Emperadores Monstruos

Biografia de Honorio, Emperador Romano

Biografía Emperador Honorio

Fue el primer emperador romano de Occidente (395-423). Hijo del emperador Teodosio I el Grande.

No habían pasado a los hijos varones ni el talento ni la energía ni la virilidad de Teodosio.

El menor de ellos, Honorio, personaje dotado de buenas intenciones, honesto, piadoso y bonachón, no tuvo iniciativa ni entusiasmo en el gobierno.

Indolente e irresoluto, se dejó imponer por los cortesanos o los generales, y como todo tímido y débil de espíritu, fue cruel y obstinado contra los desgraciados y miedoso ante los arrogantes.

Biografia Honorio Emperador

Honorio fue Emperador del Imperio romano de Occidente del 395 hasta su muerte. Era el hijo menor de Teodosio I y su primera mujer, Aelia Flacila, y el hermano del emperador de Oriente, Arcadio. Honorio fue nombrado emperador de Occidente a la edad de 10 años, ​ tras la muerte de su padre en febrero de 395.
Fecha de nacimiento: 9 de septiembre de 384 d. C., Constantinopla
Fallecimiento: 15 de agosto de 423 d. C., Rávena, Italia
Nombre completo: Flavius Honorius

En estas condiciones, y teniendo en cuenta que reinó en tiempos aun más difíciles que los de Teodosio, se comprende que su gobierno corresponda a una de las épocas más desgraciadas de la Roma decadente.

Nacido en Constantinopla el q de septiembre de 384, de Teodosio y la emperatriz Helia Flaccilla, fue proclamado Augusto a la edad de nueve años y asociado al gobierno del Imperio junto con su hermano mayor Arcadio.

A la muerte de Teodosio (17 de enero de 395), fue designado emperador de Occidente, bajo la tutela del gran general germánico Estilicón.

En los planes de Teodosio no entraba la ruptura de la unidad imperial, pero ésta se consumó de hecho cuando Estilicón, que había acudido a los Balcanes para hacer frente a la invasión del godo Alarico, recibió orden de Arcadio de retirarse a la Dalmacia (395).

Desde entonces Estilicón dedicó sus actividades a reorganizar la administración y a consolidar las fronteras de Occidente.

En 398 aumentó su influencia casando a su hija María con Honorio, y en 402 libró a Italia de la primera acometida de Alarico rechazando sus huestes en la batalla de Pollenza.

En 405 completaba este triunfo con la destrucción de los ostrogodos, acaudillados por Radagaiso, en las llanuras de Toscana.

Hasta entonces Honorio había tenido escasa intervención en el gobierno. Contaba ya veinte años, y era instigado por quienes le aconsejaban que se desprendiera de la tutela de Estilicón.

El muchacho, que se había casado en 401 con una segunda hija del jefe germánico, llamada Termancia, no se atrevía a dar el golpe que le desembarazaría de su poderoso ministro.

El cúmulo de dificultades con que luchó Estilicón entre 405 y 408 arruinó su prestigio y facilitó la labor de sus enemigos.

Los vándalos y los alanos, rompiendo la frontera del Rin, habían saqueado las Galias e invadido. España.

Allí se erigía como usurpador Constantino III.

En Italia, Alarico reclamaba el cumplimiento del pacto concertado entre el Imperio y su pueblo.

Los que rodeaban a Honorio, acaudillados por el canciller Olimpo, aprovechando una divergencia de criterio entre el emperador y Estilicón sobre la sucesión de Arcadio (408), acusaron al germánico de traidor y lograron que Honorio decretara su muerte, la que tuvo lugar, de modo inicuo, el 23 de agosto de 408.

Fue un asesinato innoble y fatal. Ante la inminente agresión de los godos, Honorio no halló la persona capaz de substituir a Estilicón.

Así, después de haber licenciado a Olimpo, cometió el grave error de reconocer a Constantino III.

Pero esta medida no pudo evitar el saqueo de Roma por Alarico el 24 de agosto de 410.

Cuando parecía inevitable la próxima ruina del Imperio, puesto que Alarico había elegido un emperador a su gusto, Átalo, y tenía como rehén a Gala Placidia, hermana de Honorio, éste halló un apoyo imprevisto en la persona del general Constancio, quien venció a los usurpadores en la Galia y España, localizó a los godos en el Sur de las Galias y rescató a Gala Placidia, con la que contrajo matrimonio en 417.

Entregado a su nuevo favorito y a la influencia de su enérgica hermana, los nombró Augustos el 8 de febrero de 421.

La muerte de Constancio, en septiembre siguiente, provocó la discordia entre Honorio y Gala Placidia, la cual, amenazada, tuvo que huir a Constantinopla con sus hijos.

Poco después, el 15 de agosto de 423, Honorio, moría en Rávena, dejando al Imperio romano de Occidente en situación realmente crítica y apurada.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Teodosio I «El Grande»
Biografia de Hieron de Siracusa
Biografia de Emperador Honorio
Biografia de Boecio
Biografia de San Ildefonso
Biografia de Lotario I
Biografia de Carlos II de Francia
Biografia de Luis de Gongora y Argote

El Conde Dracula Vlad IV El Empalador de Rumania Historia o Leyenda

El Conde Dracula Vlad IV
El Empalador de Rumania

Pocos personajes habrán alcanzado una tan amplísima gama como este vampiro salido de la imaginación del escritor Bram Stocker.

Y también será difícil encontrar una concordancia más pobre que entre este muerto viviente y el personaje histórico al que le robó el nombre.

Porque Vlad IV apodado por sus súbditos como Drácula con ser un ser despreciable y sanguinario, nada tenía que ver con el longevo conde que cada noche sale a beber su dosis de hemoglobina necesaria para seguir no y viendo por los siglos de los siglos.

El Conde Dracula Vlad IV El Empalador de RumaniaEn fin, a no ser por Stocker y, sobre todo, por el séptimo arte, que entró a saco en esta historia increíble, el verdadero Vlad apenas sería conocido en otros lugares que no fuesen sus apartadas montañas de los Cárpatos, como mucho, algunas comarcas próximas.

En cuanto a las comparaciones, el auténtico Drácula sería mucho más aterrador que el de ficción y, por desgracia, la presencia de un crucifijo frente al rey de Valaquia, se demostró inútil para poder salvar a ninguna de sus numerosas víctimas.

El auténtico Drácula fue un noble rumano oriundo de Valaquia que dejaría el recuerdo insufrible de los cruentos padecimientos a los que sometió a los suyos , a su propio pueblo (toda una población aterrorizada), como a los extranjeros.

Pocos dudaban de la enajenación de Vlad IV y el placer que experimentaba sometiendo a tortura a cientos de sus súbditos.

Por eso, sus crímenes hicieron que se le conociese como Drácula, que significa el hijo del Diablo (y, también, dragón).

 ►Vlad, el Empaladro

El verdadero Drácula, como personaje real, pasaría a la Historia como Vlad IV el Empalador.

Vlad se sentó en el trono de su país a los 18 años, bien es cierto que, al principio, como soberano títere de los turcos.

De su contacto con los otomanos, por cierto, aprendió el horrible suplicio del empalamiento que después, en cuatro años de locura, utilizaría hasta la saciedad.

Una vez que se pudo liberar de sus carceleros, volvió a Valaquia y, en 1437, se autoproclamó Cristo Dios, gran voivoda (príncipe) de Hungro-Valaquia.

Insaciable en su necesidad de matar y hacer sufrir, se enemistaba constantemente con todos los que le rodeaban en un afán —¿de supervivencia?— por incrementar el número de sus futuras víctimas.

Una vez éstas adquirían una realidad evidente, Vlad las mataba de mil y una maneras, sobre todo a través del empalamiento.

Pero su fértil imaginación y sus instintos sádicos no se tomaban un respiro y ensayaba nuevos sistemas de mandar al mundo de los difuntos a miles de potenciales víctimas.

El auténtico Drácula fue un noble rumano oriundo de Valaquia que dejaría el recuerdo insufrible de los cruentos padecimientos a los que sometió.

Así, un día hirvió vivo a un gitano acusado de ladrón, y obligó a su familia a que se lo comiesen después.

El número de sus víctimas se contaron por miles que aparecían incluso aumentadas por el boca a boca de los aterrados habitantes del lugar.

En Schylta ordenó matar a 25.000, y en una ciudad cercana, el día de San Bartolomé de 1460, empaló a 30.000.

A una concubina que le comunicó su embarazo, ordenó que le abrieran el vientre a ver si era verdad.

Provisionalmente puso fin a este estado de cosas el rey Matías de Hungría, que lo encerró durante una docena de años por ver si se calmaba en su frenesí sangriento.

Fueron sus propios súbditos los que, asqueados de sus procedimientos torturadores, lo denunciaron al rey de Hungría.

En su prisión, Vlad no demostró, precisamente, arrepentimiento alguno; por el contrario, sobornaba a sus guardianes para que le proveyeran de ratones y otros animales a los que, para no olvidarse de su obsesión, se distraía empalándolos.

Salió en libertad en 1474, y, al parecer, con ganas de pelear, ya que se metió en una nueva guerra con los turcos, luchando frente a los cuales murió, en una cruenta batalla, a los 45 años de edad.

Los otomanos le cercenaron limpiamente la cabeza y la enviaron, previamente conservada e introducida en miel, al sultán de Constantinopla.

Como se advierte al principio, y a pesar de sus monstruosidades, nada abona la acusación contra Vlad IV de ser un bebedor de sangre, o de desdoblarse en vampiro.

El error, propagado a través de la celebérrima novela de Bram Stocker más de tres siglos después, pudo deberse a que, en rumano, Drac significa diablo; y en Molda via Drakul es sinónimo de vampiro, ese animal que necesita beber sangre caliente para sobrevivir.

Resulta obvio que, comparado con el auténtico Vlad IV, el pobre personaje de la citada novela y de tantos films era un buen cadáver que regresaba pronto a su ataúd. Vlad IV acabó mal, muy mal.

Y, sin embargo, en la memoria colectiva de Transilvania, se fue transmitiendo la leyenda del gran héroe nacional Vlad IV, el cual —para algunas gentes—, si las cosas se ponen feas, volverá de nuevo para salvar a su pueblo.

Aunque, entre ese mismo pueblo, también la leyenda del Empalador se ha utilizado siempre para asustar a los niños revoltosos…

 ►En El Cine…

El cine se apresuró muy pronto a trasladar a la pantalla a un personaje tan atractivo e interesante.

Bien es cierto que nos referimos al Drácula-vampiro de Stocker.

En 1931 el director Tod Browning rodó su Drácula con el mejor actor que llegaría a identificarse con el conde-cadáver: Bela Lugosi, que, curiosamente, era de origen húngaro y, por lo tanto, de una tierra próxima a la Valaquia y a los Cárpatos donde reinó el auténtico Vlad IV.

Antes y después (en la historia del cine hay un título, Nosferatu, de Murnau, en los años 20, que es un clásico) los vampiros con forma humana llenarían las pantallas, pero prácticamente nadie se atrevió, que se sepa, a trasladar a imágenes la auténtica biografía del Empalador, quizás porque las mordeduras del conde-vampiro son de alguna manera asumibles y los suplicios de Vlad no.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

Todos los pueblos han creído en los vampiros desde los primeros momentos históricos.

Las leyendas se remontan a muchos siglos antes de Cristo, en las antiguas Siria y Babilonia… y siempre el vampirismo incluye el beber sangre, el fluido generador de vida.

Los aztecas derramaban sangre en las bocas de sus ídolos.

En la India, los rajas bebían sangre de las cabezas cortadas.

En China, la familia montaba guardia junto al cadáver por miedo de que un perro o un gato saltaran sobre él y lo transformaran en un vampiro.

Esta creencia encuentra eco en un libro titulado Antidote Against Atheism («Antídoto contra el ateísmo») escrito en el siglo XVIII por el Dr. Henry Moore. Narra la historia de Johannes Cuntius de Silesia, cuyo cadáver fue arañado por un gato negro antes del entierro.

Naturalmente, más tarde se supo que Cuntius había reaparecido y bebido sangre. Cuando lo desenterraron, su cuerpo apareció en buen estado de conservación, como es típico en los vampiros.

Los griegos de la antigüedad y, posteriormente, los romanos creían en un tipo de vampiro femenino llamado lamia que seducía a los hombres para chuparles la sangre.

Más tarde los griegos emplearon otra palabra para el vampiro: vrukalakos, una criatura capaz de resucitar a los muertos y cuyas víctimas celebraban festines con los vivos.

Todo el mundo —varones o mujeres— con pelo rojo, una marca de nacimiento o, incluso, ojos azules era susceptible de ser un vampiro.

Cabe decir que los ojos azules son raros en Grecia.

Sin embargo, los nacidos el día de Navidad, el hijo número siete de una familia, una persona con el labio leporino o los que poseían alguna característica poco común resultaban también sospechosos, por lo que mucha gente podía con facilidad encajar en la descripción de un vampiro.

En 1717 un eminente botánico francés, Joseph de Tounefort, afirmó que por doquier en «todo el archipiélago no hay un griego ortodoxo que no crea firmemente que el demonio pueda dar nueva energía y revitalizar a los cuerpos muertos.»

Dentro del área anglosajona, y en una fecha tan reciente como en 1874, un hombre de Rhode Island desenterró a su hija y quemó su corazón porque creía que chupaba la sangre del resto de la familia.

Sin embargo, la verdadera cuna del vampiro se encuentra en el Este de Europa, y su leyenda, tal como la conocemos, surgió en Rumania y Hungría hacia comienzos del siglo XVI.

La palabra misma proviene de un vocablo servio y pasó a otros idiomas a mediados del s. XVIII. En aquella época circularon por el Este de Europa numerosos relatos que hablaban de vampiros.

Las historias eran recogidas por viajeros cuyas obras literarias esparcían la leyenda por toda Europa.

Durante el siglo XIX, los escritores más famosos de cuentos de horror se apoderaron de la historia del vampiro.

Incluso grandes poetas como Byron, Goethe y Baudelaire mostraron su talento escribiendo acerca del tema del vampiro.

No obstante, fue el escritor británico Bram Stoker quien al fin reunió todos los cabos sueltos de la leyenda del vampiro y los entretejió en la obra ya clásica, Drácula, publicada en 1897.

La mezcla que hizo de realidad y ficción ha presidido desde entonces nuestro concepto del vampiro.

Stoker jamás visitó Transilvania —actualmente provincia rumana—, donde empieza la historia.

Sin embargo, sus investigaciones en documentos que se encuentran en museos y guías de la región fueron muy completas, y Drácula contiene muchos elementos del folklore eslavo.

Fue un acierto elegir Transilvania como el hogar de Drácula.

Las brumas arremolinadas, los campesinos vestidos con los pintorescos trajes típicos del país y los crucifijos de madera cerca del Paso del Borgo, que Stoker describía en su libro, todavía siguen allí.

En esta parte de Europa, el vampirismo formaba parte de la vida… y de la muerte.

Como escribió el reverendo Montague Summers, uno de los más importantes historiadores del vampirismo, «… en Rumania encontramos reunidas junto al vampiro casi todas las creencias y supersticiones que prevalecen en el Este de Europa.»

Tendemos a imaginarnos al vampiro pálido, enjuto y extenuado.

Esta concepción es desorientadora, ya que tras un festín de sangre la criatura tiene que aparecer henchida, con los labios rojos y un aspecto rubicundo.

En cierta manera esta imagen del vampiro como un ser repleto de sangre resulta incluso más aterradora.

Pero, cadavéricos o sonrosados, ¿existen seres semejantes?.

Desde épocas tempranas, personas de autoridad se inclinaron a creer que así era, incluyendo al monje francés Dom Augustin Calmet.

Autor de uno de los primeros estudios documentados sobre vampirismo, publicado en 1746, Calmet se esforzó por mantener un criterio abierto, pero escribió:

«Se nos dice que los hombres… regresan de la tumba, se les oye hablar, andar, atacar tanto a animales como a hombres cuya sangre apuran… haciéndoles enfermar y, al final, provocándoles la muerte.

Y los hombres no pueden liberarse por sí mismos, a no ser que desentierren los cadáveres y atraviesen estos cuerpos con estacas afiladas, les corten las cabezas, desgarren los corazones o quemen estos cuerpos hasta que queden reducidos a cenizas.

Parece imposible no aceptar la creencia predominante de que estas apariciones salen, en efecto de sus tumbas.»

LEYENDA INDIA SOBRE VAMPIROS

Vikram y el vampiro: Hace mucho tiempo vivía en la India un rey guerrero cuyo nombre era Vikram.

Era orgulloso, valiente y astuto.

A pesar de su perspicacia, en cierta ocasión un brujo le engañó haciéndole prometer que haría lo que le ordenara.

Le impuso la tarea de descolgar a un vampiro de su árbol y llevarlo al mago. Vikram encontró al vampiro colgado patas arriba en el árbol.

El rey puso a la criatura en posición normal, pero el vampiro volvió a colocarse patas arriba.

Lo mismo sucedió durante siete veces consecutivas hasta que el vampiro, al final, suspirando, porque «ni siquiera los dioses pueden resistir a un hombre tan obstinado», dejó que se lo llevara.

No obstante, el vampiro selló un extraño trato con Vikram: le contaría algunas historias y le haría preguntas relacionadas con ellas.

Si Vikram era capaz de guardar silencio y no responderle nunca, la criatura le premiaría, pero si respondía algo, el vampiro volvería al árbol.

El vampiro relató diez historias, y diez veces Vikram no pudo dejar de responder.

En cada ocasión el vampiro regresó al árbol y Vikram lo volvió a capturar.

La undécima vez, Vikram consiguió morderse la lengua y no hablar.

El premio del vampiro consistió en notificarle una conspiración contra su vida. Advertido de antemano, Vikram escapó sano y salvo de la conjura.

leyenda india

Fuente Consultada:
Seres Crueles y Siniestros de la Historia de José María López Ruiz
Hombres Lobos, Vampiros y Aparecidos – Enciclopedia: El Mundo de los Oculto

El Incendio de Roma Antigua:Neron y Los Cristianos

El Incendio de Roma Antigua:Neron y Los Cristianos

En la noche del 18 al 19 de julio del año 64 d.C., la Ciudad Eterna se convirtió en un mar de llamas.

Gran parte de la metrópoli quedó destruida.

Cuando se alude al inductor del fuego se menciona siempre el nombre del emperador Nerón, aunque en el momento en el que se inició no se encontraba en la dudad.

No obstante, son muchos los historiadores que están convencidos de que se trató de un incendio normal, que comenzó en los alrededores del Circo Máximo y pudo devorar la ciudad debido a las malas condiciones arquitectónicas.

La catástrofe se utilizó como desencadenante para la persecución de los cristianos, a quienes se achacó la culpa.

Después del incendio, la ciudad se volvió a diseñar completamente según los planos de Nerón.

La mayor ciudad del mundo conocido

En el año 64 d.C. Roma tenía alrededor de un millón de habitantes.

La gente se apiñaba a menado en casas de van os pisos.

Según los informes de los historiadores, en aquella época se producían casi a diario incendios de diferente magnitud, ya que la mayoría de las casas se construía con madera, las callejas eran estrechas, la gente cocinaba en hogares abiertos y, especialmente en los barrios pobres de la ciudad, no existía  ningún sistema que pudiera sofocar o impedir los fuegos.

El incendio más devastador de la historia se produjo probablemente a causa de una distracción al cocinar en uno de los puestos de comida de un barrio de tiendas en tomo al Circo Máximo.

La mayoría de los comercios eran de madera y rápidamente se convirtieron en pasto de las llamas.

Además, los fuertes vientos favorecieron la expansión del fuego, que pasando de tienda en tienda se apoderó de calles enteras.

Durante seis días asoló por completo 14 distritos de Roma y otros siete quedaron seriamente dañados; sólo cuatro distritos permanecieron intactos. Se destruyeron dos tercios de la ciudad.

Testimonio presencial del historiador Tácito

En las callejuelas de la ciudad en llamas remaba un caos inimaginable.

El historiador Tácito describió la catástrofe con gran vivacidad:

«A ello había que sumar los gritos de lamento de las mujeres aterrorizadas, los ancianos sin fuerzas, los niños indefensos y la gente que intentando salvarse a sí misma o a otros, ya fuera arrastrando a los desvalidos o esperando los, a veces deteniéndose y a veces corriendo, provocaban auténticos obstáculos; y a menudo, mientras miraban hacia atrás, quedaban cercados por los lados o por el frente; o cuando se abrían paso hasta el vecindario, éste era también pasto del fuego, y veían aquél víctima también de la misma desgracia, de la que uno creía huir.

Por último, incapaces de elegir de qué escapar o hacia dónde dirigirse, se apelotonaban en las calles, se postraban en el campo, algunos despojados de todas sus pertenencias, también del alimento del día».

El pueblo quiere un culpable

Como siempre en la historia de la humanidad se exigió un culpable de la catástrofe.

El poder siempre ha estado dispuesto a satisfacer este deseo, e incluso en la mayoría de los casos lo ha fomentado.

A menudo se han inventado culpables, pues de esta manera podían iniciarse determinados procesos políticos y se conseguían ciertos objetivos; la catástrofe servía como instrumento político.

El emperador Nerón (54-68 a.C.) sufrió la presión de sus consejeros y finalmente se acusó de pirómanos a los enojosos cristianos: comenzó así su persecución.

Pero esta persecución de una minoría, que en un Estado politeísta como Roma realmente se integraba muy bien, no fue ni mucho menos tan violenta como han pretendido los historiadores posteriores.

Neron emperador romano

Inició el fuego Nerón?

Actualmente existe el convencimiento de que las leyendas en torno a los mártires de los primeros cristianos no aparecieron hasta el siglo IV, transcurrido un amplio margen de tiempo.

Éstas necesitaban a Nerón en el papel de petulante pirómano., que finalmente había achacado la culpa a los cristianos.

Entre tanto sé duda también de las atrocidades que las generaciones posteriores le atribuyeron.

Probablemente, avivaron los rumores su crueldad en el trato con los cristianos; la propaganda acerca de que quería reconstruir a su Roma» más hermosa, como de hecho hizo; el fastuoso edificio nuevo de su palacio, que decoró con una estatua propia de 40 m de alto; su violencia y su incipiente locura.

Así, parece ser que dos días antes del pavoroso incendio discutió con Ofonio Tigelino, uno de sus consejeros, al respecto de la traducción de uña obra griega.

El drama no debía comenzar diciendo:

«Cuando yo muera, que el fuego devore al mundo», sino «Mientras yo viva, el fuego ha de devorar el mundo». También se le atribuye la afirmación de que la fealdad de los edificios de la ciudad ofendía sus ojos imperiales.

Lo que es seguro es que dos días antes del comienzo del incendio Nerón viajó a su lugar de nacimiento, Antium, situado  en la costa del Lacio, al sur de Roma..

Cuando regresó al cabo de cuatro días y encontró Roma ardiendo, parece ser que contempló la ciudad de 800 años de antigüedad desde una torre de su palacio y habló de la belleza de las llamas, del embriagador espectáculo de la destrucción.

Se dice que tomó la lira y cantó versos sobre la caída de Troya: sé acababa de crear Nerón, el monstruo.

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Otra Visión de la Situación:

El celo puesto por Nerón para crear comisiones de expertos que diseñaran una rápida reconstrucción de la ciudad manifiesta su interés por mantener unas buenas relaciones con el pueblo de Roma; dice Tácito (Ann., XV,39) que «para alivio del pueblo desplazado de su hogar, mandó abrir el Campo de Marte y los monumentos de Agripa así como sus propios jardines y mandó levantar construcciones provisionales para acoger aquella multitud que quedó sin recursos». Para calmar los ánimos y contar con un chivo expiatorio, se culpó a los cristianos de haber provocado el incendio. «Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos, odiados por sus ignominias.

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La Iglesia cristiana fomentó la imagen del monstruoso Nerón

Comparado con otros emperadores romanos como Augusto (27 a.C.-37 d.C.), Tiberio (14-37 d.C.) o Calígula(37-41 d.C.), Nerón fue más bien inofensivo.

Como se puede de hecho comprobar, Nerón perdió a causa de la catástrofe mucho más que su palacio: su colección de arte y sobre todo dinero, pues como emperador era responsable del alojamiento y la alimentación de sus súbditos.

Por ello, los críticos suponen que la teoría incendiaria fue obra de Suetonio (70-140 d.C.), un autor que en lugar de reflejar los hechos reales se hizo eco de historias, y entre ellas expandió anécdotas y rumores no contrastados, que atrapaba al vuelo.

Otro dato seguro es que en la época del proceso a los cristianos Nerón se encontraba en Grecia.

Es muy posible que ni siquiera supiera nada de las persecuciones. Además, no le gustaba la violencia organizada y quería incluso abolir las luchas de gladiadores.

Fue sobre todo la Iglesia cristiana, cada vez más fuerte, la que a partir del siglo IV fomentó los rumores sobre su crueldad y especialmente sobre su autoría del incendio.

Claudio César Augusto Germánico, llamado Nerón

Nació en Antium el 15 de septiembre del año 37 d.C comoLucio Domicio Ahenobarbo.

Cuando su madre se casó con el posterior emperador Claudio (41-54 d.C), recibió el nombre de Claudio César Augusto Germánico.

Su madre, Agripina, siempre ambicionó ver a su hijo en el trono imperial.

Nerón lo consiguió o los 17 años de edad, tras la muerte de Claudio en 54 d.C.

A los 16 años se casó con su hermanastra Octavia, más tarde, en 62 d.C. con Popea Sabina, con quien tuvo una hija, Claudia, y finalmente en 66 d.C con Statilia Mesalina.

En los últimos años de su vida ordenó cada vez con mayor frecuencia asesinar a sus rivales, incluido su hermanastro, y finalmente también a su mujer Octavia e incluso a su propia madre.

Ensombrecido por estos crímenes y a causa de su creciente paranoia, el senado lo declaró enemigo pública

El 9 de junio de 68 se suicidé y sobre él recayó la damnatio memoriae (la condena de su memoria), por lo que sólo se han conservado unos pocos bustos de su persona; el resto, la mayoría, se destruyeron.

plaza en roma

La plaza de San Pedro en el Estado Vaticano, en Roma, vista desde la cúpula de la basílica.Probablemente, lo Iglesia católica describió la persecución de los primeros cristianos con más dramatismo del que tuvo.

Fuente Consultada: Grandes Catástrofes