El Gobierno Peronista

Presidencias de Roberto Ortiz y Ramon Castillo Economia y Politica

Presidencias de Roberto Ortiz y Ramon Castillo

La renovación presidencial: Siendo presidente democrático el general Agustin P. Justo, y aproximandosé la fecha en que se debía proceder a renovar las autoridades nacionales, el panorama político se presentaba sombrío y confuso.

El general Justo y el partido oficial de la Concordancia sostuvieron la candidatura del doctor Roberto M. Ortiz, radical antipersonalista, cuya fórmula se completó con un conservador, el doctor Ramón S. Castillo, para el cargo de vicepresidente.

La Unión Cívica Radical presentó el binomio Marcelo T. de Alvear-Enrique Mosca. Realizadas las elecciones se impuso la fórmula oficialista: Ortiz-Castillo.

PRESIDENCIA DE ROBERTO M. ORTIZ (1938-1940)

Como decíamos en la elecciones nacionales triunfó la formula Ortiz, presidente, y Ramón Castillo, vice.

El doctor Ortiz asumió la presidencia el 20 de febrero de 1938, aunque poco tiempo ejerció el mando efectivo del país, por encontrarse enfermo de una grave dolencia.

En diciembre de 1938 se reunió en Lima la Conferencia Panamericana, en la cual los representantes de los países americanos debatieron la política internacional a seguir ante la posibilidad de una guerra entre Alemania y las potencias aliadas.

presidencia de roberto ortiz
Presidente Roberto Ortiz: En su período se resolvió definitivamente una cuestión de límites con el Paraguay en la región del Estero Patino. En el Congreso Panamericano de Panamá, mantuvo el principio de la neutralidad en la guerra mundial iniciada en 1939, sancionó la creación de la Universidad de Cuyo y una ley de «Ayuda Escolar» a las provincias. El 16 de octubre de 1941 se nombró al Coronel Manuel Savio encargado de «Fabricaciones Militares», destinadas a producir armamentos vinculados a la defensa nacional. Savio desarrolló una acción inteligente y tesonera que se prolongó más allá de las contingencias políticas y consagró sus méritos.

En dicha asamblea triunfó la tesis argentina, expuesta por nuestro canciller doctor José María Cantilo, que puede resumirse en la siguiente frase: «solidaridad americana y política propia».

En setiembre de 1939 se inició la Segunda Guerra Mundial y en el Congreso de Panamá —ante los representantes de las naciones americanas— la Argentina sostuvo su decisión de permanecer neutral.

En el aspecto político, el doctor Ortiz sostuvo la necesidad de hacer respetar la voluntad del pueblo en las urnas y en 1940 dispuso Intorvonli la provincia de Buenos Aires, al trascender que sus autoridades un linhlon surgido de comicios puros.

El presidente no pudo continuar con sus propósitos de restnhlocei la legalidad electoral, porque la grave enfermedad que padecía le obligó a pedir licencia y delegar el mando en el vicepresidente Castillo.

En junio de 1940 el doctor Ortiz renunció a su alto cargo y falleció al mes siguiente.

PRESIDENCIA DE RAMÓN S. CASTILLO (1940-1943)

En el transcurso de la presidencia del doctor Castillo 1 nuestro país ratificó su neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, pero resolvió considerar a Estados Unidos y al Brasil —que intervenían directamente en el conflicto— naciones no beligerantes.

Ramon Castillo presidencia
Presidente Ramón Castillo: Una de sus medidas fue la formación de la Flota Mercante del Estado. Para ello decretó la posesión de los barcos extranjeros paralizados en Buenos Aires, 16 italianos, 4 daneses, etc., pagando su valor. Otro decreto autorizó la expropiación de barcos particulares argentinos.

En este período de gobierno se creó la marina mercante nacional con la compra de dieciséis naves italianas, cuatro danesas y tres alemanas.

También fue nacionalizado el puerto de Rosario y el ferrocarril del Estado (actualmente .general Belgrano).

Entre las obras públicas, merece destacarse la construcción de la avenida General Paz.

El doctor Castillo debió enfrentar una nueva crisis económica —derivada del sangriento conflicto europeo— y una grave tensión política.

En 1943, al aproximarse la renovación del Poder Ejecutivo, el presidente Castillo auspició la candidatura del político conservador Robustiano Patrón Costas, el cual sostenía que la Argentina debía abandonar su posición neutral y luchar junto a los Aliados.

El manejo político no llegó a concretarse porque el 4 de junio de 1943 estalló una revolución cuyo jefe militar fue el general Arturo Rawson, quien, por la tarde de ese día, asumió el mando del país al frente de un Gobierno Provisional.

El doctor Castillo presentó la renuncia a su cargo.

ALGO MAS…

Ante la imposibilidad de poder importar herramientas y máquinas para producir, tanto durante la guerra como en el período posterior de reconstrucción europea,causó graves perjuicios, las industrias establecidas no pudieron renovarse y muchas de las nuevas fueron montadas con máquinas deficientes o improvisadas.

Castillo procuró fomentar la explotación minera y la industrial.
Mediante una disposición declaró caduco el contrato que confiaba a una empresa privada la explotación .del puerto de Rosario.

En materia de política exterior, defendió la neutralidad, sobre todo en el Congreso de Cancilleres Americanos, reunido en Río de Janeiro en enero de 1942.

Nombró «Juntas Paritarias», es decir, de igual categoría, entre patrones y obreros de las diversas industrias a fin de celebrar acuerdos laborales que evitaran paros y huelgas.

Resolvió la compra de las cosechas para asumir directamente la gestión de su venta.

Los argentinos se volcaron hacia uno u otro de los contendientes de la Segunda Guerra Mundial, según su inclinación por la democracia o el totalitarismo.

El Dr. Castillo, simpatizante de los nazis, toleró la actividad de alemanes residentes en nuestro país. Esta actitud dio lugar a un gran número de descontentos, agrupados en un vasto movimiento denominado «Acción Argentina».

Para afrontarlos fueron prohibidos actos públicos de propaganda, proyectados en todo el país.

El 3 de octubre de 1942, pese a las trabas opuestas, se realizó una gran asamblea en el Luna Park, donde protestaron enérgicamente prestigiosos oradores de diversas tendencias contra las simpatías pro nazis del gobierno.

Nació la «Unión Democrática», con gran número de adherentes. Se acercaba el término del período presidencial y la opinión comenzó a concentrarse en torno de la reelección del General Justo, antigermánico; pero en enero de 1943 falleció.

El oficialismo proclamó la candidatura del doctor Robustiano Patrón Costas como Presidente y Manuel María de Iriondo, Vice; el primero salteño y el segundo santafesino.

El descontento de las fuerzas armadas no tardó en definirse con un programa de acción democrática.

Varias tentativas de alzamiento no llegaron a concretarse Miguel Ángel Montes y Urbano de la Vega formaron en 1942 una logia para unificar los varios grupos.

Así se constituyó la G.O.U. (Grupo Oficiales Unidos) sus cuatro figuras más activas fueron los coroneles Juan Domingo Perón, Eduardo J. Avalos, Enrique P. González y Emilio Ramírez. Perón, el más activo, sumó numerosas adhesiones, sobre todo en el arma de infantería.

Trabaron contacto con dirigentes radicales, demócratas y socialistas, y acordaron promover la candidatura


Fuentes Consultadas:
Historia 3 La Argentina y el Mundo de José C. Astolfi – Editorial Kapelusz
Historia 5 Instituciones Políticas y Sociales de Argentina desde 1810 de José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

Juan Peron y la Nacionalizacion de Los Ferrocarriles

Juan Peron y la Nacionalización de Los Ferrocarriles

NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS: Si algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial esto fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con una firme decisión.

Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras, a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

La compra de ferrocarriles

En julio de 1946 los Estados Unidos concedieron un préstamo a Gran Bretaña de 3.750 millones de dólares 86 con la condición de que los ingleses pagaran sus deudas a los países americanos por suministros de guerra. Gran Bretaña ofreció entonces al gobierno argentino venderle la red ferroviaria a cambio del saldo de libras esterlinas acumulado en cinco años de exportaciones.

Para Gran Bretaña la explotación de ese servicio ya había cumplido un muy valioso ciclo y representaba un interés apenas superior al dos por ciento, con la agravante de que los dividendos se iban achicando cada vez más. El material rodante y de tracción que estaba en funcionamiento no servía a aquellas compañías ferroviarias para restaurar su economía y la única manera de evitar la pendiente consistía en adoptar tres medidas difíciles de aplicar: rebajar los salarios, reducir el personal y aumentar las tarifas. La venta de la red parecía entonces la única carta posible, salvo que se encontraran nuevas formas de explotación combinadas con el Estado argentino. Así surgió la idea de constituir una sociedad mixta, la que se concretó el 17 de setiembre de 1946.

De ese modo, los ingleses no se desprendían de tan importante elemento de dominio comercial y obtenían la ayuda necesaria para seguir adelante, pues el Estado argentino incorporaba al capital de la nueva empresa mixta 500 millones de pesos en 5 años, para ser aplicados a la modernización de los ferrocarriles, y aseguraba al capital británico un rendimiento mínimo del 4 por ciento, garantizándole una ganancia líquida de 80 millones de pesos anuales. Los empresarios ingleses habían salvado también un difícil obstáculo: el 1° de enero de 1947 caducaba el artículo 8° de la Ley Mitre, que otorgaba a las compañías ferroviarias la exención de todo impuesto nacional, provincial o municipal. El acuerdo anglo-argentino prorrogaba esa cláusula indefinidamente.

La sociedad mixta resultó la mejor vía para conformar a ambos países. Sin embargo, quedaba un disconforme: Estados Unidos. “No hemos puesto condiciones a nuestro préstamo para cumplir con una formalidad sino para que las cumplan”, le enrostraron al canciller del Exchequer, Hugh Dalton, apenas pisó el Departamento de Estado, en octubre de 1946. Ocurría que el convenio anglo-argentino establecía que las libras acreditadas en el Banco de Inglaterra solo podían atizarse en el área de la esterlina, restringiendo el mercado argentino para las exportaciones norteamericanas. Se violaba así la condición impuesta por los Estados Unidos a Gran Bretaña al conceder su préstamo, que obligaba a los ingleses a liberar las libras acumuladas a favor de los países americanos, para que éstos pudieran convertirlas a voluntad en cualquier otra moneda y para usarlas en operaciones en cuenta corriente.

El propósito norteamericano era sanear las finanzas y la economía de todo el hemisferio —según explica Julio Irazusta— “para tener en las naciones vecinas mejores clientes que los fieles abastecedores de Inglaterra, siempre agobiados bajo el peso de hipotecas a elevado interés y sin compensación en los créditos impagos, que no redituaban nada”23. No era un objetivo altruista, sino una mera jugada de ajedrez en la competencia de mercados, pero que beneficiaba indirectamente a la Argentina. Sólo había que aprovechar la circunstancia (de tener que sustituir ese acuerdo por otro que gustara a los norteamericanos) para exigir a Gran Bretaña que el fondo de libras acumuladas fuera convertido en cualquier otra moneda que permitiera a la Argentina comprar lo que necesitaba, y en el mercado que le resultaba más favorable. Claro que esto no ocurrió porque los ingleses se preocuparon de evitarlo, redoblando sus persuasivos esfuerzos para convencer al gobierno argentino de que la mejor manera de saldar la deuda era comprar con ese dinero las compañías ferroviarias.

Hasta último momento, menos de un mes antes de concretarse la operación, Miguel Miranda desmintió los rumores sobre la nacionalización: “La versión es absurda; jamás soñamos con hacer tal cosa”, declaró el 18 de enero de 1947 a un corresponsal de la agencia noticiosa británica Reuter. Veinticinco días después, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, se formalizaba la compra de los ferrocarriles y el propio Miranda explicaba las bondades de la operación en un exhaustivo discurso. Entre las justificaciones que había ofrecido pocos días antes de la operación, cuando la compra ya estaba decidida, figuraba ésta: “Los ferrocarriles nos interesaban, pero no íbamos a gritarlo a los cuatro vientos para que los ingleses subieran el precio. Había que demostrar

poco interés, porque ellos eran los que querían vender”. Miranda, que en setiembre de 1946 habla calculado esa operación en mil millones, a fines de enero de 1947 (una semana después de desmentir los rumores de nacionalización) duplicaba la cifra alegando “razones sentimentales y deudas de gratitud para con Inglaterra”.: A esos dos mil millones se agregarían luego 700 millones más, culos siguientes conceptos:

  1)      El Estado se hizo cargo de las deudas con las Cajas de Jubilaciones, de los aguinaldos, de los aumentos retroactivos adeudados al personal y de todos los juicios iniciados contra las empresas por la Nación, provincias, municipalidades o entidades oficiales hasta jumo de 1946.

 2)      Se concedió a las empresas el derecho a quedarse con todo el dinero en efectivo, valores y créditos, de que dispusieran hasta junio de 1946 y se las eximió de pagar todos los gastos hasta esa fecha.

 3)      El Estado tomó a su cargo todos los gastos motivados por la compra (escrituras, contadores, etcétera) y facilitó a las empresas, gratuitamente, el local, los muebles y útiles que debieron dejar en el país para finiquitar la operación de venta.

Durante el período en que se delegó en manos de las empresas la administración por cuenta del Estado hubo que pagar abultadas sumas, lo que hizo acercar el precio definitivo a tres mil millones de pesos. Tres veces más de la cotización primitiva. La edición clandestina de La Vanguardia, que circulaba entre la oposición, convirtió las cifras en dólares e hizo la siguiente comparación: “Italia pagó 325 millones de dólares como monto total de reparaciones de guerra y nosotros hemos pagado 375 millones de dólares de más solo por razones sentimentales”. Tres años después, en la Cámara de Diputados, Arturo Frondizi iba a exigir que se explicara “por qué se pagó a los ingleses en libras esterlinas y no en pesos moneda nacional, lo que resultó gravoso para la economía del país”. Sea como fuere, lo cierto es que el país tenía ahora en sus manos un instrumento de gran poder económico, social y político.

La nacionalización de los ferrocarriles fue el paso más espectacular que dio el gobierno peronista en materia de servicios públicos. Y también el más discutido. Salvo escasas excepciones, la oposición manifestó su repulsa por toda esa política, a pesar de que en muchas de sus plataformas electorales siempre se proponían drásticas medidas contra los monopolios extranjeros. La explotación de los servicios públicos fue pasando a manos del Estado hasta eliminar totalmente la ingerencia de las empresas extranjeras, con una sola excepción: la Compañía Argentina de-Electricidad (CADE).

Afiche del gobierno de Juan Domingo Perón relativo a la nacionalización de los elevadores de granos.

17 de Octubre de 1945: Día de la Lealtad Peronista

Alfredo Palacios Biografía del Primer Diputado Socialista

Biografía de Alfredo Palacios Primer Diputado Socialista

Alfredo Palacios Primer Diputado SocialistaPolémico, a veces un tanto impredecible, el legislador, escritor, jurista y docente socialista Alfredo Lorenzo Palacios fue un ferviente defensor de los trabajadores. Su figura política intachable lo convirtió en una de las personalidades más reconocidas y respetadas de la Argentina durante el siglo XX.

Alfredo Palacios fue uno de los más populares dirigentes sindicalistas del país. La legislación del trabajo debe mucho a su acción y su estudio.

El 2 de mayo, el joven abogado Alfredo Lorenzo Palacios asume su banca de legislador por el Partido Socialista en el Congreso Nacional.

LUCHADOR POR LA JUSTICIA SOCIAL: Con su bigote enhiesto, un mechón de cabello rebelde cayéndole sobre la amplia frente, su poncho de vicuña sobre el hombro y su chambergo mosqueteril, Alfredo Lorenzo Palacios fue considerado un referente moral ineludible para la política argentina del siglo XX.

Luchó contra la injusticia social. Defendió la libertad y la dignidad humana. Se opuso al peronismo y a las torturas que éste infligía a los opositores, por lo que fue perseguido y debió partir al exilio.

Nunca transigió en sus principios e ideales, ganándose el cariño del pueblo y el respeto de los que no compartían su pensamiento. Palacios nació el 10 de agosto de 1880 Buenos Aires. Estudió en la Facultad Derecho de la Universidad de Buenos (UBA) a la que escandalizó con su tesis doctoral:

 La miseria, situación de las clase trabajadora, la cual fue rechazada.

LOS PRIMEROS PASOS LEGISLATIVOS
En 1904, siendo muy joven, al ganar en la circunscripción de La Boca, y convertirse así en el primer diputado socialista de América llevó a su amigo Florencio Sánchez  a decir:«La Boca ya tiene dientes».

Fue responsable de la sanción de las primeras leyes que regularon el trabajo femenino e  infantil; logró el descanso dominical suya la famosa Ley de la Silla, que procuraba un asiento para el personal en los lugar de trabajo, especialmente para las mujeres embarazadas. Muchos de sus proyectos aprobados en el Congreso fueron aprobados y convertidos en leyes, sin reconocerle crédito alguno por el peronismo.

A poco de asumir su banca interpeló al ministro Joaquín V. González por la  represión policial contra los trabajadores  en la jornada del 1 de mayo de 1904. Interpelaba así al que había sido su admirado maestro en la Facultad y al ministro cuya iniciativa había podido ocupar un escaño en el Congreso. Se lo respetaba porque en sus denuncias fundamentadas de injusticias social de las libertades públicas conculcadas nunca descendía al agravio personal o la pulla ofensiva. Orador fogoso, siempre actuó como un caballero.

ILUSTRE PROFESOR UNIVERSITARIO :
Su carrera docente tuvo una larga y honrosa trayectoria, pero en 1910 otra vez rozaría el escandalo. Al ser nombrado profesor de Historia de las Instituciones resultó inadmisible, por ese entonces, que un socialista dictara cátedra en la Facultad. Por ello renunciaron figuras de notable prestigio. Llegaría a ser decano de la UBA en 1930. Ya en 1916 había creado la cátedra de Legislación del Trabajo en la Facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires.

También fue profesor en la Universidad Nacional de La Plata, de la cual fue decano en 1925. El régimen peronista lo separó de las aulas, pero fue restituido por la Revolución Libertadora en 1955. Su férrea independencia de carácter se vio acentuada aún más en 1915 cuando Palacios aceptó batirse a duelo. Esto estaba reñido con el reglamento del Partido Socialista.

En un gesto inusual renunció al partido y a su banca. Luego, Palacios crearía el Partido Socialista Argentino. Quince años después se reconciliaría con su viejo partido, siendo su candidato en las elecciones de 1931, lo que le permitió ocupar su escaño en el Senado. La carrera legislativa fue notable: diputado entre 1904-1908, luego entre 1912-1916 y finalmente, entre 1963-1965.

FUERTE OPOSITOR A LOS GOBIERNOS DICTATORIALES:

El golpe militar del general Uriburu —en 1930— sorprende a Palacios como decano de la Facultad de Derecho. Inmediatamente desconoce al régimen militar y abandona su cargo. También por esa época se reintegra al Partido Socialista y en las elecciones de 1932 es elegido senador.

En 1937 es reelecto. En junio de 1943, cuando se produce el nuevo pronunciamiento castrense y se disuelve el Poder Legislativo, Palacios ocupaba el cargo de presidente de la Universidad Nacional de La Plata, al cual renuncia «frente al atropello producido en los claustros por el nuevo régimen militar».

En junio de 1955, cuando el presidente Perón llama a «la pacificación nacional» y ofrece el uso de las radios a los políticos de la oposición, se le niega el micrófono a Palacios. Pero éste publica igual su discurso, donde estampara esta histórica frase: «Los estadistas no se improvisan. Un técnico militar será siempre un mal gobernante.

Carece de la capacidad coordinadora para definir los fines deseables y no sabrá escuchar ei prudente consejo de Tomás de Aquino, quien dijera ‘Huye de las cosas que te exceden’ «. Poco meses después, ai ser derrocado Perón, Palacios es nombrado embajador argentino en el Uruguay y produce un hecho inusual en la diplomacia: reintegra intacta su partida de gastos de representación.

Fue un fuerte oponente al radicalismo cuando éste tenía el poder, pero denunció, tras el derrocamiento de Yrigoyen, las arbitrariedades del gobierno militar de Uriburu. Combatió la posición neutralista argentina durante la Segunda Guerra mundial; estuvo de parte de los aliados. Duro crítico del gobierno de Perón por el avasallamiento de las libertades individuales y la demagogia del régimen, Palacios debió exiliarse hasta 1955. Con la misma fuerza denunció las arbitrariedades cometidas, posteriormente, contra los partidarios del gobierno derrocado. El político ocupó una banca en el Senado en tres períodos: 1932-1935; 1935-1943 y 1961-1963.

En las elecciones de 1958, Alfredo Palacios sería uno de los candidatos presidenciales. A esa altura de su vida, estaba económicamente arruinado. Periódicamente se veía obligado a empeñar su viejo reloj de oro, y además tuvo que vender su casa, con la condición de que el comprador le dejara ocupar alguna habitación sin cobrarle alquiler. Espiritualrnente, en cambio, estaba entero.

Es así que viaja a Cuba en 1960, dictando a su vuelta una famosa conferencia sobre la situación social y económica de la isla. Al año siguiente, en febrero de 1961, es postulado por el Partido Socialista Argentino para ocupar una senaduría por la Capital Federal y obtiene un categórico triunfo frente a los candidatos radicales, intransigentes y peronistas.

Su retorno al Parlamento después de dos décadas es festejado por toda la ciudadanía, como un justo homenaje al insobornable y romántico luchador. No obstante, pierde su banca de senador al producirse el golpe militar de 1962 que derroca al presidente Frondizi. Pero un año después accede —por última vez— al Congreso Nacional, encabezando nuevamente las listas socialistas, esta vez como diputado. Con esa investidura moriría el 20 de abril de 1965 y sus restos serían velados en el Salón Azul del Parlamento, por donde desfilaron para despedirlo sus millares de seguidores.

Palacios fue uno de los más famosos profesores de Legislación del Trabajo (en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires) y le fue concedido el título de profesor honorario de la Universidad de San Marcos, en Lima, y de doctor «honoris-causa» de las universidades de Río de Janeiro, Lima, Arequipa, Cuzco, La Paz y México.

Publicó innumerable cantidad de artículos y dejó escritos los siguientes libros: Por las mujeres y los niños; Dos años de acción socialista; En defensa de los trabajadores; La justicia en el Ejército: Código de justicia militar; El nuevo derecho; La fatiga y sus proyecciones sociales; La Universidad nueva; Por la Universidad democrática; Universidad y democracia; Derecho de asilo; Enseñanza secundaria; Acción universitaria; La democratización de la enseñanza; Nuestra América y el imperialismo yanqui; El proceso Alvear; El socialismo argentino y las reformas penales; Las islas Malvinas; Libertad de prensa; En defensa de las instituciones libres; La represión del fraude electoral; El delito de opinión y la tradición argentina; El dolor argentino; Los partidos políticos; La denatalidad en la Argentina: La defensa del valor humano y La justicia social.

Caído Perón, Alfredo Palacios fue nombrado embajador ante el Uruguay. En 1957 fue convencional para la reforma de la Constitución. Iconoclasta hasta el último hálito, antes de morir, Palacios transgredió otro dogma socialista al recibir la absolución y el sacramento de la extremaunción.

EL ULTIMO ROMÁNTICO DE LA POLÍTICA ARGENTINA:
Socialista de férreos principios, eligió sin embargo, entre sus amigos más queridos al poeta Leopoldo Lugones y Joaquín V. González, ubicados en las antípodas de su pensamiento político. Se mezcló en el ambiente teatral porteño con bohemios y actores como el genial humorista Florencio Parravicini. Eximio bailarín de tango entreverado con compadritos del bajo, también incursionó como aeronauta con Jorge Newbery.

Al ser designado embajador en el Uruguay por el presidente Lonardi, infringió reiteradamente el protocolo establecido, burlándose de la etiqueta. Anticlerical, como todo buen socialista, fue sin embargo amigo pernal de sacerdotes a los que recibió y alentó. Cuando agonizaba, en marzo de 1965, lo asistió espiritualmente amigo personal, el teniente coronel capellán (RE) Amando González Paz, juntos rezaron a la Virgen de Luján (de la que Palacios era devoto) y luego recibió la extremaunción.

Fue también un brillante tribuno, que comenzó como orador de barricada enfrentando a las policías bravas de principios de siglo, para culminar siendo uno de los más grandes conferencistas latinoamericanos. Sus vibrantes alegatos le costaron muchas horas de cárcel, por la arrogancia con que defendía sus ideas y el coraje cívico con que enfrentaba a los gobernantes autoritarios.

Cronología de Alfredo Palacios

1880 Los trabajadores se organizan ensociedades de resistencia y mutuales

1889 Se funda la Segunda Internacional obrera
1890 Comienzan los movimientos huelguísticos
1894 Fundación de La Vanguardia
1896 Primer Congreso del Partido Socialista Obrero Argentino

El Partido Socialista en la Argentina surge como respuesta a la transformación económica que trajo aparejada el desarrollo del modelo agroexportador.

Todos estos cambios produjeron nuevas situaciones para los trabajadores que, amenazados por el desempleo, los bajos salarios y la falta de apoyo estatal, tuvieron que organizarse para hacer frente a las arbitrariedades patronales. En su mayoría, la mano de obra estaba formada por inmigrantes que traían de Europa ideas socialistas y anarquistas.

Las agrupaciones socialistas se diferenciaron del anarquismo por adoptar una postura favorable al parlamentarismo. Influidos por la socialdemocracia europea, para los socialistas los trabajadores debían confiar en la política.

Surgido de diversas agrupaciones con ideas socialistas, para 1900 ya existía el Partido Socialista Argentino, que llevó a Alfredo Palacios, en las elecciones de 1904, a ser el primer diputado socialista de América.

1900 El Partido Socialista Argentino adhiere a la Internacional Socialista
1901 Palacios se afilia al Partido Socialista
1904 Palacios es el  primer diputado socialista en América
1908 Octavo Congreso del PSA, se adopta el nombre de Partido Socialista

Fuente Consultada: Hicieron La Historia de Larousse Tomo II – (La Nación)