El Viaducto Millau

Grandes Arquitectos de la Historia Obras y Cronologia

Grandes Arquitectos de la Historia – Obras y Cronología

arquitectos antiguos

Ver También: Caracteristicas de la Arquitectura Moderna

Imhotep  2778 a.C Egipto Primer arquitecto conocido por su nombre. Pirámide escalonada de Dyeser en Saqqara
(c. 2778 a.C.).

Ictinos y Calícrates s.V a.C. Grecia Arquitectos del Partenón de Atenas, templo de la diosa griega Atenea.

Marco Vipsanio Agripa c.63-12 a.C. Roma Diseñó el Panteón original para conmemorar la batalla de Actium (31 a.C.)

Apolodoro de Damasco  98-123 d.C. Roma Arquitecto del emperador Trajano (98-117 d.C.). Columna Trajana, en Roma (terminada en 113 d.C.).

Isidoro de Mileto y Antemio deTralles  s.VI a. C. Grecia/Bizancio Ingenieros y geómetras. Iglesia de Santa Sofía, en Constantinopla (532-537 d.C.).

Abbot Suger 1081-1151 Francia Abad de Saint Denis, reconstruyó su gran iglesia en el naciente estilo gótico (1137-1144).

Peter Parler 1330-1399 Alemania Maestro albañil. Catedral de San Vito (1356-1385) y Puente de Carlos, en Praga (1357-1400).

Filippo Brunelleschi 1377-1446 Italia Primer gran arquitecto del Renacimiento italiano. Cúpula de la catedral de Florencia (1419-1436).

Miguel Ángel Buonarroti 1475-1564 Italia El arquitecto más original del s. A XVI. Biblioteca Laurenciana de Florencia (1525-1534).

Sinan 1489-1588 Imperio otomano Responsable de la construcción o supervisión de las mayores construcciones de su tiempo en el imperio. Mezquita de Solimán, en Estambul (1550-1557).

Andrea Palladlo 1508-1580 Italia Pionero de un estilo que retornaba a los principios de la Roma clásica. Palacio del Capitaniato, en Vicenza (1571-1572).

Gian Lorenzo Bernini 1598-1680 Italia Escultor y arquitecto preeminente de la Roma del s. XVII. Plaza y columnatas de la basílica de San Pedro, en Roma (1620-1630).

Christopher Wren 1632-1723 Inglaterra El mayor arquitecto inglés del s. XVII. Rediseñó Londres tras el Gran Incendio de 1666. Catedral de San Pablo (1675-1708).

Auguste Pugin 1812-1852 Gran Bretaña Líder del estilo neogótico británico. Iglesia de Saint Giles, en Cheadle (1840-1846).

Gustave Eiffel 1832-1923 Francia Renombrado ingeniero especializado en estructuras metálicas. Torre Eiffel de París (1887-1889).

Henry Hobson Richardson 1838-1886 EE.UU. Llevó a los EE. UU. el estilo románico del sur de Francia. Iglesia de la Trinidad, en Boston (1873).

Daniel Hudson Burnham 1846-1912 EE. UU. Diseñador urbanístico y constructor de rascacielos. Edificio Flatiron, Nueva York (1902).

Antonio Gaudí i Cornet 1852-1926 España Líder del modernismo arquitectónico catalán. Iglesia de la Sagrada Familia, Barcelona (1883-1926).

Frank Lloyd Wright 1867-1959 EE.UU. Uno de los arquitectos más influyentes del s. xx en los EE. UU.. Museo Guggenheim, Nueva York (1943-1959).

Walter Gropius 1883-1969 Alemania Fundador de la escuela Bauhaus. Casa Gropius, Lincoln (Massachusetts) (1937).

Ludwig Mies van der Rohe 1886-1969 Alemania/ EE.UU. Creador del influyente estilo arquitectónico de «piel y huesos». Pabellón de Barcelona (1929).

Le Corbusier 1887-1965 Suiza Uno de los arquitectos europeos más influyentes del s. XX. Unidad de Habitación, Marsella (1946-1952).

Kenzo Tange 1913-2005 Japón Combinó los estilos tradicionales japoneses con el moderno. Edificio del Gobierno Metropolitano, Tokio (1988-1991).

Jorn Utzon 1918-2008 Dinamarca Ganador del concurso para el diseño de la Casa de la Ópera de Sydney (1959-1973).

Frank O. Gehry 1929- Canadá Revolucionó el uso de materiales ordinarios, desafiando la lógica estructural. Museo Guggenheim, Bilbao (terminado en 1997).

Richard Rogers 1933- Gran Bretaña Diseños modernos y funcionalistas. Centro Pompidou (terminado en 1977).

Norman Foster 1935- Gran Bretaña Destacado representante del estilo High Tech. Estadio de Wembley (2003-2007).

Daniel Libeskind 1946- Polonia/ EE. UU. Importante seguidor del deconstructivismo. Museo Judío, Berlín (1992-2001).

Zana Hadid 1950– Iraq Primera mujer ganadora del premio Pritzkerde Arquitectura. Pabellón Puente, Zaragoza (2008).

GRANDES ARQUITECTOS DEL SIGLO XX

Frank Lloyd Wright. Arquitecto norteamericano, nacido en Richland Center (Wisconsin) en 1869. Estudió en Madison (Universidad de Wiscon-sin). Trabajó con el arquitecto Sullivan y recibió la influencia del estilo «Liberty». Su obra puede clasificarse en cuatro periodos: el primero (1887-1910) corresponde a las llamadas Trame houses (Casus de la pradera), casas y chalets edificados en su mayoría en el Estado de Illinois, muy influidos por la arquitectura japonesa.

Frank Lloyd Wright

A esta época pertenecen las casas Hickow, Bradley, Fricke, Wilñtz, Winslow, Boyton, Gale y Robie, y los Midway Gar-dens de Chicago. El segundo periodo (1914-1934) es el más ecléctico, y está caracterizado por sus construcciones en el Japón, especialmente el Hotel Imperial de Tokio. El tercer periodo (1934-1938) es el de sus obras más famosas y el de los Usonian houses; la Casa Kauímann, conocida con el nombre de Falling Water (Casa de la cascada) en Connesllsville, Pensilvania (1936), el edificio para la Compañía Johnson, en Racine, la Casa Willey, en Minneapolis, y el proyecto para la ciudad jardín de Broadacre, son las construcciones más notables. Al cuarto periodo, iniciado hacia 1938, pertenecen la escuela y la residencia invernal de Wright, de Taliesin West (Arizona), la escuela de Taliesin (Wisconsin), el edificio de los almacenes Morris (San Francisco) y los proyectos del Museo Guggenheim (Nueva York) y de la Casa Masierí (Gran Canal, Venecia).

La arquitectura orgánica tiene en Wright uno de sus más importantes representantes. Adapta las construcciones a la naturaleza y es característico en él la predilección por los materiales toscos, el empleo de ángulos de 30 y 60°, los muros oblicuos, la personal concepción del espacio interno, la simplicidad constructiva, los planos perpendiculares y el decorativismo «fin de siglo». Es también autor de numerosos escritos: Modern Architecture (1931), An Organic Architecture: the Architecture of Vemocracy (1935), Broadacre City (1935), When Democracy Builds (1945), etcétera. Wright es uno de los más grandes arquitectos contemporáneos. Su influencia se acusa en Berlage, Dudok, Mallet-Stevens, Skidmore, Owings, Merrill, George Howe, Richard Neutra, Ond, Gropius, etc. Murió en Phoenix (Arizona) en 1959.

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Carlos Eduardo Jeanneret (Le Corbusier). Arquitecto y urbanista suizo conocido por el nombre de Le Corbusier. Nació en La Chaux-de-Fonds en 1887 y adquirió la nacionalidad francesa en 1930. Fue discípulo de Joseph Hoffmann, en Viena, de Auguste Perret, en París, y de Peter Behrens, en Berlín. Le Corbusier es, con Wright, Gropius y Van der Rohe, el cuarto gran artífice de la renovación de la arquitectura contemporánea.

Le Corbusier

De sus obras más importantes destacan: Casas de Auteuil, Ciudad-jardín de Pessac, Tabelión del Esprit nouveau (Exposición Internacional, 1925), Ciudad-reíugio del Ejército de Salvación (París), Tabelión de la fundación suiza en la Ciudad universitaria de Taris, «Unité d’habitation», de Marsella (1945-1952), Plan de urbanismo de Chandigarh, nueva capital del Pendjab (India), etc. Cerca de cuatro mil planos de arquitectura, de urbanismo, de mobiliario, etcétera, han sido realizados en sus estudios: Plan de urbanización de Varis, del Talado de las Naciones Unidas de Ginebra, de la urbanización de Argel, de Barcelona, de Buenos Aires, etcétera. Entre los numerosos libros de arquitectura y urbanismo que ha publicado, citamos: Vers une architecture, L’art décoratif d’aujourd’hui, Urbanisme, Une maison-un palais, La Ville redieuse, Quand les cathedrales étaint blanches, Le Modulor, etc. Murió en 1965.

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Ludwig Mies van der Rohe. Arquitecto alemán. Nació en Aquisgrán en 1886. Su padre era maestro albañil, y propietario de un pequeño taller de cantería, y allí, juntó a su padre, recibió las primeras lecciones de construcción. A la edad de 15 años abandona la Escuela de Comercio y pasa a trabajar como delineante en los estudios de arquitectos de la localidad. Con diecinueve años marcha a Berlín, donde trabaja dos años con Bruno Paul, entonces el más importante diseñador alemán de muebles y decoración de interiores.

Ludwig Mies van der Rohe

Más tarde trabaja con Peter Behrens y en 1922 tuvo sus primeros contactos con Van Doesburg. En 1937 marchó a los Estados Unidos, donde asumió al año siguiente la dirección del Illinois Institute of Technology de Chicago. En Mies se reúnen las enseñanzas del grupo holandés De Stijl —se ha comparado su arquitectura con la pintura de Mondrian— y del Bauhaus alemán. Sus edificios consisten en un armazón de planos ligerísimos que se cruzan en el espacio, y en el empleo de elementos «estandardizados».

En sus construcciones, de acero y cristal, la superficie material se convierte casi en superficie aérea. Ha influido notablemente en la arquitectura norteamericana, especialmente en el ambiente de Chicago. Acusan su influjo los arquitectos Philip Johnson y Eero Saarinen (hijo de Eliel). Entre sus obras citamos: Tabelión alemán de la Exposición de Barcelona (1929), Casa Tugendhat de Bmo (1930), Casa de la Exposición de Berlín (1931), Illinois Institute oí Technology, de Chicago (1946), 5530 South Shore Drive (1949), Casa Farnsworth (1950), Casa McCormick, 860-880 Lake Shore Drive, de Chicago (1952), Proyecto del Teatro de Mannheim (1953), etc.

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Antonio Gaudí y Cornet. Arquitecto español, verdadero genio en el arte de construir. Nació en una masía de Riudoms (Tarragona) y fue bautizado en Reus en 1852.

Antonio Gaudí

De entre sus numerosas obras, dos solamente serían suficientes para enaltecer su nombre como creador de un nuevo estilo arquitectónico: el parque Güell y el templo expiatorio de la Sagrada Familia (ambas en Barcelona). En sus obras combinó el neogoticismo con una visión vital y personalísima de las inquietudes espirituales que fructificaron después en la arquitectura europea modernista de fines del siglo XIX.

Era además, un verdadero maestro en carpintería, en ebanistería, en talla y en forja, pero ante todo, un gran arquitecto que estudió la columna, el arco y la bóveda y su aplicación de diferentes formas. También estudió la mecánica aplicada a la piedra.

Entre sus obras merecen mención, aparte de las ya citadas: el Palacio episcopal, de Astorga; el palacio Güell; la Casa de los Botines, de León; las casas Calvet, Batlló y Milá. Falleció en Barcelona a consecuencia de un desgraciado accidente el 10 de junio de 1926.

 

Tunel Montblanc entre Francia Italia en los Alpes Tunel en Montaña

Tunel Montblanc entre Francia Italia en los Alpes

El 16 de julio de 1965 fue un día de fiesta para una quinta parte de los 580 millones de habitantes de Europa. Cien millones de franceses, italianos y suizos fueron ganados por la admiración cuando se inauguró el túnel del Montblanc. Caravanas de coches adornados con banderas recorrieron por primera vez las dos pistas, de 3,50 m de anchura, bajo el pico más alto (4807 metros) de Europa.

TUNELEl túnel del Montblanc, de 11,7 Km. de longitud, une Francia con Italia o, más exactamente, a Chamonix, en Saboya, con Courmayeur, en el valle de Aosta. Roma y París, las capitales de los dos países qué lo perforaron, se acercaron en 20 horas de coche.

El nuevo túnel alpino es uno de los más recientes ataques al mayor obstáculo del tráfico en Europa: la cordillera de los Alpes, de 600 Km. de largo y entre 1500 y 4800 m de altitud.

Los túneles a través del macizo alpino siempre han sido hierros candentes de la alta política. Más de un gobierno se pilló los dedos. Pero los países que lo perforaron a través de la roca lograron inmensos beneficios económicos.

Sin embargo, cada nuevo túnel alpino amenazaba, por otro lado, el equilibrio económico europeo. Así fue que entre los países afectados e interesados se desencadenaron verdaderas “guerras de túneles’.

Empezó Francia con el túnel de Mont-Cenis, acabado en 1871 y que le aseguró, durante un decenio, la hegemonía sobre el comercio entreTUNEL CONSTRUCCION Inglaterra y Europa Occidental por un lado, y entre el Mediterráneo y el Oriente por otro.

Pero en 1878 el túnel suizo del San Gotardo le hizo la competencia.

Este resultó ventajoso, sobre todo, para la Alemania imperial. Más tarde, los suizos e italianos construyeron juntos, con desagrado de los alemanes, el túnel más largo del mundo; el túnel ferroviario del Simplón, de 19 825 m de longitud. Pero hoy día son más interesantes los túneles automovilísticos que los ferroviarios.

El proyecto del túnel del Montblanc ocupaba ya hacía tiempo a ingenieros italianos y franceses. Finalmente, en marzo de 1953, se llegó en París a un acuerdo en cuanto a la técnica y distribución de los gastos.

La ciudad de Ginebra, interesada también en la construcción del túnel, tomó a su cargo una parte de los 3760 millones de pesetas previstas. Ambos equipos de perforación, el francés y el italiano, deberían encontrarse a los 5600 m en el interior de la montaña. El Montblanc fue un bocado especialmente duro para los italianos.

Tuvieron que atravesarduras formaciones pizarrosas. Plataformas móviles de trabajo, en las que se habían montado hasta 20 perforadoras automáticas de alto rendimiento, avanzaron lentamente en el interior de la montaña, durante seis años y medio. Máquinas especiales extrajeron del túnel hasta un millón de metros cúbicos de escombros. Como en toda perforación de esta clase, hubo muchos contratiempos.

Las inundaciones y desprendimientos de piedras hicieron casi desesperar a los topos humanos. El campamento italiano se vio destruido por los aludes.Pero los gastos han valido la pena. El túnel del Montblanc no ha sido mal negocio para sus constructores.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: La construcción de este túnel, de 11.600 m de longitud, había durado seis años y medio. Después de que se hubo constituido, en 1949, una comisión de estudio, los proyectos elaborados por ella quedaron finalmente aprobados por los dos países algunos años más tarde. Los trabajos se iniciaron en 1959, el 8 de enero en la vertiente italiana y el 30 de mayo por el lado francés.

Pronto se hizo evidente, sin embargo, que los técnicos habían subestimado los gastos que iba a ocasionar tan gigantesca obra que a su terminación había costado 30.000 millones de francos franceses a cada uno de los dos países.

En Italia, principalmente, chocaron con dificultades imprevistas, pues aunque la dureza de los macizos de rocas era menor de lo que se había calculado, había que contar con el agua que, procedente de los glaciares, inundaba el lugar en el que trabajaban los obreros.

Hubo que hacer frente a hundimientos que dañaron los taladros y otros materiales y a veces se perdían semanas enteras para desalojar los escombros antes de poder seguir con el trabajo normal. Sin embargo, fueron las inundaciones las que proporcionaron más quebraderos de cabeza.

Después de dos años de trabajo los italianos perforaron una vena de agua que vertió 2.000 litros por segundo en el interior del túnel, que se encontró rápidamente bajo 30 cm de agua. Se pusieron en funcionamiento nuevas instalaciones de bombeo.

Las sorpresas de este estilo retrasaban de manera notable el avance de los trabajos, que avanzaban con más rapidez en unos lugares que en otros. Así, por ejemplo, se superaron en 1962 (en el sector italiano) los trabajos de los años anteriores. Es evidente que la organización y la experiencia adquirida entraron también en juego al final. ¡En siete meses consiguieron perforar 1.098,5 m y evacuar 130.970 m³ de rocas!

Al final los italianos habían necesitado tres años y siete meses para perforar la sección del túnel que les correspondía, es decir, 5.800 m, y para evacuar 440.870 metros cúbicos de rocas y otros escombros.

El 14 de agosto de 1962 se llegaba a la mitad del túnel, y los obreros franceses e italianos pudieron darse la mano. Ya la víspera, los italianos, por medio de un tubo, habían ofrecido vino a sus camaradas franceses. Pero si la perforación había terminado faltaba mucho todavía hasta dejar la obra terminada y hubo que trabajar durante largo tiempo en el establecimiento del piso de la carretera, así como en la puesta a punto de los sistemas de iluminación y ventilación del túnel.

En un túnel tan largo no era fácil proveer la aireación adecuada, tanto más cuanto que estaba destinado al tráfico automovilístico.

A despecho de las precauciones que se tomaron, tan numerosas como severas, hubo que lamentar varios accidentes mortales. Cinco obreros italianos hallaron la muerte durante los trabajos en la montaña y otros tres suoimbieron, el 5 de abril de 1963, bajo una avalancha que devastó el campamento en que se albergaban durante aquellas obras.

El túnel del Mont-Blanc es el mayor del mundo de los destinados al tráfico automovilístico. El piso de la carretera, revestido de hormigón, tiene una anchura de 8 m y en cada lado lo bordea una acera de 80 cm. Cada 300 m se ha previsto una pequeña zona de aparcamiento para los vehículos que tengan una avería, y hay infinidad de huecos provistos de teléfono jalonando el recorrido.

El túnel bajo el Mont-Blanc sube en pendiente suave de Francia en dirección a Italia. La entrada italiana está situada a una altura de 1.381 m, y la del lado francés únicamente a 1.274. Dentro del túnel los automóviles deben circular a una velocidad obligatoria que no puede ser menor de 50 ni exceder de 70 km por hora, velocidad que es controlada mediante radar.

Para pasar por el túnel hay que satisfacer peaje, medida provisional encaminada a amortizar progresivamente las enormes sumas invertidas en la obra, amortización que se espera conseguir a corto plazo, pues el número de vehículos que harán uso del túnel por razones puramente utilitarias se calcula en medio millón, a los que se unirán los de los numerosos turistas que acudirán a aquel lugar por curiosidad y por interés; todo ello quedó puesto de manifiesto el lunes 19 de julio de 1965, día en que el túnel quedó abierto al público.

Desde la caída de la tarde de la  víspera varios coches esperaban  a la entrada para asistir al momento de la apertura, que iba a celebrarse a las cinco de la mañana. El enlace del túnel con la red de carreteras es aún susceptible de perfeccionamiento, especialmente en territorio italiano.

Este túnel es una obra maestra de la técnica moderna, pero su capacidad es reducida, pues el monóxido de carbono que sale de los tubos de escape ha de ser evacuado con regularidad. Cuando el número de vehículos que circulan por él es demasiado elevado y la ventilación insuficiente, se enciende una luz roja y los coches deben aguardar a la entrada hasta que les abran paso.

Otra causa de detención es el control de la aduana, que también fue previsto. Ambas aduanas, italiana y francesa, se hallan a la salida del túnel en la vertiente italiana.

 

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Catedral de La Sagrada Familia Catedral de Gaudi Barcelona España

Catedral de La Sagrada Familia en Barcelona
Gaudi- España

Cuando el librero José María Bocabella compró el amplio solar con el propósito de construir en él un templo expiatorio que estuviera dedicado a la Sagrada Familia, sus intenciones reales no eran ciertamente la que luego se hicieron realidad.

Para él hombre de profunda religiosidad, el fin primordial era crear un baluarte de la fe, un claro punto de referencia espiritual dentro del recinto de Barcelona, una ciudad que si iba desarrollando rápidamente según lo planos de los arquitectos Cerdá (1859) Rovira (1868).

Planos que habían dado preferencia al sistema que proponía como esquema urbanístico básico una monótona repetición de bloques cuadrados, pero que parecía demasiado “modernista” a todos los que consideraban que Cataluña era una especie de isla que debían defender de los asaltos del exterior.

Para contrastar con una geometría urbana tan pobre, el nuevo templo debería tener una estructura que recordara la de las antiguas catedrales,  para conseguir que así fuera se eligió a arquitecto Francisco de Paula del Villar, quien realizó el proyecto “gótico”.

Según  los planos de Villar, la iglesia debería medir 97 metros por 44, tener una planta en cruz latina, tres naves y un amplio ábside semicircular que albergaría nueve capillas; en e] centro estaba prevista una cripta, cuyas obras fueron las primeras, que se iniciaron, el día 1 de marzo de 1882. Pero ocurrió que, al cabo de pocos meses, empezaron las discrepancias entre Villar y el arquitecto Martorell, figura de primera categoría en el ambiente artístico catalán y amigo y consejero del librero Bocabella.

Villar dimitió, y Martorell, invitado a ocupar su puesto, lo rechazó, pero aconsejando confiar la prosecución del trabajo al joven Gaudí, ayudante suyo en algunas obras y compañero del librero en los peregrinajes a Montserrat. Así fue como el 3 de noviembre de 1883 el artista empezaba la obra a la, que había de dedicar gran parte de su vida, hasta el punto de hacer de ella, ya en los años de su vejez, el objeto en el que convergirían todos sus pensamientos y todas sus actividades. Gaudí no elaboró en seguida el proyecto definitivo, sino al contrario, tardó mucho en llegar a este resultado, pues como se pone de manifiesto en los numerosos esbozos que dejó, la visión completa del conjunto no estuvo clara para él hasta los últimos años de su vida.

Este proceder, que obedecía a intuiciones sucesivas, era típico del maestro catalán; llegaba a la definitiva expresión creadora a través de una gradual aproximación, dejando sedimentar poco a poco sus ideas hasta que se traducían en una forma concreta. Por otro lado, su fantasía, puramente plástica e inclinada al empleo de todos los materiales disponibles (hormigón, piedra, ladrillo, hierro, pasta vidriada, cerámica), no podía reducirse al limitado campo de una hoja de papel, al esquematismo bidimensional de un dibujo, sino que sentía la imperiosa exigencia de modelar en el espacio, de trabajar directamente, aunque fuera a escala reducida, sobre la misma materia.

En un principio Gaudí se sintió en cierta manera influido y mediatizado por el esquema impuesto por su predecesor, pero su indecisión duró muy poco, no tardando en transformar la cripta, que era el único elemento parcialmente definido. Elevó diez metros la altura de la bóveda y pronto dejó intuir lo que después sería el fin supremo de su trabajo: dar la máxima verticalidad a las estructuras para recrear no los resultados formales del gótico, sino el espíritu que animó a los artífices de este estilo. Con este fin, Gaudí, que con frecuencia fue considerado como un arquitecto gótico que había llegado al mundo con enorme retraso, abolió dos elementos esenciales del gótico “verdadero”: los arcos apuntados y el contrapunto de arbotantes y contrafuertes, que él mismo calificaba como las “muletas” de los edificios. (imagen: Antoni Gaudí)

En su lugar introdujo el arco parabólico y la inclinación de las columnas según la resultante de la composición de los pesos que sobre ellas gravitaban, lo mismo que “un tronco de árbol se inclina según la masa de las hojas sostenidas, por las ramas”. Siguiendo con el proyecto, Gaudí fue modificando por completo los planos de Villar, extendiendo el primitivo programa de una “representación sagrada” a una amplitud, complejidad y audacia tales que fue mucho más allá de las intenciones y fantasías del más ambicioso y previsor proto maestro gótico.

Las dimensiones fueron entonces de 120 metros por 40, a fin de que hubiera espacio para una planta en cruz latina con cinco naves, completada con doce campanarios (los doce apóstoles) y con un cimborio que representaba la gloria de Jesucristo. Dicho cimborio debía alcanzar una altura de 160 metros, es decir, superior a la de San Pedro, detalle que, demuestra que la simbología cristiana iba acompañada también del orgullo del catalán, aunque católico entre los católicos; es el mismo orgullo que, extendido a toda la hispanidad, le hará representar también las ciudades de Valencia, Granada, Toledo, Burgos, Valladolid, Santiago y Sevilla en las ocho columnas anteriores de la nave central.

Las cuatro columnas mayores, destinadas a sostener el cimborio, debían reproducir a los cuatro evangelistas, Mateo, Marcos Lucas y Juan. Los apóstoles, distribuidos en grupos de cuatro y dispuestos en forma de campanario, vigilarían las tres entradas, cada una de ellas con tres puertas que simbolizaban la Fe, la Esperanza y la Caridad. La entrada de levante se dedicaba al Nacimiento y a la Epifanía de Jesús; la de poniente a su Pasión y Muerte, y la de mediodía, la principal, a su Gloria y al Juicio Final. Pero lo que asombra de un proyecto semejante no es la correspondencia biunívoca entre los elementos arquitectónicos y la historia sagrada llevada hasta las últimas consecuencias, sino la previsión de que toda esa estructura se iba a completar con centenares y centenares de estatuas en bulto redondo o en alto relieve y además con paredes pintadas, esmaltes, mayólicas, pastas de vidrio y hierros forjados.

Frente a tal profusión, frente a una orgía tal de medios expresivos, algunos investigadores han opinado que debían considerar a Gaudí como barroco. Sin embargo, su personalidad, vinculada a sus orígenes —y Gaudí lo estuvo visceralmente—, traspasa de tal manera los límites de cualquier tradición que el arquitecto no puede integrarse en ninguna clasificación conocida. Quizá por esto el artista catalán fue ignorado durante mucho tiempo por la crítica contemporánea. Con la excepción de un juicio positivo de Le Corbusier en 1928, o una interpretación de “barroco” por parte de Cassau en 1933 y otra desde el punto de vista surrealista de Dalí, su nombre fue prácticamente ignorado por las vanguardias artísticas europeas, que sólo se dieron cuenta de su valía y de la trascendencia de su obra después de la segunda Guerra Mundial, cuando hacía ya veinticinco años que había desaparecido, dejando, como recuerdo de su extraordinaria fantasía, esbozos. maquetas, anotaciones y apuntes del templo, pero por desgracia menos testimonios concretos.

En efecto, la Sagrada Familia, en el momento en que murió su creador, se reducía prácticamente, o sea en cuanto a elementos construidos, a la cripta, a parte del ábside y a la fachada del’ Nacimiento, estando en construcción las torres que habían de dar la inconfundible característica gaudiniana a todo el templo. Y llegando aquí conviene hacer un breve recorrido de las etapas cronológicas de los trabajos: el 19 de marzo de 1885 se celebró la misa en la cripta, que aún no se había cubierto; entre 1887 y 1893 se construyen las paredes del ábside; mientras tanto se cubre la bóveda de la cripta, ultimada en 1891. Después se iniciaron los trabajos de la fachada del Nacimiento: en 1903 se completan las estructuras básicas y los portales; el primer campanario se concluyó en 1918 y el segundo en enero de 1926.

Después de la muerte de Gaudí, el arquitecto Sugranyes acabó la construcción de las torres que faltaban, y tras un largo período en que las obras estuvieron suspendidas, los arquitectos Quintana, Bonet Garí y Puig Boada levantaron la fachada de la Pasión, cuyas torres quedaron completadas en 1976. Es poco, ciertamente, en relación con la suma de energías gastadas y de los esfuerzos realizados; pero aun así, lo que hasta su muerte pudo llevar a término testimonia su capacidad y su genio para crear nuevas formas y para dominar la materia “inventa- da” para componerlas. Y para demostrarlo basta ver las agujas con las que terminan los cuatro campanarios, que “parecen hechas por el mismo hombre que las concibió”. Las catedrales nunca, o casi nunca, han podido ser la obra de un solo hombre.

Tampoco podía serlo la Sagrada Familia de Barcelona, por sus colosales dimensiones. por lo ambicioso de su concepción, por la fabulosa cantidad de elementos secundarios y marginales que han, de figurar en su decoración y por la misma inquietud artística del propio Gaudí, que le impulsaba constantemente a cambiar, a renovarse, a superarse siempre en una tarea sin fin. La Sagrada Familia nació como un deseo colectivo; por ello, en Cataluña, muchos están convencidos de que debe acabarse. En este sentido se han realizado algunos intentos y otros se están llevando a cabo. Para ello existen los diseños de Gaudí y sus maquetas, algunas reconstruidas después de la guerra civil basándose en sus apuntes.

En el interior mismo del templo hay un museo en el que se conservan muchos de esos inapreciables testimonio. Otros han sido reunidos por la fundación “Amigos de Gaudí” y por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Pero quizás el propio Gaudí, si aún viviera y se entregara como siempre a su desbordada fantasía, prescindiría de todo ello y crearía nuevas formas y forjaría nuevos proyectos, sin llegar a acabar tampoco “su” iglesia.

Fuente Consultada: Enciclopedia de las Maravillas del Mundo Tomo III 

El Planeamiento Urbano Las Grandes Ciudades Ordenamiento

El Planeamiento Urbano Para El Ordenamiento de las Grandes Ciudades

EL PROBLEMA URBANO: En nuestro tiempo, ciudad y vida urbana son dos términos interdependientes: por un lado expresan el triunfo del hombre sobre la Naturaleza en su constante lucha por el dominio de ésta, y, por el otro, paradójicamente, el modo de vida propio de las urbes modernas ha ido divorciando al hombre en forma creciente de su necesaria relación de disfrute de la Naturaleza.

El sol, al aire puro, una playa, el verde de los campos, comienzan a transformarse en ansiados deleites que, nunca, el esperado fin de semana logra satisfacer, menos aún cuando esta búsqueda significa una verdadera competencia con muchedumbres y caravanas interminables.

Las condiciones actuales de la vida ciudadana, tanto en los aspectos físicos como de higiene y salubridad, conducen al planteo del problema urbano en su conjunto. La formulación de Le Corbusier -«La ciudad que dispone de la velocidad dispone de éxito»- resulta hoy de un acentuado simplismo como para definir adecuadamente la complejidad de la vida en las ciudades.

arquitecto le cobusierSi bien la ciudad ha contribuido al incremento del número y la frecuencia de los contactos e intercambios entre individuos y grupos distintos en su seno, también ha servido para debilitar la profundidad de esas mismas relaciones, incluso a nivel de la propia familia.

Las ciudades continúan aumentando su caudal humano y, al mismo tiempo, prosiguen su crecimiento edilicio y de servicios. Hoy en día, el 70% de los estadounidenses, por ejemplo, se concentra en grandes centros urbanos, y la mitad délas mayores ciudades del globo pertenecen a los países en vías de desarrollo.

De continuar, pues, el actual ritmo de urbanización, la mayoría de la población mundial estará concentrada para fines del siglo XX en ciudades de más de 100.000 habitantes. Este panorama contrasta con la tranquila vida pueblerina o rural y señala la acumulación de oportunidades sociales, económicas y culturales.

El surgimiento de las urbes reconoce sus antecedentes más lejanos en las villas que hacia fines de la Edad Media comienzan a agrupar en su seno a comunidades autosuficientes en cuanto a bienes y servicios.

Sólo a partir de mediados del siglo XIX, con la modificación de la estructura de trabajo y de las técnicas productivas, cobra formas definitivas la ciudad contemporánea: este proceso se acompaño de cambios sustanciales en el modo y con ten ido de las relaciones de los habitantes de la ciudad y del campo.

Es la organización industrial, con asiento en las urbes, la que da lugar y sirve de sustento al drenaje de elementos humanos que emigran hacia las capitales nacionales y provinciales.

Algunos de los factores fundamentales en la consideración del problema urbano son el déficit habitacional, la relación de la vivienda con el ambiente todo y, también, las relaciones de las viviendas con sus servicios y las de las primeras entresí. Hasta el momento, las propuestas y experimentos llevados a la práctica no han bastado para resolver una cuestión que, en muchas partes de! mundo, tiene características endémicas y alarmantes, pues está íntimamente ligada con la densidad de población y el desarrollo económico-social de la nación como entidad.

Frente a este cúmulo y entrecruzamiento de problemas de raíces dispares surgió un movimiento inspirado en la racionalización del uso del suelo, como forma de terminar con la confusión del crecimiento urbano caótico y para reubicar el habitat del hombre en conjunción con la Naturaleza.

Uno de los principales impulsores fue el arquitecto y diseñador Le Corbusier (1887-1966), quien participó en. las tareas realizadas por los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna). Entre las primeras proposiciones figuraba la de construir viviendas miniaturizadas en a/tura que facilitaran la concentración urbana, evolucionando luego hacia la idea de entidades formalmente unitarias, donde cada habitación, con su equipamiento mínimo, no sería sino espacio vital donde desarrollar una parte de la vida cotidiana.

Así, una ciudad podía pensarse dentro de una concepción unificada y eso lo intentó Le Corbusier al proponer un modelo teórico para una ciudad de unos tres millones de habitantes.

PLANEAMIENTO URBANO: El planeamiento urbano consiste en el diseño de un modelo, por parte de las autoridades gubernamentales pertinentes, para la construcción de ciudades o pueblos, o para la adaptación de los ya existentes, de acuerdo con sus necesidades y funciones específicas.

Entre los años 3000 y 2000 a.C., en el valle del Indo, se preveían alcantarillas y desagües. Los romanos, mucho tiempo después, construyeron ciudades con un foro central y cerca de él, los baños públicos y edilicios; fueron, además, los maestros en la construcción de acueductos, los cuales perduran hasta hoy.

En la Edad Media, como las ciudades estaban amuralladas para defenderse de ataques enemigos, la población iba creciendo sin contar con agua potable ni cloacas, lo cual favorecía la proliferación de plagas y enfermedades.

Tras la Revolución Industrial, surgió el problema de la contaminación del aire a gran escala, si bien aumentaron las redes de suministro de agua, desagües y alcantarillados. Cuando se alejó a las fábricas de las zonas pobladas, fue mayor el uso del automóvil y de otros medios de transporte, lo que llevó a la construcción de nuevos caminos pavimentados.

El planeamiento urbano debe ser lo suficientemente flexible para poder adaptar a las ciudades al cambio de ideas y modos de vida. Pero, ¿se está cumpliendo actualmente con las normas mínimas del planeamiento urbano? En un mundo en el que nunca se había construido tanto, ¿nos encaminarnos, paradójicamente, hacia una “desurbanización” ocasionada por el crecimiento anárquico de las grandes aglomeraciones?

Unos 1.300 millones de personas viven actualmente en las ciudades del Tercer Mundo. Esta población urbana es superior a la de Europa, América del Norte y Japón reunidos, y es muy probable que en los próximos diez años aumente en unos 500 millones más. Mientras los gobiernos y organizaciones asistenciales estudian las estrategias adecuadas, la población de ciudades como Karachi y Bombay se incrementará anualmente en más de 300.000 habitantes, la de San Pablo en más de 400.000 y la de la zona metropolitana de la ciudad de México en más de 500.000. La población de decenas de centros urbanos pequeños experimentará también un rápido crecimiento.

Pese a las enormes diferencias entre las sociedades, las culturas y las economías, que las construyen y configuran, actualmente las ciudades se están pareciendo unas a otras, mucho más que en la época colonial en que fueron fundadas. Obviamente, los problemas urbanos merecen mayor atención.

Una de las razones del escaso éxito conseguido por las políticas gubernamentales en la gestión del crecimiento urbano y el mejoramiento de las condiciones de vida es que los gobiernos no comprenden cabalmente cómo funcionan las ciudades, cómo se ganan la vida las personas y los hogares de bajos recursos, cómo utilizan su tiempo los distintos grupos sociales y qué papel pueden desempeñar las organizaciones familiares y comunitarias. No se salvarán vidas humanas ni mejorarán las condiciones sanitarias si la mayor parte de los fondos públicos se dedican a burocracias en plena expansión, dejando a los hospitales y los dispensarios sin los equipos y suministros básicos.

El suministro de agua potable, saneamiento, alcantarillado y la recolección de residuos, la pavimentación de las calles, los sistemas de atención médica y otros servicios de primera necesidad podrían facilitarse eficazmente y a bajo costo si se aprovecharan los recursos locales, y si las autoridades municipales trabajasen en conjunto con los grupos de bajos ingresos y sus organizaciones comunitarias. El encauzamiento de mayores recursos para la satisfacción de las necesidades de los grupos más desfavorecidos no significa necesariamente desviar hacia los núcleos urbanos fondos destinados a las zonas rurales, sino más bien aprovechar mejor los recursos existentes.

Fuentes: “La ciudad desbordada” por Wolf Tochtermann; “Los sin techo”, por Jorge E. Hardoy y David Satterthwaite, UNESCO, 1991. 

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Historia de Brasilia Urbanismo Capital de Brasil Maravilla Arte

Historia de Brasilia – Urbanismo Capital 

Brasilia (en portugués Brasília) es la capital de Brasil, localizada en la parte central del país, unos 950 Km. al noroeste de Río de Janeiro. Tiene una población de 2.455.903 habitantes según las estimaciones del censo de 2007 y es la sede del gobierno federal, conformado por el presidente —quien trabaja en el Palacio de Planalto—, el Supremo Tribunal Federal de Brasil y el Congreso Nacional de Brasil.(WIKIPEDIA)

En Brasilia, la nueva ciudad federal brasileña surgida en la meseta interior de Goiás, el trabajo del arquitecto Oscar Niemeyer es a todas luces el más interesante. El plan piloto de la nueva capital es el de Lucio Costa, un arquitecto de fama y hasta de nacionalidad casi internacional, que ganó el concurso entre otros veintiséis proyectos.

Con este plano, Costa ha tratado y conseguido distribuir la ciudad de una manera extraordinariamente funcional, separando cada una de las zonas, trazando una red de vías completísima y sembrando los espacios verdes con la suficiente maestría como para que la futura capital brasileña pueda ser llamada con entera justicia la ciudad-parque.

Sin embargo, el trabajo de urbanista de Lucio Costa ha sido superado en interés arquitectónico por las distintas zonas de edificios públicos levantados por Oscar Niemeyer.Niemeyer es un arquitecto vinculado desde hace décadas a la obra política del presidente federal, Juscelino Kubitschek, con el que empezó a trabajar cuando éste fue prefecto y gobernador de su estado natal de Minas Gerais.

Al decidirse la construcción de una nueva capital federal que vertiera la preocupación pública y privada de todo el país hacia el interior de la enorme nación atlántica, se constituyó una sociedad, la Novacap, en septiembre de 1956. El arquitecto Osear Niemeyer pasó a ocupar la jefatura del Departamento de Arquitectura y Urbanismo, encargándose directamente de la construcción de los edificios oficiales de la nueva sede del Gobierno Federal, así como de algunos centros de habitación, de la catedral, del centro bancario de Brasilia, además de alguna otra obra aislada.

Brasilia supone para la arquitectura contemporánea uno de los empeños más grandes de los últimos cincuenta años. Elegido el lugar, la construcción de la ciudad, con multitud de edificios oficiales, hoteles, parques, avenidas, bancos, bloques de viviendas, teatros y cines, zonas deportivas, etc., realizada con abundancia de medios materiales, ofrece a los arquitectos brasileños de nuestro tiempo una coyuntura profesional realmente maravillosa.

De aquí que el mismo Niemeyer, que poseía ya en su haber una obra larga e interesante, no tenga inconveniente en confesar que sus edificios de Brasilia serán su obra definitiva, la cristalización de esos deseos que todo artista abriga siempre y que en tantos menos afortunados quedan sin realizar

Su construcción no se decidió a consecuencia de un ramalazo de entusiasmo popular, ni es tampoco un alarde de la capacidad de los arquitectos, sino que es el fruto de una voluntad política determinada que trataba de resolver, con un acto sustancialmente autoritario, las contradicciones económica-sociales del país.

 Brasilia - Urbanismo Capital

En realidad, en Brasil ya se había decidido, hace 150 años, trasladar la capital; en efecto, en el acta de proclamación de la República, en 1890, un artículo de la Constitución preveía ya dicho desplazamiento a una localidad del interior, pero sin precisar el lugar. Dos años después, una comisión de científicos, pero no arquitectos ni ingenieros, inició una serie de investigaciones que acabaron con la recomendación de una localidad de la altiplanicie central: el Plan Alto.

Sin embargo, no se llegó a ningún resultado concreto, y la mismo sucedió con las comisiones nombradas en los años que siguieron. Mucho después, ya en 1953, el presidente Getulio Vargas volvió a tomar la decisión de trasladar la capital al interior, sobre todo para favorecer el desarrollo económico de aquella zona del país y, en general, de todas las zonas del interior frente a las hasta entonces privilegiadas de la costa. Con este fin, pues, se creó una comisión que intentaría localizar un lugar para la nueva capital de Brasil, escogiéndose para ello una zona de 52.000 km2 dentro de la cual debería elegirse el punto exacto para construir la nueva ciudad.

Además, el gobierno brasileño encargó a una sociedad americana que efectuara investigaciones para seleccionar cinco posibles localidades, teniendo en cuenta que la proyectada capital habría de albergar medio millón de habitantes. En marzo de 1955 se entregaron al nuevo presidente de la república, Kubitschek, los resultados de los estudios llevados a cabo, basados en una campaña aereofotogramétrica, en virtud de los cuales se había elegido un lugar situado en una amplia meseta entre las cuencas de los ríos San Francisco, Amazonas y Río de la Plata.

En septiembre de 1956 se convocó el concurso para el plan piloto de la nueva capital, resultando vencedor el proyecto de Lucio Costa. La idea de Costa se basa en el esquema más antiguo que se conoce: la cruz. En efecto, creó dos direcciones principales, una urbana y otra destinada al tráfico, que marcan una clara distinción entre la zona ejecutiva y la residencial.

En la dirección que va desde la plaza de los Tres Poderes (legislativo, judicial y ejecutivo) a la estación del ferrocarril (flanqueada por los depósitos de las pequeñas industrias) se encuentran la catedral, los ministerios, los bancos, los edificios comerciales, los sectores recreativo-culturales, con el centro televisivo y el deportivo y, finalmente, la plaza municipal y la zona de los cuarteles.

Los barrios residenciales, dispuestos en franjas a lo largo del eje longitudinal, que es ligeramente curvo, aparecen como una sucesión de cuadrados en los que se incluyen, además de los edificios para viviendas, una escuela elemental, un liceo o colegio, una capilla, un mercado y un supermercado; la agrupación de cuatro cuadrados constituye un barrio.

En la franja exterior de esos cuadrados de la zona residencial se encuentran la ciudad universitaria y las embajadas y, más allá de éstas, las casas individuales, la estación de autoservicio, el yacht club, el campo de golf y la residencia privada del presidente. Las zonas externas de las alas residenciales se destinan a jardín botánico (al norte) y a parque zoológico (al sur), además de espacios para campos de equitación y otros para la celebración de ferias. El cementerio y el aeropuerto están a ambos lados de la zona residencial del sur.

La fundación de Brasilia, incluso dentro de la validez de los motivos económico-sociales que la impulsaron, queda enmarcada en el campo de las decisiones políticas. Pero en su ilusión de concretar, Brasilia corre el grave peligro de convertirse en una capital simbólica o, peor aún, en una ciudad estrictamente burocrática. Construida como un monumento más perenne que el bronce, ya está sufriendo lentamente la suerte de los grandes monumentos del pasado, que la historia llenará de otros significados, y destinados a ser modificados por los acontecimientos (los acontecimientos que, con su presencia, querían modificar).

De todas formas, queda la imagen de esta ciudad enorme, no congestionada, cuyo amplitud transmite al visitante la concepción de un tiempo y de un espacio que van más allá de nuestras dimensiones habituales. Proyectadas hacia el futuro, tales dimensiones sólo nos parecen comprensibles si se tienen en cuenta las del propio Brasil.

Esta nación enorme (la cuarta del mundo en superficie), llena de desequilibrios y de posibilidades, con ciento ochenta millones de habitantes únicamente, con zonas todavía inexploradas, un subsuelo riquísimo y una vivaz cultura en formación, ha encontrado precisamente un primer desarrollo original en la arquitectura moderna, que ha producido, y continúa haciéndolo, personajes de gran categoría.

Ésta es la razón por la que Brasilia ha representado la gran ocasión de la moderna arquitectura brasileña, el gran experimento, una experiencia crucial en el proceso de transformación, no sólo de Brasil, sino también de toda la América Latina.

Para tener una idea de las dimensiones de esta ciudad basta situarse en el punto más elevado del cruce de los dos ejes principales, desde el que se goza de una incomparable vista del centro de la urbe en toda su extensión. Los lejanos edificios de la Cámara de los Diputados, con sus cúpulas, parecen, a la luz del crepúsculo, platillos volantes suspendidos apenas sobre una plataforma. Detrás de ellos se yergue el edificio de las Secretarías, que nos recuerda una rampa de lanzamiento de misiles.

El aspecto monumental es el denominador común de todos los edificios del conjunto; este carácter no está vinculado a cada una de las construcciones en particular, sino a la relación que entre ellas existe, junto a la naturaleza circundante y al elemento luz; precisamente estas complejas relaciones crean un espacio casi irreal, de sueño. Cada arquitectura presenta el raro encanto de volúmenes geométricos situados en un plano sobre el que rueda la luz.

Y sin embargo, ésta es una de las contradicciones más evidentes de Brasilia: el contraste entre el aspecto declaradamente moderno, y a veces hasta futurista de cada una de las obras, y los principios compositivos que las animan, más inspirados en una perspectiva renacentista y barroca que en los de una ordenación contemporánea.

Junto a Lucio Costa, el viejo maestro de la arquitectura moderna brasileña, también ha unido su nombre a la realización de Brasilia el arquitecto Oscar Niemeyer. Cuando se estaba construyendo la ciudad, él ya era, desde hacía años, un consagrado y celebrado profesional, cuyas obras se encuentran en diversos lugares del Brasil y del continente sudamericano.

Oscar Niemeyer Soares Filho nació en el seno de una familia acomodada el 15 de diciembre de 1907, en Río de Janeiro. Después de haber frecuentado el colegio de los barnabitas, empezó, en 1930, los estudios de arquitectura; y tras la revolución de Getulio Vargas se formó en un ambiente que apoyaba sustancialmente a los artistas de vanguardia, llegando a ser uno de los personajes clave de la arquitectura moderna en su país.

En un clima cultural donde todavía imperaba el academicismo ochocentista, recogió el mensaje de Le Corbusier, adaptándolo a la realidad de su tierra, donde la relación con la naturaleza se impone con violencia. Con ello el repertorio racionalista se simplifica: pocos motivos elementales, muy característicos en su definición espacial, sustituyen el contrapunto estructural de Le Corbusier.

El choque con el sensacional paisaje brasileño se afronta con una inmediatez que lleva a Niemeyer a expresar una imagen que nace ya desnuda (mientras en Le Corbusier se llega al mismo punto a través de sucesivas simplificaciones). En 1936, al iniciar sus actividades, obtuvo, junto a L. Costa, A. E. Reidy y E. Vasconcelos, el encargo para el Ministerio de Educación y Sanidad de Río. Fue entonces cuando se encontró con Le Corbusier, que había sido llamado por Costa para ser consultado: el encuentro fue un acontecimiento fundamental para la posterior producción de Niemeyer y para toda la arquitectura brasileña.

En el Palacio de los Ministerios se refleja, con gran claridad, el programa del gran arquitecto francés, con las soluciones pensadas para París, Argel, Nemours y Buenos Aires: así encontramos los pilotines (las sólidas pilastras que levantan el edificio del suelo); las terrazas jardín en lugar del tejado; el pan de yerre, es decir, la fachada totalmente de vidrio, y los brise soleil, protectores arquitectónicos (aquí tan necesarios) contra la reverberación del sol.

A todo ello se añade, además, el empleo de los azulejos, los típicos ladrillos de mayólica esmaltada que, combinando con la vegetación tropical de los jardines (diseñados por Roberto Burle Marx para la plaza anterior al edificio y para las terrazas), hacen resaltar claramente el planteamiento regionalista de la obra.

En 1942, Niemeyer se afirmó definitivamente, proyectando para Pampulha el casino, el yacht club, el restaurante Baile y la iglesia de San Francisco de Asís. Sin embargo, esta experiencia, aun siendo notabilísima, constituye, si se la compara con su actividad posterior, una nueva investigación de laboratorio.

En 1956, Kubitschek, elegido presidente de la República, empeña sus mejores energías en la fundación de Brasilia. Y Niemeyer, nombrado superintendente técnico del Novacap, el ente para la edificación de la nueva ciudad, recibió el encargo de proyectar la residencia del gobernador y el hotel para huéspedes oficiales. Al mismo tiempo se convocaba el concurso para el plan urbanístico, en el que venció, como ya se ha dicho, el arquitecto Lucio Costa.

Al proyectar los edificios de Brasilia (además de los ‘a citados, recordemos la capilla anexa al palacio presidencial, el Senado y la Cámara de los Diputados), Niemeyer siguió los mismos criterios que inspiraron el plan de Costa: cada uno de tales edificios nace de un punto formal muy simple, elemental. desarrollado con gran sobriedad en sus detalles constructivos.

A menudo la estructura sustentadora no tiene ninguna relación con elementos decorativos característicos. ‘. componente ornamental procede no de la observación particular próxima, sino de la relación del edificio con la nueva escala. verdaderamente inusitada, del espacio circundante, que obliga a observarlo, dada su excepcional amplitud, desde distancias mucho mayores de las que hasta entonces habían sido habituales. El palacio del Parlamento (o del Congreso Nacional) está situado en el vértice de la triangular plaza de los Tres Poderes, y a ambos lados se levantan el Tribunal Supremo y la sede del poder ejecutivo.

De todas las construcciones es, sin duda, la más grande y articulada, compuesta de dos partes bien diferenciadas: un edificio horizontal de tres pisos, con un frente de doscientos metros, que alberga al Senado. ubicado en una media esfera, y la Cámara de los Diputados, situada en otra semiesfera más amplia pero invertida. Como es de suponer, a este articulado conjunto hay que añadir todos los servicios, que, como es natural, son completos y numerosos. Más abajo, gracias a un elaborado sistema de distribución, se desarrollan las actividades de los diputados, del personal, de la imprenta y del público.

Entre las dos medias esferas se levanta un rascacielos, el único de la plaza, circundado por un gran estanque. En el rascacielos se hallan las oficinas de los órganos legislativos, distribuidas en tres pisos bajo el nivel de la plataforma y en otros veinticinco pisos superiores.

Es característica la forma en H (que también presenta visto desde un avión); la barra horizontal de esa H, que ocupa el espacio entre el undécimo y el decimotercer piso, constituye una especie de puente (detalle realmente original) que une los dos cuerpos independientes del edificio. Para tener una idea de la grandiosa escala de esta construcción, bastará tener en cuenta que en la “cúpula invertida” de la Cámara encuentran cabida unos 700 diputados, 1.000 senadores, 200 periodistas y unos 1.000 espectadores.

Las dos cúpulas cubren una gran plataforma horizontal, como una suspendida plaza futuritas, a la que se puede llegar a través de una rampa aérea frontal y unida a las calles laterales elevadas. La ausencia de parapeto acentúa la pureza de sus líneas, y el conjunto, aunque de enormes proporciones, parece ligero; sugestivo efecto conseguido por la concentración de la luz del sol sobre la fina lámina, mientras que la parte inferior, atrasada y vidriada, permanece en la penumbra. Más allá de estos edificios, se abren la plaza de los Tres Poderes y el horizonte.

La plaza, inmensa, es .para muchos brasileños el símbolo del fututo de su país, como también lo es la línea horizontal continua, lejana y azul que corre tras la ciudad y que la ciudad no esconde, sino que valoriza. Toda la arquitectura de Brasilia es horizontal, pero siempre “destacada” del suelo, de forma que, a través de los inmensos pilotis, nunca deja de verse el lejano horizonte de la gran llanura en la que se ha creado esa Moderna capital.

Nueva Siete Maravillas del Mundo Moderno

Fuente Consultada: Maravillas del Mundo Tomo IV

Alhambra de Granada

La Ciudad Encantada

El Escorial

Gran Cañón del Colorado

 

Chang´an en China La Ciudad Mas Grande Del Mundo en la Edad Media

Chang´an en China: Ciudad Mas Grande Del Mundo

China fue un país de ciudades extraordinarias y cosmopolitas, en una época en que Europa -contaba con núcleos urbanos que no se les pudieran comparar. A partir del siglo VI, durante la dinastía Tang en China, y hasta el principio del siglo IX, Chang’an se convirtió en la ciudad más grande del mundo. Constituía el punto de llegada de la Ruta de la Seda, que atraía a comerciantes y viajeros de todo Asia. Fue una ciudad rica y civilizada, donde vivían cerca de un millón de habitantes.

En China, la dinastía Suci (589-618) hizo que se reedifican: muchas ciudades y la capital, Chang´an, en época de los Tang sucesores de los Suci, adquirió una brillantez inusitada. Con mas de un millón de habitantes —según algunos autores, dos millones— y sus jardines, se convirtió en una de las mayores y más bellas ciudades del mundo, otras grandes ciudades chinas eran también ya  puertos de Cantón y de Hang-tcheu, con colonias de mercader: extranjeros y gran densidad por hectárea.

Yenching, la capital  de la dinastía mongol Yuang, la moderna Pekín, fue la Cambaluc. de los comerciantes extranjeros, descrita con admiración, según  Marco Polo.

La historia de la humanidad, desde la Edad Media hasta la actualidad, ha sido principalmente la historia de la civilización europea. Sin embargo, antes de eso, en el tiempo transcurrido entre la caída del imperio romano y el inicio del Renacimiento, el centro del mundo se hallaba en Oriente.

En el punto de mayor gloria del imperio romano, la ciudad de Roma tenía cerca de un millón de habitantes. En el año 800 de nuestra era, cuando Chang’an estaba en pleno apogeo, la población de Roma se había reducido a 50.000  habitantes.

El florecimiento de la ciudad de Chang’an coincidió con otro importante punto sobresaliente de la historia china: un desplazamiento de la población del norte al sur. Dos grandes ríos dominan la geografía china: el río Amarillo, en el norte, y el Yangtsé, en el sur.

El río Amarillo provocaba desastrosas inundaciones y podía arrasar los cultivos, con lo cual dejaba sin medios de sustento a los campesinos que vivían en la región. Por el contrario, el área que está alrededor del Yangtsé es mucho más seca y naturalmente menos apta para cultivos como el arroz. Sin embargo, para la época de la dinastía Tang, las técnicas de irrigación de los arrozales se habían extendido por la región (los chinos las importaron de Asia suroriental) y la población comenzó a desplazarse hacia el sur.

A fines del siglo VI Yang Chien, fundador de la breve dinastía Suci (589-618), emprendió  importantes obras hidráulicas que culminaron con la construcción de una vasta red de canales, destinados no sólo a la agricultura, sino asimismo a mejorar las comunicaciones.

Apenas establecida la dinastía Tang (618-906), la más importante de la China medieval, propugnó la nacionalización de la tierra cultivable y su redistribución en lotes, confeccionados de acuerdo con las necesidades familiares de cada obtentor, para igualar la riqueza de sus súbditos.

Estas medidas, utópicas, fracasaron por la resistencia que opusieron a las mismas los nobles terratenientes, y no lograron impedir que continuara la formación de grandes dominios territoriales a lo largo del siglo X, con lo cual el Estado hubo de limitar su intervención a la imposición de un gravamen sobre las tierras.

construcción del Gran CanalEl sistema de canalizaciones se completó con la construcción del Gran Canal, que unía el Yangtse con la capital del país, Chang´an. La creación y mantenimiento de esta red de canales, que no tenía paralelo en el mundo, daría trabajo a más de tres millones de operarios.

Chang’an era una ciudad cosmopolita y abarrotada. Altas murallas protegían a sus habitantes y nadie, salvo los mensajeros imperiales, podía entrar o salir en la noche, pues se cerraban las puertas y se imponía un estricto toque de queda.

La ciudad fue construida siguiendo un modelo de cuadriculas, con amplias calles por donde se circulaba de norte a sur o de oriente a occidente. Se restringía la velocidad de los coches y los jinetes a caballo.

Había cinco canales por los cuales se transportaba mercancía en diversas partes de la ciudad y que regaban con sus aguas los parques y alimentaban los lagos de los jardines de la nobleza. La ciudad estaba dividida en secciones, cada una de ellas con su propia delimitación amurallada y sus propios conjuntos de casas, oficinas, templos y talleres.

También en este ámbito se aplicaba el toque de queda: una vez se oía el redoble de tambores, al caer la tarde, se cerraban las puertas que separaban las diversas áreas de la ciudad y el movimiento entre ellas quedaba prohibido. Una patrulla nocturna llamada Guardia del Pájaro Dorado hacía cumplir la ley: capturaba y golpeaba a quienes no obedecían. Había, asimismo, edificios gubernamentales: un complejo amurallado desde el cual el representante del emperador leía los decretos imperiales a los hombres mayores de la ciudad.

Estos se ubicaban frente a él en filas ordenadas. Había una gran cantidad de monasterios —lugares fabulosamente acaudalados, auspiciados por ricos aristócratas o por el emperador mismo—, cuyas espléndidas pagodas delineaban la silueta de la ciudad. La pagoda era una forma arquitectónica desarrollada por los chinos a partir de un diseño indio.

 Gran Pagoda del Ganso SalvajeEn la actualidad todavía podemos ver la Gran Pagoda del Ganso Salvaje (imagen) y la Pequeña Pagoda del Ganso Salvaje (la primera mide 64 metros de alto y la segunda, 43) en la moderna ciudad china, ahora llamada X’ian («Paz Occidental»).

Son monumentos que mantienen vivo un recuerdo de 1300 años de antigüedad, vestigios de otra época, cuando la ciudad que estaba bajo sus pies era la más próspera del mundo. La ciudad antigua tenía hermosos parques, por lo general vedados a los ciudadanos del común; eran lugares donde las personas adineradas e influyentes podían disfrutar de la naturaleza o comer bajo tiendas que las protegían de la lluvia primaveral.

También había un barrio de tolerancia, donde las madamas ofrecían a sus clientes niñas incluso de once años y las cortesanas divertían a los miembros de la corte imperial y a los prósperos mercaderes.


La riqueza de Chang’an se basaba en sus mercados. Había dos en la ciudad, ambos estrictamente controlados por una agencia gubernamental que registraba a los mercaderes, revisaba las monedas para evitar falsificaciones e imponía regulaciones relacionadas con pesos y medidas.

En algunos de ellos se vendían bienes importados de todo el mundo: piedras preciosas, seda y reliquias sagradas. En otros se vendían productos de consumo diario, como carne, verduras, pescado y especias. Había lugares para comer, donde los clientes podían disfrutar pasteles y otras exquisiteces, y espacios donde se ubicaban los prestamistas, para facilitarles el metálico a los clientes que lo necesitaran.

También había un primitivo sistema bancario. A cambio de una cierta suma, algunos comerciantes se hacían cargo de los valores de sus conciudadanos y les entregaban un pedazo de papel como constancia de sus depósitos. Quien recibía este documento podía usarlo luego como medio para financiar otras compras, con lo cual el documento se convertía en una especie de papel moneda.

Muchos de los comerciantes provenían de Asia central —de las tierras que ahora ocupan países tales como Kazajstán y Uzbekistán— y de Persia. También es probable que la ciudad tuviera una serie de mercados nocturnos, que hoy en día son un rasgo normal en la vida de muchas de las grandes ciudades asiáticas, aunque las autoridades los desaprobaran e impusieran restricciones al movimiento de los habitantes al caer la noche.

En nuestros días, la mayor parte de la población sigue concentrada en el sur. De esta manera comenzó a conformarse la naturaleza de la sociedad china: una enorme población campesina controlada de la manera más estricta posible por una burocracia altamente eficiente y culta.

Como era inevitable, en ocasiones colapsaba. Las dinastías que gobernaban estas extensas tierras no se sucedían unas a otras de manera suave, y muchas veces el país sucumbió a la rebelión y al desorden. Con todo, siempre aumentó de tamaño, con un crecimiento que parecía volverse contra sí mismo a medida que el país se volvía más grande y fuerte.

El nombre Chang’an significa «paz duradera«.

Fuente Consultada:
50 Cosas Que Debe Saber de la Historia Mundial – Hugh Williams
Wikipedia
Los Fundamentos del Siglo XX Tomo 94

Catedral de Orvieto Historia del Corporal Manchado de Sangre

Catedral de Orvieto Historia del Corporal Manchado de Sangre

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Todos los años, en lafiesta del Corpus Christi, en el altar mayor de la Catedral de Orvieto se expone una preciosísima reliquia: un corporal manchado de sangre. Su historia es realmente prodigiosa, y se originó hace varios siglos; concretamente, en el año 1263.

Una mañana de aquel año, un sacerdote bohemio, que abrigaba algunas dudas sobre la realidad de la «transustanciación»; es decir, del milagro que convierte la hostia consagrada en el cuerpo y en la sangre de Cristo, estaba celebrando la misa en la cercana ciudad de Bolsena.

En el momento en que partió la hostia consagrada sobre el corporal, vio que de ella brotaba sangre auténtica, la sangre de Cristo, la cual manchó el precioso lino que se conserva en la Catedral de Orvieto.

Precisamente, para conmemorar este milagro, pocos años después, en 1290, bajo la dirección del arquitecto sienes Lorenzo Maitani, se levantó esta iglesia, que es célebre por tener «la más hermosa fachada gótica de Italia».

Ya a primera vista impresiona la refinada elegancia de la fachada y el sentido de la armonía que la caracteriza.

Observemos ahora su estructura: responde al estilo gótico, y se inspira, sobre todo, en las características fachadas de las catedrales francesas. Son típicos de este estilo los arcos abocinados —es decir, arcos concéntricos que van disminuyendo de tamaño progresivamente— y las cúspides que la adornan.

Pero en esta fachada se manifiesta también ese espíritu de nitidez y de «simplificación» que es característico del estilo italiano.

Obsérvense, por ejemplo, las cuatro pilastras «fasciculadas», que terminan en otras tantas esbeltas agujas, y que dividen la fachada en tres zonas distintas: más amplia la del centro, que corresponde a la nave central; más reducidas las que corresponden a las naves laterales.

En cierto sentido, por tanto, la estructura del exterior refleja la del interior, y esto confiere al edificio un carácter de «coherencia».

Pero la especial belleza de esta construcción se debe, sobre todo, a la maravillosa armonía de sus elementos decorativos.

Se habrá observado que toda la fachada parece animada por un movimiento ascensional, pero es un movimiento controlado, tranquilo. ¿Por qué? Basta observar: la verticalidad de los remates triangulares, colocados simétricamente uno sobre otro, y de las líneas interrumpidas de las pilastras, está maravillosamente equilibrada por una franja horizontal de pequeños arcos calados. Esa franja tiene la doble misión de diferenciar los dos planos de la fachada y, al mismo tiempo, de «enlazarlos» entre sí.

Adviértase también un «hallazgo» realmente genial del arquitecto: el precioso rosetón encerrado en un doble y delicadísimo «marco» cuadrado que es, justamente, el elemento que parece «frenar» el movimiento ascensional de la fachada, y contribuye a aumentar la armonía del conjunto.

La Catedral de Orvieto, en una palabra, es, quizás, el ejemplo más logrado de un feliz «injerto»: el injerto de un estilo nórdico, «dramático», todo él en tensión hacia lo alto, como es el gótico, en las exigencias de armonía, de nitidez y de lineamiento que constituyen el aspecto más sugestivo del temperamento artístico italiano.

Fuente Consultada:Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N°45