El Virreinato del Río de la Plata y sus Autoridades

La Ciencia en el Virreinato Rioplatense Primeros Cientificos

La Ciencia en el Virreinato del Rio de la Plata: Naturalistas, Botánicos, Astrónomos, Matemáticos y Médicos

El descubrimiento de América, con su inmenso caudal de innúmeras especies y géneros desconocidos en el viejo mundo, trajo aparejado un florecimiento inusitado en el campo de la botánica y en el de la zoología.

Ya Colón, de regreso de su primer viaje, llevó a España plantas y animales americanos que despertaron el interés de los monarcas y la curiosidad de los estudiosos europeos.

En 1530 se dictó una Real ordenanza con instrucciones sobre el estudio de la flora y de la fauna, y en 1772 se creó un museo dentro de la Biblioteca de Madrid para coleccionar el material remitido a la metrópoli, organizándose con este fin numerosas expediciones científica.

Es natural que ni los conquistadores ni los misioneros fueran verdaderos técnicos en esta especialidad, y si bien se refieren a la flora y la fauna, más bien lo hacen de paso y en el sentido de descripciones, mezclando muchas veces lo fabuloso con lo verídico, pero que, rectificaciones posteriores, permitieron ir precisando los conceptos científicos y ofrecernos al finalizar el siglo XVIII un panorama completo de Historia Natural Rioplatense.

PRIMEROS NATURALISTAS RIOPLATENSES. Los exploradores del Río de la Plata son los primeros en referirse a nuestra fauna y flora, si bien de pasada y sólo ligeramente.

Así, Diego García, en la Memoria de su navegación de 1526 dice de los indígenas que le ofrecieron «muchas provisiones que se llaman maíz, y harina de mandioca, y muchas calabazas»; que los indios mespenes «tenían arroz», y que en la isla de Flores vio «muchos lobos marinos».

También el gobernador don Diego Rodríguez Valdés hace mención de la caza de venados, cuando escribe que tuvo ocasión de ver «quen espacio de dos horas enredaron con las boleadoras once benados y se le fueron otros tantos casi de las manos».

Uno de los viajeros de la expedición de Sebastián Caboto, llamado Luis Ramírez, en una interesante carta escrita desde San Salvador y fechada en 1528 hace a menudo alusión a la fauna y flora regionales.

Habla de «los cardos del campo», de los ratones que se vieron constreñidos a comer, de que el «pescado desta tierra es mucho y muy bueno» y que «ay en ella muchas maneras de cazas, como benados, y lobos y raposos, y abetruzes y tigres», «muchas obejas salbajes de grandor de una muleta de un año y llevaban de peso dos quintales, tienen los pescuezos muy largos, a manera de gamellos».

En lo de «obejas salbajes» alude, sin duda, a las llamas. Remontando el río Paraná fueron de isla en isla «asta llegar a una ysla do abia tantas garzas que pudiéramos enchir los navios»; «y aconteció algunas personas andar a buscar biboras que las ay muchas y muy grandes y muy en ponzoñosas y matarlas y comerlas».

Y ya en las regiones chaqueñas, «recibíamos mucha fatiga en buscar la comida, por ellos, [los compañeros] aunque no se nos ponía delante temor de ninguna onza, ni tigre, ni de otra fiera ninguna de las cuales animalías toda esta tierra está muy poblada»; hablando de los indios correntinos añade: «nos truxeron mucho bastimento, ansi de abatí, calabazas, como rayzes de mandioca e patacas e panes hechos de arina de las rayzes de mandioca muy buenos».

De este modo, en esta documentada carta hace alusión de tanto en tanto a las diversas especies de animales y vegetales que poblaban estas ricas e ignotas regiones de Suramérica.

Cabe al bávaro Ulrico Schmidel, soldado de la expedición del Adelantado «Thon Pietro de Monthossa«, y que después residiera en las regiones rioplatenses veinte años, ser el primer europeo que se ocupara con detenimiento, en su relato Viaje al Río de la Plata, de nuestra fauna y floral.

Nos habla de peces raros vistos durante la travesía, como el remora-remora (Echeneis naucrates), que tiene en la cabeza una especie de chupón ovalado con que se adhiere a otros cuerpos.

Hallamos también en dicha obra las primeras referencias al ñandú, al que denomina en la edición alemana «abestraussen», y pondera las características y la utilidad de las llamas, que nombra como «ovejas de la tierra.

Igualmente describe a la boa acuática lampalagua (Eunetes murinus) como una «gran serpiente disforme, de 25 pies de largo, del grueso de un hombre, salpicada de negro y amarillo».

En lo que respecta a la flora, le debemos las primeras noticias sobre el maíz, la mandioca, la batata y el maní, al que se refiere diciendo que eran «raíces que se parecen a las avellanas».

Lo valioso de la publicación de Schmidel son las numerosas láminas que acompañan al texto, siendo de lamentar el fantaseo que se advierte en el anónimo artista que ilustró la celebrada obra.

BOTÁNICOS Y ZOÓLOGOS JESUÍTAS. — Desde su llegada a estas ignotas regiones, los jesuítas, tan insignes geógrafos como intrépidos exploradores, sintieron también gran inclinación por el estudio de la naturaleza.

Hombres de una cultura más que ordinaria, muchos de ellos dotados de conocimientos especiales afines a las ciencias naturales, debieron quedar deslumbrados en medio de esas selvas vírgenes tan llenas de misterios y de interrogantes, y acometieron la ímproba tarea de ir desentrañando su riquísima flora como su variadísima fauna.

Meros aficionados, en un principio no pudieron intentar la sistematización en sus estudios, limitándose a lo que ahora entendemos por descripciones científicas, vale decir, dando a conocer los ejemplares por sus propiedades naturales y exterioridades más sobresalientes.

Pero no olvidemos que estos «pioneros» amantes de la creación, no teniendo predecesores en este campo, no pudieron valerse de otros libros que del gran libro de la virgen naturaleza americana, que nadie antes que ellos había abierto, estudiado y escudriñado.

La larga lista de estos estudiosos en las regiones del Río de la Plata constituye, sin duda, una honrosa página en las anales de la cultura científica argentina.

Materialmente imposibilitados de sintetizar siquiera la obra de estos eximios naturalistas, nos contentaremos con enumerar a los más sobresalientes, y empezamos recordando al P. José de Acosta, autor de la Historia Natural y Moral de las Indias a quien cabe la gloria de haber divulgado cuanto se conocía en la flora y la fauna desde Méjico hasta Tucumán.

Hacia 1639 aparece la Conquista espiritual del P. AntonioRuiz Montota, en la que dedica todo el capítulo III a la zoología rio-platense y el IV al estudio de la yerba mate.

También el P. Pedro Lozano, en su tan mentado libro Chorographia del Gran Chaco Gualamba, dedica todo el capítulo IV a los árboles y plantas chaqueños y el V a los animales y serpientes, que tanto abundaban en esas enmarañadas selvas.

Por su parte, el Hermano Pedro Montenegro fue el autor del precioso códice de Botánica Médica, ilustrada con múltiples y valiosas láminas de plantas, yerbas, flores y frutos; es considerado como el primer tratado de materia médica rioplatense.

botanica dibujos
Dibujos de la Flora del Rio de la Plata del Padre Feuillée

Últimamente se ha publicado esta obra, pero sólo en cuanto a su texto, lo que, no cabe duda, es una lástima. Haciendo un paréntesis a la labor de los jesuítas, debemos recordar aquí al P. Luis Feuillée, religioso mínimo (Orden de San Francisco de Paula), astrónomo y botánico de prestigio, miembro de la Academia de Ciencias de París.

Llegado a Buenos Aires en 1708, y aunque las observaciones astronómicas le absorbieron la mayoría del tiempo, no dejó de recorrer nuestros campos estudiando su fauna, y muy especial mente su flora.

En su Histoire des Plantes e Histoire des Plantes Medicinales describe Feuillée más de un centenar de plantas de la flora argentino-chileno-peruana observadas personalmente por él.

araña
Dibujo de una araña de Termeyer

Volviendo a los jesuítas, mencionaremos al P. Martín Dobriz-Hoffer, autor de la magistral monografía De Abiponibus, cuyo capítulo XXX consagra al estudio detenido de las serpientes y el capítulo XXXI a los insectos, sin contar otros muchos datos dé interés científico con que están sembradas las páginas de este amenísimo libro.

La introducción del gusano de seda en el Río de la Plata lo debemos al P. Ramón M. de Termeyer, pudiendo considerarlo por tal motivo como fundador de nuestra industria sericícola.

Gran observador y coleccionados de arañas americanas, estudió el aprovechamiento de la seda arácnea en la fabricación de telas, con las que llegó a confeccionar medias y guantes, obsequiados a príncipes de Europa.

fauna rio de la plata
Búho, dibujo del Padre Feuillé Tero-Tero Dibujo del Padre Sánchez Labrador

En los diversos tratados que escribió nos habla de las excelencias del té paraguayo, de las propiedades de la lana de guanaco, de las anguilas eléctricas del río Salado y de varias monografías sobre insectos.

flora rio de la plata
Dibujos dela Padre Sánchez Labrador Sobre Plantas del Río de la Plata

El jesuíta inglés P. Tomás Falkner, «prediletto discepolo del gran Newton», además de ser el primer descubridor de restos fósiles en nuestro país escribió la celebrada Description of Patagonia, donde se ocupa de la zoología y la botánica de esta región, y otra rotulada Botanical, mineral and like observations on the producis of America («Observaciones botánicas, mineralógicas y otras sobre productos de América»).

No es, pues, exagerado el elogio de «eximio botánico» con que lo ponderan sus contemporáneos. Gran observador de la naturaleza fué el P. Florián Baucke, que pasó más de quince años entre los indios mocobíes de Santa Fe.

Vuelto a su país natal, Silesia, como consecuencia del extrañamiento de 1767, se dedicó a escribir una obra dedicada al suelo, flora y fauna de Santa Fe, titulada Hacia allá y para acá o Una estada entre los indios mocobíes (1749-1767). Completan el relato más de cien láminas y dibujos interesantes que representan las costumbres de los pobladores del litoral, así como peces, reptiles, aves y mamíferos de la región .

Por encima de todos estos naturalistas se yergue la figura del santiagueño P. Gaspar Juárez, autor de nuestra primera Historia Natural y fundador de un Jardín Botánico americano.

Enriqueció la botánica con una interesante obra en tres tomos: Observaciones fitológicas sobre las plantas rioplatenses, donde describe, clasifica con nomenclatura popular y científica y diseña cada una de las plantas y flores a que da cabida en su preciosa colección.

El único competidor del citado estudioso fué el proficuo investigador P. José Sánchez Labrador, cuyos veinte gruesos volúmenes de sus escritos constituyen toda una enciclopedia científica americana.

Dedica un volumen de 558 páginas al estudio de las tierras, aguas y aire de estas regiones; un segundo volumen de 500 páginas a la botánica, y un tercero de 794 páginas a la zoología (127 páginas sobre ornitología, 166 sobre animales cuadrúpedos y 373 sobre reptiles, anfibios e insectos).

Con la sobria enumeración de estos esclarecidos Hijos de San Ignacio, que no satisfechos con evangelizar a indios salvajes dedicaron sus ocios y sus forzados viajes a enriquecer nuestro acervo científico en el campo de la Historia Natural, queda fuera de razón el rótulo de «empírico» con que ha pretendido aminorarlos cierto escritor contemporáneo.

NATURALISTAS DEL ULTIMO PERIODO HISPÁNICO.
También entre el elemento civil se cuenta con apasionados estudiosos de las ciencias naturales, si bien no tan numerosos ni de tan raudo vuelo como en las órdenes religiosas.

En la segunda mitad del siglo XVIII descuella el aragonés Félix de Azara, venido como jefe de la Tercera Comisión Demarcadora de Límites, y desde su arribo en 1781 hasta 1801, luchando con no pocas dificultades, logra recorrer estos territorios en cumplimiento de varias comisiones del virrey.

Azara Félix
Félix de Azara
Autor de obras fundamentales
sobre la Historia Natural de las regiones rioplatenses.

Si bien la especialidad de Azara era la geodesia y la cartografía, su contacto continuo con la naturaleza y su agudo espíritu de observador hicieron de él un eminente zoólogo.

Valiéndose, sin duda, de las numerosas obras de los jesuítas recientemente extrañados del país y completando a estos investigadores con su labor personal, llegó a describir unas 450 especies de animales, de las cuales alrededor de 200 completamente desconocidas.

Vuelto a Europa, se relacionó con naturalistas franceses y dio a luz sus Obras zoológicas Apuntamientos para la Historial Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y Rio de la Plata (1801) y Apuntamientos para lo Historia Natural de los páxaros del Paraguay y Río de la Plata (1802).

En la primera de estas dos obras describe unas cien especies de vertebrados y en la segunda unas cuatrocientas especies de pájaros.

En sus observaciones biológicas mezcla a veces transcripciones de Buffón con observaciones personales. Da a los animales sus nombres vulgares en español o guaraní, no empleando la nomenclatura binaria o linneana debido a su carácter de autodidacto.

También trata cuestiones relacionadas con la ciencia natural en su publicación postuma Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata.

Junto a este ilustre zoólogo debemos mencionar a su compañero de labor en la Comisión de Límites don Diego de Alvear , que durante su actuación escribió, en colaboración con Juan F. Aguirre, cinco volúmenes del Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en América Meridional, el cuarto volumen de los cuales trata sobre fauna, flora y gea, según clasificación de Linneo.

Ya hemos hablado de Tadeo Haenke en su carácter de geógrafo; agreguemos ahora que al radicarse en Cochabamba se dedicó a cuestiones científicas, colaborando asiduamente en el «Telégrafo Mercantil de Buenos Aires» y más tarde en el «Correo de Comercio».

Murió en 1817. Otro miembro de la expedición de Malaspina fué el naturalista Luis Née, francés, naturalizado español, que a su regreso a España enriqueció el Jardín Botánico de Madrid con un herbario de 10.000 ejemplares recogido a lo largo de su viaje: Montevideo, Buenos Aires, Puerto Deseado y las Malvinas.

Un tercer y último naturalista de la mencionada expedición científica fue Antonio de Pineda y Ramírez, colaborador de Félix Azara. Desplegó gran actividad en el Perú y sobre todo en las islas Filipinas, donde falleció en 1792.

Ya sobre los sucesos de Mayo debemos mencionar a don Martín José de Altolaguirre, notable en su época como cultivador de plantas exóticas en su quinta inmediata a la Recoleta, y cuyas experiencias agronómicas entregaba a Belgrano, secretario del Consulado.

Terminamos el estudio de este epígrafe haciendo una corta referencia al importante hallazgo del dominico argentino fray Manuel Torres, en las barrancas del río Lujan, de restos fósiles del megaterio argentino (Megatherium luxanense).

Previa reconstrucción del monstruo para ser dibujado por el ingeniero militar José Custodio de Sa y Faría, fue convenientemente embalado y remitido en siete cajones al Real Gabinete de España, hacia fines de 1787, exhibiéndose desde entonces en el museo dé Madrid.

El hallazgo de estos restos, tan ingentes como insólitos, despertó la curiosidad de los sabios europeos frente a animales fósiles de tan gran talla, y hasta el rey hispano, entusiasmado con esta maravilla zoológica y creyendo fuera un animal de la fauna actual, hizo pedir, por su ministro Porlier, al virrey Marqués de Loreto le mandase uno vivo, aunque fuese pequeño, aclarando que, en su defecto, «desecado y relleno de paja, organizándoio y reduciéndolo al natural, con todas las demás precauciones que sean oportunas, a fin de que llegue bien acondicionado».

LOS ESTUDIOS MATEMÁTICOS: Es un error creer que las ciencias exactas, tanto puras como aplicadas, no tuvieran sus cultores durante la época hispánica.

Naturalmente, no debemos enfocar ese pasado heroico con la visión del presente, sino que debemos situarnos en el terreno
real de los hechos y según los antecedentes acumulados hasta entonces por la ciencia y el saber humano.

Las matemáticas, como todas las ciencias, tuvieron su ritmo de progreso, que se acentuó, sobre todo, después de las luminosas directivas de Descartes, Pascal, Gassendi, Newton, Leibnitz y otros, que echaron por tierra las teorías astronómicas aristotélicas seguidas hasta entonces, y mal podría exigirse a los estudiosos americanos, en los siglos XVI y XVII, una cultura científica que ni siquiera en Europa existía.

No cabe duda que las matemáticas aplicadas tuvieron un halagüeño desarrollo en el antiguo Virreinato del Río de la Plata, como lo atestigua la presencia en estas tierras de hábiles arquitectos e ingenieros, geógrafos y cartógrafos, agrimensores, pilotos navales y hasta astrónomos de fama, oficios todos que presuponían un conocimiento profundo de las matemáticas.

Una prueba de este aserto es el gran número de obras de matemáticas en poder de particulares o en la biblioteca de la Universidad cordobesa, lo que pone de manifiesto, una vez más, que los hombres de la época colonial no estaban tan ayunos en las ciencias exactas como ordinariamente se supone.

Primeros matemáticos argentinos. — Con las primeras expediciones que llegaron a estas playas participaron expertos navegantes a quienes con alguna incorrección se les dio el nombre de «pilotos», cuando su misión no era la de dirigir la nave, sino la navegación.

Estos técnicos, formados en la Escuela de Pilotos de la Casa de Contratación de Sevilla, encargada de organizar las expediciones descubridoras y las empresas comerciales en los primeros lustros de la conquista, debían ser versados en la cosmografía y la astronomía, ya que de estas regiones no había cartas marinas y además contaban con un instrumental de observación rudimentario.

Matematico Cerviño
Pedro A. Cervino. Gran matemático español, vinculó su nombre con los comienzos de la cultura científica de Buenos Aires. Fué el primer director de la Academia Náutica fundada en 1799.

Desde los comienzos de la colonización se contó con geodestas, agrimensores y alarifes en quienes debemos suponer conocimientos más que suficientes en el campo de las ciencias exactas.

l arribo de los jesuítas al Río de la Plata señaló un repunte asombroso a las matemáticas, pues aportaron entre ellos no pocos eminentes estudiosos en este ramo del saber: el primer astrónomo de que tenemos noticias, P. Pedro Comental, conocido por «el matemático»; el célebre P. Nicolás Mascardi, discípulo predilecto del gran maestro Atanasio Kircher; el perito o matemático P. Felipe Lemer, techador de la iglesia de la Compañía en Córdoba, de quien hablamos en su oportunidad; el P. Buena ventura Suárez, a quien dedicaremos párrafo aparte, y, entre los civiles, los maestros de obras públicas: arquitectos José Bermúdez y Domingo Petrarca, y el coronel ingeniero Diego Cardoso.

A todos estos matemáticos nombrados debemos agregar aquellos que se dedicaron a la ciencia cartográfica, que si bien hoy, por lo general, se reduce a simples transcripciones, para aquellos hombres de fines de siglo XVI, siglo XVII y gran parte del XVIII les suponía no poder realizar su cometido sin un conocimiento nada vulgar de las matemáticas y de sus aplicaciones astronómicas.

En la primera mitad del siglo XVIII descolló con perfiles propios el P. José Quiroga, «maestro de matemáticas» al par que insigne astrónomo y atrevido explorador, que antes de ingresar en la vida religiosa había hecho la carrera en la Escuela Naval de España.

Fue comisionado por la Corte para fortificar las costas patagónicas contra posibles ataques de naciones extranjeras, trayendo consigo a América, en 1745, un sorprendente bagaje de instrumentos científicos, algunos destinados al astrónomo santafesino P. Suárez. Además se debe al P. Quiroga la erección de la cátedra de matemáticas en la Universidad de Córdoba, de la cual fué titular durante varios años.

Otros muchos meritísimos jesuítas contó la colonia, peritos en matemáticas y astronomía, cuyos nombres han pasado a la posteridad cultural argentina, pero que la índole de este texto nos impide desarrollar aquí.

Los estudios astronómicos del Padre Suárez. — El P. Buenaventura Suárez nació en la ciudad de Santa Fe en 1679. A los dieciséis años ingresó en la Compañía de Jesús, realizando sus estudios en el colegio de los jesuítas de su ciudad natal y en la Universidad de Córdoba.

No se trata, pues, de un sabio europeo, sino de un criollo y formado en ambiente científico criollo, lo cual no fué óbice para que sus estudios y observaciones llegaran a interesar a centros culturales de Europa y hasta a la exigente Universidad de Upsala (Suecia).

En la labor astronómica de este santafesino perdido en los pueblos de las Misiones debemos distinguir dos etapas: la que corre de 1706 a 1739 y la transcurrida desde 1739 a 1750. aue marca el fin de su vida después de alternar su labor de misionero con las ocupaciones científicas.

En la primera época sólo cuenta para sus observaciones con los instrumentos astronómicos construidos con ayuda de los indios; establece la longitud de la Reducción guaranítica de San Cosme y San Damián, de la que era misionero, siguiendo a los satélites de Júpiter, y compendia sus observaciones astronómicas de cinco años en su Lunario de un siglo, que llegó a contar varias ediciones; por «Lunario» se entendía en la época de Suárez lo que hoy día llamamos calendario o almanaque astronómico.

Este Lunario contenía tres clases de fenómenos: a) el áureo número, epacta, letra dominical, etc.; b) los eclipses de la Luna y del Sol; c) las fases de la Luna. Todo este trabajo supone en su autor conocimientos muy vastos y profundos de astronomía.

La fama adquirida por el astrónomo americano y la aceptación que tuvo su Lunario indujo a los superiores a procurarle medios más modernos de labor. Estos instrumentos para la instalación del nuevo Observatorio debieron adquirirse en Inglaterra, pues los comisionados no pudieron hallarlos en España, ya que allí no se preocupaban las gentes de esta clase de estudios y en Portugal no se encontraban «estas chucherías inglesas».

En julio de 1745 llegaron al puerto de Buenos Aires varios cajones conteniendo los pedidos instrumentos astronómicos. Ignoramos qué uso hizo Suárez de estos aparatos; sólo sabemos que levantó con ellos un moderno Observatorio y estuvo al frente del mismo hasta su deceso, ocurrido en 1750.

Si bien, por la época en que vivió, Suárez sólo pudo conocer en sus postrimerías las modernas ciencias matemáticas: el método de las coordenadas, debido a Descartes, y la creación del cálculo infinitesimal, obra de Newton y Leibnitz, es indudable que supo explorar con genio los viejos filones tan sabiamente aprovechados por Nepper, Briggs, Kepler y Galileo, y la fama que sus estudios astronómicos le granjearon en América, Europa y aún en el Asia, bastaría para considerar a este sabio santafesino como una alta gloria nacional.

Los reales matemáticos demarcadores de límites. — Entre los reales demarcadores llegados á mediados del siglo XVIII hallamos al comisionado lusitano José Custodio de Sa y Faría, egregio matemático, y a los jesuítas Bartolomé de Paniaguay y Martín Schmid, insignes astrónomos.

Pero lo que afectó mayormente la evolución de las matemáticas, puras y aplicadas, fué el selecto grupo de científicos que llegaron a Buenos Aires en 1783 en cumplimiento de lo dispuesto por el segundo tratado de Límites, firmado entre España y Portugal en San Ildefonso, el año 1777.

De esta embajada científica debemos destacar en el campo de las ciencias exactas: a Juan F. Aguirre, que se dedicó con apasionamiento a sus labores de geógrafo y astrónomo; a Diego de Alvear, conspicuo en las matemáticas; a José M. Cabrer, ingeniero militar, que prestó notables servicios en las Invasiones inglesas; a Bernardo Lecocq, que se granjeó una justa nombradla en ambas orillas del Plata por su ciencia y su experiencia de ingeniero geógrafo, y al ingeniero Pedro Cervino, colaborador de Azara en varias de sus empresas geográficas y cuyo nombre está vinculado a la fundación de nuestra primera Escuela Náutica.

También fué adjuntado a la segunda partida de demarcación de límites el piloto Andrés de Oyarvide, que se hallaba ya en Buenos Aires; sus numerosas y bien documentadas cartas geográficas y el relevamiento de la desembocadura del Río de la Plata ponec de manifiesto la pericia matemática de este egregio varón.

Mientras los regios comisionados fincaban mojones en las regiones en litigio, arribó al Río de la Plata la Expedición de Alejandro Malaspina, realizando una proficua labor de orden geográfico, marino y astronómico.

Además del capitán de navio Alejandro Malaspina, insigne matemático, debemos mencionar a don José Bustamante y Guerra, a cuyas órdenes estaba una de las corbetas; don Juan Gutiérrez de la Concha, designado para el relevamiento del golfo de San Jorge, y don José de la Peña y Zazueta, formador de marinos porteños.

Fuera de la enorme influencia que ejerció en el desarrollo de la cultura científica rioplatense esta legión de matemáticos que llegaron en los últimos lustros del siglo XVIII, cabe consignar la que dejaron muchos de ellos en la sociedad de aquellos tiempos al cimentar en estas tierras nuevas familias argentinas: Diego de Alvear, Francisco de Aguirre, José y Jacobo Várela y Ulloa, Martín Boneo, Juan Alsina y otros, en las cuales entroncaron tantos ilustres patricios argentinos.

TAMBIEN PUEDES VISITAR BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Francisco I Sforza
Biografia de Cosme de Medicis
Biografia de Federico de Montefeltro
Biografia de Fra Angelico
Biografia de Ludovico Sforza
Biografia Andrea del Verrocchio
Biografia della Pico de la Mirandola
Biografia de Filipino Lippi

Autoridades del virreinato del Rio de la Plata Creacion Virreinato

Autoridades del Virreinato del Río de la Plata

DESCUBRIMIENTO, CONQUISTA Y COLONIZACIÓN.
VIRREINATO DEL Río DE LA PLATA

EL rey Carlos III, por Real Cédula del 1 de agosto de 1776, creó el virreinato del Río de la Plata con carácter provisional, y definitivamente el 27 de octubre de 1777.

CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

CAUSAS DE
LA CREACIÓN

 INTERNAS

1Crecimiento de la población. — La gran importancia de estas regiones se reflejó en el aumento de la población: llegó a 600.000 habitantes para todo el virreinato.
2Comercio e industrias. — La ganadería y la agricultura, con su desarrollo extraordinario, produjeron un gran comercio legal y de contrabando
3Problemas administrativos y judiciales. — La distancia enorme a que se encontraban las autoridades civiles y judiciales hacía necesaria la creación de un organismo autónomo.

EXTERNAS

Incursiones de los ingleses y franceses en la Patagonia.
Pretensiones portuguesas sobre el Río de la Plata.


Río de la Plata ocupaba los territorios de la República Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, los estados brasileños de Río Grande y Santa Catalina y la parte de Chile comprendida entre los paralelos 21° y 26°.

 En el año 1782 se dividió el vastísimo territorio del virreinato en ocho intendencias o gobernaciones y cuatro provincias subordinadas.

Intendencias: La Paz, Cochabamba, Chuquísaca, Potosí, Paraguay, Salta del Tucumán, Córdoba del Tucumán y Buenos Aires. Provincias subordinadas: Moxos, Chiquitos, Misiones y la Banda Oriental.

LAS AUTORIDADES DE LA ÉPOCA HISPÁNICA
Las autoridades que en la época hispánica gobernaban América residían unas en la península y otras en el nuevo continente.

Autoridades residentes en la península. — Eran las que tenían su residencia en España: el Rey, el Consejo de Indias y la Casa de Contratación.

El Rey. — Era la autoridad máxima y suprema. Su voluntad era irrevocable. Designaba los virreyes y capitanes generales.

Consejo de Indias. — Dictaba las leyes de Indias. Era la autoridad suprema después del rey en todos los asuntos derivados del gobierno de América. Proponía al rey las personas que ocuparían los cargo*1. Fue el más alto tribunal de justicia y sólo se podía apelar a él en casos de suma importancia, es decir, en aquellos en que el monto del valor en litigio fuera mayor de 6.000 pesos fuertes.

Casa de Contratación. — Entendía todo lo referente al comercio con las colonias, siendo un tribunal mercantil. Fijaba la naturaleza de los productos de importación y exportación y regulaba los precios.

Autoridades residentes en América. — Virreyes y capitanes generales. Eran las autoridades superiores designadas directamente por el rey para que lo representasen en sus respectivas jurisdicciones. Tenían a su cargo el poder ejecutivo, el mando supremo militar, la facultad de nombrar los gobernadores y ejercer el vicepatronato (designar los titulares en algunos cargos eclesiásticos y presidir las audiencias). Estaban sujetos al término de su mandato al «juicio de residencia», que consistía en investigar los actos del gobernante, siendo el Consejo de Indias el encargado de determinar el fallo. También estaban sujetos a este juicio los gobernadores.

Audiencias. — Fueron los más altos tribunales de justicia. Sus fallos eran inapelables y sólo se podía recurrir al Consejo de Indias en las casos extremos. Tenían funciones ejecutivas, pues sustituían al virrey en caso de ausencia o muerte. Sus componentes, llamados «oidores», eran designados por él rey y se les hacía juicio de residencia.

Consulados. — Eran tribunales mercantiles y a la vez juntas encargadas de fomentar la industria y el comercio. Sus miembros fueron elegidos por el rey y más tarde por elección de los comerciantes de América.

Cabildos. — Eran autoridades municipales encargadas de los asuntos edilicios y administrativos, de la higiene, abastecimiento, policía, educación, servicios públicos, etc., de la ciudad. Tenían dos funciones extraordinarias: la de asumir el gobierno al producirse la acefalía de los cargos de virrey, capitán general o gobernador, y la de liberar los asuntos de suma importancia, al declararse «cabildo abierto».

En estos casos concurrían a las sesiones los miembros ordinarios y los vecinos más caracterizados. Los miembros del cabildo (regidores o cabildantes) eran elegidos popularmente la primera vez, luego designados por el cabildante saliente, y también por compra del cargo en pública subasta.

La Vida en el Virreinato del Rio de la Plata Costumbres Educacion

La Vida en el Virreinato del Río de la Plata Costumbres y Educación


LA VIDA EN EL NUEVO CONTINENTE

La población. — La sociedad estuvo compuesta por los españoles, los hijos de éstos nacidos en América (criollos), extranjeros y mestizos nacidos de la fusión de las razas autóctonas con los europeos o negros.

Españoles. — Eran la clase dominante y ocupaban los altos cargos de la administración. Los que se dedicaron al comercio adquirieron en él cuantiosa fortuna. Como descendientes de los conquistadores, se consideraban superiores a los americanos.

Criollos. — Fueron los hijos de los españoles, nacidos en América. Y aunque las leyes de Indias los colocaban en igual situación que a los peninsulares, eran excluidos de los cargos públicos. Fueron los gestores de la independencia americana,, Con verdadero amor A la tierra se dedicaron a la agricultura y  a la ganadería, y no pocos de ellos se graduaron en las universidades coloniales y de la metrópoli.

Extranjeros, — Aunque estaba prohibida su libre entrada a las colonias, muchos franceses, ingleses, portugueses e italianos se establecieron en América, contribuyendo a su desarrollo social, económico y cultural.

Indios, — Si bien fue poco a poco mejorando su situación, al llegar la Revolución de Mayo se los consideraba como siervos y eran tratados como una casta inferior.

Mestizos. — La fusión de las razas fue una característica de la ocupación hispana, y desde los primeros momentos se produjo la mestización. En general se llamó mestizos a los que tenían sangre de dos razas.

Mestizos propiamente dichos. — Fueron los hijos de españoles e indios. De constitución física poderosa, se dedicaron a los trabajos de la ciudad, y sobre todo a los de la campaña; pero su situación social era muy inferior a la de los españoles y criollos,

Mulatos. — Hijos de blancos y negros. Eran considerados también como una casta inferior y estaban imposibilitados para ocupar cargos públicos y grados en los ejércitos.

Zambos, — Descendientes de negros e indios. Su situados era aún más afligente que la de los mulatos.

Negros. — Fueron traídos del África como esclavos para reemplazar a los indios encomenderos que no resistían los trabajos inhumanos a que los sometían los españoles. Más tarde fueron los esclavos del servicio doméstico.

CLASES
SOCIALES

Gente CultaEspañoles
Criollos
Funcionarios, clero, profesionales, hacendados y comerciantes adinerado
Clase MediaEspañoles
Criollos
Mestizos
Artesanos y comerciantes humildes
SiervosIndiosencomenderos y agricultores
EsclavosNegrosservicio doméstico

Las industrias. — La ganadería originó la principal, industria. Los vacunos, caballares y lanares que trajeron consigo los primeros conquistadores se habían reproducido prodigiosamente, constituyendo una enorme fuente de riqueza.

En un principio sólo se aprovechó el cuero y la crin de los animales, Más tarde se conservó la carne secándola al sol (tasajo -o charqui) o bien salándola. La agricultura, existió como explotación local y se cultivó trigo, maíz, caña de azúcar, yerba mate, maní, etc.

En telares rudimentarios se tejieron ponchos de lana de vicuña y de guanaco. El algodón se cultivó en las misiones jesuíticas, y la región de Cuyo ya producía buenos vinos. La platería fue una industria importante en el Alto Perú, y un gremio de plateros se estableció en Buenos Aires.

Comercio: — La mayor o menor libertad en el comercio colonial estuvo de acuerdo con las ideas políticas dominantes en cada época. En un principio el absolutismo en Europa trajo como resultado la falta de libertad comercial, el monopolio; las posesiones americanas sólo podían comprar o vender los productos a España.

Con este régimen las colonias eran las perjudicadas las colinias eran las mas perjudicadas. Las rutas eran las siguientes: desde el puerto de Sevilla llegaban los productos a Santo Domingo, de allí a Portobello sobre el istmo, a las costas de Venezuela y a Veracruz en México. De Portobello eran transportados los productos a lomo de muía a través del istmo hasta Panamá. Y de allí en la llamada «armada del Mar del Sur hasta Callao.

 Por tierra las mercaderías llegaban hasta Buenos Aires, pero sumamente encarecidas, Luego se fueron logrando algunas franquicias; los llamados navíos de registro que llegaban a todos los puertos de América significaron para Buenos Aires el comienzo del intercambio directo y la independencia económica que hasta ese momento había estado supeditada al Perú. En 1778, con la «Pragmática» de Libre Comercio, que establecía franquicias reduciendo impuestos, el intercambio aumentó de tal manera que, de 150.000 cueros anuales que se exportaban, la cifra se elevó a 800,000 y más tarde a un millón y medio.

La libertad de comercio logró algunas conquistas más, como la del intercambio con las colonias extranjeras y buques neutrales, pero culminó con la célebre «Representación de los Hacendados», de Mariano Moreno, con la que se logró el 6 de noviembre de 1809 la libertad comercial, aunque todavía con ciertas restricciones.

La instrucción pública. — La tarea de educar a los niños en la colonia estuvo principalmente a cargo de religiosos. En los tiempos iniciales de la conquista se descuidó mucho la instrucción, porque los españoles que venían a América no eran precisamente las gentes más cultas de la península y, sobre todo, por las dificultades que se oponían a la fundación de escuelas: la escasez de libros, lo heterogéneo de los elementos a educar y la falta de libertad para enseñar, por los prejuicios sociales y políticos que impedían la difusión de las ideas liberales. Para la enseñanza primaria no había maestros, y se improvisaban con esclavos enseñados para ese objeto, llegando algunos a desempeñarse bien en. el cargo.

Había tres clases de escuelas primarias:
Religiosas: llamadas escuelas conventuales porque funcionaban anexas a los conventos.
Laicas: eran las fundadas por los cabildos y que se sostenían con el tesoro público. Había otras llamadas «escuelas del rey» destinadas a instruir a los pobres.
Particulares
: a ellas concurrían los niños de familias pudientes, mediante el pago de una cantidad mensual.
La educación de las niñas estaba muy descuidada, enseñándoseles sólo lo indispensable.

La enseñanza secundaria se impartía en el colegio de Monserrat, en Córdoba, y el colegio de San Carlos en Buenos Aires, El virreinato contó asimismo con dos universidades: la de Córdoba y la de Charcas, siendo ésta la preferida por los estudiantes por su Facultad de Jurisprudencia.

La imprenta. — Las primeras fueron traídas por los jesuitas para sus misiones, y una de ellas fue instalada en Córdoba, Al ser expulsados éstos quedó abandonada, hasta que en 1780 el virrey Vértiz mandó traerla a Buenos Aires e instalarla en la Casa de los Niños Expósitos, donde se imprimieron; «El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata», llamado comúnmente, «El Telégrafo», primer periódico aparecido 1801. A este siguió el «Semanario de Agricultura, Industria y Comercio», de Hipólito Vieytes en 1802, y mas tarde a principios de 1810 el «Correo de Comercio» , fundado por Manuel Belgrano.

Antecedentes al Descubrimiento de America Cronologia

Antecedentes al Descubrimiento de América

Resumen del Descubrimiento de America

Durante casi un milenio, la Europa católica estuvo confinada a un área geográfica. Su mayor intento por extenderse más allá de sus fronteras, las Cruzadas, había fallado en gran medida.

Europa nunca había perdido por completo el contacto con el mundo exterior: los productos elaborados en Asia y África entraban a los castillos medievales, se leían los trabajos de filósofos musulmanes en las universidades y, en los siglos IX y X, los vikingos habían llegado incluso a las franjas orientales de América del Norte.

Pero en todos los casos, los contactos con las civilizaciones no europeas permanecieron limitados hasta finales del siglo XV, cuando los europeos se embarcaron en una notable serie de viajes a ultramar. ¿Qué los motivó a emprender viajes tan peligrosos a los confines de la Tierra?

Desde tiempo atrás los europeos se sentían atraídos por las tierras fuera de Europa. De hecho, en la Edad Media floreció mucha literatura imaginaria sobre «otros mundos».

En el siglo XIV, el autor de Los viajes de sir John Mandevitte habló de reinos (que él nunca había visto) llenos de piedras preciosas y oro.

Otras tierras eran más aterradoras. Según esto, en un país «habitan gigantes de 8.5 a 9 metros de estatura… Y comen carne humana con más gusto que cualquier otra carne»; y en las tierras lejanas del norte vivían «mujeres totalmente crueles y malvadas que llevan piedras preciosas en sus ojos. Y son tan especiales que si miran con ira a cualquier hombre lo matan en seguida con la mirada». Otros escritores hablaron de reinos cristianos misteriosos: el reino mágico del Preste Juan en África y una comunidad cristiana en el sur de la India que supuestamente fundó Tomás, el apóstol de Jesús.

Aunque el control musulmán de Asia Central impidió que Europa tuviera contacto con los países de lejano oriente, las conquistas de los mongoles en el siglo XIII reabrieron las puertas.

Los viajes medievales más famosos al oriente los realizaron los Polo de Venecia. Nicolás y Mafeo, comerciantes de esa ciudad, acompañados por Marco, hijo de Nicolás, emprendieron el largo viaje hacia la corte del gran gobernante mongol Kublai Kan (1259-1294) en 1271.

Un relato de las experiencias de Marco, los Viajes, fue el más informativo de todas las descripciones de Asia hechas por los viajeros europeos medievales. Otros siguieron el ejemplo de los Polo, pero en el siglo XIV, las conquistas de los turcos y luego el resquebrajamiento del imperio mongol redujeron el tránsito occidental a Oriente.

Con el cierre de las rutas terrestres, numerosos europeos se interesaron en llegar a Asia por mar para tener acceso a las especias y otros artículos preciosos de la región. Cristóbal Colón tenía una copia de los Viajes de Marco Polo cuando comenzó los preparativos de su travesía, que marcaría una época, por el océano Atlántico.

Un motivo económico, largamente acariciado en el Renacimiento, era una de las causas de la expansión europea.

Comerciantes, aventureros y funcionarios gubernamentales tenían grandes esperanzas de encontrar metales preciosos y nuevas áreas de comercio, en particular de acceso más directo a las especias del Oriente, que seguían llegando a Europa por los intermediarios árabes, pero su costo era exorbitante.

Muchos exploradores y conquistadores europeos no dudaron en expresar su deseo de obtener ganancias materiales.

Un conquistador español explicó que él y su gente fueron al Nuevo Mundo a «servir a Dios y su majestad, a dar la luz a aquellos que estaban en la oscuridad y a enriquecerse, como deseaban todos los hombres».

Esta declaración expresa otra razón importante de los viajes por ultramar: el celo religioso.

En Portugal y España, donde la mayoría de los musulmanes habían sido expulsados durante la Edad Media, se tenía una mentalidad de cruzados particularmente fuerte.

Los contemporáneos del príncipe de Portugal Enrique el Navegante decían que éste estaba inspirado en «su gran deseo de acrecentar la fe en nuestro Señor Jesucristo y llevarle las almas que habrían de ser salvadas».

Si bien la mayoría de los eruditos cree que el motivo religioso era secundario frente a las consideraciones económicas, sería candido pasar por alto el genuino deseo tanto de los exploradores como de los conquistadores, y no se diga de los misioneros, de convertir al «salvaje» al cristianismo.

Hernán Cortés, conquistador de México, preguntaba a los mandatarios españoles si no era su deber asegurar que los nativos mexicanos «fueran iniciados e instruidos en la santa fe católica», y predecía que si «la devoción, fe y esperanza que ahora tienen hacia sus ídolos se dirigiera ahora hacia el divino poder del verdadero Dios… obrarían muchos milagros».

Los asuntos espirituales y seculares estaban estrechamente entrelazados en el siglo XVI. Sin duda, la grandeza y la gloria, al igual que la franca curiosidad intelectual y el espíritu de aventura, también desempeñaron cierto papel en la expansión europea.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

EL PROYECTO DE CRISTÓBAL COLÓN:

En aquellos tiempos vivía en Lisboa, capital de Portugal, un marino genovés, Cristóbal Colón, que había llegado allí, según se cree, como sobreviviente de un naufragio.

Colón conocía la forma esférica de la Tierra –aunque la consideraba más pequeña de lo que en realidad es– y entendía, por tanto, que navegando hacia el oeste, es decir, en sentido contrario al seguido hasta entonces, sería igualmente posible llegar a las Indias.

Las ideas de Colón sobre la redondez de la Tierra no eran nuevas, ya que veinte siglos atrás los griegos habían establecido la forma del planeta, y calculado casi exactamente sus dimensiones.

Sin embargo, no fue fácil para Colón encontrar quien apoyara sus planes.

A pesar de todo, consiguió llegar hasta el rey de Portugal, el que, finalmente, rechazó su propuesta. Decepcionado, Colón se dirigió entonces a España con su hijo Diego. Al llegar al convento de La Rábida, pidió asilo a los frailes.

Por mediación de dos sabios sacerdotes de aquel convento, el prior fray Juan Pérez -que había sido confesor de la reina- y fray Antonio de Marchena, logró finalmente Colón ser recibido por los monarcas españoles, Fernando e Isabel, los Reyes Católicos.

Pero el momento no era propicio: España estaba aún en guerra contra los moros, que la habían invadido ocho siglos antes, y los reyes, abrumados por gastos y preocupaciones, sólo accedieron a someter los proyectos de Colón a una Junta, en Salamanca, la cual se manifestó en contra.

Dispuesto a volverse a Portugal, Colón regresó entonces al convento de La Rábida, en busca de su hijo. Pero no todo estaba perdido: durante los años transcurridos, España había desalojado por fin a los moros.

Una nueva entrevista fue pedida a los soberanos y, después de muchas vacilaciones, la reina Isabel decidió aceptarla propuesta de Colón. Se firmaron entonces las Capitulaciones y se organizó la expedición.

Tres naves fueron equipadas: la Santa María, la Pinta y la Niña, la tripulación se formó con ciento veinte hombres, entre los cuales había algunos marinos experimentados, como los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, Pedro Alonso Niño y Juan de la Cosa, dueño este último de la Santa María.

Cristóbal Colón no tenía idea de la existencia de América cuando partió hacia el oeste en 1492.

Se conocía desde hacía tiempo que la Tierra era redonda, pero Colón, pensando que la Tierra era más pequeña de lo que es, creía que al navegar hacia el oste alcanzaría las Indias con mayor rapidez que circunnavegando África.

De hecho, sus tres barcos tardaron treinta y tres días en llegar a las Bahamas y tal era su convicción de que había alcanzados las Indias que se refirió a sus habitantes como indios.

Los orígenes de Colón son controvertidos, pero sus patronos eran Fernando e Isabel, rey y reina de una España que acababa de terminar la reconquista. Fernando e Isabel eran católicos fervientes y Colón informó que las Indias estaban llenas de paganos que se podrían convertir a la fe verdadera, y también llenas de oro.

La pretensión de la Corona de Castilla sobre las nuevas tierras en el oeste se vio contestada por Portugal, de manera que mediante el tratado de Tordesillas de 1494, propiciado por el papa, América se dividió entre los dos países, con Portugal ganando Brasil y quedando el resto para España. Los ingleses también tuvieron interés en el Nuevo Mundo y en 1496 el rey Enrique VII patrocinó a un navegante italiano, Juan Caboto, que al año siguiente llegó al noreste de América del Norte.

Pasarían otros noventa años antes de que los ingleses intentaran establecer asentamientos en América del Norte, pero más al sur españoles y portugueses aprovecharon su superioridad tecnológica frente a los nativos.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

CRONOLOGÍA DE LOS DESCUBRIMIENTOS EN AMÉRICA

———1485-86———
El marino portugués Diego Cao llega a las costas de África occidental. Muere durante el viaje de regreso.

———1487-88———
Durante una fuerte tempestad, el marino portugués Bartolomeu Díaz es arrastrado hasta el cabo de Buena
Esperanza, en el sur de África. Se convierte en el primer marino europeo que llega al océano índico.

——— OCT. 1492 ———
Cristóbal Colón, un navegante italiano, culmina una expedición financiada por la monarquía española de los Reyes
Católicos, desembarcando en América. Llega concretamente a San Salvador, en las Bahamas. En sus viajes posteriores,
Colón exploró y colonizó las islas y tierras del Caribe.

———1494———
El tratado de Tordesillas establece el primer reparto de zonas de influencia entre España y Portugal. La línea
de separación es el meridiano situado a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, la parte oriental es para
los portugueses, y la occidental para los españoles.

———1497———
Giovanni Caboto, un explorador italiano al servicio de Inglaterra, desembarca en Terranova, Canadá. Reclama Norteamérica para los ingleses.

———1497-99———
El navegante portugués Vasco da Gama bordea el cabo de Buena Esperanza y llega al océano índico. Un navegante indio le conduce hasta Calicut, India.

———1498-1500———
En su tercer viaje, Colón recorre Trinidad y Venezuela, a las que llama «el paraíso terrenal».

———1499 ———
Américo Vespucio, explorador italiano al servicio de los Reyes Católicos y la corona portuguesa, llega a las costas
de Venezuela y sostiene que las tierras descubiertas forman parte de un cuarto continente desconocido. El cartógrafo
alemán Martin Waldseemüller da origen al nombre de América, al denominar así las tierras descubiertas por Colón.

———1500 ———
Pedro Cabra! desembarca en Brasil y reclama el territorio para Portugal. En el mismo viaje visitará Mozambique
y Calicut, en la India.

———1502-04———
En su cuarto viaje, Colón recorre el Caribe, desde el golfo de México hasta Panamá. Los expedicionarios ven por
primera vez un caimán.

———1513———
Núñez de Balboa descubre el Océano  Pacífico y fija el istmo de Panamá, lo que demuestra que las tierras descubiertas
por Colón forman parte de un nuevo continente.

———1515———
Juan Díaz de Solís, llega al Río de la Plata.

———1519-22 ———
El navegante español Juan Sebastián Elcano da la primera vuelta al mundo por mar. Fernando Magallanes, que
estaba al mando de la expedición, murió durante la travesía.

———1534-55———
El francés Jacques Cartier se aventura por el río San Lorenzo (en Canadá), y llega hasta Montreal.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

LISTA DE OTROS TEMAS QUE PUEDEN INTERESAR

Planes y Viajes de Cristóbal Colón

Primeros Exploradores de América en Busca de Nuevas Rutas

Primeros Indígenas de América y Argentina

Descubrimiento del Río de la Plata

Las Expediciones de Gaboto y García en Busca de Riquezas

Pedro de Mendoza y las Fundaciones del Buenos Aires

La Conquista Territorial y Espiritual

Gobernaciones y Gobernadores

El Virreinato del Río de la Plata y sus Autoridades

La Vida en el Nuevo Continente