Emperadores Militares en Roma

Los Emperadores Ilirios

Los Emperadores Ilirios

EMPERADORES ILIRIOS: Se conoce por emperadores ilirios a la serie de emperadores que gobernaron el Imperio romano entre 268 y 285. Este nombre proviene del origen geográfico de la mayoría de los que la componen. En efecto, son mayoritariamente originarios de Iliria, región cuyas fronteras no son muy precisas

El ejército más fuerte del Imperio era el del Danubio, formado por soldados de las provincias vecinas (Pannonia, Dalmacia, lliria), los ilirios, de la misma raza que los albaneses de nuestros días.

Los generales, gobernadores de las provincias fronterizas, no eran ya nobles romanos.

Una ley nueva prohibía a los senadores mandar un ejército. En lo sucesivo los generales procedieron de la clase de oficiales salidos de las filas, la mayor parte ¡lirios, como los soldados.

Y entonces que los ejércitos hacían emperadores a sus generales, ya no hubo casi más que emperadores ilirios. Ellos libraron al Imperio de los bárbaros y restablecieron el orden en el Estado.

Claudio, llamado el Gótico (268), atacó a los godos que habían invadido la Macedonia, los venció en dos grandes batallas y los rechazó al otro lado del Danubio. Murió en Sirmium (270).

Aureliano atacó a los alamanes que habían invadido Italia y los expulsó. En Oriente, la viuda de Ódenato, Zenobia, gobernaba Palmira en nombre de su hijo Vabalath. Bella e instruida, hablaba todas las lenguas del Oriente y el latín, leía a Homero y tenía por ministro a un célebre filósofo griego, Longino.

Pasaba revista a sus soldados, con el casco a la cabeza, los seguía a caballo a campaña, sentaba a su mesa a los oficiales, contra lo que era costumbre de las mujeres de Oriente. Se la llamaba reina.

Había hecho ocupar el Egipto, se preparaba a apoderarse del Asia Menor y a restablecer el Imperio de los Seleucidas. Eran sus aliados los partos y los árabes.

Aurealiano llegó a Oriente con su ejército y reconquistó fácilmente la Siria. La gran batalla se dio cerca del desierto, en Emesa.

Los jinetes de Palmira pusieron en fuga a la caballería romana, pero las legiones decidieron la victoria. Entonces el ejército romano, atravesando el desierto, fue a poner sitio a Palmira.

Zenobia huyó en un dromedario para ir en busca de auxilios ai país de los partos, pero fue tomada prisionera. Palmira se rindió (272).

Pocos meses más tarde se sublevó y degolló a la guarnición romana. Aúreliano estaba todavía en Asia, volvió rápidamente, recobró a Palmira y la destruyó (273). No quedaron de ella más que ruinas.

El emperador sometió luego la Galia, que hacía ya doce años estaba fuera de la obediencia de Roma.

Volvió a Roma para celebrar su triunfo. Delante de su carro iba Zenobia, cargada con tres cadenas de oro, y el emperador de la Galia, Tétrico, con su familia.

Después del triunfo, Aúreliano, en lugar de mandarlos ejecutar como era antigua costumbre, dio a Zenobia una quinta en Italia y nombró a Tétrico gobernador de una provincia.

Renunció a reconquistar la provincia de Dacia, ocupada por los bárbaros, mandó retirarse a los colonos que allí quedaban y los estableció a la orilla derecha del Danubio. Este río fue de nuevo la frontera del Imperio.

Para poner a Roma al abrigo de las invasiones, mandó construir un nuevo recinto, el muro de Aúreliano, que rodeaba, no solamente la antigua Roma, sino los arrabales edificados, fuera del muro de Servio (272).

Se le dio el título de Restltutor orbis (Restaurador del mundo).

Habíase comenzado en el Imperio a adorar al dios persa Mithra, con el título de «Sol invencible» (Sol invictus).

Los monumentos erigidos en su honor le representan vestido a la usanza persa y derribando un toro, con esta inscripción: «Al Sol invencible, al dios Mithra».

Era el dios de la vida, de la muerte, de la resurrección. Se le celebraba con ceremonias secretas, un bautismo, banquetes sagrados, penitencias complicadas.

El dios Sol había llegado a ser en el siglo III la principal divinidad de los soldados. Aúreliano le hizo dios de todo el Imperio y le erigió en Roma un templo magnífico.

Partía en expedición contra los persas cuando fue asesinado en Bizancio (275). Los soldados enviaron a pedir un emperador al Senado. Este se negó al principio y acabó por elegir a un viejo senador rico. Tácito, descendiente del historiador, que murió pronto.

El ejército de Siria proclamó a su general, un ilirio, Probo (276).

Los alamanes habían invadido la Galia. Probo los arrojó y persiguió hasta el otro lado del Rhin (277). Pero renunció al territorio de la orilla derecha y se contentó con fortificar la frontera del río.

Estableció también en la orilla izquierda a los prisioneros germanos para cultivar las tierras que habían quedado desiertas. Alistó también germanos en sus tropas.

Sus generales habían vencido a los francos y trasladó los prisioneros a orillas del mar Negro.

Pero aquellos francos se apoderaron de barcas, y, pasando el mar, a través del Bosforo, el Archipiélago y todo el Mediterráneo, el estrecho de Gibraltar y el Océano, volvieron a su país por las bocas del Rhin, después de haber recorrido todo el Imperio y saqueado a su paso el Asia Menor, Grecia, Sicilia y el África.

Probo, después de haber vencido a varios usurpadores, en Alejandría, en el Rhin, en Lyon, en Bretaña, quiso que los soldados se ocupasen en desecar los pantanos del Danubio.

Un día, cerca de Sirmium, durante los calores del estío, los soldados, descontentos de aquel trabajo, mataron al emperador (282).

Su sucesor, Caro, fue en expedición contra los partos y recobró de ellos Mesopotamia y la Armenia. Al llegar cerca de Ctesifón, un rayo quemó la tienda y le mató (284).

Su hijo, que había quedado único emperador, volvió con el ejército, enfermo y conducido en una litera. Cuando los soldados pidieron verle, le encontraron muerto.

Acusaron a su suegro, Aper, prefecto del pretorio, de haberle asesinado.

Formaron un tribunal para juzgarle y proclamaron emperador al comandante de la guardia, Diocleciano, hijo de uno que había sido esclavo.

tabla de emperadores
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Biografia de Septimio Severo Emperador de Roma

Biografia de Septimio Severo Emperdor de Roma

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: De reprente en 192-193, se había manifestado la crisis latente que desde hacía una generación atravesaba la estructura del principado romano, iniciado con Augusto.

El asesinato de Cómodo había dado poder y el título imperial a Pertinax, hombre de origen oscuro, pero general de primer orden, político enérgico y administrador prudente y honrado.

Su gobierno, caracterizado por una política liberal respecto al Senado, por el restablecimiento de la disciplina de los pretorianos y por el saneamiento de la hacienda pública, había terminado poco después con su muerte a manos de la soldadesca sublevada.

Publio Helvio Pertinax fue emperador romano durante el breve período comprendido entre el asesinato del emperador Cómodo, cometido el 31 de diciembre de 192, y la muerte del propio Pertinax, también asesinado el 28 de marzo de 193

Y no satisfechos aún con esta acción infame, los pretorianos; considerándose dueños del poder, habían tenido el atrevimiento de vender la dignidad imperial al mejor postor, Didio Juliano, quien pagó por el título veinticinco mil sextercios por cada uno de ellos (193).

El Imperio se hallaba en manos del ejército y el sistema diárquico del Principado quedaba roto por su base.

Septimio Severo era africano (hablaba el latín con acento cartaginés), contaba con el ejército más poderoso (había 10 legiones en el Danubio), le hizo recorrer 260 leguas en siete semanas y fue el primero en llegar a Roma. Los pretorianos no se atrevieron a ofrecer resistencia. Didio, abandonado de todos, fue muerto por orden del Senado, y Severo fue proclamado como nuevo emperador de Roma.

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Severo había nacido en Leptis Magna (Trípoli) el 11 de abril de 146, y procedía de una familia del orden ecuestre, de origen itálico, pero profundamente africanizada.

Sus padres, Septimio Ceta y Fulvia Pía, le dieron una educación bastante esmerada, al objeto de prepararle para la jurisprudencia.

Hacia el 164 pasó a Roma para completar sus estudios. Protegido por Marco Aurelio, a instancias de su tío Severo, Septimio realizó bajo este soberano una carrera brillante: en 171 fue cuestor; propretor de la Bética española en 173 y de Cerdeña en 174; más tarde recibió la legación del proconsulado para la provincia de África, y en 176 fue nombrado tribuno de la plebe.

Pretor para la Tarraconense en 178, recibió al año siguiente el mando de la IV Legión escítica (Antioquía). Cayó en desgracia bajo Cómodo, y entonces dedicó algunos años a perfeccionar su cultura en Atenas.

Fue asesinado un 28 de marzo de 193 d. C., en Roma, Italia

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Lucio Septimio Severo​ fue emperador del Imperio romano de 193 a 211, con el nombre oficial de Lucius Septimius Severus Pius Pertinax Augustus. Fue el primer emperador romano de origen norteafricano en alcanzar el trono y el fundador de la dinastía de los Severos. Tras su muerte fue proclamado Divus por el Senado.

Cuando fue proclamado por su ejército como nuevo emperador Septimio Severo tenía 45 años. Hizo ocupar el campamento de los pretorianos, los reunió delante de su ejército y les ordenó deponer las armas y entregar las banderas.

Luego los licenció, prohibiendo a todos ellos aparecer a menos de cien millas de Roma bajo pena de muerte.

Ya no se alistaron más pretorianos naturales de Italia, y no se admitió como tales más que a los soldados elegidos del ejército. Además, Severo estableció una legión cerca de Roma, al pie del monte Albano.

Se entendió primeramente con Albino, le dio el título de César y le dejó la Bretaña, la Galia y España. Envió su ejército contra Pescennio, que acababa de ocupar todo el Oriente y disponía de nueve legiones. Pero el ejército de Oriente no valía lo que el del Danubio.

Fue vencido en Asia Menor, luego en Iso, a la entrada de Siria. Pescennio cayó prisionero y fue decapitado (194). La guarnición de Bizancio resistió por espacio de tres años.

Sin víveres ya, reducida a comer carne humana, se rindió. Los soldados fueron pasados a cuchillo; las murallas, arrasadas; la ciudad, privada de su gobierno.

LECTURA COMPLEMENTARIA
AMPLIACION SOBRE ESTA BIOGRAFIA

En 187 reapareció en la vida política como gobernador de la Galia Lugdunense; dos años más tarde ocupó el mismo cargo en Sicilia, y en 191 fué destinado a regir los destinos de la Panonia.

Aquí le sorprendieron los sucesos de Roma y su proclamación como emperador.

El acto de las legiones era revolucionario; pero, en realidad, ya nadie sabía qué institución era la depositaría del poder. En este caso la única solución eran la fuerza, la intrepidez y la decisión.

Dando prueba de reunir estas cualidades, Septimio Severo consolidó su título imperial mediante la aplicación de un plan de tres etapas.

En la primera, después de obtener la adhesión de Claudio Albino, jefe de las legiones de Bretaña, nombrándole César y corregente, avanza hacia Italia y derriba el poder de Didio Juliano, quien halla la muerte en la vana resistencia (1° de junio de193).

En la segunda, se dirige contra Níger; asedia Bizancio, cruza los Estrechos, derrota a las legiones de Oriente en Cízico, Nicea e Iso, y logra que su rival emprenda la huida, en la que es asesinado (noviembre de 194).

Finalmente, en una tercera fase, aniquila las esperanzas de Claudio Albino, el cual, convencido de que había sido engañado, desembarca con sus legiones británicas en la Galia y pretende marchar sobre Roma; Septimio Severo le derrota en Trevoux, cerca de Lyón, el 18 de febrero de 197, provocando el suicidio del César.

En este momento, después de tres años de guerra civil, Septimio Severo queda como único emperador por la voluntad de las legiones del Danubio.
Se hace, pues, necesario reorganizar la estructura política del Imperio de conformidad con este principio esencial: la omnipotencia de las legiones.

Después de una guerra afortunada en Oriente contra los partos, que Septimio condujo personalmente, logrando conquistar Babilonia, Seleucia y Ctesifonte (197-198), y restablecer el brillo de las armas romanas en aquella frontera, el emperador regresa a Roma en 202 y procede a sus trascendentales reformas, encaminadas a asegurar la estabilidad gubernamental por el robustecimiento de la autoridad del monarca.

Para ello, como hombre esencialmente militar y como emperador elevado al mando por el ejército, constituye a las legiones como base efectiva de su sistema de gobierno.

Favorece con largueza al ejército, tanto al simple legionario, que ve aumentar su sueldo y recibe el derecho de casarse, como al oficial, ante quien aparta los obstáculos que impedían su rápida carrera. Por otra parte, aumenta la guarnición de Roma y substituye en la guardia pretoriana a los itálicos por soldados de provincia, fieles y adictos a su persona.

Este hecho es significadvo para abarcar la actitud de Septimio Severo frente a unos postulados de política tradicional que ya no son comprendidos, y aclara su posición revolucionaria ante el Senado.

El emperador, que en 193 respetó al Senado para mantener firme su poder ante Pescenio Nlger, actúa duramente contra él después que se ve libre de sus competidores, y en particular de Claudio Albino, esperanza de la aristocracia senatorial.

Depura al Senado y ejecuta a muchos de sus miembros más ilustres.

Le deja los títulos honoríficos, pero le cercena su autoridad o se la arrebata en las esferas legislativa, política, judicial, financiera y militar. Bajo Septimio Severo el Senado deja de ser el supremo representante del elemento civil.

En su lugar, recoge su herencia y se convierte en la rueda más importante de la administración el Consejo Imperial, asamblea de jurisconsultos (Papi-naino, Ülpiano, Paulo y Modestino), encarnación del espíritu y de la voluntad del emperador.

En Septimio Severo actuó la mano del Destino. Pues si él quiso asegurar el poder imperial andándolo en la confianza del ejército, lo que hizo fué dar nuevas alas a la ambición de los oficiales de las legiones.

El inaugura la crisis constitucional del siglo 111 y el hundimiento de la cultura antigua, como se vio después de su muerte, acaecida en Eburácum (York), en el curso de una expedición a Bretaña, el 4 de febrero de 211.

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Emperadores Militares en Roma Imperial Anarquia Militar Severo

Emperadores Militares en Roma -Anarquía Militar – Severo

La inmensidad del Imperio llevó a Diocleciano a dividirlo en dos partes (Este y Oeste) a finales del siglo III. Esta división causó varias guerras civiles. Los ejércitos debían lealtad en primer lugar a sus generales y luego a Roma, y los generales rivales los usaron para luchar por el poder imperial. Las intrigas políticas dieron pie a coronaciones y defenestraciones frecuentes de emperadores y, con ello, a gobiernos inestables cuyas consecuencias se hacían notar sobre todo en el pueblo llano, que buscó refugio en el cristianismo.

LA ANARQUÍA MILITAR DEL SIGLO III Con la desaparición de Cómodo, sobrevino una época de anarquía y profundo desorden en la que los emperadores fueron proclamados por los pretorianos y luego derrocados con gran vertiginosidad. La inestabilidad política fue propicia para que los pueblos bárbaros (extranjeros) atravesaran las fronteras e invadieran el Imperio para introducirse en las legiones, cuyos jefes se proclamaban a sí mismos emperadores.

Con el reinado de Septimio Severo se consolida el despotismo militar en Roma. Septimio Severo disuelve la guardia pretoriana, creando otra nueva mucho más numerosa, compuesta de soldados de todas las legiones, perfectamente pagada, y sometida a una severa disciplina.

Los emperadores de la dinastía de los Severos (193-235) comenzaron la implantación de una monarquía militar. Se incrementó el ejército, la paga de los soldados aumentó y funcionarios militares fueron asignados a importantes posiciones gubernamentales.

A la monarquía militar le siguió la anarquía militar. Por un periodo de casi cincuenta años, del 235 al 284, el Imperio Romano se sumió en el caos de las guerras civiles incesantes, una vez que los rivales al trono imperial descubrieron que sobornar a los soldados era la forma más expedita de llegar a ser emperador. En estos casi cincuenta años hubo veintidós emperadores, de los cuales sólo dos no encontraron una muerte violenta. Al mismo tiempo, el imperio fue objeto de una serie de invasiones, exacerbadas, sin duda, por las guerras civiles.

En el oriente, los persas sasánidas hicieron incursiones en territorio romano. Un símbolo justo de la decadencia de Roma lo constituyó la captura del emperador romano Valeriano (253-260) en manos de los persas, y su muerte en cautiverio un acontecimiento jamás oído en la historia romana. Las tribus germánicas también inundaron el imperio. Los godos incursionaron en los Balcanes y se movieron hacia Grecia y Asia Menor. Los francos avanzaron hacia Galia y España. No fue sino hasta el gobierno de Aureliano (270-275) cuando la mayor parte de las fronteras se restablecieron.

Las invasiones, las guerras civiles y la recurrencia de la plaga estuvieron muy cerca de provocar el colapso económico del Imperio Romano en el siglo tercero. La población disminuyó en forma drástica, tal vez hasta en un tercio. Se experimentó igualmente una notable merma en el comercio y en la pequeña industria. La escasez de mano de obra, causada por la plaga, afectó tanto al reclutamiento militar como a la economía.

La producción agrícola disminuyó significativamente. Los campos fueron arrasados por los bárbaros, pero, aún con mayor frecuencia, por las propias tropas romanas defensoras. Muchos campesinos se quejaban de que los comandantes militares y sus soldados confiscaban los productos y el ganado. Los gobernadores provinciales, al parecer, fueron incapaces de detener esas depredaciones e, incluso, en algunas ocasiones se unieron a la extorsión.

El sistema monetario comenzó a mostrar signos de colapso, como resultado de la acuñación de una moneda sin valor, y de la acometida de una severa inflación. Las monedas de oro desaparecieron de circulación y las monedas de plata se empobrecieron. La moneda establecida —el denario— valía ahora la mitad del valor que tuvo en el siglo primero. Tras una posterior devaluación, fue remplazado por nuevas monedas de valor aún menor. Los bienes en especie comenzaron a sustituir el dinero como medio de intercambio.

Los ejércitos eran más necesarios que antes, pero las limitaciones financieras dificultaban reclutar y pagar a los soldados que se precisaban. Mientras que en el siglo segundo el ejército romano había sido reclutado de entre los habitantes de las provincias fronterizas, a mediados del tercer siglo el estado tuvo que confiar en la contratación de bárbaros para que lucharan bajo comandantes romanos. Esos soldados carecían de comprensión de las tradiciones romanas y no profesaban un real compromiso ni con el imperio ni con los emperadores.

Septimio Severo (193-211) Al cabo de duros enfrentamientos, se impuso el general Septimio Severo, de origen cartaginés, que estaba al frente de las legiones del Danubio, con el decidido apoyo de sus soldados. Durante su reinado tuvo que luchar contra los partos y luego combatir a los británicos, en cuyo propósito encontró la muerte.

Dueño de Roma se dirigió Septimio Severo a combatir a sus rivales. Consiguió desarmar a Albino nombrándole César, y venció en Oriente a Níger en Cizico y en Nicea, y lo derrotó completamente en Isso, pereciendo en la huida; apoderándose a la vez de Antioquía y arrasando a Bizancio. Pacificado el Oriente, se encaminó contra Albino, que perdió la batalla y la vida cerca de Lion. En una guerra contra los partos se apoderó de Babilonia yCtesifonte.

Caracalla (211-217) A Septimio Severo le siguió su hijo Caracalla, que careció de las virtudes que adornaron a su padre y se entregó a la práctica de todos los vicios. Para aumentar la percepción de los impuestos, sancionó la Constitución Antoniana, en virtud de la cual se otorgaba la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio, pero esta medida no alcanzó el éxito que esperaba porque en esa época era escaso el interés de los habitantes del Imperio de convertirse en ciudadanos de un estado decadente. Caracalla hizo construir en las afueras de Roma las grandiosas termas que se conocen con su nombre. También debió empeñarse, como su padre, en la lucha contra los pueblos fronterizos del Imperio y murió combatiendo con los partos.

Heliogábalo (217-221) El sucesor de Caracalla fue su primo Heliogábalo, natural de Siria. Emperador cruel y sanguinario, con rasgos afeminados. No contó con el apoyo de sus tropas, y sumado a tantas locuras y tantos crímenes no podía ser mucho tiempo tolerados por los romanos. Julia Mesa en unión con los pretorianos, consiguió que Heliogábalo adoptase a su primo Alejandro; pero no pudiendo arrastrarlo a la vida corrompida que él llevaba, intentó quitarle el titulo de César, y aun se propuso asesinarle. Por lo que se sublevaron los pretorianos, quitaron la vida a Heliogábalo, arrastraron su cadáver por las calles de Roma, y lo arrojaron al Tíber.

Alejandro Severo (221-235) Aunque distinto a su primo Heliogábalo, a quien sucedió en el trono, Alejandro Severo también fue repudiado por los soldados porque carecía de espíritu militar, y luego asesinado, debido a que pretendió negociar con losalamanes, para evitar que invadieran el Imperio.

REORGANIZACIÓN DEL SIGLO IV En medio de esta disolución, hubo algunos emperadores pertenecientes a las legiones del Danubio, que constituían el mejor ejército romano, que trataron de salvar al Imperio.

Estos fueron Aureliano (270-275), que sometió a los galos; Probo (276-282), eficaz administrador; y Diocleciano (284-305), de origen dálmata, que ejerció un gobierno de carácter absoluto y reorganizó el Imperio, para lo cual, en el año 301 dividió su poder con Maximiano, a quien confirió el título de Augusto, A su vez, cada uno tenía un lugarteniente, que era su heredero, y recibía el nombre de César. Los cuatro constituyeron la tetrarquía (gobierno de cuatro soberanos), con sede en Tréveris, Milán, Sirmium y Nicomedia, comprometiéndose los Augustos a renunciar al cabo de cuatro años.

La decadencia económica A medida que se iba desmoronando el Imperio, se hizo más visible la decadencia económica. Roma dependía casi exclusivamente del comercio de importación. A fines del siglo III, Diocleciano trató de darle nuevo impulso a la actividad mercantil, mediante una estricta reglamentación.

Los transportistas marítimos y los comerciantes de productos alimenticios y de primera necesidad, fueron sujetos al control del estado. Con estas medidas la situación mejoró, pero no por mucho tiempo. Hacia fines del siglo IV el abastecimiento se resintió nuevamente y aumentaron los impuestos.

EL EMPERADOR DIOCLECIANO: ORIENTE, OCCIDENTE Y EL SAGRADO EMPERADOR

El gobierno de Diocleciano marcó el fin de la unidad administrativa del vasto imperio romano. Entre las medidas de «salvación pública» tomadas por este estadista, figuraba la institución de dos emperadores, cada uno de los cuales gobernaría y residiría en una de las mitades del vasto territorio. Para garantir la sucesión pacífica del gobierno, cada emperador (llamado Augusto) , tendría a su lado un César, es decir emperador de romaun sucesor designado, quien se convertiría en nuevo emperador, eligiendo a su vez a su César, a la muerte o abdicación de su Augusto.

Teóricamente muy ingeniosa, la «tetrarquía» (dos Augustos y dos Césares) , no dio resultados. En 310, el imperio tenía siete Augustos, sin hablar de Diocleciano, emperador honorario, que había renunciado en 305. La anarquía, una vez instalada, sólo fue vencida a costa de largas guerras, con la consolidación del poder en manos de Constantino en el año 324. La división administrativa en dos porciones, sin embargo, subsistió.

Diocleciano trazó los rumbos básicos de la política imperial: tornó rígida la estructura de la sociedad (los hijos fueron obligados a seguir la misma profesión de los padres: «cada uno debe defender el Imperio amenazado desde su puesto»), y reforzó la autoridad central. Constantino hizo aún más firme el poder imperial, al ligarse al cristianismo. Este tenía una sólida organización, en la cual el Estado podía apoyarse. Constantino fue declarado soberano por derecho divino, «designado por Dios», para que reinase con autoridad absoluta. El Palacio Imperial pasó a ser llamado Palacio Sagrado. En sagrados también se convirtieron la figura del emperador y los objetos que lo rodeaban.

El paso siguiente fue la creación de la «Nueva Roma, que es Constantinopla». Todos los elementos culturales —griegos, romanos y cristianos—, del imperio reformado se fusionarían allí naturalmente, bajo el poder de la monarquía absoluta.

Teodosio I fue el último soberano que gobernó el Imperio Romano todavía unido. Después de su muerte, en 395, el territorio se dividió definitivamente en los imperios de Occidente y de Oriente, gobernados respectivamente por sus hijos Honorio y Arcadio.

El este y el oeste se separaron (salvo la tentativa de reunificación de Justiniano y algunas otras) para siempre. El siglo v fue testigo de la declinación del imperio de Occidente, acosado por las invasiones. La destitución de su último gobernante por un rey bárbaro, en 476, marcó el fin del Imperio Romano occidental como tal. Una nueva estructura política independiente, mientras tanto, iba surgiendo en Oriente.

En un comienzo abarcó todos los países europeos situados al sur del río Danubio y al este del río Drina, todas las provincias asiáticas del Imperio Romano de entonces, y, en África, Egipto y Cirenaica. Incluyó a la Península Balcánica, al Asia menor, Siria, Palestina, el norte de la Mesopotamia, y el nordeste de África. Pasarían 1.000 años antes de que ese vasto imperio quedase reducido a la ciudad de Constantinopla,