El Trineo

Origen del Helado Historia de los Primeros Helados

Historia y Origen del Helado

Esa golosina que tanto apreciamos en los calurosos meses de verano tiene una historia y un pasado ilustres. Entre los ricos egipcios y los persas estuvieron de moda las bebidas heladas; gustaban especialmente del jugo de frutas y del agua azucarada, a la que agregaban distintas esencias aromáticas, enfriando el refresco con hielo. Según podemos apreciar examinando antiguos grabados, los persas daban a estos helados la forma de un huevo y los lamían al igual que suelen hacerlo los niños de hoy.

Los romanos fueron muy afectos a las bebidas heladas; se cuenta que Julio César tomaba grandes cantidades para reponerse de las fatigas de sus expediciones militares. Los árabes gustaron a tal punto de ellas, que nuestra actual palabra sorbete deriva precisamente de su lengua.

Empero, la crema helada, esto es, lo que en la actualidad llamamos helado, data del siglo xvi y nació en la ciudad de Florencia; su invención se debe a Bernardo Buontalenti. Este delicioso manjar tuvo sus enemigos y sus apasionados defensores; entre estos últimos contó con Catalina de Médicis (1519-1589), quien lo introdujo en la corte de Francia e hizo venir de Florencia a dos expertos en la fabricación de helados.

En la antigua Grecia se practicaba ya la costumbre de mejorar ciertos postres, frutos, golosinas y bebidas mediante su enfriamiento. El griego alejandrino Ateneo refiere en su libro “El banquete de los sofistas” —en el cual describe la vida y las costumbres del siglo III antes de Cristo— los procedimientos empleados para conservar la nieve durante el verano, en cuevas o sótanos subterráneos, existentes entonces en las casas ricas.

Un siglo más tarde encontramos en Florencia, en Napóles, en Venecia, en Palermo, gran número de fabricantes de helados, quienes trataban de hallar nuevas recetas para su especialidad, nuevos adornos, nuevos gustos; entre éstos merecen destacarse la espuma florentina, las tortas heladas napolitanas y sicilianas, la bomba napolitana, el arlequín o helado mixto de origen veneciano.

En 1660, el florentino Procope Coltelli abrió en París el primer establecimiento en que se servían helados; fue el famoso Café Procope, al que concurrían, hasta el siglo pasado, la gente elegante, los literatos, los artistas y los políticos.

Procope fue también el inventor de la máquina para fabricar helados que aún hoy se usa en muchos hogares, y que consta de un receptáculo con una espátula batidora, colocado en un recipiente mayor que contiene hielo. Además del Café Procope, ubicado enfrente de la Comedie Francaise, que había sugerido a su propietario la idea de dar a cada variedad de helados el nombre de un artista de moda, también adquirió renombre el Café Napolitano. Su primer propietario fue Tortoni.

Florentinos, venecianos, sicilianos y napolitanos llevaron a todos los países de Europa la afición por los helados, aunque hasta el siglo pasado éstos quedaron reservados para las mesas de los ricos. Existen a este respecto numerosas anécdotas; las crónicas de la época relatan frecuentes querellas entre damas de la alta sociedad que trataban de lograr para sí, ofreciéndoles un mayor salario, a tal o cual heladero italiano.

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La auténtica crema helada, tal como la conocemos hoy, fue servida por primera vez en Florencia en el siglo XVI. Catalina de Médicis llevó a París a dos heladeros expertos, introduciendo así el uso de los helados en la corte de Francia. Aquí vemos a Catalina de Médicis, durante una recepción que ofreció en su palacio de Florencia, recibiendo de manos de su servidor una copa de crema helada. El delicioso manjar constituía, entonces, un exótico ofrecimiento para los invitados.

Tal uso de los helados fue introducido en Inglaterra en 1860 por un cocinero de Catania quien, en un banquete celebrado en el corazón político y comercial de Londres, habría presentado una enorme torta helada, tan artísticamente decorada que suscitó la envidia de los demás cocineros del Reino Unido. También se cuenta que Carlos I de Inglaterra asignó la fabulosa remuneración de 20 libras esterlinas anuales a su cocinera y especialista de helados en forma de huevo, con cucurucho de vainilla, relleno de pasta de grosella.

El Renacimiento, junto con otros refinamientos en las costumbres nacidos en el mundo antiguo, volvió a usar de esta práctica culinaria. Fueron reposteros árabes quienes introdujeron en la Europa medieval el sorbete, servido primero en los palacios de los grandes señores, y más tarde ofrecido al público por los pasteleros de Siria, Egipto y la España musulmana. Reposteros italianos tienen el mérito de haberlo introducido en las cortes de los príncipes, y de haber creado no pocos de los tipos de helados y refrescos todavía en uso.

Las recetas secretas que utilizaban los heladeros italianos pudieron al fin ser descubiertas por un chef francés, llamado Clermont, a fines del siglo XVII. Clermont emigró a los Estados Unidos y estableció allí una fábrica de helados; esta industria prosperó en muy poco tiempo.

helado cucuruchuLa forma cónica de los helados y otras modalidades que han facilitado su consumición en todo momento y en cualquier lugar son debidas a los americanos del Norte, cuyo espíritu práctico hizo de esta golosina un manjar popular.

Mas no sólo lo colocaron al alcance de todos (quedando desprovista su fabricación del sello especial que le dieron sus inventores), sino que confeccionaron nuevas recetas y convirtieron los helados en parte integrante de la alimentación diaria, para felicidad de los niños y de los que ya no lo son.

Sin embargo, los helados italianos seguían teniendo el mayor éxito. En 1850, el veneciano Sartorelli organizó un pintoresco desfile de 900 carritos de heladeros ambulantes a través de la ciudad de Londres.

Diez años más tarde, en Nueva York, otro italiano imitaba su ejemplo, desafiando de este modo a quienes ya creían entrever el declinar de esa pequeña industria, que no cesa de progresar acelerada y entusiastamente.

Ya dijimos que, en nuestros días, los helados no son considerados como una golosina sino como un alimento; en los Estados Unidos existen escuelas en las que se imparte enseñanza especial a los futuros fabricantes de helados; estos establecimientos poseen laboratorios químicos perfectamente equipados.

Una estadística de 1980 demuestra que cada habitante consume por año, en los Estados Unidos, unos 70 kilogramos de icecream. América latina, por su parte, es una gran consumidora de helados; aunque no disponemos de estadísticas, basta observar los quioscos, los carritos ambulantes, los innumerables vendedores con conservadoras de frío de distintos tipos, que en los meses de verano se instalan en los lugares de gran afluencia de público, o recorren los parques, plazas y paseos, y hasta los apartados barrios de las ciudades y de los más alejados suburbios.

Para concluir esta breve reseña, transcribiremos el elogio que escribió Giuseppe Parini, uno de los grandes poetas italianos del siglo XVIII:

A un mismo tiempo la nieve se apresa
y la fresa gentil con su suave perfume
que de lejos traiciona su ansiada presencia,
el limón saludable y la más dulce crema.

Parini, autor de poesías de tono austero, hallaba, pues, motivo de inspiración en las deliciosas y aromáticas cremas de frutas heladas.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Historia del Helado – Editorial CODEX

Gas de Alumbrado Historia y Obtención del Gas de Hulla

Historia del Gas de Alumbrado
Obtención del Gas de Hulla

Felipe Lebón, químico francés nacido el 29 de mayo de 1769, fue quien, gracias a prolongados e ingeniosos experimentos, hizo posible el empleo, para el alumbrado, de los gases producidos por la destilación de la madera.

Un día, mientras se ocupaba de una máquina de combustión, colocó en un recipiente de vidrio, resistente al fuego, un puñado de viruta de madera y lo expuso al calor de la llama; casi en seguida vio salir un humo negro de olor acre. Este hecho despertó su curiosidad, y deseoso de investigar, acercando una bujía encendida, el humo se transformó en fuego. Lebón acababa de encender la primera lámpara de gas.

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 El descubrimiento del gas de alumbrado está ligado principalmente al nombre del ingeniero francés Felipe Lebón. Realizó un experimento, colocando viruta de madera en un recipiente de vidrio, que expuso al fuego. El orificio de dicho recipiente estaba obturado por un corcho que permitía el paso de un tubo también de vidrio; aproximó luego la llama de una bujía al humo que salía de este último, y el humo se encendió. Lebón había descubierto así el primer tipo de lámpara de gas, punto de partida de una serie de experiencias.

El químico comprobó luego que no sólo de la madera, sino también de otros combustibles y en particular de la antracita, se desprendía un gas que convenía al alumbrado y a la calefacción. Consiguió purificar este gas negruzco y picante, haciéndolo pasar por medio de un tubo, a una botella sumergida en un recipiente lleno de agua: el gas abandonaba entonces sus substancias bituminosas y acidas, y podía ser recogido en estado puro.

El simple dispositivo creado por Lebón  se ilustra abajo sobre la manera en que funcionan las fábricas de gas. Todos los elementos de que estas últimas constan se hallan en aquél: el dispositivo de destilación (retorta), el sistema de purificación (depurador y condensador) y el recipiente para recoger el gas: gasómetro.

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He aquí otro experimento de Lebón: la retorta que contiene carbón es sometida a la acción del fuego; el calor produce la descomposición del carbón. Los productos gaseosos que derivan de la destilación son conducidos por medio de tubos a los dispositivos de depuración (condensador y depurador), donde se despojan de las substancias bituminosas y ácidos. El gas es recogido en el gasómetro en estado puro.

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Esquema de una fábrica de gas moderna. La preparación está basada en él principio descubierto por Lebón; en la retorta (A) se destila la hulla. Los productos gaseosos así obtenidos pasan a un recipiente (B), en el que se recogen el alquitrán y el agua amoniacal, mientras el gas es enfriado una primera vez. De allí pasa a los conductos de enfriamiento y a los lavadores (C). El gas contiene aún dosis mínimas de alquitrán y agua amoniacal, que serán completamente eliminadas después de atravesar los dispositivos provistos de filtro de carbón y cal apagada (D) y los dos pequeños pozos (F y G). Luego de estas etapas, el gas llega puro al gasómetro (E), por el conducto (H), y sale del tubo (K) listo para el consumo.

En 1799, Felipe Lebón anunció su descubrimiento al Instituto de Francia y patentó su termolámpara, destinada a dar luz y calor.

Todo centro urbano posee una planta donde se destila la hulla para obtener de ella no un gas de alumbrado, que desde hace ya mucho tiempo ha sido reemplazado por la electricidad, sino otro que combinado con diversos elementos sirve  para la cocina, la calefacción y otros usos.

El carbón mineral, colocado en grandes retortas de arcilla refractaria, impermeables al aire, es llevado a una temperatura muy elevada. El espeso vapor que se desprende del mismo, es una mezcla de gas (hidrógeno y carbono), betún y amoníaco. El gas es conducido a través de un tubo hasta los aparatos purifícadores.

En las retortas queda el carbón consumido (coque), esponjoso, liviano y buen conductor. Adherido a las paredes de la misma queda otro carbón, que recibe el nombre de carbón de retorta, y es empleado en la fabricación de electrodos.

En los dispositivos de depuración, el gas es lavado en agua, e inmediatamente enfriado. Por este procedimiento se eliminará el alquitrán, materia viscosa de color castaño rojizo, con reflejos brillantes.

El gas pasa luego a través de dos filtros constituídos por carbón apilado y cal. Es allí donde se recoge el amoníaco, del cual se extraerán sales, de gran utilidad en la industria y la agricultura. Por último es envasado en grandes garrafas metálicas; el carbón está listo para el consumo.

El alquitrán, que, como se sabe, es un subproducto de la destilación de los gases, se empleaba en el calafateo de los barcos, en la fabricación de barnices para maderas y en la protección de cordajes expuestos a la humedad, sin hablar de su uso como desinfectante. Mezclado con arena o pedregullo, sirve para el mantenimiento de las rutas, hoy todavía utilizado.

Por otra parte, la química extrae del alquitrán, la sacarina, que posee un gran poder azucarante; el ácido fénico, poderoso desinfectante; la naftalina, la bencina y la anilina, utilizada en la preparación de colorantes; la parafina, especie de cera mineral, y otras numerosas substancias químicas, entre las que figuran las esencias artificiales de violeta y almendra, aceites pesados y livianos, y el ácido pícrico, de gran utilidad en las industrias.

Felipe Lebón, infatigable investigador, se estableció en el campo y allí trabajó en la instalación de un laboratorio-fábrica, que consideraba de gran importancia. Luego de muchos sacrificios, y creyendo que el éxito estaba próximo, buscó subsidios y protecciones para realizar sus experimentos en gran escala.

Sólo halló desconfianza. Desesperado, decidió agotar todos sus recursos. Alquiló en París un hotel e instaló allí hornos y retortas; practicó orificios en las paredes de las habitaciones para hacer pasar, a través de los mismos, tubos que prolongó hasta las paredes exteriores y que un día dejaron escapar el gas tan esperado . . . Millares de luces brillaron en torno al inmueble, confiriéndole un aspecto fantástico. Al día siguiente, Lebón era célebre.

Napoleón, al conocer estos hechos, autorizó al químico a construir, ert el bosque de Rouvray, un equipo para la destilación de la madera y la producción del gas de alumbrado, con la condición de producir ácido acético y alquitrán, elementos que debían ser enviados a Le Havre para las necesidades de la marina imperial. Así pareció iniciarse para el inventor un período de prosperidad. Pero la maldad y la envidia no le dieron tregua, y su tranquilidad nunca fue total.

Otro grave inconveniente se le presentó, cuando una furiosa tormenta destruyó gran parte de las instalaciones.  Superando todos  los  obstáculos,  el  desdichado hombre de ciencia reconstruyó cuanto había sido dañado. Mas, al poco de concluir esta empresa, un trágico y misterioso fin habría de arrancarlo de sus experimentos.

Lebon Felipe y el gas de alumbrado

El 2 de diciembre de 1804, al volver de la fiesta de la coronación de Napoleón I, Lebón fue asesinado. ¿Por quién? ¿Por qué? No se ha podido saber. Algunas personas que se dirigían hacia los Campos Elíseos encontraron a la mañana siguiente, al pie de un árbol, el cuerpo del químico, atravesado por trece puñaladas. Tenía entonces 35 años.

Uno de sus socios, poco escrupuloso, se apoderó de los beneficios aportados por los trabajos que Lebón realizara en Rouvray, y la desdichada viuda se vio obligada, ante su angustiosa situación, a solicitar ayuda al Gobierno.

Por esta época, Guillermo Murdoch y Jaime Watt trabajaban en el perfeccionamiento de la fabricación del gas de alumbrado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Historia del Gas de Alumbrado –

Curas Carismaticos Sanadores Historia, Origen y Misión

Curas Carismáticos: Maestro de la Sanación

Para el Movimiento de Renovación Carismática, ser cura es ser sanador. El que sana es Dios, y los sacerdotes son su instrumento. Para ellos, el secreto está en la oración y el amor, dos principios que imparten con dedicación.

Los renovadores caris-máticos comenzaron a organizarse en 1967 en los Estados Unidos. Se trataba de un grupo de estudiantes universitarios católicos, que hicieron la imposición de manos por primera vez en mucho siglos. Cuando se la practicaron a un enfermo y éste se curó, decidieron que debían hacer algo.

Reunidos en torno a la Universidad de Fordham, en la ciudad de Pittsburg, pronto sus prácticas comenzaron a llamar la atención de religiosos y laicos: los jóvenes formaban grupos de oración, y organizaban retiros espirituales en los que ya no se reflexionaba sobre Dios, sino que se hablaba sobre Él.

curas sanadores

Los estudiantes proponían un tratamiento manos racionalista y más amoroso de las Sagradas Escrituras, planteaban la necesidad de una vivencia más personal y auténtica de la religión, es decir, recuperar el espíritu comunitario y ritual de los primeros cristianos.

Practicaban una liturgia (el orden y la forma determinados por la Iglesia para la celebración de los oficios) de carácter vivencial, que promovía la participación activa en los ritos por parte de los fieles, lo que, aseguraban, facilitaba la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, lo que más molestaba a las autoridades de la Iglesia, en un principio, era la familiaridad escandalosa que los jóvenes de Fordham tenían hacia la figura de Cristo.

En realidad, no se trataba de un fenómeno genuinamente nuevo. Durante siglos, la Iglesia católica se había visto ante situaciones similares y las había tolerado, siempre tratando de mantenerlas bajo control. El último antecedente databa de 1958, cuando en la Iglesia de Notre Dame de París se formaron grupos de oración cuyos integrantes tomaban estampitas con la imagen de Cristo y rezaban lo que les venía a la mente de manera espontánea. Contrariamente a lo que pasó con los carismáticos, este movimiento pasó casi inadvertido. Aún no era el momento.

Pero en los años sesenta el periodismo dedicó mucho espacio a las actividades de los jóvenes de Fordham en diversos diarios y revistas de actualidad. Así fue como la prensa fue la encargada de dar a conocer al mundo la existencia de los primeros carismáticos y muchos católicos encontraron en este mensaje algo que desde hacía mucho tiempo estaban esperando.

El Movimiento de Renovación Carismática comenzó a postular la sanación por medio de la fe mucho antes que las Iglesias evangélicas pentecostales. Cada grupo es independiente y tiene sus propias normas y dinámica.

La liturgia carismática, que incluye diálogos espontáneos, canciones, aplausos y vivas al Señor, implica un regreso al Cristo vivo, cuando encomendó a los doce apóstoles que predicaran el Evangelio por el mundo y que curaran a los enfermos.

Otro aspecto que diferencia a los carismáticos es su rechazo al culto de las imágenes, que fuera expresamente prohibido por Cristo. En realidad, éste es un viejo problema teológico no del todo resuelto, pues la adoración de imágenes se remonta a las prácticas paganas, plagadas de fetiches. Aunque la Iglesia ha elegido no prescindir de las imágenes, teniendo en cuenta que son una necesidad de la psiquis humana, los carismáticos prefieren obedecer al mandato cristiano original.

Para comprender qué es lo que caracteriza a los sacerdotes carismáticos hay que remitirse a la fe, pues el carisma es un don del Espíritu Santo. El don por el que son más reconocidos los curas de este movimiento es el de la sanación, aunque también suelen tener el don de lenguas (que los hace comunicarse con Dios por medio de idiomas que desconocen) y el de profecías.

La palabra “apóstol” deriva de una palabra hebrea que quiere decir “predicador itinerante”. Por esto, muchos de los sacerdotes de la renovación se dedican a llevar la palabra y el carisma a distintas partes del mundo, especialmente a toda América Latina.

Los unos y los otros
¿La renovación carismática divide a la Iglesia católica? Los sacerdotes pertenecientes al movimiento sostienen que la Iglesia es una sola, la Santa Católica Apostólica, como sostiene el Credo. Ellos no hacían otra cosa que volver realidad un pedido del papa Juan XXIII, que en una de las oraciones previas al Concilio Vaticano II decía: “Dígnese el Espíritu Santo a escuchar de la forma más consoladora la plegaria que asciende a Él desde todos los rincones de la Tierra. Renueve en nuestro tiempo los prodigios como en un nuevo Pentecostés (…)”.

A mediados de 1967, los muchachos de Fordham oraban para pedirle a Dios que les diera la gracia de evangelizar con poder, como lo hacían los apóstoles.

Según la tradición católica, el décimo día después de la Ascensión de Cristo, el Pentecostés, se produjo el nacimiento de la Iglesia y el Espíritu Santo descendió de los cielos sobre los apóstoles para santificarlos. Fue entonces cuando derramó sus dones o carismas sobre ellos, para su propio bien y el de la Iglesia.

En la catequesis actual se menciona a siete de ellos: la piedad, la sabiduría, la fortaleza, el entendimiento, el con-
sejo, la ciencia y el temor de Dios. Pero había otros que, con el paso de los siglos, la Iglesia fue dejando de lado, por considerarlos irrelevantes una vez que logró asentarse. Estos dones eran el de la profecía, el de sanación y el de lenguas, aquel que había permitido a Pablo de Tarso predicar en idiomas que no conocía.

El grupo de Fordham buscaba ese nuevo Pentecostés del que hablaba Juan XXIII, no en el sentido de una nueva fundación de la iglesia sino de su revitalización.

Aquellos muchachos se sintieron llenos del Espíritu Santo y consideraron que todos los cristianos, por el bautismo, tienen carisma. La misión del cristianismo es descubrirlo.

La sanación
Para los carismáticos, sanación y salvación son casi sinónimos. El que sana, se salva, y el que quiere salvarse, debe estar sano. Primero en su corazón para luego, si es voluntad de Dios, estarlo en su cuerpo también.

La imposición de manos es, en ese contexto, un acto de fe. El Evangelio según San Marcos, 618, dice que hay que poner las manos sobre los enfermos y éstos sanarán. Además, lo consideran un signo de fraternidad cristiana.

La multiplicación de las gracias, fundamentalmente de curaciones físicas inexplicables desde el punto de vista médico, atrajo cada vez a más fieles y también a un sector de la jerarquía eclesiástica. También se produjeron transformaciones espirituales y otros fenómenos que hasta entonces parecían circunscriptos a las páginas de la Biblia o los relatos de vidas de santos.

Pero además de personas con problemas de salud, se acercan al Movimiento de Renovación Carismática los que tienen problemas de vivienda, falta de trabajo o dificultades espirituales como tristeza o depresión.

Resulta apabullante la cantidad de fieles que así han venido a escuchar misa, la palabra de Dios, a confesarse y a comulgar. Los carismáticos dicen que cuando se predica a Jesús, su Padre da signos de satisfacción, que son las curaciones de los enfermos.

Pero aclaran que no se apartan de la medicina y sostienen que Dios cura a través de los remedios, así como también lo hace por medio de la oración, valiéndose de ellos. Y acotan que no sólo un sacerdote puede rezar por la sanación sino toda persona bautizada. Siempre señalan que cuando los padres oran por sus hijos y les imponen las manos, también sanan.

Los carismáticos valoran la oración y la plegaria comunitaria, a diferencia del silencio de los rezos individuales, y entienden que la alegría es más valiosa que el pesar y la culpa. Opinan que la Iglesia debe cambiar para no quedar reducida a grupos que no parecen ser hijos de Cristo, y que la liturgia es una manifestación alegre de la fe. Desde este punto de vista, si los cristianos no expresan su sentir hacia los demás, es como si no fueran hermanos.

La Renovación se considera un movimiento laico, no clerical, del que el sacerdote no es dueño sino un simple asesor. Se sienten definidos por el amor y la lectura constante de la Biblia, además de la oración espontánea y grupal, la recepción frecuente de la eucaristía, el interés por el otro y la práctica del amor sincero y la paz auténtica, no en forma nominal, sino con el corazón y el espíritu. En su prédica dicen que sólo el amor permite encontrar al otro, reconocerlo, rezar por él, meterse en el otro sin dejar de ser uno mismo.

El veredicto de Paulo VI
La renovación descubre los carismas que cada cristiano tiene, para ponerlos a disposición del bien común, para gloria de Dios y de la Iglesia. Los carismáticos no se apartan del Papa; por el contrario, se basan en las palabras de
Paulo VI, quien dijo: “Hoy día se habla mucho de carisma, ojalá que haya una lluvia de carismas que llamen la atención al poder del Evangelio, que atraigan a la gente al poder del Evangelio”.

Y en otras de Juan Pablo II: “El nacimiento de la renovación carismática después del Concilio Vaticano II ha sido un don especialísimo del Espíritu Santo para la Iglesia”.

Cuando el fenómeno de los carismáticos fue empezado a tratar en los más altos niveles de la Iglesia, Paulo VI participó de esta inquietud y decidió recibir a un grupo de líderes del movimiento en el Vaticano. Al darles la bienvenida, puso en claro el interés que sentía: “Estamos sumamente interesados en lo que ustedes están haciendo. Hemos oído mucho de lo que sucede entre ustedes y nos regocijamos”.

El espaldarazo final al movimiento llegó en mayo de 1975, cuando se celebró en Roma, sobre las catacumbas de San Calixto, el Primer Congreso Mundial Carismático. Más de diez mil fieles provenientes de los cinco continentes se reunieron alrededor de la tumba de San Pedro.

Fue entonces cuando Paulo VI tuvo un gesto inequívoco: cedió el Altar de San Pedro al carismático cardenal Suenens para que celebrara la Eucaristía. Nadie podía dejar de entender el mensaje. La más alta jerarquía daba un reconocimiento pleno a la Renovación que, en menos de una década, había atraído a miles de fieles a la Iglesia. El sueño de los estudiantes de Fordham se había cumplido. Así como alguna vez pasó con los primitivos cristianos, los carismáticos abandonaron definitivamente las catacumbas.

El primer carismático de la Argentina
A una de aquellas primeras reuniones estudiantiles había asistido un jesuíta español radicado en la Argentina, cuyo interés excedía la simple curiosidad. Hacía mucho tiempo que el padre Alberto Ibáñez Padilla estaba a la caza de las manifestaciones del Espíritu Santo.

A fines de la década del ’50, de paso por París, conoció a los grupos de Notre Dame. Más tarde realizó un curso de liturgia pastoral en Medellín, Colombia. Encontraba que la liturgia católica, al igual que la mayoría de los otros cultos cristianos, resultaba muy pesada y monótona a sus fieles. En ese sentido (y a pesar de reconocer sus errores doctrinales) admiraba a los pentecostales, cuyos rituales vivos lograban que la gente participara intensamente. Por eso, cuando escuchó hablar de los jóvenes de Fordham, decidió ver de qué se trataba.

El padre Ibáñez Padilla regresó a la Argentina dispuesto a difundir lo que había experimentado. Organizó charlas y publicó artículos en distintos medios católicos.

Uno de esos artículos, titulado “¿Sabía usted que existen pentecostales católicos?” y publicado en mayo de 1969, llamó la atención de los pentecostales no católicos. Éstos exhibieron el artículo en la cartelera de un templo de la calle Hidalgo, en la ciudad de Buenos Aires. Cuando se enteró, el sacerdote decidió averiguar de quiénes se trataba.

El templo estaba a cargo del pastor Juan Carlos Ortiz que, desde hacía aproximadamente un año, venía organizando reuniones con pastores de distintos cultos no católicos y no pentecostales. Dispuesto a investigar más, el jesuíta se hizo pasar por laico y logró que lo invitaran a uno de esos encuentros, que se organizaban en casa de un gerente de Coca-Cola, Alberto Darling.

Ibáñez Padilla participó de varias de aquellas reuniones, hasta que finalmente se dio a conocer como sacerdote católico. “Ya me parecía que el aire estaba impregnado de olores católicos”, dijo Darling. Enseguida    simpatizaron con él e incluso le hicieron un reportaje titulado “¿Católicos pentecostales?”, en la revista Primicia Evangélica. El sacerdote, entretanto, prosiguió con su tarea de difusión entre los católicos y publicó una serie de artículos en Esquiú, al tiempo que comenzaba a organizar grupos de oración.

Poco a poco fue introduciendo la oración espontánea a la vez que proponía una mayor apertura a lo bíblico y al Espíritu Santo.

Los carismáticos sostiene que su prédica no tiene nada en común con las sectas, ni constituye una batalla espiritual contra ellas. Para ellos, la renovación carismática atrae al pueblo de Dios a la fe. Su idea no es competir con otros cultos, ni siquiera imponer algo nuevo, pues los carismas existieron desde el comienzo mismo de la Iglesia.

Poco a poco, en la Argentina otros sacerdotes también comenzaron a formar sus grupos. Entre los más destacados estaban los padres Inocencio Iacobellis, Paco Muñoz y José Torres. En escasísimo tiempo, los primeros cuatro grupos de oración se transformaron en ciento veinte, extendidos no sólo en la Argentina sino también en Uruguay y Paraguay.

En 1971, los carismáticos de los grupos del padre Ibáñez Padilla, institucionalizados bajo el nombre de Aín Ka-rim, publicaron un manual que, llamativamente, recibió la bendición del cardenal Antonio Caggiano y del obispo coadjunto, Juan Carlos Aramburu.

El movimiento creció de manera carismática. Los testimonios de sacerdotes y laicos que aseguraban haber recibido los dones del Espíritu Santo comenzaron a hacerse públicos. Uno de los más impactantes fue el del párroco de Montevideo, padre Julio Elizaga, que explicó cómo había recibido el don de lenguas mientras le imponían las manos: “Comenzaron a brotar de mis labios, mientras oraba, cánticos en un lenguaje desconocido.Yo no lo podía controlar. No lo producía conscientemente, aunque tenía plena consciencia de lo que estaba sucediendo. Creo que fueron varios minutos que pasé en esta maravillosa experiencia; un deseo de alabanza y agradecimiento a Dios me hacía alabarlo como jamás antes lo había sentido”, relató.

Carismáticos en el banquillo de los acusados Sin embargo, con el éxito del movimiento llegaron las crisis. En mayo de 1973, el padre Ibáñez Padilla terminó sentado en el banquillo de los acusados. Supuestamente por haberse convertido en pente-costal. Tuvo que dar explicaciones al provincial de los jesuítas y fue examinado a fondo por una suerte de tribunal de la compañía.

En la reunión, llamada de “discernimiento espiritual”, el padre hizo una larga exposición sobre el desarrollo y la espiritualidad del movimiento, tratando de aclarar los puntos que más se le cuestionaban: el bautismo en el Espíritu Santo, el don de lenguas y otros carismas considerados excepcionales. Como remate, puso énfasis en distinguir entre las gracias místicas y los fenómenos psicológicos que pudieran acompañarlas o ser confundidas con ellas. El tribunal quedó satisfecho con las explicaciones pero le pidió prudencia, mucha prudencia.

El 19 de agosto de 1973 se realizó en la Argentina la Asamblea Fundacional del Movimiento de Renovación Espiritual. Aquellos pocos grupos de cuatro años antes se habían convertido en una organización de alcance nacional, con sedes y coordinadores en casi todas las provincias. De todos modos, la lucha interna no había terminado sin heridas. No fueron pocos los que se alejaron escandalizados con la sensación de que habían estado participando de algo que la Iglesia no veía con buenos ojos.

En cierto modo no se equivocaban. Un sector de la jerarquía eclesiástica estaba muy alarmado por las prácticas de los carismáticos, y sobre todo por su gran inserción en la comunidad católica.

Los carismáticos se vieron ubicados de pronto en el umbral de la clandestinidad. Los vínculos entre las autoridades de la Iglesia argentina y los renovadores habían llegado al máximo de tirantez. Mientras el padre Ibáñez Padilla intentaba recomponer las relaciones sin resignar los principios, los grupos de oración siguieron delante de manera casi subterránea. Cualquier error podía desencadenar una catástrofe. Los renovadores tenían enemigos muy poderosos dentro de la Iglesia.

Cuando todo parecía perdido, Paulo VI tuvo un gesto que obligó a la jerarquía eclesiástica argentina a dar un paso atrás y suavizar su posición: “Para un mundo así, cada vez más secularizado, no hay nada más necesario que el testimonio de esta renovación espiritual, que el Espíritu Santo suscita hoy visiblemente en las regiones y ambientes más diversos”. Los carismáticos suspiraron aliviados.

Fenómeno masivo: A fines de 1976, monseñor Aramburu convocó a los sacerdotes de la renovación y les dijo que continuaran con su obra, pero que lo hicieran con prudencia: “Ustedes van a una parroquia y le ofrecen al párroco formar un grupo de oración. Si el párroco los acepta, bueno, lo fundan. Y si no los acepta, no insisten, se van a otra parroquia”.

Fuente Consultada:
Revista Vivir en Armonía N°4 -Los Curas Carismáticos-
Trabajo Enviado por el Colaborador Abel M. Gimenez

 

Anexo: Algunos link a Youtube con videos sobre la obra carismática

Lo que dicen los papas de la Renovación Carismática Católica
http://www.youtube.com/watch?v=PpY8KcvnKPY

Padre Tardif (Fallecido) http://www.youtube.com/watch?v=w4zLm3GtYao

Padre Moisés Larraga http://www.youtube.com/watch?v=vXv0Y12-C5Q

Padre Mauricio Cuesta http://www.youtube.com/watch?v=msR-4qGlPok

Padre Cancelado http://www.youtube.com/watch?v=3B5ldPYQveM

Padre Wilson Salazar http://www.youtube.com/watch?v=CnjU3_5D9yA

Padre Ignacio Peries http://www.youtube.com/watch?v=dRJuQAAdEvU

Padre Teodoro http://www.youtube.com/watch?v=QjgO8f1Nnpg

Padre Isaac Ramirez http://www.youtube.com/watch?v=xaxIRMlRJjI

Padre Guadalupe Santos http://www.youtube.com/watch?v=cVsieOMoVU8

Padre Salvador González  http://www.youtube.com/watch?v=YJlHnMOqWQ4

Padre Ignacio Larrañaga http://www.youtube.com/watch?v=b-hU-CGF3OY

Padre Dario Betancour http://www.youtube.com/watch?v=tHrTkcGYtYk

Padre Adolfo Bertinelli http://www.youtube.com/watch?v=O28szrlgcQ8

Padre Manuel Acuña http://www.youtube.com/watch?v=SCXL9pDULnQ

Padre Daniel Molina http://www.youtube.com/watch?v=HulZ9tFPXVk

Padre Aicardo http://www.youtube.com/watch?v=IdwfLyoD3rU

Padre Alberto Linero http://www.youtube.com/watch?v=xrF3ukG1Wz0

Padre David Hurtado http://www.youtube.com/watch?v=wiJnNbCZI6M

 

 

La Edad de Piedra Vida del Hombre Sus Herramientas y Refugios

UTENSILLOS Y ARMAS DEL HOMBRE EN LA EDAD DE PIEDRA

El primer animal fabricante de herramientas, el hombre primitivo, hizo su aparición hace 600.000 años por lo menos, pero puesto que las únicas pruebas de que disponemos para su estudio son arqueológicas, gran parte de su existencia queda velada por la incertidumbre y la imprecisión.

Nuestro primer conocimiento del hombre fue posible por los huesos y las pocas posesiones que dejó como huella en las cavernas y túmulos funerarios. El hombre ha sido siempre un fabricante de herramientas, y el largo período que precede al descubrimiento del metal se conoce con el nombre de Edad de la Piedra. Huesos y cantos servían de borde cortante para sus útiles.

Quizá la mayor lucha de la humanidad para su supervivencia fue la librada en aquel pasado remoto, cuando el hielo cubría desde el Ártico hasta regiones situadas muy hacia el sur extinguiendo la vida a su paso. El hombre que descubrió el fuego fue probablemente el salvador de su especie.

Al término de la Edad de la Piedra el cazador se había convertido en agricultor. Podía aprovisionarse de alimentos y su hogar le daba refugio y algunas comodidades. Nuestro protagonista pudo procurarse las ropas y utensilios que necesitaba para salir adelante, tras haber dominado las técnicas del hilado y la alfarería. Una parte de la población del mundo vive hoy como lo hacía ese hombre primitivo miles de años antes de Jesucristo.

cuadro de la etpas de la prehistoria: edad de piedra y de los metales

Ver: La Prehistoria

Si nos remontamos unos quinientos mil años atrás, en la primera época interglacial veríamos recorren por las llanuras europeas “algo” que se parecía mucho a un ser humano. Su boca, aún en forma de hocico, estaba dotada de poderosas mandíbulas, las que usaba con múltiples propósitos.

Con ella roía cortezas y raíces vegetales y también desgarraba la carne que se proporcionaba por medio de la caza, sirviéndole asimismo como arma de defensa. ¡Y vaya si la necesitaba! Sus vecinos eran nada menos que el elefante selvático, el tigre de dientes de sable, el rinoceronte y el ciervo gigante.

vida en la prehistoria

Ante una fauna tan peligrosa como esa de poco servirían sus fauces, por más potentes que fueran. Sin embargo, algo más que dientes había en la cabeza de ese ser, hoy llamado “hombre de Heidelberg” por haberse encontrado restos suyos en la localidad alemana de ese nombre.

Ese “algo” era su cerebro que, tras muchos milenios de evolución a partir de los simios, había aumentado considerablemente de tamaño. Su contenido, mayor y mejor distribuido, lo habilitaba para realizar una proeza a la que ningún ser vivo se había atrevido: pensar.

Cierto día, cansado ya de perseguir a sus presas usando pies, manos y dientes, a riesgo de morir en la contienda, se sentó a reflexionar. Quizás haya sido un hueso, quizás un palo, tal vez una piedra alargada, lo que hizo que su rostro se iluminara.

-¿Qué pasaría -se dijo- si uso este elemento en mi provecho? Y aquí comienza la historia activa de la humanidad. Aguzada la tosca piedra, fue un hacha, o una lanza, o un puñal.

Desde entonces la superioridad sobre el resto de los animales constituyó la corona que se ciñó sobre ese “alguien” ya digno de su posición en la escala animal: el hombre. Corrieron los siglos para el hombre primitivo. Duras pruebas debió afrontar su capacidad de supervivencia.

Un raro fenómeno astronómico-geológico -las glaciaciones– lo fueron empujando hacia las regiones ecuatoriales. Debió soportar el avance de los casquetes helados de los polos por tres veces consecutivas, pero consiguió pasar la prueba estoicamente.

De esta época data el Pithecanthropus erectus, hallado en la isla de Java, al sudeste de Asia. Alrededor del 100.000 a. de C. se produce el período de mayor difusión del hombre de Neanderthal, que se expande por Europa, Asia y África. Éste era rechoncho, con una cabeza grande y una altura apenas superior al metro y medio. Su rostro aún tenía los rastos bestiales de sus antepasados.

Tal característica se ponía de manifiesto especialmente en lo abultado de los arcos superciliares, en la ancha nariz y en él labio superior, volcado hacia adelante.

Su vivienda preferida era la caverna, la que debía disputar con temibles osos prehistóricos. Pero… él ya no estaba solo en la lucha por la vida. Había aprendido a sacar del sílex, una roca fácilmente desgastable, todo lo que necesitaba para ser él el mejor.

De esta época datan los hallazgos de Le Moustier, en Dordogne, al pie del Macizo Central francés. Por dicha causa, a esta etapa-cultural se la llamó musteriense. La mayoría de los elementos de este período, traídos a luz por las excavaciones, son piedras talladas de uso manual.

Faltan aún los mangos y cabos, viéndose en cambio instrumentos para cortar, punzones, raspadores, y unos elementos muy rudimentarios (cuya pertenencia al hombre primitivo muchas veces se puso en duda) llamados eolitos.

Algunos arqueólogos los consideran productos del desgaste natural. He aquí los primeros utensilios de los que se valieron nuestros antecesores para lidiar con fieras mucho más grandes que las actuales.

herramientas en la edad de piedra

El sílex fue uno de los primeros materiales empleados en la fabricación de armas durante la edad de piedra. Es relativamente fácil de encontrar y se fragmenta en láminas cortantes, cualidad que lo hace idóneo para la fabricación de utensilios y armas. Durante la edad de piedra, las azuelas  se empleaban para tallar madera y la hoz en las tareas de recolección.

Al sílex siguieron el cuarzo, el pedernal y la obsidiana, rocas que, como el sílex, podían ser talladas con facilidad y tenían una dureza aceptable.

Lasca a lasca se fue pasando el primer período de la prehistoria, llamado Paleolítico Inferior. En sus últimas etapas la piedra ya era hábilmente manejada. Con ella se fabricaban puntas de flecha, cuchillas, raederas, punzones y hachas manuales bastante perfeccionadas. Cuando la última de las avanzadas del hielo glaciar comenzó a desaparecer retrocediendo hacia los polos, se inició un período verdaderamente brillante: el Paleolítico Superior.

Las aves invadieron el planeta alegrándolo con sus trinos y gorjeos. Los valles, otrora congelados, se poblaron de tierna gramínea que fue pastura de rebaños y tropillas. La prosperidad dejó al hombre más tiempo para ejercitar su don maravilloso: el pensamiento.

Y surgen así piezas de roca con propósitos más definidos.

Es el caso de los buriles, herramientas empleadas para tallar o grabar sobre hueso, madera u otras rocas más blandas. También aparecen unas puntas en forma de hoja de laurel, que poseen doble filo y son muy manuables. Pertenecen a esta época importantes hallazgos, como los arpones de asta.

herramientas del hombre de la edad de piedra

La fabricación consciente de herramientas manifiesta una previsión racional en el hombre: una herramienta se hace con el fin de que desempeñe una función o serie de funciones específicas en una cantidad indefinida de ocasiones futuras.

Por ejemplo, un instrumento cortante hecho de piedra se utiliza para diversos usos domésticos y también, tal vez, como arma. Las primeras y más primitivas herramientas eran simplemente cantos aguzados o trozos de piedra hallados casualmente y utilizados para cortar y rascar. En esta fase, lo que convirtió en herramientas los afortunados hallazgos fue el hecho de haber sido recogidas y conservadas para su uso ulterior.

Con el transcurso del tiempo, se hicieron deliberadamente instrumentos de piedra arrancando lañas de piedras mayores y dando forma de diversos modos a los filos cortantes.

Otro material utilizado desde los tiempos más remotos fue la cornamenta y los huesos de animales, aunque su empleo parece datar de una época posterior. Pero las pruebas en este sentido no son totalmente satisfactorias, dado que el hueso es más perecedero que la piedra y quizás el tiempo haya destruido las primeras herramientas hechas de este material.

Probablemente, la primera utilización de los huesos fue como armas. La narración del Antiguo Testamento en la que Sansón mata a 1.000 filisteos con la quijada de un asno parece ser una reminiscencia de los hombres de la Edad de Piedra y de sus luchas con huesos de animales. El hueso se empleó también para fabricar otros objetos punzantes, tales como leznas y agujas para coser.

En cuanto a las herramientas hechas de madera, ningún instrumento, cualquiera que haya sido, ha sobrevivido, como es comprensible; es razonable suponer que se utilizarían ramas y troncos como rodillos para transportar cargas pesadas, o como palancas para mover grandes rocas, y palos más pequeños para buscar raíces y, con la punta aguzada, a modo de armas. En una etapa posterior, estas herramientas se perfeccionaron y se inventaron otras más complicadas.

La fabricación de herramientas presuponía una previsión racional que a su vez requería la capacidad de pensar en términos abstractos. Prever es relacionar los acontecimientos del futuro con los del pasado, tener conciencia del tiempo y de su transcurso, y comprender la relación causal entre ciertos tipos de hechos.

Puesto que, una vez comenzada, la tradición de la fabricación de herramientas fue transmitida de generación en generación, los fabricantes de herramientas debieron ser capaces no solamente de pensar en el sentido requerido sino también de comunicar sus pensamientos; debieron tener alguna forma de lenguaje, aunque fuera relativamente tosca.

La existencia del lenguaje presupone, a su vez, una forma de vida social. Los hombres vivirían en grupos organizados y aunque éstos no fueran muy grandes, contarían con una estructura básica, incluyendo alguna división del trabajo rudimentaria.

Es imposible saber cuál de estas diversas características apareció primero: van todas unidas, y constituyen el marco del animal humano como ser social capaz de pensar racionalmente y trasmitir a otros su pensamiento, capaz de prever las contingencias futuras y de adoptar las medidas necesarias para hacerlas frente mediante su poder de controlar la naturaleza por medio de herramientas.

Los primeros refugios: Un nuevo paso importante fue la construcción de refugios. Los hombres primitivos vivían en espacios naturales, como cavernas para protegerse de la intemperie. Se supone que la primera construcción hecha por la mano del hombre data de hace 300.000 años. Eran grandes cabanas construidas por los cazadores de la Edad de Piedra junto a las costas del Mediterráneo.

Si bien las cavernas fueron inicialmente viviendas de piedra, útiles para combatir los grandes fríos, en el paleolítico superior esta función desapareció con el retiro de los hielos. Sin embargo, los principales yacimientos de fósiles han sido encontrados en este ambiente.

La explicación es sencilla. Ya el hombre se había puesto a pensar seriamente en el más allá y había fundado religiones rudimentarias. Su altar fue la caverna y a ella acudía para invocar poderes mágicos qute le proporcionaran éxito en la caza y la pesca.

Para esto quiso “atrapar” a los animales por medio de dibujos y pinturas, estas obras de arte rupestre, descubiertas en la actualidad, son motivo de profundos estudios. Nos han dejado datos valiosos grabados en las paredes de piedra que, en muchos casos, sirvieron para efectuar verdaderas reconstrucciones acerca del modo de vida de aquellos grupos sociales primitivos.

SÍMBOLO DE LO PERDURABLE
No tan sólo en el trascendental paso del estadio de homínido al de “homo faber” desempeñó la piedra un importantísimo papel. Ya en los primeros tiempos de la vida cavernícola del hombre fue presa de la angustia existencial, que lo llevó a elaborar las primeras formas de lo trascendente. Así nacieron los cultos primitivos. Pero el hombre no estaba aún maduro como para manejarse en un campo puramente conceptual y necesitaba de entes inmanentes capaces de simbolizar sus ideas de eternidad. Para ello no encontró nada más adecuado que la piedra, lo aparentemente inmutable del paisaje que lo rodeaba.

Los dólmenes de Stonehenge, Inglaterra, y los menhires de Carnac, Francia, se cuentan entre los más primitivos monumentos religiosos erigidos por el hombre También fue a través de la piedra como el faraón egipcio Keops buscó eternizar su nombre, y en buena medida lo logró: más de cuatro milenios y medio después de haber sido terminada, la enorme pirámide de 138 metros de alura que le sirvió de sepultura sigue siendo una de las construcciones más espectaculares del mundo. Para comprender hasta qué punto la  piedra ha llegado a ser para el hombre el símbolo de lo perdurable, basta con recordar el juego de palabras que hiciera Cristo con el nombre de Pedro su discípulo predilecto: “Sobre era piedra erigiré mi Iglesia”.

hacha de piedra edad de piedra

Estas hachas de mano datan de hace unos 400.000 años y demuestran que el hombre había adquirido la habilidad de fabricar útiles líticos para cortar y despellejar a sus víctimas de un modo más sencillo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N° 11 Edit. Cuántica La Edad de Piedra
El Triunfo de la Ciencia Globerama Tomo III Edit. CODEX

Propiedades Mecánicas de los Metales Ensayos de

Descripción de las Propiedades Mecánicas de los Metales y Los Ensayos

Por qué algunos metales se pueden doblar fácilmente, mientras que otros se rompen? ¿Por qué algunos se pueden estirar y otros no? Simplemente, porque los metales tienen diferentes propiedades, las cuales debe conocer el ingeniero si quiere utilizarlos adecuadamente. Las propiedades de los metales que interesan desde este punto de vista, son las que se refieren a la manera de comportarse cuando se les somete a fuerzas y presiones. Los procesos que se llevan a cabo en un taller mecánico (tales como cortado, doblado, estirado, etc.) tienen por objeto, esencialmente, utilizar fuerzas y presiones para dar a los metales la forma deseada.

PROPIEDAD -1- ELASTICIDAD.
PROPIEDAD -2-DUCTILIDAD.
PROPIEDAD -3-PLASTICIDAD.
PROPIEDAD -4-TENACIDAD.
PROPIEDAD -5-DUREZA.
PROPIEDAD6-FRAGILIDAD.

IMPORTANCA DE CONOCER LAS PROPIEDADES DE LOS MATERIALES: Todos los ingenieros manejan cotidianamente los materiales. Estas sustancias se manufacturan y procesan; con ellas se diseñan y construyen componentes o estructuras, se seleccionan y analizan sus fallas, o simplemente se prevé un funcionamiento adecuado de los materiales.

A todos los ingenieros de manufactura interesa mejorar las características del producto que se diseña o fabrica. Los ingenieros en electricidad y en electrónica requieren de circuitos integrados que funcionen adecuadamente, de interruptores que reaccionen de manera instantánea en las computadoras y de aislantes que soporten altos voltajes, aun en las condiciones más adversas. Los ingenieros civiles y los arquitectos desean construir estructuras sólidas y confiables que sean estéticas y resistan la corrosión.

Los ingenieros petroleros y los químicos requieren barrenas de perforación o tuberías que resistan condiciones severas de abrasión y corrosión. Los ingenieros de automóviles buscan materiales de poco peso a la vez que resistentes. Los ingenieros aeroespaciales demandan materiales ligeros que se comporten adecuadamente, tanto a elevadas temperaturas como en el gélido vacío del espacio exterior. Los ingenieros metalúrgicos, así como los especialistas en cerámicos y polímeros, desean producir y conformar materiales que sean económicos y tengan propiedades cada vez mejores.

La finalidad de este libro es permitir al estudiante percatarse de los tipos de materiales disponibles, entender su comportamiento general y sus capacidades, y reconocer los efectos del ambiente y de las condiciones de operación sobre el rendimiento de los materiales.

El comportamiento mecánico de los materiales se describe mediante sus propiedades mecánicas, que son simplemente los resultados idealizados de ensayos. Estas pruebas están diseñadas para representar diferentes tipos de condiciones de carga.

El ensayo de tensión describe la resistencia del material a un esfuerzo de tensión aplicado lentamente; los resultados definen el esfuerzo de fluencia, la ductilidad y la rigidez del material. El ensayo de fatiga permite entender cómo se comporta un material cuando se aplica un esfuerzo repetido cíclico; el ensayo de impacto indica la resistencia al choque del material, y el ensayo de termofluencia proporciona información sobre la capacidad de carga del material a temperaturas elevadas.

Finalmente, el ensayo de dureza, además de medir la resistencia al desgaste y a la abrasión del material puede correlacionarse con otras propiedades mecánicas. Aunque se usan muchas otras pruebas, incluyendo algunas muy especializadas, para describir el comportamiento mecánico, las propiedades obtenidas con estos cinco ensayos son las más comúnmente presentadas en los manuales. Sin embargo, cabe hacer notar siempre que las propiedades que señalan los manuales son valores promedio de ensayos idealizados, y deben emplearse con precaución.

ELASTICIDAD
Cuando sobre un alambre se hace actuar una fuerza, se produce en él una deformación, que en los cuerpos elásticos desaparece al cesar la fuerza. Si las deformaciones son pequeñas, se pueden considerar todos los cuerpos como elásticos; pero, si se van aumentando, llega un momento en que el cuerpo conserva una cierta deformación permanente al cesar la acción que la produjo, y entonces se dice que se ha pasado el límite de elasticidad. Por debajo de este límite, se cumple la Ley de Hooke. que dice que la fuerza elástica de reacción es proporcional a la magnitud de la deformación.

La resistencia que los distintos metales presentan al sufrir deformaciones viene dada por unos módulos, que se determinan experimentalmente. Un metal puede sufrir deformaciones por tres motivos: tracción, compresión y cizalladura.

El módulo de elasticidad de un metal, o módulo de Young (índice de su resistencia, a la tracción o a la compresión) es el cociente entre la presión deformadora y la correspondiente deformación unitaria (relación entre el incremento de longitud producido por tracción y la longitud inicial).

Diagrama de Tracción de un Metal

El módulo de elasticidad es la pendiente del diagrama esfuerzo-deformación en la región linealmente elástica y su valor depende del material en particular que se ensaya.

El Módulo de Young se determina colgando de alambres de igual sección y longitud, de los metales en estudio, pesos iguales, y midiendo las elongaciones producidas. Si incrementamos sucesivamente estos pesos, llegaría un momento en que el alambre del metal de menor resistencia a la tracción se rompería, es decir, habríamos alcanzado su límite de ruptura, magnitud que nos indica la carga máxima que un metal puede soportar. Cuanto mayor es el módulo de elasticidad de un metal, más fuerza, más energía poseen, y serán necesarias máquinas más pesadas para su mecanizado.

Conceptos Básicos del Gráfico:
Curva esfuerzo-ruptura:
Método para registrar los resultados de una serie de pruebas de termofluencia graneando el esfuerzo aplicado en función del tiempo de ruptura. (imagen superior)

Deformación (concepto usual en ingeniería) Grado en que se deforma un material por unidad de longitud en un ensayo de tensión.

Deformación elástica: Deformación del material que desaparece cuando se anula o retira la carga.

Deformación plástica: Alteración permanente de la longitud del material cuando se aplica una carga y después se retira.

Deformación real: Deformación efectivamente producida cuando se aplica una carga a un material.

Tipos de Esfuerzos Sobre la Pieza

tabla de los esfuerzos en los ensayos

Diversos Tipos de Esfuerzos a Aplicar Según el Ensayo a Realizar

DUCTILIDAD
Al estirar un metal, se comporta como una pieza de goma, pero la elongación es mucho más pequeña. Esto permite hacer resortes de metal (un resorte vuelve siempre a su posición, independientemente de las veces que se use). Esta elasticidad puede a veces ser molesta en los trabajos, ya que el metal no se puede curvar con facilidad para obtener una nueva forma. A veces el metal se ablanda si se calienta; entonces se curva y a continuación se recalienta, para recuperar las propiedades primitivas.

Si un metal se estira demasiado se hace plástico y entonces se puede alargar como si fuese una masilla. Una barra de metal que se estira con una fuerza pequeña vuelve a recuperar su posición original cuando se elimina la fuerza. Si la fuerza excede un cierto límite, la barra se deforma para siempre. Si se aumenta aún más la fuerza, la barra continúa alargándose, hasta que llega un momento en que se rompe (punto de alargamiento final). Se puede observar este fenómeno en la figura superior, que indica el ensayo a tracción de un metal.

Los metales que se pueden alargar mucho cuando se estiran, se dice, que son dúctiles. Cuando se estira una barra en una máquina de prueba se puede hallar la elongación de una determinada longitud (llamada longitud de la escala). El porcentaje de elongación del hierro dulce es del 15 al 20 %; del latón, del 30%; y del aluminio puro, del 40%.

Algunos metales se alargan mucho: es decir, tienen una ductilidad alta, y se pueden deformar fácilmente por procesos mecánicos, especialmente si tienen una resistencia a la tensión baja (resistencia a las fuerzas de alargamiento). Esto permite fabricar recipientes de paredes finas a partir de láminas planas.

El alambre se fabrica pasando una barra de metal dúctil a través de un agujero muy pulido, hecho en un taco de metal duro, por el que la barra se va estirando en diámetros cada vez más pequeños. Cuanto más pequeño es el diámetro, más largo será el alambre. El cobre se puede estirar hasta el diámetro de un cabello. Incluso pueden fabricarse, por este método, tubos huecos tan finos como un cabello.

Una barra de acero se puede estirar, pero con gran dificultad, y poco a poco, porque el acero es menos dúctil que el cobre. Incluso en esta operación es de importancia la dureza del metal, ya que si se intenta una gran reducción de diámetro, se puede romper la barra.

El alambre o las barras estiradas tienen una superficie muy suave, ya que se pulen por contacto con un cuño de me-
tal duro. Generalmente es redondo y sin defectos en la superficie y se puede usar para muchos fines sin ulterior tratamiento. Cuando un metal se estira o se deforma por algún medio, en frío, su estructura cristalina se deforma, haciendo que el metal se endurezca.

Por tanto, una lámina o barra de metal brillante (que frecuentemente se ha estirado en frío), es difícil de curvar sin que se rompa. Si es necesario, se puede templar el metal (calentar y después enfriar lentamente) para ablandarlo sin que pierda su acabado.

PLASTICIDAD
Los que hayan usado plastilina o arcilla para moldear figuras saben que estas materias pueden adaptarse a la forma que uno desee darles. Muchos metales se comportan de la misma manera, si se trabajan con la suficiente fuerza, y pueden tomar formas completamente diferentes a las que tenían. Se dice entonces que los metales son plásticos.

Los metales pueden ser extruídos, lo que se hace por un procedimiento conocido como extrusión de irrvpacto/ que se usa para hacer envases, tubos de pasta dentífrica y otros recipientes de pared delgada.

Un lingote de un metal se coloca en un agujero profundo de un molde de metal duro. Un martinete desciende sobre el lingote con gran fuerza y lo comprime dentro del agujero. Por la presión, el metal se hace plástico y sólo puede salir por el pequeño espacio entre el martinete y la cavidad del molde.

El metal se extruye hacia arriba por este espacio, formando un tubo de pared fina. Todo esto sucede en unos segundos, o menos, con lo que el sistema tiene un gran rendimiento. Metales como el aluminio son muy apropiados para esta clase de procesos.

Todos los metales dúctiles permiten un flujo plástico; pero algunos metales, como el plomo, se pueden deformar fácilmente, aunque no son dúctiles. Estos metales se pueden trabajar con martillo y laminar, y se les llama maleables. El aluminio es maleable y dúctil a la vez; se puede laminar en hojas delgadas de una milésima de centímetro.

Muchos metales se hacen plásticos si se calientan al rojo vivo, aunque no lo sean en frío. El hierro se deforma fácilmente cuando se calienta al rojo vivo. La mayor parte de las barras y láminas de hierro se trabajan en caliente.

El forjado, otro procedimiento de trabajo en caliente, puede dar al hierro cualquier forma.

Forjado en Caliente de una barra de acero

Con fuerzas relativamente pequeñas se pueden hacer cambios grandes de sección, y ésta es la gran ventaja del forjado. Además, los cristales del metal no se endurecen, por lo que se conserva blando y fácil de curvar.

El efecto combinado de la contracción, al enfriarse el metal, y la oxidación de la superficie, son desventajas del método de trabajo en caliente. Por tanto, para lograr condiciones plásticas adecuadas, es necesario usar maquinaria y elegir los metales cuidadosamente.

TENACIDAD
La tenacidad es la propiedad que tienen los metales de deformarse continuamente sin romperse; en otras palabras, un metal tenaz es aquel que no se puede estirar con facilidad. Algunos metales se pueden doblar hacia adelante y hacia atrás, o retorcer muchas veces sin que se rompan. Imagínese la importancia de esta propiedad en las uniones de vagones de ferrocarril, en los eslabones de una cadena, o en la caja de trasmisión de un eamión pesado, donde una rotura tendría graves consecuencias.

Los metales blandos pueden ser muy tenaces. Esto se evidencia si uno trata de romper un trozo de alambre de cobre, doblándolo o retorciéndolo. Los metales tenaces son difíciles de tornear, ya que el metal cortado, o viruta, no se separa fácilmente del bloque principal. Los metales que son a la vez duros y tenaces, como los aceros al cromo-níquel, necesitan herramientas especiales de cortado y máquinas muy potentes.

DUREZA:
De define la dureza como la resistencia a la penetración. Se comprueba con mucha facilidad, apretando contra la superficie del metal una bola de rodamiento o una punta de diamante en forma de pirámide. En la práctica, no es necesario calcular el grado de dureza.

Medición de la Dureza del Metal

El diámetro de la huella o la diagonal se miden con un microscopio y el grado de dureza se obtiene con una tabla. El acero ordinario medio tiene un grado de dureza de 200; el latón blando, del orden de 100, y el aluminio puro, de 20 solamente.

El acero endurecido tiene un grado de dureza de 700 a 800 y algunos materiales para herramientas de corte, 1.200 o más. Un metal sólo puede cortarse con una sustancia que sea más dura que él. Las herramientas de corte deben hacerse, por lo tanto, con el acero más duro o con carburos metálicos (tales como el carburo de wolframio), que todavía lo son más. Para fabricar estas herramientas hay que utilizar materiales del más alto grado de dureza: carburo de silicio u óxido de aluminio.

De ellos, en hornos eléctricos se obtienen cristales y con estos cristales se fabrican las ruedas de afilar (amolar). Para cortar metales extremadamente duros es preciso, a veces, utilizar diamantes, único medio de darles un borde cortante que sea liso y afilado a la vez.

Resulta necesario disponer de metales duros, que resistan el desgaste. El motor de automóvil tiene muchas piezas de gran dureza; las bolas o municiones de los rodamientos de una bicicleta, por ejemplo, han de serlo también. El único sistema de conseguir el acabado de las piezas de acero es el pulido; he aquí otro ejemplo de cómo los métodos de trabajo en los talleres dependen de las propiedades de los metales.

Algo mas sobre el ensayo… El ensayo de dureza mide la resistencia a la penetración sobre la superficie de un material, efectuada por un objeto duro. Se han diseñado diversas pruebas de dureza, pero las comúnmente usadas son el ensayo Rockwell y el Brinell

En el ensayo de dureza Brinell una esfera o bola de acero duro, normalmente de 10 mm de diámetro, se presiona sobre la superficie del material. Se mide el diámetro de la marca producida en la superficie y se calcula el índice de dureza Brinell (BHN, de Brinell hardness number) mediante la ecuación siguiente.

fórmula de dureza brinnell

donde F es la carga aplicada en kilogramos fuerza, D es el diámetro del penetrador en milímetros, y D¡ es el diámetro de la marca en milímetros.

El ensayo de dureza Rockwell utiliza una bola de acero de diámetro pequeño para materiales suaves, y un cono de diamante (Brale) para materiales más duros. La profundidad de la penetración la mide automáticamente el instrumento de prueba, y es convertida a un índice de dureza Rockwell.

FRAGILIDAD
Los materiales que son frágiles se rompen sin deformarse. Se puede pegar porcelana rota, por ejemplo, sin que se noten apenas las señales de la rotura.

El conocimiento del grado de fragilidad de los materiales es de mucha utilidad en ingeniería, pues los que son frágiles no ceden, sino que se rompen sin previo aviso. Los materiales frágiles, por otra parte, son generalmente rígidos y muy indicados para adquiriendo a medida que se enfría.

El hierro colado es probablemente el metal írágil que más abunda. Su obtención resulta económica y puede dársele en el colado formas complicadas, incluso en espesores delgados. Debido a su rigidez y fortaleza, se utiliza mucho para construir bancadas de máquinas, herramientas que han de conservar su precisión durante todo el tiempo de uso. No obstante, como se puede romper con facilidad, por ser frágil, se han de tomar precauciones especiales al manejar las piezas de fundición.

Los metales frágiles que se usan en fundición no pueden ser doblados o deformados, por lo que deben desecharse todas las operaciones que impliquen deformación. Solamente se pueden trabajar con máquinas. El hierro colado puede ser objeto de un tratamiento que le quita fragilidad, pero, aun así, no es tan dúctil como otros materiales. Muchos metales se vuelven duros y frágiles por tratamiento al calor, y solamente entonces pueden ser objeto de tratamiento mecánico. Los metales frágiles se rompen con frecuencia, por golpes o caídas, y tienden a agrietarse.

Estos ejemplos demuestran cómo las propiedades de los metales están relacionadas con el procedimiento de obtención y los métodos de trabajo que les pueden ser aplicados. La barra o plancha negra de acero se ha laminado en caliente y normalmente en una forma blanda del metal.

El material brillante se ha laminado o estirado en frío. Es limpio y preciso, pero puede ser difícil de deformar. Las fundiciones, tanto las de superficie rugosa procedente de moldes de arena, como las lisas, obtenidas con moldes metálicos, casi siempre son inadecuadas para los procesos de deformación.

Cada metal, además, tiene propiedades que le son características. El cobre es siempre blando, resistente y dúctil, pero su aleación, el latón (cobre y cinc) puede ser dúctil o frágil, y otra aleación, el bronce (cobre y estaño), puede ser tan tenaz y elástico como el acero.

Cada metal ha de ser escogido de acuerdo con su futuro empleo. Los fabricantes utilizan especificaciones que señalan con bastante claridad y detalle la composición y propiedades de cada uno de los metales. Para tener éxito en el taller, el ingeniero o mecánico debe conocer estas propiedades y ser capaz, además, de tratar cada metal del mejor modo.

ALGO MAS SOBRE ELASTICIDAD…

Una pelota de goma sólida puede ser estirada, comprimida, doblada o retorcida y siempre volverá a su forma original cuando cese la tensión exterior. La propiedad que le permite comportarse así es la elasticidad. Sin ninguna duda, cuando se menciona la elasticidad la goma es el primer material que se nos viene a la mente, porque se trata de un material que puede ser indefinidamente deformado y sin embargo volver a su forma original.

Pero, aunque parezca extraño, todos los sólidos poseen esta propiedad en cierto grado aunque a veces resulte apenas perceptible. El único metal en el cual la elasticidad está bien desarrollada es el acero, y aun entonces debe tratarse de acero endurecido. Esto se consigue por un enfriamiento rápido o templado del acero al rojo sumergido en agua helada.

Los aceros templados son duros y quebradizos, pero muy elásticos. Los resortes casi siempre se hacen de acero templado que ha sido ligeramente recalentado o revenido, proceso que si bien destruye parte de su elasticidad lo hace más dúctil y resistente.

Cuando los ingenieros calculan un puente necesitan conocer la resistencia a la tracción del acero que se emplea en la construcción (es decir, el comportamiento del metal bajo la acción de esfuerzos que tienden a estirarlo), porque ésta determina la cantidad, dimensiones y posición de las vigas necesarias.

Del mismo modo, la resistencia a la tracción de la goma es de suma importancia para los fabricantes de cubiertas y artículos similares. Esto se determina colgando y adicionando peso en uno de los extremos de un alambre o cable de la sustancia bajo prueba, estando fijo el otro extremo.

Al principio el alambre o cable sufre alargamientos iguales ante aumentos iguales de la carga. Por ejemplo, si un peso de una tonelada estira un alambre de acero medio milímetro, un peso de dos toneladas lo estirará un milímetro, y así siguiendo.

Y cuando los pesos son retirados, el alambre recupera su longitud original. El hecho de que el alargamiento de un alambre era proporcional a la fuerza aplicada fue descubierto por Hooke ya en 1650. Pero este proceso no continúa indefinidamente; se llega a un punto en que el alambre o barra se alarga mucho más de lo que correspondería para la carga agregada. Además, cuando se retiran los pesos, ya no recupera su longitud original. El punto en que esto sucede se denomina límite elástico.

Los alargamientos aumentan rápidamente después de alcanzar el límite elástico hasta que el material finalmente se rompe al llegar al punto de rotura. Tratándose de construcciones metálicas, los ingenieros deberán asegurarse de que las vigas jamás serán solicitadas por un esfuerzo superior al necesario para alcanzar el límite elástico.

Las propiedades elásticas de los materiales se deben a las fuerzas que actúan entre los átomos o moléculas. La razón por la cual la goma es tan elástica es que está constituida por largas cadenas moleculares, la mayoría de las cuales están dobladas como sogas entremezcladas.

curva de elasticidad

Cuando el material es estirado las cadenas simplemente se enderezan, y cuando el esfuerzo desaparece vuelven a su estado original de entrecru-zamiento. Muchos otros materiales, como la lana y la seda, están constituidos por cadenas moleculares, pero en la mayoría de los casos los fuertes vínculos entre las cadenas impiden que se enrollen sobre sí mismas y su elasticidad no resulta tan pronunciada.

Luegos de los ensayos y determinadas sus propiedades los materiales tienen sus distintas aplicaciones en la industria o en los bienes de uso. A continuacion se muestra una tabla con los usos mas comunes de los elementos químicos, que debido al avance de la ciencia logicamente muchos podrían estar hoy deshuso.

MetalUtilización
PaladioAleaciones con el platino, aceros, catálisis química.
PlataEspejos, alhajas, bronces.
PlatinoCatálisis, contactos eléctricos, alhajas
PlomoAleaciones para soldaduras,cañerías, pinturas.
PlutonioRadiactivo, bomba atómica.
PolonioRadiactivo, compuestos luminosos
PotasioMetal alcalino, fertilizantes.
RadioRadiactivo, medicina, pinturas luminosas
RenioPares termoeléctricos, sustituto del cromo en los aceros.
RodioAleaciones, cátodos, pares termoeléctricos.
RubidioProductos medicinales.
SelenioCélulas fotoeléctricas, baterías solares
SilicioVidrio, aleaciones duras y refractarias
SodioJabones, sal de mesa, bicarbonato de sodio.
TalioCompuestos químicos venenosos, insecticidas, raticidas.
TántaloFilamentos para lámparas,aleaciones refractarias.
TkcnjecioPrimer elemento producido por el hombre
Teluro Semiconductores, fotopilas,aleaciones diversas.
TitanioPigmentos, compuestos muy refractarios, aceros especiales.
TorioRadiactivo, aleaciones.
TungstenoFilamentos para lámparas, herramientas duras.
UranioRadiactivo, pilas atómicas.
VanadioAceros especiales.
Metal Utilización
AluminioSe usa desde hace pocas décadas y ocupa el tercer lugar detrás del hierro y el cobre.Utensilios, aleaciones livianas para aviación, cables eléctricos de alta tensión.
AntimonioEndurece el plomo de los tipos de imprenta; productos medicinales. Ignífugos. Se dilata al enfriar.
Arsénico Insecticidas, productos medicinales, industria química.
Bario
Pigmentos, cristales, fuegos artificiales
BerilioÚnico metal liviano con alto punto de fusión, ventana para rayos X, industrias atómicas,aleaciones con cobre, resistentes a vibraciones externas.
BismutoAleaciones de muy bajo punto de fusión (37°C); productos farmacéuticos.
BoroÁcido bórico. Endurecimiento del acero
Cadmio Endurecimiento de los conductores de cobre. Aleaciones de bajo punto de fusión. Galvanoplastia
CalcioMateriales de construcción, sales diversas.
CerioMateriales refractarios livianos, semiconductores, aleaciones duras y refractarias.
CesioCélulas fotoeléctricas.
Cinc Galvanoplastia, pilas.
CirconioUsos atómicos, aceros, lámparas flash
CobaltoPiezas de cohetes y satélites.herramientas para altas temperaturas, radioisótopos
Metal Utilización
CobreConductores eléctricos, bronces diversos.
ColumbioSólo en laboratorio. Duro y pesado
CromoAcero inoxidable, galvanoplastia
EstañoEnvoltorios, soldaduras, bronces
EstroncioFuegos artificiales, refinerías de azúcar
GalioTermómetros para alta temperatura (funde antes de los 35° y hierve a más de 1900°C.
Germanio Transistores, válvulas termoiónicas
HafnioFilamentos de tungsteno.
HierroAcero, construcción. El metal por excelencia
Indio Galvanoplastia, aleaciones resistentes a los esfuerzos y la corrosión
LitioAleaciones ligeras, pilas atómicas, síntesis orgánica.
MagnesioAleaciones ligeras, productos medicinales, síntesis orgánicas.
ManganesoAceros especiales (extrae el oxígeno y el azufre de la mezcla, dando un metal limpio y sólido). Usos químicos y eléctricos
MercurioTermómetros, barómetros, aleaciones dentarias (amalgamas)
MolibdenoAceros especiales.
NíquelBronces blancos, monedas, revestimientos de metales.
OroAlhajas, monedas, espejos telescopios
OsmioMetal pesado para aleaciones de la familia del platino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología Fasc. N°41 Propiedades Físicas de los Metales
La Ciencia de la Ingeniería de los Materiales Donald R. askeland

Hechos Mas Importantes de la Historia de la Humanidad Acontecimientos

Hechos Mas Importantes de la Historia

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hechos y acontecimientos de la historia

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GRANDES HECHOS Y ACONTECIMIENTOS DE LA HISTORIA

1-Diez Fechas

2-Diez Documentos

3-Grandes Teorías

4-Grandes Inventos

5-Grandes Científicos

6-Hechos Destacados

7-Grandes Tragedias

8-Principales Guerras

9-Grandes Ideologías

10-Grandes Ideas

11-Línea del Tiempo

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SIGLO XV: La imprenta, la revolución de las letras
La idea de imprimir imágenes con bloques de madera o metal no era nueva, pero la idea de utilizar letras individuales hechas a mano para crear las diferentes páginas del texto era revolucionaria. Fue introducida por primera vez en Europa por Johannes Gutenberg de Maguncia, Alemania, a partir de 1450.

Aunque se podían requerir 50.000 caracteres para formar un libro extenso como la Biblia, una vez armada, la misma obra podía ser reproducida-miles de veces. Para 1520 había más de 200 diferentes ediciones impresas de la Biblia en varios idiomas, que representaban en total, tal vez, 50.000 copias individuales.

No obstante, aunque la imprenta ya estaba bien establecida en Europa, los trastornos religiosos de la Reforma transformaron su comercio en una gran industria: en Alemania aparecieron un total de 150 publicaciones distintas en 1518, 570 en 1520 y 935 en 1523, alcanzando sus ventas totales quizás 500.000 copias.

Aunque algunas de ellas estaban en latín, el idioma tradicional del debate erudito, la mayoría estaba impresa en lengua vernácula. Podían ser leídas, o escuchadas y comprendidas por casi todos. Un número considerable de estas nuevas obras fue escrito por un solo hombre: Martín Lutero. De los 935 libros publicados en Alemania en 1523, 183 provenían de su pluma y algunas de sus publicaciones posteriores fueron impresas en tiradas de 100.000 ejemplares.

SIGLO XVIII: La Revolución Industrial en Inglaterra

Esta revolución productiva marca un hito fundamental en la era moderna que comenzó en el siglo XVIII. Antes de 1800, regiones como West Riding de Yorkshire, Lancashire sur y West Midlands presentaban muy poco desarrollo urbano. La industrialización en el siglo XVIII no se caracterizó por conurbaciones -que son un fenómeno del siglo XIX— sino por un aumento gradual de los asentamientos industriales todavía rurales.

La localización de la industria estaba sólo comenzando en 1800. La manufactura de textiles de lana estaba muy dispersa, aunque existía cierta especialización local, fundamentalmente ligada a la disponibilidad de agua. Los paños finos y las sargas requerían procesos industriales que demandaban grandes cantidades de agua; no ocurría lo mismo con la fabricación de frazadas, franelas y telas de lana peinada.

La industria del algodón se estableció en Lancashire porque el clima era húmedo, los gremios eran menos poderosos, los puertos por los que se traía el algodón en bruto desde ultramar estaban próximos y existía una mano de obra experimentada en trabajar el lino y la lana. Tanto en las industrias algodoneras como en las laneras, las nuevas máquinas requerían de la energía hidráulica para impulsarse.

La llegada de las máquinas de vapor, además de incrementar la producción, permitió elegir ubicaciones menos dependientes de la cercanía del agua.

En 1700, la densidad de población fuera del área de Londres estaba determinada principalmente por la industria de la lana. Hacia 1750, incluso antes del establecimiento de los canales y caminos de peaje, la distribución de la población estaba cambiando con celeridad. Los textiles se desplazaron hacia el norte, y las áreas ricas en carbón y hierro comenzaron a poblarse densamente. Entre 1700 y 1800, la población total de Gran Bretaña aumentó de casi seis millones a nueve millones, es decir, tuvo un crecimiento promedio de 30.000 habitantes al año. De allí en adelante el incremento fue mucho más rápido.

Entre 1811 y 1821 subió de diez a doce millones, una tasa de aumento cinco veces más elevada que en el siglo anterior. En los principales centros industriales el cambio fue incluso más impactante. Manchester tenía 90.000 habitantes en 1801; 237.000 en 1831 y 400.000 en 1861.

Este aumento sin precedentes fue una razón para el auge de la producción industrial y agrícola durante los siglos XVIII y XIX. Debían satisfacerse las necesidades de millones de personas adicionales. Otra razón era la guerra, un prodigioso consumidor de hierro y sus derivados. En 1790, la producción británica de hierro no superaba las 79.000 toneladas. En 1820, como resultado de las guerras napoleónicas, había llegado a 400.000 toneladas.

Con una población en aumento, creció la demanda por productos manufacturados. Los salarios eran bajos, por lo que se necesitaban nuevas invenciones para permitir a los fabricantes producir más y lograr así bajar los precios. La lanzadera volante de Kay en 1733, la hiladora con varios husos de Hargreaves en 1770, la máquina de hilar intermitente (selfactina) de Crompton en 1778 y el telar mecánico de Cartwright en 1785 estuvieron entre los avances que transformaron la industria textil.

En la elaboración de hierro, los pioneros más destacados fueron Abraham Darby, que en 1709 logró descubrir cómo utilizar carbón de piedra en vez de carbón de leña para fundir el hierro, y Henry Cort, que en 1784 introdujo el proceso de pudelación para elaborar hierro fundido. La minería y todas las formas de fabricación se beneficiaron con la invención y perfeccionamiento de la máquina de vapor, a través de una serie de progresos desde la máquina atmosférica de Newcomen de 1712, hasta las máquinas de Watt de las décadas de 1770 y 1780 y las máquinas de alta presión de Trevithick, introducidas durante los primeros 20 años del siglo XIX.

No servía de mucho ser capaz de producir bienes en mayores cantidades a menos que éstos pudieran llevarse en forma expedita y a bajo precio a sus clientes y se pudieran entregar oportunamente las materias primas alas fábricas. La Revolución Industrial fue también la revolución del transporte. Durante los siglos XVII y XVIII, los caminos se deterioraron tanto a causa del aumento del tráfico sobre ruedas, que prácticamente sólo podían ser transitados por caballos de montar o columnas de caballos de carga.

Antes de la aparición del ferrocarril en la década de 1830, la única manera confiable de transportar cargas pesadas era la navegación. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se hicieron inversiones considerables en la construcción de canales, pero el ímpetu decayó tan pronto como se comenzó a descubrir el potencial de los ferrocarriles.

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA UN HECHO DESTACADO DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

La difusión del conocimiento
Aun cuando sea borroso, el límite entre ciencia y tecnología existe, por lo que es necesario considerar la manera en que la información lo atraviesa. El principal camino son las publicaciones. El científico académico no desea ocultar sus trabajos: las publicaciones son el medio para que su investigación llegue a sus colegas de todo el mundo y, tanto en el aspecto de formarse una reputación como en el de avanzar en la carrera, lo importante es haber sido el primero.

En consecuencia, existe un volumen cada vez mayor de conocimientos científicos que todo el mundo puede aprovechar libremente. Hasta hace relativamente poco tiempo, la mayor parte de los conocimientos nuevos se comunicaban a través de periódicos publicados por instituciones científicas. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial entraron en este campo las editoriales comerciales, que sin embargo siempre habían editado libros científicos.

A propósito de este tema, es interesante señalar que a mediados del siglo XX el material publicado era tan vasto y crecía con tanta rapidez, que una de las principales preocupaciones entre los científicos era encontrar la forma de utilizarlo con eficacia, ya que el día no les alcanzaba para mantenerse al tanto de las últimas novedades.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la aplicación de la informática al archivo y la recuperación de la información permitió solucionar el problema. Este enorme volumen de conocimientos de libre acceso para todos puede conducir directamente a importantes aplicaciones tecnológicas. Por ejemplo Marconi, precursor de la comunicación por radio, se inspiró para sus trabajos en una casual referencia a los experimentos de Heinrich Hertz que encontró en una revista. Casi medio siglo más tarde, el gigantesco proyecto Manhattan, que produjo la primera bomba atómica, fue el resultado directo de los artículos publicados sobre experimentos en física atómica, el más importante de los cuales apareció en 1939, apenas dos días antes de que estallara la guerra.

Sin embargo, a finales del siglo XIX, la industria comenzó a considerar que esta fuente de información era insuficiente para sus necesidades. Como complemento, y para asegurarse de que las investigaciones realizadas tuvieran que ver con sus necesidades (e indirectamente con las de sus dientes), las principales empresas fundaron sus propios laboratorios. Entre las primeras en hacerlo figura la United Alkali Company, de Gran Bretaña, cuyos laboratorios Widnes comenzaron a funcionar en 1892. Resulta significativo que su equipo de investigaciones, entonces reducido, estuviera compuesto casi exclusivamente por químicos formados en el extranjero, en Giessen, Heidelberg y Zurich.
Investigación nacional e internacional. En general, las investigaciones desarrolladas en ese tipo de laboratorios estaban directamente vinculadas con las actividades de la empresa madre.

Por razones comerciales, gran parte de los resultados obtenidos no se publicaban o sólo se comunicaban una vez protegidos por patentes.

Quedaban, sin embargo, áreas de investigación de importancia nacional general, pero sin relación directa con ninguna empresa en concreto, por ejemplo, la investigación sobre corrosión y metrología. Para rellenar este vacío, sólo se podía recurrir a laboratorios patrocinados por el Estado. Entre las primeras grandes instituciones de este tipo figuran el National Physical Laboratory del Reino Unido (1900), la National Bureau of Standars (actualmente National Institute of Standards and Technology) de Estados Unidos (1901) y el Instituto Kaiser Guillermo (luego Max Planck) de Alemania.

Así pues, durante los primeros años del siglo XX se fomentaba el progreso de la ciencia en tres frentes: en las universidades, con una fuerte inclinación hacia la investigación pura en las más antiguas y una mayor tendencia hacia la ciencia aplicada en las más nuevas, en los laboratorios de las grandes empresas industriales con base técnica y en las grandes instituciones estatales. Si bien estas divisiones eran bastante reales y estaban bien establecidas, había una buena cantidad de interrelaciones, aunque su naturaleza y alcance variaba de un país a otro.

Así pues, los científicos universitarios de mayor prestigio eran consultados por sus colegas de la industria. A menudo no sólo les ofrecían sus consejos, sino que desarrollaban investigaciones concretas para la industria con la ayuda de sus estudiantes. También había contactos entre las universidades y los laboratorios nacionales.

Aunque el equilibrio de fuerzas cambiaría con el paso de los años, esta pauta se mantuvo esencialmente hasta mediados de este siglo. Surgió entonces un cuarto frente, cuando el coste y la complejidad de la investigación en algunos campos llegaron a superar los recursos de casi todos los países, a excepción de los más poderosos. A esta fase pertenecen instituciones como el CERN (actualmente, Centro Europeo para la Investigación de las Partículas), con sede en Ginebra, dedicado a la investigación nuclear; el Laboratorio Europeo de Biología Molecular, en Heidelberg; la Agencia Espacial Europea , y el JET, que se dedica a la investigación sobre fusión.


La imagen popular de la ciencia y la tecnología
Hasta aquí hemos tratado las amplias interrelaciones dentro de la propia ciencia. Ahora debemos considerar las no menos importantes relaciones entre la ciencia y el ciudadano comente. Durante la primera mitad de este siglo, al igual que ahora, la ciencia tuvo más repercusiones que los científicos. Unos pocos nombres, pero no necesariamente los más destacados, lograron fama mundial: Roentgen, Marconi, Edison, Einstein y Zeppelin figuran entre los más recordados. Pero, en general, la población advirtió sobre todo las consecuencias sociales de los avances científicos y tecnológicos. Durante la primera década del siglo, las novedades fueron el automóvil, la radio, la luz eléctrica, el cine, el gramófono, los alimentos congelados, la aspiradora y la limpieza en seco.

En la cara opuesta de la moneda, el ciudadano corriente fue testigo de la desaparición de elementos que formaban parte de la vida desde los tiempos más remotos. La llegada del automóvil, por ejemplo, determinó el abandono casi total del caballo como medio de transporte. La medida de la velocidad y alcance del cambio la da el hecho de que relativamente poca gente puede recordar un mundo en el que la radio y la televisión no fueran poderosos medios informativos.

Sin embargo, hasta pasada la Primera Guerra Mundial ninguno de los dos existía siquiera, y los principales medios de difusión de la información eran las conferencias en vivo y los artículos publicados por los periódicos y revistas. En cuanto a la ciencia, la prensa popular dedicaba poco espacio a los temas científicos y tecnológicos, situación que no cambiaría sustancialmente durante más de medio siglo. La situación era diferente, en cambio, en el caso de las conferencias.

Durante el siglo XIX, la mayoría de las grandes ciudades y muchas de las pequeñas en Europa y América tenían sociedades locales para el fomento de una amplia gama de intereses intelectuales, como la música, la literatura, el arte y también la ciencia. Las conferencias de los viernes por la tarde en la Royal Institution de Londres atraían a un refinado público y contaban a menudo con la asistencia de miembros de la familia real, y la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester tenía su homologa en la Sociedad Literaria y Filosófica de Nueva York.

Este tipo de sociedades, que todavía florecen en las comunidades pequeñas, se contaban por cientos. Aunque individualmente eran pequeñas, en conjunto tenían probablemente decenas de miles de miembros y representaban, por lo tanto, un medio importante para que los legos se mantuvieran al tanto de los acontecimientos y pudieran discutir los últimos avances conseguidos por la ciencia.

Por encima de estas organizaciones locales, había además una serie de importantes instituciones nacionales. El prototipo de estas instituciones era la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia, fundada en 1831 como foro para que los científicos no sólo se comunicaran entre sí, sino que informaran al público, labor que en opinión de muchos la Royal Society estaba descuidando enormemente.

La asociación celebraba sus reuniones anuales en diferentes ciudades de Gran Bretaña y, muy esporádicamente, en otros países de la Commonwealth. Atraía audiencias de miles de personas y sus actividades aparecían ampliamente reflejadas en la prensa, una excepción a la general indiferencia periodística hacia los asuntos científicos. La asociación todavía funciona, pero en los últimos años ha dejado de prestar atención a la ciencia en sí misma para concentrarse en sus repercusiones sociales. También en otros países había instituciones similares. La Asociación americana para el Progreso de la Ciencia, fundada en 1848, sigue celebrando reuniones anuales sumamente concurridas. Una asociación francesa de estas características se fundó en 1878, una india en 1876 y otra en Australia y Nueva Zelanda en 1888.

Especialización creciente
Los primeros científicos consideraban que su campo de estudio era todo el mundo natural, desde los cuerpos celestes descubiertos a principios del siglo xvn por los telescopios de Galileo, hasta el mundo de los microorganismos que Antony van Leeuwenhoek observó con sus microscopios a finales del mismo siglo. Sin embargo, el siglo XIX marcó el fin de esta era. La expansión de los conocimientos hizo que la especialización, al menos en cierto grado, resultara inevitable. Hacia 1900 habían surgido ya cuatro grandes ramas de las ciencias naturales: la química, la física, la biología y la geología.

Las dos primeras, que recibían el nombre de ciencias físicas, se ocupaban del mundo inanimado; uno de sus rasgos distintivos era la naturaleza esencialmente cuantitativa de sus resultados, expresados en términos matemáticos. Esta relación queda sucintamente reflejada en el aforismo según el cual la matemática es la doncella de la ciencia. Pero éste no era básicamente el caso de la biología, que abarcaba todo el mundo vegetal y animal y se basaba más bien en observaciones y descripciones.

La geogología resultaba ligeramente anómala. Si bien se ocupaba sobre todo de la materia inanimada (las rocas y minerales de la corteza terrestre), gran parte de sus investigaciones dependían de la observación y clasificación de los restos fósiles de los organismos que vivieron en el pasado.
Con el transcurso del siglo XX, esta divergencia en campos especializados se volvió todavía más pronunciada, hasta el punto de que los especialistas de las diferentes ramas dejaron de comprenderse claramente entre sí. La química, por ejemplo, se dividió en química inorgánica y fisicoquímica. Paradójicamente, sin embargo, surgió al mismo tiempo una complicada red de interconexiones, cuando cada una de las especialidades descubría que tenía algo en común con las otras. Los biólogos y los químicos, por ejemplo, encontraron un ámbito común durante los años 20, período en que apareció la bioquímica, el estudio de los procesos vitales. Después de la Segunda Guerra Mundial, la bioquímica produjo una importante rama: la biología molecular, que estudia la naturaleza de los organismos vivos en el nivel molecular.

Así pues, el siglo XX heredó y profundizó estas pautas sociales internas, en las que los diferentes grupos reconocen y aceptan la existencia de los otros pero encuentran difícil comprender sus trabajos. Sin embargo, sobre esta estructura había además otro sistema de castas de diferente tipo. Los científicos académicos, con sus investigaciones «puras», seguían adoptando con frecuencia una postura de superioridad con respecto a los que aplicaban la ciencia a fines prácticos. Aun así, eran cada vez más estos últimos los que realizaban los descubrimientos que estaban cambiando las economías del mundo occidental y, en último término, los que proporcionaban los recursos para que la investigación académica pudiera desarrollarse. Entre los inventos y descubrimientos realizados por la industria figuran las sulfamidas (medicamentos), la baquelita, el nilón, el poliéster y el polietileno (materiales), el láser y el transistor.

El reconocimiento del importante papel de los técnicos queda implícito en la palabra «tecnocracia» (y más adelante «tecnócrata»), que indica una sociedad en la que los recursos industriales son desarrollados para el bien común por expertos técnicos. El término fue acuñado en Estados Unidos y se utilizaba ya en 1919, aunque no se generalizó en Europa hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Fuente Consultada:
El Estallido Científico Trevor I. Williams
Atlas de la Historia Universal – The Times
Civilizaciones de occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel

Construccion de Carreteras Técnicas, Compactación y Materiales

Construcción de Carreteras
Técnicas, Compactación y Materiales

La superficie de una carretera constituye sólo una pequeña parte de la obra total necesaria para su construcción. Debajo de ella debe existir una base sólida, preferiblemente roca, de la que depende la vida futura de la carretera. Si no existe un plano de fundación bueno o resistente, la superficie se agrietará y acabará cuarteándose.

Los mejores planos de fundación son las rocas, las gravas apisonadas o simplemente, la base de un camino antiguo En tales casos, el resto de la carretera (el pavimento) puede construirse directamente sobre esas bases. Pero esto no es frecuente, y los terrenos sobre los que se va a construir la carretera no tienen condiciones apropiadas para soportar el tránsito.

En efecto, bajo el peso del tráfico, el terreno suele ceder, comprimiéndose, y entonces aparecen grietas en el pavimento. En tiempo seco, el suelo se comprime y se cuartea, con resultados desastrosos; en tiempo húmedo, las filtraciones de agua son causa de que el suelo se debilite y no resista las cargas a que está sometido.

Antes de construir una nueva carretera es necesario   tomar  muestras   del   suelo,   a   lo largo de la ruta proyectada. Las muestras, debidamente empaquetadas en envases herméticos, se envían al laboratorio para proceder a su análisis. Allí se investiga la composición del suelo, junto con otras propiedades, tales como su compresibilidad, su cohesión, su permeabilidad y su plasticidad. Teniendo en cuenta estos resultados, el ingeniero de caminos decide entonces el modo de mejorar la calidad del plano de fundación.

Por otra parte, mediante muchos otros experimentos se averigua el espesor necesario del pavimento, para soportar el tránsito previsto. De este modo, se construye una carretera eficaz con el mínimo costo.

Antiguamente, también se tomaban distintas medidas con arreglo a la variedad de planos de fundación que podían encontrarse. Así, era de sentido común poner un pavimento de mayor espesor sobre un suelo arcilloso que sobre una superficie de granito. Estas variaciones de espesor se hacían, sin embargo, “a ojo”.

En la actualidad, la precisión con que pueden calcularse los espesores correspondientes a los distintos terrenos permite, junto a un mayor grado de confianza en la carretera, una evidente disminución de los costos de construcción y mantenimiento.

corte de una carretera

ESTABILIZACIÓN  Y APISONAMIENTO DE SUELOS
Los terrenos arcillosos no son recomendables como planos de fundación de carretera, puesto que suelen comprimirse con la humedad. Bajo una carga determinada, estos terrenos se hacen más compactos, y se producen deformaciones en la superficie de la carretera. En cambio, un suelo arenoso presenta mayor resistencia a la deformación, por lo que no es tan compresible. Las contracciones que sufre en tiempo seco, comparadas con las de] suelo arcilloso, son mucho más pequeñas.

Los ingenieros de caminos pueden recurrir a dos procedimientos para mejorar un plano de fundación: estabilizarlo o hacerlo más compacto. La estabilización consiste en preparar un subsuelo que no resulte afectado por los cambios de humedad; es decir, que el terreno no se deseque ni se inunde. Para corregir los excesos de agua se realiza un eficaz sistema de drenaje. Los suelos débiles pueden reforzarse mezclándolos con otros materiales: por ejemplo, arena y grava mezclados con arcilla. En algunos casos se añade un material de unión, tal como alquitrán o cemento, lo que proporciona excelentes resultados desde el punto de vista de la permeabilidad y de la resistencia a la deformación.

Para hacer más compacto el subsuelo se utilizan, como es bien conocido por todos, las apisonadoras, que comprimen el terreno, haciendo que sus partículas se junten, con lo que se consigue un plano de fundación más resistente. No es probable que el tráfico ocasione luego una compresión mayor que la sufrida inicialmente. Es muy importante que el terreno que constituye el fundamento de una carretera presente propiedades uniformes. Cualquier carga trasmitida al pavimento debe repartirse por igual, de forma que no aparezcan puntos  débiles.

Si se han de añadir materiales de aporte para la estabilidad del subsuelo, deben mezclarse bien con él. La mezcla debe hacerse con una máquina apropiada, operación que requiere mucho trabajo mecánico.

Usualmente, este proceso se efectúa sobre la obra: se remueve el subsuelo, se añaden los materiales de aporte, se mezcla bien, y se extiende la mezcla  de modo uniforme.

carretera suelo y compacatcion

EL PAVIMENTO
Una vez que el plano de fundación ha sido debidamente preparado, puede procederse a la construcción del pavimento, del que hay dos tipos: pavimentos rígidos de hormigón y pavimentos flexibles bituminosos. La elección de uno u otro tipo depende, en especial, de factores económicos. Si junto a la obra existe buena piedra, son preferibles los pavimentos bituminosos. En su defecto, han de preferise los pavimentos de hormigón.

Los pavimentos rígidos se construyen con hormigón reforzado de primera calidad. El hormigón no va directamente sobre el plano de fundación, fino que se construye primero una base cuyo material es duro, compacto y resistente a los reactivos químicos. La piedra molida, la arena compacta, la escoria, etc., son buenos materiales de partida.

Esta base presta a la carretera un soporte adicional y, además, la protege de las heladas; es un material tan compacto que resiste los efectos del agua. Cualquier movimiento que se produzca por debajo, debido a la expansión del agua al helarse, queda amortiguado  en esa  capa.

A partir de las investigaciones efectuadas previamente acerca de la resistencia del plano de fundación y conociendo el volumen de tráfico probable, el ingeniero debe calcular el nivel de la base y del hormigón, de forma que pueda construirse una carretera eficiente con el mínimo costo. Si el plano de fundación es malo, y la carretera deberá soportar el paso de 4.500 vehículos al día, el pavimento puede tener unos 28 cm. de espesor, y la base, unos 15 cm.

Con un plano de fundación normal se necesita una base de sólo 8 cm., y una capa de hormigón de 25 cm. Los pavimentos bituminosos flexibles constan de un plano de fundación, una sub-base, una base y, finalmente, la superficie, pero les falta la rigidez de las carreteras de hormigón.

El peso del tránsito se distribuye con uniformidad a través de las distintas capas. A partir de la resistencia del plano de fundación se calcula aquí, igualmente, el espesor necesario. La sub-base equivale, en realidad, a la base de las carreteras de hormigón.

El material que la integra se compone de grava, piedra molida, etc.; es decir, material muy duro, resistente a la acción de las heladas. La base está formada por partículas granulares, unidas con cemento o alquitrán.

LA SUPERFICIE DE LA CARRETERA Y SU MANTENIMIENTO
La superficie de una carretera no debe ser deslizante, sino que, por el contrario, los neumáticos deberán agarrarse sobre ella. Debe estar limpia y ha de ser uniforme. Antes, las carreteras de hormigón eran inferiores a las bituminosas, respecto de las condiciones enumeradas.

Actualmente, con los modernos procesos de deposición y acabado del hormigón, se ha superado esta dificultad. La contextura necesaria para evitar el deslizamiento se le comunica a la superficie al tiempo de su construcción. Si la superficie se vuelve demasiado lisa por el uso, con varios tratamientos se regenera su textura primitiva.

Las carreteras flexibles llevan una capa de asfalto o de “macadam” (tarmac). El asfalto se prepara con piedras relativamente grandes, embebidas en alquitrán.

El “macadam” se hace con piedras más pequeñas, en contacto unas con otras y unidas a la carretera por una capa de alquitrán. Aunque el “macadam” es más económico, la resistencia elástica del asfalto se suma a la resistencia total de la carretera. Por otra parte, el asfalto es más resistente al agua. Una investigación cuidadosa de los más pequeños detalles mejora la calidad de las superficies de las carreteras. La elección de la piedra a utilizar es muy importante; ciertos tipos de piedra se desgastan con facilidad y no proporcionan un buen agarre a   la  superficie.

El  espesor  correcto  de  alquitrán resulta también importantísimo: si es pequeño, las piedras de la superficie se separan pronto; si es demasiado grande, la superficie resulta pegajosa en verano. El hielo sobre las carreteras es una amenaza muy peligrosa, principalmente en las curvas pronunciadas y en las pendientes. Aquellos lugares que representan un excesivo peligro pueden calentarse en invierno, para impedir que se forme hielo sobre su superficie. Para ello, se dispone en su base una red de resistencias eléctricas, que funciona  por métodos automáticos.

Cristobal Colon y el Diametro de la Tierra Escala y Distancias

Cristobal Colón y el Diametro de la Tierra

Suele creerse que Colón fue el explorador europeo con más éxito y el que descubrió lo que ahora es América del Norte. En realidad, ninguna de las dos cosas es cierta. No encontró ni oro ni plata en grandes cantidades, y lo único que vio del continente fue un tramo de América Central y del Sur en su cuarto y último viaje. Pero bien, ahora hablaremos respecto a la idea que tenía este navegante sobre la forma y medidas del Planeta.

La seguridad que mostraba Colón de que se podía encontrar fácilmente una ruta hacia la China de Marco Polo y las especias de la India navegando hacia el oeste a través del Atlántico se basaba en un error de cálculo elemental.

Cristobal Colón

Tras estudiar las obras de antiguos exploradores fenicios y cartógrafos árabes, llegó a la errónea conclusión de que la distancia entre Asia y Europa era de sólo 3.600 kilómetros (la distancia real entre España y China navegando hacia el oeste es de unos 24.000 kilómetros). Colón tenía buenas razones para dar a entender que la travesía sería corta, puesto que ningún patrocinador sufragaría un viaje con un tiempo de navegación tan largo que impidiera proporcionar suficiente comida y agua a la tripulación.

En 1492 Colón consiguió finalmente el apoyo financiero que necesitaba. Ese mismo año los reyes españoles, Isabel y Fernando, que con su matrimonio habían unido las coronas de Castilla y Aragón, y este gobierno español deseaba encontrar una nueva ruta hacia las riquezas de Oriente, no sólo para arrebatar a los mercaderes musulmanes su dominio comercial, sino para competir con la exploración portuguesa de la Costa Dorada de África. Ahora dos de las principales potencias europeas, Portugal y España, compartían los mismos objetivos estratégicos: basar su crecimiento económico en la exploración marítima y destruir así el control que ejercían los otomanos sobre el mar Mediterráneo.

Respecto a este tema, el divulgador científico Leonardo Moledo, dice:

“….Colón jamás sostuvo que la Tierra era redonda. O mejor dicho, jamás discutió tal cosa: la polémica que enfrentó a Colón con los geógrafos de la corte de Portugal primero y de Castilla después no tuvo nada que ver con la redondez de la Tierra. Más aún, en esas polémicas —y también en contra de la leyenda popular— lo que los geógrafos argüían contra Colón era perfectamente atinado y la postura de Colón era un disparate.

Ocurre que en la época de Colón la esfericidad de la Tierra ya era un hecho perfectamente establecido (en el mismo año 1492 ya se hizo un globo terráqueo). Es más: no sólo todo el mundo (o por lo menos todo el mundo ilustrado) sabía perfectamente que la Tierra era esférica, sino que los geógrafos tenían una idea aproximada de sus dimensiones. Y eso, desde hacía dieciséis siglos, ni más ni menos: ya Aristóteles había establecido la redondez de la Tierra y 230 años a. de C. Eratóstenes de Cirene había calculado su circunferencia en unos cuarenta mil kilómetros (cifra muy aproximada a la verdadera). Por otra parte, el sistema astronómico de Tolomeo (siglo II), que reinó omnipotentemente hasta el siglo XVI, daba por supuesta esa redondez; Tolomeo mismo estimó la circunferencia terrestre en 30.000 km (cifra ligeramente menor a la verdadera).

Hasta tal punto se confiaba en la redondez de la Tierra, que en el año 1487 el rey Juan II de Portugal —y de acuerdo con una comisión de expertos— autorizó a dos navegantes, Fernando Dulmo y Joáo Estreito, para que navegaran hacia el oeste intentando descubrir la isla de la Antilla. Aunque la expedición de Dulmo y Estreito jamás regresó, sobre la redondez de la Tierra todo el mundo estaba de acuerdo: el punto de conflicto entre Colón y los “sabios de la época” era muy otro.

Colón basaba su idea en una estimación completamente falsa —o por lo menos totalmente especulativa— sobre la distancia a cubrir entre Europa y las Indias navegando hacia el oeste: el Gran Almirante sostenía que se trataba, a lo sumo, de 4.300 kilómetros, y los geógrafos le contestaban que esa cifra era un disparate, en lo cual estaban mucho más cerca de la verdad que Colón: la verdadera distancia es de diecinueve mil quinientos kilómetros.

En realidad, Colón había llegado a esa cifra (4.300 km) por métodos un tanto tortuosos. Por empezar, había un viejo argumento teológico: la cartografía medieval aceptaba sin mayores discusiones una afirmación del profeta Esdras: “El secó seis partes de la Tierra”, y en consecuencia, entre los ultraortodoxos era un axioma que la Tierra estaba compuesta por seis partes de tierra firme y sólo una séptima parte de agua, de donde los océanos no podían ser tan grandes y las distancias marítimas tampoco.

Por otra parte, es verdad que las estimaciones de la circunferencia de la Tierra variaban entre las del Atlas Catalán de 1375 —treinta y dos mil kilómetros— y las de Fra Mauro (1459), treinta y ocho mil kilómetros, en todos los casos menores que el tamaí~o real. También variaban las estimaciones de la extenSión del Asia hacia el este, medida desde Portugal:

desde un mínimo cte 116 grados (según Tolomeo) hasta 225 grados según otros cartógrafos (la verdadera es 131 grados). Obviamente, cuanto más se extendiera el Asia hacia el este, más cerca estaría por el oeste.

Ahora bien: es posible que durante sus viajes anteriores Colón hubiera oído hablar de las tierras encontradas al oeste por los vikingos, pero lo cierto es que acomodó los juegos de cifras para que se ajustaran a lo que más le convenía. Usó un mapa dibujado por el cosmólogo florentino Toscanelli y basado en afirmaciones un tanto arbitrarias de Marco Polo según las cuales Japón estaba a dos mil quinientos kilómetros de la costa de China, modificó los cálculos de Tolomeo hasta obtener una estimación de 4.780 kilómetros para la distancia marítima entre Europa y Asia.

Pero no conforme con esto, Colón, para decirlo suavemente, “afinó el lápiz” y tomando cálculos y mapas de Alfrageno, científico musulmán del siglo IX, logró autoconvencerse de que Japón se encontraba sólo a 4.300 kilómetros al oeste de las Islas Canarias, cifra completamente ridícula, porque según ella Japón estaba ubicado más o menos donde está Cuba. Esto era forzar demasiado la geografía de la época, y no es de sorprender que los cosmógrafos consultados por los reyes de Portugal y Castilla consideraran irrazonable la empresa.  Naturalmente, ellos no podían adivinar que en el medio se iba a interponer la elegante figura de América. Pero tampoco lo adivinó Colón que, además, cuando la tuvo delante, fue incapaz de dar-se cuenta de que estaba en un nuevo continente y no en el Japón, como sostuvo hasta el final de su vida.

Así, pues, Colón no fue un visionario sino solamente un mal geógrafo —y buen navegante— al que ayudó la suerte. Basándose en un conjunto de datos falsos —y manipulados— llegó a un lugar que no era el que buscaba y ni siquiera fue capaz de darse cuenta.”

El metro y la revolución francesa Historia el Metro Patron

Historia el Metro Patrón

En los agitados años que siguieron a la Revolución Francesa de 1789, por fin se autorizó a la Academia de Ciencias de Francia efectuar una urgente reforma: el establecimiento de un sistema de medidas sencillo y lógico. Urgía establecerlo para simplificar tanto el comercio internacional como el local, pues aun dentro de Francia las medidas variaban mucho de una población a otra.

Un comité (entre cuyos miembros estaban dos reputados científicos, el químico Antoine Laurent de Lavoisier y el matemático Joseph-Louis Lagrange) acordó que, para facilitar los cálculos, el nuevo sistema debía basarse en el número 10, y que la unidad básica de longitud debía equivaler a la diezmillonésima parte de una línea que atravesara París desde el Polo Norte hasta el ecuador. Se estimó que tal línea medía 10 000 km, y se llamó metro a dicha unidad básica.

Tomó ocho años completar las mediciones y los cálculos requeridos, y no fue hasta 1799 que la joven República de Francia adoptó formalmente el nuevo sistema métrico decimal de pesas y medidas.

En 1989 Francia celebró con bombos y platillos el segundo aniversario de la Toma de la Bastilla, que se ha constituido en el símbolo convencional que marca el inicio  de la Revolución Francesa. Ya había empezado en realidad desde el 5 de Mayo de 1789 cuando estaban reunidos en Versalles los Estados Generales , que el día de la inauguración se separaron al giro de Viva el Rey!. Los distintos Estados se mandaron embajadores: el Estado Llano invitó a los dos restantes (el Clero y la Nobleza) a unirse con él.

revolucion francesa

Algunos diputados sueltos de los Estados privilegiados respondieron; con ellos, el 17 de junio, el Estado Llano se proclamó Asamblea Nacional, y decidió que el día en que se disolviera cesaría en toda Francia la percepción de impuestos que no hubieran sido votados por ella.

Los diputados retomaban el viejo principio: “No hay impuesto sin representación”.

Era una medida audaz, que marcaba el ritmo de los tiempos en curso.

El 23 de junio Luis XVI quiso cerrar la Asamblea: el Estado Llano resistió, el rey terminó por ceder y dispuso la reunión de los tres órdenes. Pero el 11 de julio, un nuevo tour deforce en la Corte impuso al partido de la Reina y destituyó al ministro de Hacienda, Necker. Un día más tarde la noticia llegó a París. El pueblo temía un golpe de Estado y la ciudad se llenó de rumores.

El pan escaseaba. En los jardines del Palais Royal. Camille Desmoulins se trepó a una silla y anticipándose a La Marsellesa, gritó: ¡a las armas! El 13 de julio el pueblo saqueó las armerías, trató de forzar los arsenales, sacó del Palacio de los Inválidos veintiocho mil fusiles y cinco cañones y, habiéndose enterado de que los depósitos de pólvora habían sido trasladados a la Bastilla, empezó a concentrarse a su alrededor. El 14 de julio comenzaba.

Mientras la Revolución empezaba a desplegar su violenta y temible dinámica, se retomaba un viejo sueño de la Academia Francesa de Ciencias: basar los sistemas de medida en un standard permanente. En 1790, la Asamblea Constituyente aprobó la propuesta de Talleyrand de que se estudiara un sistema de nuevas unidades de pesas y medidas que sirviera para todas las naciones.

Muy francesamente, se decidió adoptar como unidad de longitud una diez millonésima de la distancia entre el Polo Norte y el Ecuador, calculada sobre el meridiano que cruza París: el metro. Dos ingenieros, Jean Delambre y Pierre Méchain, se esforzaron por medir rigurosamente la distancia entre Dunkerque y Barcelona, a partir de la cual la Academia podría calcular lo demás.

Los avatares de la Revolución destruían el antiguo orden: la Asamblea Constituyente dio paso a la Legislativa, y ésta a la Convención; Francia se transformaba en República. Luis XVI y María Antonieta subieron al cadalso.

La tarea de Delambre y Méchain fue larga y penosa: llevó seis años. Cayó Danton; luego Robespierre (27 de julio de 1794). El nuevo orden necesitaba una nueva manera de medir el mundo. Por ley del 7 de abril de 1795 (18 Germinal del año III), la República adoptó el sistema métrico decimal; el metro sería la nueva vara de medir: libertad, igualdad, fraternidad.

El Directorio, y más tarde el Consulado, prepararon el camino del Imperio. Se fabricó una barra de platino e iridio, que fue depositada en la Oficina Internacional de Pesas y Medidas de Sévres, cerca de París. Sobre la barra, se grabaron dos finísimas marcas: la distancia entre esas dos marcas definía el metro. Este metro patrón sobrevivió a la República, al Imperio y a la Restauración. En verdad, reinó indiscutido durante casi doscientos años.

En 1983, en la Conferencia Internacional de Pesas y Medidas, en París, el metro patrón fue derrocado y redefinido como !‘la distancia recorrida por la luz en el vacío durante 1/299.792.458 de segundo”. Así, la unidad de longitud queda subordinada a la unidad de tiempo, bajo la férrea vigilancia de una de las constantes universales: la velocidad de la luz en el vacío, que según la teoría de la relatividad de Einstein es la misma, medida desde donde se mida, desde cualquier sistema de referencia posible en el universo.

Dista de ser una curiosidad. El deseo de universalidad de quienes quisieron basar el sistema de medidas en las dimensiones de la Tierra, el metro de la República Francesa —Una e Indivisible— calculado en función del meridiano de París, cedió al anhelo cósmico de una época que considera haber descifrado una de las claves maestras de la naturaleza, y a la que el standard del siglo XVIII le parece poco: el metro debe ser definido en función de algo verdaderamente universal como la velocidad de la luz en el vacío. El propio Napoleón había dicho: “Las conquistas serán olvidadas, pero el sistema métrico pasará a los siglos venideros.”

El 14 de julio de 1789, el rey de Francia se dedicó a la caza durante todo el día; luego, fatigado, se fue a acostar. El 15 por la mañana el duque de Liancourt lo despertó y le relató los acontecimientos de París. Es una revuelta?”, preguntó Luis XVI. “No, Majestad”, contestó el duque, “es una revolución”.

el metro patron

Ver: Historia del Sistema Metrico Decimal y Sus Unidades

Fuente Consultada:
Basado en el libro Curiosidades de la Ciencia de Leonardo Moledo

Los números perfectos Curiosidades Matematicas

Los Números Perfectos
Curiosidades Matemáticas

LOS NÚMERO PERFECTOS: El número que es igual a la suma de todos sus divisores recibe el nombre de número perfecto. Por ejemplo, el 28 es un número perfecto porque:

28 = 1 + 2 + 4+ 7 + 14

Euclides demostró que todo número primo n engendra un número perfecto N por aplicación de la fórmula:

2n-1(2n-1) = N

Si escribiéramos este número todo seguido, nos daría materia para el libro más voluminoso, más insípido, más inútil y más aburrido del mundo.

Respecto a este tema, el divulgador científico Leonardo Moledo, dice:

 “Los números perfectos impresionaron mucho a los matemáticos de la Antigüedad, muy acostumbrados a jugar con los números. Los griegos y los judíos (antiguos naturalmente) usaban letras para escribir las cifras, con lo cual cada número se podía asociar con una palabra y permitía sacar conclusiones esotéricas que harían palidecer a cualquier adicto a la quiniela. Por ejemplo’ el número 666 asociado con “la bestia” en el Apocalipsis porque la manera de estar escrito alude al emperador Nerón, que para los primeros cristianos era (y con razón) poco menos que un monstruo. Sin embargo, 666 no es un número perfecto.

En cambio, el pálido 6 sí lo es. Un “número perfecto” es aquel que coincide con la suma de todos sus divisores, exceptuado él mismo. Y el 6 cumple con el requisito: sus divisores son 1, 2 y 3, y 1+2+3 es exactamente igual a 6. Los comentaristas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento no dejaron de asombrarse de que el número de días que a Dios le tomó crear el mundo (descartando el séptimo día de descanso) fuera, precisamente un número perfecto.

Esta coincidencia no quedó simplemente en perplejidad sino que llegó a usarse como argumento teológico. Según San Agustín no obstante haber podido crear Dios el mundo en forma instantánea, prefirió emplear seis días porque “la perfección del número 6 significa la perfección del

Y si se tiene en cuenta que el siguiente número perfecto es el 28 (suma de 1+2+4+7+14), más o menos el tiempo que toma el ciclo de la Luna, es de suponer que durante mucho tiempo los calculistas se lanzaran a la caza de números perfectos. Pero los números perfectos son difíciles de cazar. Y son pocos. Después del pequeño 6 y el vigoroso 28, el número perfecto siguiente (el tercero) es 496,el cuarto es 8.128 y el quinto…  ¡33.550.336!

El sexto ya anda por los ocho mil millones. El octavo ya es un número de diecinueve cifras. Hoy se conocen veinticuatro “números perfectos”, de longitudes verdaderamente inverosímiles: el vigésimo cuarto número perfecto tiene más de doce mil cifras. Naturalmente, estos números se manejan e investigan mediante computadoras.

Y hay misterios, misterios sin resolver. Por empezar, no se sabe si existe algún número perfecto impar. Tampoco se sabe si existen infinitos números perfectos. Nadie debería extrañarse si mañana mismo alguien anuncia haber descubierto el vigésimo quinto número perfecto: no lo intente el lector, ya que es una tarea ingrata.

Y vale lo dicho en 1811 por el descubridor del noveno número perfecto (demasiado largo para escribirlo aquí, ya que tiene treinta y siete cifras). “Los números perfectos son meras curiosidades sin utilidad alguna”. “

Los Números Primos

La Conjetura de Goldbach
Fuente Consultada: Basado en el libro Curiosidades de la Ciencia de Leonardo Moledo

El enigma de Pigafeta en la vuelta al mundo con Magallanes

El Enigma de Pigafeta en la Vuelta al Mundo con Magallanes

CUENTA LA HISTORIA: Era Pigafetta, natural de la ciudad de Venecia, en la que nació a fines del siglo XV; su padre, de nombre Mateo, según algunos biógrafos, persona de posición, doctor y caballero, trató de darle educación esmerada e hizo que viajase y visitara los más importantes centros de instrucción italianos, en aquel entonces.

Pigaffeta, Cronista

Según algunos, Pigafetta conoció a Magallanes antes de que éste ofreciera sus servicios a España; y lo cierto es que en cuanto llegó a su noticia la empresa que el gran navegante portugués organizaba bajo los auspicios de España, abandonó la ciudad de los Dux y se trasladó a Barcelona, donde a la sazón estaba Carlos V.

Habíase conseguido algunas recomendaciones para personajes de la corte, a fin de que se le permitiera agregarse a los expedicionarios, consiguiendo autorización para que se le admitiera en clase de sobresaliente en una de las naos que se estaban alistando en Sevilla, a donde marchó sin demora para reunirse con el personal que había de formar la tripulación de la armada.

Sin que pueda sostenerse que Antonio Pigafetta fuera “famoso en toda Europa por sus conocimientos en filosofía, matemáticas y astrología”, como supone el historiador veneciano Marzari, no hay motivo para creerle un aventurero ignorante y presuntuoso, como gratuitamente le califican muchos que murieron sin haber conocido el libro en que relata su viaje en la escuadra de Magallanes, y contiene además un tratado de navegación escrito por él; lo que demuestra que debió poseer conocimientos no vulgares en astronomía y náutica.

Tuvo la fortuna de ser de los pocos que disfrutaron salud durante todo el viaje, y uno de los diez y siete que con Sebastián del Cano llegaron a España en la Victoria, habiendo dado La vuelta al mundo. Desde el principio de la navegación puso en práctica la idea que concibiera antes de emprenderla, de escribir un Diario de la misma, trabajo que había más tarde de concederle un puesto preeminente en la historia de los grandes descubrimientos geográficos.

EL ENIGMA DE PIGAFETA: Para un navegante que vaya de este a oeste, los días son más largos porque sigue la dirección del Sol. Cuando cruza la línea de cambio de día, no cambia la hora, pero debe adelanta r en un día la fecha de su diario de a bordo.

Para un navegante que vaya de oeste a este, los días son más cortos. Cuando cruza la línea de cambio de día, debe retroceder en un día la fecha de su diario de a bordo.

En 1522, Juan Sebastián Elcano llegó a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) con 18 de sus compañeros y 4 malayos a bordo de la nave Victoria.

Estos supervivientes de la expedición, emprendida por Magallanes el 20 de septiembre de 1519 con 265 marinos a bordo de cinco naves, acababan de dar la primera vuelta al mundo (en dirección oeste).

Elcano llegaba a puerto el sábado 6 de setiembre de 1522, pero en su diario de navegación constaba «viernes 5». Ignoraba el fenómeno del cambio de fecha. Posteriormente, Julio Verne utilizó este detalle en su novela La vuelta al mundo en ochenta días. El Servicio Internacional de Rotación Terrestre, establecido en París, regula por radio las señales horarias de todo el mundo.

También este enigma medieval, lo explica el divulgar científico Leonardo Moledo, de la siguiente manera:

“….[el enigma se produjo] fue cuando regresó la expedición de Magallanes y se llevaron la sorpresa de su vida al ver que les faltaba un día. Y es así: el ocho de septiembre de 1522, en el puerto de Sevilla, desembarcaron los dieciocho sobrevivientes de la expedición que al mando de Magallanes —muerto durante el viaje— había partido tres años antes (el 10 de agosto de 1519) con cinco naves y 250 tripulantes.

Y esos dieciocho sobrevivientes habían dado la vuelta al mundo. Fue una hazaña monumental, que despierta admiración no sólo por su magnitud, sinO porque se hizo sin la habitual violencia que los “descubridores” solían ejercer sobre los pueblos “descubiertos” y más débiles.

Ahora bien: entre los dieciocho sobrevivientes estaba Antonio Pigafetta, cronista de la expedición que había llevado un cuidadoso diario consignando los pormenores del viaje. Y hete aquí que al desembarcar se encontró con que las fechas de su diario y la de España, increíblemente, no coincidían: el día que en España era 8 de septiembre 8 sábado, en su diario era 7 de septiembre viernes. Pigafetta creyó que se trataba de un error y revisó una y otra vez el diario sin encontrar falla alguna. Al final, tuvo que rendirse a la evidencia: durante el viaje, un día ente­ro se había esfumado como por arte de magia.

La noticia causo sensación en toda Europa: un día entero desaparecido! ¿Adónde se había ido? ¿Cómo podía desaparecer un día? Finalmente, fueron los astrónomos de la corte papal quienes aclararon el fenómeno: explicaron que si se viaja alrededor de la Tierra hacia el oeste se pierde forzosamente un día, del mismo modo que si se cir­cunnavegara la Tierra hacia el este se ganaría un día.

Y la razón es ésta: cada “día” se debe a una rotación de nuestro planeta; si uno se mueve alrededor de la Tierra en el sentido de la rotación dará una vuelta más, silo hace al revés (como en el caso de Pigafetta) dará una vuelta menos.

Del mismo modo que si arriba de una calesita uno camina en el senti­do de la rotación, y da una vuelta completa, verá pasar el palo de la sortija una vez más que quienes se quedaron quietos; y si uno camina en sentido contrario, dando una vuelta completa, verá pasar el palo de la sortija una vez menos.

Lo interesante es que no importa la velocidad a la que se haga el viaje, ni lo que se tarde en hacerlo, ni el recorrido que se siga: siempre, al circunnavegar la Tierra, se perderá (o se ganará) un día: uno puede hacer el trayecto que quiera, ya sea una complicada poligonal en zigzag o ir derecho, puede hacerlo en una semana, en tres años o en diez siglos, pero siempre perderá (o ganará) un día y nunca más que un día al volver al punto de partida.

Julio Verne se aprovechó de este fenómeno en La vuelta al mundo en ochenta días, y Saint-Exupéry de alguna manera lo usa en El principito cuando éste relata de qué manera en su pequeño planeta podía ver cuantas puestas de sol se le ocurriera. Uno podría decir, pues, que el jet­lag es un concepto típicamente renacentista. Aunque esto sea forzar un poco las cosas, es agradable remontar hasta el Renacimiento un fenómeno tan moderno.

Fuente Consultada:
Libro Curiosidades de la Ciencia de Leonardo Moledo

Doblar un papel mas de siete veces al medio 7 veces Curiosidades

Curiosidad: Doblar un papel mas de siete veces al medio 7 veces

Supongamos que tiene un papel del tamaño de una hoja de periódico y con un espesor de 0,1 mm., o sea 1 décima de milímetro, propia del fino papel Biblia. ¿Cuántas veces cree que podrá doblarlo por la mitad? ¿Cinco, diez, veinte?,…inténtelo. ¿Ha logrado hacer el décimo pliegue? Felicidades, es usted un fortachón, porque ha conseguido doblar un grosor de papel de 10,24 cm, más ancho que el lomo de cualquier enciclopedia.

doblar un papel 7 veces

Cada vez que doblamos el papel por la mitad, duplicamos su grosor en progresión geométrica. Imagínese llegar al vigésimo pliegue, significaría que había conseguido una doblez de 104,86 m de altura.

Un elemento para la reflexión: cada vez que doblamos el papel es más evidente que pasamos de una situación en la que empezamos con un objeto plano, prácticamente de sólo dos dimensiones (anchura x longitud), a un objeto en tres dimensiones. O sea, que sin modificar el material, hemos alterado, mediante la simple duplicación, su representación en el espacio; en definitiva, un modo diferente de ver el mismo objeto.

Imagine un cubo de 1 cm. de lado, su volumen será: 1 x 1 x 1= 1cm3, ahora duplique el lado, osea vale 2, entonces ¿cuánto valdrá ahora el volumen?. Calculando es 2 x 2 x 2 = 8 cm3, es decir, que duplicando el lado de un cubo su volumen se octuplica. Muchas veces vemos una botella no mas grande que otra de medio litro, y resulta que su volumen es 2 litros, bien es consecuencia de los que acabamos de comprobar.

Respecto al doblado de un papel , el divulgador científico Leonardo Moledo, dice:

“….Es difícil imaginarse con qué pasmosa velocidad aumentaría el espesor de papel silo siguiéramos doblando y doblando: con sólo 20 dobleces llegaría a tener cincuenta metros. Pero eso no es nada: con 28 dobleces superaría los 8800 metros de altura del monte Everest y con 38 dobleces los doce mil kilómetros que mide el diámetro de la Tierra. Y eso tampoco es nada: si seguimos doblando el papel, después de 43 dobleces el espesor superaría los 380 mil kilómetros que nos separan de la Luna, y después de 52 dobleces, los ciento cincuenta millones de kilómetros que nos separan del Sol.

Pero aun así, no estamos más que al principio: después de haberlo doblado 58 veces, el espesor del papel será superior al ancho del sistema solar (que es aproximadamente doce mil millones de kilómetros) y con 70 dobleces llegaría más allá de Alfa Centauro, que es la estrella más cercana a la Tierra y que se encuentra a 4 años luz (un año luz, la distancia que la luz recorre en un año, equivale a diez millones de millones de kilómetros). Con 86 dobleces el papel sería más ancho que nuestra galaxia y con 90 dobleces alcanzaría Andrómeda, la galaxia más cercana a la Tierra y que se encuentra a dos millones de años luz. Con 100 dobleces, se encontraría a mitad de camino de los objetos más lejanos observados en el universo, a diez mil millones de años luz, y con un doblez más, sería más ancho que todo el universo conocido.

Estos sorprendentes resultados se deben al rápido crecimiento de las progresiones geométricas (1, 2, 4, 8, 16, 32, etc.), que aumentan a una velocidad pasmosa y anti-intuitiva: hay una leyenda que vincula este fenómeno al origen del ajedrez. Según esta leyenda, cuando Sissa, el inventor hindú del gran juego, se lo presentó al rey y éste le preguntó qué quería como recompensa, Sissa pidió “algo muy simple: un grano de trigo en la primera casilla, dos en la segunda, cuatro en la tercera, ocho en la cuarta y así siguiendo hasta completar el tablero”. El rey se asombró por la modestia de Sissa, accedió inmediatamente, ordenó que trajeran un poco de trigo y se empezara a llenar las casillas.”

Explicación de la Leyenda del juego de ajedrez
No se ha podido determinar el origen del juego de ajedrez. Se sabe que fue introducido en Occidente por los árabes, quienes lo habían aprendido de los persas. El califa Harún al-Rashid le regaló uno de marfil a Carlomagno. Ideado por un pueblo guerrero, dio pie a la anécdota que sigue.

Se atribuye su invención al brahmán hindú Sissan ben Daher, que presentó el juego al rey Shirham. Éste, embelesado, quiso compensar al brahmán y le pidió que formulara un deseo. Sissan le respondió que le bastaría con un grano de trigo para la primera casilla, 2 granos para la segunda casilla, 4 granos para la tercera y así sucesivamente, doblando la cantidad hasta la casilla 64 del tablero. Al monarca le sorprendió la modestia de semejante petición y dio la orden de satisfacerla. «Imposible —le respondió su ministro tras haber efectuado los cálculos correspondientes— ¡habría que sembrar toda la Tierra de trigo y esperar la cosecha de varios años!»

El soberano ignoraba el alcance de una progresión geométrica de razón 2 hasta 263: colocando en la la 1° casilla  1 grano de trigo; en la 2° casilla 2 granos (21), en la 3° casilla 4 granos (22), en la 4° casilla 8 granos (23), en la 5° casilla 16 (24) granos, y al hasta la casilla 64°, donde  habría que colocar 263 granos. Este total representaría:

263 = 18.446.744.073.709.551.614 granos, lo que equivale a unos 9.557.898.400.000 m3 de trigo.

Si hubiera que almacenar toda esta cantidad de trigo, haría falta un silo de 5 m de altura, 8 m de ancho y 238.947.460 Km. de largo. Una alternativa sería ir suministrando al audaz inventor del juego la cosecha entera de todo el mundo durante más de 5.000 años.

Los llamados «juegos en cadena» se basan en el mismo principio y son simples engañabobos. Utilizados como sistemas de venta, conocidos también como «la pirámide», han sido prohibidos en varios países por tratarse de un timo.

Consisten en ofrecer al público una mercancía a un precio muy módico para conseguir el reembolso y un beneficio sustancial a base de colocar bonos a 4, 6 u 8 nuevos clientes llamados «ahijados». La interrupción de la cadena es inevitable: en el escalón 13 de 6 nuevos ahijados, habría más poseedores de bonos (13.060.694.016) que habitantes en la Tierra.

Fuentes Consultadas:
Curiosidades de la Ciencia Leonardo Moledo

Rasputin Poderes Curativos Aspirina-Como curó la hemofilia

LOS PODERES CURATIVOS DEL MONJE RUSO

LA HISTORIA CUENTA QUE El Monje Rasputín cuando se instaló en San Petersburgo, mostró sus dones de sanador, hipnotizador y profeta entre miembros de la aristocracia. Su fama llegó hasta la zarina. Mas tarde una princesa montenegrina de la corte, lo presentó a los zares. Los emperadores vivían momentos aciagos: su hijo Alexis, hemofílico, estaba condenado a vivir aislado y protegido para no exponerse a morir prematuramente.

En octubre de 1906 Rasputín fue invitado a palacio. Entró, saludó a los zares y les dijo que el zarevich tenía hemofilia. Los zares, estupefactos -la enfermedad del heredero era secreto de Estado-, accedieron a la solicitud del campesino para orar junto a la cama del niño.

Rasputin el monje ruso

Se arrodilló, agachó la cabeza y estuvo una hora rezando. Poco después el pequeño se levantaba de la cama mientras sus padres lloraban de emoción. El zar Nicolás escribió aquel día una carta al primer ministro Stolypin, cuya hija, tras un grave accidente, llevaba meses sufriendo.

Al cabo de dos días, Rasputín se presentó en la casa del primer ministro y repitió la escena de la oración. Al día siguiente, la hija de Stolypin dejó de sufrir dolores y durmió bien. Nunca nadie encontró explicaciones científicas a estas reacciones.

La noticia corrió por San Petersburgo como el viento siberiano. Rasputín tuvo entrada libre al palacio y fue requerido por las familias nobles para pedirle consejos esotéricos, profecías y servicios curativos. Predijo, por ejemplo, el matrimonio desgraciado de Anna, una amiga de la zarina. Y la pareja se deshizo a los seis meses porque el marido borracho golpeaba a Anna. La zarina ya no dudó de los poderes de Rasputín.

Durante unas vacaciones en Polonia, en 1912, el zarevich sufría hemorragias en una pierna y las ingles. Se consumía en el dolor. Los médicos creían que le quedaba poco tiempo de vida Los sacerdotes ordenaron darle la extremaunción. Alejandra, desesperada, envió un telegrama a Rasputín. La respuesta no se hizo esperar. “Dios ha escuchado tus oraciones. No te aflijas. El niño no morirá”, la calmaba el campesino. Al día siguiente, la hemorragia paró, sin que los médicos, descreídos de los poderes de Rasputín, hallaran explicación. (y aún hoy tampoco se la encuentran)

Respecto al tema el divulgador científico Leonardo Moledo, tiene una explicación sobre la cura milagrosa del monje y cuenta:

La mágica curación del zarevich, sin embargo, tiene su explicación. Los médicos estaban tratando a su magno paciente con una droga novísima. Esa droga, según se sabe ahora, retarda indirectamente la coagulación de la sangre, y por lo tanto es contraindicada para los hemofílicos: no tiene nada de milagroso que el zarevich mejorara en cuanto dejó de tomarla.

A pesar de todo (y de Rasputín), la droga en cuestión más siguió una carrera ascendente y se hizo más popular que los cantares, los reyes y los políticos hasta el punto que hoy en día es el medicamento más utilizado (y probablemente el más barato) del mundo. Todos la conocen, y no tiene sentido seguir ocultando su nombre: ni más ni menos que “aspirina”, con el cual fue lanzada por un laboratorio alemán el 10 de febrero de 1899. En los posmodernos ‘GO, el mundo consume la increíble cifra de cien mil millones de comprimidos por año.

Y sin embargo, la aspirina es un medicamento muy antiguo. Desde el siglo I, se utilizaban ya las virtudes terapéuticas de la corteza, hojas y savia del sauce (que la contiene) para calmar fiebres y dolores, pero sólo en el siglo XIX se logró extraer y sintetizar el principio activo de los mejunjes tradicionales: primero la salicilina, luego el ácido salicílico, moléculas cíclicas y relativamente sencillas que presentaban, no obstante, serios problemas de intolerancia.

En 1853, el joven químico Gerhardt logró la acetilación del ácido salicílico y obtuvo el ácido acetisalicílico: la aspirina adquiría su forma actual y definitiva. El descubrimiento de Gerhardt, sin embargo, pasó desapercibido desde el punto de vista farmacéutico hasta que Félix Hoffmann (1867-1946) perfeccionó un método de acetilación a escala industrial, cuando el siglo XIX daba sus últimas boqueadas.

Probablemente, lo más notable de la historia de la aspirina es que, pese a su empleo masivo, hasta hace muy poco se ignoró (y todavía se ignora en parte) cuáles son sus mecanismos de acción. Recién en 1971 John Vane propuso una explicación satisfactoria al demostrar que la aspirina inhibe la síntesis de prostaglandinas, sustancias que acompañan y motorizan las inflamaciones.

De paso, como las prostaglandimis bajan el umbral de los receptores del dolor, éste disminuye. Debido a esos trabajos, Vane recibió en 1982 el Premio Nobel de Medicina. Pero con Premio Nobel y todo, el problema de la acción de la aspirina contra el dolor (salvo en el caso del dolor que acom­paña a las inflamaciones) sigue abierto.

Ahora:   aparte de estas acciones (contra las inflamaciones y el dolor), el simpático y vivaz ácido acetilsalicílico tiene muchas otras habilidades. No todas. recomendables por cierto: en el caso del síndrome de Reyes, de muy rara incidencia, que sólo ataca a los niños menores de un año y a los adolescentes, que se manifiesta por severos trastornos neurológicos y hepáticos, la aspirina puede agravar seriamente la situación, e incluso ser fatal (algunos países prohibieron la aspirina en ciertos medicamentos pediátricos).

También actúa retardando el proceso de coagulación de la sangre, lo cual la contraindica para los hemofílicos, como ilustra admirablemente el episodio de Rasputín. Pero en este caso equilibra los tantos: al retardar la coagulación sanguínea, ayuda disminuir el peligro de obstrucciones en las venas arterias y, por lo tanto, de embolias e infartos.

El espectro no termina allí: la aspirina actúa sobre tu cantidad enorme de afecciones, desde los resfríos hasta los reumatismos inflamatorios, la artrosis, migrañas, ciáticas, lumbagos, y la moderna investigación médica está echando el ojo a su aplicación en casos de cataratas y diabetes.

No es poco, por cierto. “El álamo crece, el sauce llora”, suele decirse, manera harto despectiva. Es muy injusto porque el sauce encierra el germen del ácido acetilsalicílico como lo muestra con su misma actitud. Al fin y al cabo todo el mundo sabe que, muchas veces, el llamado alivia el dolor.” (Ver Rasputín)

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ANTECEDENTES DEL NIÑO ENFERMO: La enfermedad del zarevitch, era heredada de su madre, la zarina Alejandra Feodorovna, cuyo nombre católico era Alice von Hesse-Darmastad, hija del gran duque Luis IV y nieta de la reina Victoria. Además de la locura de la familia Von Hesse, en la cual se contaban 21 enfermos mentales, la hermosa Alice había llevado a los Romanov la hemofilia, esa enfermedad hereditaria que transmiten las madres a los hijos varones. Presumiblemente, en el origen de la hemofilia, por la cual habían muerto un hermano y un tío de Alice, estaba la orgullosa reina de Inglaterra.

Los padres del zarevitch ya han renunciado a la impotente ciencia de los médicos que rondan cabizbajos por la oscura recámara. El pequeño Aliosha se queja desgarradoramente.

En su desesperación, la emperatriz confió la curación de su hijo a los más insólitos charlatanes. Entre ellos, el “doctor” Philippe Vachot, un aventurero parisiense, ex ayudante de carnicero, quien por un tiempo y sólo gracias a su sagacidad, pudo mantener la confianza de los zares. Una vez desenmascarado, Vachot fue devuelto sin honores a su Francia natal. Luego sería el turno de Mitya Kolyaba, un discípulo de la curandera Darya Osipova, epiléptico, que hacía pasar su histeria por estados de verdadera iluminación. Sus aullidos que más rozaban el histerismo, no hicieron más que asustar al doliente zarevitch.

Las razones de esta candidez en una mujer culta y enérgica como la zarina Alejandra Feodorovna, sólo pueden encontrarse en su encendido misticismo y su ardorosa fe, que rayaban en la superstición.

Descartada la ciencia (que en aquella época no tenía respuesta para la hemofilia), sólo le queda Dios, o más exactamente sus supuestos enviados, que pretenden curar al niño por medio de sus éxtasis místicos, ese fue el Monje Rasputín.

Fuentes Consultadas:
Rasputín y los últimos días del zar Cuadernillo N°7 National Geographic
Curiosidades de la Ciencia Leonardo Moledo

Calendarios Juliano y Gregoriano Sus Modificaciones

Calendarios Juliano y Gregoriano Sus Modificaciones

¿Qué es lo que uno le pide a un año por venir? Por empezar que sea bueno, pero además que coincida con el año astronómico (365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos). Al fin y al cabo, un año es el tiempo que tarda la Tierra en completar una órbita entera alrededor del Sol y una de las mínimas exigencias que debe tener un año de buena calidad es que su duración y la del viaje de la Tierra en su órbita sean iguales.

No se trata de un mero capricho: es interesante que las estaciones empiecen más o menos siempre en la misma fecha: que el otoño y la primavera (equinoccios) se produzcan el 21 de marzo y el 21 de septiembre, y que el comienzo del verano y del invierno (solsticios), el 21 de diciembre y de junio respectivamente. El asunto de las estaciones era de vital importancia para las antiguas sociedades agrícolas que debían determinar las fechas de siembra y recolección.

Los primeros y primitivos calendarios lunares no conseguían encajar en el año solar: las discrepancias se corregían de tanto en tanto agregando un mes o algunos días extra. Pero en el siglo I antes de Cristo, en Roma, los errores acumulados habían logrado que el año civil y el solar estuvieran desfasados en tres meses: el invierno empezaba en marzo y el otoño en diciembre, lo cual sin duda era bastante incómodo.

Julio César

Julio César introdujo la primera gran reforma. Impuso el uso universal del calendario solar en todo el mundo romano, fijó la duración del año en 365 días y seis horas, y para que esas seis horas de diferencia no se fueran acumulando se intercaló un día extra cada cuatro años: los años bisiestos tienen trescientos sesenta y seis días. La reforma entró en vigencia el 10 de enero del año 45 a. de C. —805 de la fundación de Roma—. Con el tiempo, se impuso la costumbre de tomar como bisiestos los años que son múltiplos de cuatro.

Pero aquí no acabó la cosa, ya que el año juliano de 365 días y seis horas era un poco más largo (11 minutos y 14 segundos) que el año astronómico real, y otra vez los errores empezaron acumularse: a fines del siglo XVI las fechas estaban corridas alrededor de diez días, y la primavera empezaba el 11 de septiembre: el Papa Gregorio XIII emprendió una nueva reforma para corregir las discrepancias y obligar a las estaciones a empezar cuando deben: por un decreto pontificio de marzo de 1582, abolió el calendario juliano e impuso el calendario gregoriano.

Se cambió la fecha, corriéndola diez días: el 11 de septiembre (día en que se producía el equinoccio de primavera) se transformó “de facto” en el 21 de septiembre, con lo cual se eliminó el retraso acumulado en dieciséis siglos y el año civil y el astronómico volvieron a coincidir.

Pero además se modificó la regla de los años bisiestos: de ahí en adelante serían bisiestos aquellos anos que son múltiplos de cuatro, salvo que terminen en dos ceros. De estos últimos son bisiestos sólo aquellos que sean múltiplos de cuatrocientos (como el 1600). Los otros (como el 1700) no. Así, ni el 1800 ni el 1900 fueron años bisiestos. El año 2000, sin embargo, lo será (porque aunque termina en dos ceros es múltiplo de cuatrocientos): la formula permite eliminar tres días cada cuatro siglos, que es la diferencia que acumulaba el calendario juliano en ese lapso.

Papa Gregorio

Sin embargo, aun el “año gregoriano” con todas sus correcciones es 26 segundos más largo que el año astronómico, lo cual implica un día de diferencia cada 3323 años. Para corregir esta pequeña discrepancia se ha propuesto sacar un día cada cuatro mil años de tal manera que el año 4000, el 8000 o el 16000 no sean bisiestos (aunque les toca). En todo caso, de la longitud del año ocho mil, o dieciséis mil, no necesitamos preocuparnos ahora: los años que estamos usando tienen una duración más que aceptable.

Fuentes Consultadas:
Rasputín y los últimos días del zar Cuadernillo N°7 National Geographic
Curiosidades de la Ciencia Leonardo Moledo

La Urbanizacion del neolitico Historia de los Asentamientos Humanos

La Urbanización del Neolítico
Historia de los Asentamientos Humanos

La creación de la ciudad es uno de los hitos que cabría utilizar como separación entre la humanidad primitiva y la moderna. Resulta curioso examinar el fenómeno ahora, cuando lo que nació hace siete u ocho mil años llega a ahogarnos y anuncia su crisis en plazo breve. Acaso diez mil años bastarán para abarcar el crecimiento, auge y decadencia de las urbes.

Entre el 4000 y el 3000 a. de C., importantes desarrollos técnicos comenzaron a transformar las ciudades neolíticas. Al principio, los asentamientos neolíticos eran apenas algo más que villas. Pero, conforme sus habitantes dominaban el arte del cultivo, poco a poco comenzaron a dar origen a sociedades humanas más complejas.

urbanizacion del neolitico

En la medida en que la riqueza aumentaba, esas sociedades principiaban a desarrollar ejércitos y a construir ciudades amuralladas. Al inicio de la Edad de Bronce, las concentraciones de cada vez más personas alrededor de los valles ribereños de Mesopotamia y Egipto estaban dando origen a un nuevo modelo de vida humana.

Hoy empezamos a conocer las primeras habitaciones humanas: inicialmente (protourbanismo) era lugares protegidos por toscos muros de piedra en las cuevas ocupadas ya en el paleolítico superior y medio, grupos de chozas en la estepa loésica, en lo que fueron los primeros campamentos, de época magdaleniense, encontrados desde Francia a Rusia.

En la fértil media luna es donde brotó el verdadero urbanismo. No es el caso discutir cuál de las ruinas urbanas que conocemos es la más antigua: si las ciudades de la meseta de Anatolia y sus vertientes, como Chatal Hüyük, o la serie sucesiva que Braidwood señaló en el nordeste del Iraq (Karim Shahir, Palegawra y Jarmo), o la ciudad de Jericó. Con ésta o con las de Anatolia nos remontamos al VII milenio a. de J.C. Las excavaciones que han dado a conocer las primeras ciudades han sido uno de los más importantes frutos de la arqueología en los últimos decenios.

Si nos situamos en la región del Jordán, en Palestina, en la base de la colina Tell es Sultán, donde estuvo asentada la vieja ciudad de Jericó. Lo mismo ocurre en Nahal Oren, en el monte Carmelo, y en Beidha, cerca de Petra. En estos tres yacimientos, el nivel inferior A cuenta con fuertes defensas con muros y foso, con habitaciones circulares en forma de colmena formadas con ladrillos carenados.

En el nivel B hay habitaciones rectangulares con muros revestidos de barro y pasillos con habitaciones a ambos lados. Si en el nivel A hallamos nidos de cráneos que recuerdan los de Ofnet Baviera). En el B los cráneos se recubren, modelando los los ojos. En este segundo nivel aparece el cultivo de la cebada y la cría de las cabras para alimento, en tal proporción que hace pensar en una posible domesticación; todo ello en el séptimo milenio a. de J.C., en una fase precerámica, con numerosas muestras de culto y de plástica.

En 1963-64 se excavó un lugar cerca de Diarbekir y apareció un nivel precerámico con posible cultivo del trigo y domesticación. Lo que sorprende, en un ambiente que según la datación del carbono 14 se remonta a unos 7.000 años a. de J.C., es la presencia de una sólida base de piedras en los muros de ladrillo y de un enlosado. No menos sorprendente es la presencia de agujas y una cuenta de cobre trabajado con martillo. Al mismo grupo pertenecerían los poblados de Hacilar y de Suberde, con cultivo de trigo y de cebada en el primero de ellos, más o menos sincrónico con Jericó B, ya aue se fecha a mediados del séptimo milenio.

Pero a todos esos primeros centros urbanos supera en interés el de Chatal Hüyük, en el llano de Konya, en la parte meridional de Anatolia, excavado por James Mellaart. Se trata de un poblado de gran extensión (unos 130.000 m2), formado por habitaciones rectangulares con hogar central, adosadas unas a otras, salvo en los casos en que se disponen unos patios o espacios libres entre ellas.

Los muros eran de ladrillos secados al sol; los tejados planos tenían aberturas, por las que se entraba al interior gracias a una escala de madera. Bancos junto a los muros servían como lugar de enterramiento, probablemente secundario, de los familiares. Muchas de las casas presentan las paredes decoradas con relieves o pinturas. Estas últimas ofrecen curiosos paralelos con las levantinas españolas, cuya cronología no difiere gran cosa de la de estas primeras ciudades. Es seguro que experimentaron frecuentes reconstrucciones.

Chatal Hüyük se remonta a una fecha media de aproximadamente 5.750 a. de J.C. Posee cerámica desde su comienzo, manteniéndose la fabricación de recipientes de madera o de cestería. Aunque el utillaje es básicamente neolítico (sílex y obsidiana), se encuentran pequeñas piezas de ornamento de cobré’ y plomo. La agricultura conocía varias especies de trigo además de la cebada. Cabras y ovejas acompañaban como animales domésticos al perro. El pulimento de la piedra se pone de manifiesto en las hachas, mientras la técnica del hueso produce multitud de útiles, como las cucharas, y el arte del tejido progresa claramente junto al uso de pieles. Sin duda, había ya artesanos especializados.

Es decir, en fechas que hace unos años hubieran parecido excesivamente elevadas, encontramos sociedades directamente salidas del estadio mesolítico, directo sucesor del paleolítico superior, que han progresado enormemente en el camino del urbanismo y se hallan organizando ya una vida social y religiosa intensa.

Podríamos completar lo dicho con secuencias parecidas en el Iraq septentrional con nombres como Jarmo, Hassuna, Tell Halaf, y tras esta fase entramos en la ocupación de la Baja Mesopotamia, cuando la ciudad ha adquirido toda su importancia política, que guardará durante muchos milenios, a través de las fases de El Ubaid, Uruk y Jemdet-Nasr, hasta las clásicas ciudades sumerias. Podríamos también destacar las ciudades asirías primitivas y las que van descubriéndose en el Irán, que acabarán por unir ese mundo asiático occidental con las grandes ciudades, muy posteriores, del valle del Indo, en las que vemos logros que calificaríamos de modernos en aspectos tan importantes como el agua.

La entrada en Europa de los portadores de la “revolución neolítica” es muy anterior a lo que se había creído. Aún no hace muchos años no poseíamos otro medio de establecer un puente entre Asia Menor, los Balcanes y el Egeo que las nueve ciudades (hoy las contaríamos de otro modo y aparecerían bastantes más) de Troya.

Gracias a la datación del carbono 14 sabemos que el neolítico había cruzado el Egeo alrededor del 6000 a. de J.C. Sesklo y Argissa en Tesalia, Nea Nikomedeia en la región occidental de Macedonia, nos muestran poblados con casas de madera recubierta de barro, cerámica plástica con representaciones femeninas, abundante industria ósea, ganadería que incluye los bóvidos, sepulturas en fosa, etcétera.

Desde estos centros urbanos, los primeros que conoció Europa, en un camino que debió costar unos dos mil años, ese elemento renovador que fue la ciudad se extendió al extremo occidental del Viejo Mundo.

Ver Una Imagen de la Vida Sedentaria en el Neolítico

LAS MONEDAS Primeros y Grandes Inventos Del Hombre Período Neolitico

LAS MONEDAS Primeros Inventos Del Hombre

LAS MONEDAS Primeros y Grandes Inventos Del Hombre Originalmente el comercio se limito al intercambio: tu me das esto y yo te doy aquello. Si dos personas tenían algo que no necesitaban y la una apetecía lo de la otra, el comercio era fácil.

Sin embargo, ambas partes solían mostrar deseos de asegurarse de que no iban a desprenderse de algo valioso a cambio de algo inferior. Puesto que los valores comparativos resultan difíciles de juzgar, muchas veces los dos comerciantes se sentirían estafados.

Con el tiempo se impuso la costumbre de emplear metales, sobre todo oro, como medio de intercambio. El oro era hermoso y muy apreciado como adorno. No se oxidaba ni se corroía, y era raro, de tal manera que obtener una pequeña porción requería un largo viaje.

Una vez todas las cosas se valoraron en un determinado número de unidades de peso en oro, una persona podía comprar un objeto por esa cantidad o cambiarlo por otro equivalente a la misma.

En todas las transacciones, se hizo necesario disponer de una balanza  que pudiera usarse para pesar pequeñas piezas de oro, con los acostumbrados temores por ambas partes de que la balanza o las pesas pudieran estar trucadas.

En Asia Menor occidental, hacia 680 a. J.C., Giges fundó el reino de Lidia, y se mantuvo en el trono hasta 648 aproximadamente. En tiempo de su hijo Ardis, que reinó entre esa última fecha y 613 a. J.C., más o menos, el gobierno lidio emitió piezas de oro de peso uniforme, con dicho peso marcado y con un retrato del monarca incluido como garantía del Estado. En toda transacción, ahora bastaba que un determinado número de monedas cambiara de manos; ya no era necesario el peso.

El desarrollo de las monedas aceleró grandemente el comercio, y la idea resultaba ventajosa a todas luces, con lo que no tardó en ser adoptada por otros gobiernos.

PARA SABER MAS…
LOS NOMBRES DE LA MONEDA

La palabra con que se designa la moneda tiene, en cada pueblo, una etimología diversa, ligada casi siempre al origen de aquélla. Veamos de dónde procede el vocablo castellano “moneda”. Con este nombre se llamaba entre los latinos a una diosa, Juno Moneta, que tenia un templo en el monte Capitolio.

Cuando Roma tuvo una casa de la moneda, se instaló en dicha colina, colocándola bajo la protección de aquella diosa; los pequeños discos de metal que era acuñados tomaron, así, el nombre de ella. Otro término usado por los romanos fue “pecunia” (de “pecus” = ganado), pues antes de que fuese introducida la moneda metálica, la unidad de medida de valor usada por aquellos pueblos eran los bueyes y las ovejas.

Los chinos disponen de diversas voces para este objeto: “kin”, que significa metal; “kia-pi” o sea “moneda-puente”, para monedas especiales arqueadas; “tao”, que quiere decir “cuchillo”, para monedas que tienen esa forma.

Los franceses dicen “argent”, término que empezó a usarse cuando las monedas eran principalmente de plata (“argentum“, en latín). Los alemanes usan el vocablo “Münze”, que es la traducción de “moneda”.

Es interesante el nombre que en Rusia tuvo la moneda hasta el siglo XV: se llamaba “kuny”, esto es, “martas”.

LAS PRIMERAS MONEDAS VERDADERAS
El historiador griego Herodoto escribe que los primeros en usar verdaderas monedas fueron los lidies, un pueblo del Asia Menor, acaso en tiempos del rey Gyges (685-625 a. C.). En efecto, en las piezas de metal usadas por ellos para los cambios se encuentran, por vez primera, las características propias de las monedas: el peso constante, aproximadamente al menos, y un cuño que garantizaba !a autenticidad y el valor del metal. Eran pequeñas piezas de electro, de forma ovoidal, de tosco estampado. En la misma época aproximadamente, esto es, en el siglo Vil a. C., se fabricaron también en China las primeras monedas de bronce.

EL VALOR DE LA MONEDA
Una moneda puede ser valorada desde tres puntos de vista, pues tiene un valor intrínseco, un valor nominal y un valor afectivo. El valor intrínseco viene dado por su peso y por la calidad de la materia de que está hecha; el valor nominal es el que se da oficialmente a la moneda cuando es de curso legal; y el valor afectivo es el que le dan los numismáticos, el cual depende, como es natural, de la rareza del “ejemplar”.

Su antigüedad importa, hasta cierto punto. A este propósito, puede citarse un hecho significativo: en el siglo III a, C., el Estado romano se vio obligado a emitir una enorme cantidad de monedas; por consiguiente todavía se encuentran éstas en el mercado numismático en gran abundancia, lo que permite adquirirlas a bajísimo precio, Monedas de épocas mucho más recientes, como, por ejemplo, las monedas de los reyes longobardos y ciertas monedas de te Visconti y de los Sforza son, en cambio, rarísimas (y por eso mismo muy caras), debido a que fueron acuñadas en pequeña cantidad.

MONEDAS… FRÁGILES
Todos saben que para apreciar si es buena una moneda de plata (como los antiguos duros españoles, o los pesos), los tenderos la hacen rebotar sobre el mármol de su mostrador. Sin embargo, tal prueba no habría sido aconsejable en el caso de ciertas monedas árabes o bizantinas, porque eran de cristal.

No debe pensarse, en efecto, que los mételes más o menos preciosos han sido los únicos materiales utilizados para hacer moneda; además de las monedas de crista!, las ha habido de cuero (las llamadas “monedas obsidionales”, acuñadas por las ciudades en estado de sitio, en las que escaseaban los metales) y de porcelana (que, por la misma razón, aparecieron en Alemania después de la Primera Guerra Mundial).

Los metales, puros o en aleación, son los materiales más usados. Además del oro y de la plata, son corrientes el cobre y el níquel, mientras que el platino es raro; entre las aleaciones, las más extendidas son el bronce (cobre y estaño) y el vellón (plata con estaño y plomo). Recordemos, finalmente, la materia más usada hoy: el papel. Tiene una edad respetable, ya que fue usada, por primera vez, en el siglo IX de nuestra era, por los chinos: Marco Polo describe en sus memorias una moneda de papel del emperador mogol Kublai Khan,

Moneda de Cuero, 1770 en Francia

Moneda de Porcelana Usada en Alemania

Moneda de Árabe de Cristal Siglo XIV y XV

Moneda Romana de Vellón (plata, plomo, estaño) Usada en Roma época de Constantino (306-337 d.C.)

Fuentes: Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos de Isaac Asimov
Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Electrónica – Wikipedia

Famosas Estatuas Ecuestres Descripción de Importantes Esculturas

DESCRIPCIÓN DE LAS IMPORTANTES ESTATUAS ECUESTRES:

Al fondo del estudio del escultor hay un boceto en yeso, abandonado hace ya algunos días y cubierto con un paño húmedo. De la masa informe se destacan las patas gráciles de un caballo. Hace tiempo que el artista acaricia la idea de realizar una estatua ecuestre. Modelar la figura del caballo le ha sido fácil, pero, al iniciar la del caballero, se siente desalentado.

No carece de capacidad creadora; es uno de los más grandes escultores de nuestro tiempo. Lo que le falta es algo muy importante: un modelo en que inspirarse. Los caballeros antiguos han desaparecido, pertenecen al pasado. Los generales de hoy, en los desfiles, pasan lentamente en automóvil, y ya no es un artista quien los representa a caballo para que el pueblo los admire. Ahora son los fotógrafos quienes, con una simple acción mecánica, los retratan ante su mesa de trabajo o en la escalerilla de un avión.

Nuestro escultor añora el tiempo en que los grandes capitanes pasaban, majestuosos, sobre sus briosos caballos, rodeados de la admiración del pueblo.

Y, cansado de pensar, el artista cierra los ojos. Bajo sus párpados abatidos le parece ver unas figuras que se le aproximan: es un pequeño grupo de caballeros, de épocas diversas y diferentes entre sí, aunque todos tienen un aspecto igualmente noble y altivo. Hacen caracolear a sus caballos, y luego se inmovilizan como en militar parada. Ahora los reconoce. Los ha visto tantas veces, erguidos sobre sus pedestales, dominando las plazas de las ciudades que conocieron sus glorias! Lleno de emoción, empieza a pasarles revista, uno por uno…

Caballero cretense – Tan pequeño es este caballero cretense, comparado con los otros, que, a primera vista, parece un juguete. Viene de una lejanísima  civilización, y tal vez representa a alguno de aquellos fuertes guerreros que dominaron el Mediterráneo, casi tres mil años a.C. Es barbudo, tiene los labios apretados, como para expresar su fuerza, y se sostiene erguido en el arzón.

Parecerá, quizá, la obra de un artista ingenuo, pero, si se observa con atención, se descubre que, no obstante su sencillez, expresa una poderosa y sorprendente vitalidad. El caballo estilizado esto es, representado en sus líneas esenciales, parece haberse parado de repente, y podemos casi imaginar el ruido de sus cascos.

Mareo Aurelio – La estatua del emperador filósofo domina, desde la altura del Capitolio, la ciudad’ que fue señora del mundo. El caballo, de raza panonio, con los remos finos del pura sangre, avanza con paso solemne de desfile. El emperador tiene la segura expresión del dominador, pero su brazo derecho está levantado, en signo de clemencia, y su rostro es benévolo y pensativo.

Parece un gran padre que vela por su prole desde tiempo inmemorial. Cuando este monumento era nuevo, el sol lo hacía brillar como una joya, pues estaba recubierto por láminas de oro. Hoy ha desaparecido el dorado, pero existe una vieja leyenda, según la cual, un día la estatua recuperará su primitivo esplendor, porque el oro reaparecerá en su superficie.

Cuando esto suceda, nos dice la leyenda, los hombres comprenderán que se acerca el fin del mundo. Cosa extraordinaria es que sobre esta inmensa mole de bronce no se aprecian señales de junturas o soldaduras. Tal vez los dos bloques, de caballo y caballero, se fundieron en un solo molde, pero la técnica que los artistas romanos emplearon para la fundición sigue siendo un secreto.

Cangrande della Scala – La sonrisa serena y jovial del señor de Verona está tan llena de vida que parece ablandar la dureza del mármol de la escultura. Con la misma afabilidad debió tratar este príncipe a sus súbditos y a los huéspedes de su corte. Así fue como Dante Alighieri, a quien acogió durante el exilio, lo recordó con elogio en la Divina Comedia.

El gran artista medieval que esculpió el monumento debió quedar tan prendado de las grandes cualidades de este señor, que hasta representó alegre y simpático a su caballo, que parece guiñar el ojo con picardía.

El yelmo macizo, que en la cimera lleva una cabeza de perro, símbolo del linaje del caballero; la larga espada y la gualdrapa suntuosa del caballo traen a nuestra memoria escenas de prodigiosos torneos en que los mejores campeones medían la fuerza de su brazo en el palenque. El caballero no se siente en modo alguno embarazado por la armadura completa que lo envuelve. Estirado sobre los estribos, parece saludar con donaire al público, antes de lanzarse al galope de su corcel ligero.

 

Gattamelata: A la muerte  de Erasmo de Narni, mas conocido por Gattamelata, los patricios de la República de Venecia quisieron eternizar en bronce el recuerde de su valor. Este condotiero había prestado servicios preciosos a la Serenísima. Para acentuar su  impresión de incontrastable potencia que ofrece este monumento, Donatello ha colocado sobre un caballo, poderoso como una máquina de guerra, la figura, conscientemente reducida, de un caballero que tiene, sin embargo, el ademán sereno y firme del que domina.

Cuando Donatello fue llamado a Padua para que esculpiera este monumento tenía sesenta años, y durante cinco trabajó allí, superando infinitas dificultades durante la fusión del bronce. La estatua se  fundió en tres bloques separados, que luego se soldaron en conjunto.

 

Ranuccio Fornesio – La altivez de este señor del siglo XVII no disminuye lo dignidad de su porte. Es Ranuccio Farnesio, duque de Piacenza. Francesco Mochi, el autor del monumento, marchó a Roma y a Padua, antes de empezarlo, para estudiar de cerca las estatuas de Marco Aurelio y de Gattamelara. Pero en su obra hay algo que es totalmente nuevo: vibra en su movimiento, como si la crin, la cola flotante del caballo y el manto del caballero recibieran, de improviso, un viento sesgado. Es el “viento” que sopla sobre todas las estatuas barrocas.

Caballero de Marino Marini: Marino Marini es el escultor contemporáneo a quien nos hemos referido. Las figuras de su caballo y de su caballero carecen del ímpetu heroico de sus predecesores. Son simples, descarnadas. El caballero tiende los brazos hacia el cielo, en ademán que expresa desesperación y que no tiene nada de la fuerza física de sus antiguos compañeros de armas. Y aquí hay una cosa que nos sorprende. Hemos observado que la más antigua y la más moderna de las esculturas se parecen. Después de tanto tiempo, el escultor moderno coincide con el artista desconocido, de unos 3.000 años a. C.

Fuente Consultada: Abuelo,…Es Verdad? Luis Melnik

EL HIERRO Grandes Descubrimientos Del Hombre Periodo Paleolitico

EL HIERRO:Grandes Descubrimientos del Hombre

HierroEl hierro es el segundo metal más común en la corteza terrestre (sólo el aluminio abunda más), pero siempre se presenta combinado con otras sustancias. No se halla en forma metálica libre, salvo en algunos meteoritos, que no pertenecen a la Tierra sino que caen en ella desde el firmamento.

Algunos meteoritos fueron encontrados ocasionalmente por los antiguos, y utilizados desde los albores de la civilización. Comparado con el oro, la plata y el cobre, el aspecto del hierro es feo, pero el de origen meteórico se revelaba más duro y resistente que el bronce. Como se conservaba afilado más tiempo que ese metal, comenzó a ser muy apreciado para manufacturar las partes cortantes de las herramientas.

El resultado es que no se ha encontrado hierro meteórico en los lugares donde florecieron las civilizaciones primitivas, pues los antiguos lo acapararon.

Pero no había menas de hierro. El oro, la plata, el cobre, el plomo, el estallo y, con el tiempo, el mercurio se obtenían con facilidad mediante hogueras, pero de ellas nunca salía hierro. Éste se encontraba en otras sustancias en proporción más escasa que otros metales, y se precisaba mayor temperatura.

A la larga, sin embargo, se obtuvo carbón vegetal quemando madera con un suministro insuficiente de aire, de modo que entre otras sustancias quemadas quedaba carbono más o menos puro. El carbón vegetal arde sin llama, pero alcanza temperaturas más elevadas que la leña.

Alrededor de 1500 a. J.C., los hititas de Asia Menor descubrieron que podían obtener hierro de ciertos minerales sometiéndolos al calor del carbón vegetal. Al principio, ese hierro fue decepcionante. En forma pura, es resistente, pero no tan duro como el mejor bronce. (El hierro meteórico no es hierro puro, sino una mezcla en proporción de 9 a 1 de hierro y níquel, algo que los antiguos no podían reproducir porque desconocían el níquel.)

Hacia 1200 a. J.C., sin duda por casualidad, se había descubierto que ese hierro, debidamente fundido, podía presentarse en una forma más dura. Esto sucedía cuando una parte del carbono contenido en el carbón vegetal se mezclaba con hierro para formar una aleación de hierro y carbono que llamamos acero.

Hacia 1000 a. J.C., estas formas carbonadas de hierro podían producirse en gran cantidad: empezaba la Edad del Hierro, el período en que este metal fue el más usado para armas y herramientas.

PARA SABER MAS…

AUNQUE EL HIERRO es mas abundante que otros metales, como el cobre, también es más difícil de trabajar. Para conseguirlo hay que extraerlo fundiendo el mineral de hierro calentándolo a altas temperaturas en hornos especiales. La masa esponjosa que se obtiene se tiene que volver a calentar al tiempo que se golpea para conseguir que el hierro adopte la forma deseada.

LA PRIMERA PRUEBA La cultura nok fue la primera en trabajar el hierro en la zona subsahariana oriental (la zona del este de África que está por debajo del Sallara). En el 500 a.C. ya fundían el hierro en hornos con paredes de arcilla excavados en el suelo. La técnica la habían aprendido de otras culturas con las que tuvieron contacto. La ciudad de Meroe, en Nubia, fue el centro de una gran industria del hierro cuyos productos llegaron a comercializarse en zonas muy alejadas. La antigua Cartago también basó su poder comercial en el trabajo del hierro.

USOS DEL HIERRO Los conocimientos para trabajar y producir objetos de hierro se extendieron por toda África con una rapidez sorprendente. Saber trabajar el hierro significaba ser más poderoso: las nuevas flechas con punta de hierro permitían que pequeños grupos tribales exploraran con mayor seguridad territorios desconocidos; las azadas de hierro hacían más fácil preparar la tierra para la siembra, y con las hachas de hierro se podían abrir claros en el bosque con más facilidad que con las de piedra. La expansión de las tribus bantús por el centro, este y sur de África se debió en gran parte a su dominio de las técnicas para trabajar el hierro.

EL HIERRO EN LA ACTUALIDAD:

El hierro se extrae industrialmente de minerales que se encuentran en estado natural. Los dos más importantes son óxidos de hierro: hematites (Fe2O3) y magnetita (Fe3O4). Mezclándolos con carbono y calentándolos a 1.500°C, los óxidos de hierro se reducen a hierro metálico, al combinarse el carbono con el oxígeno para formar dióxido de carbono. Este proceso se llama fundición. En la Edad Media el carbono se obtenía del carbón vegetal, pero en 1709 el inglés Abraham Darby (1677-1717) consiguió fundir hierro con coque, que podía obtenerse a partir del carbón mineral. Ello hizo posible un gran aumento de la producción de hierro durante la revolución industrial .

Los altos hornos son el primer eslabón en la producción de hierro, donde el mineral de hierro se convierte en hierro metálico (ver gráfico). Los altos hornos más modernos y capaces son construcciones enormes, que pueden alcanzar una altura de hasta 30 metros, con paredes de más de 3 metros de espesor. En ellos se puede fabricar más de 10.000 toneladas de hierro diarias. El hierro producido en los altos hornos sigue contaminado con algunas impurezas residuales. Según la mena, normalmente contiene entre un 3 y un 5% de carbono, un 1% de manganeso y. un 3% de silicio.

ALTO HORNO

En la parte superior del horno se vierte una mezcla de mineral de hierro, fundente, coque metalúrgico y piedra caliza, mientras que, desde abajo, se envía un chorro de aire caliente y seco a través de la mezcla. El coque quema a una temperatura alta y reacciona con el oxígeno del aire produciendo monóxido de carbono. Esto reduce el mineral a hierro liquido, que fluye hacia el fondo del horno. La piedra caliza reacciona con las impurezas del mineral —principalmente silicio, procedente de la arena, arcilla y piedras— y evita que éstas contaminen el hierro. La sílice y la piedra caliza forman la escoria, que pesa menos que el hierro fundido y flota en la superficie del crisol. De vez en cuando, se extrae el hierro líquido (la “colada”) por uno de los agujeros de colada situados en el fondo, y sale a borbotones un chorro candente. La escoria es drenada a intervalos regulares por otro agujero de colada situado más arriba. El proceso de fabricación del hierro es continuo y puede proseguir sin interrupción durante diez años o más, hasta que el revestimiento refractario del horno empieza a deteriorarse y tiene que ser sustituido.

La Rueda y los Carros Primitivos Primeros Descubrimientos del Hombre

La Rueda y los Carros Primitivos Primeros Descubrimientos del Hombre

rueda de piedra de un carro antiguoLOS CARROS: Cuando los objetos son demasiado pesados para transportarlos cargando con ellos, su traslado por tierra se convierte en un problema. Aunque el terreno sea completamente llano, se produce una considerable fricción sí es arenoso, pedregoso o herboso.

Al principio, los objetos pesados debían arrastrarse en trineos, impulsándolos por la fuerza bruta. Incluso cuando se utilizaron animales más fuertes que el hombre (los bueyes, por ejemplo), la marcha era lenta.

El avance podía facilitarse colocando bajo los trineos toscos rodillos consistentes en troncos de madera. Estos rodaban en lugar de arrastrarse, y limitaban en medida considerable la fricción. Ello significaba menos trabajo, pero en realidad podía llevar más tiempo, pues los rodillos tenían que retirarse de la parte posterior y colocarse de nuevo en la anterior. Lo que se precisaba era, pues, un eje y unas ruedas.

No sabemos en qué circunstancias se le ocurrió a alguien fijar sendos rodillos en la trasera y en la delantera del trineo, de tal manera que giraran en el interior de las tiras en las que se sostenían, y se mantuvieran en todo momento fijados al trineo. En el extremo de cada rodillo se colocaron luego sendas ruedas macizas de madera que levantaban del suelo el trineo, y esas ruedas podían girar libremente.

Un carro se traslada con más rapidez y con mucho menos esfuerzo que un trineo, aunque éste se disponga sobre rodillos, con lo que ese vehículo supuso una revolución en el transporte terrestre. Ante todo, facilitó el comercio.

Los carros aparecieron en Sumeria hacía 3500 a. J.C.  

AVANCE DE LA RUEDA
Los primeros en usar la rueda fueron probablemente los alfareros mesopotámicos, quienes, hacia 3500 a.C., elaboraban vasijas en mesas giratorias. Unos 250 años después, las carretas ya contaban con sólidas ruedas de madera. Las primeras ruedas de vehículo consistían en dos o tres tablas cortadas para formar un disco, unidas con travesaños de madera o cobre. Se fijaban con chavetas en los extremos del eje. Las ruedas con rayos, más ligeras, surgieron hacia 2000 a.C. Los rayos partían desde el centro y se mantenían fijos a un borde de madera hecho de una sola pieza.

Ruedas para la carreta: Bueyes y asnos entraban y salían de las ciudades tirando de otra brillante invención: la carreta con ruedas. La rueda en sí, base de mucha de la tecnología subsiguiente, tal vez apareció en Mesopotamia en forma de rueda del alfarería, un disco que se hacía girar a mano y que permitía una producción de vasijas más rápida.

Aunque las primeras ruedas de alfarería datan de 3500 a.C., fueron adaptadas para su uso en el transporte unos 250 años después. Las primeras carretas eran pesadas y macizas: las ruedas, que no tenían rayos, eran planchas redondas de madera, protegidas con cuero.

Las carretas eran vehículos de cuatro ruedas, tirados por bueyes o asnos (aunque conocían los caballos, en Mesopotamia aún no los usaban), que llevaban mercancía de las granjas a los mercados. Servían también para que los funcionarios viajaran durante las procesiones ceremoniales.

Las grandes ciudades sumerias —entre ellas Ur, Eridu, Lagash y Nipur— guerrearon entre sí con frecuencia, y nunca se unificaron en un Estado fuerte como lo fue Egipto. Las ciudades estaban circundadas por tierra fértil e irrigada, y prosperaban por la agricultura y la ganadería.

En las lodosas planicies mesopotámicas escaseaban los materiales como piedra, metales y madera, pero como poseían copiosas reservas de grano y algodón, los sumerios las exportaron para llevar de otras regiones las materias primas vitales que necesitaban.

Ur —la bíblica “Ur de los caldeos”, junto al río Eúfrates— era un gran centro bodeguero a donde llegaban mercancías por tierra, río y mar. Cientos de tablillas de arcilla muestran gráficamente la organización del vital comercio exterior. Se llevaba plomo y plata por el Eúfrates desde las montañas de la actual Turquía. La madera llegaba de Siria y de las mesetas del noreste. Los comerciantes llevaban, desde Afganistán, piedras semipreciosas como el lapislázuli.

La piedra y el cobre eran llevados desde Omán, y los barcos de Ur bajaban por la costa de Arabia para transportar oro e incienso. En el próspero puesto  comercial de Dilmun, en la isla Bahrein del golfo Pérsico, se administraban algunas de estas mercancías.

Así, los “reyes del mar” de Ur realizaron un próspero comercio de exportación e importación. La flota mercante sumeria incluía barcazas y naves con mástil, cubierta, cabina y remeros. Algunas podían cargar hasta 36 ton de mercancía, y los marineros se aventuraron más allá del Estrecho de Ormuz e Irán para hacer negocios con los pueblos del valle del río Indo.

En 1977, el antropólogo noruego Thor Heyerdahl construyó una barcaza de cañas a la usanza sumeria y navegó a bordo de la nave, llamada Tigris. Logró cruzar el tempestuoso océano índico y demostrar que tan larga y azarosa travesía era posible.

carreta de bueyes

Enjaezado Esta carreta con ruedas, una miniatura de Mohenjo
Doro, se asemeja a las carretas de bueyes aún en uso en Pakistán.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

Cerca del año 2000 a. de J.C, el  trineo primitivo fue evolucionando y, siempre en Mesopotamia, aparecieron los primeros carros de dos o cuatro ruedas y con el arcón montado sobre el borde. Es un medio todavía muy rudimentario, cuya única función estriba en sustituir la albarda, el cuévano y la canasta, favoreciendo en gran manera el desarrollo de los intercambios comerciales que ya entonces tenían lugar, aunque en forma muy primitiva y simple de los intercambios comerciales que ya entonces tenían lugar, aunque en forma muy primitiva y simple.

La novedad y la importancia del nuevo vehículo revolucionario puesto a disposición del hombre y las dificultades inevitables con que hubieron de tropezar los primeros constructores de carros explican fácilmente cómo, en aquella época, a todo ello se le uniera el concepto de prestigio.

Carros enteros o esculpidos en bronce o arcilla se hallan sepultados en las tumbas reales; otros se depositaban, como homenaje votivo a los dioses, en los turbales. Esto permite a los eruditos hallar y estudiar los restos perfecta o suficientemente conservados; se hace necesario añadir a ello el gran número de recipientes y bajorrelieves que reproducen esta máquina prodigiosa. Merced a todo esto hoy se tienen elementos suficientes para conocer la evolución del carro.

Se ha dicho anteriormente que las ruedas más antiguas estaban formadas por tres círculos ; ello planteaba, como es evidente, el problema de ligar firmemente las tres partes. En los descubrimientos arqueológicos de Ur, Kish y Susa apareció, en la parte externa de la rueda, gran cantidad de clavos de bronce, indicio que lleva a suponer la existencia de un aro de cuero o, tal vez, de hierro.

En los primeros 2.000 años de su historia las dimensiones de la rueda varían, siquiera sea ligeramente, entre una circunferencia de 0,5 m en las ruedas de Ur (2750 a. de J.C. aproximadamente) y 92 cm en las ruedas de los carros hallados en Tapper (Alemania) y que datan del año 200 a. de J.C.

El período comprendido entre el 2000 y el 1000 a. de J.C. ve el inicio de la difusión del carro por todo el mundo entonces habitado; se le podía encontrar ya en cualquier lugar entre el valle del Indo y Egipto, traído por los Nyskos en el siglo XVII a. de J.C.

En contacto con civilizaciones tan diversas y, al mismo tiempo, paralelas, el carro no podía dejar de evolucionar a medida que transcurría el tiempo; en efecto, es precisamente en este período cuando adquiere sus líneas fundamentales. Con unas pocas variaciones importantes se le transforma en un medio de transporte relativamente cómodo para las personas, volviéndolo más ligero y alzando los bordes anteriores.

Muy pronto comenzaron a comprenderse las extraordinarias ventajas derivadas de la adopción del carro como instrumento bélico; los flancos y los cubos de las ruedas se armaron con cuchillos afilados, y así el carro se transformó en una de las más temibles máquinas de guerra de la antigüedad prerromana.

La invención de la rueda, y, por consiguiente, la utilización del carro, precede al inicio de dos grandes transformaciones: en primer lugar, la domesticación definitiva del caballo, empleado ya anteriormente por algunos pueblos de Asia para arrastrar los trineos, con su difusión correspondiente a partir de las estepas del Asia central hasta el Medio Oriente, de donde llegará más tarde a Europa entre los años 3000 y 2000 a. de J.C.; en segundo lugar, la creación de carreteras.

Es fácil comprender la enorme trascendencia de dichos acontecimientos que, a partir del siglo n a. de J.C, caracterizaron, la vida del hombre y contribuyeron en gran manera al desarrollo progresivo de la civilización.

El acto de uncir el caballo al carro dio origen a ciertos problemas harto complejos que, es preciso decirlo, no hallaron solución durante la antigüedad. Al principio se aplicó al caballo un yugo idéntico al que se utilizaba para los bueyes, cuya domesticación data de tiempos anteriores. Este yugo apretaba el cuello del animal y le impedía la libertad de movimientos, reduciendo a un tercio su potencia.

La fuerza de tracción se transmitía del yugo al caballo a través de la limonera central. Sin embargo, es evidente que los equinos no poseen un espaldar lo bastante robusto como para permitirles ejercer su fuerza directamente sobre el yugo, en la forma como lo hacen los bueyes.

Se les aplicó entonces un pectoral, de cuero las más de las veces, sostenido por una cincha. Pero la presión sobre la tráquea dificultaba notablemente al animal, viéndose éste precisado a desplazar la cincha sobre los músculos alargados, arqueando el cuello. Naturalmente, no era ésta la posición idónea para que el cuadrúpedo pusiese en juego toda su potencia y ello motivó que se quisiera compensar el escaso rendimiento multiplicando el número de caballos.

Corrientemente se utilizaban tiros de cuatro y hasta de seis caballos. Sólo que, también en este caso, el carro arrastrado por una pareja de animales a cada lado de la limonera central y, lo que es peor, un sistema incorrecto de correas hacen que los cuadrúpedos sumados en la parte externa apliquen su esfuerzo sobre el yugo de los animales que se encuentran a su lado, en lugar de hacerlo sobre el timón del carro.

La unción del caballo al carro coincide con la aparición de las ruedas de radios, cuyos primeros ejemplares europeos se descubrieron en Mercurago, a orillas del lago Mayor. A estas alturas, hacia el 1500 a. de J.C., el carro se había convertido ya en una terrible arma de guerra, y la rueda maciza no podía satisfacer las exigencias de rapidez y agilidad para la maniobra que tan necesarias resultaban. Los radios (tres, cuatro y a veces más) motivaban que el carro fuese mucho más ágil y ligero, mientras que la rueda hacía ya bastante tiempo que no estaba vinculada al eje, sino que se adhería a él a través del cubo.

Carro de guerra

Carro de guerra provisto de dos ruedas radiadas y de un tiro de dos caballos. El carro, que puede considerarse como el «tanque de la antigüedad» y que desempeñó un papel decisivo en las guerras imperialistas del siglo II a. de J.C., estaba formado por una caja ligerísima, generalmente hecha de mimbre trenzado, abierta en su parte posterior, pero protegida por delante con una tabla curvada en la que se instalaban las aljabas de las armas. En este carro, arrastrado por una pareja de caballos, montaban un auriga y un guerrero que combatía en precarias condiciones de estabilidad.

Biga Egipcia carretas

Biga egipcia en una grabación proveniente de Karnak y que se remonta al siglo XIX a. de J.C. Las elegantes bigas de guerra utilizadas por los egipcios denotan un progreso notable en la evolución del carro. En efecto, el chasis aparece sumamente simplificado y la reducción del peso da lugar a un importante aumento de velocidad en el vehículo, el cual, además, posee ruedas provistas de cuatro radios que van unidas al eje fijo.

En Grecia, la asimilación de la civilización oriental, principalmente egipcia, determinó, a partir del siglo XV a. de J.C., la penetración y la difusión del carro, que hasta el siglo VI a. de J.C. tuvo una utilidad casi exclusivamente bélica y que a partir de entonces fue rápidamente sustituido por el caballo.

Los carros de guerra utilizados en la antigua Grecia, muy semejantes a los egipcios, estaban provistos de dos ruedas radiadas que giraban alrededor de un eje fijo; la armazón, formada por maderas entrelazadas recubiertas con pieles y dotada de un parapeto en la parte anterior, era de gran ligereza, pero capaz de sostener el peso de dos hombres, un auriga y un guerrero; este último abandonaba el carro en el curso de la batalla.

Carro ligero griego de carrera

Carro ligero griego de carrera

Carro griego de guerra

Carro griego de guerra

El timón, de forma característica, estaba constituido por una vara de considerable longitud que, partiendo de la base de la carrocería, presentaba una curva muy acentuada en la extremidad opuesta y terminaba en el yugo, cuya estabilidad se obtenía mediante una correa fijada al parapeto del carro. Los carros griegos de combate estaban revestidos en su parte externa de decoraciones metálicas que les conferían una singular belleza.

La importancia y la difusión de estos carros, arrastrados por tiros de cuatro caballos o de dos en el mundo griego de la edad preclásica, se hallan documentadas en las numerosísimas pinturas que representan escenas de combates en los que intervienen los carros y tienen su mayor apología en la litada, en la cual los héroes griegos y troyanos, así como los mismos dioses del Olimpo, participan en las batallas subidos en espléndidos carros del tipo mencionado.

Según la opinión de historiadores autorizados, el carro hubiera penetrado merced a la invasión de las primitivas hordas que poblaron la península itálica, o inmediatamente después de la invasión de Italia por los etruscos, lo que, de ser cierta esta suposición, le atribuiría un origen oriental, o tras la colonización de las costas meridionales de Italia por parte de los griegos.

En realidad, los etruscos fueron el primer pueblo de Italia que conoció el nuevo medio de transporte y de guerra, quizá después de aprender la técnica de su construcción de los pueblos que habitaban las tierras del Mediterráneo oriental, con los cuales tenían probablemente frecuentes intercambios comerciales. El carro itálico de mayor antigüedad es el plaustro, pesado carro agrícola arrastrado por bueyes y destinado al transporte de los productos de la tierra.

En la época romana circulaba en la península una discreta variedad de carros y vehículos de transporte, mientras que el carro de guerra, con el cual los romanos habían sufrido una terrible experiencia en las luchas habidas contra los celtas, cayó en desuso y se reservó casi exclusivamente para los desfiles militares o las solemnes procesiones de triunfo.

El factor determinante aportado al perfeccionamiento del carro por la habilidad constructiva de los artesanos celtas encuentra un reconocimiento harto significativo en el origen céltico de casi todos los nombres con los que se designaban los vehículos utilizados por los romanos.

El de mayor capacidad de carga era la angaria, auténtico y verdadero tren de cuatro ruedas y altos flancos, que aproximadamente podía transportar 500 Kg. de equipo militar. Seguían, en orden decreciente en cuanto a capacidad, el carpentum o vehiculum (330 Kg.), utilizable para el transporte de pasajeros a largas distancias, el carrus (200 Kg.), de cuatro ruedas radiadas y amplia armazón, la vereda (100 Kg.), para dos pasajeros, y la ligerísima birota (65 Kg.) de dos ruedas.

Generalmente, los carros de cuatro ruedas se reservaban para el transporte de grandes cantidades de mercancías; por ejemplo, alimentos, casi siempre con destino a la ciudad. En Roma tenían su sede grandes compañías que se dedicaban exclusivamente a los transportes, poseyendo asimismo algunas Sucursales en las localidades más importantes del vasto imperio. Efectuaban viajes regulares , establecidos según un horario bastante preciso.

Fuentes: Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos de Isaac Asimov
Historia de las Comunicaciones Transportes Terrestres J.K. Bridges