El Teatro Nacional

Biografia de Cane Miguel Caracteristicas de su Obra Literaria

Biografia de Cane Miguel y Caracteristicas de su Obra Literaria

Fue un escritor argentino que nació en Montevideo durante la expatriación de su familia y regresó a Buenos Aires después de la caída de Juan Manuel Rosas.

Su profesión de abogado le facilitó el desempeño de diversos cargos legislativos y se destacó actuando en favor de la política de Sarmiento.

Biografia de Cane Miguel y Caracteristicas de su Obra Literaria
Los escritores de la llamada generación del 80 practican una literatura cosmopolita, de crónica elegante y amable, a medias entre la historia y la narrativa, inclinándose por la prosa; destacan: Lucio Vicente López, Miguel Cané, Eduardo Wilde y Lucio V. Mansilla.

Vida. Miguel Cané nació en Montevideo (1851), durante la expatriación de su familia. Cuando apenas contaba dos años de edad, estuvo de regreso en Buenos Aires, después de la caída de Rosas.

Como a los demás hijos de emigrados, se le reconoció la ciudadanía argentina.

Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de esa ciudad, durante la dirección del canónigo Eusebio Agüero y el profesor francés Amadeo Jacques, en un régimen de internado.

De allí sacó las experiencias que muchos años más tarde habría de llevar a su obra maestra, el libro Juvenilia (1884).

Luego cursó estudios en la universidad local y se graduó de abogado (1878).

Mientras cursaba esta carrera, ya se había iniciado en el periodismo y participado en política, particularmente a favor de Sarmiento, de quien era gran admirador.

Fue diputado provincial (1875) y nacional (1876), luego tuvo a su cargo la Dirección de Correos.

Fue nuevamente reelegido diputado nacional (1880), pero asumió la representación diplomática argentina ante los gobiernos de Colombia y Venezuela, que ejerció durante dos años (1881-1882).

Como resultado de esa salida del país surgió su libro En viaje (1884).

Ocupó luego otros cargos públicos de importancia, como la intendencia municipal de la ciudad de Buenos Aires, el ministerio de relaciones exteriores y, accidentalmente, el del interior.

Volvió a la vida diplomática con el cargo de ministro argentino en París, regresó a su país, ocupó una banca en el Senado (1898), y falleció en Buenos Aires (1905).

El escritor. Para algunos historiadores de la literatura argentina, Cané es quizás el escritor más representativo de la generación del ochenta (Roberto F. Giusti). Fue crítico, ensayista, traductor, periodista y narrador.

Tuvo fama de ser un infatigable lector, aunque poco entusiasta de la dura tarea de escribir.

La falta de constancia y la ocasionalidad de sus escritos, le han quitado a su obra la prioridad literaria que pudo haber tenido en su tiempo.

La figura literaria de Cané fue la más respetada de la época, ya que en lo personal, era el escritor de mayor prestigio.

Iniciado en el siglo XX, los jóvenes de la generación siguiente chocaban, en la búsqueda de fama, con la imponente figura del maestro, que seguía ejerciendo el liderazgo intelectual.

Tres imputaciones se han formulado a su obra conjunta: el fragmentarismo, el diletantismo y el galicanismo.

Estos tres cargos son reales, pues la obra de Cané no es orgánica en sí, da la impresión de estar hecha por mero placer artístico, y tanto la frase como la inspiración es de oriundez francesa.

No obstante estos perfiles débiles, Cané ha sido un gran prosista, dotado de talento y de buen gusto.

Él mismo tenía conciencia del carácter de sus obras, pero no intentó modificar su enfoque de la tarea literaria ni engañar a sus lectores.

Como hombre de su época, las letras no eran un fin específico en su vida, sino un aspecto parcial de su vocación universal.

El carácter de «prosa ligera» de sus escritos es típico, y ésa fue su característica literaria.

Todo hace suponer, sobre todo su Juvenilia y algunas otras páginas (ensayos, notas, impresiones), que tenía condiciones para la novela, pero sus preferencias no estuvieron por este género.

Su prosa se caracteriza por la impersonalidad y la sencillez. Los hombres del 80 trataron con cuidado de no caer en las efusiones sentimentalistas o apasionadas, y mantuvieron en general, aun en las páginas autobiográficas, una actitud de mesura, discreción y contención.

Su estilo no era de sabor castizo ni tradicional, sino más bien cosmopolita, indefinido, internacional.

La frase de Cané no es la frase de la vieja tradición española. Más bien es una frase francesa escrita en vocablos castellanos, pero no por ello es deficiente ni desagradable.

La lectura de los escritos de Cané deja siempre en el lector una impresión satisfactoria y amena, a pesar de sus galicismos idiomáticos, muy abundantes, y de su persistente recurso a préstamos de otras lenguas.

«Juvenilia». Este libro es la obra maestra de Miguel Cané, y al mismo tiempo, una de las joyas de la literatura argentina. Ha sido leido por todas las generaciones de argentinos que vinieron después y no ha perdido actualidad hasta nuestros días.

A poco de fallecer su padre, Miguel Cacé es internado en el Colegio Nacional de la ciudad de Buenos Aires.

Después del primer momento de tristeza derivado del alejamiento de su hogar, el niño comienza su vida de escolar, contraído al estudio, pero arrastrado también por el espíritu inquieto y travieso propio de su edad.

Estas son las cosas de los jóvenes, las Juvenilia de los argentinos de mediados del siglo pesado, entre los cus les se contaron luego prominentes figuras de la vida intelectual, científica y politice del país.

Narra Cané a través de las páginas del libro sus recuerdos, algunos de los cuales se han hecho famosos: la comida del colegio, las artimañas para no levantarse temprano de mañana, la enfermería, la personalidad de los dos ejemplares rectores, el canónigo Agüero y Amadeo Jacques, las escapadas nocturnas, las peleas y rencillas de los grupos internos, las vacaciones en la Chacarita de los Colegiales, las fugas a fiestas nocturnas, y toda una serie, más o menos picaresca, de travesuras estudiantiles.

Con el correr de los años, Miguel Cané regresa a su querido Colegio Nacional en calidad de profesor, y a punto de tener que tomar su primer examen, resurgen en su memoria los recuerdos de sus años juveniles.

El volumen fue escrito cuando Cané, entrado en años ya, ejercía sus funciones diplomáticas en Europa.

Apareció bellamente editado en Viena.

Está escrito en una prosa directa, llana y afectada de galicismos.

En torno a la lengua de esta obra, se promovió en nuestro país una polémica, cuando el crítico español Américo Castro cuestionó la calidad literaria del volumen por los barbarismos idiomaticos.

Ver: Escritores de la Generación del ´80 en Argentina

OBRAS Y EDICIONES: Juvenilia. Buenos Aires, Estrada, 1939. Con introducción de Américo Castro.
LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Ricardo Sáenz Hayes. Miguel Cané y su tiempo. Buenos Aires, Kraft, 1935. Raúl H. Castagnino, Miguel Cané, cronista del Ochenta porteño. Buenos Aires, Oeste, 1952.

Fuente Consultada:Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra Entrada: Autor Miguel Cané

Funcion Social de la Escuela Relación Con La Familia y Sociedad

Función Social de la Escuela – Su Relación Con La Familia y Sociedad

UN POCO DE HISTORIA…. La escuela es el «segundo hogar» donde vivimos una etapa trascendente de nuestra vida y formación. Quedan grabadas para siempre las impresiones de los primeros días de cada grado y de la promoción final, que nos ha permitido «ingresar» ahora en un nuevo tipo de escuela. Y está en nuestra mira tener acceso, al egresar del ciclo secundario, a otra institución escolar de nivel terciario.

Vale decir que el estudiante de primer año sabe, sobre las escuelas, por propia experiencia. Ahora se trata de procesar esos conocimientos y elaborarlos, incorporándoles otros nuevos, para comprender mejor el porqué de la educación y las características de la institución que integra. En primer lugar, con la ayuda de la Historia, recordaremos cómo y por qué surgieron las escuelas.

La sociedad y la educación también mantienen estrechas relaciones y el sistema educativo responde a la manera como son entendidas estas relaciones. Hasta no hace muchos años, el sistema educativo se proponía la construcción de un modelo de sociedad o un «proyecto nacional» por el que la escuela tenía como función consolidar el Estado nacional y la vigencia de un orden político democrático que debía garantizar que todos los habitantes accedieran a los mismos conocimientos.

funcion social escuela

«La educación es el proceso por medio del cual una comunidad trasmite a sus integrantes su cultura y sus aspiraciones, con el objeto de asegurar y renovar su propia existencia y desarrollo.»

La necesidad de la educación surge de la diferencia de nivel entre los miembros maduros y los nuevos integrantes de un grupo social. Los primeros procuran dar a sus continuadores crianza y preparación para que conserven y mejoren las funciones y valores que a su turno recibieron.

En los animales el crecimiento asegura la conservación de los instintos y conductas convenientes a la especie. Pero los hombres crean costumbres, ideales e instituciones que no resultan físicamente hereditarias. En las sociedades más primitivas la diferencia entre maduros e inmaduros no es tan notable como en las más civilizadas. El ensanchamiento de esa diferencia implica un aumento de la necesidad de la educación para la supervivencia de la sociedad y la continuidad de su progreso.

Por ello es que surgió, por lo menos desde la invención de la escritura, la idea de la educación sistemática por medio de la escuela. La humanidad comenzó a escribir grabando o pintando imágenes y símbolos de objetos y acciones. En la antigua Mesopotamia, los jóvenes de familias importantes podían aprender en escuelas anexas a los templos, donde había maestros para formarlos. Dominar el uso de los centenares de signos «cuneiformes» básicos los convertía en «escribanos» de aquel tiempo.

En Egipto, que inmortalizó al «escriba» en una famosa escultura, la corte del faraón instaló escuelas para preparar a los nuevos integrantes del grupo, que se consideraba a sí mismo representante de la divinidad. En Caldea la enseñanza fue también de carácter, religioso, mientras que en Persia abarcó otros propósitos: según Jenofonte, la educación persa incluía «la equitación, las armas y el amor a la verdad».

Pero los antecedentes que cobran más importancia son los de Grecia y Roma, y además se tienen de ellos mayores datos. En Grecia el ideal fue buscar la perfección física y moral del individuo, para bien propio (principalmente en Atenas) y para bien del Estado (en Esparta).

La educación física era importante en Esparta, para la formación de guerreros, y en Atenas, para el logro de la belleza y la armonía. La instrucción y la formación moral, más la gimnasia y la música constituyeron la «paideia», es decir, la incorporación a los ideales de la cultura griega. Roma, con la evolución del poderío del Estado, llegó a organizar un sistema de instrucción oficial, aunque siempre limitado a una parte privilegiada de la sociedad.

El advenimiento del Cristianismo hizo surgir nuevos trascendentes fines educativos: además de cultura y destrezas se quiso dar al espíritu una disposición general hacia la comprensión de las cosas de este mundo en su relación con el Dios creador. La predicación igualitaria de la frugalidad que conduce a una vida más espiritual halló eco entre los pobres y oprimidos y en las comunidades jóvenes y rústicas.

Para formar las almas desde la niñez, las escuelas fueron surgiendo cada vez más numerosas junto a iglesias y monasterios. El emperador Carlomagno alentó la multiplicación de las escuelas y llamó a colaborar a famosos filósofos y maestros. Aunque se quería enseñar toda la ciencia (lo que hoy se llama «enciclopedismo») no faltaba la intención de, además de informar, formar.

En la Edad Moderna se intensificaron los esfuerzos para ampliar y mejorar la enseñanza, buscando seleccionar conocimientos que la imprenta permitía divulgar. Lutero reconvenía a los señores, instándolos a fundar escuelas. Ignacio de Loyola y otros predicadores fundaron congregaciones, incluyendo en sus fines el de consagrarse a la educación. Religiosos, escritores y políticos fueron contribuyendo a la generalización educativa y propusieron nuevas formas más eficientes (métodos) para enseñar.

La Edad Contemporánea es la de la «escuela común». Ella está formada por establecimientos primarios gratuitos, a los que todos los niños tienen acceso. El Estado, en representación de una sociedad y sin diferencias de clases, instala la escuela o apoya las creadas por lo¡ particulares. El ideal actual es no sólo que haya escuelas para todo; sin excepción, sino que la enseñanza favorezca el desarrollo pleno d« la personalidad de cada uno.

Si la escuela primaria está destinada a la niñez, la escuela secundaria tiene como finalidad primordial la formación integral de los adolescentes, mientras la universidad y otras instituciones terciarias posiblitan a los jóvenes y mayores su preparación como educadores, investigadores y profesionales. Existe también un nivel cuaternario, que corresponde a la especialización de los graduados en el nivel terciario (universitario y no universitario).

La universidad surgió de las corporaciones o gremios medievales de maestros y estudiantes. La palabra «universitas» en un principio se aplicó a cualquier gremio reconocido, pero luego se restringió al grupo de sabios y discípulos organizado para la formación de maestros, licenciados y doctores.

Para los jóvenes universitarios meritorios pero pobres hubo benefactores que instalaron «colegios», es decir, hosterías gratuitas donde además de alojarse podían estudiar con la ayuda de preceptores. El colegio más famoso fue el que instaló en París el doctor Roberto de Sorbón; desde entonces decir «La Sorbona» es nombrar la Universidad de París, El éxito de esa idea originó que la mayoría de las universidades creasen su respectivo colegio, que con el tiempo pasaba a ser escuela preuniversitaria.

Ello explica que nuestra Constitución Nacional diga «instrucción general y universitaria», entendiéndose como general, la primaria; y universitaria, lo que hoy abarcan la educación media y la superior. Pero desde hace un siglo la enseñanza media fue apartándose de la idea de una exclusiva preparación para la universidad y, adecuándose a las exigencias de los tiempos modernos, procura además ofrecer formación técnica o profesional.

Ver: Deberes de las Padres e Hijos

Inserción de la escuela en su comunidad

La sociedad es el conjunto de los seres humanos relacionados por sus circunstancias comunes. La principal característica de la sociedad es la «interacción», es decir, la mutua influencia de los actos de sus integrantes.

Una comunidad es una sociedad donde la interacción es más intensa y más evidentes los lazos que unen a sus miembros. Los hombres que tienen muchas cosas en común viven en comunidad.

Para que resguarde e irradie los valores de la comunidad ha surgido la escuela moderna. La sociedad actual es sumamente compleja, y la familia, aunque sigue siendo la primera institución educadora y sociali-zadora, no puede capacitar suficientemente en oficios y profesiones. Por ello, las familias delegan en la escuela la acción educativa sistemática y confían a sus representantes en el gobierno del Estado la realización de la política educacional.

En una sociedad democrática la legislación tiene que organizar la enseñanza sin perder de vista que es por mandato y delegación de la comunidad y a su servicio, que hay que crear y mantener un eficiente sistema educativo.

En su gran libro «Educación popular», Sarmiento proponía allá por el año 1849, un sistema de contribuciones («impuestos»), destinadas directamente al sostén de las escuelas. «Si el objeto a que se destina es inmediato y popular, el pueblo, lejos de negarse a proveer lo satisface con holgura»… «Este sistema deja expedita la acción de los contribuyentes para extender la educación de sus propios hijos y la de sus allegados a más del ‘mínimum’ prescripto».

Muchos estadistas nuestros compartieron ese enfoque comunitario de la educación. Leyes provinciales y la nacional 1420 crearon consejos escolares para asegurar la participación de los vecinos en la tarea de respaldar a la enseñanza pública.

Pero esas legislaciones y hasta esas ideas sufrieron las vicisitudes del advenimiento de tendencias menos democráticas.

Actualmente se procura recomponer la participación comunitaria. Para la escuela primaria, con el resurgimiento de los consejos escolares. En la secundaria, se trata de intensificar la relación del colegio y sus profesores con los padres de los alumnos, y se alienta a los discípulos a colaborar con los centros estudiantiles. En las universidades, estudiantes y egresados volverán a ser parte del. gobierno de las facultades, uno de los principios de la Reforma Universitaria puesta en vigencia en 1918.

Su organización institucional
Impulsados por su instinto social los hombres se organizan en torno de «ideas». Cuando los que comparten una idea se deciden a darle vigencia y permanencia, lo que hacen es institucionalizarla, hacerla «Institución». La escuela es una idea. Veamos cómo se ha institucionalizado entre nosotros.
La acción educadora sistemática está organizada en ciclos que corresponden a las edades del educando. Para la infancia es el «jardín de infantes»; para la niñez, la escuela primaria; para la adolescencia, la educación media; para la juventud, la enseñanza superior.

Con el fin de adecuar la tarea educativa a esos niveles, se dictan los «planes de enseñanza». Un plan de enseñanza está destinado a orientarla, fijando sus objetivos generales y organizando el régimen gradual de asignaturas cuya aprobación permite la promoción de los alumnos y el otorgamiento del certificado correspondiente.

Es función del Estado, y la Constitución Nacional responsabiliza al Parlamento cuando entre los deberes del Congreso incluye el de «proveer lo conducente á la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias y al progreso de la» ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria» (Art. 67, inc. 16).

La Constitución Nacional establece también que cada provincia debe asegurar la organización de la enseñanza primaria en la respectiva constitución provincial. Vale decir que en nuestro sistema federal la educación común está entre los «poderes concurrentes» de Nación y provincias, por lo que se ha procurado siempre mantener coordinación entre la acción del gobierno central y los gobiernos locales en ese aspecto.

En la enseñanza media prevalece históricamente la imagen del «colegio nacional». Así se acostumbra llamar al bachillerato, que se organizó en la Capital y algunas provincias tomando como base el «Colegio Nacional de Buenos Aires», inmortalizado por Miguel Cané en «Juvenilia».

Pero modernamente las instituciones de nivel medio han adquirí do una importante aunque no suficiente diversidad. El bachillerato se desglosa en «común», «con orientación agraria», «con orientación docente», etc.

Por otra parte ya son también clásicas y están en expansión las escuelas comerciales y técnicas.

Las provincias y municipios tienden a participar en la acción educativa en este nivel, procurando llegar a convenios entre sí y con el gobierno central para el reconocimiento de los estudios y las respectivas «equivalencias». Esto es necesario para que los estudiantes puedan con tinuar sus carreras en caso de traslado familiar y para que sus títulos mantengan su carácter preuniversitario.

La universidad mantiene casi exclusivamente su carácter «nacional», ya que la sostiene y reconoce el gobierno central. Lo histórico en este nivel es el principio de la «autonomía universitaria», principio que significa que esos establecimientos se dan su propia organización institucional.

Además de las escuelas y universidades creadas por el gobierno, existen las «privadas», las que pueden ser establecidas por personas e instituciones particulares. Para ellas también existe un régimen de reconocimiento de cursos y aportes económicos.

En este punto conviene recordar que cuando decimos «Estado», nos referimos a la institución máxima de la sociedad, en el sentido de que abarca y protege a todas las demás de una Nación.

Al comenzar aclaramos que una institución es una idea a cuya realización concurren los que la comparten. El Estado puede definirse como el conjunto de fa milias que vive en territorio propio y se da un gobierno común. Así es como el Estado tiene tres elementos: pueblo, territorio y gobierno. Por lo tanto, no hay que confundir «Estado» y «Gobierno», ya que éste es sólo una parte de aquél.

A su vez el gobierno se reparte en tres ramas o poderes. El Legislativo hace la ley, el Judicial la interpreta y aplica a los casos particulares y el Ejecutivo (que en realidad debiera llamarse «ejecutivo de la ley»y la pone en ejercicio en general.

El Poder Ejecutivo argentino es «unipersonal». Esto significa que lo ejerce el Presidente en el gobierno central y el Gobernador en cada provincia. Pero éstos designan «ministros» para que lo ayuden como «secretarios de estado». Por eso en la Nación y provincias existen los respectivos «Ministerios de Educación» (aunque las denominaciones cambien un poco).

Las escuelas, desde el punto de vista administrativo, son entidades dependientes de alguna repartición: el Consejo (Nacional o Provincial) de Educación, por ejemplo, a su vez relacionado con el Ministerio respectivo. Pueden depender también de otro sector, como la Municipalidad. Esos organismos se mantienen vinculados con el Ministerio de Educación de la Nación a través de un Consejo Federal, integrado con los representantes de los gobiernos provinciales.

Esas reparticiones designan a los supervisores y a los directivos, docentes y demás colaboradores de cada establecimiento escolar, de acuerdo con las disposiciones de los respectivos estatutos (por ejemplo, el Estatuto del Docente Nacional, Ley 14.473).

El Director de la escuela es el «ejecutivo» de la misma. Interpreta y pene en aplicación las normas dictadas por los organismos superiores, las aplica para orientar la tarea docente y, por encima de todo, lograr el desarroDo eficiente de la vida escolar.

El maestro y el profesor se guían por las directivas y los programas para desarrollar su labor profesional. Para ello cuentan con la preparación en cuanto a conocimientos y práctica metodológica. Los docentes son los que realizan la tarea educativa en su aspecto principal y más delicado: el proceso enseñanza-aprendizaje.

En la relación educador-educando el docente procura orientar la actividad participante del alumno, para que éste logre el conocimiento, en lo posible, por descubrimiento y experiencia personal. Y la enseñanza se gradúa, precisamente, para adecuarla a la evolución creciente de los escolares y estudiantes.

Disciplina y autodisciplina
La disciplina es el orden que requieren la vida comunitaria, el trabajo y el estudio. La palabra «discípulo» es afín a «disciplina», lo que evidencia lo importante que es ésta en la escuela y en cada aula.

Antiguamente predominaba la disciplina impuesta casi como un fin en sí misma, y basada en el temor a los castigos, incluso corporales. Resultaba así algo «externo» a cada uno. La evolución de las ciencias de la educación ha hecho cambiar radicalmente ese enfoque.

Hoy se procura que el alumno desarrolle su propia capacidad de conducción al mismo tiempo que las demás condiciones personales. Por ello se va produciendo un ajuste cada vez más preciso de los objetivos o «conductas deseables» que orientan a la labor escolar según las etapas de crecimiento y maduración de los alumnos.

Entre esas conductas no figuran la sumisión, el temor, ni el conformismo. Por el contrario, se procura que mediante el interés, la participación y la experiencia, cada uno descubra y se incorpore espontáneamente al tipo de actuación que lo hace más eficiente y valioso individual y socialmente.
Esto prepara al educando en el autocontrol físico, psíquico y moral que es indispensable en la vida en sociedad (autodisciplina). Y es precisamente la sociedad democrática aquella en que sus componentes asumen voluntariamente sus responsabilidades y eligen libremente su tipo de participación en la vida del grupo.

Autoridad y autoritarismo

Autoridad es el atributo de quien ejerce un poder legítimo. Al maestro y a quienes cumplen la función directiva en la escuela, la sociedad les ha confiado un rol investido de autoridad. Esa autoridad les es reconocida por sus alumnos en una relación que tiene mucho más de «respeto» que de acatamiento sumiso.

La escuela moderna tiende a una disciplina participativa, donde el educando tome conciencia de que la autoridad del educador es inherente a su condición de guía. La tarea escolar se encauza así en un marco de espontánea y cordial cooperación. Aun en el caso de los «indisciplinados» se procura su incorporación a ese marco de conducta, no separándolos del grupo, sino en los casos gravísimos.

El autoritarismo es el sistema en el que el poder se ejerce con exceso y requiere ser acatado por el miedo y la humillación. No es el que corresponde al ámbito educativo donde se preparan los «ciudadanos de una república».

Relaciones de la escuela con la comunidad y la familia

El interés de las familias por la educación de sus hijos es paralelo al de la comunidad, que desea la capacitación de todos sus integrantes. Ese interés converge en la escuela, que es el centro vital de los esfuerzos educativos de la sociedad.

Por eso la escuela no es una institución cerrada. Por el contrario, mantiene constante relación con las familias y las instituciones comunitarias.

La relación entre la familia y la escuela se realiza principalmente por los contactos entre los padres y los maestros. De ese modo, los edu cadores se sienten apoyados en su labor, conocen más a sus alumnos y pueden evaluar mejor los resultados que van obteniendo. Por su par te, los padres están así más orientados y encuentran alivio en su preocupación por la evolución de sus hijos, porque pueden comprenderlos más ampliamente en su desarrollo psicofísico, y hallan modos concretos de ayudarlos en sus esfuerzos e inquietudes.

También la escuela mantiene un contacto permanente con la comunidad. Ésta es la que crea y sostiene a los establecimientos educativos. Por eso los organismos oficiales que dirigen la enseñanza son por lo general cuerpos colegiados, en los que está representada. La participación del vecindario se manifiesta también en la cada vez más importante acción municipal. Y son muchas las instituciones privadas que fundan escuelas, colegios y cursos superiores.

Las transformaciones socioeconómicas y tecnológicas de la vida actual hacen indispensable la permeabilidad de la educación pública hacia los cambios. Y estos contactos permanentes con la comunidad son un cauce adecuado para que la enseñanza resulte acorde con esos progresos.

La colaboración familia-escuela-comunidad es en beneficio de todos. La sociedad progresará así en su conjunto. Pero no hay que perder de vista que es a través del desarrollo personal de cada alumno, que se hacen realidad los fines ideales de la educación.

Problemas de la escuela

En los últimos tiempos las aspiraciones de la comunidad y de los educadores acerca del progreso de la escuela han tenido un escollo: la escasez de recursos económicos destinados al rubro «Educación» en el presupuesto nacional. Dicho presupuesto en los últimos años no alcanzó al 10 % , cuando los estudios técnicos aconsejan el 25 % .

Por algo Sarmiento dedicó el primer capítulo de su obra «Educación popular» a elaborar un plan de financiación autónoma y permanente de la educación pública.

El adelanto de los métodos, procedimientos y recursos educativos es muy grande entre nosotros, pero en teoría. Falta la posibilidad «material» de su cumplimiento. Esto, lamentablemente, incide para que existan muchos problemas.

Pueden enumerarse como principales:

• Falta de presupuesto suficiente.

• Casi 10 % de analfabetismo y 42 % de semialfabetismo o analfabetismo por desuso. No debemos perder de vista la gravedad de estos índices y la necesidad de reducirlos sustancialmente.

• Deserción escolar de alrededor del 50 % , dato que resulta de comparar el número de los que ingresan en un año determinado y los que egresan del nivel primario, siete años más tarde. No sólo se quiebra el principio de la obligatoriedad escolar, sino que se prepara un triste porvenir para mucha gente.

• Deserción y «repitiencia» excesivas en la enseñanza media, en la que falta una mayor orientación vocacional y diversificación de opciones.

• Desaprovechamiento del progreso científico y tecnológico de la época.

• Insuficiencia de las universidades para dar cabida a numerosos aspirantes.

• Éxodo de técnicos y científicos.

• Deterioro de la estructura edilicia escolar en diversas zonas del
país.

A pesar de esos problemas, la escuela argentina sigue bregando por cumplir dignamente su cometido. En este sentido es de destacar el esfuerzo de docentes, padres y alumnos.

La Asociación Cooperadora

La «Cooperadora» es una asociación que integran y dirigen los padres, tutores o encargados de los alumnos, para colaborar con la escuela. Forma parte de las más antiguas y nobles tradiciones de nuestra comunidad. Cada vez más se evidencia la necesidad e importancia de su cooperación, que en la actualidad ofrece múltiples aspectos y actividades.

El Director de cada establecimiento es, reglamentariamente, el asesor natural de su Asociación Cooperadora.

Los socios, que son los padres de los alumnos, el personal de la escuela y quien quiera contribuir, aportan sumas mensuales para formar el fondo con el que se llevan a cabo las iniciativas. En asamblea eligen de entre ellos la comisión directiva y aprueban los proyectos y las cuentas.

Además de contribuir con elementos de trabajo, ropas, alimentos, etcétera, las Cooperadoras participan en la vida escolar, especialmente en la coordinación con la comunidad, en los actos patrióticos y de extensión cultural.

Es por intermedio de estas modestas y silenciosas entidades que la gente viene «completando lo que falta» en los presupuestos educativos del Estado.

Fuente Consultada:
Educación Cívica 1ºAño Delfino-Gonzalez-Tejerina – Editorial Plus Ultra – Tema Tratado: La Escuela

LECTURA COMPLEMENTARIA:

La sociedad y la educación también mantienen estrechas relaciones y el sistema educativo responde a la manera como son entendidas estas relaciones. Hasta no hace muchos años, el sistema educativo se proponía la construcción de un modelo de sociedad o un «proyecto nacional» por el que la escuela tenía como función consolidar el Estado nacional y la vigencia de un orden político democrático que debía garantizar que todos los habitantes accedieran a los mismos conocimientos. Para ello, la escuela se dirigía a un «alumno medio» e incitaba la memorización de datos y la aplicación mecánica de conceptos.

El objetivo de la escuela ha sido homogeneizar a la población alrededor de ciertos valores básicos y ciertos códigos comunes con el propósito de formar a los ciudadanos. Para lograrlo, el sistema organizó una escuela primaria obligatoria e igual para todos. Una escuela media, que ofrecía alternativas diferentes, pero que tenía como meta fundamental la preparación para la universidad, aspiración de todos los estudiantes.

En este modelo se rechazaban los intentos de impartir conocimientos diferentes dentro del sistema, porque se entendía que de esta manera podría marginarse a ciertos sectores sociales del acceso a los conocimientos socialmente significativos.

El sistema se expandió de los sectores medios de la población a los sectores populares, se logró, en cierta medida, la meta de que la escuela fuera para todos. Sin embargo, no se pudieron obtener niveles altos ; homogéneos de calidad en la educación de todos los ciudadanos. Aparecieron dentro del sistema educativo mecanismos por medio de los cuales no todos accedían a la misma cantidad y calidad de conocimientos, y no se lograba la pretendida «homogeneidad». Los resultados obtenidos no eran iguales en todas las escuelas y en los sectores populares, sobre todo, se producían aprendizajes de baja calidad. Se empezaba a confirmar que una oferta educativa igualitaria en una sociedad en la cual existían profundas diferencias no producía resultados homogéneos.

El debate en educación planteó el conflicto entre homogeneidad, que lleva implícita la idea de igualdad, y diferenciación o diversidad.

Un estudioso de la educación, Germán Rama, decía que, presionados por esta búsqueda de homogeneidad, no se ha podido «apreciar adecuadamente ni las diferencias individuales, que deparan mayor o menor capacidad para aprender o interesarse por ciertos conocimientos, ni las urgencias de ciertos sectores de la sociedad de adquirir conocimientos prácticos para ingresar al mercado de trabajo.»

Hay que admitir que la homogeneidad buscada trajo consigo la heterogeneidad en los resultados. Tal vez, para obtener resultados más homogéneos habría que actuar de manera contraria, es decir, proponiendo procesos de formación diversos y adecuados a los distintos contextos sociales. La escuela homogénea no colaboró, como se esperaba, para alcanzar la igualdad social. Altos porcentajes de población siguen viviendo, en toda América latina, en condiciones de extrema pobreza.

La respuesta del sistema educativo ha sido plantear la necesidad de establecer un acuerdo global, es decir, un consenso educativo nacional, que parta de una estrategia de desarrollo que permita la transformación productiva y la equidad social.

Distintos caminos se pueden seguir para lograr este consenso educativo, que es regional, es decir, para toda América latina.

En la Argentina se optó por el debate y la sanción de la Ley Federal de Educación, (ley 24.195) que pretende no sólo avanzar en educación sino que apunta a elaborar un proyecto de transformación viable de la sociedad. Calidad de educación e igualdad de oportunidades son los pilares en los que se sustenta este proyecto.

Aumentar la descentralización y dar una mayor autonomía a los establecimientos educativos son puntos claves en la propuesta de la ley sobre organización y gestión, coincidente con las líneas implementadas en los demás países de América latina. Descentralizar no significa que la administración central haya perdido sus funciones sino que debe ocuparse de la medición de los resultados, de la eventual ejecución de programas de compensación educativa y extraeducativa, de la formación y capacitación de los docentes de la red nacional, dejando que las unidades locales sean autónomas, es decir, tengan capacidad para hacerse cargo de grados crecientes de responsabilidad por los resultados de sus acciones.

En las escuelas existe una serie de características institucionales, como la historia de la escuela, las características de personalidad del director, las mayores o menores responsabilidades de docentes y padres, la adecuación de los métodos a las necesidades, que explican, en parte, la diferencia en los logros educativos obtenidos en cada una de ellas. En este sentido, se espera obtener mejores resultados cuando cada unidad escolar tenga mayor autonomía para establecer su propio proyecto pedagógico, cuando pueda estimular la identidad de la institución, cuando el equipo escolar en pleno sea más responsable de los resultados.

Si todas las decisiones están en manos de «la cúpula» y sólo queda en manos de la escuela la ejecución de lo decidido en una instancia superior, estando, además, reguladas la mayoría de las acciones, el trabajo de los docentes pierde valor y no se favorece la tarea en equipo ni la satisfacción en el trabajo.

Fuente: Educación Cívica 2 – Editorial Santillana – Secundaria – Casullo, Bordone, Hirschmann y Otros –

Historia del Teatro Universal desde su Origen Resumen

Resumen de la Historia del Teatro Universal

ORÍGENES DE TEATRO: El teatro es una representación animada por actores —cualquiera sea el género o argumento escrito por el autor—, en un edificio destinado a este fin; esto se ha venido haciendo en sus distintas modalidades, desde la más remota antigüedad. Así como los niños gustan ser actores improvisados cuando practican ciertos juegos, al hombre le agrada dejarse llevar en alas de la fantasía, otorgando así a la vida una proyección que la actividad diaria suele negarle.

El instintivo sentido de recitación, de la representación mediante gestos y palabras, de una realidad que a veces no es la propia, empujó al hombre primitivo, desde la edad paleolítica, a usar máscaras y disfraces para declamar vulgares salmodias, desenvolver sus danzas y esbozos de diálogos, celebrando acontecimientos de la tribu: la partida para la caza, la recolección de la cosecha, el paso de la juventud a la edad adulta, los ritos fúnebres, etc. En estas rudimentarias manifestaciones, como en muchas otras de los pueblos primitivas que subsisten en nuestros días, no podemos hablar de «teatro», no tanto por la rusticidad de su representación, carente de argumento, cuanto por el espíritu con que se llevaban a cabo.

Estos espectáculos son más bien ceremonias religiosas, en las que el hombre no se empeña mucho por despertar el interés de sus semejantes, sino el de la divinidad. Al ponerse la máscara, no cree sólo que se ha disfrazado, sino que, ingenuamente, piensa que la divinidad a la que pertenece el disfraz, ha entrado en él. Esto es fácil de comprobar por los ritos de ciertos pueblos de hoy día; esta identificación del actor con la divinidad va desapareciendo poco a poco; el actor sabe que está representando un papel, y el público se persuade de que no tiene ante sí a un dios, sino a un actor caracterizado de tal.

Este nuevo concepto de la escenificación la hizo más compleja; se presentaron episodios enteros relacionados con la mítica vida del dios, enriqueciéndola con diálogos y recitados. Las representaciones eran todas de argumentos religiosos, raramente de carácter profano o humorístico, asemejándose más a lo que nosotros entendemos por teatro.

historia del teatro

Los egipcios, desde el tercer milenio a. de J. C, representaban espectáculos sagrados en ocasión de las festividadesde Osiris; he aquí un rey y un sacerdote que llevan máscaras de halcón paa representar al dios Horus. Las representaciones  de los pueblos primitivos no son verdadero teatro  pero tienen una significación mágica y religiosa común a todas las antiguas sociedades del mundo.

En el antiguo Egipto (tercer milenio antes de Cristo), ya existían expresiones más evolucionadas de este género; se efectuaban en los templos, estaban estrechamente ligadas a las celebraciones de los ritos secretos, y sus argumentos eran escritos especialmente para tales ocasiones.

El teatro clásico, del que somos herederos, nació en Grecia en el siglo V a. de J. C. Como en otros pueblos, aquí también fue precedido por ceremonias análogas a las ya descriptas, que se celebraban en honor de Dionisio, dios de la fertilidad. En estas fiestras campestres participaban bacantes y sátiros disfrazados con pieles y cuernos. Pronto tuvo gran importancia el ditirambo, invocación versificada en honor del dios; tomó tal impulso que necesitaron dos corifeos que dialogaban entre sí, dos coros que comentaban cantando, y un tercer personaje que representaba al dios.

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Reconstrucción de un teatro ateniense. La escena se desarrollaba siempre al aire libre y empezaba por la mañana. El idificio se .construía de modo que fuese posible aprovechar la pendiente de las colinas. La orquesta, disimulada bajo una tarima, acomvañaba al coro y a las danzas.

De esta representación coral, que mantuvo, en los primeros tiempos, los mismos argumentos religiosos, derivó el género teatral más importante: la tragedia, que floreció en Atenas en el siglo v a. de J. C.

En ese siglo encontramos autores como Esquilo, cuyas obras denotan un profundo sentimiento religioso, y sófocles, que analizó los problemas morales ahondando en la vida del hombre y dando mayor naturalidad al lenguaje de la tragedia. Nació así la comedia, género teatral profano y realista, que llevó a escena, para censurarlos, los vicios más ocultos de la vida ciudadana.

Tragedias y comedias se representaban durante las fiestas dionisíacas que se celebraban cuatro veces al año; las tragedias, especialmente, se consideraban parte integrante de los festejos religiosos; el público permanecía, pues, todo el día en el teatro. La representación comprendía tres tragegias, un drama satírico, y una comedia breve. Los sacerdotes de Dionisio y los magistrados asistían a la representación inaugural.

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Para ser gratos al dios Dionisio, sus  fieles imitaban a los sátiros, los faunos y las ninfas que le habían acompañado en sus incursiones campestres

La tragedia gozó, por mucho tiempo, de los máximos honores; desde Sófocles hasta el gran Aristóteles, se escribieron numerosos tratados acerca de las normas a que debían ajustarse.

Se realizaban concursos, y las obras teatrales eran siempre elegidas después de una cuidadosa selección. Al finalizar la temporada teatral, el autor de la mejor obra era premiado.

Los atenienses amaron profundamente el teatro, no sólo por el deleite que les proporcionaba (y que buscaron preferentemente en la comedia), sino por el valor educativo que inspiraban los argumentos desarrollados. Esto explica que las mujeres y los niños pudieran asistir a estos espectáculos (las mujeres, en Atenas, llevaban una vida casi exclusivamente de hogar).

El Estado otorgaba un subsidio a los autores y a los actores, y disponía que se diera a los pobres los dos óbolos exigidos a la entrada. Pero la mayor parte de los gastos que ocasionaban estos espectáculos eran solventados por el corego; éste era elegido, por turno, entre los ciudadanos más ricos de Atenas, y debía organizar, vestir e instruir a su costa, un grupo coreográfico, empresa que consideraba un alto honor y en la que no escatimaba sus dotes ni su dinero.

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Actor trágico con máscara y coturnos. Sobre el fondo del escenario, el telón, con sus columnas, sugiere un palacio. Del mecanismo Usado en el teatro por los griegos conocemos el enchicléma, plataforma móvil, que se adelantaba sobre el escenario para mostrar lo que sucedía en el interior de una casa (por ejemplo un asesinato).

Los actores gozaban de gran estima; eran tres en las comedias; cuando la obra requería más personajes, ellos mismos, multiplicando sus caracterizaciones, desempeñaban estos nuevos papeles.

A partir del siglo IV, los espectáculos ya no estaban tan ligados al culto dionisíaco; en Sicilia. Macedonia. Tesalia y Egipto, donde el teatro griego se había difundido, prevalecía la costumbre de festejar los sucesos ciudadanos de cierta importancia, con una representación teatral. Con Eurípides, el último gran trágico griego, la tragedia ya no tiene, como hemos dicho anteriormente, valor religioso. En cuanto a la comedia, después de Aristófanes, pierde el áspero acento satírico, y utiliza cada vez más el argumento vulgar.

Sin tener acceso al teatro, conformándose con aparecer en los espectáculos populares de las plazas, fue difundiéndose una especie de farsa grotesca, entremezclada con danzas y juegos, en la que se representaban escenas de costumbres. Tuvo en Roma un éxito mayor aún que en Grecia.

Las representaciones en Grecia empezaban muy temprano, de aquí que el público se dirigiese al teatro a la salida del sol. El precio de la entrada era de dos óbolos, pero ya en tiempos de Pericles (siglo V a. de C.) a los pobres se les pagaba la entrada con cargo a los fondos públicos. Los considerables gastos que suponían las representaciones eran subvencionados por ciudadanos ricos. En un principio las representaciones se llevaban a cabo por un solo actor -a menudo el propio autor- y un coro, dirigidos por el corega. En la época de Esquilo los actores pasarían a ser dos: el protagonista y el antagonista. A veces, el mis mo actor se veía obligado a interpre tar más de un papel, lo que nos hace suponer que el público griego estaba dotado de un poder de imaginación mucho mayor que el de hoy. El teatro romano, imitador en todo del teatro griego, no tuvo, aquél, para sostenerlo y vivificarlo, ni la fe colectiva ni el ardor cívico de to do un pueblo. Sin duda, los juegos los grandes juegos romanos, en oca sión de los cuales se daban represen taciones teatrales, estaban revestidos de una gran pompa y se preciaban de tener disoes patrones.

Del teatro como expresión de un rito se llega al teatro como pasatiempo; el actor, al igual que el titiritero y el gladiador, debe divertir a un público de menor cultura, deseoso de novedad. Por otra parte, todo lo que provenía de Grecia gustaba en la Roma de los césares. Así nació una literatura teatral que rehacía los temas griegos, eligiendo aquéllos que se adaptaban al espíritu latino y a las costumbres de este pueblo.

Roma toma el teatro griego cuando los grandes géneros de la tragedia y la comedia estaban en decadencia; empero, el espíritu práctico romano pareció no comprender el alto significado religioso y moral de las obras griegas de la edad clásica.

Antes que Livio Andrónico, liberto de origen griego, tradujese al latín e introdujese, en los teatros romanos, algunas tragedias y comedias griegas (en 240 a. de J. C), en Roma se representaba casi exclusivamente un género primitivo de espectáculo cómico, que había sido introducido por actores romanos y etruscos; era la atellana, originaria de la ciudad de Atella, Italia; era una mezcla de alta comedia y de parodia, en la que los actores caracterizaban a personajes de psicología diversa, en base a metáforas.

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Reconstrucción de un teatro romano que pone claramente de manifiesto, por su-imponencia, la fuente griega en que se inspiraron sus diseñadores.

Asimismo, en Roma, con Eísnios, Accio y Pacubio, floreció la tragedia praetextae, escrita sobre tomas nacionales, y que no obtuvo gran éxito; junto a ella seguía subsistiendo el género de las palliatae, cuyo argumento se inspiraba en la tragedia griega.

En esta época, la afición prevaleciente del público romano orientó al teatro hacia el género cómico, los espectáculos brillantes y la comedia. Los espectáculos circenses tomaron auge, y eclipsaron muy pronto las últimas manifestaciones de la tragedia romana. Las representaciones correspondientes a este género no van más allá del siglo de Augusto.

Recordemos que los romanos buscaban en el teatro la diversión, y no principalmente un fin educativo. El teatro hubo de seguir las formas que el gusto popular aplaudía, como ocurrió en las obras de Plauto o en las más delicadas de Terencio; lo lamentable es que por ello cayera a veces en trivialidades.

Los edificios para las representaciones se construyeron en época relativamente tardía, aún cuando el primer teatro que Roma poseyó data del año 55 a. de J. C, y fue construido bajo Pompeyo.

Los teatros romanos se inspiraron en los griegos: eran inmensas construcciones que podían dar cabida a 50.000 espectadores. La distribución, el decorado, el lugar reservado para el coro, se adaptaban a las necesidades del arte teatral de la época. Había incluso un complicado mecanismo que permitía la aparición en escena y el traslado de los dioses, cuando el argumento lo requería; estas intervenciones podían ser acompañadas por truenos u otros ruidos que expresaran la cólera de los dioses, para lo cual se disponía de cilindros de bronce que se llenaban de piedras y eran accionados por un mecanismo especial.

Los romanos tenían poca estima por el género teatral, y los actores eran despreciados, considerándose su profesión indigna de hombres libres. Durante la lenta y progresiva decadencia del Imperio Romano, el teatro fue corrompiéndose y no debe asombrarnos que la Iglesia naciente condenara todo tipo de espectáculo, prohibiendo a los fieles asistir a las representaciones. Lo que se censuraba era ese género de teatro, y no el teatro en sí que verá renacer la alta Edad Media, en el atrio de las iglesias.

En cierto sentido el teatro volvió a ser ritual, y tuvo nuevamente un carácter religioso y educativo. Se iniciaba el gran ciclo: primero el teatro sacro de la edad primigenia de la historia, luego el teatro solemne que exalta la actividad del hombre como ente moral, luego la farsa y la diversión sin más.

Orfeo: el amor y la música: Una de las más bellas leyendas de la mitología clásica es, sin duda, la del músico tracio Orfeo, a quien se ie atribuye el invento de la lira. Casado con la ninfa Eurídice, tuvo que soportar su pérdida, ya que ésta, al ser mordida por una víbora, murió y descendió al Infierno. Pero Orfeo no se resignó: fue en su busca y consiguió de los dioses el privilegio de poder retornar con ella al mundo de los vivos, con la condición de no volver la vista atrás antes de que ambos amantes hubiesen abandonado el recinto infernal. Concluido casi el retorno, el joven tracio, que ya había alcanzado la luz, no pudo resistir el deseo de contemplar el rostro de Eurídice y se volvió. Pero la ninfa, que todavía no había abandonado el Infierno, se desvaneció ante la mirada impotente de Orfeo, quien desde entonces se dedicó a vagar sin rumbo, acompañando su dolorida existencia con los sones de su lira, hasta que fue fulminado por un rayo de Zeus, o, según otra versión, despedazado por las terribles Ménades. Su leyenda dio origen a toda una cosmogonía o explicación mítica de los orígenes del mundo y la implantación de ritos iniciáticos (orfismo). Su presencia en las artes ha sido continua, sobre todo en el terreno musical y en el teatro, destacando en este último campo la obra Orfeo (1927), del escritor francés Jean Cocteau.

EDAD MEDIA: El mundo antiguo no legó al mundo medieval ninguna forma dramática viva. Al perderse en Roma el arte teatral, en medio de los aparatosos juegos del circo, será la Iglesia quien devuelva al teatro vida y sentido nuevos, hasta que el pueblo arrastre hasta él, lejos del altar, al nuevo drama. El primer espectáculo escrito y representado por entero fuera de la Iglesia se montó hacia mediados del siglo XII.

La liturgia dio a luz el drama, como antaño el mito de Orfeo lo hiciera con la tragedia. Con un intervalo de dieciocho siglos, el teatro renace y conoce las mismas fases: coros que celebran el nacimiento de un dios, actores que se van destacando del grupo, y personalizándose, para representar la historia divina hasta que, poco a poco, vuelvan a representar la historia del hombre.

Esta forma teatral iría perfeccionándose durante los siglos XII, XIII y XIV, hasta florecer en el siglo XV. El tema del misterio es siempre un tema religioso, penetrado de profundidad mística, pero que contiene al mismo tiempo pintorescas escenas de violenta comicidad. Se trata de espectáculos que duraban varios días. Es un teatro que probablemente nació en los tiem-;  pos de la clandestinidad del cristianismo y se desarrolló en una época de crisis profunda, debatiéndose entre los restos de la mentalidad pagana que había dominado el Mediterráneo y la de los pueblos bárbaros, de tan diferente origen.

La Edad Media se vio obligada a salvar lo positivo de aquel mundo pagano y a preparar los cimientos de una nueva sociedad. La oscuridad que se atribuye a esta época -exagerándola, por cierto- se debe a esta mezcla de elementos y a la ingente labor que ofrecía su acoplamiento.

La Iglesia tuvo que enfrentarse a la tarea de completar lo que no había conseguido el Imperio Romano: mentalizar a los invasores bárbaros con una nueva idea de la existencia. Quizá por ello el teatro medieval, reflejo de su época, más que presentar hechos ordenados, los expone simplemente ante los ojos del espectador, se los hace ver. La idea de este nuevo teatro surge de la búsqueda de una nueva idea de sociedad, y también de una nueva lengua, ya que se hallan en formación todas las lenguas vulgares, procedentes del latín.

Los primeros documentos que se conservan de teatro medieval son franceses; se remontan al año 1100, y están escritos en dos lenguas alternadas: latín y francés vulgar. Las representaciones medievales reciben los nombres de milagros, misterios, y farsas, en el caso del teatro profano. Estos espectáculos se parecen en toda Europa, debido a una razón clara: la cristiandad.

La Iglesia ya cuenta, además de su poder espiritual, con el poder político, aunque aún no tiene una verdadera organización estatal. ¿Qué mejor prueba de ello que la estrecha conexión existente entre las formas dramáticas de las distintas naciones, por encima de sus caracteres idiomaticos?

Al alargarse la representación y exigir cada vez mayor número de personajes pierde intensidad, pero gana en espectáculo y, por lo tanto, en participación de la masa.

Conservamos pocos ejemplos de este tipo de teatro. Los más importantes son: el Auto de los Reyes Magos, en lengua castellana, misterio del ciclo de Navidad, de autor anónimo, compuesto a finales del XII o principios del XIII; Abraham e Isaac, del poeta florentino Feo Belcari (1410-i 484); y la famosa Farsa de Micer Pathelin, tipo cómico que enlaza con los antiguos personajes del teatro pagano.

El teatro medieval, aunque no produjo obras de mucho valor, sí sentó las bases del nuevo teatro, sin cuya evolución entre los siglos XVI y XVII no habría existido el drama moderno tal como hoy lo conocemos.

EDAD MODERNA: Desde principios del siglo XVI se abandonan definitivamente las formas de expresión de la Edad Media, aunque no sin resistencia, ya que –hecho único en Europa– la influencia del gótico francés no había hecho mella en el arte italiano. En primer lugar, Florencia, por razones del protagonismo social y político de los Médici, será quien elabore las formas de la nueva civilización. Así es como el teatro italiano da nacimiento a un estilo propio, que se ha perpetuado hasta nuestros días. El arte se integra en la vida pública.

La clase dominante impone a los artistas –generalmente, por medio del mecenazgo– temas y formas de expresión que reflejan la nueva ideología. Este teatro se ve poco a poco absorbido por un teatro aristocrático, con su lujo, su fasto y su pompa; y éste hará aparecer a finales del XVI el estilo barroco, que en su declive hará posible que los decorados, la música y el drama se unan para la creación de un nuevo género teatral -la ópera-, al tiempo que facilitará también la creación del melodrama. En El Príncipe, Maquiavelo, medio siglo antes de Montaigne y casi un siglo antes de Bacon, afirma su inclinación por el realismo, por esa realidad que marca quizá el paso de lo antiguo a lo nuevo del modo más patente.

Mientras se desarrolla este teatro de corte, con reminiscencias de los antiguos clásicos y que vive de la protección de los príncipes, la Commedia all’improviso -llamada más comúnmente Commedia dell’ Arte– no cesa de multiplicarse y perfeccionarse, con gran protagonismo de los actores cómicos (zanni), supervivientes de los latinos, que actúan en compañías ambulantes, de una ciudad a otra. El inmenso éxito popular de esta comedia del arte no deja de llamar la atención de los príncipes y de la gente culta. La juventud, entusiasta, forma grupos de dilettanti (aficionados) en favor de esta forma de teatro. Así, desde la calle llega a los palacios, donde se perfecciona y se enriquece.

Todas las posibilidades del juego escénico, dominadas por la libertad y el genio del actor, están aquí permitidas. Se trata de una manera de actuar en la que predomina la improvisación. La comedia del arte devolvió su valor al espectáculo; una concepción plástica del teatro exigía del actor todas las formas de interpretación: creación de sentimientos y de pensamientos por medio de la mímica, de la danza, de la acrobacia incluso, al igual que sucede con las tendencias imperantes de nuevo hoy. Por otro lado, este teatro se desenvuelve en una época en que las luchas religiosas son sangrientas.

El Humanismo contribuirá, por su parte, a la creación de tendencias literarias que abren un abismo entre los eruditos y la masa, todavía inculta. La corte y los nobles frecuentarán cada vez menos los espectáculos populares, acentuando la diferencia, cada vez mayor, entre el pueblo y las clases elevadas, las cuales , por necesidad y por interés, harán causa común con la cultura.

La invención de la imprenta permitirá difundir los intercambios intelectuales ya existentes, y el descubrimiento de América por los españoles conferirá a estos conocimientos un carácter universa!.

La fantasía española se impondrá en este tipo de teatro, principalmente a partir de 1502, a través de las múltiples ediciones de la famosa Celestina. Así, podremos decir que la influencia italiana por la técnica y la española por la imaginación –donde los temas del amor y la fatalidad imponen su violencia– entran a saco en el teatro ilustrado, haciendo olvidar un poco a los antiguos clásicos, mientras el pueblo y la mayor parte de la burguesía mantienen su inclinación hacia la palabra brillante e incluso grosera, hacia la mascarada, los chistes y la farsa. Se trata de una época en que los caracteres de la comedia y tragedia modernas descubrirán su esencia.

De modo que si el siglo XVI no ha dejado, en suma, una obra dramática particularmente notable, sí ha preparado, en sus diversas y vivas experiencias, todo lo que iba a permitir al teatro posterior perfeccionarse y expresarse plenamente.

Calisto y Melibea:

Calisto.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

Melibea – ¿En qué, Calisto? calisto – En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mi inmérito tanta merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar yo tengo a Dios ofrecido. ¿Quién vio en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como ahora el mío? Por cierto, los gloriosos Santos, que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo ahora en el acatamiento tuyo. Mas, ¡oh triste!, que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventuranza, y yo, mixto, me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar.

Melibea.— ¿Por gran premio tienes éste, Calisto?

Calisto – Téngolo por tanto, en verdad, que si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.

Melibea- Pues aún más igual galardón te daré yo, si perseveras. calisto- ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!

Melibea.- Más desventuradas de que me acabes de oír. Porque la paga será tan fiera cual merece tu loco atrevimiento.Y el intento de tus palabras ha sido como de ingenio de tal hombre como tú, haber de salir para se perder en la virtud de tal mujer como yo. ¡Vete, vete de ahí, torpe! Que no puede mi paciencia tolerar que haya subido en corazón humano conmigo el ilícito amor comunicar su deleite. calisto – Iré como aquél contra quien solamente la adversa fortuna pone su estudio con odio cruel…

(Fernando de Rojas: Tragicomedia de Calisto y Melibea)

SIGLO DE ORO: El período isabelino, en Inglaterra, ilustra una de las épocas más grandiosas de la historia del teatro. El genio de Shakespeare, en el que toda la humanidad consigue verse reflejada, todavía hoy alcanza unas cotas que jamás fueron superadas. La apasionada vida de la época era demasiado fuerte para que el pueblo no pidiese verse representado en los escenarios.

Todo un mundo político y social agoniza en su moral, y la nueva sociedad que nace se vale del realismo político para alcanzar sus metas, lo que en el teatro se convertirá en grandiosas tragedias de expresión múltiple y exaltadora, en las cuales un personaje de voluntad desmesurada será el héroe que rompa todos los obstáculos, que viva una vida intensa, aparentemente liberado por su violencia, su astucia y una aterradora crueldad.

La reina Isabel moderará las tendencias puritanas de su sociedad, manifestando su gusto personal por los espectáculos populares, como los combates de animales, las carreras, la caza y las representaciones teatrales que organiza en el teatro que ha hecho construir en la corte para su propio uso.

El isabelino es un teatro puramente nacional. Las influencias externas llegan muy atenuadas, exceptuando quizá la de la commedia dell’arte, que se manifiesta en el empleo del bufón (personaje medieval divertido). Los grandes dramaturgos de este período son, con William Shakespeare a la cabeza, Ben Jonson, Fletcher, Marlowe, Thomas Dekker, John Ford, Thomas Middleton… Todos estos nombres ilustres llenan lo que dura una simple vida humana, y para nuestro asombro es de ellos de quienes se habla al tratar del milagro isabelino.

A finales del siglo XV, el pueblo español, despertando a la conciencia de su genio nacional, permitirá al teatro un desarrollo igualmente decisivo. El Imperio español está en pleno auge. Tras la influencia italiana, la originalidad profunda y radiante del teatro español florece en obras gracias a las cuales el mundo entero llamará a esta centuria el Siglo de Oro, uno de los más gloriosos de la historia universal del teatro. Es un teatro obsesionado, como lo era el hombre de su época por la idea del honor. La Iglesia se halla, por su parte, en plena lucha con tra la herejía.

La todopoderosa Inquisición conseguirá suprimir toda libertad religiosa o política. Sin embargo,, renuncia a luchar contra el teatro, prefiriendo servirse de él en la medida de lo posible. Y lo hará, esencialmente, sugiriendo temas a los autores dramáticos, y censurándolos después.

El período heroico del teatro empieza realmente con el reinado de Felipe II, que verá el florecimiento de la poesía lírica y de la épica, y el esplendor de los grandes místicos, como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Los grandes nombres del teatro son: Miguel de Cervantesgenial novelista, y no tan grande como dramaturgo-, Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca, Juan Ruiz de Alarcón y, por supuesto, Lope de Vega.

De todas las artes, el teatro fue el que manifiestamente sirvió mejor a los fines de la política interior de Felipe IV. La reputación del fasto y el esplendor de una corte que todavía pretendía asombrar al mundo, y en la que se representaban tantas obras y comedias palaciegas, servía para enmascarar ante el pueblo la decadencia política y social de la monarquía de los Austrias, comenzada con guerras desgraciadas y tratados desastrosos que culminaron en el agotamiento de las arcas reales.

El teatro de toda esta época, amado por los reyes, por la aristocracia y por el pueblo, quiere ser, y lo consigue, eminentemente popular. Los dramaturgos viven profundamente su época, y la reflejan. Todos los historiadores están de acuerdo en que la aristocracia ocupa los altos cargos pero tiene poca influencia.

El rey, seguido por su pueblo, tiene toda la autoridad material, mientras que la Iglesia, que ha mantenido durante ocho siglos una encarnizada pugna contra el Islam, lucha ahora contra el protestantismo y posee toda la autoridad espiritual y moral, que impone por medio de la Inquisición. Se puede situar en el reinado de Carlos II, es decir, en los últimos años del Siglo de Oro, el fin, al menos en bloque, del gran genio dramático español, uno de los más grandes que hayan existido.

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Volpone, también conocida como El zorro (1605), es ina comedia en verso de Ben Jonson, uno de los grandes del teatro isabelino. Se desarrolla en la Venecla del siglo XV, y su personaje central es Volpone, quien, dueño de una gran fortuna y sin descendencia, se divierte a expensas de los que le quieren heredar.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Historia del Teatro –
El Teatro Por Dentro – Temas Claves – Colección AULA ABIERTA SALVAT Libro Nº40
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

El Sistema Educativo Argentino La Educación Primaria Siglo XX

El Sistema Educativo Argentino
La Educación Primaria – Siglo XX

La evolución de nuestro sistema educativo a lo largo del siglo XX, muestra características que evidencian la falta de una política educacional coherente y sistemática. Así, se han ido incorporando nuevas modalidades, carreras y especialidades por yuxtaposición, respondiendo, generalmente en forma tardía, a necesidades y exigencias de cada momento histórico; este proceso se concretó en la Universidad con la creación gradual de Facultades, carreras y especialidades y en la enseñanza media con la puesta en mar cha de nuevas modalidades y especializaciones.

El crecimiento cuantitativo del sistema educativo fue influenciado por similares factores y respondió, en general, a supuestas demandas de la sociedad, no siempre las más funcionales con los verdaderos requerimientos.

escuela primaria argentina

La mayor carencia de la política educacional de este siglo ha sido la de un proyecto nacional para la educación que respondiese a las exigencias inmediatas y mediatas de la época y se integrase en un proyecto global para el país. Evidentemente, es tos proyectos existieron en el siglo XIX, y su validez y eficacia están demostradas por el hecho de que para algunos sectores del sistema educativo aun poseen vigencia.

Ha sido un tremendo error de varias generaciones de nuestro siglo el asumir como modelo válido el proyecto nacional para la educación de nuestro antepasados del siglo XIX, cuando se habían modificado sustancialmente las circunstancias políticas, sociales y económicas que los habían generado.

Pareciera que en la Argentina la educación se está convirtiendo en un instrumento que, en lugar de ayudar a acabar con la heterogeneidad estructural de la sociedad, está contribuyendo a consolidarla, al crear una suerte de dualismo entre sectores con un alto nivel de educación, y sectores que escasamente tienen acceso a ella.

Por un lado, a pesar de que globalmente podemos gloriarnos de nuestras bajas tasas de analfabetismo, al menos en relación a otros países latinoamericanos, es poco menos que evidente que el gran objetivo de la alfabetización universal propuesto en el siglo pasado, dista mucho de ser alcanzado.

Un análisis por regiones muestra la gran disparidad entre los coeficientes correspondientes a Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba, y los que ostentan otras provincias del interior donde la situación puede resultar alarmante para cualquiera. Es cierto, que la tasa de analfabetismo puede llegar a distorsionar la realidad, ya que en su cálculo tiene una gran influencia la situación educacional de las generaciones viejas.

Pero cuando se observan los niveles de deserción en la escuela primaria,  se comprueba que la situación adquiere dimensiones que deben llamar seriamente a la reflexión. Según un informe reciente del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, el rendimiento definitivo del grupo que ingresa a primer grado es, en promedio, de apenas un 55%. En catorce provincias la deserción es superior al 50%, y en dieciocho está por encima del 40%.

En la mayoría de los casos el grueso de la deserción se produce en los primeros grados, en especial en el primer grado. La situación de la Argentina en el escenario latinoamericano ha dejado de ser un privilegio. Hay varios países que nos aventajan en este sentido, y aun pareciera que en las últimas décadas nuestro país hubiera entrado en un punto de estancamiento con respecto a los logros que venía obteniendo en el pasado.

Sectores muy numerosos alcanzan un nivel mínimo de instrucción, si es que lo alcanzan, y salen a enfrentar la vida con los muy escasos instrumentos que esa formación puede haberles proporcionado. Sus posibilidades de participación en los sistemas de decisión y de integración al mundo de la cultura son más que escasos;   sus posibilidades de trabajo y de participación en el consumo, en una sociedad que inevitablemente se hace más compleja, serán cada vez más de carácter marginal.

Frente a este problema del mínimo de instrucción, se plantea otro en el grupo de quienes acceden a un nivel terciario. Un sistema de enseñanza media muy rígido y sin diversificación, está conduciendo a una verdadera explosión universitaria. La carencia de otras alternativas en el nivel terciario ha contribuido por su parte al problema ocupacional que diariamente deben enfrentar una buena parte de los graduados universitarios jóvenes.

En términos generales, parece claro que el país necesita de una expansión de la escolaridad, aunque esta expansión no puede seguir realizándose como lo ha venido haciendo hasta el presente. Se requieren transformaciones sustanciales en lo que hace al modo de distribución  de las oportunidades educacionales entre la población.

Se trataría de ofrecer mayores oportunidades educativas a aquellos sectores y regiones que hasta el presente han estado relegados y de desalentar y reorientar la demanda de educación universitaria larga, de modo de tender a equilibrar cuantitativa y cualitativamente la oferta del subsistema educativo y los requerimientos de la estructura ocupacional.

Organización de la Educación :
La Educación pre-escolar :
Se llama educación pre-escolar a la que se imparte antes de la educación primaria. Está destinada a la segunda infancia, es decir, a los »iños de tres a seis aña aproximadamente.. Tiene como objeto favorecen el desarrollo físico y espiritual del niño. Mediante el empleo de técnicas apropiadas se orienta el juego infantil para educar los sentidos, fomentar la capacidad expresiva y orear hábitos sociales y de convivencia.

Junto a esta finalidad de carácter eminentemente formativo, la educación pre escolar cumple también una importante función social, sobre todo en los ambientes obreros al brindarle al niño el cuidado y la educación que sus padres no pueden brindarle durante sus horas de trabajo.

El jardín de infantes cumple una finalidad estrictamente pedagógica, y secundariamente una función social. Es un lugar de juego, por medio de él el niño no sólo se recrea sino que se desarrolla vitalmente El juego se dirige a objetivos educativos definidos.

La educación del jardín de infantes se dirige inmediatamente a las manifestaciones básicas de la vida infantil : las actividades motrices y sensoriales por una parte y las afectivas y emotivas por otra. Respecto de las primeras la educación está dirigida, a la coordinación y justeza de los movimientos,  a la correlación de éstos y la vida in telectual, mediante diversos procedimientos educativos. Respecto a la vida afectiva, los cantos y las rondas, la narración, de cuentos, el cuidado de plantas y animales, el uso de libros de estampas, las representaciones de títeres. etc. , son los coecursos más empleados.

El jardín de infantes es el lugar donde el niño adquiere las primeras experiencias de la vida social. La convivencia, y el trato con los demás niños hace que éste salga del círculo cerrado del ambiente familiar y entre en el amplio campo de la vida social.

En nuestro país los jardines de infantes funcionan, por lo general, anexos a escuelas primarias y normales.

La formación del personal docente especializado en la enseñanza pre-escolar, se inició en la Escuela Normal de Paraná, Actualmente, en el orden nacional, la preparación de maestras jardineras está confiada a dos establecimientos dependientes del Ministerio de Educación: el profesorado  San de Eccleston en la Capital Federal, y la Escuela Nacional Normal de Maestras N° 1 de La Plata.

Los gobiernos provinciales y municipales sostienen, a su vez, establecimientos pre-escolares en sus respectivas jurisdicciones.

La Educación Primaria :
La educación primaria propiamente dicha constituye el primer ciclo de formación sistemática. Busca favorecer y dirigir armónicamente el desarrollo moral, intelectual y físico de los niños durante la tercera infancia, es decir, desde los 6 ó 7 años hasta los 12. Procura el desenvolvimiento de la personalidad del educando de acuerdo con sus aptitudes, trata de favorecer su adaptación social, lo prepara para de sempeñarse adecuadamente en su realidad presente e ingresar en la comunidad a que pertenece como un miembro útil y responsable.

El artículo 2 de la Ley 1420 de Educación Común ( 1884 ) indica algunas características de la educación primaria : «La instrucción primaria debe ser obligatoria, gratuita, gradual y dada conforme a los preceptos de la higiene».

El artículo 8° de esta ley establece la neutralidad en materia religiosa; el 10° se pronuncia por las clases mixtas en los primeros grados y a cargo de personal femenino exclusivamente; el 27° especifica que ha de ser también simultánea.

Al establecer la enseñanza gradual, la ley 1420 impone de manera uniforme la enseñanza progresiva y metódica, acorde con el desarrollo intelectual medio de los alumnos. El principal inconveniente de la enseñanza gradual es que no tiene en cuenta el desarrollo intelectual propio de cada alumno, ya que no todos poseen igual capacidad, idénticas preferencias, análogas formas mentales.

La neutralidad en materia religiosa está establecida por el artículo 8°  de la Ley que establece : «La enseñanza religiosa sólo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su res pectiva comunión, y antes o después de horas de clase». En la práctica, se estableció una verdadera laicidad en la enseñanza primaria.

La enseñanza simultánea surge del artículo 27 que determina entre las obligaciones de los maestros la de «dirigir personalmente la enseñanza de los niños que estén a su cargo». Con esta disposición se buscaba terminar definitivamente con el sistema lancasteriano e imponer la enseñanza simultánea preconizada por Pestalozzi.

La obligatoriedad de los estudios primarios se basa en el deber que tienen los padres de educar a sus hijos. La obligación escolar alcanza en la Argentina hasta los catorce años de edad.

La obligación escolar supone la existencia de la escuela pública gratuita. Si el Estado impone a todos los padres o encargados de los niños la obligación de instruirlos y educarlos dentro de la edad calificada como escolar y de acuerdo a un mínimo de enseñanza, es necesario que el propio estado ponga la escuela al alcance de todos los niños.

Para ello debe proporcionar en forma gratuita a los niños pobres, no so lo la enseñanza misma, sino también material y útiles escolares, alimentación y vestidos. Junto al esfuerzo del Estado aparece también la acción privada a través de las cooperadoras escolares que tienen, entre otras funciones, la de proporcionar ropa, calzado y alimentos a los alumnos necesitados.

Según las regiones, los cursos se extienden de marzo a noviembre, o de septiembre a mayo. No son días lectivos el sábado, el domingo y algunas fechas importantes de carácter patriótico o religioso. Anualmente se edita un «calendario escolar» en el que figuran las distintas conmemoraciones que deben realizarse.

Normalmente en cada escuela funcionan dos turnos. Cada sección de grado está atendida por un maestro, que imparte la enseñanza, conserva el orden y la disciplina de los alumnos.Suelen existir también   profesores de estética (música y dibujo), labores y trabajo manual.

La marcha de la escuela primaria está confiada a un director que es el jefe inmediato del personal docente, administrativo y de servicio. El director tiene entre sus funciones, la critica pedagógica de los maestros; observa sus métodos, la preparación especial de cada lección, el lenguaje del maestro y de los alumnos, la disciplina y el gobierno escolar.  Periódicamente, reúne en conferencia al personal docente para hacer la crítica del trabajo y cambiar ideas sobre la orientación de la enseñanza que se imparte.

Para ejercer la dirección y administración general de las escuelas, la ley 1420 creó un Consejo Nacional de Educación, que funciona en la Capital Federal bajo la dependencia del Ministerio de Educación. Corresponden al Consejo Nacional las siguientes atribuciones de carácter técnico : dirigir y vigilar la instrucción impartida en todas las escuelas primarias, dictar los programas de enseñanza, expedir títulos habilitantes para el ejercicio del magisterio, revalidar los diplomas «ie maestros extranjeros, seleccionar los libros de texto más adecuados para las escuelas públicas, promover y auxiliar la formación de escuelas públicas y de maestros, lo mismo que la de aso ciacíones y publicaciones cooperativas de la educación común.

Entre las atribuciones de carácter administrativo figuran el manejo de todos los fondos consagrados al sostén y fomento de la educación común, como así la confección del presupuesto correspondiente.

Bajo la dependencia inmediata del Consejo Nacional actúan los inspectores de escuelas primarias y los Consejos Escolares de distrito. Los primeros cumplen una función esencialmente técnica : vigilan la enseñanza de las escuelas y corrigen los errores introducidos en ellas. Los segundos, tienen a su cargo tareas de carácter ad ministrativo : cuidan de la higiene, disciplina y moralidad de las escuelas, estimulan la concurrencia de los niños a las escuelas, etc.

Cambios en el sistema educativo
La nueva Ley Universitaria
Las reformas fueron profundas, pero luego se aplicaron de manera despareja y, en muchos casos, Ineficiente.
el Congreso sancionó una nueva Ley de Educación Superior. Dos años antes, en abril de 1993, se había sancionado la Ley Federal de Educación y, en 1991, se había aprobado la ley de transferencia de los establecimientos educativos que todavía dependían de la Nación a las respectivas administraciones provinciales. Estas tres normas introdujeron profundos cambios en el sistema educativo nacional.

La Ley Federal modificó la estructura académica del sistema educativo. Se eliminaron los tradicionales niveles primario y secundario y, en su reemplazo, se crearon la Enseñanza General Básica o EGB, compuesta de 3 ciclos de 3 años cada uno, y el Polimodal, de tres años, con diferentes orientaciones. También se extendió la obligatoriedad a 10 años, incluyendo la EGB y un año de pre-escolar. Muchas jurisdicciones sólo avanzaron en reformas menores;
otras, aplicaron los cambios con más celeridad que planificación. Todo esto, sumado a las diferentes situaciones presupuestarias, contribuyó a profundizar la fragmentación y diferenciación del sistema educativo.

La Ley de Educación Superior estableció una nueva forma de relación entre las universidades y el Estado, que, además de financiarlas, exigía que se cumplieran ciertos requisitos y luego evaluaba los resultados. Ese sentido tuvo la creación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), que también controló a las universidades privadas. Algunos criticaron la reducción de la tradicional autonomía universitaria y la constitución de un sistema centralizado de evaluación y control, dependiente del Poder Ejecutivo. Otros, en cambio, encontraron en esos instrumentos una manera de elevar el nivel académico y, sobre todo, equiparar a las distintas casas de estudio.

La Ley Federal de Educación vigente fue remplazada en 2006 a través de la sanción de la Ley Nacional de Educación, que modificó nuevamente la estructura académica establecida, reintroduciendo los niveles primario y secundario. (Fuente: Cuadernillo de Historia Argentina, Menem y la reforma neoliberal 1990-1999)

Fuente Consultada:
Historia Argentina e Historia de la Civilización Manual de Ingreso N°2 Dieguez-Pierini-Laplaza
Ediciones Investigación y Docencia

Primeros Partidos Políticos en Argentina Desde 1810 Hasta Ley Electoral

PRIMEROS  PARTIDOS POLÍTICOS EN ARGENTINA

Los Partidos Políticos desde 1810 en Argentina

En todo tiempo y lugar los nombres han disentido en cuando a los fines de su acción política y en torno de los medios para llevarlos a efecto. Como tendencias de opinión o de acción, ya que no como grupos organizados mediante reglamentos internos estables, los partidos existieron ya en la antigüedad, en las repúblicas griegas y en Roma; también los hubo en nuestro país, desde el comienzo mismo de su existencia independiente.

Los hombres que aspiraban a conducir o a orientar la acción del Estado —los políticos— se agruparon para lograr sus objetivos y constituyeron asi esas agrupaciones de ciudadanos que actuaron desde el poder o en la oposición.

Muchas veces, por razones complejas y variadas, los objetivos no eran claros para todos y fue frecuente que se confundieran los partidos como fines en sí mismos, en lugar de ser medios para orientar la marcha de la Nación detrás de miras elevadas, acertadas o no. En todo tiempo y lugar hubo políticos y politicastros, como suele ocurrir, por otra parte, en todas las actividades humanas sin excepción.

 primera junta

Primera Junta de Gobierno de 1810

El surgimiento de partidos estructurados orgánicamente data en la República Argentina del período iniciado en 1890; como tendencias y agrupaciones no organizadas de esa manera, son muy anteriores.

José Luis Romero señaló dos importantes corrientes políticas preexistentes a 1810: el espíritu autorizado en la época colonial por la acción de la dinastía de los Habsburgo o Austrias (que rigieron en España en los siglos XVI y XVII), y la conformación del espíritu liberal de la Ilustración y del siglo XVIII, concretado en muchos aspectos en la actuación de los Borbones (dinastía reinante desde 1700)»

Según este importante pensador argentino, esas corrientes se prolongan luego en diversos aspectos de nuestra vida política.

Desde fines del siglo XVIII, además, las ideas que agitaban al resto de Occidente tuvieron eco entre las fuerzas políticas nacionales; la lucha sostenida en Europa entre liberales y absolutistas o el surgimiento del Romanticismo, influyeron en el pensamiento de nuestros hombres políticos.

A partir de 1810, en la acción de la Junta de Gobierno se advierten dos tendencias o partidos: «saa-vedristas» y «morenistas»son denominaciones clásicas que los vinculan con los nombres de sus líderes más destacados.

Esa confrontación se extiende en 1810 1812 y vemos entonces aparecer —orientada por los seguidores de Mariano Moreno — el Club o Sociedad Patriótica, que se opondrá a la Junta Grande.

La existencia de logias secretas, algunas ligadas a la masonería, proporciona otro tipo de «partidos», éstos, secretos, reducidos pero influyentes y con un intento de rígida organización.

Desde 1812 la Logia Lautaro ejerció gran influencia en la política nacional; dentro de ella se definieron dos tendencias contrapuestas : la encabezada por José de San Martín y la que lideraba Carlos de Alvear.

En los años de la lucha por la Independencia, aparecen, resultado de la situación interna y la exterior, «monárquicos» (decididos a establecer en el país una monarquía constitucional) y «republicanos», opuestos a aquellos. La rebelión de las provincias, iniciada por José G. Artigas, contra el centralismo porteño abrió paso al federalismo, tendencia de variados matices que predominó en el interior.

Directoriales y federales protagonizaron la crisis de 1820.

Las luchas y rivalidades personales entre los caudillos también jugaron un rol importante en estas luchas civiles y fue común ver a hombres de la misma tendencia (López, Ramírez, Artigas) enfrentados entre sí.

En los primeros tiempos de Juan M. de Rosas (1829-1832), el partido federal porteño, que liderara Manuel Dorrego hasta su muerte en 1828, se fraccionó en «doctrinarios» y «apostólicos» (o rosistas) y ya había surgido para entonces el partido unitario, ligado en sus comienzos a la figura de Bernardino Rivadavia.

Hacia 1837 surgió una tendencia nueva, que procuró la síntesis de los bandos en pugna y ejerció fuerte influencia en las décadas siguientes: los románticos (Esteban Echeverría, Juan B. Alberdi, José M. Gutiérrez), inspiradores de la corriente liberal.

Después de Caseros y de Pavón(1852-1861), el panorama político aparece dividido entre el partido federal, liderado en el interior por Justo J. de Urquiza y el liberalismo porteño separado en dos partidos: los autonomistas de Adolfo Alsina y los nacionalistas de Bartolomé Mitre.

La muerte de Urquiza (1870) y la derrota de las últimas montoneras, puso prácticamente fin al partido federal como tal.

Fueron los autonomistas, unidos a grupos del interior, quienes apoyaron la candidatura de Domingo F. Sarmiento (que no pertenecía a ninguno de los dos partidos), contra los nacionalistas, en 1868.

Pocos años después, una coalición de sectores del autonomismo y de fuerzas provinciales dio nacimiento al Partido Autonomista Nacional, predominante, a partir de la década de 1880 y sostenedor de las candidaturas de Nicolás Avellaneda, Domingo F. Sarmiento y Miguel Juárez Celman. «Más que un partido —comenta Carlos R. Meló— era la yuxtaposición de los grupos dominantes en cada provincia».

En los comicios de la época, por otra parte, se generaron multitud de fracciones de los partidos existentes (nacionalistas o liberales de Mitre, autonomistas nacionales, etc.) que adoptaron diversas denominaciones.

En 1884, en oposición a las medidas laicistas de Roca, nació la Unión Católica, en la que se destacó José M. Estrada.

En 1889, durante la etapa final del gobierno de Juárez Celman hizo su aparición una corriente nueva, inspirada por Francisco Barroetaveña, Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y otros: la Unión Cívica de la Juventud, convertida luego en Unión Cívica y protagonista de la Revolución del 90.

Los partidos competían en las elecciones nacionales y provinciales, donde el fraude y la violencia eran frecuentes; precisamente fue la lucha por el sufragio libre uno de los postulados de la UCJ.

Además de las tribunas públicas, los partidos contaban como voceros principales a los diarios y periódicos; el fenómeno del diarismo hizo eclosión en la vida argentina en la segunda mitad del siglo XIX, intimamente ligado a las luchas políticas de la época.

En los primeros ochenta años de nuestra vida independiente, los partidos lucharon en torno de los grandes problemas nacionales: la declaración de la independencia, monarquía o república, centralismo o federalismo, la cuestión de la capital.

Fueron los protagonistas inevitables de la vida política del país.

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Los partidos políticos hasta 1912: Hasta la batalla de Caseros, dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor Urquiza continuó bajo la ideología federal, lo que provocó la hostilidad de los porteños quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina— defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió a la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista. En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió ei partido Nacionalista, encabezado por el primero, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y lo llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.).

Leandro Alen

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890, en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió, debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento, formaron la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas) y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos políticos al promulgarse la ley Sáenz Peña

Cuando la Ley Sáenz Peña entró en vigor, la masa ciudadana abandonó la apatía política y amparada en la libertad de sufragio concurrió en gran cantidad a los comicios. Los partidos políticos hicieron públicas sus plataformas electorales —principios fundamentales de su futura acción de gobierno— y abrieron comités para afiliar a sus simpatizantes. Los principales partidos de esa época eran los siguientes:

1)   Partido Conservador. Tuvo sus orígenes en el Partido Autonomista Nacional (.P.A.N.), cuyos candidatos —como vimos— gobernaron durante muchos años a nuestro país. De tendencia derechista, significó la expresión de una minoría culta, de indudable prestigio, que deseaba mantener el sistema institucional existente.

2)   Unión Cívica Radical. Como vimos, surgió de la fracción disidente que no aceptó el acuerdo de la Unión Cívica con el entonces partido oficialista. La Unión Cívica Radical actuó en principio bajo las directivas de Alem y del Valle y más tarde reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen, bajo cuyo período contó con gran apoyo electoral, particularmente de la clase media. El partido censuró la violencia electoral, bregó por la libre expresión de la voluntad ciudadana y sostuvo nuevos planteos económicos. Sus dirigentes manifestaban que el radicalismo constituía, más que un partido, un movimiento de opinión nacional.

3)  El Partido Socialista. Las ideas sociales que agitaban las masas proletarias de Europa a fines del siglo pasado, comenzaron a llegar a nuestro país alrededor de 1880 y a difundirse en los círculos obreros. De tal manera, en 1894 se constituyó el Partido Socialista, cuyo órgano de expresión fue el periódico «La Vanguardia«, dirigido por el médico Juan B. Justo, hombre de talento y de vasta cultura. En forma paralela, también se organizaban los anarquistas, de ideas más avanzadas.

Las precarias condiciones de vida a que estaban sometidos los obreros y la indiferencia de los gobiernos ante el problema favorecieron la difusión de los nuevos principios sociales. En esa época, el movimiento no excedió los límites de la populosa ciudad de Buenos Aires.

Alfredo Palacios

Alfredo Palacios

En 1904, el partido Socialista ganó la circunscripción correspondiente al barrio de la Boca y llevó al Congreso su primer diputado, el joven abogado Alfredo L Palacios.

Lisandro de la Torre

Lisandro de la Torre

4)  Partido Demócrata Progresista. Fundado en el año 1914 por el doctor Lisandro de la Torre, contó en principio con el aporte electoral de la ciudad de Rosario. El partido sostuvo más tarde una plataforma liberal, de carácter izquierdista.

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Todos Los Partidos Políticos de Argentina en el Inicio Democrático de 1983

Son 362 los partidos políticos que pidieron reconocimiento en todo el país. El Ministerio del Interior informó que al 5 de abril de 1983, 362 partidos políticos de distrito han pedido su reconocimiento. De esta cifra, 221 ya habían intervenido en anteriores confrontaciones electorales y hay 141 agrupaciones nuevas que debutarán en el acto eleccionario del 30 de octubre próximo. El informe del Ministerio del interior consigna también que en el distrito de la Capital Federal hay 34 agrupaciones y en la provincia de Buenos Aires 27 y son las que tienen el mayor número de presentaciones ante la justicia electoral.

alfonsin ricardo

La Argentina lleva mas de 30  años de democracia: el 30 de octubre de 1983 ganaba Alfonsín Aquella noche, el primer presidente electo tras casi ocho años de dictadura se asomó a uno de los balcones del Comité Nacional y ante una multitud jubilosa afirmó: «Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie, porque todos hemos recuperado nuestros derechos»

• Capital Federal: Las agrupaciones preexistentes son los partidos Demócrata, Demócrata Progresista, Movimiento de Integración y Desarrollo, Justicialista, Renovador Federal, Socialista Democrático, Unión Cívica Radical y Unión Popular, y las nuevas son: Para la Democracia Social, Activo Previsional, de la Reconquista, del Trabajo y del Pueblo, Socialista Unificado, Unión del Centro Democrático (U.C.D.), Unión Cívica Católica (U.C.C.), Confederación Socialista Argentina, Confederación Intermedia, Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista Social y Conservador Popular.

• Provincia de Buenos Aires: Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Movimiento Línea Popular, Partido de la Independencia, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista, Social y Conservador Popular.

Partidos preexistentes: Demócrata Progresista, Federal, Demócrata Cristiano, Frente de Izquierda Popular, Intransigente, Justicialista, MID, Renovador de la Provincia de Buenos Aires, Socialista Democrático, Unión Conservadora, U.C.R., Unión Popular.
15 nuevos: Socialista Popular, Comunista, Conservador, Mov. Línea Popular, Del Trabajo y del Pueblo, Unión del Pueblo Adelante, U.C.D., Confederación Socialista, Conservador Principista, Mov. al Socialismo, Para la Democracia Social, Obrero, Socialista Auténtico, Socialista Unificado, Unión Cristiano Democrática.

• Catamarca: 12 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Demócrata de Catamarca, FIP, MID, Popular Catamarqueño, Mov. Nacionalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, Socialista Democrático, U.C.R.Tres nuevos: Socialista Popular, La Voz del Pueblo y Federal.

• Córdoba: 10 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, MID, Pacto Federalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, U.C.R. y Unión Popular.Nueve partidos nuevos: Socialista Popular, Comunista, Demócrata Progresista, Federal, Partido del Centro, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Mov. Línea Popular, Para la Democracia Social.

• Corrientes: 12 partidos preexistentes: Autonomista, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, Liberal, MID, Mov. Línea Popular, Unión del Pueblo Adelante, U.C.R.Tres partidos nuevos: Comunista, Para la Democracia Social y Socialista Popular.

• Chaco: ocho partidos preexistentes: Conservador del Chaco, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Socialista, U.C.R.• Tres partidos nuevos: Comunista, Movimiento dé Unidad Chaqueña, Movimiento Línea Popular.

• Chubut: 9 partidos preexistentes: Acción Chubutense, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, FIP, Justicialista, MID, Socialista Popular.. Cinco partidos nuevos: Comunista, Socialista Democrático, Socialista Auténtico, Federalista Chubutense, Movimiento al Socialismo.

• Entre Ríos: seis partidos preexistentes: FIP, Justicialista, MID, Mov. Línea Popular, Demócrata Cristiano, U.C.R. Cinco partidos nuevos: Intransigente, Socialista Popular, Comunista, Demócrata y Federal.

• Formosa: siete partidos preexistentes: Intransigente, Demócrata Cristiano, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, Socialista Popular y U.C.R. Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Jujuy: diez partidos preexistentes: Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, Laborista, MID, Movimiento Popular Jujeño, Socialista Democrático, Tercera Época y U.C.R.Cinco nuevos partidos: Demócrata Cristiano, Acción Democrática, Del Trabajo y del Pueblo, Comunista y Movimiento al Socialismo.

• La Pampa: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Intransigente, Justicialista, Movimiento Federalista Pampeano, MID, Socialista Popular, U.C,R. y Unión Popular.Un partido nuevo: Comunista.

• la Rioja siete partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Unión Republicana. Cinco partidos nuevos: Para la Democracia Social, Nacionalista, Comunista, Demócrata Cristiano e Intransigente.

• Mendoza: seis partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, Justicialista, MID y U.C.R.Once partidos nuevos: Comunista, Demócrata Cristiano, Federal, Demócrata Progresista, Para la Democracia Social, Movimiento al Socialismo, Tres Banderas, Socialista Auténtico, Socialista Popular, Obrero y Socialista Unificado.

• Misiones: nueve partidos preexistentes: Comunista, Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Federal.Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Neuquén: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular Neuquino y U.C.R.Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Obrero y FIP.

• Río Negro: cinco partidos preexistentes: Justicialista, Demócrata Cristiano, MID, Provincial Rionegrino y U.C.R.Cuatro partidos nuevos: Intransigente, Comunista, FIP y Movimiento al Socialismo.

• Salta: ocho partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Justicialista, MID, U.C.R., Unión Popular, Unión Provincial.
11 partidos nuevos: Comunista, Mov.Popular Nacionalista Para la Democracia Social, Intransigente, Socialista Auténtico, Renovador, Mov. Línea Popular, Partido Obrero Federal, Socialista, Demócrata Progresista.

• San Juan: 11 partidos preexistentes: Bloquista, Conservador Popular, Cruzada Renovadora, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Frente de Liberación 12 de Mayo, Justicialista, MID, Socialista Popular, y U.C.R.Ocho partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Movimiento al Socialismo. Socialista Auténtico, Acción Solidaria, Intransigente, Del Trabajo y del Pueblo, Partido del Centro.

• San Luis: Ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Liberal, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular, U.C.R., Unión Popular.Tres partidos nuevos: FIP, Socialista Popular, Comunista.

Santa Cruz: 9 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, FIP, Fuerza Federalista Santacruceña, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. Socialista Unificado.Dos partidos nuevos: Comunista y Movimiento al Socialismo.

• Santa Fe: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, Dem. Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Federalista, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, U.C.R., Unión Popular.Ocho partidos nuevos: Comunista, Socialista Popular, Intransigente, Para la Democracia Social, Socialista Unificado, Partido del Centro, Movimiento al Socialismo y U.C.D.

• Santiago del Estero: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Popular Unido, Provincial, Socialista Popular, U.C.R.Un partido nuevo: Comunista.

• Tucumán: 15 partidos preexistentes: Conservador Popular. Defensa Provincial, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Justicialista, Laborista, MID, Mov. Recuperación Tucumán, Mov. Nacionalista, Socialista Democrático Socialista Popular, U.C.R., Unión Popular, Vanguardia Federal.
Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, P. del Centro, Intransigente, Comunista, Dem. Progresista y Mov. al Socialismo.

• Tierra del Fuego: 8 partidos preexistentes: Agrupación Vecinal, Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, MID, Unión Cívica Radical, Mov. Popular Fueguino.Dos partidos nuevos: Para la Democracia Social y Socialista Popular.

Fuente Consultadas:
Carlos R. Meló. Los partidos políticos argentinos entre 1862 y 1930. En: Academia N. de la Historia. Historia Argentina Contemporánea. Bs. As. Ateneo, 1964. Vol. II. Primera sección.
Formación Pólítica Para Vivir en Democracia Tomo III – Los Partidos Políticos – Editorial Redacción
José l. Romero. Las ideas políticas en Argentina. Bs. As., FCE, 1969.
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

 

Historia Primeras Escuelas en Santa Fe Colegios y Profesores

LA EDUCACIÓN EN SANTA FE: PRIMEROS COLEGIOS Y PROFESORES

La Educación (1862 – 1890)
La cuestión educativa tuvo un sitio de importada en el programa político de los gobiernos provinciales entre 1862 y 1890; pero para ser justos en el análisis, debe decirse que las reformas educativas se iniciaron en 1853, y para 1857, ya existían en la provincia, 21 escuelas gratuitas.

En materia legislativa, debe considerarse en primer lugar la ley de 1866, que estableció la obligatoriedad de la instrucción primaria; quedó en ella esbozado el gran objetivo de este programa: «que uno de los principales deberes del gobierno es el de fomentar, por todos los medios posibles, la enseñanza primaria de la juventud y propagarla en todo el territorio de la provincia, encaminándola convenientemente a entrar en la carrera literaria b de las artes e industrias».

primeras escuelas en santa fe

Ante la necesidad de satisfacer los requerimientos en materia de enseñanza secundaria, la provincia contó con el aporte de la gestión privada. En Rosario se abrió, en 1855, el primero de estos institutos a cargo de los profesores Laurino Puentes y Julio Bosch; luego el de Manuel Tristany y José Niklison y en 1856 el de Domingo Podestá y Francisco Saloni, con un plan de estudios humanístico y confesional. En 1860, surge la Escuela del Progreso, del Profesor M. Durand Sabayat, y en 1863 se inauguró el Liceo y Escuela de Artes y Oficios. Un relevamiento realizado en 1866, dio cuenta de la existencia de 12 colegios particulares.

En la ciudad de Santa Fe, 1861, se firmó un contrato entre el gobierno provincial y La Compañía de Jesús por el cual se acordó la reinstalación del Colegio de la Inmaculada Concepción. Esta decisión fue apoyada por todos los grupos políticos y el pueblo en general contribuyó económicamente para que fuera una realidad. Esta institución creció rápidamente en cantidad de alumnos y docentes y en fama, la que superó los límites del país, atrayendo a jóvenes uruguayos. La excelencia de la formación filosófica y científica con que egresaban los alumnos del Colegio, produjo cambios en todos ios órdenes de la cultura, la política y la justicia de Santa Fe.

La ley que se dictó en materia educativa en agosto de 1874, tuvo dos finalidades fundamentales; la primera, crear un verdadero sistema de normas y organismos destinados a la programación, la administración y control del servicio; y la segunda, a prever los recursos que lo sostendrían.

En el primer caso, aparecen los inspectores, las comisiones escolares con participación de los vecinos para mejorar la educación, y reiteró la condición de obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza, estableciendo el contralor y las penas para los padres o patrones que no cumplieren con ella. En 1876 se dio una reglamentación para el funcionamiento de las escuelas. Una nueva ley de 1884, reformuló las obligaciones de los estamentos que integraban el sistema educativo y creó el Consejo de Instrucción Primaria, para que ejerciera la conducción del mismo.

En noviembre de 1886, una nueva ley de educación común replanteó los temas inherentes a ella, con interesantes consideraciones sobre la enseñanza moral y religiosa, así como respecto de los establecimientos privados que funcionarían en el ámbito provincial.

La presencia de la escuela pública en las colonias había sido especialmente prevista en las normas sobre colonización, disponiendo que se prevea la escuela a partir de la traza misma de ia colonia, con la donación del terreno para edificaría, y, tras dos o tres años de existencia de la colonia, se creaba un cargo de maestro o preceptor que iniciaba la institución. La escuela cumplió así un papel fundamental en la integración de los colonos extranjeros, fue un aglutinante cultural entre los diversos grupos étnicos que poblaban por aquellos tiempos el territorio santafesino. Permitió generar un marco básico de formación e información, uniformando la lengua y brindando un ámbito de vinculación entre las nuevas generaciones de esa sociedad embrionaria.

Al respecto merece señalarse la medida dispuesta por el Gobernador José Gálvez ante la necesidad de contar en la provincia con un número importante de maestros con formación pedagógica; consistió, en primer lugar, en organizar anualmente, entre enero y marzo, una Asamblea de todos los maestros dei estado en ía capital provincial, con el objeto de estudiar y resolver los problemas referidos ai magisterio. Este sistema de conferencias pedagógicas se hacía accesible a todos los docentes interesados ya que se les daba un sobresueldo para gastos de viaje.

Otra medida de interés en materia de docentes fue la de traer maestros españoles para que se desempeñaran en la provincia, teniendo en cuenta, además de la formación pedagógica, la lengua y los principios religiosos comunes.

En cuanto a los estudios terciarios, la primera experiencia se debió al interés del Gobernador Simón de Iriondo que promovió la creación, siendo ministro de gobierno Cabal, en 1868, de las cátedras de derecho, en las aulas del Colegio de la Inmaculada, ley que hacía realidad una aspiración de la comunidad santafesina.

En 1869 inició su marcha este ciclo para el cual se buscaron profesores de valía de otras provincias y se adquirió un valioso caudal bibliográfico para los estudiantes. En 1875 se obtuvo el reconocimiento de las llamadas Facultades Mayores en el orden nacional, con el cual se posibilitaba a los egresados de éstas el aspirar al título de doctor en las universidades del país.

En 1877 ya estaba la idea entre los gobernantes santafesinos de crear sobre la base de esta carrera de jurisprudencia, una universidad provincial, pero, en los años siguientes todo siguió igual, con los estudios de derecho en franco progreso. En 1884, el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación, ejercido por el Dr. Eduardo Wilde, le retiró al Colegio de la Inmaculada la autonomía educativa de que gozaba y por un informe especial, retiró también el reconocimiento de los títulos obtenidos en el colegio Jesuíta, ofreciendo la alternativa de que los alumnos se sometan a un tribunal, igual que los de otros institutos privados. Ante ello el rector del colegio decidió cerrarlo, quedando las facultades mayores sin sustento.

Esta experiencia de educación superior en la Provincia de Santa Fe, junto con otros antecedentes en materia de educación secundaria confesional, muestran a la dirigencia política santafesina (como católicos profesos progresistas) que los cambios socioeconómicos y políticos de los tiempos que se vivían, no estaban reñidos con la tradición religiosa y la fe católica.

En 1889 el Gobernador José Gálvez volvió sobre la cuestión de los estudios superiores y creó la Universidad de Santa Fe, que inauguró sus actividades en 1890.

Fuente Consultada:
Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe
Tomo I – SANTA FE – Ediciones Susamerica Santa Fe

Ley de Vagos y Malentretenidos Las Pulperias en el Virreinato

OBJETIVO DE LA LEY DE VAGOS Y MALENTRETENIDOS – PAPELETA DE CONCHABO

Ya en la épocas del Virreinato del Río de la Plata, la gente sin trabajo, que deambulaba por la ciudad mendigando o bien muchos de ellos pasando largas horas en pulperías jugando los típicos juegos criollos de la época, tomando alcohol y muchas veces terminando estos placeres lúdicos en riñas a muerte, era un verdadero problema social que también preocupó a los gobiernos post revolución de mayo. Siempre fue perseguido el vagabundeo y la llamada mendicidad ilícita, es decir, aquel «sano y vigoroso que pida limosna», castigando sobretodo a aquien portase algún tipo arma.

PULPERIA: Además de lugar de intercambio comercial, la pulpería fue un sitio privilegiado de interrelación social. En el interior de la pulpería se tocaba la guitarra, se jugaba a las cartas, se intercambiaban noticias. También era para muchos trabajadores un modo de subsistencia alternativo, ya que el pulpero, además de vendedor, muchas veces compraba los productos de trabajo rural que le ofrecían sus propios clientes.

La pulpería urbana, al menos en Buenos Aires, tiene su momento de auge entre las dos últimas décadas del siglo XVIII y las primeras tres del XIX. Posteriormente, la actividad es reemplazada por los almacenes, bares y cafés, que implican una especialización mayor de este tipo de actividad.

De esa manera, la pulpería pierde su carácter original de lugar exclusivo de encuentro e intercambio. Las fuentes indican cómo rápidamente se produce su desaparición en Buenos Aires.

En 1825 había más de 400 pulperías; en 1835 habían disminuido a menos de 100. Entre las razones de esta desaparición se halla la falta de respaldo de las autoridades.

En efecto, en 1788 el procurador general de la ciudad de Buenos Aires intentó prohibir la reunión de gentes y las audiciones de guitarra en las pulperías, para retrotraerlas a su función exclusivamente comercial.

Después de la Independencia fue la necesidad de controlar el alcoholismo y la delincuencia, como factores negativos que ayudaban a acrecentar la crónica falta de mano de obra, la justificación para limitar y desalentar esta actividad. (Fuente Consultada: Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Estilos, Obras, Biografías, Instituciones, Ciudades)

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La ley de vagos y mal entretenido, era una ley que permitía al Juez de Paz controlar los salones de bailes, de juegos y diversión, como las pulperías, para arrestar a todos los presentes que no tenían trabajo ni residencia fija. Generalmente se consideraban vagos a los gauchos que vivían de la doma y yerra y que se desplazaban de estancia en estancia, cuando algún patrón los requería para ese tipo de servicio.

El juez iba acompañado de la fuerza pública, la policía de la zona,  y pedía inicialmente la «libreta de conchabo», (para demostrar que trabajaba en una estancia) libreta que nació durante la presidencia de Rivadavia  con fines de reprimir la vagancia y sumar mano de obra para el trabajo de las tierras, que el gobierno había entregado en alquiler a particulares.  La mala fama que tenía el gaucho se debía a su extrema libertad, ya que no concebía la vida sedentaria ni trabajar años y años bajo un patrón.

El testimonio de un juez de paz constituía prueba única y suficiente para calificar de “vago”, quien era castigado con la reclusión de dos a seis años en un alejado fuerte froterizo militar para luchar contra el avance del indio. Esos controles, estaba ubicados en lugares inóspitos, sin comodidades y muchas veces casi sin comida, pues los envíos de provisiones eran esporádicos y no aseguraban la alimentación de los soldados.

PAPELETA DE CONCHABO: Durante el gobierno de Rivadavia se solicitó un empréstito en Londres, por 1.000.000 de libras, con la firma Baring Brothers. Este empréstito, considerado la primera deuda externa argentina, se solicitó para financiar obras públicas (que no se realizaron).

La operación se concretó en 1824, pero el monto recibido (en su mayor parte, en letras) quedó reducido a 560.000 libras, luego de haberse descontado los intereses por dos años, las comisiones y otros gastos. Como garantía, se hipotecaron las tierras públicas. Luego de sucesivas suspensiones del pago de los intereses y de renegociaciones, el préstamo se saldó recién en 1904.

Con respecto a las tierras -inmovilizadas en manos del Estado como garantía de la deuda pública-fueron entregadas en enfiteusis (en alquiler) a particulares, por una renta o canon anual que, además de bajo, fue difícil de recaudar. Este sistema puso a disposición de comerciantes, ganaderos y funcionarios enormes extensiones de tierras, en forma casi gratuita. Ante la falta de mano de obra para trabajar esas tierras, el gobierno insistió en la legislación que exigía, con el fin de reprimir la vagancia, portar la famosa «papeleta de conchabo». [a los fines de demostrar que trabajaba formalmente bajo un patrón]

Antes de seguir sobre la «Ley de Vagos y Malentretenidos», es bueno leer lo que explica el historiador Gustavo Gabriel Levene en su libro Breve Historia de la Argentina, sobre la función e importancia de la pulpería en el virreinato del rio de la Plata.

Pese a su pobreza, las poblaciones, perdidas en la inmensidad del territorio, vivían; y esa vida, que muchas veces pudo parecer monótona desde el punto de vista de cada vecino, resulta animada cuando se abarca el conjunto de la sociedad y se colorea todo con la perspectiva del tiempo. Acaso nada mejor para evocar estas ciudades nuestras del siglo diecisiete, que hacerlo desde el observatorio más completo entonces existente: la pulpería, cotidiana encrucijada de hombres y de cosas…

Pulpería

La pulpería vendía vino, aguardiente, tabaco, yerba, azúcar, miel, jabón y muchos otros productos que hacen más amable la jornada. Sabiendo que el comercio de entonces era casi siempre contrabando, no puede extrañar el hecho de que, además de vender las mercaderías mencionadas, la pulpería negociara también con las que los criados esclavos sustraían a sus dueños… En la pulpería venían así a encontrarse el contrabando de los amos y el robo de los criados.

El de pulpero era oficio importante y provechoso… La prueba de ello es que les estaba prohibido establecerse como pulperos a los indios, los negros y los mulatos. En el siglo XVII aparecen, como pulperos de Buenos Aires, personajes importantes y gente distinguida de la ciudad… Pero no atendían ellos mismos el negocio, que por otra parte se obtenía por público remate de la concesión, debiéndose entregar como fianza la suma, para entonces elevada, de quinientos pesos.

[…] Se jugaba en todas partes toda clase de juegos. Desde comienzos del siglo XVI se había prohibido, en España y sus colonias, la fabricación y venta de dados. Pero los dados seguían rodando y haciendo con sus seis caras la fortuna o la mina de los jugadores. Se jugaba a los naipes, a la perinola, al sacanete… Se jugaba en las carreras de caballos, las cuales tenían una curiosa particularidad: para ganar la competencia no bastaba, como ocurre hoy, la pequeña diferencia de unos centímetros; el caballo triunfador tenía que llegar a la meta con tanta ventaja que debía verse luz entre su cuerpo y el de los demás caballos. Ya había entonces fulleros con barajas cortadas y dados cargados. Y también mujeres cómplices participaban de maniobras engañosas para atraer incautos…

[…] La pasión por el juego era tan grande en la sociedad colonial, que se llegaba a menudo al extremo de perderlo todo. En un testamento de 1623, una vecina declara «que su segundo marido jugó y consumió la plata de su dote: jugó una estancia y doscientas ovejas»…

[…] La pulpería fue lugar propicio para el intercambio de supersticiones. El paisaje de selvas, de montañas o de llanuras, según las regiones, con sus elementos vivos, plantas y animales, contribuía a crearlas. El lugareño no se sentía superior a la realidad circundante, pues no la dominaba. De ahí que las supersticiones expresaran, en cierto modo, el sometimiento del hombre a la naturaleza… La humanidad no había aprendido aún a enfocar el mundo visible de acuerdo con el punto de vista racional, que vino después. Sólo imperaba la superstición.

Respecto a la Ley de Vagos y Malentretenidos, en la  Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, en una nota de la Historiadora María Victoria Camarasa explica los siguiente:

Se considera vagos y malentretenidos a aquellas personas de uno y otro sexo que:

a) no tienen renta, profesión, oficio u otro medio lícito con que vivir;
b) teniendo oficio, profesión o industria no trabajan habitualmente en ella y no se les conocen otros medios lícitos de adquirir su subsistencia, y
c) con renta, pero insuficiente para subsistir, no se dedican a alguna ocupación lícita y concurren ordinariamente de juego, pulperías o parajes sospechosos.

Aparecen así dos tipos básicos de vagancia: los desposeídos de bienes que no tienen una ocupación lícita, y los que teniéndola llevan una vida de malas costumbres.

Además de esta clasificación inicial, también se tienen en cuenta algunos agravantes de esta condición. Por ejemplo, quienes entren en alguna oficina pública o casa particular sin el permiso respectivo; o quienes se disfracen o tengan armas, ganzúas u otros instrumentos propios para ejecutar algún hurto o penetrar en las casas.

Es importante distinguir que la persecución de los gobiernos es contra lo que se considera como mendicidad «ilícita», es decir, aquellos que piden limosna siendo sanos y vigorosos. Esto se debe a que existen también licencias de mendicidad y de pedido de limosnas para aquellos de los que se haya comprobado que no tienen la capacidad de ejercer ningún trabajo.

Ya desde la Baja Edad Media, las figuras del vago y del malentretenido tienen una antigua y arraigada presencia en la tradición jurídica española. Al igual que el resto de la normativa peninsular, esta concepción pasó a América durante la época de la conquista y la colonización. De hecho, vista como «tierra prometida», se esperaba que no llegaran al Nuevo Continente personas que pudieran poner en riesgo la salud moral de los habitantes americanos, y para ello se ejercían muy fuertes controles en los pocos puertos autorizados para enviar barcos hacia América.

Haciendo hincapié en el caso argentino, uno de los primeros gobiernos en reglamentar esta situación fue el de Martín Rodríguez y su notable ministro Bernardino Rivadavia en la Buenos Aires de principios de 1820. Este gobierno, el 18 de abril de 1822, promulgó un decreto sobre vagos y malentretenidos que, en la práctica, se constituyó en un eficaz instrumento para aumentar las filas del ejército. Esto se debió a que los aprehendidos eran destinados inmediatamente al servicio militar, incluso por un término doble al prefijado en los enrolamientos voluntarios.

Actualmente, la idea de los gobiernos provinciales es darles un apercibimiento e inducirlos a que en un plazo determinado de tiempo encuentren una ocupación útil a la que dedicarse.

El trasfondo de estos controles es que el vago, el ocioso y el malentretenido son vistos como figuras que atenían contra el orden moral de la sociedad y ponen en peligro la paz y la unión del país.

En nuestra campiña bonaerense, los vagos y malentretenidos están asociados con la figura del gaucho. Al irse extendiendo la frontera, corriendo al «salvaje», se fueron ganando importantes cantidades de tierras. Junto a la extensión territorial, un caudal de leyes novedosas hizo de los gauchos una nueva fuerza capaz de servir en la milicia, al mismo tiempo que sus tierras, generalmente de poca extensión y ubicadas entre grandes latifundios, iban pasando a otros dueños.

En estos últimos años, entre los sectores más pudientes de las sociedades citadinas argentinas se ha ido extendiendo un prejuicio. Ellos se refieren a que en los campos recorren infinidad de vagos y criminales famosos, que se asilan huyendo quizá por sus crímenes en otras provincias. Para estos sectores, esos individuos desconocidos hallan seguro albergue, techo y alimento, abusando de la hospitalidad en las campañas de nuestro país. Allí encuentran carne abundante y tienen un cuero para dormir, además de un lazo y un cuchillo para procurarse medios con que satisfacer sus vicios. La pregunta que se repiten constantemente es «¿para qué han de trabajar? Nadie los persigue, nadie inquiere de dónde son, de dónde vienen, de qué se ocupan ni adonde van…».

La intención de legislar este tema se ha extendido en las diversas provincias. En algunas ya comienzan a aparecer leyes que condenan al servicio de fronteras a todos los vagos y malentretenidos, los que en día de labor se encuentren habitualmente en de juego o tabernas, los que usen cuchillos o armas blancas, los que cometan hurtos simples y los que infieran heridas leves.

Pero al no existir un marco normativo bien establecido y definitivo, es común el surgimiento de divergencias acerca de cómo tratar a los vagos y malentretenidos. Por ejemplo, en la provincia de Santa Fe el encargado de la Jefatura Política, Nicasio Oroño, pide frecuentemente a sus superiores que le expli-citen qué hombres debía considerarse como vagos, ya que en el territorio que él controla sólo existían familias que si bien no tienen propiedades y medios de vida, se debía exclusivamente a su pobreza.

Fuente Consultada:
Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, Nota de la Historiadora María Victoria Camarasa

Biografia de Quinquela Martín Artista Plástico Argentino Vida y Obra

Biografia de Quinquela Martín
Artista Plástico Argentino

El 20 de Marzo de 1890 fue dejando en la Casa de Expósitos un niño que se suponía había nacido tres semanas antes, es por eso que el día de nacimiento de Benito ha sido consignado como el 1º de marzo. Fue bautizado con los nombres de Benito Juan y se le asignó el apellido Martín. Su primer nombre fue en razón de ser bautizado el día de San Benito Abad, el 21 de marzo. Casi ocho años después, el 16 de noviembre de 1897 es adoptado por el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina, quienes vivían en la Boca del Riachuelo, donde vivió toda su vida el maestro.

Cursó tan solo los dos primeros grados de la primaria, y luego se dedicó a repartir el carbón que sus padres vendían a los vecinos del barrio.

Cuando cumplió 15 años su padre que descargaba carbón en el puerto, lo convocó a trabajar con él, pese a su físico poco adecuado para la tarea, pero su empeño y rapidez le hicieron ganar el apodo de «EL MOSQUITO».

Al poco tiempo, cuando cuenta 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura, con le maestro italiano Alfredo Lázzari, quien fue su único maestro. Completó su formación autodidacta a través de lecturas en la biblioteca del Sindicato de Caldereros, y allí descubrió el libro «El Arte» del escultor francés, Auguste Rodin, que lo llevó a dedicar su vida a la creación artística.

Cuando cumple 20 años expone por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 se le diagnostica un principio de tuberculosis y busca los purificadores aires de Córdoba para curar su enfermedad. Allí realiza una serie de paisajes acompañado al maestro Walter de Navazio. Retorna a los seis meses milagrosamente curado y convencido que debe reflejar, como decía Rodin, únicamente su vida y su ambiente, es decir pintar su aldea: La Boca del Riachuelo.

Miembro Honorario de la Universidad
El 14 de enero de 1972 se firmó en el Consejo Superior de la UBA la resolución por la cual se designaba a Benito Quinquela como miembro honorario de esa alta casa de estudios. En los considerandos de la resolución se expresa que el artista ha honrado y honra con su obra a la cultura argentina y al hombre de nuestro país, y que a ello se agrega «el ejemplo de toda una vida dedicada al arte, a la promoción de la cultura y a la misión de servicio por su generosidad para la comunidad y a través del fomento de la educación».

«Pero la resolución de la Universidad de Buenos Aires no es meramente eso, sino una expresión vocacional de reconocer públicamente, y sobre todo ante los jóvenes, lo que constituye un ejemplo capaz de alentar una meta. Cuando reciba usted el diploma y la medalla que lo acompaña, podrá apreciar todo esto y su aceptación será un bien para la Universidad».

Por último expresa: «Con el tiempo, maestro, la herrumbre cubrirá esa medalla produciendo el más antiguo de los pigmentos: ese mismo que crustifica los hierros de los barcos envejecidos o moribundos, que podrán desaparecer de la boca del Riachuelo, pero nunca de la imagen de sus cuadros».

LOS PRIMEROS AÑOS DE BENITO:

Al viejo Manuel [padre de Benito] lo que menos le gustaba era la decisión de su hijo de dedicarse intensamente a la actividad artística, porque estaba descuidando su trabajo en el puerto. Las discusiones eran constantes y tantos fueron los enfrentamientos entre Benito y su padre que un día, contra la voluntad de Justina, que apoyaba al joven en todos su proyectos, el joven pintor empacó sus bártulos y abandonó el hogar paterno. No fue Justina la única en lamentar ese alejamiento. El estómago de Benito también lo sufrió bastante. Aunque siguió trabajando en el puerto para ganarse el sustento, ya libre de la tiranía paterna dedicaba muchas más horas a la pintura que al carbón, y vivía de mate cocido y galletas marineras.

Tiempos vagabundos
La vida de Benito se convirtió casi en un vagabundeo. Vivió un tiempo en la Isla Maciel; allí frecuentó ladrones y malandras, entre los cuales se sentía perfectamente cómodo, según contaría años después.

En sus memorias dice que llegó a conocer una «academia del punguismo» con base en esa isla y que le ofrecieron formar parte de ella, pero no le interesó. En cambio, llenó varias telas con imágenes de la Isla Maciel y aprendió mucho de los punguistas; porque, además del arte del robo disimulado, cultivaban una serie de códigos de honor y hermandad que despertaron mucha admiración en el joven artista. Todas estas experiencias abrieron su mente y enriquecieron su pintura. Pasaron meses de errancia en los que Benito montó su taller en los lugares menos pensados, desde altillos hasta barcos (tuvo un estudio de pintura a bordo del «Hércules», un navío anclado que descansaba en el cementerio de embarcaciones de la Vuelta de Rocha). Sin embargo, este peregrinaje no duró mucho.

Podría decirse que la ley familiar fue más fuerte que la ley de la calle; pero, en realidad, no fue el respeto al padre lo que indujo a Benito a retornar al hogar, sino la nostalgia de la caricia materna y los ruegos de Justina que no vivía en paz sin él. Fue ella quien le dio un sabio consejo: «Si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno».

Siguiendo la recomendación materna, Benito consiguió un trabajo como ordenanza en la Oficina de Muestras y Encomiendas de la Aduana, en la Dársena Sur, no tan lejos de su querido puerto. Allí desarrollaba funciones «fundamentales» para el buen desempeño de cualquier oficina, como limpiar las ventanas y cebar mate; pero lo importante era que le quedaba tiempo para pintar a gusto.

De todos modos no duró mucho como empleado estatal. Comenzaron a pedirle labores de mensajero, y debía andar de aquí para allá transportando caudales. Un día pensó lo que podría pasar si le robaban una encomienda —había aprendido bastante de punguismo— y presentó su renuncia indeclinable. Pero ese tiempo de poco trabajo y mucha pintura dio sus frutos. A los pocos meses el pintor del puerto participó por primera vez de una exposición. Se trató de una muestra colectiva de todos los alumnos del taller de Alfredo Lazzari, y tuvo lugar en la Sociedad Ligur de Socorro Mutuo de La Boca. Esta sociedad celebraba su aniversario número veinticinco, y qué mejor forma de conmemorar el nacimiento de una mutual boquense que con la exhibición de las creaciones de sus hijos, los artistas de La Boca.

Participaron Santiago Stagnaro, Arturo Maresca, Vicente Vento y Leónidas Magnolo, todos principiantes y aficionados. Para cada uno de ellos fue un evento bello y memorable, pero para Chinchella fue especial: se trataba de su debut. Expuso cinco obras: un óleo titulado Vista de Venecia, dos dibujos a pluma que formaban parte de su Estudio de cabezas y dos coloridos paisajes pintados con tempera. Las obras oran algo torpes, las manos del artista no habían adquierido ido aún la maestría que las caracterizaría mas adelante. Lamentablemente las mayor parte de estas primeras obras ed Quinquella se han perdido y es imposible recuperarlas.

padres de quinquella

UN TESTIMONIO DE LA ÉPOCA:
Un pintor en la lluvia

Una mañana opaca en que la lluvia estaba al caer, peregrinando por La Boca nos detuvimos a contemplar a un pintor que, sentado en la proa de un velero, indiferente al mercante ir y venir de un barco en descarga, pintaba. Es decir, aquello no era pintar, era un afiebrado arrojar colores y más colores sobre el cartón. En manos de nuestro hombre el pincel iba, venía, describía giros, volvía y revolvía con amplitud majestuosa y segura; a su paso, dejaba gruesas huellas que parecían desordenadas e incongruentes en un principio, pero que bien pronto adquirían forma y cierta concordancia inarmónica, grotesca casi, para formar enseguida un cuadro de una belleza sorprendente; insospechable en un rincón gris y sucio del Riachuelo.

Cuando hubo terminado su tarea, abordamos al raro pintor y fácilmente entablamos charla. Se trataba de un buen muchacho, dulce y humilde, que pinta de pura afición, como siente la pintura, instintivamente. Avanzando en nuestra conversación, no nos costó obtener que nos invitara a ir hasta su casa, una de esas modestas casas típicas de La Boca.

Allí nos contó su historia, triste como pocas. Quinquela Martín es huérfano, pero aun es inclusero: hijo del amor, como él mismo se llama. Adoptado a los cinco años por sus actuales padres, un matrimonio de sencillos hijos de Italia, su infancia fue dura. Hasta los veinte años fue descargador y repartidor de carbón. Aún recuerda riendo sus primeros pujos en el diseño, carbón en mano, y haciendo víctima de sus inclinaciones a cuanta pared halló a su paso. A los veintiún años sintió la necesidad de instruirse sólo, sin ayudas externas, empezó febrilmente a aprender, comenzando casi por las primeras letras. Con tanto ardor se inició en esa nueva fase de su vida, que su físico, hecho a las rudas tareas materiales, fue incapaz de resistir, y el bravo muchacho se enfermó. Pasó una temporada en Córdoba y San Luis y de regreso adoptó la resolución definitiva que habría de cambiar fundamentalmente su vida.

Atacó la pintura abandonándolo todo. Solo, sin apoyo moral ninguno; sin un maestro que guiara sus primeros pasos, se dedicó por entero a la pintura. Cruenta fue la lucha que sostuvo. […] Desde su iniciación, supo comprender que lo que convenía a su modo de ver la pintura era hacerse solo, sin aceptar las restricciones y las pautas que para los temperamentos fuertes significan las academias, los procedimientos de «receta» y las normas inmutables. Libre como el potro, que si nunca saboreó los sibaritismos del box mullido, jamás conoció la esclavitud del freno que al guiar anula e inferioriza; así se hizo este pintor, íntegro, sincero y fuerte.

J. Márchese ( Fray Mocho, 1918)

Fuente Consultada: Benito Quinquela El Maestro del Color Protagonistas de la Cultura Argentina – La Nación –

Conocer el Estilo de sus obras:

Libro Online Sobre Quinquela: Paradojas del Sur

El Circo La Familia Podesta Biografía Cultura en el Regimen Oligarquico

El Circo La Familia Podesta
La Cultura Durante el Régimen Oligárquico

La familia Podestá

Su génesis inmediata parte de Pedro Podestá y de María Teresa Torterolo, un muchacho y una joven. genoveses que se conocieron en Montevideo y se casaron. La lucha por la vida los trajo a Buenos Aires; se establecieron con un almacén en el barrio de San Telmo y tuvieron sus dos primeros hijos, Luís y Jerónimo.

Pero corría el año 1851 y el tambaleante gobierno rosista había hecho circular el rumor de que sí Urquiza entraba en la ciudad iba a degollar a todos los gringos.

El temor hizo que el matrimonio regresara precipitadamente a Montevideo, donde la prole aumentó con Pedro, José Juan (Pepe), Juan José, Graciana, Antonio, Amadea y Pablo Cecilio: la robusta pareja de comerciantes no suponía que había alumbrado la vida, la presencia y el vuelo del futuro teatro del sur del continente.

En el cuarto hijo, Pepe, se despertó la pasión por el circo, originada por las representaciones a las que la suerte le había permitido asistir. Cuenta en sus memorias que convenció a sus hermanos mayores y menores para que practicaran bajo su dirección las pruebas que habían visto.

Como el intuitivo conductor tenía genio y el improvisado elenco buenas condiciones, pronto fundaron su propio circo, encabezado, naturalmente, por el adolescente Pepe.

Graciana se casó con Alejandro Scotti, también empresario circense y descollante acróbata. Así nació el elenco Podestá-Scotti, que llegó a gozar de bastante notoriedad dentro de la modestia endémica del circo criollo.

La eterna cabalgata los encontró en 1884 trabajando en Buenos Aires, en el circo Humberto Primo, situado en Moreno y Ceballos, en la actual esquina del Departamento de Policía metropolitano. Pepe, además de integrar con sus hermanos José y Pablo un trío de trapecistas anunciado como «Los cóndores del trapecio«, había creado un personaje, Pepino el 88, payaso desenfadado que hacía virulentos chistes sobre temas de actualidad. Quiso la suerte que en una zona más céntrica, en el lujoso teatro Políteama Argentino, actuara por entonces el circo internacional de los hermanos Carlo.

En esa época, los grandes circos dividían sus funciones en dos partes. En la primera exhibían los números clásicos; en la segunda representaban una pantomima, basada en temas exóticos y de acción sostenida, con gran despliegue de escenografía y vestuario. Algunos títulos pueden dar idea de sus argumentos: Los brigantes de Calabría, Los bandidos de Sierra Morena, Garibaldi en Aspromonte, Una noche en Pekín.

Para cerrar la exitosa temporada de 1884, los Carlo quisieron homenajear a ese leal público porteño que tanto los favoreciera mostrándole una secuencia de color local. El folletín de Gutiérrez, Juan Moreira, reunía las condiciones necesarias; había probado su atractivo masivo y permitía un espectáculo emocionante. Conversaron con Gutiérrez y éste aceptó la idea entusiasmado; hasta se ofreció para realizar él mismo el traspaso al mimodrama. Pero puso una condición: que el personaje central fuese animado por un criollo verdadero, temiendo que el protagonista ostentase rubias guedejas y brillantes lentejuelas.

Dada la dificultad de conseguir actores nativos, los Carlo comenzaron a recorrer los circos. Así descubrieron a Pepino el 88, con el incuestionable oficio que día a día demostraba en las arenas del Humberto Primo. Como refuerzo del criollaje, toda la compañía de los Podestá fue incorporada a la empresa de los Carlo para las trece funciones que comenzaron el 2 de julio. Por primera vez tuvieron a su servicio las instalaciones de un gran teatro.

Terminada la temporada, la familia siguió a los Carlo hasta Brasil. Después, volvió a deambular por las inmensidades argentinas y uruguayas. En 1886, actuando con suerte esquiva en Arrecifes, provincia de Buenos Aires, alguien, tal vez por hambre, propuso incorporar una segunda parte con aquel Juan Moreira del Politeama. No era mala idea: entre todos fueron repasando los borrosos movimientos de la puesta.

A pesar de la improvisación del estreno, la novedad gustó al ingenuo auditorio. Un vecino de la zona, el francés León Beaupuy, se acercó a Pepe después de una función y le pidió que le aclarara algunos movimientos que no había entendido. «Si hablaran, —explicó— todo sería más claro.» El auténtico hombre de teatro que latía en el payaso se despertó. Sin pensarlo así, Beaupuy le había dado la idea de que su compañía utilizara uno de los elementos fundamentales del ejercicio dramático: la palabra. Y allí, sin más, Podestá se puso a escribir un libreto, al que agregó diálogos tomados literalmente del texto de Gutiérrez: el 10 de abril debutó en Chivilcoy con sus hermanos y sobrinos, haciendo todos uso —y tal vez abuso— de sus voces.

Pasarían cuatro años de giras interrumpidas, durante los cuales la obra se fue asentando, con agregados de nuevas escenas, de nuevos personajes —el de Cocoliche, por ejemplo—, de bailes, canciones y payadas, en las que a veces intervenía el moreno Gabino Ezeiza, »bardo errante y vagabundo que iba con su guitarra de rancho en rancho y de pulpería en pulpería, glosando los acontecimientos más notables, recordando los altos hechos de los hombres ilustres, llevando a todas partes las palpitaciones del alma nacional», según el comentarista Francisco Pi y Suñer. En esa práctica constante, los nuevos actores alcanzarían un buen dominio del oficio. Distraer con la triste condición del gaucho ya les era fácil rutina cuando se presentaron ante el público porteño en el año 1890.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA: En noviembre de 1879, Eduardo Gutiérrez publicó Antonio Larrea, un folletín sobre un bandido español que operaba en Buenos Aires. Y también ha comenzado a publicar una novela por entregas titulada La Vida vida de Juan Moreirá.

Este escritor nació en la ciua dad de Buenos Aires el 15 de julio de 1851. Es sobrino del escritor Bartolomé Hidalgo. A los 15 años comenzó a trabajar en el diario La Nación Argentina, con el seudónimo de Benigno Pinchuleta, haciendo una columna ligera de humor. A los 19 años se produjo su ingreso al fuerte sureño General Paz, participando en algunas batallas contra las fuerzas del cacique Namuncurá. Su experiencia militar duró diez años, durante los cuales conoció de cerca la vida y las miserias de la población rural y los abusos de las autoridades, que a los condenados por «vagos» o «malentretenidos» les daban a elegir entre ingresar como peones a una estancia o ser-vir en la frontera como soldados.

Aunque no completó sus estudios, es un autodidacta que ha aprendido a hablar inglés, francés, italiano, alemán, portugués y vascuence por su propia iniciativa. Los protago nistas de sus nov las son gauchos que han mata do en «buena» y «mala» ley, que han tenido escenas de pelea y de sangre contra la autoridad, perseguidos, y por eso mismo son admirados por el paisanaje. Por otro lado, al describir a las personas que representan el poder, Gutiérrez destaca sus vicios y arbitrariedades, lo que ya era conocido y resistido por la población rural.

BIOGRAFÍA DE LA FAMILIA PODESTÁ:

Podestá, Alberto
CANTOR. SAN JUAN, 1926
Llegó desde su provincia a buscar suerte en Buenos Aires y al poco tiempo, en 1939, debutaba en el ca-baré Singapur, que quedaba en Corrientes y Montevideo, con Miguel Caló. Se convirtió, siendo muy joven, en uno de los intérpretes más destacados de la época de oro del tango. Fue la voz de las típicas de Carlos Di Sarli, Francini y Pontier y de Pedro Láurenz. Intérprete emblemático de «Alma de bohemio», grabó numerosos discos y aunque la década de su esplendor transcurrió en los años cuarenta y cincuenta, cuando los lugares más reconocidos eran el Nacional, el Marzotto, La Armonía, Tango Bar y las confiterías bailables Picadilly, Sans Souci y Montecarlo, jamás dejó de cantar en diversos reductos tangueros de Buenos Aires.

Podestá, Blanca
ACTRIZ.
LA PLATA, BS. AS., 1889-1967
Era hija de Jerónimo Podestá. Apareció por primera vez en un teatro cuando tenía seis años, en el entonces Olimpia platense, que luego adoptó el nombre de Coliseo Podestá. Gran figura del teatro nacional, fue cabeza de una prestigiosa compañía y llegó a representar a unos 500 personajes. Los críticos destacaban su voz áspera, sus arranques temperamentales y su imponencia física. Estrenó obras de Enrique García Velloso, Florencio Sánchez (M’ hijo el dotor), y de Roberto J. Payró (Sobre las ruinas y Marco Severt).

Si la primera generación de los Podestá se había destacado dando a conocer a autores nacionales que escribían sobre asunros locales, Blanca fue una de las primeras en introducir autores extranjeros como Bernard Shaw, Oscar Wilde y León Tolstoi. Comenzó integrando la compañía de su padre, en su adolescencia pasó a la de su tío Pablo y finalmente organizó la suya propia y se convirtió en maestra de grandes actores. En su homenaje, el teatro ubicado en Corrientes 1383 de la Capital Federal lleva su nombre.

Podestá Jerónimo
ACTOR. BS. AS-, 1851-1923
Uno de los líderes de la familia Podestá. Construyó el teatro Nacional de la calle Corrientes en 1906. Fue quien impulsó a la fama a Florencio Sánchez estrenando en 1903 su obra clásica M’ hijo el dotor, y al año siguiente Canillita, Cédulas de San Juan y Nuestros hijos en 1907. Entre los autores que representó figuran Enrique García Velloso, Nicolás Granada, Ezequiel Soria y Gregorio de Laferrére, de quien estrenó ¡Jettatorel en 1905 y al año siguiente Locos de verano.

En 1904 estrenó el drama rural de Roberto Payró Sobre las ruinas y Marcos Severi, El gran circo de Jerónimo duró hasta 1913, año en que se retiró de la escena. Sus hijos fueron importanres actores y cantores, entre ellos se destacan especialmente María, cantante y actriz; Blanca, actriz; Arturo y Ana, ambos actores. Era hermano de Pablo, Pepe, Juan y Antonio, el autor del conocido «Pericón por María».

Podestá José «Pepe»
ACTOR.
MONTEVIDEO, URUGUAY, 1858-LA PLATA, BS.AS., 1937
Fue junto a sus hermanos uno de los fundadores del teatro Nacional y el primero de todos en alcanzar el fervor del público. Los Podestá invirtieron tiempo y dinero en el negocio del teatro, en sorprender al público con nuevos recursos y en presentarle obras de interés nacional escritas por autores criollos. Uno de los grandes escenarios de este primer teatro fue el circo y luego el teatro que Jerónimo había ayudado a construir y que luego Pepe compró a sus hermanos.

Para amortizar esa deuda trabajó en circos que ambulaban por la provincia con su famoso personaje Pepino el 88, creado en 1881, hasta que formó su propia compañía, en la que participaron muchos de sus familiares, convirtiéndose en el pionero del teatro rioplatense. Pepino el 88 hablaba y cantaba, decía versos sentenciosos, criticaba a los gobiernos, aludía a los negociados y a las especulaciones que derivaron en la crisis de los ’90 sin dejar de incorporar referencias picaras sobre el amor y las mujeres.

Una muestra de su ironía política en escena son aquellos versos en que repetía una frase que andaba por entonces en las calles: «Cómo está la situación»: «Jamás se ha visto, señores,/aquilismo tan tremendo/como el que vamos sufriendo/y aflige a esta población./Jamás se ha visto tal crisis/de reales conocimientos/y exclamar entre lamentos/¡Cómo está la situación!».

En 1909, después de que Pablo formara compañía propia, como empresario comenzó a tener inconvenientes con los autores teatrales que le reclamaban el 10 por ciento en materia de derechos —problema que tanto Pablo como Jerónimo reconocieron inmediatamente-. Como actor, encarnó a los personajes de Juan Cuello, Santos Vega y Cornelio Saavedra, entre otros.

Las obras más memorables de su compañía fueron: Política casera (Ezequiel Soria), Abajo la careta (Enrique Buttaro), Jesús Nazareno (García Velloso), La piedra del escándalo (Martín Coronado) y Al campo (Nicolás Granada).

Podestá María:
ACTRIZ. CANTANTE.
MONTEVIDEO, URUGUAY, 1885-BS.AS., 1S54
Hija de Jerónimo Podestá, se inició en la compañía circense de su padre y demás parientes e intervino en la primera versión de Juan Moreira y posteriormente en Calandria, de Marti-niano Leguizamón. La llamaban «La rubia cantora», porque solía ser la encargada de cantar las canciones en las puestas, siempre acompañándose con su guitarra. Se retiró muy pronto de la escena, en cuanto se casó, en 1903.

Podestá, María Esther
ACTRIZ. BS. AS., 1896-1983
A los 4 años debutó en el circo de su familia como cancionista criolla. En 1913 estrenó la versión española de la comedia de Cario Goldoni, Cosí va il mondo, bimba mia. Desde entonces actuó en todas las temporadas teatrales. Después de pasar por la compañía de su abuelo Jerónimo Podestá, pasó a la de la actriz española Rosario Pino, que actuaba en el teatro Odeón.

Estrenó obras de varios autores nacionales y desde que se casó con el actor Segundo Pomar se dedicó a la comedia, el saínete y la revista. Recorrió Latinoamérica con sus espectáculos y recibió numerosos premios por su labor teatral. Distinguida cantante de tangos, fue quien estrenó en 1920 «Milonguita», de Samuel Linning y Enrique Delfino. En cine realizó más de 70 películas, la primera de las cuales fue Bajo el sol de la pampa (1916) y la última Crecer de golpe (1977).

Podestá, Pablo
ACTOR. MONTEVIDEO, URUGUAY, 1875-1923
Integrante de la familia de artistas fundadora del teatro Nacional. Fue el hijo menor de Pedro Podestá y María Torterolo, dos inmigrantes genoveses que en la época de Juan Manuel de Rosas se trasladaron a Uruguay. Tuvieron nueve hijos y casi todos ellos, incluida su descendencia, se dedicaron al teatro. Era hermano de Pepe, Jerónimo, Antonio y Juan Podestá.

Fue artista de circo hasta que una grave caída lo obligó a dedicarse a la pantomima. Debutó el 10 de abril de 1886 acompañando a la troupe familiar en el estreno del drama criollo hablado Juan Moreira, cuyo éxito hizo famosos a los miembros de la familia y que se ha considerado como el punto de partida de un teatro nacional. Los Podestá hicieron un teatro que reflejaba a la gente que se identificaba con Juan Moreira y que no accedía al teatro «culto», era la gente que iba al circo. Primero veían la versión circense y luego la función de teatro. La primera versión de esta obra de Eduardo Gutiérrez fue presentada por los Podestá como pantomima y luego como teatro hablado.

Pablo fue el exponente más depurado dentro de esta familia de actores. Desde su adolescencia demostró un temperamento poco común, que más tarde llegaría a impresionar al público con miradas diabólicas, gestos y personificaciones asombrosas y electrizantes. Hasta 1906 actuó con sus hermanos en el teatro Apolo, estrenando obras tales como Barranca abajo y En familia, de Gregorio de Laferrére, o La piedra del escándalo, de Martín Coronado. De sus 47 años de vida pasó 38 entre el circo y el teatro.

Cuando formó su propia compañía se transformó en el mejor intérprete de Florencio Sánchez y compartió escenario con Orfilia Rico, Florencio Parravicini, Angelina Pagano y Luis Arata. Tocaba varios instrumentos, entre ellos la guitarra, y solía payar en los espectáculos. Además era un habilidoso escultor, realizó diversos bustos de actrices de la época, como el de una casi adolescente Eva Franco.

Compuso varios motivos para obras de la época, como los versos de Martín Coronado que se cantan en La piedra del escándalo. Murió internado en un sanatorio para enfermos mentales, soñando que sería presidente de la República.

Fuente Consultada:
HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia De La Argentina – Crónica –
El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1860 – 1879
Diccionario de los Argentinos Hombres y Mujeres del Siglo XX Editorial Pagina 12 – Fasc. Nº 37 – Letra P

Circo de Moscu Sarrasani Circos en Argentina Historia de Payasos

Circo de Moscú y  Sarrasani – Historia de Circos en Argentina

HISTORIA DE LOS PRIMEROS CIRCOS: Los antecedentes más primitivos del circo como entretenimiento popular se encuentran en las sangrientas atracciones del circo romano, y en la Edad Media en las troupes de volatineros y saltimbanquis que armaban sus tablados en los castillos y ciudades europeos.

Otros trashumantes, los gitanos, en tanto, en sus vagabundeos por el Viejo Continente, repetían año tras año su número de adivinación de la suerte, así como las pruebas de sus monos amaestrados.

En su concepción moderna, la que rige hasta el día de hoy, el circo comenzó a tomar forma con la tarea visionaria de Philip Astley, el inglés que en 1770 construyó una pista en las cercanías del puente de Westminster, frente al Parlamento, y en las proximidades del río Támesis. Jinete y caballerizo de la Corona, Astley levantó su pista para hacer pruebas ecuestres. Pero para atraer la atención de los londinenses probó todo, desde músicos y trompetistas hasta acróbatas y por vez primera, también payasos. Tras la sucesión de varios incendios, su circo tomó el aspecto circular que legaría a la posteridad.

La posta la tomaron en el siglo XIX el veneciano Antonio Franconi, discípulo de Astley, y fundamentalmente desde 1873 el Circo Medrano que funcionaba en Montmartre, París. Para 1850, además, se habían agregado al género los trapecistas y entre 1870 y 1880 los hombres bala, una moda que se fue perdiendo por los accidentes que padecieron los artistas que se atrevían con esa especialidad.

En 1815 llegó el turno de los elefantes, que se introdujeron por entonces en el mundo del circo. En 1826 se adoptó definitivamente el toldo circular de lona para cerrar la carpa. El fuerte empuje para este espectáculo viene de la mano de los emprendimientos de Phineas Taylor Barnum en los Estados Unidos, que movilizó su The Greatest Show on Earth en 67 vagones de ferrocarril, con una caravana de 20 elefantes, 46 caballos y su imponente carpa de 3 pistas.

De los Estados Unidos partió rumbo a los caminos del mundo, a fines del siglo XIX, otro espectáculo circense, el de William Cody, el legendario Buffalo Bill, con su inofensiva parodia del Lejano Oeste, incluyendo a sus indios domesticados. Otros nombres famosos fueron el del circo alemán Kronne y el popular Ringlin.

Los Antiguos Circos En la Argentina

Aquí el espectáculo circense tuvo sus orígenes a comienzos del siglo XIX. En 1834, el acróbata italiano Pedro Sotora fue el primer payaso que actuó en Buenos Aires. Al principio se presentó como prestidigitador, auto titulándose luego El rey del fuego y por último como El hombre incombustible, especializándose en saltos mortales y otros tipos de peligrosas piruetas.

Muchos de estos primitivos espectáculos circenses tenían lugar en el famoso Parque Argentino, que estaba en la plaza del Parque, hoy plaza Lavalle, en la primera mitad del siglo XIX. En 1865 comenzaron a llegar a Buenos Aires artistas de circos extranjeros.

Poco antes de 1870, Buenos Aires se conmovió con la llegada a su puerto de la troupe del Circo Chiarini con sus 30 caballos amaestrados, que previamente había triunfado en Montevideo. Una verdadera multitud se reunió en el muelle para observar el espectacular desembarco que prenunciaba las exitosas presentaciones. En 1915, la empresa británica de ferrocarriles habilitó la lujosa sala de espera de la estación Retiro para una troupe circense.

En 1908 llegaron a funcionar en la Capital, en forma simultánea, 9 circos; y en el Hipódromo, en plaza Lorea, el admirado Frank Brown no comenzaba su rutina circense sin leerle a un atento público algún poema de Rubén Darío.

En Buenos Aires, los teatros más importantes competían entre sí ofreciendo espectáculos circenses a un público que iba en aumento. Así, en 1918, el Politeama atraía al público con sus números de lucha grecorromana, mientras que en el Coliseo se presentaba con éxito la Célebre Caballeriza del CircoTuzzi.

Con el tiempo, y mientras Buenos Aires se convertía en una ciudad cosmopolita, los viejos y módicos circos que recorrían los caminos del interior comenzaron a caer en el descrédito. Fueron reemplazados por las organizaciones circenses llegadas de Europa o de los Estados Unidos.

En 1910, para los festejos del Centenario, más de 15 circos pidieron sin éxito autorización a la Municipalidad para actuar en el centro de la ciudad. No se les permitió instalarse y el argumento que se esgrimió para tal prohibición fue que el «mal olor de sus fieras» podría llegar a molestar a la infanta Isabel, invitada de honor de los actos.

Los circos pequeños con los carromatos desvencijados y sus pocos animales eran llevados a los suburbios de la ciudades argentinas , a menudo a baldíos y de mediocres ingresos. La gloria seria para otros.

LOS FAMOSOS PAYASOS MUNDIALES SIN CIRCO
GABY , FOFO Y MILIKI

En 1971, Buenos Aires fue testigo de una auténtica paradoja: el éxito de una troupe de payasos sin circo. Era el triunfo de los hispánicos Gaby, Fofo y Miliki –los hermanos Aragón-, a los que acompañaba en la ocasión un muy juvenil Milikito.

Estos hermanos, que eran herederos de una troupe de payasos que empezó su trayectoria en 1936 en Barcelona, se impusieron en la Argentina, no bajo la carpa de un circo, sino ante las luces de un canal de TV. Aparecieron en los famosos Sábados Circulares de Nicolás Mancera, y pronto tuvieron su propio show en Canal 13.

En muy poco tiempo, la gracia y la ternura del conjunto habían conquistado el corazón de los niños argentinos, que memorizaron al detalle clásicos como La gallina turuleca u Hola, don Pepito, que la troupe cantaba. Rápidamente, sumaron al éxito sus actuaciones en una carpa de Liniers, y la acelerada edición de dos álbumes para el Día de la Madre y para Navidad.

payasos

Así hablaban los diarios y revistas  de su época:

«Nacieron los tres en España, los dos primeros en Madrid, el último en Sevilla. Son de los pocos excéntricos musicales que han terminado su carrera musical, estudiando armonía y composición en Madrid y París. Después de consagrados en España como cómicos musicales, recorrieron toda Europa, actuando en los países escandinavos, Alemania, Francia, Portugal e Italia.

En 1946, vienen por primera vez a América, debutan en Cuba. En La Habana actúan con gran éxito en los principales locales: Teatro América, Encanto. Fausto, Radiocentro; Nignt Clubs, Tropicana, Montmartre. Sans Souci. En 1947 van a México actuando en El Patio, Teatro Lírico y Follies Bergere, XEW Radio y protagonizan una película, «El Nieto del Zorro».

Hacen después una tournée por Centro y Sur América, regresando a Cuba en 1949, cuando se inaugura la Televisión. Pioneros de este nuevo medio en hispanoamérica, son los primeros artistas firmados por Unión Radio TV de La Habana. En año y medio de actuaciones con esa empresa, consiguen el primer lugar en la audiencia. De allí pasan a CMO TV, donde rinden tres anos y medio de actuaciones ininterrumpidas. Son los artistas más cotizados en la TV cubana.

Saltan a Puerto Rico donde en poco tiempo se convierten en idolos, actuando en este país en el Canal 2 de WKAO. Telemundo. Interpretan doce instrumentos musicales entre los tres hermanos.Ventajosos contratos los llevan a los Estados Unidos de Norte América, donde permanecen cuatro años recorriendo exitosamente el país de costa a costa. Actúan en idioma inglés, hablan correctamente cinco idiomas, triunfan en Las Vegas, Miami, New York. Chicago, etc., etc. Actúan junto a las principales figuras estelares de este país.

Todo Puerto Rico aplaude los programas diarios de esta simpática gran familia de artistas enciclopédicos y polifacéticos.»

Ver: Correo de la ONU – Historia de los Circos

Fuente Consultada:
El Diario Intimo de un País – 100 años de vida cotidiana – La Nación

Exportaciones de Granos en 1880 Caracteristicas Plan Agroexportador

Exportaciones de Granos en 1880
Características Plan Agroexportador

Principal objetivo económico: Producir, exportar…

A a solidez de la moneda y de la economía argentina dependía de la evolución del comercio exterior o, en otras palabras, de la capacidad nacional para exportar mucho, importar lo indispensable y capitalizarse con los saldos del intercambio. Como ya se ha dicho, la situación del mercado internacional era óptima para la incorporación de esta Argentina recién llegada. Pero en la década del ochenta el despegue de nuestro país, aunque impresionante, no alcanzó a arrojar saldos positivos. A partir de esta realidad, todo se iría deteriorando hasta llegar al estallido de 1890.

Exportaciones de Granos en 1880 Caracteristicas Plan Agroexportador

Las exportaciones argentinas, calculadas en pesos oro, fueron de casi 60 millones en 1880, y aumentaron gradualmente hasta llegar a 100 millones en 1890. Las importaciones también aumentaron, pero mucho más rápidamente: de 45 millones en 1880, a 142 millones en 1890. Salvo 1880 y 1881, todos los años siguientes arrojaron saldos negativos: en 1889 el monto fue de 74 millones de pesos oro. Esta balanza comercial deficitaria se fue cubriendo con ingresos en metálico provenientes del exterior en forma de empréstitos, o con la enajenación de ferrocarriles, tierras y otros bienes nacionales.

Se trataba, naturalmenle, de recursos de emergencia. Algunas voces prudentes, como la de Sarmiento que hablaba de «la gran deudora del sur, o la de Aristóbulo del Valle que clamaba contra las emisiones de papel sin respaldo, verdaderas falsificaciones vaticinaban sombríamente los resultados de esta política.

Sin embargo, aunque nuestro comercio exterior presentaba esta grave debilidad, las líneas tendidas en esta década eran correctas y se asentaban en una lúcida apreciación de la realidad industrial europea. Los mercados del Viejo Continente reclamaban lanas y cueros para elaborar; sus pueblos podían consumir una mayor cantidad de alimentos de mejor calidad. El descubrimiento del frío artificial hacía posible el transporte de la carne, y los crecientes tonelajes de los buques de ultramar permitían grandes cargamentos de cereales.

La Argentina tenía tierras vastas y fértiles, que se podían explotar a bajos precios, y una tradición agrícola y ganadera que incorporaba, año tras año, una mejor tecnología. Faltaban, eso sí, medios de transporte que abarataran los costos derivados del inconveniente de la lejanía de las praderas respecto de la boca de salida.

Planteadas así las cosas, es indudable que la política en materia de exportaciones seguida por el Estado en aquellos anos rué correcta. La producción primaria, sobre todo la pecuaria, recibió toda clase de apoyo, desde exenciones impositivas para promover los envíos de carne enfriada, hasta ventas de grandes extensiones de tierra a bajo precio; desde los créditos fáciles en los bancos, hasta el establecimiento de un nuevo Banco Hipotecario, que haría afluir al país ingentes capitales externos a través de la venta de sus acreditadas cédulas.

Las incipientes fuerzas productivas locales respondieron positivamente a estos estímulos, como era de prever; a fin de destacar esta saludable reacción basta recordar la incorporación de maquinaria agrícola, alambrados y molinos a las explotaciones, o la acelerada mestización del ganado.

¿Qué ocurrió, entonces, para que el desequilibrio de nuestro comercio exterior llegara, a fines de la década de 1880, a ser catastrófico? Ocurrió que los frutos de este proceso tenían necesariamente un tiempo de maduración, y en estos años todavía estaban verdes…

Las exportaciones de trigo, maíz y lino eran promisorias pero todavía insuficientes: recién habrían de maximizarse en la década siguiente y, de modo espectacular, en la que se inició en 1900. Sólo el tasajo, los cueros y las lanas podían compensar, en la década que estudiamos, las importaciones masivas: pero el tasajo estaba dejando de consumirse en sus antiguos mercados, y la lana, por su parte, vio bajar su precio en Europa. En cambio, las importaciones subían sin control.

Se centraban en bienes de consumo, especialmente alimentos y bebidas destinados a satisfacer la demanda de aquellos inmigrantes que aún conservaban sus hábitos nacionales, o en textiles. Se importaban también bienes de capital o de consumo durable, pero en porcentajes bajos.

En 1885 empiezan a incrementarse firmemente las exportaciones agrícolas y, paralelamente, las importaciones, siempre en ascenso, comienzan a variar su composición: ahora se trae material ferroviario, productos industriales y otros bienes de capital. Pero los resultados de estas incorporaciones tendrán que esperar unos años para manifestarse: por ahora sólo agravan el desequilibrio de nuestra balanza comercial.

Ningún país puede sobrevivir mucho tiempo a un déficit continuo y creciente en su intercambio. Ocho años de balance negativo en nuestro comercio exterior, disimulados con empréstitos e inflación, bastaron para conmover la vulnerable economía de 1890.

Y sin embargo, el esquema comercial de la Argentina estaba bien planteado. El país había detectado correctamente sus mercados, identificado los bienes que debía privilegiar, e incorporado las técnicas que aumentarían y mejorarían la producción. Simplemente faltó contención y disciplina para que estas acertadas líneas productivas dispusieran del tiempo necesario para robustecerse. Resultaba más fácil endeudarse y seguir importando todo lo que se les ocurriera a los consumidores…

¿Cómo pudo mantenerse durante diez años esta ficticia arquitectura? La explicación no es fácil, pero seguramente debe centrarse en la enorme fe que suscitaba el espectáculo argentino: la consolidación de sus instituciones, la explotación de sus tierras fértiles y la ocupación de las marginales, la explosiva actividad de sus habitantes, la rápida asimilación de sus inmigrantes y, sobre todo, un proceso que en ese momento era el gran vector del progreso mundial: los ferrocarriles, en los que fluía el tráfico y el comercio.

 

LA EDUCACION PUBLICA durante el Régimen Oligárquico Objetivos

LA EDUCACIÓN PÚBLICA
En El Régimen Oligárquico

La instrucción pública: educar para todo el pueblo.

LA EDUCACION PUBLICA durante el Régimen OligárquicoDurante el último cuarto del siglo pasado fue notoria la preocupación de los gobiernos nacionales por obtener un mejoramiento en la instrucción pública. Con tal fin se creó, en 1876, la primera Escuela de Comercio, en Rosario; no obstante fue clausurada en 1881 por falta de alumnado.

En 1891 se insistió en el tema y se fundó, en la Capital Federal, el Colegio Carlos Pellegrini y, con éxito esta vez, se reabrió la escuela de Rosario (1896).

En 1898, bajo la dirección del ingeniero Otto Krausse (imagen) , se estableció la primera Escuela Industrial y se instituyeron escuelas profesionales para mujeres, así como las de Artes y Oficios.

La necesidad de dotar a la Universidad de cierta autonomía impulsó al gobierno, en 1885, a promulgar la Ley Avellaneda.

Disposiciones emanadas de la misma ordenanza crearon un Estatuto universitario que proveía, a las Universidades de Buenos y de Córdoba, de las facultades necesarias para constituir sus propios organismos y regularizar su propia administración.

Tales disposiciones en los ámbitos secundario y terciario, fueron reforzadas con la realización de importantes reformas a nivel primario. Desde la administración de Domingo Faustino Sarmiento, el problema del analfabetismo ocupó un lugar de privilegio en la mentalidad de los conductores del país, puesto que grandes sectores de la población en edad escolar —desde los 6 hasta los 14 años— carecían de instrucción y sólo una minoría asistía a la escuela.

En 1882 se llevó a cabo en Buenos Aires un Congreso Pedagógico que reunió a altas personalidades docentes, no sólo del país sino también del extranjero. El Congreso coincidió en tres puntos: la enseñanza debía ser laica, gratuita y obligatoria, debían suprimirse los castigos corporales y los premios, y la mujer debía participar en la docencia. En 1875, la provincia de Buenos Aires había dictado una ley que propendía a la enseñanza común, aseguraba su gratuidad y obligatoriedad, y fijaba sanciones para hacerla efectiva.

Con estos dos antecedentes inmediatos, en 1883 se realizó un Censo escolar de cuyo resultado surgió que, sobre más de medio millón de individuos en edad escolar, sólo concurrían 146.000 niños a los establecimientos de enseñanza primaria y de ellos, muy pocos completaban los cursos. Por lo tanto, en medio de acalorados debates parlamentarios sobre el proyecto de organización de la enseñanza primaria, se votó la Ley de Educación Común Nro. 1420 (conocida como Ley de Enseñanza Laica), el 8 de julio de 1884.

Los principios fundamentales promulgados por dicha ley son:

• La enseñanza primaria será obligatoria y gratuita para los niños de 6 a 14 años.

• Dicha enseñanza podrá recibirse en las escuelas públicas y particulares, o en el hogar.

• La enseñanza será gradual y conforme a los principios de la higiene.

• Difundirá un mínimo de instrucción, distribuido en asignaturas que podrán desarrollarse de acuerdo con las necesidades de la Nación y la capacidad de los edificios escolares.

• Podrá impartirse en cursos mixtos de varones y mujeres.

• Se distinguirán las ramas especiales de la enseñanza primaria: jardines de infantes, escuelas de adultos y escuelas ambulantes en la campaña.

• La enseñanza religiosa sólo se impartirá en las escuelas públicas por los ministros de los distintos cultos, antes o después del horario escolar.

Las disposiciones de la Ley 1420 han hecho posible que en la escuela argentina no se adviertan —ni se admitan — las diferencias de clase, raza o religión entre los alumnos, y que se respeten los derechos del niño, de sus padres y de sus educadores.

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros

 

Los Pintores Argentinos Durante el Regimen Oligarquico de 1880

Los Pintores Argentinos Durante el Régimen Oligárquico

Los pintores nacionales el período de “los organizadores

Las dos últimas décadas del siglo XIX fueron las más fecundas en la formación artística nacional; asimismo, fueron las más constructivas, en lo que se refiere a conquistas institucionales. Gracias al incentivo de las asociaciones privadas y al Estado, se fundaron la Sociedad Estímulo de Bellas Artes —la Academia—, el Museo de Bellas Artes y el Salón Nacional. Merced a estas creaciones, las actividades plásticas lograron un impulso concreto y definitivo.

Eduardo Sívori (1847-1918) fue uno de los fundadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. Viajó por Italia y estudió pintura en Buenos Aires y en París.

En esta última ciudad realizó un cuadro, Le lever de la bonne (El despertar de la criada), de tendencia naturalista — actualmente está en el Museo Nacional de Bellas Artes— que lo consagró definitivamente.

De regreso a su patria, grabó las primeras aguafuertes que se hicieron en el país: La Carreta, La Tranquera y Tropa de carretas en la pampa.

Este trabajador incansable ejerció gran influencia en la organización de la pintura argentina. Entre sus principales obras se cuenta: La muerte del campesino, Primavera, En el taller y Autorretrato. La imagen izquierda es un retrato de su señora

Si hubo un pintor con sentido de la historia, ése fue José Bouchet (1848-1919). Aun cuando había nacido en Pontevedra (España), irradió argentinidad: fue un gallego que “sintió y amó lo nuestro como pocos”.

Desde los trece años vivió en Buenos Aires, en donde estudió; después se perfeccionó en Florencia. Su primera obra, La Carambola, fue adquirida, en 1884, por el Museo de Nueva York. Pintó los paisajes autóctonos argentinos y realizó muchas composiciones sobre temas históricos, tales como el Campamento de San Martín en Plumerilla, Pringles en Pescadores, Tropas en el Chaco y Columna de ranqueles, entre otras obras.

La pintura de Reinaldo Giudici (1853- 1921) expresó, decididamente, una tendencia social. Estudió en Montevideo, Buenos Aires y Venecia. Su mejor obra, La sopa de los pobres —premiada en la Exposición de Berlín, en 1884— demostró las particularidades del realismo popular, de clara intención social, así como una real fidelidad hacia el dibujo y el color. Prerrogativas aristocráticas, es otro cuadro que responde, sin lugar a dudas, a esa tendencia del artista.

Graciano Mendilaharzu (1856-1894) estudió en París. Pintó naturalezas muertas y motivos campestres. En Buenos Aires (1887) decoró la sala de sesiones de la Legislatura provincial con once figuras alegóricas y nueve retratos que avalaron, en su país, la fama adquirida en Europa.

 Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros

Los Inicios del Periodismo Argentino Origen Primeros Periodicos

Los Inicios del Periodismo Argentino desde 1853 – Origen Primeros Periódicos

La nueva prensa. El derrocamiento de Rosas implicó la iniciación de una nueva etapa en la historia del periodismo argentino, el cual durante la etapa rosista había estado amordazado por la imposición de un tipo único de prensa oficialista que, como fiel servidora del régimen imperante, estuvo destinada a cantar loas a su conductor, aplaudir sus actos y lanzar ataques contra los ciudadanos libres que se oponían a la barbarie entronizada en el poder.

El retorno de los proscriptos dio nueva vida al periodismo, ya que la mayoría de ellos recurrieron a la prensa para difundir sus ideas acerca de los problemas relacionados con la organización nacional.

Las agitaciones populares que llevarían a la ruptura de la provincia de Buenos Aires con la Confederación, determinaron la creación de nuevos órganos periodísticos que, además de defender doctrinariamente sus puntos de vista, se convirtieron en fieles expresiones de prensa política y de combate.

El 1° de abril de 1852 se fundaron El Progreso, que bajo la dirección de Delfín B. Huergo, Diego de Alvear y José L. Bustamante sería órgano de la política de Urquiza, y Los Debates, diario dirigido por Bartolomé Mitre.

mitre periodista

En este diario, Mitre enunció su concepción del periodismo como fuerza civilizadora y anticipó la obra constructiva que, diez años roas tarde, realizaría al frente del gobierno nacional. «La prensa — escribió— es el primer instrumento de civilización en nuestros días, y ha dejado de ser un derecho político para convertirse en una facultad, en un nuevo sentido, en una nueva fuerza orgánica del género humano, su única palanca para obrar sobre sí mismo». Tras las famosas «jornadas de junio», el gobierno clausuró todas las imprentas de Buenos Aires, y Mitre fue conducido a la cárcel.

Retirado Urquiza a Paraná empezó a publicarse El Nacional Argentino, destinado a defender la necesidad de imponer la unidad nacional. En sus páginas escribieron los hombres más destacados de la Confederación, como Del Carril, Zuviría, Gutiérrez, Alvear y Guido Spano.

Frente a él, los intereses de la provincia segregada fueron defendidos desde las páginas de El Nacional, fundado por Dalmacio Vélez Sársfield. Sarmiento, que compartió con Mitre la dirección del periódico, comentó años más tarde: «Noble de estirpe fue «El Nacional», tan nacional para Buenos Aires como para el resto de las provincias, asociando a la idea de nación la conciencia del derecho, el anhelo por la libertad».

velez sarfield

Nuevos periódicos aparecieron entonces, como expresión de las pasiones banderizas.

La Reforma Pacífica, dirigida por Nicolás Calvo, pese a su desenfado verbal defendió la necesidad de que por medio de reformas y no de guerras se llegara al ideal común de la unidad argentina.

La Tribuna, a cuyo frente estuvo Juan Carlos Gómez, se oponía sistemáticamente a cualquier transacción con Urquiza. Los Debates, cuya reaparición se produjo en 1857 bajo la dirección de Mitre, defendió la política del gobierno de la provincia, pero, al mismo tiempo, llamó a todos los argentinos a colaborar en la obra de la definitiva organización nacional.

Después de 1860 aparecieron en Buenos Aires gran cantidad de periódicos, la mayoría de los cuales tuvo corta vida. Los más importantes fueron La República, de Manuel Bilbao, que introdujo la innovación de implantar la venta callejera de sus ejemplares, y La Nación Argentina —más tarde convertido en Nación Argentina—, que bajo la dirección de Juan María Gutiérrez fue el órgano defensor de la política presidencial de Mitre.

Al concluir la presidencia de Mitre, la República Argentina estaba completa y definitivamente unida. Habían sido vencidas las fuerzas anárquicas de las montoneras que otrora se levantaron contra la civilización, los espíritus estaban pacificados e imperaba la libertad dentro del orden constitucional, y pronto un porvenir de paz se brindaría al país en el orden internacional.

Era, pues, necesario que la prensa de combate, que hasta entonces había predominado, fuera reemplazada por un nuevo tipo de periodismo que fuera órgano de crítica constructiva.

A ello tendió la fundación de La Prensa y La Nación, cuyos primeros números aparecieron, respectivamente, el 18 de octubre de 1869 y el 4 de enero de 1870. Desde su aparición, ambos diarios fueron los órganos más importantes del periodismo argentino.

«El nombre de este diario —escribió Mitre en el editorial titulado «Nuevos horizontes»—, en substitución del que le ha precedido, La Nación reemplazando a la Nación Argentina, basta para señalar una transición, para cerrar una época y para marcar nuevos horizontes del futuro. La Nación Argentina era un puesto de combate.

La Nación será una tribuna de doctrina». Concluidos los combates librados desde el derrocamiento del tirano, con el triunfo que significaba la solución de los graves problemas de nuestra organización nacional y la unificación de la patria, el periodismo tenía una nueva razón de ser, que Mitre fijó terminantemente para el nuevo órgano de la opinión pública: «Fundada la nacionalidad, es necesario propagar y defender los principios en que se ha inspirado, las instituciones que son su base, las garantías que ha creado para todos, los fines prácticos que busca, los medios morales y materiales que han de ponerse al servicio de esos fines, los hombres mismos en que mejor se encarnan esas doctrinas y que inspiran la mayor confianza de poder hacerlas prácticas, dando al pueblo lo que es del pueblo y al Gobierno lo que es del Gobierno».

Y concluían los conceptos doctrinarios de esa fe de bautismo del diario de Mitre con las siguientes palabras: «La Constitución, que es el derecho de todos, de pueblos y de gobiernos, es nuestra biblia. Si el atentado a la Constitución viniese de las regiones populares, estaríamos con los gobiernos que la defendiesen.

Si la violación o el abuso viniese de las regiones del poder, estaríamos contra los autores de los abusos. La Nación, que tiene una obra que cuidar y grandes intereses y derechos que defender, no puede tomar un programa negativo. He aquí por qué no puede hacer su misión principal de la oposición. La oposición es un incidente y siempre lo ha sido».

El periodismo literario. — En 1854 comenzaron a publicarse en Buenos Aires dos revistas: Revista del Plata, dirigida por Carlos E. Pellegrini, y El Plata Científico y Literario, que, fundado por Migel Navarro Viola, se dedicó a la defensa de los intereses materiales del país y a cuestiones de derecho, ciencias y literatura.

Por eso, sus páginas publicaron artículos sobre las novedades de la bibliografía jurídica europea, las ciencias naturales y las cuestiones económicas vinculadas con la inmigración y, preferentemente, con los derechos diferenciales, y poesías y novelas de literatos argentinos.

Poco después, en el centro intelectual que se formó en la capital de la Confederación, se publicó, bajo la dirección de Vicente G. Quesada, la Revista de Paraná, cuyo propósito fué ponernos al corriente del movimiento intelectual hispanoamericano y hacernos conocer nuestro país en todos sus aspectos.

«Fundamos esta Revista —escribió Quesada— porque estamos convencidos que es necesario desviar en lo posible a las inteligencias argentinas de la polémica ardiente y apasionada de la prensa política, estimulando el estudio de cada una de las provincias argentinas, propagando las producciones de nuestra naciente literatura, propendiendo a las investigaciones arduas de nuestra legislación y a la propagación de las buenas doctrinas de la economía política».

Durante la presidencia de Mitre, Quesada y Navarro Viola se unieron para publicar la Revista de Buenos Aires, que, en sus noventa y seis números publicados durante sus ocho años de existencia, publicó trabajos sobre historia argentina, litera tura americana y cuestiones jurídicas y geográficas, crónicas de viajes, biografías, poesías y notas bibliográficas que refle jaron fielmente el ambiente intelectual de la época.

Desde 1871 hasta 1877 apareció regularmente la Revista del Río de la Plata, a cuyo frente estuvieron Juan María Gutiérrez, Vicente Fidel López y Andrés Lamas.

Tuvo preferencia por el tema histórico, pues, como aclarara en su primer número, quería dedicarse al estudio de nuestro pasado colonial con el objeto —decía— «de radicar la idea de que el progreso de la América independiente estriba en desasirse como de una ligadura vejatoria y opresiva de las tradiciones que inoculó en sus entrañas el régimen colonial calculado con la más exquisita habilidad para mantener los pueblos conquistados en estado pueril por medio de las creencias, de la enseñanza, de las restricciones de comercio, talladas y amoldadas al fatal propósito a que puso término la emancipación de todo el continente sellada con la lucha sangrienta y victoriosa de la independencia’. Sin embargo, la Revista no descuidó las demás manifestaciones de nuestra vida intelectual.

La Nueva Revista del Río de la Plata, publicada entre 1881 y 1885 por Vicente G. Quesada y su hijo Ernesto, pese a su preferencia por las cuestiones históricas constituyó una valiosa expresión de la vida intelectual de nuestro país durante esos años.

La Revista Argentina, que en 1868 habían fundado José Manuel Estrada y Pedro Goyena, inició su segunda época en 1880, dedicándose preferentemente a la crítica literaria y filosófica.

Las inquietudes culturales de las nuevas generaciones se expresaron en otras publicaciones literarias, de vida efímera, como Revista Científica y Literaria, de Calixto Oyuela; Revista Nacional, de Adolfo P. Carranza y Carlos Vega Belgra-no, hasta llegar, pasando por una serie de semanarios y quincenarios, a La Biblioteca, famosa revista mensual de historia y letras, fundada por Paul Groussac; Revista de Derecho, Historia y Letras, de Estanislao S. Zeballos, y Nosotros, que apareció bajo la dirección de Alfredo Bianchi.

El Periodismo: una necesidad nacional.

A partir de 1853— el periodismo, fuente vital de información pública, multiplicó sus esfuerzos para proporcionar al país una visión de la realidad y, al mismo tiempo, mantener la vigencia de su quehacer diario.

Las publicaciones alcanzaron un elevado número: en la etapa 1881-1895 se imprimieron 432, entre diarios, periódicos y revistas. Fue necesario, entonces, salvaguardar los intereses de quienes, de una manera u otra, intervenían en el desarrollo de esta actividad. Así se fundó la Asociación de la Prensa, en 1889, entidad que, años más tarde, se convertiría en el Círculo de la Prensa (1896).

La función de la prensa periódica no se limitó a la mera información general: junto al cotidiano noticioso apareció la revista satírica y, unida a la hoja política, la publicación erudita.

De este modo se fundaron, en 1881, El Diario (dirigido por Manuel Láinez, imagen) y La frustración Argentina, importante revista literaria, histórica y artística, entre cuyos colaboradores se contaron Rafael Obligado y Eduardo Sívori Un año más tarde, en el interior del país, aparecieron El Orden (Tucumán) y Los Andes (Mendoza), dos diarios cuya vigencia perdura.

En 1884 se inició la publicación de Don Quijote, un periódico ilustrado cuyo lema fue: “Este periódico se compra pero no se vende”; en él se hacía la crítica la política oficialista.

En 1891 apareció La Caricatura, semanario político-literario y, siete años después (1898) se fundó la revista Caras y Caretas —dirigida por Bartolomé Vedia y Mitre, Fray Mocho y Eustaquio Pellicer; se publicaba los sábados y, durante cuarenta años, fue la más elocuente información gráfica nacional y extranjera, así como una brillante tribuna artístico-literaria.

Entre 1900 y 1916, nacieron tres órganos periodísticos, cuya difusión acompañó los destinos del país: El Pueblo (1900) —fundado por el padre Grotte— para divulgación de los principios católicos, La Razón (1905) —vespertino de dos ediciones—, y Crítica (1913) —dirigido por Natalio Botana—, con variada información y comentarios de estilo ágil.

Estas publicaciones, entre otras de igual o menor importancia, mantuvieron despierto y activo al pensamiento republicano y reflejaron la necesidad imperiosa de sostener una abierta comunicación con la opinión pública.

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros
Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

El Teatro Nacional durante el regimen oligarquico de 1880

El Teatro Nacional durante el Régimen Oligárquico

El teatro nacional rioplatense: el mito del gaucho perseguido.

Durante el período anterior se registraron antecedentes precisos —autores y obras— que con escasos valores artísticos y con una falta total de recursos escénicos echaron las bases, sin embargo, de un auténtico teatro nacional. No obstante, esta labor quedó silenciada, y aun olvidada, ante la aparición de Juan Moreira, una “pantomima circense” que dio nuevo impulso al teatro vernáculo.

El Teatro Nacional durante el regimen oligarquico Eduardo Gutiérrez (1853-1890) (imagen) —autor de folletines y relatos de aventuras— escribió, hacia 1879, la crónica novelesca de un cuchillero famoso, Juan Moreira, cuyo brazo armado estuvo al servicio de algunos caudillos políticos. La narración idealizó la figura del protagonista y creó un mito, al transformar al matón en héroe.

La sensibilidad de la campaña y del suburbio urbano, que veía en el avance del progreso y de la migración-extranjera un ataque al hombre de las pampas, posibilitó la proliferación de esta clase de literatura.

En 1884, el actor José J. Podestá, pidió a Gutiérrez la adaptación de su crónica a una pantomima (es decir, a una representación por medio de gestos, y sin palabras) que pudiera representarse en el circo. Como el éxito fue rotundo, dos años mas tarde (1886),Podestá convirtió la pantomima en drama, añadiéndole diálogos entresacados del relato original y otros, creados por él. Así estrenó en un circo de Chivilcoy, la obra Juan Moreira, que es la historia de un gaucho perseguido por la justicia y sin más ley que su cuchillo.

Este drama gauchesco originó el teatro nacional rioplatense —aun cuando la verdad histórica no coincidiese con lo manifestado en aquél — ; las obras teatrales, con estas características, se multiplicaron a raíz de la sensibilidad de la época.

La danza: del vals romántico al tango de suburbio.

Ya hemos dicho que, a partir de 1853, las danzas nativas se refugiaron en el interior del país; la Capital fue invadida por las creaciones extranjeras.

En los, salones porteños se mantuvo el entusiasmo por las danzas de pareja enlazada, casi todas originarias de América —como la Contradanza colombiana, el Bambuco y la Habanera— o europeas —como la Mazurca, el Chotis y el Vals—. El Vals, sobre todo, gozó de una supremacía inigualable, quizás porque este baile, de origen alemán y se singular señorío, tuvo un enorme auge en las cortes de Europa, y porque músicos célebres (como el vienés Johann Strauss) escribieron páginas brillantes que se difundieron por el Viejo y el Nuevo Mundo.

En la campaña alcanzaron notable preeminencia dos creaciones tradicionales criollas: el Malambo y el Pericón.

El primero, uno de los aires folklóricos más antiguos —así lo atestiguan versiones de las Misiones Jesuíticas (1687)— en el que sólo interviene el hombre, fue la justa obligada para demostrar la habilidad de los bailarines que competían con sus zapateos, repiques y mudanzas. El segundo, danza de pareja suelta —airoso, pausado, con gran variedad de figuras—, simbolizó la caballerosidad criolla.

El suburbio porteño, anónimo y ya cosmopolita, aportó dos bailes de pare/a enlazada que, con el tiempo, se impondrían en los salones.

Uno de ellos, la Milonga, tuvo su origen en la milonga cantada. Su ritmo, vivo y cadencioso, imitaba los tamboriles de los candombes y fue creado por los “compadritos” del arrabal de Buenos Aires, como una burla a los bailes de los negros.

El otro, fue el Tango, creación eminentemente rioplatense. Durante algunas décadas se mantuvo en el suburbio bonaerense; se afirmó bailándose en los conventillos y lugares de diversión de la orilla porteña, para pasar, después, a los locales céntricos.

El Tango conservo “el ritmo del candombe, la coreografía de la milonga y la línea melódica y la profundidad emotiva de la habanera”. En 1880 apareció una de las primeras composiciones escritas, titulada Dame la lata, a la que siguieron millares, cuya popularidad fue evidente.

El teatro lírico: un placer para melómanos.

Mientras en los salones la línea musical cortesana se prolongaba con el vals, y en los arrabales porteños nacía el tango, la lírica triunfaba con el arribo de excelentes compañías europeas. Esta forma del proceso musical mantuvo su continuidad, desde su iniciación en el país después de la Revolución de Mayo.

El viejo Teatro Argentino fue demolido en 1873, y el nuevo Teatro Colón fue expropiado, en 1877, para sede del Banco Nacional. Las funciones líricas se ofrecieron, entonces en el Teatro de la ópera, edificado en 1871, pero cuyas condiciones acústicas eran desfavorables.

En tanto, se había inaugurado el Politeama que, en realidad, fue construido para circo. Allí actuó el célebre Pepino el 88, nombre circense de José J. Podestá quien, en esa sala, ofreció la primera representación urbana de Juan Moreira.

En 1879, las dimensiones del Politeama y sus excelentes propiedades acústicas —mejores que las de la ópera— hicieron que fuese habilitado para teatro: grandes artistas como Adelina Patti, María Barrientos y Regina Pacini (imagen) o tenores como Stagno y Tamagno, prefirieron el Politeama a la ópera y ofrecieron en él grandes espectáculos líricos.

A su vez, las ilustres trágicas, Eleonora Duse y Sarah Bernhardt, interpretaron en su escenario las obras maestras de la dramaturgia universal.

La opereta, expresión musical vivaz y ligera, brindó también, a la melomanía porteña, felices puestas en escena, en las que se destacaron las compañías de Rafael Tamba y de Vitale.

 

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Vontemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros

 

La Literatura y Escritores del Regimen Oligarquico Argentino

La Literatura y Escritores del Regimen Oligarquico Argentino

La literatura: los grandes cambios en el pensamiento:

Los escritores de la “generación del 80” tuvieron menos preeminencia pública que aquéllos que les precedieron: no obstante, también ocuparon importantes cargos políticos o descollaron en el periodismo.

Algunos de ellos incursionaron en la novela; muchos lo hicieron en el ensayo; otros, relataron sus viajes y exaltaron las novedades deslumbrantes de las grandes ciudades europeas; la mayoría, en fin experimentó una profunda nostalgia por la Argentina que quedaba atrás.

La hora de la épica había pasado.

Del núcleo de prosistas sobresalió la figura de Lucio Victoriano Mansilla (1831-1913),(imagen) militar y político, hijo del general Lucio N. Mansilla.

Su relación Una excursión a los indios ranqueles —descripción fiel de su viaje al desierto hasta los aduares de los caciques Mariano Rosas y Baigorrita, con intención de negociar la paz—, constituyó una de las obras más importantes de la narrativa nacional, no sólo por sus observaciones acerca de las costumbres indígenas, sino también por el atractivo interés con que al autor revivió personajes y escenas.

La novelística consagró a dos autores que adquirieron gran importancia en el ámbito literario: Eugenio Cambaceres (1843-1890) (imagen) y Julián Martel (1868-1896), seudónimo este último del periodista José María Miró.

El primero, decididamente adscrito al realismo y naturalismo franceses, fue autor de Sin Rumbo y En la sangre, novelas de testimonio y denuncia.

El segundo, con La Bolsa (1891), tradujo la locura bursátil que se apoderó del país antes de la revolución del 90.

Otro novelista, Miguel Ca (1851-1905), dejó una evocación auténtica de la vida estudiantil de la época, Juvenilla, cuya frescura y tono ligero le aseguró vigencia a través de los años.

Lucio V López (1848-1894) —hijo de Vicente E. López— escribió La Gran Aldea, una crónica novelesca y descriptiva de las “costumbres bonaerenses

Los historiadores nacionales de este período, se distinguieron por su espíritu múltiple; escribieron páginas legítimas sobre el pasado argentino.

Entre ellos, José Manuel Estrada (1842- 1894) (imagen) —jefe espiritual de la corriente católica—, escribió un Ensayo histórico sobre la revolución de los comuneros en el Paraguay en el siglo XVII, las Lecciones sobre la Historia de la República Argentina, y La política liberal balo la tiranía de Rosas. Adolfo Saldías (1850-1914) se desempeñó como periodista y político. Historiador distinguido, entre sus principales obras se cuentan: Ensayos sobre la Historia de la Constitución argentina y la Historia de la Confederación Argentina. Pero la obra de investigación histórica profunda se debió, sin embargo, a un francés: Paul Groussac (1848-1892).

Radicado en el país desde los dieciocho años fue, en 1885, director de la Biblioteca Nacional; desde ese cargo se dedicó a la investigación y a la difusión de sus conocimientos.

Fue autor de los once volumenes de Los Anales de la Biblioteca, en cuyas páginas publicó una documentada y patriótica defensa de las Islas Malvinas. Su seriedad intelectual se patentizó en sus Estudios de historia argentina, en Mendoza y Garay; las dos fundaciones de Buenos Aires, 1536-1580, y en su drama histórico La divisa punzó.

Pedro Goyena (1843-1892) (imagen) y Eduardo Wilde (1844-1913) ocuparon diversos cargos políticos y militaron en opuestos campos de pensamiento.

El primero, distinguido profesor secundario y universitario —miembro activo del catolicismo— se destacó por su oposición al laicismo.

Wilde, librepensador y médico sobresaliente, fue a la vez, su contrincante en los debates parlamentarios acerca de la sanción de la Ley de Educación Común.

Ambos fueron escritores; entre sus publicaciones sobresale una biografía, Félix Frías, y Crítica Literaria; y Prometeo y Cía.,Aguas abajo, Por mares y por tierras, respectivamente. La obra de Eduardo Wilde se destaca por la fina ironía y la actitud humorística que caracterizó a la “generación del 80”.

El ciclo literario se cierra con José S. Alvarez (1858-1903), cuyo seudónimo de Fray Mocho (popularizó a este autor de relatos vernáculos y costumbristas, tales como En el mar Austral o Viaje al país de los matreros.

Los escasos poetas de esta generación carecieron de la fuerza expresiva o de la melancolía serena que caracterizaron a los del período anterior.

No obstante, Rafael Obligado (1851-1920), a quien podría considerarse como un continuador de la línea de los “gauchescos”, no usó, como ellos, los modismos peculiares de los hombres de campo; por el contrario, en su famoso poema Santos Vega utilizó un lenguaje lírico y preciso.

La época —de grandes cambios— definió en cierta medida la anécdota incluida en sus versos: valiéndose de material literario y folclórico, Obligado recreó la historia de un payador real cuya destreza para la improvisación y el manejo de la guitarra, vivía en las supersticiones de la campaña. Santos Vega fue, así, el símbolo de la tradición criolla que moría —vencido en una payada por el diablo: Juan sin Ropa— frente al forastero, expresión del progreso y la inmigración «gringa».

El cantor de la decadencia del romanticismo, Pedro B. Palacios —Almafuerte—(1854-1917), fue un escritor agresivo e individualista, cuya poesía tuvo grandes altibajos; con estilo chabacano intentó, sin éxito, renovar el lenguaje poético.

Quizás, Evangélicas, obra de prosa epigramática, sea lo mejor de su producción. Frente a él, se alzó la voz de Calixto Oyuela (1857-1935), para contraponer una forma clásica e hispanizante, de estricta expresión lírica.

Fue el primer presidente de la Academia Argentina de Letras, y entre sus trabajos se destacan: Cantos, Nuevos Cantos, y la Antología poética hispanoamericana.

PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

El diario La Tribuna está publicando «Una excursión a los indios ranqueles», obra de Lucio V. Mansilla.

En ella, el autor cuenta su encuentro, como coronel del ejército, con los indios ranqueles y su gran cacique Panghitruz Guor, que significa «zorro cazador de pumas», también conocido como Mariano Rosas, apellido que llevaba por quien había sido su captor, Juan Manuel de Rosas.

El motivo del viaje era hacer que el cacique se trasladara a la subcomi-saría de Río Cuarto para refrendar un tratado de paz con el gobierno argentino.

El autor de esta obra nació en Buenos Aires el 23 de diciembre de 1831, hijo del general Lucio Mansilla y de doña Agustina Rosas, hermana del Restaurador.

Caído Rosas, Mansilla, en compañía de su padre y de su hermano Lucio Norberto, viajó a Europa y se instaló en Francia. El viaje fue bastante corto, y el 19 de agosto de 1852 ya estaban de regreso en Buenos Aires.

En 1857, Lucio se trasladó a Paraná, capital de la Confederación, y comenzó su carrera periodística en el diario El Nacional Argentino del que llegaría a ser director y propietario.

El 17 de septiembre de 1861 intervino en la Batalla de Pavón, lo que le valió la designación como capitán de línea. En 1865 estalló la Guerra del Paraguay de la que Mansilla participó como militar y periodista.

Con diversos seudónimos (Falstaff, Tourlourou, Orion) firmó sus crónicas desde el frente para el diario La Tribuna, criticando la conducción de la guerra.

En 1868, al finalizar la presidencia de Bartolomé Mitre, apoyó la candidatura de Domingo F. Sarmiento.

Este lo designó luego comandante de Fronteras en Río IV, Córdoba. Allí realizó su campaña contra los aborígenes, que es el tema de la obra que se publica en el diario La Tribuna. (Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1870-1889)

Fuente Consultada: HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo
e Historia La Argentina Contemporánea de Felipe Pigna y otros