Datos del Mundo

Golfos y Bahias Mayores Golfos del Mundo Mas Grandes del Planeta

Golfos y Bahías Mayores del Mundo

TABLA DE GOLFOS Y BAHÍAS MÁS GRANDES DEL PLANETA
NombreSuperficie en Km²Profundidad máx. en m
Golfo de Bengala (SL/Ind./Ban./Bir)2.172.0005.258
Golfo de Guinea (Gui./Ben.)1.533.000
Golfo de Alaska (EU)1.327.000
Golfo de México (Méx./EU/ Cuba)1.507.6004.380
Bahía de Hudson (Can.)730.100259
Bahía de Baffin (Can./ Groenlandia)689.0002.136
Gran Bahía Australiana (Atl.)484.000
Golfo de Carpentaria (Atl.)310.000
Golfo de San Lorenzo (Can.)240.000550
Golfo de Siam (Tai./Cmb./VN)239.000
Golfo Pérsico (Irán/Iraq/AS/Qat./EAU/Bhr./Kuw./Omán)230.000102
Golfo de Vizcaya (Esp./Fra.)223.0004.732
Golfo de Adén (Som./Dji./RDP Yem.)220.000
Golfo de Omán (Omán/Irán)181.000
Golfo de California (Méx.)153.0003.295
Golfo de Botnia (Fin./Sue.)117.000294
Golfo de Tonkin (Chn./VN)117.00070

Imagen aerea de un golfo

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias Prehistoria Hombre Neolitico

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias
La Prehistoria y el Hombre Neolítico

Gran parte de la historia humana transcurrió durante los bruscos cambios climáticos de la última glaciación, o Era de Hielo, iniciada hace 1,5 millones de años. La capacidad de adaptación a estos cambios ha sido crucial en el desarrollo de la civilización, pero el ser humano también puede ser la causa de un futuro calentamiento. Durante millones de años, la Tierra ha experimentado una diversidad de temperaturas y condiciones climáticas que influyeron en la extinción o supervivencia de grupos enteros de especies y han cambiado la faz del planeta.

Existen indicios del comienzo de otra gran transformación (antes por deriva de los continentes y enormes levantamientos volcánicos) que experimentó el clima hace unos tres millones de años, preludio de la fase en la que aún vivimos, y casi todas las etapas de la evolución humana de las que han quedado vestigios se desarrollaron en las condiciones que surgieron entonces.

Gracias a este cambio aparecieron los entornos que permitieron la supervivencia de la especie humana y de sus antepasados inmediatos. Hace un siglo empezó a denominarse a este período climático Pleistoceno(derivado de términos griegos que significan «lo más reciente»). Se distingue de la etapa anterior por las variaciones del clima, mucho más radicales y frecuentes.

Aunque hay que tener en cuenta que nos referimos a miles de años y que estos cambios no podrían notarse en el corto espacio de vida de un hombre, en el Pleistoceno se produjeron más altibajos que en ninguna otra época de duración similar. Los cambios más destacados se denominan «glaciaciones», cuatro en total.

No sabemos por qué se desencadenaron, pero se cree que el planeta Marte atravesó etapas semejantes, y es probable que se debieran a un cambio que afectó a todo el sistema solar. Las consecuencias resultan mucho más claras: durante siglos enteros, ciertas zonas muy extensas —gran parte de Europa y Norteamérica, por ejemplo— quedaron cubiertas de grandes capas de hielo, en algunos casos de varios kilómetros de espesor.

En ciertos puntos, el hielo hundió el suelo a varios cientos de metros. Estas capas empezaron a formarse porque cada primavera la nieve del invierno se derretía un poco más tarde, hasta que un año no se derritió.

Al cabo de miles de años se produjo un retroceso del hielo, también muy lento, y tanto el avance como el retroceso resultaron catastróficos para el entorno, pues al sobrevenir el deshielo, arrasó la vida animal y vegetal y se desencadenaron enormes inundaciones. A consecuencia de una elevación del nivel del mar tras un deshielo volvió a aparecer el canal de la Mancha, que separó definitivamente las islas Británicas de la Europa continental.

Pero estas inundaciones ofrecieron nuevas oportunidades de desarrollo a las especies mejor dotadas.

Tras cada glaciación, dichas especies se trasladaban a las zonas que habían quedado libres de hielo; y no fueron sólo las zonas directamente afectadas las que experimentaron cambios: como el hielo dejó «encerradas» enormes cantidades de agua, se transformaron miles de kilómetros de costas de las regiones heladas.

Cada glaciación tuvo una duración de entre cincuenta y setenta y cinco mil años. En la actualidad vivimos en el período cálido posterior a la última, y algunos científicos han predicho que se producirá otra dentro de unos cincuenta mil años. No es una perspectiva tan terrible como la del «encogimiento» del universo, pero de todos modos queda tan lejos que no debe preocuparnos demasiado. Las glaciaciones constituyen una ayuda muy valiosa para los estudiosos de la Prehistoria.

En primer lugar, sabemos muy bien cuándo se produjeron y podemos fechar muchos objetos prehistóricos basándonos en ellas. Otro factor importante radica en que podemos especular con un margen de error razonable sobre las consecuencias que tuvieron en el medio ambiente de los primeros seres humanos y prehumanos.

Al estudiar estos cambios físicos y biológicos, no debemos olvidar la extraordinaria lentitud con que se produjeron. Cuando pensamos en las grandes fallas que se abrieron en la tierra, en las costas que surgieron de los océanos, o en los mares que aparecieron al derretirse la gigantesca capa de hielo, hemos de recordar que todo esto sucedió en el transcurso de varios siglos, y en algunos casos, de millones de años.

Los seres que vivieron en este proceso, si hubieran sido capaces de reflexionar sobre él, no habrían podido notarlo en el breve espacio de sus vidas, al igual que una mariposa actual, con una existencia de dos o tres semanas, tampoco apreciaría los cambios que ha experimentado el paisaje en el último siglo. Y las transformaciones biológicas que se operan a causa de la selección natural son aún menos visibles, pues incluso la más pequeña tarda miles de generaciones en completarse.

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias Prehistoria Hombre Neolitico

Las cuatro «glaciaciones» se sucedieron en el último millón de años y reciben el nombre de los ríos alemanes en cuyos lugares se hallaron los primeros vestigios. Es imposible dar fechas exactas; sólo aproximadas. Los períodos interglaciares fueron muy semejantes a los actuales. Contrariamente a la idea popular, una glaciación no es una época de congelamiento constante, sino un período de continuas fluctuaciones climáticas cuyo punto máximo consistió en etapas de frío intenso.
Los primeros milenios de la última glaciación —período crítico en el que nuestros remotos antepasados ocuparon gran parte de África— son poco conocidos. La información obtenida de perforaciones del fondo marino y de muestras de hielo ofrece una imagen más nítida del clima posterior a la brusca inversión del campo magnético terrestre producida hace unos 780.000 años. Las muestras del fondo del Pacífico revelan al menos cuatro grandes períodos fríos, o glaciales, a lo largo de esos 780.000 años: el último finalizó hace entre 10.000 y 15.000 años con un súbito e irregular calentamiento global.

Las muestras marinas tan sólo ofrecen una impresión general sobre el cambio climático durante la glaciación, pero como regla general, el enfriamiento se produce con relativa lentitud y el calentamiento es rápido, como sucedió al final del último período glacial. Los períodos glaciales fueron más largos que los interglaciales (breves intervalos de condiciones climáticas más cálidas durante la glaciación, cuando el clima era tan cálido o más que hoy). Estos aumentos de temperatura fueron causados por cambios en el movimiento de la Tierra alrededor del Sol y sobre su propio eje, a los que se añadía un aumento natural de los gases de efecto invernadero. En la actualidad estamos experimentando un período interglacial, provocado por la suma de todos estos fenómenos naturales, que comenzó hace unos 10.000 años.

90 metros bajó el nivel del mar al principio de la ultima glaciación, a medida que el agua se congelaba para formar
los casquetes polares de la Antártida y el Ártico actual.

Cambio medioambiental La glaciación fue testigo de drásticos cambios en el clima global y el medio natural. Durante los períodos glaciales, inmensas capas de hielo cubrieron Escandinavia, gran parte de Canadá y zonas de Estados Unidos hasta Seattle y los Grandes Lagos al sur. En los Alpes se formaron grandes glaciares y hubo casquetes glaciares en los Pirineos, los Andes y las montañas y altiplanos de Asia central. Al sur de los casquetes escandinavos, inmensos espacios de terreno inhabitado se extendían desde el Atlántico hasta Siberia.

Estos entornos sufrían nueve meses de invierno y eran inhabitables para los ancestros de Horno sapiens, que carecían de la tecnología e indumentaria adecuadas para adaptarse a las temperaturas extremas. No es una coincidencia que H. erectus, con su simple Metros bajó el nivel del mar al principio de la última glaciación, a medida que el agua se congelaba para formar los casquetes polares de la Antártida y el Ártico actuales. tecnología y sus limitadas habilidades cognitivas, se estableciera en entornos más templados y tropicales.

El frío causó un drástico descenso del nivel del mar a medida que el agua se convertía en hielo, y quedaron expuestas enormes extensiones de lo que actualmente son plataformas continentales (suelo bajo aguas costeras poco profundas), enlazando masas de tierra: Siberia era parte de Alaska, y Gran Bretaña estaba unida al continente europeo. El Sudeste Asiático estaba separado de Australia y Nueva Guinea por cortos trechos de mar abierto.

Durante los períodos interglaciales, el nivel del mar subió, los casquetes glaciares se redujeron y los bosques avanzaron al norte ganando terreno a la tundra. Los humanos se trasladaron hacia el norte siguiendo a los animales que cazaban y las plantas que recolectaban, y se adaptaron a una gran variedad de entomos de bosque y pradera, y a terrenos áridos y semiáridos.

El hombre y los elementos: El clima de la Era de Hielo era inestable: los hábitats cambiaban constantemente, lo que implicaba que el oportunismo y la capacidad de adaptación de los humanos sufrían un desafío continuo entre un milenio y el siguiente. Estos desafíos pudieron ser incluso un factor en la evolución humana, ya que nuestros antepasados más antiguos eran básicamente animales tropicales.

Durante largos períodos glaciales, el Sahara fue algo más húmedo que hoy; podría considerarse como una bomba que atraía a humanos y animales en los períodos húmedos y los expulsaba hacia los márgenes cuando el clima se volvía más seco. Este efecto ecológico permitió que Homo erectus y los animales que cazaba cruzaran el desierto y se extendieran a entornos más templados hace 1,8 m.a.

Un largo período interglacial elevó las temperaturas hace unos 400.000 años. Para esa época, Homo erectus prosperaba en el norte de Europa, pero no se pudo adaptar a la glaciación de hace 350.000 años. Es probable que los pocos grupos de cazadores que vivían allí se desplazaran al sur, hacia regiones más templadas. Existen evidencias de asentamientos en Europa y partes de Asia oriental de hace unos 250.000 años. El último período interglacial tuvo su apogeo hace unos 128.000 años, cuando los neanderthales prosperaban en Europa. Hace unos 50.000 años, los humanos modernos habían dominado todos los entornos y vivían incluso en las zonas más frías.

Ver: Historia del Cambio Climático desde la Prehistoria

Fuente Consultada:
Geografía Mundial y los desafíos del SXXI. Editorial Santillana. Geografía Mundial, Editorial Puerto de Palos.  

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos Tamaño Peso

Las Tortugas Gigantes de las islas Galápagos
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LAS TORTUGAS GIGANTES DE LAS ISLAS GALÁPAGOS: Los primeros españoles que visitaron las Galápagos descubrieron que estaban habitadas por tortugas gigantescas, que les hicieron pensar en una versión a gran escala de los galápagos que pululaban en muchos ríos de su país de origen, por lo que bautizaron con ese nombre al archipiélago recién descubierto.

Por su parte, William Dampier, famoso navegante inglés, cuenta que, en 1884, al hacer escala en Galápagos, quedó impresionado por las tortugas gigantes: «… son tan numerosas que quinientos o seiscientos hombres pueden subsistir gracias a ellas durante varios meses y sin ninguna otra clase de provisión; son extraordinariamente grandes y corpulentas y tan dulces que no se come una gallina con más agrado».

La perspectiva que da el tiempo transcurrido, desde que se escribieron estas líneas, les añade un acento premonitorio que confirma la desgraciada historia de estos gigantes, cuyas conchas alcanzan más de un metro y medio y cuyo peso puede sobrepasar los 225 kilos. Pero si el exterminio de estos animales se mide en fechas y en cifras, conviene antes recordar su historia.

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos

Tortugas similares se han encontrado, en forma fósil, en Estados Unidos, en Europa y en la India; debieron ser numerosas en la era terciaria, especialmente en los períodos mioceno y plioceno, hace unos seis millones de años. Durante los períodos geológicos siguientes fueron desapareciendo y en la actualidad sólo se encuentran en las islas Mascareñas y en las Galápagos. Si el problema de su arribada a las islas es interesante (a nado, flotando a merced de corrientes marinas, agarradas a algún tronco a la deriva), mucho más lo es el de su diferenciación in situ, que parece la conclusión lógica de considerar que no pudieron hacer la travesía tantas formas distintas, sino que, al habitar en las islas (lo que impedía su hibridación) se han ido diferenciando.

Las distintas formas de tortugas de las Galápagos, en opinión de la mayoría de los especialistas, no constituyen especies diferentes, sino sólo subespecies o razas de una especie única. Estas tortugas llevaron una vida feliz hasta que llegó el hombre. Dampier atestiguaba que ningún pollo podía competir, en cuanto a sabor, con estos reptiles, y el capitán Colnett añadía: «la grasa de estos animales, cuando se fundía, era como mantequilla fresca». Esto explica seguramente la matanza de animales que siguió. Piratas, cazadores de focas y balleneros del Pacífico conocían bien la abundancia de tortugas en las islas y se montaron expediciones para darles caza.

El examen del diario de a bordo de ciento cinco balleneros americanos, realizado por el biólogo C. H. Towsend, reveló que entre 1811 y 1844 se capturaron quince mil tortugas. Para evitar que las tortugas acabasen por desaparecer y para preservar la fauna y la flora de las islas, el gobierno del Ecuador, país al que pertenece el archipiélago, dictó leyes protectoras en 1934.

Por su parte, la UNESCO organizó, en 1957, una expedición para examinar el estado de la fauna y, un año más tarde, el doctor Jean Dorst visitó las islas con el propósito de examinar el proyecto de establecer una estación biológica. Resultado de todas estas operaciones fue la creación de la Fundación Charles Darwin para las islas Galápagos, presidida por sir Julián Huxley.

El tamaño de las tortugas y la rareza de las iguanas pueden hacer olvidar al visitante la presencia de unos pájaros pequeños que, sin embargo, atrajeron la atención de Charles Darwin. Bajo su aparente vulgaridad, los pinzones de las Galápagos encerraban un interés extraordinario para el naturalista, y éste pronto constató que constituían un ejemplo palpable de cómo se originan especies nuevas a partir de antepasados comunes.

En la actualidad existen catorce especies de los pinzones de Darwin —así bautizados en honor de su descubridor—, todas ellas exclusivas de las Galápagos, excepto una que vive en las islas Cocos.

La gran riqueza de la flora y de la fauna de las Galápagos reservará todavía muchas sorpresas al explorador decidido que se adentre en ellas, dispuesto a desafiar la dureza del clima y del suelo. Mucho queda por aprender de las Galápagos, declaradas por la UNESCO patrimonio Natural de la Humanidad en 1979, y, en la actualidad, puestas bajo la protección de Ecuador en calidad de Parque Nacional.

Aisladas del resto del mundo, se desarrollaron en estas islas comunidades biológicas con seres arcaicos que han persistido hasta la época actual; y simultáneamente, se originaron especies según las leyes de la evolución. Por ello, las islas Galápagos son únicas y es posible que algún día los científicos que las visitan descubran entre sus seres nuevas claves de la vida humana.

Flora y Fauna de las Islas Galapagos Descubrimiento Ubicacion Geográfica

Flora y Fauna de las Islas Galápagos
Descubrimiento – Ubicación Geográfica

Las islas galápagos, ubicadas en el océano Pacífico, a 1000 Km. al oeste de la costa ecuatoriana, se supone que la formación de la primera isla tuvo lugar hace más de 5 millones de años, como resultado de la actividad tectónica. Las islas más recientes, llamadas Isabela y Fernandina, están todavía en proceso de formación, habiéndose registrado la erupción volcánica más reciente en 2009.   Las islas Galápagos son famosas por sus numerosas especies endémicas y por los estudios de Charles Darwin que le llevaron a establecer su Teoría de la Evolución por la selección natural.

Se denomina también Archipiélago de Colón; 8009 km² y 15000 hab. cuya capital es Puerto Baquerizo Moreno. Situado en el océano Pacífico, a 970 km de las costas de Ecuador, está formado por 125 islas, 17 islotes y más de 50 escollos.

Están habitadas sólo las islas que tienen agua dulce. El archipiélago se originó por la intensa actividad volcánica submarina del Terciario. La principal actividad económica del archipiélago es el turismo.

Fue descubierto en 1535 por el obispo español Tomás de Berlanga. Ecuador tomó posesión en 1830. Charles Darwin estuvo allí con una expedición científica. El Parque Nacional, de gran riqueza vegetal y animal, es Patrimonio de la Humanidad, título que fue otorgado por la UNESCO en 1979.

En julio de 1835, Charles Darwin escribía desde Lima a su primo Fox: «Tengo más interés por las islas Galápagos que por ninguna otra parte del viaje». Se diría que intuía ya la significación decisiva que para él iba a tener esa visita, en principio sólo planteada como una etapa más de su vuelta al mundo a bordo del Beagle.

islas galapagos

Ubicada a 1.000 km. al oeste de la costa ecuatoriana se encuentran las Islas Galápagos o el Archipiélago de Colón, compuesto por 13 islas y 17 islotes, que tienen un gran valor científico debido a su extraordinaria flora y fauna única en el mundo. Las Islas Galápagos son Patrimonio Natural de la Humanidad.

En 1835, durante un crucero de cinco años por América del Sur y las islas del Pacífico, Charles Darwin visitó las Galápagos. Allí observó principalmente las tortugas gigantes, cuyo estudio fue el origen de sus famosas teorías sobre la evolución de las especies, la lucha por la vida y la selección natural.

UBICACIÓN GEOGRAFICA DE LAS ISLAS GALÁPAGOS

mapa ubicacion geografico islas galapagos

Trescientos años antes, distintos eran los intereses y las preocupaciones que sintió otro personaje, decisivo también, aunque de otra manera, para la historia de las Galápagos.

Nos referimos a Tomás de Berlanga (imagen abajo), obispo de Panamá, quien el 23 de febrero de 1535 zarpaba del puerto de dicha ciudad con dirección al Perú, enviado por el rey de España para zanjar los pleitos surgidos entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro.

El buque se dirigía hacia el sur siguiendo la costa, cuando, inesperadamente, a los ocho días de viaje, se produjo una calma absoluta y la nave quedó flotando en una total inmovilidad.

Pronto los tripulantes tuvieron la sensación de ser arrastrados por una corriente hacia el interior del océano y vieron, con angustia, que los perfiles de la costa se desdibujaban hasta desaparecer por completo.

Sus negros presentimientos parecieron confirmarse en los días siguientes, cuando el agua y los alimentos empezaron a escasear; pero el 10 de marzo volvieron a vislumbrar un horizonte de tierra firme, hecho fortuito que había de convertirlos en involuntarios descubridores de las Islas Galápagos.

Islas Galapagos Ecuador Flora y Fauna Descubrimiento Ubicacion PacificoUn trabajo durísimo costó a los sedientos navegantes encontrar el agua que necesitaban, pero, a cambio, tuvieron la suerte de contemplar una fantástica fauna: enormes lagartos que se zambullían indolentemente en el mar, gigantescas tortugas moviéndose parsimoniosamente en un paisaje de lava negra y de grandes cactus, leones marinos indiferentes, pingüinos en el propio ecuador, aves rapaces que se dejaban acariciar y toda una serie de animales que no demostraban ningún miedo al hombre.

El obispo de Panamá dio una exacta descripción del lugar, calculó su situación con precisión y observó que el paisaje parecía como si «Dios hubiera derramado en abundancia piedras sobre él».

Es curioso comprobar las coincidencias descriptivas del obispo con el viajero del Beagle, quien el 17 de septiembre de 1835, recién desembarcado en Galápagos escribía: «Nada menos seductor que la primera visión. Un escarpado campo de negra lava basáltica, expuesto a las olas, surcado por grandes hendiduras y cubierto por doquier de una maleza empobrecida y quemada por el sol.

Apenas hay señales de vida.  La superficie, seca y árida, calcinada por los rayos solares del mediodía, hace que el aire sea sofocante y pesado, como si saliera de una estufa; llegamos incluso a pensar que los matorrales despedían mal olor.

Aunque traté con gran afán de recoger el mayor número posible de plantas, sólo encontré unas pocas; y unas hierbas tan pequeñas y con tan mal aspecto que parecían más propias de una flora ártica que de una ecuatorial.

Los matorrales, vistos de cerca, parecen tan sin hojas como nuestros árboles durante el invierno, y tardé un rato en descubrir que las plantas no sólo se encontraban con todo su follaje, sino que la mayoría estaban en floración.

El arbusto más corriente pertenece a la familia de las euforbiáceas; una acacia y un cactus de aspecto extraño son los únicos árboles que ofrecen alguna sombra».

La costa de las Galápagos aparece como una línea negra de oscuros acantilados y de orillas rocosas, contrastadas por algunas playas arenosas que surgen en diversos puntos.

Las «islas encantadas», como de momento las llamaron los navegantes españoles, siguen conservando su misterio en las montañas del interior, que se pierden en una niebla siempre cambiante.

Acercarse a las islas, por otra parte, no es fácil; los puntos de desembarco no son muchos y el anclaje resulta poco seguro.

Hay zonas donde la costa es un amasijo de lava resquebrajada, dura, negra y erizada; en otros lugares se levantan acantilados de hasta diez metros de altura, constantemente batidos por las olas; incluso cuando las laderas descienden hasta playas arenosas, el oleaje sigue siendo un serio obstáculo natural.

Después de desembarcar, con más o menos dificultad, el viajero debe buscar un paso a través de las llanuras costeras, ya que, a menudo, el suelo no es más que una especie de caparazón de rocas resquebrajadas, rotas, llenas de hendiduras.

Espesos matorrales y cactus gigantes dificultan la marcha, y por añadidura el agua parece haber desaparecido de estas extensiones que a Darwin le hicieron recordar la vegetación del infierno.

La fauna que asombró a Tomás de Berlanga también sorprende al visitante que hoy pone sus pies en estas islas; reptiles parecidos a dragones pululan por la playa y, tierra adentro, tortugas gigantes —galápagos—, pero que se mueven con agilidad, hacen pensar en otra época del mundo, cuando los reptiles dominaban la Tierra.

El origen de las islas Galápagos es netamente volcánico, y el archipiélago pertenece a un complejo que ascendió de las profundidades del océano Pacífico, a unos 900 Km. de la costa suramericana y en la línea ecuatorial.

La isla más extensa, Isabela, tiene 130 Km. de longitud y no menos de cinco volcanes, cuya lava se ha unido hasta crear su extraña forma.

La isla Fernandina consta sólo de un único cono, que se eleva sobre el océano.

Todo el archipiélago está integrado por cinco islas, diecinueve islotes y cuarenta y cinco escollos, contra los que chocan las olas del mayor océano del mundo.

La superficie total es de unos 11.500 kilómetros cuadrados, casi la mitad de los cuales corresponden a la isla Isabela, la más grande y alta de todas, cuyas cotas máximas superan los 1.500 metros de altitud.

Dado su origen puramente volcánico, las Galápagos nunca tuvieron conexión con continente alguno, de forma que cuando las lavas incandescentes emergieron del fondo del océano, entre remolinos de espuma, ningún ser vivo moraba en ellas. Luego, a lo largo de los milenios, los vientos y las corrientes marinas arrastraron hasta las abruptas costas de estas atormentadas islas algunas plantas y animales.

Determinados seres pueden haber llegado volando; algunos, como las semillas y animales pequeños, especialmente los insectos, pudieron haber sido traídos por el viento; otros, incluso las grandes tortugas, quizá llegaron nadando; y otros, finalmente, serían transportados sobre balsas naturales, troncos de árboles o masas flotantes de tierra y plantas arrastradas hasta el mar por los grandes ríos tropicales.

Parte de esta sucesión de seres vivos encontraron en las islas condiciones favorables para la supervivencia, se multiplicaron e iniciaron una nueva línea evolutiva al quedar aislados genéticamente de las poblaciones de donde procedían.

A pesar de que pertenecen al mundo tropical, estas islas no son húmedas. Debido a la corriente marina de Humboldt, llamada también Corriente del Perú, los vientos que soplan sobre el archipiélago aportan muy pocas lluvias.

La erosión por agua corriente es, pues, muy débil, lo que explica que, por lo general, la estructura volcánica haya permanecido intacta en su forma y aspectos exteriores, y que las Galapagos sólo estén cubiertas por una capa muy delgada de tierra. La orientación de las islas con respecto a los vientos ha dado origen a muy diversos paisajes.

¿Por qué los naturalistas se interesan tanto por las Galápagos? Su flora y su fauna son la respuesta. Pero la importancia de ambas deriva de su escasez y de su aislamiento, circunstancias que han permitido evoluciones específicas de fácil seguimiento y la preservación de animales arcaicos, desaparecidos hace mucho tiempo en otras partes del mundo.

Así lo constató, en 1837, Charles Darwin, quien, después de su paso por las islas, escribía en su Evolutionary Notebook: «En julio empezaba el primer cuaderno sobre La transmutación de las especies. Había quedado extraordinariamente sorprendido, desde el mes de marzo pasado, por el carácter de los fósiles suramericanos y especies del archipiélago de las Galápagos. Estos hechos fundamentan (especialmente los últimos) todas mis ideas». No es raro que la pista del naturalista inglés haya sido seguida reiteradamente.

El interés de la flora y de la fauna de las Galápagos se debe además, y en gran parte, al hecho de encontrarse las islas situadas en una auténtica encrucijada oceánica, donde convergen corrientes de muy diversas características.

Del oeste llega la contracorriente ecuatorial del Pacífico, que aporta aguas cálidas y transparentes, mientras por el este afluye la corriente de Humboldt, de aguas frías, que baña la costa occidental de América del Sur y que, a la altura del límite entre Perú y Ecuador, vira hacia el noreste, adentrándose en el Pacífico, como descubrieron a su pesar Tomás de Berlanga y sus compañeros.

La presencia al mismo tiempo de aguas frías y cálidas origina condiciones muy favorables para la fauna marina; la gran riqueza de plancton alimenta a innumerables peces, los cuales, a su vez, posibilitan la vida y el desarrollo de aves y de leones marinos.

La mayoría de especies zoológicas que viven en estas islas son especies endémicas, es decir, propias de ellas y que no se encuentran en ningún otro lugar.

Ofrecen, por lo tanto, a los naturalistas un magnífico campo de estudios. 

Las Galápagos fueron famosas por la abundancia, en sus aguas, de cetáceos, que en el pasado se cazaban con regularidad y que todavía en nuestros días siguen siendo perseguidos.

Los crustáceos son asimismo abundantes y algunas bahías son famosas por su riqueza en langostas.

En todo caso, la yuxtaposición de aguas frías y calientes, que con tanto interés han observado los oceanógrafos, da como resultado una extraordinaria concurrencia de animales de aguas frías y de aguas cálidas, ya que unos y otros gozan de condiciones idóneas para vivir. Numerosos peces coralinos viven en los arrecifes, junto a colonias de esponjas, estrellas de mar y moluscos, mientras que las aguas próximas están habitadas por peces de agua fría.

El contraste más acusado se produce entre las aves.

Fauna de las islas galapagos Animales Gigantes Berlanga ObispoEl alcatraz de patas rojas y el alcatraz enmascarado pueden ser observados a considerable distancia de la costa, ya que se alimentan de peces capturados en zonas profundas del mar. El alcatraz de patas azules, menos aventurero, acostumbra a pescar en aguas más superficiales.

Las colonias de estas aves constituyen un espectáculo inolvidable; afincadas sobre todo en la isla Genovesa, trenzan complicadas filigranas en el aire, y en la época de cría ocupan todos los matorrales y pueblan la arena, llenando el paisaje de sonido y movimiento.

Más interesantes son, desde luego, los grandes rabihorcados o arefragatas, que alcanzan una envergadura de más de dos metros. Suelen anidar en los matorrales, junto a los alcatraces de patas rojas; pero sólo coexisten pacíficamente cerca de los nidos, pues como no pueden bucear, en vez de capturar los peces y animales marinos de la superficie del mar, prefieren robárselos a sus vecinos.

En efecto, tan pronto como los alcatraces han capturado una presa, los rabihorcados los persiguen y los asustan hasta que la sueltan, e inmediatamente el rabihorcado se lanza y captura el pez antes de que caiga de nuevo al agua.

Fauna de las islas galapagos Animales Junto a estas aves típicas de la zona intertropical vive también el pingüino, un ave marina característica de las aguas frías y que se ve con frecuencia sobre las rocas de la orilla o en la superficie del agua al cruzar el estrecho de Bolívar, entre Fernandina e Isabela.

Los pingüinos de las Galápagos son más pequeños que sus hermanos antárticos y su presencia en estas islas se debe a su situación en medio de la corriente fría de Humboldt.

Siguiendo este gran río que atraviesa el océano, algunos pingüinos llegaron a las islas en algún momento del pasado, procedentes del extremo meridional de América del Sur y evolucionaron hasta constituir una nueva especie. No es un pingüino muy grande. De longitud logra unos 53 cm., con un peso promedio de 2.2 Kg. Entre los pingüinos es el segundo más pequeño.

En las costas de Fernandina y de Isabela se pueden observar igualmente otras aves marinas de porte erecto y alas reducidas e inútiles para volar y que se zambullen desde las rocas para pescar en el océano. Son los cormoranes ápteros de las Galápagos.

A pesar de su gran tamaño, estas aves tienen unas alas diminutas, con las, plumas atrofiadas, por lo que no pueden volar e incluso caminan con dificultad.

Esta regresión en su evolución se debe, según una sugestiva y discutible teoría, a que los cormoranes no necesitaban alas para huir de los carnívoros y por ello dejaron gradualmente de utilizarlas a través de generaciones.

Fauna de las islas galapagos El cormorán áptero es uno de los últimos ejemplos de una fauna extraña que ha sobrevivido gracias al aislamiento y a la ausencia de enemigos. Además de los pingüinos, otros «navegantes» viajaron a estas islas a favor de la corriente de Humboldt.

Desde las costas meridionales de América del Sur se desplazaron los leones marinos, que se diferenciaron más tarde en una subespecie propia del archipiélago.

El valor de su piel ha sido la causa de su progresiva desaparición; en la actualidad se concentran casi todos los ejemplares existentes en Santiago, Isabela y Fernandina.

También por la ruta del mar llegó el león marino de California; en el caso de este animal, la mala calidad de su piel le puso a salvo de los cazadores comerciales. Y así se han establecido prósperas colonias de ellos en las costas de la isla Española, que además es famosa por ser el único lugar conocido donde arriba el albatros de las Galápagos, del que existen unas dos mil parejas.

Se ha citado ya la evocación al pasado remoto que suscita la visita a las Galápagos. Esta experiencia adquiere sus dimensiones más sugestivas cuando, con las primeras luces del día, se observan las rocas próximas a la playa.

De los huecos y fisuras de las mismas se verán surgir grandes lagartos, de hasta un metro veinte de longitud y de hocicos romos, patas torpes, larga cola aplanada lateralmente y una cresta dorsal sobre el cuello y el lomo.

Su color puede ser totalmente negro o muy oscuro, aunque los de algunas islas presentan manchas rojizas sobre su cuerpo, y las patas anteriores y cresta a veces son verdes.

Tan extraños animales son las iguanas marinas, exclusivas de este archipiélago.

A medida que abandonan su refugio nocturno, estas iguanas se sitúan sobre las rocas para que el sol caldee sus cuerpos, sobre los que entonces trepan confiadamente algunos cangrejos que devoran los parásitos fijos en la piel del reptil.

Fauna de las islas galapagos

Esta tolerancia de las iguanas respecto a los cangrejos se extiende a todos los seres, incluido el hombre, que puede acercarse a tocarlas o cogerlas sin ninguna reacción hostil por su parte.

Cuando baja la marea, los reptiles abandonan las rocas y se zambullen en las olas para pastar —su alimento exclusivo son las algas marinas— y, una vez satisfechos, vuelven a la orilla, donde se resguardarán de los rigores del sol.

Las iguanas marinas tienen sus parientes más próximos en el interior, entre las tierras bajas cubiertas de cactus.

Son las iguanas terrestres, que se alimentan de los frutos de las chumberas desprendidos de la planta. De las dos especies de estos animales existentes en las Galápagos, la primera ocupa las islas Fernandina, Isabela, San Salvador, Santa Cruz y tres islotes de sus proximidades, mientras que la segunda especie es exclusiva de Santa Fe.

La llegada del hombre, con el hábito de la caza, y la introducción de los animales domésticos —de efectos devastadores sobre la vegetación y los recursos alimenticios— han ido reduciendo considerablemente la población de iguanas terrestres, hasta llegar a la extinción en San Salvador y en uno de los islotes próximos a Santa Cruz.

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ALGO MAS SOBRE LA FAUNA…

Fenómeno único en el mundo, en las Galápagos viven animales y plantas que pertenecen unos a la fauna y flora antarticas, respectivamente, y otros a las de los trópicos. Los animales pudieron haber llegado antaño sobre islotes vegetales transportados por las corrientes. Se dan focas y pájaros bobos (Spheniscus), pero también lagartos de mar que pertenecen a la zona tropical.

Asimismo citaremos la tortuga elefante (Testudo elephantina), a la que el archipiélago debe su nombre. En efecto, galápago es una antigua palabra castellana, de etimología árabe, que significa «tortuga».

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos

Estos animales sólo se encuentran en las islas Galápagos y en las islas Aldabra (cerca de Madagascar). Miden más de dos metros de largo y pesan 300 kg. Pueden alcanzar la edad de doscientos años.

Siempre se les ha dado caza por su suculenta carne y por el aceite que se obtiene de ellos. Estos animales a veces recorren largas distancias, desde la costa desértica hasta el interior más húmedo, con objeto de encontrar agua potable. Para lograrlo siguen siempre el mismo camino, y de este modo han trazado verdaderos senderos. Los españoles que en el siglo XVI iban con frecuencia a estas islas seguían estos senderos porque sabían que los conducirían a lugares donde había agua.

Las islas también son famosas por sus extraordinarios lagartos marinos o iguanas, de hocico plano y cabeza provista de escamas córneas. Existen dos clases de iguanas propias de los Galápagos: el amblirrinco, semiacuático e inofensivo, y la iguana terrestre propiamente dicha (Conolophus cristatus), que se enfurece y puede ser peligrosa.

Entre los pájaros citaremos el colibrí de vivísimos colores y el albatros de las Galápagos, que empolla en la isla Española. Constituye un espectáculo poco común este pájaro blanco cerniéndose incansablemente por el cielo azul, llevado por sus robustas alas cuya envergadura puede rebasar los dos metros.

Por todas partes hay gaviotas con cola de golondrina, fragatas, pelícanos de roca, garzas reales y cormoranes que no vuelan. Los excrementos de estas aves, que se acumulan en gran cantidad, en lugares elegidos por ellas, constituyen el abono llamado guano.

Por desgracia, el hombre ha exterminado a gran número de animales. La mayoría de tortugas gigantes sucumbieron a las hecatombes de los siglos pasados. Las iguanas se hallan en vías de desaparición.

Además, los animales domésticos que fueron introducidos en el archipiélago, al cabo del tiempo volvieron al estado salvaje y ocasionan muchos daños. La UNESCO ha encargado a especialistas que examinen la posibilidad de proteger el carácter particular de la fauna y flora de las Galápagos. La isla Fernandina ha sido transformada en estación zoológica internacional.

Monte Fujiyama Japon Ubicacion Origen Leyenda

Monte Fujiyama Japón
Ubicación y Origen Leyenda

MONTE FUJIYAMA: La montaña más alta de Japón (3776 m.) nació del fuego y por él puede morir. A pesar de ello, su frágil belleza ha sido comparada con la de una flor. El Fujiyama no sólo es una belleza natural, sino también un lugar sagrado que ha atraído a peregrinos e inspirado a artistas durante generaciones.

La perfecta simetría de la silueta del monte Fuji ha sido desde la Antigüedad el símbolo japonés de la belleza. En efecto, su nombre significa en japonés «aquella que no tiene igual». Es lugar para todas las estaciones y momentos del día, hermoso siempre desde cualquier ángulo que se le mire. Sin embargo, se dice que escalar en primavera su cima nevada y contemplar los ciruelos y cerezos que florecen a sus pies sobrepasa cualquier otra experiencia de su grandeza.

MONTE FUJIYAMA

Con 3.776 m, su influencia escapa al mero impacto paisajístico. Desde hace por lo menos 12 siglos ha inspirado a poetas y artistas, y ha logrado identificarse con el propio Japón. Más aún, ocupa un lugar especial en la religión oficial del país, el sintoísmo, y resulta también significativo para los budistas, quienes consideran que el sendero que rodea la montaña a los 2.500 m es el camino de acceso al otro mundo.

Katsushika Hokusai (1760-1849) pintó muchas vistas del Fujiyama, cuya variabilidad, además de su belleza, sedujo primero a nativos y luego a extranjeros. Matsuo Basho (1644-94), considerado uno de los mayores poetas japoneses, lo halló majestuoso en todas las estaciones: «Aunque el Fuji se oculte bajo la lluvia y neblina del invierno, también en días así da alegría». El escritor de habla inglesa Lafcadio Hearn (1850-1904), quien amó tanto a Japón que adoptó su nacionalidad, describió sencillamente al Fujiyama como «la vista más hermosa de Japón».

El Fujiyama es la montaña sagrada de Japón, categoría que ha ostentado durante siglos. La veneró inicialmente el pueblo aborigen ainu (que aún habita la principal isla del norte, Hokkaido), el cual le concedió el nombre de su diosa del fuego, Fuchi.

Los japoneses continuaron esa tradición y conservaron el nombre. Según la fe sintoísta, todas las obras de la naturaleza están dotadas de espíritus superiores, o kami, aunque el carácter sagrado de las montañas es mayor. Como, el monte más alto y hermoso del país, el Fujiyama merece reverencia especial: se le tiene por hogar de los dioses y lazo simbólico de los misterios del cielo y las realidades de la tierra.

El santuario sintoísta bajo la cumbre data de hace 2.000 años, periodo de gran actividad volcánica. Se cuenta que, para calmar las terribles erupciones y atemperar a los dioses, el emperador dispuso su construcción. Todavía a fines de la Segunda Guerra Mundial, muchos japoneses consideraban deber sagrado escalar la montaña. Informes de testigos del siglo pasado describen a miles de fieles., ataviados con túnicas blancas, sandalias y sombreros de paja, ascendiendo por una de las seis rutas a la cima.

Los caminos quedaban atestados de sandalias usadas, tan endebles que se precisaba de varios pares para concluir el recorrido, de nueve horas. Hoy, unas 400.000 personas —turistas japoneses sobre todo— escalan el Fujiyama-cada año, particularmente en los meses de julio y agosto cuando la nieve abandona la cumbre.

Desde la cúspide, sus laderas bajan en un ángulo de 45° para luego allanarse antes de alcanzar la base, donde el Fujiyama traza un círculo casi perfecto de 126 Km. de diámetro. En arco en torno de las laderas norte están los Cinco Lagos. En primavera, con los árboles frutales y las azaleas en flor, esta zona rebosa colorido; en otoño el bosque en parte primigenio a las orillas de los lagos se enciende de rojos, para luego tomar diversos tonos de café. Algunas de las mejores vistas del Fujiyama se obtienen desde los lagos intercomunicados, cuyas tranquilas aguas reflejan a la perfección la simetría natural de la montaña. Como el Fuji, los lagos son de origen volcánico.

Según la tradición budista japonesa, la montaña surgió una noche de 286 a.C., cuando el suelo se abrió para formar Bava, el mayor lago de Japón; el Fujiyama fue resultado de la tierra desplazada. La leyenda no carece de fundamento; el archipiélago japonés abunda en fracturas tectónicas, a lo largo de las cuales se sitúan numerosos lagos y cordilleras. La isla de Honshu atraviesa la fractura más grande, donde se concentran 25 conos volcánicos: el mayor, el monte Fuji, tiene 10.000 años de antigüedad, no 2.300 años, como sostiene el mito budista.

La vasta llanura que rodea al Fuji posee su propia historia de intensa actividad volcánica; hace 300.000 años hizo erupción y arrojó lava. Los productos de varios conos sucesivos contribuyeron a darle al Fujiyama su forma actual, con la acumulación de capas de lava alternadas con un conglomerado compuesto por escoria, ceniza i y lava.

Estas capas indican la secuencia de erupción de ir volcán: primero grandes volúmenes de lava fundida se dispersan uniformemente por las laderas de la montaña, seguidos de violentas explosiones de escoria, ceniza y lava que se elevan al cielo para caer sobre las mismas laderas

La primera erupción documentada del Fujiyama ocurrió en 800 d.C. La más reciente (pues no está muerte, sólo inactivo), en 1707, cubrió de una gruesa capa de escoria y cenizas a la ciudad de Edo (actual Tokio), a 100 Km. de distancia.

La relevancia del Fujiyama en la conciencia japonesa y el romanticismo que lo reviste quizá se deba a la certeza de que su hermosura no durará, pues si nació de la noche a la mañana, igual puede desaparecer súbitamente en medio de una bola de fuego.

Fuente Consultada: Mundos Extraños y Lugares Asombrosos Reader´s Digest

Borobudur Templo Budista en Java Templo Perdido Indonesia

Borobudur – Templo Budista en Java – Templo Perdido

La mayor concentración de arquitectura sagrada de Java, se encuentra en la llanura de Kedu, unos 42 kilómetros al noroeste de la actual ciudad de Yogyakarta.  Aquí se encuentra el hermoso complejo de templo hindú de Prambanam y el mundialmente famoso templo budista de Borobudur.

Borobudur, es un nombre que deriva de una expresión que significa «Montaña de la acumulación de los méritos de los diez estados de Bodhisattva» es comúnmente considerado como una estructura budista, sin embargo, su construcción inicial fue planeada y llevada a cabo por constructores hindú algún momento alrededor de 775 d. C.

borobudur templo

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En el centro del frondoso paisaje de la isla indonesia de Java, aislado en la inmensa llanura, aparece el templo de Borobudur, máxima expresión de la arquitectura religiosa javanesa (El Budismo), el cual data del año 750 d.C. Para llegar a él partimos de Yogyakarta, una de las ciudades más grandes de la isla, sólo se tardan treinta minutos por un largo camino asfaltado de unos 40 Km. ó 25 millas aproximadamente.

Borobudur Templo Budista en Java Templo Perdido Indonesia

El monumento consta de seis plataformas cuadradas coronadas por tres plataformas circulares,
y está decorado por 2.672 paneles de relieve y 504 estatuas de Buda.

Está inspirado en un módulo constructivo que se relaciona con los sagrados diagramas del budismo tántrico y respeta un rígido esquema geométrico que tiene un profundo significado religioso.

Está formado por anillos concéntricos que se van estrechando a medida que se asciende hasta culminar en el único y gran stupa central símbolo de la Verdad Eterna (el edificio cónico típico de la arquitectura budista), simbolizando una flor de loto —la flor sagrada de Buda— que flota sobre las aguas de un plácido lago (en este caso la llanura) ó bien una montaña rodeada por agua.

la flor sagrada de Buda

Para poder llegar desde el nivel de la llanura a los casi 40 metros de altura de la cúpula central se construyeron nueve terrazas conjuntas; la primera mide más de 170 metros de lado. Si a estas faraónicas dimensiones se añade el minucioso cuidado con el que cada detalle se realizó, transformando una idea esquemática en un encaje de piedra, es posible tener una idea de la magnitud, de la dificultad y de la importancia del trabajo realizado en este templo.

Y todo ello para trazar un “recorrido”, o, en otras palabras, para crear un camino adecuado para un viaje del alma. Para quien lo visite es una invitación a la meditación, que habla directamente a los sentidos y que transmite su mensaje.Borobudur Templo Budista en Java Templo Perdido Indonesia

Fue restaurado, entre 1907 y 1911, por grupos de investigadores y arqueólogos holandeses que lo salvaron de la amenaza de la vegetación tropical, donde la mayor parte de las esculturas se perdieron durante el curso de las mismas restauraciones y de ellas sólo se conoce el tema: el Karmavibhaga, la ley del karma, según la cual cada acción humana lleva consigo sus consecuencias inevitables en la vida futura.

Centenares de esas esculturas eran una minuciosa descripción de escenas infernales (según la concepción de los constructores), en las que el hombre aparecía todavía envilecido y aprisionado por el remolino de los deseos. Se sabe, además, que no estaban a plena luz, sino medio enterradas y ocultas a la vista.

La montaña sagrada representa el progresivo abandono, la espiritualización y la interiorización. En definitiva, el eterno viaje del caos al orden, de la materia al espíritu, de las contradicciones a la Verdad. El viaje que Buda afrontó por primera vez y que todavía hoy, en su nombre, miles de personas afrontan según lo que Borobudur indica y sugiere.

En 1991, Borobudur fue incluido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

PARA SABER UN POCO MAS SOBRE EL TEMPLO DE BOROBUDUR: El templo de Borobudur, en la Isla de Java, ha sido llamado «montaña de dioses», lo cual es una denominación acertada para la gigantesca edificación sacra, situada a poca distancia de Djokja-carta, pues se trata efectivamente de una montaña o colina cubierta de inmensas masas de piedra, no de una construcción autoportante. Cuando en el siglo VIII después de J.C. se construyó en honor de Buda este templo, el más extenso de Asia, el budismo ya estaba retrocediendo en el subcontinente indio. Influencias hindúes lo habían descompuesto desde dentro, y cuando la religión de los brahmanes despertó a una nueva vida, ya había pasado la época de florecimiento del budismo. El asalto islámico destruyó los últimos bastiones de la creencia budística, que sólo perdura adulterada con elementos extraños.

Hacia esta época se abrieron a la nueva doctrina las islas del archipiélago malayo. Surgieron cientos de templos dedicados a Buda; sólo en el centro de Java han podido contarse más de ciento cincuenta de estas edificaciones. La mayoría ya han sido destruidas por la selva. Lo mismo ocurrió con la montaña de los dioses en Borobudur. No fue redescubierta hasta el siglo XIX, cuando se empezó a librarla de la jungla. «Hoy, cuando Borobudur ha sido liberado de los escombros y de la maraña de las lianas y de los siempre presentes arbustos, se puede ver qué grandiosa obra de un pueblo desconocido se muestra ante nosotros», apuntó un viajero que llegó a Java hacia fin de siglo.

La construcción en forma de cúpula se eleva por cinco terrazas cuadradas, a las que se sobrepusieron tres gradas finales circulares, hasta una altura de 35 m. Como fin se añadió una quinta terraza al pie de la construcción. Probablemente, las capas de piedras superiores amenazaban deslizarse de la mezcla de arena y arcilla de la colina, poco apropiada como cimiento. Cuatro escaleras conducen a la cumbre de la colina del templo. El rico complejo de la construcción desorienta a primera vista a causa de los innumerables frisos, nichos y cúpulas. La pirámide aplanada del Borobudur, cuya terraza inferior tiene un lado de 111 m, ejerce sobre aquel que no lo observa con demasiado interés la impresión de una pesada masa hundida en sí misma. «Parece una pasta tan mal fermentada como cuidadosamente formada en el detalle», juzgó el historiador de arte francés Foucher después de su primera visita a Borobudur.

Foucher criticó también el que desde el pie de la pirámide pétrea no se puede ver la plataforma superior ni la cima del templo y que, a la inversa, era imposible echar una mirada desde el punto más alto al pie de la terraza inferior. Esta visibilidad deficiente, debida a la forma semiesférica del edificio, la tuvo Foucher por un error del constructor.

«¿Habían realizado efectivamente un mal trabajo los constructores del Borobudur? Así se supuso durante mucho tiempo. El templo debe considerarse, desde el punto de vista de la técnica constructiva, como una stupa. La stupa, evolucionada de la forma circular de la colina funeraria, puede ser una construcción hueca para acoger reliquias o un puro monumento de culto sin espacios interiores. Generalmente se eleva el edificio en forma de semiesfera, campana o cilindro sobre una terraza cuadrada. E! constructor del Borobudur se separó bastante de las formas de stupa primitivas. Tuvo que pasar bastante tiempo hasta que se impuso la idea de que era una forma de stupa surgida en la época budística tardía, conformada y desarrollada hasta el último detalle. Desde este punto de vista sólo faltaba un paso hasta el reconocimiento de que la falta de visibilidad del templo podía tener, al igual como la ordenación del complejo total, sus buenos motivos.

Se halló la explicación en la doctrina budista de la salvación. La construcción se había proyectado con toda intención de tal manera, que el peregrino no pudiese reconocer aún desde el pie del templo las más altas alturas a las que su religión promete conducirlo. Las cinco terrazas debían simbolizar los cinco grados que se deben recorrer en el camino a la paz y la iluminación interior: la renuncia a los deseos mundanos, a malquerencias y a alegrías por el mal ajeno, a la pereza y a las dudas.

Una vez que el peregrino había llegado a la terraza superior, ya no debían verse desde las «situaciones puras», los estados intermedios recorridos. La plataforma superior con la cima del templo simbolizaba por tanto el nirvana, el sosiego anímico perfecto, la liberación del infinito ciclo de la transmigración de las almas, un «estado de absoluta independencia del mundo, que aquellos que lo han alcanzado describen como un indescriptible placer supraterre-no» (H. J. Schoeps).

El  Sagrado Río GangesEl FujiyamaPalacio PotalaMar de los Sargazos

El Gran Agujero El mayor pozo creado por el hombre BIG HOLE

El Gran Agujero Creado por el Hombre-BIG HOLE

En el centro de la ciudad sudafricana de Kimberley se halla un cráter, casi idéntico a un “auténtico” cráter volcánico. En su parte superior tiene la forma de un gigantesco embudo (su circunferencia es de casi 1 milla ó 1.8 km); más abajo sus paredes caen verticales hasta una profundidad de 1,2 km. Resulta imposible ver el fondo del cráter. El agua subterránea ha ido llenando el “Gran Agujero” de Kimberley hasta media altura. Este agujero, “Big Hole” un centro de atracción turística sudafricana de primera categoría. Fue excavado por el hombre en el transcurso de cuarenta y tres años. La ciudad de Kimberley le debe su existencia.

El pozo “Big Hole"

Y aunque el “Gran Agujero” esté situado en el centro del recinto urbano, los habitantes de Kimberley no lo cegarán nunca, pues lo consideran una especie de monumento invertido en recuerdo del “Great Diamond Rush”, la gran fiebre de los diamantes. Originariamente hubo en el lugar en que hoy se hunde el pozo una pequeña colina, llamada Colesberg Kopje.

En esta colina probó su suerte el dieciséis de julio de 1871 un grupo de buscadores de diamantes. Fleetwood Rawstone y sus compañeros (que, a causa de sus sombreros rojos, se llamaban el club de los Gorras Rojas”) ya sabían probado suerte en otros jugares, pero no habían encontrado nunca yacimientos de importancia.

El diamante tallado más grande del mundo, con 530,2 quilates, el llamado Estrella de África, se extrajo aquí en 1869.
En primer plano, el Big Hole (‘gran agujero’), el yacimiento diamantífero más rico del mundo hasta su cierre en 1915.

En Colesberg Kopje lo lograron al primer instante. Justo por debajo de la superficie hallaron diamantes pequeños pero inmaculados. Inmediatamente, en plena noche, mar catan su terreno. A la mañana siguiente ya había en este lugar docenas de cavadores extraños, que también querían asegurarse sus derechos de excavación.

Apenas un año más tarde, más de 50000 buscadores de diamantes cavaban hacia lo hondo alrededor de aquel punta en que, una vez, hubo una colina. En el transcurso de los decenios se hallaron en el gran agujero diamantes por más de 14 millones de quilates. Para conseguirlos se tuvieron que extraer 25 millones de toneladas de tierra y roca.

Estos escombros se repartieron en un amplio círculo alrededor del pozo. Sobre ellos se construyó la ciudad de Kimberley. Desde el año 1914 ya no se trabaja en el “Gran Agujero”, aunque es indudable que en las profundidades esperan todavía cantidades inmensas de diamantes.

Pero ya no valdría la pena explotar este yacimiento. El Gobierno hace tiempo que no concede más licencias. Los pocos buscadores de diamantes que han sobrevivido a los tiempos pasados, se limitan a filtrar los escombros sobre los que se levanta Kimberley y cuando, por ejemplo, se efectúan obras en las calles o se derriba una casa vieja. El resultado es, ciertamente, miserable. “Y todo esto sólo para la vanidad de las mujeres”; parece haber comentado Lord Randolph Churchill, el padre de Winston Churchill.

Fuente Consultada: Enciclopedia Las Grandes Maravillas del Mundo

Los Geisers del Parque Yellowstone Atracciones Turisticas del Parque

Los Geisers del Parque Yellowstone

Parque Nacional de Yellowstone, situado en las Montañas Rocosas del Norte ocupa unos 9000 Km2. Dentro de los límites de este parque se encuentran abruptas montañas, profundos cañones, acantilados de lava, extensas selvas, amplios prados, nos con espectaculares cascadas… Y en medio de todo ello late y se agita una intensa vida salvaje, todavía salvaje…

Pero lo primero que atrajo a la gente, a la gran masa de turistas, fueron los géiseres y otros diversos fenómenos termales de gran espectacularidad.

Nadie sabe exactamente durante cuánto tiempo ha actuado el calor subterráneo aquí existente sobre las tierras de la región. La evidencia geológica sugiere que algunos valles situados a gran altitud han estado «calientes» durante millones de años.

Por otra parte, se ha averiguado que el parque encierra dos antiguos cráteres volcánicos, al mayor de los cuales se le ha calculado una antigüedad de dos millones de años. Aunque sus respectivos márgenes son difíciles de distinguir, los geólogos aseguran que tales cráteres, considerando los dos como si fueran uno, miden 80 kilómetros de longitud por 48 de anchura, lo que hace que figuren entre los mayores del mundo.

geiser

Debajo del suelo y no a mucha profundidad se encuentra material derretido; y cuando el agua de las lluvias y la procedente de la fusión de las nieves y hielos se filtrarse establecen unas muy especiales condiciones, ideales para que se produzca la más extraordinaria variedad de fenómenos geológicos.

Aunque alcanzase temperaturas yelowstonede 260 grados centígrados, el agua que penetra no puede hervir ni convertirse en vapor de agua a causa de la gran presión a que está sometida y al hecho de estar encerrada entre la masa pétrea.

Pero a veces consigue penetrar en un canal o conducto que la lleva a la superficie, liberándose de su encierro, y entonces es cuando, aflorando al exterior, forma esos curiosos y sorprendentes manantiales. Sometida a una presión extrema, el agua asciende y emerge a la superficie en forma de una espectacular columna de agua y de vapor: es el tipo de fuente a la que se llama geiser, palabra que procede del vocablo islandés geyir, que significa «borbotar».

Doscientos de estos géiseres y por lo menos tres mil manantiales de agua caliente de otro tipo se han localizado en la región de Yellowstone. Algunos de ellos, al brotar, descargan verdaderas nubes de vapor y llenan el aire de salpicaduras que llegan a alcanzar una gran altura.

El llamado Old Faithful (que significa algo así como «el viejo puntual») es el geiser más celebrado de todo el inmenso parque y asimismo uno de los más famosos del mundo se le llama así porque los primeros exploradores que lo observaron se percataron de que expulsaba el agua siguiendo unos períodos bastante regulares, por lo menos relativamente regulares. Y se dice relativamente porque, en realidad, ese «viejo puntual» no sigue, como es de suponer, un horario preciso y exacto, sino que el intervalo entre una y otra expulsión de agua suele variar de 33 a 96 minutos.

crateresCuando el Old Faithful lanza su chorro al aire —a veces hasta unos 60 metros de altura— despide una enorme cantidad de agua caliente, alrededor de 45.000 litros en los casos en que dicho chorro es más abundante.

Por lo que se ha podido comprobar, estas expulsiones o erupciones, pues así es como se llaman científicamente, se han ido produciendo a lo largo de trescientos años por lo menos, y los geólogos estiman que solamente en el transcurso del siglo pasado este Old Faithful experimentó más de ochocientas mil erupciones.

En la zona de Yellowstone, como ya se ha dicho, hay doscientos géiseres, cada uno de ellos con sus especiales características: el Riverside, con una trayectoria angula: sobre el río Firehold; el Giant Geyser, con una descarga media de 3.800.000 litros de agua, y el Steamboat, cuyas raras pero violentas erupciones producen un fragor tan intenso que puede oírse desde muy lejos.

Aunque los lagos y las numerosas charcas hirvientes indican una general abundancia de agua en la región de Yellowstone. también puede ocurrir que algunos manantiales se sequen. Por ejemplo, cuando ciertos canales de agua, debido a obstrucciones o a movimientos de la tierra, quedan medio obstruidos y en consecuencia la cantidad de agua disminuye, los respiraderos descargan únicamente vapor. De ahí resulta que, con tanta frecuencia, se vean grandes burbujas de barro que parece que hierven durante un rato y que luego se endurecen.

Uno de los más espectaculares (y al mismo tiempo dramático por sus consecuencias) fenómenos naturales ocurrido en nuestro tiempo y que está relacionado con la actividad termal de Yellowstone, tuvo lugar en 1959. En el verano de dicho año, un temblor de tierra, con el centro en Hebger Lake, en el estado de Montana, al oeste del Parque Nacional de Yellowstone, produjo considerables rupturas en la superficie. Aguas abajo de Hebgen Lake, estos movimientos de tierra causaron un desprendimiento que mató a veinticinco personas que se hallaban en un campamento y formó un dique tras el cual se creó un nuevo lago.

Parque Nacional de Yellowstone

En el centro de la parte septentrional del parque, el río Yellowstone se introduce a través de una espectacular y fragorosa garganta. Es el llamado Gran Cañón de Yellowstone, excavado en una masa de riolita anaranjada y amarilla, el color del que el río tomó su nombre.

Las cascadas que accidentan su curso han sido visitadas por millones de personas, pero hay otras muchas de esas cascadas a las que tan sólo pueden llegar los excursionistas más expertos, avezados a desenvolverse en terrenos muy accidentados y difíciles.

Precisamente recorrer Yellowstone en plan de excursión revela muchos más aspectos que los que se descubren al desplazarse por las carreteras pavimentadas que hoy día cruzan el parque. Por ejemplo, el Shoshone Geyser Basin se encuentra a unas pocas horas, andando, desde Old Faithful, lo mismo que otros estanques termales esparcidos a lo largo y a lo ancho de este parque.

Las sendas, que también existen en abundancia, llevan asimismo al visitante por los prados naturales del curso superior del río Yellowstone y a través de campos llenos de geranios, altramuces y de infinidad de flores silvestres que florecen en verano.

Otros senderos cruzan la selva principal del parque, en la que abunda un tipo de pino especial, un árbol que antaño proporcionó un excelente material de construcción para las casas de los indios, que fueron los primeros habitantes de la zona. Algunos de estos senderos conducen a las altas atalayas azotadas por el viento, desde las cuales se pueden ver muchas de las grandes montañas del parque.

Los primeros hombres blancos que llegaron a esta región fueron los comerciantes y los tramperos, a comienzos del siglo XIX. Más tarde, cuando empezó a declinar el comercio de pieles, fueron llegando pescadores, cazadores y hasta muchos aventureros, movidos sin duda por simple curiosidad, atraídos por aquellas historias antes citadas que hablaban de la existencia de unas «extrañas y misteriosas» fuentes de agua hirviendo que brotaban del suelo.

En 1872, después de crear y de establecer oficialmente el Parque Nacional de Yellowstone empezaron a construirse las modernas carreteras antes citadas, a trazarse recorridos preestablecidos y, en cuanto fueron llegando los turistas, se levantaron hoteles y paradores. Los turistas llegaron primero a centenares, luego a millares y después siguieron llegando a centenares de millares.

La mayor parte de estos turistas que visitan Yellowstone acuden movidos por la curiosidad de ver no sólo los géiseres, sino también los numerosos animales salvajes que allí viven en plena libertad y por los que el parque ha adquirido asimismo justo renombre. Tal vez los animales que más llaman la atención entre los que aquí se encuentran sean los osos negros y los osos pardos.

Estos animales son los más grandes y más fuertes de todos los de Yellowstone, capaces de alcanzar, al levantarse sobre sus patas traseras, una altura de 2,7 metros; y algunos ejemplares llegan a pesar casi 300 kilos. Por lo general no tienen tendencia a atacar al hombre, pero a veces sí lo hacen y siempre con resultados fatales para éste. Las largas y afiladas garras del oso, su poderoso pecho y los músculos de las patas delanteras constituyen un formidable mecanismo para conseguir su sustento.

En primavera, el oso que acaba de salir de su larga modorra invernal puede perseguir a un alce, sobre todo si se encuentra debilitado tras sufrir los rigores y escaseces del invierno, acosarlo y saltar sobre él y devorarlo. No obstante, lo más normal es que durante el resto del año el animal se limite a una dieta mucho más sencilla, como raíces, hierbas, pequeños roedores y truchas.

En el mes de marzo, cuando todavía hay nieve, incluso en las montañas más bajas, la vida salvaje del parque presenta su matiz más sorprendente. En esta época, antes de que los alces hayan emigrado a los lejanos repechos en busca de hierba fresca de primavera, los visitantes los pueden contemplar a millares cerca de las orillas de todas las corrientes de agua, como asimismo otros grupos igualmente numerosos de alces, ciervos, bisontes, carneros de las Rocosas, coyotes y zorros.

En la actualidad existen mas de dos mil parques nacionales , refugios de animales y reservas repartidos en más de cien países del mundo. Especialmente en los parques y reservas que hay en las llanuras de África se hallan hoy dos grandes concentraciones de animales salvajes, que en tales lugares han encontrado la seguridad de su vida, gracias a que allí encuentra comida adecuada y agua natural, mas la prohibición de ser cazados por el hombre. El Parque Yellowstone se enorgullece de ser el primero en iniciar esta demostración de sabiduría que es el preservar lugares bellos que la naturaleza ha creado y nos regala para que los disfrutemos plenamente.

LOS GÉISERES: CARACTERÍSTICAS

UN «RASCACIELOS» DE AGUA
Una característica particular de los géiseres es la intermitencia de su acción; el surtidor de agua caliente, en efecto, no se manifiesta ininterrumpidamente, sino con intervalos frecuentemente bastante regulares. Estos intervalos entre una «exhibición» y otra pueden variar de unos pocos minutos hasta varios días: el geiser llamado «El Viejo Fiel», del Parque Nacional de Yellowstone, en los Estados Unidos, tiene una intermitencia de 65 minutos; otro, situado en ese mismo lugar, denominado «El Gigante», realiza su «número» solamente cada semana o cada dos semanas; los numerosos turistas que acuden a ese lugar, y que se congregan en masa para admirar el espectáculo de los géiseres, aseguran que vale la pena esperar: se trata de una columna de agua y espuma blanquísima que durante una hora surge y se mantiene en el aire a una altura variable entre los 60 y los 75 metros. Ello da una idea de la potencia de las fuerzas de la naturaleza.

UN MECANISMO DE RELOJERÍA
Para comprender el mecanismo que determina la intermitencia de los géiseres es menester tener muy en cuenta que el agua, cuando se encuentra sometida a presión, no alcanza a entrar en ebullición aun cuando se halle a temperaturas superiores a los 100°, y, también, que cuanto más alta es la presión, tanto mayor deberá ser la temperatura para que el agua entre en ebullición.

Esto es precisamente lo que acontece en las ocultas oquedades subterráneas que constituyen el «camino entubado» por donde circula el agua que alimenta los surtidores de los géiseres: el agua, a 9 metros de profundidad, no obstante hallarse calentada a más de 100°, no alcanza a entrar en ebullición (a «hervir») porque está sometida a constante presión.

LOS GEISERES


Entre la temperatura del agua y el punto de ebullición correspondiente a la presión que el agua experimenta, como podemos ver, existe siempre una apreciable diferencia: a los 13 metros de profundidad la diferencia es apenas de 2°.

Basta entonces que desde abajo lleguen nuevos vapores que calientan un poco esta agua para que, al encontrarse a una temperatura más alta, prorrumpa en una violentísima ebullición, capaz de levantar toda la masa de agua superpuesta y proyectarla fuera de su «camino».

Al mismo tiempo, como al salir esta agua la masa líquida que se encuentra debajo queda sometida a una presión menor (a causa de que el agua del «tubo» vertical está siendo arrojada hacia afuera) entra así en ebullición tumultuosa.

Después de este desahogo, el agua arrojada vuelve, en gran parte, al mismo tubo vertical por donde saliera; pero ahora vuelve considerablemente enfriada y queda, por eso mismo, tranquila, en razón de que no se manifiesta el recalentamiento que originara la «erupción» anterior. De este modo, a una fase de actividad sigue otra de tranquilidad.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo VIII CODEX

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