El Gas de Alumbrado

Historia del Jabón Componentes y Fabricación Resumen

Historia del Jabón
Compuestos y Fabricación

Cuando consideramos todas las comodidades que los inventos modernos nos proporcionan y que son parte indispensable de nuestra vida diaria, nos preguntamos qué hacían nuestros antepasados frente a una multitud de problemas, resueltos para nosotros e insolubles para ellos. Claro está que como nuestras necesidades y exigencias crecen a medida que aumentan las comodidades que nos rodean, podemos pensar que nuestros antepasados vivían muy felices en condiciones de vida que para nosotros resultarían insoportables.

El siglo XX goza del fruto de tantos estudios, tantos experimentos, tanta búsqueda, tanto trabajo cuyo resultado superó a veces toda esperanza, que en medio de nuestro bienestar ni siquiera pensamos en los esfuerzos y sacrificios de aquellos tenaces investigadores e inventores.

jabon antiguo

El jabón, agente limpiador o detergente que se fabrica utilizando grasas vegetales y animales y aceites. Existen documentos que mencionan el uso de muchos materiales jabonosos y agentes limpiadores desde la antigüedad. Los agentes purificantes que se mencionan en el Antiguo Testamento no eran verdaderos jabones, sino un producto hecho únicamente con cenizas de corteza de árbol. En el siglo I d.C., el historiador romano Plinio el Viejo describió las diversas formas de jabones duros y blandos que contenían colorantes.

Los antiguos conocían el jabón; por otra parte, viejas leyendas como los relatos de Homero nos hablan claramente de la importancia que los griegos daban a los cuidados corporales. Los héroes nunca arrostraban el peligro dé los combates ni participaban de un sacrificio ritual sin haber frotado previamente su cuerpo con aceites y esencias aromáticos.

Los primeros rastros de un jabón fabricado con grasas y ceniza se encuentran en Mesopotamia, donde se menciona en tabletas de la época sumeria. En aquellos tiempos, el uso del jabón se reservaba para rituales religiosos. Se dice que, en torno al siglo X a.C, los sirios de Alepo empezaron a fabricar jabón con aceite de oliva y cenizas, a las que añadieron por primera vez una planta aromática, el laurel, para mejorar sus propiedades, ya que desinfecta y al mismo tiempo cuida la piel.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/jabon3.jpg

Los fenicios fabricaban jabón en el VI a.C. y usaban casi los mismo componentes que hoy

Los fenicios usaban jabón de ceniza para limpiar los tejidos, costumbre que se ha practicado hasta el siglo XIX. Los griegos de la calle usaban aceite de oliva para limpiarse los cabellos, aunque algunos historiadores consideran que ya se fabricaba el jabón con grasa de animales y ceniza, básicamente para limpiar la ropa, pues el lavado corporal no era muy frecuente. La leyenda cuenta que el jabón moderno lo descubren los romanos en los entornos del río Sapo, donde se mezclaban la ceniza y el aceite de los rituales. En el siglo I ya se fabricaban diversos tipos de jabones en Europa, como cuenta el romano Plinio el Viejo.

Los ungüentos muy finos se fabricaban con la emulsión de substancias resinosas que brotaban de tajos efectuados en el tronco de ciertos árboles; los aceites aromáticos, en cambio, se sacaban de las semillas. Los más conocidos de éstos, y que aún se utilizan en medicina, química y perfumería, son: la mirra, el jengibre, el laurel y el incienso u olíbano (del latín oleum Libani: aceite del Líbano).

Las variedades más preciadas de nuestros jabones de tocador no son, en el fondo, sino derivados de productos conocidos desde hace dos o tres milenios.

Los primeros aceites balsámicos fueron los precursores de nuestro jabón líquido, y las finas esencias aromáticas que se usaban en los ungüentos nos dan una idea del refinamiento a que se llegó en la antigüedad. Entre los romanos, los baños tuvieron gran importancia y constituían una especie de rito. Las termas o baños públicos rivalizaban por su arquitectura y esplendor con los más hermosos palacios. Había en ellos piscinas, gabinetes para masajes, gimnasios y baños de toda clase. Los más célebres y suntuosos fueron los de Agripa, de Nerón, de Trajano, de Adriano, de Diocleciano y de Caracalla.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/jabon2.jpg

En Roma, las termas eran edificios suntuosos donde había gimnasios, paseos, salas de estar, bibliotecas. En ellas conversaban y discutían filósofos, poetas y retóricos. Una parte de los edificios estaba destinada a los hombres, otra a las mujeres. Había baños fríos, calientes y de vapor.

En París, detrás del museo Cluny, se encuentran las ruinas de las termas edificadas bajo el reinado de Juliano, y en Roma se pueden todavía admirar, perfectamente restauradas, las termas de Caracalla, muy renombradas en la actualidad por los grandiosos espectáculos teatrales que allí se ofrecen durante el verano.

Pero si nuestros mayores conocían los ingredientes necesarios para elaborar el jabón, durante muchos siglos lo fabricaron con procedimientos muy primitivos. Al parecer, los fenicios fueron los primeros en obtener jabones sólidos y en comerciar con ellos. Según Plinio, los romanos ya conocían el arte de fabricar jabones, y, en efecto, en las ruinas de Pompeya se encontró un taller completo de jabonería, con los diferentes utensilios y unas cubas llenas de jabón compuesto de una mezcla de aceite y álcali.

Los elegantes de Roma, para teñirse el cabello de rubio, utilizaban un jabón especial fabricado en Alemania. Ateneo (193 años después de J. C), es el primer autor griego en cuyos escritos aparece la palabra sopón (jabón). El médico Aecio, que vivió en el siglo IV, habla de un jabón negro y los médicos árabes señalan a menudo el uso del jabón en medicina y para la limpieza de la ropa.

Las primeras manufacturas de jabones sólidos, a base de soda, fueron establecidas en Savona (pequeña ciudad de Italia cerca de Génova). La industria jabonera fue muy floreciente en Venecia. Para protegerla se prohibió la entrada de jabón extranjero, tanto en la ciudad como en todos los territorios que de ella dependían. Con el fin de controlar su calidad se ordenó que todo jabón, aun el fabricado por particulares, llevase una marca grabada en todas sus caras.

Generalmente la palabra jabón designa toda composición que se obtiene sometiendo un cuerpo graso salificable —como el sebo y el aceite— a la acción de un álcali como la soda o la potasa.

Los jabones pueden dividirse en dos clases: los solubles, producidos mediante la soda o la potasa y los insolubles. Además, los jabones solubles utilizados en los menesteres domésticos y en la industria se dividen en dos categorías: jabones duros y jabones blandos, según la menor o mayor cantidad de agua que contienen.

Componentes: Las grasas y aceites utilizados son compuestos de glicerina y un ácido graso, como el ácido palmítico o el ácido esteárico. Cuando estos compuestos se tratan con una solución acuosa de un álcali, como el hidróxido de sodio, en un proceso denominado saponificación, se descomponen formando la glicerina y la sal de sodio de los ácidos grasos. La palmitina, por ejemplo, que es el éster de la glicerina y el ácido palmítico, produce tras la saponificación palmitato de sodio (jabón) y glicerina.

Fabricación: En las calderas se mezcla la materia grasa con álcali y sal común.  Después de reposar varias horas y luego la la masa pasa a una máquina que la transforma en cilindros.  Luego el producto se moldea en forma de panes. Éstos se cortan según el tipo de jabón que se desea. Ulteriormente la marca se graba con máquina en los panes. Al final el producto pasa a los secaderos y se procede seguidamente a su embalaje.

Los jabones «duros» se fabrican generalmente en grandes calderas y a temperaturas superiores a la del agua hirviendo. El mejor jabón de este tipo es el de Marsella, que antaño se preparaba con aceite puro de oliva, mientras hoy se emplea una mezcla de aceites de oliva, sésamo y maní. Los jabones «blandos» se elaboran en pequeños recipientes y a temperatura menor. Puede utilizarse en su preparación cualquier clase de cuerpo graso, generalmente aceite de ballena o de semillas.

Algunos jabones pueden fabricarse en frío. Pueden ser a base de soda o de potasa, según se los prefiera duros o blandos. Se los colorea con ultramar, con bermellón, con ocre y otros productos, y se los perfuma con esencias agradables.

En ciertos países, la producción jabonera de lujo ha alcanzado un alto grado de refinamiento. Para terminar, citaremos los jabones medicamentosos empleados en el tratamiento de enfermedades de la piel, del reumatismo, de la artritis, y recordaremos los jabones con ácido salicílico, con alquitrán, con azufre, con alcanfor, etc.

Todos los jabones tienen, por otra parte, un considerable poder antiséptico y es por ello que.a menudo el primer tratamiento de una herida consiste en lavarla con agua tibia y jabón.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX Historia del Jabón e Historia del Peine

Gas de Alumbrado Historia y Obtención del Gas de Hulla

Historia del Gas de Alumbrado
Obtención del Gas de Hulla

Felipe Lebón, químico francés nacido el 29 de mayo de 1769, fue quien, gracias a prolongados e ingeniosos experimentos, hizo posible el empleo, para el alumbrado, de los gases producidos por la destilación de la madera.

Un día, mientras se ocupaba de una máquina de combustión, colocó en un recipiente de vidrio, resistente al fuego, un puñado de viruta de madera y lo expuso al calor de la llama; casi en seguida vio salir un humo negro de olor acre. Este hecho despertó su curiosidad, y deseoso de investigar, acercando una bujía encendida, el humo se transformó en fuego. Lebón acababa de encender la primera lámpara de gas.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/gas_alum1.jpg

 El descubrimiento del gas de alumbrado está ligado principalmente al nombre del ingeniero francés Felipe Lebón. Realizó un experimento, colocando viruta de madera en un recipiente de vidrio, que expuso al fuego. El orificio de dicho recipiente estaba obturado por un corcho que permitía el paso de un tubo también de vidrio; aproximó luego la llama de una bujía al humo que salía de este último, y el humo se encendió. Lebón había descubierto así el primer tipo de lámpara de gas, punto de partida de una serie de experiencias.

El químico comprobó luego que no sólo de la madera, sino también de otros combustibles y en particular de la antracita, se desprendía un gas que convenía al alumbrado y a la calefacción. Consiguió purificar este gas negruzco y picante, haciéndolo pasar por medio de un tubo, a una botella sumergida en un recipiente lleno de agua: el gas abandonaba entonces sus substancias bituminosas y acidas, y podía ser recogido en estado puro.

El simple dispositivo creado por Lebón  se ilustra abajo sobre la manera en que funcionan las fábricas de gas. Todos los elementos de que estas últimas constan se hallan en aquél: el dispositivo de destilación (retorta), el sistema de purificación (depurador y condensador) y el recipiente para recoger el gas: gasómetro.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/gas_alum2.jpg

He aquí otro experimento de Lebón: la retorta que contiene carbón es sometida a la acción del fuego; el calor produce la descomposición del carbón. Los productos gaseosos que derivan de la destilación son conducidos por medio de tubos a los dispositivos de depuración (condensador y depurador), donde se despojan de las substancias bituminosas y ácidos. El gas es recogido en el gasómetro en estado puro.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/gas_alum3.jpg

Esquema de una fábrica de gas moderna. La preparación está basada en él principio descubierto por Lebón; en la retorta (A) se destila la hulla. Los productos gaseosos así obtenidos pasan a un recipiente (B), en el que se recogen el alquitrán y el agua amoniacal, mientras el gas es enfriado una primera vez. De allí pasa a los conductos de enfriamiento y a los lavadores (C). El gas contiene aún dosis mínimas de alquitrán y agua amoniacal, que serán completamente eliminadas después de atravesar los dispositivos provistos de filtro de carbón y cal apagada (D) y los dos pequeños pozos (F y G). Luego de estas etapas, el gas llega puro al gasómetro (E), por el conducto (H), y sale del tubo (K) listo para el consumo.

En 1799, Felipe Lebón anunció su descubrimiento al Instituto de Francia y patentó su termolámpara, destinada a dar luz y calor.

Todo centro urbano posee una planta donde se destila la hulla para obtener de ella no un gas de alumbrado, que desde hace ya mucho tiempo ha sido reemplazado por la electricidad, sino otro que combinado con diversos elementos sirve  para la cocina, la calefacción y otros usos.

El carbón mineral, colocado en grandes retortas de arcilla refractaria, impermeables al aire, es llevado a una temperatura muy elevada. El espeso vapor que se desprende del mismo, es una mezcla de gas (hidrógeno y carbono), betún y amoníaco. El gas es conducido a través de un tubo hasta los aparatos purifícadores.

En las retortas queda el carbón consumido (coque), esponjoso, liviano y buen conductor. Adherido a las paredes de la misma queda otro carbón, que recibe el nombre de carbón de retorta, y es empleado en la fabricación de electrodos.

En los dispositivos de depuración, el gas es lavado en agua, e inmediatamente enfriado. Por este procedimiento se eliminará el alquitrán, materia viscosa de color castaño rojizo, con reflejos brillantes.

El gas pasa luego a través de dos filtros constituídos por carbón apilado y cal. Es allí donde se recoge el amoníaco, del cual se extraerán sales, de gran utilidad en la industria y la agricultura. Por último es envasado en grandes garrafas metálicas; el carbón está listo para el consumo.

El alquitrán, que, como se sabe, es un subproducto de la destilación de los gases, se empleaba en el calafateo de los barcos, en la fabricación de barnices para maderas y en la protección de cordajes expuestos a la humedad, sin hablar de su uso como desinfectante. Mezclado con arena o pedregullo, sirve para el mantenimiento de las rutas, hoy todavía utilizado.

Por otra parte, la química extrae del alquitrán, la sacarina, que posee un gran poder azucarante; el ácido fénico, poderoso desinfectante; la naftalina, la bencina y la anilina, utilizada en la preparación de colorantes; la parafina, especie de cera mineral, y otras numerosas substancias químicas, entre las que figuran las esencias artificiales de violeta y almendra, aceites pesados y livianos, y el ácido pícrico, de gran utilidad en las industrias.

Felipe Lebón, infatigable investigador, se estableció en el campo y allí trabajó en la instalación de un laboratorio-fábrica, que consideraba de gran importancia. Luego de muchos sacrificios, y creyendo que el éxito estaba próximo, buscó subsidios y protecciones para realizar sus experimentos en gran escala.

Sólo halló desconfianza. Desesperado, decidió agotar todos sus recursos. Alquiló en París un hotel e instaló allí hornos y retortas; practicó orificios en las paredes de las habitaciones para hacer pasar, a través de los mismos, tubos que prolongó hasta las paredes exteriores y que un día dejaron escapar el gas tan esperado . . . Millares de luces brillaron en torno al inmueble, confiriéndole un aspecto fantástico. Al día siguiente, Lebón era célebre.

Napoleón, al conocer estos hechos, autorizó al químico a construir, ert el bosque de Rouvray, un equipo para la destilación de la madera y la producción del gas de alumbrado, con la condición de producir ácido acético y alquitrán, elementos que debían ser enviados a Le Havre para las necesidades de la marina imperial. Así pareció iniciarse para el inventor un período de prosperidad. Pero la maldad y la envidia no le dieron tregua, y su tranquilidad nunca fue total.

Otro grave inconveniente se le presentó, cuando una furiosa tormenta destruyó gran parte de las instalaciones.  Superando todos  los  obstáculos,  el  desdichado hombre de ciencia reconstruyó cuanto había sido dañado. Mas, al poco de concluir esta empresa, un trágico y misterioso fin habría de arrancarlo de sus experimentos.

Lebon Felipe y el gas de alumbrado

El 2 de diciembre de 1804, al volver de la fiesta de la coronación de Napoleón I, Lebón fue asesinado. ¿Por quién? ¿Por qué? No se ha podido saber. Algunas personas que se dirigían hacia los Campos Elíseos encontraron a la mañana siguiente, al pie de un árbol, el cuerpo del químico, atravesado por trece puñaladas. Tenía entonces 35 años.

Uno de sus socios, poco escrupuloso, se apoderó de los beneficios aportados por los trabajos que Lebón realizara en Rouvray, y la desdichada viuda se vio obligada, ante su angustiosa situación, a solicitar ayuda al Gobierno.

Por esta época, Guillermo Murdoch y Jaime Watt trabajaban en el perfeccionamiento de la fabricación del gas de alumbrado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Historia del Gas de Alumbrado –