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Biografia de Agassiz Jean Louis Teoría y Obra Cientifica

Biografia de Agassiz Jean Louis-Teoría y Obra Cientifica

Louis Rodolphe Agassiz (Motier, 1807-Cambridge, Massachusetts, 1873.) , fue un destacado naturalista y geólogo estadounidense nacido en Suiza, uno de los especialistas más preparados y competentes de su tiempo, tenía gran habilidad para despertar el interés del público por las ciencias naturales.

A partir de sus observaciones en los Alpes suizos, planteó la teoría de que en un tiempo la mayor parte de la Tierra estuvo cubierta por glaciares.

Estudió en Zurich, Heidelberg, Erlangen y Munich. Trabajó en París y Neu-chatel.

Louis Agassiz destacó inicialmente por sus estudios sobre la fauna europea de agua dulce y los animales fósiles, especialmente peces, equinodermos y moluscos. Pero su fama se debe, sobre todo, a sus estudios sobre los glaciares.

En 1840 demostró que Suiza estuvo, durante el Pleistoceno, totalmente cubierta por glaciares, y propuso que las rocas erráticas, esparcidas por el norte de Europa y de América, indican que todas esas regiones estuvieron bajo una capa de hielo semejante a la de Groenlandia, iniciando así los estudios de las eras glaciales.

En 1846 fue a los Estados Unidos para dar un ciclo de conferencias, se quedó y se naturalizó en el país.

En 1848 fue nombrado profesor en Harvard, donde fundó el Museo Zoológico.

Siendo profesor en Harvard, organizó varios viajes por América del Norte, los arrecifes coralinos de Florida y Brasil, y luego visitó California rodeando el Cabo de Hornos.

Naturalista, paleontólogo y geólogo suizo, su nombre también pasó a la historia porque fue uno de los grandes zoólogos que se opusieron a la teoría de la evolución de Charles Darwin

Estudioso de los glaciares

Expedicionario incansable, agudo observador y un apasionado científico, Agassiz no le temía a nada y gustaba de observar la naturaleza en contacto directo. Durante ocho veranos recorrió las cumbres de Europa: incluso llegó a construir una cabana en el glaciar de Aar con el fin de analizar la estructura y los movimientos del hielo.

Como fruto de sus investigaciones, llegó a la conclusión de que en otro tiempo las masas de hielo de los glaciares habían cubierto las montañas suizas e invadido las regiones del norte de Europa, América y Asia.

En ese momento, Agassiz, que había estudiado medicina y anatomía comparadas, tenía 35 años y ya era un reconocido naturalista que se había formado bajo la tutela de Alexander von Humboldt y Georges Cuvier, cuando publicó sus descubrimientos geológicos en su famoso libro Estudio de los glaciares.

RECONOCIMIENTO: Jean Louis Agassiz es considerado uno de los fundadores de la moderna tradición científica estadounidense. En 1861 recibió la Medalla Copley, la más alta distinción de la Sociedad Real de Londres, en reconocimiento a su trabajo científico.

Rechazo científico:

En un principio, sus teorías fueron desestimadas por los científicos de la época.

Tuvieron que pasar muchos años de evidencias fósiles, de descubrimientos geológicos, así como la teoría de la evolución de Darwin, para que empezaran a tomarse en serio sus ideas acerca de las
edades glaciales.

Sin embargo, cuando esto ocurrió, contrariamente a lo que se esperaba, Jean Louis empezó a combatir las ideas evolucionistas que sus propios descubrimientos habían ayudado a desarrollar.

¿Por qué Agassiz no pudo reconocer que las especies habían evolucionado a partir de formas diferentes más antiguas?.

Es posible que su visión creacionista de la historia de la Tierra (pese a sus profundos conocimientos paleontológicos y anatómicos) se debiera a sus profundas convicciones religiosas, nutridas por seis generaciones de antepasados que fueron clérigos.

Legado

El mundo le debe varias cosas a este naturalista, que fue el primero en proponer científicamente la existencia de una era glacial en el pasado.

Hoy sabemos que en el último millón de años las variaciones de temperatura han dado lugar a cuatro períodos glaciales, en los que los hielos llegaron a cubrir un tercio de la superficie terrestre, y que un ciclo similar posiblemente se repetirá en el futuro.

Entre sus obras más importantes hay que destacar los 5 volúmenes de Investigaciones sobre los peces fósiles, Historia natural de los Estados Unidos y un catálogo de Zoología y geología.

En su honor, se ha dado su nombre a un gran lago que cubrió parte de los EE. UU. y el Canadá durante la época pleistocena (lago Agassiz). Agassiz realizó numerosos viajes científicos y escribió, entre otras obras: Historia natural de los peces de agua dulce de la Europa central, Investigaciones sobre los peces fósiles, Descripción de los equinodermos fósiles de Suiza y Estudios sobre los glaciares.

CRONOLOGÍA:

1807-NACIMIENTO: Nació en Motier (Suiza), el 28 de mayo. Era hijo de un pastor protestante. Desde joven, junto con su hermano, buscó toda clase de animales vivos y plantas. Asistió a lá escuela secundaria de Bienne y completó sus estudios elementale: en la Academia de Lausana.

1829- ESTUDIOS: A los 22 años se graduó como doctor en filosofía y, en 1830, en medicina. Posteriormente viajó a Viena, donde conoció a Alexander von Humboldt (1769-1859). Un año después trabajó en París junto a Georges Ctivier (1769-1832).

1832- FÓSILES: En 1832 fue nombrado profesor de Historia natural en la Universidad de Neuchatel (Suiza). Sus primeros trabajos científicos se refieren al estudio de los peces fósiles, que había iniciado con el gran maestro de la época, Georges Cuvier.

1840-ALPES: Después de varios viajes a los Alpes, propuso la existencia de una era glacial en el pasado de la Tierra. En 1840, junto con William Buckland (foto), visitó las montañas de Escocia y encontró en diversos lugares señales de una antigua actividad glaciar.

1873- MUERTE: El 14 de diciembre murió en Cambridge, Massachusetts. Desde entonces se lo recuerda por haber sjdo el primero en estudiar los movimientos de los glaciares y su influencia en el desplazamiento y la erosión de las rocas.

Fuentes Consultadas:
Grandes Cientificos de la Humanidad Editorial ESPASA Manuel Alfonseca-Tomo I-
Cuadernillo Semanal de National Gegraphic – Atlas de la Ciencia -Clima-

Biografia de Morgan Thomas H. Biologo – Obra Cientifica

Biografia de Morgan Thomas H.

Morgan, Thomas Hunt. (Lexington, Kentucky, 1866-Pasadena, California, 1945.) Biólogo estadounidense.

Estudió en las Universidades de Kentucky y Johns Hopkins de Baltimore, donde se doctoró en 1890.

Fue profesor de Zoología en el Bryn Mawr College de Pensilvania (1891), donde colaboró con Jacques Loeb, en la Universidad de Columbia (1904), y en el Instituto Tecnológico de California (CalTech, 1928).

Poniendo a prueba las leyes de Mendel, el biólogo y genetista estadounidense Thomas Hunt Morgan reveló la lógica de la transmisión hereditaria.

Lo hizo a partir de experimentaciones con la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster), gue le permitieron comprobar la teoría de la herencia ligada al sexo y la recombinación cromosómica.

Docente e investigador, trabajó también sobre embriología experimental y regeneración.

Pero su labor más célebre se desarrolló en el ámbito de la genética. Gracias a sus teorías reveladoras recibió el Premio Nobel de Medicina eñ 1933

Biografia de Morgan Thomas H.
Thomas Hunt Morgan (1866-1945), biólogo y genetista estadounidense que descubrió cómo los genes se transmiten a través de los cromosomas, y confirmó así las leyes de la herencia (Leyes de Mendel) del botánico austriaco Gregor Mendel y sentó las bases de la genética experimental moderna..

Pruebas genéticas: Con espíritu cientificista, Thomas Hunt Morgan dudaba de las leyes de Mendet sobre la herencia.

Sentía que no tenía elementos para considerarlas válidas, por lo que decidió ponerlas a prueba en estudios sobre animales.

Con ese objetivo comenzó su trabajo sobre la mosca ele la fruta, que daría lugar a la teoría de la herencia ligada al sexo y convertiría al estadounidense en uno de los más importantes genetistas.

Morgan había observado que la mosca de la fruta presentaba ojos rojos, pero detectó un ejemplar con ojos blancos.

Para comprender la lógica de la transmisión hereditaria, decidió estudiar el recorrido del gen responsable de tal mutación.

A partir de la cruza del insecto de ojos blancos –macho- y del estudio de su descendencia, observó que sólo los machos presentaban la mutación.

Concluyó así que un gen preciso, con una determinada ubicación cromosómica, era el responsable del color blanco de los ojos.

Esto implicaba que otros genes podían ubicarse en cromosomas específicos.

La teoría de la herencia ligada al sexo estaba demostrada.

El médico Walter Sutton y el embriólogo Theodor Boveri ya habían planteado una teoría cromosómica de la herencia, pero su hipótesis no había sido suficientemente comprobada.

Sólo tras las experimentaciones de Morgan este planteo sería umversalmente aceptado.

«La herencia de casi todos los seres conocidos puede explicarse por la presencia de genes en los cromosomas»

Un científico Nobel: El salón donde trabajó con múltiples ejemplares de la especie Drosophila melanogaster fue bautizado como «cuarto de las moscas».

Fue en la Universidad de Columbia, donde Morgan fue profesor de Zoología Experimental entre 1904 y 1928.

Pero su carrera profesional había comenzado mucho antes: realizó sus primeros trabajos de investigación en la Comisión de Peces de los Estados Unidos y en el Laboratorio de Biología Marina, en Woods Hole.

Luego formó parte de la Estación Zoológica de Nápoles, donde conoció al naturalista y zoólogo alemán Hans Driesch, quien tendría gran influencia en el inicio de sus estudios sobre embriología.

En 1891 enseñó Biología en el Colegio de Mujeres Bryn Mawr y también fue docente y director del Laboratorio G. Kirckhoff, en el Instituto de Tecnología de California.

Por sus descubrimientos en lo concerniente al rol jugado por los cromosomas en la herencia recibió el Premio Nobel en 1933.

En 1924 se le concedió la medalla Darwin y en 1939 la medalla Copley de la Royal Society de Londres. Se le considera usualmente el padre de la Genética experimental moderna. Fue presidente de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos (1927-31) y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (1929-30).

CRONOLOGIA

1866: NACIMIENTO: Thomas Hunt Morgan nació el 25 de septiembre de 1866 en la ciudad de Lexington (EE.UU.). Descubrió muy tempranamente su interés por la biología. Tenía sólo diez años cuando comenzó a recolectar huevos de aves, fósiles y pequeños animales.

1890:CARRERA ACADÉMICA: Se graduó en Zoología en 1886 en el Colegio Estatal de Kentucky y realizó sus estudios de posgrado en la Universidad Johns Hopkins, donde se formó en morfología y fisiología. Se doctoró en 1890 y obtuvo una beca para investigar en Europa.

1900:CONTINUADOR: Morgan, inicialmente crítico de laS leyes propuestas por Gregor Méndel, decidió aplicar sus premisas a estudio de animales. Finalmente, su teoría complementó la de su predecesor. En 1915, Morgan publicó Mecanismos de herencia mendeliana.

1909:PRUEBAS CON MOSCAS: En 1909 Morgan comenzó sus investigaciones y experimentaciones con la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster). Acompañó sus explicaciones con claros gráficos que reflejaban el proceso de herencia ligada al sexo.

1945 LEGADO Y DISCÍPULOS: La Sociedad de Genética de los-EEUU, entrega anualmente la Medalla Thomas Morgan a quienes contribuyen con el estudio de esa disciplina. El legado de Morgan se refleja también en los logros de otros científicos como George Wells Beadle, E. Lewis y H. J. Muller.

Sus Obras

Entre sus obras destacan Evolution and adaptation (Evolución y adaptación, 1903), Heredity and sex (Herencia y sexo, 1913), The mechanism ofmendelian heredity (Mecanismo de la herencia mendeliana, 1915), en colaboración con tres de sus ayudantes (v. H. J. Muller), The physical basis of heredity (Las bases físicas de la herencia, 1919), A critique ofthe theory of evolution (Crítica de la teoría de la evolución, 1925), Theory ofthe gene (Teoría del gen, 1926) y Embriology and genetics (Embriología y Genética, 1934).

Fuentes Consultadas:
Grandes Físicos de la Humanidad Tomo I Editorial Espasa Manuel Alfonseca
Gran Atlas de la Ciencia Cuadernillo de Genetica – National Geographic – Clarín

Biografia de Hertz Heinrich Resumen de sus Experimentos Cientificos

Biografía de Hertz Heinrich Rudolf
Experimentos y Logros Científicos

El siglo XIX constituyó una época durante la cual el hombre siguió creyendo en los postulados mágicos de la Ilustración. No hubo un  corte ideológico entre el siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX porque el racionalismo fue un dogma intocable y respetado por todos los actores intelectuales de la sociedad.

Las teorías de Newton no fueron discutidas y un considerable progreso industrial demostró que era necesario tener fe en la Ciencia , capaz de realizar grandes maravillas, pendemos un minuto sobre los avances en termodinámica a través de grandes cientificos como Joule, Carnot, Helmholtz y otros, la industrialización con la máquina a vapor, las teorías de Dalton  y Mendeleiev aplicadas a la Química, los logros Roentgen con el descubrimiento de los rayos X, Bequerel y la posterior investigación sobre la radioactividad de los esposos Curie; la teoría de Darwin sobre la evolución humana, la ciencia psiquiatra de Sigmund Freud, etc. (Ver: Ciencia en el siglo XIX)

Pero entre todos los avances y fenómenos fisicos estudiados lo que más atrajo la atención de los investigadores fue el campo maravilloso de la electricidad que habían iniciado Galvani, Volta, Franklin y otros en el siglo pasado. Maxwell demostró que la electricidad se transmite por medio de ondas que viajan a la velocidad de la luz. El alemán Hertz (1857-1894) midió la longitud de estas ondas, que denominó electromagnéticas, y sostuvo que existe una íntima relación entre electricidad, calor y luz, es decir, que son manifestaciones de una energía única.

Así como el magnetismo y la electricidad van de la mano, lo mismo debemos decir sobre esta rama de la física, en donde los estudios de Heinrich Hertz van unidos directamente a las investigaciones del físico escocés James Clerk Maxwell, quien en 1864,  predijo la existencia de ondas electromagnéticas más allá del espectro visible.

El angloestadounidense David Edward Hughes informó quince años después de que las chispas de un circuito «transmisor» aislado parecían afectar a un sistema telefónico no conectado a él y situado a cientos de metros.

Sin embargo, incluso después de que demostrara este efecto en la Royal Society y en Correos, los expertos despacharon el fenómeno como un caso «normal» de inducción electromagnética.George Francis Fitzgerald, físico irlandés, describió en 1883 cómo la oscilación de una corriente a través de un conductor podía teóricamente ser utilizada para generar ondas electromagnéticas largas y de baja frecuencia.

En 1888, el alemán Heinrich Hertz fue el primero en generar esas ondas: las ondas de radio.

Veamos su biografía y sus logros cientificos….

Hertz Heinrich (Hamburgo, 1857 – Bonn, 1894), fue un físico alemán nacido en el puerto de Hamburgo en 1857. A pesar de lo corto de su vida es el responsable del descubrimiento que permite la mayor revolución de las comunicaciones.

Inicia estudios de ingeniería en su ciudad natal, pero antes de culminarlos entra en contacto con Ferdinand von Helmholtz, importante físico de la época, quien lo induce hacia esa disciplina, abandonando su aspiración de ser ingeniero.

Trabajando como investigador de la Universidad de Kiel se ocupa de los fenómenos electromagnéticos, campo abierto por James Clerk Maxwell (1831-1879).

Antes de continuar veamos lo que dice la Teoría de Maxwell: Este físico escocés estudió el fenómeno del electromagnetismo, y unió los conceptos separados de electricidad y magnetismo en términos de una nueva fuerza electromagnética.

Maxwell amplió las ideas de Ampére y finalmente, en 1864, propuso que un campo magnético también se podía crear por un campo eléctrico variable. O sea, cuando un campo es variable, sea magnético o eléctrico, se induce un campo del otro tipo. Maxwell supuso que las oscilaciones eléctricas generaban ondas electromagnéticas y encontró una fórmula para la velocidad, que se expresa en términos de cantidades eléctricas y magnéticas.

Una vez medidas estas cantidades calculó la velocidad y descubrió que era igual que la velocidad de la luz en el vacío. Esto le indujo a pensar que la luz era de naturaleza electromagnética, teoría que posteriormente se demostró de diferentes maneras. Por lo tanto, cuando una corriente eléctrica en un alambre varía, se generan ondas electromagnéticas que se propagan a la velocidad de la luz.

Heinrich Hertz estaba interesado en producir ondas de radio. Por supuesto, no las llamaba así, porque en 1887 no se tenía idea de la radio.  Participa en un concurso convocado por la Academia de Ciencias de Berlín para trabajos relacionados con corrientes eléctricas oscilantes.

biografia de hertz heinrich

Físico alemán (Hamburgo, 1857 – Bonn, 1894). Descubrió las ondas electromagnéticas de baja frecuencia, llamadas en su honor ondas hertzianas. Demostró que están sometidas a las mismas leyes de reflexión y refracción que las luminosas y midió su velocidad, la misma que las de la luz y la radiación infrarroja. De este modo confirmó la naturaleza electromagnética de la luz y la teoría electromagnética de Maxwell, abriendo paso al desarrollo de la radio y la telegrafía sin hilos.

Tal como Maxwell había predicho que se crearían ondas electromagnéticas en el espacio por el movimiento de cargas eléctricas. Estas ondas nunca se habían observado hasta que Hertz estableció dos circuitos, como se muestra en la figura de abajo.

En el primer circuito, se obligaba a saltar una chispa entre dos esferas metálicas. La chispa nunca es simple, sino que oscila de un lado a otro a través del intervalo entre las esferas. Luego estableció otro circuito, a alguna distancia, que consistía en un espacio de chispa y alambres para completar el circuito.

croquis experimiento de hertz

Hertz elabora un circuito con dos esferas metálicas conectadas que se cargan alternativamente al hacer pasar una corriente en las dos direcciones; en el momento en que se aplica una carga máxima, se produce una chispa entre ellas. De esta forma, sin proponérselo, construye un circuito de carga oscilante constante. Con este sencillo dispositivo encuentra el rastro de la radiación y calcula su longitud de onda, un millón de veces mayor que la de la luz. Su hallazgo se conoce hoy con el nombre de ondas hertzianas y constituye la base de la telegrafía sin hilos, inventada por el italiano Marconi Guillermo.

Para su satisfacción, encontró que siempre que una chispa oscilante cruzaba la primera abertura, otra chispa oscilante se producía en la abertura de la segunda bobina. En verdad, era mucho más débil que la primera, pero saltaba si las condiciones eran apropiadas. Se radiodifundía una onda de radio de un circuito al otro.

Un día Hertz puso su segundo circuito dentro de una caja negra, para ver si las ondas atravesaban el material de la misma. Encontró que tenía que reducir la abertura, para producir una chispa en el circuito secundario. Esto podría ser debido, simplemente, a que las ondas perdían algo de su energía al atravesar las paredes de la caja, pero otra posibilidad sería la de que el circuito no funcionara igual de bien en la obscuridad.

Esta, probablemente, podría parecer una hipótesis absurda en aquel tiempo, pero Hertz de todos modos la probó al iluminar con luz ultravioleta las terminales del segundo espacio de chispa. Comprobó, que de nuevo saltaba una chispa con un amayor abertura. De esto concluyó, que la luz ultravioleta ayuda a las cargas eléctricas a escapar de las terminales metálicas.

Hertz estaba ante todo interesado en las ondas de radio, así que prestó poca atención a cómo la luz ayuda a la corriente. Pero otros investigadores pronto descubrieron que una placa metálica cargada, perdía su carga cuando se iluminaba con luz ultravioleta, si la carga era negativa, pero no si era positiva. En aquel tiempo, el electrón no había sido descubierto así es que no se podía explicar este fenómeno.

Lo antedicho se refiere al descubrimiento del fenómeno conocido como efecto fotoeléctrico, por el que la luz y otras formas de energía electromagnética de alta frecuencia provocan la emisión de electrones en algunos metales. En su honor se dio el nombre de herzio a la unidad de frecuencia. Entre sus obras destacan Principios de la mecánica y Sobre las relaciones entre la luz y la electricidad.

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AMPLIACIÓN: En ciencia e invención, la revelación de un secreto descubre otro. En el instante en que se produce un gran descubrimiento, se abre una nueva puerta. No importa tanto quién la abra como el nuevo horizonte que se vislumbra.

Faraday no fue el primero que esparció limaduras de hierro en un papel, puesto encima de un imán, para que se formara con ellas un trazado de líneas. Pero fue el primero en preguntar: «¿Por qué en líneas?». Sus sentidos humanos no lograron descubrir la fuerza invisible, pero propuso una teoría valiente.

La electricidad y el magnetismo atraían líneas de fuerza a través del espacio. No eran meramente líneas imaginarias, sino un movimiento físico real. Faraday vio las vibraciones de la materia (lo que con el tiempo se descubrió que eran ondas electromagnéticas y fotones de energía) donde otros no vieron nada más que vacío.

Había abierto una nueva puerta. Una generación más tarde, Clerk Maxwell se aventuró en la oscuridad allende la puerta, tanteando con ayuda de las leyes matemáticas. Llegó a una dramática conclusión: podía hacerse que la corriente eléctrica produjera ondas magnéticas que viajasen a la velocidad de la luz. Lo más sorprendente de todo fue su afirmación de que se podían usar estas ondas para transmitir la voz humana, a través del mundo, sin hilos ni cable.

Quince años más tarde, un joven físico alemán, Heinrich Hertz, realizó experimentos de laboratorio para comprobar la teoría de Maxwell. Empezó haciendo que la chispa mayor que era posible lograr saltara por el espacio que separaba dos bolas metálicas. A diez metros colocó otras dos bolas metálicas. Cada vez que una chispa saltaba entre las bolas metálicas del transmisor, otra chispa saltaba entre las bolas metálicas del receptor.

Esto demostraba la telegrafía a través del espacio. Hertz procuró entonces encontrar aplicación a estas ondas en la comunicación inalámbrica, pero no pudo aumentar suficientemente la potencia como para enviar estas ondas a través de una distancia.

Guillermo Marconi: Lo que Hertz no pudo averiguar significó una gran oportunidad para un joven. A los veinte años, en 1896, Guillermo Marconi descubrió un método para conseguir más potencia con el equipo que usó Hertz.

Agregó una antena de 12 metros y una placa metálica enterrada. Estos dos nuevos elementos actuaron como un condensador enorme que almacenaba suficiente electricidad y permitía mandar la onda hertziana a 3.200 metros por el espacio. Utilizó un cohesor (partículas metálicas dentro de un tubo) que guiaba la corriente en una sola dirección, a fin de que pudieran «detectarla» los auriculares del teléfono. Disponiendo de mayor energía transmisora, las ondas podrían trasladarse a cientos de millas.

marconi telegrafia sin hilosEl joven inventor decidió entonces poner manos a la obra. El tráfico inalámbrico entre barcos y la costa fue pronto una realidad. Siguió luego el experimento audaz de enviar ondas electromagnéticas a través del Atlántico.

Un físico había dicho en aquel momento que era absolutamente imposible que las ondas pudieran abandonar la superficie del globo a través del aire y regresar. Marconi no estaba tan imbuido de las teorías físicas del momento como para creer tal cosa. En Terranova experimentó la emoción de toda una vida. Captó señales de Cornwall, Inglaterra.

Esto dio a entender que había una especie de espejo que reflejaba las ondas hacia la tierra, pista que llevaría más tarde al descubrimiento de la ionosfera reflectora del espacio y a la invención del radar.

Él sistema inalámbrico de Marconi se perfeccionó hasta el punto de hacer vibrar a las ondas en una sola frecuencia. Añadió bobinas de sintonía que eliminaron la posibilidad de interferencia de otras estaciones.

Muchas mentes, por esa época, buscaban a tientas la puerta siguiente: la transmisión de la palabra y de la música. Parecía casi imposible. ¿Cómo conseguir en la antena la potencia requerida para enviar señales a larga distancia, y al mismo tiempo disminuir esta energía hasta el punto necesario para que excitase delicadamente un micrófono a carbón en el lugar de recepción?.

En un receptor de teléfono, la corriente de una onda inalámbrica sería demasiado fuerte para registrar las diferentes presiones ejercidas por el sonido de la voz de un locutor.

Se necesitaba algo verdaderamente nuevo y, como sucede a veces en el transcurso de una invención, la solución llegó en forma casual.

Evolucion de los Medios de Comunicacion Primeros Sistemas

Evolución de los Medios de Comunicación

evolucion medios de comunicacion

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UN POCO DE HISTORIA…
LOS PRIMEROS PASOS EN LA COMUNICACIÓN, desde el «tam-tam» al transistor

Para un grupo social, es siempre interesante, a veces vital (en casos de guerra, invasión, epidemia o cataclismo), el saber lo que ocurre en otros lugares, en la tribu, en la ciudad o en el país vecino. Durante milenios y hasta la época moderna, jamás pudo realizarse esta aspiración más que parcialmente, con retraso e ignorando casi todo sobre tierras lejanas.

Para comunicarse era necesaria la existencia de un mensajero, corriendo hasta el límite de sus fuerzas, como el de Marathón, o a caballo. Supuso un gran avance la aparición de la escritura en los albores de los tiempos históricos, supliendo los fallos de memoria del portador.

La escritura ensanchó grandemente el campo de la comunicación. Ya fuese jeroglífica, cuneiforme o alfabética (ésta tenía la ventaja de poder expresar un gran número de ideas con pocos signos), permitió al correo—salvo accidente, destrucción de la nota, papiro o libro— transmitir el mensaje íntegro, permaneciendo en el tiempo.

A partir de entonces ya puede hablarse de historia y cultura. En 1440, con la invención de la imprenta, que posibilitó la multiplicación de los ejemplares de un mismo texto, la lectura y por tanto los conocimientos fueron accesibles ya a un mayor número de personas. Y, por fin, a todos con la institución de la escolaridad obligatoria.

Pero si la escritura vence al tiempo, no resuelve los problemas de la comunicación rápida en el espacio. En todos los tiempos, los poetas han soñado con poder trasladarse instantáneamente a otros lugares, y las brujas y videntes han pretendido poder testimoniar lo que ocurrió en aquellos momentos en sitios lejanos. Pero para saber lo que realmente pasaba, había que esperar.

Los mensajeros oficiales o privados, o el correo que comenzó a funcionar regularmente a partir del siglo XVII, dependían de la velocidad de los caballos. Para cuando se enteraban en provincias de la enfermedad del rey, éste o estaba ya sano o había muerto.

El deseo de una rápida comunicación—al menos de las noticias más importantes—y los experimentos para llegar a ello, se remontan a la más lejana antigüedad. Es muy significativo, en todo caso, que se diesen también en los pueblos primitivos.

¿Qué es el tamtam sino un código basado en la repetición, según diversos ritmos, de un mismo sonido?. Es la modulación de este sonido lo que tiene un sentido, un sentido que el destinatario descifra después que varios relevos se lo han transmitido.

Pero en este caso, al igual que sucedió con la llama, que de fanal en fanal, dio a conocer a Argos la capitulación de Troya; o que en los gritos de los vigías galos transmitiendo de puesto en puesto la noticia de la caída de Orleans, la transmisión visual o sonora no puede llegar más que a un reducido número de mensajes, gracias a un signo ya conocido que indique victoria, derrota o muerte.

Más ambiciosos y más complejos fueron los juegos de señales, en los que cada uno representaba una letra del alfabeto, que utilizaron los ejércitos de Felipe de Macedonia, tres siglos antes de Jesucristo, o en el siglo XVI el ingeniero napolitano J. B. Porta.

Pero estos dispositivos, muy sutiles sin duda, necesitaban numerosos relevos. A pesar de ello significaron un gran avance para la época.

Constituyen la prehistoria de la telecomunicación. Su historia comienza en Francia, en 1793, cuando la Convención acepta experimentar el proyecto que les presenta Claude Chappe. Se trata de instalar cada doce o quince kilómetros, sobre las colinas, postes provistos de un regulador orientable, en cuyos extremos se articulan dos brazos: «los indicadores».

El juego de regulador e indicadores permitía 192 figuras, que combinadas de dos en dos, podían proporcionar 36.864 signos.

El nacimiento del telégrafo Chappe tuvo lugar bajo dichosos auspicios. En efecto, el primer mensaje transmitido anunciaba a la Convención, el 1 de septiembre de 1794: «Conde es restituido a la República. La rendición ha tenido lugar esta mañana a las seis».

El telégrafo triunfaba al mismo tiempo que las tropas de la Revolución.

El telégrafo de Chappe, aunque inutilizable por las noches o durante los días de lluvia o bruma, tuvo mucho éxito. En 1844 ya existían cinco líneas en Francia que unían París con otras tantas capitales.

Pero en la misma época, los Estados Unidos inauguraban la primera línea de telégrafo eléctrico entre Washington y Baltimore. Se había dado la señal de partida para la telecomunicación, que pronto conocería un prodigioso desarrollo.

medios de comunicacion

En 1791, Chappe hizo la demostración de su telégrafo óptico
ante los notables de Pareé, en Sarthe .

medios de comunicacion

Tres años después, el telégrafo le permitía a Carnot leer el primer despacho a la tribuna de la Convención, anunciando una victoria. Pero el telégrafo de Chappe seria destronado por el de Morse , anunciado desde el siglo XVIII por las investigaciones de Lemonnier, cuyo extraño aparato experimental. uno de los primeros barcos para el tendido de los cables.

La electricidad, convertida en portadora de mensajes, aseguraba, gracias a su extraordinaria velocidadde 300.000 kilómetros por segundo, su transmisión instantánea.

El telégrafo de Washington se debía a la inteligencia e ingenio de Morse. Como siempre, dado que los progresos técnicos se realizan siempre por etapas, con una confrontación permanente de la teoría y de la experiencia, Morse había aprovechado los trabajos anteriores.

En efecto, en el siglo XVIII, el físico Lemonnier quiso saber hasta dónde podía transportar la electricidad un hilo metálico (electricidad estática, claro está, puesto que era la única conocida). En 1746, sintió así a una legua (alrededor de 4,500 kilómetros) la descarga de una botella de Leyde.

El principio de una señalización eléctrica fue desde entonces concebible.

El escocés Marshall, en 1783; el francés Lomond, en 1787, y el español De Salva, en 1796, propusieron tales sistemas de señalización. El más preciso fue el del ginebrino Lesage, que en 1794 construyó un aparato que constaba de 24 hilos, cada uno de los cuales, que correspondía a una letra, atraía a uno de sus extremos una bolita de saúco (a, b, c, d, etc.), cada vez que el otro recibía una descarga.

Pronto la ciencia dio un paso decisivo. Volta demuestra que la electricidad tiene las propiedades de un fluido y puede circular por un hilo conductor. Casi en seguida, entre 1802 y 1810, se conciben proyectos de telégrafos «electro-químicos».

En 1820, reflexionando sobre el descubrimiento de Oersted relativo a la acción de una corriente sobre una aguja imantada, Ampére entrevé los principios del telégrafo.

El 20 de octubre de 1820, declara en la Academia de Ciencias Este texto de Ampére anuncia ya los «telex» electromecánicos y electrónicos de hoy en día, que permiten comunicar inmediatamente un texto a un corresponsal lejano y recibir la respuesta dactilografiada sobre su propia máquina; esos «telex» en los que los secretarios de redacción de los periódicos ven llegar, de minuto en minuto, las noticias del mundo entero.

Sin embargo, el sistema de Ampére era aún muy complicado. En 1837, el inglés Wheatstone transmite cartas—de Londres a Birmingham— con tan sólo cinco hilos, más, un hilo de vuelta, y, para evitar las pérdidas de intensidad de corriente, inventa los intermedios que permiten reforzarla.

En Alemania, Steinheil, poco después, suprime el hilo de vuelta y corona con éxito sus experiencias, sobre una veintena de kilómetros, con un solo hilo. Todo, en adelante, está preparado para Samuel Morse.

En su «telégrafo», un electroimán de hierro dulce, cuando recibe la corriente, atrae a un vastago montado sobre un resorte. Este se mueve al ritmo impuesto por el corresponsal. Un punzón, gobernado por el electroimán, va trazando señales, en este caso los puntos y rayas del célebre alfabeto Morse, sobre un papel que se desarrolla bajo él.

Mientras que el telégrafo y el código Morse se generalizan, aparecen dos nuevos sistemas, el de Hughes y el de Baudot, que pronto los sustituirán. En el sistema Hughes, la máquina imprime en la llegada las letras que el operador escribió en la salida.

Baudot lo perfecciona permitiendo, con su distribución, la utilización de la línea por varias personas al mismo tiempo. Por fin, quedan reunidos comodidad, eficacia y rentabilidad, las cualidades del telégrafo moderno. Ahora no queda más que esperar los perfeccionamientos.

Desde 1858, con la instalación de la primera línea de cables submarinos entre Estados Unidos y Gran Bretaña, la distancia ya no es un obstáculo para la información. Las palabras escritas traspasan los océanos. Pronto le tocará el turno a la palabra, en espera de las imágenes.

Por medio de tantos hilos conductores y tantas agujas imantadas como letras existen, y con la ayuda de una pila colocada lejos de estas agujas y cuyos dos polos se harían comunicar alternativamente con las extremidades de cada hilo conductor, se podría establecer una especie de telégrafo, propio para escribir todos los detalles que se quisieran transmitir, a través de cualquier obstáculo, a la persona encargada de observar las letras colocadas sobre las agujas. Disponiendo sobre la pila un teclado, cuyas teclas llevasen las mismas letras y estableciesen la comunicación al pulsarlas, se podria conseguir con bastante facilidad este medio de correspondencia, y no exigiría más tiempo que el necesario para tocar la tecla por un lado y leer la letra en el otro extremo.

El cable corresponde al dominio del telégrafo y del teléfono, dominio conocido y perfectamente explotado desde finales del siglo XIX, dominio profundamente renovado desde que las técnicas de la radio han llevado a los ingenieros a reemplazar la corriente continua por corrientes de alta frecuencia, a las que se imprimen variaciones de amplitud reflejo de las variaciones de la voz.

Desde entonces la noción de frecuencia es común a las dos técnicas, a la del teléfono y a la de la radio. Permite las reuniones múltiples.

También debemos considerar aquí el nacimiento y la evolución de la radiodifusión. Esta, como todos los grandes descubrimientos técnicos, tiene su origen en la investigación científica pura.

En el siglo XIX, Fresnel, interrogándose sobre la naturaleza de la luz, descubre en 1818 su carácter ondulatorio; Faraday, en 1845, demuestra la sensibilidad de ésta a un campo magnético y Maxwell, en 1854, propone una ecuación que expresa la naturaleza a la vez magnética y eléctrica de la luz, audaz teoría que había que probar.

En 1887, los experimentos del físico alemán Heinrich Hertz confirman la intuición genial de Maxwell. En efecto, Hertz muestra cómo haciendo saltar bajo alta presión chispas provenientes de la descarga de una bobina de Ruhkorff, es posible detectar este fenómeno a distancia. Parece que hay ondas que nacen de la chispa y propagan sus efectos en todas direcciones.

Estudiando estas ondas, su dirección, su longitud, Hertz prueba que la luz es la propagación de un campo eléctrico y de un campo magnético que se engendran alternativamente, el uno y el otro, en planos perpendiculares.

Estas serán las «ondas hertzianas», que se emplearán para la transmisión de mensajes primero en morse, después extendiéndose a toda la gama de sonidos perceptibles (voz, música, ruido). En efecto, si situamos un hilo conductor en el recorrido de una onda hertziana, nace una corriente en él con la misma frecuencia de la onda, bajo la influencia de la componente magnética de ésta.

Pero, normalmente, en virtud de la oscilación del campo que la produce, esta corriente se invierte inmediatamente. Luego, si la antena es recorrida por microcorrientes de sentido contrario, el resultado es nulo.

Es necesario que no hayan más que corrientes de sentido único. Y así, sólo éstas serán detectables y podrán producir sonidos en los altavoces. Una serie de inventos conducirán progresivamente a la solución definitiva del problema.

En 1890, Branly pone a punto un tubo de limaduras de hierro que permite detectar las oscilaciones eléctricas a treinta metros; en 1894, Lodge, perfeccionando el sistema, aumenta la distancia de percepción a 800 metros; en 1895, el ruso Popoff construye la primera antena; por fin, el inglés Fleming, en 1904, con el diodo y después el americano Lee de Forest con el triodo, que permite amplificar considerablemente la potencia de la corriente, dan a físicos y técnicos la posibilidad de desarrollar y sobre todo industrializar los experimentos realizados por Marconi.

Este, tras haber hecho una transmisión a través de la Mancha, en 1899, enviaba, en 1901, un mensaje de Europa a América. Así, pues, el nacimiento y desarrollo de la radio datan de principios del siglo XX. Pero hasta el fin de la primera guerra mundial seguirán manteniéndose esencialmente la «telegrafía sin hilos», no la «telefonía sin hilos». Lo que transmiten las «radios» de los barcos o las «emisoras» militares de los tiempos heroicos, perdidas entre la maleza, son mensajes en morse.

 La radio es sobre todo útil en aquellos lugares en los que los cables telegráficos o telefónicos no existen. Es la mejor solución para mantener contacto con un navío en alta mar, paquebote, carguero o acorazado, en espera de establecerlo, también, con un avión surcando el cielo.

Faltaba un obstáculo por vencer para poder transmitir la voz a la música. La membrana de un altavoz no puede vibrar más de seis a diez mil veces por segundo (de diez a veinte mil para ciertos aparatos de alta fidelidad).

Pero las ondas de radio de algunos centenares de metros tienen una frecuencia del orden del millón de ciclos/segundo. Si captamos estas ondas con una antena y enviamos esta corriente detectada, amplificándola, a un altavoz, éste no reaccionará.

El camino a seguir consistirá en adaptar estas ondas a las frecuencias sonoras, es decir, imponer variaciones audibles de centenares o miles de ciclos/segundo a ondas de centenares de miles o millones de ciclos/segundo.

Más exactamente, modificar la amplitud—originalmente regular—de la onda escogida, llamada onda portadora, de tal forma que la curva de las variaciones de amplitud represente la evolución del sonido. Al recibirla no se retendrán más que las variaciones de la onda portadora, no la onda portadora misma, las bajas frecuencias de los fenómenos sonoros y no las altas frecuencias de la onda.

La modulación de amplitud (radio AM) ha hecho posible el paso de la telegrafía sin hilos a la radio tal como nosotros la conocemos. Desde el momento en que se pudo transmitir la voz y el sonido y que éstos podían ser recibidos conjuntamente por miles y millones de aparatos, la radio entró en su fase de explotación industrial.

Lo que fue lujo o juguete científico a principios de los años veinte, era ya, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, instrumento popular, y varias emisoras públicas o privadas ofrecían, en cada país, a su auditorio programas variados a lo largo de todo el día.

Informaciones e incluso publicidad y propaganda (ya sabemos cómo se sirvió Hitler de la radio para adoctrinar a las masas y cómo, durante las hostilidades, ésta se convirtió para los beligerantes en verdadera arma sicológica), conciertos, variedades, obras de teatro y juegos mostraban las posibilidades y la riqueza de la transmisión sin hilos.

Por otra parte, ésta no ha dejado de mejorarse. Los radioyentes de los años treinta recordarán las pruebas, a menudo necesarias, para aislar una emisora de aquellas que emitían en una frecuencia próxima (en una longitud de onda como se decía entonces).

Les parecía larga la espera entre el momento de girar el botón y el momento en que se oía el sonido. Sobre todo, recordarán los parásitos que hacían inaudibles ciertas emisiones y contra los cuales poco podían hacer.

En cualquier caso, en lo concerniente a la música, el sonido no tenía esa pureza que posee en las salas de concierto. Ha sido necesaria la adición de nuevos inventos para conseguir la perfección sonora de las cadenas de alta fidelidad, la puesta en marcha instantánea de los receptores de transistores y la calidad, si no intelectual sí al menos técnica, de la mayor parte de las emisiones de hoy en día.

Estos nuevos inventos conciernen a la construcción de los mismos aparatos, pero sobre todo a la mejora de la toma de sonido.

Hace treinta años, un solo estudio de acústica sofocada a fin de dar la impresión de «al aire libre», servía para todas las emisiones. Si el locutor que daba las noticias se encontraba a gusto, no ocurría lo mismo con una orquesta sinfónica, que formaba, al contrario, un extraño montón.

La experiencia demostró que la capacidad de un local—especialmente para música—tenía una gran importancia y debía estar en relación con el número de ejecutantes. Las dimensiones de los estudios modernos varían entre los 200 m3 para los grupos pequeños a los 1.200 m3 para las orquestas sinfónicas.

Por otra parte, el perfeccionamiento de las técnicas de registro (magnetófonos, microsurcos y discos estereofónicos) ha permitido la conservación de las emisiones con vistas a nuevas difusiones, pero sobre todo, gracias a la técnica de montaje, se han podido preparar emisiones impecables desde todos los puntos de vista, no dejando nada al azar o a las improvisaciones «en directo».

Breve Historia de la Comunicación Humana

Fuente Consultada: Maravillas del Siglo XX Tomo I