El Poder de la Iglesia Y La Ambición de los Papas

Biografia Papa Clemente VII

Biografia Papa Clemente VII

Las ideas políticas de Clemente VII no fueron de corto alcance, aparte las vinculadas directamente a los intereses de su familia, la de los Médicis. Clemente VII quería llegar a un equilibrio internacional y, en particular, debilitar la hegemonía española en Italia.

Pero para lograr estos ambiciosos propósitos le faltó decisión y actividad. Dejóse arrastrar por los acontecimientos, y en cierta manera contribuyó a crear un confusionismo peligroso entre los intereses políticos y religiosos de la Iglesia.

Papa Clemente VII
Papa Clemente VII:
Cuando Julio de Médicis, fue coronado como Clemente VII , Francisco I de Francia y el emperador Carlos V estaban en guerra. El último había apoyado la candidatura de Clemente VII y se manifestaba amigo de los Médici, pero antes de un año el nuevo Papa firmó un tratado con Francia. En respuesta, los aliados italianos de Carlos V, tomaron Roma , exigiendo al Papa que pagase trescientos mil ducados para evitar el saqueo. Ante la negativa papal, el 6 de mayo se produjo el asalto. Clemente VII se refugió en el castillo de San Angelo, donde permaneció siete meses, pidiendo ayuda a la Liga de Cognac, pero sus aliados no respondieron a su llamamiento: el Papa necesitaba el apoyo de Carlos V para hacer frente a los luteranos en Alemania y reinstalar a los Médici en Florencia. Clemente VII se decidió por el emperador, firmó en Roma un tratado que le favorecía y coronó a Carlos V en Bolonia.

Este hecho se revela con claridad meridiana en su actitud respecto a la reforma protestante, considerandola como un movimiento de tipo político, lo que, junto con los recelos suscitados en Carlos V, no hizo viable la leal colaboración entre la Iglesia y el Imperio para acabar con la herejía en los años de su iniciación.

Julio de Médicis era hijo natural de Juliano, hermano de Lorenzo el Magnífico, y Antonia del Cittadino. Había nacido en Florencia el 26 de mayo de 1478, y desde su más tierna edad fue preparado para abrazar la carrera eclesiástica.

Caballero de Rodas, gran prior de Capua, recibió el capelo cardenalicio de su primo León X el 23 de septiembre de 1513, y durante el pontificado de éste —otro Médicis — ejerció un papel preponderante en la curia papal.

En 1521 presentó su candidatura al pontificado; pero la oposición de los Colonna y la intervención diplomática de Carlos V determinaron la elección de Adriano VI. No obstante, dos años más tarde lograba su propósito (18 de noviembre de 1523).

Ascendía al Pontificado en un momento de tensión entre España y Francia. La victoria de Pavía (1525) y el subsiguiente tratado de Madrid (1526) dieron a Carlos V la hegemonía absoluta en Italia.

Para evitarla, Clemente VII, junto con Venecia, prepararon la confederación o liga de Cognac, que se firmó el 22 de mayo de 1526.

Este acto hacía beligerante al Papado en aquella gran pugna, lo que le acarreó serios contratiempos. Primero, la sublevación de Pompeyo Colonna (1526) y, luego, en mayo de 1527, el asalto y saqueo de Roma por los lasquenetes alemanes; Clemente VII tuvo que refugiarse en el castillo de San Angelo, desde donde capituló ante el emperador. Las negociaciones entabladas en Barcelona (1529) dieron por resultado la aproximación entre Clemente VII y Carlos V, ratificada en la coronación imperial de Bolonia (24 de febrero de 1530).

Esta política valió al papa la erección del ducado de Florencia y su vinculación a los Médicis.

Pero jamás la practicó con lealtad, pues en 1533 el enlace de Catalina de Médicis con el heredero de Francisco I de Francia, Enrique II, hacía presumir una nueva y violenta ruptura.

Durante su pontificado apenas intervino en la cuestión luterana alemana. En cambio, la tenacidad de la Curia provocó el Cisma inglés al oponerse a las veleidades de Enrique VIII.

El 23 de marzo de 1534, poco antes de su muerte, ocurrida en Roma el 25 de septiembre siguiente, Clemente VII ratificaba la legitimidad del matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón.

Biografia Papa Pio X Resumen de su Obra Pontificia Caracteristicas

Biografía Papa Pio X – Resumen de su Pontificado

Papa Pío X ( Riese, 2 de junio de 1835-Roma, 20 de agosto de 19141​), de nombre Giuseppe Melchiorre Sarto  fue el 257.º papa de la Iglesia católica entre 1903 y 1914.

Segundo hijo de los diez que tuvo el matrimonio de Giovanni Battista Sarto (1792-1852), de profesión cartero, y Margarita Sansoni, costurera (1813-1894). Fue bautizado el 3 de junio de 1835.

Sus padres, si bien eran humildes, valoraban la instrucción. Muy estudioso desde niño, desde tan temprana edad sintió la llamada sacerdotal, por lo que a los quince años ingresó en el seminario de Padua y fue ordenado sacerdote en 1858. En su primera labor pastoral se hizo notar por su gran caridad para con los necesitados y por el ardor de sus homilías, que le valieron no pocas conversiones.

Papa Pio X Biografia

Se cuenta que cuando se iba a producir la tercera votación los rostros de la mayoría de los cardenales se volvieron hacia él, en clara muestra de sus intenciones, el cardenal Sarto rompió a llorar en inútil ruego de que olvidasen como posible elegido a «este sencillo cardenal rural», como a sí mismo gustaba definirse. Cuando, tras la votación, se supo elegido aceptó la designación con la misma sencillez y docilidad que presidió toda su vida, y dijo: «Acepto el pontificado como una cruz, y porque los papas que han sufrido por la Iglesia en los últimos tiempos se llamaron Pío, tomo ese nombre». Fue declarado beato el 3 de junio de 195112​ y canonizado el 3 de septiembre de 1954, por Pío XII en ambas ocasiones

BIOGRAFÍA: Giuseppe Melchiorre Sarto nació en Riese (Italia) en el seno de una familia pobre, humilde y numerosa el 2 de junio de 1835. hizo sus estudios en Padua y fue ordenado sacerdote en 1858. Desarrolló siempre su ministerio sacerdotal en medio del pueblo; fue vicario en Tombolo, párroco de Salzano (1867), canónigo y canciller de Treviso (1875); en 1884 fue nombrado obispo de Mantua, hasta que se trasladó como patriarca de Venecia, creado cardenal en 1893.

El futuro papa desarrolló su misión pastoral, como sacerdote y obispo, con unos objetivos muy claros desde el punto de vista de una evangelización más acorde con el estilo apostólico. A pesar de todo tuvo que pagar un caro tributo a su época, tiempo de efervescencias doctrinales y políticas, sobre las cuales una vez papa tendría que tomar posiciones que acentuarían sin duda el verdadero carácter de su personalidad como hombre y como obispo de la Iglesia romana.

En el conclave de 1903 fue elegido sucesor de León XIII, al haber usado Austria el veto contra el cardenal Rampolla, que parecía ser el candidato con más posibilidades. En su primer documento pontificio, la encíclica El Supremo del 4 de octubre de 1903, el papa Sarto expuso la idea que había de guiar su actuación: «Restaurar todas las cosas en Cristo.»

Después, cuando fue coronado, anunció todo su programa pontifical en una frase: «¡Omnia instaurare in Christo!» («Todo lo instauraré en Cristo»),el programa de un buen pastor: alimentar, guiar y custodiar al rebaño que el Señor le había encomendado y buscar amorosamente las ovejas perdidas.

En 1904, apenas elegido, condenó explícitamente toda forma de veto en la elección del papa por parte de las potencias católicas. Era un acto muy importante no sólo por su intención inmediata, sino por su más amplio significado; así prohibía bajo pena de excomunión cualquier intento de impedir el nombramiento de un candidato a la tiara pontificia.

Durante su pontificado introduciría múltiples reformas en la vida interior de la Iglesia. En el clero se experimentaba una neta mejoría. Como consecuencia del cambio de estructuras sociales (abolición del mayorazgo), desaparecen muchas vocaciones interesadas, típicas del antiguo régimen, y poco a poco va disminuyendo el número de los sacerdotes «de misa y olla», ajenos al trabajo pastoral y ocupados como preceptores de familias o sin ocupación alguna.

En el orden legislativo, el papa iniciaría una labor sustancial, aunque la historia le podrá reprochar desaciertos notables de enfoque y de formulaciones; encomendó la refundición del derecho canónico, emprendida bajo la dirección del cardenal Gasparri, y que dio lugar —tras la muerte del pontífice— a la publicación del Código de derecho canónico (1917). En 1908, por medio de una constitución apostólica, promovía una profunda modificación y reforma en los cuadros administrativos eclesiásticos, y particularmente de la Curia romana.

La liturgia de la Iglesia bajo su pontificado conseguiría unas reformas que ahora aparecen como muy moderadas y casi superficiales, pero que en aquel momento supusieron un esfuerzo purificador y un notable estímulo para desarrollar una serie de posibilidades, aunque fuera dentro de un marco muy precisado y concreto.

Los documentos que jalonarían esa reforma litúrgica van desde el motu propio del 22 de noviembre de 1903 —referente al canto en el culto— hasta la constitución Divino afflatu de 1911, en que se reformaba y aligeraba la oración pública de la Iglesia y el calendario de los santos.

La trayectoria pastoral de Giuseppe Sarto, sacerdote y obispo, había sido acentuadamente desarrollada bajo el signo de una renovación espiritual muy sincera, aunque con un acusado y creciente sello reaccionario. Al ser elevado al solio pontificio, estuvo, quizá muy a pesar suyo, estrechamente condicionado por las pasiones políticas y doctrinales de su época. Todas las decisiones que en los años de pontificado tendría que tomar, sin duda estarían marcadas y presionadas por el espíritu polémico e integrista de muchos de sus principales colaboradores.

En 1904 durante su pontificado, Francia denunciaba el concordato y presentaba el proyecto de ley sobre la separación entre la Iglesia y el estado. La ley fue promulgada el 9 de diciembre de 1905. El estado ya no daría a la Iglesia las pensiones pagadas hasta el momento a título de compensación por cuanto se le había confiscado; los bienes eclesiásticos en parte habían sido expropiados, en parte pasaban a ser administrados por «asociaciones culturales» formadas fundamentalmente por laicos y controladas sustancialmente por ellos.

Pio X replica esta actitud con la publicación de la encíclica Vehementer del 11 de febrero de 1906.

Por lo que se refiere a Italia, Pío X heredaba de sus predecesores todo el lastre polémico aún vivo sobre la cuestión romana y la actitud de los cristianos frente al nuevo estado italiano. Seguía, entretanto, en pie la directriz vaticana de abstenerse en las elecciones políticas. La abstención, de cuya validez dudaba hasta el mismo pontífice, como demuestran las reiteradas consultas privadas que hizo a los católicos más caracterizados, laicos y clérigos, provocaba fuertes polémicas entre intransigentes y moderados, acabando por dividir a los católicos en dos bloques enfrentados.

Su amor a la Eucaristía le llevó a autorizar la comunión diaria a todos los fieles y a permitir que los niños pudiesen recibir el santísimo sacramento a partir de los siete años de edad. La razón para ello la dejó explícita en estas palabras:

«La finalidad primera de la santa Eucaristía no es garantizar el honor y la reverencia debidos al Señor, ni premiar a la virtud, sino que los fieles, unidos a Dios por la comunión, puedan encontrar en ella fuerza para vencer las pasiones carnales, purificarse de los pecados cotidianos y evitar las caídas a que está sujeta la fragilidad humana».

Para mejor difundir el Evangelio dio un gran impulso a la actividad misionera, incentivó la creación de seminarios regionales, encomendó la revisión de la Vulgata a los benedictinos, fundó el Pontificio Instituto Bíblico en Roma y comenzó la publicación de la Acta Apostolicae Sedis, que, desde 1909, es la publicación oficial en que se recogen los documentos pontificios.

Como preparación para la celebración del cincuenta aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María, San Pío X publicó la encíclica Ad díem illum, todo un canto de amor a la Virgen.

Murió el 20 de agosto de 1914. Bromeando, cuando oía decir de él que era un Papa santo, solía comentar: «No santo, Sarto, Sarto», pero ya en vida se le atribuyeron muchos milagros, y el 14 de febrero de 1923 Pío XI introdujo su causa de beatificación, que culminó Pío XII el 12 de febrero de 1951, para proclamarle santo el 29 de mayo de 1954. Había que remontarse hasta 1572 para encontrar el último pontífice proclamado santo: San PíoV

Ver: Biografia de PIO XII

Ver: Biografia de Giovanni Battista

Fuente Consultada:
Historia de los Papas Desde San Pedro a Francisco I – Entrada: Papa Pio X – Editorial LIBSA
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Papa Pio X “El Papa Antimodernista” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Concordato de Worms Reformas Eclesiasticas de Gregorio VII Querella

Concordato de Worms
Reformas Eclesiásticas de Gregorio VII

Había sido el emperador Otón I quien estableció el uso de dar a los obispos también el título de condes de la ciudad donde ejercían su misión. Eligiendo hombres de Iglesia, y no hombres de armas, el emperador se aseguraba una mayor fidelidad y evitaba el peligro de que los condes se coligaran contra él.

Pero la costumbre era tan ventajosa para el imperio como dañosa para la Iglesia. En efecto, dado que los obispos se convertían en funcionarios del emperador, era lógico que éste pretendiera nombrarlos: podía así elegir hombres de su absoluta confianza. Los sucesores de Otón y los emperadores de la casa de Franconia, que sucedieron a aquellos, siguieron dicho sistema.

Cualquier persona, por el mero hecho de ser grata al emperador, podía recibir el episcopado. El emperador, para salvaguardar sus propios Intereses, elegía personas aptas; para el gobierno y expertas en intrigas políticas; pero dichas personas no eran precisamente las mejor dotadas pura el sagrado ministerio. Era necesario que la iglesia pusiera término a este escándalo.

LA REFORMA ECLESIÁSTICA-Nicolás II: Por ese mismo tiempo, la Sede Pontificia Romana se hallaba gravemente comprometida. Hasta Carlomagno, los Papas habían sido elegidos por el pueblo de Roma; luego, con el feudalismo, cayeron bajo la influencia de los señores; y ahora, bajo el Imperio, debían contar con la aprobación de los Soberanos. De esta manera se originaron los graves problemas, algunos tratados en este sitio.

Evidentemente so necesitaba una doble reforma: independizar la Iglesia de la influencia de los emperadores, y renovarla disciplina interna. Ambas cosas se consiguieron en muy poco tiempo.

En el año 1059 fue elegido Papa Nicolás II, quien de inmediato y sorpresivamente reglamentó la elección de los futuros Pontífices: en adelante los elegirían los cardenales, sin necesidad de la aprobación del Emperador. La medida fue muy alabada, pero parecía constituir un desafío al poder Imperial.

De acuerdo al nuevo sistema aprobado, en el año 1073 fue elegido Papa el monje cluniacense HILDEBRANDO, quien tomó el nombre de Gregorio VII: fue el personaje destinado a ser el gran reformador y una de las figuras cumbres de la Iglesia.

Hombre culto y muy piadoso aunque sumamente enérgico, Gregorio desde el comienzo de su gobierno se sintió llamado no sólo a purificar la Iglesia de todas sus fallas, sino además a imponer la Supremacía Pontificia sobre todos los reyes y príncipes cristianos.

La primera medida que tomó ese mismo año fue dirigida a la prescripción del celibato eclesiástico mediante la prohibición del matrimonio de los sacerdotes (nicolaísmo). La disposición no perseguía tanto la práctica de la virtud de la castidad como el afianzamiento de su política teocrática. De hecho, como luego sucedería con los posteriores decretos sobre la simonía, sólo se publicó en los dominios del emperador, contra quien la lucha por el poder político se libraba sin cuartel. Suponía el papa que el celibato evitaría la descendencia y, con ella, la posible transmisión hereditaria de los derechos feudales, auténtico núcleo de la cuestión.

Aunque en principio tales derechos no se trasmitían hereditariamente y requerían de una investidura específica por parte del señor, ésta solía recaer sobre los descendientes del vasallo que no se hubiesen hecho indignos de ella. Finalmente, en muchos de los casos, acabó por reconocerse el derecho de herencia.

De inmediato Convocó un Concilio que aprobó estas famosas reformas: bajo pena de excomunión se prohibió a los civiles entrometerse en los asuntos internos de la Iglesia y Conceder cargos eclesiásticos. Igualmente se penaba a los clérigos que los aceptaban o que vivían casados.

Estas pretensiones papales llevarán a un enfrentamiento con el emperador alemán en la llamada Disputa de las Investiduras, que en el fondo no es más que un enfrentamiento entre el poder civil y el eclesiástico sobre la cuestión de a quién compete el dominio del clero.

Numerosos Legados Pontificios se desplazaron por toda Europa controlando el cumplimiento de estas directivas y deponiendo a los transgresores, pues para reyes y emperadores los feudos eclesiásticos antes que eclesiásticos eran feudos.  Entonces fue cuando intervino en la lucha el Emperador.

Ocupaba el trono imperial Enrique IV, príncipe prepotente y ambicioso, poco dispuesto a perder sus privilegios. En un principio desconoció las órdenes pontificias y siguió confiriendo dignidades eclesiásticas como si nada hubiera pasado. El Papa Gregorio le envió amistosos avisos y luego protestas más enérgicas. Finalmente, se vio en la necesidad de excomulgarlo, y —cosa nunca vista— lo destituyó de emperador.

Con motivo de la publicación de la bula de excomunión contra el emperador, la nobleza opositora logró convocar en Tribur la Dieta imperial con la manifiesta intención de deponer al monarca, aprovechando además que los rebeldes sajones estaban de nuevo en pie de guerra. Enrique IV se vio en situación comprometida. Ante el peligro de que el papa aprovechara esta reunión para imponer sus exigencias y amenazado además de deposición por los príncipes si no era absuelto de la excomunión, Enrique IV decide ir al encuentro del papa y obtener de él la absolución.

Como se observa, el resultado fue tremendo: los príncipes alemanes se reunieron en Tribur y apoyaron al Papa desligándose del soberano.

Entonces Enrique, viéndose perdido, se dirigió a Canosa, en el norte de Italia, en donde se encontraba el Papa, para pedirle el levantamiento del castigo. Gregorio, luego de tres días de espera, le concedió el perdón y lo restituyó en el trono. 5u triunfo había sido completo.

Con todo, la lucha aun prosiguió unos años hasta que con el «Concordato de Worms” se llegó a un acuerdo: el Papa y el Emperador reconocían su mutua independencia en sus respectivas esferas. Este conflicto también se conoce como la Querella de las Investiduras

PARA SABER MAS…
¿QUIEN FUE A CANOSA, EL REY O EL PAPA?

La asamblea de Worms decretó la destitución de Gregorio, pero no designó un nuevo papa. El concilio de Roma, a su vez, destituyó a Enrique IV, pero no indicó un candidato oficial para sucederlo. La puerta estaba así abierta para las negociaciones.

La posición de Enrique, luego del episodio de la excomunión, se deterioró sensiblemente. Godofredo de Lorena, jefe eventual del ejército que invadiría Italia, murió asesinado. Los principales jefes sajones rebeldes a Enrique escaparon, al ser facilitada su fuga por el obispo que estaba a cargo de su custodia.

Las deserciones se multiplicaron en el bando del rey, pues las sentencias de excomunión atemorizaban a todos, especialmente a los religiosos más sinceros.

Enrique, entonces, trató de reunir a los obispos en asambleas, con el objetivo de condenar a Gregorio, pero éstos no comparecieron. Al soberano le quedaba un solo camino: volver atrás.

Promulgó documentos en que prometía obediencia a la Iglesia. Mientras tanto, los jefes de la oposición sajona trabajaban activamente para derrocarlo. Se proponían presentar la cuestión de la sucesión del rey en una asamblea (Dieta) que convocaron en Tribur.

Pero los legados del papa se dirigieron allí con la orden de promover un posible retorno de Enrique, y de reservar al papa la prerrogativa de promulgar la sentencia final. Los príncipes sajones resolvieron entonces que Gregorio VII debía trasladarse a Alemania para escuchar los argumentos del rey y de los príncipes, y decidir la cuestión.

El papa evidentemente aceptó el papel de arbitro y se dirigió al castillo de la condesa Matilde, en Canosa, donde debía aguardar la llegada de una escolta que le enviarían los príncipes para conducirlo a Alemania. Al tener noticia de esto, Enrique IV resolvió adelantarse, y viajó en secreto a Italia, a fin de convencer al papa para que le concediese la absolución. Al llegar a Lombardía, el rey alemán encargó a su padrino, Hugo de Cluny, a la condesa Matilde y a su suegra Adelaida de Saboya, que intercedieran en su favor ante el papa. Gregorio, en un principio, respondió que era contrario al derecho canónico instruir el proceso de un acusado sin contar con la presencia de sus acusadores, e invitó al rey a comparecer ante la asamblea de los príncipes sajones en Augsburgo.

Enrique IV, sin embargo, no desistió de su propósito, y se dirigió vestido humildemente a las puertas del castillo, permaneciendo allí durante tres días bajo el rigor del invierno. El papa concluyó por ceder, le concedió el perdón y aceptó su juramento de fidelidad.

Ese perdón resultó ventajoso para Enrique. Su juramento no se refería a ningún asunto en especial y pasó por alto las cuestiones que motivaron la ruptura, sobre todo el problema de las investiduras. Si comparecía ante la asamblea de Augsburgo lo haría como rey, recién absuelto por el papa, quien difícilmente estaría en condiciones de decretar nuevamente su condenación. Quedaba así libre el camino para que el rey reiniciase la guerra con los señores feudales y les exigiese obediencia.

En Alemania, los partidarios del papa quedaron decepcionados, y los sajones, desconfiados, disolvieron la asamblea de Augsburgo. Los clérigos que antes vacilaban en apoyar a Enrique o Gregorio, se apresuraron a reaproximarse al rey. La debilitada oposición a Enrique IV llamó a una asamblea a realizarse en marzo de 1077 en Forchheim. Allí sólo comparecieron dos legados de Gregorio, con la misión de evitar que se eligiese un nuevo rey.
Al igual que Gregorio, Enrique declaró que no podía ir a Forchheim.

Por lo tanto, ninguno de los dos asistió a la asamblea que decidió destituir a Enrique y elegir rey de Alemania a Rodolfo, duque de Suabia. Este se apresuró a expresar su obediencia a Gregorio y a auxiliar a los legados papales a ejecutar en Alemania los decretos contra el nicolaísmo y la simonía.

La situación, para Gregorio, había sufrido un gran cambio. Antes, debido a su suspensión del juramento de fidelidad a Enrique, no había legítimamente, según las ideas de la época, ningún rey; ahora existían dos. La posesión real del poder sólo podría ahora ser resuelta por la lucha armada entre ambos contendientes.

El papa creyó que estaría en sus manos consagrar al soberano legal. Pero se sorprendió cuando ninguno de los dos rivales solicitó su viaje a Alemania. No lograba comprender bien la situación creada, pues se hallaba confundido por informaciones siempre atrasadas y contradictorias.

A principios de 1078 renunció definitivamente al viaje, mientras las dos facciones se hallaban ya combatiendo. Esta fue una guerra que se prolongó, en forma intermitente, hasta enero de 1080, cuando los dos ejércitos chocaron en la batalla de Forchheim, en Turingia. Los dos jefes se proclamaron vencedores, aun cuando la ventaja aparente había sido lograda por Enrique IV.

Probablemente mal informado de lo acontecido, y suponiendo a Rodolfo único vencedor, Gregorio reunió al concilio de cuaresma en marzo y, señalando la «perversidad» de Enrique, resolvió excomulgarlo nuevamente.

Fuente Consultada: Historia Antigua y Medieval de A. Drago

 

Biografia de Gutenberg Impresión de la Biblia Caracteres Moviles

Biografía de Gutenberg – Impresión de la Biblia

Johannes Gutenberg (hacia 1398 – 3 de febrero de 1468) fue un herrero alemán,
inventor de la imprenta de tipos móviles en Europa (hacia 1450).
Su primer y mejor trabajo fue la Biblia de 42 líneas.

gutenberg, inventor de la imprenta

«La imprenta es un ejército de veintiséis soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo»

La invención de la imprenta es el último eslabón de una larga cadena de descubrimientos. Comienza con el papel, fabricado por los chinos primero con los desechos de seda o con corteza de los morales, que apareció en el mundo occidental en el s. XII, ya mejorado con la utilización del cáñamo.

La xilografía, también de origen chino, llega a Europa en el s. XIV y permite la impresión en tela o papel a partir dé los relieves tallados sobre madera. Los progresos de la metalurgia preparan el último descubrimiento.

El orfebre maguntino Johannes Gutenberg es el primero en fabricar líneas con caracteres metálicos. A partir de entonces se abren talleres de imprenta en toda Europa.

Los primeros maestros fundidores, como Elzevier en La Haya o Aldo Manuzio en Venecia, construyen sus propios caracteres: los pioneros de la imprenta, en la encrucijada entre el arte, el pensamiento y la técnica, son, a su manera, unos auténticos humanistas.

Son ellos los que favorecen la difusión de los autores antiguos, que interesan a un público cultivado, cada vez más numeroso en los a. XV y XVI. El desarrollo de la imprenta coincide, efectivamente, con la creación de muchas escuelas y universidades.

La prensa de Gutenberg amplió las posibilidades de las técnicas de impresión mediante grabados de madera en uso al permitir imprimir varios materiales de forma rápida. Gutenberg, era un obrero metalúrgico de Maguncia, produjo su primer libro impreso, la llamada Biblia de Gutenberg, en 1454.

Dedicó tres años a imprimir 180 ejemplares de esta Biblia en latín, el mismo tiempo que hasta la fecha habían dedicado los amanuenses a producir una única versión manuscrita.

En la Feria del Libro de Frankfurt de 1455, una de las ferias del sector más antiguas del mundo, Gutenberg vendió sus ejemplares producidos en serie y obtuvo pingües beneficios.

Sin embargo, siempre fue un hombre de negocios pobre y, cuando la muerte le sorprendió en 1468, se hallaba casi en la ruina, pues la imprenta estaba en manos de su antiguo socio, Johann Fust.

El invento de Gutenberg no solo contribuyó a la difusión de la teología, sino que propició la proliferación de las publicaciones científicas y con ello echó a rodar la revolución científica que acontecería en los siglos venideros.

PROVOCÓ UN ENORME
CAMBIO CULTURAL
LA IMPRENTA ES LA BASE DE LA
LIBERTAD DE EXPRESIÓN
MANTIENE SU VIGENCIA EN PLENA ERA ELECTRÓNICA

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BREVE FICHA BIOGRAFICA DE GUTENBERG:

• Nació hacia 1400 en Maguncia (Alemania).

• A los treinta años se trasladó a Estrasburgo (Francia) y comenzó a trabajar como orfebre.

• En 1438 se unió con unos amigos para poder concretar su proyecto de realizar una imprenta.

• Durante los diez años siguientes ideó una forma de hacer tipos o letras de metal fundido para componer los textos y una prensa para estamparlos en el papel.

• En 1450 regresó a Maguncia y se asoció con el prestamista y comerciante Johannes Fust, quien le prestó dinero para que instalara la imprenta e imprimiera la Biblia.

• Dos años más tarde editó algunas obras, entre ellas un calendario astronómico.

• En 1455 Fust le exigió la devolución de su préstamo y, ante la negativa, le inició un proceso judicial.

El primer libio:

• En 1456 terminó de imprimir la Biblia y perdió el pleito con Fust, por lo que tuvo que entregar la imprenta y sus herramientas al comerciante.

• En los años posteriores se trasladó varios veces de Maguncia a Estrasburgo y continuó imprimiendo.

• En 1465 Adolfo II, arzobispo de Maguncia y elector de Nassau, reconoció la importancia del perfeccionamiento de la imprenta y se convirtió el mecenas de Gutenberg.

• Murió el 3 de febrero de 1468 en su ciudad natal.

Fue el primer libro que imprimió Johannes Gutenberg en su imprenta entre 1450 y 1456; se la conoce también como Biblia de Mazarino o Biblia de las cuarenta y dos líneas.

Se editaron ciento veinte ejemplares, cada uno de los cuales tenía más de mil doscientas páginas divididas en dos columnas de cuarenta y dos líneas cada una.

Actualmente existen cuarenta y siete de estos ejemplares, pero solo fres están en perfecto estado: uno, en la Biblioteca del Congreso de Washington; otro, en la Biblioteca Nacional de París y el último, en la Biblioteca Británica de Londres.

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El holandés Laurens Coster trató de fabricar tipos móviles de madera en la mismn época en que Gutenberg trabajaba en su invento. Pero solo este último tuvo éxito al crear tipos móviles resistentes y al construir la prensa de madera.

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¿Cuándo y dónde comenzó Johannes Gutenberg a concebir su imprenta? Aunque las noticias sobre su vida son escasas, la documentación que se conserva dice que la historia de su invento comienza en la ciudad de Estrasburgo (actual Francia). Gutenberg se habría establecido allí en 1434, procedente de Maguncia (Alemania), su ciudad natal.

En Estrasburgo, Gutenberg formó un taller de orfebrería junto con otros socios.

Además de las técnicas propias de su oficio -el tallado de gemas y la manufactura de lentes y espejos-, el inventor dedicaba parte de su tiempo a explorar técnicas de impresión, a las que calificaba como «Nuevo Arte».

Llevado por su interés, Gutenberg no dudó en tomar cien gulden (moneda de los Países Bajos) de la caja de caudales del taller para continuar, en el mayor de los secretos, con sus experimentos.

Cuando sus socios en el negocio de orfebrería, los hermanos Georg y Klaus Dritzehn, conocieron el hurto, interpusieron una demanda judicial contra Gutenberg por el uso indebido de los fondos.

Es probable que los Dritzehn aportaran como pruebas algunos materiales impresos creados por Gutenberg en horas de trabajo.

Se sabe que el juez anotó que Gutenberg «había comprado plomo para fabricar piezas que se separaban y se fundían».

En el documento judicial también se citaba la existencia de un «artilugio para prensar». Las pruebas fueron concluyentes: Gutenberg perdió el pleito y tuvo que abandonar Estrasburgo.

Mucho antes de que Gutenberg iniciara sus experimentos tipográficos, los hombres de las primeras civilizaciones ya se interesaron en fijar las letras y los signos de sus primitivos alfabetos en soportes adecuados que facilitaran la lectura.

Uno de los primeros pictogramas de que se tienen noticia data del año 3.500 a.C y es una tablilla de piedra caliza grabada que fue hallada en el país de Kush (actual Sudán).

Más tarde los sumerios desarrollaron ideogramas -símbolos que representaban ideas- en un número cercano a los 2.000, que grababan con sellos sobre tablillas de barro cocido.

Más tarde, los egipcios primero, y luego los romanos, perfeccionaron la técnica de esculpido sobre piedras, arcillas y mármoles con la creación de los primeros tipos de letra.

No faltaron quienes vieron en estos intentos los precedentes de la moderna tipografía.

En la Europa medieval, los primeros grabados de madera realizados aparecieron después de las Cruzadas (1200).

Se usaban para imprimir naipes. calendarios v estampas.

LOS PRIMEROS EN USAR LA TINTA, LOS MOLDES Y EL PAPEL FUERON LOS CHINOS Pero, sin duda, el precedente inmediato a la imprenta de Gutenberg hay que buscarlo en China.

Se sabe que mucho antes de que la imprenta llegara a Occidente los chinos ya disponían de los tres elementos básicos para poder imprimir un texto: el papel, tintas y colorantes, y los moldes de los signos o imágenes que debían fijarse sobre la superficie que serviría para la lectura.

¿Cómo se fabrica el papel? El pergamino, debido a su poca flexibilidad y finura, no se puede utilizar en la imprenta, lo que hace indispensable el papel.

Los italianos de Fabriano aportan las mejoras necesarias, utilizando para la pasta pedazos de lino y de cáñamo.

Las nuevas colas de origen animal dan al papel la tersura necesaria.

Desde Fabriano, estas técnicas se extienden por toda Europa, beneficiándose de la abundancia de trapos, debida al uso generalizado de la lencería.

¿Quiénes son los precursores de Gutenberg?.

La novedad de la imprenta reside en la noción de «composición», o sea, en la utilización de caracteres móviles. A

hora bien, la idea hacía tiempo que estaba en el aire. Los chinos ya habían construido matrices en madera.

En Europa, el holandés Laurens Janszoon, llamado Coster, lo intentó entre 1423 y 1437, pero la madera no es un material lo suficientemente dúctil y los progresos vendrán con el uso del metal, gracias al trabajo de acuñadores y orfebres.

Aunque Gutenberg es el primero en realizarlos, no hay que olvidar la importancia de Schóffer, colaborador suyo, ni la de Procopio Waldoffel, que en la misma época realizaba en Aviñón las mismas investigaciones.

La invención de la imprenta no es obra de Gutenberg. Pero suyo es el mérito del descubrimiento de lo tipografía, que permite la impresión de un conjunto de caracteres móviles en relieve.

Un obrero coloca las motrices de manera que formen líneas; después Otro entinto los caracteres y pone uno hoja de papel. La tinta esté hecha de negro de humo, de trementina y de aceite de nuez o de lino.

A pesar de la indignación de los copistas parisienses, la universidad de París llama a los colaboradores de Gutenberg: la primera prensa Se instalo en la Sorbona en el alto 1470. Pero los libros cuestan curas; una Biblia en latín, 10 ducados (6.000 pesos de ahora),, y los textos de Virgilio, 2 ducados (1.200 pesos).

¿Cuáles son los primeros caracteres? El diseño de los caracteres de las primeras imprentas imita la escritura manual de la época, que el Renacimiento llama con cierto desprecio escritura gótica: el tipo utilizado en Renania, la redonda italiana y la cursiva.

El gótico dejará pronto de utilizarse en Francia y en Italia, ocupando su lugar nuevos tipos.

Entre éstos, los más célebres son el romano, llamado así porque fue grabado por primera vez en el monasterio de Subiaco, cerca de Roma, y el itálico, los caracteres inclinados impuestos por Aldo Manuzio.

¿Existía el libro antes de la imprenta? Si bien el invento de Gutenberg extendió rápidamente el número de lectores, éste era ya considerable. La lectura fue más bien causa que consecuencia del descubrimiento.

La demanda de libros baratos aumentó desde el s. XIII, paralelamente al desarrollo de la vida universitaria.

Algunas librerías tienen verdaderos talleres de producción con que aprestan el pergamino, otros que copian el  texto y los que se encargan de las ilustraciones.

A comienzos del s. XV, un librero de París pudo ofrecer 300 ejemplares manuscritos a la Facultad de Arte.

¿Cuáles son las tiradas de la época? La imprenta, al abaratar el precio de los libros, permite una importante labor de difusión. En el s. XV, las tiradas medias son de 500 ejemplares; en el s. XVI, de 3000.

La producción a finales del XV se sitúa entre 15 y 20 millones de libros; para el conjunto del siglo siguiente se estima entre 150 y 200 millones.

¿Qué debe el Renacimiento a la imprenta? El retomo a los antiguos valores tiene un eco favorable entre los impresores.

En Venecia. la imprenta Aldine publica, de 1495 a 1515. 27 ediciones de autores griegos.

En Francia, sólo en 1530, aparecen textos de 40 autores griegos de los que 32 se publican en. lengua original

¿Cuándo aparece la prensa? Las «noticias»  existen mucho antes que la imprenta. Se trata de hojas manuscritas, probablemente de origen italiano y a menudo relacionadas con el gran comercio.

Los bancos, para facilitar sus operaciones, hacen circular boletines de filial en filial, los avisi. Marino Sanudo sistematiza esta práctica imprimiendo en Venecia, a finales del XV, sus famosos diarii.

En Alemania, con ocasión de las grandes ferias hanseáticas, se publican las Messenrelationen, que informan a los mercaderes sobre todo lo que puede afectar a su negocio.

La imprenta posibilita también en el s. XVI una floración de folletos que narran acontecimientos tales como la subida de un rey al trono o el paso de un cometa.

La invención de las matrices de impresión de tipos móviles fue vital para el progreso cultural e intelectual de Europa, ya que puso la literatura de la época al alcance de un público mayor y permitió la difusión de distintas versiones de la Biblia.

¿Hay una literatura polular? El primer libro impreso es la célebre Biblia a «42 líneas» de Gutenberg, y la religión y los autores antiguos alimentan las primeras tiradas.

Pronto aparecen, junto a vidas de santos, almanaques y narraciones de caballerías, más o menos inspiradas en la Chanson de Roíand o en el ciclo del rey Arturo.

Los gustos de los lectores provocan la aparición de un género nuevo. la obra de actualidad, los relatos de guerra o de viajes maravillosos, que el público se rifa.

Para los que no saben leer, los narradores locales se inspiran en toda una literatura de buhonería llena de princesas prisioneras y de valientes caballeros.

¿Qué es la tafia dulce? Nuevos métodos de impresión logran una más amplia difusión de las obras de arte.

Transformando las relaciones entre artistas y público. Ya en el s. XIV se podían imprimir dibujos gracias a los relieves tallados en la madera.

El xv ve aparecer, en Italia, el grabado en talla dulce.

La técnica consiste en grabar un dibujo con un buril sobre una placa de cobre, consiguiendo, gracias a las entalladuras más o menos profundas, reproducir las tonalidades de una pintura.

Más adelante, con Durero como pionero, el aguafuerte reemplaza el trabajo del buril por el del ácido, que ataca a las partes de la placa que no están protegidas con un barniz.

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CURIOSIDADES:

POR SIEMPRE SOLTERO A Johannes Gutenberg lo persiguió el infortunio. En 1449, harto de los problemas judiciales por su proyecto de imprenta de tipos móviles y traicionado por sus socios, se fue de Estrasburgo y regresó a Maguncia. Allí no tuvo mejor suerte: fue acusado de faltar a una promesa de matrimonio. Gutenberg perdió el juicio sobre ese asunto, y nunca se casó.

UN FIEL PROTECTOR Al final de su vida, Gutenberg quedó parcialmente ciego. El elector Adolph von Nassau, que apreciaba la prodigiosa difusión e importancia de su invento, lo protegió y le proporcionó los medios necesarios para subsistir.

IRONÍA DEL DESTINO El nombre de Gutenberg no sólo fue empleado por Me Luhan para definir una «Galaxia» basada en los medios de comunicación: ahora se usa para el Proyecto que pondrá, a disposición de todo el mundo, miles de libros digitales en Internet (www.promonet.pg). Bautizar al proyecto con el nombre del inventor puede ser considerado paradojal pero, también, como un homenaje.

LA VENTA DE LIBROS No se conoce con exactitud la fecha en que comenzó la venta de los primeros documentos tipográficos. Una opinión generalizada apunta al llamado Calendario astronómico, cuya fecha de edición es 1498.También se conservan dos bulas papales caracterizadas con los cánones tipográficos y compositivos empleados por Gutenberg. Su publicación fue establecida entre 1452 y 1455. En cuanto a los tirajes de la época, se sabe que la impresión de 300 ejemplares era bastante para el siglo XV.

LA BIBLIA, EN INTERNET La Biblia de Gutenberg, o Biblia de 42 líneas, puede consultarse en la Red gracias a una iniciativa de la Biblioteca Británica que, desde 1829, guarda dos copias completas y un importante fragmento de otro de los pocos ejemplares que quedan en el mundo.

En marzo de 2000, técnicos y expertos de la universidad japonesa de Keio y de la compañía NTT digitalizaron las páginas de este incunable. De esta manera, se garantiza que los valiosos originales no se deterioren y, además, que estén al alcance de todos.

Más información en,www.prodigi.bl.uk/gutenbg

PRIMEROS BEST SELLERS

Tapa de primeros librosTratándose del período anterior a la invención de la imprenta, para tener una idea aproximada de la difusión de una obra hay que averiguar el número de manuscritos de la misma que se han conservado y hacer conjeturas sobre los que debieron de existir; así, por ejemplo, sabemos que las Etimologías de San Isidoro fue uno de los libros más divulgados de la Edad Media porque de él se conservan más de mil manuscritos, lo cual permite suponer que existirían más de diez mil.

A partir de la época de Gutenberg, basta conocer el número de ediciones y la tirada de cada una de ellas para tener una noción mucho más exacta de los ejemplares de un libro determinado que llegaron a circular; pero no siempre estos datos son tan fáciles de averiguar, ni son tan reveladores como podría suponerse a simple vista: de una parte, porque a menudo se ignoran las cifras de tirada, y de otra, porque en determinados casos estas cifras no reflejan el entusiasmo de muchos lectores por una obra, sino la necesidad de ésta debido a su carácter de libro de consulta o de texto escolar para algunos sectores especializados de público. Portada de una edición de 7 780 del Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam.

Sería, pues, abusivo considerar como best seller las citadas Etimologías para la Edad Media o, en los primeros años de la imprenta, ciertos manuales como las gramáticas latinas, de las que un impresor de Colonia llegó a publicar veinte ediciones en sólo cuatro años.

En la segunda mitad del siglo XV, la tirada de un libro solía ser de unos doscientos ejemplares como término medio, y el veneciano Aldo Manuzio fue el primero en hacer ediciones mayores con regularidad, aproximadamente del orden del millar de ejemplares. Estas cifras fueron aumentando progresivamente.

En el siglo XIX se consideraba como un gran best seller el libro que tenía una venta de unos cincuenta mil ejemplares en un año, y hoy día los best seller de alcance universal sobrepasan holgadamente el millón de ejemplares anuales vendidos.

El primer best seller de la historia de la imprenta fue un libro de devoción, la Imitación de Cristo, atribuido a Tomás de Kempis; la edición príncipe de esta obra está fechada en 1473, dos años después de la muerte de su autor, y antes de terminar el siglo XV se habían hecho de ella noventa y nueve ediciones.

A comienzos del siglo XVI es Erasmo de Rotterdam quien bate todos los récords de edición: sus Adagio, conocen treinta y cuatro ediciones de mil ejemplares cada una entre 1500 y 1520, y los Coloquios familiares, veinticinco ediciones entre 1518 y 1522. El Elogio de la locura supera aún estas cifras, enormes para la época.

A mprimeros librosedida que avanza el siglo XVI hay otras obras que gozan de una inmensa popularidad entre el público lector y que van desplazando a los libros de Erasmo; entre las obras propiamente literarias o de imaginación, cabe citar al modelo de todos los libros de caballerías, el Amadís de Gaula, con más de treinta ediciones españolas en el curso del siglo, y el poema de Ludovico Ariosto Orlando furioso, que en los diez años siguientes a su versión final (1532) fue objeto nada menos que de treinta y seis reimpresiones.

Pero, sin duda alguna, los libros que tuvieron más difusión en esta época no fueron novelas ni poemas, sino obras de carácter estrictamente religioso, y en este género Lutero se convirtió en el autor más vendido de su siglo.

Ya en 1517 sus 95 tesis aseguraron la prosperidad de la pequeña imprenta que Hans Lufft poseía en Wittenberg, y sus obras posteriores tuvieron un éxito sin precedentes: del Sermón sobre las indulgencias se hicieron treinta ediciones y, en 1520, de su exhortación a la nobleza cristiana sólo en cinco días se vendieron cuatro mil ejemplares.

Pero el gran best seller de Lutero fue su traducción de la Biblia; del Nuevo Testamento se sabe que se vendieron cinco mil ejemplares en pocas semanas, y en los dos años siguientes se hicieron ochenta ediciones más, la inmensa mayoría de ellas piratas.

Portada del Amadís de Caula, una de las novelas de caballerías más
difundidas en el siglo XVI en Europa, en una edición veneciana de 1533.

El Antiguo Testamento tuvo también mucho éxito, pero no se conocen las cifras de ventas. En conjunto, de toda la versión luterana de la Biblia, solamente en vida del reformador se hicieron cuatrocientas treinta ediciones.

Los Instrumentos y métodos de torturas de la Inquisicion Española

INSTRUMENTOS DE TORTURAS:
Instrumentos de tortura y muerte

INTRODUCCIÓN: Se dice que la Edad Media fue la edad de oro de los torturadores y de la imaginación puesta al servicio de los mismos, desbordándose y agudizándose al máximo, inventando los mejores y más prácticos medios de tortura.

Si bien existe un atisbo de realidad en esta idea sobre la tortura, podemos desmitificar a los inquisidores como los mayores torturadores de todos los tiempos, puesto que otros, en etapas posteriores, han sido mucho más eficaces y han aplicado la tecnología punta de su época para crear instrumentos de terror y de aniquilación masiva.

No nos llevemos a engaño, ya que la tortura, desde que el mundo es mundo, existe y desafortunadamente sigue existiendo, solo que hay que quitarse la venda, abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor.

El uso de los medios de tortura se ha ido aboliendo poco a poco en todos los países durante los siglos XVIII y XIX, siendo condenado por la Declaración de los Derechos Humanos de 1948. Desgraciadamente, aún persisten en muchos países, aunque en sus Constituciones se prohíban expresamente.

Los métodos más recientes de tortura y muerte, como son la electricidad; los productos químicos, drogas, y fármacos; la presión psicológica… evitan las marcas en el cuerpo, pero no la destrucción del ser humano torturado.

Existen diversas organizaciones, tales como Amnistía Internacional o la A.C.A.T. (Acción de los Cristianos para la Abolición de la Tortura), que luchan contra la tortura denunciando a los países que la practican.

En España, la Constitución de 1978 declara expresamente en su artículo 15 «que nadie puede ser sometido a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes».

También el Código Penal español, en virtud de la reforma de 1988, establece un aumento en las penas por delitos de esta índole y amplía los supuestos de tortura incluyendo los insultos, amenazas y coacciones, que forman parte de lo que se ha denominado tortura psicológica.

Desgraciadamente, aún queda mucho camino por andar en nuestro país y en el resto de países occidentales, ya que los malos tratos domésticos, por ejemplo, siguen siendo un continuo en nuestras sociedades.

En muchas ocasiones, los torturadores utilizaban animales para ayudarles en sus torturas, este el casó del método de la cabra, que no faltaba en ninguna de las mazmorras de los castillos medievales europeos.

Se ponían las piernas de la víctima en un cepo, para que le fuera imposible el movimiento, y a continuación se le untaba los pies con grasa o sal. La cabra comenzaba a lamer con fuerza y con la aspereza de su lengua levantaba la piel de los pies de la víctima, provocando un terrible dolor.

En la antigua China ya se tenía constancia del tormento de la rata, aunque fue en el occidente medieval donde se consagró. En esta tortura, se colocaba sobre el abdomen de la víctima una jaula abierta por su base. En el interior se encontraba la rata que venía a ser molestada por los torturadores, con fuego principalmente.

El animal despavorido buscaba la manera que fuera para escapar y terminaba por excavar un túnel en las entrañas de la víctima.

Los elementos naturales, también se han utilizado para torturar en distintos tiempos de la humanidad. El gota a gota, era un método de tortura basado en el agua, fue muy utilizado durante la Edad Media, y se usaba fundamentalmente para arrancar la confesión o información a la víctima.

Era una tortura larga, en la que el torturador no tenía prisa ninguna y lo único que tenía que hacer, era esperar a que la víctima se viniera abajo. Consistía en amarrar al reo a un poste o a la pared, atarlo fuertemente de pies, manos, cuello y frente; colocándose la cabeza debajo de un caño o grifo que dejaba derramar una gota a un ritmo continuado. Esto provocaba un estado de locura además de terminar erosionando el hueso del cráneo hasta producir la muerte.

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La Doncella de HierroLa Cuna de JudasAplasta Cráneos
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La Pera La Guillotina

El método del agua, en el que a la víctima se le obligaba a ingerir la mayor cantidad de agua posible, ayudándose el torturador, de un embudo que se le coloca en la boca. En estas sesiones se les hacía tragar aproximadamente unos diez litros, provocando un terrible sensación de ahogo, produciéndose en la mayoría de las ocasiones la explosión del estómago. Instrumentos de tortura y muerte:
Agua, Inquisición española, Toalla, El toro de Fálaris y La cuna de Judas

El método de la toca fue muy utilizado por la Inquisición española de los siglos XV y XVI. Su nombre procede de uno de los elemento necesario para esta tortura, la toca, que era una tela blanca de lino o seda con la que se hacían en aquella época las tocas o pañuelos que cubrían la cabeza de las mujeres.

Esta toca, se introducía en la boca de la víctima, intentado que incluso llegara hasta la tráquea, y posteriormente se vertía agua sobre la toca, que al empaparse, provocaba en el reo una sensación de ahogo e innumerables arcadas.

La toalla mojada es un método moderno de tortura, basado en otros más antiguos como el método de la toca, y consiste en colocar una toalla sobre la boca y la nariz de la víctima, después se vierte agua sobre la toalla provocándole la asfixia momentánea.

La sensación de ahogo es terrible; pero si se hacía bien, era un método que no dejaba marcas, por lo que el reo, no podía en ningún momento demostrar que había sido torturado.

A partir del siglo XX, este método ha sido usado por los ejércitos y por ciertos cuerpos de policía secreta y paramilitar, que se han dedicado a reprimir tendencias políticas contrarias al régimen establecido en aquellos países.

Como ejemplo, podemos decir que ha sido un método muy extendido entre las dictaduras sudamericanas, aparentando de este modo normalidad en sus actuaciones.

Fálaris (siglo VI a. de C.) fue Tirano de Agrigento durante el 570 a. de C. y 555 a. de C. Ascendió al poder con el apoyo popular, gobernando sanguinariamente. Extendió los dominios de Agrigento y combatió en Himera a los cartaginenses. Tan macabro personaje ideó un método de eliminación de opositores a su tiranía, que más tarde fue adoptado por la Inquisición durante los siglos XVI al XVIII.

Este método, era conocido como el toro de Fálaris; y consistía en meter a los herejes dentro de una esfinge de bronce o hierro con forma de toro, quemándolos vivos. Esto divertía especialmente a los espectadores, ya que los alaridos de las víctimas se podían escuchar a través de la boca del toro, asemejándose a los mugidos de dicho animal.

Dentro de los métodos de tortura más eficaces para sacar una confesión verdadera o falsa, se encontraba la Cuna de Judas. Este método, consistía en atar a la víctima de las muñecas y elevarla, para luego dejarla caer sobre una pirámide muy puntiaguda para que con su propio peso se le clavara en el ano, escroto o vagina.

Ni que decir tiene, que la confesión se conseguía en las primeras veces, ya que esta operación se repetía sucesivamente hasta que el condenado hablara o muriera, caso este último, que confirmaba su culpabilidad.

Mucho antes de que Galileo enunciara las leyes del péndulo simple, el Péndulo, era utilizado como método de tortura. Era el aperitivo con el que se abría una buena sesión de tortura. Las manos de la víctima eran atados a su espalda y por ellas, era elevado. Al balancearse se producía la luxación de los hombros, codos y muñecas. Era habitual añadir peso adicional atando pesas a los pies del reo.

La fustigación, que consistía en azotar a la víctima con una fusta o vara, era un castigo extendido en la mayoría de los ejércitos, desde la Antigüedad hasta la Revolución francesa. Se aplicaba en caso de las penas consideradas graves, como podía ser la deserción o el robo; aunque si tenemos en cuenta que la deserción se podía pagar con la vida, este castigo, era muy bien recibido.

Instrumentos de tortura y muerte:
La garrucha, El potro, La rueda, El borceguí, El casco y La Doncella de Hierro

metodo-torturaLa garrucha era el nombre con el que se conoció en la España del siglo XV, al método de tortura conocido como el estrapado, propio de la época medieval.

Consistía en atar al reo con las manos atrás e izarlo con una cuerda por medio de una polea, de ahí el nombre de garrucha. A la víctima se le colocaban pesos en los pies, para después cuando se encontraba elevado, dejarlo caer de golpe contra el suelo.

Esto se repetía varias veces. Al izado, que podía provocar las luxaciones de las articulaciones de hombros, codos y muñecas, hay que sumar las posibles fracturas y magulladuras, en todo el cuerpo y piernas fundamentalmente, que producían las múltiples caídas.

El potro, es un instrumento de tortura en el que la víctima, atada de pies y manos con unas cuerdas o cintas de cuero, a los dos extremos de este aparato, era estirada lentamente produciéndole la luxación de todas las articulaciones -muñecas, tobillos, codos, rodillas, hombros y caderas-.

Este método, se tiene constancia que se aplicó durante todo el período que duró la Inquisición en los países de Francia y Alemania; si bien ya se conocía desde mucho antes y por supuesto se utilizaba frecuentemente en las lúgubres mazmorras de castillos, prisiones y palacios de justicia.

La rueda, era un instrumento que fue introducido en Francia en el siglo XVI, y que era muy utilizado en la zona germánica de Europa. Sin duda alguna, fue el aparato más versátil de la Edad Media, ya que la víctima se encontraba a merced total del torturador.

El reo era ataba desnudo a la rueda, de pies manos y cuello; mientras que el torturador le rompía poco a poco los huesos de sus miembros, que era el objetivo de esta tortura, pudiendo aderezarla con hierros candentes, cortes, mutilaciones y algunas cosas más, que se le pasara por la imaginación.

También era habitual, colocar un miembro de la víctima o todo el cuerpo, entre los radios de la rueda y hacerla girar, quebrantándole los huesos. Como remate se podía dejar al reo atado en la rueda a la intemperie, para que los animales carroñeros se lo fueran comiendo poco a poco. Ha sido uno de los instrumentos de tortura más crueles inventados por el hombre.

metodo-torturaEl borceguí era el tipo de calzado más popular del siglo XV, cubría el tobillo y era abierto por su parte delantera y se ataba con correas o cordones.

Pues bien, en este período se popularizó un método de tortura que se denominó con el nombre del calzado, puesto que consistía en apretar el tobillo de la víctima por medio de varias maderas enlazadas por unas correas o gatos de hierro, para administrar presión, hasta quebrantar los huesos.

Existían métodos para dar tormento de manera general y para tan solo ciertas partes del cuerpo. Este era el caso del aplasta cabezas ó cráneos.

Este instrumento estaba compuesto por un casco finalizado en un torno con una manivela. El casco, a su vez estaba colocado en una estructura metálica que permitía que al girar la manivela, fuera bajando.

Pues bien, la víctima se tumbaba boca abajo con la mandíbula apoyada en el suelo, colocándosele entonces el casco y se comenzaba a girar la manivela, provocándole la ruptura de los dientes, el quebranto de la mandíbula y de los huesos del cráneo, antes de estrujar su cerebro. El mecanismo por tanto, actuaba como una prensa.

La Doncella de Hierro era una especie de sarcófago provista de estacas metálicas muy afiladas en su interior, de este modo, a medida que se iba cerrando se clavaban en la carne del cuerpo de la víctima que se encontraba dentro, provocándole una muerte lenta y agónica.

Las más sofisticadas disponían de estacas móviles, siendo regulables en altura y número, para acomodar la tortura a las medidas del «delito» del torturado.

Además, podemos encontrar desde el modelo más básico, que es un sarcófago de hierro puro y duro; hasta las más refinadas obras de arte, ricamente decoradas con relieves.

Instrumentos de tortura y muerte:

La horca, Garrote vil, La cuerda y La sierra Condenas a Muerte: El Garrote Vil

metodo-torturaLa horca, instrumento de muerte que todos conocemos, formado por una barra horizontal, sostenida sobre dos barras verticales, de la que pende una soga con un lazo en la que eran colgados los condenados a esta pena.

En la Edad Media era la pena que los señores feudales reservaban a sus vasallos plebeyos, de ahí, que el ser ahorcado fuera la manera más vil de morir. En España, las Cortes de Cádiz de 1812 la abolieron, siendo ratificada en 1828 por Fernando VII; aunque no nos engañemos, puesto que este método de muerte fue sustituido por el de garrote vil desde1832.

Entre los instrumentos sencillos utilizados en pos de la «justicia y la verdad», la Inquisición aplicó el método de la cuerda a muchas de sus reos. Este método era sencillo pero muy doloroso, consistía en colocar a la víctima sobre una mesa o en el suelo, con unas cuerdas atadas a sus miembros o cualquier miembro sobresaliente del cuerpo humano y girar dichas cuerdas hasta tensarlas.

La tensión de la cordada que provocaba el estiramiento de los miembros, daba lugar a la luxación de las articulaciones.

metodo-torturaEl garrote consiste en un aro de hierro, con el que se sujeta contra un poste fijo, la garganta de la persona que se va a ejecutar; oprimiéndola por medio de un tornillo de paso muy largo hasta conseguir la estrangulación.

También el tornillo penetraba en la parte trasera del cuello rompiendo las vértebras y por tanto, la espina dorsal. La muerte podía sobrevenir por dos medios, asfixia o por el quebranto de la columna vertebral de la víctima.

En cualquier caso, el sufrimiento estaba garantizado.

El garrote vil, es el nombre con el que se conoce en España al garrote. Se introdujo en nuestro país a raíz del código penal de 1822. En 1832, se suprimió la horca y fue sustituida por el garrote vil, estando vigente desde entonces hasta 1978, como uno de los procedimientos utilizados para administrar la pena capital.

Por fortuna, en 1978, se abolió la pena máxima en este país, en virtud de lo que se expresa en nuestra Constitución.

El garrote, además de ser el nombre con el que se conocía un método de muerte, era la denominación que tomó un aparato de tortura, propio de la Inquisición.

Este instrumento consistía en una mesa, a la que se le adosaban unos «garrotes» o prensas, que oprimían las piernas de la víctima, por un lado; y los brazos y pecho, por otro.

Aplicando presión lentamente en aquellas zonas del cuerpo, se producía un intenso y agudo dolor al provocar el quebranto de los huesos.

La sierra, fue un método de muerte utilizado ya en tiempos del bíblico Rey David. Esta pena, consistía en colgar boca abajo a la víctima para que el cerebro estuviera bien regado y no muriera el condenado desangrando antes de lo previsto; y se le comenzaba a serrar desde el ano y los genitales hacia el pecho.

El acero de dientes agudos de la sierra cortaba fácilmente el cuerpo de la víctima provocándole un gran dolor, si bien el reo no comenzaba a perder el sentido hasta que se había llegado por lo menos al ombligo.

Era sanguinolento y muy cruel y fue aplicado fundamentalmente contra homosexuales, de ahí que la tortura comenzara por el ano y los genitales, objetos fruto del pecado.

Instrumentos de tortura y muerte:
La sierra, Las jaulas colgantes, Los grilletes, El Cepo y La Cigüeña

metodo-torturaEl método de la sierra ha sido muy utilizado, pero parece ser, que muerte tan macabra ha sido eludida por la memoria selectiva de la Historia. En España, este método fue usado en el ejercito hasta el siglo XVIII como medio de ejecución.

Goya captó de manera magnífica, mejor que cualquier reportero de guerra actual, los «Horrores de la guerra» -Guerra de la Independencia española-, que enfrentó entre 1808 y 1914, a franceses y españoles fundamentalmente, por el domino de nuestro país. Durante la contienda los guerrilleros españoles cometieron crímenes contra las soldados de las tropas napoleónicas terribles, empleando el método de la sierra con los prisioneros entre otras muchas crueldades.

De todos modos, el método de la sierra, era ya conocido por los franceses que lo empleaban contra las brujas embarazadas, supuestamente por el mismo demonio. En Alemania, en tiempos de Lutero también se empleó esté método contra los cabecillas de las sublevaciones campesinas.

Las aulas colgantes eran armazones metálicos que quedaban suspendidos en el aire por un cable. Formaban parte del mobiliario urbano de los ayuntamientos, palacios y cortes de justicia de las ciudades europeas, hasta que poco a poco a finales del siglo XVIII decayó su uso.

Era el lugar de honor de aquellos que hubieran cometido alguna acción, que tuviera que servir de escarmiento y ejemplo para el resto del pueblo; o a veces, cuando el pueblo requería justicia sobre algún hecho que hubiera conmovido a toda la comunidad, la manera de manifestar que la autoridad se encargaba de impartirla.

El caso es que la víctima, semidesnuda, que quedaba condenada a morir de inanición, tenía que soportar las inclemencias del tiempo. En ocasiones, tenía también que compartir su jaula con gatos salvajes y otros animales que eran azuzados por los torturadores; otras veces, eran las gentes del pueblo los que, entre otras cosas, lo apedreaban.

metodo-torturaLos grilletes han sido utilizados desde época antigua. Según diversas fuentes, ya los egipcios conocían las cadenas y las utilizaban para engrilletar a los esclavos y a los reos de delitos de cualquier índole.

En las mazmorras medievales era muy habitual tener colgados de brazos o muñecas a los presos, por medio de unas cadenas adosadas al muro, finalizadas en argollas.

Las víctimas podían permanecer de esta manera durante tiempo indefinido, provocando a corto plazo, inmensos dolores, calambres y luxaciones; y a largo plazo, la invalidez total de las extremidades superiores e inferiores.

El Cepo, era un método más que de muerte, de castigo por delitos de robo, disturbios o pendencias; aunque en un momento dado se podía tener expuesta a la víctima hasta la muerte, si así se decidía por la corte de justicia.

También fue utilizado como método de tortura para conseguir una confesión en las mazmorras de castillos, palacios de justicia o cárceles inquisitoriales.

El Cepo era un instrumento que servía para sujetar al reo por la garganta y las muñecas; y según el modelo también por los tobillos, consistente en dos maderos ajustables. La víctima quedaba expuesta al público en la plaza de la ciudad, encontrándose a merced del populacho que lo vejaba y goleaba, a veces incluso hasta la muerte, con el beneplácito de la autoridad.

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Los métodos de tortura han sido siempre expeditivos y han conseguido la confesión de la víctima. La Cigüeña era un método infaliblemente cruel, que consistía en someter al reo a este aparato.

La Cigüeña, en sí, es un aparato hecho de hierro que sujetaba al condenado por cuello, manos y tobillo, y lo sometía a una posición incomodísima que provocaba calambres en los músculos rectales y abdominales; y a las pocas horas de todo el cuerpo. Pero esto no terminaba aquí, ya que se acompañaba de golpes de todo tipo, mutilaciones, quemaduras…

Instrumentos de tortura y muerte.:
La Pera, Garras de Gato, La Crucifixión, La Flagelación y La Fustigación

Aparatos dedicados a fines médicos, como era el caso de la pera, que servía para los estreñimientos, se modificaron y adaptaron a las mil y una necesidades de los torturadores del siglo XV.

La Pera, era un instrumento con forma de pera que una vez introducido en boca, vagina o ano, comenzaba a abrirse gracias a un mecanismo giratorio. Además en sus puntas gozaba de unos pinchos o púas que desgarraban la traquea, útero o el recto, dependiendo por la zona en la que fuera introducido.

La modalidad oral de este invento, era aplicada a las personas que habían obrado mal de palabra, es decir, herejes, ortodoxos…; la anal, como no, a los homosexuales; y por supuesto la vaginal a las brujas que habían mantenido relaciones sexuales con el diablo, prostitutas, adulteras o mujeres que habían mantenido relaciones incestuosas.

metodo-torturaUtensilios que hoy en día nos parecen la mar de inocentes, fueron utilizados como elementos de tortura física ciertamente inhumanos, dejando secuelas corporales y psicológicas terribles en los reos que lograban sobrevivir.

De este modo, lo que hoy conocemos como rastrillo de jardinero, eran conocidos en otros tiempos como las Garras de Gato.

Esta especie de rastrillo de puntas afiladas arrancaban la carne a tiras de las víctimas desnudas, que colgaban por sus muñecas suspendidas en el aire.

En ocasiones, dependiendo de la destreza del torturador se llegaba incluso a separar la carne de los huesos.

Cualquier instrumento sencillo, ha servido a los torturados, como han sido unas simples tenazas, que servían para arrancar de cuajo, dientes y cualquier otro miembro sobresaliente del cuerpo humano.

El fuego y los hierros incandescentes servían también, al igual que las tenazas, de un complemento perfecto. El famoso escritor francés, Julio Verne (Nantes, 1828-Amiens, 1905), inmortalizó en su famoso obra Miguel Strogoff (1876), su uso, describiendo como el personaje de su obra era cegado utilizado un hierro al rojo vivo.

La crucifixión consiste en fijar o clavar al reo en una cruz. Generalmente la víctima moría por inanición, aunque sufría las inclemencias del tiempo al encontrarse a la intemperie, además de estar expuesto a los escarnios del pueblo, que ocasionalmente podía apedrearlo. Este método de muerte fue muy utilizado en época romana y en principio era la pena para sancionar a ladrones reincidentes, violadores…

Desde la crucifixión de Cristo comenzó a ser la pena para castigar a los cristianos, pero cayó en desuso al igual que caía el Imperio Romano. Esto se debió sin duda alguna, al triunfo del Cristianismo, comenzando a considerarse una herejía el uso de la crucifixión como método de muerte.

La flagelación es un castigo consistente en azotar a una persona. Los concilios cristianos de Agde en el 506 y Mâcon en el 582 adoptaron la flagelación como castigo y posteriormente la aplicaron diversas reglas monásticas como penitencia. Este método se adaptó también como medio de tortura, utilizado para conseguir cualquier tipo de confesión.

A veces, las heridas provocadas por los látigos y flagelos, eran tratadas con sal o vinagre, que por un lado servían para desinfectar y evitar que el reo muriera; y a la par, le proporcionaban un dolor tremendo que servía de doble castigo.

La fustigación, que consistía en azotar a la víctima con una fusta o vara, era un castigo extendido en la mayoría de los ejércitos, desde la Antigüedad hasta la Revolución francesa. Se aplicaba en caso de las penas consideradas graves, como podía ser la deserción o el robo; aunque si tenemos en cuenta que la deserción se podía pagar con la vida, este castigo, era muy bien recibido.

Fuente Consultada: Los Instrumentos de Tortura de Roland Villeneuve.

Ver: Condesa Bathoty Asesina de Mujeres

Torquemada Crueldad del Fray Contra Los Herejes en España Inquisicion

Torquemada Crueldad del Fray Contra Los Herejes

Torquemada, el terrible inquisidor A finales del siglo XV, los reyes Católicos, en su afán de construir un Estado unitario y acorde con su apelativo, necesitaban erradicar de España a las otras religiones monoteístas. La reconquista ya tenía acorralados a los moros, que morían en combate, se replegaban a fincas o se convertían.

El gran problema eran entonces los judíos, arraigados desde hacia siglos en toda la Península. La solución fue el dominico fray Tomás de Torquemada, confesor de la reina Isabel, que en 1483 fue nombrado inquisidor general de Castilla y Aragón. Poco después, el tremendo fraile reorganizó la inquisición española y fue el mayor inspirador del decreto de expulsión de los judíos en 1492.

Dictó entonces nuevas ordenanzas que le daban carta blanca, y actué con feroz ensañamiento y crueldad contra aquellos que no aceptaban convertirse o contra los «marranos», como se llamaba a los que seguían practicando su credo en secreto.

La Santa Sede lo llamó varias veces a! orden, pero los cónyuges reinante siempre lo defendieron en su cargo y su forma de actuar. Se calcula que Torquemada condenó a unas 1011000 personas de ambos sexos a distintas penas, de las cuales alrededor de 4.000 fueron condenas de muerte? Murió en 1498 sin haber mostrado un signo de arrepentimiento, quizá porque él mismo era hijo de un judío converso.

La historia señala a Fray Tomás Torquemada como el símbolo de la intransigencia del catolicismo cristiano, un adelantado de las leyes racistas y de limpieza de sangre, que aparecieron después de él.

En el inconsciente colectivo, su nombre permanecerá ligado al de hoguera y Auto de Fe, y a una fecha particular: 1492. En ese año Torquemada estuvo a cargo de la expulsión de los judíos españoles, los cuales no pudieron regresar. Además, en esa misma fecha, se sucedieron dos hechos cruciales, la conquista de Granada y el “descubrimiento” de América.

Incluso, el papel de Torquemada seria trascendental en el Tribunal de la Inquisición. En este actor se conjugaban su pasión por ejercer el poder, incluso sobre los monarcas a los que repetidas veces sobrepasó, y su desapego a los mandatos del evangelio. Torquemada impulsó la gran purga que empobrecería y arruinaría los reinos de España recién reunificada.

Tomás de Torquemada nació en Valladolid y se convirtió en el primer Gran Inquisidor español después de su nombramiento en 1483. Este fraile dominico realizó una carrera política brillante: era confesor de los Reyes Católicos y a la vez, miembro del Consejo Real de ambos monarcas. A los 14 años ingresó al convento de los dominicos de San Pablo en su ciudad natal, obtuvo allí el titulo de bachiller en Teología y a la edad de 22 años se convirtió en prior del convento de Santa Cruz en Segovia. Estos primeros pasos en su formación, lo convirtieron en responsable del Tribunal de la Inquisición o Santo Oficio, establecido en 1478, que hasta ese momento llevaba a cabo actividades de fiscalización de judíos. Con la asunción de Torquemada (en sustitución de los dominicos Juan de San Martín y Miguel de Morillo) la gama de actividades y de perseguidos de la inquisición se amplió considerablemente, siendo procesados todos los herejes y gentes de fe dudosa en general.

Para poder evidenciar las atrocidades cometidas bajo la Inquisición, se transcribe el formulario de la parte dispositiva de las sentencias de tortura dictadas por la Inquisición bajo el mandato de fray Tomas de Torquemada:

Christi nomine invocato. Fallamos atentos los autos y méritos del dicho proceso, indicios y sospechas que del resultan contra el dicho…, que le debemos condenar y condenamos a que sea puesto a cuestión de tormento, en el cual mandamos esté y persevere por tanto tiempo cuanto a Nos bien visto fuere, para que en él diga la verdad de lo que esté testificado y acusado; con protestación que le hacemos, que si en el dicho tormento muriere, o fuese lisiado, o se siguiere efusión de sangre, o mutilación de miembros, sea a su culpa y cargo y no a la nuestra, por no haber querido decir la verdad. Y por esta nuestra sentencia, así lo pronunciamos y mandamos.

Presidido por Torquemada, el Santo Oficio extendería su jurisdicción por los reinos peninsulares desde Castilla. La situación de los reinos peninsulares se agravó porque en ellos no había tradición inquisitorial anterior, a diferencia de Europa, no habían implantado la anterior Inquisición Papal, de manera que a la brutal represión se le añadía el “factor sorpresa”.

No obstante, la acción de la Inquisición en otros reinos peninsulares estuvo expuesta a problemas: en Aragón se opusieron a las medidas, obligando al Gran Inquisidor a enviar a Zaragoza el canónigo Pedro Arbués, que antes de poder actuar fue apuñalado misteriosamente (se estima que a manos de conversos) en la catedral de la Seo mientras realizaba sus oraciones.

Este asesinato no impidió expandir el control de la Inquisición, imponiendo el reino del terror por toda España. Al mismo momento se produjo una reacción que resaltaba las bondades de la Inquisición, intentando justificar su presencia, igualándola con el poder de Dios de la Biblia: “La Inquisición —afirmaba un monje llamado Macedo— se fundó en el Cielo. Dios ejerce la función de primer inquisidor, y, como tal, castigó con el fuego celeste a los ángeles rebeldes». Esta teoría justificaría las acciones del Santo Oficio.

Fray Tomás fue un déspota, evitó e ignoró la ayuda que, legalmente, debía prestarle el Consejo Supremo o de la Inquisición (conocido como la Suprema), dependiente de Fernando e Isabel. Así, Torquemada dictó sus Instrucciones Antiguas a su libérrimo albedrío, sin consultar con nadie y según su parecer obsesivo para con los no puros en materia de religión. En algunas ocasiones, solía asistir a los autos de fe, y a la terrible puesta en escena de los mismos, se sumaba la figura angulosa y espectral de Torquemada, asegurándose de que, a los que él había condenado, fenecieran efectivamente en la hoguera.

Envestido de plenos poderes por los Reyes Católicos, Torquemada se propuso conseguir la unidad religiosa de una España recién “inventada y conformada”, para lo cual aconsejó la expulsión de los judíos en 1492. Esta petición se realizo en la emblemática ciudad de Granada, con cuya conquista se había culminado la unidad peninsular, y en la cual residían por entonces Femando e Isabel.

Su proyecto de expulsión podía considerarse hasta absurdo, porque según algunos historiadores, él mismo y el propio rey Fernando de Aragón, pertenecían al pueblo hebreo a través de sus antepasados. Sin embargo, como todos los puros (más si son conversos), el dominico no dejaba de enviar al brazo secular para el cumplimiento de las penas a toda clase de víctimas, tocadas con el sambenito negro, camino de la hoguera purificadora. Esta cuestión se puede observar al comienzo de la parte preceptiva del edicto dado en Granada por los Reyes Catolicos el 31 de marzo de 1492, expulsando de sus reinos a los judíos: Por ende, Nos en consejo e parecer de algunos prelados e grandes caballeros de nuestros reynos o de otras personas de ciencia e conciencia de nuestro Consejo, aviendo ávido sobre ello mucha deliberación, acordamos de mandar salir a todos los judíos de todos nuestros reinos, que jamás tornen ni vuelvan a ellos, ni alguno delios; e sobre ello mandamos dar esta nuestra carta, por la qual mandamos a todos los judíos e judías de cualquier edad que seyan, que viven e moran e están en los dichos nuestros reynos e señoríos, ansí los naturales delios como los non naturales (….) salgan con sus fijos e fijas, e  criados e criadas e familiares judíos, ansí grandes como pequeños, de quaiquier edad que seyan, e que no seyan osados de tornar a ellos (…) so pena incurran en pena de muerte e confiscación de todos sus bienes para la nuestra cámara e fisco…

Este inquisidor actuó como un déspota en estado puro, evitó dar cuenta de la expulsión a las Cortes, como era preceptivo, trabajando desde la impunidad de los hechos ya consumados. Fueron expulsados unos 165.000 judíos, se bautizaron a la fuerza 50.000 y murieron en el éxodo más de 20.000. Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo con las medidas adoptadas, porque el más perjudicado, después de los propios expulsados, era el reino de España que se veía empobrecido por aquella sangría humana. No obstante, la decisión era inclaudicable sobretodo por la ceguera y la inflexibilidad de fray Tomás. Esta ceguera se extendía hasta sobrepasar la voluntad de los propios monarcas.

En este sentido, una vez conocido el expediente de expulsión, algunos judíos habían ofrecido a los reyes hasta 30.000 ducados, por lo menos para prolongar el plaza de expulsión y morigerar el transito hacia el exilio.  Cuando Torquemada se enteró de esta propuesta, irrumpió en la audiencia portando un enorme crucifijo que había extraído de los pliegues de su habito de dominico, y amenazó a los monarcas: «Judas Iscariote vendió a su Maestro por treinta dineros de plata; vuestras altezas le van a vender por treinta mil…! ¡Ahí le tenéis; tomadle y vendedle!». Fray Tomás, de inmediato se retiro de la estancia, dejando a todos los presentes sorprendidos ante aquella interpelación.

La acción de Torquemada fue efectiva ya que los reyes desestimaron el pago de esa suma de dinero y la posibilidad de minimizar los efectos de la expulsión. Sobre España recién unificada se abría una era de horrores, que sólo finalizarían en 1834, en la ciudad de Cádiz, y en el enunciado de su Constitución, que abolía el tribunal inquisitorial. Sin embargo, esto se produciría tres siglos después, en 1492 los obligados a marcharse debieron sufrir el exilio, mientras que los que se quedaron no tuvieron mejor suerte, pues fray Tomás exigía obsesiva y tajantemente la limpieza de sangre, una aberración que, cinco siglos después, retomaría el nazismo.

Las purgas inquisitoriales afectaron a más de 150.000 personas. Para comprender el alcance de esta medida, se transcribe un segmento del estatuto de la Inquisición:

Los hijos y los nietos de tales condenados no tengan ni usen oficios públicos, ni honras, ni sean promovidos a sacros órdenes, ni sean Jueces, Alcaldes, Alguaciles, Regidores, Mercaderes, Notarios, Escribanos públicos, Abogados, Procuradores, Secretarios, Contadores, Chancilleres, Tesoreros, Médicos, Cirujanos, Sangradores, Boticarios, Corredores, Cambiadores, Fieles, Cogedores, Arrendadores de rentas algunas, ni otros semejantes oficios que públicos sean.

 Incluso Torquemada propició otras medidas, adelantándose al edicto del Papa de 1521 que imponía que todos los libros prohibidos debían ser entregados a la Inquisición y quemados públicamente. Fray Tomás, ya en 1490, había entregado a las llamas más de 600 volúmenes repletos, se dijo, de ideas heréticas y judaizantes. Por otro lado, personalmente fray Tomás fue un asceta que vivía modestamente y presumía de incorruptible. Pero si la parte del león en la represión correspondía a herejes y falsos conversos, el largo brazo del inquisidor llegaba también a la de los delitos comunes, aunque él los justificaba y bautizaba como herejías implícitas. En estas figuras confusas entraban los bígamos, los curas que se casaban, los que se acostaban con mujeres haciéndoles ver que eso no era pecado, los que preparaban filtros de amor, los guardianes que violaban a sus prisioneras, los místicos y los embaucadores, entre otros muchos.

De esta forma, Torquemada pasó a la Historia por su acción al frente de esta institución macabra, conjugando frente a él el odio de muchos siglos y de muchas personas.

No obstante, su vida privada es casi desconocida, no se sabe si en ella prolongaba el dominico aquel sadismo frío e inhumano que utilizaba en lo público. Algunos historiadores rescataron una curiosa historia, según aquéllos parece que fray Tomás, un hombre al fin y al cabo, sintió una gran pasión por una joven llamada Concepción Saavedra. De tal manera que ordenó a sus agentes que la buscaran allá donde viviera y la llevaran a su presencia. Cumplida la orden y estando la joven frente a él, el frío e insensible monstruo intentó seducirla, pero antes solicitó los servicios de una matrona para ver si, como creía, era virgen. La matrona asintió tras examinarla. Al día siguiente, y tras una noche de pesadilla, la joven fue trasladada a una estancia ricamente adornada en la que, además, aparecieron ante su vista ricos vestidos y costosas joyas. En un primer momento,  se ilusionó frente a aquellos presentes, pero enseguida se dio cuenta en qué situación y en qué lugar se hallaba, y se puso a temblar. Concepción era una bellísima joven andaluza, morena, de cuerpo grácil y atractivos innatos. Su padre había muerto en una emboscada tendida por las tropas castellanas a los moriscos, con los que su progenitor se hallaba. Entonces, comprendió que la habían llevado a la sede de la Inquisición y que se hallaba a merced del Gran Inquisidor.

Sin embargo, a la mañana siguiente la despertó el roce de unos labios y el olor penetrante de un perfume. Al abrir los ojos, vio junto a ella a Torquemada. Muy asustada, se tiró del lecho y se arrodilló ante el dominico, besándole el anillo que adornada su huesuda mano. La joven preguntó cuál era el motivo por el cual se encontraba allí. Al instante, le respondió con sentidas alabanzas a su belleza y a su cuello nacarado, a esos ojos turbadores y otras lindezas de enamorados. La víctima intentó huir, pero el inquisidor la persiguió y acorraló. Entonces llamó a sus criados y les ordenó que la desnudaran y ataran al lecho. Allí mismo acabó con la doncellez de Concepción. Tras aquel atentado al pudor de la joven, el monje pudo asegurarle que le había hecho feliz y que, sin duda, ella también lo había sido con él. Poco tiempo después, Concepción Saavedra moría achicharrada en una hoguera levantada en una céntrica plaza de Sevilla.

Fray Tomas de Torquemada, fue uno de los ocho inquisidores nombrados por el Papa Sixto IV en 1482. Durante sus quince años de mandato hizo funcionar con fiereza al Tribunal de la Inquisición. Incluso, fue relevado del cargo por el propio Pontífice, ya que Torquemada, con el consentimiento de los Reyes Católicos, hicieron funcionar la Inquisición de manera autónoma respecto al papado y en su exclusivo beneficio político. Es necesario destacar que Torquemada, atiborrado de poder, había traspasado ciertos límites al procesar a dos obispos, que según él, tenían contacto con los protestantes. Ante tanta arbitrariedad, y aunque fuesen voces en el desierto y se jugaran la vida, algunas, como las de fray Hernando de Talavera (confesor de la reina) y Hernando del Pulgar (secretado real), resonaron con fuerza denunciando los abusos del dominico. Es así que el Papa decidió poner fin a los abusos cometidos por este dominico.

Como compensación por su defenestración, le fueron ofrecidos los arzobispados de Sevilla y Toledo, que rechazó. Torquemada era un hombre contradictorio, combinaba su sed de sangre y de pureza por el fuego con una vida oficialmente “ejemplar”: vivía la vida conventual de manera similar a la del último lego, durmiendo sobre una tarima desnuda. Además, nunca comía carne y sus signos exteriores de riqueza eran inexistentes.

Su retiro se produjo al convento de Santo Tomás de Avila, donde murió en 1498. Su sucesor fue fray Diego de Deza, de su misma orden dominica, que siguió los pasos despiadados de su antecesor y hermano de orden fray Tomás.

Al morir, Torquemada, dejaba como herencia un abultado número de víctimas entre un desgraciado pueblo español: más de 100.000 procesados y cerca de 3.000 condenados a muerte y ejecutados en 15 años de actuación despiadada contra cualquier desviación de la más absoluta ortodoxia religiosa y política.

Las acciones del Santo Oficio nunca alcanzaron la crueldad y el desprecio por la vida humana como las que se cometieron en la época del dominico Torquemada, quien impulso la política de mano férrea. Los documentos demuestran que en sus primeros veinte años de existencia, el Santo Tribunal de la Inquisición, conminó a la muerte a las tres cuartas partes del total de víctimas en toda su historia de tres siglos. Quizás estas cifras representaban para Torquemada, el aval a las puertas de un Cielo que, seguramente, creyó merecer.

El Cisma de Occidente Gran Cisma Origen Separacion Iglesia Ortodoxa

El Cisma de Occidente – Separación de la Iglesia

En el siglo XIV, la Iglesia católica experimentó una crisis muy grave. La rivalidad entre el poder espiritual de los papas y el poder temporal de los príncipes laicos, unida a los desórdenes que reinaban en Roma, hicieron que el papa se estableciera en Aviñón. En esta ciudad los papas residieron durante unos setenta años. Después de 1378 hubo incluso dos papas: uno en Roma y otro en Aviñón. Esta crisis cesó en 1417 gracias al Concilio de Constanza, que puso fin al Gran Cisma de Occidente

Fue uno de los acontecimientos más señalados de la historia de Europa en el siglo XIV es la presencia de los papas en Aviñón. En 1294 fue elegido Bonifacio VIII, y este nuevo papa, decidido a restablecer el poder pontificio, recordó a la cristiandad, y de manera especial a los reyes de Francia e Inglaterra, el carácter divino de la autoridad papal y la primacía del poder espiritual sobre el temporal.

Su proceder no fue del agrado de Felipe el Hermoso, rey de Francia, quien envió a uno de sus consejeros a detener al papa con la intención de que fuera juzgado como hereje por un concilio nacional que se convocaría en Francia.

Sabedor de sus intenciones, Bonifacio VIII redactó una bula que debía ser promulgada el 8 de septiembre de 1303 en la que se excomulgaba al rey y se libraba a sus vasallos del juramento de fidelidad…así comenzó la disputa.

LA HISTORIA: Bonifacio VIII, a la sazón octogenario, decidió hacer del año 1300 el gran jubileo de la cristiandad, para lo cual prometió el perdón de sus pecados a todos cuantos acudiesen a la ciudad santa, Roma, a rezar durante 30 días.

Así fue como, llegados tanto de Italia, como de España o de la recién convertida Escandinavia, varios centenares de millares de peregrinos se reunieron en improvisados albergues.

Se trató de la mayor hora de gloria del papado, del momento supremo en que la fe cristiana se convirtió en la más viva, en la más creadora. También fue el periodo en que el poderío materia y espiritual de la Iglesia conoció su más refulgente esplendor.

Roma, presa de la guerra civil Pero en los años siguientes, el poder pontificio fue puesto en tela de juicio, y con frecuencia de manera brutal, por el rey de Francia, que saqueó a su antojo las posesiones de los templarios.

El sucesor de Bonifacio VIII, Benedicto XI, acabó por ceder a todas las exigencias de Felipe el Hermoso. Durante ese tiempo, toda Italia fue presa del desorden. A la muerte de Benedicto XI, en 1304, los cardenales salieron de Roma y eligieron como papa a un francés coronado en Lyon, en 1305, con el nombre de Clemente V.

Este nuevo soberano pontífice tuvo el empeño de reconciliar a los reyes de Francia y de Inglaterra, para comprometerlos a una nueva cruzada. Dudando sobre si regresar Roma, desgarrada por la guerra civil, viaja en primer lugar a Aquitania, su tierra natal, y continuación fijó provisionalmente su residencia en Aviñón.

Aviñón, residencia pontificia Para Clemente V, la estancia en Aviñón no representaba más que un alto en el camino di Roma, pero su sucesor, Juan XXII, papa de 1311 a 1334, se instaló en ella de manera menos efímera.

No obstante, éste intentó recobrar sus dominios italianos, y buscó aliados en la península. El rey de Sicilia y la ciudad de Florencia se declararon favorables a él, pero tuvo que hacer frente a la hostilidad de numerosas ciudades, entre ellas Milán. Incluso apareció un antipapa bajo la égida del rey de Germania, Luís de Baviera. Este conjunto de circunstancias hizo que fracasara el intento de reinstalación en Roma y, para Aviñón, supuso la posibilidad de convertirse en residencia del jefe de la cristiandad.

El palacio de los papas Elegido en 1334, el nuevo pontífice, Benedicto XII, sabrá sacar el mayor provecho de las ventajas que le ofrecía Aviñón. Geográficamente, la ciudad estaba situada en el centro del Occidente cristiano. Además, constituía la encrucijada de las grandes rutas que unían entre sí los dos focos de la actividad económica de la Europa de entonces, Flandes y la Italia del norte.

Se beneficiaba, por otro lado, de la proximidad de los puertos del valle inferior del Ródano, así como de la riqueza de una región en la que la agricultura era próspera y el artesanado imaginativo. La ciudad albergaba, por añadidura, una universidad brillante. Ahora bien, de formación cisterciense, Benedicto XII era un teólogo más que un político. Y en ningún momento quiso lanzar a la Iglesia a una aventura guerrera. Fue él quien emprendió la construcción del palacio, que sería a la vez centro administrativo y fortaleza.

La capital de la cristiandad El sucesor de Benedicto XII, Clemente VI, papa de 1342 a 1352, era benedictino. Su mayo preocupación fue asegurar la independencia política del papado. Así, compró la ciudad a h reina de Nápoles e hizo de la suya la corte más brillante de Europa.

Junto al palacio edificado por su predecesor, que le parecía demasiado austero, hizo construir un segundo mucho más fastuoso, en el que se darían magníficas fiestas. La presencia de la corte papal proporcionó a toda la región un nuevo resurgir. Además de a los millares de funcionarios eclesiásticos, la ciudad albergaba a las delegaciones extranjeras  que, periódicamente, acudían a Aviñón. Para subvenir a las necesidades de tan fastuosa sociedad, el comercio y el artesanado se desarrollaron por todos los alrededores.

De todas partes del mundo afluían a la ciudad los géneros más preciosos. La colonia judía llegó a ejercer una especie de monopolio sobre buena parte del comercio, y las grandes compañías italianas instalaron allí sus establecimientos bancarios. Con todo lo cual, Aviñón se convirtió en uno de los centros más importantes de las finanzas medievales, asegurando la mayor parte de los movimientos de fondos entre las diversas naciones de la Europa del oeste.

«Roma ya no está en Roma.«,Esta fórmula lapidaría y en gran medida nostálgica,  para referirse al período que, entre 1305 y 1378, vio sucederse a los papas en Aviñón. Forjada por siglos de papado italiano, la tradición ha contribuido a ensombrecer exageradamente este episodio. Durante mucho tiempo ha propagado la imagen de unos papas sin autoridad, corrompidos por el lujo y la magnificencia, y sometidos al soberano capricho de los reyes de Francia. Verdad es que, para compensarse de su exilio en Aviñón, los papas consideraron oportuno rodearse de una fastuosidad extraordinaria. El lujo de las ceremonias profanas rivalizaba en la ciudad papal con el esplendor de las ceremonias litúrgicas. Los papas recibían y protegían en ella a los mayores artistas. Pero la caridad también tenía su sitio: la pignotte, o servicio de limosnas, distribuía continuamente pan entre todos los necesitados, y finalmente, si es cierto que, durante su estancia en Aviñón, el papado se preocupó poco de reformar la Iglesia en profundidad, también lo es que los papas supieron, sin embargo, y gracias a una política centralizadora a veces llevada a ultranza y a una administración bien organizada, mantener su autoridad sobre la cristiandad

La metrópoli de las artes El mismo florecimiento caracterizó la vida intelectual y artística. Para la construcción y la decoración del palacio, y también de las múltiples iglesias y conventos que se edificaron en la época, los papas llamaron a los hombres más reputados de aquellos tiempos. La ciudad se convirtió en un perpetuo taller en que los artistas de todos los países tenían a su disposición un campo de experimentación absolutamente original. Los italianos llegaron a destacar sobre todo en la realización de frescos y de grandes cuadros, dando así nacimiento a la escuela de Aviñón, de la que fue maestro el sienes Simone Martini. Se hizo venir a cantantes y músicos de todo el continente para las fiestas litúrgicas, creándose con tal motivo numerosas obras maestras de la música polifónica.

En cuanto a la universidad, destacó especialmente en el campo del derecho, y, gracias a su suntuosa biblioteca, consiguió reunir también toda la herencia del mundo antiguo y del medieval. Al igual que Roma, Florencia o Milán, Aviñón llegó a convertirse en uno de los centros del Humanismo en el despuntar de éste.

El regreso a Roma  Sin embargo, Roma siguió siendo el simbolo del mundo cristiano ;y los papas no cesaron de  preparar su regreso a la ciudad eterna. Inocencio VI encargó a un legado que intentase comprometer para dicha causa a las ciudades italianas. Urbano V permaneció en Roma. Y en 1377, Gregorio XI regresa a ella definitivamente. Sin embargo, esto no significó el final del papado de Aviñón, porque en abril de 1378 a su muerte el pueblo  romano presionó a los cardenales para que eligieran un Papa italiano. Urbano VI. Pero 13 de ellos eligieron un papa rival  Clemente VII, que se instalaría en Avignon. El cisma habría de durar hasta1417.

EL PALACIO DE PAPAS DE AVIGÑON:

Palacio de los Papas en Avigñon

Durante casi cuarenta años, el mundo cristiano estuvo dividido en dos grupos: uno que reconocía la autoridad del papa de Roma y otro que sólo aceptaba la del papa de Aviñón.

Para poner fin a este lamentable conflicto hubo que reunir dos concilios. En 1417, cuando por el Concilio de Constanza se eligió al papa Martín V, se reconoció en toda la cristiandad la autoridad del papa de Roma. La principal consecuencia de este triste capítulo de la historia fue la debilitación de la autoridad papal y de la Iglesia en el mundo.

El único resultado feliz fue el florecimiento de la ciudad de Aviñón. Oscura hasta entonces, en la época de los papas vivió un período de gloria. La ciudad creció y acogió a los más grandes artistas y famosos poetas de la época, especialmente a Petrarca. De este período subsiste un notable edificio: el famoso palacio de los papas, magnífico modelo de la arquitectura militar del siglo XIV. Su superficie es de 15.000 m2 y algunas de sus torres tienen más de 50 m de altura.

Consta de dos cuerpos: el palacio viejo, edificio austero y sobrio construido por Benedicto XII, y el palacio nuevo, más elegante, edificado por Clemente VI. Seriamente dañado durante la Revolución francesa, el palacio de los papas ha sido restaurado gracias a los esfuerzos de la ciudad de Aviñón.

Después del Cisma, ésta siguió entre las posesiones pontificias. Desde entonces hasta 1791, en que fue anexionada a Francia, fue regida por legados del Pontífice. Hoy, la antigua Avenio es sede arzobispal y exporta excelentes vinos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – El Gran Cisma de Occidente

Ver: Cisma de Oriente

Enciclica Pacem In Terris Doctrina Social de la Iglesia Papa Juan XXIII

Encíclica de Juan XXIII: «Pacem in terris» Doctrina Social de la Iglesia

Apenas iniciado el concilio, en aquel mismo octubre, se registró la «crisis del Caribe», con la Cuba de Castro en juego y Washington y Moscú mirándose desafiantes y llevando «sus manos a sus espadas. A sus espadas nucleares.

Durante unos días muy tensos, el mundo se mantuvo expectante y angustiado, olvidado del concilio y preguntándose si iba a romperse el «equilibrio del terror» y sobrevenir una catástrofe tal vez definitiva para la especie humana. Como en anteriores ocasiones, Juan XXIII, que había dicho repetidamente que «no tenía más armas que la paz y el Evangelio», levantó su voz pidiendo reflexión y cordura a los gobernantes.

Se reflexionó y los gobernantes, aunque nerviosos y muy alterados, se mostraron cuerdos. Pasó la crisis y hubo un suspiro de alivio en el mundo. Y todos los pueblos tuvieron una mejor comprensión de la terrible amenaza bajo la que vivían en la era nuclear.

Muchos llamaban ya al bondadoso anciano que ocupaba el solio pontificio el «papa de la paz». En marzo de 1963 se decidió que el Premio Balzan de la Paz correspondía por pleno derecho a Juan XXIII. Nemine discrepante. Hasta Moscú expresó su calurosa aprobación. Aquel mismo mes, Juan XXIII concedió una audiencia privada aAlexis Adjubei, director de «Izvestia» —el órgano del gobierno soviético—, y a su esposa Rada, hija de Khruschev.

No faltaron quienes torcieron el gesto ante estos «coqueteos» entre el Vaticano y el «comunismo ateo» . Sin embargo, ya en enero de 1958, el canciller soviético Andrei Gromyko había señalado la posibilidad de una colaboración entre la Iglesia católica y el mundo comunista para el mantenimiento de la paz. Era una colaboración que no impedía otras con el mismo fin, y Juan XXIII ya se había acreditado como un hombre que sabía «mirar sin desafío, recibir sin temor y conversar sin comprometerse».

Al mes siguiente, exactamente el 11 de abril de 1963, día del Jueves Santo, Juan XXIII, con sus 81 años de edad y el quinto de su pontificado, dio a conocer su encíclica Pacem in terris, «la paz en la tierra», según el significado de las primeras palabras del documento. Es así como, de acuerdo con la costumbre, se conocen las encíclicas, ¿Qué es la Pacem in terris?.

Si la Mater et magistra es una adaptación de la «doctrina social de la Iglesia» a los tiempos modernos, la Pacem in terris es una exposición de la doctrina política, económica y social de 3a Iglesia frente a las tan complejas circunstancias y los tan graves problemas del mundo actual, de un mundo en cada vez mas rápida y revolucionaria transformación. Y también una apasionada invitación a la paz, «profunda aspiración de los hombres de todos los tiempos».

Ya no se dirige únicamente a los fieles, sino también a «todos los hombres de buena voluntad». Siempre desde un punto de vista estrictamente católico, muy distinto, como es natural, de otros, se refiere al «orden en el universo» y trata de los derechos y deberes de los seres humanos, de las «relaciones entre los hombres y los poderes públicos en el seno de las distintas comunidades políticas», de las relaciones entre estas comunidades y de las «relaciones entre los individuos, la familia, las asociaciones y las comunidades políticas, por una parte, y la comunidad mundial, por otra». Para terminar formulando una serie de «recomendaciones pastorales».

Es, pues, amplísimo el campo abarcado por esta encíclica, conforme a criterios que lógicamente plantean tanto coincidencias como discrepancias. Pero lo que desde el principio llamó especialmente la atención en ella, como una formulación nueva y atrevida, fue la parte de las «recomendaciones pastorales» referente a las «relaciones entre católicos y no católicos en el campo económico-social-político». Reproduzcamos algunos de sus párrafos.

«Los principios doctrinales que hemos expuesto —dice la Pacem in terris, cuya idea básica es que la paz sólo puede ser producto de un «orden justo»—, o se basan en la naturaleza misma de las cosas o proceden de la esfera de los derechos naturales. Ofrecen, por tanto, amplio campo de encuentro y entendimiento, ya sea con los cristianos separados de esta Sede Apostólica, ya sea con aquellos que no han sido iluminados por la Fe cristiana, pero poseen la luz de la razón y la rectitud natural.

En dichos contactos, los que profesan la religión católica han de tener cuidado de ser siempre coherentes consigo mismos, de no admitir jamás posiciones intermedias que comprometan la integridad de la religión y la moral. Muéstrense, sin embargo, hombres capaces de valorar con equidad y bondad las opiniones ajenas sin reducirlo todo al propio interés, antes bien dispuestos a cooperar con lealtad en orden a lograr las cosas que son buenas de por sí o pueden ser reducidas al bien.»

Más adelante, dice:
»Se ha de distinguir también cuidadosamente, entre las teorías filosóficas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre, y las iniciativas de orden económico, social, cultural o político, por más que estas iniciativas hayan sido originadas e inspiradas en tales teorías filosóficas; porque las doctrinas, una vez elaboradas y definidas, ya no cambian, mientras que las iniciativas, encontrándose en situaciones históricas continuamente variables, están forzosamente sujetas a los mismos cambios. Además ¿quién puede negar que, en la medida en que estas iniciativas sean conformes a los dictados de la recta razón e intérpretes de las justas aspiraciones del hombre, puedan tener elementos buenos y merecedores de aprobación?»

Y más adelante, sin formular condenaciones, la encíclica hace una prevención a quienes, exasperados por la injusticia y las miserias que ven a su alrededor, se inclinan por los métodos violentos:

«No faltan hombres de gran corazón que. encontrándose frente a situaciones en que las exigencias de la justicia o no se cumplen o se cumplen en forma deficiente, movidos del deseo de cambiarlo todo, se dejan llevar de un impulso tan arrebatado que parecen recurrir a algo semejante a una revolución. A estos tales quisiéramos recordarles que todas las cosas adquieren su crecimiento por etapas sucesivas y así, en virtud de esta ley, en las instituciones humanas nada se lleva a un mejoramiento si no es obrando desde adentro, paso a paso.»

Finalmente, la encíclica contiene una serie de vehementes exhortaciones en favor de la paz:

«A todos los hombres de alma generosa incumbe, pues, la tarea inmensa de restablecer las relaciones de convivencia basándolas en la verdad, en la justicia, en el amor. en la libertad . .. Tarea ciertamente nobilísima, como que de ella derivaría la verdadera paz conforme al orden establecido por Dios . . «.

Estas enseñanzas nuestras acerca de los problemas que de momento tan agudamente aquejan a la sociedad humana y que tan estrechamente unidos están al progreso de la sociedad nos la dicta un profundo anhelo. que comparten con Nos todos los hombres de buena voluntad, el anhelo de la consolidación de la paz en este mundo nuestro.

«Como Vicario —aunque indigno— de Aquél a quien el anuncio profético proclamó Príncipe de la Paz, creemos que es obligación nuestra consagrar todo nuestro pensamiento, todo nuestro cuidado y esfuerzo, a obtener este bien en provecho de todos. Pero la Paz será una palabra vacía si no está fundada sobre aquel orden que Nos, movidos de confiada esperanza, hemos esbozado en sus líneas generales en esta nuestra Encíclica: la paz ha de estar fundada sobre la verdad, construida con las normas de justicia, vivificada e integrada por la caridad y realizada, en fin, con la libertad.»

En estos tiempos de poca fe, en los que tantas «crisis espirituales» se registran, en el mismo clero, no todo el «orbe católico» aceptó con entusiasmo la Pacem in terris.

Inquietó especialmente a ciertos círculos de catolicismo meramente nominal, cómodamente ajustados a la tradición cultural de su propia sociedad y habituados a ver en la religión un amparo más de su «propio interés». ¡Caramba con el «papa de transición»! ¿No podía callarse? ¿No le bastaba el revuelo que había armado con la convocación del concilio, en el que ya se estaban registrando sus más y sus menos, a pesar de que el dogma no estaba en juego? Bien, sería una encíclica más. Todo seguiría igual.

En cambio, Moscú, como si atribuyera más valor que estos círculos a lo que consideraba el «opio del pueblo», vio en la encíclica un aporte «positivo» a la causa de la paz. La prensa soviética publicó el documento papal. Un hecho realmente inusitado. Por lo demás, Juan XXIII el Bueno no tardaría en callarse.»

Ver:Principios de la Doctrina Social de la Iglesia

La Vida de los Papas Papa Pablo IV Inquisidor y Antisemita

La Vida de los Papas: Papa Pablo IV El Inquisidor

PABLO IV (1555- 1559): EL PAPA QUE INSPIRÓ A HiTLER

Juan Pedro Carafa, más tarde Pablo IV; fue en sus años mozos inquisidor. Pero, aun dentro de tan oscuro gremio, tuvo una particularidad al respecto por demás macabra, que ofrece un buen toque de color para comenzar a pintar su retrato: no contento con auspiciar y presenciar las torturas infligidas a las víctimas en la o las mazmorras oficiales, dependientes de la Iglesia, armó su sala de tormentos personal equipando una de las habitaciones de su casa con instrumentos de tortura. Una vez devenido papa, el inquisidor hecho carne en él jamás lo abandonaría.

pablo iv papa vaticano

 Gran Inquisidor y maestro de la tortura por una generación, este Papa fue el terror de los incrédulos.
Su logro mas grande fue hacer de la inquisición un arma fuerte en Italia, Los Países Bajos y el Oriente.
Creía tanto en la tortura que gustosamente pagaba de su propio cofre nuevos instrumentos. Reformo la Iglesia usando todos los métodos a su disposición sin importar quien cayera. Famoso también por la corrupción, él colocó a su sobrino Carlo Caraffa como cabeza política de la Santa Sede.

Su fanatismo por buscar lo presuntamente impuro allí donde se encontrara, de modo tal de acabar con ello sería su característica hasta el fin de sus días. Al igual que luego los nazis y los fascistas, ambos obsesionados por la idea de limpiar el mundo de la gente que con su sola existencia lo ensuciaba, Pablo IV tuvo como tarea principal eliminar de la faz de la Tierra (o, por lo menos, esconderlo y arrinconarlo) todo aquello y todos aquellos seres que, en su opinión avalada por buena parte del pensamiento eclesiástico de la época inquisitorial, tenían como innoble misión mancillar el planeta. Persona por demás ascética, no reprimió su odio hacia lo que consideraba impuro. Antes bien, lo dejó fluir hacia múltiples y desdichadas direcciones.

Odiaba a los homosexuales y cualquiera que fuera sospechoso de tal práctica o de solamente desear a alguien de su mismo sexo no tardó en perecer sobre las llamas. Por supuesto, como buen inquisidor y, por lo tanto, alumno formado en las insignes letras del Malleus Malleficarum, detestaba con toda su alma a las mujeres, esas criaturas a quien el demonio había dotado de senos y mohines insinuantes, sólo a los perversos efectos de distraer y tentar a los hombres probos. A ellas les prohibió ensuciar con su presencia las entradas del Vaticano.

Por los judíos sentía asco, horror y odio y los encerró en unos ghettos. Pero, antes de adentramos en sus crímenes contra los seres humanos, comencemos por dar cuenta de aquello que hizo contra algo más abstracto que las personas en sí, pero fruto de ellas: el pensamiento y los libros que los plasmaban

ESCRITORES, IMPRESORES Y LIBREROS, BLANCO DE LA IRA PAPAL

Pablo I entre sus múltiples objetos de odio, abominaba todo libro que pudiera acercar una luz a la mente y, más aún, si esa luz oscurecía el poder omnímodo de la Iglesia Católica, a quien él representaba. Ahogar la libertad de pensamiento era una actividad que lo llevaba a cimas de placer. Por ello ya desde sus tiempos cardenalicios organizaba hogueras para libros, fabulosas piras donde el papel se retorcía de la misma manera que los cuerpos de los herejes. Corría el año 1559 cuando el papa Pablo IV ordenó a la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición la elaboración de un índice de libros prohibidos para los católicos. Se llamó Índex Libro rum Prohibitorum y estuvo en vigencia hasta que, en 1966, Pablo VI lo suprimió como consecuencia de las reformas establecidas durante el Concilio Vaticano II.

En Julio de 1555, dos meses después de su elección, el Papa Pablo IV hizo pública una bula (edicto) poco conocida (cum nimis absurdum), contra los judíos debido a que el sospechaba que los judíos estaban asistiendo a los protestantes. La bula papal hacía recordar a los cristianos que desde que los judíos habían matado a Cristo, sólo estaban en condiciones de ser esclavos. Les fue ordenado quedar confinados a un área restringida, el gueto y usar un peculiar sombrero amarillo.
Fueron obligados a venderles sus propiedades a cristianos a precio regalado (por ejemplo una casa a cambio de un burro o un viñedo por una prenda.

En ese momento, el listado de libros prohibidos llegaba a 4126 títulos. Sí: durante más de cuatro siglos quienes quisieran ser realmente buenos católicos no debían ni acercarse a esos títulos. En sus listas figuraban, entre otras, todas las obras de Erasmo y de Rabelais y el Decameron de Giovanni Bocaccio. De la misma manera en que, siglos después, la Exposición de arte degenerado del nazismo contendría lo mejor (y por ende, prohibido) de la vanguardia pictórica, el Jndex se caracterizó por incluir en él (y por lo tanto prohibir) a los mejores literatos y pensadores de cada época. Durante esos cuatro siglos, la lectura de libros como El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, Los miserables de Víctor Hugo o el hoy tan inocente Robinson Crusoe de Daniel Defoe constituía casi un pecado. Pero la persecución a los libros había empezado mucho antes, si bien el Index marcó un punto de inflexión y, en cierta medida, el más alto. Había comenzado antes y por una razón bien concreta: un nuevo invento había visto la luz (la imprenta) y ello permitió una expansión de las publicaciones inimaginable siglos antes.

Hacia 1540 la Iglesia, profundamente asustada por la democratización de la lectura (y, por ende, de pensamiento) que presuponía la enorme cantidad de ejemplares que permitía la imprenta, intenta pactar y llegar a un acuerdo con los impresores. Pero no lo logra. Y por ello comienza la quema de libros, actividad que prosigue en tiempos de Pablo IV, justamente, con la incineración de los libros contenidos en el Index. Y fue de tal envergadura que los editores temieron por su subsistencia. Los autores, en cambio, temieron por su existencia y, en un gesto de autopreservación, la mayoría de ellos dejó de escribir En términos de producción cultural, la pérdida fue inestimable. ¿Cómo continuó la historia del Index, aun después de que Pablo 1V abandonara la investidura papal? En 1521, se creó en Roma una Congregación del Índice que a lo largo de los siglos publico de manera regular ediciones de los libros prohibidos, lo cual puede advertirse todavía en libros católicos que llevan el Imprimatur.

Un libro de una orden religiosa puede llevar, por ejemplo, el nombre de cinco censores en su encabezamiento Pocos años más tarde, el Concilio de Trento se abocó a la elaboración de un Índice “mas comprensivo”, un tanto menos arbitrario y las obras fueron condenadas en función de diez conceptos principales. Por supuesto, todo ese gran aparato represivo provocó, como lógica consecuencia, la autocensura y ello explica en buena medida por qué las contribuciones de los pensadores católicos quedaron rezagadas durante mucho tiempo con respecto a las del resto del mundo occidental. Generaciones y generaciones de estudiantes, religiosos varios, humanistas y hasta obispos, tuvieron vedada la lectura de obras fundamentales por hallarse en el Índice.

UN ANTISEMITISMO VISCERAL

El odio a los judíos por parte de Pablo IV fue inmenso y quedó institucionalizado por un documento: la bula Cun nimis absurdum, que marca un verdadero hito en el antisemitismo cristiano. Pero sería injusto decir que con Pablo 1V comienza el odio antijudío de la Iglesia. Pasemos una breve revista a cómo fueron tratados, desde el mismo inicio del cristianismo, aquellos que —nunca está de más recordarlo— profesaban la misma fe que Cristo. Durante el imperio romano, los judíos superaron la hostilidad inicial y consiguieron la plena ciudadanía con el edicto de Caracalla, en 212. Pero un siglo después, cuando Constantino se convirtió al cristianismo, dio comienzo la sistemática, constante y creciente persecución a los judíos.

Durante el Concilio de Nicea en el año 325, el mismo emperador pone fin a la controversia sobre la naturaleza de Cristo (se lo decreta divino y no un simple profeta) y continúa sus esfuerzos para separar al cristianismo del judaísmo declarando que la pascua cristiana no sería determinada por el pesaj o pascua judía. Declara: “Porque es insoportablemente irrespetuoso que en la más sagrada fiesta estemos siguiendo las costumbres de los judíos. De aquí en adelante no tengamos nadi en común con esta odiosa gente… También en plena Edad Antigua, numerosos santos (Sar Hilario, San Crisóstomo, San Efraín, etcétera) escriben en contra dE los judíos. Algunos apelativos que reciben los semitas de parte de estos santos, nada compasivos por cierto, son: “Pérfidos asesinos de Cristo”, “Raza de víboras” y “compañeros del diablo” Ya en el siglo iv y y las sinagogas eran quemadas por los cristianos, al mejor estilo de las SS nazis.

También desde esa época varios países prohiben el contacto con los “malvados” hebreos y el matrimonio entre cristianos y judíos. En el siglo y las acciones concretas sobre aquellos que tienen el mismo origen que Cristo recrudecen: en algunos lugares se les prohibe construir nuevos templos, algunos obispos logran expulsarlos de sus ciudades y continúan quemando sinagogas. Otros, igual de exaltados, incitan a las multitudes contra los impíos y éstas atacan los templos. Algunos obispos, más benévolos, simplemente los obligan a convertirse. En los años posteriores, a través de decretos y disposiciones, a los judíos se les prohíbe: poseer tierras, tener sirvientes, aparecer en público durante las Pascuas, ocupar cualquier cargo público y tener autoridad sobre un cristiano. Algunos obispos les ofrecen la opción: conversión o exilio; o se bautizan o son expulsados del lugar. Otros, un tanto más sádicos, les arrancan los ojos a los judíos que se niegan a ser bautizados.

Hacia finales del siglo VII se prohibe a los cristianos tener amistades judías y consultar médicos de ese mismo origen. Durante el siglo VIII en muchos lugares el judaísmo es ilegalizado: esto deviene en bautismos forzosos o judíos quemados dentro de sus sinagogas. Por esas épocas San Agobard, arzobispo de Lyon, escribe en sus Epístolas que los judíos nacieron esclavos y que tienen el hábito de robar niños cristianos para vendérselos a los árabes. A lo largo de años y siglos posteriores la persecución no hace sino empeorar: los judíos son atacados en varios lugares de Francia a causa de la destrucción del Santo Sepulcro de Jerusalén por parte de los musulmanes; en 1012, en Roma, son considerados culpables de un huracán que asoló a la ciudad y en 1081 son obligados a pagar impuestos aún más altos para mantener a la Iglesia.

Durante las sucesivas cruzadas, muchos soldados de Cristo asesinan sin piedad a miles de judíos e incendian sus templos. Algunas voces de la Iglesia se levantan contra eso y tratan de calmar los ánimos declarado que los judíos pueden ser tolerados y que la furia cristiana se debe dirigir hacia los musulmanes. Sin embargo, en las marchas hacia la “Tierra Santa” caen musulmanes y judíos por igual, debido a que los piadosos cristianos perciben a ambos como enemigos de Cristo. En el siglo XII se suma una nueva modalidad: en varios lugares de Inglaterra y Francia: los judíos son acusados de “asesinatos ritualísticos”, lo que deviene en tortura y muerte de los presuntos asesinos. En 1215, el cuarto concilio de Letrán obligó a los judíos a usar algún distintivo en su indumentaria que los identificara como tales a simple vista: estrellas o algún sombrero de color estridente. Esta es la primera vez en Europa que los judíos son ordenados a usar un elemento para ser diferenciados del resto de la población por medio de su vestimenta.

Con la invención de la imprenta alrededor del año 1450, los libros comenzaron a rodar por las prensas. La Inquisición buscó censurar el contenido y la cantidad de libros y en 1559, Pablo IV autorizó un Índice oficial de Libros Prohibidos, destinando a este una larga lista de libros. Entre los títulos se encontraba el clásico de la literatura de Boccaccio el Decameron, y el Gargantua y Pantagruel de Rabelais. También se incluía un tratado, Consilium (consejo), al que él mismo había contribuido como Cardenal.

El sínodo de Viena (1267) obliga a los judíos a usar sombreros con dos puntas llamados pileteum comutum. El pueblo en general cree firmemente que los judíos (ya varias veces acusados de hijos del demonio y como tales) tienen cuernos y que usan tal sombrero r para esconderlos. En los siglos posteriores, concilios diversos y gobernantes varios cierran sinagogas, encierran en ellas a todos sus fieles las incendian, grupos de judíos son asesinados por muchedumbres callejeras acusados de asesinatos ritualísticos o profanación de hostias, se los conmina abandonar lugares o a atenerse a li consecuencias (generalmente, la pena de muerte), algunos nobles ostentan con orgullo motes alusivos al tema (como “mau judíos”), la Inquisición quema el Talmud y se les hace pagar con su vida por las frecuentes pestes que asolaban Europa, ya que lo culpaban de ser responsables por envenenar las aguas.

En e siglo XIV la peste negra mata a cientos de miles de habitantes de continente europeo y se habla de una  conspiración de dominio mundial por parte de los judíos. Muchas veces, ellos mismos s suicidan al verse cercados, para evitar la tortura seguida de una muerte lenta y dolorosa. Se promulgan diversas bulas que prohiben a los capitanes de navío el transporte de judíos a Tierra Santa y que les impide asistir a la universidad. Y en esa seguidilla de macabros asuntos de los cuales, se lo podemos asegurar al lector, hemos realizado un resumen más que breve, aparece lo que muchos reconocidos historiadores consideran como un hito dentro del movimiento católico antijudío: la bula Cunnimis absurdum, promulgada apenas dos meses después de la elección.

En ella se subrayaba que los asesinos de Cristo, los judíos, eran esclavos por naturaleza y debían ser tratados como tales. Por primera vez, en los Estados Pontificios se les confinaría a un sector determinado, el “ghetto”, que contaría con una sola entrada. Antes de llevarlos al ghetto que les correspondía, fueron obligados a vender sus propiedades a los cristianos a precios verdaderamente irrisorios. Se les permitió poseer una sola sinagoga en cada ciudad, se les obligo a usar indumentaria distintiva para distinguirlos (en este caso, se trató de un gorro amarillo), se les prohibió emprender cualquier actividad comercial, sólo se les permitía emplear el latín para hablar, en ningún caso podían contratar cristianos, no podían ser asistidos por médicos cristianos y no podían ser llamados “senor ni siquiera por los pordioseros, entre otras órdenes.

El ghetto fue instalado en la orilla derecha del Tíber, frecuentemente anegado y, por ello, extremadamente insalubre. En un sector de unos 460 metros se hacinaban de cuatro a cinco mil personas, generalmente vestidos con harapos. Debido al escaso lugar con que contaban se veían obligados a edificar hacia lo alto y el hecho de que el Tíber estuviera tan cerca, corroyendo las entrañas de las edificaciones, hacía que los derrumbes fueran frecuentes, llevándose muchas vidas humanas. Además, en ese hacinamiento, cualquier principio de incendio se propagaba con asombrosa y peligrosa rapidez y la higiene se hacía sumamente dificultosa, lo que no hacía más que abonar el mito antisemita de que los judíos poseen un desagradable olor. La bula del papa que nos ocupa tuvo efectos reflejos de manera inmediata: a los pocos días Venecia también tenía su ghetto y lo mismo sucedía en Bologna. En 1559, Pablo 1V moría. Sin embargo, su bula había instaurado y legitimado una pauta de conducta que duraría tres siglos.

Papa Pablo III Poder y Riquezas de la Iglesia de Roma Vida de Papas

Papa Pablo III:Poder y Riqueza de la Iglesia

La personalidad de Paulo III, vivamente combatida durante cuatro siglos por la historiografía protestante y liberal, ha sido hoy revalorizada y situada en el punto culminante que le corresponde.

No en vano es el pontífice que aprobó la Compañía de Jesús, inauguró las sesiones del Concilio tridentino, autorizó el establecimiento de la Inquisición romana, impulsó el estudio de la reforma interna de la Iglesia, y, por primera vez después de muchos años, concedió la púrpura cardenalicia a religiosos que lo merecían por su fe, su saber y su profunda piedad.

Con Paulo III el Papado empuña todos los instrumentos de la Reforma católica y la Contrarreforma.Hijo de Pedro Luis Farnesio y de Juana Caetani, Alejandro nació en Canino el 28 de febrero de 1468.

Miembro de la familia Farnesio, reputada por su ambición y su avidez, su padre quiso dedicarle a la vida política y a la diplomacia. Alessandro Farnese) Papa (Canino, Estados Pontificios, 1468 – Roma, 1549).

Veamos su biografía…

Papa Pablo III Poder y Riquezas de la IglesiaPerteneciente a una influyente familia de la nobleza italiana, hizo la mayor parte de su carrera eclesiástica sin ser sacerdote: fue nombrado cardenal en 1493, aunque no se ordenó hasta 1519.

Considerado un Papa de transición entre el Renacimiento y la Contrarreforma, gustó de potenciar la magnificencia de su corte; así, encargó a Miguel Ángel, entre otros trabajos, las pinturas de la Capilla Sixtina.

En la política exterior hay que recalcar su mediación entre Carlos I y Francisco I de Francia que llevó al tratado de Nicea, en 1538, así como la excomunión de Enrique VIII de Inglaterra.

Decidido promotor del concilio de Trento, dio su apoyo a la fundación de los jesuitas y al restablecimiento de la Inquisición en Italia (1542).

En el ámbito de la política local, cedió importantes territorios del Papado a su hijo Pier Luigi, hecho que generó una considerable hostilidad.

Lo llamaban el «Papa Enaguas» porque entregó a su hermana para que fuese iniciada por el Papa Alejandro IV (1492-1503).

Mas tarde envenenó a su madre, a una de sus hermanas y a una sobrina para tomar control de la herencia de su familia.

Tuvo relaciones incestuosas con sus hermanas y su propia hija, Constancia.

Asesinó a su yerno, Bosius Sforza para poder gozar mas sexualmente de su hija.

Mató a su otra hermana cuando se sintió celoso de uno de sus amantes, y se sabe que mató a dos Cardenales y a un Obispo polaco debido a una disputa teológica.

Fue el cafiso (proxeta) mas grande de Roma, porque tuvo a 45,000 prostitutas trabajando para él y pagándole un tributo mensual.

Aún insatisfecho con su vida sexual, mantenía como amante a una noble romana quien le dio tres hijos. Pero para él, el divorcio era un pecado imperdonable.

Cuando Enrique VIII de Inglaterra no pudo anular su matrimonio con Catalina de Aragón, él se divorció de ella y se casó con Ana Bolena en 1533.

Pablo III lo excomulga en 1534 y Enrique VIII se instala como cabeza de la Iglesia Anglicana. Pablo III – El Enemigo de los Protestantes La reforma comenzó en Alemania con Lutero y poco después echó raíz en Ginebra con Calvino.

En 1541 Calvino comenzó a expandir su teología en Francia, Holanda y otros países.

Esto llevó a que el Papa estableciera la Inquisición Romana en 1542 y llamara al Concilio de Trento en 1545 para tratar la cuestión protestante.

La Inquisición Romana Pablo III es conocido en la historia como el Papa que persiguió a los protestantes mas que cualquier otro. Para estos fines estableció en 1542, el Santo Oficio como cámara de apelación final en casos de herejía.

De esa forma comenzó la Inquisición Romana con la meta de erradicar al protestantismo de Europa. La historia cuenta que la Inquisición Romana llego a un nivel de crueldad y barbarismo que hasta «repugnaba a los turcos y sarracenos…».

Concilio de Trento Este Concilio fue una de las respuestas a los protestantes. Intentó sistematizar la doctrina católica y la ley canónica y se proclamó al celibato como superior al matrimonio. La ceremonia católica del casamiento pasó a ser conducida por un sacerdote en presencia de dos testigos.

Los sacerdotes pasaron a ser entrenados en seminarios aislados de la comunidad. La versión latina de la Biblia, la Vulgata, fue declarada como la versión auténtica.

Los protestantes ya habían compilado su propia versión. El Concilio se reunió en tres sesiones: entre 1545 y 1548, entre 1551 y 1552, y entre 1562 y 1563. La última sesión fue presidida por Pío IV.