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Supersticiones Populares Origen de las Cabalas Para La Suerte

Supersticiones Populares
Origen de las Cabalas Para La Suerte

«Superstición» proviene del latín «super» (sobre) y «statuens» (establecer), locución que remite a lo sobreentendido, lo que todo el mundo sabe que es así, sin necesidad de buscarle una explicación lógica. Etimológicamente, podríamos referirnos además a la palabra «superstitio», también de origen latino, que figura en el diccionario como una creencia «extraña a la fe religiosa y contraria a la razón».

Según el doctor en medicina y escritor Charles Panati, las primeras supersticiones datan de, al menos, 50 mil años, cuando la vida del hombre estaba tan llena de peligros y penalidades que acabó desarrollando creencias y costumbres supersticiosas de todo tipo para tranquilizar su ánimo.

Incluso hay quienes la dan como un hecho humano per se, pues «la superstición no se puede ajustar a una definición cualquiera, ya que es más que una creencia, es un modo de vida que rige al hombre desde que éste existe», y la remontan a los primeros balbuceos del «homo sapiens».

Lo prueban los vestigios de hace más de 500.000 años, cuando ya se daban comportamientos de tipo supersticioso en las Colinas del Hueso del Dragón, cerca de Beijing, y hace 200.000 años en Europa central. Lo cierto es que desde sus comienzos el hombre trató de explicar su mundo y los misterios que le rodeaban de una manera «sobrenatural» o supersticiosa.

El hombre primitivo, al buscar explicaciones para fenómenos tales como el rayo, el trueno, los eclipses, el nacimiento y la muerte, y desconocedor de las leyes de la naturaleza, creó un andamiaje de rituales y tabúes que le permitieron no sólo comprender los fenómenos naturales, sino también protegerse de un entorno hostil habitado por innumerables espíritus invisibles.

Por otra parte, el milagro de que un árbol creciera a partir de una semilla, o la aparición de una rana a partir de un renacuajo, confirmaba una intervención ultraterrena: los dioses. Con una existencia cotidiana llena de peligros, llegó a la conclusión de que «su» mundo estaba poblado por unos espíritus vengativos que superaban en número a los benéficos.

Esta es una de las razones por las que entre todas las creencias supersticiosas que hemos heredado tienen preponderancia los medios destinados a protegernos contra el mal, tales como amuletos, talismanes y acciones predeterminadas.

De la misma manera, asignó a determinados eventos y objetos la propiedad de influir positiva o negativamente en su vida diaria y futura. Precisamente, la manifestación supersticiosa más común es su aplicación en forma de «buena» o «mala» suerte según los acontecimientos diarios.

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Nueve reglas de etiqueta supersticiosa

1. No corras riesgos ni intentes nuevas empresas en viernes trece. Históricamente, el viernes es un día calamitoso. Jesús murió en viernes. Eva sedujo a Adán con una manzana un viernes y el bíblico Diluvio se inició en aquel día fatal. El número trece es catastrófico. Representa el número de comensales de la Santa Cena. Los filósofos y matemáticos griegos lo despreciaban por «imperfecto». La mitología escandinava dice que se encontraban congregados doce dioses cuando Loki, espíritu del mal y de la disensión, irrumpió en el banquete (convirtiéndose en el decimotercer invitado) y dio muerte a Balder, el más reverenciado de todos los dioses.

2. Cuelga la herradura con las puntas para arriba… no vaya a ser que la buena suerte escape por debajo.

3. No enciendas tres cigarrillos con la misma cerilla. Aun cuando el tres suele ser un número que trae suerte, representa la Santísima Trinidad y hay que tener mucho cuidado con su uso. En otros tiempos, la Iglesia ortodoxa prohibía a los seglares encender los tres cirios del altar con li misma vela, aunque ésta era cosa que podía hacer, en cambio, un sacerdote. En la guerra de los bóers, los soldados británicos ahorraban cerillas sirviéndose de una sola para encender tres cigarrillos. La prolongada iluminación de la cerilla daba tiempo al enemigo para apuntar a los soldados, por lo que era frecuente que el tercer hombre se convirtiera en blanco perfecto.

4. Vístete con la ropa del revés. Es un excelente disfraz para impedir que la Muerte te reconozca y te elija como víctima.

5. No te cases en mayo. Los romanos honraban a sus muertos en este mes y es época muy infausta para los amantes.

6. Después de hablar de buena suerte, da tres golpecitos sobre madera. El significado religioso de la madera proviene de la Crucifixión de Cristo en la cruz. El hombre, en otros tiempos, temía al rayo que se abatía sobre el bosque y creía que el dios del trueno habitaba en un roble. Dar unos golpes en la madera te garantiza que tu buena suerte no cesará.

7. No cruces los cuchillos sobre la mesa en que comes. Simboliza el entrecruzarse de dagas y espadas en el combate. Además, la composición mágica del hierro tiene el poder de provocar rencillas.

8. Entra y sal por la misma puerta cuando vayas a visitar a un amigo. Si sales un momento de la casa para regresar después, siéntate un momento junto a la puerta y cuenta hasta diez antes de entrar por segunda vez.

9. No tropieces antes de empezar un nuevo día ni antes de iniciar una nueva aventura. Es de mal augurio para ti y para tus colaboradores. Para contrarrestar el traspiés, da tres vueltas en redondo y di: «Me doy tres vueltas para echar a la mala suerte.»

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Explicación del Origen de Algunas Supersticiones o Creencias Populares:

Cruzar los dedos

Cuando se formula un deseo, se dice una mentira o se encuentra uno ante un peligro, es costumbre cruzarlos dedos, concretamente el mayor sobre el índice. El gesto, que evoca una cruz, conjura la mala suerte y aleja las influencias maléficas, según los supersticiosos. Desde los primeros tiempos del cristianismo se creía que, replegando el pulgar bajo los otros dedos, se alejaba a los fantasmas y malos espíritus, o bien haciendo esa operación con las dos manos y dejando que el pulgar asome entre el índice, dedo consagrado a Júpiter, y el mayor, dedo del pecado dedicado a Saturno. No obstante, algunos autores piensan que, aunque el simbolismo de la santa cruz en este gesto resulta obvio, el origen primero es mucho más primitivo que la cruz cristiana y se remonta a los más antiguos tiempos paganos.

La suerte de la pata de conejo

La extraña tradición de llevar una pata de conejo en el bolsillo para atraer la suerte no nace de este animal, sino de la liebre. En las regiones medievales de Europa existía la creencia de que las brujas se transformaban en liebres para sorber la leche de las mujeres que habían dado a luz. ¿Pero cómo nace esta creencia? Antiguamente, las cabras, vacas, cerdos, liebres y otros animales de granja entraban libremente en la casa de sus amos, ya que la familia aprovechaba su calor corporal para protegerse del frío invernal. Los campesinos criaban liebres para comérselas y las cuidaban con esmero y cariño. De hecho, por ejemplo, los antiguos britanos pensaban que estos animales eran criaturas mágicas que incluso había que evitar ingerir.

Algunos tratados de la época mencionan que las mujeres embarazadas y durante la época de lactancia acostumbraban a sentarse en un rincón del hogar y ponerse en el regazo uno de estos nobles animales para que las calentara. A cambio, dejaban que la liebre tomara de su pecho. La tradición popular; como ya se ha mencionado, aseveraba que durante la caza de brujas, éstas se transformaban en liebres y se colaban en las casas de los campesinos para salvarse del peligro. Incluso había una manera de reconocer el engaño: si la liebre, una vez atrapada, resultaba difícil de despellejar o cocinar, entonces la bruja se había transformado en animal antes de morir. La idea de que la pata de liebre trae buena suerte nació de la primitiva creencia de que los huesos de sus patas curan la gota y otros reumatismos, así como los calambres. Pero, para ser eficaz, el hueso debía tener una articulación intacta. Por ser tan parecidos, la liebre y e] conejo se unieron como frute de las supersticiones relativas a sus virtudes mágicas.

Poner la mano delante de la boca al bostezar

El gesto actual de taparse la boca cuando bostezamos no obedece sencillamente a la intención de guardar las formas, esconder la dentadura o el deseo de no difundir los gérmenes, sino que tiene un significado más profundo.

En el libro Superstitions oÍ Ireland, de Sperenza Wilde se puede leer que hacer la señal de la cruz delante de la boca al bostezar impedía que el diablo se introdujese en el cuerpo y estableciera en él su morada. Es por esta razón por lo que las madres cerraban la boca del bebé o hacían la señal de la cruz delante de ella cuando lo veían bostezar. De esta costumbre ancestral deriva el gesto actual de taparse la boca.

Levantarse con el pie derecho

La tradición dice que, para que el día no se tuerza, hay que apoyar en primer lugar el pie derecho. La respuesta a esta costumbre podría hallarse en el mundo de los pescadores. Durante el siglo XIX, ningún pescador en su sano juicio subía a bordo por babor, es decir, el costado izquierdo del barco, aunque resultara incómodo

hacerlo por estribor. Parece ser que la superstición nace de la noción de que cualquier cosa zurda era antinatural una idea que se basa en que la mayoría de los seres humanos son diestros.

Por regla general, todo k que se refiere a la derecha es calificado de favorable por los supersticiosos, quizás alentados por la tradición bíblica, que dice que la derecha conesponde al camine del Paraíso y es la posición en la que están sentados los elegidos por Dios.

La izquierda representa el reverso de la moneda. Los romanos, por ejemplo, hacían presagios observando el vuelo de los pájaros: los que lo hacían hacia este lado eran de mal agüero. De hecho, en latín, izquierda se dice sinester, que dio origen al adjetivo siniestro.

Miedo a las sombras

Antiguamente, la gente crédula buscaba en las sombras que proyectaban los troncos que ardían en la chimenea la imagen de una silueta humana sin cabeza. Esto significaba que la persona que la proyectara moriría antes de la próxima víspera de Navidad. Éste era el plazo para los cristianos, pero en épocas anteriores se utilizaron otras fechas celestiales o estacionales.

No cabe duda de que las sombras ocupan una parte importante de los miedos relacionados con el cuerpo, ya que su presencia o ausencia, como le sucedía al personaje de ficción Peter Pan, estaba relacionada originariamente con creencias religiosas y paganas.

Las interpretaciones más antiguas del cuerpo y el alma afirmaban que la segunda podía, bajo determinadas circunstancias, abandonar la envoltura carnal y alejarse de camino a la otra vida. Para las culturas más primitivas, el alma estaba conectada a las sombras, cuando no eran la misma cosa. Una de las circunstancias en las que la persona podía perder el alma sucedía cuando un vampiro se acercaba por detrás y clavaba la sombra de la víctima en la pared. De este modo, el ente maligno tomaba posesión del cuerpo.

La sombra de los difuntos también había que protegerla de posibles infortunios. En la Europa medieval existía la creencia de que, si una persona moría por la noche y su espíritu —o lo que es lo mismo, su sombra— se alejaba, podía correr peligro de que cruzara por una extensión de agua -un río, un lago- y no pudiera llegar a la otra vida. En este caso, la sombra volvía al cuerpo de su dueño y se convertía en un muerto ambulante, una variedad de vampiro. De ahí nació la costumbre de algunos de tapar los barriles que contienen agua de lluvia y afán de ciertos pueblos por construir puentes.

Tocar madera

Durante muchos siglo antes del cristianismo, lo pueblos célticos de Europa rendían culto a los árboles por considerarlos los templo de la santidad y la principal  presentación de los dioses era la Tierra. El árbol servía com medio para enviar la dolencia, o el mal a la tierra. También se recurría a este vegetal s la mala suerte visitaba a m hombre bajo la forma de demonios o si iba a librarse una batalla. En estos y otros casos el sacerdote druida celebraba una serie de ritos y ensalmos en las llamadas enramadas sagradas, lugares que equivalía a las modernas iglesias.

Hay, además, quien dice que las supersticiones referentes a la madera también nacen del material con el que está hecha la cruz de Jesús Resultado de estas creencias es nuestra costumbre de tocar madera como signo di la buena suerte, ya que ésta atrapa al espíritu maligno  lo hace caer a tierra.

Abrir el paraguas dentro de casa

Ningún supersticioso tendría jamás la osadía de abrir un paraguas dentro de una casa. El origen de este temor se remonta a la época en que los reyes orientales y africanos lo usaban sólo a modo de sombrilla para protegerse de los rayos solares. Debido a su conexión con el astro rey y porque también su forma simboliza el disco solar, abrirlo en un lugar sombreado, fuera de los dominios del Sol, era considerado un sacrilegio.

Es probable que la superstición se reforzara cuando los paraguas llegaron a Europa y empezaron a ser empleados casi exclusivamente por los sacerdotes en los oficios de los difuntos, sin otro fin que protegerse de las inclemencias del tiempo.

Las siete vidas del gato

La excepcional resistencia y fortaleza del gato, capaz di salir indemne de situaciones en las que otros animales perecerían con toda seguridad, llevó ala idea de que este felino tenía más de una vida.

No hay duda de que sus hábitos nocturnos, sus ojos refulgentes en la oscuridad, su sobresaliente agilidad y su pose majestuosa contribuyeron a que nuestros antepasados sintieran una especial admiración, e incluso veneración, por este animal. Se cuenta que, por ejemplo, Mahoma se cortó la manga de su vestimenta para no perturbar el sueño de su gato que dormía sobre ella. El profeta veía en él “una criatura digna del mayor respeto y de un tratamiento afectuoso”.

La razón de que a los gatos se les otorgue popularmente hasta siete vidas tiene posiblemente un origen esotérico. Existen muchas culturas para las que los números poseen una significación concreta. En nuestro caso, el siete fue considerado en la Antigüedad un número de la buena suerte, ya que era una trinidad de trinidades” y, por lo tanto, adecuado para el felino.

Vestir de negro en los funerales

La antiquísima costumbre de vestir de negro en los funerales, muy extendida en toda la cultura occidental, pretende significar una manifestación de respeto hacia el difunto. Sin embargo, la procedencia de esta tradición no está tan clara. Distintos estudios antropológicos coinciden en señalar como su posible origen el miedo ancestral de los vivos a ser poseídos por los espíritus de los muertos. Así, en los ritos funerarios los hombres primitivos pintarían sus cuerpos de negro para impedir, al quedar camuflados, que el alma del fallecido encontrara un nuevo cuerpo donde asentarse.

Esta hipótesis es corroborada por el hecho de que los habitantes de ciertas tribus africanas cubran su piel con cenizas blancas en los funerales, escondiendo así el color negro de su epidermis a la vista de los espíritus. Algo parecido sucede también en la India, donde tradicionalmente el color del luto es blanco, en contraposición a la tez morena de sus habitantes.

Romper un espejo

Las supersticiones relativas al espejo se cuentan entre las más citadas en todo el Occidente cristiano, quizás por su uso adivinatorio. La catoptromancia, es decir, el arte de adivinar por el espejo, procede de Persia y, aunque tuvo un relativo éxito durante la antigua Grecia y la Edad Media, fue duramente perseguida por la Iglesia.

Es probable, sin embargo, que estas supersticiones obedezcan a la idea de que nuestro reflejo es otra versión del original y, si causamos desperfectos en el espejo, nos hacemos daño a nosotros mismos. Así, dañar el espejo es hacer lo mismo con el alma, y aquí es donde entra la superstición de que la rotura de un espejo trae mala suerte durante siete años. Este período se debe a la creencia de que el cuerpo experimenta un cambio en la constitución fisiológica cada siete años.

La herradura colgada en la puerta

Procedente de Italia, la creencia de que las herraduras atraen la buena suerte era muy tenida en cuenta por la gente de los pueblos. Clavada o colgada en una puerta, este objeto atraería las energías del cielo. La herradura simboliza la fuerza del caballo y su enorme utilidad, al menos en tiempos pasados, en las labores del campo yen las guerras. Vuelta al lado derecho y en posición horizontal representa la C, inicial de Cristo.

Otra  leyenda atribuye a San Dunstan el haber otorgado a la herradura, colgada sobre la puerta de una casa, un poder especial contra el mal. Herrero de profesión pero que llegaría a ser arzobispo de Canterbury en el año 959, Dunstan recibió un día la visita de un hombre que le pidió unas herraduras para sus pies, unos pies de forma sospechosamente parecida a pezuñas. Dunstan se dio cuenta de que se trataba de Satanás y explicó que, para realizar su tarea, era necesario encadenarlo a la pared. Así, el santo procuró que su trabajo resultara tan doloroso que el propio Diablo encadenado le pidió misericordia.

Dunstan se negó hasta que el diablo juró no entrar nunca en una casa donde hubiera una herradura colgada sobre la puerta. Pero no podía colgarse de cualquier forma; sus extremos debía estar hacia arriba, pues de lo contrario su reserva de suerte se vaciaba.

Derramar la sal

Mala suerte, si esto le ocurre al manipular el salero, a menos que se apresure a tomar una pizca y arrojarla por encima del hombro izquierdo “directamente a la cara del diablo”. Porque éste es el sitio desde el que Pedro Botero, es decir, el diablo, espera paciente a que nuestra naturaleza pecadora renuncie al alma para siempre. La sal arrojada no tiene otro fin que cegarlo temporalmente, para que el espíritu tenga tiempo de volver a quedar afianzado por la buena suerte. Desde la Grecia antigua, la sal ha tenido un gran poder simbólico: procede de la Madre Tierra, del mar; las lágrimas y la saliva son saladas, y conserva, condimenta y enriquece los alimentos.

Tirar de las orejas como felicitación

La oreja es objeto de numerosos simbolismos entre las civilizaciones orientales y africanas: representa desde la inteligencia cósmica del mito hindú de Vaishvánara, hasta la sexualidad para las tribus dogón y bambara, de Malí. Curiosamente, entre los chinos, las orejas largas son signo de sabiduría e inmortalidad. Se dice que las orejas de Lao-tse medían unos 17 centímetros. Se apodaba, además, orejas largas.

Muy probablemente, nosotros hemos heredado de alguna forma esta costumbre supersticiosa. Tirando de las orejas, manifestamos el deseo de que la persona felicitada tenga larga vida y adquiera cada vez mayor sabiduría.

Decir Salud al estornudar

Los egipcios y griegos veían en el estornudo un augurio. Así, era bueno estornudar por la tarde, mientras que hacerlo al levantarse de la cama o de la mesa podía ser nefasto. Aquel que había estornudado al nacer era te nido por dichoso. El estornudo hacia la izquierda era un signo de mal agüero, pero di bueno, hacia la derecha. Er todos los casos, los griegos exclamaban ¡Vivid! y ¡Que Zeus te conserve! Por su parte, los romanos empleaban la expresión, ¡Salve!, ante tal circunstancia; y serían los primeros cristianos quienes sustituyeron la invocación a dioses paganos por el suyo.

Se dice que durante la epidemia de peste que hubo en Roma en el año 591, bajo el pontificado de Gregorio 1, lo afectados morían estornudan do, y que de tal circunstancia proviene el ¡Dios te bendigas que más tarde se simplificar diciendo ¡Salud!, ¡Jesús! o ex presiones semejantes.

Aversión al amarillo

Es superstición entre los actores, sobre todo de teatro, no salir a escena con ropa amarilla, ya que puede conducir al fracaso o a cosas aún peores La razón de este miedo escénico reside en el dramaturgo y actor francés Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), llamado Moliére.

En febrero de 1673, Moliére estrenó el ballet-comedia El enfermo imaginario, que toma por blanco de su sátira a los médicos. Pocos días después del estreno, en plena representación, el dramaturgo se sintió indispuesto, y murió unas horas más tarde en su domicilio. En la representación, Moliére vestía ropas de color amarillo.

El gato negro

En el mundo del misticismo, los gatos son portadores de un poder mágico infinitamente superior al del hombre. Con toda probabilidad, esta antigua creencia deriva de la adoración a la diosa egipcia Bubastis, que tenía forma de gato. Los egipcios estaban convencidos de que los gatos poseían alma, y prueba de ello son los restos momificados de estos felinos, que se cuentan por miles, hallados en las excavaciones arqueológicas.

En la Edad Media, las brujas convirtieron al gato negro en un elemento imprescindible para efectuar sus rituales y hechizos. Hoy en día, los supersticiosos temen al gato negro que se cruza en su camino. Este hecho representa con claridad el conflicto que existía entre la Iglesia, la cruz y las prácticas paganas de la brujería.

Pasar por debajo de una escalera

Esta y otras supersticiones asociadas a las escaleras están relacionadas con el miedo al patíbulo. Antiguamente, debido a la gran altura que éste solía tener, había que usar una escalera de mano para colocar la soga en la posición correcta, así como para retirar después el cadáver del condenado. Cualquiera que pasara por debajo de la escalera corría el peligro de encontrarse con el muerto. De ahí viene la superstición.

Viernes 13

Desde tiempos remotos, el número 13 ha sido fatídico, debido principalmente a la muerte violenta que sufrieron varios dioses decimoterceros de la Antigüedad y, ¡cómo no!, a la suerte del decimotercer invitado en la Última Cena de Jesús. Por otro lado, el viernes adquirió en el mundo sajón su reputación de día nefasto, debido a la muerte de Jesús. Obviamente, la coincidencia del número 13 y del día viernes no puede ser de peor agüero.

Colocar flores en las tumbas

En la actualidad, se adornan las sepulturas con flores como muestra de afecto, pero la intención original no era otra que la de proporcionar algo vivo con el fin de dar felicidad. La corona circular, colocada sobre la tumba o la puerta principal del cementerio, encerraba simbólicamente el espíritu y le impedía volver.

LISTA DE ALGUNAS SUPERSTICIONES

• Las mariposas azules son símbolo de buen augurio.
• Conservar un dólar en la cartera traerá mucho dinero.
• Colocar elefantes de espalda a la puerta en números impares, atraerá buenas cosas para los habitantes de la casa.
• Cuando se siente picazón en la palma derecha de la mano, significa que pronto se recibirá dinero.
• Al colocarse mal una o ambas medias debe dejárselas así hasta las 12 pm, pues esto traerá suerte.
• Tocar madera cada vez que se expresa un deseo, hará que éste se cumpla.
• A quien se corte las uñas los lunes, nunca le dolerán las muelas.
• Cuando alguien se jacta de algo, por ejemplo «nunca me he roto un hueso», tiene que tocar madera inmediatamente para que continúe la buena suerte que hasta ese momento le ha acompañado.
• Si se rompe un espejo existe un remedio para contrarrestar su maleficio: recoger los trozos del espejo y meterlos en un cubo con agua durante siete días y siete noches.
• Trae buena suerte encontrar por la mañana a alguien con una pata de palo. No hay que mirar hacia atrás y seguirlo con la vista porque entonces se tendrá un disgusto.
• Poseer objetos de madera perfumada es augurio de buena suerte.
• Si se derrama sal, el re medio es coger un poquito de l¿ sal derramada y tirarla hacia atrás por sobre el hombro izquierdo.
• El mal agüero que provoca escuchar o decir la palabra «culebra», se contrarresta exclamando «¡Lagarto! ¡Lagarto!». Sobre la cama, nunca…
• Si se coge un lagarto con la mano y se lo lame de la cabeza a la cola, se adquirirá el poder de curar quemaduras con la lengua.
• Pasar un huevo por los párpados mejora la vista.
• Se alarga la vida si se come el primer huevo puesto por una gallina negra.
• Si un huevo tiene dos yemas traerá buena suerte a la persona que lo rompa y lo descubra.
• Los niños que juegan con fuego se orinarán en la cama.
• Un plato con sal debajo de la cama de un enfermo absorbe el mal y lo protege contra otras enfermedades.
• Si se ve una araña por la mañana augura una mala semana, al mediodía pronostica una alegría y por la noche vaticina que se cumplirá un deseo.
• Cuando una araña teje, alguien prepara un engaño.
• Las arañas pequeñas son portadoras de buena suerte y si se encuentra una hay que tirarla por encima del hombro izquierdo.
• Si se mata una araña o se destruye una tela se atraerá la mala suerte.
• Si se ve una araña bajar por el hilo, lloverá; en cambio, si sube, hará buen tiempo.
• Si se echa sal en los rincones de las cuadras el día primero de abril se evitan las enfermedades del ganado.
• Es un augurio de muerte que los palillos chinos queden de pie en un cuenco de arroz
• Trae mala suerte ver un búho de día.
• Si una vela se apaga durante una ceremonia, los espíritus malignos andan cerca.
• Si se deja caer un paraguas al suelo, habrá un asesinato en la casa.
• Para contener hemorragia nasa hay que hacer una cruz con dos pajitas de enea arrancadas del asiento de una silla y ponerlas en la coronilla del paciente, aunque también sirve colocarlas en el hombro del paciente.
• Las hemorragias nasales se contienen poniendo en la espalda del paciente dos cuchillos cruzados, o levantando el brazo contrario al orificio nasal por donde se sangra, y poniendo una llave de hierro en la nuca.
• Para contener la hemorragia en un parto hay que reunir todos los hierros y cosas que lagan ruido para tirarlos por sorpresa bajo la cama de la parturienta. La hemorragia se corta por el susto recibido.
• Da buena suerte tocar la chepa de un jorobado.
• Encontrarse con un cojo es signo de una desgracia o de un disgusto.
• Cuando se arranca una verruga, la sangre que cae del lugar donde estaba hace que crezcan nuevas verrugas.
• La comida se perderá si se la revuelve en sentido contrario al del movimiento del sol.
• Las tijeras que apuntan a una persona indican que si ésta es soltera, nunca va a casarse, y si es casada, que será objeto de infidelidad.
• Cuando unas tijeras caen al suelo, la persona a la que dirigen su punta será víctima de un mal o desgracia inmediata.
• Nunca se deben regalar tijeras, salvo que se dé a cambio una moneda o se pinche previamente a la persona que es destinataria del regalo.
• Dos personas al mismo tiempo no deben retirar la mesa (utensilios y manteles), pues una de ella morirá ese año.
• Dejar restos de la cena en la mesa durante toda la noche trae mala suerte.
• Trae mala suerte si se cae la comida del tenedor en el camino del plato a la boca.
• Si durante la noche la mesa queda cubierta por un mantel blanco, pronto habrá una muerte en la vivienda.
• Da mala suerte regalar cuchillos, porque quiebran la amistad.
• Si una mujer desea quedar embarazada debe plantar perejil, aunque si lo come lo evitará.
• El pelo crece si se unta con perejil machacado en un almirez de madera.
• Una paloma cortada por la mitad y colocada a los pies del paciente baja la fiebre. Si se la pone en la cabecera cura los dolores de cabeza, el delirio, la melancolía y la locura.
• Si se ven palomas bañándose es señal de que pronto habrá un cambio del tiempo.
• Nunca se debe dejar que un novio vea el vestido de su novia antes de la entrada a la iglesia o al juzgado.
• Si el novio lleva la corbata torcida el día de la boda significa que será infiel.
• Los invitados a una boda deben tirar arroz a los novios para asegurar su descendencia.
• El día de la boda la novia no debe ponerse perlas, pues éstas simbolizan lágrimas y traerán así
muchas a lo largo del matrimonio.
• No hay que casarse en enero para no tener problemas económicos a lo largo de todo el matrimonio.
• Se debe quemar el cordón umbilical de los niños porque si es comido por un perro o un gato, el niño será un delincuente.
• Si dos personas bostezan a la vez tendrán alguna coincidencia en sus vidas.
• Si dos personas bostezan, una después de la otra, la última que ha bostezado tiene buenas intenciones respecto de la primera.
• Es de mal agüero derramar de forma involuntaria la sal o que se caiga un salero: el responsable de ese fatal descuido verterá tantas lágrimas como granos de sal se hayan desperdigado.
• Quien pisa la sal derramada tendrá disgustos y si se trata de alguien que va a casarse pronto, no cumplirá este propósito.
• Aquel que persiga quebrantar la felicidad de unos recién casados le basta con echar sal en el lecho nupcial.
• Los niños que nacen con dientes traen mala suerte y su porvenir es acabar siendo delincuentes.
• Si a un niño le salen pronto los dientes su madre quedará embarazada de nuevo enseguida, pero el niño recién nacido no tendrá una vida muy larga.
• Si a un niño le salen primero los dientes superiores tendrá una larga vida. Por el contrario, si le salen primero los inferiores, su vida será corta.
• Quien tiene los dientes incisivos superiores separados tendrá riqueza, prosperidad y viajará con asiduidad.
• Si se sueña que un diente sobresale de los demás o se cae augura una desgracia familiar. Si el diente es arrancado es mal presagio y si se ve un diente perfecto significa un incremento patrimonial.
• Cuando salen granos en la lengua es señal de que se ha dicho una mentira.
• Se deben cortar las uñas en lunes o viernes para que no duelan las muelas.
• No deben cortarse las uñas en viernes por ser éste un día nefasto.
• Para que no salgan padrastros, no se deben cortar las uñas en días de la semana que tengan erre.
• El que se corte el pelo en viernes criará sarna o piojos.

La Hipnosis Mesmer Historia de su Origen Aplicaciones de la Hipnosis

La Hipnosis Mesmer Historia de su Origen
Aplicaciones de la Hipnosis

Auténtico tema de controversia, la hipnosis sigue enfrentando a partidarios y detractores. Durante mucho tiempo la hipnosis, antiguamente explicada como «magnetismo», tuvo fama de ser algo sobrenatural e impresionaba a la gente supersticiosa. La hipnosis consiste en cambiar el estado de conciencia de un paciente. ¿Hasta qué punto es capaz un hipnotizador hábil de influir en el estado mental y corporal de una persona? ¿Se dan durante la hipnosis procesos psíquicos especiales?.Sus recientes logros terapéuticos -contra el dolor y el tabaquismo- no impiden que se la siga tomando con reservas.

LA SUGESTIÓN DE LA MENTE: Hace unos 200 años que la hipnosis se somete a exhaustivas investigaciones científicas, y fue a mediados del siglo XIX cuando el médico inglés James Braid (1795-1860) introdujo el concepto. Pero el estudio científico decisivo de este fenómeno, es decir, de la forma de predisponer a la persona en cuestión o paciente a determinadas influencias, se desarrolló entre los años 1850 y 1980. Entre esas influencias se cuentan la concentración y recuerdo limitado, la sugestión de determinadas ideas, reacciones y sensaciones, así como también cambios corporales.

HISTORIA:  La historia de la hipnosis se inicia desde los primeros tiempos de la civilización. En los tiempos antiguos, la gente lo utilizaba con fines curativos, especialmente en las ceremonias religiosas. Por ejemplo, los chamanes lograban un fuerte control de sus pacientes y tal sugestión podía curar a la persona enferma.

El médico austriaco Franz Anton Mesmer (1733-1815), quien es reconocido como el «padre de la hipnosis» se inició una teoría del «magnetismo animal». En febrero de 1778, un alemán de 43 años, diplomado en medicina y amigo de Mozart -fue en su casa de Viena donde se compuso la ópera Bastien et Bastienne-, llegaba a París. Estaba completamente decidido a conquistar la capital con su nueva teoría: el magnetismo animal.

Según Franz Antón Mesmer, el Universo está bañado por un fluido sutil que rodea y penetra todos los cuerpos. Cada individuo es un imán cuyo polo norte es la cabeza y el polo sur son los pies; la enfermedad es consecuencia de una mala distribución del fluido en el cuerpo, y su tratamiento logra restablecer el equilibrio, frotando suavemente los polos, o el ecuador, alrededor del hipocondrio. Tras La Fayette y Marat, todo París se apasionaría por el fabuloso descubrimiento.

En los salones de su hotel de Coigny, Mesmer instaló cubetas de madera de roble, que contenían agua, vidrio triturado y limaduras de hierro. Nada estaba electrizado ni imantado. La tapa de cada cubeta tenía unos orificios por los cuales salían unas varillas de hierro dobladas en ángulo. Cada enfermo, formando fila alrededor de la cubeta, sostenía una de esas varillas, y se tocaba con ella la parte enferma.

Para formar una larga cadena para que pasara el fluido, los enfermos quedaban unidos unos a otros por medio de una cuerda que les rodeaba el cuerpo, o bien, se tomaban entre sí con los dedos pulgar e índice. Los magnetizadores, que sostenían en la mano una barra de hierro, inmovilizaban a los pacientes utilizando la mirada, paseando sobre ellos la barra o la mano y tocando las zonas enfermas. Los enfermos caían en trance, tenían convulsiones y algunos se extasiaban, mientras que otros «veían» el interior de su cuerpo… Al terminar la sesión, declaraban que se sentían mejor.

La primera controversia
Llegado el éxito, Mesmer despertó oposiciones y se ganó enemigos. Ante esta práctica que se extendía como un reguero de pólvora y que fue percibida como una amenaza para el orden moral y político, Luis XVI pidió a una comisión de sabios de la Real Academia de Ciencias, que verificara la validez del fenómeno.

Una segunda comisión, compuesta por cinco miembros de la Real Sociedad de Medicina, también se dio de lleno a la tarea de analizar el problema. Pero, ¿cómo había que proceder? Para los magnetizadores, era evidente que había que observar a los enfermos; para los expertos, por el contrario, era el fenómeno mismo lo que había que examinar, ya que «la naturaleza sola, y sin tratamiento alguno, cura a muchos enfermos». El químico Lavoisier se encargó de programar los experimentos y procuró separar la imaginación de los pacientes de la supuesta acción del fluido.

Las teorías que él propuso para explicar sus tratamientos no resistieron al examen, e incluso en su propia época Franz A. Mesmer fue considerado un fraude por la profesión médica. Sin embargo, la terapia magnética ha encontrado nuevos seguidores recientemente entre los médicos de «medicina alternativa».

Los experimentos fracasaron: los pacientes caían en trance sin que el magnetizador efectuara los pases, y aun sin que estuviera presenté. El veredicto de los  expertos fue: si el fluido actúa cuando no puede pasar, es que no existe.

La imaginación es la verdadera causa de los efectos atribuidos al magnetismo.» Mesmer salió de París para refugiarse  en Bélgica. Pero sus partidarios no se dieron por vencidos, y las sesiones continuaron, en especial en la casa del marqués de Puysegur, quien imprimió una nueva dirección al magnetismo sumiendo a sus pacientes en un extrañísimo sueño en el que, paradójicamente, parecían más conscientes que en su estado de vigilia. El «sonambulismo» despertó un gran entusiasmo en toda Europa.

Hipnosis en el hospital: El debate evolucionó cuando entraron en escena los psiquiatras y los psicólogos, y con la invención del término «hipnotismo» por el inglés James Braid en 1843. Menos preocupados por la física, se interesaban más en el efecto terapéutico de los trances que en su causa. Por otra parte , ya no hablaban de un fluido, sino de la influencia de una persona sobre otra persona , lo que dió origen a un nuevo debate.

Un cirujano escocés James Braid (795-1860) dio al mesmerismo una explicación científica. Él encontró que algunos sujetos experimentales podría entrar en trance si simplemente fijaban  sus ojos en un objeto brillante. Él creía que el mesmerismo es un «sueño nervioso» y acuñó el término hipnosis, derivado de la palabra griega hypnos que significa sueño.

En Francia, la hipnosis fue dada a conocer por Jean Martin Charcot. El gran psiquiatra de la Salpétriére descubrió las virtudes de la hipnosis en 1878 y logró curar a histéricos ciegos o paralíticos. Hizo demostraciones públicas en el hospital, en las cuales sus pacientes catalépticos veían serpientes inesistentes y caían de espaldas, rígidos como troncos y sin poder mover su brazo pegado a la pared…

Según Charcot, la hipnosis es una neurosis histérica artificial, pero esta teoría era opuesta a la que proclamaba la escuela de Nancy, dirigida por Hippolyte Bernheim, quien la consideraba como un fenómeno psicológico normal. Los debates fueron acalorados. El mismo Freud, después de haber asistido a las sesiones del hospital de la Salpétriére, utilizó la hipnosis durante algún tiempo. Pero ante el carácter aleatorio y temporal de los resultados, abandonó esa técnica en favor del psicoanálisis, pues quería «lograr que los efectos de la sugestión fueran bastante duraderos como para curar definitivamente». «En todos los casos graves», dijo, «he visto cómo la sugestión que se les aplicaba se reducía a cero y resurgía el mismo problema u otro diferente.»

Aceptada y rechazada , la hipnosis es un tema del que se ocupan las ciencias humanas y médicas. Por temporadas, apasiona a los investigadores y es materia de coloquios; después, pasado el primer entusiasmo, se hace caso omiso de ella. Así, cuando en 1953 el francés León Chertok publicó su estudio A propos d’une amnésie hystérique traitée par Phypnose, habían pasado ya 60 años desde que el tema cayera en el olvido. Para los científicos, la hipnosis es una farsa.

En su momento, Freud la condenó -¿y quién se atrevería a contradecirlo?-. Luego, la representación que el público se formaría de ella –la de un fenómeno un tanto mágico– resultaría incómoda: entre los charlatanes, los hipnotizadores de feria y los médicos, el profano se confundía y la comunidad científica también. Como resultado, los pocos investigadores que la estudian lo hacen marginalmente. Aún hoy, cuando se trata de otorgar a la hipnosis un lugar en la investigación científica, se siguen suscitando ásperas discusiones. A pesar de que sus logros terapéuticos han inspirado un renovado interés, especialmente en el tratamiento del dolor y en la lucha contra el tabaquismo, la hipnosis sigue siendo para muchos un tema tabú.

¿Verdadero o falso?

Las «órdenes posthipnóticas» son aquellos mandatos dados durante la hipnosis que fluirán desde el inconsciente para hacer que el paciente los obedezca cuando se haya despertado. La persona cree estar actuando por iniciativa propia. Es totalmente erróneo suponer que durante la hipnosis transcurran procesos psíquicos especiales: la hipnosis es una forma extrema de sugestión.

Con el descubrimiento de las conexiones entre el sistema nervioso y el inmunológico y de su importancia para la salud, la hipnosis ha alcanzado una nueva dimensión en el tratamiento de ciertas enfermedades y dependencias (de la nicotina, las drogas, el alcohol). Pero la investigación clásica de la hipnosis demuestra que diferentes individuos reaccionan de manera distinta a la hipnosis. Hay gente que incluso no reacciona de ninguna manera.

En estado hipnótico, el individuo se somete voluntariamente al poder del hipnotizador, lo cual asegura un cierto éxito terapéutico a la hipnosis cuando ésta se utiliza en el momento oportuno, en los tratamientos contra el dolor, el tabaquismo, el alcoholismo, la bulimia, incluso las fobias… Pero no por eso la hipnosis es una panacea ni permite que el hipnotizador pueda obligar al hipnotizado a hacer cualquier clase de cosas. Por supuesto, en ocasiones las experiencias son fabulosas: un buen paciente puede «ver» una silla que no existe, temblar de frío en plena canícula, olvidar temporalmente el número 5 (y contar con los dedos 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8…).

Pero en ningún caso actuará contra su sentido moral, por ejemplo, matando a su vecino. La hipnosis también se emplea mucho para recuperar recuerdos perdidos, sólo que entonces la imaginación no tiene freno y la reminiscencia suele no ser más real que un sueño, lo que con demasiada frecuencia olvidan quienes, bajo hipnosis, recuerdan haber sido, en otra vida anterior, la servidora de Nefertiti o Hernán Cortés…

MÉTODOS UTILIZADOS: Existen diferentes métodos para alcanzar el estado hipnótico. Tres de los más frecuentes son el de la «fascinación», en el que la persona que va a ser hipnotizada mira un objeto luminoso, como un péndulo o la luz que refleja. En el método que consiste en ir contando, el hipnotizador dice previamente al paciente: «Ahora contaré hasta diez y, cuando acabe, estará usted hipnotizado». En el método de «fijación», el hipnotizador mira fijamente a los ojos del cliente y le dice que está cansado, hasta que acaba por cerrar los ojos.

En estos tiempos, la hipnosis se practica sobre todo para atenuar el estrés y aliviar algunos dolores.
causa. Por otra parte, ya no hablaban de un fluido, sino de la influencia de una persona sobre otra, lo que dio origen a un nuevo debate.

Aplicación de la hipnosis como terapia médica
• Perder de peso
• Dejar de fumar
• Superar dependencias, como de drogas o alcohol
• Relajarse, prevenir el estrés
• Mejorar la concentración
• Superar fobias
• Superar el miedo a los aviones
• Incrementar el factor éxito

Freud a pesar que originalmente estaba en contra de esta técnica, luego fue un fuerte defensor de la hipnoterapia y viajó a Francia para estudiar con dos maestros renombrados. Escribió varios artículos sobre hipnoterapia y traducido dos libros del francés al alemán sobre el tema. Él utilizó la hipnoterapia en algunos de sus clientes en la década de 1800, pero a principios del nuevo siglo, se había trasladado a usar su «asociación libre» o la técnica de «hablar».