cavendish, que había zarpado de Ply-mouth en julio de 1586 y luego de navegar frente a la costa patagónica fondea en el mismo sitio donde desembarcó Drake, quien había llamado al paraje Bahía de las Focas y que Cavendish rebautizaría «Desire», el nombre de su nave, que se perpetuó como Deseado.

Cuando se acercaba al estrecho avista al grupo de mujeres y hombres, cuyo aspecto era lastimoso; tres españoles subieron al Desire clamando auxilio y mientras uno quedó a bordo, dos fueron en busca de los que ansiosamente esperaban en tierra, pero cuando estos se aprestaban a embarcar, la nave de Cavendish empezó a alejarse. Estupefactos, veían como se apagaba su única esperanza de salvación.

¿Qué pudo haber motivado esa desconsiderada actitud de Cavendish?

La repentina aparición de vientos favorables, lo cual no era muy frecuente dado que generalmente soplaban en dirección contraria obstaculizando el ingreso al estrecho —se dijo— decidieron a Cavendish a aprovecharlos para continuar navegando, dejando de lado el sal-vataje de las diecisiete personas que esperaban por su rescate.

Tomé Hernández, el único español que subió a bordo del Desire fue el que relató más tarde este trágico episodio.
Cavendish remontó el estrecho y fondeó en Rey Felipe sin hallar a nadie, salvo a unos ejecutados pendiendo de la horca. Francis Pretty, maestre del Desire, refiriéndose al resto de la gente, abatida por el hambre y las enfermedades, apuntó: murieron como perros en sus casas, y vestidos, y así los encontramos… mientras el villorrio estaba terriblemente inficionado por el hedor de la gente muerta.

Cavendish ordenó a sus hombres aprovisionarse de agua y leña, incautarse de las armas y cañones y destruir e incendiar el poblado, que rabautizó Port Famine (Puerto Hambre).

El último sobreviviente de la expedición de Sarmiento de Gamboa es rescatado por la Delight of Bristol, capitaneada oor el pirata Andrés Merrick, en enero de 1590. La nave había recalado en Deseado para reparar averías y cuando se dirigía al estrecho, avistan y rescatan al español. Las tormentas huracanadas castigan al barco y quince tripulantes desaparecen. Cuando anclan para efectuar refacciones son atacados por los indios y mueren otros siete marinos.   Se  desencadena  una violenta tempestad y se traga a treinta tripulantes; estalla un motín y Merrick se ve obligado a regresar a Europa.

En el trayecto mueren él y el español y cuando la nave arriba al puerto de Cherburgo, del centenar de tripulantes con los que la Delight of Bristol había zarpado en 1589 de Plymouth, solamente seis quedaban con vida.

Puerto Deseado en 1600

Curiosa visión de Merian, en un grabado de 1655. En La desembocadura del río Deseado pueden versenaves ancladas, choiques (ñandúes) y guanacos moviéndose sin sobresaltos, mientras unos tripulantescazan pingüinos y, aparentemente, lobos marinos. Algunos hombres se aprovisionan de agua dulce y otros,observan el esqueleto de un patagón «gigante «.

Fósiles Vivientes Animales Actuales de la Prehistoria

ACTUALES ESPECIES VIVIENTES DESDE LA PREHISTORIA

Toda especie viviente de planta o de animal se enfrenta con tres alternativas: 1-puede cambiar, lenta y casi imperceptiblemente, por el proceso de la evolución, dando otras formas; 2-puede ir languideciendo ante la competencia de otros organismos, o, finalmente, 3-puede permanecer casi sin cambiar durante cientos de millones de años. Todo grupo de organismos que vivió en  la Tierra se ha enfrentado con esas tres perspectivas.

La extinción es el resultado más frecuente. Por ejemplo, de todos los vertebrados terrestres de hace 150 millones de años, quizá el 1 % tiene descendientes que viven en la actualidad. Es pequeñísimo el número de animales que han sobrevivido sin grandes cambios a lo largo de mucho tiempo.

El proceso evolutivo por selección natural es inflexible, y los animales que han florecido durante mucho tiempo pueden encontrarse con la competencia de algún nuevo organismo mejor adaptado que ellos al ambiente. Por otra parte, puede ocurrir cualquier cambio brusco del ambiente, el clima puede variar o un alimento básico desaparecer. Estas circunstancias suelen ser fatales.

Para que los animales que han existido con la misma forma durante millones de años lleguen a ser fósiles vivientes deben cumplirse   ciertas  condiciones.   Una   posibilidad es que estén muy bien adaptados a un tipo de ambiente, y que éste permanezca casi constante. Por otra parte, para que sobrevivan es importante que queden incomunicados en una isla o en algún otro enclave geográfico localizado. Así pueden mantenerse lejos de zonas en las que se están desarrollando animales quizá mejor adaptados o,  por lo  menos,  continuar  viviendo.

FÓSILES  VIVIENTES   INVERTEBRADOS
Hace unos 400 millones de años, durante el período ordovicense, enterrado en sedimentos de barro de las costas vivía un pequeño braquiópodo de caparazón córneo, llamado Língula. Este animal tenía unos dos centímetros de largo y era muy sencillo, anatómicamente. Sin embargo, hoy siguen encontrándose animales casi idénticos, que continúan excavando en el barro de las costas del Japón, de las islas de los océanos índico y Pacífico, y de Australia.

Aunque han trascurrido cientos de millones de años, la Lingula apenas ha experimentado cambios. Las investigaciones recientes de las   Língulas   modernas   mostraron   algunas de las causas de su éxito.

El hecho de estar enterradas en el barro (en el cual penetran ediante un pedúnculo contráctil) y de salir a la superficie solamente para alimentarse los protege de sus enemigos. Pero, además, 1% manera de funcionar su organismo, su fisiología, está muy bien adaptada a su ambiente. Por ejemplo, pueden tolerar concentraciones de oxígeno extremadamente bajas, circunstancia que sería fatal para la mayoría de los animales. No han surgido nuevas ramas mejor adaptadas que la primitiva y, por tanto, ésta sobrevivió.

En 1826 se descubrió un fósil viviente muy importante   en   las   Indias   Occidentales.    Se trata   de  un  animal   de  aspecto   de  oruga, al que se llamó Peripatus por su forma de pasearse   (en griego, peripatos significa pasearse).   Se ha encontrado otra especie parecida en otros lugares.

Las investigaciones mostraron pronto que el Peripatus no  era ni una oruga ni una babosa.   El cuerpo tiene  muchos  segmentos y unos 20 pares  de patas no  articuladas.   Su cabeza está provista de mandíbulas y antenas, y el animal respira  por tráqueas,  como los insectos. Aunque  se  trata  de  un  animal  de  cuerpo blando,   se   conocen   fósiles   del   Peripatus que datan del silúrico, en rocas que tienen 320 millones de años.

De hecho, hay restoS de un animal que se parece mucho al  Pagripatus,   que   proceden   del   cámbrico,   hara más   de   500   millones   de   años.    Desde   el punto   de   vista zoológico,   el   Peripatus   es muy   importante,   pues   parece   representar a un grupo de animales (Onicóforos) intermedio entre los gusanos anélidos y los artrópodos   (grupo que incluye los insectos). Es   difícil averiguar   por   qué   el  Peripatus sobrevivió sin cambiar durante tanto tiempo.

De la misma forma que las cochinillas de humedad,  está siempre expuesto  al peligro  de  la  desecación  y  sólo puede vivir en   ambientes   húmedos,   por   lo   que   pasa mucho   tiempo   escondido   bajo   las  piedras y los troncos caídos.  Es carnívoro y se alimenta de muy diversos animales de pequeño tamaño.   Quizá, una característica favorable para la supervivencia de este artrópodo sea   la protección  que   los  adultos   de casi todas las especies  del Peripatus proporcionan a sus crías.

Peripatus

El «Peripatus», extraño artrópodo-gusano, vivía hace 500 millones de años, al igual que el crustáceo de agua dulce «Apus». Un fósil viviente que suele verse en las casas es el pececillo de plata («Lepisma»), que debe tener 350 millones de años. Las escolopendras y milpiés (miriápodos) representan una fase  importante de la evolución de  los artrópodos y cambiaron muy poco en 500 millones de años.

Hay otro «inmortal» que, tal como el Peripatus, es también un «eslabón perdido»; fue dragado en 1956, a 4.000 metros de profundidad, cerca de la costa de México.

Neopilina

Es un animal llamado Neopilina, molusco muy primitivo, que todavía conserva caracteres de anélido y debe representar a un grupo que vivió hace 500 millones de años, cuando menos. Otros dos moluscos fósiles vivientes son la Pleurotomaria, un caracol marino que ha vivido durante 350 millones de años, y el cefalópodo Nautilus.

Cangrejos – Bayoneta («Limulus»)

Hace 200 millones de años, los cangrejos – bayoneta («Limulus») se encontraban en todo el mundo. Hoy, apenas sin variar, el «Limulus» está confinado en algunas regiones tropicales. Es un artrópodo, pero sus relaciones con los otros artrópodos son discutibles. Quizá tenga una importancia el hecho de que su  larva se  parece a  los extinguidos trilobites.

FÓSILES VIVIENTES VERTEBRADOS
El continente australiano quedó separado del resto de las masas terrestres hace unos 150 millones de años. En aquella época, los únicos mamíferos existentes eran los provistos de bolsas —los marsupiales— y los mamíferos que ponen huevos: los monotremas. Los mamíferos placentarios, más favorecidos, se desarrollaron después, fuera de Australia.

A causa de ello, los monotremas y los marsupiales existieron allí durante millones de años e, incluso, llegaron a alcanzar un desarrollo floreciente, mientras los miembros de su grupo estaban desapareciendo en otras partes, frente a la competencia de los mamíferos placentarios.

Puede que no sea exacto decir que todos los marsupiales son fósiles vivientes, pues algunos han evolucionado recientemente. Pero, sin embargo, son los sobrevivientes de un grupo antiquísimo, que divergió en los primeros momentos de la historia de los mamíferos.

América del Sur era otra gran zona en la que estaban reservados los mamíferos marsupiales, pero hace 10 millones de años se unió con América del Norte. Los mamíferos placentarios la invadieron y casi toda la población de marsupiales se extinguió. Al oeste de Australia, quizá Nueva Zelandia se separó antes de los continentes.

En ella no hay marsupiales, pero en algunas de sus islas, que, como ésta, se separaron de Australia, vive un animal todavía más antiguo: el Tuatara o Sphenodon. A pesar de su parecido superficial con los lagartos, el tuatara pertenece, en realidad, al orden de los rincocéfalos, grupo de reptiles anterior a los dinosaurios y que posee características más primitivas.

La causa más importante de la supervivencia del tuatara es la falta de competencia con animales mejor dotados. Otros factores secundarios pueden ser la larga duración de su vida individual (100 años, o más) y sus costumbres perezosas, que le permiten reservar energías.

Tuatara o Sphenodon

El tuatara (la palabra maori significa «dorso con espinas») es el único sobreviviente de un grupo más antiguo que el de los dinosaurios. Aislado en Nueva Zelandia, el tuatara ha permanecido casi sin modificaciones durante 200 millones de años. Los cocodrilos y tortugas también pueden ser considerados como fósiles vivientes, porque han cambiado muy poco respecto a sus antecesores del período triásico.    En contraste, los escamados se han  modificado mucho.

Uno de los animales más raros de Nueva Zelandia, quizá el más raro del mundo, es la rana de la isla Stephens. En muchos aspectos recuerda a otras ranas, pero sus patas no tienen membranas; sus costillas son   libres    (a   diferencia   de   otras   ranas) y su sistema circulatorio se parece más al de los tritones.

El estadio de renacuajo lo pasa, probablemente, en el huevo. Estas ranas parecen descendientes directos de antepasados con cola, semejantes a las salamandras y tritones actuales.

UN PEZ MUY FAMOSO: EL CELACANTO

Cuenta la historia que cuando el capitán del navío pesquero Nerine, Hendrick Goosen,  izó su red, encontró en ella un pez distinto a cuantos había visto. De casi 1.5 m de longitud, color azul intenso y piel oleosa, pesaba casi 60 kg. Tenía dientes afilados y escamas rígidas como una armadura. Pero su característica más notable eran sus aletas parecidas a extremidades. Goosen pensaba que era una especie de lagartija de mar.

Como sabía que se trataba de un «pez especial» se lo lleva al profesor Schmit para que investigara al cadáver que despedía un olor nauseabundo. Lo examinó con cuidado y luego decidió enviarlo al taxidermista del museo, que lo conservó lo mejor que pudo.

Por disparatado que pareciera, el profesor Smith pensaba que podría tratarse de un celacanto, pez que se creía extinguido hacía 70 millones de años. Se habían encontrado fósiles de celacantos en rocas que databan de casi 400 millones de años. Se pensaba que el pez estaba vinculado con nuestros primeros antepasados, procedente de una época en la cadena evolutiva en que las criaturas emergieron del agua para caminar o arrastrarse por el suelo.

Si en verdad era un celacanto, Smith calculaba que el pez había sobrevivido durante 30 millones de generaciones. Sabía que anunciar su captura le atraería el ridículo. ¿Cómo era posible —se preguntaba— que el celacanto estuviese nadando en el mar sin que ningún científico supiera de su existencia?,…lamentablemente la segunda guerra mundial no permitió seguir con las investigaciones y todo avance quedó detenido, hasta que un día de 1952 en el archipiélago de Comoro (Sudáfrica) Schmith recibe un telegrama en donde es informado de la captura de otro pez con las misma características de aquel posible «celacanto».

Luego de sorpresivo, complicado y largo viaje a la Ciudad del Cabo, Schmith pudo regresar con su presa y la confirmación de haber descubierto un animal de 400 millones de años que aún vivá en las profundidades del océano Indico.

El descubrimiento ocupó las primeras páginas s diarios del mundo y, de pronto, el pez de extraño nombre y aspecto raro se convirtió en una celebridad internacional. Smith lo identificó como un celacanto de una clase nueva y lo bautizó Latimeria Chalumnae.

Celacanto

En  marzo de 1987, Hans Fricke, biólogo marino y camarógrafo documental del Instituto Max Planck, con sede en la enees Alemania Occidental, encabezó un equipo de investigadores que trabajaban en las costas de la isla Gran Comoro. Con ayuda de un submarino miniatura, filmaron  celacantos en su medio natural y a grandes profundidades.

La película mostraba  que los celacantos son capaces de  hazañas sorprendentes, como permanecer erguidos sobre su cabeza por uno o dos minutos, nadar de espaldas y boca arriba. Pero a pesar de sus cuatro aletas semejantes a unas extremidades, al parecer el viejo «Cuatropatas», como Smith le llamaba, no caminaba.

Fuente Consultada:
Revista Enciclopedia TECNIRAMA de la Ciencia y la Tecnología N°116 –  Fósiles Vivientes

Poesias sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Autora

Poesías Sobre Guerra de Malvinas

Islas Malvinas en suspenso diplomático.

 MALVINAS A UMBRALES DEL SIGLO XXI

                                           Martha Dora Arias 1989

 En el océano Atlántico del sur
soñando una esperanza
Soledad y Malvina se parecen
a dos tristes princesas solitarias.

 El pelo oscuro de las dos hermanas
enredado en las rocas y la bruma
en árido contraste se recorta
del azul infinito y de la espuma.

 Por faldas, las cautivas ostentan pajonales
con guardas de gaviotas y corales.

 Debajo de las aguas argentinas
que cubren los pies de las princesas
asoman sandalias imperiales
que amarran sus  tobillos
con  británicas algas.

 

Un séquito de focas y ballenas
refuerza desde lejos con su voz, la fiel causa
y  por las noches negras y brumosas
intenta desatarlas.

 Pero es en vano
Las dos islas ¡ pobres¡
no pueden ser libradas.

 

Solo las almas jóvenes
de los dignos soldados caídos en Malvinas
refuerzan con su espíritu
la gracia soberana de esa tierra argentina.

 En el océano Atlántico del sur
custodiadas por cruces argentinas
suspiran por  un  príncipe valiente,
Soledad y Malvina.

  Martha Dora Arias 1989

Poesia Sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Recuerdo a las Malvinas

Poesía Sobre Guerra de Malvinas

    A las islas Malvinas, vestidas de paciencia celeste y blanca.   

MIENTRAS ESPERAN                                                         

                                                     Martha Dora Arias 1984 

En medio del mar
lejos y escondidas
golpeadas por olas
y brisas marinas
históricas islas
esperan su turno
envueltas en bruma,
solas y perdidas. 

 Y mientras esperan
le cuentan al viento
al faro prendido
al sol y  la lluvia
a la luna llena
y a las Tres Marías
y  al avión lejano
que ruge en el cielo
y al barco que pasa
entre las toninas…
le cuentan le cuentan
le siguen contando
que son argentinas
que son argentinas.

    Martha Dora Arias 1984 

Poema a la Guerra de Malvinas Martha Arias Recuerdo a las Malvinas

Poema a la Guerra de Malvinas de Martha Arias
Recuerdo a las Malvinas

soldado de Malvinas

AL 2 DE ABRIL DE 1982

                                     Martha Dora Arias – 1983      

Ganar una guerra no exige tan solo ser dueño de aviones, naves y estrategias
o lanzar modernos misiles cargados
de espesa y oscura violencia.

Ganar una guerra no es atar las manos de un país tranquilo
que su trigo siembra
ni es bloquear los mares – coartando derechos de otras banderas-
que, rompiendo vientos,
viajan o comercian.

 Imponer colonias no es ganar la guerra pero es atropello que aviva trincheras
y templa el espíritu del pueblo argentino
dispuesto y confiado para la pelea.

Ganar una guerra no es mostrar al mundo bagaje de orgullo
y de ruin soberbia,
ni es la indiferencia por la diplomacia camino del triunfo
para los imperios que usurpan las tierras.

 Programar boicot  no es ganar la guerra pero es el estímulo
de Latinoamérica
que aprieta sus manos en un lazo fuerte  de unión verdadera.

 Arrasar convenios, romper los tratados y burlar acuerdos
no es ganar la guerra
pero son certeros  disparos que agobian
la espalda del país que reza.

 Metrallar de lleno naves hospitales
y hundir sin entrañas barcazas pesqueras
es luto gratuito como el de los kelpers
– hermanos perdidos de raza –
que allá en las Malvinas hace un siglo esperan.

 Disfrazar con saña de hospital los barcos
y vestir con rojas cruces al Canberra…
la acción más mezquina, cobarde, inhumana.
Más cosas requiere ganar una guerra.

Es indispensable la Luz que ilumine y aliente en las almas coraje y cautela.
La Luz que salpique fe valor mesura, la Luz que derrame paciencia
para que Argentina, desvalorizada por la flema inglesa,
en paz y en justicia doblegue las trenzas
de la nación rubia, pasional y altiva llamada Inglaterra.

 Y si así no fuere, y si así no fuere… que Dios y la historia juzguen a Bretaña
y al aliado fiel, por los disvalores que guiaron su guerra.

Martha Dora Arias – 1983   

Poemas Sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Recuerdo a las Malvinas

Poemas Sobre Guerra de Malvinas

Al día en que los soldados argentinos izaron en las  islas Malvinas, la celeste y blanca. 

                             DESEMBARCO EN MALVINAS.                                        

                                                              Martha Dora Arias, abril de 1992 

No es historia. Es hoy, es hoy que gritan

al mundo del oriente y occidente

que vuelven a ser Patria.

 

¿Quiénes gritan?

Dos islas argentinas: las Malvinas.

 

¿Qué expresa ese grito tan potente

que osó cruzar océanos, montañas

y remover conciencias y razones

de otras tierras extrañas?

 

Ese grito de abril, tan argentino,

tan lleno de paciencia – Dios lo sabe –

tan viejo y repetido

como el vuelo del ave

 

Ese grito sentido que hoy explota

en los pechos de jóvenes soldados

 y se hace voz de canto

en nuestros niños

y lamento de honor

en los ancianos

 

expresa vivamente que la Patria,

en su adultez sin prisa

y en su soberanía,

se afianza con firmeza

después de dar bandera a las Malvinas.

¿De dar bandera?     Pero ¿qué bandera?

La de Manuel Belgrano,

la argentina.

Martha Dora Arias, abril de 1992 

Ver: Poema de Martha Arias Sobre el Árbol

Historia de las islas Malvinas Descubrimiento y Usurpacion Inglesa

Historia de las Islas Malvinas
Descubrimiento y Usurpación Inglesa

DESCUBRIMIENTO Y LOS PRIMEROS POBLADORES DE LAS ISLAS MALVINAS

Las Malvinas — Las islas East Falkland o Soledad y la West Falkland o Gran Malvina y un centenar de isletas integran el archipiélago de las Malvinas, actualmente en posesión de Inglaterra, a pesar de los siguientes antecedentes:

En 1494, el tratado de Tordesillas, posterior a las demarcaciones que estableciera el papa Alejandro VI por medio de bulas, fijó las posesiones españolas y portuguesas en América. Dentro de las primeras, quedó incluida la jurisdicción de las Malvinas.

Parece probable que el primero en avistar estas islas fuese el piloto Esteban Gómez, desertor de la expedición de Magallanes. En una carta geográfica posterior trazada por un portugués compatriota de Gómez, con el nombre de islas de Sansón.

Historia de las islas Malvinas Descubrimiento

En 1600 Sebald de Weert, integrante de una expedición holandesa  que debía dirigirse a las Indias Orientales por el cabo de Buena Esperanza para comerciar y además saquear las posesiones españolas y portuguesas en oriente y occidente, bordeó las islas Malvinas, pero no pudo desembarcar en ellas por falta de material apropiado. A partir de entonces se conocieron como islas sebaldinas.

En 1690 John Strong con una expedición inglesa descubrió y franqueó el canal que separa las dos islas principales. Los pescadores de Saint Malo (Francia) arribaron en distintas oportunidades al archipiélago austral. Desde entonces estas islas se llamaron Maluinas, de donde se derivó el nombre de Malvinas.

En 1764 Luis de Bougainvile, salió de Saint Maló, con una expedición y fundó el fuerte Luis en la isla Soledad, llamado así en honor de Luis XV.

Al año siguiente el gobierno inglés envió una expedición, cuyo itinerario mantuvo en secreto. Desembarcaron en la isla Saunders y construyeron puerto Egmont, tomando posesión del archipiélago.

El gobierno español reclamó al francés por el establecimiento fundado por l3ougainville. Esta nación reconoció los derechos de España y le restituyó la posesión de las islas previo pago de una indemnización por los gastos realizados. En consecuencia los españoles ocuparon puerto Luis que llamaron Soledad.

En 1770 el gobernador del Río de la Plata don Francisco Bucarelli envió una fuerte expedición que desalojó a los ingleses. Inglaterra reclamó por ello a España y como las relaciones se pusieron muy tirantes y se realizaron aprestos bélicos en Londres, el gobierno de Madrid aceptó un arreglo amistoso, por el que se comprometía a devolver puerto Egmont, aunque declaró que ello no afectaba su soberanía sobre las Malvinas. En virtud de este acuerdo los ingleses procedieron a ocuparlo nuevamente.

En 1774 tal vez por un pacto secreto entre Inglaterra y España, aunque el gobierno inglés señaló que era por razones de economía, los ingleses evacuaron puerto Egmont, dejando una placa de plomo donde se reafirmaba su soberanía sobre las Malvinas.

A partir de entonces y hasta 1807 solamente hubo gobernadores españoles dependientes de los virreyes del Río de la Plata, con sede en puerto Anunciación, en la isla Soledad.

Producida la Revolución de mayo de 1810, Elio dispuso que las islas fuesen evacuadas, situación que perduró durante nueve años.

En 1820 el gobernador Martín Rodríguez envió una expedición que tomó posesión del archipiélago en nombre del gobierno de Buenos Aires, notificando de este hecho y de la prohibición de pescar y cazar en las islas a los barcos extranjeros. En 1823 el gobierno concedió autorización a don Luis de Vernet para instalar una pesquería e introducir ganados en las Malvinas.

El imperialismo inglés se apodera de las islas Malvinas

Luis Vernet fue nombrado titular de la comandancia política y militar de las islas Malvinas en 1829, con sede en la isla Soledad. En ejercicio de sus funciones apresó a tres goletas norteamericanas que quebrantaron las leyes argentinas. Como represalia, en 1831 llegó al puerto Soledad la corbeta norteamericana Lexington, que apresó a los funcionarios y destruyó propiedades.

corbeta clio

En medio de esta situación, el 2 de enero de 1833 irrumpieron frente al puerto Soledad las fragatas inglesas Clio y Tyne intimando al coronel Pinedo a evacuar las islas. Sin ofrecer resistencia, Pinedo se retiró con su goleta Sarandí y así se perdió el dominio sobre las islas que quedaron en manos de su Majestad Británica.

Un estado es considerado imperialista cuando ejerce dominación sobre otro u otros estados. Que los ingleses se hayan apoderado, por la fuerza, de las islas Malvinas es un ejemplo de imperialismo

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

Biografia de Castelli Juan Jose Vida y Obra Ilustrados del Virreinato

Biografía de Castelli Juan José: Vida y Obra
Los Ilustrados del Río de la Plata

Un revolucionario consecuente: Nació en Buenos Aires el 19 de julio de 1764. Estudiante talentoso, concurrió al Colegio de San Carlos y estudió teología y filosofía en la Universidad de Córdoba. En 1786 abandona la carrera eclesiástica por la de derecho y se gradúa en la Universidad de Charcas dos años después. En 1794, en Buenos Aires, se casa con Maria Rosa Lynch Galayn.

Juan José Castelli En 1799 adquiere una chacra en San Isidro y disputa su elección a tercer regidor del Cabildo. Junto con Vieytes y Belgrano se destaca en la promoción de la industria, la edu­cación pública, la agricultura y el libre comercio; es inspirador de la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica en 1801, que no llega a constituirse por prohibición del virrey.

Colabora en el Telégrafo Mercantil y el Semanario de Agricultura, y es ferviente defensor de las tesis de Francisco Miranda.

Durante la Primera Invasión Inglesa se entrevista con los jefes británicos para definir su eventual apoyo a la emancipación americana, pero culmina distanciado del plan inglés. Después del segundo intento de invasión, Castelli explora con Álzaga la idea de constituir una junta de gobierno propia, pero se asocia con Belgrano, que promueve la regencia de la princesa Carlota Joaquina.

En mayo de 1810 juega un papel clave. En la sesión del 22 su brillante refutación a los argumentos realistas contribuye al éxito de la asamblea, que proclama que disuelta la Junta Central de Sevilla el poder debía revertirse en el pueblo y sus gobiernos locales. Tres días después Castelli ocupa, como vocal, el segundo puesto en el primer gobierno patrio.

Partidario, como Moreno, de adoptar las medidas necesarias a fin de consolidar la revolución, es comisionado para concretar la ejecución de los cabecillas contrarrevolucionarios alzados en Córdoba. Designado como “vocal representante” de la Junta, tiene la máxima autoridad para dirigir las operaciones del Ejército Auxiliador en el Alto Perú.

Puesto Castelli al frente del Ejército expedicionario al Alto Jreru como representante de la Junta, cúpole la gloria de subscribir el parte de la primer victoria obtenida por las armas independientes en Suipacha, el 7 de noviembre de 1810, que, despejó el camino a nuestras fuerzas para proseguir su avance en el Alto Perú, permitiéndoles en breves días ocupar la ciudad de Potosí, Los resultados morales de aquel triunfo excedieron en mucho a las previsiones de los vencedores: el más completo desorden y la más profunda confusión se apoderó de los realistas; sus jefes principales huyeron sin rumbo.

El Alto Perú estaba conquistado para las armas de la Patria y al ocupar Potosí, Castelli decretó la prisión del gobernador intendente don Francisco de Paula Sanz, dictando sin pérdida de tiempo medidas oportunas para lograr la captura de los fugitivos, mariscal Nieto y coronel Córdoba (el vencido de Suipacha) .

Capturados aquellos tres personajes, Castelli les quiso hacer jurar respeto y obediencia a la Junta de Buenos Aires sobre las banderas victoriosas de Suipacha, pero habiéndose negado los tres a cumplir aquel mandato, no vaciló el enérgico vocal del gobierno patriota, en decretar la ejecución, la que se cumplió el 15 de diciembre, haciéndose la aclaración que los tres sentenciados a muerte eran culpables del mismo delito que había costado la vida a Liniers y sus compañeros de infortunio.

Castelli permaneció en Potosí el tiempo necesario para arreglar los negocios de su administración, emprendiendo enseguida la marcha a Chuqui-saca, ciudad a donde llegó el 27 de diciembre, y donde fueron recibidos los patriotas con las demostraciones más sinceras de alegría. De Chuquisaca pasó a La Paz, y de aquí a Oruro, ocupándose en todas partes de ordenar los asuntos administrativos.

Desde La Paz, Castelli abrió negociaciones directas con el Virrey Abascal, con el ayuntamiento de Lima y con el general Goyeneche, que mandaba las fuerzas realistas del Perú. Simultáneamente envió emisarios de toda su confianza para que, recorriendo la inmensa zona que lo separaba de Lima, llegasen hasta aquella ciudad y propagaran secretamente la simiente revolucionaria. Los patriotas, por su parte, establecieron su cuartel general en el villorrio de Laja, del lado oriental del mismo río, y según las comunicaciones directas de Castelli a la Junta, estaba preparado y resuelto a librar una acción decisiva que le abriese el camino de Lima .

El virrey Abascal envió secretas instrucciones a Goyeneche para suspender las hostilidades y provocar una tregua con los patriotas, Castelli aceptó una tregua por 40 días, iniciada el 1 4 de mayo de 1811 y conviniéndose que durante ese período de tiempo habría paz verdadera entre ambos beligerantes. El 1 7 de junio, Castelli y las tropas se hallaban acampadas en Huaquí, a corta distancia del Desaguadero, sin recelo y sin temor a los realistas, pues aún faltaba una semana para expirar el plazo de armisticio ajustado.

Esa misma noche, Goyeneche reunía a sus principales jefes y les proponía atacar a los patriotas. Aceptada la propuesta, el día 20 de aquel mes atacaron a los independientes en sus posiciones, que defendieron estos últimos con un denuedo que estuvo a la altura de la felonía de sus adversarios, pero al final sucumbieron, quedando Goyeneche dueño del campo de batalla. Huaquí, Desaguadero o Yuraicoragua, como se le llama indistintamente, fué una tremenda derrota para las tropas de González Balcarce, que se vieron obligadas a evacuar todo el Alto Perú. Castelli fué censurado duramente por aquel desastre.

 Castelli difunde encendidas proclamas, sanciona el fin de la servidumbre indígena y en mayo de 1811 firma un armisticio con el general realista Goyeneche. En Buenos Aires, en abril, estalla una asonada, y el grupo morenista es desplazado del gobierno. En el Alto Perú los realistas violan el acuerdo y en junio el ejército patriota sufre una cruenta derrota en Huaqui. Castelli es convocado a Buenos Aires y a principios de diciembre de 1811, encarcelado y sometido a juicio.

Después del desastre, Castelli con los restos salvados de aquel, se replegaron sobre Oruro y sobre Chuquisaca, donde fueron auxiliados por don Juan Martín de Pueyrredón, que gobernaba a la sazón aquel departamento, y ante la imposibilidad de una reacción inmediata, fué necesario proseguir el repliegue hacia el Sur, hasta Salta, en medio de un cúmulo de dificultades y privaciones.

El gobierno de Buenos Aires llamó a Castelli a la Capital para que respondiese de su conducta, pero no solo el desastre de Huaquí era una de las causas poderosas para apartarlo de la Junta: se sabía que era un decidido adversario de que los diputados de las provincias se incorporasen al seno de aquélla, es decir, de la misma opinión que Mariano Moreno. Castelli había condenado públicamente el movimiento revolucionario del 5 y 6 de abril de 1811, y con esto estaba declarada la guerra entre él y los saavedristas, que fueron los autores de aquella asonada.

Castelli llegó a Buenos Aires en los primeros días de diciembre de aquel año, resuelto como estaba a afrontar valientemente la situación, pero no bien llegó, le fué ordenado el arresto en el cuartel del 1º de Patricios que mandaba entonces Manuel Belgrano y a pesar de no ser Castelli un militar, ordenó el Triunvirato que fuese juzgado por un Tribunal ad-hoc, al que se ordenó que lo juzgase por faltas cometidas en el desempeño de su cargo de representante de la Junta.

Los miembros de aquel Tribunal estaban poco dispuestos en su favor: hacen comparecer testigos y entre otras cosas los interrogan sobre si había recibido cohechos y regalos; si se había entregado al vicio del vino y del juego; si había escandalizado con su conducta a los pueblos, etc., pero todos los interrogados contestaron negativamente a aquellas preguntas, destacándose entre estos, por la nobleza de sus respuestas, el joven Bernardo Monteagudo. Esta famosa causa duró hasta el mes de junio de aquel año, época en que fué necesario suspenderla, porque en vez de un delincuente se juzgaba a un moribundo.

En efecto, Castelli había contraído una llaga cancerosa en la extremidad de la lengua y de sus resultas falleció el 12 de octubre de 1812, en medio de crueles sufrimientos.

El doctor Castelli fué casado con doña María Rosa Lynch y Galayn.

 

Gravemente enfermo de cáncer, fallece el 12 de octubre de 1812.

El Cacique Pincen Historia Tomado Prisionero Conquista del Desierto

El Cacique Pincen: Historia – Tomado Prisionero Conquísta del Desierto

En diciembre de 1878 los diarios de Buenos Aires daban cuenta de la llegada, en calidad de prisionero, del cacique El Cacique Pincen pampeano Vicente Pincén, quien había sido tomado escapando de su toldería en Cura Malal, atacada por sorpresa por fuerzas que respondían a las órdenes del entonces coronel Conrado Villegas.

Remitido a Junín, de allí fue trasladado a esta capital donde quedó alojado en el cuartel de un batallón de infantería. Lo acompañaron en su cautiverio varias mujeres, algunas o todas, esposas de él, varios de sus hijos y algunos hombres de su tribu. (foto izq. «Que me saquen como entro en pelea»)

La fama de Pincén era mucha, como asimismo la de su oponente el general Villegas con quien diera para la Historia como para la narrativa popular, numerosos episodios llenos de sagacidad, audacia y coraje. Ahora en. Buenos Aires, Pincén sólo provoca la curiosidad pública: (…) Muchas personas fueron ayer a conocer personalmente al cacique. Pincén se muestra muy abatido.

Al día siguiente de su llegada, producida ésta el 12 de diciembre de aquel año, una extraña procesión callejera llamó la atención de los paseantes de la aún tranquila ciudad. El cronista del diario La Nación la registra, como a todo incidente callejero que tuviera lugar, dejándonos el relato de lo que aconteció con observaciones detalladas muy del estilo de la época, en la cual no se concebía la nota escueta, descarnada, sin juicios de valor e inclusive sin su cuota de humor.

El interés que esta nota presenta no es sólo debido a su pintoresquismo: nos echa luz sobre el origen de las fotos tomadas a Pincén que se han conservado y difundido hasta hoy y de las características con que fueron hechas. La más conocida de estas lo presenta semidesnudo, en una pose «para retratarse» que no era la más apropiada para un indígena de alguna importancia y menos para un cacique de su categoría.

La toma de este retrato, presuntamente d’aprés nature —para usar el lenguaje de la época y sus implicancias— se debió a la intervención del doctor Francisco P. Moreno, interesado en preservar para el futuro, por el aún novedoso medio de la fotografía, un testimonio cultural en vías de extinción.

El anónimo redactor nos cuenta:
Ayer a medio día fueron conducidos del cuartel del 6 de línea donde se hallan alojados, a la fotografía de Pozzo, establecida en la calle de Victoria esquina San José, el cacique Pincén, sus varias mujeres, sus muchos hijos y todos los indios que con él fueron tomados prisioneros y con él se encuentran aún.

Se los llevaba para retratarlos, accediéndose a un pedido que en tal sentido había hecho el mencionado fotógrafo.

La traslación de Pincén y sus compañeros se hizo en un carruage (sic), en un carro de mudanzas y a pie. En el carruage iban Pincén, un indio que está herido en una pierna y no puede caminar, el fotógrafo y un soldado.
En el carro iban las mujeres y los muchachos.

Y a pie los demás indios, escoltados por algunos soldados del 6 de línea.

En el acto de llegar la comitiva pampeana a la fotografía, ésta se llenó de curiosos, que de algo sirvieron, pues a moción del fotógrafo, se acordó que cada uno de los curiosos contribuyera con 5 $ m/c. destinados a formar una regular cantidad que en ese mismo momento fue distribuida entre los indios. Pincén fue el primero en recibir su correspondiente cuota, que alcanzaba casi a siete pesos!

cacique pincen y familia
El cacique Pincén y su familia. Foto obtenida por Antonio Pozzo el 13 de diciembre de 1878, en Buenos Aires. (Archivo General de la Nación).

Comenzó en seguida la operación de fotografiarlos.

También esta vez, Pincén fue el primero. Se le retrató sentado sobre una roca (de utilería, suponemos), vestido de poncho, chiripá y bota de potro.

En esta posición, nadie que lo viera podrá imaginar que este hombre era el feroz guerrero de la pampa. Su actitud, en verdad, de todo tenía, menos de viril y mucho menos de guerrera.

Luego se hizo un segundo retrato del cacique, formando grupo con cuatro de sus hijos.

En el tercer retrato entraron los ocho hijos de Pincén, que con él fueron tomados prisioneros y tres de.sus mujeres. La menor de esta no muestra tener más de diez y siete años, y sin embargo es madre de dos hijos, uno de los cuales es de cuatro años.

El cuarto retrato lo formaron todos los indios de lanza y la familia de un capitanejo comprendido entre ellos.
Con esto hubo de darse por terminada la operación fotográfica; pero entre los espectadores se hallaba el señor D. Francisco P. Moreno, y esta circunstancia dio lugar a la parte más interesante de este episodio.

El señor Moreno, es sabido, ha atravesado la pampa explorándola (sic) hasta sus confines, y ha vivido largos meses entre los indios, estudiando sus costumbres y su dialecto, a la vez que practicando las demás investigaciones científicas que constituían el objeto de su viaje.

El señor Moreno se hallaba, pues, en condiciones de poder entablar envidiables diálogos con Pincén, y así se hizo, llenándose éste de satisfacción, que se reflejaba vivamente en su fisonomía, al encontrar un cristiano que hablaba su lengua, que conocía las comarcas en que había nacido y vivido, y que le daba detalles sobre los sitios por él tan queridos y sobre otros caciques que, como él hasta hace poco se consideran los dueños soberanos de la vasta pampa.

Atraído Pincén por estos hechos, accedió a hacerse retratar tal como era, cuando vivía libre y era obedecido por su poderosa tribu.

El Sr. Moreno había llevado del Museo Antropológico, de que es Director*, todos los objetos necesarios para este fin, entre ellos una lanza que perteneció a un capitanejo del mismo Pincén, muerto hace años en las inmediaciones del fortín «Machado».

Cuando el indio vio la lanza, experimentó (sic) una emoción tan viva, que sus ojos relampagueaban y se ajilaba (sic) fuertemente su pecho.

En el acto se quitó el poncho y las dos camisas que llevaba, quedando así únicamente con el pequeño chiripá.
Se ciñó la frente con una vincha, tomó unas boleadoras que le dio el Sr. Moreno y comenzó a arreglarlas a su estilo para convertirlas en arma de combate, tal cual ellos la usan para sus ataques y sus defensas.

Largo rato demoró en esta operación hasta que los nudos quedaran hechos a su entero gusto. Entonces las colgó de sus hombros, cruzándolas sobre el pecho y las espaldas.

En seguida tomó la lanza; la blandió repetidas veces, mirándola con cariño «por haber pertenecido a un valiente», como lo dijo él mismo, y contestando a una invitación del señor Moreno, para que se hiciera retratar como un hueichave (guerrero), dijo: «Que me pongan como entro en pelea.»

Inmediatamente el indio tomó su actitud guerrera, afirmando el cuerpo y enristrando la lanza como si esperase al enemigo para lanzarse furioso sobre él. El rostro del cacique parecía iluminado por una luz siniestra.
¡Qué recuerdos no cruzarían en ese momento por su imaginación!

En esa actitud fue retratado.

Quizás es la primera vez que la fotografía copia del natural un cuadro tan interesante y tan orijinal (sic) por todos los detalles que lo rodean.

En seguida se hizo otro retrato del mismo Pincén acompañado de sus dos hijos mayores, adornados con redecillas y otros objetos que el Sr. Moreno proporcionó, y con esto se dio por terminada la tarea.

Momento después, el cacique con sus mujeres, con sus hijos y con sus compañeros de cautiverio, regresaban al cuartel del 6 de línea en el mismo coche y en el mismo carro que les había conducido a la extraña casa que tan vivas emociones les había proporcionado.

Francisco P. Moreno, quien en esos días había sido nombrado doctor en ciencias de la Universidad de San Carlos (actual Universidad Nacional de Córdoba, Argentina), regresó a «su» museo —otra de sus iniciativas— las prendas que sirvieron para fijar una imagen viva y genuina, con elementos originales, por medio de un procedimiento técnico idóneo. Los elementos volverían a ocupar su lugar en las vitrinas, ahora ya definitivamente.

Pero recurramos a otra crónica, pintoresca ésta, surgida del encuentro de Pincén con el perito Moreno en la casa de fotografía, para terminar nuestra recreación de ese momento. Se trata de un relato más de aquellos que hicieron la fama de este bravo cacique de las pampas:

Pincén en la pampa. La circunstancia de haberse retratado al famoso cacique Pincén en el mismo traje y con las mismas armas de que hacía uso cuando guiaba su poderosa tribu sobre las poblaciones fronterizas, ha hecho conocer un interesante episodio de la vida aventurera de este personaje; episodio referido por el mismo cacique a uno de los caballeros que presenció aquella operación y que conoce el idioma de los habitantes de la pampa (Francisco P. Moreno).

Durante una tenaz persecución de que fue objeto hace años la tribu de Pincén, un oficial consiguió alcanzar al cacique y descargó sobre él su revólver. La bala penetró en las espaldas de Pincén, que cayó a tierra sobre su lanza.
El oficial sujetó su caballo al lado del cuerpo del indio, que parecía inanimado, y le gritó:
-«¿Estás muerto Pincén?»
— «No -contestó el cacique—. Estoy encogido. »
El oficial voleó la pierna para bajar del caballo. En ese mismo instante el indio se ir-guió con la rapidez del tigre y clavó su lanza en las espaldas del oficial
Y Pincén agregaba textualmente (sic):
—El cristiano murió primero que Pincén y yo me fui en su caballo.

Fuente Consultada: Revista Patagónica Nro. 20  Año IV – 1984 – Nota de Juan María Veniard

Origen del caballo en Argentina Como llega el caballo a Argentina?

Origen del Caballo en Argentina: ¿Cómo llega el Caballo a Argentina?

EL CABALLO LLEGA A LA ARGENTINA: No se puede discutir que los primeros caballos que llegaron a nuestro país fueron los que trajo Mendoza en 1536, pero lo que no se sabe con certeza es cuántos vinieron, y posiblemente nunca se sabrá. Generalmente se ha admitido que fueron 72 animales, dando fe a lo que escribió Ulrico Schmidl.

Sea cual fuere el número de equinos que desembarcaron a orillas del río de la Plata; lo cierto es que pronto comenzó a mermar por diferentes causas: la lucha contra los indios, el canje de caballos por indias y alguno que fue sacrificado para ser comido a escondidas, cuando el alimento escaseó. Pero también es cierto que en los cinco años y medio que pasaron entre la fundación de Buenos Aires y su abandono por orden de lrala, las yeguas deben de haber parido algunas crías.

Que los primeros vecinos estaban necesitados de caballos 10 prueba una nota que enviaron a España, en abril de 1539, donde ofrecen «cuatro mil pesos de buen oro (…) por cada lote de veinte caballos, en que figurasen yeguas de Sevilla». Tiempo después, en el informe que Irala redacta sobre la evacuación de Buenos Aires. no menciona caballos. pero sí los cerdos que dejaron para cría.

En esta omisión se basan algunos para decir que no quedaron caballos. Tampoco se sabe bien cuántos fueron los equinos que pudieron dejarse o que se hubiesen escapado. Ruy Díaz de Guzmán escribió que habrían sido «cinco yeguas y siete caballos». Hay otra fuente, posiblemente más digna de crédito, que es una «relación» que escribiera Fray Juan de Rivadeneyra, comisario eclesiástico de Tucumán y del Río de la Plata, al rey Felipe II. En ella afirma que los animales que quedaron en los campos de Buenos Aires fueron «cuarenta y cuatro caballos y yeguas».

Hayan sido doce o cuarenta y cuatro, fueron ellos los que dieron origen a las «cimarronadas» o «bagualadas» que poblaron los campos del país y que le permitieron a Juan de Garay, en Asunción en 1580, afirmar que en nombre del rey hacía merced a cuantos le acompaña- sen en su viaje al sur «del ganado silvestre yeguarizo que quedó del tiempo de Don Pedro de Mendoza, para ellos y sus sucesores y descendientes». Pero nuestra raza caballar criolla no desciende solamente de estos animales, porque no hay que olvidar que para esa época comenzaron a llegar al territorio que hoy es argentino otras corrientes pobladoras que traían caballos.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca llevó de España a Asunción 26 animales, algunos de cuyos descendientes vendrían 30 años después con Garay a Santa Fe. Por su parte, Diego de Rojas y Núñez del Prado bajarían desde el Perú al norte argentino con caballos, y desde Chi le, Francisco de Aguirre pasaría a Cuyo con sus montados. Años más tarde, los indios de Chile y Argentina, por los pasos de la cordillera de los Andes, que existen a la altura de Neuquén, tendrían oportunidad de comerciar caballos, como veremos después.

Es lógico suponer que en el siglo XVII el animal existente en lo que ahora es nuestro país era consecuencia de la fusión de los equinos que habían llegado desde distintos puntos de América y España, pero también que todos eran de origen andaluz.

Para finalizar con este tema creemos que lo mejor es transcribir lo que escribiera el profesor Ángel Cabrera en su libro Caballos de América, en la página 327, después de referirse a la importancia de la llegada de las tribus araucanas a nuestras pampas: «Este hecho fue de gran trascendencia para la historia de nuestro equino criollo, porque en la vida de aquellos indios habían llegado a ser los caballos un elemento indispensable, que llegaron hasta las inmediaciones del propio Buenos Aires para procurárselos en la mayor cantidad posible, ya robándoselos a los españoles en sus malones, ya capturando yeguas en las famosas bagualadas, que eran entonces particularmente abundantes cerca de la costa atlántica: y además, estaban a veces y otras belicoso, con los tehuelches de la Patagonia, otro pueblo que también se hizo de a caballo y que se procuraba equinos ya por tratos con los araucanos, ya viniendo a buscarlos en los valles australes de la cordillera cuando allí aparecieron bagualadas de evidente abolengo trasandino; con todo lo cual, los yeguarizos descendientes de padres chilenos venían al este y los de origen bonaerense eran llevados hasta el mismo pie de los Andes.»

Aun en nuestros días, algunos de los mejores reproductores de raza criolla (los de la justamente celebrada cría de Solanet, por ejemplo) descienden de animales adquiridos a los patagones. La misma bagualada de nuestra pampas debió de recibir bastante sangre chilena, y aun peruana, de los caballos mansos en que la había, pues si llegó a ser tan numerosa como dice la fama, en parte fue porque constantemente se aumentaba en los animales domésticos escapados, sobre todo a consecuencia de las guerras de los cristianos con los indios, o de las tribus indias entre sí.

Pero aun sin el concurso del indio fue muy frecuente el intercambio entre este país y los países vecinos. D’Orbigny refiere que en sus días eran muy estimadas en Buenos Aires los sementales importados de Chile, y después de haberse extendido nuestro criollo a la Banda Oriental y al Brasil, muchas veces vinieron caballos de aquellas tierras para acá ya como consecuencia de acontecimientos políticos ya simplemente con los hombres de campo que en busca de trabajo o huyendo de persecuciones o de venganzas  pasaban de un país a otro.

Como ejemplo. recordemos que es fama y no hay ningún argumento serio para ponerlo en duda, que los primeros equinos tobianos que en la Argentina se vieron, fueron unas yeguas traídas desde Santa Catalina, en Brasil, y adquiridas por Urquiza para su estancia de San José. «Este continuo trasegar de caballos durante más de tres siglos dio como resultado la actual raza criolla»

Ver: Origen del Caballo en América

Ver: Primeros Caballos en Argentina

Origen del Caballo en la Patagonia

Origen del Caballo en la Patagonia

PRIMEROS CABALLOS EN EL SUR ARGENTINO

¿Caballos de Buenos Aires, en el estrecho de Magallanes, en 1580?
Carlos R. Darwin, en el tomo I de su famosa obra –Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo-, citando estudios de su compatriota, el naturalista Rennger, dice, refiriéndose a los indios patagones que en la época de su viaje merodeaban por la costa norte del estrecho de Magallanes: «En tiempos de Sarmiento (1580) estos indios tenían arcos y flechas, que ya no usan desde hace tiempo: poseían también algunos caballos.

Es un hecho curioso, la multiplicación extraordinariamente rápida del caballo en Sudamérica. Estos animales fueron desembarcados por primera vez en Buenos Aires en 1537, y habiendo quedado abandonada la colonia por algún tiempo, el caballo se hizo cimarrón. En 1580, sólo cuarenta y tres años después, ya se los ve en el estrecho de Magallanes.»

A su vez, en 1869 el explorador George Ch. Musters , refiriéndose al paso del corsario Francis Drake por el estrecho dice: «Al año siguiente, en 1579, Pedro Sarmiento de Gamboa fue enviado del Callao para que explorara el estrecho en busca del intrépido inglés. Vio naturales que hacían sus correrías a caballo y volteaban la caza con las bolas. Habían transcurrido ya cincuenta años desde que los españoles habían importado caballos, y los indios del extremo sur se habían hecho entonces jinetes y parecían haber cambiado sus arcos y flechas por las boleadoras».

Tal como puede apreciarse, estos dos autores no dudan de que los caballos que vio Sarmiento de Gamboa en 1580 en poder de los indios del estrecho, descendían de los que quedaron abandonados en el Río de la Plata, cuando los españoles despoblaron Buenos Aires y se retiraron a Asunción del Paraguay.

Ulrico Schmidel, integrante y posterior cronista de la malaventurada empresa de don Pedro de Mendoza, dice: «allí levantamos una ciudad que se llamó Buenos Aires. También traíamos de España 72 caballos». Posteriormente, estas noticias han dado lugar a infinidad de notas y comentarios de la más variada naturaleza.

Muchos historiadores e investigadores sostienen que esos caballos, desembarcados por Mendoza, fueron los que dieron origen a las inmensas manadas de cimarrones que luego poblaron nuestras pampas y que tanto asombro y admiración causaron a los viajeros.

El interrogante subsiste
Sin embargo, es de señalar que no todos los autores están de acuerdo, pues algunos dicen que de esos caballos traídos de España, no sobrevivió ninguno. El mismo Schmidel explica que algunos murieron, otros fueron sacrificados por los hambrientos españoles, y otros fueron muertos por las hordas de salvajes que acosaban la colonia y finalmente provocaron su despoblación.

Sobre este particular, Federico Oberti, por ejemplo, es categórico al afirmar en un bien documentado trabajo, que Mendoza tan sólo desembarcó a lo sumo cincuenta animales, y termina diciendo: «Damos por cierto que los venidos en la fracasada expedición del primer Adelantado —se refiere a los caballos— fueron muertos por los naturales al defender lo suyo o perecieron sacrificados por el hambre de aquellos, que tampoco supieron cabalgarlos».

Un caballo en el mapa de Gaboto de 1530
Posteriormente, los investigadores descubrieron un mapa atribuido a Sebastián Gaboto, que lleva fecha del año 1530 -es decir, seis años antes de que arribara el primer Adelantado del Río de la Plata— en donde aparece, nítidamente dibujada, la figura de un caballo junto a otras varias ilustraciones de aves, animales e indígenas de la región explorada por la gente de Gaboto.

Esta extraña y curiosa pieza cartográfica, cuya autenticidad los expertos no han cuestionado, planteó nuevas incógnitas y complicó todos los estudios e investigaciones realizados hasta ese momento.

Como no existen constancias de que quienes precedieron a Mendoza embarcaran caballos con destino al Río de La Plata, este documento sirvió para que algunos autores echaran a rodar la novedosa hipótesis de que el caballo autóctono no estuviera totalmente extinguido en la época que se inició la conquista de esta parte del continente.

Caballos autóctonos: hipótesis descartada
En consecuencia, nada se sabe de las razones que pudo tener Gaboto en 1530 para incluir en su mapa la figura de un caballo, ya que los estudiosos en paleontología descartan la hipótesis de que en esa época aún pudieran sobrevivir caballos nativos.

El análisis de los abundantes restos fósiles hallados en los paraderos prehistóricos de la Patagonia no permite sustentar esa creencia, pues demuestra que el primitivo caballo americano pertenecía a una especie totalmente diferente de los que, posteriormente, y en tan fabulosa cantidad, poblaron nuestras pampas a partir de la época de la conquista.

Estanislao S. Zeballos dice por su parte que, al retirarse los españoles de Buenos Aires, sólo quedaron abandonados siete caballos y cinco yeguas y en 1580, casi medio siglo después, cuando Juan de Garay repobló el Río de La Plata, encontró notablemente multiplicado este reducido plantel. Agrega que, si bien los caballos ya se habían transformado en salvajes, todavía no abundaban en nuestras pampas, pues en 1582 no habían pasado más allá del río Salado.

Magallanes, Loaysa y Alcazaba no vieron caballos en la Patagonia
Estas noticias no respaldan las ideas de Darwin y Musters de que los caballos patagónicos, vistos en las costas del estrecho en 1580, descendieran de los que abandonaron los españoles al retirarse del Río de La Plata en 1541. Además, es bien sabido que no vieron caballos en la Patagonia los  los expedicionarios de Magallanes en 1520, ni los de Loaysa en 1526, ni los de Alcazaba en 1536, pese a que estos últimos incursionaron por el interior de la actual provincia del Chubut. Sus cronistas sólo dicen que los indígenas que vieron y con los cuales mantuvieron tratos, andaban y cazaban a pie.

No obstante, es de señalar que tampoco vuelve a mencionar a los caballos el propio Sarmiento de Gamboa cuando, en 1584, intentó fundar dos poblaciones en el estrecho de Magallanes, pues explica que los indios que los seguían andaban a pie y los atacaron a flechazos, lo cual permite suponer que dichos animales eran aún escasos y que solo disponía de ellos alguna parcialidad tehuelche.

Los primeros caballos llegados a nuestras tierras
Quienes han espigado en las capitulaciones que se firmaban en España al financiarse las expediciones que zarpaban con destino a estas latitudes, explican que, en efecto, la que encabezó don Pedro de Mendoza es la primera que registra el embarque de caballos. La segunda fue la que financió don Gutiérrez Vargas de Carvajal, Obispo de Plasencia, en el año 1540, en cuyas capitulaciones se especifica que debía embarcar ochenta caballos, vale decir, unos veinte en cada nave.

La tercera fue la de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien, en 1542, por tierra desde Santa Catalina, costa del Brasil, llevó 48 caballos a Asunción del Paraguay, y por la costa del Pacífico, en 1540, el conquistador don Pedro de Valdivia, fue quien por primera vez introdujo caballos en Chile.

Los vistos en el estrecho, no podían ser de Buenos Aires
Teniendo en cuenta que los equinos son animales de lenta reproducción, es preciso descartar, por razones de tiempo y de distancia, la idea de que los caballos vistos en 1580 en la margen norte del estrecho, pudieran llegar allí por sus propios medios y en forma espontánea, nada menos que desde el Río de La Plata.

Es indudable que Musters y Darwin no tuvieron en cuenta —pues ambos tenían conocimiento de la escasez de agua y alimento que caracteriza a los campos patagónicos- que, previamente a que se produjera un desplazamiento de equinos a través de zonas tan dilatadas como poco atractivas para animales herbívoros, era indispensable que se dieran circunstancias muy especiales y que estos animales se multiplicaran en gran cantidad.

Al obstáculo que plantean los pedregosos y extensos eriales, casi totalmente desprovistos de vegetación en ciertas épocas del año, debe sumarse el cruce de los ríos Negro y Santa Cruz, sumamente caudalosos en cualquier época.

El propio Musters no reparó, aunque cita el hecho, en que en 1586 los indios patagones que atacaron por sorpresa en Puerto Deseado a la gente del pirata Tomás Cavendish, lo hicieron con arco y flechas y andaban a pie. Por lo tanto, no resulta fácil comprender, en este caso, por qué razón estos indios, que deambulaban mucho más al norte, carecieran de caballos, en tanto que los que efectuaban sus correrías por la margen norte del estrecho, disponían de ellos desde hacia varios años, y hasta habían aprendido a utilizarlos para cazar con las boleadoras.

Tampoco es posible creer que los tehuelches, que entonces andaban a pie, se adueñaran de animales salvajes en los campos aledaños al Río de la Plata y, tras cazarlos, lograran domesticarlos, y aunque jamás los habían visto ni tenían idea del servicio que podían prestarles, se hicieran ecuestres, y se las ingeniaran para utilizarlos tan rápidamente en sus cacerías.

Una explicación aceptable
La única explicación aceptable vendría a ser la que aportó Gonzalo de Alvarado, capitán de la única nave de la armada del Obispo de Plasencia que, tras muchas vicisitudes logró regresar a España. Por su intermedio pudo saberse que la nave capitana al mando de Francisco de la Ribera, a la cual seguían, fue arrojada por el mal tiempo sobre la costa del estrecho a poco de pasar la Segunda Angostura, y que se desfondó al encallar. Trataron inútilmente de acercarse para prestarle auxilio, mas el furioso vendaval que los venía castigando terminó por arrojarlos fuera del estrecho. No sembarcar el armamento, las provisiones y las bestias de carga, es decir, los caballos que tenían a bordo.

Como nunca pudo saberse a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió con la gente que tripulaba esta nave accidentada, posteriomente la imaginación de no pocos autores, los vinculó con la fundación de la legendaria y fabulosa Ciudad de Los Césares, leyenda que quitó el sueño a tantos religiosos y exploradores a partir del siglo XVII y hasta bien entrado el siglo XIX.

En uno de los tantos trabajos que tratan sobre tan famosa leyenda, y que firma Marcelo Montes Pacheco, se lee, refiriéndose a los posibles fundadores de esa misteriosa ciudad: «Llevaban espadas negras —herrumbradas— sin vainas; arcabuces ya inútiles, y sus bestias de orejas largas, probablemente los restos de las ochenta cabalgaduras que debía traer Camargo -el hermano del Obispo de Plasencia- a la Patagonia, según su capitulación con Carlos V».

Dado que las escasas noticias que se conocen sobre esta armada son bastante fragmentadas y confusas, tampoco se sabe cuántos caballos lograron poner en tierra de los veinte que se supone llevaban a bordo, pues es muy posible que algunos perecieran durante tan largo viaje.

De todos modos, y transitando siempre por el terreno de las hipótesis, cabe suponer que esta gente logró sobrevivir durante bastante tiempo, y que hasta tuvieron tratos con los indígenas. Varias crónicas antiguas se refieren a dos sobrevivientes que reaparecieron años después en la ciudad de Concepción, en Chile, y contaron relatos fabulosos. Todas estas informaciones relacionadas con la suerte corrida por la gente que quedó abandonada en el estrecho, explicarían la temprana aparición del caballo doméstico entre los tehuelches meridionales, y el porqué habían aprendido a utilizarlo tan rápidamente en sus correrías cinegéticas.

El padre Guillermo Furlong, que recopiló los diarios de los jesuitas que exploraron la costa patagónica en 1745, dice que el padre José Cardiel penetró unas treinta leguas hacia el interior de puerto San Julián y halló una sepultura indígena sobre la cual se habían sacrificado cinco caballos.

Los esqueletos, embutidos de paja y con sus colas y sus crines al viento, aun se hallaban en pie clavados cada uno sobre tres palos, frente a una rústica choza profusamente adornada con banderas de paño de varios colores. Posteriormente, en 1753, Hilario Tapary, protagonista de una peligrosa y extraordinaria aventura en ese mismo puerto, también ratificó que los indios que saquearon la factoría en que estaban dedicados al acopio de sal, llegaron montados en muy buenos caballos.

Los tehuelches: primeros jinetes autóctonos
Todos estos antecedentes y testimonios permiten suponer que, al promediar el siglo XVIII, los tehuelches poseían caballos en abundancia, a tal punto que, si bien para ellos ya se había convertido en el elemento básico de su economía y de su diaria subsistencia, no mezquinaban sacrificarlos durante sus ceremonias fúnebres.

Es creencia generalizada que los indios pampeanos, los que efectuaban sus correrías al norte del río Salado, fueron los primeros que aprendieron a utilizar el caballo en América, y se hicieron jinetes a partir de las primeras décadas del siglo XVII. Mas si nos atenemos a lo informado por Sarmiento de Gamboa, el honor y el mérito de haber sido los primeros jinetes autóctonos de nuestro continente, correspondería a los tehuelches meridionales.

Fuente Consultada: Revista Patagónica Nro. 19 Año IV – 1984 – Nota de Manuel Llarás Samitier