El Ferrocarril Argentino

El Juicio a las Juntas Militares Condena a los Dictadores Resumen

RESUMEN HISTÓRICO DEL JUICIO A LAS JUNTAS DE GOBIERNO EN ARGENTINA

El 24 de marzo de 1976 una Junta de Comandantes asumió el poder en Argentina. Designó como presidente a Jorge Rafael Videla, dispuso que el futuro gobierno lo compusieran la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea con igual participación y comenzó el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que duraría de 1976 a 1983. A lo largo de esos años, pensar distinto podía costar la vida tanto del «subversivo» como de su entorno familiar y afectivo.

La Junta Militar además de imponer un sistema impuso también su propio lenguaje y para encubrir las acciones de secuestro, tortura y asesinato de ciudadanos inventó la figura de «los desaparecidos», asegurando que en lugar de víctimas había gente que desaparecía por propia voluntad.

La mayoría de los desaparecidos eran jóvenes menores de 35 años, obreros o estudiantes y, por lo general, se les detenía en su domicilio durante la noche. La guerra sucia se cobró la vida de 30.000 desaparecidos. Eran secuestrados que no estaban en ningún sitio, y de los que nada volvía a saberse; simplemente dejaban de existir.

En 1982 para el candidato a la presidencia por el partido radical, Dr. Raúl Alfonsín, la represión de la Junta Militar había sido un acto brutal y salvaje y era necesario que la Justicia juzgara a todos responsables y no la historia, encargada de revisar y analizar el pasado.

Tan pronto asumió Alfonsín, el gobierno hizo explícita su voluntad de indagar los crímenes cometidos por la dictadura -distinguiendo, sin embargo, entre las Fuerzas Armadas «como institución» y los miembros de las juntas militares-, al tiempo que abolía la censura y alentaba el retorno de intelectuales, artistas y científicos exiliados. Durante estos primeros años, se hicieron presentes en varias oportunidades los rumores de un golpe de Estado.

Por ejemplo, a comienzos de 1985, ante versiones golpistas, el gobierno organizó una movilización popular con el objetivo central de fortalecer el sistema.

Uno de los primeros actos del gobierno de Alfonsín fue la constitución de una comisión para investigar los crímenes de la dictadura. En 1984 comenzó la tarea de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que tenía como objetivo reunir antecedentes y pruebas referidas a la represión ilegal y al terrorismo de Estado. Después de nueve meses de trabajo, bajo la dirección de Ernesto Sabato, la CONADEP entregó su informe, publicado más tarde con el título de Nunca Más, que probó casi 9.000 casos de desaparición forzada de personas.

JUICIO A las juntas militares argentina

En 1983, Alfonsín advirtió rápidamente que para concretar la democracia debía subordinar las FF.AA. al poder civil. Sin embargo, los militares no aceptaron las reglas de juego democráticas y en reiteradas oportunidades, distintos sectores del ejército se sublevaron: Semana Santa (1987), Monte Caseros (enero de 1988) y Villa Martelli (diciembre de 1988).

El 10 de diciembre, luego de los años del terrorismo de Estado, Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la Nación. Su gobierno enfrentaba dos grandes grupos de problemas: la consolidación de la democracia y su difusión en todos los ámbitos de la sociedad, por un lado, y la relación con las Fuerzas Armadas, desacreditadas en su «razón de ser» por la reciente derrota a manos del ejército británico en el Atlántico Sur. Sobre el gobierno también pesa la herencia de la deuda externa.

El 15 de diciembre, Alfonsín sancionó los decretos 157/83 y 158/83. Por el primero, se ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras ERP y Montoneros. Por el segundo, se ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas. El mismo día creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), integrada por personalidades apartidarías como el escritor Ernesto Sabato, la militante por los derechos humanos Graciela Fernández Meijide o el rabino norteamericano residente en la Argentina Marshall T. Meyer, entre otros.

Su misión es la de relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones a los derechos humanos con el objetivo de fundar un juicio civil a las juntas militares. También ese día, Alfonsín envió al Congreso un proyecto de ley declarando nula la llamada Ley de Autoamnistía, dictada por el gobierno militar. Una semana después, el proyecto fue sancionado como Ley 23.040, la primera ley de la nueva etapa democrática.

El proceso de desmilitarización del Estado continuó durante la presidencia de Carlos Menem. El nuevo presidente logró la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil. Con su política de achicamiento del Estado, también redujo a ese grupo de poder y presión. En diciembre de 1990, se produjo el cuarto levantamiento carapintada, encabezado por Mohamed Seineldín.

El presidente impuso su autoridad y consiguió que los insurrectos fueran reprimidos por las fuerzas leales. Seineldín fue condenado a cadena perpetua. A partir de ese momento, los militares se alejaron de la práctica política.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, al cumplirse el plazo otorgado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas para que procediera al juzgamiento de las tres primeras juntas militares sin que se avanzara sobre el tema, la causa pasó a la justicia civil. El paso no carecía de riesgos; la organización de las Fuerzas Armadas poco había variado en el año y medio transcurrido desde el retiro del gobierno militar, y continuaban convencidas de haber actuado correctamente.

Para la defensa de los imputados, había dos caminos de justificación de ls hechos, por un lado entender que había un estado de guerra en que era necesario implementar esos actos y medidas especiales y por el otro declarar como anticonstitucional el juicio, porque se los juzgabas fuera del ámbito militar.

El Tribunal estuvo compuesto por los jueces de la Cámara Federal Carlos Arslanian, Jorge Torlasco, Andrés DAlessio, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Valerga Aráoz y Guillermo Ledesma.

El juicio estuvo acotado a 711 casos testigo, porque solo fueron considerados los homicidios en los casos en que se encontraron los cuerpos y en que se podía demostrar que el asesinato había ocurrido por acciones u omisiones de los comandantes. De manera que el juicio no contempló el tema de los desaparecidos que continuaban en esa condición.

En la sala de audiencias se vivieron momentos muy dramáticos al escucharse los centenares de testimonios de los sobrevivientes y familiares de las víctimas.El gobierno trató de darle un perfil bajo a la difusión de los juicios. La televisión, estatal en su mayoría, nunca transmitió en vivo desde la sala del juicio y se limitó a transmitir unos pocos minutos por día de imágenes sin el audio original, que era reemplazado por la voz en off de un locutor que hacía una síntesis de lo declarado.

Esta actitud del gobierno contrastaba con la enorme difusión que tuvo el desarrollo del juicio en el mundo. Fue noticia de tapa de los principales diarios que enviaros sus corresponsales para seguir de cerca el proceso.

El 9 de diciembre de 1985 la Cámara dio a conocer las sentencias. En la fundamentación dejaron constancia que «se trató de un plan criminal organizado desde el Estado».

Se dictaminó la prisión perpetua para Videla y Massera, 17 años de prisión para Viola, al almirante Lambruschini 8 años y 4 años para Agosti. Los cuatro restantes comandantes, Graffigna, Galtieri, Anaya y Lami Dozo fueron absueltos.

Junta Militar Argentina en 1976

La mayoría de los desaparecidos eran jóvenes menores de 35 años, obreros o estudiantes y, por lo general, se les detenía en su domicilio durante la noche. La guerra sucia se cobró la vida de 30.000 desaparecidos. Eran secuestrados que no estaban en ningún sitio, y de los que nada volvía a saberse; simplemente dejaban de existir.

El punto 40 de la sentencia contariaba la política de Alfonsín que quería dar por concluido los juicios y dejaba abierta la posibilidad de continuar investigando y juzgando hacia abajo en la jerarquía militar y condenar a los jefes de zonas y subzonas militares y a los ejecutores directos de la represión.

Todas las penas íueron acompañadas de inhabilitación absoluta perpetua y destitución; los camaristas ya habían decidido de antemano absolver a los cinco acusados restantes. En todos los cargos se había optado por condenar por medio de la ley más benigna. Los casos sólo se consideraron probados si existían tres pruebas indiciarías.

Se descartaron cargos, en algunos casos por razones paradójicas: no se condenó a nadie por falsedad ideológica, por ejemplo, porque en la inmensa mayoría de las respuestas a los hábeas corpus las policías y el Ministerio del Interior habían respondido mediante documentos sellados, pero sin forma legal. No se condenó por robo de bebés porque la Cámara consideró que el número de acusaciones no era suficiente para probar un método concertado. La pertinaz tarea de los organismos humanitarios, especialmente de Abuelas de Plaza de Mayo, no fue atendida.

Había ocurrido lo inimaginable: un tribunal civil había condenado la acción de quienes habían detentado el poder absoluto en la Argentina. El juicio más conmovedor y significativo de la historia nacional, cuyas audiencias habían durado 900 horas, que había reunido a 672 periodistas, 833 testigos (546 hombres y 287 mujeres, entre ellos 64 militares y 14 sacerdotes) y producido tres toneladas de expedientes de los que formaban parte 4.000 hábeas corpus o denuncias de desaparición de Capital Federal, 5.000 del interior del país y 4.000 reclamos diplomáticos, terminó el 9 de diciembre.

ALEGATO DEL FISCA STRASSERA

Fiscal StrasseraEste proceso ha significado, para quienes hemos tenido el doloroso privilegio de conocerlo íntimamente, una suerte de descenso a zonas tenebrosas del alma humana […]. No son las Fuerzas Armadas las que están en el banquillo de los acusados, sino personas concretas y determinadas a las que se endilgan delitos concretos y determinados.

No es el honor militar lo que está en juego, sino precisamente los actos reñidos con el honor militar!…]. Por todo ello, finalmente, este juicio y esta condena son importantes y necesarios para las víctimas que reclaman y los sobrevivientes que merecen esta reparación […]. Señores jueces: Quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria.

Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: NUNCA MÁS.

El diario del juicio. Buenos Aires, Perfil, 1986.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Estela de Carlotto, presidente de la abuelas de Plaza de Mayo.

DETENCIÓN DEL EXDICTADOR VIDELA POR ROBO DE BEBES

En el marco de la causa N° 1.284/85 del Juzgado Federal de San Isidro N°1, a cargo del juez federal Roberto Marquevich, en la que se investiga puntualmente la apropiación de dos menores por parte del matrimonio conformado por Norberto Afilio Bianco y Nilda Susana Wherly, dicho magistrado decretó el procesamiento de Videla y lo llamó a prestar declaración indagatoria en los términos del artículo 236 primera parte, del Código de Procedimientos en Materia Penal, Ley 2.372, por la implementación del plan sistemático de sustracción de menores, y dictó su prisión preventiva. También dispuso que la investigación de los hechos atribuidos al matrimonio Bianco-Wherly pasaran a tramitar por otro sumario.

En los considerandos de dicha resolución se expresa entre otras cosas que «a partir del desplazamiento de las autoridades constitucionales y la instalación del gobierno de facto el 24 de marzo de 1976, Jorge Rafael Videla en su calidad de comandante en jefe del Ejército Argentino ordenó un plan sistemático destinado al apoderamiento de menores, en el marco de las actividades de contrainsurgencia realizadas por la fuerza…».

Fue el 15 de junio cuando el juez federal decidió convertir la detención de Videla en prisión preventiva por considerarlo ‘»prima facie» autor mediato penalmente responsable de los delitos de sustracción, ocultación y retención de un menor de diez años (cinco hechos) en concurso real con el delito falsificación ideológica de documento público destinado a acreditar la identidad de las personas (cuatro hechos) en concurso real con el delito de falsificación ideológica de documento público (nueve hechos), concurriendo estos dos últimos en forma ideal con el delito de supresión del estado civil de un menor de diez años (cinco hechos); previstos y reprimdos por los artículos 45, 54, 55, 139, inc.2, 146 y 293, 1er. y 2do. párrafo, del Código Penal».

Si bien Videla pasó sólo un mes en la cárcel de Caseros, dado que por tener más de 70 años se le concedió luego la prisión domiciliaria, lo importante fue que esta medida fue dictada pese a la impunidad que impulsaban las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sancionadas en 1986 y 1987, ya que había quedado fuera del alcance de las mismas el delito de apropiación de menores. Esto implicó que las Abuelas de Plaza de Mayo aprovecharan dicha fisura del sistema judicial para continuar con su inclaudicable lucha y lograr la condena de los responsables por la apropiación de sus nietos.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fasc. N° 9 período 1970-1989 y Fasc. N° 10 período 1990-2010
Cuatro Décadas de Historia Argentina (1966-2001) Dobaño – Lewkowicz
Historia La Argentina Contemporánea Polimodal A-Z Pigna-Dino-Mora-Bulacio-Cao

Biografia de Julio Argentino Roca Conquista del Desierto Indios

Biografía de Julio Argentino Roca

biografia de roca argentinoJulio Argentino Roca
Nació en Tucumán en 1843. Fue presidente de la Argentina durante los períodos: entre 1880 y 1886, y entre 1898 y 1904. Murió en Buenos Aires en 1914.

Durante su primer gobierno, Roca explicó que «la práctica de la libertad de las instituciones federales, sin revueltas ni motines, hace el estado normal del país, debido «principalmente a los progresos de la razón pública, que ha comprendido por dolorosas experiencias que el desorden trae siempre consigo la pobreza, el atraso y el descrédito».

Julio Argentino Roca influyó durante casi 60 años en la política nacional, ya que su hijo Julito fue vicepresidente del General Justo hasta 1938 y firmante del famoso tratado Roca-Runciman -después que su padre canceló el empréstito de la Baring Brothers contraído por Rivadavia un siglo antes-, para consolidar la «granja del imperio», según sus propias palabras.  Para lo cual se valieron también del no menos célebre «fraude patriótico».

Julio Argentino Roca fue dos veces presidente de los argentinos.  Héroe militar en la «Conquista del Desierto».  Político de fuste, personaje discutido, fiel exponente de la «generación del ochenta».  Fue uno de los hombres más polémicas de nuestra historia y paradójicamente, uno de los menos conocidos.

Roca nació en Tucumán, el 17 de julio de 1843.  Siendo muy joven luchó en la Batalla de Pavón, en el Ejército de la Confederación comandado por Urquiza.  Años después, se alistó en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.  También combatió los levantamientos de el gobierno central.  Coincidencia o no, Roca aparece siempre del lado del poder.

En 1872, siendo presidente Domingo F. Sarmiento, Roca es ascendido a Coronel y trasladado a Río Cuarto, como jefe de frontera en la lucha contra el indio.  Allí contrae matrimonio con Clara Funes.  Este acontecimiento ‘social significó su ingreso a la aristocracia cordobesa y la plataforma para su despegue.  Otra de las claves de su ascenso político fue su prestigio militar.

Con 31 años, en 1874, Roca ya era General, y desde la Comandancia de Frontera del Interior, criticaba el Plan del Ministro Alsina para luchar contra los indios y adelantaba las bases de lo que sería su plan de campaña para conquistar el desierto.  Por entonces, Roca le escribía al Ministro de Guerra: «A mi juicio, el mejor sistema para concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del Río Negro, es el de la guerra ofensiva».

Muerto Alsina en 1877, el presidente Nicolás Avellaneda designó a Roca Ministro de Guerra. Éste, preparó una caballería con 6.000 hombres y desde julio de 1878 realizó una verdadera «razzia» en el desierto, que dio como resultado 4 caciques presos, 1.250 indios muertos y más de 3.000 prisioneros.  La segunda campaña se realizó en 1879,como fotógrafo y corresponsal periodístico incluido.  Cuando la expedición finalizó, la amenaza del indio había sido extinguida y se habían capturado 20.000 leguas de tierras aptas para la agricultura y la ganadería.  Con la Campaña del Desierto Roca ganó popularidad y allanó su camino a la presidencia, cargo al que accedería con tan sólo 37 años.

La primera presidencia transcurre entre 1880 y 1886.  En ese período se crea el Banco Hipotecario Nacional, se sancionan los Códigos Penal y de Minería y se dictan las leyes de Registro Civil, de Matrimonios y de Educación.  Esta última (ley 1.420) establecía la enseñanza laica, gratuita y obligatoria y además incorporaba la educación rural, la enseñanza para adultos, las escuelas para sordomudos y la modificación de programas y métodos de enseñanza.

El objetivo era bajar los índices de analfabetismo y contribuir a la construcción de un «ser nacional» en una sociedad fuertemente marcada por el aporte inmigratorio.  Los resultados fueron asombrosos.  En pocos años, el sistema de enseñanza primaria de la Argentina se ubicaba entre los mejores del mundo.

Por esa época se incorporan al territorio nacional las regiones del Chaco, Formosa, La Pampa y la Patagonia.  La expansión geográfica fue acompañada de un incremento poblacional, ya que la libertad de cultos y la igualdad de derechos civiles estimularon la llegada de nuevas corrientes inmigratorias.

En materia de infraestructura, se comenzó la construcción del puerto de Buenos Aires. Durante la primera presidencia de Roca Aires y se extendieron los ferrocarriles.  El comercio exterior alcanzó cifras no registradas hasta entonces.  El país se desarrolló en pocos años de una manera notable.

Roca, en una carta dirigida a Miguel Cané al promediar su mandato, escribía: «Por fin tenemos un gobierno dotado de todos los instrumentos necesarios para conservar el orden y la paz; sin menoscabo de la libertad y los derechos legítimos de todos. Éste ha sido mi principal objetivo desde los primeros días.  La revolución, el motín o el levantamiento ya no son ni serán un frase lo pinta a Roca de cuerpo entero.«

La primera presidencia de Roca arrojó como saldo una vasta obra de gobierno, más allá de las objeciones que se le puedan hacer al modelo de país impulsado por esa «generación del ’80»,que por ser exclusivamente agroexportador, nos puso en desventaja y en relación de dependencia con respecto a los países industrializados.

Al finalizar su mandato, Roca usó su influencia para que el sucesor fuera su concuñado, Miguel Juárez Celman, de quien no dudó en despegarse cuatro años después, cuando la revolución de 1890. Comenzó su segunda presidencia en 1898, en circunstancias muy distintas a las de su primer mandato, que pusieron a prueba su temple y capacidad de conducción.

PROGRESO TECNOLÓGICO: se establece en Buenos Aires el primer servicio telefónico, con sólo 20 abonados. Funcionó en un local de la calle Florida 24, y fue instalado por la Societé Du Pain Telephone de Loch. La primera línea directa entre residencia y residencia fue propiedad del presidente Roca, desde su despacho presidencial a su casa de la calle San Martín 577. Se realizó, también, la primera comunicación a larga distancia: el ministro Bernardo de Irigoyen logró llamar a Chivilcoy.

INMIGRACIÓN: entre 1880 y 1886 entraron al país 483.524 personas; regresaron 106.653 y
el resto quedaron radicadas.

EDUCACIÓN: el Congreso sancionó la ley 1420 de enseñanza gratuita, laica y obligatoria, antecedida de una fuerte polémica con la Iglesia católica, al igual que la ley que creó el Registro Civil en todo el país. Hasta entonces los casamientos, nacimientos y defunciones eran registrados por el clero.

El conflicto limítrofe con Chile obligó en 1901 a la sanción de la Ley Richieri, que establecía el servicio militar obligatorio.  Como respuesta a las fuertes huelgas y al activismo permanente de anarquistas y socialistas, Roca implementó la «ley de residencia extranjera» que permitía expulsar del territorio nacional a todo extranjero que derecho sagrado de los pueblos».  La que el presidente Roca era un caudillo cometiese delitos de derecho común, perturbara el orden público o comprometiese la seguridad nacional.  A esta ley le siguió la declaración del estado de sitio.

En 1904, lejos de los tiempos de «Paz y administración», Roca concluye su mandato.  La Ley Sáenz Peña, el triunfo del radicalismo y la presidencia de Hipólito Irigoyen, marcarían una nueva etapa.  Roca no alcanzó a ser testigo de esos cambios.  Murió el 19 de octubre de 1914.

La mayoría de los historiadores dicen pragmático, un hábil político, un conservador inteligente y un conocedor sagaz de las debilidades ajenas.  Y que por eso la gente se acostumbró a llamarlo «el zorro».

Cualquier semejanza de este retrato histórico con algún dirigente político de actualidad es pura coincidencia.

LA CONQUISTA DEL DESIERTO: Desde la presidencia de Mitre existía la idea de recuperar la frontera del río Negro para asegurar las poblaciones pampeanas de los ataques indígenas y dar nuevos campos a la explotación. Los sucesos del país habían impedido concretar la idea. Durante la presidencia de Avellaneda la presión popular se hizo mayor como consecuencia de los aportes inmigratorios y de los malones indígenas.

El ministro de Guerra Alsina tomó el asunto en sus manos y en 1875 propuso un plan de acción: avanzar la línea de la frontera sur ocupando lugares estratégicos y levantando en ellos poblaciones, de modo de hacer imposible a los indios permanecer en la zona. (…)

Consultado el general Roca, comandante de la frontera oeste y con larga experiencia en la materia, impugnó la esencia del proyecto. La línea de fortines era ineficaz y dejaba el desierto a sus espaldas; era muy costosa, se necesitaba mucha tropa y ésta se desmoralizaba en la inactividad del fortín.

La solución estaba en buscar a los indios en sus bases, por medio de una ofensiva continuada con tropas bien montadas, que serían oportunamente relevadas por fuerzas de refresco de modo de no dar tiempo a los indios para reponerse. De ese modo, mucho más eficaz que una zanja como obstáculo defensivo, se podía empujárselos hasta el río Negro.

Las opiniones se dividieron. Pero Roca era sólo comandante de frontera y se impuso el plan del Ministro. El cacique Namuncurá, jefe de una verdadera confederación de tribus e informado de estos planes quiso neutralizarlos con una gran invasión en el verano 1875-76.

Cuatrocientas leguas cuadradas desde Alvear a Tandil fueron arrasada; por los salvajes que usaron en es; ocasión carabinas y revólveres. Cinco recios combates los contuvieron causándoles serias bajas.

Por fin, e 11 de abril de 1876, quedó ocupad; la línea fijada por Alsina. El resulta do fue superior al esperado, pues despojó a los indios de las mejore: tierras de pastoreo para su ganado } su caballada de guerra. Alsina programo entonces campañas primitivas inspiradas en el plan de Roca cuando le sorprendió la muerte.

Su sucesor, Roca, volvió a su propío plan. Hasta mediados de 1878 lo: indios habían sufrido un castigo tremendo y su gente de guerra no llegaba a 2.000 lanzas. Roca preparó 6.00( hombres de caballería móvil, bien armados, y desde julio de 1878 realizó una verdadera razzia en el desierto que dio como saldo 4 caciques presos, 1.250 indios muertos, más di 3.000 prisioneros y otros 3.300 se presentaron voluntariamente. El poder indígena había sido quebrantado definitivamente. Roca inició la según da campaña en abril de 1879, que ahora constituyó un «paseo militar».

CARLOS ALBERTO FLORIA
Y CÉSAR A. GARCÍA BELSUNCE,
HISTORIA DE LOS ARGENTINOS.

Revista Perspectiva
Director: Raúl Fusari
Lic.  Ariel R. Levatti Periodista.  Docente universitario.  Secretario de Redacción de la Agencia Radiofónica de Comunicación de la Universidad Nacional de Entre Ríos.  Secretario de Prensa de la Municipalidad de Esperanza.

La Inmigracion en Argentina Inmigrantes europeos en Argentina

La Inmigracion en Argentina
Inmigrantes europeos en Argentina

En las últimas décadas del siglo XIX se produjeron profundas transformaciones en la sociedad argentina. Se registró un vertiginoso crecimiento numérico de la población del país, que estaba relativamente poco poblado. El origen de este crecimiento fue la llegada masiva de inmigrantes de origen europeo.—en 1869, el 12,1% de los habitantes de la Argentina eran extranjeros y en 1914 el porcentaje ascendió al 30,3%—.

La Inmigracion en Argentina Inmigrantes europeos en ArgentinaLA INMIGRACIÓN EXTRANJERA EN ARGENTINA: La teoría civilizadora que iría a transformar profundamente nuestro país se formuló en un contexto de superpoblación y cambios en Europa. Para los Estados europeos la emigración fue una válvula de escape a muchos problemas locales. El auge de la navegación de vapor permitió un traslado transoceánico rápido y barato, al punto que solía ser más caro el pasaje desde las aldeas a los puertos de salida, que de éstos hasta América.

Proliferaban compañías cuyos voceros recorrían los campos procurando convencer a sus pobladores de que probasen la tentadora emigración. Agentes consulares y comerciales contribuyeron, ofreciendo incluso pasajes gratuitos. Hubo episodios de explotación del emigrante, cuya estada en los puertos fue aprovechada por avisados traficantes para esquilmarlos. Se dieron casos de engaño en que se mentía el destino del emigrante y se lo llevaba a lugares donde las condiciones de trabajo eran abusivas.

Por fin, hacinados en la tercera clase de buques, separadas las mujeres de los hombres, los europeos enfrentaban el océano y la incertidumbre. En nuestro país, Buenos Aires fue la puerta de entrada. Pequeña ciudad al comienzo, entre 1869 y 1914 duplicó su población.

Europa se había convertido en un polo de rechazo de población, debido al crecimiento demográfico y a la crisis agrícola que generaban desocupación y hambre, y también a causa de guerras y conflictos religiosos. Y el continente americano —en particular los países de la costa atlántica, entre ellos la Argentina— aparecía como un destino favorable para que una gran masa de europeos—mayoritariamente agricultores pobres— realizaran sus deseos de mejorar sus condiciones de vida.

Entre 1870 y 1929 llegaron a la Argentina alrededor de 6 millones de inmigrantes europeos, de los cuales algo más de 3 millones se radicaron definitivamente en el país. En su gran mayoría, arribaron con la esperanza de convertirse en propietarios de una parcela de tierra de cultivo o, al menos, de hallar un empleo bien remunerado en las faenas rurales. Aunque la producción agropecuaria argentina se hallaba en esos años en pleno auge, la mayor parte de los inmigrantes no logró transformarse en propietaria ni afincarse en zonas rurales.

Esto se debió a diferentes factores: las mejores tierras para la producción ya estaban ocupadas y eran propiedad de grandes terratenientes, por lo que el acceso a la tierra propia era muy difícil o estaba casi bloqueado para los recién llegados —que disponían de un capital escaso—. Por otra parte, la demanda d tenía un carácter estacional.

Cuatro millones de personas desembarcaron en sus playas, en un proceso que adquirió su máxima intensidad entre 1881 y 1930. En 1895, de cada 100 habitantes, 72 eran extranjeros de distintas procedencias, pero con un 43% de italianos y un 3300 de españoles. El criollaje vio invadido su escenario. Esa gringada, que se pensó iría a poblar el desierto, se concentró en la urbe y cubrió todos los puestos de trabajo. Hasta los policías eran extranjeros. En 1910, los europeos eran dos millones y medio, sobre una población total de seis millones y medio de habitantes. La crisis de 1929 frenó ese empuje. Aparecieron políticas discriminatorias y se acabó la inmigración espontánea.

Sólo se permitía la llegada de familiares de los ya radicados, con pasajes de llamada. Desde 1938, se combatió la inmigración clandestina y sólo se admitió la selectiva. El flujo poblacional se reanudará, en medida mucho más modesta, al fin de la Segunda Guerra Mundial, entre 1945 y 1950. Fueron grupos muy distintos de los arribados en el linde de los dos siglos. Pocos permanecerían entre nosotros. Volverían a Europa o probarían otros destinos migratorios. El saldo resultó negativo. Buenos Aires, como adelantamos, fue el gran receptor. A ello contribuyeron diversos factores. Por ejemplo, la dificultad de los agricultores inmigrantes para acceder a la tierra.

En el Litoral (Santa Fe, Entre Ríos y, en menor medida, Corrientes) desde mediados del siglo anterior se verían instalando colonias de los más diversos orígenes étnicos: judíos, suizos, franceses, alemanes, eslavos y los omnipresentes españoles e italianos. Dieron origen a lo que se llamó pampa gringa o pampa sin gaucho.

Los estancieros locales aceptaron con beneplácito la presencia de los chacareros en la medida que les permitía valorizar tierras de productividad dudosa, en muchos casos en zonas de frontera amenazadas por los indios, y se constituían en clientela para comerciantes dinamizando la región. Los terratenientes porteños y bonaerenses, en cambio impulsaron, en forma más tardía, el régimen de arrendamientos, alquiler precario de las tierras, en un ciclo que concluía con el alfalfado de los campos, para provecho del ganado. Este se hallaba altamente valorizado en función del progreso de la industria frigorífica.

Inmigrantes europeos en Argentina:

En 1862 entraron al territorio 6.716 inmigrantes; en el curso del año 1880 vinieron 41.651, y la cifra había ascendido a 70.000 en 1874. Esta población se distribuyó de preferencia en la zona litoral, y así surgieron centros agrícolas de alguna importancia en brevísimo plazo. Todo hacía suponer que el número seguiría aumentando; pero, a medida que crecía, se hacía más necesaria una meditada política colonizadora para arraigar a los núcleos aluviales y fundirlos en la comunidad.

Por el momento, la inmigración no parecía sino un instrumento del progreso económico; pronto se vería que suscitaba graves problemas de otro orden. Pero, sin duda, desde aquel punto de vista, la inmigración constituyó un factor de enorme importancia; gracias a ella creció la producción en tal escala que ya en la época de Avellaneda se logró exportar cereales, inaugurando una era de prosperidad económica que reportaría al país crecidos beneficios. En 1865 las importaciones habían superado a las exportaciones en cuatro millones de pesos oro cuando la suma del comercio exterior apenas pasaba los 56 millones; quince años más tarde, en 1880, las exportaciones llegaban a 58 millones contra 45 de las importaciones y el monto total del comercio exterior pasaba de los 100 millones.

Este acrecentamiento de la riqueza se advirtió en el florecimiento de las instituciones de  crédito y en el fácil desarrollo de las actividades mercantiles, cuyo crecimiento correspondió también a cierta transformación que fue operándose en el estilo de vida, en especial en Buenos Aires.

José Luis Romero, Las Ideas políticas en Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica,
1969. (Fragmentos.)

Los inmigrantes europeos recién llegados que no tuvieron posibilidades de trabajaren el campo, debieron emplearse como trabajadores asalariados en la ciudad y pasaron a formar parte de esta clase obrera urbana. De este modo, se fue conformando aceleradamente un sector obrero numeroso y muy concentrado.».compuesto por argentinos nativos y, mayoritariamente, por trabajadores de origen europeo.

Los inmigrantes que arribaron con algunos recursos económicos o que ya desempeñaban un oficio en Europa, lograron establecerse con un pequeño comercio o montaron su propio taller, trabajando por cuenta propia —como zapateros, sastres, ebanistas o relojeros, por ejemplo— y formaron parte de los sectores medios urbanos.
Con el tiempo, muchos hijos de inmigrantes obreros lograron ascender socialmente, por la vía de una carrera profesional o por medio de un cargo en la administración pública.

Esta cercanía entre los sectores medios y los obreros,_ favorecida por \a pertenencia a una comunidad de origen, una lengua natal una cultura, un barrio, y la movilidad social que existía entre esas dos posiciones, permiten designar a esta franja de la sociedad —compuesta por nativos y un gran número de inmigrantes y sus descendientes— como sectores populares urbanos.

El torrente inmigratorio concentrado en Buenos. Aires (la ciudad tenía en 1869 casi 180.000 habitantes y, en 1904, 950.000) generó problemas habitacionales, debido a que la ciudad no estaba preparada para recibir a tantas personas en tan corto lapso. El Hotel de Inmigrantes sólo era un lugar de estancia transitoria para la gran mayoría de inmigrantes sin recursos. Luego de permanecer allí unos días, los inmigrantes debían salir y hallar un lugar para vivir, y lo conseguían en grandes casa donde compartían el baño y hasta el comedor, conocidos como conventillos.

Durante los últimos años, la sociedad argentina recibió dos tipos de inmigrantes muy diferenciados. La situación de crisis económica y crisis política que atraviesan algunos países latinoamericanos dio origen a una importante corriente inmigratoria —particularmente desde Bolivia, Perú y Paraguay—. Muchos de estos inmigrantes son jóvenes —en general, las familias quedan en el país de origen— que llegan a nuestro país con la expectativa de encontrar trabajo —están dispuestos a cualquier trabajo—- y a veces también de estudiar. El objetivo de estos inmigrantes es poder enviar ayuda económica a sus familiares y organizar su vida cotidiana con una mayor estabilidad que la que tenían en su país de origen.

Otra corriente migratoria muy importante es la proveniente de los países de Europa del Este, que se originó a partir de la crisis política y económica de la Unión Soviética que desorganizó el bloque de países liderados por ese país. Los inmigrantes de este origen, generalmente, son familias que tienen el objetivo de establecerse definitivamente en el país.

Los árabes: Cuando un árabe (vulgarmente llamado turco) llegaba al país, declaraba indefectiblemente ser de profesión comerciante. Al ver los registros, podía comprobarse que en verdad era agricultor en su tierra. Pero el paisano que lo llamaba le aseguraba su colocación en el comercio ambulante y el inmigrante asumía de antemano ese papel. Se formaron verdaderas redes de distribuidores de telas y baratijas, a partir de un árabe con negocio instalado, que mandaba al interior a los recién llegados. Estos, con una caja o baúl al hombro, llegaban hasta apartados rincones rurales a ofrecer su mercadería, sabiendo poco y nada del idioma. En 1906 el comercio ambulante sufrió una crisis en Buenos Aires, lo que hizo que los árabes se desplazaran hacia el interior. Pronto alcanzaron una distribución uniforme en todo el país. En Córdoba y en el Noroeste fueron más que todos los otros extranjeros juntos. En La Rioja superaban a los españoles. Debieron luchar contra la mala imagen que se les atribuía como comerciantes. En 1914, el 72 por ciento de los árabes habitaba en medio urbano. Los que prosperaron se insertaron en la industria y en otras actividades. Sólo en la segunda o tercera generación enviaron sus hijos a la universidad.

Los judíos llegaron al país organizados gracias a la obra del barón Mauricio de Hirsch, que consiguió sacarlos de Rusia, donde sus vidas no estaban garantizadas, e instalarlos en colonias agrícolas, la primera de las cuales fue Moisesville. En Santa Fe y Entre Ríos prosperaron esos que Gerchunoff bautizó como los gauchos judíos. Trabajaron también como artesanos (en el estereotipo popular, como sastres) y comerciantes. Muy preocupados por la educación utilizaron las facilidades de nuestro sistema educativo para destacarse como profesionales, científicos y artistas. Al original destino agrícola siguió la migración hacia las ciudades, periplo común de nuestros campesinos. Allí se dedicaron al comercio y a la industria. En general, los oriundos de Damasco y Alepo se ubicaron en el barrio porteño del Once, dedicados a la confección y comercio de textiles. Pero no todos los inmigrantes vinieron de Europa.

Los Japoneses: A comienzos de siglo un convenio con el imperio japonés trajo a algunos comerciantes de aquel país hasta el nuestro. En 1914 los orientales eran poco más de mil, la mitad de ellos residían en Buenos Aires y grupos menores en Santa Fe, Córdoba, Salta, Mendoza y Jujuy. Hacia 1933 eran 15.000 y hoy se los estima en 33.000. En 1920 crearon un instituto para enseñar su idioma y en 1937 fundaron la Escuela Japonesa de Buenos Aires, bilingüe. La mayoría provenía de la isla de Okinawa, cercana geográfica y culturalmente a China, mucho más abierta al extranjero que el territorio central.   Hacia 1920 se definió la inserción japonesa en el mercado laboral: fueron floricultores, horticultores y tintoreros. Popularmente se los sitúa en esta última profesión, pero no siempre fue así. En 1912 una mujer recorría las casas pidiendo ropa para lavar. Allí comenzó el camino de la colectividad hacia la tintorería. Pero cuando en 1935 se creó la Unión de Propietarios de Tintorerías la reunión se realizó en la Federación Gallega y no había japoneses afiliados. En 1939 un dirigente se referiría a éstos como una amenaza, pidiendo se limitara su ingreso. Según él, los precios bajos que cobraban los orientales se basaban en un ritmo de trabajo inhumano, esclavista y en la falta de ambiciones y de sentido social. Sólo en 1948 los japoneses ingresaron masivamente en la Unión.

Años después, en 1965, arribaron grupos coreanos y chinos. En la década del 80 los primeros participaron de una operatoria que fomentaba el ingreso de inmigrantes con capital. Hoy son 40.000, si bien su llegada declinó a partir de 1989. El primer grupo era más pobre y, como todos, los inmigrantes tuvieron que dedicarse a tareas no queridas por los nativos y mal pagas: fueron mozos, lavacopas, lustrabotas. Primero habitaron en una villa en el barrio porteño de Flores, erradicada compulsivamente por el gobierno militar. Entonces, adquirieron o alquilaron locales y casas en el mismo barrio, creando el Barrio Coreano o Koreatown. Convivieron en el Once y Caballito con los comerciantes judíos sefardíes, que desde 1910 practicaban el comercio y la confección textil. Pronto aprendieron el oficio, y comenzaron a crecer en el rubro, renovándolo con nueva maquinaria y un sistema de trabajo intensivo basado en mano de obra familiar.

Esa laboriosidad extrema era la misma que los pioneros judíos tenían al iniciar su camino del inmigrante, cuando trabajaban todo el día y dormían en el taller. No obstante, la crítica a los nuevos competidores parecía calcada de los reclamos antijaponeses de los treinta: trabajo abusivo e inhumano, desprecio por las conquistas sociales, etcétera. La laboriosidad y la autoexploración eran vistas como defectos. Aparte, los judíos decían ser más argentinos, integrados al país.

Los coreanos, a su vez, respondieron alegando que los judíos no trabajaban, sólo hacían números, y que si ellos adoptaron formas ilegales de explotación (trabajo en negro, jornadas abusivas) fue porque lo aprendieron de sus críticos. En todas las épocas el recién llegado siempre debió pagar derecho de piso y respondió al prejuicio con el prejuicio. Los hijos de los coreanos ya asisten a nuestras escuelas. Sus padres aprecian mucho las oportunidades educativas existentes aquí, muy escasas en su patria. Es probable que en poco tiempo una nueva generación de criollos de ojos rasgados aporte ejemplos útiles en la lucha contra la discriminación, y su comunidad sea tan respetada como lo es hoy la japonesa.

LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS INMIGRANTES: Dado que sus expectativas de acceder a la propiedad de la tierra se vieron frustradas por su inexistencia, la mayoría de los inmigrantes terminaron estableciéndose en las grandes ciudades como Buenos Aires, Córdoba o Rosario, en las cuales existía la posibilidad de encontrar trabajo en los puertos, en la construcción de edificios y desagües, o en algunos de los talleres industriales que comenzaron a establecerse a fines del siglo XIX. En 1914, el 50% de la población de la ciudad capital del país era extranjero. Las condiciones de de los inmigrantes eran muy malas.

Las ciudades no contaban con la infraestructura suficiente como para albergar a tanta gente, y ésta terminó habitando en antiguas mansiones abandonadas por la epidemia de fiebre amarilla de 1874, convirtiéndolas enconventillos en los que se hacinaban varias familias por cuarto.

PARA SABER MAS…
POR AQUELLA ÉPOCA TAMBIÉN…

En Buenos Aires se realiza la primera exposición del pintor Fernando Fader. Se funda oficialmente la Universidad Nacional de La Plata, ya existente pero con carácter provincial. Además, se crea el Patronato de la Infancia y se publica un nuevo diario: La Razón, bajo la dirección de Emilio Morales.

Dos instituciones deportivas llamadas a tener prolongada vida y múltiples éxitos aparecen en 1905: los clubes Independiente y Boca.

Además, arriban a nuestras playas 221.000 inmigrantes pero regresan a sus lugares de origen 82.000. Son los llamados inmigrantes golondrinas, que vienen a trabajar en las cosechas y luego retornan con sus ahorros. Ya son 12 millones de hectáreas las que comprenden los cultivos explotables. La ciudad de Buenos Aires ha pasado la raya del millón de habitantes y lo que llama la atención de los visitantes es la tupida red ferroviaria que transporta anualmente a 225 millones de pasajeros.

Se expide la primera cédula de identidad como documento personal y en la calle Esmeralda al 300 comienza a funcionar la primera sala cinematográfica. Por supuesto, se pasan películas mudas, a veces acompañadas de un piano. En tanto, en un restaurante del Centro, Ángel Villoldo presenta un tango que tendría gran repercusión: El choclo.

Hubo grandes inundaciones en Entre Ríos y el norte de la provincia de Buenos Aires. En Mar del Plata, que ya es la meca de los veraneantes, se incendia la flamante Rambla pero de inmediato se proyecta reemplazarla por otra construcción más sólida. Y el 1° de Mayo es celebrado, en forma conjunta, por la socialista Unión General de Trabajadores (UGT) y la anarquista FORA. El acto termina con la represión policial.

Los inmigrantes que llegan a la Argentina
Durante los últimos años, la sociedad argentina recibió dos tipos de inmigrantes muy diferenciados. La situación de crisis económica y crisis política que atraviesan algunos países latinoamericanos dio origen a una importante corriente Inmigratoria —particularmente desde Bol/vía, Perú y Paraguay—. Muchos de estos Inmigrantes son jóvenes —en general, las familias quedan en el país de origen— que /legan a nuestro país con la expectativa de encontrar trabajo —están dispuestos a cualquier trabajo— y a veces también de estudiar. El objetivo de estos inmigrantes es poder enviar ayuda económica a sus familiares y organizar su vida cotidiana con una mayor estabilidad que la que tenían en su país de origen.

Otra corriente migratoria muy importante es la proveniente de los países de Europa del Este, que se originó a partir de la crisis política y económica de la Unión Soviética que desorganizó el bloque de países liderados por ese país. Los inmigrantes de este origen, generalmente, son familias que tienen el objetivo de establecerse definitivamente en el país.

Fuente Consultada:
El Diario Intimo de un País – La Nación
El Gran Libro del Siglo XX de Clarín

Ver: 1920-1930: La Argentina y el Mundo

Bases del crecimiento economico de Argentina en 1880 Proyecto de Roca

A comienzos de la década que se inicia en 1880, las posibilidades económicas del país se asentaban sobre bases con las que toda la dirigencia argentina coincidía: ingreso al mercado mundial como productor de artículos primarios, transporte capaz de llevar a puerto esta producción, capitales para explotar los recursos naturales fundamentalmente la tierra e inmigración para paliar la escasez de mano de obra. Además, era indispensable terminar con la anarquía monetaria para unificar y prestigiar los medios de pago de la Nación.

La circunstancia internacional tendía a favorecer estos planes: en Europa existía un mercado de capitales ávidos de colocaciones con alto rendimiento; a su vez, la industria del viejo Continente, con exceso de producción, buscaba nuevos mercados y, al mismo tiempo, productos primarios para elaborar. Así, el momento del despegue económico del país se veía favorecido por una especial y tal vez irrepetible circunstancia.

Julio Argentino Roca  Presidente Argentino (1880-1186)

Julio Argentino Roca Presidente Argentino (1880-1186)

En qué consistía este proyecto?  En lo económico, la inserción de nuestro país en la división internacional del trabajo a partir de la producción de materias primas y alimentos y la importación de la mayor parte de los productos elaborados que se consumían en el mercado interno; en lo social, el tratar de cambiar usos nativos a través de la inmigración de mano de obra y tratando de europeizar nuestras costumbres; y en lo político, la conformación de un estado moderno a partir de instituciones a imitación de la Europa de fin de siglo con el propósito de ofrecer garantías a los capitales extranjeros que invertían en nuestro país.

Por otra parte Europa tiene necesidad de colocar un excedente de producción y de población, asimismo necesita de alimentos y de materias primas.

Para asegurar la ansiada meta del progreso, los distintos sectores le atribuían a la educación una relevancia singular queriendo alfabetizar a la masa de argentinos que vivían bajo un índice de analfabetización extraordinario, pero más necesaria fue la educación de la elite dirigente que debía pasar por la universidad si quería acceder a una posición destacada dentro de la carrera política para alcanzar el poder.

Esta generación aprendió que la libertad individual era el valor supremo que el Estado debía defender y que el librecambio comercial era el sustento de toda política económica, pero no advirtió que esa libertad era privilegio de los fuertes y en la Argentina los fuertes no fueron precisamente los nativos, que el librecambio solo servía para consolidar al capital extranjero y que los sagrados derechos y garantías eran solamente excusas para amparar a las compañías extranjeras cuando buscaban eludir los impuestos nacionales o no querían someterse a las leyes justas de la Nación.

La ideología que adoptó esta generación fue el reflejo de los sentimientos e intereses de los terratenientes, su gobierno fue el gobierno de los selectos y de los iluminados. Bajo su influjo Buenos Aires dejó de ser la gran aldea para transformarse en una urbe cosmopolita de carácter, como ya dijimos, europeizante ya que la educación universitaria a la que nos referimos anteriormente tenía que venir de Londres y Paris.

1234
Inmigración
Europea
Ingreso de
Capitales
Educación y
Alfabetización
Construcción de
Ferrocarriles

El positivismo fue su filosofía: orden y progreso. Este lema, que se lo debemos a Comté, fue la bandera de su accionar. Progreso significó crecimiento y modernización. Orden consistía en crear las condiciones de tranquilidad en las cuales debía encontrarse el pueblo para permitir la proyección del progreso sin pausa.

La segunda mitad del Siglo XIX trae el triunfo del capitalismo industrial y con ello el aumento de la demanda de materias primas. La mejora en los transportes permiten el traslado de millones de inmigrantes que van a satisfacer la creciente demanda de mayor producción. En este mundo de progreso y cambio se inserta la Argentina a través de la expansión de su producción agropecuaria produciéndose entonces el fenómeno de un extraordinario crecimiento en su economía pero para ello fue preciso conquistar la Pampa Húmeda expulsando al indio y sometiendo todo el territorio nacional a la voluntad del gobierno central, de esta manera indios y gauchos fueron sacrificados en beneficio del sistema.

La riqueza generada se derrocharía en la construcción de palacios, monumentos y lujo a la europea, se quería copia a París, que era el centro mundial del progreso y educación.

Esta generación fue un fenómeno cultural trascendente, fruto de la política educacional liberal, querido y logrado por un plan meditado. Sus hombres oscilaban en los 30 años de edad en consecuencia no habían vivido la época del federalismo. Conocieron como una única realidad nacional la de los gobiernos liberales posteriores a Pavón y se formaron en los Colegios Nacionales lo que les permitió pertenecer a los grupos privilegiados convirtiéndose en ilustrados a la europea y aptos para integrarse a la política, a la burocracia y al ejercicio de las profesiones liberales ocupando los mejores cargos.

Sin trabas morales para sus ambiciones dejaron de lado los principios éticos de sus antecesores y las costumbres tradicionales creando un nuevo estilo de vida, aprovecharon los empréstitos, los juegos de la Bolsa, el hipódromo y los naipes que se hicieron sus costumbres y le otorgaron dinero fácil que les permitió acceder al despilfarro, a las viviendas más suntuosas, a la vestimenta europea y gozar de todos los lujos.

Con ellos comenzó la corrupción fenómeno nuevo en el país, salvo algunos pocos casos anteriores. Esta generación fue ajena al sentir nacional, inescrupulosa, dilapidó la riqueza de la Nación empobreciendo al país y exaltando como únicos valores culturales los propios de Europa, logrando también imponer en el país el respeto sagrado al capital extranjero.

...pero crecer al fin!
Sobre estas grandes líneas se fueron desarrollando las formas del espectacular crecimiento argentino de la década de 1880. Aunque Roca y su sucesor, Juárez Celman, se diferenciaron en sus distintas concepciones sobre el papel que debía desempeñar el Estado Nacional en este proceso, puede decirse que éste se llevó a cabo de acuerdo a una ideología única: progreso a toda costa y sin reparar en precios.

Fue un crecimiento anárquico y descontrolado, pero su febril espectáculo cubría todas las dudas y amordazaba cualquier predicción agorera. Puede afirmarse que el principio era crecer de cualquier modo, pero crecer al fin… Tantas décadas habían demorado en concretarse las profecías de Rivadavia, Sarmiento, Alberdi y tantos otros sobre el venturoso futuro que le estaba reservado a la Argentina, que cuando empezó a palparse su evidencia toda palabra prudente sonó como una cobardía, toda actitud sensata pareció una negación del porvenir.

Por eso, el progreso de esos años se realizó en medio de un desorden monetario que las leyes de Roca no alcanzaron a superar totalmente, dado que su gobierno se encontraba agobiado por una deuda exterior cada vez más voluminosa y acuciante, una política crediticia incontrolada y un sistema bancario irresponsable.

Pero aun con todas estas fallas, el despegue argentino tuvo una inauguración asombrosa que podía cuantificarse en los contingentes de inmigrantes que llegaban anualmente, en los kilómetros de vías que se tendían, en las exportaciones de productos nobles y fácilmente colocables, en las obras y construcciones que, por momentos, hacían de las grandes ciudades argentinas un inmenso campamento como lo era, por otra parte, La Plata, a un paso de Buenos Aires.

Sobre todo, las fallas del crecimiento se cubrían con una fanática fe en el progreso argentino, que nacionales y extranjeros compartían por igual. La crisis de 1890 puso de manifiesto los errores y abusos de este proceso, pero no conmovió sus grandes bases ni sus presupuestos ideológicos, y sirvió para demostrar que, rectificando algunos de los desaciertos cometidos, el camino emprendido en 1880 era el de la grandeza y el enriquecimiento de esta tierra, cuya imagen ya se hacía legendaria en el Viejo Continente.