Emperadores Filósofos de Roma

El Bajo Imperio Romano Caracteristicas

El Bajo Imperio Romano: Funcionarios, Curiales, Colonos y Soldados

NUEVA ORGANIZACIÓN DEL IMPERIO: La reorganización del Imperio, comenzada por Diocleciano, continuó durante el reinado de Constantino y acabó en tiempo de sus sucesores.

El Imperio romano tenía aproximadamente la misma extensión que a la muerte de Augusto.

El Bajo Imperio Romano es el período histórico que se extiende desde el ascenso de Diocleciano al poder en 284 hasta el fin del Imperio romano de Occidente en 476. Tras los siglos dorados del Imperio romano, comenzó un deterioro en las instituciones del Imperio, particularmente la del propio emperador

Había perdido el territorio de la orilla derecha del Rhin, adquirido en el siglo I la Dacia, conquistada por Trajano, las provincias quitadas al reino de los partos. De las conquistas de los emperadores no le quedaba más que la Bretaña, es decir, aproximadamente la Inglaterra actual.

Excepto la Bretaña, los límites del mundo romano eran como en la época de Augusto: al este, el Océano; al norte, el Rhin y el Danubio; al este, el mar Negro, la Armenia, el Eufrates y el desierto de Siria; al sur, el desierto de África.

Pero en tiempo de Augusto, la mayor parte de los habitantes eran todavía extranjeros sometidos a unos cuantos millones de ciudadanos romanos. A fines del siglo IV, todos los habitantes del Imperio se llamaban romanos.

El Imperio estaba dividido en 117 provincias, cada una con un gobernador llamado praeses, excepto en Italia, donde se llamaba corrector. Varias provincias estaban reunidas en una diócesis, cada una con un vicario (vicarius). Eran grandes regiones, como la Galia, España, Bretaña, Iliria.

Ya no había un prefecto del pretorio único, se habían creado cuatro que se repartían el Imperio. Cada uno tenía su territorio que llevaba un nombre único. Por ejemplo, el prefecto del pretorio de las Galias tenía las tres diócesis de la Galia, España y Bretaña.

Estos funcionarios ya no ejercían poder alguno sobre los soldados.Los ejércitos eran mandados por duques y condes, establecidos en las provincias fronterizas.

Los dos jefes superiores eran el maestre de la caballería (magister equitum) y el maestre de la infantería (magister peditum).

Toda esta organización nos es conocida por una especie de almanaque oficial hecho por el año 419, la Notitia dignitatun et potestatum tam civilium quam militarium in partibus Orientis et Occidentis. Cada dignatario, cada gobernador, tiene en él su artículo espacial, precedido de un dibujo que representa sus insignias o las plazas fuertes de su provincia.

el bajo imperio romano

LA CORTE
Los antiguos emperadores, que vivían en Roma o con el ejército, habían conservado la vida sencilla de los magistrados y de los generales romanos.

El emperador, al establecerse en Oriente, adoptó los hábitos de los reyes orientales. Se hizo llamar Dueño o Majestad. Ya no hubo ciudadanos, todos se llamaban subditos del emperador.

Este era tratado como un ser divino, todo lo que le pertenecía se denominaba sagrado, se decía el palacio sagrado, la Cámara sagrada, el Consejo sagrado, el tesoro sagrado.

En lugar de la toga romana, empezó a usar magníficas vestiduras flotantes, tejidas con seda y oro, y la diadema, cinta adornada con perlas, insignia de la realeza, ciñendo la frente.

En vez de recibir a sus amigos y comer familiarmente con ellos, se mantuvo apartado, separado del resto de los hombres como una especie de dios.

En lugar de mostrarse en público se encerró en el palacio, no dejándose ver más que en los días de ceremonia, sentado en un trono de oro, rodeado de multitud de servidores, de guardias armados y de cortesanos.

Se adoptó también la costumbre oriental de acercarse a los soberanos como si fueran dioses.

Todo el que era admitido a la presencia del emperador, se prosternaba con el rostro pegado al suelo en señal de adoración. El palacio del emperador había llegado a ser igual que la corte del rey de Persia.

A este régimen se ha apellidado el Bajo Imperio.

El emperador tenía a su lado una corte numerosa. Para su defensa contaba con varias compañías de guardias a pie y a caballo, y con un pequeño ejército para custodiar su palacio.

Tenía una tropa de chambelanes para su servicio doméstido, otra de intendentes para ocuparse de sus negocios particulares.

Para ayudarle a gobernar, contaba con un Consejo de Estado, el sacrum consistorium, que preparaba sus edictos, y con un personal numeroso de secretarios, dividido en cuatro secretarias (scrinia), sin contar el personal de inferior categoría, alguaciles, mensajeros, bedeles.

Durante el siglo IV había habido un número variable de emperadores, a veces varios, a veces uno solo (Constantino, Constancio desde el año 350, Juliano, Teodosio al final de su reinado).

Teodosio, al morir, dividió el Imperio entre sus dos hijos, Arcadio, el mayor, recibió el Oriente, es decir, Asia, el Egipto y casi toda la península de los Balkanes, todos los países en que se hablaba griego. Tenía su corte en Constantinopla.

El menor, Honorio, tuvo el Occidente, es decir, Italia, la Galia, España, Bretaña, África, la Nórica, la Rhecia, la Pannonia y Dalmacia, es decir, los países en que se hablaba latín. Su corte residió en Milán, más tarde en Ravena.

Este reparto continuó después de la muerte de los dos emperadores, de suerte que las gentes se acostumbraron a considerar el Imperio dividido en dos: el Imperio de Occidente, el Imperio de Oriente, y en lo sucesivo hubo dos Cortes, una en Constantinopla, otra en Italia.

LOS FUNCIONARIOS
Los personajes encargados de administrar se habían hecho más numerosos, el emperador ya no comunicaba directamente con todos.

Daba sus órdenes a funcionarios superiores, cada uno de los cuales mandaba a todos los encargados de un género de funciones.

Estos jefes de servicio, análogos a los ministros de las. monarquías modernas, eran:

El conde de la cámara sagrada (comes sacris cubiculi), jefe de los criados adscritos al servicio de la persona del emperador.

El maestre de los oficios (magister officiorum), jefe de los empleados de palacio.

El cuestor, que dirigía a los empleados de las escrituras;

El conde de las larguezas sagradas (comes sacrarum largitionum), que dirigía a los empleados financieros;

El conde de los dominios particulares de la casa divina, director de los empleados del patrimonio imperial;

El conde de los guardias a caballo;

El conde de los guardias a pie.

Además, los prefectos del pretorio dirigían a los gobernadores. Los maestres de caballería y de infantería mandaban el ejército.

Los prefectos de la ciudad (praefecti urbis), dirigían a los funcionarios de obras públicas.

Este régimen, nuevo para los antiguos, ha llegado a ser familiar para nosotros. Estamos acostumbrados a ver funcionarios, recaudadores, jueces, ingenieros, oficiales, organizados en servicios distintos, cada uno con su función especial, y a las órdenes de un ministro director del servicio.

El Bajo Imperio es el que ha dado el primer ejemplo.

Todos estos funcionarios estaban organizados en escalas. Cada uno, según su rango, recibía un título y lo trasmitía a sus hijos. Había varios grados de nobleza, en el orden siguiente:

Los nobilissimi, que eran los príncipes de la familia imperial;

Los Ilustres, que eran los jefes de servicio, los prefectos del pretorio y ¡os maestres de los soldados;

Los spectabiles, que eran los vicarios, los condes y los duques de las fronteras;

Los clarissimi, llamados también senadores, que eran ios simples gobernadores.

Por bajo ven ían aún los perfectissimí y los egregii, que correspondían aproximadamente a los antiguos caballeros.

Todo personaje importante tenía su cargo, su rango y su título.
Para sostener a este personal se había creado un nuevo sistema de impuestos.

Los principales eran: el impuesto territorial, para el cual se hacía un nuevo reparto cada quince años, llamado indictio; el impuesto sobre las personas (capitatio); el impuesto sobre la industria y el comercio, conocido con un nombre griego (crisargiro), que se pagaba cada cinco años.

El Imperio, destrozado por las guerras y las invasiones, se había empobrecido, lo cual hacía más gravosas las contribuciones.

LOS CURIALES
Continuaba el Imperio romano, como en tiempo de los Antoninos, dividido en ciudades, cada una de las cuales tenía por centro una ciudad, a la que obedecía un territorio.

Cada una era gobernada por un Consejo copiado del Senado romano y constituido por los principales propietarios del país.

El gobierno romano no se había tomando nunca el trabajo de percibir directamente lo que habían de pagar las ciudades.

El emperador fijaba el impuesto y el gobernador de la provincia hacía saber a cada ciudad lo que tenía que pagar.

Los curiales distribuían la cantidad entre los habitantes de la ciudad, recogían el dinero y lo enviaban al gobierno.

Eran responsables de la contribución, y les correspondía adoptar las medidas oportunas para que se percibiera. Si no conseguían que los habitantes pagaran, habían de hacerlo ellos.

Hasta el siglo III parece que las contribuciones se cobraron con bastante facilidad, y por eso no costó trabajo encontrar curiales. Los propietarios del país ambicionaban este cargo, que hacía de ellos los principales personajes de la ciudad. El curial era en su país lo que el senador en Roma.

Después de las invasiones y de las guerras civiles del siglo III, hubo en el Imperio, sobre todo en Occidente, un cambio que no comprendemos bien, pero cuyos resultados conocemos.

El dinero se hizo mucho más escaso. Los habitantes, por temor a los bárbaros, escondieron gran cantidad de monedas de oro y plata, y objetos preciosos.

Se ha encontrado gran cantidad de esos tesoros enterrados por gentes que sin duda fenecieron y no pudieron ir a sacarlos. Los bárbaros se habían llevado también mucho oro y mucha plata.

Como no había minas que p, adujeran estos metales, el Imperio se empobreció en este respecto.

Como los habitantes de las ciudades no pudieran ya pagar los impuestos, los curiales se veían obligados y hacerlo en su lugar.

Fue entonces una carga ruinosa que los propietarios trataron de evitar. En muchas ciudades no se encontró ya número suficiente para constituir la curia. Los emperadores, que tenían necesidad de curiales que pagasen el impuesto, hicieron leyes para lograr que la curia fuese obligatoria.

El que poseía 25 arpentas de tierra, hubo de ser curial de buen o mal grado. Así este puesto, en otro tiempo buscado como un honor, vino a ser carga obligatoria.

Los obligados trataron de evadirse hacendóse sacerdotes, monjes, soldados o funcionarios.

Hubo también curiales que renunciaron a sus tierras y que huyeron de su ciudad.

Los emperadores ordenaron apoderarse de ellos y volverlos a la fuerza, prohibieron que todo el que fuera curial ingrésase en el ejército, en los cargos públicos o en la Iglesia.

El curial hubo de permanecer sujeto a su ciudad, él y sus hijos, a perpetuidad. Una ley imperial dice que los curiales «son los esclavos del Estado».

A pesar de estas medidas, ya no hubo en ciertos países curiales suficientes para llenar las curias de todas las ciudades.

A mediados del siglo IV la población de una provincia se había amotinado contra el pago de los impuestos, y el emperador Valentiniano ordenó al gobernador que fueran ejecutados tres curiales de cada ciudad.

El gobernador le respondió: «Dígnese Vuestra Clemencia resolver lo que debe hacerse en las ciudades donde no haya tres decuriones». Esta lucha entre el gobierno y los curiales duró hasta los tiempos en que los reyes bárbaros se establecieron en las provincias y dejaron de reclamar el impuesto a las ciudades.

LOS COLONOS
En el Imperio romano, casi todo el suelo pertenecía a grandes propietarios y estaba dividido en grandes dominios, cada uno comprendiendo lo que uno de nuestros términos municipales.

No había bastantes esclavos para cultivar todas aquellas tierras, y los propietarios tuvieron necesidad de emplear también hombres libres.

No habrían podido encontrar arrendatarios, aun cuando el arriendo existía en derecho romano, porque para ser arrendatario había de comprometerse a pagar una suma en metálico y el dinero había llegado a escasear grandemente.

El propietario, por consiguiente daba a cultivar una parcela de tierra a un individuo que se comprometía a llevarle parte de lo que recogiera, como hacen hoy todavía los aparceros.

Se llamaba a estos individuos «cultivadores» (colonus). Había ya colonos en el siglo II. Plinio el joven, en una de sus Cartas, cuenta que ya no puede encontrar arrendatarios que paguen por sus tierras, y dice: «No veo más que un remedio, y es arrendar, no por dinero, sino por una parte de los frutos».

El colono era hombre libre. Podía comparecer ante el tribunal, alistarse en el ejército, heredar, adquirir propiedad, cosas todas prohibidas al esclavo. Pero no era independiente con respecto al propietario.

Con mucha frecuencia le debía dinero y, como no podía pagárselo, ya no tenía derecho a irse.

El propietario no estaba comprometido con respecto al colono, puesto que entre ellos no existía contrato; pero le resultaba beneficio de dejarle cultivar la tierra indefinidamente, porque con trabajo habría podido sustituirle.

Poco a poco los colonos se fijaron en el suelo que cultivaban de padres a hijos. Luego el gobierno tomó la costumbre de inscribir en el registro del censo (es decir, del impuesto), a los colonos que había en cada dominio.

En lo sucesivo el propietario dejó de tener el derecho de expulsar al colono, porque el gobierno le prohibía disminuir el valor de sus tierras. Entonces los colonos quedaron definitivamente sujetos a la parcela de tierra que cultivaban, y que al morir trasmitían a sus hijos.

Debían entregar solamente a los propietarios una renta establecida por la costumbre, y que difería según las propiedades, renta que se denominaba «costumbre del dominio».

Muchas veces también habían de hacer en las tierras del propietario, para las labores o la recolección, un número determinado de días de trabajo. Por el contrario, el colono no tenía el derecho de abandonar su tierra.

El gobierno quería tener cultivadores como quería tener curiales, e hizo leyes que prohibían a los colonos salir de su condición.

Ya en el siglo II no hubo colonos suficientes para cultivar todas las tierras, sobre todo en los países saqueados por las invasiones, como la Galia.

Los emperadores empezaron entonces a trasladar a las tierras en que faltaban brazos a los bárbaros que hacían prisioneros, y que eran germanos principalmente. Bandas enteras fueron establecidas de esta suerte.

Después de la derrota de los godos por el emperador Claudio, muchos guerreros habían quedado prisioneros con sus mujeres, que los seguían en carros, y fueron establecidos en las provincias.

Un profesor de retórica, Eumenes, haciendo el elogio de Constantino, dice; «Hemos visto en todas las ciudades tropas de bárbaros cautivos sentados, repartidos entre los propietarios de las provincias y esperando que se les condujera a los campos desiertos que les habían sido asignados. No había ya bastantes labradores en los territorios de Amiens, de Troyes y de Beauvais, que resultan enriquecidos por el trabajo de los cultivadores bárbaros».

Los bárbaros no llegaban a ser propietarios ni esclavos, sino colonos. Una vez establecidos en una tierra, no debían dejarla jamás, pero el propietario no podía exigir de ellos más que el cultivo.

LOS BARBAROS EN EL EJERCITO
El ejército romano, desde la época de Augusto, estaba formado por soldados de profesión que pasaban la vida en los campamentos.

El gobierno se encargaba de alimentarlos y les pagaba un sueldo. Cuando llegó a escasear el dinero, el Estado dejó de pagar el sueldo y el ejército se transformó.

Ya en los últimos años del siglo IV, Septimio Severo dio a los soldados una ración de trigo mayor y les permitió vivir con sus mujeres. Luego los centuriones fueron suprimidos.

Como los legionarios ya no percibían sueldos ni tenían oficiales, no fueron más que campesinos establecidos en la frontera.

Estaban obligados al servicio militar, pero no aparecían ejercitados ni disciplinados. Se les llamaba limitanei (guarda-fronteras). Se conservó todavía la palabra legio. Se decía numerus (como hoy se designa un regimiento por su número).

He aquí cómo el emperador Valeriano, al nombrar a Aureliano comandante de un cuerpo de ejército, enumera las fuerzas que pone a sus órdenes: una legión, cuatro príncipes germanos, 300 arqueros ilirios, 600 armenios, 150 árabes, 300 meso-potamios, 800 hombres de caballería pesada.

A fines del siglo III el emperador reorganizó el ejército y creó cuerpos nuevos: la guardia imperial llamada domestici protectores, los palatini comitatenses, es decir, que acompañaban al emperador. Más tarde se crearon los pseudo-comitatenses.

Este era el verdadero ejército. Pero no había ya voluntario suficientes para reclutar estos cuerpos y, como ya casi no quedaban en los campos labradores propietarios, cuando había necesidad de nutrir los cuerpos con alistamientos obligatorios, se recurría a los grandes propietarios.

Cada uno de ellos debía proporcionar cierto número de reclutas (tirones), que tomaba de entre los colonos de sus tierras.

Aquellas gentes eran malos soldados. Ya no tenían instrucción militar, no sabían, como los antiguos soldados romanos, combatir con el pilum y la espada. No usaban casco, sino un sombrero de paja.

Los guerreros bárbaros habían conservado la afición y la costumbre de batirse. Los emperadores prefirieron utilizarlos, y cada vez más se acotumbraron a formar sus ejércitos con cuerpos de bárbaros, sobre todo germanos, que conservaban su armamento y su manera de combatir.

No era cosa nueva tomar al servicio de Roma guerreros extranjeros. Siempre había habido en el ejército imperial auxilia, sobre todo jinetes germanos, pues los romanos no tenían caballería de su nación. Pero aquellos auxiliares eran puestos a ¡as órdenes de oficiales romanos.

En el siglo IV se hicieron entrar en el ejército bandas de bárbaros mandadas por jefes bárbaros.

Ya en el año 312, Constantino llevó a Italia un ejército formado principalmente por bárbaros, germanos, celtas y bretones, y Juliano le reprochaba «haber elevado el primero al bárbaro hasta la dignidad de cónsul».

En el ejército con que el mismo Juliano rechazó a los alamanes, los soldados, en el momento de combatir, entonaban el canto de guerra al modo germánico, y, cuando le proclamaron emperador en París, le alzaron sobre sus escudos como los guerreros germanos hacían con su rey.

Un orador griego, Sinesio, deploraba aquel cambio. «Es una vergüenza, decía, que este Estado tan numeroso abandone el honor de la guerra a extranjeros cuyas victorias nos humillan aun cuando nos sirvan. Estas gentes, una vez armadas, querrán hacerse dueñas de nosotros, y nosotros, que desconocemos la guerra, habremos de luchar con hombres ejercitados. Deberíamos despertar nuestros viejos sentimientos romanos y combatir nosotros mismos en nuestras batallas».

A fines del siglo IV ya no había nada más que bandas de bárbaros en el ejército. Estaban establecidos, no solamente en las fronteras, como los soldados de la época de Augusto, sino en todas las provincias del Imperio con el nombre de foederati (aliados).

En la Galia, por ejemplo, la Notitia dignitatum indica suevos acantonados en Mans, en Bayeux, en Auvernia —francos en Rennes—, sármatas en París, Langrés y Valence. Algunas aldeas conservan todavía el nombre de Sermaise.

Los jefes bárbaros habían venido a ser los verdaderos dueños del Imperio. Un franco, Silvano, se había hecho proclamar emperador por el ejército del Rhin el año 355.

Otro franco, Arbogasto, hizo proclamar emperador a un profesor de retórica, Eugenio (392).

La invasión de los bárbaros había comenzado por el ejército.

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Biografia de Constancio Cloro Emperador Romano

Biografia de Constancio Cloro Emperador Romano

El 1º de marzo de 293, siguiendo las directrices políticas de Diocleciano, el Augusto de Occidente Maximiano adoptó y dio el título de César a un general ilirio, Flavio Constancio, el cual tomó el nombre de Flavio Valerio Constancio.

Biografia de Constancio Cloro Emperador

Flavio Valerio Constancio​​, conocido comúnmente como Constancio I o como Constancio Cloro, ​ fue emperador del Imperio romano de Occidente desde 293 hasta 305 como césar y desde 305 hasta 306 como augusto. Los historiadores bizantinos le añadieron el epíteto Cloro, con el que se le conoce comúnmente

Según ciertos autores que quisieron dar lustre a la familia, Constancio, llamado Cloro por la palidez de su rostro o por su preferencia por la indumentaria blanca, era persona distinguidísima, pues era hijo de un ciudadano principal de la Dardania, Eutropio, y de Claudia, sobrina del emperador Claudio II, que se ilustró por sus victorias sobre los godos.

Dotado de inteligencia poco común y de eminentes dotes militares, Constancio fue favorecido por Aureliano, Probo y Caro. Su carrera fue rápida y afortunada, y culminó cuando Diocleciano le elevó a la dignidad de César junto con Galerio.

El gran dálmata había observado la simpatía que irradiaba de su persona y la facilidad con que se granjeaba el afecto de compañeros y subordinados; su prudente administración en Dalmacia; su vasta instrucción literaria; y, en fin, su energía y su valor, lo que no eran óbice para destenar cualquier acto brutal o arbitrariedad sangrienta.

Estas condiciones hacían de Constancio el ideal del perfecto emperador, por lo qne Diocleciano no vaciló un momento en designarlo para César de Occidente al lado de Maximiano, y en emparentarlo con éste dándole la mano de su hijastra, Flavia Maximiana Teodora.

Autores modernos sostienen que este enlace se realizó algunos años antes, en 289, cuando Constancio fue nombrado prefecto del pretorio en Occidente.

En el reparto de las provincias del Imperio, a Constancio Cloro le correspondieron la Galia y Bretaña. Su misión era realmente difícil, pues la situación en el remoto Occidente no era muy favorable.

En efecto, la frontera del Rin había sido violada por los alamanes y los francos desde el 286, y en el mismo año el jefe de la flota de Maximiano, Carausio, se proclamó emperador en Bretaña, con el apoyo de sus legiones y de bárbaros anglos y sajones.

Los esfuerzos de Maximiano habían sido inútiles.

Constancio Cloro cambió la situación en pocos años, solo tres. En 293 restableció la frontera del bajo Rin y del Mosela en lucha contra los bátavos. Luego en 296 aseguró la del alto Rin conteniendo y derrotando a los alamanes; en el mismo año reconquistó Bretaña, donde Carausio había sido depuesto y asesinado por Alecto.

Completó estos éxitos militares con una administración muy sabia y eficaz: repobló el Norte de la Galia, fortificó la frontera del Rin y favoreció el orden y la prosperidad provincial.

Durante la persecución de los cristianos, ordenada por Diocleciano en 303, la actitud de Constancio fue digna de toda loa; formado en una vaga filosofía monoteísta, era tolerante y benévolo, e incluso miraba con simpatía a los seguidores de Cristo.

Esta disposición simpatizó y con él a toda su familia, el afecto de la Iglesia cristiana.

Habiendo abdicado Diocleciano y Maximiano, Constancio Cloro ciñó la diadema imperial el 1° de mayo del 305. Ante él se abría un magnífico porvenir.

Pero el destino truncó su carrera, ya que murió el 25 de julio del siguiente año en York (Inglaterra) en el curso de una expedición, victoriosa, contra los pictos y escotos.

Pero si la muerte le arrebató a la Historia, Constancio legó a la posteridad un retoño de su persona en la figura excepcional de Constantino el Grande.

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Biografia de Septimio Severo Emperador de Roma

Biografia de Septimio Severo Emperdor de Roma

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: De reprente en 192-193, se había manifestado la crisis latente que desde hacía una generación atravesaba la estructura del principado romano, iniciado con Augusto.

El asesinato de Cómodo había dado poder y el título imperial a Pertinax, hombre de origen oscuro, pero general de primer orden, político enérgico y administrador prudente y honrado.

Su gobierno, caracterizado por una política liberal respecto al Senado, por el restablecimiento de la disciplina de los pretorianos y por el saneamiento de la hacienda pública, había terminado poco después con su muerte a manos de la soldadesca sublevada.

Publio Helvio Pertinax fue emperador romano durante el breve período comprendido entre el asesinato del emperador Cómodo, cometido el 31 de diciembre de 192, y la muerte del propio Pertinax, también asesinado el 28 de marzo de 193

Y no satisfechos aún con esta acción infame, los pretorianos; considerándose dueños del poder, habían tenido el atrevimiento de vender la dignidad imperial al mejor postor, Didio Juliano, quien pagó por el título veinticinco mil sextercios por cada uno de ellos (193).

El Imperio se hallaba en manos del ejército y el sistema diárquico del Principado quedaba roto por su base.

Septimio Severo era africano (hablaba el latín con acento cartaginés), contaba con el ejército más poderoso (había 10 legiones en el Danubio), le hizo recorrer 260 leguas en siete semanas y fue el primero en llegar a Roma. Los pretorianos no se atrevieron a ofrecer resistencia. Didio, abandonado de todos, fue muerto por orden del Senado, y Severo fue proclamado como nuevo emperador de Roma.

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Severo había nacido en Leptis Magna (Trípoli) el 11 de abril de 146, y procedía de una familia del orden ecuestre, de origen itálico, pero profundamente africanizada.

Sus padres, Septimio Ceta y Fulvia Pía, le dieron una educación bastante esmerada, al objeto de prepararle para la jurisprudencia.

Hacia el 164 pasó a Roma para completar sus estudios. Protegido por Marco Aurelio, a instancias de su tío Severo, Septimio realizó bajo este soberano una carrera brillante: en 171 fue cuestor; propretor de la Bética española en 173 y de Cerdeña en 174; más tarde recibió la legación del proconsulado para la provincia de África, y en 176 fue nombrado tribuno de la plebe.

Pretor para la Tarraconense en 178, recibió al año siguiente el mando de la IV Legión escítica (Antioquía). Cayó en desgracia bajo Cómodo, y entonces dedicó algunos años a perfeccionar su cultura en Atenas.

Fue asesinado un 28 de marzo de 193 d. C., en Roma, Italia

biografia de septimio severo emperador

Lucio Septimio Severo​ fue emperador del Imperio romano de 193 a 211, con el nombre oficial de Lucius Septimius Severus Pius Pertinax Augustus. Fue el primer emperador romano de origen norteafricano en alcanzar el trono y el fundador de la dinastía de los Severos. Tras su muerte fue proclamado Divus por el Senado.

Cuando fue proclamado por su ejército como nuevo emperador Septimio Severo tenía 45 años. Hizo ocupar el campamento de los pretorianos, los reunió delante de su ejército y les ordenó deponer las armas y entregar las banderas.

Luego los licenció, prohibiendo a todos ellos aparecer a menos de cien millas de Roma bajo pena de muerte.

Ya no se alistaron más pretorianos naturales de Italia, y no se admitió como tales más que a los soldados elegidos del ejército. Además, Severo estableció una legión cerca de Roma, al pie del monte Albano.

Se entendió primeramente con Albino, le dio el título de César y le dejó la Bretaña, la Galia y España. Envió su ejército contra Pescennio, que acababa de ocupar todo el Oriente y disponía de nueve legiones. Pero el ejército de Oriente no valía lo que el del Danubio.

Fue vencido en Asia Menor, luego en Iso, a la entrada de Siria. Pescennio cayó prisionero y fue decapitado (194). La guarnición de Bizancio resistió por espacio de tres años.

Sin víveres ya, reducida a comer carne humana, se rindió. Los soldados fueron pasados a cuchillo; las murallas, arrasadas; la ciudad, privada de su gobierno.

LECTURA COMPLEMENTARIA
AMPLIACION SOBRE ESTA BIOGRAFIA

En 187 reapareció en la vida política como gobernador de la Galia Lugdunense; dos años más tarde ocupó el mismo cargo en Sicilia, y en 191 fué destinado a regir los destinos de la Panonia.

Aquí le sorprendieron los sucesos de Roma y su proclamación como emperador.

El acto de las legiones era revolucionario; pero, en realidad, ya nadie sabía qué institución era la depositaría del poder. En este caso la única solución eran la fuerza, la intrepidez y la decisión.

Dando prueba de reunir estas cualidades, Septimio Severo consolidó su título imperial mediante la aplicación de un plan de tres etapas.

En la primera, después de obtener la adhesión de Claudio Albino, jefe de las legiones de Bretaña, nombrándole César y corregente, avanza hacia Italia y derriba el poder de Didio Juliano, quien halla la muerte en la vana resistencia (1° de junio de193).

En la segunda, se dirige contra Níger; asedia Bizancio, cruza los Estrechos, derrota a las legiones de Oriente en Cízico, Nicea e Iso, y logra que su rival emprenda la huida, en la que es asesinado (noviembre de 194).

Finalmente, en una tercera fase, aniquila las esperanzas de Claudio Albino, el cual, convencido de que había sido engañado, desembarca con sus legiones británicas en la Galia y pretende marchar sobre Roma; Septimio Severo le derrota en Trevoux, cerca de Lyón, el 18 de febrero de 197, provocando el suicidio del César.

En este momento, después de tres años de guerra civil, Septimio Severo queda como único emperador por la voluntad de las legiones del Danubio.
Se hace, pues, necesario reorganizar la estructura política del Imperio de conformidad con este principio esencial: la omnipotencia de las legiones.

Después de una guerra afortunada en Oriente contra los partos, que Septimio condujo personalmente, logrando conquistar Babilonia, Seleucia y Ctesifonte (197-198), y restablecer el brillo de las armas romanas en aquella frontera, el emperador regresa a Roma en 202 y procede a sus trascendentales reformas, encaminadas a asegurar la estabilidad gubernamental por el robustecimiento de la autoridad del monarca.

Para ello, como hombre esencialmente militar y como emperador elevado al mando por el ejército, constituye a las legiones como base efectiva de su sistema de gobierno.

Favorece con largueza al ejército, tanto al simple legionario, que ve aumentar su sueldo y recibe el derecho de casarse, como al oficial, ante quien aparta los obstáculos que impedían su rápida carrera. Por otra parte, aumenta la guarnición de Roma y substituye en la guardia pretoriana a los itálicos por soldados de provincia, fieles y adictos a su persona.

Este hecho es significadvo para abarcar la actitud de Septimio Severo frente a unos postulados de política tradicional que ya no son comprendidos, y aclara su posición revolucionaria ante el Senado.

El emperador, que en 193 respetó al Senado para mantener firme su poder ante Pescenio Nlger, actúa duramente contra él después que se ve libre de sus competidores, y en particular de Claudio Albino, esperanza de la aristocracia senatorial.

Depura al Senado y ejecuta a muchos de sus miembros más ilustres.

Le deja los títulos honoríficos, pero le cercena su autoridad o se la arrebata en las esferas legislativa, política, judicial, financiera y militar. Bajo Septimio Severo el Senado deja de ser el supremo representante del elemento civil.

En su lugar, recoge su herencia y se convierte en la rueda más importante de la administración el Consejo Imperial, asamblea de jurisconsultos (Papi-naino, Ülpiano, Paulo y Modestino), encarnación del espíritu y de la voluntad del emperador.

En Septimio Severo actuó la mano del Destino. Pues si él quiso asegurar el poder imperial andándolo en la confianza del ejército, lo que hizo fué dar nuevas alas a la ambición de los oficiales de las legiones.

El inaugura la crisis constitucional del siglo 111 y el hundimiento de la cultura antigua, como se vio después de su muerte, acaecida en Eburácum (York), en el curso de una expedición a Bretaña, el 4 de febrero de 211.

FUENTE

Biografia de Julia Agripina – Madre de Neron

Biografia de Julia Agripina

La figura de Agripina la Menor—-hija de Germánico y Agripina la Mayor — destaca con tonos de sangre, tanto en la vida disipada de la Roma imperial como en los trágicos incidentes que se desarrollaron entre los miembros de la dinastía Julia para asegurarse el poder y derrotar a sus adversarios familiares.

biografia de julia agripina
Julia Agripina (posiblemente en Oppidum Ubiorum, 15-59), más conocida como Agripina la Menor​ —para distinguirla de su madre— o Agripina, fue la hija mayor de Germánico y Agripina la Mayor, bisnieta por tanto de Marco Antonio y Octavia la Menor. Fue además hermana de Calígula, esposa y sobrina de Claudio y madre de Nerón.

Apenas hay otra biografía que, como la de Agripina, contribuya a explicar con mayor realismo las miserias que azotaron a la aristocracia romana después del estable cimiento del Principado por Augusto y a advertir la putrefacción de las costumbres detrás de la majestuosa imagen del edificio del Imperio.

Nació Agripina en el país de lo ubios, en Germania, el 6 de diciembre del año 15.

De su madre heredó la ambición, el ánimo varonil y el deseo de mandar.

Muy pronto intervino en la vida política, aunque» desde luego sin quererlo, pues cuando apenas contaba catorce años de edad fué casada con Cneo Domicio Enobardo, quien tenía treinta años más que ella.

El matrimonio fue planeado por el emperador Tiberio, el cual confiaba en Enobardo para montar una oposición contra el partido de Agripina la Mayor.

Esta y sus dos hijos mayores — Nerón y Druso — fueron desterrados de Roma; Druso fue asesinado por orden de Tiberio y Agripina la Mayor dejóse morir de hambre (31).

En el año 28, con tan solo 13 años, se casó por primera vez con el cónsul romano Cneo Domicio Enobarbo, quien afirmó de su futuro hijo: «De la unión de Agripina y yo sólo puede salir un monstruo.»

Al poco tiempo moría Tiberio en su retiro de Capri, y quedaba expedito el camino para los sucesores de Germánico y Agripina la Mayor.

En el año 37 empezó a reinar Cayo César, el emperador denominado Calígula.

La fortuna parecía sonreír a Agripina por tres motivos: la erección imperial de su hermano, el nacimiento de su hijo Lucio Domicio Enobardo y su traslado a Roma.

En efecto, Cayo quiso tener en la corte a sus tres hermanas — Agripina, Drusila y Julia

En la Ciudad Eterna empezó la gran carrera política de la ambiciosa mujer; y también se inició su hundimiento moral. Figuró en la crónica más licenciosa de la ciudad.

Se asegura que fue amante de su propio hermano y de su cuñado, Emilio Lapido, esposo de Drusila. Tanta aberración sexual tuvo un término transitorio cuando Calígula ordenó matar a Lépido y decretó el destierro de Agripina y Julia a las islas de Ponza (40).

Por entonces, Agripina enviudó.

Un año duró el exilio. Asesinado Calígula, ascendió al poder su tío Claudio (41). Regresaron a Roma las dos hermanas, y muy pronto compitieron entre ellas y con Mesalina, la esposa del emperador, en licencia de costumbres y afanes de mando.

Agripina casó por segunda vez con un personaje fabulosamente rico, Pa-sieno Crispo, el cual murió en 44, según se dice envenenado por su esposa a la que había legado todos sus bienes.

Pero no paraba aquí la ambición de Agripina. Cuando Mesalina fué ejecutada por sus costumbres depravadas (48), la ambiciosa descendiente de Germánico se propuso ser emperatriz. Y con la ayuda del liberto Palas lo logró en el mismo año.

La nueva emperatriz quiso tomar parte efectiva en el gobierno del Estado. Restableció la disciplina de la corte e incluso moderó la licencia anterior.

Concedía audiencia al lado de su esposo y se hizo otorgar el título de Augusta y honores extraordinarios.

Pero su ambición apuntaba más lejos. Quería el trono imperial para su hijo, en detrimento del legítimo sucesor de Claudio, Británico. A sus planes se oponían dos obstáculos: la persona de Británico y la de su hermana Octavia, prometida a Silano, descendiente de Augusto. Agripina logró romper los desposorios, con lo que Silano se suicidó.

Entonces hizo adoptar Lucio Domicio por Claudio, con el nombre de Claudio Nerón.

Para señalarlo como heredero de la corona, le casó con Octavia, le hizo otorgar multitud de honores, confió su educación al filósofo Séneca y le rodeó de personalidades fieles, como Burrho, prefecto del pretorio. Cuando, a pesar de todo esto, el partido de Británico volvió a ganar terreno, Agripina se deshizo de Claudio (54).

Ya tenía Nerón el trono imperial; ya podía mandar Agripina. La emperatriz quiso tomar parte en los consejos, asistir a las sesiones del Senado y a la recepción de los embajadores.

Pero entre el poder y ella se le-ventó una barrera poderosa: su propio hijo. Por una carrera de crímenes, este digno hijo de su madre aseguró sus propios caprichos personales.

Coronaba su obra en marzo del 59. Uno de sus compañeros de vicio, Aniceto, se brindó a librarle de Agripina. Seguido por dos^ camaradas, le dio una terrible muerte.

El puñal de Aniceto, impulsado por el cobarde parricida, desgarró las mismas visceras que habían tenido el fatal privilegio de haber dado a .luz a uno de los mayores monstruos de crueldad y depravación (19 de marzo).

fuente

Todos los Emperadores de Roma Antigua Cronologia

Todos los Emperadores de Roma Antigua-Cronologia

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LISTA CRONOLÓGICA DE TODOS LOS EMPERADORES DE ROMA ANTIGUA

Cuando Augusto, el primer emperador de Roma, murió en 14 d. C, el Senado romano lo declaró dios. De ahí en más, el pueblo adoró a los emperadores y en todo el Imperio se construyeron templos en su honor. Estos edificios impresionantes ponían de manifiesto el poder absoluto de las autoridades supremas.

Los monumentos erigidos para celebrar las victorias bélicas también contribuían a proclamar la fuerza de los soberanos. Los emperadores emitían monedas con sus retratos y encargaban pinturas, mosaicos y esculturas que los representaban a ellos mismos y a sus familias.

Más que mostrarnos una verdadera semejanza, el estilo y el simbolismo de los retratos imperiales nos hablan muchas veces sobre la forma en que un emperador quería que sus súbditos lo vieran. La siguiente es una lista de algunos de los emperadores más importantes.

Augusto 27a. C. – 14d. C.

Tiberio 14-37

Calígula  37-41

Claudio I  41 – 54

Nerón 54-68

Galba 68-69

Oto 69

Vitelio 69

Vespasiano 69-79

Tito  79-81

Domiciano 81 -96

Nerva 96-98

Trajano 98- 117

Adriano 117- 138

Antonio Pío 138- 161

Marco Aurelio 161-180

Cómodo 180- 192

Pertinax 193

Didio Juliano 193

Septimio Severo 193 -211

Caracalla 211 – 217

Macrino 217-218

Elagábalo 218-222

Severo Alejandro 222 – 235

Maximino 235-238

Gordiano I 238

Gordiano II 238

Gordiano III 238 – 244

Felipe 244 – 249

Dedo 249 – 251

TrebonianoGalo 251 -253

Emiliano 253

Valeriano I 253 – 259

Galieno 259-268

Claudio II 268-270

Quintilo 270

Aureliano 270 – 275

Tácito 275 – 276

Floriano 276

Probo 276 – 282

Caro 282 – 283

Carino 283 – 285

Diocleciano 284-305

Maximiano 286-305

Constantino y Licino 307

Constantino I 324-337

Constantino II 337-340

Constancio 340 – 350

Constantius 340 – 361

Julián 361-363

Joviano 363 – 364

Valentiniano I 364-375

Valens 364-378

Graciano 378 – 383

Valentiniano II 375-392

Teodosio I 379 – 395

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DIVISIÓN DEL IMPERIO ROMANO 395 d. C. IMPERIO DE OCCIDENTE
Honorio 394 – 423

Valentiniano III 423-455

Máximo 455

Avito 455 – 456

Majorian 457 – 461

Severo 461 – 465

Antemio 467 – 472

Olibrio 472

Glicerio 473 – 474

Nepo 474 – 475

Rómulo Augústulo 475-476

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IMPERIO DE ORIENTE
Arcadio 395 – 408

Teodosio II 408 – 450

Marciano 450 – 457

Leo I 457 – 474

Zeno 474 – 491

Anastasio I 491 – 518

Justino I 518-527

Justiniano I 527 – 565

Emperador Tiberio

Emperador Claudio

Emperador Vespaciano

Emperador Trajano

Emperador Severo

Emperador Constantino II

Emperador Valentino I

Emperador Galieno

Emperador Gordiano III

Emperador Diocleciano