El Helado

Historia del Jabón Componentes y Fabricación Resumen

Historia del Jabón
Compuestos y Fabricación

Cuando consideramos todas las comodidades que los inventos modernos nos proporcionan y que son parte indispensable de nuestra vida diaria, nos preguntamos qué hacían nuestros antepasados frente a una multitud de problemas, resueltos para nosotros e insolubles para ellos.

Claro está que como nuestras necesidades y exigencias crecen a medida que aumentan las comodidades que nos rodean, podemos pensar que nuestros antepasados vivían muy felices en condiciones de vida que para nosotros resultarían insoportables.

El siglo XX goza del fruto de tantos estudios, tantos experimentos, tanta búsqueda, tanto trabajo cuyo resultado superó a veces toda esperanza, que en medio de nuestro bienestar ni siquiera pensamos en los esfuerzos y sacrificios de aquellos tenaces investigadores e inventores.

jabon antiguo

El jabón, agente limpiador o detergente que se fabrica utilizando grasas vegetales y animales y aceites.

Existen documentos que mencionan el uso de muchos materiales jabonosos y agentes limpiadores desde la antigüedad. Los agentes purificantes que se mencionan en el Antiguo Testamento no eran verdaderos jabones, sino un producto hecho únicamente con cenizas de corteza de árbol.

En el siglo I d.C., el historiador romano Plinio el Viejo describió las diversas formas de jabones duros y blandos que contenían colorantes.

Los antiguos conocían el jabón; por otra parte, viejas leyendas como los relatos de Homero nos hablan claramente de la importancia que los griegos daban a los cuidados corporales.

Los héroes nunca arrostraban el peligro dé los combates ni participaban de un sacrificio ritual sin haber frotado previamente su cuerpo con aceites y esencias aromáticos.

Los primeros rastros de un jabón fabricado con grasas y ceniza se encuentran en Mesopotamia, donde se menciona en tabletas de la época sumeria.

En aquellos tiempos, el uso del jabón se reservaba para rituales religiosos. Se dice que, en torno al siglo X a.C, los sirios de Alepo empezaron a fabricar jabón con aceite de oliva y cenizas, a las que añadieron por primera vez una planta aromática, el laurel, para mejorar sus propiedades, ya que desinfecta y al mismo tiempo cuida la piel.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/jabon3.jpg

Los fenicios fabricaban jabón en el VI a.C. y usaban casi los mismo componentes que hoy

Los fenicios usaban jabón de ceniza para limpiar los tejidos, costumbre que se ha practicado hasta el siglo XIX. Los griegos de la calle usaban aceite de oliva para limpiarse los cabellos, aunque algunos historiadores consideran que ya se fabricaba el jabón con grasa de animales y ceniza, básicamente para limpiar la ropa, pues el lavado corporal no era muy frecuente.

La leyenda cuenta que el jabón moderno lo descubren los romanos en los entornos del río Sapo, donde se mezclaban la ceniza y el aceite de los rituales.

En el siglo I ya se fabricaban diversos tipos de jabones en Europa, como cuenta el romano Plinio el Viejo.

Los ungüentos muy finos se fabricaban con la emulsión de substancias resinosas que brotaban de tajos efectuados en el tronco de ciertos árboles; los aceites aromáticos, en cambio, se sacaban de las semillas.

Los más conocidos de éstos, y que aún se utilizan en medicina, química y perfumería, son: la mirra, el jengibre, el laurel y el incienso u olíbano (del latín oleum Libani: aceite del Líbano).

Las variedades más preciadas de nuestros jabones de tocador no son, en el fondo, sino derivados de productos conocidos desde hace dos o tres milenios.

Los primeros aceites balsámicos fueron los precursores de nuestro jabón líquido, y las finas esencias aromáticas que se usaban en los ungüentos nos dan una idea del refinamiento a que se llegó en la antigüedad.

Entre los romanos, los baños tuvieron gran importancia y constituían una especie de rito.

Las termas o baños públicos rivalizaban por su arquitectura y esplendor con los más hermosos palacios.

Había en ellos piscinas, gabinetes para masajes, gimnasios y baños de toda clase. Los más célebres y suntuosos fueron los de Agripa, de Nerón, de Trajano, de Adriano, de Diocleciano y de Caracalla.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/jabon2.jpg

En Roma, las termas eran edificios suntuosos donde había gimnasios, paseos, salas de estar, bibliotecas. En ellas conversaban y discutían filósofos, poetas y retóricos. Una parte de los edificios estaba destinada a los hombres, otra a las mujeres. Había baños fríos, calientes y de vapor.

En París, detrás del museo Cluny, se encuentran las ruinas de las termas edificadas bajo el reinado de Juliano, y en Roma se pueden todavía admirar, perfectamente restauradas, las termas de Caracalla, muy renombradas en la actualidad por los grandiosos espectáculos teatrales que allí se ofrecen durante el verano.

Pero si nuestros mayores conocían los ingredientes necesarios para elaborar el jabón, durante muchos siglos lo fabricaron con procedimientos muy primitivos.

Al parecer, los fenicios fueron los primeros en obtener jabones sólidos y en comerciar con ellos.

Según Plinio, los romanos ya conocían el arte de fabricar jabones, y, en efecto, en las ruinas de Pompeya se encontró un taller completo de jabonería, con los diferentes utensilios y unas cubas llenas de jabón compuesto de una mezcla de aceite y álcali.

Los elegantes de Roma, para teñirse el cabello de rubio, utilizaban un jabón especial fabricado en Alemania. Ateneo (193 años después de J. C), es el primer autor griego en cuyos escritos aparece la palabra sopón (jabón).

El médico Aecio, que vivió en el siglo IV, habla de un jabón negro y los médicos árabes señalan a menudo el uso del jabón en medicina y para la limpieza de la ropa.

Las primeras manufacturas de jabones sólidos, a base de soda, fueron establecidas en Savona (pequeña ciudad de Italia cerca de Génova).

La industria jabonera fue muy floreciente en Venecia.

Para protegerla se prohibió la entrada de jabón extranjero, tanto en la ciudad como en todos los territorios que de ella dependían. Con el fin de controlar su calidad se ordenó que todo jabón, aun el fabricado por particulares, llevase una marca grabada en todas sus caras.

Generalmente la palabra jabón designa toda composición que se obtiene sometiendo un cuerpo graso salificable —como el sebo y el aceite— a la acción de un álcali como la soda o la potasa.

Los jabones pueden dividirse en dos clases: los solubles, producidos mediante la soda o la potasa y los insolubles.

Además, los jabones solubles utilizados en los menesteres domésticos y en la industria se dividen en dos categorías: jabones duros y jabones blandos, según la menor o mayor cantidad de agua que contienen.

Componentes: Las grasas y aceites utilizados son compuestos de glicerina y un ácido graso, como el ácido palmítico o el ácido esteárico.

Cuando estos compuestos se tratan con una solución acuosa de un álcali, como el hidróxido de sodio, en un proceso denominado saponificación, se descomponen formando la glicerina y la sal de sodio de los ácidos grasos.

La palmitina, por ejemplo, que es el éster de la glicerina y el ácido palmítico, produce tras la saponificación palmitato de sodio (jabón) y glicerina.

Fabricación: En las calderas se mezcla la materia grasa con álcali y sal común.  Después de reposar varias horas y luego la la masa pasa a una máquina que la transforma en cilindros. 

Luego el producto se moldea en forma de panes. Éstos se cortan según el tipo de jabón que se desea.

Ulteriormente la marca se graba con máquina en los panes. Al final el producto pasa a los secaderos y se procede seguidamente a su embalaje.

Los jabones «duros» se fabrican generalmente en grandes calderas y a temperaturas superiores a la del agua hirviendo.

El mejor jabón de este tipo es el de Marsella, que antaño se preparaba con aceite puro de oliva, mientras hoy se emplea una mezcla de aceites de oliva, sésamo y maní. Los jabones «blandos» se elaboran en pequeños recipientes y a temperatura menor.

Puede utilizarse en su preparación cualquier clase de cuerpo graso, generalmente aceite de ballena o de semillas.

Algunos jabones pueden fabricarse en frío.

Pueden ser a base de soda o de potasa, según se los prefiera duros o blandos. Se los colorea con ultramar, con bermellón, con ocre y otros productos, y se los perfuma con esencias agradables.

En ciertos países, la producción jabonera de lujo ha alcanzado un alto grado de refinamiento.

Para terminar, citaremos los jabones medicamentosos empleados en el tratamiento de enfermedades de la piel, del reumatismo, de la artritis, y recordaremos los jabones con ácido salicílico, con alquitrán, con azufre, con alcanfor, etc.

Todos los jabones tienen, por otra parte, un considerable poder antiséptico y es por ello que.a menudo el primer tratamiento de una herida consiste en lavarla con agua tibia y jabón.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX Historia del Jabón e Historia del Peine

Historia de la Repostería Tortas y Masas Dulces Resumen

 Resumen Historia de la Repostería
Los Dulces: Tortas,Pasteles,Masas y Helados

Así se expresaba hace casi dos mil años, Marcial, un poeta latino (año 43-104) en uña poesía titulada «Pistor dulciarus» (el pastelero), dedicada precisamente a las personas que se dedicaban a la elaboración de dulces.

«Sus manos (las del pastelero) confeccionan para ti más de mil dulces. Sólo para él trabaja la laboriosa abeja».

No debe maravillarnos que la obra del pastelero existiera y ya entonces fuera alabada, pues desde los tiempos más antiguos los hombres trataron de mejorar los alimentos de que se nutrían con la adición de sustancias dulces, especias, frutas secas, huevos, grasas, etcétera, dando así nacimiento a la repostería.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/reposteria.jpg

Reposteros medievales

BREVE  HISTORIA  DE  LOS   DULCES
Del verso latino que hemos transcripto se deduce que, entre los antiguos, era la miel la principal sustancia edulcorante. Para los antiguos pueblos europeos, que no conocían el azúcar, la miel era la más difundida golosina. Y la usaban en abundancia, porque le atribuían cualidades curativas.

En el Medioevo, muchos conventos criaban abejas para obtener la cera necesaria para la fabricación de velas, y aprovechaban la miel en la elaboración de distintos dulces, algunos de ellos muy famosos. La fabricación de dulces fue acompañada con la de velas hasta el punto de que los elaboradores de ambos productos solían reunirse en un solo gremio, en el tiempo de las corporaciones medievales.

En plena Edad Media, alrededor del año 1000, los árabes introdujeron en la repostería europea el azúcar, desde siglos atrás conocido en Asia oriental. La repostería árabe introdujo también distintas creaciones, cuyo recuerdo se conserva en numerosas palabras castellanas (alfajor o alajú, de «alhachu», sorbete, de «xorba», tal como la propia palabra «azúcar»), juntamente con distintas drogas y esencias, el pistacho o alfónsigo, el almizcle, los piñones, etc.

El prolongado contacto de la civilización árabe con la península ibérica produjo una profunda influencia también en ese orden. Quizá sea por eso por lo que el primer tratado sobre la materia fue publicado en nuestro idioma: se trata de una obra escrita por Juan de la Mata con el título de «Arte de la repostería» aparecida en Madrid en 1748.

Durante el Medioevo y el Renacimiento, además de los reposteros que abrían una tienda al público, había numerosos artistas pasteleros que trabajaban exclusivamente en casa de algunos magnates para quienes elaboraban distintos dulces: creaciones particulares cuyas recetas guardaban celosamente.

Estos reposteros confeccionaban dulces y pasteles, a veces de enorme tamaño, cuyos ingredientes y preparación eran motivo de asombro. No pocas veces, el dispendio y la ostentación en la producción pastelera hizo que la repostería cayera dentro de las prohibiciones de las leyes suntuarias.

Parece que los helados se fabricaron por vez primera en el siglo XIV. Tres siglos después, el repostero del príncipe de Conde, en un banquete ofrecido al rey Luis XIV, sirvió unos helados notables, con la apariencia de huevos y hechos con tal arte que los invitados los tomaron efectivamente por huevos y no salieron de su error hasta haberlos probado.

Gelée Claudio

El hojaldre fue descubierto, se   dice que casualmente, por un repostero francés, Claudio Gelée, en el siglo XVII. Mientras se hallaba amasando otros dulces, se dio cuenta de que había olvidado agregar la dosis necesaria de manteca. La añadió entonces poco a poco mientras seguía amasando la harina. ¡Cuál no sería su sorpresa cuando, terminado el cocido de las pastas, comprobó que había obtenido una masa muy friable y frágil, formada por una masa delgadísima y dividida en muchas hojas!

España ostentaba ya una vasta y compleja repostería, caracterizada por las creaciones de las regiones mediterráneas, como el turrón, el mazapán, y los distintos dulces, derivados algunos de la pastelería árabe, cuando se enriqueció nuevamente con el descubrimiento de América, de donde llevó a Europa, junto con el chocolate —que por sí mismo es todo un capítulo del arte reposteril—, numerosas frutas y condimentos, así como el azúcar barato y abundante.

El chocolate, que en España como en América se convirtió en pocos siglos en un desayuno más o menos corriente, aporto a la repostería europea en general, y a la española en particular, un ingrediente útilísimo y aplicable a multitud de creaciones de ese arte.

A comienzos del siglo pasado se inició en Europa la elaboración industrial del chocolate, ofreciéndolo preparado con azúcar de caña o de remolacha, cuya fabricación comenzó en Francia hacia esa misma época.

Por aquellos años aparecieron igualmente los confites de color, que desde el siglo XVI se elaboraban exclusivamente de color blanco. Habían sido descubiertas sustandas colorantes comestibles, que permitían recubrir con azúcar coloreado las pastas o frutas utilizadas para esas ricas golosinas.

La palabra confite significó originariamente «fruta azucarada», pero tal designación se extendió luego a distintos tipos de dulces, tales como hoy los conocemos.

En la actualidad, también la pastelería, que desde sus orígenes formó parte de la artesanía, ha sido organizada en forma industrial. En la mayoría de los establecimientos de tal índole, el producto no es tocado por las manos de los obreros, ya que la dosificación de los ingredientes, su paso por las distintas etapas de la fabricación y la confección final, están a cargo de complicadas maquinarias.

Las materias primas empleadas son cuidadosamente seleccionadas en grandes laboratorios científicos por técnicos y, químicos que, salvo el guardapolvo blanco, nada tienen de común con los antiguos reposteros y cocineros.

historia de la reposteria

PASTELITOS: Beignet, cañoncitos, bombitas, tajaditas, espumitas, merengues (dulces formados con clara de huevo batida con azúcar hasta volverla espumosa; suelen rellenarse con crema), pastas rellenas, ricitos (pastas dulces con almendras), barquitos (dulces de harina, manteca y azúcar cocidos directamente sobre la llama), eremitas, babas (dulce hecho con harina, levadura de cerveza, huevos, azúcar, pasas de uva, ensopada con ron), africano (dulce cubierto de chocolate), «praline», «cerisette» (dulce pequeño de chocolate que encierra una cereza y licor), «fondant» (dulce de azúcar perfumado), confitado (frutas hervidas con jarabe de azúcar hasta secarlo), castañas confitadas, caramelos (comprimidos de azúcar cocido y aromatizado), chocolatines, bizcochos (dulces de masa cocidos al horno hasta quitarles toda la humedad).

DULCES    LÍQUIDOS
Crema helada (bebida de leche, hielo y jarabe de frutas batidas), chocolate (bebida densa compuesta de cacao azucarado, disuelto y hervido en leche), mazagrán (café con hielo y limón), horchata (refresco de chufas, de origen árabe).

CREMAS
Crema de leche (también llamada nata) ; crema espumosa, crema de manteca, crema de café, crema de chocolate, crema de jarabe, crema con ron, crema chantilly (crema de leche batida con azúcar y vainilla) ; crema Saint-Honoré, etcétera.

DULCES  DE FANTASÍA
Llamados así por su aspecto singular: conchillas, cestas, arpas, colmenas, floreros, mazorcas de maíz, almohadas, coliflores, frutas, naipes y otros, de acuerdo con su forma.

LAS DECORACIONES  PUEDEN   SER:
De azúcar, de cremas, de crema común batida, de chocolate, de distintas pastillas, de confitados de frutas, de turrón, de crocante, de mazapán, de azúcar acaramelado y fundido al calor.

EL  PAN  DULCE
Un producto de repostería que ha adquirido carta de ciudadanía en diversos países es el pan dulce, de origen específicamente italiano, donde se le llama «panettone». Comenzó a ser fabricado por un panadero milanos de fines del siglo XV; más exactamente, durante el reinado de uno de los Sforza, Ludovico «el Moro» (1451-1508).

Afirma la leyenda que tal viejo panadero milanos se hallaba próximo a la ruina cuando uno de sus ayudantes tuvo la idea de atraer al público ofreciéndole un pan mejorado por la adición de huevos, leche, pasas, frutas confitadas y piñones, agregados a la masa de panificación.

Tanto éxito logró la creación, que el negocio cercano a la quiebra volvió a prosperar y tuvo desde entonces una clientela extraordinaria.

En nuestro país, el pan dulce se prepara de acuerdo con la fórmula original, traída desde hace décadas por la industriosa y emprendedora inmigración italiana, siendo corriente la elaboración, tanto según el gusto «milanés», caracterizado por las piezas altas, como el «genovés», que se vende en piezas de forma chata.

El pan dulce es considerado un alimento de gran poder nutritivo, pues, además del valor de alimento universal que se le reconoce a la masa de harina de trigo —el ingrediente básico—, tiene adicionados alimentos tales como azúcar, huevos, leche, manteca y frutas confitadas, de muchas calorías.

historia de la reposteria

LOS HELADOS: En la antigua Grecia se practicaba ya la costumbre de mejorar ciertos postres, frutos, golosinas y bebidas mediante su enfriamiento. El griego alejandrino Ateneo refiere en su libro «El banquete de los sofistas» —en el cual describe la vida y las costumbres del siglo III antes de Cristo— los procedimientos empleados para conservar la nieve durante el verano, en cuevas o sótanos subterráneos, existentes entonces en las casas ricas.

El Renacimiento, junto con otros refinamientos en las costumbres nacidos en el mundo antiguo, volvió a usar de esta práctica culinaria. Fueron reposteros árabes quienes introdujeron en la Europa medieval el sorbete, servido primero en los palacios de los grandes señores, y más tarde ofrecido al público por los pasteleros de Siria, Egipto y la España musulmana.

Reposteros italianos tienen el mérito de haberlo introducido en las cortes de los príncipes, y de haber creado no pocos de los tipos de helados y refrescos todavía en uso.

Sin embargo, el desarrollo extraordinario del helado llegó sólo después que el ilustre ingeniero francés Carlos Tellier (1828-1913) inventó la refrigeración mecánica, la cual permitió crear temperaturas bajas en cualquier sitio y oportunidad, con independencia de las estaciones.

Los helados propiamente dichos suelen tomar nombres especiales, de acuerdo con su forma, confección y composición. Así, tenemos los llamados mantecados (poco consistentes y que se toman en vasos); las casatas (compuestas por varios helados que se enfrían juntos y con frutas confitadas); cremas, los «spumoni» (especie de helados con crema batida) y los semifríos (que contienen bizcochos y otros ingredientes que no se hielan).

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Editorial CODEX Fasc. Nº33 Historia de los Dulces

Origen del Helado Historia de los Primeros Helados

Historia y Origen del Helado

Esa golosina que tanto apreciamos en los calurosos meses de verano tiene una historia y un pasado ilustres. Entre los ricos egipcios y los persas estuvieron de moda las bebidas heladas; gustaban especialmente del jugo de frutas y del agua azucarada, a la que agregaban distintas esencias aromáticas, enfriando el refresco con hielo. Según podemos apreciar examinando antiguos grabados, los persas daban a estos helados la forma de un huevo y los lamían al igual que suelen hacerlo los niños de hoy.

Los romanos fueron muy afectos a las bebidas heladas; se cuenta que Julio César tomaba grandes cantidades para reponerse de las fatigas de sus expediciones militares. Los árabes gustaron a tal punto de ellas, que nuestra actual palabra sorbete deriva precisamente de su lengua.

Empero, la crema helada, esto es, lo que en la actualidad llamamos helado, data del siglo xvi y nació en la ciudad de Florencia; su invención se debe a Bernardo Buontalenti. Este delicioso manjar tuvo sus enemigos y sus apasionados defensores; entre estos últimos contó con Catalina de Médicis (1519-1589), quien lo introdujo en la corte de Francia e hizo venir de Florencia a dos expertos en la fabricación de helados.

En la antigua Grecia se practicaba ya la costumbre de mejorar ciertos postres, frutos, golosinas y bebidas mediante su enfriamiento. El griego alejandrino Ateneo refiere en su libro «El banquete de los sofistas» —en el cual describe la vida y las costumbres del siglo III antes de Cristo— los procedimientos empleados para conservar la nieve durante el verano, en cuevas o sótanos subterráneos, existentes entonces en las casas ricas.

Un siglo más tarde encontramos en Florencia, en Napóles, en Venecia, en Palermo, gran número de fabricantes de helados, quienes trataban de hallar nuevas recetas para su especialidad, nuevos adornos, nuevos gustos; entre éstos merecen destacarse la espuma florentina, las tortas heladas napolitanas y sicilianas, la bomba napolitana, el arlequín o helado mixto de origen veneciano.

En 1660, el florentino Procope Coltelli abrió en París el primer establecimiento en que se servían helados; fue el famoso Café Procope, al que concurrían, hasta el siglo pasado, la gente elegante, los literatos, los artistas y los políticos.

Procope fue también el inventor de la máquina para fabricar helados que aún hoy se usa en muchos hogares, y que consta de un receptáculo con una espátula batidora, colocado en un recipiente mayor que contiene hielo. Además del Café Procope, ubicado enfrente de la Comedie Francaise, que había sugerido a su propietario la idea de dar a cada variedad de helados el nombre de un artista de moda, también adquirió renombre el Café Napolitano. Su primer propietario fue Tortoni.

Florentinos, venecianos, sicilianos y napolitanos llevaron a todos los países de Europa la afición por los helados, aunque hasta el siglo pasado éstos quedaron reservados para las mesas de los ricos. Existen a este respecto numerosas anécdotas; las crónicas de la época relatan frecuentes querellas entre damas de la alta sociedad que trataban de lograr para sí, ofreciéndoles un mayor salario, a tal o cual heladero italiano.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/helados.jpg

La auténtica crema helada, tal como la conocemos hoy, fue servida por primera vez en Florencia en el siglo XVI. Catalina de Médicis llevó a París a dos heladeros expertos, introduciendo así el uso de los helados en la corte de Francia. Aquí vemos a Catalina de Médicis, durante una recepción que ofreció en su palacio de Florencia, recibiendo de manos de su servidor una copa de crema helada. El delicioso manjar constituía, entonces, un exótico ofrecimiento para los invitados.

Tal uso de los helados fue introducido en Inglaterra en 1860 por un cocinero de Catania quien, en un banquete celebrado en el corazón político y comercial de Londres, habría presentado una enorme torta helada, tan artísticamente decorada que suscitó la envidia de los demás cocineros del Reino Unido. También se cuenta que Carlos I de Inglaterra asignó la fabulosa remuneración de 20 libras esterlinas anuales a su cocinera y especialista de helados en forma de huevo, con cucurucho de vainilla, relleno de pasta de grosella.

El Renacimiento, junto con otros refinamientos en las costumbres nacidos en el mundo antiguo, volvió a usar de esta práctica culinaria. Fueron reposteros árabes quienes introdujeron en la Europa medieval el sorbete, servido primero en los palacios de los grandes señores, y más tarde ofrecido al público por los pasteleros de Siria, Egipto y la España musulmana. Reposteros italianos tienen el mérito de haberlo introducido en las cortes de los príncipes, y de haber creado no pocos de los tipos de helados y refrescos todavía en uso.

Las recetas secretas que utilizaban los heladeros italianos pudieron al fin ser descubiertas por un chef francés, llamado Clermont, a fines del siglo XVII. Clermont emigró a los Estados Unidos y estableció allí una fábrica de helados; esta industria prosperó en muy poco tiempo.

helado cucuruchuLa forma cónica de los helados y otras modalidades que han facilitado su consumición en todo momento y en cualquier lugar son debidas a los americanos del Norte, cuyo espíritu práctico hizo de esta golosina un manjar popular.

Mas no sólo lo colocaron al alcance de todos (quedando desprovista su fabricación del sello especial que le dieron sus inventores), sino que confeccionaron nuevas recetas y convirtieron los helados en parte integrante de la alimentación diaria, para felicidad de los niños y de los que ya no lo son.

Sin embargo, los helados italianos seguían teniendo el mayor éxito. En 1850, el veneciano Sartorelli organizó un pintoresco desfile de 900 carritos de heladeros ambulantes a través de la ciudad de Londres.

Diez años más tarde, en Nueva York, otro italiano imitaba su ejemplo, desafiando de este modo a quienes ya creían entrever el declinar de esa pequeña industria, que no cesa de progresar acelerada y entusiastamente.

Ya dijimos que, en nuestros días, los helados no son considerados como una golosina sino como un alimento; en los Estados Unidos existen escuelas en las que se imparte enseñanza especial a los futuros fabricantes de helados; estos establecimientos poseen laboratorios químicos perfectamente equipados.

Una estadística de 1980 demuestra que cada habitante consume por año, en los Estados Unidos, unos 70 kilogramos de icecream. América latina, por su parte, es una gran consumidora de helados; aunque no disponemos de estadísticas, basta observar los quioscos, los carritos ambulantes, los innumerables vendedores con conservadoras de frío de distintos tipos, que en los meses de verano se instalan en los lugares de gran afluencia de público, o recorren los parques, plazas y paseos, y hasta los apartados barrios de las ciudades y de los más alejados suburbios.

Para concluir esta breve reseña, transcribiremos el elogio que escribió Giuseppe Parini, uno de los grandes poetas italianos del siglo XVIII:

A un mismo tiempo la nieve se apresa
y la fresa gentil con su suave perfume
que de lejos traiciona su ansiada presencia,
el limón saludable y la más dulce crema.

Parini, autor de poesías de tono austero, hallaba, pues, motivo de inspiración en las deliciosas y aromáticas cremas de frutas heladas.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Historia del Helado – Editorial CODEX