El Sagrado Río Ganges

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Fotos de Catedrales del Mundo

¿Qué hizo posible la erección de las magníficas y avanzadas catedrales góticas en una época comí la Edad Media, considerada primitiva y oscura? ¿Qué intereses políticos y conjuras eclesiásticas impulsaron su construcción? ¿Qué papel jugaron las intrigas palaciegas medievales? ¿Fueron esas enigmáticas catedrales monumentos simbólicos de sectas ancestrales? ¿Quiénes guardaban los secretos constructivos de su sorprendente armonía y equilibrio? ¿Cómo influyeron en el desarrollo de las ciudades y en la vida cotidiana de los campesinos? Y, finalmente, ¿Qué mensajes crípticos se ocultan aún en sus rincones y sus ornamentos?

Explica Chanelle en su libro «Más Allá de las Catedrales«: «El arte gótico es un resurgimiento de los principales mitos del paganismo», el autor vincula las catedrales góticas con tradiciones místicas como las de los druidas, los eremitas y los cataros, conjugándolas con los arcanos de los alquimistas, el procaz paganismo de las fiestas medievales o los secretos orientales que guardaban celosamente los templarios.

De este modo, consigue mpstrar el auténtico submundo que latía bajo el asombroso florecimiento cultural del siglo XII. Además, revela sin tapujos la cara oscura del papel de la Iglesia en todos los aspectos de la vida durante la Edad Media, desde las luchas internas del Vaticano hasta la instigación de la macabra cruzada, albigense; pasando por las intrigas y traiciones cometidas para imponer el poder terrenal del Papado sobre imperios y reinos, la corrupta «querella de las investiduras», la venta de absoluciones e indulgencias, el oportunismo de los obispos y abades, el lujo y,erotismo en los conventos y, sobretodo, los infernales crímenes de la Santa Inquisición.

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Palacio Potala Tibet Residencia Sagrada de Dalai Lama Templo Budista

Palacio Potala Tibet Residencia Sagrada de Dalai Lama

Antiguo palacio, fortaleza y centro de peregrinación divina, el Pótala, cubierto por flamantes techos de oro, se eleva entre la niebla tibetana como colosal castillo; bajo cierta luz, parece coronado de fuego.Lhasa, capital del Tíbet, «el techo del mundo«, se encuentra a 3.600 m sobre el nivel del mar en un punto tan remoto que aun hoy pocos occidentales lo conocen. Sobre el bullicioso bazar y el tumulto de las tortuosas callejas de la ciudad se levanta en la lejanía el descomunal palacio Pótala, en la cima de Putuo, la montaña sagrada. En torno de la ciudad se extiende un valle fértil atravesado por un río.

palacio potala

Erigido en la Montaña Roja del centro de Lhasa, el Pótala está considerado como la mayor construcción de un palacio y fortaleza de la antigüedad que se conserva actualmente. Construido sobre la pendiente de la montaña, a 3.700 metros sobre el nivel del mar, el increíble palacio ocupa más de 410.000 metros cuadrados y consta de 13 pisos que lo convierten en una soberbia edificación de 115 metros de altura. Para los actuales arquitectos tibetanos, esta construcción no parece ser obra del hombre sino de la propia naturaleza, dada su condición de creación extraordinaria.

Este valle, ocupado por aldeas rodeadas de fangosos prados, bosques de sauces, alamedas y campos de cultivo, está protegido por un enorme anillo montañoso que sólo puede cruzarse en pasos altos. Buena parte del encanto de Pótala procede de las dificultades para acceder a él.

Con la palidez de su antiguo encalado y reluciente de oro, Pótala («Montaña de Buda» en sánscrito) es un ejemplo extraordinario de la arquitectura tibetana tradicional. Oculta al mundo occidental durante siglos, esta majestuosa montaña de mampostería, construida por más de 7.000 trabajadores, se eleva 110 m. sobre el suelo y alcanza los 300 de punta a punta.

Acentuando la impresión de gran altura, sus inmensas paredes se inclinan hacia adentro y las ventanas —dispuestas rítmicamente en filas paralelas y más angostas en lo alto que en lo bajo— están cubiertas de laca negra. Para la edificación del palacio se excavaron rocas del talud, lo que creó una vasta hondonada. Ésta se llenó de agua para formar un lago artificial, conocido como del Rey Dragón.

Desde 1391 hasta la ocupación china de 1951, el Tíbet fue regido, tanto política como espiritualmente, por los dalai lamas, aunque del 717 al 911 ellos mismos se sometieron a los señores chinos. Lhasa fue el centro del lamaísmo, mezcla del budismo tibetano y una religión local llamada bon.

El palacio fortaleza de los dalai lamas, el actual Pótala, es una estructura del siglo XVII construida en la zona que fue sede de un castillo erigido 1.000 años antes por Songsten Gampo, primer rey guerrero del Tíbet. El palacio original fue destruido y reconstruido varias veces antes de que el Dalai Lama V (1617-82) ordenara levantar el presente conjunto como palacio dentro de un palacio.

El Palacio Blanco exterior, llamado así por el color de sus muros, fue terminado en 1648; el Palacio Rojo interior, con paredes de un rojo intenso, se concluyó casi 50 años después, en 1694. Cuando murió de forma imprevista el Dalai Lama V, se decidió ocultar la noticia a los obreros, para no distraerlos de sus tareas. Primero se les dijo que estaba enfermo y luego que se había «retirado del mundo para dedicarse a la meditación».

Pótala es un laberinto de galerías pintadas, madera, escaleras de piedra y oratorios ricamente decorados, con casi 200.000 estatuas de valor incalculable. Pensado originalmente para satisfacer todas las necesidades de los monjes residentes, hoy funciona como museo y santuario. El Palacio Blanco contenía habitaciones, oficinas y un seminario. Había una estancia reservada para la imprenta, que funcionaba con tipos de madera tallados a mano.

El papel se hacía de corteza de adelfa u otros arbustos, remojada en agua y molida con piedras. La pulpa se extendía después sobre malla de alambre encima de un bastidor de madera, donde permanecía hasta secarse; el papel resultante era duro, áspero y de color cremoso.

El Palacio Rojo, que conserva sus funciones religiosas, era el centro espiritual del complejo y comprendía la sala de capítulo de los monjes, capillas, 10.000 altares y una vasta biblioteca budista. El Salón del Sacrificio es el edificio más grande del palacio y era el lugar de descanso eterno de varios dalai lamas, cuyos restos desecados y embalsamados eran objeto de culto en elaboradas pagodas funerarias.

Quienes lo visitan se sienten sobrecogidos por la belleza de su decoración, la increíble espiritualidad que se respira en la zona y que permanece vigente desde hace siglos, y el incomparable plus del paisaje natural en el que el palacio está situado. Y que esta construcción haya sido erigida en lo alto de una montaña no es casualidad: la altura de la montaña es un símbolo de la clase social y de la estirpe real a las que pertenecieron sus creadores. A su vez, al estar ubicada a semejante altura, se optimizan las tareas de protección, convirtiendo al espléndido palacio
en una verdadera fortaleza.

Ocho pagodas, o stupas, permanecen intactas; el mausoleo de sándalo del Dalai Lama V se destaca por sus 15 m de altura y por los revestimientos de oro e incrustaciones de diamantes, zafiros, corales, lapislázuli y perlas 10 veces más valiosas que el oro. Su peso excede las 41. El fabuloso tesoro privado de los dalai lamas —colección de atuendos ceremoniales con brocados, antigua porcelana china, esmaltes alveolados, raras gemas y exquisitas alhajas— reposa aún en las portentosas estancias de Pótala.

Heinrich Harrer, montañista austríaco que vivió en Lhasa cinco años tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en confidente y tutor del Dalai Lama XIV, estuvo en Pótala en varias ocasiones. En una de sus visitas notó una presencia extraña en el palacio. El maharajá de Nepal había donado un elefante al joven Dalai Lama. Animal único en el país, el gigante había sido escoltado hasta Lhasa por un camino de 1.125 Km. previamente despejado de piedras. La enorme criatura solía tomar parte en las procesiones religiosas.

Aparte del Vaticano, antes de la ocupación china, el Tíbet fue la última teocracia (sociedad en que el gobernante es también dirigente espiritual) sobreviviente en el mundo. Pótala fue el hogar y palacio de invierno del soberano, auténtico símbolo de sus poderes terrenales y espirituales.

El Dalai Lama XIV tenía 15 años cuando los chinos invadieron el país en 1950. Se le permitió gobernar, con reservas, hasta 1959. Después de una fallida rebelión, huyó a la India con 80.000 seguidores. El Tíbet ha estado desde entonces bajo dominio chino, y en 1965 adoptó la categoría de región autónoma de China bajo el nombre de Xizang.

Aunque el rey dios ha partido, la magia de Pótala subsiste. Parecería poseer una cualidad trascendente más allá de sus ladrillos y morteros: un misterio que nace de sus profundidades.

EL DALAI LAMA: DIVINIDAD ENCARNADA
El nombre de esta figura sagrada describe a la perfección su carácter. Dalai es un término mongol que significa «océano», y lama quiere decir «hombre sabio» en lengua tibetana. Así, el dalai lama es un alma de sabiduría tan profunda como el mar. Se le tiene también por ser divino, manifestación humana del Buda absolutao.

Desde 1391, 14 dalai lamas han sido reconocidos por los tibetanos. Se dice que cada uno es reencarnación de su antecesor, y la búsqueda del heredero comienza al morir el dalai lama reinante. Guiados por augurios, sueños y un oráculo oficial, os sacerdotes tibetanos persiguen al niño nacido en el instante mismo de la muerte del dalai lama, con rasgos físicos específicos y capaz de distinguir las pertenencia: del difunto entre objetos diversos.

El Dalai Lama actual, Tenzin Gyatso, nació en 1935′ fue reconocido como nuevo gobernante a los dos años de edad y entronizado a los cinco. Rigió en Pótala hasta la insurrección de 1959, cuando se trasladó a la India huyendo del ejército chino.

Estableció un gobierno en e exilio en Dharmsala (Pakistán), sede de una colonia tibetana. Reverenciado allí por los monjes del nuevo monasterio Namgyaí, lo mismo que por los tibetanos que le rinden culto desde lejos o peregrinan hasta Dharmsala,  Tenzin Gyatso recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989, por su incansable campaña en favor de la paz mundial y la libertad del Tíbet.

Ver: El Monte Athos y Su Monasterio

Ciudad de Mohenjo Daro Historia Primera Ciudad Planificada del Mundo

Ciudad de Mohenjo Daro
Historia Primera Ciudad Planificada

Hacia mediados del siglo XIX se descubrieron en el valle del Indo los vestigios de dos ciudades muy antiguas: Mohenjo-Daro y Harappa. De ello se deduce que mucho antes de la llegada de los arios, la India poseía un alto grado de civilización. En las dos ciudades las calles eran anchas y rectilíneas. Las casas de ladrillo rojo eran confortables. Además de esculturas trabajadas con gran sentido artístico, se han encontrado objetos de uso, sellos y juguetes.

En los mitos y leyendas de la India hay inquietantes alusiones a una civilización olvidada que desapareció con el paso del tiempo. Según el Rigveda sánscrito, escrito en el segundo milenio a.C, los invasores arios que ocuparon la India hacia 1500 a. C habían sido enviados por el dios hindú Indra, llamado El Destructor de Fuertes porque había arrasado «noventa fuertes y cien castillos antiguos». Hasta el siglo XX se creyó que dichas fortalezas eran puramente míticas, pero la arqueología ha demostrado lo contrario.

mapa de mohenjo daroLas excavaciones realizadas durante las décadas de 1920 y 1930 sacaron a la luz una civilización contemporánea de la egipcia y la mesopotámica.

De igual forma que la mayoría de las civilizaciones antiguas, floreció en el valle de un río —el del Indo, en el moderno Pakistán— pero se extendió por una zona más amplia.

Actualmente se cree que la civilización del valle del Indo constituyó el imperio preclásico más importante del mundo. Se han encontrado casi cien pueblos y ciudades en un triángulo cuyo vértice está a 800 Km. río arriba y cuya base se extiende 960 Km. a lo largo de la costa.

Los primeros planificadores urbanos del mundo
Con el nombramiento del director general de arqueología de la India en 1944, en la persona de sir Mortimer Wheeler, fueron reemprendidas las excavaciones en los grandes montículos que cubrían las dos mayores ciudades de la civilización del valle del indo: Harappa, en el norte, y Mohenjo-Daro, «el montículo de los muertos», 560 kilómetros al suroeste de aquélla.

Las dos ciudades que Wheeler desenterró fueron construidas entre el 2500 y el 2100 a.C, con ladrillos cocidos en horno, y debieron ser las capitales gemelas de lo que hoy llamamos el Imperio de Harappa. Asombrosamente bien organizadas y con enormes similitudes, ambas ciudades fueron en su tiempo las emplazamientos urbanos más extensos del mundo. Cada una tenía un perímetro de más de 5 Km., y sólo Uruk, en Mesopotamia, podía competir con ellas.

Mohenjo-Daro presentaba un contorno cuadrado y estaba trazada según una planta rectangular. Doce calles principales de tierra batida, de 9 a 14 m. de anchura, dividían la ciudad en doce bloques. Once eran residenciales, y estaban formados por numerosas casas de ladrillo, apretadas y similares, que incluían viviendas de artesanos, tiendas y talleres. El duodécimo bloque, separado del resto de la ciudad, dominaba las viviendas urbanas; en él,, un montículo artificial de forma rectangular y unos 6 m de altura, constituía la ciudadela, a cuyos principales edificios se les llama el Gran Baño, el Granero Urbano y la Sala de Reuniones.

En la actualidad, la ciudadela está coronada por el imponente stupa de un monasterio budista del siglo II d.C. Múltiples casas se ajustan a un modelo básico y espacioso, con un patio central rodeado de varias habitaciones, y un pozo y unas escaleras que llevaban al piso superior; muy pocas tenían puertas o ventanas que dieran a las calles principales, quizá por razones de intimidad y seguridad, o simplemente para evitar el ruido y el polvo del tráfico urbano. Lo cierto es que tan sólo se podía tener acceso a las casas a través de numerosas callejuelas que conformaban una malla entre las calles principales.

Se han encontrado numerosas poblaciones de la civilización del Indo, desde Harappa, en el norte, hasta Mohenjo-Daro, unos 560 Km. al suroeste de aquélla. Había otras más al sudeste, zona donde Lothal era el principal puerto comercial.

mohejo daro ruinas

El Gran Baño es un tanque de ladrillo de 12 x 7 m de lado y 2,5 de profundidad, hundido en la plataforma de ladrillo que sostenía la ciudadela e impermeabilizado con yeso. A cada extremo tenía escaleras con peldaños de madera, y a su alrededor había vestuarios del mismo material. Algunos arqueólogos lo consideran una especie de «piscina municipal», y otros, un centro de baños rituales.

¿Quién gobernaba en Mohenjo-Daro?
Uno de los abundantes misterios sin descifrar de la civilización indostánica es el correspondiente a la ausencia de templos reconocibles como tales. Otras civilizaciones antiguas eran gobernadas por reyes sacerdotes o dioses vivientes, habitantes de lujosos templos o palacios, pero se carece de alguna noticia veraz de los gobernantes de Mohenjo-Daro. Es factible que la religión de esta civilización del Indo fuese precursora del hinduismo, y probablemente contara con diversos dioses, entre ellos una diosa madre, representada en numerosas figurillas, y un dios tricéfalo y con cornamenta, que debió ser el precursor del dios hindú Siva.

El Gran Baño de la ciudadela de Mohenjo-Daro parece denotar que estos pobladores del Indo poseían una religión organizada, con una pléyade de sacerdotes ministrados. Los baños rituales continúan jugando papel importante en el hinduismo actual, y muchos arqueólogos creen que el Gran Baño era el escenario de un ceremonial colectivo de limpieza espiritual, dirigido por un conjunto de sacerdotes.

Mohenjo-Daro es reflejo de una actitud vital disciplinada y eficiente, quizá con diferencias de clase entre pueblo llano y mercaderes detentadores de riquezas, muy semejante al sistema de castas de la India actual. Otro notorio edificio de la ciudadela es el Granero Urbano: numerosas plataformas para la molienda, almacenes para el arroz y el trigo, y un entramado de conductos subterráneos para el secado del grano componen lo queWheeler citó como «el foco económico de la ciudad». Las diversas huellas que indican el perfecto control de la ciudad han sido interpretadas como reveladoras de un primitivo estado totalitario. La falta de evidencias de una clase gobernante de índole mesopotámica, que actuase como mecenas, podría explicar la escasa calidad en las manifestaciones artísticas del pueblo de Harappá.

Unas cuantas estatuillas, entre ellas una danzarina erotizante, algunos sellos de piedra con imágenes de animales y dioses, varias figuras de arcilla con representaciones taurinas y unas cuantas vasijas decoradas constituyen el pobre reflejo de lo que en otro tiempo fue una sociedad organizada y ciertamente opulenta. En su mayor parte, los utensilios de Mohenjo-Daro son tan comunes y útiles como el diseño mismo de la ciudad. Quizá se encuentren respuestas a las interrogantes que plantean las ciudades del Indo cuando se haya logrado descifrar las inscripciones de los sellos de piedra, la única escritura descubierta en la zona.

En Mohenjo-Daro se han encontrado numerosos sellos de piedra muy bien tallados, que demuestran el elevado nivel de su artesanía y economía. Se los empleaba en el comercio de cerámica, marfil, madera y telas de algodón con Mesopotamia y el golfo Pérsico, pasando por el emporio mercantil de Dilmun, la actual Bahrain.

El ocaso de una civilización
La llanura aluvial del valle del Indo ha sufrido inundaciones en numerosas ocasiones. Gran parte de Mohenjo-Daro está bajo el nivel de las riadas, y muchos de sus secretos pueden estar enterrados en la arena. Hacia el 1900 a.C, estas ciudades iniciaban su decadencia, quizá por las constantes inundaciones, o tal vez porque se habían agotado las reservas de madera del bosque, imprescindibles para cocer las enormes cantidades de ladrillos necesarias para la reparación y reconstrucción del entorno.

La llegada de los arios al Indo debió enfrentarlos con un pueblo en plena decadencia, de raza mestiza, que malvivía en las grandes ciudades de sus antepasados. «Arrasa las fortalezas como el tiempo consume las ropas», dice de Indra el Rigveda; y si verdaderamente fue él quien dirigía a los invasores arios, demostró poca compasión, pues en el último nivel de ocupación de Mohenjo-Daro se han encontrado numerosos esqueletos con marcas de cortes de espada en el cráneo.

Se pasó a cuchillo a hombres, mujeres y niños, a algunos en sus casas, a otros en las calles; junto a un pozo público yacen cuatro hombres y mujeres, a modo de siniestro epitafio de los últimos descendientes de una próspera nación con muchos rasgos únicos.

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AMPLIACIÓN DEL TEMA:

En 1856, unos ingenieros ingleses que estaban instalando en el este de la India la vía férrea que enlaza Karachi con Lahore, descubrieron las ruinas de dos ciudades antiguas: Mohenjo-Daro y Harappa.

Este descubrimiento probaba que el valle del Indo ya había estado habitado mucho antes de la llegada de los arios. Durante la época preindia, hacia el año 2500 antes de Jesucristo, en este lugar se desarrolló una civilización que muy bien podría compararse con la de Mesopotamia y Egipto. Esta cultura fue destruida por los arios, pueblo de pastores que al principio sólo conocían la población como organización social.

La ciudad de Mohenjo-Daro fue construida hacia 2500 antes de Jesucristo, según un trazado en forma de damero, con calles principales rectilíneas y vías laterales que desembocaban en ellas en ángulo recto. Estas calles tenían de tres a diez metros de ancho. La calle principal era una línea recta de 800 m de longitud. No había esos callejones sin salida, callejuelas y calles sinuosas tan típicas de las ciudades de Oriente.

Las viviendas de Mohenjo-Daro estaban sólidamente construidas: ladrillos rojos y, como cemento, barro seco. La base de los muros casi tenía un metro de grueso. Las fachadas estaban poco decoradas y había escasas ventanas, a fin de conservar fresco el interior de las casas, continuamente expuestas a los ardores de un sol de justicia. Además, estaban ideadas de modo práctico y algunos interiores no carecían de elegancia.

La parte más importante y al mismo tiempo más característica de la casa era el patio interior, adornado con plantas lujuriantes. La vivienda tenía incluso cuarto de baño, dormitorios muy amplios, un salón de recepción, una habitación para el portero y un comedor. El suelo estaba cubierto de losas rojas y lisas en ligera pendiente hacia un ángulo, del que salía un conducto que vertía las aguas residuales a un colector que corría bajo las aceras.

El edificio más importante de Mohenjo-Daro era el establecimiento de baños, que, probablemente, tenía significado religioso. Esta imponente construcción, de 56 m de largo por 31 de ancho, produce una impresión inolvidable. En la parte central había una piscina rectangular de 13 por 7,5 m. El agua era renovada regularmente por medio de un depósito que siempre contenía agua fresca.

Los habitantes de Mohenjo-Daro eran de pequeña estatura. Tenían la frente estrecha, nariz recta y corta, barbilla ligeramente huidiza y labios gruesos. La mayoría de hombres llevaba una barba en forma de collar y cabellos muy cortos. Cuando los llevaban largos, los peinaban en tirabuzones.

Las mujeres vestían trajes que les llegaban hasta la rodilla y se ajustaban el talle con un cinturón.

Es probable que llevaran mantos. El vestido de los hombres consistía en una a modo de túnica enrollada a la cintura, que cubría el hombro izquierdo, y quedaba sujeta bajo el hombro derecho.

A la hora de las comidas, en,-las que, sin duda, figuraba la carne, se sentaban sobre esteras colocadas alrededor de la mesa.

La población de las ciudades estaba dividida en clases. Los sacerdotes y los comerciantes eran los ciudadanos más importantes. La población laboral llevaba una vida muy sencilla y se dedicaba especialmente a la agricultura.

Estas ciudades preindias fueron destruidas por los arios. En cambio, su religión fue respetada. Por otra parte, resulta notable el hecho de que esta religión, prácticamente, no haya sufrido modificaciones después de cuatro mil años, mientras que los dioses de Egipto, Babilonia y Grecia fueron reemplazados por el cristianismo o la fe musulmana y sólo sobreviven en la literatura y el arte. En la civilización preindia se adoraba a una diosa-madre y a una divinidad que en el actual hinduismo lleva el nombre de Siva.

Las ruinas de Mohenjo-Daro, que por primera vez fueron estudiadas científicamente por el arqueólogo Banerji en 1922, han puesto en nuestras manos un caudal de valiosos documentos artísticos. Lo que más sorprendió a los arqueólogos durante las excavaciones de Mohenjo-Daro fueron unas esculturas, pequeñas pero admirablemente trabajadas. La más famosa, que representa una bailarina, es de bronce. Lo más notable en ella es la naturalidad de la actitud. Esta estatua viene a ser como el símbolo de la avanzada civilización del Indo.

Dos estilos se distinguen en estas esculturas: uno de carácter popular y otro que parece haber sido creado para minorías muy selectas.

La aportación artística de esta civilización parece haberse limitado casi exclusivamente a los objetos de uso: alfarería, armas, joyas y objetos de culto. Merecen mención especial los numerosos sellos grabados en los que, por lo general, aparece representado un buey, un toro, un elefante o un tigre. La mayoría de estos sellos son cuadrados, salvo alguno redondo o cilindrico, y llevan una inscripción en una lengua que hasta ahora no ha podido ser descifrada.

Algunas veces, los animales fueron reemplazados por dioses o héroes míticos. La representación de los animales es naturalista y llena de movimiento; en cambio, la de los humanos es tosca y hierática.

Mohenjo-Daro también nos ha dejado numerosos juguetes: bueyezuelos que tiran de carretas, caballos de silla ricamente decorados con piedras, animales y pájaros. Aunque no se han encontrado muñecas, sí se han descubierto sus neceseres con huellas de niños. Su juguete preferido era un buey que meneaba la cabeza. También se desenterraron magníficos dados.

Harappa, la otra antigua ciudad del valle del Indo, fue construida según el modelo de Mohenjo-Daro. Tenía una ciudadela edificada sobre una colina artificial, probablemente para resguardarla de las inundaciones. Estaba protegida por importantes construcciones de defensa. Desde sus terrazas se presenciaban las procesiones, cortejos y festividades.

Con una aproximación relativa se cree que el desarrollo de esta ciudad, levantada en el Punyab, a orillas del Indo, tuvo efecto entre los años 2500 a 1500 antes de Jesucristo. Por los restos encontrados en sus ruinas y sobre todo en los dos cementerios cercanos a ella, sabemos que sus habitantes poseyeron una cultura muy avanzada en relación con la época. La cerámica, por ejemplo, nos revela que los artesanos de Harappa conocían el torno de alfarero, y que en el arte de la escultura esta civilización tuvo artistas excepcionales.

En Harappa se han hallado numerosas estatuillas que representan personajes femeninos. Esto nos hace suponer que se adoraba a una diosa-madre. Pero hasta que no se haya logrado descifrar los textos antiguos nada definitivo se podrá concluir sobre la religión de la civilización del Indo.

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Borobudur Templo Budista en Java Templo Perdido Indonesia

Borobudur – Templo Budista en Java – Templo Perdido

La mayor concentración de arquitectura sagrada de Java, se encuentra en la llanura de Kedu, unos 42 kilómetros al noroeste de la actual ciudad de Yogyakarta.  Aquí se encuentra el hermoso complejo de templo hindú de Prambanam y el mundialmente famoso templo budista de Borobudur.

Borobudur, es un nombre que deriva de una expresión que significa «Montaña de la acumulación de los méritos de los diez estados de Bodhisattva» es comúnmente considerado como una estructura budista, sin embargo, su construcción inicial fue planeada y llevada a cabo por constructores hindú algún momento alrededor de 775 d. C.

borobudur templo

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En el centro del frondoso paisaje de la isla indonesia de Java, aislado en la inmensa llanura, aparece el templo de Borobudur, máxima expresión de la arquitectura religiosa javanesa (El Budismo), el cual data del año 750 d.C. Para llegar a él partimos de Yogyakarta, una de las ciudades más grandes de la isla, sólo se tardan treinta minutos por un largo camino asfaltado de unos 40 Km. ó 25 millas aproximadamente.

Borobudur Templo Budista en Java Templo Perdido Indonesia

El monumento consta de seis plataformas cuadradas coronadas por tres plataformas circulares,y está decorado por 2.672 paneles de relieve y 504 estatuas de Buda.

Está inspirado en un módulo constructivo que se relaciona con los sagrados diagramas del budismo tántrico y respeta un rígido esquema geométrico que tiene un profundo significado religioso.

Está formado por anillos concéntricos que se van estrechando a medida que se asciende hasta culminar en el único y gran stupa central símbolo de la Verdad Eterna (el edificio cónico típico de la arquitectura budista), simbolizando una flor de loto —la flor sagrada de Buda— que flota sobre las aguas de un plácido lago (en este caso la llanura) ó bien una montaña rodeada por agua.

la flor sagrada de Buda

Para poder llegar desde el nivel de la llanura a los casi 40 metros de altura de la cúpula central se construyeron nueve terrazas conjuntas; la primera mide más de 170 metros de lado. Si a estas faraónicas dimensiones se añade el minucioso cuidado con el que cada detalle se realizó, transformando una idea esquemática en un encaje de piedra, es posible tener una idea de la magnitud, de la dificultad y de la importancia del trabajo realizado en este templo.

Y todo ello para trazar un “recorrido”, o, en otras palabras, para crear un camino adecuado para un viaje del alma. Para quien lo visite es una invitación a la meditación, que habla directamente a los sentidos y que transmite su mensaje.Borobudur Templo Budista en Java Templo Perdido Indonesia

Fue restaurado, entre 1907 y 1911, por grupos de investigadores y arqueólogos holandeses que lo salvaron de la amenaza de la vegetación tropical, donde la mayor parte de las esculturas se perdieron durante el curso de las mismas restauraciones y de ellas sólo se conoce el tema: el Karmavibhaga, la ley del karma, según la cual cada acción humana lleva consigo sus consecuencias inevitables en la vida futura.

Centenares de esas esculturas eran una minuciosa descripción de escenas infernales (según la concepción de los constructores), en las que el hombre aparecía todavía envilecido y aprisionado por el remolino de los deseos. Se sabe, además, que no estaban a plena luz, sino medio enterradas y ocultas a la vista.

La montaña sagrada representa el progresivo abandono, la espiritualización y la interiorización. En definitiva, el eterno viaje del caos al orden, de la materia al espíritu, de las contradicciones a la Verdad. El viaje que Buda afrontó por primera vez y que todavía hoy, en su nombre, miles de personas afrontan según lo que Borobudur indica y sugiere.

En 1991, Borobudur fue incluido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

PARA SABER UN POCO MAS SOBRE EL TEMPLO DE BOROBUDUR: El templo de Borobudur, en la Isla de Java, ha sido llamado «montaña de dioses», lo cual es una denominación acertada para la gigantesca edificación sacra, situada a poca distancia de Djokja-carta, pues se trata efectivamente de una montaña o colina cubierta de inmensas masas de piedra, no de una construcción autoportante.

Cuando en el siglo VIII después de J.C. se construyó en honor de Buda este templo, el más extenso de Asia, el budismo ya estaba retrocediendo en el subcontinente indio. Influencias hindúes lo habían descompuesto desde dentro, y cuando la religión de los brahmanes despertó a una nueva vida, ya había pasado la época de florecimiento del budismo.

El asalto islámico destruyó los últimos bastiones de la creencia budística, que sólo perdura adulterada con elementos extraños.

Hacia esta época se abrieron a la nueva doctrina las islas del archipiélago malayo. Surgieron cientos de templos dedicados a Buda; sólo en el centro de Java han podido contarse más de ciento cincuenta de estas edificaciones.

La mayoría ya han sido destruidas por la selva. Lo mismo ocurrió con la montaña de los dioses en Borobudur. No fue redescubierta hasta el siglo XIX, cuando se empezó a librarla de la jungla.

«Hoy, cuando Borobudur ha sido liberado de los escombros y de la maraña de las lianas y de los siempre presentes arbustos, se puede ver qué grandiosa obra de un pueblo desconocido se muestra ante nosotros», apuntó un viajero que llegó a Java hacia fin de siglo.

La construcción en forma de cúpula se eleva por cinco terrazas cuadradas, a las que se sobrepusieron tres gradas finales circulares, hasta una altura de 35 m. Como fin se añadió una quinta terraza al pie de la construcción.

Probablemente, las capas de piedras superiores amenazaban deslizarse de la mezcla de arena y arcilla de la colina, poco apropiada como cimiento. Cuatro escaleras conducen a la cumbre de la colina del templo.

El rico complejo de la construcción desorienta a primera vista a causa de los innumerables frisos, nichos y cúpulas.

La pirámide aplanada del Borobudur, cuya terraza inferior tiene un lado de 111 m, ejerce sobre aquel que no lo observa con demasiado interés la impresión de una pesada masa hundida en sí misma. «Parece una pasta tan mal fermentada como cuidadosamente formada en el detalle», juzgó el historiador de arte francés Foucher después de su primera visita a Borobudur.

Foucher criticó también el que desde el pie de la pirámide pétrea no se puede ver la plataforma superior ni la cima del templo y que, a la inversa, era imposible echar una mirada desde el punto más alto al pie de la terraza inferior.

Esta visibilidad deficiente, debida a la forma semiesférica del edificio, la tuvo Foucher por un error del constructor.

«¿Habían realizado efectivamente un mal trabajo los constructores del Borobudur? Así se supuso durante mucho tiempo.

El templo debe considerarse, desde el punto de vista de la técnica constructiva, como una stupa.

La stupa, evolucionada de la forma circular de la colina funeraria, puede ser una construcción hueca para acoger reliquias o un puro monumento de culto sin espacios interiores. Generalmente se eleva el edificio en forma de semiesfera, campana o cilindro sobre una terraza cuadrada.

El constructor del Borobudur se separó bastante de las formas de stupa primitivas. Tuvo que pasar bastante tiempo hasta que se impuso la idea de que era una forma de stupa surgida en la época budística tardía, conformada y desarrollada hasta el último detalle.

Desde este punto de vista sólo faltaba un paso hasta el reconocimiento de que la falta de visibilidad del templo podía tener, al igual como la ordenación del complejo total, sus buenos motivos.

Se halló la explicación en la doctrina budista de la salvación. La construcción se había proyectado con toda intención de tal manera, que el peregrino no pudiese reconocer aún desde el pie del templo las más altas alturas a las que su religión promete conducirlo.

Las cinco terrazas debían simbolizar los cinco grados que se deben recorrer en el camino a la paz y la iluminación interior: la renuncia a los deseos mundanos, a malquerencias y a alegrías por el mal ajeno, a la pereza y a las dudas.

Una vez que el peregrino había llegado a la terraza superior, ya no debían verse desde las «situaciones puras», los estados intermedios recorridos.

La plataforma superior con la cima del templo simbolizaba por tanto el nirvana, el sosiego anímico perfecto, la liberación del infinito ciclo de la transmigración de las almas, un «estado de absoluta independencia del mundo, que aquellos que lo han alcanzado describen como un indescriptible placer supraterre-no» (H. J. Schoeps).

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