El Diamante Cullinan

El Té Cultivo del Té en el Mundo Producción Semillas en China

El Té Cultivo del Té en el Mundo
Producción , Semillas en China

El té es hoy intensamente cultivado en todas las latitudes favorables a su desarrollo. Es una planta siempre verde que pertenece a la familia de las camelieas, típica de las regiones intertropicales donde en verano llueve abundantemente. Su nombre deriva del chino ch’a. La temperatura conveniente para su crecimiento puede variar entre 4 y 25 grados, pero exige un mínimo de 1.500 mm. de lluvia por año, una determinada altitud y lugares sumamente ventilados.

En estado silvestre esta planta alcanza varios metros de altura, pero en las plantaciones se la cultiva únicamente bajo forma de arbustos, con el fin de facilitar la recolección de las hojas. Éstas son alternas, ligeramente pecioladas y tienen los bordes dentados. Por su forma lanceolada y su color verde intenso se asemejan a las del sauce blanco.

Estas hojas constituyen la parte más preciosa de la planta, pues de ellas, después de haber sido sometidas a un tratamiento especial, se obtiene la sabrosa bebida cuyo consumo es cada vez mayor en todos los países del mundo. El arbusto posee numerosas ramas y una corteza grisácea. Las flores son solitarias, blancas o rosadas, sostenidas por un pedúnculo axilar; el cáliz, persistente, está formado por 5 sépalos; la corola, por 5 a 9 pétalos cuyas bases están soldadas entre sí.

Los estambres son numerosos. El fruto es una cápsula de 2 ó 3 lóbulos, en cada uno de los cuales se desarrolla una única semilla. El té sería originario de Asam, región situada al norte de la India, de donde, probablemente en tiempos remotos, habría sido introducido en el Celeste Imperio por un misionero budista de la India. No se podría, sin embargo, afirmar con certeza que esta planta haya sido conocida por los chinos antes de nuestra era; pero se sabe que éstos la utilizaban alrededor de los siglos VI o VII.

Hacia el siglo XV comenzó a desarrollarse en China y Japón el cultivo sistemático del té. Fue introducido en Europa un siglo después por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, que en 1600 registra la compra de 22 1/2 libras de té, al precio de 30 libras esterlinas, con el objeto de ofrecérselas como presente al rey de Inglaterra. En aquel entonces, cuando no existía aun comunicación entre el mar Rojo y el Mediterráneo, el té era transportado a Europa a través de los hostiles y desérticos territorios del Tibet y del Irán; se le daba a causa de ello el nombre de té de las caravanas.

El té es objeto de un intenso consumo en sus países de origen, y también cuenta con las preferencias de los pueblos eslavos y anglosajones, en tanto que el café sigue siendo la bebida de elección de los pueblos latinos. La mayor producción de té corresponde a la China (400 a 500 millones de Kg. por año), que lo ha consagrado bebida nacional. Se lo cultiva principalmente a lo largo del valle del Medio Yang-Tsé y en las provincias costeras de Chekiang y de Fukien; los habitantes de la isla de Formosa (Taiwan) trabajan casi en forma exclusiva en el cultivo de este producto, del que se obtiene aproximadamente 140.000 quintales por año. En el mercado ruso ha predominado siempre el té de China. En la India el cultivo de esta planta se realiza en función de una exportación muy activa a los puertos ingleses, y el consumo local es bastante limitado.

Asam, donde en otra época el té silvestre alcanzaba casi la altura de los árboles, es la región que cuenta con mayor número de plantaciones. Su producción representa más de la mitad del total obtenido en la India, 3 millones de quintales anuales, siendo la superficie consagrada al cultivo de 320.000 hectáreas. Otros lugares que favorecen el desarrollo de esta planta son los situados sobre las vertientes del Himalaya y el sur del país. La vecina isla de Ceilán produce alrededor de 1.670.000 quintales por año, y el té representa su principal exportación.

Existen cuatro tipos principales de té: blanco, verde, rojo y negro, si bien sus múltiples variedades dan lugar a más de 3000 clases distintas. Hasta el siglo XVI solo se producía té verde, pero el crecimiento del mercado obligó a los productores a investigar nuevos métodos de conservación para evitar que éste perdiese sus cualidades durante su almacenamiento. De este modo descubrieron que si lo secaban, lo dejaban fermentar y luego lo horneaban para evitar su descomposición, el té se conservaba en óptimas condiciones durante mucho más tiempo. Es así como surgió el té negro.

En Indonesia esta planta es también intensamente cultivada, sobre todo en el norte de Java; son asimismo considerables las plantaciones de la isla de Sumatra. El aporte de Indonesia representa el 10 % de la producción mundial de té. En Sumatra se encuentra el principal establecimiento le elaboración de este producto. Salen del mismo una eintena de variedades de té negro fermentado. Cuando la República de Indonesia era una colonia irlandesa la exportación estaba destinada únicamente Amsterdam.

El primero en patentar una bolsita de té fue Thomas Lipton.

El Japón es otro gran productor de té; la cosecha que allí se realiza es de aproximadamente 570.000 quintales por año. El producto es exportado casi en su totalidad a Estados Unidos. En los últimos años el cultivo del té se ha difundido en el Natal y en el territorio de Niasa (sur de África), en Transcaucasia, en Irán, en las islas Filipinas, en América y en otras regiones de clima tropical; no obstante, se trata en todos los casos de una producción secundaria destinada al mercado interno.

El primer lugar está siempre ocupado por China, aun cuando desde hace algunos años sus exportaciones estén en baja. La competencia de los otros países productores es tal que, siendo siempre de excelente calidad, el té chino no monopoliza ya los mercados. Luego de ser recolectadas las hojas de té, son puestas a secar al sol; seguidamente se las enrolla con cuidado a fin de provocar la fermentación que les dará el gusto, aroma y color que las caracteriza. Una vez terminado el proceso de fermentación, las hojas son dispuestas para su secado sobre placas metálicas calentadas a fuego directo. Se tiene así un producto denominado té negro.

Sublevaciones como el motín del té en Boston provocaron el inicio de la guerra de
independencia de los Estados Unidos de América.

El té verde se logra haciendo secar las hojas inmediatamente después de su recolección sobre planchas de metal calientes; luego se las enrosca y se las deja secar sin provocar fermentación alguna. Las hojas toman así la forma de minúsculos haces, de pequeños discos o diminutos granos morenos o gris verdoso de penetrante aroma. Según el método empleado en la preparación se tiene pues el té negro (China, India, Java, Ceilán) y el té verde (China, Japón, Formosa, etc.). Las variedades del comercio son muy numerosas y se las distingue no solamente por su país de origen (China, Japón, Formosa, India, Asam), sino también por la edad de las hojas y los diferentes procesos de elaboración.

De la primera cosecha de té realizada en marzo se consigue el producto de mejor calidad, llamado “té imperial” o “flor de té”. Se lo obtiene a partir de hojas tiernas recubiertas por una fina pelusa. Esta variedad, muy estimada, no está destinada al comercio, pues según una costumbre ancestral se la reserva a las personas más importantes del país de producción. El té más común es el recolectado en el mes de mayo. Se lo denomina “Souchong”, es de color castaño intenso y está constituido por hojas nuevas desprovistas de pelusa. Para hacer el té se colocan las hojas en un recipiente adecuado y se vierte sobre ellas un poco de agua hirviente; se deja luego en infusión durante 2 o 3 minutos y se colma después el recipiente con agua caliente. Se consigue de esta manera una bebida aromática de color ambarino. La misma actúa sobre nuestro organismo en forma análoga al café.

El elixir de la juventud existe hace siglos. Se trata de un té que brota en las montañas chinas de Fujian, a 6.000 metros de altitud y hasta hace poco ha estado vetado a la mayoría de los mortales. Se le conoce como Té blanco. Se produce a escala muy limitada en China y en Sri Lanka. Las yemas nuevas se recolectan antes de que se abran, se dejan marchitar para que se evapore la humedad natural y a continuación se desecan. Las yemas rizadas presentan un aspecto plateado (a veces se las denomina Silver Tip) y de ellas se obtiene una infusión de color pajizo muy pálido.

Es un excitante del sistema nervioso y posee un ligero valor nutritivo. El té contiene diversas substancias; las principales: tanino, ceniza, cafeína son solubles en agua. La cantidad de cafeína es variable y depende de varios factores: métodos seguidos para el cultivo, estación en que se realiza la cosecha, tratamiento de las hojas, etc. En algunos países orientales el té es consumido bajo forma de cigarrillos. Los residuos son recogidos y dispuestos en forma de briquetas, y se expenden en el mercado con el nombre de ladrillos de té.

Valor nutritivo: Entre sus componentes destaca el flúor por lo que son constatables sus beneficios sobre la placa dental. Además de flúor, entre los minerales se encuentran el calcio, el potasio y el magnesio, y entre sus componentes vitamínicos, especialmente vitaminas del grupo B (con un importante papel en el funcionamiento del sistema nervioso) y provitamina A.

Ventajas e inconvenientes de su consumo: Sus componentes antioxidantes (polifenoles) le atribuyen diversas propiedades saludables a esta planta:

– Protege al organismo frente a la acción nociva de las sustancias oxidantes y las radicales libres que debilitan al sistema de defensa natural del cuerpo, y aceleran el proceso de envejecimiento.

– Contribuye a regular los niveles de colesterol, ayudando al cuerpo a absorber menos grasa y excretar más.

– Evita la formación de coágulos en la sangre, ya que inhibe una sustancia liberada por las plaquetas, – el tromboxano – que provoca que  estas se unan formando bloques (trombos).

– Previene la formación de caries, debido a su contenido de flúor.

– Ejerce un importante efecto diurético en la medida que su ingestión ayuda a la eliminación de líquidos.

– Su bajo contenido calórico lo convierte en una buena alternativa a las bebidas gasificadas y azucaradas, especialmente recomendable para quienes se aburren por tener que ceñirse al consumo de agua.

– Contribuye a la hidratación de la piel dado que permite la oxigenación de las células y de los capilares.

– Ciertos componentes del té, los taninos, que le confieren el característico sabor amargo, tienen efecto astringente, por lo que su consumo está aconsejado en caso de diarrea.

– Como el café, el té es una buena bebida estimulante que contribuye a despejar la mente y a despertar al organismo cuando más le cuesta reaccionar (por la mañana, tras la sobremesa…); aunque si el consumo es desmedido, acaba crispando los nervios.

No obstante, no todo son ventajas. El té contiene una sustancia que impide el aprovechamiento orgánico de la vitamina B1. Por ello, los grandes bebedores de té pueden llegar a padecer deficiencia de esta importante vitamina para el sistema nervioso. Por otra parte, el té verde tiene el inconveniente de dificultar la absorción de hierro presente en los alimentos, por lo que su consumo no estaría indicado en caso de estar atravesando un proceso anémico.

CRONOLOGÍA

2737 a.c. – Cuenta la leyenda que estando el segundo emperador de China, Shen Nung, bajo un arbolito de té, le cayeron unas hojas en el agua que estaba hirviendo.

Siglo III a.c. – El té aparece mencionado por primera vez en un escrito en que un anciano se lo pide a su sobrino para que se lo envíe con el fin de ayudarle a aumentar su capacidad de concentración. Y en un diccionario como Erh Ya.

Siglo III a.c. – IV d.c. — El té se usa como planta medicinal y las infusiones se hacen de las hojas del árbol silvestre.

400 — El té aparece mencionado en un diccionario chino como Kuang Ya, donde se detalla el proceso de su preparación.

479 — Primera mención de mercaderes turcos negociando con el té en la frontera de Mongolia. El té viajaba en fajos prensados y se usaba como trueque.

600 — El budismo llega a Japón desde China. Los monjes japoneses que estudian en el país vecino introducen las semillas del té y la ceremonia en la isla.

618-907 — La dinastía Tang populariza el té por sus propiedades. Edad de oro del té.

648-749 — Cuenta la leyenda que el monje japonés Gyoki plantó durante este período los primeros arbustos del té en Japón, en 49 templos budistas.

725 — El té adquiere en Chin el nombre que lo caracteriza en medio mundo: ch’a.

729 — El té prensado y seco se convierte en polvo y así lo sirve el emperador del Japón a los sacerdotes budistas que lo visitan.

780 — Se impone la primera tasa de té en China. El poeta Lu Yu escribe el primer libro del té de la historia, el Ch’a Ching, según las enseñanzas taoístas, donde sí enseña el cultivo y a prepararlo.

960-1280 — Durante el gobierno de la dinastía Song, la ceremonia del té se convierte en un elaborado ritual. Las hojas secas y prensadas se pulverizan y se diluyen en agua, y el polvo restante de los posos se vuelve a utilizar hasta siete veces.

1368-1644 — La dinastía Ming que gobierna durante estos años intenta recuperar el antiguo esplendor de la cultura china y vuelve a implantarse la ceremonia del té.

1422 — La ceremonia del té alcanza su máximo esplendor de la mano del monje zen Murata Shuko, quien instaura el cha-no-oyu por primera vez.

1484 — El shogun Yoshimasa le da aun más relevancia a la ceremonia del té, que pasa a formar parte de pinturas y teatro.

1560 — El padre jesuita portugués Jasper de Cruz es el primer europeo en probar el té y en escribir sobre él.

1589 — El té se descubre en Europa cuando el veneciano Giambattista Ramussio escribe un libro sobre esta bebida mencionando sus virtudes curativas.

1595 — El navegante holandés Jan Hugo van Lin Schooten describe en sus relatos de viajes la ceremonia del té, y hace crecer la demanda de este producto en Europa. El maestro japonés Sen-no Rikyu abre la primera tetería.

1610 — A consecuencia de lo anterior, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales abre una base en la isla de Java y empieza a importar grandes cantidades de té. Se crea la Compañía Británica de las Indias Orientales.

1618 — El embajador de China se presenta ante el zar de Rusia con un cargamento de té y pocos años después los rusos lo adoptarán con fruición. El té invade Europa; mientras en Londres, Irlanda y Rusia, tiene éxito, en otros países, como Alemania, España, Francia, Portugal e Italia, tiene más éxito el café. En Alemania, donde se prefiere la cerveza, incluso un famoso médico alerta de los peligros del té.

1650 — Llega el primer cargamento de té a los colonos de Nueva Amsterdam, futura New York.

1657 — Abre el café Garraway en Londres, primero en Europa donde se servía té. La Compañía Británica de las Indias Orientales empieza a importar grandes cantidades de té y monopolizará todas las importaciones.

1670 — El té llega a las colonias americanas.

1680 — El té con leche se menciona en las cartas de Madame de Sevigné. La duquesa de York introduce el té en Escocia.

1735 — Las importaciones de té entre China y Rusia requieren de larguísimas caravanas que deben recorrer 17 mil kilómetros durante 16 meses. Los rusos beben el té con limón mientras se ponen el azúcar entre los dientes.

1773 — El gravamen impuesto por los ingleses al té que se exporta a Estados Unidos, y que sirve para mantener las guarniciones de la colonia, hace que aquellos se rebelen y organicen el Boston Tea Party (véase en Café).

1774– El rey Jorge III de Inglaterra y el parlamento inglés cierran el puerto de Boston hasta que no les sea reembolsado el importe del té hundido.

1775 — A causa de estos acontecimiento, empieza la Revolución americana.

1800 — En China, el emperador prohíbe el comercio del opio que los ingleses habían introducido a cambio del té chino.

1823 — Se inicia la primera de las cuatro guerras del opio, debido a que los ingleses seguían vendiendo opio a través del puerto de Cantón. Los ingleses se plantean el cultivo de té en la India para asegurarse el suministro, que hasta entonces era casi exclusivo de la China. Fue el mayor inglés Robert Bruce quien descubrió que el té crecía de forma silvestre en Assam, en el norte de la India. No obstante, el gobierno tardaría bastante en reconocer que el comercio del té de Assam era rentable.

1838 — Un pequeño cargamento de té de Assam llega a Londres, donde se considera de muy buena calidad. Se inicia la producción del té en la India.

1840 — Las primeras plantas de té se introducen en Ceilán. Esa década, Ana, duquesa de Bedford, introduce la hora vespertina del té en Inglaterra como un ritual.

1856 — Se planta el primer arbolito del té en Darjeeling, en la India.

1869 — Una epidemia acaba con los cultivos de café de Ceilán y la isla se vuelca en el cultivo del té. Abre el canal de Suez y se acorta el viaje del té hacia Europa.

1870 — Se empiezan a realizar mezclas de tés diferentes para obtener la calidad deseada.

1876 — Thomas Johnstone Lipton abre su primera tienda en Glasgow según los métodos de distribución aprendidos en unos grandes almacenes de Nueva York.

1890 — Thomas Lipton compra el té directamente en Ceilán, para abastecer a sus trescientas tiendas.

1904 — El inglés Richard Blechynden inventa el té helado durante un verano caliente en la Feria de San Luis.

1908 — El importador Thomas Sullivan, de Nueva York, inventa inadvertidamente las bolsitas de té al vender a los clientes el té en pequeñas bolsas de seda.

Fuente: PIONERO, de Teodoro Gómez.

Propiedades del Diamante Variedad del Carbono Dureza Diamante

Propiedades del Diamante
Variedad del Carbono, Dureza

Los diamantes se encuentran en la corteza terrestre en dos tipos diferentes de yacimiento, pero hay, además, diamantes de origen extraterrestre. Estos últimos, los diamantes de los meteoritos, pueden hallarse, de manera indistinta, en los meteoritos pétreos o en los eminentemente metálicos, como el célebre del Cañón del Diablo (Arizona). Al intentar dilucidar el origen de tales piedras preciosas nos encontramos con un hecho de gran interés, y es que la zona superficial de los diamantes meteoriticos aparece convertida en grafito.

Los diamantes extraterrestres poseen tan sólo interés científico, y la totalidad de los utilizados, tanto industrialmente como en joyería, provienen de nuestro planeta. Los yacimientos primarios aparecen constituidos por las denominadas «pipes” en África del Sur, o sea por chimeneas volcánicas de explosión, rellenas de materiales varios triturados y cementados por una lava muy básica de color oscuro —la kimberlita—, en cuyo interior se encuentran las piedras preciosas. Se trata de un tipo de yacimiento muy general, pues es en todo semejante a los encontrados en Katanga, Borneo, Brasil y Arkansas.

diamante bruto

El diamante es un trozo de carbón que recibió mucha presión durante miles de años

Cuando las chimeneas de kimberlita son desmanteladas por la erosión, el arrastre por las aguas y la ulterior sedimentación dan lugar a los yacimientos secundarios o aluvionares. Pueden existir yacimientos secundarios que provengan, a su vez, de otros semejantes: la inalterabilidad y dureza del diamante hacen que resista incólume toda clase de procesos geológicos.

En cuanto al origen de tales piedras preciosas, nada hay definitivamente establecido, pero la teoría de Friedel es quizá la que mejor se adapta a los hechos de observación. Dicha teoría se basa en una aparente contradicción; por una parte, el diamante presenta ciertas anomalías ópticas atribuibles a un cambio de estado alrededor de los 1.88500; por otra parte, en atmósfera inerte, se transforma superficialmente en grafito, a partir de los 1.500 ºC, tal como ocurre con las piedras meteóricas; pues bien, los diamantes naturales que ofrecen las citadas anomalías ópticas y no aparecen grafitizados son realmente paradójicos, todo indica que han alcanzado los 1885 ºC.; y que no han alcanzado los 1.500 ºC.

Para poder explicar tan sorprendente resultado, Friedel admite que los diamantas se han formado en un medio metálico —en donde no ocurre la citada grafitización al pasar por 1500 ºC—, o sea a gran profundidad: la kimberlita no sería más que el agente de transporte que los ha «subido» hasta la superficie. Bannister opina que, habiéndose hallado diamantes en los meteoritos metálicos, que podemos suponer provenientes del núcleo de otros planetas, no es ninguna fantasía buscar el origen de los terrestres en el núcleo de ferroníquel del nuestro.

Si extraordinario es su origen, no lo es menos su precio. Como la inmensa mayoría son de reducidas dimensiones, su peso se da en quilates. Tal unidad se definió como el peso de una semilla de algarrobo; pero resultando aquél un tanto variable según los países y regiones, se adoptó el quilate métrico, que equivale a 0,2 gramos.

El precio del quilate es muy variable: depende del tamaño de la piedra, de sus cualidades y de las oscilaciones de un mercado muy sensible. Como guía, puede indicarse que entre las dos guerras mundiales osciló entre los 100 y los 250 dólares para los diamantes ya tallados. Las piedras de 5 quilates son poco abundantes en manos de particulares, y las de 20 quilates, rarísimas.

El mayor diamante hallado hasta el presente ha sido el Culliman, procedente de la Premier Mine (Transvaal): pesaba, en bruto, 3.024,75 quilates. De su talla salió un ejemplar de 517 quilates —la mayor piedra tallada—, y otros de 310, 92, 62, 18, 11,8, 6 y 4 quilates, más 96 piedras de tamaño reducido.

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Formacion del Diamante El Carbono Propiedades del Carbono y Usos

Formación del Diamante
El Carbono: Propiedades y Usos

A pesar de su compleja belleza, realzada artificialmente por el hombre a través de su tallado y pulido, los diamantes poseen una composición muy simple. Se trata de carbono puro, un elemento químico extraordinariamente común en la Tierra, que en el caso de los diamantes cristaliza en el sistema cúbico (dado los elementos de simetría que presenta). Son dos fuerzas, como el calor extremo y la enorme presión, sumadas al milenario paso del tiempo, las que transforman a ese carbón concentrado en verdaderas joyas aún en bruto.

Este proceso se produce a grandes profundidades, entre 120 y 200 kilómetros bajo tierra, en el que se denomina manto superior del planeta. Allí existe abundancia de carbono, compuesto de diversas moléculas orgánicas. Aquel contexto resulta una caldera de magma hirviendo, con las condiciones ideales para que el carbono comience a transformarse en diamante. Allí, la temperatura supera los 1.000 grados centígrados, y la presión es 50.000 veces más intensa que en la superficie.

El grafito es otro mineral formado de carbono puro, aunque difieren entre sí respecto a su estructura interna. En el caso del diamante, los átomos de carbono están estrechamente conectados a otros mediante enlaces co-valentes, creando una malla atómica de muy alta densidad.

Su disposición atómica explica, a su vez, la conocida dureza que poseen los diamantes, a los que se les asigna el puesto más alto, el número 10, en la escala de Mohs, tabla que de manera ascendente determina la dureza de una serie de minerales. De allí se desprende que un diamante no puede ser rayado por ninguna otra sustancia conocida, salvo otro diamante, así como tampoco casi ningún ácido puede dañarlo.

El elemento químico carbono no sólo aparece en el mundo mineral formando parte de los combustibles, sino que se encuentra, en estado de gran pureza, constituyendo dos minerales muy característicos: cuando cristaliza en el denominado sistema hexagonal forma el grafito; cuando lo hace en el cúbico se tiene el diamante.

Cabe indicar que, aun cuando nadie utilice diamantes como combustible, éstos, por ser carbono puro, se “queman» perfectamente: puestos en atmósfera de oxígeno amen igual que un trozo de carbón; se vuelven rojos, convertidos en ascuas, y, finalmente, desaparecen: se han transformado totalmente en anhídrido carbónico. Experimento algo caro que efectuó, hace ya bastantes años, el célebre químico Lavoisier.

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Otro curioso experimento consiste en someter el diamante, colocado en atmósfera de nitrógeno u otro gas inerte, a la acción del arco voltaico: su sistema de cristalización cambia y se convierte en grafito. Cambio que, por cierto, resulta irreversible.

Aun cuando el diamante ofrece gran variedad de usos industriales, su característica más genuina es ser uña piedra preciosa. Todo el mundo sabe que las piedras preciosas son escasas, bonitas y caras; pero es necesario precisar una serie de particularidades para definirlas con propiedad.

La primera de ellas es la inalterabilidad: se comprende que algo de elevado precio, utilizado como joya, deba ser resistente al ataque de cualquier agente. Esta propiedad la presenta, en grado elevado, el diamante; en efecto, sólo se disuelve, en frío, en la mezcla de ácido sulfúrico y bicromato potásico, y, en caliente, en los carbonatos de sodio y de potasio fundidos, en los que es a todas luces imposible que nadie meta una mano ornamentada con un diamante.

La segunda propiedad es la dureza. Mal podría cotizarse a elevado precio algo que se desgastara con facilidad. El diamante la posee en grado superlativo, siendo la sustancia de origen natural más dura que se conoce; lo cual no impide que sea extraordinariamente frágil: si cae simplemente al suelo, según el choque, puede romperse en mil pedazos.

Las demás propiedades son de tipo óptico, y el hombre ha tardado bastantes años en saber aprovecharlas. Extraordinariamente importante es que posea un índice de refracción elevado, lo cual significa que los rayos luminosos sufren un importante cambio de dirección al penetrar en la sustancia. El fuerte brillo de las piedras preciosas se debe, pues, no solamente a la luz que se refleja sobre ellas, sino a la que, entrando por sus bordes y por su parte inferior, sale, gracias al cambio de dirección mencionado, por la parte superior. Esto no ocurre siempre, cualquiera que sea la forma en que se haya tallado el diamante, sino únicamente cuando se ha efectuado la talla en brillante. Los ángulos diedros se calculan ahora matemáticamente.

Tal sistema de tallado, prácticamente el único utilizado hoy en día, fue inventado por Luis de Berquen, natural de Brujas. Había ensayado con piedras pequeñas, pero buscaba unos diamantes grandes para la prueba definitiva. Resultó que Carlos el Temerario poseía tres soberbias piedras y las ofreció en condiciones muy precisas: si salía bien y brillaban más, Luis de Berquen obtendría 3.000 ducados; si salían mal y se rompían, Luis de Berquen perdería la cabeza. Era altamente peligroso el pacto, pues ello ocurría en 1476 y no se disponía de medio alguno para realizar un estudio previo y ver la forma exacta de dar los golpes; pero el de Brujas lo aceptó. La aventura salió bien.

Finalmente, el diamante tiene otra propiedad, asimismo óptica: posee una fuerte dispersión, o sea que en él las desviaciones de la luz de diferentes colores son apreciablemente diferentes. Tal fenómeno produce las extraordinarias irisaciones coloreadas de esta piedra preciosa.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

Los diamantes se encuentran en la corteza terrestre en dos tipos diferentes de yacimiento, pero hay, además, diamantes de origen extraterrestre. Estos últimos, los diamantes de los meteoritos, pueden hallarse, de manera indistinta, en los meteoritos pétreos o en los eminentemente metálicos, como el célebre del Cañón del Diablo (Arizona). Al intentar dilucidar el origen de tales piedras preciosas nos encontramos con un hecho de gran interés, y es que la zona superficial de los diamantes meteoríticos aparece convertida en grafito.

Los diamantes extraterrestres poseen tan sólo interés científico, y la totalidad de los utilizados, tanto industrialmente como en joyería, provienen de nuestro planeta. Los yacimientos primarios aparecen constituidos por las denominadas «pipes” en África del Sur, o sea por chimeneas volcánicas de explosión, rellenas de materiales varios triturados y cementados por una lava muy básica de color oscuro —la kimberlita—, en cuyo interior se encuentran las piedras preciosas. Se trata de un tipo de yacimiento muy general, pues es en todo semejante a los encontrados en Katanga, Borneo, Brasil y Arkansas.

Cuando las chimeneas de kimberlita son desmanteladas por la erosión, el arrastre por las aguas y la ulterior sedimentación dan lugar a los yacimientos secundarios o aluvionares. Pueden existir yacimientos secundarios que provengan, a su vez, de otros semejantes: la inalterabilidad y dureza del diamante hacen que resista incólume toda clase de procesos geológicos.

En cuanto al origen de tales piedras preciosas, nada hay definitivamente establecido, pero la teoría de Friedel es quizá la que mejor se adapta a los hechos de observación. Dicha teoría se basa en una aparente contradicción; por una parte, el diamante presenta ciertas anomalías ópticas atribuibles a un cambio de estado alrededor de los 1885ºC; por otra parte, en atmósfera inerte, se transforma superficialmente en grafito, a partir de los 1.500 ºC, tal como ocurre con las piedras meteóricas; pues bien, los diamantes naturales que ofrecen las citadas anomalías ópticas y no aparecen grafitizados son realmente paradójicos, todo indica que han alcanzado los 1885 ºC.; y que no han alcanzado los 1.500 ºC.

chimenea natural diatrema

Los diamantes se obtienen, en gran medida, de chimeneas naturales llamadas diatremas,
provocadas por erupciones volcánicas y formadas de rocas kimberlitas.

Para poder explicar tan sorprendente resultado, Friedel admite que los diamantas se han formado en un medio metálico —en donde no ocurre la citada grafitización al pasar por 1500 ºC—, o sea a gran profundidad: lakimberlita no sería más que el agente de transporte que los ha «subido» hasta la superficie. Bannister opina que, habiéndose hallado diamantes en los meteoritos metálicos, que podemos suponer provenientes del núcleo de otros planetas, no es ninguna fantasía buscar el origen de los terrestres en el núcleo de ferroníquel del nuestro.

Si extraordinario es su origen, no lo es menos su precio. Como la inmensa mayoría son de reducidas dimensiones, su peso se da en quilates. Tal unidad se definió como el peso de una semilla de algarrobo; pero resultando aquél un tanto variable según los países y regiones, se adoptó el quilate métrico, que equivale a 0,2 gramos.

El precio del quilate es muy variable: depende del tamaño de la piedra, de sus cualidades y de las oscilaciones de un mercado muy sensible. Como guía, puede indicarse que entre las dos guerras mundiales osciló entre los 100 y los 250 dólares para los diamantes ya tallados. Las piedras de 5 quilates son poco abundantes en manos de particulares, y las de 20 quilates, rarísimas.

El mayor diamante hallado hasta el presente ha sido el Culliman, procedente de la Premier Mine (Transvaal): pesaba, en bruto, 3.024,75 quilates. De su talla salió un ejemplar de 517 quilates —la mayor piedra tallada—, y otros de 310, 92, 62, 18, 11,8, 6 y 4 quilates, más 96 piedras de tamaño reducido.

El diamante «perfecto» Sinónimos de belleza y perfección, poseer un diamante es también símbolo de poder monetario. Prueba de ello quedó una vez más en evidencia durante una subasta organizada por la casa de remates Christie’s, en Suiza, en mayo de este año. Allí, un particular compró en la cifra récord de 26,7 millones de dólares, un diamante de 101,73 quilates al que se bautizó «Perfección absoluta», dada su talla, transparencia, forma y pureza (en la foto, sostenido por una modelo). Fue encontrado en una mina de Botswana, África, y luego sometido a un tallado que requirió 21 meses de labor. La pieza fue clasificada por el Instituto Americano de Gemología como un diamante «del mejor color, incomparable transparencia, forma perfectamente simétrica y sin defectos».

ALGO MAS SOBRE SU DUREZA:
El más duro:
A pesar de su compleja belleza, realzada artificialmente por el hombre a través de su tallado y pulido, los diamantes poseen una composición muy simple. Se trata de carbono puro, un elemento químico extraordinariamente común en la Tierra, que en el caso de los diamantes cristaliza en el sistema cúbico (dado los elementos de simetría que presenta).

Son dos fuerzas, como el calor extremo y la enorme presión, sumadas al milenario paso del tiempo, las que transforman a ese carbón concentrado en verdaderas joyas aún en bruto. Este proceso se produce a grandes profundidades, entre 120 y 200 kilómetros bajo tierra, en el que se denomina manto superior del planeta. Allí existe abundancia de carbono, compuesto de diversas moléculas orgánicas.

Aquel contexto resulta una caldera de magma hirviendo, con las condiciones ideales para que el carbono comience a transformarse en diamante. Allí, la temperatura supera los 1.000 grados centígrados, y la presión es 50.000 veces más intensa que en la superficie.

El grafito es otro mineral formado de carbono puro, aunque difieren entre sí respecto a su estructura interna. En el caso del diamante, los átomos de carbono están estrechamente conectados a otros mediante enlaces covalentes, creando una malla atómica de muy alta densidad.

Su disposición atómica explica, a su vez, la conocida dureza que poseen los diamantes, a los que se les asigna el puesto más alto, el número 10, en la escala de Mohs, tabla que de manera ascendente determina la dureza de una serie de minerales. De allí se desprende que un diamante no puede ser rayado por ninguna otra sustancia conocida, salvo otro diamante, así como tampoco casi ningún ácido puede dañarlo.

Quizás eso explica el origen etimológico de su nombre, además, que proviene del griego y refiere a invencible. Aunque también es cierto que los diamantes pueden resultar frágiles ante un impacto directo contra una superficie dura.

Su resistencia al calor es sorprendente. Su punto de fusión es dos veces y medio más alto que el del acero. Se necesitan casi 4.000 grados para fundir esta piedra.

Además, los diamantes ostentan el índice de refracción más alto entre las piedras transparentes naturales. A su vez, la dispersión de la luz blanca al ingresar en su interior es tan fuerte, que produce destellos deslumbrantes.

Fuente: Revista Diario de National Geographic N°42 La Piedra Más Preciosa

UN POCO DE HISTORIA
EL DESCUBRIMIENTO DEL CARBONO

Los autores del experimento fueron dos investigadores italianos: José Averani y Cipriano Targioni, discípulos del gran Galileo. Pusieron bajo el calor de los rayos solares, pasados a través de una lente, algunos diamantes puestos a su disposición por la generosidad del duque Cosme III de Médicis. Su relato fue el siguiente:

«El diamante, considerado por todos de tal dureza que no hay fuerza alguna que consiga dominarlo, resiste menos que las demás piedras preciosas a la acción del fuego. Ya que donde las demás piedras poco o nada llegan a consumirse, el diamante desaparece totalmente». En efecto, lo que más había asombrado a les dos académicos era el hecho de que los diamantes se hubieran volatilizado completamente, sin dejar el menor residuo de cenizas o escoria. La cosa, por el momento, quedó sin ninguna explicación que resultara medianamente aceptable.

Para que se hiciera algún progreso en este campo hubo que esperar, casi un siglo después, los trabajos del gran químico francés Lavoisier. También él probó calentar algunas de aquellas piedras, pero manteniéndolas encerradas en un recipiente del cual se había sacado totalmente el aire. Las piedras se recalentaron violentamente, pero no se volatilizaron y, después de la experiencia, permanecían allí, intactas, no obstante haber sufrido una altísima temperatura.

Lavoisier repitió el experimento; pero en esta oportunidad, sobre los diamantes incandescentes, insufló un fuerte chorro de oxígeno: súbitamente las piedras ardieron y se convirtieron en gas. Lavoisier no fue capaz de identificar el gas formado por la combustión de los diamantes, pero observó que dicho gas tenía las mismas propiedades que el anhídrido carbónico que se formaba quemando carbón; y llegó a la conclusión de que entre los diamantes y el carbón debía existir un cierto… parentesco que parecía ser bastante cercano.

Desdichadamente, Lavoisier cayó víctima de la Revolución Francesa y no pudo continuar con sus experimentos. Fue el químico inglés Tennant, pocos años después de la muerte de Lavoisier, quien verificó que la cantidad de gas que se formaba quemando un peso igual de carbón y de diamantes era idéntica. Aquel gas era pues, sin duda, anhídrido carbónico; conclusión: el carbón y los diamantes estaban formados por la misma sustancia: el carbono.

UNA CURIOSIDAD ARGENTINA
Películas de dureza similar a la del diamante
Un grupo interdisciplinario de científicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) desarrolló una película de dureza similar a la del diamante, que se estima tendrá múltiples aplicaciones industriales. Su valiosa peculiaridad es que puede obtenerse en forma sencilla y económica a partir de un compuesto insólito: el metano, más conocido como «gas de los pantanos»‘.

Mas allá de su valor como piedra preciosa, el diamante posee una interesante variedad de propiedades que lo transforman en un material de gran interés tecnológico. Estas propiedades son: la dureza (es el material más duro conocido), su transparencia óptica, su capacidad de aislación eléctrica y el hecho de ser el mejor conductor térmico.

Estas particularidades hacen de él un material de características únicas, atractivo para aplicaciones muy variadas, que van desde los revestimientos resistentes al desgaste para componentes ópticos y mecánicos, hasta su empleo como materia prima para la fabricación de semiconductores.

Muchos laboratorios de países tecnológicamente desarrollados se lanzaron a la búsqueda de técnicas que permitan fabricar películas delgadas de diamante o con propiedades parecidas a él. Los métodos empleados son diversos, pero comparten una desventaja: la mayoría requiere que la superficie a recubrir se encuentre a altas temperaturas (1.000 °C) y/o presión (miles de atmósferas), característica que encarece el proceso.

Algunos métodos producen películas policristalinas de diamante, es decir, pequeños diamantes de dimensiones micrométricas, uno al lado del otro. Otros logran superficies homogéneas con características similares a la piedra preciosa.

En la Argentina, los científicos de la CNEA obtuvieron una delgada película de diamante mediante un procedimiento ya conocido, pero lo juzgaron poco aplicable a la industria porque persisten los problemas de homogeneidad y adherencia, además de los ya mencionados de temperatura y presión. Se volcaron, entonces, a los filmes con características similares a las del diamante (diamond-like films) y lograron desarrollar un método que puede ser aplicado a la industria en forma inmediata. El revestimiento desarrollado por los investigadores de la CNEA se obtiene mediante la ionización y posterior fragmentación de las moléculas de metano. Una vez separados, se impulsan sus componentes con una determinada energía, que les permite implantarse en el material a recubrir con una extremada adherencia.

Las películas que se obtienen tienen espesores de alrededor de una milésima de milímetro y se adaptan a casi todo tipo de material y superficie, otorgándoles gran dureza superficial y resistencia al desgaste. Se ha probado sobre diferentes materiales como plástico, vidrio, silicio, acero, y el resultado ha sido óptimo. El hecho de que la película tenga una muy elevada resistencia al desgaste, una alta conductividad térmica (es tres veces mejor conductor que el cobre), que sea aislante eléctrico, inerte químicamente y constituido por carbono, abre las puertas para su potencial aplicación en herramientas, prótesis quirúrgicas, lentes, trépanos, rodamientos, etcétera.

Con el diamante como protagonista, el valioso aporte argentino ha abierto otra puerta a la ciencia de los materiales y al desarrollo tecnológico.

Fuente:  Trabajando y produciendo para el país. Comisión Nacional de Energía Atómica, Buenos Aires